31 de mayo de 2010

Menos bebidas azucaradas, menos presión arterial alta

Incluso una reducción pequeña en el consumo de refrescos azucarados podría mejorar la presión arterial, según informan investigadores. En un estudio de 18 meses de duración, los investigadores encontraron una reducción medible en la presión arterial de 1.8 puntos en la presión arterial sistólica (la cifra superior de la lectura deseable de 120/80) y de 1.1 puntos en la presión diastólica, cuando la ingesta se redujo en alrededor de una lata de bebida azucarada al día, según un informe que aparece en la edición del 24 de mayo de la revista Circulation.

"Encontramos una relación directa entre dosis y respuesta", señaló la Dra. Liwei Chen, líder del estudio y profesora asistente de epidemiología de la Facultad de salud pública del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad Estatal de Luisiana. "Individualmente, no se trató de una reducción grande. Pero respecto a la población, reducir el consumo total podría tener un impacto inmenso".

La mejora se registró en un grupo de adultos mayores cuyo consumo inicial ya se encontraba muy por debajo de la ingesta promedio estadounidense de 2.3 porciones de bebidas azucaradas al día, anotó Chen.

La presión arterial alta es un importante factor de riesgo del ataque cardiaco, el accidente cerebrovascular, y otras enfermedades cardiovasculares. La American Heart Association hace mucho advierte sobre los posibles peligros de salud del azúcar añadido a productos como los refrescos, de forma más notable en un informe publicado el año pasado.

"Lo que este nuevo trabajo logra es añadir peso al cuerpo emergente de pruebas que relacionan el azúcar añadido, en este caso a las bebidas, con una mayor presión arterial", comentó Rachel K. Johnson, autora principal del informe de la asociación cardiaca y profesora de nutrición de la Universidad de Vermont.

El informe de la AHA se enfocó en los azúcares añadidos a los alimentos procesados, no en los azúcares encontrados en alimentos naturales, como la fruta. Recomienda que los hombres limiten su ingesta de azúcares añadidos a 150 calorías por día, es decir, unas nueve cucharaditas, y las mujeres a cien calorías o seis cucharaditas.

En el nuevo estudio, las bebidas endulzadas con azúcar incluyeron refrescos comunes y corrientes, bebidas de jugo de frutas, mezcla de frutas y limonada.

Una lata de doce onzas (unos 35 centilitros) de refresco endulzado con azúcar tiene 130 calorías provenientes del azúcar u ocho cucharaditas, señaló el equipo. Los adultos estadounidenses beben en promedio 28 onzas (unos 82 centilitros) de bebidas azucaradas al día, advirtió Chen y las personas más jóvenes beben más refrescos que las mayores.

Los 810 participantes del estudio, cuya edad promedio era de 50 años, bebían una media de 10.5 onzas (31 centilitros) al día de bebidas endulzadas con azúcar, poco menos de una porción, cuando comenzó el estudio.

Su presión arterial promedio era superior a la lectura deseada de 120/80. Algunos tenían lecturas de prehipertensión de entre 120/80 y 139/89, y otros tenían hipertensión obvia, o sea lecturas de 140/90 en adelante, que es causa de preocupación médica.

Al final del estudio, su consumo diario de refrescos se redujo en un promedio de media porción, y su presión arterial resultó beneficiada.

Incluso cuando se tomó en cuenta la pérdida de peso, el impacto del menor consumo de azúcar sobre la mejora de la presión arterial siguió siendo significativo.

"Controlaron todo tipo de variables y siguieron encontrando una asociación", aseguró Johnson.

Los refrescos endulzados con azúcar se están convirtiendo en tema de controversia política, ya que Washington, D.C., y otras ciudades proponen imponer impuestos a los refrescos azucarados. Hasta ahora, la American Heart Association no ha tomado una postura al respecto.

"En general, respaldo el concepto", aseguró Johnson. "Cuando se observa el costo de la obesidad para el sistema de atención de salud, y la implicación de que las bebidas azucaradas tienen mucho que ver con dicha epidemia, podría tener sentido. Los ingresos podrían utilizarse para reducir los costos de la atención de salud. Además, si el impuesto es suficientemente alto, podría tener el mismo efecto sobre la reducción del consumo que los impuestos al tabaco".

Tomado de: www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/

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