16 de febrero de 2018

¡No te tomes el azúcar!

Por: Lic. Diana Mora Ramírez 

En el desayuno incluimos normalmente alguna bebida. En el almuerzo y la cena también, y puede ser que también en al menos alguna merienda. Pero nos hemos detenido a pensar ¿cuántas calorías consumimos en el día a través de lo que tomamos?

Si se trata de bebidas comerciales, es bastante probable que tengan un alto contenido de azúcar.  Incluso bebidas que se anuncian como "naturales" o hechas a base de fruta, pueden estar endulzadas con una buena cantidad de azúcar. A veces hasta la misma cantidad que una bebida gaseosa.

En el caso de frescos naturales hechos en casa, son una fuente de vitaminas y minerales, pero está en nosotros cuánta azúcar va a contener. Ahí es donde ofrecen una ventaja enorme, ya que podemos prepararlos sin endulzar, y agregar en el momento la cantidad mínima necesaria de azúcar.

Tal vez se pregunten: ¿y qué pasa con las bebidas sin azúcar o el uso de edulcorantes? Pues efectivamente no nos van a aportar calorías, pero actualmente existe mucha controversia en cuanto al uso de edulcorantes artificiales,  ya que en algunos estudios se ha visto que un alto consumo de estos se asocia con la obesidad y otras enfermedades crónicas  (aunque no estén muy claros los motivos). Es por eso que al menos yo procuro que mis pacientes no consuman una gran cantidad de edulcorantes artificiales, ya que en todo caso ¿para qué estar dándole químicos al cuerpo que no son realmente necesarios? Por supuesto la historia es diferente si hablamos de personas que padecen de diabetes, pero ese no es el punto en esta publicación.

Entonces, volviendo al tema del azúcar, la Organización Mundial de la Salud recomienda que en adultos el consumo de esta durante el día no supere el 10% de las calorías diarias. Si ponemos de ejemplo una dieta de 2000 calorías, eso se traduce en aproximadamente 10 cucharaditas (50 gramos). Por lo tanto, es importante hacer un recuento de la cantidad de azúcar que estamos consumiendo: no solo en las bebidas sino en cualquier otro alimento que la contenga. Y para eso es fundamental revisar las etiquetas nutricionales, recordando además que el hecho de que un alimento no tenga un sabor dulce, no significa que esté libre de azúcar.

Si una vez que hacemos esa revisión vemos que estamos dentro de la recomendación, podemos seguir igual. Si estamos consumiendo un exceso entonces debemos empezar a recortar la cantidad de azúcar, y hay que valorar si las bebidas deben cambiarse por agua u otra opción sin azúcar.

No podemos olvidar que está más que comprobado que un alto consumo de azúcar favorece la obesidad, diabetes, hipertensión, triglicéridos altos, síndrome metabólico, entre otros padecimientos. Así que por salud, es importante que prestemos atención no solo a lo que comemos. Además, si ha estado tratando de perder peso y siente que no lo logra aunque se esfuerza, tal vez la clave está en lo que está tomando.

Revise el azúcar de sus bebidas  y si es necesario ¡hágase amigo del agua!

Químicos presentes en el ambiente pueden disparar el peso corporal

Tomado de: www.nacion.com

Químicos usados en envoltorios de alimentos, sartenes con coberturas antiadherentes y prendas de ropa pueden disparar el peso corporal al interferir en el metabolismo, especialmente de las mujeres, dijeron el martes investigadores estadounidenses.

Estos químicos -conocidos como sustancias de perfluoroalquilo (PFAS)-han sido anteriormente vinculados con el cáncer, alteraciones hormonales, disfunción inmune y colesterol elevado.

“Ahora, por primera vez, nuestros descubrimientos han señalado un nuevo camino en el cual los PFAS pueden estar interfiriendo con la regulación del peso corporal en los humanos y contribuyendo, por tanto, a la epidemia de obesidad”, dijo el autor principal del estudio Qi Sun, profesor del departamento de Nutrición en la Universidad de Harvard.

Los investigadores han encontrado que los PFAS -también conocidos como “obesogenes” por su interferencia con la regulación del peso corporal- están vinculados con un ritmo metabólico más lento en momentos de reposo.

Personas con altos niveles de PFAS en su sangre también presentaron metabolismos más lentos tras procesos de pérdida de peso.

El estudio revisó datos de 621 personas con sobrepeso y obesidad que participaron en un ensayo clínico realizado a mediados de la década del 2000.

El estudio revisaba los efectos de cuatro dietas para perder peso, pero saludables para el corazón, por un periodo de dos años.

A los participantes también se les midieron sus niveles de PFAS en la sangre.

En promedio, los voluntarios perdieron 6,4 kilogramos de peso en los primeros seis meses, pero retomaron 2,7 kg en el siguiente año y medio.

“Aquellos que ganaron más peso después también tenían las mayores concentraciones de PFAS en la sangre, un vínculo que era más fuerte entre las mujeres”, revela el informe divulgado en la publicación PLOS Medicine.

