14 de enero de 2017

¿Qué nos dicen los colores de las verduras?

Por ASEVEC / Tomado de: www.consumer.es

¿Alguna vez se ha preguntado por qué los tomates son rojos y el brócoli, por contra, verde? ¿O qué beneficios para la salud tienen los distintos colores de las verduras y frutas? Un equipo de investigadores de la División de Nutrición Humana de la Universidad de Wageningen (Países Bajos) sí que lo hizo. Para conocer estas cuestiones, realizaron un estudio sobre el color de las frutas y verduras y los beneficios que tienen cada uno de ellos para la salud. Y es que, como se expone a continuación, las distintas tonalidades de los vegetales se pueden considerar como una etiqueta nutricional, ya que ofrecen algunos detalles sobre los beneficios que aportan.

El color de las verduras se debe a la presencia de fitoquímicos, sustancias que se hallan en los alimentos de origen vegetal. Actúan como defensa natural en las plantas huéspedes, protegiéndolas de infecciones, de microbios, y otorgándoles el color, el aroma o el sabor. Los fitoquímicos no se consideran sustancias esenciales para el ser humano, ya que el metabolismo no los necesita, pero se ha demostrado que a largo plazo son clave para la salud. Ejercen un efecto protector del sistema cardiocirculatorio y ayudan a reducir el riesgo de cáncer, entre otras enfermedades.

A continuación se desvelan algunos detalles del estudio científico, en cuanto a los distintos colores que hay en este campo y qué beneficios conllevan para el organismo.

Vegetales verdes

Deben su color a la presencia de clorofila, aportan pocas calorías y tienen un gran valor alimentario por su riqueza en vitaminas y minerales como el magnesio. Son fuente de fibra, que es muy importante para la salud. Entre las verduras de este color se encuentran el brócoli, las acelgas, la lechuga, las espinacas, las coles de Bruselas, el apio, la rúcula, los guisantes o las judías. Son excelentes depurativos, gracias a los altos niveles de clorofila, lo que ayuda a mantener un buen estado de salud.

Verduras rojas

Los vegetales rojos son ricos en antocianinas y licopeno, compuestos antioxidantes que contribuyen a reducir el riesgo de padecer enfermedades de corazón, problemas de memoria o incluso cáncer. Además, contienen minerales como potasio y selenio, que ayudan a fortalecer el sistema inmunológico y la memoria y aportan vitaminas A, B9 y C. Vegetales como el pimiento rojo, el tomate, los rabanitos o la remolacha son muy interesantes para la salud.

Verduras de color morado

La cebolla morada, las berenjenas, la remolacha (también aquí) y hasta la col morada o lombarda son algunos de los ejemplos que se hallan en este grupo. Su color indica la presencia de antioxidantes y fitoquímicos. También son alimentos muy ricos en anticianina y fenólicos que contribuyen a prevenir el cáncer, mantener activa la memoria y retardar el proceso de envejecimiento.

Verduras naranjas

Las verduras de color naranjas son fuente de vitamina A y vitamina B, que mejoran la función del sistema inmunológico. Además, cuentan con un conjunto de sustancias que ayudan a fortalecer la vista, aumentan las defensas del cuerpo y combaten alergias y enfermedades infeccionas. La zanahoria, la calabaza o los pimientos naranjas son algunos de los vegetales que se encuentran en este grupo.

Vegetales amarillos

Al igual que los vegetales anaranjados, su seña de identidad es la riqueza en vitamina A, vitamina B, potasio y ácido fólico. Además, son muy efectivos como antioxidantes, que contribuyen a producir glóbulos blancos, fortalecer los vasos sanguíneos o combatir infecciones. Algunas de las verduras que hay con este color son el pimiento amarillo, el maíz y alguna variedad de tomates.

Vegetales de color blanco

Los vegetales blancos, como la cebolla, el ajo, los espárragos, el puerro, la coliflor, el repollo o los nabos, tienen un alto contenido de potasio y magnesio. Aportan una gran cantidad de fibra y alicina, un excelente antioxidante que puede ayudar a reducir el riesgo de hipertensión, hipercolesterolemia y accidentes cardiovasculares.

Sean del color que sean, comer verduras a diario es fundamental para llevar una dieta saludable, por la gran cantidad de beneficios que aportan y porque mantienen al organismo vivo. Teniendo en cuenta la importancia de incluir este alimento en el día a día, las verduras congeladas, por su parte, son una excelente alternativa a las frescas. Gracias a su proceso de ultracongelación, no solo retienen las vitaminas, las fibras y los minerales, sino que, además, son casi igual de nutritivas que las recién recogidas de la tierra.

¿Depuración o pérdida de peso? Cómo sobreponerse a los excesos

Tomado de: www.elmundo.es

Toxinas y grasa no es lo mismo. Y aunque comer de manera saludable ayude a eliminar ambas cosas, son en realidad objetivos diferentes que requieren tomar, también, medidas distintas. En este sentido, la nutricionista de Mamá Campo, Vanessa Aguirre, asegura que mientras que las dietas 'detox' tienen como objetivo eliminar los radicales libres y toxinas del organismo, las de pérdida de peso no necesariamente persiguen ese fin. "El peso no tiene nada que ver con ello. De hecho, se puede estar en un peso adecuado y, sin embargo, tener a la vez un alto grado de toxicidad en el organismo. Y por otro lado, hay personas con sobrepeso que sí presentan un organismo realmente 'limpio'. Algo que ocurre con frecuencia en zonas rurales alejadas de la contaminación y de los alimentos procesados", asegura la experta.

Es más, Aguirre advierte de que muchas dietas de adelgazamiento no solo no favorecen la desintoxicación del organismo, sino que influyen negativamente en ella. "El mero hecho de restringir drásticamente el aporte calórico, ingiriendo, por ejemplo, solo zumos o alimentos ricos en proteínas, provoca en nuestro organismo un mecanismo compensatorio que genera un nivel muy alto de residuos tóxicos que pueden afectar incluso a nuestra función renal y hepática". Por eso, insiste en que el número que aparece en la báscula no es un indicativo fiable de nuestro estado de salud. "Al margen de las modas y estrategias publicitarias lo cierto es que desde hace ya miles de años nuestros antepasados hablaban de la necesidad de purificar el organismo. Es fácil encontrar culturas y religiones en las que incorporan pautas como el ayuno o la eliminación de ciertos alimentos durante algunos periodos de tiempo", añade la nutricionista.

