15 de septiembre de 2012

Las dietas extremas pueden llevar a mayor sobrepeso

Ante el apuro, muchos deciden confiar en fórmulas milagrosas que devuelvan la figura y las dietas extremas están a la orden del día. Pero... ¡malas noticias! No sólo no existen las soluciones mágicas, sino que además  los especialistas las desaconsejan cada vez más por sus efectos negativos para la salud y por el  famoso “efecto rebote” por el cual se recuperan rápidamente los kilos perdidos.

Aunque logran un descenso rápido hay que preguntarse a costa de qué. Suelen implicar un gran sacrificio por el impedimento de consumir ciertos alimentos o por la reducción de la ingesta que lleva a pasar hambre.

Mónica Katz, directora de la carrera de médico especialista en Nutrición de la Universidad Favaloro, enfatizó que las dietas extremas, en principio, no muestran mejor adherencia ni mejores resultados a largo plazo que las de bajas calorías y balanceadas. 

La profesional argumentó que una investigación demostró que si bien las personas perdían entre 5 y 10% de peso en los primeros seis meses, dos a cinco años después la mayoría de los participantes volvía al peso inicial. Además, entre 30 y 60% de los participantes había ganado más peso que el que había perdido con las dietas. Los mejores resultados se observaron entre los que seguían programas de pérdida de peso controlados, así como entre quienes hacían actividad física en forma regular.

Mecanismos

Con el aumento del sobrepeso crecieron los “dietistas” que ante todo son reincidentes y reciben el “plan nutricional” de mano de conocidos o internet, pero sin intervención médica.

El nutricionista y coordinador  de grupo del Dieta Club Mendoza, Diego Guzmán, explicó que en estos casos se habla  del “síndrome del pensamiento mágico” que es la ilusión de bajar lo más rápido posible con el menor esfuerzo. Esto le ocurre generalmente a personas con sobrepeso leve, de alrededor de 5 kilos de más o con índice de masa corporal (IMC) de entre 23 y 24,9, lo que se denomina “sobrepeso estético”. Como consecuencia del efecto rebote tienen la sensación de no lograr lo que se proponen, se sienten frustrados y para calmar la ansiedad apelan a la comida.

“Aunque los planes hipocalóricos de menos de 800 calorías tienen resultados a corto plazo, apelan al efecto de la privación que implica comer menos de lo que el cuerpo necesita”, indicó Guzmán. Según señaló, esto activa los “genes ahorradores”, que hacen que debido a la baja de la ingesta, el organismo baje el gasto y ralentice el metabolismo. De esta manera, al volver a la rutina alimentaria luego de la dieta no se gastan las calorías consumidas y se aumenta de peso.

Según el nutricionista, para una persona con sobrepeso que consume entre 3 y 4 mil calorías diarias, semejante disminución es prácticamente inanición y resulta insostenible.

En estas circunstancias se corre serio riesgo de padecer diabetes tipo II; ya que ante un ayuno prolongado, el páncreas segrega más insulina por mayor concentración de azúcar en sangre y se produce una insulino-resistencia.

Las carencias alimentarias que conllevan este tipo de dietas pueden desencadenar el síndrome metabólico, que además de la diabetes incluye hipertensión, obesidad o sobrepeso y dislipidemia (alteración del colesterol y triglicéridos).

Las de moda

La docente e investigadora en Nutrición Natalia Pampillón aseguró que la que más está de moda es la cetogénica, que es alta en grasas y proteínas y elimina los hidratos de carbono, verduras y frutas. “Pese a que es la más desequilibrada de todas, la hace todo el mundo; pero produce sarcopenia, que es la pérdida de masa muscular y grasas. Si perdés músculos, necesitás menos calorías para vivir, entonces luego es más fácil engordar” porque la mayor ingesta no se gasta. Además esta dieta en particular produce una toxina vascular que predispone a enfermedades cardiovasculares.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que tiene muchas contraindicaciones: no pueden realizarla niños, embarazadas, diabéticos, adolescentes, adultos mayores ni quienes tienen cálculos en la vesícula o los riñones e insuficiencia renal o hepática.

Hay otras que ponen énfasis en un alimento o grupo de ellos (del limón, del pomelo, de la fruta, etc.). En este caso comer se vuelve poco atractivo y se tornan hipocalóricas, no tienen un equilibrio nutricional, y producen pérdida de peso ‘ficticia’, ya que los kilos se recuperan rápidamente, además de poner en riesgo la salud física y psíquica.

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