15 de junio de 2018

Perder peso es más que restar calorías

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Vemos por todo lado tantos productos "light" o cero calorías, que no es de extrañar que terminemos pensando que entre menos calorías comamos es mejor si queremos perder peso. Me pasa en la consulta que a veces me dicen: "pero hasta estoy comiendo menos de lo que usted me mandó y no bajé". O también me han dicho: "pero yo como super poquito, no ceno ni como nada entre comidas, y en el desayuno y el almuerzo son muy poquitas las cantidades".

Lo cierto es, que si bien se necesita una reducción en el consumo de calorías, no es reducirlo hasta más no poder. A pesar de restringir las calorías, debemos procurar que el cuerpo reciba cierta cantidad de energía para poder efectuar sus funciones correctamente.

Pensemos por ejemplo en un carro: si se queda sin gasolina se apaga y listo. Nuestro cuerpo no puede hacer lo mismo, así que si le damos poca energía (tiene poca gasolina disponible) tiene que evitar a toda costa gastar, para poder sobrevivir con lo que se le está dando. O sea, como se dice popularmente, hacemos que el metabolismo "se ponga lento", y más bien no vamos a favorecer una pérdida de peso (y mucho menos vamos a favorecer una pérdida de grasa, si acaso será de agua y músculo).

Así que debemos tener como punto número 1, que el "hacer dieta" nunca debe ser sinónimo de pasar hambre y dejar de comer. Lo que debemos hacer es aprender a elegir mejor las comidas, quizás cambiar las proporciones en que comemos los distintos grupos de alimentos, seguir las porciones indicadas en el plan de alimentación, y no hacer cambios en el mismo solo porque creemos que es mejor. Debemos confiar en el conocimiento del profesional que nos atiende.

Otro punto que debemos tener en cuenta, es que el cambio en la dieta por sí solo no basta. Podemos iniciar con solo el cambio en la alimentación, pero llegará un punto en que el ejercicio se haga necesario (de por sí por salud debería serlo). 

Como les dije antes, no podemos reducir tantísimo las calorías. Y recordemos que nuestro cuerpo perdiendo peso o no, siempre necesita nutrirse, así que tampoco es que podemos llevar la situación hasta comer una cantidad mínima de alimento. Así que si no se puede reducir más el consumo de calorías, debemos aumentar el gasto, y eso lo haríamos a traves del ejercicio (además de los efectos positivos del ejercicio sobre el metabolismo).

Y el punto número 3 que debemos considerar, y probablemente el más importante, es que perder peso no es un asunto independiente y sin relación con la salud. No es algo que podemos hacer de la manera que sea, y no va a tener consecuencias. 

Así que dejemos de lado la idea de comer lo menos posible, de que comer no es compatible con perder peso, de que hay que pasar hambre para ver los resultados. Busquemos la asesoría adecuada, evitemos poner en riesgo nuestra salud (o caer en un ciclo de subir y bajar de peso, que a largo plazo tampoco es favorable). Y pensemos en un cambio de estilo de vida y no en algo que hay que hacer por unos días nada más.

Estos son los 10 mejores alimentos para nuestro corazón

Tomado de: as.com

En el acelerado mundo de hoy en día donde la conveniencia de la comida rápida supera a la cocina casera saludable (que requiere más tiempo y mano de obra), la batalla es proteger nuestro corazón para evitar en un futuro las enfermedades crónicas. Las elecciones que hagas pueden afectar drásticamente la salud de tu corazón, la energía y el control del apetito. Mantén tu corazón en plena forma con alimentos sabrosos, saludables y convenientes para toda la familia: estos son que mejor nos van ayudar.

Sandía: satisface tus ansias de comer con una buena rebanada, deliciosa, baja en calorías, con alto contenido de fibra y una gran fuente de antioxidantes. Ahora que se acerca el verano, será uno de los alimentos de moda. La sandía también suministra citrulina, que puede mejorar la salud de nuestros vasos sanguíneos e incluso puede tener beneficios para las personas con disfunción eréctil y diabetes. Asimismo, es una fuente de vitaminas C y A, así como de potasio y magnesio.

Yogur: El yogur protege contra la enfermedad de las encías (gingivitis), lo que puede aumentar el riesgo de enfermedad cardíaca. Además, cuenta con poderosos antioxidantes, vitaminas, fibra y probióticos que son beneficiosos para la salud, digestión y bienestar en general. Además, podemos añadirle trozos de fruta o miel para hacerlo más saludable todavía.

Tomates:
Los tomates contienen una dosis muy sólida de vitamina C saludable para el corazón y, al igual que la sandía, es rico en licopeno, esencial para el corazón según la Universidad de Harvard. Una de las claves, para evitar el procesamiento de los tomates si queremos hacer gazpacho o salsas, es prepararlos directamente nosotros, recién comprados de la frutería.

Aguacates: Los aguacates están llenos de grasas monoinsaturadas saludables y son una fuente de potasio, un mineral también conocido por controlar la presión arterial. Si existe un superalimento, es éste. También son una gran fuente de vitamina C, fibra y carotenoides. Estos últimos se han asociado con un menor riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular.

