24 de junio de 2017

La moda «antileche» es peligrosa para la salud

Tomado de: www.larazon.es

Es lo primero que nos llevamos a la boca nada más nacer. Y durante varios meses, lo único que tomamos. La leche es un alimento básico de la pirámide nutricional, sobre todo durante la etapa infantil, pero en los últimos años se ha convertido en un producto denostado que, incluso en algunos casos, llega a tacharse injustamente de perjudicial para la salud. Esa idea es una falacia que, sin embargo, cada vez está más extendida en nuestro país, hasta el punto de que se ha convertido en una moda que ha hecho caer estrepitosamente el consumo de leche líquida en España, con un descenso de hasta el 30%, según los últimos datos de la Organización Interprofesional Láctea, Inlac. De hecho, en los últimos 15 años hemos pasado de la ingesta de casi 100 litros anuales per cápita a los 72,2 litros actuales.

«La leche es indigesta»; «los lácteos engordan»; «somos el único mamífero que sigue tomando leche en la edad adulta»; «la leche produce mucosa y asma»... La retahíla de argumentos en contra de los lácteos no tiene fin, pero ¿qué hay de cierto en ellos? «Son muchos los falsos mitos que han logrado asentarse entre la sociedad. Frente a esos bulos, no hay mejor argumento que la evidencia científica, que corrobora el rol indiscutible de la leche como mejor fuente dietética de calcio y como alimento nutricionalmente muy completo», asegura Ángel Gil, presidente de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (Finut) y catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Granada, quien lidera el Comité de Científicos independientes que acaba de publicar el informe «La leche como vehículo de salud para la población».

Tres al día

Según los expertos, «no sólo no hay que dejar de tomar lácteos sino que, de hecho, debemos aumentar su ingesta hasta comer, al menos, tres lácteos al día, entre los que se incluye la leche, los yogures y el queso. Las cantidades dependerán de la edad de la persona y de su estilo de vida, ya que los niños y los ancianos deben, incluso, tener una ingesta de lácteos mayor para cubrir sus requerimientos, lo que se traduce en un mínimo de cuatro raciones diarias», recomienda Rosa María Ortega, doctora en Farmacia y catedrática de Nutrición de la Universidad Complutense de Madrid, quien echa por tierra el mito de que los lácteos engordan al recordar que «los estudios epidemiológicos confirman que las personas con sobrepeso y obesidad toman menos lácteos de los recomendados».

Por ello, esta misma semana se ha puesto en marcha una ambiciosa campaña de promoción liderada por Inlac y apoyada por la Unión Europea y por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente para fomentar el consumo de leche en nuestro país bajo el título de «Di que sí a al menos tres lácteos al día».

Un papel clave

La razón que esgrimen los expertos para fomentar el consumo de lácteos es contundente: «La leche es la principal y mejor fuente dietética de calcio y una de las más accesibles, tanto por los altos niveles de este mineral presentes en la composición natural de este alimento, como por su elevada biodisponibilidad, es decir, lo que facilita su absorción por parte del organismo», explica Gregorio Varela, presidente de la Fundación Española de Nutrición (FEN) y catedrático de Nutrición de la Universidad CEU San Pablo de Madrid.

El calcio no es baladí para el organismo. «Tomamos la leche como si fuera un alimento opcional e incluso no necesario, pero eso no es verdad, ya que, si no se ingiere suficiente leche, la presencia de calcio en el cuerpo sería muy baja, y eso tiene repercusiones para la salud», asegura Ascensión Marcos, presidenta de la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (Fesnad) y profesora de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, de Madrid.

En este sentido, los estudios científicos confirman que la ingesta adecuada de calcio, obtenida fundamentalmente a través del consumo de lácteos, junto con una adecuada presencia de vitamina D, se asocia a una mayor densidad ósea, a un menor riesgo de fracturas en la población adulta, a una menor incidencia de la diabetes tipo II y a una menor pérdida de hueso en las mujeres postmenopáusicas. Pero eso no es todo, «ya que el calcio tiene otras misiones fisiológicas claves, como el mantenimiento de la actividad neuronal, proporciona una estructura adecuada en los músculos y es un mensajero químico de nuestras células. Estamos aumentando nuestra esperanza de vida y el calcio y la lactosa son imprescindibles para mantener el cuerpo en buena forma durante más años», apostilla Gil.

Con todos estos datos sobre la mesa, el papel de los lácteos se revela clave para la salud y, a pesar de ello, el 80% de la población española no alcanza las actuales recomendaciones de ingesta de calcio diarias, ni tampoco la de otros nutrientes fundamentales para el proceso de absorción de este mineral, tales como la vitamina D, según el estudio Anibes. Quizás en ello influyan opiniones, cada vez más extendidas, como las que defiende Beatriz Larrea, experta en nutrición holística, quien asegura que «la leche no es necesaria para la salud, ya que a lo largo de la historia tanto los seres humanos como todos los demás animales del planeta han sobrevivido y se han reproducido sin ella. La leche de la vaca está diseñada para alimentar a la ternera, no para el ser humano, sin pasar por alto que gran parte de las vacas lecheras actualmente se crían en lamentables condiciones de hacinamiento, con mala alimentación e incluyendo la administración de hormonas, antibióticos y tranquilizantes».