“En promedio, mujeres que tenían los niveles más altos de PFAS en sangre (en el tercio superior) recuperaron entre 1,7 y 2,2 kg más de peso que las mujeres en el tercio inferior”, expone el estudio.

Los investigadores también descubrieron que aquellos con los niveles más altos de concentración de PFAS en sangre tenían “más bajos niveles de ritmo metabólico en estado de reposo”.

Antiguos

Los PFAS existen desde hace unos 60 años y han contaminado fuentes de agua potable cerca de algunos sectores industriales, bases militares y plantas de tratamiento de aguas residuales.

Los químicos se pueden acumular en el agua potable, quedarse por largo tiempo en el cuerpo y son difíciles de evitar.

“Generalmente pensamos en los PFAS en términos de problemas de salud como el cáncer, pero parece que también juegan un papel en la obesidad, un problema de salud considerable que afecta a millones de personas”, explicó el coautor del estudio Philippe Grandjean, profesor de salud ambiental en Harvard.

“Los descubrimientos sugieren que evitar o reducir la exposición a los PFAS puede ayudar a las personas a mantener un peso corporal estable luego de que hayan logrado perder peso, algo que afecta especialmente a las mujeres”, dijo.

Congelados tan sanos como frescos

Tomado de: www.larazon.es

Priorizar los alimentos frescos resulta clave para mantener una dieta saludable. Sin embargo, cuando esas frutas, verduras y hortalizas pasan varios días en la nevera, sus cualidades nutricionales caen en picado. Es ahí donde entran en juego los productos congelados que, según un reciente estudio de la Universidad de Georgia, en ocasiones llegan incluso a superar nutricionalmente a los frescos. Tras analizar durante dos años diversas verduras en su versión fresca y congelada, los investigadores han confirmado que «en la mayoría de las comparaciones entre nutrientes, los hallazgos no mostraron diferencias significativas en vitaminas y minerales, mientras que en los casos en los que se aprecian diferencias significativas, los productos congelados superaron a los frescos almacenados, lo que pone en entredicho la creencia de que los alimentos frescos tienen un valor nutricional mayor que los congelados».

«Las verduras frescas, con el paso de los días, van perdiendo sus nutrientes. Como no todos tenemos huerta en casa, recomendaría hacer la compra de hortalizas diariamente o lo más frecuentemente posible. Si no hay opción, las verduras congeladas son una buena alternativa», asegura Nerea Segura, del Consejo General de Dietistas-Nutricionistas de España, quien puntualiza que «un matiz a tener en cuenta es como vayas a cocinarlas. Las frescas son interesantes para hacerlas a la plancha, tomarlas en crudo, etc., mientras que para hacerlas al vapor o cocidas las ultracongeladas resultan muy adecuadas».

Es precisamente ese matiz, el de la ultracongelación, el que marca la diferencia para determinar si un producto congelado es saludable. Así lo ratifica Luis Miguel Luengo, experto en Ciencia y Tecnología de los Alimentos y vocal del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, SEEN, quien asegura que «para que mantengan intactas sus propiedades, debe realizarse un proceso de congelación rápido y una descongelación lenta. De esta manera, se producen cristales de hielo más pequeños dentro de las células del alimento, por lo que éstas se rompen menos y se pierde un menor contenido de nutrientes». Pero hay otras ventajas, ya que, tal y como asegura Álvaro Aguilar, secretario general de la Asociación Española de Fabricantes de Vegetales Congelados, «la ultracongelación impide el desarrollo de microorganismos, mantiene la calidad del producto, evita la pérdida de nutrientes y aumenta su vida útil sin alterar sus cualidades organolépticas. Además, se pueden conseguir fuera de temporada, ya que están al alcance durante todo el año, sin olvidar que llegan al consumidor limpias, enteras o troceadas, por lo que no generan desperdicios y son de uso rápido y sencillo».


La ultracongelación también se emplea para carnes y pescados, «lo que aumenta su vida útil y destruye posibles parásitos», asegura Luengo, quien hace hincapié en la diferencia de estos productos con los congelados ya preparados, «que no son perjudiciales para la salud por el hecho de estar congelados, sino porque pueden aportar grasas trans y grasas saturadas y mayor cantidad de sodio». «El problema es el tipo de procesamiento, cuando se añaden azúcar, grasa hidrogenada, sal... Ese exceso de kilocalorías y esa falta de nutrientes conllevan obesidad, hipertensión, diabetes...», concluye Segura.

Comer despacio para mantener el peso a raya

Tomado de: www.elmundo.es

Si hay un factor clave en el control del peso es, sin duda, la fidelidad a una dieta variada y equilibrada, acompañada siempre de ejercicio físico. No obstante, hay ciertos truquillos que pueden ayudar a mantener a raya la báscula. Un estudio que acaba de publicar la revista BMJ Open recuerda tres: comer despacio, evitar refrigerios tras las cenas y no ingerir nada en las dos horas antes de ir a dormir.

