28 de abril de 2012

Consumir mucha sal aumenta el riesgo de sufrir un ACV: estudio

Los adultos mayores con una alimentación elevada en sal correrían más riesgo de padecer un accidente cerebrovascular (ACV), según un estudio sobre más de 2.000 personas realizado en Estados Unidos.

Aunque es bien sabido que a medida que se incrementa el consumo de sal también es probable que aumente la presión sanguínea, está menos claro si una dieta salada finalmente generaría mayores riesgos de ACV y ataque cardíaco.

Pero los investigadores del nuevo estudio, cuyos resultados fueron publicados en la revista Stroke, dijeron que de los casi 2.700 adultos mayores que estudiaron, aquellos que consumían mucho más sodio del recomendado eran casi tres veces más propensos a sufrir un ACV en 10 años que quienes cumplían con lo aconsejado por la Asociación Estadounidense del Corazón.

"La ingesta elevada de sodio fue prevalente y estuvo asociada con un mayor riesgo de ACV independientemente de los factores de riesgo vasculares", escribió Hannah Gardener, experta de la Escuela de Medicina de la University of Miami, quien dirigió el estudio.

A diferencia de la presión sanguínea, que cambia rápidamente, el ACV y la enfermedad cardíaca son complicaciones de largo plazo, por lo que estudiar la relación entre el consumo de sodio de las personas y su riesgo de sufrir problemas cardíacos y ACV es más difícil.

La Asociación Estadounidense del Corazón (AHA por su sigla en inglés) sugiere que las personas limiten su ingesta de sodio a no más de 1.500 miligramos (mg) diarios. Eso es un poco más estricto que otras recomendaciones. La Organización Mundial de la Salud (OMS), por ejemplo, aconseja un límite de 2.000 mg.

Pero las personas del nuevo estudio, fundamentalmente negros e hispanos neoyorquinos, consumían habitualmente cantidades muy por encima de esas recomendaciones, promediando los 3.031 mg de sodio por día.

Los resultados se basaron en 2.657 adultos a los que se entrevistó sobre su salud y estilo de vida, y que completaron cuestionarios sobre alimentación. Tenían, en promedio, 69 años al inicio de la investigación.

En los siguientes 10 años, se registraron 235 ACV en el grupo. Las personas que ingerían al menos 4.000 mg de sodio al día hacia el final del estudio eran casi tres veces más proclives a padecer un ACV que aquellos que mantenían el consumo diario de sodio por debajo de los 1.500 mg.

Entre las 558 personas cuyo consumo de sodio alcanzó los 4.000 mg por día, hubo 66 ACV. Eso comparado con 24 ACV entre las 320 personas que cumplían con las guías de la AHA.

Gardener advirtió que no podían sacar conclusiones definitivas sobre la relación causa-efecto, dado que las personas que mantenían su consumo de sal a raya también serían más saludables en otros aspectos.

No obstante, la autora y su equipo tuvieron en cuenta los hábitos tabáquicos, el ejercicio, la educación y otras condiciones de salud que pueden contribuir a los ACV, y aún así hubo una fuerte correlación entre el sodio y el riesgo de ACV.

Muy pocas personas en Estados Unidos cumplirían con las metas de consumo de sodio recomendadas. Se estima que el hombre estadounidense promedio ingiere 4.000 mg de sodio al día, mientras que las mujeres suelen consumir 2.800 mg diarios, en su mayoría por alimentos procesados o comidas en restaurantes.

Los expertos consideran que deben tomarse medidas por parte de la industria y los funcionarios de salud pública para disminuir el sodio en los alimentos preparados y las comidas de los restaurantes.

Beber agua mineral bicarbonatada sódica durante las comidas ayuda a reducir el riesgo cardiovascular

 Investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN), centro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), han demostrado que el consumo de un agua mineral bicarbonatada sódica durante las comidas puede reducir el riesgo cardiovascular.

 Así se desprende de los últimos resultados de un estudio publicado en la revista 'European Journal of Nutrition', con el que se ha demostrado que con medio litro de este tipo de agua se puede conseguir una reducción de entre un 6 y 15 por ciento de los lípidos en sangre durante la digestión.

 De esta forma, contribuye a reducir el riesgo de formación de placas de ateroma en las paredes arteriales o aterosclerosis, lo que causa un mayor riesgo de sufrir un accidente cardiovascular, como una angina de pecho o un infarto.

 Esto es posible, según ha explicado la directora del Grupo de Minerales en Metabolismo y Nutrición Humana del CSIC y autora principal del estudio, la doctora Pilar Vaquero, gracias a la "particular composición" del agua analizada, que presenta un alto contenido en sales minerales.

 El estudio incluyó a 21 sujetos sanos de entre 18 y 40 años, a quienes se les ofreció un desayuno "con un perfil lipídico parecido al de la dieta mediterránea" que incluía el consumo de medio litro de agua de la marca Vichy Catalán, mineral bicarbonatada sódica y con gas.

 Tras analizar sus niveles de triglicéridos después de las comidas, se compararon con los que presentaban tanto en ayuno como con el consumo de otro tipo de agua.

 En este sentido, se observó una menor absorción de lípidos que contienen los alimentos, que estaría provocada por un aumento ligero del pH del estómago, lo que implica una disminución de la liberación de la hormona colecistoquinina, que provoca que la vesícula biliar vierta menos bilis en el intestino.

Menos bilis en el intestino

 Al haber menos bilis en el intestino, se absorben menos lípidos y se consigue que una menor cantidad de estos compuestos alcance el torrente sanguíneo, un efecto que, como ha resaltado Vaquero, "se ha demostrado que se debe al agua, ya que todo lo demás estaba controlado".

 No obstante, esta experta ha matizado que "lo que se consigue es una disminución en la absorción, no que ésta se elimine". "No queremos que la grasa no se absorba", ha insistido Vaquero.

 Estudios previos ya habían demostrado que el uso de este agua como parte de la dieta habitual era capaz de producir una disminución de hasta un 15 por ciento del colesterol total y del LDL, conocido como colesterol 'malo', aumentando también la fracción de colesterol-HDL o colesterol bueno.

 Por ello, y en virtud de este último hallazgo, Vaquero y su equipo sugiere que añadir a la dieta habitual este tipo de agua podría servir como medio de prevención del riesgo cardiovascular.

Tomado de: www.europapress.es

El consumo de pan no está relacionado con la aparición de sobrepeso u obesidad

 El consumo de pan no está relacionado con la aparición de sobrepeso u obesidad, según un estudio realizado por investigadores del Departamento de Ciencias Clínicas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, cuyos resultados han sido publicados en 'Nutrition Reviews'.

 En concreto, la investigación 'Relación entre el consumo de pan, el peso corporal y la distribución de la grasa abdominal: Evidencia de los estudios epidemiológicos' evalúa si los patrones de alimentación que incluye el pan se asocia con la obesidad general o el exceso de adiposidad abdominal.

 Para ello, los investigadores analizaron los artículos científicos publicados durante los últimos 30 años que se centraron en patrones dietéticos que incluyen pan --grano entero y refinado-- y su asociación con la obesidad.

 De esta manera, los resultados de los 38 estudios epidemiológicos analizados determinaron que los patrones dietéticos que incluyeron grano entero de pan no influyen positivamente en el aumento de peso y puede ser, incluso, beneficioso para el estado ponderal.

 Respecto a los hábitos alimentarios que incluyen pan refinado, la mayoría de los estudios transversales indican efectos beneficiosos, mientras que los de cohortes bien diseñados indican una posible relación con el exceso de grasa abdominal.

 "A pesar de que muchos profesionales recomiendan que los obesos excluyan el pan de su dieta, la realidad es que la evidencia científica no apoya esta medida. La mayor parte de los estudios revisados sitúan al pan en una posición neutra respecto a la obesidad, y al pan integral en una posición claramente ventajosa", ha argumentado el catedrático de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Lluís Serra, uno de los investigadores.

 Por último, este experto ha apostado por reducir el consumo de azúcares y dulces y fomentar el uso de harinas menos refinadas, y "nunca reducir el consumo de pan".

Tomado de: www.europapress.es

Los lácteos bajos en grasa se relacionan con un menor riesgo de ACV

Las probabilidades de un ataque fueron ligeramente menores que entre los que comían lácteos con más grasa, halló un estudio

En lo que los investigadores afirman que es el estudio más grande sobre el tema a la fecha, los adultos que consumían cantidades más altas de productos lácteos bajos en grasa también tenían un riesgo a largo plazo de accidente cerebrovascular (ACV) algo menor.

En el estudio participaron casi 75,000 adultos suecos a quienes se dio seguimiento durante un promedio de diez años tras completar una encuesta alimentaria.

Los que consumían las versiones bajas en grasa de productos como la leche, el yogurt o el queso tenían un riesgo 12 por ciento más bajo de ACV que aquellos cuyas dietas normalmente incluían versiones ricas en grasa o con toda la grasa de los lácteos.

"Creo que este hallazgo ciertamente tiene sentido", aseguró Lona Sandon, dietista y profesora asistente de nutrición clínica del Centro Médico de la Universidad de Texas Southwestern, en Dallas. "Cuando se consume más lácteos ricos en grasa se tiene más grasa saturada, que se sabe es uno de los tipos de grasa que pueden afectar los niveles de colesterol LDL o 'malo'. Y comer grasas saturadas lleva al taponamiento de las arterias del corazón y del cerebro. Así que es más probable que coágulos se desprendan y provoquen algo como un ACV isquémico".

Sin embargo, "cuando se observa algo como el riesgo de ACV realmente es deseable observar todo el plan dietario del individuo", enfatizó Sandon, quien no participó en el estudio. "Pero ciertamente es plausible que los lácteos con toda la grasa aumenten el riesgo que ya existe".

Un equipo de investigadores liderados por Susanna Larsson, de la división de epidemiología nutricional del Instituto Nacional de Medicina Ambiental del Instituto Karolinska, en Estocolmo, reportó los hallazgos el 19 de abril en la revista Stroke.

Los autores del estudio señalaron que en Estados Unidos, alrededor de un tercio de todos los hombres y mujeres adultos a partir de los 18 años tienen hipertensión, que describieron como "un importante factor de riesgo controlable" del accidente cerebrovascular. Aún así, añadieron, apenas alrededor de la mitad de los estadounidenses afectados tienen su presión arterial bajo control.

