3 de diciembre de 2016

El ejercicio aeróbico podría ayudar a proteger contra la demencia

Tomado de: medlineplus.gov

El ejercicio aeróbico podría fortalecer la memoria y las habilidades de pensamiento en las personas mayores con un deterioro cognitivo leve (DCL), según un estudio pequeño.

Las personas con un deterioro cognitivo leve tienen un riesgo más alto de sufrir Alzheimer.

El estudio contó con 16 personas, con una edad promedio de 63 años, que hicieron ejercicios aeróbicos, como la cinta caminadora, la bicicleta estática o el entrenamiento en elíptica. Hicieron ejercicio 4 veces por semana durante 6 meses. También hubo un grupo de control de 19 personas, con una edad promedio de 67 años, que hicieron ejercicios de estiramientos 4 veces a la semana durante 6 meses, pero no hicieron actividad aeróbica.

Todos los participantes tenían un deterioro cognitivo leve. Después de 6 meses, los escáneres cerebrales revelaron que los del grupo del ejercicio aeróbico experimentaron un aumento del volumen cerebral mayor que los del grupo de estiramientos, dijeron los investigadores.

Los del grupo del ejercicio también mostraron una mejora significativa en el pensamiento y la memoria después de 6 meses, pero los del grupo de estiramientos no, según los investigadores.

El estudio fue presentado el miércoles en la reunión anual de la Sociedad Radiológica de América del Norte (Radiological Society of North America, RSNA) en Chicago. Las investigaciones presentadas en reuniones médicas se consideran preliminares si no se han publicado en una revista revisada por profesionales.

"Incluso durante un periodo corto, vimos que el ejercicio aeróbico lleva a un cambio notable en el cerebro", dijo la investigadora principal, Laura Baker, en un comunicado de prensa de la RSNA. Baker es profesora asociada de gerontología y medicina geriátrica en la Facultad de Medicina de la Universidad de Wake Forest en Winston Salem, Carolina del Norte.

"Cualquier tipo de ejercicio puede ser beneficioso. Si es posible, la actividad aeróbica podría crear unos beneficios potenciales para un funcionamiento cognitivo mayor", dijo el coautor del estudio, Jeongchul Kim, también investigador en la Universidad de Wake Forest.

Las etiquetas de calorías para la comida rápida no están funcionando, encuentra un estudio

Tomado de: medlineplus.gov

¿Ayuda saber que una hamburguesa con queso tiene 740 calorías? Probablemente no, según un nuevo estudio.

A partir del próximo mayo, las cadenas de comida rápida con más de 20 restaurantes en Estados Unidos deben mostrar los conteos de calorías en el menú. Pero este estudio cuestiona si las regulaciones, a pesar de sus buenas intenciones, realmente conseguirán que los clientes tomen alimentos que engorden menos.

La investigación de Filadelfia, donde esas normas ya existen, indica que apenas un 8 por ciento de los consumidores de comida rápida eligen opciones saludables basándose en los conteos de calorías de los menús, encontró el estudio.

"Creo que las etiquetas de los menús son un esfuerzo de política importante para combatir un problema de salud pública para el cual tenemos pocas soluciones", señaló el autor del estudio, Andrew Breck.

"Pero el éxito de esa campaña de conteo de calorías requiere que los consumidores a la que se dirige simultáneamente vean las etiquetas de calorías, estén motivados para comer de forma saludable, y comprendan cuántas calorías deberían comer", comentó Breck, candidato doctoral de la Facultad de Postgrados en Servicios Públicos Wagner de la NYU, en la ciudad de Nueva York.

Simplemente presentar la información sobre las calorías no es suficiente, enfatizaron Breck y sus colaboradores.

Para ser efectivas, las etiquetas nutricionales deben ser más claras y más grandes. También deben llegar a los consumidores regulares de comida rápida: las personas que expresaron más preocupación sobre el costo y la comodidad que sobre la nutrición, encontraron Breck y sus colaboradores.

La tendencia a poner etiquetas nutricionales en los menús de comida rápida comenzó en respuesta a la epidemia de obesidad de EE. UU. Más o menos un 38 por ciento de los adultos y un 17 por ciento de los adolecentes son obesos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. La obesidad se ha vinculado con un mayor riesgo de hipertensión, accidente cerebrovascular, diabetes, cáncer y otros problemas de salud.

En 2010 Filadelfia obligó a los restaurantes de comida rápida a publicar el contenido de calorías, grasa y sodio de las comidas. La ciudad de Nueva York y Seattle ya tenían normas similares.

Pero según entrevistas con 1,400 personas en Filadelfia, el equipo de Breck concluyó que se necesitan mejoras significativas en las etiquetas para que esas leyes tengan un impacto.

Los investigadores analizaron respuestas de unos 700 clientes en 15 restaurantes de comida rápida en Filadelfia, y entrevistaron a 700 personas más por teléfono.

Casi dos tercios de los encuestados en los restaurantes y un tercio de los encuestados por teléfono no se percataron de la presencia de las etiquetas nutricionales, encontraron los investigadores.

Para aumentar la visibilidad del contenido de calorías, los autores del estudio recomendaron aumentar el tamaño de la letra o el contraste del color de la información sobre las calorías en los menús de las mesas y los menús de las paredes.

Hacer que esas cifras destaquen más podría también tener otro efecto, sugirieron los investigadores.

