7 de julio de 2012

La lucha contra obesidad no es sólo cuestión de fármacos

Esta semana se conocía que EEUU ha aprobado un fármaco contra la obesidad llamado Belviq. La agencia estadounidense del medicamento (FDA, según sus siglas en inglés) le ha dado el visto bueno, pero los expertos se preguntan si será un éxito de ventas y, lo que es más importante, qué efectos puede provocar en la salud una vez que se comercialice. Estos días, también se celebra en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander el curso 'Alimentación, nutrición y estilo de vida. Impacto de la actividad física sobre la salud' y algunos de los participantes ponen de manifiesto una cuestión: "El tratamiento farmacológico ha sido decepcionante hasta ahora".

"Es difícil fiarnos de un fármaco que sólo ataca a una diana como es este caso", explica Manuel Serrano Ríos, profesor emérito de Medicina Interna de la Universidad Complutense de Madrid, miembro de la Real Academia Nacional de Medicina y director del Instituto Danone. "Lo ideal sería encontrar una 'polipíldora'", prosigue. Con ello se refiere a que Belviq activa un receptor, la serotina 2C, que bloquea las señales de apetito en el cerebro y logra que los pacientes se sacien con pequeñas dosis de comida.

Él y otros especialistas como Mario Foz, profesor emérito de la Universidad Autónoma de Barcelona, hablan de nuevas vías en la investigación que apuntan a las posibilidades que ofrece el tejido marrón, que junto al blanco forma el tejido adiposo. El primero es el que trabaja para quemar calorías, al contrario que el blanco, que es el reservorio de energía. "Con la búsqueda de más tejido marrón puede haber descubrimientos, pero es difícil", señala Foz. Ambos explican que de ser así, podrían existir tratamientos que facilitaran la "intertransformación" de energía en distintas partes del cuerpo y por ello, no desprecian los avances en fármacos, pero tienen claro una cosa: "Aunque se produzcan descubrimientos, no hay que dejar de lado el estilo de vida".

"Ése es el futuro y seguirá siéndolo", afirma Manuel Serrano Ríos sobre la necesidad de una vida saludable gracias a una dieta equilibrada y a saber quemar las grasas de forma adecuada a través del ejercicio físico. De momento, el presente indica que la obesidad es una de las epidemias del siglo XXI. "Se está cambiando a peor no tanto en cantidad, sino en calidad", alerta por su parte el profesor emérito de Pediatría de la Universidad de Zaragoza, Manuel Bueno Sánchez, sobre los hábitos de consumo de alimentos. Considera que con la crisis esta situación puede mantenerse o agravarse, pero también se puede frenar si se llevan a cabo las medidas adecuadas.

"En los programas educativos deben ser obligatorias las charlas para concienciar a los jóvenes", señala. Serrano Ríos también coincide en que el papel de la escuela tiene cada vez más valor y apuesta porque los dietistas y nutricionistas asesoren directamente a los colegios. "En EEUU han puesto en marcha una iniciativa muy interesante en la que se mide, pesa y evalúa a los estudiantes para prevenir o detener la obesidad", explica. Ambos coinciden en que no es suficiente informar de que menú hay en los centros educativos cada semana y sí saber a ciencia cierta si cada alumno se acaba todo lo que hay en el plato. "Esto es una cuestión no sólo de médicos, sino de todos", concluyen.

Tomado de: www.elmundo.es

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