Ahora bien, ¿necesitamos una depuración después de los excesos? Depende. Como explica Aguirre, habría que tener en cuenta cómo ha sido la alimentación durante el año. "Si ha sido sana y equilibrada no deberíamos preocuparnos en aplicar ningún tipo de dieta especial, ya que el propio organismo se encargará de recuperar su estado original paulatinamente. Sin embargo, si no es así, lo mejor es ponerse en manos de un profesional. No solo para perder los kilos de más, sino para que nos ayude a cambiar nuestros hábitos de forma generalizada", sostiene la experta. "Cuanto más restrictiva es una dieta, peores son los resultados a largo plazo", añade.

La salud es la mayor perjudicada. Ya sea durante los excesos, o con peligrosas purgas después de ellos, lo cierto es que, muchas veces, se olvida el objetivo final de la alimentación: mejorar la calidad de vida. Sobre esto, Aguirre recuerda que el metabolismo es un mecanismo complejo y en constante adaptación, por lo que una repentina restricción calórica ayudará a perder peso en un primer momento, pero no a largo plazo. 

"Nuestro metabolismo se adaptará a ese cambio, y en cuanto nos reincorporemos a nuestra dieta habitual, este tenderá a almacenar grasa, pensando que se encuentra en época de restricción de alimento, recuperaremos rápidamente lo perdido (el temido efecto "yo-yo")", argumenta la experta. De la misma manera, hay que entender que no solo importan las calorías, sino lo que aportan estas. Por eso, la nutricionista defiende que hay nutrientes esenciales que solo se pueden obtener a través de los alimentos y cuyo déficit se asocia con síntomas como dolor de cabeza o somnolencia. "La clave está en el equilibro y en no someter a nuestro cuerpo a periodos de excesos y carencias intermitentes de forma prolongada. Lo que sí resulta efectivo es compensar un exceso puntual haciendo la comida posterior más ligera", asegura. 

Y no, tampoco es necesario recurrir a productos 'detox' específicos. Según cuenta Aguirre, la naturaleza ofrece absolutamente todo lo que el organismo necesita para depurarse. El cuerpo es capaz de hacerlo por sí solo. Eso sí, hay que proporcionarle los ingredientes adecuados. En este caso, la experta recomienda aumentar el consumo de frutas y verduras que antioxidantes, así como una cantidad adecuada de fibra para expulsar las toxinas.

Cinco consejos para el 'detox' postvacacional

  • Más frutas y verduras. Un mínimo que solo un 11% de la población cumple, y que es esencial dentro de una dieta equilibrada. "Deberíamos tomar entre dos y tres frutas al día, y verdura en todas las comidas principales. Si es plato único, la mitad de nuestro plato deben ser hortalizas", asevera la experta.
  • Sin olvidar los granos integrales. Las legumbres, los cereales integrales y las semillas son fundamentales en la alimentación. "Aunque históricamente hayan sido considerados como 'calóricos', son grandes aliados para bajar peso por su gran concentración de nutrientes. Y, sobre todo, por su elevado contenido en fibra", sostiene Aguirre.
  • Evita los alimentos procesados. Culpables, junto al sedentarismo, del sobrepeso, los alimentos procesados esconden adictivos, azúcares y grasas de mala calidad que atentan gravemente contra la salud, y la línea.
  • No te acuestes con el estómago lleno. Las cenas pueden convertirse en el peor enemigo de una dieta saludable. Y es que a última hora del día se pueden echar por tierra todos los esfuerzos de la jornada. La pereza, la falta de tiempo o el estrés pueden provocar que nos excedamos con las cantidades en esta comida. Por eso, como dice la nutricionista, al ser previas al descanso, es mejor que sean ligeras y un par de horas antes de acostarse.
  • Cuida tu cuerpo con productos ecológicos. Otra manera de compensar los excesos es prestando atención a la calidad de los alimentos que ingerimos. "Los alimentos de producción ecológica no solo tienen mayor concentración de nutrientes, sino que además no tienen la carga tóxica de la producción convencional. Una forma de ayudar al hígado a hacer su labor es eligiendo alimentos libres de tóxicos", aconseja la experta.

La fruta, la lactancia materna y los bebés

Por CARLOS CASABONA / Tomado de: www.consumer.es

Dentro de todos los grupos de alimentos, las frutas, junto con las verduras, hortalizas, frutos secos y legumbres, suponen una categoría de elevado interés nutricional. En general, son bien aceptadas, pero cuando un bebé las rechaza se produce en sus cuidadores una inquietud que provoca multitud de visitas a los pediatras y otros sanitarios que atienden niños. Pero es un miedo injustificado. En el siguiente artículo se explica por qué no hay que hacer grandes cosas al respecto, ni preocuparse lo más mínimo por esta situación.

Lactancia materna exclusiva hasta los seis meses

Lo primero que se debería saber, antes de entrar en materia, es que durante los primeros seis meses de vida el bebé solo necesita leche materna. Lo dice la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Fondo de las Naciones Unidas Para la Infancia (UNICEF), la Academia Americana de Pediatría, la Asociación Española de Pediatría y la 'Guía de 0 a 3' de la Generalitat de Cataluña, entre otros organismos oficiales y reconocidos. Por lo tanto, ya está acotado el "problema" a un periodo menor.

"Solo" significa que no necesita nada más, es decir, que el niño se ha de alimentar con leche materna y solo leche materna; por eso se llama lactancia materna exclusiva. En estos seis primeros meses, el bebé no necesita agua (aunque sea verano, pues la leche materna ya la lleva incorporada), ni un poco de zumo (sea industrial o casero), ni papilla de "multicereales" muy clarita, ni infusiones, ni nada de nada; salvo que esté enfermo y entonces precise algo más que leche, por ejemplo, suero por vía oral por padecer una gastroenteritis con deshidratación leve o suero por vía endovenosa si la deshidratación es importante.

¿Por qué insistir en que antes de los seis meses los bebés no necesitan ni fruta ni verduras ni cereales ni nada que no sea leche? Porque hay muchos productos, como botes de fruta triturada o galletas o harinas azucaradas, que la industria califica como "infantiles" o "adaptados para tu bebé", en los que se puede leer en el envase que pueden darse ya con cuatro meses. En lugar de hacer caso a la publicidad del fabricante, es mejor atender a las guías de los organismos citados. Ni aun pasados los seis primeros meses son aconsejables las gamas de productos mencionadas. ¿Y por qué no es bueno dar alimentos o zumos antes de los seis meses? Porque, entre otras cuestiones, su sistema digestivo es aún inmaduro y sería contraproducente. Se ha comprobado que hay una mayor incidencia de problemas gástricos o intestinales, además de disminuir, de este modo, la cantidad de leche que debe tomar, con lo que ese adelanto provoca que una o varias tomas de pecho puedan ser eliminadas.