Frente a ello, Francesc Casellas Jordá, experto de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) es rotundo: «nuestro organismo sí está preparado para tomar leche o sus derivados, con lactosa en todas las edades, ya que aportan proteínas de alto valor biológico, vitaminas, calcio...».

Intolerantes sin serlo

Cada vez es más habitual encontrar a alguien que se confiesa intolerante a la lactosa, que es el azúcar de la leche. Y es inevitable hacerse la pregunta de ¿a qué responde este incremento? Existen causas genéticas (en el 70% de los casos) y causas secundarias, aseguran desde la SEPD. «Pero los datos oficiales confirman que no son tantos como aparentemente se dice, pues tan sólo uno de cada diez españoles tiene diagnosticada una intolerancia a la lactosa, y ésta puede ser a diferentes niveles, desde alergias graves a intolerancias más leves», detalla la investigadora del CSIC.

En este sentido, Larrea explica que «químicamente la lactosa es un disacárido que el organismo tiene que digerir. La digestión se realiza por una enzima (la lactasa), que va desapareciendo con la edad, normalmente a partir de los tres años. Este hecho es otra señal de la naturaleza para advertirnos de que no debemos consumir leche después del periodo de lactancia». Aunque, otros expertos no están de acuerdo con esta afirmación, pues «la lactosa sólo resulta indigesta en aquellas personas que, por una enfermedad intestinal o por una causa genética, hayan perdido la capacidad de producir este fermento».

Sin embargo, más allá de la lactosa, hay otro elemento a tener en cuenta. Se trata de la caseína, la proteína propia de la leche. «De bebés, somos capaces de asimilar bien la caseína de la leche materna, pero no podemos hacer lo mismo con la caseína de la leche de la vaca, que pasa al intestino delgado parcialmente digerida, debido al efecto neutralizador que ejerce la leche sobre la acidez estomacal necesaria para su ruptura», detalla Larrea. En ambos casos, la intolerancia se traduce en una sintomatología que pasa por dolor abdominal, gases, enrojecimiento perianal, hinchazón o diarreas.

Bebidas vegetales

Frente a esos síntomas, cada vez son más los españoles que optan por tomar bebidas vegetales, elaboradas a base de soja, almendras, nueces o avena a pesar de no tener una intolerancia diagnosticada, pues según un estudio realizado en 2016, el 81% de los consumidores que redujo su consumo de leche optó por sustituirla por una bebida vegetal como alternativa al considerarla una opción más saludable. Pero no hay que caer en el error. «Las bebidas vegetales no son leche y, por tanto, no deben venderse bajo esa etiqueta», afirma Gil. De hecho, esta misma semana, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha dictado una sentencia por la que se prohíbe a la industria utilizar la expresión de «leche» cuando se trata de bebidas vegetales. La razón es obvia, y es que «tienen una composición muy diferente a la leche, por lo que en ningún caso pueden sustituirla en la dieta», aclara Elisa Blázquez, del departamento de Nutrición y dietética de la Clínica de Medicina Integrativa. De hecho, tal y como remarca Gil, «las bebidas vegetales tienen un 40% menos de valor biológico que los lácteos, apenas aportan calcio y, lo que es peor, continen mucho más azúcar», concluye.

Dos productos muy diferentes

A pesar de que dentro del supermercado las bebidas vegetales están en el mismo lineal que la leche, no son productos comparables. «La razón es que el calcio no está presente en la composición de muchas de estas bebidas, y cuando se añade, tal y como sucede en la bebida de soja, al no estar asociado a proteínas lácteas, su biodisponibilidad es mucho menor que el calcio presente de manera natural en la leche. Además, la gran mayoría de estas bebidas no contienen vitamina D, un nutriente que juega un papel fundamental en la absorción del calcio y que sí está presente en la leche», confirma Gregorio Varela, quien hace hincapié en que «las bebidas vegetales tienen hasta tres veces más azúcar (sacarosa) que la leche, que contiene sólo lactosa, un azúcar natural que interviene directamente en la absorción del calcio y en otras funciones esenciales en el organismo».

Las grasas saludables en la dieta ayudan a reducir el colesterol alto

Tomado de: medlineplus.gov

Reemplazar las grasas saturadas por otras más saludables encontradas en algunos aceites vegetales puede reducir los niveles de colesterol y el riesgo de enfermedad cardiaca tanto como las estatinas, según una nueva recomendación de la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association, AHA).

Esas grasas más saludables son las grasas poliinsaturadas y las grasas monoinsaturadas. Las grasas poliinsaturadas se encuentran en los aceites de maíz, soya y cacahuate. Las grasas monoinsaturadas se encuentran en los aceites como el de oliva, de canola, de cártamo y el aguacate.

Las grasas saturadas se encuentran en las carnes, los lácteos con toda la grasa y algunos aceites, por ejemplo el de coco y el de palma.

Recientemente han surgido preguntas sobre las recomendaciones de limitar los alimentos ricos en grasas saturadas, de forma que la AHA pidió una revisión de las evidencias actuales.

"Queremos dejar bien claro el motivo de que la investigación científica bien realizada respalda de forma abrumadora limitar la grasa saturada en la dieta para prevenir enfermedades del corazón y los vasos sanguíneos", enfatizó en un comunicado de prensa de la AHA el autor principal de la recomendación, el Dr. Frank Sacks, profesor de prevención de las enfermedades cardiovasculares en la Facultad de Salud Pública T.H. Chan de la Universidad de Harvard.