"Esperamos que una publicación altamente visible del contenido de calorías en los menús pueda también hacer que algunos restaurantes añadan nuevas opciones más saludables al menú", dijo Breck.

Pero primero los clientes deben saber cuál debería ser su ingesta calórica recomendada, y muchos no lo saben, encontró el estudio.

Menos de la mitad de los encuestados en los restaurantes estimaron de forma correcta la cantidad de calorías que deberían consumir a diario, dijo Breck.

Para poner el contenido calórico en perspectiva, Breck dijo que le gustaría ver declaraciones como la siguiente en los menús de las paredes de los restaurantes de comida rápida: "Se utilizan 2,000 calorías al día como un consejo general de nutrición, pero la necesidad de calorías varía".

"Unas etiquetas parecidas a semáforos o a señales de 'pare' que indiquen qué tan saludables son los alimentos son otro ejemplo de una política que ha resultado exitosa en el laboratorio para mejorar las opciones de los consumidores", comentó Breck. Pero aún no se sabe si eso funcionaría en el mundo real.

Por último, dijo Breck, unas etiquetas nutricionales exitosas deben ofrecer información que difiera de las expectativas de los consumidores respecto a la cantidad de calorías que contienen los alimentos.

Connie Diekman, directora de nutrición universitaria en la Universidad de Washington, en St. Louis, dijo que las etiquetas de calorías son solo un principio respecto a la mejora de las conductas de alimentación del país.

"La concienciación es el primer paso en el proceso de cambio, de forma que si los consumidores comienzan a ver las cifras, un cambio es posible con el tiempo", dijo Diekman.

La motivación también es esencial, aseguró, "y lograrlo requiere de tiempo, educación, el deseo de cambiar y un ambiente que respalde las conductas modificadas".

Diekman dijo que como sociedad "nos falta mucho para ofrecer un ambiente que fomente y respalde una alimentación saludable".

El estudio aparece en una edición reciente en línea de la revista Journal of Public Policy & Marketing.

Vivir sano reduciría riesgos genéticos a males del corazón

Tomado de: www.nacion.com

La vida saludable puede reducir el riesgo de un mal cardíaco, incluso si los genes están en contra.

Un estudio del Hospital General de Massachusetts, (EE. UU.), publicado en la revista New England Journal of Medicine , halló que la gente con el mayor riesgo heredado redujo a la mitad sus probabilidades de padecer problemas del corazón si no fumó, se alimentó bien, hizo ejercicio y se mantuvo delgada.

Lo opuesto también es verdad: se puede echar a la basura el beneficio de buenos genes si no se tienen hábitos sanos.

“El ADN no es destino, uno tiene el control. Mucha gente asume que si su padre tuvo un ataque cardíaco, uno está destinado a un problema, pero no”, dijo el líder del estudio, Sekar Kathiresan.

Desde hace años, se sabe que los genes y el estilo de vida afectan el riesgo cardíaco, pero se desconoce cuánta influencia tiene cada uno y cuánto puede un factor contrarrestar al otro.

El reporte recopiló datos de 55.000 personas en el mundo.

A ellas se les buscó 50 genes asociados con riesgos cardíacos y se les colocó en cinco grupos con base en cuántos de ellos tuvieron. También se clasificaron en grupos, según estilo de vida: no ser obeso, hacer ejercicio al menos una vez por semana, llevar una dieta sana y no fumar. El grupo “saludable” tenía al menos tres de estos factores, el grupo “no saludable”, uno o ninguno.

Los resultados: la gente con más riesgo genético tenía el doble de probabilidades de desarrollar males cardíacos que las personas con menor riesgo genético. El grupo no saludable también tenía el doble de riesgo cardíaco al compararlo con el saludable.

Pero sí hubo diferencia cuando se combinaron todos los factores de genes y estilo de vida.

“Si uno tiene un estilo de vida desfavorable y un alto riesgo genético, el riesgo de un ataque cardíaco en los próximos 10 años es de un 10%, pero con hábitos sanos es de un 5%.

”Si la genética le ha repartido barajas malas, ¿pueden superarse?, la respuesta es sí”, añadió Kathiresan.

26 de noviembre de 2016

¿Cuánto tiene que comer mi hijo?

Por AITOR SÁNCHEZ GARCÍA / Tomado de: www.consumer.es

¿Cuánto tiene que comer un niño? "¿No será mejor que coma cualquier cosa, aunque sea un dulce, a que no coma?" "¿Es malo que insista en consumir el mismo alimento día tras día?" Estas preguntas son habituales entre los padres y cuidadores de niños pequeños, que se preocupan por su alimentación e intentan hacer las cosas lo mejor posible. Como se ve a continuación, a menudo la respuesta es más simple de lo que parece: poned a su alcance alimentos saludables y dejad que coma según su gusto personal y su apetito.

Mi niño no me come

'Mi niño no me come' es el título de un conocido libro de alimentación escrito por el pediatra Carlos González. Junto con 'Se me hace bola', del dietista-nutricionista Julio Basulto, se trata de una lectura más que recomendable para entender mejor la relación de los pequeños con la comida.

En un entorno como el nuestro, con disponibilidad de alimentos, es poco probable que un niño pase hambre. Tenemos esa gran suerte. Si un bebé o niño pequeño tiene hambre, lo hará saber, bien pidiendo comida, pecho, o bien llorando si todavía no habla.