Algunos niños "sanotes" que suben bien de peso y de longitud pueden postergar uno o dos meses más el comienzo de la alimentación complementaria; es decir, que hasta los siete u ocho meses solo quieren pecho, y así lo hacen saber cerrando la boca o escupiendo todo lo que no sea su habitual y sabrosa leche materna.

Es evidente que si no es posible la lactancia materna por la causa que sea (hay muy pocas), se haría exactamente lo mismo con la leche adaptada, pero advirtiendo siempre que es una opción con ciertos riesgos, ya que los lactantes alimentados con fórmula tienen mayor incidencia de enfermedades y de problemas relacionados con errores en la formulación, tendencia a la sobredosificación, etc.

Pasados los seis meses, la lactancia materna (o la de fórmula en su defecto) sigue siendo la principal fuente de alimento. No hay que pensar que se cierra una etapa y se abre otra totalmente distinta, ni mucho menos. Así, se puede continuar con la lactancia materna a demanda, junto con otros alimentos, hasta los dos años o más, según el niño y la madre lo deseen. Es decir, a los 6-7 meses ha llegado el momento de comenzar a ofrecer alimentos saludables distintos a la leche, pero de manera complementaria, no sustitutiva. El dietista-nutricionista Julio Basulto lo cuenta, de manera gráfica y amena, en este artículo.

¡Mi bebé rechaza la fruta!

¿Y qué pasa si rechaza la fruta? ¿No es lo primero que hay que ofrecer, ahora que estamos de acuerdo en que no la necesita hasta los 6-7 meses? Pues no pasa nada. Porque da lo mismo empezar por la fruta, por las judías verdes, por las lentejas, por el arroz, por el pan, por la pasta, por el pollo, por el pescado o por la tortilla, aunque hasta ahora en la hojita que daban en el centro de salud estuviera escrito que cada mes había que "introducir" un grupo diferente de alimentos: primero la papilla de cereales, luego la fruta (también en papilla), al poco tiempo la verdura, etc. En la actualidad, esa hoja puede ir a la bolsa de reciclaje de papel. En su lugar, adoptaremos la citada 'Guía de 0 a 3 años'.

Si al bebé no le gusta la fruta, hay otras alternativas igual de interesantes, aunque si la familia come fruta con mucha frecuencia a la vista del niño, es probable que no tarde mucho tiempo en aceptarla. También es posible que no le agrade por haberla preparado "a la antigua", triturando varias frutas a la vez, de tal modo que no se puede reconocer por el color ni por el sabor ni por la textura ninguna de ellas. Si los adultos no comemos las frutas de esta manera, el pequeño tampoco tiene por qué hacerlo. Y no es recomendable añadir azúcar o una galletita o una cucharadita de cereales "de bebé" para que le guste, porque el precio es muy alto: se malacostumbra al niño al sabor dulce, lo que será una fuente inagotable de problemas futuros.

Por cierto, un dato curioso: hace unos 100 años, la fruta y la verdura no se recomendaba hasta los 3-4 años de vida. Esperar a los 6-7 meses, en vez de comenzar con cuatro, no es, en realidad, un "retraso" significativo, sino algo muy prudente y recomendable.

Un consejo interesante es ofrecer la fruta sin que esté mezclada y triturada con otras, procurando que esté en un estado de maduración adecuado. Si el bebé tiene ya la destreza suficiente, dejemos que sea él quien pueda comerla con sus manos siguiendo las recomendaciones actuales del sistema Baby Led Weaning o Alimentación Complementaria Dirigida por el Bebé, una propuesta que abordaremos con más detalle en el próximo artículo de alimentación infantil.

Hacer ejercicio solo los fines de semana también bajaría riesgo de muertes por cáncer y males cardíacos

Tomado de: www.nacion.com

Si usted es de las personas que solo tiene tiempo de ejercitarse durante los fines de semana, hay buenas noticias: eso es muchísimo mejor que quedarse sin hacer nada.

Aunque siempre será más beneficioso realizar 150 minutos de ejercicio durante tres o más días, hacerlo solo sábado o domingo, puede ser suficiente para bajar el riesgo de morir de cáncer o de enfermedades cardiovasculares.

Así concluye un estudio llamado Weekend Warriors ("Guerreros de fin de semana", título dado a quienes hacen toda su rutina de ejercicios semanal durante sábado y domingo o solo uno de estos dos días). La investigación fue llevada a cabo por la Universidad de Sidney (Australia) y fue publicada en la revistaJAMA Internal Medicine.

Los investigadores vieron que estos "guerreros" muchas veces, incluso, hacen más de 300 minutos de actividad física en estos dos días. Es decir, se esfuerzan más que quienes se ejercitan a lo largo de la semana.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda realizar 30 minutos de actividad física moderada al día, o bien, 150 minutos semanales distribuidos en tres o más días diferentes. En el caso de ejercicio vigoroso, el consejo es de 75 minutos semanales.

"Saber que el riesgo de muerte por cáncer o males del corazón también es menor en quienes solo hacen ejercicio una o dos veces por semana es muy reconfortante para un grupo de la población, aún en quienes no llegan a los 150 minutos semanales recomendados por la OMS", comentó, en un comunicado de prensa, Emmanuel Stamatakis, autor principal del estudio.

"No obstante, para sacarle los resultados óptimos a la actividad física, siempre es recomendable llegar al tiempo recomendado e incluso hacer un poco más de ejercicio", agregó.

El estudio

La investigación tomó en cuenta a 63.591 individuos mayores de 20 años (45,9% hombres, 54,1% mujeres) a quienes se les dio seguimiento durante nueve años.

Se les dividió en cuatro grupos según su nivel de actividad física: inactivos (que no realizaban ningún tipo de actividad física), insuficientemente activos (que realizaban menos de 150 minutos de ejercicio moderado a la semana o menos de 75 minutos de ejercicio vigoroso), "guerreros de fin de semana" (quienes solo hacen ejercicio una o dos veces por semana, la mayoría de estos sí sobrepasaban los 150 minutos moderados o 75 vigorosos), y regularmente activos, (quienes realizan más de 150 minutos de actividad física moderada y o más de 75 minutos de actividad vigorosa cada semana, pero divididas en tres o más días semanales).

