9 de mayo de 2010

Controlar el apetito, no el hambre, clave contra la obesidad

Me muero de hambre", "huele que alimenta", o "ser más listo que el hambre" son ejemplos que hacen referencia, en sentido figurado, al hambre, y que permiten ver el uso ambiguo del término "al otorgarle acepciones placenteras más propias del apetito".

Científicos del Centro de Investigación Biomédica de la Obesidad y la Nutrición de Santiago destacan la diferencia entre el hambre, como necesidad fisiológica vital, y el apetito, "el deseo de comer por placer, en el que intervienen factores como olores, sabores o ciertas costumbres alimenticias que estimulan nuestra mente para fomentar una necesidad, la de comer, que ya estaría satisfecha".

Los investigadores subrayan que el control del apetito, no del hambre, "es clave para prevenir y ayudar a combatir la obesidad".

Según Miguel López, del grupo del centro compostelano, coordinado por el profesor Carlos Diéguez, "el problema está en el exceso de oferta y consumo de alimentos, que conlleva un incremento del consumo de calorías que, sumado al aumento de sedentarismo, deriva en el acúmulo de dichas calorías en forma de grasa".

"Hay alimentos que enganchan, a los que no podemos resistirnos, como dulces, aperitivos, grasas saturadas o café. Además de sus efectos sobre la masa y salud corporal, los excesos apetitivos pueden acabar provocando una adicción, igual que las drogas o los juegos de azar", alerta.

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