Frutas del bosque: Repletas de antioxidantes, son una excelente opción para mantener tu corazón saludable. Aumentan el colesterol bueno (HDL) y reducen el colesterol malo mientras disminuyen la presión arterial. Además, los frutos secos son bajos en calorías y no tienen grasa, contienen nutrientes que promueven el crecimiento óseo y la conversión de grasa en energía. Por si no es suficiente, contienen polifenoles, que han demostrado aumentar los niveles de óxido nítrico, una molécula que hace que los vasos sanguíneos se relajen.

Nueces: las nueces mejoran las funciones del corazón gracias a las grasas omega 3 y antioxidantes saludables que poseen. Se ha demostrado que comer unos 30 gramos al día mejora la función de los vasos sanguíneos entre las personas con diabetes y también protege a las personas con enfermedades cardíacas o que corren riesgo de padecerlas.

Quinoa: una fantástica fuente de proteína vegetal, por eso cada vez está más de moda. Es mejor para la salud del corazón, la salud del riñón y la presión arterial que la proteína de la carne roja, desde luego. Además, contiene casi el doble de fibra que otros granos, está repleta de antioxidantes y es una buena fuente de grasas monoinsaturadas saludables para el corazón, el mismo tipo de grasa que se encuentra en el aceite de oliva y los aguacates.

Salmón: los estudios demuestran que consumir pescado regularmente cada semana se asocia con un riesgo 30 por ciento menor de desarrollar enfermedad coronaria a largo plazo, quizá por eso los japoneses vivan más. Los omega 3 que poseen los pescados azules también disminuyen la presión arterial y pueden ayudar a prevenir los ritmos cardíacos irregulares, al tiempo que reducen la inflamación en todo el cuerpo.

Guisantes: cocina los guisantes en un plato de pasta o una ensalada, o úsalos solo como un acompañamiento. Los guisantes están cargados de fibra y proporcionan una dulce explosión de sabor y añaden colores brillantes a cualquier plato. También pueden ayudar con el control de peso, un ingrediente clave para mantener un corazón saludable. Una taza de guisantes tiene menos de 100 calorías con una gran cantidad de micronutrientes, fibra y proteínas.

Avena: los granos integrales mantendrán tu corazón saludable y te ayudarán además a mantener un peso ideal, lo que significa una acción saludable para el corazón, necesaria considerando que la obesidad es un factor de riesgo para la enfermedad cardíaca y las complicaciones relacionadas con el corazón.

Fumar y diabetes, vinculados a calcificaciones cerebrales

Tomado de: www.larazon.es

Las personas que fuman o tienen diabetes pueden estar en mayor riesgo de calcificaciones en una región del cerebro crucial para la memoria, según un nuevo estudio cuyas conclusiones se detallan en un artículo publicado en la edición digital de la revista ‘Radiology’.
La demencia es un importante problema de salud pública que afecta a decenas de millones de personas en todo el mundo y uno de los focos de investigación de la demencia ha sido el hipocampo, una estructura cerebral importante para el almacenamiento de recuerdos tanto a corto como a largo plazo. La enfermedad de Alzheimer, el tipo más común de demencia, está asociada con la atrofia del hipocampo.

Los investigadores han planteado la hipótesis de que las acumulaciones anormales de calcio o calcificaciones en el hipocampo pueden estar relacionadas con problemas vasculares que podrían contribuir a la atrofia del hipocampo y el posterior deterioro cognitivo. Sin embargo, la investigación publicada sobre la asociación entre la calcificación del hipocampo y el deterioro cognitivo es limitada. «Sabemos que las calcificaciones en el hipocampo son comunes, especialmente al aumentar la edad», dice la autora principal del estudio, Esther J.M. de Brouwer, geriatra en el Centro Médico de la Universidad de Utrecht, Países Bajos. «Sin embargo, no sabíamos si las calcificaciones en el hipocampo se relacionaban con la función cognitiva», añade.

Los avances en las imágenes han proporcionado oportunidades para explorar el papel de las calcificaciones del hipocampo en la demencia. El desarrollo de tomografías computarizadas cerebrales multiplanar ha permitido distinguir mejor entre las calcificaciones del hipocampo y las calcificaciones en las estructuras cerebrales cercanas, como el plexo coroideo. «Una tomografía computarizada multiplanar permite ver el hipocampo en diferentes planos anatómicos, por ejemplo, de arriba a abajo, de derecha a izquierda y de adelante hacia atrás --dice Brouwer--. Antes de las exploraciones de TC multiplanar, las calcificaciones del hipocampo a menudo se confundían con las calcificaciones del plexo coroideo. Por lo tanto, con las exploraciones de TC multiplanar, las calcificaciones del hipocampo se distinguen mejor de las calcificaciones en otras áreas».