Si un niño sano y activo no desea comer, o no quiere acabarse el plato, lo más sensato es respetarlo y ofrecerle más comida cuando tenga hambre de nuevo. Muchas veces la "inapetencia" de los pequeños no es más que la diferencia entre lo que necesitan comer y las expectativas de los adultos que los rodean sobre lo que "deberían" comer, tal y como indica la guía de 'Recomendaciones para la alimentación en la primera infancia', editada por el Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña, que se puede descargar aquí.

Si, por el contrario, el niño está apático, cansado y abatido, y además se niega a comer, la solución nunca pasará por obligarle a realizar la ingesta, sino por solucionar lo que lo mantiene en ese estado. ¿Está incubando un resfriado? ¿Tiene algo de anemia? ¿Le duele algo o se encuentra mal?

El apetito de los niños: variable e impredecible

El apetito de los pequeños es, en palabras de la Academia Americana de Pediatría, "fluctuante e impredecible", ya que se adapta a su crecimiento, además de a su actividad. El crecimiento de los pequeños no es lineal ni sostenido, sino que experimenta variaciones de una semana a otra y eso se refleja en el hambre que el menor tenga. Entonces, ¿cuánto tiene que comer un niño sano? Tanto hasta saciar su hambre.

Mientras tome aún leche materna o, en su defecto, leche de fórmula, la alimentación complementaria puede significar una parte muy pequeña de su aporte nutricional e ingerir muy poca cantidad de alimentos distintos a la leche. Eso no supone ningún problema: el momento en el que cada niño muestra interés por la comida y esta va desplazando a la lactancia puede ser distinto y ser normal en un abanico muy amplio de casos. Existen bebés de nueve meses que apenas prueban o juguetean un poco con la comida sólida, mientras otros son capaces de hacer casi todas las ingestas. Ambos casos son normales y se corresponden con niños saludables. Cada bebé tiene su ritmo y su propio desarrollo.

Lo mejor que se puede hacer es ofrecerles opciones saludables y dejar que elijan y coman según su apetito. Si se le da a un niño siempre galletas en el desayuno, se le estará creando un hábito poco saludable y es probable que rechace en el futuro alimentos menos dulces y palatables. Si, en cambio, se le ofrecen desayunos a base de alimentos saludables (fruta, pan integral, yogur natural, leche, frutos secos, huevos, avena...), se le puede dejar elegir. Tanto si prefiere desayunar un yogur natural con plátano, como una tostada con tomate, como un huevo cocido y unas uvas, estará haciendo una elección saludable.

Creando un entorno saludable

Cuando los alimentos superfluos, los dulces, los precocinados, los refrescos, los bollos, las salsas industriales o las chucherías en casa nunca han sido una opción, lo que queda es saludable, por lo que se le puede dejar escoger qué y cuánto quiere comer sin temor a que elija mal. No pasa nada por comer con mucha frecuencia o muchos días seguidos un alimento saludable. Mientras es habitual que los niños consuman a diario yogures con 14 g de azúcar, cacaos solubles azucarados o embutidos, nos parece un problema que coman gazpacho cada día en verano porque les gusta o nos preocupamos si alguna familia alimenta a su hijo a diario con lentejas. Si recapacitamos, veremos que no tiene sentido.

Por último, no se debe olvidar que uno de los factores más importantes que influyen en la preferencia de los niños por unos u otros alimentos es el ejemplo que reciben. El estilo de vida de los padres es un factor decisivo en el desarrollo de su propio patrón de alimentación.

Opte por la comida saludable esta temporada de fiestas

Tomado de: medlineplus.gov

Incluso las mejores intenciones de optar por la comida saludable durante el periodo festivo pueden venirse abajo, advierte la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association).

Comer una dieta que consista en fruta, verdura, proteína magra y granos saludables es uno de los modos más importantes de reducir el riesgo de enfermedad cardiaca y accidente cerebrovascular, apunta la asociación.

Afortunadamente, hay modos de evitar los momentos de debilidad al comer o al salir a alguna reunión, dijo Rachel Johnson, profesora de nutrición en la Universidad de Vermont y ex presidenta del comité de nutrición de la asociación.

Cuando coma en un restaurante, el primer paso es mirar al menú negándose a ver ciertas cosas.

"Ni siquiera se permita mirar en la sección [no saludable] del menú", aconsejó Johnson en un comunicado de prensa de la asociación. Es mucho más fácil pedir una ensalada cuando las opciones del menú llenas de grasa y calorías están descartadas, añadió.

En casa, también es importante anticipar las ansias de comer alimentos no saludables. Muchas personas comen refrigerios no saludables cuando se relajan después de cenar, dijo Johnson. En lugar de ceder a esas ansias, dé un paseo o llame a un amigo por teléfono, sugirió.

También es una buena idea planear por adelantado y adelantarse a las tentaciones con la comida. Para aumentar las probabilidades de tomar decisiones saludables, Johnson ofrece los siguientes consejos:
  • Almacene los alimentos no saludables fuera de la vista. Ponga esos alimentos en un armario o en un contenedor que no sea trasparente. Deje un bol con fruta en la encimera en lugar de un frasco con galletas.
  • Compre porciones más pequeñas o que estén envasadas de forma individual. En lugar de comprar medio galón (casi dos litros) de helado, compre helados con pocas calorías y envasados individualmente.
  • Límpiese los dientes inmediatamente después de comer. Tener un aliento fresco con olor a menta hará que sea menos tentador que coma algún capricho.
  • Compre chicles sin azúcar. El dulzor de mascar chicle puede calmar las ansias de comer alimentos con azúcar o con más calorías.
  • No se exceda. Si cede a la tentación, hágalo con moderación. Tome una porción pequeña y comparta el resto con alguien, o guárdelo.