Según un grupo de investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Kyushu (Fukuoka, Japón), este tipo de cambios en el hábito alimentario se asocian con una menor obesidad, peso e índice de masa corporal y así lo han constatado en un trabajo basado en datos de alrededor de 60.000 personas con diabetes en Japón. Por sus circunstancias, este grupo se sometía a chequeos regulares y, tras cinco años de seguimiento, los autores del estudio observaron que aquellos que ingerían más lentamente, tendían a llevar estilos de vida más saludables.

En comparación con aquellos que engullían los alimentos, quienes comían a una velocidad normal tenían un 29% menos de probabilidades de ser obesos, aumentando al 42% en los que comían lentamente.

Según los expertos, esta asociación entre velocidad y peso se debe a la sensación de saciedad y plenitud. Es decir, el sistema digestivo está relacionado con el sistema nervioso central, de forma que a medida que se va ingiriendo, el cerebro segrega unos neurotransmisores que indican saciedad. Si el individuo come muy rápido, no le da tiempo a ser consciente de esta plenitud, por lo que continúa comiendo lo que tiene a su disposición. Por eso se recomienda dedicar no menos de 25-30 minutos a las comidas, dejar que pasen cinco minutos entre plato y plato, por ejemplo.

Problemas de salud por engullir

En palabras de Luis Escobar, especialista en endocrinología y nutrición, "una trituración lenta es clave para la buena digestión. Mejora el metabolismo, el gasto energético y elimina calorías". Y sobre todo, agrega Escobar, reduce problemas digestivos. "Un alimento mal triturado en el estómago crea una especie de gastritis, se ralentiza la fase gástrica y puede generar trastornos de digestión, reflujo gastroesofágico e incluso hernias de hiato".

En cuanto a no picar después de la cena e irse a la cama sin haber ingerido nada durante las dos horas previas, ocurre algo parecido. "Hay que dar tiempo a que se complete la digestión antes de ir a dormir, por el buen funcionamiento digestivo, para evitar reflujos u otras molestias", apunta Escobar. Es cierto que conviene realizar una dieta ligera en las comidas. Al fin y al cabo, "la noche es el momento del día en el que menos alimentos requerimos".

En definitiva, lo mejor es sentarse a la mesa con tiempo y con ganas de disfrutar de la comida y de la compañía, y si puede ser, recordar que un peso saludable está relacionado con el contenido calórico de lo que se consume. La máxima está clara: sí a la dieta variada y equilibrada repartida en cinco comidas y ejercicio físico; No a las grasas saturadas ni las trans (fritos, bollería...).

9 de febrero de 2018

Meriendas escolares: momento de nutrir a niños y jóvenes

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Ahora que se aproxima la entrada a clases, me solicitaron una publicación sobre las meriendas escolares, así que se las ofrezco esta semana.

Las meriendas son mucho más que un simple tiempo de comida, en especial en el caso de escolares y colegiales. Recordemos que ellos necesitan niveles constantes de energía para, además de poder jugar o realizar sus actividades, mantenerse concentrados durante las clases. A edades tempranas los requerimientos de energía pueden ser altos, y el hacer más comidas (al hacer meriendas) nos facilita darles todas esas calorías que necesitan. Pero además de las calorías, también es importante darles los nutrientes que necesita su cuerpo: por eso no debemos pensar en las meriendas como en "darles algo para que se les calme el hambre".

Las meriendas son entonces una oportunidad para ayudarle a los menores de la casa a nutrirse adecuademente, y no un momento para comer cualquier cosa o cualquier paquetito. Porque lamentablemente eso es lo que sucede en muchos casos. Aunque en Costa Rica se regulen los productos que se venden en las sodas escolares, igualmente pueden llevar de la casa bebidas con exceso de azúcar, quequitos o repostería llenos de grasa y azúcar, snacks y otras frituras fuente de grasa poco saludable y gran cantidad de sodio.

Respecto a ésto, debemos empezar dando el ejemplo desde casa: si en casa no se consumen ni se compran estos productos, entonces es menos probable que los niños y jóvenes los vayan a buscar.

Pero entonces, ¿qué podemos hacer? Si necesariamente ocupamos la practicidad de productos envasados, en el mercado es posible encontrar opciones realmente saludables y adaptadas a los reglamentos actuales de las sodas escolares: galletas integrales, yogur y bebidas a base de leche, snacks saludables como palitos de ajonjolí y otros, por citar unos cuantos ejemplos. Es cuestión de sacar un rato en el supermercado para revisar bien la información de los envases.

Si tenemos un poco de tiempo o nos podemos organizar para prepararles las meriendas (o inclusive en el caso de adolescentes ellos mismos pueden encargarse si les tenemos a disposición ingredientes adecuados), entonces es todavía mejor que las lleven desde casa. Incluso podemos sentarnos con nuestros hijos a organizar un menú semanal para las meriendas, y así se agilizan las compras y la preparación.

