28 de febrero de 2010

No es bueno omitir a diario comidas con licuados y jugos

Omitir de manera cotidiana una de las comidas diarias y sustituirla por licuados o jugos puede poner en riesgo la salud, porque con este hábito se suprimen nutrimentos indispensables para la alimentación, como grasas y proteínas.

El abuso de los licuados puede generar trastornos metabólicos, lo que provoca desde desnutrición hasta obesidad, diabetes mellitus e hipertrigliceridemia, advirtió Juan Gabriel Tenorio Cortez, experto en Nutrición.

El especialista precisó que si bien los licuados y jugos proporcionan una buena cantidad de nutrientes, principalmente carbohidratos, vitaminas y minerales, no debe abusarse de su consumo, sobre todo en las llamadas “dietas milagro”, para reducir peso. Recomendó no basar la alimentación en el consumo de licuados o jugos, sobre todo en el desayuno, porque también se corre el riesgo de padecer desnutrición proteica.

Dijo que éstos pueden ser incluidos en la dieta diaria, aunque la recomendación es que sea tan sólo un vaso de 240 mililitros. Además, debe considerarse el uso de edulcorantes en estos preparados, sea azúcar o miel, cuyo consumo deben evitar quienes padezcan diabetes mellitus o hipertrigliceridemia (aumento de los triglicéridos, factor de riesgo cardiovascular).

De hecho, precisó que ni jugos ni licuados deberían endulzarse, ya que las frutas contienen ya el azúcar llamada fructuosa, que tiene hasta el 50 por ciento de capacidad endulzante que el azúcar melaza (de caña) por lo que resulta innecesario, así que el uso de un dulcificante debe ser siempre con moderación.

Especificó que lo ideal es incluir el jugo o licuado como parte de la dieta. Si se trata del desayuno, por ejemplo, beber el preparado, pero consumir también cereal, otra fruta (sin licuar) o verduras y evitar los productos industrializados con elevados contenido de grasas y azúcares simples.

Dado que por diversas razones el consumo de frutas y verduras en la dieta diaria em ocasiones es muy bajo, el especialista destacó que los licuados permiten una mayor ingesta de vitaminas y algunos minerales. Sin embargo, recomendó que en lugar de ponerlos en licuadora o exprimidor, se consuma la fruta como tal para aprovechar el contenido de fibra, que ayuda principalmente a un buen proceso digestivo.

El nutricionista sugirió que las personas que llevan a cabo las denominadas jugoterapias, muchas de ellas utilizadas para intentar bajar de peso, lo hagan bajo supervisión médica porque podrían verse afectados por niveles altos de glucosa (hiperglucemia).

Finalmente, recordó a quienes gustan de consumir licuados y jugos: lo que ayuda a mantener una mejor condición física, además del ejercicio, es la alimentación sana en su conjunto.


Tomado de: www.milenio.com

La dieta reducida en carbohidratos puede aumentar el colesterol

Reducir el consumo de carbohidratos ayudaría a adelgazar, pero no sería tan recomendable para bajar el colesterol, según un nuevo estudio.
Las personas que siguieron una dieta reducida en carbohidratos, pero relativamente alta en grasa, adelgazaron en seis semanas tanto como aquellos que hicieron un régimen rico en carbohidratos. Pero los niveles de lipoproteína de baja densidad (LDL) o colesterol "malo" aumentaron significativamente en el grupo con una dieta reducida en carbohidratos, mientras que bajaron en el otro grupo.

Los niveles altos de LDL son un factor de riesgo de enfermedad cardíaca porque están asociados con la obstrucción de las arterias.

Las dietas reducidas en carbohidratos son cada vez más populares y sus defensores aseguran que reducen el colesterol y el riesgo de desarrollar diabetes, señaló en American Journal of Clinical Nutrition el equipo de la doctora Teri L. Hernandez, de la University of Colorado, en Denver, Aurora. Pero poco se conoce sobre cuáles son sus efectos, a diferencia de la dieta rica en carbohidratos.

El equipo le indicó al azar a 32 adultos obesos realizar durante seis semanas una dieta reducida en carbohidratos (20 gramos o menos por día) o una con el 55 por ciento de las calorías derivadas de este componente.