El doctor Brouwer y sus colegas estudiaron la asociación entre los factores de riesgo vascular como la presión arterial alta, la diabetes y el tabaquismo, y las calcificaciones del hipocampo. El equipo también evaluó los efectos de las calcificaciones en la función cognitiva.

El grupo de estudio incluyó a 1.991 pacientes, con una edad promedio de 78 años, que habían visitado una clínica de memoria en un hospital holandés entre 2009 y 2015. Se había realizado a los pacientes un estudio de diagnóstico estándar que incluía pruebas cognitivas y tomografías computarizadas cerebrales. Los investigadores analizaron las tomografías computarizadas para determinar la presencia y la gravedad de las calcificaciones del hipocampo.

De los 1.991 pacientes, 380, o el 19,1 por ciento, presentaban calcificaciones del hipocampo. La edad avanzada, la diabetes y el tabaquismo se vincularon con mayor riesgo de calcificaciones del hipocampo en las tomografías computarizadas. Aunque el estudio no fue diseñado para determinar de manera concluyente si el tabaquismo y la diabetes aumentan el riesgo de calcificaciones del hipocampo, los resultados sugieren fuertemente un vínculo. «Creemos que fumar y la diabetes son factores de riesgo --apunta Brouwer--. En un estudio histopatológico reciente, se descubrió que las calcificaciones del hipocampo eran una manifestación de la enfermedad vascular. Se sabe bien que fumar y la diabetes son factores de riesgo de enfermedad cardiovascular. Por lo tanto, es probable que fumar y la diabetes sean factores de riesgo de calcificaciones del hipocampo».

No hubo un vínculo entre la presencia y la gravedad de las calcificaciones del hipocampo y la función cognitiva; un hallazgo sorprendente --según Brouwer-- con varias explicaciones posibles. «El hipocampo se compone de diferentes capas, y es posible que las calcificaciones no dañen la estructura del hipocampo que es importante para el almacenamiento de la memoria --afirma--. Otra explicación podría ser la selección de los participantes de nuestro estudio, todos provenientes de una clínica de memoria».

Los pediatras recomiendan 60 minutos diarios de actividad física a niños y jóvenes, preferiblemente en familia

Tomado de: www.abc.es

La Asociación Española de Pediatría (AEP) asegura que para que los niños y jóvenes obtengan el máximo beneficio en términos de salud, deben hacer, como mínimo, 60 minutos de actividad física intensa al día y, preferiblemente, en familia. De esta forma, los pediatras resaltan que es necesario «prescribir» la práctica de ejercicio regular, ya que «mejora la calidad de vida y previene la aparición de enfermedades no solo en niños y adolescentes sanos, sino también como parte del tratamiento en niños con enfermedades como la fibrosis quística o el cáncer».

Tal y como explica el doctor Gerardo Rodríguez, coordinador del Comité de Promoción de la Salud de la AEP y experto en actividad física, la práctica de deporte en familia «refuerza los hábitos del menor». Por eso, «los padres deben dar ejemplo, planificando actividades en familia en las que ellos mismos participen», ha señalado.

Según recuerda la AEP, citando datos de la Encuesta de Salud de España, publicada por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, el 12 por ciento de los niños de entre 5 y 14 años no realizan ninguna actividad física, existiendo una gran diferencia entre los varones (8 por ciento) y las mujeres (16 por ciento).

«El sedentarismo es un grave problema de salud en niños y jóvenes, equiparable al provocado por otros factores como la hipertensión, hipercolesterolemia y tabaquismo. Sin embargo, socialmente no se le otorga la misma relevancia. Si ponemos tratamiento a un niño con hipertensión, ¿por qué no prescribir ejercicio a uno sedentario?», ha planteado la doctora Gloria Bueno Lozano, presidente de la Sociedad de Pediatría de Aragón, La Rioja y Soria (SPARS) y del 66 Congreso Nacional de Pediatría.

Y es que, como insisten los pediatras, «si la inactividad es causa de enfermedad, la actividad física es la cura». Por ello, piden la incorporación de ejercicio físico en la rutina diaria, que "ha demostrado mejorar la condición física del niño, su salud ósea y cardiovascular, disminuir el riesgo de obesidad, y aumentar el rendimiento escolar y el estado anímico».

Además, recuerdan que también reduce el riesgo de enfermar por cualquier causa en edades más avanzadas. «La osteoporosis es una de las patologías mas frecuentes entre los mayores que se empieza a gestar durante la edad pediátrica», ha puesto como ejemplo el doctor Rodríguez.

En contra de falsas creencias, el especialista ha afirmado que en pacientes con asma, «tal y como ha quedado demostrado», la práctica de actividad física disminuye la presencia de la enfermedad y la gravedad de las crisis. «Los niños con asma, que suponen ya más de un 10 por ciento en España, no solo puede y deben hacer actividad física, sino también practicar deporte de competición sin que eso suponga un problema», ha instado Rodríguez.