En cualquiera de los dos casos debemoss tener en mente algo muy importante: la merienda es una comida pequeña, no es una comida principal. Así que debemos tener en cuenta los tamaños de las porciones, tanto de las comidas como de las bebidas.

En el caso de las bebidas, pueden llevar frescos o jugos, pero desde pequeños podemos enseñarles también a llevar una botella con agua para estar tomando durante el día.

Y por supuesto no olvidemos que todo entra por los ojos, y más para los niños y adolescentes. Así que busquemos que la merienda se vea atractiva: sin ponerles frutas que ya estén majadas o dañadas o que se dañen con facilidad, o por ejemplo ponerles un emparedado con ingredientes que mojen el pan para la hora en que lo van a comer.

Quiero compartirles unos cuántos ejemplos de meriendas (recordemos que los tamaños de la porción se deben ajustar a la edad del niño o el adolescente):
  • Emparedado de frijoles molidos (ojalá caseros) y queso blanco, una manzana y una bebida con poca azúcar o agua
  • Galleta salada integral con jamón o queso blanco, una bebida con poca azúcar o agua y una mandarina en gajitos
  • Una manzana en gajos con mantequilla de maní, una galleta dulce integral y una bebida con poca azúcar o agua
  • Un wrap de queso o jamón (o ambos) con lechuga, tomate u otros vegetales al gusto, una bebida con poca azúcar o agua, 1/2 a 1 taza de fresas
  • Un yogur de sabor, un banano y un puñado de semillas (maní, nueces, almendras, semillas de marañón, etc)
  • Emparedado de mantequilla de maní con mermelada de fresa o mora, una cajita de leche (de vaca o alguna leche vegetal) y 1/2 a 1 taza de frutas mixtas
  • Yogur natural con hierbas, sal y pimienta, y para acompañar triangulos de pan pita y tiritas de zanahoria u otros vegetales, además de una bebida con poca azúcar o agua y 1/2 a 1 taza de uvas
Son sólo algunas ideas, pero es cuestión de ponerse creativos y tener en cuenta los gustos de los pequeños. ¡Usemos las meriendas para nutrir y enseñar buenos hábitos desde edades tempranas!

Desayunar, ¿siempre es positivo hacerlo?


¿Qué tan importante es el desayuno? Muchos expertos opinan que es indispensable, mientras que otros consideran que no es tan importante.

Asimismo, según indica Cooking Light, algunos estudios muestran que hacer esta comida aumenta el metabolismo y ayuda a bajar de peso. Sin embargo, otros entienden que no es tan importante si se lo saltean o no. Incluso hay quienes creen que saltearlo contribuye con la pérdida de peso.

Jennifer Markowitz –dietista y nutricionista, que trabaja con pacientes con dietas saludables- dijo a Cooking Light que las personas que suelen desayunar deben seguir haciéndolo. La mayoría de las veces, consumen las mismas calorías si desayunan o no, pero es esta comida la que pone en marcha el metabolismo.

"Hay investigaciones que demuestran que algo que tienen en común las personas que pueden mantener la pérdida de peso, es que desayunan", agregó.

Por su parte, otra de las fuentes consultadas por el portal, Cynthia Sass, autora y editora colaboradora de la revista Health, opina que desayuno sí ayuda con la pérdida de peso. "Veo gente que desayuna a primera hora de la mañana y luego no come tanto esa noche, lo cual es un factor importante para el control del peso de mis clientes".

En el caso contrario, aquellos que la única comida que ingieren durante el día es el almuerzo, suelen tener una porción desproporcionada en la noche. "Mantener la sensación de hambre bajo control durante todo el día hace la diferencia ", agregó.

"Los resultados de la investigación son mixtos y los estudios son mixtos. Existe una relación inherente que señala que los que están comiendo más temprano en el día tienden a tener un índice de masa corporal más bajo. Pero tiene que ver con el ritmo circadiano del individuo y el ciclo de 24 horas en el que están", explicó Kelly Allison, directora del Centro para el Peso y los Trastornos de la Alimentación de la Universidad de Pensilvania.

Más allá del vínculo del desayuno con el aumento o pérdida de peso, no saltearse esta comida trae grandes ventajas. Sass explica que puede ayudar a ajustar a más grupos de alimentos. "Normalmente, recomendaría cinco porciones de vegetales frescos cada día para mis clientes; aunque eso no es sencillo".

Para Allison el punto está en que al desayunar no se pierde el control a la hora del almuerzo. Es necesario tener un desayuno razonable y un almuerzo comparable

Comer más temprano en el día tiene beneficios para el metabolismo. Si la persona pasa mucho tiempo sin alimentarse y está activa durante el día, reduce la velocidad en todo y al introducir comida los niveles de glucosa disminuyen.

