24 de abril de 2010

Calificar a un alimento de 'sano' podría provocar más hambre

Si espera perder peso, trate de no enfocarse en lo saludable que es esa ensalada baja en grasa que comió para el almuerzo. La gente a quienes se pidió que probara comida descrita como "sana" reportó sentirse más hambrienta luego que las personas que comieron la misma comida se describió como "sabrosa".

"Cuando la gente se siente obligada a comer comida sana, comer esa comida les da hambre", afirmó la autora principal del estudio Ayelet Fischbach, profesora de ciencias conductuales y mercadeo de la Universidad de Chicago. "Tienen más hambre que si no hubieran comido nada, o que si hubieran comido sin pensar en lo saludable de la comida". El estudio aparece en la edición en línea de este mes de la revista Journal of Consumer Research.

Los investigadores llevaron a cabo varios experimentos para explorar el impacto de las percepciones sobre el contenido de salud de los alimentos, y qué tan satisfechas hacía sentir a las personas.

En el primer experimento, los investigadores pidieron a 51 estudiantes universitarios que probaran una barra de proteína con sabor a chocolate y frambuesa. A los estudiantes se les dijo que estaban probando "una nueva barra saludable" que contenía muchas proteínas, vitaminas y fibra, o que era "una barra de chocolate muy sabrosa con un centro de chocolate y frambuesa".
Luego, cuando se les pidió que calificaran su hambre, los que comieron la barra "saludable" se calificaron como más hambrientos que los que habían comido la misma barra, pero calificada de "sabrosa", según el estudio.

A un tercer grupo de estudiantes se les pidió que examinaran las barras y que calificaran su hambre, pero no comieron ninguna barra. Sus niveles de hambre fueron más o menos los mismos que los de los estudiantes a quienes se describió la barra como "sabrosa", o sea, que comer la comida "sana" en realidad provocaba más hambre que no comer nada, afirmaron los investigadores.

Para las personas a dieta, tal vez haya un proceso de toma de decisiones similar cuando eligen una ensalada en lugar de una hamburguesa con papas fritas en un restaurante, tan sólo para ir a casa y comerse un gran postre. Comer alimentos sanos tal vez nos permita creer que progresamos hacia las metas de salud, pero nos engaña y nos hace pensar que tenemos más hambre de la que realmente tenemos, según el estudio.

"Uno de los desafíos de perder peso es que la gente tiende a compensar el éxito parcial comiendo en exceso, y terminan aumentando el mismo peso y más", advirtió Fishbach.

En un segundo experimento, se dio pan a 62 participantes, y se describió como bajo en grasas y nutritivo o como "sabroso, con una gruesa corteza y un suave centro". Tras probar el pan, se ofreció a los participantes una merienda de pretzels, que se consideraban un alimento "neutral", ni saludable como las zanahorias ni particularmente placentero, como el chocolate.

Los participantes que comieron el pan "sano" consumieron más pretzels luego que los que comieron el pan "sabroso", encontraron los investigadores, aunque los que dijeron estar vigilando su peso tendieron a comer menos pretzels que los que estaban relativamente despreocupados.

En un tercer estudio, los investigadores ofrecieron a los estudiantes la opción de una barra de proteínas de chocolate y frambuesa, o una barra de proteínas de miel y cacahuetes. Una de ellas se describía al azar como sana, y la otra como sabrosa. Cuando tuvieron la oportunidad de elegir por sí mismos si deseaban la opción sana o el placer culpable, luego no hubo diferencia en los niveles de comida entre los dos grupos.

¿El motivo? Elegir por sí mismos tal vez significó que estaban más comprometidos con comer sano, apuntó Fishbach.

"Cuando la gente se siente obligada a comer sano, les da más hambre y comen más. Cuando comen los mismos alimentos porque lo eligen libremente, no compensarán comiendo más", aseguró Fishbach.

Connie Diekman, directora de nutrición universitaria en la Universidad de Washington en St. Louis, Missouri, dijo que el estudio muestra que fomentar la alimentación sana es mucho más complejo que simplemente decirle a la gente cuántas porciones al día de frutas y verduras deben comer.

