21 de abril de 2012

La dificultad de comer sin leche

Por MAITE ZUDAIRE / Tomado de: www.consumer.es

La leche o alguno de sus componentes problemáticos se localizan en alimentos tan insospechados como el jamón, los embutidos, las salsas o los precocinados

La leche de vaca se revela como un alimento problemático para numerosas personas con perfiles sintomáticos muy diversos: desde quienes no toleran la lactosa (el azúcar natural de la leche), hasta quienes tienen diagnosticada una alergia a la caseína, la proteína más alergénica de la leche de vaca, o personas que han desarrollado una histaminosis alimentaria (un tipo de intolerancia alimentaria) a la leche de vaca. Sin embargo, identificar algunos alimentos problemáticos puede resultar muy difícil.

Además de eliminar de la dieta todos los lácteos (leche, yogur, queso, cuajada, requesón) y demás derivados (flanes, natillas...), la leche o alguno de sus componentes problemáticos son ingredientes comunes en un sinfín de productos insospechados, como pueden ser el jamón serrano, los embutidos, productos de charcutería o precocinados y masas.

Dieta sin leche

Las circunstancias de enfermedad, crónica o pasajera, que conducen a una persona a no incluir o a eliminar la leche de vaca, sus derivados y todos los productos que incluyan alguno de estos alimentos en su dieta cotidiana son diversas. La alergia a la caseína es el trastorno más conocido, seguido de la intolerancia a la lactosa. En la primera circunstancia, la eliminación de todos los productos lácteos es de obligado cumplimiento para la mejora sustancial del malestar, es decir, de los síntomas.

En la intolerancia a la lactosa, la tolerancia a este alimento es más individual, por lo que la dieta se adaptará a cada circunstancia personal para no hacerla más estricta de lo necesario. Hay quien es intolerante a la lactosa pero acepta, sin molestias, pequeñas cantidades de leche como la contenida en un café cortado, algo de queso o yogures.

Si la dieta ha de ser estricta, como sucede al inicio de una histaminosis alimentaria no alérgica o de una alergia, cabría comenzar por eliminar la leche y todos los derivados, como yogur, cuajada, requesón, todo tipo de quesos elaborados con leche de vaca y demás productos con base de leche (flanes, natillas, arroz con leche, crepes, bechamel). Incluso conviene no tomar leche de otros mamíferos que pudieran tener proteínas afines como la de cabra, oveja o búfala (el auténtico queso mozarella se elabora con esta última).

Eliminar los lácteos básicos es más problemático cuanta más afición tenga la persona afectada a estos alimentos y más integrados estén en la dieta cotidiana.

Leche en alimentos problemáticos insospechados

La dificultad añadida está en la necesidad de prescindir de un sinfín de productos para los cuales se debe hacer un esfuerzo mayúsculo al identificar los componentes problemáticos: las proteínas de la leche pueden estar presentes en alimentos tan insospechados como el jamón, los embutidos o distintos derivados de charcutería (mortadelas, patés de hígado de cerdo, salchichas o jamón cocido).
Otros productos de origen tan variopinto como la repostería, las salsas o los alimentos precocinados contienen aditivos que pueden ser de origen lácteo, como grasas animales (nata, mantequilla o crema de leche), sólidos lácteos, proteínas y/o aromas de leche, aunque se desconoce a simple vista porque no se especifica el origen.

La clave está en prescindir de cualquier alimento del cual no se tenga la completa seguridad del origen de sus ingredientes, incluidos los aditivos. Por ello, la orientación y el consejo en la dieta de un nutricionista son imprescindibles si se pretende seguir una dieta terapéutica que cumpla tal propósito: curar la enfermedad al reducir o eliminar los síntomas que provocan el malestar y, en consecuencia, mejorar la calidad de vida de la persona.

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