Ambos grupos adelgazaron unos 6 kilos. Pero los pacientes que siguieron una dieta reducida en carbohidratos sufrieron un aumento de unos 12 miligramos por decilitro en los niveles de LDL, desde 109 miligramos por decilitro (menos de 100 es un nivel óptimo).

En el grupo tratado con la dieta rica en carbohidratos, el LDL disminuyó 7 miligramos por decilitro, desde 102 miligramos por decilitro. En los participantes que siguieron una dieta reducida en carbohidratos aumentaron mucho más los niveles de ácidos grasos libres, que se liberan a la sangre cuando el organismo destruye la grasa almacenada.

Tener niveles altos de ácidos grasos libres dificulta aún más el trabajo del hígado para almacenar la glucosa, lo que eleva los niveles de azúcar en sangre. Ese aumento define la diabetes. "Los datos sugieren que la dieta rica en grasas tendría efectos metabólicos adversos durante el adelgazamiento", concluyó el equipo.

Tomado de: http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/

Develan cómo la grasa sube el riesgo de enfermedades asociadas a la obesidad

Un estudio en humanos del Colegio de Medicina Albert Einstein en Nueva York (Estados Unidos) ayuda a explicar por qué el tejido graso se inflama peligrosamente en la obesidad y muestra cómo las moléculas de grasa llamadas ácidos grasos libres que circulan en la sangre pueden aumentar de forma directa el riesgo de enfermedades asociadas a la obesidad. Los resultados del trabajo se publican en la revista 'Science Translational Medicine'.

La inflamación del tejido es un proceso saludable normal para combatir la infección pero puede descontrolarse en la obesidad y las enfermedades asociadas a la enfermedad cardiaca, la diabetes e incluso el cáncer, con graves consecuencias.

Los descubrimientos aclaran la compleja relación entre los ácidos grasos libres y la inflamación y podría conducir al desarrollo de mejores fármacos para los millones de pacientes que sufren de estos trastornos en todo el mundo.

Los científicos, dirigidos por Preeti Kishore, descubrieron que los niveles elevados de ácidos grasos libres que circulan en la sangre pueden aumentar los factores de riesgo de la enfermedad cardiaca.

En el estudio, los investigadores administraron una mezcla de grasas a adultos sanos no diabéticos para hacer subir sus niveles de ácidos grasos libres hasta los que se observan en la obesidad y la diabetes. Con estos niveles elevados de ácidos grasos, los organismos de los participantes no sólo dejaron de responder con eficacia a la insulina sino que también aumentaron los niveles de PAI-1, una molécula que puede ser dañina y que se cree que aumenta el riesgo de diabetes y de enfermedad cardiaca.

Tras examinar el tejido graso de estos individuos, los investigadores descubrieron que las células inflamatorias llamadas macrófagos, que se congregan en el tejido graso cuando las personas se vuelven obesas, producían más PAI-1 cuando se las exponía a mayores ácidos grasos dentro del tejido graso.

Los autores determinaron que los mayores ácidos grasos libres provocaban que estas células inflamatorias se volvieran activas y produjeran más PAI-1.

Tomado de: www.europapress.es

20 de febrero de 2010

El sobrepeso eleva los riesgos en el embarazo: estudio

Tener sobrepeso u obesidad eleva la posibilidad de que una embarazada tenga un bebé muy grande, aun tras considerar los efectos de la diabetes gestacional, sugirió un nuevo estudio. El sobrepeso también aumentó significativamente el riesgo de preeclampsia, una complicación del embarazo potencialmente fatal, según halló el equipo del doctor Boyd E. Metzger, de la Escuela de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern, en Chicago.

Las mujeres tienen más problemas para dar a luz cuando el bebé es muy grande y, a la vez, el niño puede sufrir lesiones durante el parto, como la dislocación del hombro.

Mientras que las embarazadas con sobrepeso u obesidad tienen más riesgo de tener bebés de gran tamaño y otras complicaciones, es difícil separar los efectos del peso materno de los de la diabetes gestacional, precisó el equipo en British Journal of Obstetrics and Gynecology. Eso hizo que los autores investigaran si el índice de masa corporal (IMC) afecta el riesgo en el embarazo y la salud fetal y del recién nacido, sin importar el nivel de azúcar en la sangre materna.