"La grasa saturada aumenta el LDL (el colesterol malo), que es una causa importante de la placa que tapona las arterias y de la enfermedad cardiovascular", dijo.

En ensayos clínicos, reducir el consumo de grasa saturada y favorecer el aceite vegetal poliinsaturado redujo la enfermedad cardiaca en más o menos un 30 por ciento, similar a las estatinas, según la recomendación.

Una ingesta más baja de grasa saturada en combinación con un consumo más alto de grasa poliinsaturada y monoinsaturada se vinculó con unas tasas más bajas de enfermedad cardiaca, mostraron otros estudios.

Varios estudios han encontrado que el aceite de coco, que se promueve mucho como saludable, aumentó los niveles de colesterol LDL de la misma forma que otras grasas saturadas.

Reemplazar la grasa saturada con carbohidratos y azúcares mayormente refinados no se vinculó con una reducción en el riesgo de enfermedad cardiaca, según la recomendación publicada el 15 de junio en la revista Circulation.

"Una dieta saludable no solo limita ciertos nutrientes desfavorables, como las grasas saturadas, que pueden aumentar el riesgo de ataques cardiacos, accidentes cerebrovasculares y otras enfermedades de los vasos sanguíneos. También debe enfocarse en alimentos saludables ricos en nutrientes que pueden ayudar a reducir el riesgo de enfermedad, como los aceites vegetales poliinsaturados y monoinsaturados, los frutos secos, las frutas, las verduras, los granos integrales, el pescado y otros", planteó Sacks.

Los ejemplos de este tipo de alimentación saludable incluyen a la dieta DASH (por las siglas en inglés de método dietético para detener la hipertensión) y a la dieta estilo mediterráneo.

Sedentarismo de jóvenes de 19 años es igual que el de adultos de 60

Tomado de: www.nacion.com

La receta que se nos ha dado desde hace años es clara: realizar al menos 30 minutos de ejercicio al día (o acumular al menos 150 minutos a la semana) ayuda a prevenir el sobrepeso y la obesidad, la hipertensión, la diabetes y, con ello, la posibilidad de infartos y derrames cerebrales. A la lista de beneficios se les une una baja en las posibilidades de sufrir cáncer de colon y seno.

No obstante, el mensaje no parece convertirse en acción. A ninguna edad. Un estudio de la Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos tomó en cuenta bases de datos del Estudio Nacional de Salud y Nutrición, que incluyó a 12.529 personas entre los seis y los 84 años encontró que a los 19 años las personas son tan sedentarias como a los 60.

Los resultados fueron publicados en la edición de junio de la revista Preventive Medicine.

Para su estudio, los investigadores dividieron a los participantes según grupos de edad: niños (de seis a 11 años), adolescentes (de 12 a 19), adultos jóvenes (de 20 a 29), adultos en edad media (30 a 59) y adultos mayores (de 60 a 84 años). El 49% eran hombres y el 51%, mujeres.

Todos los participantes utilizaron, durante siete días, un dispositivo que medía sus niveles de actividad física, que solo se quitaban para bañarse y para dormir.

En promedio, ninguno de los grupos de edad alcanzaba el número de minutos sugeridos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los autores destacan que en todas las edades hubo personas que incluso superaron la cantidad mínima de actividad física e incluso se dedicaban a deportes de alto rendimiento, pero estos casos no fueron tan comunes.

El grupo con mayor actividad física fue el de 20 a 29 años, con un promedio de 22 minutos diarios. Tanto al finalizar la adolescencia como al comenzar la adultez mayor, los niveles bajan a 14 minutos, menos de la mitad del tiempo recomendado por la OMS.

En todos los grupos de edad los hombres se mantuvieron más activos que las mujeres, salvo en los adultos mayores, donde ellas comenzaban a tener más actividad física, y ellos cada vez menos.

El estudio también encontró que más del 25% de los niños y el 50% de las niñas y más del 50% de los adolescentes y el 75% de las adolescentes no cumplían con la recomendación de la OMS.

En Costa Rica

Aunque el estudio fue realizado en Estados Unidos, nuestro país sí tiene datos que indican que no escapa de esta situación.

La buena noticia es que el sedentarismo va en descenso, paulatinamente, pero ya pareciera ser esa la tendencia.

La segunda Encuesta de Factores de Riesgo Cardiovascular de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) –presentada en diciembre del 2015– mostró que, en comparación con un estudio del 2010, la ausencia de ejercicio bajó de 50,9% a 44,6%.

Mas esto no es suficiente. Según criterios de la OMS, un pueblo puede considerarse con un buen nivel de actividad física cuando la población sedentaria es del 20% o menos.

Consejos por edad

Niños 5-17 años. Deberán practicar al menos 60 minutos de ejercicio semanales, de moderado a vigoroso. La actividad debe ser aeróbica en su mayoría; sin embargo, pueden hacer ejercicios específicos para los músculos tres veces por semana.

Adultos 18-64 años. Se recomienda que hagan 150 minutos de actividad física a la semana. Podrán realizar hasta 300 minutos semanales. Cada sesión de ejercicios deberá durar al menos diez minutos. Tres veces por semana es recomendable realizar ejercicios para fortalecer grupos de músculos específicos.

