13 de octubre de 2017

¿Argumentos reales o excusas?

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

En el tiempo que tengo de ejercer mi profesión he escuchado muchas "razones" por las que la gente dice que no pierde peso (o no se apega a un estilo de vida saludable). Y a veces me he cuestionado si son realmente los motivos. 

Si bien en algunos casos pueden ser argumentos reales, muchas veces todo eso que la gente piensa que le impide lograr su meta está más en la mente que en la realidad. Hoy quiero referirme a algunos ejemplos.

1. "No tengo tiempo"

Probablemente una idea común: el tiempo no alcanza para hacer ejercicio ni para preparar alimentos saludables. Si bien en la actualidad hay muchas ocupaciones, un estilo de vida saludable realmente no implica una inversión muy grande de tiempo. Por ejemplo el ejercicio: nadie dice que tengamos que dedicar 1 hora diaria. Podemos hacerlo día por medio, 30 minutos (30 minutos, de 24 horas que tiene el día, no es imposible). Si no podemos hacerlo de día por medio pues empezamos con una vez a la semana y luego nos vamos acomodando a sacar un poquito más de tiempo. Y si tenemos una máquina en la casa para hacer ejercicio, es todavía menos válido el argumento del tiempo porque hasta podemos hacer el ejercicio mientras vemos televisión (porque a veces no se quiere sacrificar ese tiempo).

En cuanto al tiempo para cocinar y preparar los alimentos, por ejemplo podemos comprar frutas en unidad, que son más fáciles de llevar al trabajo. Si nos gusta la fruta picada, podemos dejarla picada la noche anterior, o podemos mantenerla en el refrigerador, ya lista nada más de empacar la cantidad que necesitamos. Con los vegetales también los podemos dejar ya picados listos solo para cocinarlos (inclusive en el microondas, o los podemos dejar ya precocinados en el congelador). Podemos preparar también un picadillo y dejar congeladas porciones en bolsitas. Podemos organizar un menú para hacer más práctica la preparación de las comidas, y además optimizamos el uso de los ingredientes (por ejemplo cocinar pollo una sola vez y utilizarlo en diversas preparaciones establecidas en el menú). Tal vez tenemos que dedicar un poco de tiempo un día para esas actividades que les recomiendo, pero verán que a la larga después más bien se ahorra el tiempo.

2. "Un estilo de vida saludable es caro"

Para hacer ejercicio no necesitamos pagar un gimnasio. Podemos salir a caminar, podemos aprovechar algún parque cercano, si tenemos espacio en casa podemos saltar cuerda o bailar...es cuestión de encontrar la opción que mejor se nos acomode, pero no es un requisito pagar una mensualidad en algún lugar.

En cuanto a la comida, podemos economizar mucho si vamos a las ferias del agricultor (y apoyamos a los productores locales). Podemos hacer una lista de los productos "innecesarios" que compramos con frecuencia: papitas, dulces, bebidas gaseosas, etc. Y destinar el dinero que gastábamos en eso, a la compra de otros productos que nos nutren más.

Tomemos en cuenta además que comer sano no es comer siempre salmón con espárragos, por poner un ejemplo. Podemos alimentarnos sanamente con alimentos como arroz, frijoles, huevo, vegetales y fruta de temporada (que siempre serán más baratos), entre otros. 

3. "De por sí pruebo de todo y después vuelvo a subir de peso"

En esos casos hay que pensar si de verdad se han efectuado cambios a conciencia o no. Muchas veces se hace una dieta por un tiempo, y al llegar a la meta se vuelven a los hábitos de antes. Si éste es el caso, no hay método que valga, el resultado será siempre el mismo.

También sucede que al decir: "lo pruebo todo", es que se intenta por una semana y al no ver resultado ya se abandona. Recordemos que no hay soluciones mágicas, y si el peso se ha ganado en más de una semana (meses o hasta años), difícilmente se va a perder de manera saludable en menos tiempo.

4. "Desde pequeño he sido gordit@ y eso ya no se puede cambiar"

Muchas veces esto sucede porque se aprenden malos hábitos desde la infancia. Y si bien por genética puede ser que se tenga una estructura gruesa, básicamente siempre es posible perder algo de peso (cualquier pérdida en éstos casos, puede ser de beneficio para la salud).

Además, ser gordit@ no significa que haya que comer "mal" o ser sedentario. Un estilo de vida saludable beneficia a todos.

5. "Ya estoy muy viej@ para ponerme a perder peso"

Si bien conforme van pasando los años puede ser más difícil quitarse algunos kilos de encima, tampoco es que no se pueda lograr. Y no olvidemos que nunca es tarde para empezar a cuidarnos y mejorar nuestros hábitos.