En el caso de los niños sometidos a tratamientos frente al cáncer, el doctor recomienda también el ejercicio físico regular, porque «aumenta la capacidad para llevar a cabo las tareas de la vida diaria con mayor facilidad y eficacia». «Las últimas investigaciones indican que el ejercicio regular moderado puede mejorar la función inmune. A ello contribuyen diversos mecanismos, como el aumento del número y la funcionalidad de las células NK, el aumento del número de las células dendríticas, o los efectos anti-inflamatorios del ejercicio regular. Con el ejercicio, se consigue atenuar las consecuencias del tratamiento (sobre todo, de la quimioterapia), y mejorar el bienestar de los niños con cáncer», ha explicado este experto.

Otra población pediátrica en la que los pediatras consideran fundamental el ejercicio para su desarrollo integral es en el caso de los niños con discapacidad física o psíquica, «siempre adaptando la intervención a las circunstancias personales de cada uno». Así, recomiendan actividades acuáticas, ya que además de los beneficios de este entorno por la ingravidez o la temperatura, permite «adaptar fácilmente la actividad a las características de cada niño»

Cómo mínimo, 60 minutos al día

Con el objetivo de obtener el máximo beneficio en términos de salud para los niños y jóvenes sanos, los pediatras aconsejan hacer, como mínimo, 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa, pudiendo repartirse en dos o más sesiones, en su mayor parte aeróbica e intercalando actividades vigorosas para el fortalecimiento muscular y óseo tres veces por semana.

Un aspecto que destacan es entender la práctica de ejercicio físico como «un momento de diversión y de juego». «Por ello son preferibles las actividades en grupo, divertidas y al aire libre que consigan un refuerzo positivo, haciendo posible que se incorporen como 'hábito divertido y saludable' a las actividades cotidianas», detallan.

Por último, creen que lo mejor es hacer deporte en familia. «La familia debe reconocer que es un hábito importante para la salud, ser proactivo, dar ejemplo e incorporarlo como un hábito diario. Hay que darle la importancia que se merece, porque de ello depende la salud futura de la familia», ha concluido el doctor Rodríguez.

8 de junio de 2018

¡No esperemos a que sea tarde para cuidarnos!

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

En los útimos días tuve la oportunidad de ver algunos pacientes que me hicieron reflexionar sobre la poca importancia que le damos a la prevención, y a un estilo de vida saludable. Tal vez porque normalmente no pensamos que nos vamos a enfermar, o tal vez porque a ciertas edades uno todavía no toma conciencia de la importancia de la salud, y no la cuida como debe ser.

Por ejemplo, ver un joven de alrededor de 25 años, con obesidad, con dificultad para respirar por el mismo exceso de peso, y ya recibiendo tratamiento farmacológico para el colesterol y los triglicéridos. Además tiene problemas de presión alta y está empezando a presentar también problemas para controlar los niveles de azúcar en la sangre. ¡Con solo 25 años!

Igualmente, otros jovenes de edades similiares, que nunca se han realizado un examen de sangre para conocer sus niveles de azúcar, colesterol, triglicéridos, entre otros. Al conversar con ellos me cuentan que son sumamente sedentarios, que consumen con frecuencia mucha comida rápida, dulces, golosinas, snacks; y lo mínimo de frutas y vegetales. Que toman una gran cantidad de bebidas azucaradas, y básicamente el agua no la prueban. 

Y al realizarles evaluaciones de la composición corporal, presentan altos porcentajes de grasa corporal. Esto inclusive en algunos cuyo peso es adecuado o que se ven delgados a primera vista. Y en el caso de la edad metabólica, para muchos el resultado fue ¡del doble de su edad cronológica!

O sea que con base en su estilo de vida, estas personas están "sumando puntos" para una enfermedad crónica, como diabetes o hipertensión (si no es que ya la están empezando a padecer y no se han dado cuenta).

Porque ese es el problema con este tipo de padecimientos: muchas veces no se manifiestan con síntomas claros, sino que para cuando se detectan, puede ser tarde y ya estar en un estado avanzado; en el que los medicamentos se vuelven el tratamiento base, además de requerir un cambio en el estilo de vida. 

Creo que no me equivoco al decir que a ninguno de nosotros nos gustaría tener que pasar tomando medicamentos, en ningún momento de la vida, pero mucho menos a edades tempranas como los 20's. 

Y pensemos aún más allá de la diabetes o la hipertensión. Nuestro estilo de vida es fundamental también en la prevención del cáncer, por lo que todos estos malos hábitos que tienen estos jovenes los están poniendo en un gran riesgo.

No es tan difícil cuidarnos. Se puede moderar el consumo de comida chatarra y bebidas azucaradas, tomar un poco de agua, comer frutas y vegetales que tenemos disponibles todo el año, y movernos un poco. No hace falta el ejercicio a diario por horas, pero sí evitar el sedentarismo (no pasar horas sentado frente a una computadora o el televisor).Y por supuesto también es fundamental hacernos chequeos médicos para actuar a tiempo si es el caso.