Teniendo esto en cuenta, hace mucho que los expertos proclaman los beneficios de la dieta DASH (por la sigla en inglés de métodos dietéticos para detener la hipertensión), con su énfasis en el consumo de lácteos bajos en grasa.

En 1997, el equipo sueco administró cuatro encuestas alimentarias a casi 75,000 hombres y mujeres de 45 a 83 años de edad, ninguno de los cuales tenía antecedentes de enfermedad cardiaca ni cáncer.

A partir de ese momento, se monitorizó la incidencia de ACV entre los participantes del estudio vía datos recolectados por el Registro de Altas Hospitalarias de Suecia.

En el transcurso de alrededor de una década, ocurrieron casi 4,100 ACV, anotaron los autores. Las personas que se ciñeron a productos lácteos bajos en grasa parecían tener un riesgo de ACV algo más bajo. El estudio solo pudo hallar una asociación entre comer productos lácteos bajos en grasa y unas probabilidades menores de ACV, pero no pudo probar causa y efecto.

Los investigadores suecos hicieron un llamado por más estudios grandes que examinen la asociación aparente, al mismo tiempo que sugirieron que, si se sostiene bajo un escrutinio posterior, el hallazgo podría tener amplias implicaciones de salud pública.

El equipo de Larsson anotó que cuando se trata del consumo de lácteos, la dieta norteamericana típica se parece mucho a la de los europeos del norte, así que una instantánea de las dietas suecas y el riesgo de ACV podría ser relevante para una población de EE. UU.

"La moraleja es que si uno consume más grasa cada día, independientemente de dónde provenga, esto aumentará el riesgo de ateroesclerosis [endurecimiento de las arterias], y por tanto el riesgo de ACV", advirtió Sandon. "Y esto es lo que subyace a las Directrices Dietéticas para los Estadounidenses del USDA, que recomiendan que se consuman tres porciones diarias de lácteos, para poder obtener suficiente calcio y potasio, pero al mismo tiempo asegurar que las porciones sean bajas en grasa".

El estudio de Larsson fue financiado por el Consejo Sueco de Investigación sobre la Vida Laboral y Social, y el Consejo de Investigación de Suecia.

Grupos de diabetes publican nuevas directrices sobre la glucemia

La diabetes tipo 2 es un trastorno metabólico complejo, y tratar la enfermedad con frecuencia requiere un método personalizado y en varios frentes, señalan los expertos en unas nuevas directrices sobre el tratamiento de los niveles altos de glucemia que fueron publicadas el jueves.

Las recomendaciones son un esfuerzo conjunto de la Asociación Americana de la Diabetes (American Diabetes Association) y de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (European Association for the Study of Diabetes).

"Avanzamos mucho en la gestión de la diabetes tipo 2", aseguró la Dra. Vivian Fonseca, presidenta de medicina y ciencias de la Asociación Americana de la Diabetes. "Las nuevas directrices se centran más en el paciente. El mensaje es elegir una meta adecuada [para la glucemia] según el estado de salud actual del paciente, su nivel de motivación, los recursos y las complicaciones".

"Gestionar bien la diabetes tipo 2 y mantener la glucemia bajo control es muy posible", anotó. "Es importante que los pacientes tengan una conversación con su médico sobre cuáles deben ser sus metas [para la glucemia], y cuál es el mejor tratamiento, o tratamientos, para lograr esa meta".

Las nuevas directrices aparecerán en la edición de junio de la revista Diabetes Care, pero se publicaron por adelantado en línea el 19 de abril.

Fonseca dijo que las nuevas directrices eran necesarias porque la gestión de la diabetes tipo 2 se hace cada vez más compleja. Hay una creciente variedad de fármacos disponibles para tratar la enfermedad, y constantemente se publican nuevos estudios de investigación que resaltan tanto los beneficios como los riesgos de los tratamientos actuales.

El mayor cambio en las nuevas directrices es un énfasis en un método de tratamiento centrado en el paciente. Por ejemplo, la meta de glucemia de alguien que sea joven y saludable y que esté motivado para gestionar la diabetes tipo 2 será más baja que para alguien que sea mayor y tenga problemas de salud adicionales.

Las metas de glucemia por lo general se expresan en términos de los niveles de hemoglobina A1C (HbA1c). La HbA1c, que con frecuencia se denomina simplemente como A1C, es una medida del control de la glucemia a largo plazo. Provee un estimado de cuál ha sido el nivel promedio de glucemia en los dos a tres meses anteriores. La A1C se expresa como un porcentaje, y en general, la meta para las personas con diabetes tipo 2 es reducir sus niveles de A1C por debajo del 7 por ciento. Generalmente, alguien que no sufra de diabetes tiene niveles por debajo de 5.6 por ciento, según la Asociación Americana de la Diabetes.

En el pasado, a la mayoría de personas con diabetes tipo 2 se les fijaba una meta por debajo del siete por ciento. Pero las nuevas directrices notan que unas metas más estrictas, como mantener la A1C entre 6 y 6.5 por ciento, podrían ser adecuadas para alguien que tenga una esperanza de vida larga, que carezca de antecedentes de enfermedad cardiaca y que no haya experimentado niveles de glucemia significativamente bajos (hipoglucemia). Los niveles bajos de glucemia pueden ser un efecto secundario potencialmente peligroso de muchos tratamientos para la diabetes.

Las nuevas directrices sugieren que los objetivos de glucemia deben ser menos estrictos (una A1C de 7.5 a 8 por ciento) para las personas que tienen más de 65 o 70 años, porque tienen un mayor riesgo de sufrir complicaciones por la hipoglucemia, además de tener un mayor riesgo de efectos secundarios por múltiples medicamentos.

Los cambios en el estilo de vida siguen siendo una parte importante del plan de gestión de la diabetes tipo 2 en las nuevas directrices. Las recomendaciones son perder de 5 a 10 por ciento del peso corporal, y participar en ejercicio modesto por lo menos dos horas y media cada semana.

El fármaco metformina también se recomienda como tratamiento de primera línea para las personas que sufren de diabetes tipo 2. La metformina funciona al hacer que el organismo sea más receptivo a la hormona insulina. La terapia con metformina debe comenzar tan pronto como alguien sea diagnosticado con diabetes tipo 2, a menos que tenga una A1C cerca de lo normal y esté altamente motivado para realizar cambios en el estilo de vida, según las directrices. En ese caso, los médicos pueden optar por dar seguimiento al paciente durante tres a seis meses para ver si los cambios en el estilo de vida han sido eficaces. Si no, se debe comenzar con la metformina.

Las directrices también recomiendan añadir otro fármaco a la terapia con metformina si los niveles de glucemia no están bajo control después de tres meses tomando solo metformina. Una vez más, esta es un área en que se debe tomar en cuenta y consultar al paciente. Cada opción adicional de tratamiento conlleva sus propios riesgos y beneficios. Hable con el médico sobre cuál podría ser la indicada para usted.

"Las nuevas directrices se centran más en el paciente. Tratar al paciente, y no a la glucemia. El tipo de medicamento se debe personalizar según la patofisiología del paciente", explicó el Dr. Joel Zonszein, director del centro clínico de diabetes del Centro Médico Montefiore, en la ciudad de Nueva York.

"Creo que necesitamos una terapia combinada mucho antes en la enfermedad, pero el problema es que no contamos con datos de investigación sobre la terapia combinada, así que necesitamos estudios para averiguar cuáles son las mejores combinaciones. Pero pienso que es importante ser agresivo a principios de la enfermedad, para prevenir complicaciones", enfatizó Zonszein.

Y añadió que aunque las directrices actuales solo cubren el tratamiento de la glucemia alta, también es importante recordar el control del colesterol y la hipertensión en pacientes de diabetes tipo 2.

21 de abril de 2012

Ácidos grasos omega 3: más allá de los pescados azules

Por MAITE ZUDAIRE / Tomado de: www.consumer.es

El aceite de semillas de ciertas plantas es muy rico en omega 3 y podría usarse como fuente de este tipo de grasas, junto con los pescados azules

Los beneficios para la salud de los ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) omega 3 son indiscutibles. La preocupación del colectivo sanitario se centra en suplir el aporte de este tipo de ácidos grasos en personas que, por la alimentación que siguen, no ingieren suficientes alimentos que los contengan, como los pescados azules. En otros casos, la complementación a la dieta con un aporte extra es un apoyo innegable en trastornos que cursan con inflamación. Según una reciente investigación, ciertas plantas se perfilan como fuente reseñable de ácidos poliinsaturados omega 3 y el aceite extraído de sus semillas podría usarse como complemento de la dieta, si no se consume suficiente pescado azul.

Omega 3 de origen vegetal

Una investigación reciente realizada por científicos del Instituto de Nutrición de la Universidad Friedrich Schiller, de Alemania, ha identificado ciertas plantas como fuente indiscutible de ácidos poliinsaturados omega 3: alfa-linolénico (ALA) y ácido estearidónico (SDA), así como omega 6 (gamma-linolénico, GLA). Los autores estudiaron semillas de 30 especies de plantas, sobre todo de los géneros Boraginaceae (borrajas) y Primulaceae (prímula). El uso del aceite de semillas de estas plantas se revela interesante como fuente adicional de este tipo de grasas esenciales, los omega 3, hasta ahora reconocidas casi de manera exclusiva en los pescados azules.

Los autores descubrieron que la distribución de ácidos grasos es muy diferente entre los distintos géneros, e incluso, en la misma familia. La borraja es la especie más conocida de las Boraginaceae y su aceite se usa mucho como complemento dietético, si bien especies del género Echium, unas 60 especies más conocidas como "viboreras" por la forma parecida de su pistilo a la lengua de una víbora, se han descubierto como las de mayor cantidad de ácidos grasos omega 3 (47,1%), con predominio del ALA (36,6%) y cantidad abundante de SDA (15%).

Este último, el ácido estearidónico (SDA), es precursor para la síntesis endógena en mayor medida de EPA (ecosapentaenoico, con propiedades antiinflamatorias) en los seres humanos. Otras especies de Boraginaceae ricas en ácidos grasos poliinsaturados, en este caso más cantidad de omega 6, fueron la conocida como lengua de gato (Omphalodes linifolia), la Cerinthe minor y la lengua de pedrisca o mijo del sol de la flor azul (Buglossoides purpureocaerulea), con su llamativa flor azul.