Las 'dietas yo-yo' no son buenas para el corazón de las mujeres mayores, según un estudio

Tomado de: medlineplus.gov

Pero al menos una experta en nutrición dice que es demasiado pronto para sacar conclusiones

Millones de estadounidenses tienen dificultades de por vida con el tamaño de su cintura, y hacen dieta, pierden peso y luego vuelven a recuperarlo de nuevo.

Es un patrón conocido como "dieta yo-yo", y un nuevo estudio sugiere que no es beneficioso para el corazón de las mujeres mayores.

"Las mujeres con un [peso] normal que siguen una dieta yo-yo a lo largo de su vida adulta tienen un riesgo más alto de muerte súbita cardiaca y de muerte por enfermedad cardiaca coronaria", comentó el líder del estudio, el Dr. Somwail Rasla.

El riesgo de muerte súbita cardiaca fue casi 3.5 veces mayor, y el riesgo de muerte vinculado con la enfermedad cardiaca coronaria fue un 66 por ciento más alto, según Rasla, residente de medicina interna en el Hospital Conmemorativo de Rhode Island, en Pawtucket.

Los expertos saben desde hace tiempo que tener sobrepeso en la mediana edad está vinculado con un riesgo más alto de muerte por enfermedad cardiaca. Puede aumentar también las probabilidades de muerte súbita cardiaca, una afección en la que el sistema eléctrico del corazón deja de funcionar de forma abrupta.

Pero se sabe menos sobre el modo en que aumentar y perder de peso de forma repetida podría afectar al riesgo de muerte por enfermedad cardiaca de una persona.

Para realizar el nuevo estudio, el equipo de Rasla examinó los historiales autorreportados sobre el peso de más de 158,000 mujeres mayores postmenopáusicas. Los investigadores pusieron a las mujeres en 4 categorías: peso estable, aumento de peso constante, pérdida de peso mantenida o patrón de "dieta yo-yo".

El peso estable se definió como aumentar o perder no más de 10 libras (4.5 kg) a lo largo de la vida adulta, dijo Rasla.

Luego se hizo un seguimiento de la salud de las mujeres durante más de 11 años.

A lo largo del periodo de seguimiento, un poco más de 2,500 mujeres fallecieron de enfermedad cardiaca coronaria y 83 fallecieron de muerte cardiaca súbita, una afección mucho más rara, mostró el estudio.

Las mujeres que empezaron el estudio con un peso saludable (y luego ganaron y perdieron peso de forma repetida a lo largo de los años) tenían el riesgo más alto de mortalidad por enfermedad cardiaca coronaria o muerte cardiaca súbita, encontraron los investigadores.

Mantener un peso estable parecía ser clave. Por ejemplo, el estudio no encontró ningún aumento en el riesgo de mortalidad para las mujeres que dijeron que aumentaron de peso y no lo perdieron, o para las que perdieron peso y no lo recuperaron de nuevo.

Es preciso señalar que el estudio solamente encontró una asociación entre la dieta yo-yo y los problemas cardiacos, y no una conexión causal.

Pero ¿por qué un historial de "subida y bajada" de peso sería potencialmente peligroso para el corazón? Rasla comentó que ahora mismo no puede explicar los hallazgos y que se necesita más investigación.

Además, el estudio contó solamente con mujeres, de modo que no pudo especular sobre cómo podría afectar ese ciclo de cambio de peso al riesgo de enfermedad cardiaca de los hombres.

Por ahora, dijo Rasla, el mensaje parece ser que "mantener un peso corporal estable es lo mejor para la salud general".

Pero una dietista que revisó los nuevos hallazgos animó a que se fuera cauto a la hora de interpretar el estudio.

Connie Diekman, directora de nutrición universitaria en la Universidad de Washington en St. Louis, comentó que se necesitan más investigaciones para determinar si la conexión entre la muerte súbita cardiaca y la enfermedad arterial coronaria con la dieta yo-yo está, de hecho, relacionada con otras variables no identificadas en el estudio.

"El valor que este estudio proporciona es el recordatorio importante de que un 'ciclo de cambio de peso' (perder peso, ganarlo, perderlo, ganarlo) no es un buen modo de alcanzar un peso saludable", dijo Diekman.

Para las personas que deseen tener un peso saludable, ella aconseja centrarse en los cambios generales en el estilo de vida, no en las dietas drásticas u otras curas rápidas.

La clave es "saber encontrar el equilibrio entre lo que come con la actividad que realice de tal modo que pueda mantenerlo de por vida", dijo Diekman.

Rasla presentó los hallazgos el martes en la reunión anual de la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association), en Nueva Orleáns. Loes estudios presentados en reuniones médicas se consideran preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.

19 de noviembre de 2016

Más de la mitad de escolares y colegiales ticos están descontentos con su cuerpo

Tomado de: www.nacion.com

Más de la mitad de los escolares y colegiales costarricenses están en riesgo de sufrir trastornos alimentarios graves como la anorexia –dietas estrictas, ayunos y bajadas de peso drásticas– y la bulimia –atracones de comida para luego vomitarse o purgarse–.