"La percepción de que 'sano' no cumplirá con las metas de disfrute es un mensaje muy potente para todos nosotros", señaló Diekman. "Los alimentos sanos deben tener buen sabor. Desafortunadamente, la gente asuma que no sabrá bien. E incluso si tiene buen sabor, sus cerebros tal vez le digan lo contrario".

Las campañas para exhortar a la pérdida de peso deben tomar en cuenta el potencial de que los mensajes sobre los alimentos sanos resulten contraproducentes. "Simplemente decir que hay que comer sano, perder peso y hacer ejercicio no funciona a menos que los individuos estén comprometidos", enfatizó Diekman.

¿Puede simplemente saber que comer zanahorias ahora nos hará desear pastel de zanahoria luego ayudar a la gente a combatir su impulso a complacerse? "No tenemos evidencia clara, pero creo que conocer esta información ayudará", dijo Fishbach. "Creo que la gente se puede entrenar a sí misma para resistir las tentaciones en la comida".

El ejercicio contrarresta la propensión genética a la obesidad

La realización de una hora o más de actividad física al día en adolescentes se asocia con un control del peso corporal incluso entre aquellos que están predispuestos genéticamente a la obesidad, según un estudio del Instituto Karolinska en Huddinge (Suecia) que se publica en la revista 'Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine'.

Los investigadores explican que entre los genes asociados a la obesidad, los polimorfismos en el gen FTO, ligado a la grasa corporal y la obesidad, están muy asociados con la grasa corporal de poblaciones de diferentes antecedentes étnicos o generaciones. Cada copia de una mutación en este gen podría estar asociada con un aumento de peso de aproximadamente 1,5 kilogramos.

Las autoridades sanitarias estadounidenses recomiendan que niños y adolescentes participen en actividades físicas durante 60 minutos diarios o más. Los autores estudiaron si este nivel de actividad física reduce los efectos de las mutaciones del gen FTO sobre la grasa corporal en 752 adolescentes que formaban parte de un estudio en 10 países europeos entre octubre de 2006 y diciembre de 2007.

Entre los participantes adolescentes, un 37 por ciento no tenía copias de la mutación de la obesidad, un 47 por ciento tenía una copia y un 16 por ciento tenía dos copias. La mutación se asociaba con un índice de masa corporal (IMC) superior, un mayor porcentaje de grasa corporal y una mayor circunferencia de cintura.

Sin embargo, entre los participantes que cumplían con la actividad física diaria, el efecto de la mutación genética era mucho más bajo. Por cada copia del gen mutado, quienes realizaban el ejercicio recomendado tenían una media de IMC un 0,17 superior que los que no tenían mutaciones en comparación con el 0,65 por ciento mayor por mutación entre quienes no realizaban el ejercicio necesario.

De forma similar, cada gen mutado se asociaba con un aumento del 0,4 por ciento en la grasa corporal y 0,6 centímetros de aumento en la circunferencia de cintura entre los que hacían ejercicio en comparación con un aumento del 1,7 por ciento en la grasa corporal y de 1,15 centímetros más en la circunferencia de cintura entre quienes no lo hacían en los niveles necesarios.

Los autores concluyen que estos descubrimientos tienen importantes implicaciones de salud pública e indican que seguir las recomendaciones de actividad física podría contrarrestar la obesidad asociada con el polimorfismo en FTO en los adolescentes.

Tomado de: www.europapress.es

18 de abril de 2010

Una dieta alta en vitamina B reduce el riesgo cardiovascular

El consumo de más alimentos que contienen folatos de vitamina B y B-6 reduce el riesgo de mortalidad por ictus y enfermedad cardiaca en las mujeres y podría reducir el riesgo de fallo cardiaco en los hombres, según un estudio de la Universidad de Osaka en Japón que se publica en la revista 'Stroke: Journal of the American Heart Association'.

Según explica Hiroyasu Iso, director del estudio, los japoneses necesitan un mayor consumo dietético de folatos y vitamina B-6, lo que podría conducir a la prevención de la enfermedad cardiaca.

Los descubrimientos sobre el valor de las vitaminas del grupo B son consistentes con estudios en Europa y Norteamérica, aunque el consumo dietético de vitamina B-6 suele ser generalmente más bajo en Japón que en los Estados Unidos.