Quiénes se podrían beneficiar del aporte extra de omega 3

Los ácidos grasos omega 3 y omega 6 son esenciales para el crecimiento y el desarrollo humano, ya que están presentes en las membranas celulares. El aporte de DHA (omega 3) durante el embarazo, la lactancia y la primera infancia se revela clave tanto para el correcto desarrollo de la visión como del tejido neuronal cerebral del niño. El DHA es un ácido graso que desempeña un rol estructural y funcional en el cerebro y en la retina. Además, en nutrición terapéutica destaca su papel en la prevención y tratamiento de varias enfermedades inflamatorias, como la artritis reumatoide, la enfermedad cardíaca y otros trastornos inflamatorios de distinta índole, como la dermatitis o la endometriosis.

Las dietas modernas occidentales son bajas en omega 3 y muy concentradas en omega 6, como consecuencia del alto consumo de carne y de aceites de girasol y maíz. Si este desequilibrio se mantiene, se altera el equilibrio entre las moléculas precursoras de eicosanoides proinflamatorios y antiinflamatorios.

La principal fuente dietética de la EPA y DHA, ambos omega 3 con efecto antiinflamatorio, son los peces marinos. En el reino vegetal, un tipo de omega 3, el ácido estearidónico (SDA), es precursor para la síntesis endógena en mayor medida de EPA en los seres humanos. Este componente se ha detectado abundante en el aceite de semillas de las especies Echium (Boraginacae). Un mayor estudio sobre la composición de estas plantas puede revelarse interesante para la nutrición preventiva y terapéutica.

La obesidad y la delgadez extrema provocan embarazos de riesgo

Las mujeres obesas y las que cuentan con un peso inferior a lo recomendado en relación a su estatura tienen más posibilidades de sufrir  problemas en el embarazo y parto, según un nuevo estudio español publicado en 'The Journal of Maternal-Fetal and Neonatal Medicine', recogido por la plataforma SINC.

 "Durante el embarazo, la obesidad se ha relacionado con trastornos de hipertensión, diabetes gestacional, parto prematuro, macrosomía del feto y muerte inexplicada de este durante el parto", ha explicado el autor principal, Sebastián Manzanares, quien ha reconocido que "existen aún pocos datos sobre la relación entre el bajo peso y las complicaciones perinatales".

 De este modo, investigadores del Hospital Universitario Virgen de las Nieves de Granada han delimitado los riesgos del embarazo relacionados específicamente con la obesidad y los han comparado con los de mujeres con bajo peso para comprobar si la delgadez extrema también constituye un riesgo.

 El estudio, que incluye una muestra de 3.016 embarazadas: 2.597 con peso normal, 251 con obesidad grave o mórbida, y 168 con delgadez extrema, revela que las madres obesas tienen mayor riesgo de desarrollar hipertensión y diabetes mellitus, y de colonización por estreptococo grupo B.

 Además, en este caso, es más frecuente que haya que inducir el parto o practicar cesárea, tanto electiva como de urgencia, y que el bebé sufra macrosomía fetal, acidosis al nacimiento y mortalidad perinatal.

 "Las madres con obesidad severa o mórbida presentan un riesgo mayor de resultados adversos y mortalidad perinatal, por lo que deberían recibir consejos sobre cómo reducir peso y reconocer los signos de alerta temprana de posibles complicaciones", ha recordado Manzanares.

 Por otro lado, las mujeres con bajo peso son más propensas a padecer oligohidramnios --disminución en la cantidad de líquido amniótico-- y a dar a luz a bebés con un peso bajo.

 Además, la investigación muestra que los recién nacidos de mujeres con obesidad mórbida o severa son más gordos. Además, el riesgo de macrosomía fetal es 2,3 veces mayor en este grupo en comparación con las mujeres de peso normal.

 "Estos resultados justifican la necesidad de asesoramiento antes del embarazo y podrían ser un argumento convincente para la modificación del peso", ha insistido el autor.

Tomado de: www.europapress.es

La dificultad de comer sin leche

Por MAITE ZUDAIRE / Tomado de: www.consumer.es

La leche o alguno de sus componentes problemáticos se localizan en alimentos tan insospechados como el jamón, los embutidos, las salsas o los precocinados

La leche de vaca se revela como un alimento problemático para numerosas personas con perfiles sintomáticos muy diversos: desde quienes no toleran la lactosa (el azúcar natural de la leche), hasta quienes tienen diagnosticada una alergia a la caseína, la proteína más alergénica de la leche de vaca, o personas que han desarrollado una histaminosis alimentaria (un tipo de intolerancia alimentaria) a la leche de vaca. Sin embargo, identificar algunos alimentos problemáticos puede resultar muy difícil.

Además de eliminar de la dieta todos los lácteos (leche, yogur, queso, cuajada, requesón) y demás derivados (flanes, natillas...), la leche o alguno de sus componentes problemáticos son ingredientes comunes en un sinfín de productos insospechados, como pueden ser el jamón serrano, los embutidos, productos de charcutería o precocinados y masas.

Dieta sin leche

Las circunstancias de enfermedad, crónica o pasajera, que conducen a una persona a no incluir o a eliminar la leche de vaca, sus derivados y todos los productos que incluyan alguno de estos alimentos en su dieta cotidiana son diversas. La alergia a la caseína es el trastorno más conocido, seguido de la intolerancia a la lactosa. En la primera circunstancia, la eliminación de todos los productos lácteos es de obligado cumplimiento para la mejora sustancial del malestar, es decir, de los síntomas.

En la intolerancia a la lactosa, la tolerancia a este alimento es más individual, por lo que la dieta se adaptará a cada circunstancia personal para no hacerla más estricta de lo necesario. Hay quien es intolerante a la lactosa pero acepta, sin molestias, pequeñas cantidades de leche como la contenida en un café cortado, algo de queso o yogures.

Si la dieta ha de ser estricta, como sucede al inicio de una histaminosis alimentaria no alérgica o de una alergia, cabría comenzar por eliminar la leche y todos los derivados, como yogur, cuajada, requesón, todo tipo de quesos elaborados con leche de vaca y demás productos con base de leche (flanes, natillas, arroz con leche, crepes, bechamel). Incluso conviene no tomar leche de otros mamíferos que pudieran tener proteínas afines como la de cabra, oveja o búfala (el auténtico queso mozarella se elabora con esta última).

Eliminar los lácteos básicos es más problemático cuanta más afición tenga la persona afectada a estos alimentos y más integrados estén en la dieta cotidiana.

Leche en alimentos problemáticos insospechados

La dificultad añadida está en la necesidad de prescindir de un sinfín de productos para los cuales se debe hacer un esfuerzo mayúsculo al identificar los componentes problemáticos: las proteínas de la leche pueden estar presentes en alimentos tan insospechados como el jamón, los embutidos o distintos derivados de charcutería (mortadelas, patés de hígado de cerdo, salchichas o jamón cocido).
Otros productos de origen tan variopinto como la repostería, las salsas o los alimentos precocinados contienen aditivos que pueden ser de origen lácteo, como grasas animales (nata, mantequilla o crema de leche), sólidos lácteos, proteínas y/o aromas de leche, aunque se desconoce a simple vista porque no se especifica el origen.

La clave está en prescindir de cualquier alimento del cual no se tenga la completa seguridad del origen de sus ingredientes, incluidos los aditivos. Por ello, la orientación y el consejo en la dieta de un nutricionista son imprescindibles si se pretende seguir una dieta terapéutica que cumpla tal propósito: curar la enfermedad al reducir o eliminar los síntomas que provocan el malestar y, en consecuencia, mejorar la calidad de vida de la persona.

El extracto de azafrán reduce el riesgo de infarto en pacientes sometidos a un 'bypass' coronario

Investigadores de la Universidad de Chiang Mai, en Tailandia, aseguran que las propiedades antioxidantes y antiinflamatorias del extracto de cúrcuma o azafrán de la India podrían hacer de esta especia un arma eficaz para reducir el riesgo de infarto a aquellos pacientes que se han sometido a un 'bypass' coronario.

Así se desprende de los últimos resultados de un estudio que publica en su último número la revista 'American Journal of Cardiology', cuyos autores sugieren que la curcumina --pigmento amarillo presente en esta especia-- puede ser la causa de este menor riesgo.

Durante una cirugía de 'bypass', el músculo cardiaco puede dañarse por la falta prolongada de flujo sanguíneo, lo que aumenta el riesgo de estos pacientes de sufrir un infarto.

Por ello, en dicha investigación, dirigida por el profesor Wanwarang Wongcharoen, se analizaron 121 pacientes que se habían sometido a dicha cirugía entre 2009 y 2011. La mitad de esos pacientes recibieron cápsulas de curcumina de un gramo que tomaron cuatro veces al día, comenzando tres días antes de la intervención y siguiendo hasta cinco días después. La otra mitad tomó la misma cantidad de cápsulas, pero de placebo.

Los investigadores hallaron que durante el posoperatorio en el hospital, el 13 por ciento de los pacientes que habían tomado curcumina sufrieron un infarto, comparado con el 30 por ciento del grupo que recibió placebo.

Tras tener en cuenta algunas diferencias previas a la cirugía, Wongcharoen y sus colegas calcularon que las personas que tomaron curcumina tenían un 65 por ciento menos posibilidades de padecer un ataque al corazón.

Los investigadores dijeron que es posible que las propiedades antioxidantes o antiinflamatorias de la curcumina sean las que han ayudado a limitar el daño cardíaco en los pacientes.

"La curcumina ha demostrado durante muchos años reducir la inflamación y la toxicidad en el oxígeno o el daño causado por los radicales libres en una serie de experimentos", ha añadido Jawahar Mehta, cardiólogo de la Universidad de Arkansas (Estados Unidos) que no trabajó en el estudio.

No obstante, este experto considera que este remedio natural "no debe considerarse como un sustituto" de la medicación utilizada para evitar  este riesgo y, asimismo, advierte de que "podrían existir efectos colaterales en dosis muy elevadas".

Tomado de: www.europapress.es

14 de abril de 2012

Comida fortificada es un complemento

Basta con llegar al supermercado o pulpería para ver empaques de alimentos que nos dicen que están fortificados con ciertas vitaminas o minerales. Sin embargo, ¿qué significa realmente la fortificación de alimentos y cómo deben consumirse estas comidas?

