22 de abril de 2017

El entrenamiento de fuerza podría ayudar a prevenir las caídas en las personas mayores

Tomado de: medlineplus.gov

Las personas mayores están en un mayor riesgo de lesiones relacionadas con las caídas porque la densidad ósea y la masa muscular disminuyen con la edad. Pero el ejercicio regular puede ayudarles a evitar las caídas, sugiere una investigación.

Cada día, más de 800 estadounidenses se rompen una cadera, usualmente debido a una caída, dijo el Dr. Christopher Sciamanna, internista en el Centro Médico de la Universidad Estatal de Pensilvania, en Hershey.

Las lesiones que se sufren por una caída con frecuencia requieren cirugía, fisioterapia y medicamentos. Con frecuencia, los adultos mayores pierden la capacidad de caminar y seguir siendo independientes, comentó Sciamanna.

Considera que muchas personas mayores podrían evitar esos problemas tan costosos y difíciles si el enfoque de la comunidad médica cambiara del tratamiento de las caídas a la prevención de las caídas.

"Se pueden fortalecer los huesos tomando fármacos, o se pueden reducir las probabilidades de caerse mediante el ejercicio. O pueden hacerse ambas cosas", planteó Sciamanna en un comunicado de prensa de la Universidad Estatal de Pensilvania.

Caminar y otras actividades aeróbicas pueden mejorar la salud cardiaca. Los programas de entrenamiento de fuerza también pueden ayudar a las personas mayores a ganar masa muscular y mejorar su equilibrio, explicó Sciamanna.

No importa si se va a un gimnasio y se trabaja con máquinas de pesas, o se permanece en casa y se utilizan bandas de resistencia u otros equipamientos. Lo más importante es que el ejercicio mueva distintas partes del cuerpo y que sea progresivo, añadió.

"El entrenamiento de fuerza es progresivo", dijo Sciamanna. "Si nunca cambia la resistencia, nunca se hará mucho más fuerte".

Estudios anteriores sugieren que las personas mayores que participan en sesiones de entrenamiento de fuerza podrían aumentar tres libras (1.4 kilos) más de músculo cada año que los que no participan en este tipo de ejercicio, apuntó.

Incluso las personas de más de 80 años pueden aumentar su fuerza muscular en hasta un 100 por ciento tras un año de entrenamiento de fuerza con una resistencia que aumente de forma gradual, añadió Sciamanna.

Obesidad en Costa Rica casi se cuadriplicó en 40 años

Tomado de: www.nacion.com

La proporción de personas con obesidad en Costa Rica aumentó casi cuatro veces en los últimos 40 años; al pasar del 6,3% de la población en 1975 al 23,7% en el 2014.

También creció el número de personas con sobrepeso y la cantidad de gente con peso normal disminuyó casi una tercera parte (32,1%).

Estos datos se desprenden de un análisis que la Universidad Hispanoamericana realizó con base en una investigación del Imperial College de Londres, publicada el año pasado en la revista The Lancet.

Ronald Evans y Jose Pérez tomaron los datos para Costa Rica y los sometieron a estudio. Esta información para nuestro país se dio a conocer en la última edición de la Revista Hispanoamericana de Ciencias de la Salud.

La observación detallada de estos datos es relevante, pues el sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo para enfermedades como diabetes, hipertensión arterial, infartos y derrames cerebrales, entre otros.

¿Cómo se mide la obesidad?

Para llegar a las conclusiones, Evans y Pérez tomaron como base el Índice de Masa Corporal (IMC), indicador que se utiliza a nivel internacional para saber cómo está el peso de una persona.

Para calcular el IMC lo primero que debe hacer una persona es pesarse en una báscula con la menor cantidad de ropa posible. Luego, dividir su peso entre su estatura en metros, elevada al cuadrado.

Por ejemplo, si alguien pesa 78 kilos y mide 1,70 metros, debe multiplicar 1,70 por 1,70. El producto es 2,89. Luego tiene que dividir los 78 kilos entre 2,89. El resultado es 26,98.

Si la cifra resultante fuera menor de 18,5 se dice que el individuo presenta " bajo peso" y posiblemente sufre desnutrición.

Entre 18,5 y 24,9 el peso es catalogado como "normal".

Si se obtiene entre 25 y 29,9 (como en el ejemplo anterior) la persona está en "sobrepeso".

Si el resultado es mayor de 30, se afirma que hay "obesidad".