Es un ligero esfuerzo ahora, pensando en bienestar y una mejor salud dentro de unos años. Con pequeños cambios vamos a notar la diferencia y nuestro cuerpo lo va a agradecer. ¡Hay que empezar hoy mismo a cuidarnos y no cuando ya es tarde!

Alimentos con triptófano: el secreto para dormir mejor

Tomado de: as.com

Frutas, verduras, pescado azul, legumbres, cereales, frutos secos, alga espirulina, huevos lácteos... te ayudarán a dormir mejor y aportarán al cuerpo nutrientes de manera natural.

A la hora de dormir a muchos les cuesta conciliar el sueño. Bien por preocupaciones, bien por estrés, bien por no saber desconectar… y en muchas ocasiones la alimentación juega una mala pasada, influye y no tenemos en cuenta cómo sacar el máximo partido a los nutrientes.

Para dormir bien es importante introducir en la dieta, especialmente por la noche para relajar el cuerpo y descansar mejor, alimentos con triptófano. Mucho mejor una cesta de la compra saludable que pastillas con química que no es necesaria.

Los alimentos que más triptófano tienen:

-Carne, sobre todo el pavo y el pollo.
Son alimentos ligeros que cocinados con un buen aceite de oliva virgen extra, y pocas salsas para mejorar la digestión, harán buenas digestiones y te ayudarán a descansar.

-El pescado azul, sobre todo el salmón y el atún, son alimentos muy ricos en triptófano que facilitan el descanso. Las grasas que aportan son saludables y al cuerpo le dotan de energía.

-Huevos, han vuelto a ser protagonistas por el aporte de energía y proteína saludable. Vuelven a estar presentes en todas las dietas, ya sea fritos, pero si quieres cenar más sano, sin aceite, puedes comerlos duros, una manera de obtener toda la proteína con menos grasa.

-Lácteos, un clásico que se olvida en muchas ocasiones. Un vaso de leche caliente a la hora de acostarnos, y dormirás mejor. La leche contiene altas dosis de triptófano de manera natural, por eso no necesitarás las pastillas extra que pueden dañar tu estómago.

-Fruta, como el plátano, bananas, piña, aguacate, ciruela, son los alimentos que más ayudan al cuerpo a descansar. Además de aportar al organismo fibra y potasio.

-Verduras, como berros, espinacas, remolacha, zanahoria, apio, alfalfa, brócoli, dátiles, verduras que ayudan a limpiar el estómago y que llegan cargadas de vitaminas y minerales. Ahora para el verano, salteadas, serán una cena perfecta para aligerar digestiones y arrastrar lo que el cuerpo no necesita.

-Frutos secos, como almendras, nueces, pistachos, anacardos… Aportan cantidades de magnesio, omega 3, son saludables aunque en cantidades pequeñas si estás a dieta por el aporte calórico. Ayudan a la digestión y cuidan del organismo de manera natural, protegiendo especialmente el cerebro.

-Chocolate negro, el más puro que encuentres, relaja el cuerpo y éste entra en un estado de felicidad que le ayuda a descansar mejor.

-Cereales, aumentan la secreción de insulina que favorece la transformación de triptófano en serotonina. Favorecen el descanso y si son integrales ayudan también a la digestión.

-Semillas, un clásico para añadir a ensaladas, yogures, sésamo, calabaza, girasol…

-Legumbres, como garbanzos, lentejas, habas, soja… además aportan vitaminas del grupo B (1, 3, 6, 9) y magnesio. ¿Quién no se duerme después de comer una fabada?

-Alga espirulina, mejora el sistema nervioso, relaja. Su aporte de nutrientes, especialmente hierro la hace muy completa para nuestro organismo.

Por qué el deporte ayuda más que el reposo a vencer al cáncer

Tomado de: www.elmundo.es

Se ha demostrado que realizar actividad física durante la terapia mejora algunas poblaciones celulares
Fortalece el organismo para tolerar mejor los tratamientos y atacar al cáncer
El ejercicio consigue reducir algunos de los síntomas comunes de las terapias oncológicas, como la fatiga
En Chicago se acaba de presentar un estudio que relaciona el deporte con menor riesgo de muerte en los supervivientes adultos de cáncer infantil

Tras el último ciclo de quimio, a Juan Francisco (17 años) le flaquearon las fuerzas. Dos meses encamado en el hospital donde estaba ingresado. Sólo se levantaba para ir al aseo. "Me iba cayendo, las piernas no respondían", recuerda. Acostumbrado a recorrer kilómetros y kilómetros en bicicleta, los escasos metros que separaban la cama del aseo suponían un desafío mucho mayor que cualquiera de las competiciones en las que había participado.

Hasta ese momento, las sesiones de quimioterapia sí le habían permitido seguir dando pedales en la misma habitación del hospital. Sorprendentemente, cuando el adolescente le preguntó a su médico si podía ingresar acompañado de su bici, la respuesta fue contundente. No sólo le daba permiso, sino que, como receta, le prescribía mantenerse activo para una mejor recuperación y, efectivamente, a pesar de los dos meses que estuvo sin poder alejarse de la cama, comprobó que sus dosis de actividad física antes, durante y después le dieron algunos puntos de ventaja.