Tal vez haya que esforzarse un poco más, y ser un poco más paciente porque puede ser un proceso lento, pero se pueden obtener resultados.

6. "Yo no me porto tan mal para lo que peso, o para no poder bajar"

Es común subestimar las cantidades que se consumen, o no se toma conciencia de los hábitos que se tienen. Tal vez se piensa que ese vaso de Coca al día no hace daño, o esas comidas rápidas del fin de semana no pueden estar afectando tanto el peso.

A veces es necesario que alguien más nos haga ver lo que estamos consumiendo, porque podemos perder la perspectiva y "engañarnos" nosotros mismos. Por eso es muy útil el control con un Nutricionista, o como mínimo mantener un diario de comidas, que nos ayude a ir teniendo presente lo que estamos comiendo y que no se nos "olvide" luego (porque a veces no es hasta que alguien nos empieza a preguntar en profundidad, que recordamos y hacemos un recuento de lo que hemos venido comiendo).


Si ha estado usando éstas frases para responderse a sí mismo el por qué no tiene hábitos saludables o no pierde peso, tal vez es hora de hacer un examen de conciencia. Hay que ser sincero con uno mismo respondiéndose: ¿son argumentos reales o son excusas?

Cómo estimular a los niños a desayunar


La planificación, la elección de alimentos nutritivamente adecuados, y la creación de un ambiente adecuado son las claves para convertir las mañanas en momentos más amenos

Cuando el niño se levanta sin ánimo de desayunar, no es recomendable forzarlo a hacerlo, a pesar de haber repetido cientos de veces que el desayuno es una comida fundamental. La estrategia, entonces, debería ser mejorar el desayuno, desde los alimentos que se ofrecen hasta el tiempo que se dedica a realizarlo. Además, se debe prestar atención a las horas de descanso previo y, de ser necesario, contar con la opción del "desayuno diferido".

Lo que sucede comúnmente es que el niño no se levanta con suficiente tiempo para despejarse, vestirse y sentarse tranquilamente a desayunar junto con los demás miembros de la familia. Y en los tiempos modernos es comprensible que suceda. Sin embargo, los adultos deberían predicar con el ejemplo.

El desayuno podría ser un momento de encuentro, para organizar en familia las tareas y actividades que cada uno llevará a cabo. Probablemente, sea más estimulante para el niño pasar un momento divertido en familia que comer o beber algo antes de salir para la escuela solo porque los expertos dicen que así rendirán mejor o no sufrirán de sobrepeso.

Tal vez sea buena idea planificar y preparar el desayuno la noche anterior. Si el niño se acuesta a una hora prudente, es probable que al día siguiente se levante más descansado, con tiempo y ánimo para desayunar. Todo desayuno para ser completo debe contar con un lácteo, un panificado y una fruta. ¿Algunas opciones? Un pote de arroz con leche, una crema, un licuado de leche y fruta, un yogur con frutos secos, tostadas integrales con queso magro y luego una fruta fresca o en forma de jugo.

De todos modos, no es necesario obligar al niño a comer apenas se levanta si no tiene hambre. En estos casos se puede implementar el desayuno en diferido. Significa que, en vez de desayunar en casa, lo hacen un poco más tarde, siempre y cuando cuenten con alimentos saludables. En este caso, hay que pensar en poner algo nutritivo en la vianda y no en opciones más rápidas y poco apropiadas. Lo mejor sería, por ejemplo, preparar un sándwich de pan integral con queso fresco magro, lechuga y tomate, o con tomate y palta. Hay cientos de combinaciones con vegetales, frutos secos y quesos para ir variando día a día.

Otra opción para el desayuno diferido es la fruta cortada y pronta para comer, puede ser también en forma de brochettes, ensaladas o incluso hasta bañadas en chocolate y frutos secos.

En cualquier caso, es importante permitirle al niño participar en la planificación (y por qué no en la preparación) para que pueda expresar sus gustos y preferencias, sabiendo que tendrá que elegir entre ciertas opciones nutritivas y que otros tipos de alimentos no serán adecuados para esa ocasión.

La obesidad infantil se ha multiplicado por 10 en los últimos 40 años

Tomado de: www.elmundo.es

Crece la incesante paradoja de la alimentación en la salud a nivel mundial. Mientras el número de niños y adolescentes con obesidad se ha multiplicado por 10 en los últimos 40 años, las cifras de bajo peso en la población infantil continúan siendo alarmantes, especialmente en el sur de Asia. Así se desprende de un detallado estudio que acaba de publicar la revista 'The Lancet'.

