2 de noviembre de 2008

El mito de las dietas “milagrosas”

Debido a que en la sociedad actual existe un preocupación constante por nuestro peso, no es extraño que prácticamente cada día escuchemos hablar de una nueva dieta:

¡Pierda 4 kilos en una semana con la dieta de la fruta!
¡La dieta del yogurt permite bajar entre 2 y 3 kilos en tres días!

La dieta de la cebolla, de la sopa, de la manzana, de la luna.... y seguramente usted ya pensó en otras más que ha escuchado o que ha puesto en práctica alguna vez. Pero, ¿sabe usted las implicaciones que tienen este tipo de dietas?

Cuando se restringe drásticamente el consumo de uno o más grupos de alimentos, se corre el riesgo de desarrollar deficiencias nutricionales, particularmente de vitaminas y minerales, que pueden tener repercusiones en su salud a corto o largo plazo.

Sumado a esto, la pérdida tan rápida de peso no es lo más adecuado para su organismo. Se recomienda disminuir aproximadamente medio kilo por semana para favorecer la pérdida de grasa sobre la pérdida de masa muscular y no alterar el metabolismo.

El metabolismo se refiere a todos los procesos que ocurren en el cuerpo para aprovechar los nutrientes de los alimentos. Estos procesos requieren un cierto consumo de energía por lo que implica un gasto de calorías. Si se come muy poco, el metabolismo se va haciendo más lento y por tanto “quema” menos calorías. De ahí que una de las principales recomendaciones cuando se desea bajar de peso es nada más y nada menos que.... COMER.

Otro problema con estas dietas “milagrosas” es que son difíciles de seguir, por lo que usualmente se abandonan en poco tiempo. Asimismo, generan expectativas poco realistas que pueden generar frustración y culpa, dificultando el manejo del problema del peso.

Además, en la mayoría de los casos (por no decir que en todos) en el momento que se abandona la dieta rápidamente gana el peso perdido, lo que se conoce como efecto de rebote. Esto se debe que al someter al cuerpo a un periodo de ayuno entra en estado de “alerta”, y en el momento en que vuelve a recibir los alimentos habituales tiende a almacenar los nutrientes en lugar de utilizarlos. Asimismo, la restricción a la que se sometió la persona por un determinado tiempo crea un efecto de “ansiedad” por comer lo que se había privado y además lo hace en forma desmedida.

Por todo lo anterior es que se recomienda seguir un plan de alimentación balanceado, que restrinja la cantidad de calorías pero no el consumo de alimentos.

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