"Durante mucho tiempo se ha aconsejado reposar y apenas moverse para paliar la fatiga, un síntoma muy prevalente en el cáncer y, sin embargo, es todo lo contrario", explica Alejandro Lucía, médico e investigador en Fisiología del Ejercicio por la Universidad Europea de Madrid. "Hacer ejercicio durante el tratamiento ayuda a tolerarlo mejor".

Según este experto, considerado una eminencia en el estudio sobre el deporte y el cáncer infantil, "la quimio, la cirugía y la radio afectan al conjunto de órganos esenciales para movernos: al corazón, que bombea la sangre oxigenada; al pulmón, que la oxigena y a los músculos, que pierden fuerza". El resultado: fatiga y debilidad muscular, dos síntomas propios del tratamiento oncológico que lejos de desaparecer con descanso, se perpetúan en el tiempo y, de hecho, en ocasiones pueden persistir años.

Al contrario que el reposo, el ejercicio sí tiene los principios activos necesarios para contrarrestar esta condición física debilitada y así lo han ido demostrando todos y cada uno de los estudios que van engrosando la literatura científica en esta materia en los últimos 25 años. La población infantil no es una excepción. Tras un programa de entrenamiento físico (basado en ejercicios de fuerza y aeróbicos) instalado en el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid y dirigido a pequeños con leucemia durante el tratamiento (como el caso de Juan Francisco), Alejandro Lucia y su equipo multidisciplinar comprobaron "un significativo aumento de fuerza muscular y mejor condición física; la respuesta del corazón y los pulmones era superior". 

Resultados que esperan replicar también en otro tipo de tumores, en los que se prevé seguir estudiando en profundidad la relación entre el deporte, la progresión del tumor (marcadores biológicos) y la respuesta inmune. Para ello cuentan con una beca de 63.000 euros de Unoentrecienmil. La idea, insiste Alejandro Lucia, Premio Nacional de Investigación en Medicina del Deporte 2016, "es dar más fuerza a la necesidad de incorporar el ejercicio físico como terapia coadyuvante en el tratamiento integral del cáncer infantil. Es decir, llevar esta herramienta a más hospitales".

De momento, sólo el Hospital Niño Jesús cuenta con este servicio y Juan Francisco ha podido aprovecharlo. Salvo la última sesión de quimio, el resto pudo compaginarlas con rutina deportiva en el gimnasio y con su bicicleta. Como él mismo relata, "lo que yo he pasado y mi curación ha sido de libro... Ya me decían que hacer ejercicio venía muy bien para que la quimio no atacara tanto al cuerpo". Hace apenas seis meses le realizaron el trasplante de médula ósea que necesitaba y, en vista del ritmo con el que ha retomado su entrenamiento, tiene previsto retomar las competiciones de ciclismo este mes. 

Un sistema inmune mejor preparado

Todo suma. El entrenamiento físico se convierte en un aliado para paliar los efectos secundarios de los tratamientos oncológicos (fatiga, pérdida de fuerza muscular), mejora el estado de ánimo y la motivación, ayuda a mitigar el insomnio, la ansiedad y el miedo, a recuperar un peso saludable, potencia el funcionamiento cardiaco y pulmonar y también tiene un efecto positivo en el sistema inmune. 

Hacer ejercicio en la fase de tratamiento quimioterápico "no sólo no perjudicaba como se creía, sino que algunas poblaciones celulares mejoraban", argumenta Carmen Fuiza, experta en Biomedicina que forma parte del equipo de investigación de la Universidad Europea de Madrid. Por ejemplo, "hemos visto que las células Natural Killer (NK), encargadas de destruir las cancerígenas, aumentan en número y actividad en los pacientes sometidos al programa de gimnasia, tenían mejor capacidad citotóxica, es decir, su sistema inmune está mejor preparado para enfrentarse y atacar al tumor". Por lo tanto, "el deporte suma beneficios a la acción del fármaco". Además, disminuye los efectos nocivos de la neutropenia, el bajo nivel de neutrófilos, un tipo de glóbulos blancos, cuya carencia puede acarrear infecciones graves.

En palabras de Irene Cantarero, fisioterapeuta e investigadora del grupo Cuídate de la Universidad de Granada, "el ejercicio controlado reduce sustancias relacionadas con el ambiente inflamatorio, disminuye el daño producido por el estrés oxidativo y también hay estudios que apuntan su repercusión en la expresión génica". En colaboración con el Hospital Virgen de las Nieves de Granada, "estamos estudiando, por ejemplo, cómo repercute el ejercicio aeróbico en las metástasis óseas o si puede prevenir la toxicidad que produce el tratamiento a nivel coronario y muscular".

El efectos del ejercicio, más allá del tratamiento

Los efectos del ejercicio no se ciñen al tratamiento, sino que se extienden al antes y al después de un cáncer. Se ha visto que esta herramienta "previene varios tipos de tumores, especialmente el de mama y el colorrectal, y también reduce el riesgo de recaída", relata Miguel Martín, presidente del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (Geicam). 