Durante los nueve años que duró el estudio hubo 8.802 muertes, de ellas, 2.780 fueron por enfermedades cardiovasculares, y 2.526 de cáncer.

Los científicos vieron que, si se comparaban con las personas del grupo inactivo, las muertes eran un 31% menores en quienes eran insuficientemente activos, un 30% menos en los guerreros de fin de semana y un 35% menores en los regularmente activos.

Cuando se analizaron las muertes por enfermedades del corazón se vio que, al compararlas con el grupo inactivo, el grupo insuficientemente activo tuvo una mortalidad de 37%, y tanto los guerreros de fin de semana como los regularmente activos tuvieron un 41% menos.

Finalmente, cuando se estudiaron las muertes por cáncer y se compararon con los inactivos, los insuficientemente activos registraron una mortalidad 14% menor, los guerreros de fin de semana un 18% menor y los regularmente activos un 21% menor.

"Si las personas sienten que mejor no hacen ejercicio porque no tienen tanto tiempo como el que se recomienda, nuestros resultados les dicen que mejor aprovechen ese tiempo, por pequeño que les parezca, pues los riesgos de morir por estas enfermedades siguen siendo menores que en quienes no hacen ejercicio del todo", concluyó Stamatakis.

Dietas para adelgazar: ¿cuáles seguir y cuáles evitar?

Por ISABEL MEGÍAS / Tomado de: www.consumer.es

Muchas de las enfermedades más prevalentes en la sociedad podrían prevenirse y controlarse con cambios en el estilo de vida, es decir, con modificaciones en la dieta y la actividad física. Tal es el caso de la hipertensión, la diabetes, los niveles en exceso altos de colesterol y triglicéridos, el cáncer y la obesidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 39% de las personas adultas de más de 18 años de edad presenta sobrepeso y el 13%, obesidad. Perder peso es uno de los propósitos más recurrentes después de Navidades, en verano o en épocas de excesos alimentarios. Pero ¿cuáles son las estrategias recomendadas para bajar de peso? En este artículo se analiza lo que dicen los expertos respecto a este tema, qué tipo de dietas son las más efectivas y, en cambio, cuáles se deben evitar.

Las tasas de obesidad están aumentando en la mayoría de los países debido a la mayor disponibilidad alimentaria, a un incremento de la ingesta de alimentos de alto contenido calórico (ricos en grasas y azúcares) y a un descenso de la actividad física. La población es cada vez más sedentaria como consecuencia de la actividad laboral inactiva, los nuevos modos de transporte y la creciente urbanización.

Además, hoy en día prevalecen unos modelos estéticos que promueven estar delgado como forma de belleza y, a pesar de que existe gran concienciación social sobre los hábitos alimentarios correctos, no hay políticas ni suficiente formación para que la población pueda y consiga adoptar unas costumbres alimentarias y de estilo de vida adecuadas. ¿Qué estrategias son acertadas para adelgazar? ¿De cuáles hay que alejarse?

Paso 1. ¿Qué dicen los expertos?

En primer lugar, y antes de decidir qué tipo de dieta es la que se quiere seguir, es conveniente saber qué es lo que dicen los expertos respecto a las dietas y a la pérdida de peso. Como no se le preguntaría a un vecino sobre qué tipo de antibiótico es necesario para tratar una u otra infección, tampoco en estos casos se debería acudir a cualquiera, sino que se tendría que recurrir a los especialistas en dietética y nutrición para organizar de manera correcta la alimentación.

Antes de decidir qué dieta es la adecuada para cada persona, el dietista-nutricionista realizará una exhausta entrevista para conocer los antecedentes patológicos, los parámetros antropométricos (peso, talla, índice de masa corporal o IMC, peso habitual, etc.) y los hábitos alimentarios de la persona. Es a partir de esta valoración individual cuando puede optimizarse el tratamiento dietético.

Los expertos recomiendan que el tratamiento dietético se base en la restricción calórica moderada (de 500 a 1.000 calorías diarias menos respecto a la dieta habitual), evitando planteamientos más restrictivos (esto es, aportes calóricos por debajo de 1.000-1.200 kcal/día en mujeres y 1.200-1.600 kcal/día en hombres). También señalan que se debe controlar, sobre todo, la ingesta de grasas e hidratos de carbono.

Además, para conseguir un óptimo control de peso, el tratamiento dietético debe evitar las siguientes situaciones:
  • Causar situaciones de desnutrición o déficit de diferentes nutrientes, como vitaminas o minerales.
  • Empeorar el riesgo cardiovascular de los pacientes.
  • Aumentar el riesgo de padecer trastornos de la conducta alimentaria, tales como anorexia nerviosa o bulimia.
  • Transmitir conceptos erróneos sobre la obesidad y su tratamiento.
  • Promover el sentimiento de frustración, afectando de forma negativa al estado psicológico de la persona obesa.
  • Inducir cambios en el metabolismo energético que produzcan estados de "resistencia" a la pérdida de peso con la realización de dietas sucesivas.
En cambio, sí se deberían conseguir estos objetivos:
  • Disminuir la grasa corporal preservando al máximo la masa muscular.
  • Ser realizable durante un tiempo prolongado.
  • Ser eficaz a largo plazo para mantener el peso perdido.
  • Prevenir futuras ganancias de peso.
  • Conllevar una función de educación alimentaria que destierre errores y hábitos alimentarios inadecuados.
  • Disminuir los factores de riesgo asociados a la obesidad (hipertensión arterial, hipercolesterolemia o hipertrigliceridémia, diabetes, etc.).
  • Mejorar otros problemas vinculados al exceso de peso (apnea del sueño, artrosis, riesgo de cáncer, etc.).
  • Inducir a una mejoría psicosomática con recuperación de la autoestima.
  • Aumentar la capacidad funcional y la calidad de vida.

Paso 2. ¿Qué dietas se deben evitar?