Estas son las conclusiones de una investigación realizada por el Instituto Costarricense de Enseñanza e Investigación en Salud (Inciensa), la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad Estatal a Distancia (UNED) con 2.626 estudiantes de 64 centros educativos del país.

El informe revela que el 57,7% de los escolares y colegiales está en descontento con su imagen corporal. Aún más: casi cuatro de cada diez (35,9%) de los entrevistados con peso normal y el 24,9% de alumnos con un bajo peso confesaron  sentirse "gordos", aunque sus familiares y amigos les digan lo contrario.

A esto se le debe añadir que el 37,2% dijo contar las calorías que come, el 31% evita comer "harinas" (carbohidratos), un 14,2% siente culpabilidad al comer y al 10,9% le gusta sentir el estómago vacío.

Las cifras se tornan más preocupantes para los investigadores: el 21,6% admitió tomar pastillas o tomar tés para adelgazar, 7,7% se provoca el vómito y 11% tiene ganas de vomitar después de comer.

"Estas conductas no indican que ya existe un trastorno alimentario en sí, pero sí son factores de riesgo que exponen a los niños y jóvenes y hay que ponerles mucha atención", comentó a La Nación la trabajadora social Flory Virginia Alfaro, una de las investigadoras.

Alfaro agregó que les inquieta el hecho de que este panorama se vio por igual en mujeres y hombres de todas las edades y sin importar el grupo socieconómico al que pertenecen.

"En los grupos focales que hicimos algunas chicas sí nos decían que se sentían con mucha presión dentro de sus compañeros para estar delgadas y bonitas", aseveró la especialista.

Para las investigadoras, esto puede producir graves daños a la salud. Por ejemplo, la anorexia tiene consecuencias a más largo plazo, pero pueden ser mortales. El cuerpo humano está capacitado para almacenar energía y utilizarla en períodos en que no se coma, por lo que la anorexia puede demorar hasta 20 años en matar a una persona. Sin embargo, cuando ya el mal se vuelve crónico, los órganos responden de manera lenta, luego bajan la circulación y la frecuencia cardíaca.

Por su parte, la bulimia puede alterar de otras formas. El organismo está diseñado para vomitar solo en casos esporádicos, como defensa cuando un alimento cae mal o hay un virus o bacteria. Si se vomita en exceso, hay pérdida de líquidos y de jugo gástrico.

La presencia de jugo gástrico en garganta y boca, a su vez, causa problemas en esófago y pérdida de dientes. La acidez del cuerpo se desequilibra y se disminuye el potasio, esto inhibe la función de todos los músculos, incluyendo el corazón, que puede dejar de latir.

¿Qué hacer?

Alfaro indicó que la mejor forma para saber si una persona está en riesgo de sufrir un trastorno de alimentación es fijarse si ese niño o adolescente come al menos una vez al día en familia.

"El compartir al menos una comida es clave para saber si los jóvenes están comiendo menos, prefieren no comer, dicen que hay un alimento que no van a volver a comer del todo, comentan que están preocupados por su cuerpo o muestran otro tipo de señales que deben conversarse. Es un trabajo de todos: papás, mamás, abuelos, tíos y hermanos pueden detectar estas señales", subrayó Alfaro.

Si se detecta alguna conducta de riesgo, se puede acudir con un médico, nutricionista o psicólogo. En el caso de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), los Ebáis refieren los casos a centros médicos (por lo general clínicas y hospitales) en los que hay un equipo interdisciplinario (médico, nutricionista, psicólogo, trabajador social y enfermero).

"El apoyo de la familia para detectar y tratar estos casos es vital. Acompañar a los niños en su crecimiento es muy importante", concluyó Alfaro.

¿Cómo se hizo el estudio?

Estas cifras son los resultados preliminares de un proyecto de investigación mucho más grande llamado La educación como promotora de la salud integral en la niñez y la adolescencia en y desde los centros educativos costarricenses, que explora la promoción de la salud desde diferentes ópticas como la alimentación, la actividad física, y la educación, entre otros.

El estudio no va en una sola línea, por lo que cinco diferentes profesionales ven los distintos aspectos: dos nutricionistas, una educadora, una microbióloga y una trabajadora social.

Como se mencionó al principio, las pesquisas tomaron en cuenta a 2.626 estudiantes de 64 centros educativos (40 escuelas y 24 colegios) de todo el país. Se incluyeron instituciones públicas, privadas y subvencionadas de zonas rurales y urbanas de las siete provincias.

Las investigadoras realizaron un cuestionario en donde se les preguntó a los niños y adolescentes por su actitud ante la comida, las costumbres a la hora de comer en casa –y fuera de esta– y cómo se sentían con su imagen corporal. En los niños de primer y segundo grado las científicas realizaban las preguntas; de tercer grado en adelante los jóvenes llenaban un cuestionario.

También se realizaron grupos focales con las diferentes poblaciones (según región, sexo y edad) para tener resultados más cualitativos.

El alcohol podría fomentar el riesgo de cáncer de próstata

Tomado de: medlineplus.gov

Beber podría aumentar el riesgo de cáncer de próstata, y mientras más beben los hombres mayor es su riesgo, sugiere un nuevo análisis de 27 estudios.