Si el número es entre 35 y 39,9 el individuo tiene "obesidad severa", y si el resultado es más de 40, la obesidad es "extrema" o "mórbida", lo cual pone en riesgo la salud a corto plazo.

"A pesar de la importancia del IMC como indicador de la salud de una persona, son pocos los estudios que lo han explorado. De ahí la importancia de este reciente trabajo del Imperial College y la necesidad de analizar los datos de Costa Rica", declaró Evans.

Con este parámetro como guía, los investigadores vieron que el peso normal pasó de un 50,7% de la población en 1975 a un 34,4% en el 2014. Esto representa una reducción de casi una tercera parte en la población con peso normal.

Por otra parte, el sobrepeso pasó de 24,9% a 36,1% (un 44,9% de aumento).

En cuanto a la obesidad, en términos generales pasó de 6,3% a 23,7%, para un aumento del 276%.

Pero hay algo que todavía les preocupa más a los investigadores: el aumento de la obesidad mórbida, la más peligrosa para la salud: esta pasó de 0.2% a 2,3%, lo que representa 1.000% de aumento.

Las personas con obesidad mórbida tienen 14 veces más riesgo de un ataque al corazón y 12 veces más peligro de morir antes de los 70 años, que quienes tienen peso normal.

Peso promedio preocupante

Cuando salió el análisis del Imperial College, La Nación analizó el peso promedio de los costarricenses. De acuerdo con dicho estudio, el IMC de los hombres que viven en el país es de 26,5 y el de las mujeres, 27. Esto superó al promedio mundial, que se ubicó en 24,2 para varones y 24,4 para las damas.

Estos resultados de los costarricenses están muy por encima de los valores aconsejados de IMC, los cuales oscilan entre 18,5 y 25.

Prohibición de grasas trans sí reduce cifras de infartos y derrames en la población

Tomado de: www.nacion.com

Las prohibiciones o regulaciones para mantener a un nivel mínimo el uso de grasas trans sí tienen resultados positivos en la salud de la población. Una investigación de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, evidenció que estas normas bajan el número de ataques del corazón y derrames cerebrales, así como las hospitalizaciones y muertes relacionadas con estos males.

Las conclusiones de este reporte fueron publicados este miércoles en la revista médica JAMA Cardiology.

Para llegar a estas conclusiones, Erick Brandt y su equipo, se dieron a la tarea de revisar los expedientes médicos de diferentes hospitales de ciudades con esta prohibición (como Nueva York, que las vetó en el 2010) y compararlos con los de ciudades en los que no existen estas regulaciones. Se tomó información entre el 2002 y el 2016.
Los investigadores buscaron los datos de consultas ambulatorias por infarto al miocardio y accidentes cerebrovasculares (popularmente conocidos como derrames cerebrales), las hospitalizaciones y las muertes en el centro médico.

Se observó que la reducción atribuible a estos lineamientos (y no a otras causas) fue del 10,1% en atenciones ambulatorias, de un 6,2% en las hospitalizaciones y de un 8,4% en las muertes. Estas bajas comenzaron a verse después de tres años de que las políticas públicas fueron implementadas.

Aunque esto pueda parecer una cifra baja, a los investigadores les parece que es un avance notable.

"Es una baja bastante substancial. Nuestro estudio evidencia el poder de las políticas públicas para impactar en la salud cardiovascular de una población. Las grasas deterioran la salud del corazón y minimizarlas o eliminarlas en la dieta puede reducir el impacto de los infartos y ataques cerebrales", destacó en un comunicado de prensa Brandt, quien es especialista en medicina cardiovascular de la Escuela de Medicina en Yale.

En julio del 2015, la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), dio tres años de tiempo para eliminar las grasas trans.

En Costa Rica

Nuestro país aplica regulaciones para restringir el uso de estas sustancias desde agosto del 2010.

En el 2015, un estudio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en el que participaron Costa Rica, Argentina, Brasil y México, evidenció que nuestro país es el que tenía niveles más bajos de estas grasas.

De acuerdo con el documento, los aceites y margarinas que los ticos usan para preparar la repostería, las papas tostadas y empanadas, así como las galletas compradas en sodas o supermercados o las papas fritas de restaurantes de comida rápida, poseen niveles muy bajos de grasas trans.