Dieta Dukan. El francés Pierre Dukan ha sido su máximo promotor. Ha sido una de las dietas más nombradas en los medios de comunicación y utilizadas por famosos de todo el mundo. Se trata de una dieta estructurada en diferentes fases que promueve, sobre todo, el consumo de proteína de origen animal (carne, pescado, huevos y lácteos) para conseguir la pérdida de peso.
Después del auge que tuvo hace pocos años, su visibilidad disminuyó de forma considerable cuando su artífice fue expulsado del Colegio de Médicos de su país. La dieta Dukan se basa en normas alimentarias arbitrarias, definidas por el señor Dukan y sin ninguna base o rigor científico. Además, cumple todas las características de las denominadas "dietas milagro" y puede acarrear problemas de salud graves.

Dieta Atkins. Este régimen dietético muy conocido promueve la ingesta de alimentos ricos en grasas y proteínas y la disminución del consumo de alimentos ricos en carbohidratos, como la pasta, el pan, la patata, el arroz, las legumbres, etc.
No existen trabajos a largo plazo en los que se haya podido estudiar los posibles efectos adversos asociados a este tipo de dieta. Pero ninguna sociedad científica la recomienda, puesto que puede aumentar el riesgo cardiovascular del individuo que se somete a la dieta, causar estreñimiento y cetogénesis, además de que promueve conceptos erróneos sobre dieta equilibrada.

Dieta de la piña, la alcachofa o el jarabe de arce (dietas basadas en un alimento). En estas dietas completamente desequilibradas se compromete el aporte de nutrientes necesario para un óptimo estado de salud. Son dietas deficitarias en proteínas, fibra, vitaminas y minerales y sus consecuencias físicas pueden ser graves, si se alargan en el tiempo (por lo general se fomentan para utilizarse un número de días limitados, de manera que los riesgos nutricionales asociados se minimizan).
Estas dietas no promueven una variación en el estilo de vida de los individuos, de modo que los cambios ponderales conseguidos, además de no favorecer una pérdida de masa grasa, sino sobre todo de agua y masa muscular, provocarán una rápida recuperación ponderal en cuanto la dieta sea abandonada (el conocido "efecto yo-yo").

Dietas depurativas. Bajo el falso concepto de "depurar" o desintoxicar el organismo, este tipo de dietas promueve reducir la ingesta de alimentos e incorporar, por otro lado, sustancias a las que se les atribuye la capacidad de ayudar en este concepto de desintoxicación. Según cuál sea el "agente desintoxicante" utilizado, este tipo de dietas puede suponer un riesgo importante para la salud. Pero, además, no existe base científica alguna que haga pensar que el cuerpo necesita ser "desintoxicado" de alimentación. Si se quiere promover un estado de salud óptimo, sería más conveniente "desintoxicarse" de todos los alimentos ricos en grasas y azúcares que en realidad son nocivos para el organismo, y no solo durante una época, sino de manera prolongada.

Paso 3. Entonces, ¿qué dieta hacer?

No lo dude: póngase en manos de un dietista-nutricionista antes de someterse a cualquier tipo de terapia dietética. Recuerde que una dieta equilibrada, que potencie la pérdida ponderal y asegure a la vez un óptimo estado de salud, debe basarse, según todas las sociedades médicas y de nutrición, en el consumo de verduras, hortalizas, cereales integrales y alimentos de origen vegetal. Un especialista debe realizar una valoración intensiva individual para escoger la terapia dietética más adecuada en cada caso, pero siempre bajo los conceptos de seguridad y base científica.

La pérdida de peso podría aliviar los síntomas de la psoriasis, según un estudio

Tomado de: medlineplus.gov

¿Perder peso podría ayudar contra la psoriasis?

Unos investigadores daneses afirman que las personas obesas con dicha afección de la piel que pierden entre un 10 y un 15 por ciento de su peso podrían experimentar una mejora significativa y duradera en sus síntomas.

Los participantes del estudio perdieron un promedio de 33 libras (15 kg) a lo largo de 16 semanas. Un año más tarde, los que todavía tenían unas 22 libras (10 kg) menos del peso de inicio del estudio mantuvieron sus mejoras en los síntomas de psoriasis y en la calidad de vida, indicaron los autores del estudio.

"La psoriasis es más que una afección de la piel", dijo la Dra. Doris Day, dermatóloga en el Hospital Lenox Hill de la ciudad de Nueva York. El peso excesivo puede provocar un estrés al corazón y a otros órganos, y ese estrés puede desencadenar la psoriasis, dijo.

"Sabemos que el peso y la psoriasis, tanto juntos como de forma independiente, aumentan el riesgo de hipertensión y de enfermedad cardiaca y diabetes. La psoriasis es una afección inflamatoria (no solamente un afección de la piel) y puede afectar a cualquier órgano", añadió Day.

Los alimentos que hacen que se gane peso también pueden ser inflamatorios, y dado que el estrés puede hacer que las personas coman más, eso puede desencadenar la psoriasis. Cuando se tiene un peso excesivo, también se ejerce más estrés en los órganos principales, lo que también puede provocar una cascada de efectos que lleven a los síntomas de psoriasis, explicó Day.

El informe aparece en una edición reciente de la revista American Journal of Clinical Nutrition.

La psoriasis es una enfermedad crónica que se caracteriza por la aparición de unas manchas rojas y escamosas que causan picor en la piel. La gravedad de la afección varía de una persona a otra.

La investigadora principal del estudio, la Dra. Lone Skov, dijo que "la psoriasis se asocia con la obesidad, pero también con la diabetes tipo 2 y con la enfermedad cardiovascular". Skov trabaja en el departamento de dermatología y alergia del Hospital Gentofte de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca.

Day explicó que la psoriasis es una enfermedad genética. "No se puede controlar la genética que uno tiene, pero se pueden controlar otras cosas, como la dieta, el peso y el nivel de actividad", señaló.

"Sabemos que si se afecta a la salud general, se tiene un impacto positivo en la psoriasis", añadió Day.

Day afirmó que observa los beneficios de la pérdida de peso en su propia práctica. "Cuando ayudo a los pacientes a controlar la psoriasis, pierden peso porque se sienten mejor con ellos mismos y quieren cuidarse mejor. De verdad es bastante potente", indicó.

El nuevo estudio es una continuación de un ensayo en que los pacientes obesos con psoriasis se asignaron aleatoriamente a una dieta para perder peso.

56 pacientes participaron en un programa para perder de peso de 64 semanas. Skov y sus colaboradores hicieron un seguimiento a los pacientes durante 48 semanas más con una dieta de mantenimiento del peso. Se evaluó a los pacientes con el Índice de Severidad y Área de la Psoriasis y el Índice de Calidad de Vida en Dermatología.

