27 de junio de 2010

Hay dietas sanas sin gastar mucho dinero: especialistas

A decir de doctores y nutriólogos, para cualquier persona es posible acceder a una dieta sana sin importar el alza en los precios de los alimentos o la condición socieconómica del trabajador.

Las nutriólogas Ana Bertha Pérez Lizaur, directora del Departamento de Salud de la Universidad Iberoamericana, y Gabriela Quiroz Olguín, del Departamento de Nutriología Clínica del Instituto Nacional de Nutrición (INN) de México, coinciden en que una dieta saludable no necesariamente es costosa.

“Una alimentación completa se basa en el plato del bien comer, el cual divide a los alimentos en tres grupos, por una parte las verduras y las frutas; luego los cereales, en donde entra el arroz, el trigo, la avena, la cebada, el centeno o el maíz, y en tercer lugar las leguminosas y los productos de origen animal. Lo recomendable es consumir un alimento de cada grupo en cada comida”, dice Pérez Lizaur.

Con pocos recursos se pueden adquirir leguminosas, como lentejas, garbanzos o soya, combinada con cereales como el maíz y con raciones pequeñas de carne y queso. “A lo mejor una persona en el nivel de ingreso más alto se comerá un salmón, pero en los rangos socioeconómicos más bajos se puede adquirir una mojarra”, agrega la nutrióloga de la Universidad Iberoamericana, quien explica que a partir de los 30 años lo mejor es combinar la dieta sana con actividad física.

“Si usted a los 15 años gastaba más energía en mantenerse vivo, después de los 30 años su metabolismo baja un 5% cada década. Cada 10 años necesitamos 5% menos de energía y si seguimos comiendo lo mismo que a los 20 años, a los 50 años se habrá acumulado una cantidad importante de masa corporal”, explica Ana Bertha Pérez.

En el Instituto Nacional de Nutrición, 90% de las consultas médicas son a trabajadores con enfermedades derivas de la mala alimentación, explica Gabriela Quiroz, “y para nosotros es un reto darles opciones a esos pacientes, para consumir productos a los que se pueden adaptar, como el yogurt, cereales, semillas como nueces, maní, que son fáciles de emplear y que se pueden integrar a la dieta de la persona”, dice, al sugerir una dieta baja en grasas saturadas, alta en fibra, baja en sal y en azúcares.

Una de las opciones que ella brinda a sus pacientes es comer algo ligero antes de salir de casa, como yogurt con semillas o licuado con cereal, un sándwich a media mañana y comer productos con baja densidad en ácidos grasos saturados, carbohidratos simples y azúcares refinados, pues de lo contrario se puede generar resistencia a la insulina, desequilibrios entre hidratos de carbono, proteínas y lípidos, lo que da lugar a la diabetes.

“Todas las grasas saturadas van a provocar que las células de nuestro cuerpo mueran más rápidamente y se produzcan radicales libres. Los radicales libres se generan por la oxidación o muerte de nuestras células y eso origina que otras células se enfermen. Esto es motivo del surgimiento de ciertos tipos de cáncer, como de colon. Los productos ahumados o enlatados nos provocan más radicales libres”, agrega la nutrióloga.

El doctor Juan Ángel Rivera Domarco, del Instituto Nacional de Salud Pública, dice que la prevalencia de la obesidad es muy parecida entre los distintos niveles socioeconómicos, lo que comprueba que un mayor gasto en alimentación no está asociado con una dieta saludable.

“En el rango más pobre se tiene un 65% de sobrepeso y obesidad, mientras que en el más alto la prevalencia es de 68%”.

Tomado de: www.eluniversal.com.mx

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