Sin embargo, los especialistas en nutrición aseguran que esto no quiere decir que puedan comerse de forma indiscriminada, pues en muchas ocasiones también son fuente alta de carbohidratos y tienen otro tipo de grasas que, en exceso, pueden perjudicar la salud.

¿Qué son las grasas trans?

Las grasas trans se utilizan para dar mayor duración o más sabor a los alimentos. Usualmente, se les añaden hidrógenos para lograr la composición necesaria.

Tales ácidos grasos son de dos tipos: los de origen animal, presentes en carnes y lácteos, que no entrañan problema para la salud, y aquellos cuyo origen es de otro tipo, ya sea vegetal o químico.

La ingesta de estos últimos sí puede afectar la salud, ya que son grasas cuyo consumo está asociado con un aumento del colesterol LDL (popularmente conocido como "colesterol malo"). Si los niveles no se controlan, esto sube el riesgo de males cardiovasculares.

La recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es que los aceites y margarinas no tengan más de un 2% de grasas trans en su composición, mientras que las comidas, un máximo de 5%.

La comida de verdad era la de nuestras abuelas

Tomado de: deia.com

Juan Revenga tiene muy clara la receta para una dieta adecuada. “La alimentación debe basarse en productos de mercado y no tanto de supermercado”, sentencia.

- Si el aceite de palma era malo ¿por qué es ahora cuando se ha empezado a demonizar?

-La composición nutricional ha sido puesta en jaque por los nutricionistas desde hace tiempo. Lo que ocurre es que más recientemente la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha advertido de los riesgos que se asumen a la hora de producir determinados aceites vegetales, entre ellos el de palma. Para su obtención se superan determinadas temperaturas críticas que dan en la generación de compuestos con cierto potencial cancerígeno. A la naturaleza nutricional del aceite de palma, especialmente rica en ácidos grasos saturados que no son especialmente adecuados, se le suma que en su obtención se generen sustancias que incrementan el riesgo de cáncer. No digo que sean cancerígenos, sino que aumenta el riesgo de padecer esta patología.

Este problema se solucionaría comiendo lo que nuestras abuelas identificaban como comida.

-Efectivamente esa es la solución. El aceite de palma lo encontramos casi exclusivamente en alimentos procesados o ultraprocesados. Sirve para “afear” el valor nutricional de esa gama de productos. Aparte de otros como la sal, los azúcares simples, así como la escasez de vitaminas, minerales, fibra etc. Es decir, el problema no es el aceite de palma considerado de forma aislada. Usando una analogía, el problema no sería una de las balas que podamos encontrar en una caja de balas sino que estamos ante una caja de balas. El producto tiene unas pésimas características por la suma de su valor nutricional.

Vamos al súper y llenamos el carro de productos superfluos que no aportan nada nutricionalmente.

-Según reza en el Libro Blanco de la Nutrición en España, nuestras abuelas se apañaban con un catálogo de alimentos de cerca de un centenar de productos. Sin embargo, a día de hoy, el consumidor se enfrenta a más de 30.000. Bien es cierto que desde el tiempo de nuestras abuelas, ha entrado el kiwi u otros productos sin transformar. Pero son esos 29.900 de más los que suelen tener un peor perfil nutricional.

Y todo porque nuestro patrón de alimentación es malo. Usted ha dicho que se está ‘Mcdonalizando’.

-Y cocacolonizando. Ya se han publicado artículos científicos usando esta clase de terminología. El problema no es que se coman hamburguesas o se tomen refrescos. La mayor perversidad en este terreno es hacernos creer que la comida sabe mejor si se toma con el famoso refresco de cola. En algunos sitios, el agua ha desaparecido de las mesas y se nos invita a comer unos espaguetis o, si cae la breva, una menestra delante del consabido refresco.

Ahí entramos en el caballo de batalla de las bebidas azucaradas.

-Es que la situación de la industria alimentaria es especialmente apocalíptica de cara al consumidor. Que la industria mejore el perfil nutricional de unas galletas, de unos cereales, o de unos refrescos no dejará de ser algo así como poner un ambientador a un cubo de basura. El cubo de basura va a seguir siendo lo que es. Sobre todo cuando su uso desplaza a otros productos en los que no hay nada que mejorar, la comida “de verdad”, que era la de nuestras abuelas.

¿A cuáles se refiere?