El peso promedio al inicio del estudio era de unas 235 libras (106.5 kg). Entre los 32 pacientes que completaron el estudio, la pérdida de peso promedio durante las primeras 16 semanas fue de 33 libras (15 kg). Mejoraron las puntuaciones en ambas pruebas de los síntomas, mostraron los hallazgos.

Después de 46 semanas, la pérdida de peso promedio era de unas 22 libras (10 kg). La mejora en las puntuaciones de las pruebas se mantuvo, encontraron los investigadores.

"Los médicos deberían hablar con los pacientes con psoriasis sobre la asociación entre la obesidad y la psoriasis, y, en el caso de los pacientes obesos, aconsejar que pierdan peso", planteó Skov.

7 de enero de 2017

Más señales de que la dieta mediterránea puede ser beneficiosa para el cerebro

Tomado de: medlineplus.gov

La dieta mediterránea, saludable para el corazón, también podría ayudar a preservar la salud cerebral de las personas mayores, sugiere una nueva investigación.

Unos investigadores de Escocia examinaron el volumen cerebral de cientos de personas mayores a lo largo de tres años. Los investigadores encontraron que las personas que siguieron más de cerca los hábitos alimentarios habituales de los países mediterráneos (mucha fruta, verdura, aceite de oliva y frijoles) mantuvieron un volumen cerebral mayor que las que no.

"La investigación está acumulando datos que muestran los efectos positivos de la dieta mediterránea contra el deterioro cognitivo [mental], la demencia y el Alzheimer", dijo la líder del estudio, Michelle Luciano.

El nuevo estudio sugiere que el posible mecanismo está en la preservación del volumen cerebral, señaló Luciano, de la Universidad de Edimburgo.

La dieta mediterránea es un estilo de alimentación que hace hincapié en las frutas, las verduras, el aceite de oliva en lugar de la mantequilla, los frijoles y los granos de cereales, como el trigo y el arroz. Se incluyen cantidades moderadas de pescado, productos lácteos y vino, y se limita la carne roja y la de ave.

Los expertos saben que con la edad, el cerebro se encoge y se pierden células cerebrales. Esto puede afectar al aprendizaje y a la memoria, dijo Luciano.

"En nuestro estudio, la edad fue lo que tuvo el mayor efecto sobre la pérdida de volumen cerebral", indicó Luciano. Pero "el efecto de la dieta mediterránea fue la mitad de pérdida de volumen que la debida al envejecimiento normal", dijo. Este hallazgo le parece impresionante.

Luciano dijo que no encontró ninguna asociación entre la ingesta de pescado o carne con la preservación del volumen cerebral. Eso sugiere que quizá sean otros componentes o la dieta mediterránea en general lo que proporciona el beneficio.

La combinación de alimentos podría servir de protección contra factores como la inflamación y la enfermedad vascular, que pueden hacer que se encoja el cerebro, añadió.

Heather Snyder, directora de operaciones médicas y científicas de la Asociación del Alzheimer (Alzheimer's Association), dijo que el nuevo estudio "confirma lo que ya habíamos visto antes". Snyder no participó en la investigación.

"Este trabajo realmente se suma a los datos existentes", dijo.

Pero "se trata de asociaciones, así que no podemos afirmar que A sea la causa de B", añadió Snyder.

Además, los autores del estudio reconocen que se necesitan estudios de mayor tamaño para confirmar el vínculo.

Para realizar el estudio, el grupo de Luciano recogió información dietética de casi 1,000 escoceses, con una edad de unos 70 años y sin demencia. Más de la mitad se sometieron a un escáner cerebral a los 73 años. Los escáneres midieron el volumen total, la materia gris y el grosor de la corteza, la capa más externa del cerebro.

Tres años después, 401 participantes del estudio regresaron para hacer otra medición.

Incluso después de tener en cuenta otros factores que podrían afectar al volumen cerebral (como el nivel educativo, la diabetes, la hipertensión o la edad), unas mejores mediciones cerebrales se asociaron con una alimentación al estilo mediterráneo, indicaron los autores el estudio.

El estudio aparece en línea en la edición del 4 de enero de la revista Neurology.

Entre las fortalezas del estudio, dijo Snyder, está el hecho de que los participantes se parecían bastante en que todos residían en Escocia. Eso significa que probablemente haya una variación menor en los factores que podrían afectar a la salud cerebral, como el acceso a la atención médica, indicó.

Esta investigación, junto con otros estudios, sugiere que la dieta general afecta al pensamiento y a la salud cerebral, añadió Snyder.

La Asociación del Alzheimer recomienda que se siga la dieta mediterránea o la DASH (por las siglas en inglés de método dietético para detener la hipertensión), creada por los Institutos Nacionales de la Salud de EE. UU. El razonamiento de la asociación es que lo que es bueno para el corazón también es bueno para el cerebro.

Además de una dieta saludable, las evidencias sugieren que la actividad física regular, el aprendizaje durante toda la vida y gestionar los factores de riesgo de los problemas cardiacos (como la diabetes y la hipertensión) podrían también reducir el riesgo de deterioro mental, dijo Snyder.

8 hábitos saludables que deberá adquirir a los 20 años

Tomado de: www.elmundo.es

Cuando se despertó esta mañana, ¿qué es lo primero que hizo? ¿Mirar su correo electrónico, darse una ducha o comerse un donut? Y para comer, ¿ensalada o hamburguesa? Cuando llegó a casa tras el trabajo, ¿se calzó las zapatillas de running o se sentó a cenar frente al televisor? La mayoría de elecciones del día a día parecen fruto de decisiones tomadas a conciencia, pero no lo son. Se trata de hábitos adquiridos. Y aunque cada una de estas actuaciones significan muy poco por sí solas, sumadas tienen un enorme impacto en su futuro. Esto es todavía más cierto en la veintena, cuando estos hábitos aún se están formando.

Los patrones que elija a esta edad repercutirán en su salud, productividad, seguridad financiera y felicidad el resto de su vida. Así lo aseguran los expertos. Mientras que la mayoría de los jóvenes no se preocupan mucho por estas cuestiones, los estudios publicados al respecto demuestran que las decisiones de estilo de vida que tomamos a los 20 tienen un efecto dramático con la edad. Una investigación de la Universidad Northwestern, de hecho, puso de manifiesto que los buenos hábitos en esta década están directamente asociados con un menor riesgo de enfermedad cardíaca en la mediana edad. Ese estudio ejemplificó que la mayoría de las personas que adoptaron cuatro hábitos saludables a los 20 (consumo moderado de alcohol, no fumar, una dieta saludable y actividad física regular) se mantuvieron sanas a los 50.