Mayores de 65 años. También deberán hacer 150 minutos semanales, pero deberán concentrarse también en hacer ejercicios para aumentar la fuerza ósea y mejorar su equilibrio, para así evitar fracturas de caderas.

Los especialistas concuerdan en que no es necesario pagar un gimnasio o instructor personal.

Caminar de forma enérgica por el barrio, ponerle más energía al oficio doméstico y hasta bailar pueden ser actividades muy recomendadas.

Tampoco existe un solo tipo de actividad física recomendada, busque lo que más le gusta.

Si tiene alguna enfermedad crónica sí es recomendable que pida asesoría a un médico antes de hacer un plan de ejercicios más riguroso, mientras tanto ¡salga a darle varias vueltas a la manzana!

Las personas sedentarias podrían enfrentarse a un riesgo más alto de cánceres de riñón y de vejiga

Tomado de: medlineplus.gov

Agregue el riesgo de cáncer de riñón y de vejiga a la larga lista de por qué toda una vida de estar sentado en el sofá no es bueno para la salud, sugiere un nuevo estudio.

En específico, una vida de inactividad recreativa se asoció con un aumento del 73 por ciento en el riesgo de cáncer de vejiga, y un aumento del 77 por ciento en el riesgo de cáncer de riñón.

Los hallazgos amplían la creciente evidencia de que la inactividad podría ser un factor de riesgo significativo del cáncer, señalaron los investigadores.

"Esperamos que hallazgos como los nuestros motiven a las personas inactivas a participar en alguna forma de actividad física", planteó la autora principal del estudio, Kirsten Moysich, profesora de oncología en el Instituto Oncológico Roswell Park en Buffalo, Nueva York.

"No hay que correr maratones para reducir el riesgo de cáncer, pero hay que hacer algo... incluso ajustes pequeños como subir por las escaleras en lugar del ascensor, caminar por la manzana un par de veces durante la hora del almuerzo o estacionar el coche lejos de la tienda cuando se va al supermercado", aconsejó en un comunicado de prensa del instituto.

El estudio incluyó a 160 pacientes de cáncer de riñón, 208 pacientes de cáncer de vejiga, y 766 personas sin cáncer. Los riesgos de cáncer fueron similares independientemente de si las personas eran obesas o no, dijeron los investigadores.

El estudio solo se diseñó para mostrar una asociación entre un estilo de vida sedentario y el riesgo de esos cánceres, y no puede probar una relación causal.

"Nuestros hallazgos subrayan la importancia de mantener un estilo de vida saludable, lo que incluye hacerse y permanecer activo", comentó el primer autor del estudio, Rikki Cannioto, profesor asistente de oncología en el Roswell Park.

"El Departamento de Salud y Servicios Humanos recomienda 150 minutos de actividad física moderada a la semana, o 75 minutos de actividad física vigorosa a la semana como forma de generar unos beneficios de salud significativos y duraderos", señaló Cannioto.

El estudio aparece en una edición reciente de la revista Cancer Epidemiology.

17 de junio de 2017

Retrasar tiempos de comida aumenta niveles de azúcar y desestabiliza reloj biológico

Tomado de: www.nacion.com

En medio del ajetreo diario, estar puntual en el trabajo, luchar con el tránsito y cumplir labores de estudios y del hogar, "saltarse" alguna comida o retrasarla parece ser una práctica común para muchos.

Sin embargo, esta es una opción poco saludable que puede aumentar los niveles de azúcar en sangre y hacer el metabolismo más lento. También podría generar problemas en la absorción y el procesamiento de la grasa.

Estas fallas comienzan cuando el retraso es mayor a tres horas y se agravan cuando supera las cinco.

Así lo señalan los resultados preliminares de un estudio de la Universidad de Surrey, en Gran Bretaña, publicado en la revistaCurrent Biology.

"Tiene que ver con nuestro llamado reloj biológico interno o ritmo circadiano. Cinco horas sin comer retrasan cinco horas los ritmos internos del azúcar en sangre. Nunca creímos que fuera tanto, supusimos que iba a darse un retraso, pero no tan significativo. Además, no deja de ser curioso pues esto no sucede con los triglicéridos en sangre ni con otros componentes, estos permanecen igual. Todavía tenemos pendiente averiguar las razones", explicó en un comunicado de prensa Jonathan Johnston, uno de los investigadores.

El estudio. Esta es la primera etapa de una investigación mayor. Para esta fase inicial se tomaron en cuenta solo diez personas –para estandarizar métodos y luego ampliar con más individuos–. Todos los participantes eran mayores de edad y no tenían problemas severos de salud.

Durante 14 días, los seleccionados recibieron tres comidas (desayuno, almuerzo y cena) con la misma cantidad de nutrientes y de calorías, pero en lugar de que se alimentaran cada tres horas con una merienda (como es lo debido), estas fueron eliminadas y se retrasó un mínimo de cinco horas el espacio entre una comida y otra.

Una vez que terminaron esa rutina, se les sometió a exámenes de laboratorio durante 37 horas. Ahí se observaron los niveles de los distintos componentes de la sangre y se les sometió a prueba su ritmo circadiano, en el que se analizaron también horas de sueño, patrones de actividad durante el día y otros aspectos.

Así fue como los investigadores pudieron ver que el metabolismo era menor en cuanto mayor separación de tiempos de comida había y los niveles de azúcar en la sangre no trabajaban igual.