-Es que ya tenemos productos óptimos sin nada que mejorar que se llaman rodaballo, que se llaman cinta de lomo, que se llama brócoli, plátano, remolacha etc... Que tú tengas un mal producto y trates de mejorarlo, eso no lo convierte en bueno. Eso sería como un cubo de basura repintado por fuera.

Hay alimentos portadores de grasas saturadas que son buenos, alimentos con grasas saturadas malos... Es complicado para un consumidor profano.

-Por eso debemos evitar el absurdo concepto de basarnos en nutrientes aislados y usar guías y recomendaciones basadas en alimentos, no en nutrientes. Sería preciso evitar mensajes como no debes comer grasas saturadas, hay que tomar más hierro, mete más vitamina C, ácido fólico... Hay que alejarse de los nutrientes aislados y basarse en el alimento. Esto es fácil basando nuestra alimentación en productos de mercado, no de supermercado.

Algunos dicen de ustedes, los nutricionistas, que son un poco talibanes de la alimentación.

-Se dice fundamentalistas.

Que quieren basar la comida solo en frutas, verduras y semillas.

-Creo que semillas prácticamente no he probado.

¿Ha tomado cúrcuma o espelta...?

-La cúrcuma la he podido usar puntualmente en algún aderezo, cuando hago curry. La espelta no la he probado aún, ni tengo especial intención. A los que nos tachan de fundamentalistas, he de decirles que nosotros ejercemos una labor similar a la de los francotiradores a la hora de destapar determinadas realidades de la industria. Pero jamás por muy buenos francotiradores que seamos o muy fundamentalistas que nos llamen, podremos hacer frente a una caballería armada con tanques, helicópteros y bombas.

Un francotirador lo tiene difícil para ganar a la caballería.

-Es que son ellos los que cuentan con una infinidad de recursos para trasladar a sus productos una imagen especialmente beatífica, cierta industria alimentaria nos hace pasar sus productos como buenos cuando son lo peor de lo peor en su género. Y esto es una constante contra la que es muy difícil ganar.

¿Y qué les contesta a esos que dicen que comer bien es caro y comer mal es barato?

-Algo de eso hay. Basar tu alimentación en función de productos frescos y de temporada es ligeramente más caro que hacerlo a través de comida procesada. Pero no es tan caro como habitualmente se nos hace creer si se conoce, como hacían nuestras abuelas, el mercado. Sería preciso recurrir a los alimentos de temporada que son más económicos. Sin que se nos ocurra comer sandía en abril a cinco euros el kilo, ni cerezas en Navidades a 17 euros el kilo. Eso no es comer saludable. Eso es hacer el gilitonto.

15 de abril de 2017

Un peso más saludable podría significar menos migrañas

Tomado de: medlineplus.gov

Quizá su peso influya en el riesgo migrañas, encuentra una nueva revisión.

"Las personas con migraña y [sus] médicos deben ser conscientes de que el exceso de peso y la pérdida excesiva de peso no son buenos para [los que sufren de migrañas], y que mantener un peso saludable puede reducir el riesgo de migrañas", dijo la autora para correspondencia del estudio, la Dra. B. Lee Peterlin.

Peterlin es directora de investigación sobre el dolor de cabeza en la Facultad de Medicina de la Universidad de Johns Hopkins, en Baltimore.

"Se ameritan estilos de vida saludables en términos de la gestión del peso, la dieta y el ejercicio", añadió.

Las migrañas afectan a más o menos un 12 por ciento de los adultos de EE. UU., según la información de respaldo de la Johns Hopkins. Estos dolores de cabeza debilitantes con frecuencia se dan junto con palpitaciones, náuseas y sensibilidad a la luz y al sonido.

El equipo de Peterlin evaluó 12 estudios publicados previamente sobre casi 300,000 personas, un proceso conocido como metaanálisis.

Los investigadores encontraron que las personas obesas tenían un 27 por ciento más de probabilidades de sufrir de migrañas que las personas con un peso normal.

Y las que no pesaban lo suficiente tenían un 13 por ciento más de probabilidades de sufrir de migrañas.

Los investigadores utilizaron las definiciones estándares tanto de obesidad, que es un índice de masa corporal (IMC) de a partir de 30, como de peso insuficiente, que es un IMC de menos de 18.5. Una persona que mide 5 pies y 4 pulgadas (1.63 metros) y pesa 175 libras (79.5 kilos) tiene un IMC de 30, mientras que alguien con la misma estatura que pesa 105 libras (casi 48 kilos) tiene un IMC de 18.