Científicos canadienses y australianos encontraron una asociación significativa entre el alcohol y el riesgo de cáncer de próstata, aunque no probaron que beber hiciera que el riesgo de cáncer de próstata aumente.

Incluso unos niveles bajos de consumo de alcohol (hasta dos bebidas al día) se asociaron con un aumento del 8 al 23 por ciento en el riesgo de cáncer de próstata en comparación con no beber, dijeron los investigadores.

"Este nuevo estudio contribuye a las evidencias cada vez más firmes de que el consumo de alcohol es un factor de riesgo del cáncer de próstata. La contribución del alcohol al cáncer de próstata deberá incluirse en estimados futuros de la carga global de la enfermedad", planteó el coautor del estudio, Tim Stockwell, en un comunicado de prensa de la Universidad de Victoria. Stockwell es director del Centro de Investigación sobre las Adicciones de BC de la universidad, en Canadá.

Tanya Chikritzhs, coautora del estudio, dirige el Equipo de Investigación sobre las Políticas del Alcohol en el Instituto Nacional de Investigación sobre las Drogas de Australia. "Estos hallazgos resaltan la necesidad de mejores métodos para la investigación sobre el alcohol y la salud", señaló. "Los estudios pasados y futuros que demuestran una protección de la enfermedad gracias a un consumo de alcohol de bajo nivel deben ser tratados con cuidado".

El cáncer de próstata es la quinta causa principal de muertes por cáncer en los hombres de todo el mundo.

El alcohol es un factor de riesgo conocido de cáncer de mama y de al menos siete tipos de cánceres del sistema digestivo, y también podría aumentar el riesgo de cánceres de la piel y del páncreas, advirtieron los investigadores.

El estudio aparece en la edición en línea del 15 de noviembre de la revista BMC Cancer.

5 alimentos básicos para prevenir enfermedades cardiovascular

Por ISABEL MEGÍAS / Tomado de: www.consumer.es

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades cardiovasculares son hoy día la principal causa de mortalidad en el mundo. Las enfermedades cardiovasculares son un grupo de enfermedades que afectan al corazón y los vasos sanguíneos. Se incluyen entre ellas la cardiopatía coronaria (afecta a los vasos sanguíneos que irrigan el músculo cardíaco), las enfermedades cerebrovasculares (perjudican a los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro) y otras, como las cardiopatías congénitas, las trombosis venosas profundas y las embolias pulmonares. El estilo de vida y la alimentación son factores fundamentales para prevenir las enfermedades cardiovasculares. Pero, ¿cómo hacerlo? Estos son los cinco alimentos básicos para mejorar la dieta.

Los infartos de miocardio (ataque al corazón) y los accidentes vasculares cerebrales (AVC) son fenómenos agudos que ocurren por la interrupción del riego sanguíneo al corazón o al cerebro. La causa más frecuente es la obstrucción de estos vasos sanguíneos debido a la formación de depósitos de grasa. Entre los factores de riesgo más importantes se encuentran la obesidad, la hipertensión, la diabetes y la dislipemia, así como el tabaquismo, la inactividad física y los malos hábitos dietéticos. Los siguientes cinco alimentos ayudan a prevenirlos.

1. Fruta y verdura

Todas las sociedades científicas relacionadas con la nutrición coinciden en la necesidad de aumentar la ingesta de fruta y verdura en las sociedades occidentales. Las recomendaciones actuales indican que se deberían consumir cinco raciones al día de estos alimentos (dos raciones de verdura y tres de fruta, por ejemplo). Frutas y verduras son alimentos ricos en fibra, vitaminas, minerales y múltiples fitoquímicos con escaso valor calórico y poco contenido en grasa.

¿Toma cinco raciones al día? Si no es así, intente incorporar alguna verdura u hortaliza en su comida y cena y, al menos, una fruta de postre en cada comida. Recuerde que no tiene por qué ser en forma de verdura hervida o de primer plato. Puede introducir un acompañamiento de ensalada o verdura salteada, algún puré o crema o alguna verdura en el plato de pasta, legumbres o arroz.

2. Pescado azul

Los pescados azules son alimentos predominantemente proteicos. Por lo general, poseen una mezcla de grasa saturada, monoinsaturada y poliinsaturada, aunque cabe destacar su contenido en grasa poliinsaturada de tipo omega 3 (EPA y DHA, entre otros). Al parecer, este tipo de grasa ayuda a reducir los triglicéridos en sangre, de manera que su ingesta se relaciona con una disminución de eventos cardiovasculares. Por esto, hoy en día se recomienda un consumo de tres veces por semana de pescado azul.

¿Es este tu consumo? Si no es así, seleccione al menos dos días a la semana para organizarse y comer anchoa fresca, atún, bonito, boquerón, caballa, salmón o sardinas.

3. Frutos secos

En la actualidad hay suficiente evidencia para poder afirmar que el consumo de frutos secos produce una reducción de los niveles de colesterol total y una disminución del riesgo de enfermedades cardiovasculares e hipertensión. Los responsables de este efecto son su bajo contenido en grasa saturada y, por otra parte, su elevado contenido en grasa mono y poliinsaturada, además de su contenido en fibra dietética, vitaminas, minerales y otros compuestos fitoquímicos.