Los investigadores analizaron datos de 23.119 hombres y 35.611 mujeres de entre 40 y 79 años que completaron cuestionarios de frecuencia alimentaria como parte de un amplio estudio japonés. Durante una media de 14 años de seguimiento murieron 986 personas de ictus, 424 de enfermedad cardiaca y 2.087 a causa de enfermedades asociadas al sistema cardiovascular.

Los investigadores dividieron a los participantes en cinco grupos basados en su consumo de folatos, vitamina B-6 y vitamina B-12. En comparación con aquellos con las dietas más bajas y más altas de cada nutriente, descubrieron que el mayor consumo de folatos y vitamina B-6 se asociaba con menores muertes por fallo cardiaco en hombres y por ictus, enfermedad cardiaca y cardiovascular en mujeres. El consumo de vitamina B-12 no se asoció con un menor riesgo de mortalidad.

Los efectos protectores del folato y la vitamina B-6 no cambiaron cuando los investigadores tuvieron en cuenta la presencia de otros factores de riesgo cardiovasculares, ni cuando eliminaron a quienes consumían suplementos de los análisis.

Según los investigadores, el folato y la vitamina B-6 podrían ayudar a combatir la enfermedad cardiovascular al disminuir los niveles de homocisteína. La homocisteína es un aminoácido de la sangre que se ve afectado por la dieta y la heredabilidad. El ácido fólico y otras vitaminas B ayudan a descomponer la homocisteína en el organismo.

No se ha podido establecer un vínculo causal pero existen evidencias de que demasiada homocisteína podría dañar la capa interna de las arterias y promover la formación de coágulos sanguíneos.

Las fuentes de folatos incluyen verduras y frutas, cereales integrales o enriquecidos, cereales fortificados, judías y legumbres. Las fuentes de vitamina B-6 incluyen verduras, pescado, hígado, carnes, cereales integrales y cereales fortificados.





Tomado de: www.europapress.es

Ingerir más carbohidratos y menos grasas eleva riesgo cardíaco

Quienes reducen el consumo de ácidos grasos saturados y aumentan el de pan blanco, pastas y otros carbohidratos refinados, que pueden elevar el nivel de azúcar en sangre, no están cuidando el corazón, reveló un estudio en Dinamarca.

Pero reducir el consumo de ácidos grasos saturados mientras se ingiere más pan integral, vegetales (además de papas) y otros carbohidratos con un efecto no tan nocivo en el azúcar en sangre mejoraría la salud cardiaca, precisó el equipo de Marianne U. Jakobsen, de Aarhus University Hospital. "El tipo de carbohidratos es importante", dijo Jakobsen a Reuters Health.

Un análisis reciente de 21 estudios sobre 350.000 personas en total "no halló evidencias significativas" de que la grasa saturada eleve el riesgo de desarrollar enfermedad cardiaca, pero los autores sugirieron que lo más importante sería aquello con lo que los participantes reemplazaron esas calorías derivadas de las grasas saturadas.

Otro estudio lo comprobó: quienes habían consumido más ácidos grasos poliinsaturados y menos grasas saturadas pudieron mejorar la salud cardiaca.

En el nuevo estudio, el equipo analizó el papel de los carbohidratos en la ecuación al medir el "índice glucémico" de los distintos tipos de carbohidratos. El índice glucémico es una medida de la velocidad del aumento del azúcar en sangre tras consumir cierto tipo de carbohidratos.

Los alimentos con bajo índice glucémico tienden a ser ricos en fibra y menos refinados, como los productos de granos integrales. Mientras que los alimentos con alto índice glucémico suelen ser reducidos en fibra y muy refinados, como el pan blanco, las pastas con harina blanca y banana.

Para investigar cómo el aumento del consumo de carbohidratos y la reducción de los ácidos grasos saturados afectan la salud cardiaca, el equipo estudió a 53.644 hombres y mujeres que nunca habían sufrido un infarto. Durante 12 años de seguimiento hubo casi 2.000 infartos. El equipo dividió a los participantes en tres grupos, según el índice glucémico promedio de los carbohidratos que consumían y, luego, estimó el riesgo de sufrir un infarto según la composición de la dieta individual.