Concretamente, de 1975 a 2016 , las niñas con obesidad pasaron de ser cinco millones a 50 millones. En el caso de los niños, y en ese mismo transcurso de tiempo, la cifra incrementó de seis millones a 74 millones. Se trata de "un análisis global de tendencias en obesidad infantil y adolescente realizado en 200 países y que incluye datos no examinados anteriormente sobre la media del índice de masa corporal y el bajo peso en pequeños por encima de los cinco años hasta los 19", subrayan los autores del trabajo, elaborado por el Imperial College London y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Coincidiendo con el Día Mundial de la Obesidad, esta investigación pone en la 'diana' el problema de obesidad infantil y adolescente que sufren algunos países. Según sus datos, por ejemplo, en ciertas islas de Polinesia la tasa de obesidad supera el 30% de esta parte de la población. En Estados Unidos, este porcentaje no baja del 20%, igual que ocurre también en algunas naciones de Oriente Medio y el Norte de África, como Egipto, Kuwait, Qatar y Arabia Saudita. Tampoco se salva de un alto porcentaje El Caribe (Puerto Rico). En todo el mundo, en 2016, había 124 millones de niños y adolescentes obesos y 213 millones con sobrepeso.

Haciendo un recuento general, la prevalencia global ha aumentado del 0,7% al 5,6% para las niñas y del 0,9% al 7,8% para los niños. "Las tasas de obesidad infantil y adolescente han aumentado significativamente en las últimas cuatro décadas en la mayoría de los países del mundo", afirma Jame Bentham, de la Universidad de Kent (Reino Unido).

Como señala la presidenta electa de la Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad (EASO), Nathalie Farpour-Lambert, "la obesidad infantil es uno de los mayores desafíos de la salud en el siglo XXI". En Europa, el 19%-49% de los niños y el 18%-43% de las niñas tiene sobrepeso u obesidad, lo que representa aproximadamente entre 12 y 16 millones de jóvenes afectados. Y, en vista de los nuevos datos, esta 'plaga' continúa aumentando, excepto en Dinamarca, Francia, Suecia y Suiza, donde parece que las cifras se van nivelando.


En España, según la investigación de la OMS, entre 1975 y 2016, la prevalencia de la obesidad ha aumentado en niños del 3% al 12% y en niñas, del 2% al 8%. En este punto, María del Mar Tolín Hernani, especialista de la sección de Gastroenterología y Nutrición Infantil del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, aclara que en los últimos años, "gracias a las políticas (como el desayuno saludable y la promoción de actividad física) dirigidas a la población infantil en los colegios, la prevalencia se ha estancado".

A los expertos les preocupan las consecuencias del aumento excesivo de peso durante los primeros años de vida. Está claramente asociado con un mayor riesgo y aparición temprana de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2 y también se relaciona con peores resultados psicosociales y educativos.

"La obesidad infantil es una enfermedad compleja con una base multifactorial. Se ha demostrado que tiene una fuerte asociación con la mortalidad y morbilidad de los adultos", señala Farpour-Lambert, quien argumenta que esta condición, una vez aparece en fases tempranas, tiene tendencia a continuar a lo largo de la vida y cuanto mayor sea la exposición, más riesgo habrá de sufrir enfermedades crónicas. "Más hipertensión, más hiperglucemia, hipercolesterolemia... Con repercusión a todos los niveles: incremento del riesgo cardiovascular, infartos, ictus, problemas de morbilidad y también de mortalidad", agrega la especialista española al comentar esta investigación internacional.

Extremo opuesto: desnutrición y bajo peso

Al otro lado de la moneda se encuentra el reto del bajo peso que sufren 75 millones de niñas y 117 millones de niños en 2016. Casi dos tercios de esta población viven en el sur de Asia, según concluye esta investigación que reúne datos de 2.416 estudios. En total, han participado 129 millones de personas de 200 países, lo que incluye 31,5 millones de niños y adolescentes entre cinco y 19 años, sobre los que se han realizado estimaciones de tendencia en el índice de masa corporal.

Las altas tasas de malnutrición en la población infantil suponen un mayor riesgo de enfermedades infecciosas. Para las niñas en edad fértil se asocia, además, con más mortalidad materna, complicaciones de parto, parto prematuro y lento crecimiento intrauterino. Sólo en el sur de Asia, el 20,3% de las niñas tenían bajo peso en 2016.

Esta doble realidad en la salud alimentaria mundial, apuntan los investigadores del Imperial College London, obliga a reflexionar sobre la "necesidad de mejorar las políticas que aborden al mismo tiempo el exceso de peso y la desnutrición". En palabras de la presidenta electa de la AESO, "la infancia es una oportunidad única para tener un impacto en la vida, la calidad de vida y la prevención de las discapacidades [...] Es necesaria una acción urgente". Para el Grupo de Trabajo de la Obesidad Infantil de la AESO, "considerar la obesidad como una enfermedad crónica es un paso crucial para aumentar la conciencia individual y social, mejorar el desarrollo de nuevas intervenciones preventivas y políticas de salud y mejorar el cuidado de los niños con obesidad en todo el mundo".