Almendras, avellanas, nueces y nueces de macadamia son los frutos secos más utilizados en estudios de intervención. Las recomendaciones actuales indican que deberían tomarse entre tres y siete veces por semana, con preferencia de un consumo diario de estos alimentos para reducir el riesgo cardiovascular. ¿Es este su consumo? Si no es así, piense para merendar o tomar a media mañana frutos secos al menos tres días a la semana o escoja frutos secos de postre alguna vez a la semana.

4. Cereales integrales

La ingesta actual de cereales refinados es excesiva. Por ello, todas las guías internacionales promueven hoy día el consumo de cereales integrales como el trigo y sus derivados integrales (pan, pasta y otros derivados), avena, maíz, centeno, quinoa o arroz integral.

¿Tomma con frecuencia pan, pasta o arroz blanco? Intente escoger sus homólogos integrales; pruebe empezando por incorporar el pan integral en su día a día y utilizando la pasta y el arroz integral. Introduzca en su dieta variedad de cereales como la quinoa, la avena o el mijo.

5. Aceite de oliva

Investigaciones recientes sobre la dieta mediterránea, tales como el estudio PREDIMED, han seguido poniendo de manifiesto la importancia del aceite de oliva dentro de este patrón dietético y la reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares asociadas a su consumo. Así pues, el aceite de oliva virgen es hoy en día la grasa de elección para prevenir estas enfermedades y se recomienda su uso tanto para aliñar como para cocinar.

¿Utiliza aceite de oliva? Si no es así, cambie este hábito incorporando el aceite de oliva en su alimentación como aliño habitual o en sus cocciones.

Más actividad física y menos tabaco


No hay que menospreciar, dentro de un estilo de vida saludable, el efecto que la actividad física y el hábito tabáquico tienen sobre la prevención cardiovascular.

Abandonar el consumo de tabaco debería ser una de las primeras consideraciones, si se quiere llevar un estilo de vida más saludable. Conviene consultar al médico sobre los programas que existen para dejar de fumar.

La inactividad física es otra de las grandes epidemias que nos acechan, según la OMS. La institución recomienda que los adultos de entre 18 a 64 años dediquen como mínimo 150 minutos semanales a la práctica de actividad física aeróbica de intensidad moderada o 75 minutos de actividad física aeróbica vigorosa a la semana.

12 de noviembre de 2016

Una adecuada nutrición ayuda a tolerar mejor los tratamientos oncológicos

Tomado de: www.larazon.es

Alcanzar un buen estado de salud pasa, inevitablemente, por una buena alimentación. Sin embargo, existen situaciones en las que una adecuada nutrición se convierte en el complemento perfecto durante el tratamiento de multitud de enfermedades entre las que se encuentra el cáncer. «Si el paciente está bien nutrido la capacidad del organismo de metabolizar y aguantar los efectos de la quimioterapia y de los fármacos es mucho mayor», afirma el doctor Alfredo Carrato, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid y director científico del Instituto Ramón y Cajal de Investigación Sanitaria (Irycis). Por tanto, no es de extrañar que los objetivos nutricionales de este colectivo sean diferentes que para el resto de la población. Una afirmación que corrobora el doctor Miguel Angel Seguí, portavoz de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y oncólogo médico de la Corporació Sanitària Parc Taulì de Sabadell (Barcelona), quien explica que «lo que nos interesa es garantizar una nutrición correcta, variada, rica, cómoda y que nos ayude a tener reservas suficientes y un aporte energético adecuado para poder hacer el tratamiento de forma correcta».

Por ello, la presencia de un experto en nutrición «en los equipos multidisciplinares es muy importante, sobre todo en aquellos tumores que afectan a la cabeza y al cuello y que conllevan una desnutrición que se va produciendo poco a poco a consecuencia de la dificultad de tragar alimentos sólidos», advierte Carrato. Precisamente, la SEOM a través de su página web www.oncosaludable.es informa de que «tanto la evolución de algunos tumores (fundamentalmente aquellos que se originen en el área de cabeza y cuello, cáncer de esófago, de pulmón y de estómago), como los efectos colaterales de los tratamientos utilizados en el abordaje de su tumor (cirugía, radioterapia, quimioterapia, otros tratamientos neoplásicos) pueden empeorar la capacidad de un paciente para alimentarse. La prevalencia de malnutrición oscila entre el 15-40 por ciento en el momento del diagnóstico de cáncer y aumenta hasta un 80 por ciento en los casos de enfermedad avanzada».
 
Dificultades para tragar, falta de apetito, pérdida de gusto, diarreas, pérdida de peso o malnutrición son algunos de los problemas más habituales asociados con un proceso oncológico. Con el objetivo de facilitar el menú de estos pacientes, la Unidad de Cuidado y Consejo Oncológico (UCCO) del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela acaba de editar un libro con recetas y consejos de nutrición para ayudar a las personas con cáncer. «La alimentación es un factor clave que ayuda a las personas a incrementar su calidad de vida durante el tratamiento oncológico. Pueden darse situaciones en las que las personas pierdan el apetito, les cueste más ingerir alimentos o necesiten un mayor aporte calórico. Este recetario contempla todas esas situaciones a través de consejos específicos para cada problema», explica el doctor Pedro Salinas, jefe del Servicio de Oncología y la UCCO del centro madrileño, que ha validado las recetas desde el punto de vista médico.