El estudio incluyó a 23.316 mujeres atendidas en 15 centros de salud en nueve países. A todas se les realizó el test oral de tolerancia a la glucosa, que se usa para identificar a las mujeres con diabetes gestacional o en riesgo de sufrirlo. En ese momento se les midió también la altura y el peso.

Luego, el equipo usó técnicas estadísticas para ajustar los resultados del test oral y halló que aquellas con un IMC de 42 o más, que implica un nivel de obesidad grave (por ejemplo, una mujer de 1,67 metros con por lo menos 113 kilos), tenían tres veces más riesgo de tener un bebé extremadamente grande que las mujeres más delgadas, que tenían un IMC de 22,6 o menos, es decir, una mujer de 1,67 metros con menos de 62,5 kilos.

El riesgo de las pacientes más obesas de necesitar cesárea se duplicó, mientras que el riesgo de desarrollar preeclampsia fue 14 veces mayor que en las más delgadas. Pero el riesgo de tener un bebé prematuro disminuyó a la mitad.

Estos datos identifican el papel que tiene el IMC y la diabetes gestacional en el riesgo de sufrir complicaciones en el embarazo y el parto, resumió Metzger a Reuters Health. El especialista agregó que estudios recientes demostraron que con cambios en la alimentación se puede tratar la diabetes gestacional en más de un 90 por ciento de las embarazadas.

"Confiamos en que tratar la diabetes gestacional será beneficioso. Tenemos mucha menos evidencia en este momento de cómo neutralizar o reducir el impacto del sobrepeso en el embarazo", dijo. Pero lo que sí está cada vez más claro, agregó, es que quizás es el peso de la mujer antes del embarazo, y no cuánto engorda durante la gestación, lo que importa para determinar el riesgo.

Tomado de: http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/

Cómo saber qué engorda por su etiqueta

Confusión. Éste es, sin duda, el calificativo que mejor define a las etiquetas que aparecen en cualquier producto. Demasiados términos, cifras descompensadas y, sobre todo, dificultad a la hora de poder interpretarlas y sacar algo en claro. Esta situación se vuelve todavía más complicada cuando el consumidor va en busca de alimentos para perder peso o que, en su defecto, contengan pocas calorías y grasas. Pero, ¿en qué hay que fijarse y qué elementos nos dan la clave de que se está eligiendo bien?

Según explica Emma Ruiz Moreno, directora de proyectos de la Fundación Española de la Nutrición (FEN), el orden de elementos más importante reside en «energía, macronutrientes como proteínas, hidratos de carbono y grasas, micronutrientes como vitaminas y minerales y fibra. Sin embargo, la calidad la da el equilibrio entre ellas, ya que, aunque a priori tenga pocas calorías, si la grasa es básicamente saturada o tiene mucho sodio, el producto no es tan saludable». Por tanto, la medida más sencilla reside en conocer qué hay detrás de los elementos que aparecen en una etiqueta.

Calorías

Corresponden al aporte energético que posee un producto. Para Susana Santiago Neri, dietista-nutricionista y miembro del Instituto de Ciencias de la Alimentación de la Universidad de Navarra (Icaun), «es preciso distinguir entre los denominados alimentos light para los que, según la legislación vigente, se contemplan tres categorías: si aparecen como “bajo valor energético”, el producto debe aportar menos de 40 calorías por cien gramos de producto sólido o 20 calorías por cien mililitros si se trata de uno líquido. Si en la etiqueta pone “valor energético reducido”, debe haberse disminuido al menos un 30 por ciento del valor total del alimento. Por último, la denominación “sin aporte energético” corresponde a los líquidos con menos de cuatro calorías». En el caso de que se trate de productos que están destinados para la dietas de control de peso, la legislación establece, según Santiago, que «los sustitutivos de una comida deben aportar entre 200 y 400 calorías».

Grasas

La cantidad y la calidad son la clave para identificar cuál es la más indicada. Por ejemplo, las saturadas y parcialmente hidrogenadas o «trans» son las más nocivas por su directa vinculación con las patologías cardiovasculares. Sin embargo, las poliinsaturadas como las del aceite de oliva son las más beneficiosas para la salud.