En investigaciones anteriores, el equipo de Peterlin encontró que el vínculo entre la obesidad y las migrañas era más firme entre las mujeres y las personas menores de 55 años de edad. El nuevo estudio confirmó esos hallazgos.

La nueva revisión encontró que el vínculo entre la obesidad y las migrañas es moderado, dijo Peterlin. Es similar al vínculo observado entre las migrañas y la enfermedad cardiaca isquémica, en que el corazón no recibe suficiente sangre, añadió.

Peterlin dio que no puede explicar con certeza en qué forma la composición corporal afecta al riesgo de migraña. Pero especuló que el tejido graso "es un órgano endocrino, y al igual que los demás órganos endocrinos, como por ejemplo la tiroides, un exceso o una deficiencia provocan problemas".

El cambio en el tejido graso que ocurre con el aumento de peso o la pérdida extrema de peso altera la función y la producción de varias proteínas y hormonas, explicó Peterlin, lo que cambia el ambiente inflamatorio en el cuerpo. Esto podría hacer que una persona tuviera una mayor tendencia a sufrir migrañas o podría provocar una migraña, dijo.

Pero el estudio solo encontró una asociación entre el peso y el riesgo de migraña, no una relación causal.

La revisión aparece en la edición del 12 de abril de la revista Neurology.

¿Ayudaría perder o aumentar de peso? No hay certeza, dijo Peterlin.

"Unos datos limitados en humanos muestran que [las personas que sufren migrañas] tanto episódicas como crónicas que son extremadamente obesas y se someten a una cirugía bariátrica por otros motivos de salud también experimentan una reducción en la frecuencia de los dolores de cabeza de más de un 50 por ciento", comentó. También se ha mostrado que el ejercicio aeróbico reduce los dolores de cabeza.

"Lo que no está claro es si la pérdida de peso en sí u otros factores relacionados con el ejercicio es lo que resulta en la mejora", dijo Peterlin.

Una especialista en el dolor de cabeza que no participó en el estudio alabó los hallazgos.

El nuevo análisis es "una adición valiosa a la literatura creciente sobre la migraña y el índice de masa corporal", dijo Dawn Buse, directora de medicina conductual del Centro Montefiore del Dolor de Cabeza, en la ciudad de Nueva York.

Buse dijo que ha visto aumentar la frecuencia de las migrañas con el aumento de peso en sus pacientes. También ha visto mejoras en las migrañas tras la pérdida de peso, afirmó.

Buse reconoció que, aunque perder peso parece ayudar, perder peso puede ser difícil. Los profesionales de la atención médica deben hablar con sus pacientes sobre la relación con las migrañas, y ayudarles al ofrecer educación y remisiones a tratamientos que podrían ayudar a perder peso.

Cinco mitos de la nutrición en el deporte


Hoy por hoy existen infinidad de artículos especializados y bibliografía al respecto. Pero sucede que muchos de ellos en lugar de aclarar la duda la potencian al proporcionar informaciones contradictorias.

Javier Guerrero, nutricionista responsable de la planificación nutricional del Instituto de Nutrición Deportiva, IND en España señala: "La verdad es que hay muchísimos mitos porque hay muchísimas tendencias. Uno de los principales problemas es que la gente no entiende cómo funciona su cuerpo", y agrega: "el deportista identifica los alimentos buenos y los malos, pero como no conoce las necesidades de su cuerpo no sabe qué consumir antes, durante y después del ejercicio".

Por ello, Guerrero explica los cinco mitos más comunes sobre la nutrición en el deporte.

1. Existe una dieta perfecta: respecto a esto Guerrero aclara: "En la parte de la nutrición se trata de buscar la receta milagrosa, el nutriente milagroso o el suplemento milagroso que nos haga mejorar el rendimiento, pero lo que necesita el deportista es conocerse mucho más para entender qué alimentos le funcionan mejor en cada momento y en cada situación".

Esto puede depender, además, de la cantidad de entrenamiento y del tipo de ejercicio que se realiza.

2. Se deben consumir proteínas luego del ejercicio: a pesar de que muchos pueden pensar que es así, no es una práctica que se recomiende, más allá de las necesidades proteicas de cada individuo: "Las células del cuerpo tienen una mayor capacidad de asimilar nutrientes post ejercicio, pero la recomendación es que se debe suplementar durante todo el día un aporte de proteínas controlado y sostenido", dijo el nutricionista. Asimismo, aclaró que los individuos presentan distintos niveles de tolerancia a las proteínas, lo cual depende no solo del aspecto genético sino también del tipo de ejercicio y su intensidad.