Los purés y las cremas de verduras se presentan como la mejor alternativa para facilitar la deglución. Enriquecidos con carne o verdura, incrementan además su valor proteico y calórico, con lo que también contrarrestan la pérdida de apetito y ayudan a alimentarse bien con pocas cucharadas. En los casos más extremos «existen complementos ya preparados de alto contenido calórico y/o hiperproteico que nos pueden ayudar en los pacientes con un déficit importante. Si la vía oral está permeable y se puede utilizar, la realización de turmix con alto contenido en carne o pescado , todo ello muy pasado o el aporte de jugos de carne, por ejemplo, pueden ser de gran valor y así, de forma temporal, mitigar la falta de mayor ingesta», dice Salinas.

Entre los trucos para combatir la diarrea, el recetario propone el zumo de aloe vera y levadura de cerveza como un remedio natural astringente. Y, en muchos casos, se proponen condimentos específicos, como la sal rosa del Himalaya, para resaltar el sabor. «El hecho de comer correctamente ayuda a los pacientes a recuperar fuerzas, a afrontar mejor los tratamientos y a tener una mejor calidad de vida. Pero también es importante que la comida nos entre por los ojos. En este sentido, el recetario propone unos platos realmente apetitosos», añade Salinas.

De todo

Al contrario de lo que se pueda creer, la dieta de estos pacientes no tiene por qué esconder grandes misterios ni apostar por unos u otros alimentos. En este sentido, Carrato advierte de que «hay veces en las que los pacientes están obsesionados con que tienen que comer mucho para aguantar los tratamientos y no es cierto. Deben comer normal e, incluso, no pasa nada por dejar de comer y que sólo ingiera líquidos, por ejemplo, dos días en pleno proceso de la quimioterapia porque puede que no tenga hambre». Esta misma opinión la comparte Seguí, quien añade que «estamos en un momento de exceso y no nos preocupa un alimento en concreto, sino que la dieta general sea rica, variada, nutritiva y energética, por lo que no tiene sentido demonizar ningún producto en concreto». Precisamente, el impacto de la nutrición en el campo oncológico ha sido terreno abonado para los bulos y los productos falsamente milagrosos. «Cíclicamente aparece algún nuevo alimento milagroso, como las bayas de goyi o frutas tropicales como el noni, cuyas supuestas propiedades carecen de fundamento científico alguno», afirma Salinas.

¿Y la soja?

Sin embargo, el consumo de soja, sobre todo en mujeres con tumores ginecológicos, siempre ha estado rodeado de cierta polémica. Sobre este aspecto, Seguí explica que «hay que diferenciar entre la soja alimentaria como los brotes de soja y similares de lo que son los extractos de soja que se emplean en complementos alimenticios y en algunos alimentos como los lácteos. Tal y como vemos en las poblaciones del sudeste asiático, la ingesta de soja alimentaria en la niñez y adolescencia protege frente al cáncer de mama, pero la preocupación viene porque a nivel de laboratorio añadir extracto de soja a un cultivo celular de cáncer de mama favorece su crecimiento. Pero a nivel del uso de soja en la población general con pacientes con cáncer de mama no hay efecto beneficioso ni perjudicial, pero por precaución recomendamos no abusar, ya no tanto de la soja alimentaria, sino del extracto de soja».
 
Otro aspecto es la obesidad tanto desde el punto de vista de la prevención del cáncer como cuando se padece la enfermedad. «Si hay un exceso de grasa y una falta de masa magra conlleva a que cuando hacemos el cálculo de la dosis de tratamiento según la altura y el peso, en las personas obesas a veces se produce una mala dosificación y, según demuestran algunos estudios, se asocia con peor respuesta al tratamiento», concluye Seguí.

Claves para evitar la desnutrición

-Fraccionar la dieta: pueden realizarse desde seis hasta 10 comidas, porque es preferible hacer tomas de menor aporte para que el cuerpo vaya digiriendo los alimentos.
-Variar la dieta: tomar distintos tipos de verduras, por ejemplo, y modificar la forma de cocinarlas. Es importante evitar la monotonía.
-Cambiar la rutina de las comidas:
comer en distintos sitios de la casa (en la cocina, el salón...) e intentar proporcionar compañía al paciente, aunque es recomendable elegir ambientes tranquilos y relajados.
-Apostar por sus alimentos preferidos: procurar que el paciente coma a las horas de mayor apetito y sobre todo alimentos que sean de su agrado.
-Consumir más pescado que carne: y alternar pescados azules (bonito, salmón...) con los blancos (merluza, gallo...).
-Reforzar la ingesta de legumbres: son una fuente importante de fibra y se pueden comer cocidas, en ensaladas o combinadas con arroz, por ejemplo.
-Cinco frutas o verduras al día: hay que procurar que una de las verduras sea en forma de ensalada (cruda). Podemos optar por alimentos de temporada.
-Beber abundantes líquidos: especialmente agua –dos vasos- entre las comidas. Y para recuperar las sales minerales perdidas, es recomendable el consumo de sueros de rehidratación oral. Además, se pueden beber licuados, bebidas vegetales como zumos, cremas de verduras, yogur batido e infusiones.
-Evitar acudir en ayunas a los tratamientos: excepto en los casos que le indiquen lo contrario.

Pueden ver la imagen completa (infografía) en este enlace: http://www.larazon.es/documents/10165/0/video_content_5575833_20161024182046.pdf