Los científicos también encontraron que un gen llamado PER2 se relacionaba con el ritmo biológico, y que estuvo ligado a enlentecer en cerca de una hora el proceso funcional en los tejidos grasosos.

¿Pueden el café y el té proteger al hígado de la dieta 'occidental'?

Tomado de: medlineplus.gov

Beber café o té herbal con regularidad podría ayudar a prevenir la enfermedad hepática crónica, sugiere una nueva investigación.

Científicos de los Países Bajos encontraron que esas populares bebidas podrían ayudar a evitar la fibrosis hepática, que es una rigidez y cicatrización debidas a la inflamación crónica.

"En las décadas pasadas, nos desviamos de forma gradual a unos hábitos más malsanos, lo que incluye un estilo de vida sedentario, una nivel menor de actividad física y el consumo de una 'dieta feliz'", comentó la autora líder del estudio, la Dra. Louise Alferink.

Esta "dieta feliz", comúnmente conocida como la dieta occidental, es rica en alimentos azucarados y procesados que carecen de nutrientes. Esta forma malsana de alimentarse ha contribuido a la epidemia de obesidad y a un aumento en la enfermedad del hígado graso no alcohólico, que ocurre cuando unas cantidades excesivas de grasa se acumulan en el hígado, señaló Alferink, investigadora en el Centro Médico de la Universidad de Erasmus MC, en Róterdam.

Para investigar los efectos protectores posibles del café y el té, los investigadores examinaron datos de más de 2,400 individuos holandeses de a partir de 45 años de edad que no tenían una enfermedad hepática. Examinaron los expedientes médicos, incluyendo los resultados de escáneres abdominales y del hígado. También analizaron las respuestas a cuestionarios sobre los alimentos y las bebidas que preguntaron sobre el consumo de té y café.

Los participantes del estudio se dividieron en tres grupos según su consumo de café y té. Los investigadores también anotaron el tipo de té que las personas bebían, incluyendo herbal, verde o negro.

Encontraron que los que bebían café con frecuencia tenían un riesgo significativamente más bajo de rigidez en el hígado y menos cicatrices sin importar su estilo de vida y ambiente. En general, beber té herbal y café con frecuencia pareció tener un efecto protector para el hígado y pareció prevenir la cicatrización entre los que aún no habían desarrollado ninguna señal obvia de enfermedad hepática, apuntaron los investigadores.

Los resultados del estudio se publicaron el 6 de junio en la revista Journal of Hepatology.

"Examinar las estrategias de estilo de vida accesibles y baratas que tienen beneficios potenciales para la salud, como el consumo de café y de té, es un método viable para encontrar formas de detener el rápido aumento de la enfermedad hepática en los países desarrollados", planteó Alferink en un comunicado de prensa de la revista.

Ya hay algunos datos experimentales sobre que el café tiene beneficios de salud en los aumentos de las enzimas hepáticas, la hepatitis viral, la enfermedad del hígado graso, la cirrosis y el cáncer de hígado, señaló la investigadora principal del estudio, la Dra. Sarwa Darwish Murad.

"El mecanismo exacto no es conocido, pero se cree que el café ejerce efectos antioxidantes", dijo Murad, hepatóloga en el centro médico. "Sentíamos curiosidad por averiguar si el consumo de café tendría un efecto similar en las medidas de rigidez del hígado en individuos sin enfermedad hepática crónica".

Pero el estudio no puede probar que el café y los tés en realidad mejoren la salud del hígado. Y los investigadores concluyeron que se necesita más investigación antes de hacer recomendaciones generales.

El estudio también tenía limitaciones, según los autores de un editorial de la revista. Por un lado, la mayoría de las personas del estudio eran mayores y blancas. Además, los componentes de bebidas eran demasiado variados como para calcular cualquier beneficio de forma fiable, dijeron.

Variantes en los genes podrían influir en el riesgo de sufrir anorexia

Tomado de: www.nacion.com

"La anorexia no es un problema de conducta, no es una moda, no es una elección: es una enfermedad, un trastorno mental, y en este se han identificado variantes en los genes que podrían aumentar el riesgo de padecerlo".

Así, Tomás Silber, médico argentino especialista en atención a los adolescentes, comenzó su ponencia sobre "el enigma de la anorexia", que presentó la tarde de este miércoles en el Congreso Nacional de Adolescencia y Juventud, el cual se celebra esta semana en la Universidad Latina, en San Pedro de Montes de Oca.

La anorexia es un trastorno de la conducta alimentaria que se caracteriza por dietas estrictas, ayunos y bajar de peso drásticamente. En ocasiones, se acompaña de rutinas fuertes de ejercicios con el fin de perder kilos.

Muchas veces, quienes lo sufren ( 90% de los casos son mujeres) presentan el llamado trastorno dismórfico corporal, en el que, a pesar de tener una extrema delgadez, las personas se ven a sí mismas como si fueran obesas.

Silber indicó cómo hay áreas en los cromosomas 1,4 y 10 que podrían contener variantes genéticas que aumentan el riesgo de este mal. En su mayoría están orientadas a la gratificación y recompensa, y al control de impulsos.

"Hay estudios en donde se observan cambios en la estructura de las personas con anorexia, pero no sabemos si esas modificaciones ya estaban antes de la enfermedad, si el mal en sí varió la estructura cerebral o si este problema se dio porque la estructura cerebral ya tenía alteraciones", reflexionó Silber.