3. La dieta debe ser rica en pasta y otros carbohidratos: varias investigaciones comprueban que el consumo aumentado de carbohidratos no tiene efecto en el rendimiento cuando el entrenamiento dura menos de 90 minutos. Esto es debido a que en las sesiones de ejercicio cortas y de poca intensidad los niveles de glucógeno muscular no se agotan totalmente. En sesiones mayores a los 90 minutos este glucógeno se consume totalmente y allí sí serán útiles los carbohidratos.

4. Cualquier bebida energética sirve:
existen muchas diferencias entre estos productos que hacen que sean más o menos efectivos para determinado deporte o individuo. Lo cierto es que el único líquido realmente necesario para quienes practican deporte en forma moderada es el agua. "La etiqueta nutricional permite identificar qué es lo que contienen cada bebida y saber pará que es mejor. Algunas tienen más hidrato de carbono, otras con más proteínas, otras con más vitaminas o minerales", destacó Guerrero.

5. Se puede comer de todo: sobre este punto el nutricionista aclara que existe mucha desinformación respecto al tema de la nutrición, lo que lleva a que aparezcan mitos. Lo cierto es que "al final es el propio deportista el que tiene que saber cómo funciona su cuerpo. No hay alimentos milagrosos que te van hacer mejorar el rendimiento ni adelgazar, sino que hay buenos hábitos y malos hábitos", concluyó.

Sudar diez minutos al día ayuda al corazón de los niños y los adolescentes

Tomado de: medlineplus.gov

Tan solo un poco de ejercicio intenso cada día podría ayudar a algunos niños y adolescentes a reducir su riesgo de desarrollar problemas cardiacos y diabetes, afirman unos investigadores.

El nuevo estudio observó a casi 11,600 niños de 4 a 18 años de edad en Estados Unidos, Brasil y Europa.

Los investigadores encontraron que reemplazar el ejercicio leve con incluso apenas 10 minutos al día de actividad intensa podría ofrecer unos beneficios cardiometabólicos significativos a los jóvenes que tienen cinturas relativamente grandes y niveles elevados de insulina en la sangre. Éstos factores los ponen en riesgo de desarrollar problemas cardiacos y enfermedades metabólicas, como la diabetes tipo 2.

"Los resultados sugieren que sustituir el ejercicio leve de más larga duración con unas cantidades modestas de actividad física vigorosa podría tener beneficios metabólicos que superan a los ofrecidos por la actividad moderada y la evitación de la conducta sedentaria", afirmó el autor líder, Justin Moore.

Moore es profesor asociado de medicina familiar y comunitaria en el Centro Médico Bautista Wake Forest, en Winston Salem, Carolina del Norte. Anotó que se necesita más investigación, porque se deben tomar en cuenta factores adicionales que contribuyen al riesgo de enfermedades, como la dieta y la genética.

"Si esos estudios dan unos resultados robustos, una dosis relativamente breve pero intensa de actividad física, quizá incluso de apenas 10 minutos al día, algo que sin duda es factible para la mayoría de jóvenes, podría resultar ser parte de una 'receta' para que los niños y adolescentes alcancen o mantengan una salud cardiaca y metabólica", afirmó Moore en un comunicado de prensa del centro médico.

El estudio aparece en una edición reciente de la revista Medicine & Science in Sports & Exercise.

8 de abril de 2017

Estos son los alimentos que tienen aceite de palma y no lo sabías

Tomado de: www.abc.es

Productos de bollería, galletas, cremas de cacao, caramelos o aperitivos. También en pan, cereales, pizzas, helados, salsas o patatas fritas. Este aceite vegetal cancerígeno está presente en gran parte de los alimentos porque es barato y se oxida menos que otros aceites y los productos se conservan mejor.

Productos de bollería, galletas, cremas de cacao, caramelos o aperitivos. Son alimentos apetecibles pero que sabemos que hay que consumirlos de forma moderada. La sociedad está cada vez más concienciada respecto a las precauciones que hay que tomar con estos productos por la presencia de azúcar añadido y su relación con las enfermedades cardiovasculares y la obesidad.