El riesgo de tener un infarto disminuyó un 12 por ciento por cada 5 por ciento extra de calorías totales derivadas de carbohidratos, si el índice glucémico alimentario promedio era bajo. De todos modos, esa reducción no fue estadísticamente significativa.

Pero entre los participantes con el índice glucémico alimentario promedio más alto, ese riesgo aumentó un 33 por ciento por cada 5 por ciento adicional de calorías consumidas provenientes de carbohidratos.

En el grupo con un índice glucémico promedio, el aumento del consumo de carbohidratos combinado con la reducción del de ácidos grasos saturados no modificó el riesgo cardiaco.

"No podemos decir que los ácidos grasos saturados no estén asociados con un aumento del riesgo de desarrollar enfermedad coronaria porque eso depende de con qué se los compare", dijo Jakobsen a Reuters Health. Desafortunadamente, conocer el índice glucémico de cada alimento no es simple. "Es una forma científica de clasificar alimentos, de modo que no es un proceso amigable con la población general", agregó.

De todos modos, la autora dijo que las personas pueden reducir el índice glucémico de su alimentación con solo ingerir "alimentos menos refinados".

Tomado de: www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/

Una dieta baja en lácteos y carne reduce el riesgo de alzheimer

Los individuos cuya dieta incluye más aliños de ensalada, frutos secos, pescado, aves y ciertas frutas y vegetales y menos productos lácteos altos en grasa, carnes rojas, vísceras y mantequilla parecen menos propensos a desarrollar enfermedad de Alzheimer, según un estudio del Centro Médico de la Universidad de Columbia en Nueva York. Los resultados del estudio se publican en la edición digital de la revista 'Archives of Neurology'.

Los investigadores, dirigidos por Yian Gu, estudiaron a 2.148 adultos mayores de 65 años o más sin demencia que vivían en Nueva York. Los participantes proporcionaron información sobre sus dietas y fueron evaluados sobre el desarrollo de demencia cada 1,5 años durante una media de cuatro años.

Los autores identificaron varios patrones dietéticos con varios niveles de siete nutrientes que se asociaban al riesgo de Alzheimer: ácidos grasos saturados, ácidos grasos monoinsaturados, ácidos grasos omega-3, ácidos grasos omega-6, vitamina E, vitamina B12 y folatos. Durante el seguimiento se produjeron 253 casos de Alzheimer.

Los investigadores identificaron un patrón dietético asociado con un menor riesgo de enfermedad que incluía un alto consumo de aliños para ensalada, frutos secos, pescado, tomate, aves, frutas y verduras crucíferas (coliflor, brócoli, repollo, etc) y de hoja verde y bajo consumo de lácteos altos en grasa, carne roja, vísceras y mantequilla.

Según señalan los autores del trabajo, la combinación de nutrientes en el patrón de dieta de bajo riesgo refleja múltiples mecanismos en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.

Así, citan como ejemplo que la vitamina B12 y el folato son vitaminas asociadas a la homocisteína que podrían tener un impacto en la enfermedad de Alzheimer a través de su capacidad para reducir los niveles de homocisteína circulantes; la vitamina E podría prevenir el Alzheimer a través de su potente efecto antioxidante y los ácidos grasos podrían asociarse con la demencia y la función cognitiva a través de la aterosclerosis, trombosis o inflamación a través de un efecto sobre el desarrollo cerebral y el funcionamiento de las membranas o a través de la acumulación de beta-amiloides.

Los investigadores concluyen que sus descubrimientos apoyan una exploración posterior de una dieta basada en la combinación de alimentos para la prevención de este importante problema de salud pública.

Tomado de: www.europapress.es

Bebés con sobrepeso tendrían un retraso en habilidades motrices

Los bebés "rellenitos" son adorables pero el sobrepeso podría retrasar el desarrollo de su capacidad de girar, gatear o realizar otras funciones físicas, según un nuevo estudio.

Un equipo, dirigido por Meghan Slining, estudiante del doctorado de epidemiología nutricional en la University of North Carolina, en Chapel Hill, evaluó a 215 bebés durante 18 meses. El 20 por ciento, es decir, 31 de los 152 bebés con sobrepeso en alguna de las evaluaciones, tenían un retraso en sus habilidades motrices, resumió Slining a Reuters Health.