En este sentido, aunque se han desarrollado algunas iniciativas para aumentar la conciencia sobre la obesidad en las etapas iniciales de la vida, el profesor Majid Ezzati, firmante del estudio, se atreve a señalar que "la mayoría de los países de altos ingresos han sido reacios a usar impuestos y regulaciones industriales [...] Muy pocos programas intentan que alimentos como las frutas y verduras sean más asequibles para las familias con menos recursos". Precisamente la inaccesibilidad a los alimentos más saludables es lo que conduce a un aumento de la obesidad.

No obstante, los autores de este análisis recuerdan que las políticas para prevenir la obesidad infantil deben ir acompañadas de terapias conductuales para modificar la dieta y el ejercicio. En caso necesario, debe compaginarse además con el manejo de posibles problemas asociados como la hipertensión y facilitar el acceso a tratamientos con cirugía. Lo que está claro, afirma otro de los autores del documento, Leanne Riley, es que "las tendencias muestran que sin una acción seria para combatir la obesidad durante los primeros años de vida, se pondrá en gran peligro e innecesariamente la salud de millones de personas, con el coste que esto conlleva".

Para luchar contra la malnutrición que conduce al bajo peso infantil, siguen siendo necesarias iniciativas y más donaciones. No hay que olvidar, remarca Ezzati, que "la transición de bajo peso al sobrepeso y la obesidad puede ocurrir rápidamente en una transición nutricional poco saludable, con un aumento de alimentos pobres en nutrientes y densos en energía", por lo que conviene reflexionar sobre el desarrollo de políticas que modifiquen ambas realidades. Según la conclusión a la que llegan los autores, "de continuar en la misma línea de las tendencias presentadas en estos 40 años, se espera que la obesidad infantil y adolescente supere al bajo peso en 2022".

Trece tipos de cáncer están relacionados con sobrepeso y obesidad

Tomado de: www.nacion.com

El sobrepeso y la obesidad no son solo antesala de males cardiovasculares, también son factores que podrían incidir en 13 tipos de cáncer. Así lo señala un informe difundido por el Centro de Diagnóstico y Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés).

Estos tumores son el meningioma (cáncer en el tejido que recubre el cerebro y la médula espinal), adenocarcinoma de esófago, tiroides, mama (en mujeres posmenopáusicas), mieloma múltiple (tipo de cáncer en las células de la sangre), hígado, riñones, vesícula biliar, estómago, páncreas, útero, colon y recto.

Estos padecimientos constituyen el 40% de todos los tumores malignos diagnosticados. Dos de cada tres de estos casos se desarrollan en personas entre los 50 y los 74 años.

¿A qué se debe? Según el reporte, "el sobrepeso y la obesidad causarían modificaciones en el cuerpo que pueden llevar al cáncer. Dentro de estos cambios están la inflamación de ciertos órganos y tejidos y el aumento de varios tipos de hormonas".

El documento añade que con el cáncer, la reproducción de las células en alguna parte del cuerpo se altera y comienza a darse sin ningún orden. Estas células crecen y forman un tumor, estas células cancerígenas no cumplen la función normal y, además, afectan el resto del cuerpo y las defensas.

Cuando una persona tiene sobrepeso u obesidad, las sustancias y hormonas que el cuerpo genera van aumentando poco a poco el riesgo de esta reproducción anormal.

Es un proceso que no siempre se da y que tarda varios años, por lo que si el paciente llega a un peso normal su riesgo de desarrollar la enfermedad es igual al de quienes nunca han estado pasados de peso.Es decir, el daño podría considerarse reversible.

La enfermedad no se limita a la zona del tumor, afecta a todo el cuerpo. En el caso del sobrepeso, el riesgo de que se extienda a otras zonas del organismo también es mayor.


En Costa Rica, una investigación publicada en el 2015 en la revista médica The Lancet Oncology, señaló que en el orbe, el 3,6% de todos los tumores tienen como causa el sobrepeso.

Dicho estudio explicó que "el exceso de peso en sí mismo no origina el cáncer, pero promueve la manifestación de cambios genéticos que pueden llevar a malignizar las células poco a poco y eso hagan que se presenten los síntomas".

El sobrepeso no solo aumenta el riesgo de estos tumores, también el de morir por ellos.

Si una persona con obesidad o sobrepeso desarrolla un tumor tendrá mayores posibilidades de fallecer en los siguientes cinco años que alguien con el mismo problema pero con un peso normal.

¿Cómo bajar el riesgo'

En CDC es muy claro con las medidas que deben tomarse para evitar el sobrepeso y la obesidad. No hace falta desembolsar grandes cantidades de dinero ni someterse a tratamientos extremos.