Pero aparte, hay otro enemigo en estos alimentos: el aceite de palma. Se trata de una grasa de origen vegetal (y no por eso sana) a la que ya se le declaró la guerra en 2014 cuando una normativa europea obligó a la industria alimentaria a especificarlo en la etiqueta. El aceite de palma nada tiene que ver con el de oliva. El primero, es el más barato del mercado y al ser una fuente de grasas saturadas, es enemigo del corazón.

Por eso, ayer la cadena de supermercados Alcampo aseguró a este periódico que estudia retirar de sus locales aquellos productos de marca blanca que contienen aceite de palma. Alcampo sigue la línea de la cadena de supermercados ecológicos SúperSano, que decidió en el mes de octubre no vender productos elaborados con aceite de palma. En este caso, no solo prescindieron de las marcas blancas sino de todos los productos que contenían este aceite.

«El aceite de palma, aún siendo de origen vegetal, nos aporta grasas saturadas que, junto a las grasas hidrogenadas, hacen aumentar el riesgo cardiovascular. Es decir, existe mayor riesgo de sufrir infarto de miocardio o accidentes cerebrovasculares como embolias, trombosis o hemorragias cerebrales», advierte Mónica Carreira, dietista-nutricionista.

El aceite de palma está presente en los alimentos infantiles (leche de crecimiento incluida) pasando por galletas, productos de bollería, pan de molde, cereales, pizzas, helados, salsas, patatas fritas, snacks, cremas de cacao, platos preparados, etc.

Se obtiene del fruto de la palma africana Elaeis guineensis, originaria del continente africano. Esta planta se introdujo de forma masiva en el suroeste asiático a principios del siglo XX, aunque también hay plantaciones importantes en América del Sur. Además de malo para la salud, perjudica al medio ambiente.

«Por desgracia, los efectos de la expansión de cultivos intensivos dedicados exclusivamente al aceite de palma han provocado la deforestación de los bosques tropicales, según datos de la UNEP (Programa medioambiental de Naciones Unidas), apropiación de tierras autóctonas, abusos de derechos humanos y daños a las especies locales», señalan desde la OCU.

Se oxida menos y mejora el gusto

Es el aceite más apreciado por la industria pero el más denostado por los expertos en Nutrición. Es barato y «además, se oxida menos que otros aceites y los productos se conservan mejor. Por último, aportan palatabilidad a los alimentos (mejoran el gusto)», apunta Olveira, especialista en endocrinología y nutrición del Hospital Regional de Málaga.

«Es una grasa untuosa. No puedes hacer una crema de cacao con aceite de oliva porque sería líquida como una salsa», agrega Jesús Román, presidente de la Fundación Alimentación Saludable.

El problema está en el proceso de refinado al que se somete en Occidente y el que se utiliza en la producción industrial. En zonas de Asia, donde se consume masivamente, se toma sin tratar. Este producto más natural es rico en betacarotenos.

Estos son los alimentos que no deberían existir, según nutricionistas

Tomado de: www.elsalvador.com

Enfermedades cardíacas, cáncer colorrectal y obesidad podrían afectar su salud con el frecuente consumo de estos alimentos. La OMS insta a minimizar su ingesta.

Es un precepto que consumir balanceado conlleva a una vida saludable y llena  de energía. Vegetales, frutas, cereales integrales y carnes aportan proteínas, vitaminas y minerales que necesita el cuerpo.

A pesar de conocer estos beneficios, una complicada agenda y horario, más el deleite por disfrutar alimentos grasosos o cargados de azúcar eliminan cualquier posibilidad de llevar una rutina más “sana”.

El rotativo español, El País consultó a reconocidos expertos en el área de nutrición sobre los alimentos que deben ser eliminados –por completo- de un régimen alimenticio si quiere proteger su cuerpo:

Rollitos (tacos chinos): su elevado contenido de grasas saturadas y harinas refinadas promueven el aumento alarmante de colesterol y sobrepeso, según Rubén Bravo, experto en Nutrición y Gastronomía del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

Papas fritas de bolsa: deliciosas y perfectas para un “snack”, este tipo de papas, en realidad, son un atentado para la salud: supera los niveles de sal permitidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y por ser “alimentos ricos en aceite de palma” ocultan los ácidos grasos saturados que minan la salud cardiovascular. Para observar la alarmante relación, por cada 100 gramos de papas pueden haber 2.3 gramos de sal.