Hay dos tipos de fortificaciones. Por un lado, está la que por decreto del Ministerio de Salud debe hacerse en determinados alimentos; por otra, la llamada fortificación voluntaria, en la que los comerciantes buscan darle un valor agregado nutricional a sus productos.

En cualquiera de los dos casos, no deben cometerse dos errores opuestos, pero igualmente comunes: creer que un alimento fortificado sustituye una comida completa o consumir en exceso un producto, en busca de mayor cantidad de un determinado nutriente.

Por ley

Luis Tacsan, director de la Dirección de Desarrollo Científico y Tecnológico del Ministerio de Salud, explicó que hay alimentos de la canasta básica que se fortalecen con nutrientes que la población en general tiene en cantidad menor a la recomendable.

“Hace un tiempo se vio que era necesario aumentar los niveles de ciertos nutrientes como el ácido fólico, la vitamina A y las vitaminas del complejo B, entre otros, entonces se buscó fortificar alimentos, que todas las personas consumieran bastante y que estuvieran al alcance de todos los bolsillos”, comentó Tacsan.

Así, todo el arroz que encontramos en el comercio está fortificado con ácido fólico, selenio y vitamina B; la sal nacional se fortifica con yodo y flúor; la leche, con vitamina A, calcio, hierro y ácido fólico; el azúcar contiene añadidos de vitamina A y la harina está fortificada con hierro y ácido fólico.

“Costa Rica comenzó con un programa agresivo de fortificación de alimentos en 1996, y hemos obtenido muy buenos resultados. Por ejemplo, la anemia bajó de un 33% a un 11%; todo, gracias a los micronutrientes que les hemos añadido a los alimentos”, dijo Tacsan.

Productos “voluntarios”

En el mercado también existen una serie de bebidas, galletas, panes, cajas de leche, cereales y pastillas que están fortificadas con determinados nutrientes. Esto es lo llamado fortificación voluntaria.

En este caso, los especialistas en nutrición recomiendan comerlos con moderación.

“Para saber cuánto tiene un producto de cierto nutriente, debemos leer la información nutricional. Si tiene más de un 10% de la recomendación diaria, se puede decir que sí es fuente de dicho nutriente; si tiene más del 20%, querrá decir que es muy buena fuente”, explicó la nutricionista Tatiana Martínez.

“Debemos ser claros en que estos productos fortificados ni son la fuente completa de un nutriente ni deben comerse en exceso; si se incurre en un exceso, más bien tendremos problemas de salud. No todo tiene por qué tener vitamina C, calcio o hierro”, agregó.

La especialista enfatizó que lo más recomendable es no comprarles a los niños productos con mucha azúcar, como galletas con relleno o con muchos ingredientes artificiales, dulces, gaseosas o refrescos azucarados. Estos productos les hacen más mal que bien.

Tomado de: www.nacion.com

Trastornos de la conducta alimentaria

Por MAITE ZUDAIRE / Tomado de: www.consumer.es

Patricia Bolaños, dietista-nutricionista especializada en el tratamiento dietético de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA): "La 'ebriorexia' es un tipo de conducta anómala, frecuente entre adolescentes, basada en restringir su alimentación durante la semana para tomar calorías a partir del alcohol el fin de semana"

Patricia Bolaños atiende con dedicación profesional el abordaje dietético y nutricional de las personas con trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Desde hace cuatro años, es dietista-nutricionista del Instituto de Ciencias de la Conducta Dr. Jaúregui S.C.P de Sevilla, centro de referencia en este ámbito. Su diplomatura en Nutrición Humana y Dietética la ha completado con varios cursos de formación continuada, entre los que destaca el Máster en Dietética y Nutrición, que le ha permitido especializarse en su trabajo actual. Su reconocimiento más reciente es el premio a la calidad científica como coautora de la "Guía para el tratamiento dietético-nutricional en los Trastornos de la Conducta Alimentaria", concedido por la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas (AEDN). Este reconocimiento, junto con su experiencia en este campo, permite considerarla como dietista-nutricionista referente en TCA. La experta asegura que, además de la anorexia y la bulimia nerviosas, hay otro tipo de conducta anómala que adquiere cada vez más importancia entre los jóvenes: la "ebriorexia", frecuente entre adolescentes que restringen su alimentación durante la semana para poder ingerir gran cantidad de calorías a partir del alcohol durante el fin de semana.

Además de la anorexia y la bulimia nerviosas, ¿hay algún tipo de trastorno del comportamiento alimentario que se revele problemático por el aumento de su prevalencia o gravedad?

En la actualidad, dada la notoria pérdida de importancia que registra la alimentación, cada vez son más frecuente los Trastornos de la Conducta Alimentaria No Especificados (TCANE), es decir, patologías que no cumplen criterios diagnósticos de la anorexia o bulimia nerviosas, según el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM IV-RT). Una tendencia habitual consiste en unir las emociones y alimentación, como ocurre en el trastorno por atracón (se dan atracones, como en la bulimia, pero sin conductas compensatorias) y en casos de sobrepeso. La comida se utiliza para aliviar emociones negativas, como el estrés, la tristeza o la ansiedad. Otro ejemplo de conducta anómala que está adquiriendo importancia es la "ebriorexia", frecuente entre adolescentes que restringen su alimentación durante la semana para poder ingerir gran cantidad de calorías a partir del alcohol durante el fin de semana.

En la anorexia nerviosa, la osteoporosis es una de las complicaciones más estudiadas. ¿Se plantean recomendaciones dietéticas específicas en estos casos?

La osteoporosis en pacientes con anorexia nerviosa es frecuente, debido a la amenorrea por insuficiente reserva grasa para una adecuada síntesis de hormonas sexuales. Esta amenorrea tiene iguales consecuencias que en la menopausia y provoca afectación ósea (osteopenia u osteoporosis), dado que los estrógenos actúan como factor de protección ósea. Se recomienda una ingesta rica en calcio, e incluso, la utilización de suplementos. Sin embargo, todo tratamiento o medida prescrita es poco efectiva si no tiene lugar la recuperación de peso y de la función menstrual en la paciente con anorexia nerviosa. En personas adultas, la recuperación ósea es difícil, pero en adolescentes se produce un efecto compensador que facilita que esta situación sea reversible. Hay ejemplos de chicas adolescentes con anorexia en quienes, tras una densitometría ósea, se aprecia que su edad ósea corresponde a la de una mujer con 41-60 años, con un riesgo de fractura del 17%, muy alto para su edad.

¿Cuál es el abordaje nutricional más urgente e inmediato?

Si el paciente tiene un diagnóstico de anorexia nerviosa y se encuentra en estado de desnutrición, lo más importante es la recuperación ponderal, junto con el tratamiento de todas las alteraciones nutricionales que pueda desarrollar (anemia, osteoporosis...). En pacientes con bulimia y con trastornos por atracón, la situación ponderal no suele ser el problema, dado que el índice de masa corporal a menudo es normal o de sobrepeso u obesidad. La actuación más urgente en este caso sería reducir la frecuencia e intensidad de atracones y conductas compensatorias (en el caso de la bulimia) y dar pautas de alimentación normal, sin dietas restrictivas. Aunque les sea recomendable la pérdida de peso, este tipo de dietas propician un aumento de los atracones. Las posibles alteraciones derivadas de vómitos, uso de laxantes, diuréticos, etc., obligan a una adecuada reposición hidroelectrolítica.

Según la "Guía para el tratamiento dietético-nutricional en los Trastornos de la Conducta Alimentaria", el "food craving" es un rasgo o estado que se identifica en la fase de diagnóstico. ¿Hay alimentos que coinciden en muchos pacientes?

La definición más aceptada de "food craving" es el intenso deseo o necesidad de ingerir un alimento específico, así como la dificultad para resistirse a esa necesidad. Este fenómeno se observa con mayor frecuencia en bulimia nerviosa, trastorno por atracón, sobrepeso u obesidad, y debe considerarse siempre en el tratamiento dietético-nutricional de estos pacientes. En el estudio de validación de la versión española del Food Craving Inventory (publicado en el último número de 2010 de la revista 'Nutrición Hospitalaria'), se detectaron diferencias de género. Se pudo apreciar una mayor preferencia por los dulces por parte de las mujeres, mientras que los hombres prefieren alimentos ricos en grasas saturadas y de alto contenido energético (comida rápida).

Una vez en casa o con los amigos, las conversaciones que versen sobre alimentación, aspectos culinarios y dietas, si son temas que se tratan con naturalidad, ¿ayudan o pueden resultar contraproducentes?

Este tipo de conversaciones pueden influir de forma negativa en la evolución del paciente, en especial al inicio del tratamiento. Una recomendación fundamental para la familia es evitar hablar sobre estos temas en casa. Este aspecto resulta incontrolable en otros contextos, como el de las relaciones sociales. Por ello, mediante el tratamiento dietético-nutricional se estimula la adquisición de un juicio crítico frente a todos los aspectos relacionados con la alimentación. La realización de dietas es algo que está presente en todas las edades a partir de la adolescencia, en todas las profesiones o clases sociales. La educación nutricional es esencial para conseguir el desarrollo de una capacidad crítica en el paciente que le permita no ser vulnerable ante este tipo de situaciones.

¿Hasta qué punto es importante que se respeten unas normas de conducta en presencia de la persona afectada durante el tiempo que dure su tratamiento?

Más que importante, es uno de los aspectos clave para conseguir el éxito en el tratamiento dietético-nutricional. No hay cambios en un trastorno o enfermedad si no hay cambios en muchas conductas y hábitos previos. Pensar que alguien mejorará sin hacer nada para ello es garantía de cronicidad. En las consultas, se puede observar cómo resulta mucho más eficaz el tratamiento del paciente con una familia que acepta las pautas de alimentación planteadas y los cambios que se deben realizar en el ámbito familiar, en cuanto a los hábitos y patrones de alimentación. Es difícil que un paciente con un TCA sea capaz de llevar a cabo el correcto cumplimiento de las pautas de alimentación (totalmente normales) cuando el resto de miembros mantienen hábitos inadecuados: horarios irregulares, ver la televisión durante las comidas, saltarse comidas, tomar refrescos en el almuerzo y la cena, no comer pan ni postre, entre otros. Y todo esto, por desgracia, es cada vez más frecuente.