"Lo que sabemos es que el desayuno influye en nuestro ritmo circadiano, y cuando la primera comida se administra más temprano en el día y más tarde hacia la hora del almuerzo, los niveles de glucosa responden mejor y el cuerpo quema más grasa y calorías en lugar de almacenarlos", dice Allison

Por su parte, Markowitz sostiene que luego de la noche, cuando el cuerpo tuvo un descanso prolongado, el desayuno da "combustible". "Los cambios metabólicos, las hormonas y la insulina del cuerpo se regulan [más] cuando las personas deciden desayunar".

¿Qué desayunar?

Para Allison lo recomendable, en la mayoría de los casos, es un menú rico en nutrientes mezclado con carbohidratos, un poco de grasa y fuentes de proteínas.

"Busque nueces y frutas, huevos, aguacates, verduras y granos enteros con fibra. Evite los cereales azucarados envasados, barras nutritivas y también batidos de proteínas", agrega Markowitz.

Muchos estudios demuestran que el metabolismo responde a los tipos de calorías. Es decir, si se deja de consumir comida procesada y se empieza a ingerir fuentes de energía naturales puede haber una gran diferencia.

¿Cómo adquirir el hábito?

"Una de las mejores tácticas que aplico con mis clientes es un enfoque de escalera de tijera: comience con solo un alimento que pueda incorporar a un desayuno o refrigerio matutino. Podría ser un pequeño puñado de nueces, un cuarto de taza de almendras o pistachos por sí solo", opina Sass.

Luego, sus pacientes empiezan a despertarse con más hambre y van generando la costumbre. Para Markowitz la clave está en planificarlo la noche anterior. Incluso si no hay tiempo en el hogar se puede desayunar en el trabajar, con alimentos básicos.

"Si realmente está interesado en optimizar su salud, es muy importante averiguar cómo incluir el desayuno en su agenda", concluye Allison.

Mantener una dieta sana previene el 40% del cáncer

Tomado de: www.larazon.es

La sombra del cáncer está detrás de cualquier persona. Sin embargo, hay argumentos para el optimismo, ya que el 40% de los tumores son evitables con hábitos de vida saludable que están al alcance de nuestra mano, según los últimos datos publicados esta semana por la Sociedad Española de Oncología Médica, SEOM.

Tan al alcance de la mano está, por ejemplo, el abandono del tabaco, que es responsable del 33% de los tumores; reducir el consumo de acohol, que está detrás del 12% de los cánceres, o mitigar la obesidad, que provoca uno de cada 20 tipos de neoplasias. Es ahí donde la alimentación juega un papel decisivo en la prevención del cáncer. «Existe un gran número de tumores en los que se conoce que la dieta tiene una gran influencia, como el colorectal, el de estómago o el de mama en particular», confirma Miguel Martín, jefe de Servicio de Oncología Médica el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, quien hace hincapié en que «ya hay evidencia científica de que la obesidad por sí misma es un factor de riesgo clave en el desarrollo del cáncer».

En esta misma línea se posiciona Laura Esquius, nutricionista y profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universidad Abierta de Cataluña, quien detalla que «según estudios de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer en Europa, son atribuibles a la obesidad el 45,2% de los tumores de endometrio; el 42,7% de los de esófago; el 31,1% de los renales; el 27,5% de los de colon en hombres y el 14,2% en mujeres, y el 19,3% de los de páncreas. Por tanto, hay suficientes indicios para afirmar que evitar la obesidad y realizar actividad física regular, como caminar al menos 30 minutos al día, protege del cáncer».

Con todos esos datos sobre la mesa, los expertos cada vez son más claros al confirmar que la alimentación es una de las herramientas imprescindibles para poner un escudo al cáncer. «El aval científico ya es contundente, lo que hace posible afirmar que desde la mesa se puede ayudar a prevenir esta enfermedad. El carro de la compra se convierte en el carro de la salud y de la vida al que debemos subirnos, pues eso está al alcance de todos», asegura Odile Fernández, médico especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y Postgrado en Medicina Preventiva y Salud Pública que ha superado en primera persona un cáncer metastásico.

Pero, ¿qué debe incluir ese carro de la compra? El consenso es total: «Resulta necesario volver a la dieta mediterránea tradicional, es decir, dar prioridad a los productos frescos y de temporada, los que se encuentran en el mercado y que no están sometidos a ningún proceso de conservación, y eso pasa por aumentar la ingesta de verduras, hortalizas, pescados, frutas, legumbres, frutos secos y cereales integrales, todo ello acompañado de aceite de oliva virgen», explica Martín.

El poder de los fitoquímicos

El poder «anticancerígeno» de la dieta mediterránea tiene nombre propio: los fitoquímicos. «Son sustancias que se encuentran en los alimentos de origen vegetal, como frutas, verduras, hortalizas, aunque en pequeñas cantidades, pero con gran efecto beneficioso para la salud, pues se ha comprobado que pueden actuar como inhibidoras del cáncer», asegura Fernández, quien añade que «los fitoquímicos tienen la capacidad de estimular el sistema inmune, de bloquear los carcinógenos presentes en la comida y bebida que ingerimos, de reducir la inflamación que estimula el crecimiento del cáncer, de prevenir daños en el ADN celular, de reducir el estrés oxidativo que daña las células y puede originar cáncer y de retrasar el crecimiento de las células cancerígenas».

