19 de febrero de 2012

Verdades y mentiras sobre las dietas

Falta de desayuno y una cena excesiva, algunas de las principales causas del aumento de peso

No desayunamos. Comemos rápido, poco y mal, sobre todo si lo hacemos fuera de casa. Y ya no ingerimos nada más hasta que llega la noche. Entonces abusamos de la cena y nos vamos a dormir sin dejar pasar mucho tiempo. «Y ahí empiezan los problemas». Así resume la especialista en Endocrinología y Nutrición Juana Fraile el tipo de vida alimentaria más común de los pacientes que acuden a su consulta en busca de una solución para perder peso. «De este manera, solo se hacen dos comidas al día y convertimos la cena en la más importante por la vida trepidante que llevamos. El problema es que el gasto metabólico de la persona va bajando a lo largo del día, de manera que todas las ingestas que se hagan por la noche son las que más se almacenan».

En esta idea abunda el doctor extremeño José Enrique Campillo, experto en Fisiología: «Así como el organismo tolera muy bien dormir después de almorzar, tolera muy mal hacerlo inmediatamente después de cenar. Lo ideal es dejar pasar un par de horas. Por otra parte, no hay ningún trabajo científico que demuestre que unos alimentos engordan más que otros por la noche. Lo importante es no cenar mucho y temprano», añade el que fuera catedrático -ya jubilado- de la Universidad de Extremadura.

Este es solo un ejemplo, coinciden ambos especialistas extremeños, de los numerosos malos hábitos que se han asentado en la sociedad en cuestiones de alimentación. «Y las dietas milagro no son la solución», subraya Campillo. Asegura el doctor que teniendo en cuenta el ritmo de vida actual, las personas que quieren perder peso se tiran de cabeza a «planes que dicen: 'Adelgaza sin dejar de comer y sin hacer ejercicio'. ¡Eso es imposible!», manifiesta. E intentarlo, subraya, puede resultar nocivo para la salud. «Una dieta de estas raras te puede crear una anemia porque no aporte el hierro suficiente. O se puede tratar de un plan basado solo en verduras y tomas poco calcio, y entonces aumenta la osteoporosis».

«El problema es que son desequilibradas y muy drásticas -señala Fraile-. El peso corporal debe perderse poco a poco para no desestabilizar ciertos mecanismos de seguridad del organismo. Nosotros tenemos una memoria de peso, y si se hacen cambios bruscos, esa memoria se altera. Imaginemos que una persona tiene que entrar en la UCI, eso supone un estrés muy grande y el organismo baja el consumo de energía para que no te mueras; cuando haces una dieta muy drástica y pasas de comer muchas calorías a pocas, el organismo no sabe si es porque estás enfermo. Y puede que incluso después de hacer una de estas dietas drásticas, se altere la memoria de peso y tu organismo baje el consumo basal hasta un 30%», detalla Fraile. Campillo añade que lo correcto es eliminar 50 gramos al día, «que son 18 kilos en un año».

Otro peligro de los métodos milagrosos es la pérdida de masa corporal: «Adelgazar significa perder grasa, no músculo», destaca la endocrina. «Es más -apostilla el doctor-, gran parte de las calorías que nosotros gastamos cada día la consumen los músculos. Si éstos están atrofiados, porque no se hace ejercicio físico, se gasta menos».

Ambos expertos insisten en el equilibrio alimenticio. Comer de todo y saber qué cantidad es la normal. «Yo lo primero que hago con los pacientes es una encuesta alimentaria para saber qué es para ellos lo normal. Y a partir de ahí corrijo errores. Por ejemplo, una naranja puede ser sana, pero tomarse tres naranjas a media mañana no, porque podríamos estar hablando de medio kilo de fruta, y eso es mucho azúcar», indica Fraile.

«Mi consejo es que se coja uno una libretita y anota de lunes a lunes todo lo que come desde que se levanta hasta que se acuesta, sin olvidar nada, ni un pequeño bombón. Y luego tranquilamente se lo lee y va haciendo un círculo rojo a aquellas cosas que comió sin necesidad. Solo con suprimir esas cosas que están rojo y hacer algo de ejercicio físico cada día, se pueden perder seis o siete kilos en un par de meses», dice Campillo.

El ejercicio físico

Y la peor enemiga de las dietas es, sin duda, la impaciencia, «sobre todo en el ejercicio físico», apunta Carlos Pérez, coordinador de la piscina del gimnasio Puerta Palma y uno de los entrenadores de este centro deportivo de Badajoz. «El error más frecuente es que los usuarios quieren empezar muy fuerte, quieren perderlo todo de golpe y claro, enseguida aparecen las agujetas y el agotamiento físico. Y la consecuencia es que se pierde el poco hábito que tanto ha costado adquirir». Pérez recomienda empezar con tres o cuatro horas de ejercicio a la semana o unos 45 minutos al día. Los dos médicos consultados consideran que con 30 minutos al día ya hay resultados.

Independientemente de la alimentación equilibrada y el deporte, lo más importante es la preparación mental. «Hay que aprender a controlar los momentos de ansiedad. Detrás de un problema de peso, suele haber otro tipo de problemas emocionales, y eso hay que tratarlo», explica Juana. «En EE UU, de hecho, hay muchas clínicas que tratan la obesidad como una adicción más, como la droga o el alcohol, y se hacen terapias de grupo». Y, sin duda, lo fundamental, coinciden ambos expertos, es saber dónde está el límite.

Tomado de: www.hoy.es

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