Desde el punto de vista dietético y nutricional, ¿cuáles son las conductas precursoras de este tipo de patologías sobre las que cabría actuar para prevenir los TCA?

La edad de mayor riesgo para los TCA sigue siendo la adolescencia, edad en la que los cambios corporales, la necesidad de estar integrado en un grupo y de gustar, la búsqueda del "Yo" o la baja autoestima causan mayor vulnerabilidad ante estos trastornos. La imagen corporal comienza a adquirir importancia y, con ello, la realización de dietas. En el estudio Traditional and new strategies in the primary prevention of eating disorders: a comparative study in Spanish adolescents, publicado en la revista 'International Journal of General Medicine', se ha comprobado que la prevención debe realizarse sobre los factores que predisponen al desarrollo de estas enfermedades y no focalizar el esfuerzo preventivo en hablar de las patologías y sus riesgos. Informar no es prevenir. Es decir, se deben elaborar programas de prevención basados en aspectos nutricionales, autoestima, estrategias de afrontamiento, modelo ideal y medios de comunicación o imagen corporal y, todo ello, informando, cambiando actitudes y modificando conductas. La mera información no suele provocar cambios y, cuando lo hace, no siempre se dan en la dirección deseada.

La educación nutricional de pacientes y familiares se revela como una herramienta inherente al tratamiento. ¿Por dónde empezar?


Buena pregunta y difícil respuesta. La educación nutricional se lleva a cabo con los pacientes una vez que el estado nutricional es correcto y psicológicamente tienen capacidad para beneficiarse de ello. Al principio, los miedos que tienen provocan desconfianza hacia toda información "experta". Con respecto a los familiares, en la mayoría de ocasiones, resulta más difícil trabajar con ellos que con los propios pacientes. La familia, al no considerar que tengan un problema con la alimentación, no suelen aceptar con facilidad recomendaciones para modificar hábitos de alimentación. Por ello, a la pregunta "¿por dónde empezar con los familiares?", le corresponde la respuesta "por convencer de que comer es una necesidad vital del ser humano y no se puede (ni debe) hacer de cualquier forma".

En ambos casos, es necesario explicarles la importancia de una alimentación correcta, hablar acerca de mitos y creencias irracionales sobre los alimentos, de los distintos grupos de alimentos, sus propiedades nutricionales, la alimentación como factor de prevención frente a enfermedades, la importancia de los horarios regulares, el consumo de alcohol y sus consecuencias, la alimentación como acto social, las comidas fuera de casa y la elaboración de una dieta variada y equilibrada. La forma de realizar la compra, organizar el menú semanal y dar a conocer nuevas recetas para aumentar la variedad en la alimentación son también otros aspectos.

Lleva varios años dedicada al abordaje dietético de personas con trastornos de la conducta alimentaria. Ante una patología de trasfondo tan psicopsiquiátrico, ¿en qué fase es relevante el papel del dietista-nutricionista?

Es cierto que los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son sobre todo psicológicos, pero a su vez muy complejos. El patrón nutricional de estos pacientes, así como las distorsiones cognitivas relacionadas con los alimentos y el peso corporal, causan serias alteraciones nutricionales y complicaciones médicas. Por tanto, es fundamental el abordaje interdisciplinar de estos trastornos, donde el papel del dietista-nutricionista es esencial en todas las fases del tratamiento para modificar conductas y hábitos erróneos hacia patrones de alimentación más saludables.

La labor del dietista-nutricionista ante estas enfermedades, ¿es más terapéutica o educativa?

Los pacientes con TCA requieren ambas labores por parte del dietista-nutricionista. En primer lugar, es necesario corregir, mediante pautas de alimentación, todas las alteraciones nutricionales del paciente, entre ellas, la normalización del índice de masa corporal (relación peso/talla). Pese a que la alimentación es parte del tratamiento, es importante la educación nutricional dirigida tanto a los pacientes como a las familias. El objetivo es conseguir que los hábitos adquiridos durante el tratamiento permanezcan tras la recuperación del paciente. Por ello, es necesario educar, además de tratar al paciente.

¿Cuáles son los pasos que debe seguir el equipo de nutrición en las unidades de TCA?

En primer lugar, el dietista-nutricionista debe realizar una evaluación del estado nutricional del paciente (medidas antropométricas, composición corporal, exploración física, entrevista dietético-nutricional) para conocer su ingesta habitual, hábitos alimentarios y de salud, historia ponderal o creencias y mitos sobre los alimentos, entre otros aspectos. Tras la valoración, se establecen las pautas del tratamiento (médico-psiquiátrico, psicológico y dietético-nutricional y, en su caso, de enfermería). En cuanto al abordaje dietético-nutricional, según el estado nutricional del paciente, se utilizará una dieta que detalle alimentos y cantidades o bien se establecerán pautas de alimentación generales. Lo más recomendable es la última opción, ya que es la forma en la que menos se altera la dinámica familiar, muy afectada en estos trastornos. El paciente cumplimenta registros de alimentación, que acompaña de fotos digitales (realizadas antes y después de las comidas) que el dietista-nutricionista revisa cada semana para establecer los cambios necesarios hacia una alimentación normal.

Los problemas de sueño podrían aumentar el riesgo de obesidad y diabetes, según un estudio

Investigadores hallaron que alterar la cantidad y el momento del descanso aumentaba los niveles de glucemia y ralentizaba el metabolismo

La privación del sueño, en combinación con unos ritmos afectados del "reloj biológico", podría resultar en algunos cambios en el metabolismo de una persona que pueden vaticinar tanto la obesidad como la diabetes, informan investigadores.

Participantes en un pequeño estudio a quienes solo se permitió dormir unas seis horas por noche y que se sometieron a ciclos cambiantes de sueño y vigilia tenían niveles más elevados de glucemia y unas "tasas metabólicas" más bajas en reposo. Tasa metabólica es un término que describe la velocidad con la que el organismo quema calorías para obtener energía.

Los niveles elevados de glucemia pueden llevar a la diabetes. Si la dieta y el ejercicio no cambian, las tasas metabólicas bajas pueden llevar a la obesidad, lo que a su vez eleva el riesgo de diabetes.

Investigaciones anteriores han mostrado que las personas que trabajan en horarios nocturnos o que duermen demasiado poco de manera continua tienen niveles elevados de grasas en sangre y son más propensas a ser obesas y a sufrir de diabetes tipo 2 y síndrome metabólico (un conjunto de afecciones que se asocian con un mayor riesgo de enfermedad cardiaca), señaló el Dr. Orfeu Buxton, autor principal del nuevo estudio y neurocientífico asociado del Hospital Brigham and Women's de Boston.

El grupo de investigación de Buxton había mostrado anteriormente, en laboratorio, que las personas que duermen solo cinco horas por noche durante una semana tienen un mayor riesgo de diabetes.

En este último estudio, que aparece en la edición del 11 de abril de la revista Science Translational Medicine, participaron 21 adultos sanos que se encerraron en un laboratorio durante casi seis semanas. Los investigadores controlaron sus ciclos de sueño, dieta y actividades.

Tras un periodo inicial de sueño normal (unas 10 horas por noche), los participantes tuvieron tres semanas de sueño restringido (menos de seis horas por periodo de 24 horas) junto con una alteración de su reloj biológico (o "ritmo circadiano") provocada por ciclos de días de 28 horas.

El horario fue similar al de los trabajadores con turnos rotativos.

La última parte del estudio consistió en nueve días de sueño normal para "recuperarse".

Durante el periodo de privación del sueño y de alteración del ritmo circadiano, la tasa metabólica en reposo de los participantes se redujo, mientras que sus niveles de glucemia tras las comidas aumentaron, a veces incluso a niveles considerados como prediabéticos. Esto se debió a que el páncreas no producía suficiente insulina, señaló Buxton, quien también es profesor asistente de la división de medicina del sueño de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard.

Entre esos participantes, el descenso en la tasa metabólica fue suficiente para equivaler a unos 4.5 kilos (10 libras) añadidos en el transcurso de un año, señalaron los investigadores.

Tras el periodo final de nueve días de descanso y recuperación, las anomalías metabólicas volvieron a la normalidad.

Aunque tanto la restricción del sueño como la alteración crónica del ritmo circadiano afectan el metabolismo de la glucosa y aumentan el riesgo de diabetes, lo hacen por medios distintos, explicó Buxton.

La restricción del sueño por sí sola no resulta en ningún cambio en la tasa metabólica en reposo ni en los niveles de glucemia, aunque sí lleva a una mayor resistencia insulínica, o sea que la glucosa no se elimina con eficacia del torrente sanguíneo.

Pero estar conscientes de los riesgos inherentes en el trabajo en turnos (y en los viajes internacionales) significa que las personas pueden ajustarse para compensar.

"Quizás sea buena idea adaptar los ritmos circadianos al horario que se tiene, no solo el momento del sueño y de los periodos de luz y oscuridad, sino también el momento de las comidas, de forma que no se coma cuando el intestino está desactivado y no está listo para procesar la comida", aconsejó Buxton.

La Dra. Loren Wissner Greene es profesora clínica asociada de medicina del Centro Médico Langone de la NYU en la ciudad de Nueva York. En un comentario sobre el estudio, planteó que "esto muestra que en cierta forma, se puede controlar el destino al trastornar el sueño. Las personas podrían realizar modificaciones beneficiosas o nocivas que podrían afectar a su propio metabolismo".

Sin embargo, Greene advirtió que el estudio fue pequeño y que la conexión entre los cambios metabólicos y la diabetes en este contexto dista mucho de ser concluyente. Además, ninguno de los participantes hizo ejercicio durante el estudio, algo que podría haber alterado los hallazgos.

Combinar alimentos de forma adecuada

Por MARIA MANERA / Tomado de: www.consumer.es

Las interacciones entre nutrientes de los alimentos pueden potenciar sus acciones en el organismo

Los alimentos están constituidos por una gran cantidad de componentes con funciones diversas. Algunos de estos elementos son nutrientes, es decir, sustancias que el organismo digiere y absorbe para utilizar como energía, como elemento estructural o regulador. Los alimentos están conformados por mezclas de nutrientes, en distintas proporciones. Algunos son más ricos en hidratos de carbono que en grasas, mientras que otros aportan más proteínas. Otros no contienen casi vitamina C, pero son muy ricos en calcio. Conocer cómo trabajan cada uno de ellos ayuda a hacer las combinaciones más adecuadas para una dieta equilibrada.