No obstante, el científico cree que si se toman en cuenta los análisis efectuados a familiares de pacientes que no han desarrollado la anorexia, se puede ver que algunos de estos cambios ya están presentes en ellos. Entonces, se podría pensar que existen factores predeterminantes. "Esto no quiere decir que la enfermedad vaya a desarrollarse, pero sí que hay un riesgo mayor", aclaró.

Según el especialista, en la mayoría de los casos, la sensibilidad al trastorno aumenta a partir de los cambios propios de la pubertad.

Además, es común que los pacientes sufran también trastornos de ansiedad o depresión.

Características del mal

De acuerdo con Silber, el pronóstico y el tratamiento de la anorexia pueden variar según la edad y el sexo de cada persona.

"Cuanto más temprano se detecte, más fácil será tratarlo. También es más sencillo cuanto más joven es la persona. Es más factible tratar a una niña de 10 o 12 años que a una de 17 o 18. Los hombres también son más fáciles que salgan adelante. Pero lo cierto es que no es un mal incurable o que quien la padece está condenado a muerte. Eso es falso, solo un tercio de las personas desarrolla una enfermedad así de crónica", manifestó el especialista.

Silber agregó que se trata de personas a las que les es difícil leer sus propias emociones y que son tan perfeccionistas que se casan con la idea de hacer dieta y de lograr adelgazar lo más posible.

¿Cómo ayudar?

Para Silber, es vital que los padres estén cerca. Sin embargo, el juzgar, reclamar o hacerse las víctimas con ellos no les hace bien a los hijos.

"Primero debemos concentrarnos en que coman y ganen peso, ya después de eso será más sencillo hablar del tema y recuperar a la persona", manifestó.

¿Qué deben hacer los amigos? No aislar al joven, no juzgarlo y tratar de hablar con adultos responsables que sepan cómo guiar el tema.

10 de junio de 2017

¿Pan blanco o integral? Depende de la persona

Tomado de: www.larazon.es

A pesar de muchos estudios que buscan qué pan es el más saludable, todavía no está claro qué efecto tiene el pan y las diferencias entre los tipos de pan en los parámetros clínicamente relevantes y en el microbioma. Sorprendentemente, un nuevo trabajo revela que el pan en sí no afecta mucho a los participantes y que diferentes personas reaccionan de manera distinta al pan, informa Europa Press.

En un artículo publicado este martes en la revista ‘Cell Metabolism’, investigadores del Instituto Weizmann de Ciencias, en Rehovot, Israel, informan de los resultados de un ensayo exhaustivo y aleatorizado en 20 sujetos sanos comparando diferencias en cómo el pan blanco procesado y el de masa madre de trigo integral artesanal afectan al cuerpo. El equipo de investigación ideó un algoritmo para ayudar a predecir cómo los individuos pueden responden al pan en sus dietas.

Todos los participantes en el análisis normalmente consumían alrededor del 10 por ciento de sus calorías a través del pan. La mitad fueron asignados a consumir una mayor cantidad de pan blanco envasado procesado durante una semana --alrededor del 25 por ciento de sus calorías-- y la otra mitad a una ingesta de mayor cantidad de pan con masa de trigo integral, que fue horneado especialmente para el estudio y entregado fresco a los participantes. Después de un periodo de dos semanas sin pan, se invirtieron las dietas de los dos grupos.

Antes del estudio y a lo largo del tiempo del análisis, se observaron muchas cuestiones de la salud, como niveles de glucosa en ayunas; niveles de los minerales esenciales calcio, hierro y magnesio; niveles de grasa y colesterol; enzimas renales y hepáticas; y varios marcadores de inflamación y daño tisular. Los investigadores también midieron la composición de los microbiomas de los participantes antes, durante y después del estudio.
«El hallazgo inicial, y esto fue muy opuesto a nuestras expectativas, fue que no hubo diferencias clínicamente significativas entre los efectos de estos dos tipos de pan en cualquiera de los parámetros que medimos», dice uno de los autores principales del estudio, Eran Segal (@segal_eran), biólogo computacional en el Instituto Weizmann. «Observamos una serie de marcadores y no hubo ninguna diferencia medible en el efecto que tuvo este tipo de intervención dietética», añade.
Sin embargo, basándose en algunos de sus trabajos anteriores, que encontraron que diferentes personas tienen distintas respuestas glucémicas a la misma dieta, los autores sospecharon que debe estar ocurriendo algo más complicado: tal vez la respuesta glucémica de algunas de las personas en el estudio fue mejor a un tipo de pan y algunos mejor al otro tipo, algo que se confirmó con un análisis más detallado. 

Aproximadamente la mitad de las personas respondía mejor al pan de harina blanca procesado y la otra mitad al de masa de trigo integral. La falta de diferencias sólo se observó cuando se promediaron juntos todos los resultados. «Los hallazgos de este estudio son no sólo fascinantes, sino potencialmente muy importantes, porque apuntan hacia un nuevo paradigma: diferentes personas reaccionan de manera distinta, incluso a los mismos alimentos», afirma otro de los investigadores, Eran Elinav (@EranElinav), del Departamento de Inmunología de Weizmann. «Hasta la fecha, los valores nutricionales asignados a los alimentos se han basado en una ciencia mínima y las dietas iguales para todos han fracasado miserablemente -añade--. Estos resultados podrían conducir a un enfoque más racional para decirle a la gente qué alimentos se ajustan mejor para ellos, basándose en sus microbiomas».