Según la doctora Joima Panisello, presidenta de la Fundación para el Fomento de la Salud (Fufosa), «hay que evitar los alimentos preparados con grasas que se sospeche que pueden ser hidrogenadas, escondidas habitualmente bajo el término de vegetales». Aunque no tiene un carácter obligatorio, muchas empresas han optado por incluir en el etiquetado el concepto de cantidad diaria orientativa (CDA). Según Santiago, «para una ingesta diaria de energía de 2.000 calorías, se ha establecido una CDA de 70 gramos de grasas al día y 20 gramos de saturadas».

Actualmente, los límites establecidos son, tal y como explica la experta, «bajo contenido en grasa» si el producto «no contiene más de tres gramos por cada cien en el caso de los sólidos o 1,5 gramos por cada cien mililitros si se trata de un líquido». Si aparece bajo la denominación «sin grasa», el producto «no debe tener más de 0,5 gramos», añade. Y, en el caso de «bajo contenido en grasas saturadas», lo establecido está en «si la suma de ácidos grasos saturados y de ácidos grasos trans en el producto no es superior a 1,5 gramos por cada cien gramos para los productos sólidos y a 0,75 gramos por cien mililitros para los líquidos.

En cualquier caso, la suma de ácidos grasos saturados y de ácidos grasos trans no deberá aportar más del diez por ciento del valor energético total», advierte Santiago.

Azúcar

En la mayoría de los productos destinados para perder peso se suele sustituir el azúcar por edulcorantes. Sin embargo, Ruiz advierte de que «aunque no aporte calorías, si lleva fructosa, que es un monosacárido como la glucosa, tendría las mismas calorías». Pese a que el límite es de 90 gramos al día, Santiago insiste en que si en la etiqueta aparece «sin azúcares», el producto «debe contener menos de 0,5 gramos por cada cien gramos o cien mililitros».

En cuanto a la denominación «bajo contenido en azúcares», el límite se halla en «cinco gramos en el caso de los sólidos y 2,5 gramos si se trata de un líquido». En el caso de que en la etiqueta aparezca «sin azúcares añadidos», conviene saber que sólo se puede establecer cuando, según Santiago, «no se ha añadido ningún tipo de azúcar ni ingrediente con el fin de endulzar el producto».

Colesterol

Al no estar catalogado como un nutriente esencial, no es obligatorio que aparezca en el etiquetado. Sin embargo, «la cantidad que ingerimos normalmente es del orden de miligramos, por lo que su contribución energética no es significativa (un gramo de grasa aporta nueve calorías). Sí que es cierto que se recomienda una ingesta promedio de aproximadamente 300 miligramos al día, por el riesgo cardiovascular asociado a su ingesta excesiva».

Aunque en ningún caso es recomendable una dieta rica en colesterol, Ruiz advierte de que la clave para reducirlo reside en disminuir «los ácidos grasos saturados y grasas trans».

Sodio

Pese a que su ingesta no engorda, su abuso se puede convertir en el principal enemigo de unos niveles de tensión adecuados. Preside desde todo tipo de embutidos, snacks y conservas. Por ello, según Ruiz, «las recomendaciones actuales se sitúan en 6 gramos al día». Los límites que ha marcado la legislación en cuanto a su presencia en el etiquetado son: «si aporta menos de 0,12 gramos por cada cien gramos estamos ante un producto con «bajo contenido en sodio». Si aparece la denominación «muy bajo contenido en sodio», significa que no supera los 0,004 gramos por cien miligramos. Por último, cuando se supone que el producto no contiene sodio, el límite máximo está en 0,005 gramos».

Fibra

Es el producto estrella de cualquier alimento para controlar la línea o para mejorar el tránsito intestinal. Sin embargo, «la mayoría contienen una mezcla de dos tipos de fibra, pero algunos destacan por contener más proporción de uno de ellos», aclara Ruiz.

Teniendo en cuenta la legislación, para que en la etiqueta aparezca el término fibra «debe aportar como mínimo seis gramos por cada cien, o tres por cada cien calorías», explica Santiago. Asimismo, continúa la experta, «también se admite la declaración “fuente de fibra” en el caso de que aporte como mínimo tres gramos por cada cien o 1,5 por cien calorías». Para saber cuál es la más adecuada para cada persona, conviene tener en cuenta «el efecto fisiológico que se desee conseguir. Así, la insoluble es más efectiva para combatir el estreñimiento, mientras que la soluble contribuye a controlar la glucosa y el colesterol», concluye Santiago.