Durante esas observaciones, el equipo halló también que 75 bebés tenían demasiada grasa corporal acumulada en el abdomen, los brazos y la parte superior de la espalda. El 23 por ciento de esos bebés (17) tenían un retraso en el desarrollo de las habilidades motrices.

En todas las observaciones de control, estos retrasos, como la incapacidad de sentarse durante 30 segundos, eran dos veces más frecuentes en los bebés con sobrepeso y con obesidad que en los bebés con peso "normal".

El estudio, publicado en Journal of Pediatrics, es el primero que "sugiere que los bebés con sobrepeso y con una cantidad excesiva de grasa corporal tendrían más riesgo de sufrir retrasos en el desarrollo de las habilidades motrices que los bebés sin kilos o grasa extra", dijo la autora.

Durante las visitas a hogares de bajos ingresos de bebés afroamericanos, el equipo registró la habilidad de cada bebé de mostrar entre 14 y 21 habilidades diferentes para cada edad. Además, midieron su grasa corporal, peso y altura.

Inicialmente, 62 tenían sobrepeso, según las tablas para bebés de 3 meses elaboradas por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por su sigla en inglés) de Estados Unidos. A los 6 meses, 30 tenían sobrepeso y, a los 18 meses, 14 mantenían el sobrepeso. En el control a los 3 meses de edad, 20 bebés tenían mayor cantidad de grasa corporal promedio que el resto de la muestra. A los 18 meses, 12 bebés seguían iguales.

En general, los bebés de 3 meses sostienen la cabeza, se pueden sentar con ayuda y giran sobre sí mismos, mientras que a los 6 meses ya se pueden sentar solos y empiezan a gatear. Pero los bebés de 6 meses con pocas habilidades motrices no se mantienen sentados sin ayuda durante 30 segundos ni pueden pasar de estar recostados boca arriba a quedar boca abajo, precisó Slining.

Los bebés de 18 meses con retraso motriz no tienen suficiente equilibrio como para caminar hacia atrás o hacia los costados, ni para pararse en un pie durante dos segundos. Normalmente, dijo, la habilidad para caminar se desarrolla entre los 9 y los 12 meses de edad, y los bebés de 18 meses caminan hacia atrás y suben escaleras.

Para el equipo, es importante que los padres organicen un espacio seguro que el bebé pueda explorar, pero los bebés con sobrepeso pueden limitar este espacio al alcance de sus brazos.

Aun así, y sin estudiar a otros grupos de bebés durante meses y años, el equipo ignora si el sobrepeso o el exceso de grasa corporal pueden retrasar el desarrollo de las habilidades motrices en niños de mayor edad.

11 de abril de 2010

Caminar reduce riesgo de derrame cerebral en mujeres

Beneficios son mayores si se camina dos horas por semana a paso rápido. Posibilidades de infarto cerebral bajan hasta un 68% con este ejercicio.

Las mujeres que caminan al menos durante dos horas a la semana a paso rápido (cerca de 6 km/h) tienen menos riesgo de sufrir derrames cerebrales que quienes no realizan este ejercicio. Así lo señala un estudio realizado por especialistas de la Asociación Estadounidense del Corazón, publicado en la revista Stroke: Journal of the American Heart Association.

Según la investigación, caminar mejora la circulación, baja el colesterol y la presión arterial, y promueve la pérdida de peso. Todos estos factores hacen que el riesgo de derrames cerebrales se reduzca en las mujeres.

“Anteriormente se había visto que caminar era bueno para evitar ataques al corazón; hoy sabemos que sucede lo mismo con los ataques cerebrales”, dijo Jacob Sattelmair, coordinador del estudio.

Sin embargo, los resultados no pueden aplicarse a los hombres. Según los investigadores, la relación entre una caminata y el riesgo de derrame en un hombre es inconsistente. Aunque no hay evidencia del por qué sí beneficia a la mujer, los especialistas creen que se debe al papel de las hormonas femeninas, explicó el experto.

El estudio

Los investigadores siguieron a 39.315 mujeres durante 12 años. Cada dos años, ellas recibían un chequeo médico y se les preguntaba cuánta actividad física realizaban. Posteriormente, se les acompañaba en sus ejercicios durante una semana. Durante el período de estudio, 579 mujeres sufrieron un derrame cerebral; más del 60% no caminaba ni realizaba otra actividad física.