Comer cinco porciones diarias de frutas y verduras, evitar las frituras y el exceso de azúcar, realizar 150 minutos semanales (unos 30 minutos al día) de actividad física moderada a la semana (como caminar rápido o su ejercicio favorito), no fumar y no abusar de las bebidas alcohólicas, son estrategias preventivas.

Si usted ya tiene unos kilos de más, no busque hacer dietas que se encuentran en Internet o la que hizo su prima o su tía, pero sí puede comenzar a comer más sanamente. Si quiere un programa de alimentación, entonces sería bueno consultar con un nutricionista.

En el caso de que tenga enfermedades crónicas como hipertensión o diabetes es importante que siga el tratamiento que le indicó el médico al pie de la letra.

6 de octubre de 2017

Tomemos nuestro tiempo para comer

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

¿Ha pensado alguna vez (o con frecuencia) "voy a comer rápido para poder terminar X cosa del trabajo"? ¿O tal vez: "voy a comer en una carrera para aprovechar de hacer unos mandados"? También a veces ya por costumbre se come rápidamente. Pero ésto no es un hábito saludable.

Todo el proceso de digestión comienza desde la boca, con la liberación de algunas enzimas digestivas y el mismo proceso de masticación. Entre mejor masticamos la comida, más fácil va a ser luego el proceso de la digestión.

Cuando comemos muy rápido pasamos por alto el detalle de masticar y simplemente pensamos en tragar. Al hacer esto, no dejamos que actúe bien la saliva con sus enzimas, los alimentos no llegan bien triturados al estómago y es más el trabajo que debe hacer el sistema digestivo para procesarlos. Esto nos puede provocar después algunos trastornos como malestar estomacal, inflamación, colitis, entre otros. 

Además de dichos problemas digestivos, nuestro cuerpo va a estar enfocado en tratar de digerir la comida y no en otras actividades, por lo que no vamos a rendir igual y hasta podemos sentir cierto adormecimiento o cansancio después de las comidas.

Pero además de las dificultades para la digestión, existe otro factor importante por el que deberíamos evitar comer rápido, y es el hecho de que puede favorecer la ganancia de peso, o hacer difícil la pérdida. Cuando comemos, conforme los alimentos van llegando al estómago éste se distiende o se expande. Conforme eso pasa, se liberan hormonas que regulan la saciedad y se van enviando mensajes al cerebro que nos dicen: ¡es hora de ir parando de comer, ya te estás llenando!

Este proceso de enviar señales del estómago al cerebro toma tiempo. Por lo que si terminamos de comer muy rápido, acabamos con la comida y nuestro cuerpo todavía no sabe que ya no necesita comer más. Es entonces cuando podemos caer en el error de "buscar un poquito más" porque no nos sentimos llenos.

¿Qué podemos hacer para bajar la velocidad al comer?

1. Aunque hayan cosas que hacer, dediquemos siempre el tiempo respectivo a comer. No debemos pensar que es solo "echar la comida en el cuerpo". Alimentarse implica disfrutar la comida, masticarla bien y saborearla. 
2. Si considera que definitivamente a la hora usual del almuerzo le queda complicado sentarse a hacerlo, es mejor entonces hacer una pequeña merienda y ya después sacar el tiempo para comer.
3. Si come rápido por costumbre, puede empezar a proponerse masticar las comidas una determinada cantidad de veces. O también puede hacerse el hábito de dejar los cubiertos en el plato entre un bocado y otro, solo los toma de nuevo hasta que ya tragó.

En la época actual vivimos muy pendientes del tiempo y de aprovecharlo al máximo, pero hay actividades que requieren que nos lo tomemos con calma. Comer es una de ellas, y su salud le agradecerá que lo haga.

Cuáles son los efectos del consumo excesivo de grasas en la adolescencia


Las mujeres que presentan una densidad mamaria abundante tienen un mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama. La densidad mamaria es la cantidad de tejido fibroso y glandular de los pechos. Pero parecería ser que esto no solo está condicionado por factores genéticos sino también ambientales y se ha visto que la dieta, y más precisamente el tipo y cantidad de grasas que ingieren las adolescentes, aumenta su riesgo de padecer este tipo de cáncer de adultas.

La investigación, que fue llevada a cabo por la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland en Baltimore, EE.UU. señala que durante la adolescencia el tejido mamario es más sensible, pues es la etapa en la que se produce su desarrollo y cambios estructurales.

Llevar una dieta saludable y apropiada para esa edad puede entonces contribuir a reducir el riesgo de tumores, además de otras enfermedades como la obesidad, la diabetes, y las enfermedades cardiovasculares.