Consumir fruta, verdura y vino con moderación, la mejor defensa contra el cáncer

Consumir una dieta equilibrada --rica en fruta, vegetales y con un consumo moderado de vino, sobre todo vino rojo-- y preparar la comida de forma correcta, empleando utensilios adecuados y apostando por cocinar al horno o al vapor, podrían ser la mejor defensa contra el cáncer, según explicaron dos de los más importantes investigadores en esta enfermedad, los profesores Attilio Giacosa y Jaak Janssens, en sendas entrevistas publicadas este mes en la web de 'LWWPartnerships' ('http://www.lwwpartnerships.com/').

El profesor Giacosa, jefe del Departamento de Gastroenterología en el Policlínico di Monza, en Italia, es uno de los mayores defensores de la denominada "dieta preventiva". Defiende la necesidad de consumir fruta y verdura como claves para prevenir el cáncer y explica que los beneficios de estos alimentos han sido demostrados "con datos epidemiológicos y observaciones en grupos de población con cáncer que fueron comparados con otros grupos del mismo sexo y edades similares, pero sin cáncer".

"Si estudiamos la dieta y los hábitos alimenticios de ambos grupos, los casos de control de estas investigaciones han demostrado el posible papel que desempeñan frutas y verduras contra muchos tipos de cáncer en diversas situaciones sociales, ambientales y geográficas, especialmente para tumores de pulmón, boca, esófago, estómago e intestino", aseveró. Naranjas, ajos, brócoli, coliflores, repollos y coles de Bruselas son los más beneficiosos.

Pero no es sólo lo que ingerimos, sino cómo lo hacemos, lo que hace posible optimizar las cualidades de frutas y verduras para prevenir el cáncer. Según este experto, su óptimo aprovechamiento se consigue tomando vegetales cultivados por el propio consumidor o en pequeños huertos y en la estación adecuada. "Usar los utensilios adecuados para prepararlos, como cuchillos afilados, se malgasta menos sus cruciales esencias", apuntó, añadiendo que "es importante promover la cocina al horno o al vapor, dos grandes técnicas".

Hasta dos vasos de vino al día

Asimismo, el profesor Giacosa aboga por consumir un vaso o dos de vino al día, ya que contienen "todos los activos principales de la fruta, sobre todo los polifenoles --un componente muy importante, porque desde el color del vino, su sabor o su fragancia están relacionados con componentes específicos ligados a los polifenoles, que son extremadamente beneficiosos para nuestro organismo". Según este especialista, el vino rojo es mejor que el blanco. No obstante, la clave está en realizar en la comida un consumo moderado del mismo.

Sobre la prevención del cáncer de mama habló el profesor Janssens, presidente de la Organización Europea de Prevención del Cáncer, en Bélgica, que está de acuerdo en que tomar una dieta equilibrada ayuda a evitar el cáncer. No obstante, destaca también la importancia de eliminar hábitos perjudiciales para la salud, como fumar, y estar alerta de los cambios que se producen en el cuerpo para poder detectar precozmente la aparición de un tumor.

En el caso del cáncer de mama, aunque reconoce que la mayoría aparece durante la pubertad, "los cambios en el estilo de vida de los niños pueden afectar a su crecimiento y de forma secundaria, a su riesgo desarrollar un cáncer de mama", concluyó.



Tomado de: www.europapress.es

13 de febrero de 2010

Una dieta rica en nueces ayuda a los pacientes con diabetes tipo 2

Investigadores del Centro de Prevención e Investigación Yale-Griffin, de la Universidad de Yale (Estados Unidos), aseguran que una dieta rica en nueces ayuda a mejorar la función endotelial de los pacientes con diabetes tipo 2 favoreciendo, por tanto, una mejor salud cardiovascular, según los resultados de un estudio publicados en el último número de la revista 'Diabetes Care'.

Estudios previos habían demostrado los beneficios del consumo de nueces para la salud del corazón aunque había pocos trabajos centrados en pacientes con diabetes. En esta ocasión, estos expertos analizaron la evolución de 24 adultos que consumieron una media de 56 gramos diarios durante ocho semanas, para luego continuar con su dieta habitual ocho semanas más.