Salchichas de queso: elección “adecuada” para cualquier cena familiar o para incluirla en trozos en el huevo revuelto del desayuno, pero lo que no se ve a simple vista es el exceso de grasas saturadas que se ingiere. Según la nutricionista Laura Pire, “la ingesta continuada de este tipo de alimentos descompensa la tensión arterial, fomenta la obesidad y la arteriosclerosis”.

Bebidas combinadas: un buen trago mezclado con bebidas energéticas podrías ser refrescante, pero para el experto en nutrición Rubén Bravo, estos brebajes son una bomba de problemas de salud. “Los excitantes como la cafeína y la taurina combinados con las vitaminas B6 y B12 aceleran el ritmo cardíaco y aumenta los niveles de azúcar en la sangre”.

Repostería industrial: Lo dulce es el deleite de muchos, sin embargo hay una realidad muy oscura en la producción de este grupo de alimentos. La dietista María Garriga indicó que la mayoría de productos incluye “grasas trans o hidrogenadas o aceites de alto contenido en ácidos grasos saturados”. ¿Qué significa consumir estas grasas? En definitiva, el desarrollo de enfermedades cardiovasculares.

Cubitos: Dar gusto a las comidas se volvió más fácil con la producción de estos cubos que concentran “intensos sabores”, pero los ingredientes reales de estos sazonadores son la sal, grasa de palma y el glutamato monosódico (potenciador de sabor) y con seguridad la hipertensión se instalará en su vida.

Carne en lata: Aunque es menos frecuente su consumo, hay muchos que sí se decantan por la compra de él sin conocer los datos inquietantes que arrojó el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer: “la carne procesada causa cáncer colorrectal”.

Refrescos azucarados:
los más consumidos por millones de personas y los que más contribuyen a desarrollar la obesidad. Sus ingredientes elaborados de extractos de té y plantas con azúcar añadido también contribuyen a la posibilidad de desarrollar caries.

Cambios bruscos de peso afectarían a personas con males cardíacos

Tomado de: www.nacion.com

Bajar y subir de peso repetidamente podría ser peligroso para personas con problemas del corazón y de sobrepeso, de acuerdo con un estudio publicado en la revista New England Journal of Medicine.

Los pacientes que tuvieron una mayor fluctuación de peso durante un lapso de cuatro años, fueron más propensos a sufrir ataques cardíacos, infartos o incluso la muerte.

Para algunas personas, los cambios de peso serían reflejo de realizar dietas de manera intermitente, algo que estudios anteriores insinúan que no es saludable para la población que tiene problemas relacionados con su corazón.

Este hallazgo podría significar que mantener un peso, incluso si es elevado, sería más saludable que perderlo y recuperarlo en repetidas ocasiones.

De cuidado

Pero las grandes fluctuaciones de peso en pacientes con males cardíacos también podrían ser accidentales y un posible indicio de enfermedades graves, lo que explicaría los resultados del estudio, indicaron investigadores y expertos externos a esta investigación.

Los especialistas que no estuvieron involucrados en el reporte dijeron que es interesante, pero, según ellos, todavía hay muchas interrogantes que se deben resolver.

A pesar de ello, la recomendación del cardiólogo de la Universidad de Nueva York y autor principal del estudio, el médico Sripal Bangalore, es: " pierdan peso e intenten mantenerlo bajo ".

Detalles de la investigación

El estudio publicado el miércoles pasado, está conformado por un análisis de unos 9.500 pacientes involucrados en una investigación distinta en la que no se examinaron los motivos del cambio de peso. Se midió el peso 12 veces, en promedio, durante un lapso de cuatro años y algunos pacientes perdieron o subieron varias libras (kilogramos) entre cada medición.

Entre los 1.900 pacientes que registraron los mayores cambios de peso, el 37% de ellos sufrieron ataques cardíacos fatales o no fatales, infartos o algún otro problema coronario durante el estudio. Eso en comparación con el 22% de los 1.900 pacientes con los menores cambios de peso en ese lapso.

Las fluctuaciones de peso en el grupo de alto riesgo fueron de 4,5 kilogramos (10 libras), en promedio, durante cuatro años. En el grupo de menor riesgo, el cambio de peso promedio fue de 0,9 kilogramos (menos de 2 libras) , durante ese mismo lapso. En total se registraron más de 500 decesos, que fueron más comunes entre los pacientes que tuvieron la mayor fluctuación de peso.