En el año 1988 se llevó a cabo el Estudio de Intervención Dietética en Niños (DISC). En el mismo se recabaron datos de hábitos alimentarios de 663 menores de entre 8 y 10 años, 301 de los cuales eran niñas. Los investigadores analizaron los datos de este estudio y luego midieron a través de resonancia magnética la densidad mamaria de 117 mujeres de entre 25 y 29 años que habían participado del DISC.

De los datos recabados se desprende que un consumo de grasas saturadas elevado o de grasas mono y poliinsaturadas reducido aumenta la densidad mamaria. Joanne Dorgan, co-autora del estudio, concluye: "nuestros resultados son particularmente interesantes porque la dieta durante la adolescencia se puede modificar, mientras que otros factores bien conocidos para el cáncer de mama como son la edad del inicio de la menarquia y el número y momento de los embarazos ofrecen un escaso margen de intervención". Y aclara: "Por lo que respecta a la dieta una vez alcanzada la edad adulta, el consumo de alcohol es el único factor dietético consistentemente asociado con el riesgo de cáncer de mama".

La alimentación, el ejercicio y el control del estrés retrasan el envejecimiento


Una alimentación saludable, practicar ejercicio físico de manera regular y controlar el estrés son algunas de las claves aportadas por la directora del International Medical Institute de Vithas Internacional, Cecilia Almuíña, para retrasar el envejecimiento.

«Son numerosos los compuestos que han demostrado ejercer actividades biológicas relacionados con el antienvejecimiento, como la antioxidación, la antiinflamación o la detoxificación. En líneas generales, se trata de evitar los productos perjudiciales o que puedan llegar a ser tóxicos y elegir alimentos cuyos componentes hayan demostrado contrarrestar los principales procesos biológicos responsables del envejecimiento», apunta Almuíña.

En este sentido, la experta asegura que son tres los elementos a la hora de elegir una alimentación saludable: el contenido antioxidante de los alimentos, la selección de alimentos fuentes de grasas insaturadas y las proporciones saludables mediante la restricción calórica necesaria en cada caso. En concreto, los alimentos de origen vegetal son los que aportan mayor contenido antioxidante, especialmente las frutas y hortalizas, el cacao, el aceite de oliva virgen extra, las aceitunas, el té verde y los frutos secos.

Otro elemento clave es el contenido graso insaturado de los alimentos, puesto que una dieta rica en omega 3 (hojas verdes, aceites de semilla y aceites de pescado) y omega 6 (aceites de maíz, girasol y soja) tiene efectos biológicos protectores de la salud como anticancerígenos, antiinflamatorios, antiagregación plaquetaria y de protección frente a la sequedad de la piel.

El último punto es la restricción calórica que, como señala la especialista, consiste en equilibrar el consumo de calorías de la dieta en consonancia con el gasto calórico. «Con ello conseguimos niveles más bajos de glucemia, menor proporción de radicales libres y un incremento de la adiponectina, que tiene un efecto antidiabético. La reducción calórica permite retrasar enfermedades asociadas con la edad, como cáncer, diabetes, arteriosclerosis, enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas», concluye la especialista.

¿No desayunar podría fomentar la enfermedad cardiaca?

Tomado de: medlineplus.gov

Los adultos de mediana edad que omiten el desayuno con regularidad son más propensos a tener arterias obstruidas que los que disfrutan de un buen desayuno, encuentra un nuevo estudio.

Los hallazgos son los más recientes en vincular el desayuno con una mejor salud cardiaca.

Sugieren que las personas que consumen el desayuno, sobre todo si es sustancioso, son menos propensas a tener placa en las arterias.

Las placas son depósitos de grasa, calcio y otras sustancias que pueden acumularse en las arterias, haciendo que se endurezcan y estrechen, una afección llamada aterosclerosis. La aterosclerosis puede conducir a ataques cardiacos, accidentes cerebrovasculares y otras complicaciones.

El nuevo estudio no prueba que saltarse el desayuno dañe las arterias de las personas directamente.

"No es que se desarrollen placas por no desayunar", dijo el investigador principal, José Peñalvo, de la Facultad Friedman de Ciencias y Políticas de la Nutrición de la Universidad de Tufts, en Boston.

Pero, comentó, hay varios motivos por los cuales no hacer la comida matutina podría contribuir al riesgo de aterosclerosis.

En muchas personas, no desayunar forma parte de un "conjunto" de malos hábitos, dijo Peñalvo. Esa gente tiende a comer mucho fuera de casa, y a elegir comidas precocinadas con un valor nutricional dudoso, por ejemplo.

Encima, señaló Peñalvo, no desayunar podría tener efectos negativos en las hormonas que regulan el apetito, el azúcar en la sangre y la insulina (una hormona que regula el azúcar en la sangre).

Estudios anteriores han mostrado que a las personas que les gusta desayunar son menos propensas a ser obesas o a tener diabetes o enfermedad cardiaca.

