10 de mayo de 2009

La deshidratación puede afectar a la memoria

El rendimiento mental disminuye significativamente cuando los niveles de deshidratación alcanzan el 2% del peso corporal, aunque empiezan a notarse a partir de pérdidas del 1%. Aún en situaciones de deshidratación leve, ciertas habilidades cognitivas como la atención y la memoria a corto plazo pueden verse afectadas inmediatamente. Estas capacidades mentales disminuyen cuanto mayor es la deshidratación.

La hidratación influye procesos fisiológicos básicos y también en la función cerebral. Tomar decisiones, estudiar, hacer un examen, leer un libro, redactar un informe, llevar la contabilidad, desarrollar un trabajo que requiere esfuerzo físico, decidir a qué compañero se le pasa el balón en un partido de baloncesto o recordar la lista de la compra cuando se tiene más de 70 años, son ejemplos de acciones que pueden verse afectadas por una falta de hidratación.

Está demostrado que una ingesta adecuada de líquidos está relacionada con el mantenimiento del rendimiento cognitivo, más aún en situaciones que requieren un esfuerzo mental intenso. El cuerpo humano está compuesto en un 70% de agua. Se puede sobrevivir semanas sin comer pero sólo 3 días sin beber. El agua, procedente de alimentos y bebidas, es un nutriente esencial.

La falta de una correcta hidratación repercute tanto en las capacidades físicas como en las mentales. Una leve falta de líquidos puede afectar a la capacidad de atención y a la memoria a corto plazo. En situaciones en las que se requiere un esfuerzo mental intenso, como por ejemplo en épocas de examen, realización de trabajos intelectuales u otras actividades que exigen un determinado nivel de concentración, el rendimiento intelectual y por lo tanto, la productividad, se pueden ver comprometidos si el nivel de hidratación no es el adecuado.

Diversos estudios han demostrado que las funciones más afectadas por la deshidratación son la memoria a corto y largo plazo. Conforme avanza el tiempo y el nivel de deshidratación, se detecta un mayor descenso de las habilidades psicomotoras. La pérdida del equilibrio hídrico también guarda relación con un incremento de la fatiga, cansancio, disminución del rendimiento, dificultad visual, pérdida de memoria a corto y largo plazo, disminución de la atención, pérdida de habilidad aritmética e incremento del tiempo de respuesta ante estímulos visuales, entre otras cosas.

Además, la ausencia de una correcta hidratación afecta a la coordinación motora, el tiempo de reacción y la discriminación perceptiva.

Situaciones de riesgo

Las múltiples consecuencias para la salud que puede producir un estado de deshidratación hacen que constituya un problema de salud pública que supone importantes costes para los sistemas sanitarios de todo el mundo. Entre otras cosas, en el área laboral la deshidratación afecta al rendimiento, la productividad y la concentración del trabajador, lo que puede conducir a accidentes laborales. En el caso de las personas mayores puede verse reducida la velocidad de procesamiento y rendimiento de memoria.

Recomendaciones para estar bien hidratado en situaciones que requieren un esfuerzo mental intenso:

-Beber de dos a tres litros al día incluyendo además de agua, infusiones, refrescos, zumos, lácteos, caldos, etc.
-Tener a mano una botella de la bebida favorita que facilite beber regularmente.
-Buscar una postura correcta y un lugar con luz y ventilación adecuadas, descansando periódicamente para evitar el agotamiento.
-En trabajos que además requieran esfuerzo físico a altas temperaturas, beber 250 ml cada 20 minutos para prevenir accidentes laborales.
-Prestar atención a las personas mayores ya que les cuesta beber y la falta de líquidos puede afectar a su memoria y, en casos severos, producir delirio.
-Asegurar la adecuada hidratación de los deportistas, especialmente en condiciones de juego complejas donde la deshidratación puede aumentar el tiempo de toma de decisiones y reducir la capacidad de reacción.

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