Un estudio que se acaba de presentar en la reunión anual de la Asociación Americana de Oncología Clínica (ASCO, por sus siglas en inglés) que se celebra estos días en Chicago señala que el ejercicio regular reduce significativamente el riesgo de muerte en los supervivientes adultos de cáncer infantil (el trabajo incluye una muestra de 15.450 personas), cuyo riesgo es elevado por los efectos tardíos del tratamiento del cáncer. Por ejemplo, se sabe que estos pacientes son más proclives a enfermedades cardiovasculares y a obesidad. En este sentido, la falta de ejercicio físico tiene mucho que decir. "Conocer los problemas futuros ayuda a mejorar los tratamientos presentes", apunta Fuiza, quien apuesta por continuar investigando. 

En la misma línea se encuentra el presidente de Geicam, quien mantiene en marcha un estudio para comprobar antes de operar si la proliferación del tumor de mama se reduce con el ejercicio. El problema, subraya Martín, es que "nadie quiere esponsorizar este tipo de trabajos, salvo las pocas fundaciones que hay. Las farmacéuticas pierden interés cuando no hay una molécula por medio que genere dinero y, por otro lado, nuestro país invierte muy poco en investigación clínica y académica y además tampoco hay una legislación que facilite el acceso a becas públicas a organizaciones sin ánimo de lucro como nosotros y tampoco existe una ley de mecenazgo como en los países anglosajones".

Evitar la comida chatarra apura la llegada de la cigüeña

Tomado de: www.nacion.com

Comer frutas, verduras, y menos grasas, mejora las probabilidades de embarazo. Es lo que concluye un nuevo estudio publicado en la revista Human Reproduction, que destaca la importancia de comer sano en aquellas parejas que deseen tener hijos en el corto plazo.

La investigación estudió durante un mes la dieta de más de cinco mil mujeres que buscaban ser madres y descubrió que aquellas que comían fruta de manera habitual tardaron casi dos semanas menos en lograr un embarazo que las que se alimentaban mal (consumir comida chatarra cuatro o más veces a la semana y escasa fruta).

Jessica Grieger, investigadora de la Universidad de Adelaida y quien lideró el estudio, explica a El Mercurio que la comida rápida contiene altos niveles de grasas saturadas, sodio y azúcar, componentes que tienen un efecto tóxico en los ovarios y alteran la calidad de los ovocitos, lo que finalmente retrasa la fecundación.

"En cambio, las frutas y los vegetales tienen antioxidantes y fotoquímicos que pueden beneficiar la fertilidad", destaca Grieger.

Un nuevo estilo de vida

La mejor forma de prepararse para ser padres es llevar un estilo de vida saludable. Así lo indica Néstor Lagos, ginecólogo experto en nutrición y metabolismo de la Clínica Alemana.

Y la dieta es solo uno de los factores para lograrlo."El consejo es que coman en forma ordenada y a su hora, y que gasten suficiente energía a través de la actividad física; tiene que ser algo más allá de la alimentación", explica Lagos.

La recomendación es igual de importante para ellos, porque las moléculas tóxicas de la comida rápida también deterioran la calidad de los espermios.

"Aunque son diferencias modestas, en hombres también hay estudios que muestran una mejor calidad seminal y fertilidad en quienes llevan una dieta sana", cuenta el doctor Reinaldo González, especialista de medicina reproductiva de la Clínica Monteblanco.

"Se recomienda a las parejas que mantengan una dieta equilibrada, que hagan deporte, que no fumen. En resumen, que modifiquen sus hábitos de vida", finaliza el especialista.

La investigación de la Universidad de Adelaida analizó la alimentación de 5.598 mujeres durante un período de tiempo. Entre las que consumieron menor cantidad de fruta, el riesgo de infertilidad aumentó de un 8% a un 12%, y entre las que optaron por comida chatarra cuatro o más veces a la semana, el riesgo de infertilidad pasó de un 8% a un 16%.

1 de junio de 2018

Amemos nuestro cuerpo

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

En estos días leí esto (desconozco quién lo escribió): "Solo recibimos un cuerpo, puede que lo ames o lo odies, pero será tuyo para el resto de tu vida. Es tu vehículo, mientras estés aquí, vivirás en él".  Y a este tema quiero dedicar esta publicación.

Es cierto, nuestro cuerpo es el único lugar que tenemos para vivir. Y así como pensamos en tener una casa bonita y bien cuidada, de la misma manera deberíamos prestar atención a los cuidados que le damos al cuerpo, no solo externamente sino también desde el interior.

Cuidar nuestro cuerpo y quererlo no significa llegar a vernos como modelos de revista. Cuidar nuestro cuerpo es mantenerlo saludable: con una buena alimentación, hidratándonos bien, haciendo ejercicio, controlando el estrés. Querer nuestro cuerpo es, además de cuidarlo, aceptarlo. Sí, con sus imperfecciones, con esa llantita que tal vez no nos gusta mucho, o con esa celulitis que cuesta tanto quitar. 