Los nutrientes interaccionan entre ellos, de manera que nunca será lo mismo consumir un cierto nutriente a partir de alimentos que hacerlo con un suplemento constituido solo por el nutriente en cuestión. También hay que tener en cuenta que casi nunca se comen alimentos de forma individual, sino en una mezcla que constituye una comida. Las interacciones que se dan entre nutrientes pueden ser positivas si potencian sus acciones o, al contrario, pueden interferir o disminuir su absorción o función. Por ello, resultaría útil conocer algunas de estas relaciones para conseguir seleccionar las combinaciones de alimentos adecuadas en cada momento.

Calcio y vitamina D

El papel del calcio en la salud ósea está bien establecido, aunque no es el único elemento que interviene. El tabaquismo o el sedentarismo afectan de forma negativa a la masa ósea y una carencia de vitamina D puede provocar trastornos óseos, como el raquitismo en niños y la osteoporosis en adultos. Este micronutriente es imprescindible para la correcta absorción del calcio, a la vez que permite su depósito en los huesos y la regulación de los niveles de este mineral en la sangre.

La principal fuente de calcio de la dieta de los españoles son los lácteos, aunque también lo contienen los frutos secos, las legumbres, los cereales integrales y algunas hortalizas, en especial de la familia de las coles. La vitamina D se puede obtener de la dieta (sobre todo de pescados grasos o alimentos enriquecidos) o sintetizar con la exposición de la piel al sol.

Sodio y potasio

El sodio es un nutriente esencial, pero cuando se consume en exceso, algo que según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) hace el 80% de la población española, constituye un factor de riesgo para padecer hipertensión y enfermedades relacionadas con esta. Por el contrario, el potasio, un mineral que desempeña diversas funciones en el metabolismo y es esencial para el funcionamiento apropiado de todas las células, tejidos y órganos, está relacionado con la disminución de la presión arterial. Esto se debe a sus efectos sobre los vasos sanguíneos y a su capacidad para facilitar la excreción de sodio a través de los riñones.

El potasio está presente en la mayoría de alimentos, sobre todo en frutas y hortalizas, por lo que un consumo adecuado de este grupo de alimentos, junto con una reducción en la ingesta de sal y alimentos salados, es la mejor estrategia para controlar la tensión arterial.

Vitamina B12 y ácido fólico (vitamina B9)

Estas dos vitaminas del grupo B son indispensables para el sistema nervioso y para la síntesis de nuevas células, tanto para tejidos de nueva creación como para regenerar los actuales. La vitamina B12 contribuye a la absorción del ácido fólico y juntos controlan el nivel de homocisteína en sangre, que cuando está demasiado elevado, se asocia a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.

La carencia de algunas de estas dos vitaminas puede causar anemia y, si el déficit es de B12, los daños, además, pueden ser neurológicos, con síntomas como sensación de hormigueo y pérdida de memoria. Para evitar estos problemas, hay que cubrir los requerimientos diarios de estas vitaminas. Los alimentos más ricos en ácido fólico son los vegetales de hoja verde y las legumbres. La vitamina B12 solo se encuentra en los alimentos de origen animal (carne, pescado, lácteos y huevos). Las personas que no consumen este tipo de alimentos deben asegurar el aporte a través de suplementos o alimentos enriquecidos.

Hierro y vitamina C

El hierro es un oligoelemento localizado en el cuerpo en cantidades muy pequeñas. A pesar de que las necesidades de hierro son relativamente bajas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) subraya la falta de hierro como la carencia nutricional más habitual en el mundo, incluidos los países industrializados. El hierro es imprescindible para múltiples funciones vitales, por lo que conseguir una ingesta adecuada es importante. En la mayoría de los casos, la cantidad de hierro que se absorbe a través de la alimentación es baja, se calcula que ronda el 15%. Esta cifra aumenta de forma considerable si el individuo tiene unos niveles de hierro bajos.

El tipo de hierro es otro factor clave en la absorción: el denominado hierro hemo, presente en la carne y el pescado, se absorbe con más facilidad que el hierro no hemo de los vegetales o el huevo. Sin embargo, la vitamina C mejora la absorción del hierro no hemo, por lo que se recomienda consumir los alimentos vegetales ricos en hierro (legumbres, frutos secos, algunas verduras), junto con otros que contengan vitamina C (pimiento, frutas del bosque, cítricos, kiwi, fresas, coles y coliflores...).

Palomitas de maíz, ¿snack saludable o poco recomendable?

El tipo y la cantidad de grasa y de sal que contienen las palomitas comerciales marca la diferencia entre un aperitivo saludable y otro no recomendable

La noticia sobre el valor antioxidante de las palomitas de maíz, muy ricas en polifenoles, transmitida por la Sociedad Americana de Química, invita a pensar que son un aperitivo rico, crujiente y sano. Sin embargo, su fundamento nutritivo y saludable cambia según el tipo de palomitas (de grano al natural o comerciales para microondas) y los condimentos de elaboración. Usar más aceite de la cuenta para saltearlas en la sartén, utilizar mantequilla en vez de aceite para lograr más sabor, ser generosos con la sal o añadirles azúcar o miel para darles el contrapunto dulce son gestos que condicionan y desvirtúan el saludable aporte nutricional de este aperitivo.

Palomitas: aperitivo saludable con matices

Las palomitas se obtienen a partir de una variedad especial de maíz que explota y se convierte en palomitas cuando se calienta a elevadas temperaturas. Como alimento, 100 gramos de palomitas aportan una cantidad modesta de calorías (370 Kcal/100 g), por lo que se considera como un aperitivo bueno pero energético y, por ende, de consumo moderado.

En cuestión de nutrientes, y en esa cantidad, las palomitas contienen hidratos de carbono (60 gramos) y proteínas (10 gramos), minerales (fósforo, magnesio, potasio y más sodio cuanta más sal se les añada como condimento) y vitaminas (grupo B). Un aspecto que destacan las últimas investigaciones en torno a este aperitivo es su aporte de polifenoles que, junto con su contenido neto en carotenoides, lo convierten en un snack que proporciona una buena dosis de antioxidantes.

La cantidad de grasa de las palomitas varía mucho, de apenas 4 g/100 g si se cocinan sin aceite (o con una pizca), hasta 8 veces más (30,2 g/100 g) si se añade mucha cantidad de grasa (aceite o mantequilla) en su elaboración o si se escogen las palomitas comerciales para cocinar al microondas. Las palomitas al natural no aportan nada de colesterol, salvo que se use mantequilla para cocinarlas.

Dado que su valor energético no es despreciable, se deben consumir con moderación, en particular en caso de sobrepeso y obesidad. La dificultad para muchas personas es que son una tentación, lo cual les lleva a comer más cantidad de lo que podría ser una ración saludable. Una ventaja añadida de las palomitas frente a otros aperitivos y snacks es que no tienen gluten, por lo que su consumo es apto para quienes tienen celiaquía o intolerancia al gluten.

¿En la sartén o en el microondas?

Las palomitas de microondas que se venden envasadas y listas para cocinar en el propio envase son más saladas y, según las marcas, contienen grasas poco saludables. Los ingredientes de estas palomitas son: maíz, grasa, sal y, en la mayoría de los casos, aditivos antioxidantes. El tipo de grasa que llevan añadidas, aunque sea vegetal, no siempre es saludable.

Algunas contienen aceite de palma, lo que convierte al aperitivo en un producto rico en grasas saturadas y, por tanto, poco sano. En otros casos, añaden una grasa más perniciosa aún para la salud, los aceites vegetales parcialmente hidrogenados (grasas trans).

El tipo y la cantidad de grasa y de sal de estas palomitas comerciales marca la diferencia entre un aperitivo saludable y otro no recomendable. De hecho, cien gramos de palomitas de maíz saladas para microondas aportan unas 500 calorías (más de 100 Kcal más que si se hacen en la sartén) y su contenido en grasa pasa del 4% que tenía el grano de maíz a entre el 20% y el 32% cuando se cocinan y se consumen en este formato. El contenido en sal del producto cocinado es elevado, entre el 1,3% y 2,6%, según marcas.

Para hacer de las palomitas un snack saludable, lo idóneo es que sean caseras: añadir los granos de maíz a una sartén bien caliente y untada con unas gotas de aceite de oliva. Conviene mover de forma continua la sartén para que los granos no se quemen. En el momento que comienzan a explotar, se baja la temperatura y se mantiene el movimiento de la sartén hasta que se complete la cocción. Solo falta añadir una pizca de sal para que resulten más sabrosas.

Palomitas y polifenoles antioxidantes

Una reciente investigación de la Universidad estadounidense de Scranton propone a las palomitas de maíz como un aperitivo fuente de polifenoles antioxidantes. Según Vinson, director del estudio y pionero en el análisis de componentes saludables de distintos alimentos como el cacao o las nueces, los polifenoles se concentran más en las palomitas de maíz, al ser un producto con poca agua en comparación con la misma cantidad de frutas, ya que los antioxidantes están disueltos en el agua, un componente más abundante de los vegetales.

El estudio encontró hasta 300 miligramos de polifenoles por ración de palomitas, en comparación con los 114 miligramos en una ración de maíz dulce y los 160 miligramos de media estimados en una ración de fruta.

No obstante, al ser las frutas y las palomitas dos tipos de alimentos tan distintos en composición y propiedades, no son comparables ni sustituibles. Tal y como precisa Vinson, "las palomitas de maíz no pueden sustituir a las frutas y verduras frescas en una dieta saludable. Las frutas y las verduras contienen vitaminas y otros nutrientes que son esenciales para una buena salud, pero que faltan en las palomitas de maíz".

Tomado de: www.consumer.es

7 de abril de 2012

Las verduras como el brócoli y el repollo podrían ayudar a combatir el cáncer de mama, según un estudio

Comer brócoli, uno de los principales "súper alimentos", y otras verduras crucíferas podría mejorar las probabilidades de supervivencia al cáncer de mama, sugiere un estudio reciente.