De este modo, detectaron que en la primera parte del estudio se produjo "una mejora significativa" con el consumo continuo de nueces, en comparación con el momento en que cambiaron a su dieta habitual. Según los autores del estudio, este es un hallazgo importante porque el endotelio (el conjunto de células que recubren el interior de los vasos sanguíneos) representa el primer punto de referencia cuando hablamos de enfermedades cardiovasculares.

Su función es la primera que se altera en respuesta a los factores de riesgo y esta favorece la aparición de elementos que llevan al deterioro vascular y las primeras lesiones de la aterosclerosis. Además, la función endotelial indica la capacidad de los vasos sanguíneos de dilatarse e incrementar el flujo de sangre.

Asimismo, los participantes en el estudio no ganaron peso durante la investigación --los 56 gramos diarios de nueces equivalen a aproximadamente 350 calorías--, lo que demuestra que las nueces son adecuadas en la dieta diaria con personas propensas a ello.

"Todos sabemos lo sano que es comer una manzana al día, pero de hecho hay otros alimentos que deberíamos considerar incluir en nuestra dieta diaria para conseguir beneficios específicos para nuestra salud. Las nueces están al principio de la lista", explicó David Katz, principal autor de la investigación.

Este experto destacó además que son el único fruto seco con una cantidad significativa de ácidos esenciales Omega 3, además de proteínas, vitaminas, minerales, fibras y antioxidantes.



Tomado de: www.europapress.es

Comer chocolate podría reducir el riesgo de ictus

El consumo de chocolate podría reducir el riesgo de ictus (accidente cerebrovascular), según un estudio de la Universidad McMaster en Hamilton (Canadá) que se ha hecho público durante la reunión anual de la Academia Americana de Neurología que se celebra en Toronto. Otro estudio descubrió que el consumo de chocolate podría reducir el riesgo de mortalidad después de sufrir un ictus.

Los autores explican que el chocolate es rico en antioxidantes llamados flavonoides, que podrían tener un efecto protector contra el ictus pero se necesita más investigación. El análisis supuso la revisión de tres estudios sobre el chocolate y el ictus. Según explica Sarah Sahib, responsable del trabajo, "se necesita más investigación para determinar si el chocolate realmente baja el riesgo de ictus, o si las personas más sanas son simplemente más propensas a comer chocolate que otras".

El primer estudio descubrió que 44.489 personas que comían una ración de chocolate por semana eran un 22 por ciento menos propensas a tener un ictus que las personas que no comían chocolate.
El segundo trabajo descubrió que 1.169 personas que comían 50 gramos de chocolate una vez a la semana eran un 46 por ciento menos propensas a morir después de un ictus que aquellas que no comían chocolate.
Los investigadores descubrieron sólo un estudio relevante más en su investigación de toda la literatura científica disponible. El trabajo no mostraba ningún vínculo entre comer chocolate y el riesgo de ictus o muerte.

Tomado de: www.europapress.es

7 de febrero de 2010

Niveles elevados de vitamina D en sangre reducen el cáncer de colon

Un estudio de la Agencia Internacional para la Investigación en Cáncer muestra que las personas con concentraciones elevadas de vitamina D en sangre tienen un 40 por ciento menos de riesgo de sufrir cáncer de colon.

Sin embargo, los autores del estudio desaconsejan la ingesta de suplementos de vitamina D y recuerdan que lo mejor para prevenir este tipo de tumor es dejar de fumar, aumentar la actividad física y reducir la obesidad.

El Instituto Catalán de Oncología (ICO) ha dado a conocer los resultados de este estudio en el que ha participado el jefe de la Unidad de nutrición y cáncer del ICO, Carlos Alberto González, y que se ha publicado en la revista 'British Medical Journal'. El trabajo es fruto del análisis de los datos de 521.457 personas recogidos en el marco de un proyecto europeo.

Durante el seguimiento posterior de los participantes, se detectó que 1.248 desarrollaron un cáncer de colon, el segundo más frecuente entre mujeres y el tercero entre hombres. Los investigadores compararon los niveles de vitamina D en sangre de estos enfermos antes de desarrollar el cáncer con los niveles de 1.248 participantes sanos.