Pero el estudio actual en realidad utilizó pruebas objetivas, dijo Peñalvo. Los investigadores usaron el ultrasonido para medir la aterosclerosis "subclínica" (una acumulación temprana de placa que no provoca ningún síntoma) en adultos.

El estudio incluyó a más de 4,000 adultos de 40 a 54 años de edad en España. Un tres por ciento prescindían del desayuno crónicamente, mientras que un 27 por ciento consumían un desayuno grande con regularidad. Eso significa que comían más de un 20 por ciento de sus calorías diarias en la comida matutina.

La mayoría de las personas (un 70 por ciento) comían un desayuno con relativamente pocas calorías.

Resultó que esos tres grupos también diferían respecto a sus probabilidades de aterosclerosis subclínica.

Casi un 75 por ciento de los que no desayunaban mostraban esa acumulación de placa. Esto es en comparación con un 57 por ciento de los que consumían un desayuno sustancioso, y un 64 por ciento de los que favorecían un desayuno ligero.

Los aficionados al desayuno tenían una mejor salud en varias áreas, encontró el estudio. Por ejemplo, en general comían más frutas y verduras, mariscos y pescado y carne magra. También era menos probable que fueran obesos o que tuvieran hipertensión, diabetes o niveles malsanos de colesterol.

Pero incluso tras sopesar todos esos factores, no desayunar en sí seguía estando vinculado con un riesgo más alto de aterosclerosis.

Kim Larson es dietista registrada y vocera de la Academia de Nutrición y Dietética (Academy of Nutrition and Dietetics).

Dijo que los hallazgos son importantes, en parte porque muchos adultos (más o menos un 30 por ciento) se saltan el desayuno de forma rutinaria.

Y algunas personas, anotó, descartan el desayuno a propósito cuando intentan perder peso.

Es una mala idea, explicó Larson, debido a los efectos en el apetito y en los hábitos alimentarios durante el resto del día.

"Las personas que no desayunan por lo general lo compensan más tarde en el día", señaló Larson, que no participó en el estudio. Al final, dijo, por lo general consumen más calorías a lo largo del día, frente a las personas que desayunan.

El estudio actual no investigó la calidad nutricional de lo que la gente elegía desayunar. Pero para prevenir la enfermedad, "la calidad importa", dijo Larson.

Un panecillo con un café es "mejor que nada", anotó. Pero Larson recomendó que el desayuno incluya una mezcla saludable de proteínas, carbohidratos y grasas.

Reconoció que el tiempo es un obstáculo. Muchas personas tienen prisa en la mañana y al final se comen un panecillo en el coche.

Pero el desayuno no tiene que ser extravagante para ser saludable, dijo Larson. Algunas de sus sugerencias: avena con frutos secos y fruta, tostada de grano integral con una crema de frutos secos, granola mezclada con yogurt y fruta, y rodajas de manzana con mantequilla de cacahuate.

Peñalvo animó a la gente a verlo de esta forma: consumir un desayuno saludable es en realidad una forma agradable de controlar potencialmente el riesgo de enfermedad cardiaca.

"En realidad es un mensaje positivo", dijo.

Por supuesto, el desayuno no es una solución en sí mismo. Peñalvo enfatizó que debe ser parte de una dieta saludable en general y de otros buenos hábitos, como el ejercicio regular.

Los hallazgos aparecen en la edición del 2 de octubre de la revista Journal of the American College of Cardiology.

29 de septiembre de 2017

Zapatero a tu zapato. ¿En manos de quién ponemos nuestra salud?

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Supongamos por un momento que usted necesita reparar una fuga de agua en su casa. No va a buscar a un ebanista, o a un taxista o a un administrador. No, usted busca a un fontanero. Tal vez alguna persona de otra profesión, por alguna experiencia previa, pueda tener una idea de cómo resolver el problema pero usted no puede estar 100% seguro de que le va a resolver el problema y que lo van a hacer de la mejor manera.

Si lo vemos en el campo de la salud, si por ejemplo a usted le duele una muela, no va donde un cardiólogo o un dermatólogo. Busca un dentista. O si tiene ardor en el estómago y acidez, busca a un gastroenterólogo, no a un especialista en otra área. Exactamente el mismo principio deberíamos aplicar cuando pensamos en aspectos relacionados con la alimentación.

Si bien es cierto se escucha y se lee sobre nutrición en muchos medios actualmente, eso no debe darnos la idea de que es algo en que cualquiera nos puede ayudar, o nos puede servir cualquier cosa que leamos o veamos.

Todo lo que comemos, de una forma u otra, y a corto, mediano o largo plazo, va a tener impacto en nuestra salud. 