Pero más allá del exterior, querer nuestro cuerpo también es decir: esta llantita que no me gusta, aunque la acepto, me puede llevar a largo plazo a tener problemas de salud. Ese exceso de grasa puede llegar a tener efectos en mi salud, y por eso voy a cambiarlo.

Lo importante es entender que aceptar no es lo mismo que conformarse. No se trata de pensar: estoy "gordo", así me acepto y así me quedo entonces. Sino pensar: ¿puedo hacer algo por cambiar y sentirme aún mejor? Algo así como, por ejemplo, cuando vemos una película y al final decimos que nos gustó pero...hubiera sido mejor el final de otra forma, o hubiera sido mejor con otro actor.

Como decía la frase del inicio, podemos odiar el cuerpo que tenemos (o el cuerpo que hemos construido con nuestro estilo de vida), pero ¿qué ganamos odiándolo? Sentirnos mal, tener inclusive dificultades para socializar, limitarnos en muchas actividades.... Podemos llegar a privarnos de disfrutar al máximo nuestro estilo de vida. 

No lo odiemos, aceptémoslo pero sin resignarnos o conformarnos (con una crítica positiva por decirlo de alguna manera, sin recriminarnos ni hacernos sentir mal nosotros mismos). Y demostremos ese amor por nuestro cuerpo cuidándolo, haciendo todo lo posible para evitar que enferme, y haciendo todo lo posible para sentirnos bien.

Descubrieron por qué se forma la "pancita" (y las claves para combatirla)

Tomado de: www.clarin.com

La "pancita", esa que forma la grasa acumulada en el abdomen, tiene una explicación científica. Según datos de una nueva investigación europea, es culpa de la interrelación entre las bacterias intestinales (microbiota), la dieta adoptada y las moléculas liberadas por las propias bacterias en respuesta al alimento digerido.

Estos datos abren un nuevo campo médico para combatir los tan molestos "rollitos". El estudio, publicado en "Nature Genetics", podría llevar en un plazo de no más de 10 años al desarrollo de dietas personalizadas que, teniendo en cuenta la composición de la flora bacteriana de cada uno, favorezcan una actividad intestinal que contraste con la acumulación de grasa en el abdomen.

Realizado en el King's College, de Londres, el trabajo está firmado por Cristina Menni, quien explicó a la agencia ANSA: "Nuestra investigación -que por primera vez analizó sustancias químicas producidas por bacterias en el intestino, las llamadas metabolitos, mensurables en muestras fecales de pacientes- permitió identificar cuáles de estas moléculas se asocian a una acumulación de grasa en la panza".

La experta identificó la combinación de moléculas producidas por las bacterias intestinales de 500 parejas de gemelos construyendo así un banco de datos enorme de todas estas sustancias. Y de su estudio, empezaron a surgir datos clave.

"Hemos visto que los compuestos químicos producidos por las bacterias intestinales regulan la acumulación de grasa abdominal", aclara la experta.

"Además hemos descubierto que las actividades de nuestros microbios intestinales son sólo mínimamente controladas por factores hereditarios. Un 80 por ciento depende de factores modificables, generalmente por la dieta", agrega.

Ello significa que modulando la dieta (por ejemplo mediante un mayor consuma de fibra y probióticos) de un individuo en función de la composición de su microbiota, se podrá reducir la acumulación de grasa abdominal.

También la prescripción de eventuales integradores (como por ejemplo, Omega 3) será personalizado en base al microbiota porque sólo algunas bacterias pueden aprovechar un integrador particular.

El profesor Tim Spector, cabeza del grupo de investigación del King College, dijo: 'Este trabajo muestra la importancia para nuestra salud y el peso de los miles de productos químicos que producen los microbios del intestino en respuesta a la alimentación. Saber que están controlados en gran medida por lo que comemos en lugar de por nuestros genes es una gran noticia, y abre muchas formas de utilizar los alimentos como medicina." En declaraciones publicadas por el sitio Science Daily, agregó: "En el futuro, estos productos químicos podrían incluso usarse en inodoros inteligentes o como papel higiénico inteligente ".

El doctor Jonas Zierer, primer autor del estudio, explicó que estos hallazgos representan que es posible "alterar el entorno intestinal y enfrentar el desafío de la obesidad desde un nuevo ángulo que está relacionado con factores modificables como la dieta y los microbios en el intestino. Esto es emocionante, porque a diferencia de nuestros genes y nuestro riesgo innato de desarrollar grasa alrededor del estómago, los microbios intestinales se pueden modificar con probióticos, con medicamentos o con dietas altas en fibra ".

El campo de estudio que abre esta investigación es mucho más amplio. Los datos recogidos en el biobanco de datos permitirán a otros investigadores comprender los mecanismos con los cuales las bacterias intestinales influyen en nuestra salud, por ejemplo, el riesgo de diabetes, enfermedades cardiovasculares, y también la obesidad.