Existen dos tipos de ataques cerebrales: el isquémico y el hemorrágico. El isquémico se produce cuando una arteria o vena del cerebro se “bloquea” e impide el flujo de sangre a una parte del órgano. Minutos después, las células empiezan a morir por falta de oxígeno y nutrientes.

El derrame hemorrágico ocurre cuando un vaso sanguíneo del cerebro se rompe y sangra. Al producirse sangrado, las células no reciben oxígeno ni nutrientes.

La investigación señala que las mujeres que caminan rápido tienen un 68% menos de posibilidades de un ataque hemorrágico y si caminan más de dos horas a la semana, el riesgo baja a 57%.

Las mujeres que caminan rápido tienen 25% menos posibilidades de sufrir un derrame isquémico y si caminan más de dos horas semanales el riesgo se reduce a 21%.

Tomado: www.nacion.com

Proponen proteínas, pocos carbohidratos para adolescentes obesos

Con control médico, una dieta rica en proteína y reducida en carbohidratos es una alternativa segura y efectiva para que los adolescentes obesos adelgacen. Las opciones terapéuticas efectivas para los jóvenes obesos son limitadas, "en especial, para aquellos muy obesos", aclaró en The Journal of Pediatrics el equipo de la doctora Nancy F. Krebs, profesora de pediatría y directora de la División de Nutrición Pediátrica de la Escuela de Medicina de la University of Colorado.

"A los médicos les preocupa que una dieta rica en grasas pueda alterar el desarrollo y elevar el colesterol. Esa ha sido una barrera para usarla", explicó Krebs a Reuters Health por vía telefónica.

Al azar, el equipo indicó a 24 adolescentes con obesidad mórbida una dieta rica en proteínas y reducida en carbohidratos, y comparó los resultados con un grupo de 22 adolescentes, que durante 13 semanas siguieron una dieta reducida en grasas.

Los participantes del grupo estudiado tenían 14 años y su peso era por lo menos un 175 por ciento superior a su peso ideal, pero no sufrían diabetes tipo 2 ni otras enfermedades graves. El equipo los supervisó cuidadosamente durante el estudio.

El grupo tratado con una alimentación rica en proteínas y reducida en carbohidratos adelgazó 13 kilos en 13 semanas, mientras que el grupo de control adelgazó 7 kilos. Ambos grupos seguían con el mismo peso a los 9 meses de haber finalizado el estudio.

"Esperábamos que el grupo tratado con una dieta rica en proteína y reducida en carbohidratos recuperara rápidamente todo el peso perdido, pero eso no fue lo que sucedió. Eso sugiere que, con un apoyo sostenido, los pacientes podrían haber adelgazado aún más", dijo Krebs.

La dieta fue segura, no causó efectos adversos en el desarrollo, la densidad mineral ósea y otros parámetros "metabólicos", como el colesterol. Ambos grupos sufrieron una reducción de los niveles de colesterol LDL o "malo" y un aumento de los niveles de colesterol HDL o "bueno" para el corazón.

La psicóloga clínica Angela Celio Doyle, del Programa de Trastornos de la Alimentación y el Peso, de la University of Chicago, que no participó en el estudio, opinó que la investigación "llena el vacío" en la literatura científica sobre la obesidad adolescente.

Doyle dijo que el estudio en Colorado respalda el uso de una dieta rica en proteína y reducida en carbohidratos como una opción para que los adolescentes obesos mórbidos adelgacen. "Por ahora, no existe un tratamiento prioritario para que esos adolescentes bajen de peso", dijo. Los Institutos Nacionales de la Salud y la Asociación Nacional de Ganaderos financiaron el estudio.

Tomado de: www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/

Huevos en el desayuno para mantener la línea

«Desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo». El famoso dicho recalca la importancia de realizar cada mañana un buen desayuno que nos aporte la energía necesaria para afrontar el día.

El desayuno debería aportar entre el 20 y el 25 por ciento de las calorías diarias, pero muchos piensan erróneamente que saltarse la primera comida del día contribuye a la bajada de peso, pero nada más lejos de la realidad. El tradicional desayuno americano, que incluye huevos, se ha revelado como el mejor modo de reducir el hambre durante el día y disminuir el consumo de calorías en el resto de comidas.