Las conclusiones indican que los niveles más altos de vitamina D circulando en sangre reducen hasta un 40% el riesgo de cáncer de colon en comparación con las personas que tienen los niveles más bajos. El estudio confirma trabajos previos más pequeños basados principalmente en poblaciones norteamericanas.

A pesar de acreditar la relación entre la vitamina D y el cáncer de colon, los investigadores no recomiendan tomar suplementos de vitamina D para prevenir el tumor ya que se desconocen los posibles efectos sobre la salud de concentraciones muy elevadas de esta vitamina.

Como medida de prevención, aconsejan dejar de fumar, aumentar la actividad física, reducir la obesidad y la grasa abdominal, y limitar el consumo de alcohol y de carne roja.



Tomado de: www.europapress.es

La obesidad incrementa desde los 7 años el riesgo cardiovascular de adulto

Desde la edad de 7 años la obesidad podría aumentar el riesgo de los niños de sufrir enfermedad cardiaca e ictus en el futuro, incluso en ausencia de otros factores de riesgo cardiovasculares como la hipertensión, según un estudio de la Clínica Infantil Nemours en Jacksonville (Estados Unidos) que se publica en la revista 'Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism'.

Según explica Nelly Mauras, responsable de la investigación, "este nuevo estudio demuestra que las consecuencias no saludables del exceso de grasa corporal comienzan muy pronto. Nuestro estudio muestra que la obesidad por si misma se vincula con ciertas anomalías en la sangre que pueden predisponer a que los individuos desarrollen enfermedad cardiaca de forma precoz en la vida adulta".

Los descubrimientos sugieren que se necesitan intervenciones más agresivas para controlar el peso en los niños obesos incluso si estos no tienen trastornos asociados al síndrome metabólico, un conjunto de factores de riesgo que elevan el riesgo de desarrollar enfermedad cardiaca, ictus y diabetes.

El diagnóstico de este trastorno está aumentando en los niños a medida que el sobrepeso crece como problema y se caracteriza por al menos la presencia de tres características: mayor circunferencia de cintura, colesterol HDL bajo, triglicéridos altos, hipertensión y glucosa elevada en sangre.

Los científicos querían saber si la obesidad podría aumentar el riesgo de enfermedad cardiovascular antes del inicio del síndrome metabólico y para ello evaluaron a más de 300 menores de entre 7 y 18 años e incluyeron algunas características del síndrome metabólico. Finalmente participaron 202 menores: 115 niños obesos y 87 delgados como controles. La mitad no había pasado la pubertad y la otra mitad se encontraba en su fase final. Los niños obesos tenían un índice de masa corporal (IMC) superior al percentil 95 para su sexo, edad y altura.

Los niños y adolescentes tenían niveles normales de azúcar, hipertensión, colesterol y triglicéridos. Los controles delgados no podían tener un familiar cercano con diabetes tipo 2, colesterol elevado, hipertensión u obesidad, por lo que fue un grupo difícil de completar.

Todos ellos pasaron por pruebas sanguíneas en relación a marcadores conocidos para predecir el desarrollo de la enfermedad cardiovascular. Estos indicadores incluían, entre otros, los niveles de proteína C-reactiva (CRP), un marcador de la inflamación, y fibrinógeno anormalmente elevado, un factor de coagulación.

Los niños obesos tenían diez veces más elevada la CRP y mayores concentraciones de fibrinógeno en comparación con los niños delgados. Estas anomalías se producían en niños obesos hasta de 7 años, mucho antes del inicio de la pubertad.

Mauras señala que estos datos resultaban sorprendentes ya que los niños se encontraban completamente sanos. Aunque se desconocen aún si las intervenciones terapéuticas precoces revierten los niveles de CRP y fibrinógeno, la investigador apunta que sería prudente recomendar intervenciones más agresivas para limitar las calorías y aumentar la actividad en los niños con sobrepeso 'sanos' incluso antes del inicio de la pubertad.

"Los médicos no suelen tratar la obesidad en los niños hasta que existen otras características del síndrome metabólico. Esta práctica debería reconsiderarse. Se necesitan más estudios para conseguir más información sobre los efectos de las intervenciones terapéuticas en estos niños", concluye Mauras.

Tomado de: www.europapress.es