Pero casi tan importante como lo que comemos es lo que no, de ahí que los expertos coincidan en la necesidad de «reducir el consumo de carnes rojas y procesadas, evitar los azúcares refinados y eliminar de la dieta los productos procesados, pues tienen una gran influencia a la hora de incrementar el riesgo de padecer algunos tipos de cáncer», puntualiza Martín.

Pero la alimentación no es sólo una herramienta de prevención, sino que también puede convertirse en una pieza decisiva una vez que el cáncer hace mella en el organismo, hasta el punto de que puede ser clave en la recuperación de un paciente oncológico. «Durante el proceso del tratamiento de cualquier tipo de cáncer la alimentación juega un papel fundamental y todos los pacientes deben seguir una dieta sana y equilibrada, aunque es posible que haya alimentos que no le sienten bien, por ese motivo se deben ajustar las necesidades a cada persona», explica Marisa Torres, oncóloga médica del Instituto Oncológico Baselga (IOB).

La desnutrición, la debilidad del sistema inmune, la falta de apetito, la aparición de llagas bucales o la existencia de problemas estomacales son algunos de los factores adversos con los que se topa el paciente durante el tratamiento oncológico. Sin embargo, el mayor conocimiento por parte de los profesionales y la existencia de equipos multidisciplinares en los que se incluye a nutricionistas especializados en Oncología permite atajar cada vez con más éxito estas adversidades. «Los casos de desnutrición se suelen observar en pacientes con patología digestiva alta, aunque no es habitual, ya que desde el diagnóstico realizamos un manejo multidisciplinar en conjunto con el Servicio de Endocrinología y Nutrición para prevenirlo», asegura Torres, quien matiza que, «en cualquier caso, cada paciente es único y por eso existe una valoración inicial donde se analizan las necesidades particulares de cada uno».

En este sentido, ya es habitual que los oncólogos puedan recomendar a los pacientes guías nutricionales específicas para cada tipo de tumor, tal y como ocurre con la Guía de Ejercicio Físico y Nutrición para pacientes con cáncer de mama localizado, elaborada por Novartis. «Los enfermos cada vez se implican más y solicitan información nutricional y, a la par, los oncólogos ya están más educados en esta materia y transmiten a los pacientes normas higiénicas que incluyen una vida sana, con dieta equilibrada y ejercicio físico. Puede que durante el tratamiento oncológico sea más difícil de cumplir por los daños colaterales de los fármacos, pero lo importante es que una vez superado el cáncer, esos buenos hábitos se mantengan y se transmitan a su entorno, incluidos los niños. La prevención es mucho más barata que la curación, y está a nuestro alcance», concluye Martín.

Cáncer le arrebata la vida a 5.000 costarricenses cada año

Tomado de: www.nacion.com

Cada año, cerca de 11.500 costarricenses recibirán la noticia de que tienen cáncer. Otros 5.000 morirán por culpa de esta enfermedad.

Así se desprende de datos del Registro Nacional de Tumores del Ministerio de Salud y del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). Estas informaciones se difunden en el marco del Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer, que se celebrará este domingo 4 de febrero.

"Aunque los males cardiovasculares constituyen todavía la principal causa de muerte en el país, el 21,5% de los fallecimientos es por cáncer, es decir, uno de cada cinco costarricenses muere por esta padecimiento", expresó Olga Araya, coordinadora de estadísticas demográficas del INEC.

La palabra cáncer no solo es una enfermedad, es un término que engloba a muchos tipos de enfermedades que se desarrollan en diferentes partes del cuerpo, pero tienen algo en común: se caracterizan por la reproducción de células anormales.

Una célula normal, de cualquier parte del organismo se divide en dos para reproducirse en otras células y muere en determinado período de tiempo.

Sin embargo, las células cancerosas o anormales no tienen esa capacidad de morir y se replican constantemente, lo que lleva a la destrucción de los tejidos normales.

Usualmente el ADN de una célula sufre algún daño en su composición y esto la lleva a reproducirse sin control.












Los más letales: tracto digestivo

¿Cuáles son los tumores que afectan más a nuestro país? La información recopilada por el Registro Nacional de Tumores indica que hay diferencias en hombres y mujeres. Por ejemplo, en los hombres los casos más comunes se ven en huesos, piel, mama y tejidos blandos (donde la gran mayoría son tumores en la piel, que son de los menos agresivos). Los órganos genitourinarios ocupan el segundo lugar, dentro de los cuales más de la mitad son de próstata.

En las mujeres el grupo de huesos, piel, mama y tejidos blandos son los más comunes por dos razones: el cáncer de piel se desarrolla con más facilidad (aunque en su mayoría no es letal) y los tumores mamarios son de los más importantes en la población femenina.