Así lo asegura un nuevo estudio, publicado en la edición de febrero de la revista «Nutrition Research», que ha encontrado que los hombres que tomaban un desayuno a base de huevo ingierieron significativamente menos calorías cuando se les ofrecía un almuerzo de buffet libre que cuando realizaron un desayuno rico en hidratos de carbono con las mismas calorías. Esta investigación apoya otros estudios previos que aseguran que comer huevos en el desayuno como parte de una dieta baja en calorías ayuda a las personas con sobrepeso que hacen dieta a perder un 65 por ciento más de peso.

«Hay una evidencia cada vez mayor sobre la importancia de la proteína de alta calidad en la dieta para la salud y en particular la importancia de la proteína en la comida del desayuno», asegura la doctora María Luz Fernández, autora del estudio y profesora en el departamento de Ciencias de la Nutrición en la Universidad de Connecticut. «Hemos examinado dos desayunos típicos americanos, y según las clasificaciones de los participantes en el estudio, un desayuno rico en proteínas ayuda a mantener a raya el hambre».

La investigación

Veintiún hombres participaron en la investigación. Cada uno se comió dos desayunos diferentes. En uno de los test los participantes comieron un desayuno a base de huevo, rico en proteínas, que constaba de tres huevos revueltos y una pieza y media de pan blanco tostado. El otro desayuno rico en hidratos de carbono consistía en un bagel, una cucharada y media de queso crema bajo en grasa y un yogur bajo en grasa. Los dos desayunos contenían la misma cantidad de calorías, pero cuando los hombres comían el desayuno a base de huevo los investigadores observaron que, a la hora del almuerzo, los hombres ingerían alrededor de 112 calorías menos después del desayuno con huevos en comparación con el basado en el bagel.

Además, consumieron aproximadamente 400 calorías menos en el período de 24 horas después del desayuno de huevos y los análisis de sangre mostraron que la grelina, la hormona que estimula el hambre cuando están elevadas, fue significativamente mayor después del desayuno del bagel.

«Comenzar el día con un desayuno de proteína de alta calidad como los huevos es una gran herramienta conseguir energía de larga duración y reducir el consumo de calorías», añade la asesora de nutrición Reynolds Helenbeth. «Por sólo 70 calorías, los huevos son una fuente compacta y rica en nutrientes de proteínas de alta calidad, y casi la mitad de la proteína del huevo, junto con muchos otros nutrientes, se encuentra en la yema, así que yo siempre recomiendo comer el huevo entero».

Para aquellos que van siempre con prisa cuando se levantan, Reynolds recomienda los siguientes consejos para hacer un desayuno rico en proteínas de forma rápida y fácil:

-Para una comida rápida equilibrada y satisfactoria, batir un huevo en un tazón pequeño o taza de café, ponerlo en el microondas durante 60 segundos y después ponerlo encima de un panecillo tostado cubierto con queso bajo en grasa y una rodaja de tomate.

-Otra opción es cocer varios huevos y mantenerlos en la nevera para poder consumirlos de forma rápida cuando queramos.

-También se pueden elaborar unos «Muffin Frittatas», una especia de tortillas a base de huevo, queso, pimiento rojo, calabacín y cebolla. Se hornean y después pueden recalentar en el microondas.

Tomado de: www.abc.es

3 de abril de 2010

La dieta puede revertir la aterosclerosis

Una dieta baja en carbohidratos, una dieta baja en grasas y la dieta mediterránea son igual de eficaces para ayudar a las personas obesas o con sobrepeso a recuperarse de la aterosclerosis de la carótida después de perder cantidades moderadas de peso y mejorar su presión sanguínea, según un estudio dirigido por la Universidad Ben-Gurion del Negev en Beer-Sheva (Israel) que se publica en la revista 'Circulation: Journal of the American Heart Association'.

Los investigadores examinaron si la dieta podía revertir la aterosclerosis, un trastorno de progresión lenta en el que las arterias se engrosan con la acumulación de placas, aumentando el riesgo de ataques cardiacos e ictus. Los autores compararon las tres dietas entre participantes con sobrepeso, la mayoría hombres, que estaban bajo un alto riesgo de aterosclerosis.

