18 de enero de 2009

¿Por qué ya no bajo más?

Cuando se inicia un programa de pérdida de peso, al comienzo es normal que la reducción de peso se dé rápidamente, pero conforme pasa el tiempo, este proceso se va haciendo más lento, hasta que se percibe la sensación de que “se estancó”. Esto es lo que se conoce como efecto meseta.

Para entender por qué se presenta este fenómeno es necesario comprender cuál es el principio por el cuál se gana o pierde peso (en ausencia de alguna enfermedad u otra situación particular).

Cuando consumimos los alimentos, obtenemos de ellos una cierta cantidad de energía. Si ésta es menor a las calorías que gastamos durante el día en nuestras actividades, se produce la pérdida de peso. Si lo que consumimos es más que lo que gastamos entonces se presenta la ganancia de peso. Cuando hay un equilibrio entre el consumo y el gasto de calorías, el peso se mantiene.

El gasto de energía depende de la edad, el peso, la estatura, de los alimentos que se consumen, y de la proporción de masa muscular y masa grasa.

Ahora bien, en situaciones de sobrepeso u obesidad, se desarrolla una cierta cantidad de músculo para dar soporte al exceso de tejido adiposo, no obstante, ante cualquier reducción en el peso, ya sea lenta o rápida, esta masa muscular se pierde, por lo que se reduce el gasto de energía.

Además, al pesar menos el requerimiento de energía también disminuye. Sumado a lo anterior, para digerir los alimentos que comemos se necesita gastar una cierta cantidad de energía, pero si se come menos, también este gasto disminuye.

Por estas razones, se comienza a alcanzar un punto de equilibrio y por eso se detiene la pérdida de peso. Pero entonces ¿qué se debe hacer? Es necesario, bajo la asesoría de un profesional en Nutrición, reajustar la ingesta de calorías así como la actividad física, para romper de nuevo ese equilibrio y reactivar la pérdida de peso.

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