En un estudio de mujeres en China que habían sido diagnosticadas con cáncer de mama, los investigadores hallaron que las que consumían la mayor cantidad de verduras crucíferas tenían 62 por ciento menos probabilidades de morir de cáncer de mama y 35 por ciento menos probabilidades de sufrir de una recurrencia de la enfermedad, en comparación con las que menos consumían.

Las verduras crucíferas que las mujeres reportaron comer más comúnmente eran los brotes de mostaza y las hojas de nabo, la col china, la coliflor y el repollo verde. La col rizada, la col silvestre y la rúcula son otras verduras crucíferas.

"Este estudio sugiere que las verduras crucíferas y los compuestos bioactivos que contienen podrían proteger del cáncer de mama", señaló Sarah Nechuta, investigadora del Centro de Epidemiología Vanderbilt en Nashville, Tennessee, y autora líder del estudio.

Sin embargo, no está claro si esta asociación se observaría en mujeres de EE. UU., que tienden a comer una variedad distinta de las verduras, como más brócoli, coliflor y coles de Bruselas que col china, añadió Nechuta.

Estudios anteriores en mujeres en China, EE. UU. y Suecia han insinuado que una mayor ingesta de verduras crucíferas podría relacionarse con un menor riesgo de desarrollar cáncer de mama, pero la investigación actual está entre las primeras en examinar a las mujeres tras un diagnóstico de esa enfermedad.

Los hallazgos fueron presentados el martes en la reunión anual de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer (American Association for Cancer Research) en Chicago.

En el estudio participaron casi 5,000 mujeres de 20 a 75 años de edad que formaban parte del Estudio de supervivencia en el cáncer de mama de Shanghái. Los investigadores entrevistaron a las mujeres en un plazo de seis meses tras su diagnóstico para reunir información sobre la dieta, el estilo de vida y factores clínicos, como la etapa del tumor. También preguntaron sobre la ingesta de verduras crucíferas a los 18 y 36 meses tras el diagnóstico.

Las mujeres cuyo consumo de verduras crucíferas se hallaba en el 25 por ciento superior tenían 62 por ciento menos probabilidades de morir de cáncer de mama durante el periodo del estudio, de aproximadamente cinco años, en comparación con las mujeres que se hallaban en el 25 por ciento inferior.

Hubo 35 por ciento menos probabilidades de recurrencia entre las mujeres en el nivel superior de consumo, en comparación con las del 25 por ciento inferior.

Los investigadores también hallaron que las mujeres en el 25 por ciento superior de consumo tenían 62 por ciento menos probabilidades de morir por cualquier causa que las mujeres en el 25 por ciento inferior.

El grupo del Vanderbilt había hallado antes una relación entre el consumo de verduras crucíferas y un menor número de muertes y menos enfermedad cardiaca entre adultos chinos sanos, lo que sugiere que este grupo alimentario podría aportar beneficios generales de supervivencia, apuntó Nechuta.

En promedio, las mujeres del nuevo estudio consumían unos 99 gramos (3 1/2 onzas) de verduras crucíferas al día, que provienen de plantas con flores de cuatro pétalos que toman la forma de cruz.

Las asociaciones con una reducción en las muertes y la recurrencia del cáncer se mantuvieron incluso tras ajustar por otras diferencias, que incluían el consumo de soya y carne, la ingesta vitamínica, la actividad física, la etapa del cáncer, los ingresos y el nivel educativo.

Aún así, la Dra. Laura Kruper, directora del Centro de Salud de las Mujeres en City of Hope en Duarte, California, señaló que "a partir de este tipo de estudios, mostrar una relación entre causa y efecto resulta muy difícil". Añadió que aunque el estudio tiene méritos, hay que realizar más estudios en otras poblaciones durante más tiempo para establecer una relación causal.

Nechuta apuntó que las mujeres de EE. UU. podrían no observar los mismos beneficios porque otras verduras crucíferas, con compuestos bioactivos distintos, son más populares, y porque las estadounidenses comen mucho menos de este tipo de producto, con un promedio diario de alrededor de 28 gramos (1 onza).

Además, se han hallado variaciones genéticas en la población china que podrían ralentizar el metabolismo de este tipo de verdura, manteniendo los compuestos beneficiales más tiempo en el organismo, añadió Nechuta.

Sin embargo, probablemente no haya nada malo en aconsejar a las mujeres de Estados Unidos que aumenten su ingesta de estas verduras, apuntó Kruper. La Sociedad Estadounidense del Cáncer (American Cancer Society) recomienda comer por lo menos dos tazas y media de todo tipo de frutas y verduras al día.

"Aconsejo a mis pacientes limitar el alcohol a cuatro bebidas por semana y limitar el azúcar, y también comer más verduras y semillas de lino, y menos carne roja", señaló Kruper. Sin embargo, el alcohol y la inactividad física son los dos únicos factores que se sabe "a ciencia cierta" que aumentan el riego de cáncer de mama, añadió.

"Cuando pensamos sobre las verduras, pensamos en lechuga o judías verdes, que tienen muchos beneficios, pero probablemente también recomendaría verduras crucíferas", planteó Kruper.

Los datos y conclusiones de estudios presentados en reuniones médicas deben ser considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista médica revisada por profesionales.

Qué es la composición corporal

Por MAITE ZUDAIRE / Tomado de: www.consumer.es

La composición corporal recoge el estudio del cuerpo humano mediante medidas y evaluaciones de su tamaño, forma, proporcionalidad, composición, maduración biológica y funciones corporales. Su finalidad es entender los procesos implicados en el crecimiento, la nutrición y el rendimiento deportivo (ganancia de masa muscular, ajuste de pérdida de grasa), o de la efectividad de la dieta en la pérdida proporcionada y saludable de grasa corporal y en la regulación de los líquidos corporales. En definitiva, se trata de obtener una valoración objetiva, con fundamento científico, de la morfología de las personas y las manifestaciones y necesidades que devienen de ella. Por otro lado, la composición corporal acompaña cada vez más a menudo la información y divulgación relativa a la nutrición y práctica deportiva y los tratamientos de control de peso y de adelgazamiento. En este artículo no sólo se explica qué es la composición corporal, sino la importancia de las medidas y valores, qué no define la composición corporal y qué métodos se utilizan para medir y valorar los diferentes "compartimentos corporales".

Medidas y valores

La definición de obesidad (o normopeso, sobrepeso o bajo peso en su caso) basada en el Índice de Masa Corporal (IMC), que solo tiene en cuenta la altura y el peso, es cada día más cuestionada por insuficiente como herramienta de diagnóstico y como elemento de evaluación durante la terapia de un problema de peso o de crecimiento. El IMC tiene el peso y la estimación de la masa grasa (MG) como principal objetivo, pero el consenso actual manifiesta la necesidad de considerar, tanto o más que la MG, la masa muscular (MM), la masa ósea (MO), sin olvidar el principal componente del cuerpo humano, el agua.

Todo ello permite valorar la situación nutricional real de una persona, y los resultados antropométricos determinan las necesidades energéticas y nutricionales, lo que llevan a pautar una correcta nutrición y el entrenamiento óptimo. Esto es posible si el análisis antropométrico evalúa la estructura del cuerpo en su totalidad y los cambios que ocurren como resultado de situaciones fisiológicas o patológicas o que son solo el resultado de la edad, sexo y estilo de vida. Por el momento, las valoraciones están encaminadas a atender la demanda de conocimiento de los deportistas de élite y de personas con una necesidad de desgaste físico importante o que no logran obtener una razón que justifique el desequilibrio entre ingesta y desgaste energético y que se manifiesta con sobrepeso o bajo peso.

Los datos que ofrece un completo análisis de la composición corporal se centran en el estudio de diferentes partes del cuerpo y la medida de la presencia de agua corporal total, masa grasa, masa magra, minerales del hueso y masa celular corporal en cada uno de ellos. Los resultados antropométricos conducen a conocer las necesidades energéticas reales en el tiempo y las situaciones concretas, lo que dicta una correcta nutrición y pauta el entrenamiento correcto.

Qué no define la composición corporal

El análisis de la composición corporal evita conclusiones que pertenecen más a la divulgación popular que a la científica. La supuesta pesadez de los huesos, los músculos secos o la imposibilidad de pérdida de grasa son tres ejemplos de ignorancia. Si bien en términos generales la masa total de lípidos (triglicéridos) se presenta como promedio en hombres y mujeres entre el 23 y 27% del peso corporal total; o se calcula que en los hombres, el 60% de su peso es agua corporal y el 50% en las mujeres, son solo cifras estimativas que no pueden singularizarse.

La composición corporal es individual y además varía a lo largo de la vida. También responde al grado de salud de cada persona, aunque sí es verdad que si se detectan valores que no entran en la horquilla habitual (por ejemplo un niño con un desarrollo ajeno al percentil básico) puede interpretarse como una señal de alarma. No hay duda de que habrá que buscar las causas y lograr un tratamiento dietético mediante el apoyo y el asesoramiento nutricional antes de que se registren consecuencias más graves.

Qué métodos se utilizan

La importancia de la homeostasis o metabolismo celular de los seres vivos es el gran reto del siglo XXI. Se trata de disponer de métodos o aparatos de Bioimpedancia (BIA) que permitan valorar el agua intra y extracelular. De esta manera, se logra medir y valorar los diferentes "compartimentos corporales" similares en que está dividido el cuerpo humano.

En definitiva, realizar una evaluación correcta y completa de la composición corporal que permite estimar con exactitud la cantidad de grasa, agua, masa magra, e incluso masa ósea, que se obtiene mediante métodos clínicos más precisos, como la impedancia bioeléctrica (fuerza y velocidad de una señal eléctrica que viaja a través del organismo).

Las mediciones se basan en el hecho de que los tejidos como músculos y sangre contienen altos niveles de agua y electrolitos y, por tanto, actúan como conductores de una señal eléctrica. El tejido graso es, en comparación, menos acuoso y ofrece resistencia al paso de la señal eléctrica. El aumento de los valores de impedancia se corresponde por tanto, a niveles más altos de grasa corporal.

Aparatos de bioimpedancia y su uso

En el mercado se encuentran aparatos especializados en la medición de la composición corporal, pero como sucede con las herramientas, no basta con tener el artilugio. Es clave interpretar los datos que se consiguen con él. Los dietistas-nutricionistas son, según sentencia del Supremo, los profesionales capacitados y reconocidos para ejercer la función sanitaria de pautar dietas y conducir la nutrición de una persona.