Tal vez alguien que no es un profesional en Nutrición puede darle consejos. Quizás alguien que ha probado algunas cosas y le han dado resultado, quizás alguien que por su experiencia y lo que ha visto hace ciertas recomendaciones (como por ejemplo instructores de gimnasio), o tal vez alguien que por interés en el tema se ha informado. Pero la formación completa que tiene un Nutricionista es la que le permite darle la atención individualizada que se requiere.

No todos los cuerpos reaccionan igual ante determinados cambios en la alimentación, no todas las personas tienen las mismas necesidades nutricionales. Además probablemente éstas personas no van a preguntar por sus antecedentes de salud para tenerlos en cuenta al darle recomendaciones. Tal vez no tengan el conocimiento para saber si eso que le están aconsejando puede llegar a tener consecuencias negativas. Eso por citar lo más básico. 

Ahora bien, además de esas personas que nos topamos por ahí dando consejos, actualmente existen los famosos "health coach", que saben de estrategias que pueden ayudar a llevar un estilo de vida saludable pero no tienen la formación académica de un Nutricionista (excepto obviamente profesionales en ésta área que se hayan capacitado en Coaching, ahí ya es diferente). 

También hay otros profesionales en el área de salud, como por ejemplo médicos, que ofrecen servicios del área de nutrición. Y si bien ellos tienen la formación en temas de salud, no necesariamente tienen la preparación específica de un Nutricionista. Lo mismo sucede con otras personas que podemos ver en programas de televisión que se autodenominan, por decir algo, "especialista en alimentos" o alguna similar.

Lo importante acá es que tomemos conciencia que lo que comemos o bebemos no es sólo nos hace perder peso, o bajar el colesterol o los triglicéridos, o cualquier otra cosa que busquemos. Podrían haber efectos negativos. Y la mejor forma de estar seguros de que lo que hacemos no nos pone a riesgo es buscar al profesional adecuado.

Específicamente en Costa Rica, se puede verificar en la página del Colegio de Profesionales en Nutrición ( https://cpncr.com/activos/ ) si la persona está debidamente autorizada para ejercer.

No ponga su salud en manos de cualquiera. No se ponga en riesgo por buscar soluciones rápidas o tratamientos milagrosos. ¡Busque al profesional adecuado!

Por qué aparece el hambre cuando no debería


Existen ciertos factores que pueden ser causantes de generar sensación de hambre, que es importante conocer, para poder identificarlos y de esa forma corregirlos. Aquí le contamos nueve posibles razones:

1. Dormir mal: Cuando se duerme mal, las hormonas reguladoras del apetito se descontrolan. La falta de sueño incrementa los niveles de grelina (hormona que aumenta el apetito), mientras que disminuye los de leptina (hormona reguladora de la saciedad). Por lo tanto, al despertar, se incrementa el hambre, y, al estar agotados como producto de ese descanso insuficiente, el cuerpo demanda más energía y siente necesidad de consumir alimentos menos convenientes, como, por ejemplo, hidratos de carbono simples.

2. Elegir carbohidratos refinados: Se conocen como carbohidratos refinados a los productos de repostería, snacks, cereales, golosinas, etc. Estos alimentos no calman el apetito, sino que producen una sensación "adictiva" de no poder parar. Será mejor optar por frutas, yogures, frutos secos, etc.

3. Comer rápido: Cuando se come rápido se tiende a comer más de lo necesario, ya que el organismo tarda unos 20 minutos en enviar la señal de saciedad al cerebro. Por lo tanto, comer lentamente ayuda a detectar esta sensación, lo cual ayudará a parar de comer cuando ya no sea necesario.

4. Saltear comidas: Saltear comidas aumenta la secreción de grelina, ya que el estómago está vacío por más tiempo. Esto aumenta la sensación de hambre lo cual hace que se coma de más y que el organismo almacene más de lo necesario por si vuelve a pasar por una situación de ayuno.

5. Estar deshidratado: La región cerebral que regula el hambre es la misma que regula la sed, con lo cual pueden confundirse.

6. Estar estresado: El estrés aumenta el apetito, al estimular la secreción de cortisol y adrenalina, hormonas que ponen al cuerpo en estado de alerta, pidiendo más energía e incrementando la necesidad de comer.

7. Comer poca proteína: Las proteínas son nutrientes que producen una gran sensación de saciedad, calmando el hambre. Por lo tanto, deberían estar presentes en la dieta diaria.

8. No consumir grasas saludables: Las grasas también producen saciedad, por ello, es conveniente elegir alimentos fuente de grasas saludables como la palta, los frutos secos y el aceite de oliva, entre otros.

9. Ver y oler comida constantemente: Esto también tiene un efecto estimulante del apetito. Y, en tiempos donde las imágenes bombardean, se vuelve más difícil de controlar.