18 de noviembre de 2012

Saber cocinar: clave para mejorar la salud

Por ALMA PALAU FERRÉ / Tomado de: www.consumer.es

Diversos estudios demuestran la relación entre saber cocinar y la salud, por lo que recuperar las habilidades y la confianza en la cocina es clave para comer mejor

Recuperar las habilidades culinarias y aumentar la confianza para preparar una buena comida puede tener un impacto muy positivo en la elección de los alimentos y en la ingesta dietética. Y es que conocer bien y en profundidad la cocina permite manejarse en ella con acierto para adaptarla a nuestras necesidades y aumentar la variedad de alimentos que consumimos. Los estudios demuestran una estrecha relación entre saber cocinar y la salud. Por ello, en muchas políticas alimentarias se prevé incluir clases de cocina en los programas escolares. El siguiente reportaje explica cómo es la relación entre saber cocinar y la salud, cuáles son las causas y las consecuencias de cocinar menos que antes e ideas para retomar el gusto por los fogones.

La relación entre saber cocinar y la salud

Una persona necesita más de cuarenta nutrientes distintos para mantener un buen estado de salud, y ningún alimento ni producto alimentario es capaz de suministrarlos todos por sí solo. La combinación y la variedad en el momento de comer es, por tanto, fundamental. Elegir bien cuando hacemos la compra y saber usar del mejor modo aquello que hemos comprado es indispensable para comer bien. Sin embargo, en ocasiones no ocurre así. Aunque hay una gran diversidad de alimentos y productos disponibles en el mercado, no siempre se aprovechan al máximo, entre otras razones, porque se desconoce cómo hacerlo.

Con el paso de los años, se ha sustituido a la cocina tradicional, de estofados y pucheros, por un tipo de alimentación más industrializada y menos saludable, alejada de la dieta mediterránea. Cada vez se consumen más comidas precocinadas y alimentos de preparación muy sencilla. Esta tendencia es más acusada en el Reino Unido -donde el consumo de alimentos de fácil preparación es el más alto de Europa y la comida se cocina con menos productos frescos-, pero se da en otros países de Europa. Incluso en Francia, cuya gastronomía es más conservadora respecto a cocinar con ingredientes básicos, parece que hay algún cambio en las preferencias hacia alimentos de fácil preparación, en especial, entre los adultos más jóvenes.

Investigaciones realizadas en Reino Unido e Irlanda sugieren que la falta de confianza y las pocas habilidades para cocinar contribuyen al menor consumo de frutas y verduras. En paralelo, aquellas personas que afirman haber estado más involucradas en la compra y la preparación de alimentos, o que cocinan más a menudo, suelen cumplir las recomendaciones dietéticas. Otras investigaciones llevadas a cabo en Europa también han demostrado que comer alimentos preparados fuera de casa y comer rápido se asocia con una dieta pobre y con una mayor ingesta de grasa total y de grasas saturadas. Por ello, sugieren que las políticas dirigidas a mejorar las habilidades en la cocina pueden ser una estrategia eficaz para promover un modo de comer saludable.

En diferentes estudios se ha comprobado que las habilidades en la cocina facilitan la variedad en la alimentación, aunque esto no es suficiente. Para llevar una dieta saludable, también se debe prestar atención a la capacidad de planificar y diseñar un menú variado y completo. Es decir, es necesario que se complementen conocimientos de cocina y de nutrición. Del mismo modo, la combinación de ambos sexos en la cocina de un hogar puede ser muy interesante. A menudo, las mujeres están mejor informadas que los hombres en temas de nutrición, mientras que ellos suelen ser más habilidosos en las preparaciones.

Causas y consecuencias de cocinar menos

Según distintas investigaciones, la mayoría de las personas han aprendido a cocinar con sus madres. No obstante, la incorporación de la mujer al mundo laboral ha introducido variaciones en esa relación, puesto que ya no está tan ligada a las actividades gastronómicas y culinarias como antes y la responsabilidad de cocinar no siempre ha sido una tarea compartida. En la actualidad, los jóvenes de toda Europa tienen menos habilidades básicas en la cocina, lo que les hace incapaces de tener autonomía al elegir los alimentos y representa, sin duda alguna, un factor limitante en su alimentación.

Junto con el desconocimiento gastronómico, la falta de previsión es la causa inmediata de la falta de elaboraciones en la cocina. Llegar a las tres de la tarde o a las diez de la noche a casa con un hambre voraz solo puede favorecer que se abran un par de latas y calentar su contenido en el microondas para comerlo con ansia y rapidez.

Y es que las innovaciones tecnológicas como el microondas, los cambios demográficos hacia sociedades multiculturales con nuevos alimentos, el aumento de hogares unipersonales, el hecho de que menos familias coman juntas y de que las mujeres trabajen fuera de casa más horas influye en que aumente la demanda de alimentos de fácil preparación. En este marco, uno de los principales errores es abusar de la comodidad. El ahorro de tiempo es un elemento de confort pero, en términos alimentarios, la comodidad también puede significar reducir al mínimo el esfuerzo físico y mental que se necesita para la preparación de los alimentos.

Si una persona se vuelve dependiente de los alimentos que requieren mínima preparación, o de alimentos ya preparados, pone una restricción en su elección, porque evitará la compra de alimentos frescos. Cuando se consumen platos preparados, existe el inconveniente de no valorar la elaboración del plato porque no ha costado ningún esfuerzo. Entonces se tiende a comerlo con ansia y menos deleite, entre otras cosas, porque sabe igual que siempre y no hay necesidad de comprobar si nos ha salido bueno. En consecuencia, se ingiere más cantidad de comida que la necesaria.

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