El asunto es diferente cuando de mortalidad se trata. Tanto en hombres como en mujeres los tumores del tracto digestivo –estómago, colon, páncreas, intestino e hígado– son los más mortales. De ellos, el de estómago es el más letal.

El problema con estos tumores es que se caracterizan no solo por un desarrollo muy rápido, si no también por no presentar síntomas si no hasta las etapas más avanzadas, y esto dificulta el tratamiento.

"Son tipos de cáncer que son en sí mismos muy agresivos. La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) ha hecho un gran esfuerzo en mejorar los programas de detección y el tratamiento de estos males,", dijo Araya.

Por edades

Cuanto menor en edad es la persona, mayores serán sus posibilidades de sobrevivir al cáncer. Datos del INEC indican que solo 4,6 de niños entre los 1 y los 14 años de cada 100.000 mueren por esta causa.

Las posibilidades de morir aumentan conforme se avanza la edad. Por ejemplo, en los mayores de 65 años la mortalidad es de 835,9 por cada 100.000.

"Los niños tienen un sistema inmunitario que no está tan 'contaminado' y sus órganos son muy fuertes. En los adultos mayores sucede lo contrario, el sistema inmunitario y los órganos envejecen, y muchos de ellos tienen otras enfermedades crónicas que dificultan el tratamiento", apuntó Araya.

Sin embargo, la posibilidad de desarrollar cáncer y de cómo este puede avanzar dependerá también de su estilo de vida.

El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos señala que la mitad de los tumores puede prevenirse con solo evitar el sobrepeso y la obesidad, no fumar y realizando al menos 150 minutos de actividad física a la semana.

A esto se le debe unir el hacerse exámenes de detección temprana. Estos incluyen el autoexamen de mama y de testículos, mamografías, tacto rectal, citología vaginal y exámenes de sangre.

"Tiene que ver también con prevención. Hay que saber llevar una vida sana y atendernos a tiempo, para tener mayores posibilidades no solo de sobrevivir, si no de tener una mejor calidad de vida", puntualizó Araya.

2 de febrero de 2018

Ayudar a cambiar hábitos o imponer una dieta: ¿cuál es la labor del nutricionista?

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Esta semana comencé con un paciente nuevo, y como parte de la consulta, siempre les pregunto qué es lo que usualmente comen. El paciente comenzó a contarme su rutina de comidas, pero de pronto me dijo: "bueno, igual no importa si no me acuerdo porque usted me va a cambiar todo y me va a decir lo que tengo que comer". Y eso me trajo a ésta publicación.

Cada profesional tiene su método para trabajar, pero yo al menos no creo en imponer una dieta. ¿Por qué? Para empezar, porque me parece sumamente importante respetar dentro de lo posible las costumbres de la persona. Además, no vamos a negar que todos tenemos alimentos o preparaciones que nos gusta comer, y si nos dicen que ya no lo vamos a comer más, aparte de que eso nos va a indisponer, es más probable que estemos deseando comer eso que nos "prohibieron" y que "rompamos la dieta".

Por otro lado, como no creo en dietas de unos días sino en un cambio en los hábitos y estilo de vida, hay que pensar que la dieta se debe poder mantener a través del tiempo, y ésto es más sencillo si mantenemos lo más posible la dieta actual, y hacemos los cambios necesarios. Ahora bien: ¿qué pasa si son demasiados cambios los que hay que hacer? ¿si la alimentación actual dista muchísimo de una alimentación saludable? Aún así, yo prefiero ir haciendo cambios poco a poco para hacer una transición, y no cambiar radicalmente de una sola vez la dieta.

Cuando estamos haciendo cambios, lo mejor es enfocarse en unos cuántos a la vez, y no en todos. Porque puede ser que sea difícil cambiar todo de una vez, y ésto genera frustración y es más probable que se termine abandonando el plan de alimentación.

También debemos tener en cuenta que todos tenemos preferencias, alimentos que nos pueden caer mal, alimentos que no deseamos comer, alimentos que por diferentes circunstancias tal vez nos vemos "obligados" a comer, alimentos que por aspectos económicos no podemos adquirir... Y entonces imponer una dieta puede generar conflicto en éste sentido.

Cuando uno estudia la carrera de Nutrición, le enseñan a buscar calcular dietas "perfectas" en que todos los números cierren bien, que incluya una gran variedad de alimentos, entre otros aspectos. Pero cuando uno llega a la realidad con los pacientes, lo cierto es que no siempre son como los casos que a uno le planteaban en el papel. Y hay que aprender a escuchar, y a ponerse en los zapatos de la persona a la que estamos tratando de ayudar, no sólo decirle (o imponerle) lo que debe hacer sin saber si va a ser posible o no. Por supuesto que aunque uno sea un poco flexible o menos estricto, por decirlo de alguna manera, uno no deja de tener como prioridad ayudarle a la persona a lograr sus metas.