Otro miembro del equipo, Avraham Levy, profesor del Departamento de Ciencias Vegetales y Ambientales, señala algunas advertencias: «Estos experimentos se centraron en personas que comían las mismas cantidades de carbohidratos de ambos tipos de pan, lo que significa que comían más pan de trigo integral porque contiene menos carbohidratos disponibles. Por otra parte, sabemos que, debido a su alto contenido de fibra, las personas generalmente comen menos pan de trigo integral. No tuvimos en cuenta cuánto comerían en función de lo lleno que se sentían. Por lo tanto, hay que seguir investigando».

No es sano aumentar demasiado de peso o muy poco en el embarazo

Tomado de: medlineplus.gov

Aumentar demasiado peso o no aumentar lo suficiente durante el embarazo puede resultar nocivo tanto para el bebé como para la madre, advierten unos investigadores.

En una revisión de más de 1.3 millones de embarazos, los investigadores encontraron que un 47 por ciento de las mujeres aumentaron demasiado peso. Y un 23 por ciento no aumentaron suficiente peso como para cumplir con los niveles recomendados.

"El aumento de peso sano recomendado durante el embarazo depende del peso inicial de la madre, y se recomienda a las mujeres que pesan más que aumenten menos durante el embarazo", comentó la investigadora líder, la Dra. Helena Teede.

"Independientemente del peso inicial de la madre, un aumento malsano de peso durante el embarazo es ahora muy común, y conlleva riesgos de salud significativos para la madre y para el bebé", señaló Teede, profesora de salud de las mujeres en la Universidad de Monash en Melbourne, Australia.

El aumento de peso por debajo de la cantidad recomendada se asoció con un riesgo más alto de tener un bebé pequeño y de parto prematuro, encontraron los investigadores.

Por otro lado, aumentar más peso del recomendado se vinculó con un riesgo más alto de tener un bebé más grande y con más peso (una afección llamada macrosomía fetal) y de cesárea.

En todo el mundo la prevalencia de la obesidad y del aumento excesivo de peso en el embarazo cada vez es mayor. Y aproximadamente 4 de cada 10 mujeres de EE. UU. son obesas, según las notas de respaldo del estudio.

En el estudio, Teede y sus colaboradores estadounidenses e internacionales revisaron 23 estudios ya publicados de países desarrollados de todo el mundo. Este tipo de estudio se conoce como metaanálisis, en que los investigadores reúnen datos de distintos estudios para encontrar tendencias comunes.

Específicamente, los investigadores observaron cuánto peso habían aumentado las mujeres durante el embarazo, y si esto cumplía con el aumento de peso recomendado por el Instituto de Medicina de EE. UU.

Las directrices del Instituto de Medicina recomienda que las mujeres con peso bajo aumenten de 28 a 40 libras (de casi 13 a unos 18 kilos) durante el embarazo. Las mujeres con un peso normal deben aumentar entre 25 y 35 libras (entre 11 y 16 kilos). Las mujeres con sobrepeso solo deben aumentar de 15 a 25 libras (de casi 7 a 11 kilos). Y las mujeres obesas deben limitar su aumento de peso a entre 11 y 20 libras (de 5 a 9 kilos).

El informe aparece en la edición del 6 de junio de la revista Journal of the American Medical Association.

Teede dijo que los médicos deben monitorizar el aumento de peso en el embarazo y ayudar a las mujeres a tener una dieta más saludable y a mantenerse móviles y activas.

"Las mujeres deben ser conscientes de cuál es el aumento de peso individual saludable durante el embarazo recomendado, y tener en cuenta que las antiguas historias de reclusión o descanso durante todo el embarazo y de comer por dos no son saludables para las madres ni para sus bebés", advirtió.

Otros especialistas se mostraron de acuerdo.

"El embarazo no es un periodo para 'comer por dos', sino un magnífico momento para comer de forma saludable y hacer ejercicio", enfatizó el Dr. Aaron Caughey, catedrático de obstetricia y ginecología en la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón.

Los esfuerzos por ayudar a las mujeres con dieta y ejercicio solo han demostrado unos beneficios pequeños en el mejor de los casos, comentó Caughey, autor de un editorial publicado junto al estudio.

"Quizá necesitemos unas ideas más recientes sobre cómo aconsejar e incentivar a las mujeres embarazadas para lograr unos mejores resultados", dijo.

Otra especialista dijo que es mejor llegar a un peso sano antes del embarazo.

"Los médicos deben ayudar a las pacientes a optimizar su peso antes de quedar embarazadas", planteó la Dra. Jill Rabin, de Northwell Health en New Hyde Park, Nueva York.

"Si se cuida antes de quedar embarazada, tendrá un bebé más sano", afirmó Rabin, codirectora de atención ambulatoria en los programas de salud de las mujeres de Northwell.

