1 de mayo de 2010

Vigorexia, obsesión por el culto al cuerpo

Una dieta hiperproteica junto con complementos para aumentar la masa muscular y un plan intenso de ejercicio son rasgos comunes de quienes padecen este trastorno

El abuso de sustancias anabolizantes para ganar masa muscular y el seguimiento de dietas estrictas sin más fundamento que la obsesión por limitar al máximo las grasas y preponderar las proteínas son rasgos comunes entre las personas afectadas por vigorexia. Es un trastorno psicológico que afecta sobre todo a hombres jóvenes, de entre 18 y 35 años, que acuden a diario al gimnasio para ganar masa magra con ejercicios de musculación y pesas.

La presión social hacia un cuerpo bello, esbelto y delgado en las chicas, y apuesto y musculoso en los chicos, influye sobremanera en la percepción de la propia imagen real y tiene una incidencia expresa en la conducta y en el comportamiento alimentario. Esto determina que algunas personas desarrollen rasgos obsesivos en la selección y consumo de alimentos que, a medio y largo plazo, pueden desencadenar trastornos más serios como los diagnósticos de anorexia y bulimia nerviosa u otros nuevos desórdenes alimentarios, como el trastorno por atracón, la ortorexia o la diabulimia. Si la obsesión se centra en ganar músculo mediante la práctica de ejercicio y éste es desmesurado tanto en la ejecución como en la intensidad y la frecuencia, el diagnóstico está claro: dismorfia muscular, más conocida como vigorexia.

Dieta extrema y abuso de sustancias

No hay, por el momento, estudios epidemiológicos, aunque sí estimaciones, sobre personas que podrían cumplir el diagnóstico de vigorexia, un trastorno de índole psicológica. El informe "Ortorexia y vigorexia: ¿nuevos trastornos de la conducta alimentaria?", de las psicólogas Rosario Muñoz y Amelia Martínez, relata que en España unas 20.000 personas sufren vigorexia, lo que supone 1 de cada 2.000 personas. De ellas, el 80% son hombres.

Aunque se denomina "la anorexia de los 90", es un trastorno distinto, no estrictamente alimentario, si bien comparte la preocupación enfermiza por la figura y una distorsión de la imagen corporal. El miedo a estar obeso y una preocupación exagerada por la apariencia física, junto con el deseo siempre presente de ganar masa magra y ajustarla al máximo, propicia que el individuo se obsesione con la práctica de ejercicio y recurra a los ejercicios de musculación y pesas durante varias horas al día, en su mayoría, todos o casi todos los días de la semana. Los afectados se pesan varias veces en una sola jornada y se comparan con otros compañeros de gimnasio. El trastorno deriva en un cuadro obsesivo-compulsivo que favorece que se sientan fracasados, abandonen sus actividades y se encierren en gimnasios durante varias horas.

La conducta obsesiva se refleja también en una excesiva atención a la dieta, que se caracteriza por un consumo exagerado de alimentos proteicos ante la creencia incierta de que la proteína beneficia al músculo. Las tortillas de claras y las pechugas de pollo, además de proteína en polvo a cucharadas, son los componentes diarios en la dieta, que es desequilibrada en su conjunto, monótona y poco o nada apetitosa.

A esta particular dieta hiperproteica, popular entre asiduos a gimnasios y quienes practican con pesas, se añade el consumo de sustancias peligrosas con una función, en teoría, "quemagrasas" y que aumenta (de manera artificial y descomunal) la masa muscular, como son hormonas y anabolizantes esteroideos.

El mayor peligro radica en que tras el nombre de complementos dietéticos para la nutrición deportiva, como complejos vitamínicos o de minerales, ayudas ergogénicas para aumentar la energía muscular (carnitina, creatina), suplementos proteicos o batidos, entre otros, se pueden enmascarar sustancias diuréticas y anabolizantes cuyo consumo mantenido y sin control médico puede provocar graves problemas de salud. Rosario Muñoz y Amelia Martínez completan su informe con datos de otro análisis de la Comisión Europea que reflejan cómo "un 6% de las personas que acuden a un gimnasio se dopan, es decir, consumen sustancias consideradas prohibidas para una práctica deportiva sana.

Consecuencia de una obsesión

El sobreentrenamiento expone a una alteración del ritmo cardiaco normal, a un incremento de la presión arterial, fatiga generalizada, aumento del dolor muscular y articular, temblor de manos, nerviosismo, irritabilidad, disminución del apetito, trastornos del sueño, freno del impulso sexual, dolor de cabeza, importantes carencias nutricionales y pérdida de las reservas energéticas (por falta de aporte y aumento de las necesidades).

El exceso de proteínas que se consume, al metabolizarse en el organismo, se convierte en ácido úrico, un elemento tóxico que puede causar hiperuricemia y gota. El exceso de ácido que se genera durante el metabolismo proteico afecta al equilibrio orgánico de calcio y puede propiciar una situación de calciuria (pérdida de calcio por la orina) que, si se mantiene en el tiempo, aumenta el riesgo de debilidad ósea, fracturas y osteoporosis, un trastorno que también se desarrolla en varones.

Los distintos trabajos que han comparado el comportamiento y actitud a diferentes niveles de deportistas, sobre todo culturistas con vigorexia, con quienes están sanos, apuntan que el trastorno podría estar relacionado con otros y ser el desencadenante o consecuencia de:

-Tendencias obsesivas.
-Comportamientos compulsivos.
-Trastornos depresivos.
-Trastornos por ansiedad.
-Abuso de sustancias, como hormonas esteroideas.
-Alteración de la imagen corporal, insatisfacción corporal.
-Riesgo de sufrir trastornos del comportamiento alimentario.

El tratamiento es complejo y debe ser multidisciplinar, que combine la farmacoterapia con psicoterapia y apoyo dietético para que se equilibre el estado psíquico y emocional y se mejore la percepción que se tiene de una alimentación sana para el cuerpo.

Tomado de: www.europapress.es

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