Reconocer esto es más importante cuando herramientas muy potentes, como las BIA, ofrecen la posibilidad de interpretar datos sin conocimientos profundos y examinados. Un mal diagnóstico conduce a seguir pautas erróneas en algo tan sensible y tan importante como la salud.

Las mujeres más altas y con más peso podrían enfrentarse a un mayor riesgo de cáncer de ovario

Las mujeres más altas y que pesan más podrían estar en mayor riesgo de cáncer de ovario, sugiere una investigación.

Un grupo internacional de investigación examinó datos de 47 estudios llevados a cabo en catorce países con más de 25,000 mujeres con cáncer de ovario y 81,000 mujeres que no sufrían de la enfermedad.

Cada aumento de 5 centímetros (2 pulgadas) en la estatura de una mujer se asoció con un aumento significativo en las probabilidades de desarrollar cáncer de ovario, hallaron los investigadores. Un mayor índice de masa corporal (una medida basada en la estatura y el peso) también se asoció con un mayor riesgo de cáncer de ovario, pero solo entre las mujeres que nunca habían tomado terapia de hormonas en la menopausia.

Los investigadores hallaron que la asociación entre la estatura, el peso y el cáncer de ovario se sostuvo incluso tras tomar en cuenta otros factores que podrían influir sobre el riesgo de cáncer de ovario, como la edad, la edad de la menarquía, los antecedentes familiares de cáncer de ovario o mama, el uso de anticonceptivos orales, el estatus menopáusico y el uso de alcohol o tabaco.

En las últimas décadas, en los países de altos ingresos la estatura y el peso promedios de las mujeres han aumentado de forma constante, señalaron los autores en un comunicado de prensa de la Biblioteca Pública de Ciencias.

Los resultados de este gran estudio observacional del Grupo Colaborativo de Estudios Epidemiológicos del Cáncer de Ovario, con sede en Oxford, Inglaterra, aparecen en la edición de esta semana de la revista PLoS Medicine.

Aunque los investigadores hallaron una asociación entre la estatura, el peso y el riesgo de cáncer de ovario, no probaron que ser más alta o tener más peso provoque cáncer de ovario.

Realizar 30 minutos de actividad física al día alarga la esperanza de vida cinco años

Un estudio realizado por investigadores del Instituto Universitario Cemic de Buenos Aires (Argentina) en personas mayores ha demostrado que, al menos, el 78 por ciento de las que practicaban un mínimo media hora diaria de ejercicio, alargan la vida por lo menos cinco años.

 Los autores de la investigación, del que se hace la Fundación Española del Corazón, recomiendan, tras analizar los resultados, realizar 30 minutos de actividad física al día, cinco veces a la semana y proponen como actividades: nadar, caminar, hacer gimnasia acuática, bailar o montar en bicicleta.

 "Cuando nos hacemos mayores, nos volvemos más sedentarios, favoreciéndose el deterioro del aparato locomotor. Además; se pierde masa muscular, por lo que el mecanismo de regulación de la glucosa se ve disminuido, las arterias pierden elasticidad, y se altera el metabolismo de las grasas, lo que favorece la aparición de diabetes, hipertensión, obesidad e hipercolesterolemia", destaca la doctora Araceli Boraita, vocal representante de las sociedades filiales de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y cardióloga del Centro de Medicina del Deporte.

 "En cambio, si nos mantenemos físicamente activos a lo largo de nuestra vida y seguimos así una vez entrados en la vejez, además de mejorar nuestra elasticidad, coordinación y musculación, disminuiremos la probabilidad de padecer estas enfermedades", prosigue.

 El estudio, que incluyó a 337 personas mayores de 80 años, demostró que el 78 por ciento de las personas que realizan actividad física de forma regular, alargan la vida al menos cinco años, frente al 46 por ciento de supervivencia en el caso de las personas sedentarias.

 Las actividades o deportes más recomendables para la población mayor son las que, "además de mejorar la forma física, favorecen la musculación y la coordinación", afirma Boraita, quien, para fomentar la práctica de ejercicio físico entre las personas mayores, recomienda que se realicen en grupos de edad parecida y que sea supervisado por un monitor que controle sus progresos.

 "Es importante, también, que nuestros mayores se enganchen al ejercicio físico y no deben sentirse frustrados o agobiados si inicialmente se ven limitados. Si no se puede realizar 30 minutos de actividad seguida, se puede fraccionar en intervalos  de 10 a 15 minutos, ya que el efecto es acumulativo", propone la especialista.

 La FEC realiza estas recomendaciones con motivo de la conmemoración del Día Mundial de la Salud, el próximo 7 de abril, para el que este año la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha escogido el lema 'La buena salud añade vida a los años', con el que se pretende mostrar que, si nos cuidamos desde jóvenes, ayudaremos a tener en la vejez una vida plena y productiva, y a desempeñar un papel activo en nuestras familias y en la sociedad.

 La FEC se suma a este lema, aprovecha para reivindicar Día Mundial de la Actividad Física que se celebra el 6 de abril. "La población española es una de las más longevas y es necesario que nos concienciemos sobre la necesidad de llegar a una edad madura estando física e intelectualmente activos", concluye Boraita.

Tomado de: www.europapress.es

Alimentos para aumentar la concentración

Por NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ / Tomado de: www.consumer.es

Harina de avena, arándanos, salmón, aguacate, té verde y chocolate negro son los seis alimentos elegidos para mantener una concentración plena durante todo el día

Mantener la mente activa durante las horas lectivas del día no siempre es fácil. Hay momentos en los que se baja la guardia y concentrarse resulta una difícil tarea. Los niveles de estrés actuales pasan factura y el cuerpo no siempre responde al 100%. Hay una relación directa entre las situaciones externas a las que está sometido el cuerpo y la respuesta que da bajo estas circunstancias. Una mala gestión de estas respuestas puede tener repercusiones en el sistema inmunitario, disminuir las defensas y aumentar la vulnerabilidad a contraer enfermedades, tanto físicas como psíquicas. Una buena alimentación es la base para mantener un equilibrio óptimo en el organismo.

Saber elegir los alimentos adecuados y seguir una dieta sana es la mejor y casi única opción para estar al 100% durante todo el día. Realizar ejercicio de manera regular también ayuda a mantener este estado óptimo, cuya base siempre es la alimentación. Durante largos periodos de estrés o cansancio, el organismo pierde la capacidad de concentración. Según un estudio realizado por la revista Forbes, la alimentación es clave para evitar esta situación. Según el estudio, seis alimentos consiguen mantener el nivel de concentración en el organismo. La harina de avena, los arándanos, el salmón, el aguacate, el té verde y el chocolate negro son los seis elegidos como alimentos imprescindibles para mantener una concentración plena durante todo el día.

Chocolate y té verde para mejorar la concentración

El chocolate y el té verde son estimulantes, lo que supone una inyección de energía para el cuerpo. Se recomienda el consumo de una taza de té verde al día para proporcionar al organismo la cantidad de cafeína necesaria para mantener la concentración en los momentos de baja actividad. Además, el consumo de este alimento proporciona sensación de saciedad, no contiene calorías, elimina la sed, previene la fatiga o evita indigestiones, entre otros.

El chocolate negro es otro estimulante que, además de ser también natural, satisface el deseo o la necesidad de azúcar en el organismo. Estos factores ayudan al cuerpo a concentrarse o a mantener la concentración. Tiene un estimulante natural, similar a la cafeína, que ayuda a mantener la atención. Los expertos aseguran que la ingesta de una pequeña cantidad diaria ya es suficiente para notar sus efectos en el organismo.

Harina de avena, salmón y aguacate

La avena es un cereal muy completo, rico en proteínas, en grasas y vitaminas, sobre todo la timina (B1), cuya presencia beneficia el funcionamiento del sistema nervioso. La harina de avena destaca por un efecto equilibrante del sistema nervioso, de ahí que su consumo se indique en situaciones de nerviosismo, insomnio o momentos de estrés. Ayuda a mantener fresca la memoria a corto plazo durante todo el día. Otras cualidades son: un gran efecto saciante, baja en calorías, muy digestiva y una ayuda en el control del colesterol en sangre. Se puede consumir en el desayuno, en forma de cereales, o añadirla a los platos que se desee.

El salmón, por su contenido de ácidos grasos omega 3, es otro de los alimentos esenciales para mejorar la concentración y el funcionamiento del cerebro. Su composición hace que este pescado azul ayude, además, a controlar los niveles de colesterol y disminuye el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas. En esta misma línea, el aguacate es un alimento completo y rico en grasas saludables que, como el salmón, favorece que se mantenga y mejore el nivel de concentración. Es un alimento rico en ácidos grasos omega 3, así como en potasio, fibra y antioxidantes. Puede consumirse crudo o cocinado, aunque siempre es más puro en crudo.

Arándanos para la memoria

Los arándanos son el último grupo de alimentos que, según el estudio publicado en la revista Forbes, tiene efectos que aumentan la concentración durante todo el día. Es un alimento rico en antioxidantes, que ayudan a activar las enzimas protectoras del celebro y mejoran la memoria, y en potasio, un mineral necesario para la transmisión y la generación del impulso nervioso. Es una fruta con un bajo contenido calórico, ya que su aporte de hidratos de carbono es bajo, rica en vitamina C y una buena fuente de fibra, potasio, hierro y calcio.

Su principal característica es su abundancia en pigmentos naturales, los antocianos y carotenoides, que confieren a este alimento su color característico y su sabor. Algunos estudios consideran a los arándanos preventivos de enfermedades como el Parkinson y que ayudan a fortalecer la memoria a largo plazo.

¿Cómo se pueden consumir? Admiten numerosas formas: frescos, en zumo, mermeladas, jaleas, compotas o de relleno en pasteles o repostería. Son un buen alimento contra las infecciones urinarias, ya que contienen muy buenas acciones bactericidas e inhiben su crecimiento. También son un poderoso remedio para eliminar parásitos intestinales y, si se mezclan con leche, se consigue un gran reconstituyente para el organismo, incluso para los consumidores con una digestión más delicada. Son también una buena opción para curar eccemas cutáneos o para facilitar la cicatrización de heridas, si se empapa su zumo en un paño y se aplica sobre la zona.