5 alimentos básicos para prevenir enfermedades cardiovasculares

Tomado de: www.consumer.es

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades cardiovasculares son hoy día la principal causa de mortalidad en el mundo. Las enfermedades cardiovasculares son un grupo de enfermedades que afectan al corazón y los vasos sanguíneos. Se incluyen entre ellas la cardiopatía coronaria (afecta a los vasos sanguíneos que irrigan el músculo cardíaco), las enfermedades cerebrovasculares (perjudican a los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro) y otras, como las cardiopatías congénitas, las trombosis venosas profundas y las embolias pulmonares. El estilo de vida y la alimentación son factores fundamentales para prevenir las enfermedades cardiovasculares. Pero, ¿cómo hacerlo? Estos son los cinco alimentos básicos para mejorar la dieta.

Los infartos de miocardio (ataque al corazón) y los accidentes vasculares cerebrales (AVC) son fenómenos agudos que ocurren por la interrupción del riego sanguíneo al corazón o al cerebro. La causa más frecuente es la obstrucción de estos vasos sanguíneos debido a la formación de depósitos de grasa. Entre los factores de riesgo más importantes se encuentran la obesidad, la hipertensión, la diabetes y la dislipemia, así como el tabaquismo, la inactividad física y los malos hábitos dietéticos. Los siguientes cinco alimentos ayudan a prevenirlos.

1. Fruta y verdura

Todas las sociedades científicas relacionadas con la nutrición coinciden en la necesidad de aumentar la ingesta de fruta y verdura en las sociedades occidentales. Las recomendaciones actuales indican que se deberían consumir cinco raciones al día de estos alimentos (dos raciones de verdura y tres de fruta, por ejemplo). Frutas y verduras son alimentos ricos en fibra, vitaminas, minerales y múltiples fitoquímicos con escaso valor calórico y poco contenido en grasa.

¿Toma cinco raciones al día? Si no es así, intente incorporar alguna verdura u hortaliza en su comida y cena y, al menos, una fruta de postre en cada comida. Recuerde que no tiene por qué ser en forma de verdura hervida o de primer plato. Puede introducir un acompañamiento de ensalada o verdura salteada, algún puré o crema o alguna verdura en el plato de pasta, legumbres o arroz.

2. Pescado azul

Los pescados azules son alimentos predominantemente proteicos. Por lo general, poseen una mezcla de grasa saturada, monoinsaturada y poliinsaturada, aunque cabe destacar su contenido en grasa poliinsaturada de tipo omega 3 (EPA y DHA, entre otros). Al parecer, este tipo de grasa ayuda a reducir los triglicéridos en sangre, de manera que su ingesta se relaciona con una disminución de eventos cardiovasculares. Por esto, hoy en día se recomienda un consumo de tres veces por semana de pescado azul.

¿Es este tu consumo? Si no es así, seleccione al menos dos días a la semana para organizarse y comer anchoa fresca, atún, bonito, boquerón, caballa, salmón o sardinas.

3. Frutos secos

En la actualidad hay suficiente evidencia para poder afirmar que el consumo de frutos secos produce una reducción de los niveles de colesterol total y una disminución del riesgo de enfermedades cardiovasculares e hipertensión. Los responsables de este efecto son su bajo contenido en grasa saturada y, por otra parte, su elevado contenido en grasa mono y poliinsaturada, además de su contenido en fibra dietética, vitaminas, minerales y otros compuestos fitoquímicos.

Almendras, avellanas, nueces y nueces de macadamia son los frutos secos más utilizados en estudios de intervención. Las recomendaciones actuales indican que deberían tomarse entre tres y siete veces por semana, con preferencia de un consumo diario de estos alimentos para reducir el riesgo cardiovascular. ¿Es este su consumo? Si no es así, piense para merendar o tomar a media mañana frutos secos al menos tres días a la semana o escoja frutos secos de postre alguna vez a la semana.

4. Cereales integrales

La ingesta actual de cereales refinados es excesiva. Por ello, todas las guías internacionales promueven hoy día el consumo de cereales integrales como el trigo y sus derivados integrales (pan, pasta y otros derivados), avena, maíz, centeno, quinoa o arroz integral.

¿Tomma con frecuencia pan, pasta o arroz blanco? Intente escoger sus homólogos integrales; pruebe empezando por incorporar el pan integral en su día a día y utilizando la pasta y el arroz integral. Introduzca en su dieta variedad de cereales como la quinoa, la avena o el mijo.

5. Aceite de oliva

Investigaciones recientes sobre la dieta mediterránea, tales como el estudio PREDIMED, han seguido poniendo de manifiesto la importancia del aceite de oliva dentro de este patrón dietético y la reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares asociadas a su consumo. Así pues, el aceite de oliva virgen es hoy en día la grasa de elección para prevenir estas enfermedades y se recomienda su uso tanto para aliñar como para cocinar.

¿Utiliza aceite de oliva? Si no es así, cambie este hábito incorporando el aceite de oliva en su alimentación como aliño habitual o en sus cocciones.

Más actividad física y menos tabaco

No hay que menospreciar, dentro de un estilo de vida saludable, el efecto que la actividad física y el hábito tabáquico tienen sobre la prevención cardiovascular.

Abandonar el consumo de tabaco debería ser una de las primeras consideraciones, si se quiere llevar un estilo de vida más saludable. Conviene consultar al médico sobre los programas que existen para dejar de fumar.

La inactividad física es otra de las grandes epidemias que nos acechan, según la OMS. La institución recomienda que los adultos de entre 18 a 64 años dediquen como mínimo 150 minutos semanales a la práctica de actividad física aeróbica de intensidad moderada o 75 minutos de actividad física aeróbica vigorosa a la semana.