Tal vez usted que lee ésto no tenga problema con que un Nutricionista simplemente llegue y le diga haga A,B, C y D. Pero tal vez usted que lee ésto sí tenga un problema con eso. Lo que quiero con ésta publicación es que sepan que no hay un sólo método de trabajo para un profesional en Nutrición, y si usted desea buscar la asesoría de uno, busque uno con el que se sienta cómodo, uno que usted sienta que lo entiende, uno con el que tenga "química" como dicen. 

Piense qué tipo de profesional le puede ayudar más a lograr sus objetivos: si usted siente que funciona mejor con alguien que le ordene exactamente lo que debe hacer o si más bien siente que alguien que le vaya ayudando poco a poco y a su ritmo es lo mejor. No importa, no es que uno sea mejor profesional que el otro, simplemente va a ser el mejor para usted. ¡Y eso sí es lo importante!

Ocho snacks que parecen sanos pero no lo son tanto


En esta era "healthy" en la que vivimos, donde pareciera que llevar una vida saludable no es una opción sino más bien un deber, se suele recurrir a ciertos tipos de bocadillos para saciar el hambre cuando este ataca a horas inoportunas. Dichos alimentos son, generalmente, libres o bajos en grasas, más sin embargo, en muchas ocasiones pueden ser vehículo de grasas saturadas, trans, sodio o azúcares.

En otros casos se opta por alimentos libres de gluten, asumiendo que los mismos son más saludables que sus versiones con gluten. Este concepto es, muchas veces, errado, dado que un alimento sin gluten estará exento de trigo, avena, cebada y centeno, pero tal vez no lo esté en cuanto a grasas, azúcares y calorías.

Asimismo, se están comenzando a ver en el mercado etiquetas de tipo "producto vegano" o "apto para veganos". Esta leyenda solo asegura que el alimento en cuestión responde a cierta filosofía, mas no significa que el mismo no sea, por ejemplo, sobreprocesado o rico en aceites vegetales hidrogenados y ácidos grasos trans, responsables de elevar los niveles de colesterol sanguíneo y contribuir al desarrollo de enfermedades cardiovasculares.

Por todas estas razones aquí le mostramos 8 de estos farsantes saludables:

· Granola: suele ser identificada como un alimento saludable. Y lo es, si se tiene en cuenta su alto contenido en fibra, hidratos de carbono, vitaminas y ácidos grasos omega 3. Sin embargo, no se debe perder de vista su proceso de elaboración, dado que, muchas veces, el tostado de la mezcla se realiza con grasas trans y una alta cantidad de azúcares, cuyo consumo elevado constituyen factores de riesgo cardiovascular.

· Mezcla de frutos secos: se debe cuidar que no tengan un contenido excesivo de azúcar o sal. Las pasas de uva llevan una gran cantidad de azúcar añadida, adicionando calorías a las que ya de por sí aportan el resto de los frutos secos. Si se consumen en la medida justa, se obtiene una variedad de nutrientes importantes, pero si se hace en exceso resultan demasiadas calorías.

· Aperitivos de solo 100 calorías: se trata de envases que llevan impresa esta leyenda como denotando que el producto en su interior es un alimento saludable. Lo importante aquí, no es ver el contenido calórico como un número, sino saber de dónde provienen esas calorías: cómo están distribuidas las mismas, que no provengan mayoritariamente de grasas, que el contenido de sodio no sea excesivo y que en sus ingredientes no figuren, por ejemplo, los aceites vegetales hidrogenados.

· Barritas energéticas:
suelen estar cargadas de grandes cantidades de azúcar, grasas saturadas, trans y sodio. No deben convertirse en la colación a media mañana de todos los días.

· Yogur helado: se ha puesto de moda desde unos años a esta parte como la alternativa "saludable" del helado. No obstante, generalmente presentan un alto porcentaje de azúcares y grasas saturadas si se los compara con un yogur normal. Y si además se añaden toppings como galletas, chocolate, salsas o golosinas, se incrementa el valor calórico y de azúcares.

· Batidos o smoothies: sin duda son una opción saludable cuando se elaboran en casa en base a frutas y leche por ejemplo. Pero cuando se compran fuera, se deben considerar otros ingredientes que, eventualmente, pueden estar presentes tales como cremas, helados, azúcares y grasas, dejando al jugo de frutas en un pequeño porcentaje.

· Alfajores de arroz: suelen ser una opción para calmar las ansias cuando aparece el antojo de algo dulce, pero "sano". Aun así, suelen aportar más calorías de las que debería tener una colación, cuando no se realiza una actividad física intensa. Por otro lado, las coberturas suelen ser de símil chocolate, aportando una alta cantidad de grasas trans en una porción.

· Chips de banana, boñato, remolacha, etc...
suelen ser fritos y, por ende, estar cargados de grasas y calorías, además del sodio proveniente de la sal agregada.

En todos los casos, la recomendación es informarse, y para este fin están las etiquetas. Lea cuidadosamente los ingredientes, porcentajes de nutrientes, valor energético, tamaño de la porción, proceso de elaboración y recuerde que el consumo de estos alimentos debe ser ocasional y en pequeñas raciones.