Los investigadores estudiaron a 140 personas, el 88 por ciento hombres, con una edad media de 51 años y un índice de masa corporal medio de 30,4 del Centro de Investigación Nuclear Negev que fueron asignados de forma aleatoria a una dieta baja en carbohidratos, baja en grasas o mediterránea.

El 26 por ciento de los participantes utilizaban terapias para bajar los lípidos, incluyendo un 20 por ciento que tomaban estatinas y casi una tercera parte del grupo medicamentos para la hipertensión. Además se tomaron medidas de presión sanguínea cada tres meses y muestras de sangre para seguir marcadores biológicos, como los niveles de homocisteína, tras un ayuno de 12 horas, a los 6 meses y de nuevo a los 24 meses. La pared de la arteria carótida y los cambios en el grosor arterial se midieron utilizando imágenes tridimensionales tomadas por ultrasonidos.

Los participantes mantuvieron diarios de alimentación y respondieron a cuestionarios dietéticos de forma periódica. Aunque los déficits calóricos fueron similares entre los tres grupos, el consumo de carbohidratos, fibra, colesterol dietético y grasas monoinsaturadas y saturadas variaron dependiendo del tipo de dieta. Sin embargo, estas variaciones en el consumo de nutrientes no produjeron diferencias significativas en los resultados.

Después de dos años, los investigadores descubrieron un 5 por ciento de regresión en el volumen de la pared de la carótida y un 1,1 por ciento de disminución en el grosor de la arteria carótida.

En comparación con los participantes que tenían un aumento de volumen de la pared de la carótida, aquellos con disminuciones tenían otras mejoras: mayor pérdida de peso (5,3 kilogramos frente a 3,1 kilogramos), menores niveles de presión sanguínea sistólica (6,8 mmHg frente a 1,1 mmHg), mejores niveles de homocisteína y un aumento en la alipoproteína A1 (Apo A1), el principal componente del colesterol 'bueno'.

Según indican los investigadores, más allá del tratamiento farmacológico, los datos son de los primeros en mostrar el potencial de la dieta como un método de modificación del estilo de vida para evitar la aterosclerosis. Los descubrimientos indican que la pérdida de peso moderada continuada, no el contenido en macronutrientes de las diferentes dietas, conduce a una mejora en la salud cardiovascular.

Iris Shai, director del estudio, apunta que "la adherencia a largo plazo a dietas de pérdida de peso es eficaz para revertir la aterosclerosis de la carótida siempre y cuando sigan una de las actuales opciones de dieta sana".

Shai añade que el efecto es más pronunciado entre las personas ligeramente obesas que pierden más de 5,5 kilogramos de peso corporal y cuya presión sanguínea sistólica disminuye más de 77 mmHg. Un aumento en ApoA1, la alipoproteína del colesterol HDL, y una disminución en los niveles sanguíneos de homocisteína total están además asociados con un éxito posterior en la reversión de la aterosclerosis de carótida.

Tomado de: www.europapress.es

Tomar frutas y hortalizas a diario mejora el desarrollo cognitivo

Un estudio de la Universidad Heinrich-Hein de Düsseldorf, Alemania, ha demostrado que los sujetos que ingieren frutas y hortalizas en las cantidades recomendadas tienen un mejor funcionamiento de su sistema cognitivo.

El estudio tomó como muestra a personas sanas de entre los 45 y 102 años, y se observó que aquellos que tienen una ingesta adecuada de frutas y hortalizas en su alimentación diaria tienen una mayor capacidad de generar antioxidantes naturales y presentan un mejor comportamiento cognitivo. Estos resultados son decisivos a la hora de prevenir enfermedades degenerativas, como por ejemplo el Alzheimer u otras demencias.

Algunas frutas y hortalizas contienen mayores capacidades antioxidantes, como puede ser las que presentan un color rojizo, morado o azulado (las bayas, la berenjena o la granada) contienen una sustancia denominada antocianina, cuyas propiedades antioxidantes han sido evaluadas incluso en la prevención del cáncer. Igualmente, las hortalizas de hoja verde (espinacas o acelgas), cuya concentración de vitamina C es bastante elevada, ayudan a proteger nuestro sistema inmunológico.

Tomado de: www.europapress.es