Según datos de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, una cantidad desproporcionada del peso que ganamos en la vida se acumula a nuestros 20 años. Sin embargo, los jóvenes a menudo pasan muchas horas en el trabajo, por lo que para ellos es más difícil hacer ejercicio y comer bien. Se enfrentan a la presión por un buen futuro laboral, los desafíos románticos, los problemas de dinero y el estrés familiar. ¿Quién tiene tiempo para pensar en la salud a largo plazo?

Para facilitar la tarea, un grupo de expertos proponen ocho hábitos recogidos por el New York Times de los que ZEN quiere hacerse eco, obviando no fumar o el consumo de drogas ilegales, pues se sobreentiende que no ayudarán en el camino hacia una mejor salud. Tome nota, su futuro le recompensará.

1. Pésese a menudo.Susan Roberts, profesora de nutrición en la Universidad de Tufts. "Compre una báscula de baño o use una en el gimnasio y pésese con regularidad. Si mantiene su peso a raya es más fácil bajar un par de kilos que perder 20".

2. Aprenda a cocinar.Barbara J. Rolls, profesora de Ciencias Nutricionales. "Aprender a cocinar le ahorrará dinero y le ayudará a comer sano. Aumente la ingesta de verduras y frutas y otros ingredientes ricos en nutrientes. A medida que experimente con nuevas técnicas de cocción, reducirá las grasas no saludables, azúcar y sal, así como el exceso de calorías que se encuentran en muchos alimentos preparados. Su objetivo debe ser desarrollar un patrón de alimentación nutritiva y sostenible que le ayudará no sólo a estar bien, sino también a controlar su peso".

3. Reduzca el azúcar. Steven E. Nissen, presidente de medicina cardiovascular en la Cleveland Clinic Foundation. "Sugiero que los jóvenes traten de evitar el exceso de azúcar eliminando las fuentes más comunes de consumo: 1) refrescos azucarados 2) cereales de desayuno con azúcar añadido y 3) la adición de azúcar de mesa a los alimentos. La ingesta excesiva de azúcar se ha relacionado con la obesidad y la diabetes, que contribuyen a las enfermedades del corazón. El azúcar representa "calorías vacías" con ninguno de los nutrientes importantes necesarios en una dieta equilibrada".

4. Lleve una vida activa. Walter Willett, presidente del departamento de nutrición de la Escuela de Salud Pública de Harvard. "Muchas personas no pueden encontrar tiempo para una rutina de ejercicios programados, pero eso no significa que no puedan estar activos. Realice actividad física en su vida diaria. Dedique 20 ó 30 minutos a la actividad física cada día, incluyendo andar en bicicleta o caminar rápidamente a trabajar".

5. Aumente la ingesta de verduras.Marion Nestle, profesora de nutrición, estudios de alimentos y salud pública en la Universidad de Nueva York. "La ciencia de la nutrición es complicada y debatida sin fin, pero los fundamentos están bien establecidos: coma muchos alimentos vegetales y manténgase activo".

6. Controle las raciones.Lisa R. Young, profesora adjunta de nutrición en la Universidad de Nueva York. "Mi consejo sería no prohibir grupos de alimentos enteros, sino practicar el control de raciones, que no significa que tengan que ser pequeñas y de todos los alimentos, sino todo lo contrario. Está bien comer raciones más grandes de alimentos saludables, como verduras y frutas. Nadie engordó a base de comer zanahorias o plátanos. Tome raciones más pequeñas de alimentos no saludables, como dulces, alcohol y alimentos procesados. Cuando coma fuera, deje que su mano sea su guía. Una ración de proteína, como pollo o pescado, debe ser del tamaño de la palma de su mano".

7. Adopte una rutina de ejercicios tras el fútbol.Barry Popkin, profesor de nutrición en la Universidad de Carolina del Norte. "Asegúrese de quemar esas calorías de más que ingiere de viernes a domingo. Según un estudio, los adultos jóvenes consumen alrededor de 115 calorías más que en otros días, principalmente de grasa y alcohol".

8. Encuentre un trabajo que le guste.Hui Zheng, profesor asociado de sociología, salud de la población, Ohio State University. "La investigación de la Universidad Estatal de Ohio reveló que la vida laboral en sus 20 años puede afectar a su salud mental de mediana edad. Las personas que son menos felices en sus trabajos son más propensas a la depresión, el estrés y a tener problemas de sueño. Si sólo pudiera dar un consejo de salud para los jóvenes de 20 años, sugeriría encontrar un trabajo que les apasione. Esta pasión puede mantenerles motivados, ayudarles a encontrar sentido en la vida y aumentar las expectativas sobre su futuro. Eso a su vez les hará más comprometidos en la vida y adquirirán comportamientos más saludables, que tendrán beneficios a largo plazo para su bienestar".

Cuatro consejos sencillos que pueden ayudarle a bajar de peso tras las fiestas de fin de año

Tomado de: www.nacion.com

Hacerlas y no cumplirlas. Las promesas de Año Nuevo se vienen abajo en enero, como los arbolitos de Navidad. Bajar de peso puede ser una de ellas. Sin embargo, un investigador hizo una serie de pruebas que podrían llevar al éxito.

Su consejo: Dejarlo en piloto automático. Hacer cambios pequeños en la cocina, en las compras y en los restaurantes para tomar buenas decisiones sin pensar.

"Por más que nosotros queramos pensar que somos dueños absolutos de las decisiones que tomamos sobre nuestra alimentación, eso no es cierto para la mayoría de nosotros", afirmó el investigador Brian Wansink.

"Somos influidos por las cosas alrededor nuestro, como el tamaño del plato, lo que otros hacen, la iluminación en el lugar, entre otros", añadió.

Wansink dirige el Laboratorio de Alimentos y Marcas en la Universidad Cornell, ha escrito libros sobre alimentación sana y ha contado con fondos de la industria y del gobierno.

Algunos consejos son trucos, y otros no podrían funcionar tan bien como funcionaron en las pruebas.

"Tienen mucho sentido (los consejos)" y muchos están respaldados por otros estudios, dijo un experto independiente, el doctor William Yancy, especialista en peso en el centro para dietas y buen estado físico en la Universidad Duke.

Los cuatro tips:

--Póngase metas específicas, que pueda medir, lograr, son relevantes y puede lograr a tiempo, dijo Yancy. Por ejemplo, en vez de decidir que va a comer bien, planee la forma de cómo hacerlo. Por ejemplo, decida comer chips una o dos veces a la semana en vez de todos los días y camine media hora una vez al día después de la cena.

--Arregle la despensa de la comida: ponga los productos saludables enfrente para que los tenga a la vista. Uno es tres veces más propenso a comer lo primero que ve.

--Arregle su cocina antes de comer: mujeres a las que se les pidió que esperaran en una cocina desarreglada comieron el doble de galletas que mujeres en la misma cocina cuando estuvo organizada.

--Ordene el refrigerador: aunque reduzca la vida de los productos, saque las frutas y verduras de los cajones y póngalos a la vista. Guarde los alimentos saludables en plásticos o envases transparentes y los menos saludables, como sobras de pizza, en papel de aluminio.

¿El peso de los padres puede afectar el desarrollo de los niños pequeños?


Un estudio vincula, aunque no prueba, que la obesidad de mamá y papá se vincula con retrasos en las habilidades sociales y de resolución de problemas

Los niños que tienen padres obesos podrían mostrar señales de retrasos en el desarrollo, por ejemplo unas malas habilidades sociales, cuando tienen 3 años de edad, sugiere un estudio reciente.

Los problemas concretos de desarrollo parecen variar en función de si la mamá, el papá o ambos son obesos, según los investigadores del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de EE. UU.

"Concretamente, la obesidad de las mamás se asoció con un retraso en los logros de las habilidades motoras finas, y la obesidad de los papás con los logros en las habilidades personales y sociales, que incluyen la capacidad de interactuar con los demás", comentó la investigadora principal, Edwina Yeung, investigadora de la división de investigación intramuros sobre la salud de la población del instituto.

"El hecho de que ambos padres fueran obesos supuso que se necesitó un mayor tiempo para desarrollar las habilidades de resolución de problemas", añadió.

Pero un neurólogo pediátrico que no participó en la investigación no está convencido de que los autores del estudio probaran su planteamiento.

Y Yeung reconoció lo mismo. "Usamos datos observacionales, que no nos permiten demostrar que haya causalidad en sí", explicó.

Los investigadores sí encontraron que, en comparación con los niños con madres con un peso normal, los niños de madres obesas tenían un 67 por ciento más de probabilidades de no pasar una prueba de habilidades motoras finas (usando las manos y los dedos) a los 3 años de edad.

Además, los niños de papás obesos tenían aproximadamente un 71 por ciento más de probabilidades de no pasar las pruebas de habilidades personales y sociales, que podrían indicar qué tan bien se relacionan e interaccionan con los demás, a los 3 años de edad, dijeron los investigadores.

Los niños cuya mamá y cuyo papá eran ambos obesos tenían casi 3 veces más probabilidades de no pasar una prueba de la capacidad de resolución de problemas a los 3 años de edad, sugirieron los hallazgos.

Según Yeung, aproximadamente entre un 2 y un 4 por ciento de los niños suspendieron alguna prueba en particular.

Yeung dijo que no puede explicar la conexión aparente entre la obesidad de los padres y los problemas de desarrollo de los niños. Con respecto a la obesidad materna, algunos estudios con animales han sugerido que la inflamación podría afectar al cerebro del feto, dijo.

Con la obesidad paterna, el efecto en los hijos podría deberse a mutaciones genéticas o a otros factores genéticos heredados en el esperma, dijo Yeung.

La mayoría de las investigaciones para comprender la salud y el desarrollo infantiles se han centrado en las madres y en sus embarazos. "Nuestros hallazgos sugieren que hay factores de los papás que podrían también jugar un papel y ameritar atención", dijo Yeung.

El informe aparece en la edición en línea del 2 de enero de la revista Pediatrics.

Un experto en salud infantil no cree que los padres obesos deban preocuparse mucho por este estudio.

"Los hijos de los padres obesos no están condenados a tener problemas del desarrollo", dijo el Dr. Ian Miller, neurólogo pediátrico y director de neuroinformática en el Hospital Pediátrico Nicklaus, en Miami.

Cualquier afección médica que afecte al cerebro (como la intoxicación con plomo, la enfermedad de células falciformes, la anemia por deficiencia de hierro, el autismo, la epilepsia o la parálisis cerebral) puede provocar problemas del desarrollo, dijo Miller. Pero no añadiría a la obesidad a esa lista todavía.

Independientemente de si los padres son obesos, tienen un peso normal o sobrepeso, cada niño que pudiera tener un problema del desarrollo debería ser evaluado y se le debería ayudar y dar una terapia, sugirió.

La obesidad podría ser un marcador de un riesgo más alto de estos problemas, indicó Miller. El riesgo de problemas del desarrollo es bajo en todos los niños, incluyendo los que tienen padres obesos. "No se trata de un escenario en que se acabe el mundo", dijo.

Para realizar el estudio, Yeung y sus colaboradores recogieron datos de más de 5,000 mujeres y sus hijos que participaron en el estudio "Upstate KIDS", que intentaba determinar si los tratamientos de fertilidad podrían afectar al desarrollo infantil desde el nacimiento a los 3 años de edad.

Las mujeres se inscribieron en el estudio unos cuatro meses después de dar a luz en el estado de Nueva York (excluyendo a la ciudad de Nueva York) entre 2008 y 2010.

Aproximadamente 1 de cada 5 mujeres embarazadas en Estados Unidos tiene sobrepeso u obesidad, indicó Yeung.

Para comprobar el desarrollo de los niños, los padres rellenaron el Cuestionario Edades y Etapas (Ages and Stages Questionnaire) después de hacer una serie de actividades con sus hijos, explicó Yeung.

La prueba no diagnostica problemas específicos, sino que es una evaluación de posibles problemas, para que los niños puedan ser referidos a que se les realicen más pruebas, explicó.

Se realizaron pruebas a los niños a los 4 meses de edad, y 6 veces más hasta los 3 años de edad. Las madres también dieron información sobre su salud y su peso, antes y después del embarazo, y el peso de sus parejas, dijo Yeung.

Yeung apuntó que se necesitan más estudios para explorar los hallazgos de este estudio.