21 de diciembre de 2013

Científicos señalan que los suplementos vitamínicos son una pérdida de dinero

Una reciente investigación realizada por científicos, ha dado como resultado que los suplementos vitamínicos son sólo una pérdida de dinero y no traen ningún beneficio para la gente, e incluso podrían ser perjudiciales para la salud.

 Estas conclusiones fueron realizadas por académicos británicos de la Universidad de Warwick y estadounidenses de la Escuela de Medicina Johns Hopkins en Baltimore, y se publicaron en la revista 'Annals of Internal Medicine'.

 El estudio, que fue realizado en la población británica, apunta que uno de cada tres británicos suele tomar vitaminas, y que la eficacia de tales píldoras en casi 500.000 personas mostró que "complementar con vitaminas la dieta de los adultos que se alimentan bien no tiene ningún beneficio claro e incluso podría ser perjudicial", según los expertos implicados en la investigación, publica 'The Guardian'.

 En tres estudios separados se analizaron miles de personas de avanzada edad. Entre ellas, había personas que habían tomado vitaminas durante varios años consecutivos, pero sin mejoras calificables. Además, casi 2.000 encuestados, tanto hombres como mujeres, con problemas cardiovasculares tampoco mostraron avances en sus tratamientos tras consumir vitaminas.

 Los expertos también sugieren que las empresas que producen y venden todo tipo de suplementos vitamínicos hacen propaganda falsa de sus productos para vender más, aunque saben que las píldoras son innecesarias.

Tomado de: www.europapress.es

Una dieta rica en tomates puede reducir el riesgo de cáncer de mama

Una dieta rica en tomate puede ayudar a proteger a las mujeres posmenopaúsicas del riesgo de padecer cáncer de mama, que se eleva en este grupo conforme aumenta su índice de masa corporal (IMC), según concluye un nuevo estudio aceptado para su publicación en 'Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism'.

La investigación encontró que llevar una dieta rica en tomates tiene un efecto positivo en el nivel de hormonas que juegan un papel en la regulación del metabolismo de la grasa y el azúcar.

"Las ventajas de comer un montón de tomates y productos a base de tomate, aunque sea por un corto periodo, fueron claramente evidentes en nuestros resultados", dijo el primer autor del estudio, Adana Llanos, profesora asistente de Epidemiología en la Universidad de Rutgers, en Newark, Nueva Jersey, Estados Unidos.

"El consumo de frutas y verduras, que son ricas en nutrientes esenciales, vitaminas, minerales y fitoquímicos como el licopeno, transmite beneficios significativos. Sobre la base de estos datos, creemos que el consumo regular de, al menos, las porciones diarias recomendadas de frutas y verduras podría promover la prevención del cáncer de mama en una población de riesgo", afirma esta experta.

 El estudio cruzado longitudinal examinó los efectos de dietas ricas en tomate y soja en un grupo de 70 mujeres posmenopáusicas. Durante diez semanas, las mujeres comieron productos de tomate que contienen al menos 25 miligramos de licopeno diarios y en otro periodo separado de diez semanas, los participantes consumieron por lo menos 40 gramos de proteína de soja al día. Antes del inicio de cada periodo de prueba, se les pidió que no comieran tomate ni productos de soja durante dos semanas.

 Cuando las participantes siguieron la dieta rica en tomate, sus niveles de adiponectina, una hormona implicada en la regulación de los niveles de azúcar y grasa en la sangre, subieron un 9 por ciento. El efecto fue ligeramente mayor en las mujeres que tenían un índice de masa corporal (IMC) inferior. La dieta de soja se vinculó a una reducción en los niveles de adiponectina de las participantes.
"Los resultados demuestran la importancia de la prevención de la obesidad --destaca Llanos--. El consumo de una dieta rica en tomates tuvo un mayor impacto en los niveles de hormonas en las mujeres que mantienen un peso saludable".

Tomado de: www.europapress.es

Una manzana al día para mantener a raya el colesterol

Un estudio destaca la importancia de la ingesta diaria de manzanas para prevenir infartos. Su acción sería similar a la de los tratamientos con estatinas en una población adulta.

No hay que complicarse la vida para mantenerse sano. Esa es la conclusión que podría extraerse de un estudio que publica el número navideño de la revista British Medical Journal en el que se evidencia que con tan solo tomar una manzana al día podría evitarse un número similar de problemas cardiovasculares al que se previenen con un tratamiento de estatinas. Eso sí, sin ningún efecto secundario.

El centenario dicho anglosajón an apple a day keeps the doctor away o, lo que es lo mismo, una manzana al día mantiene al médico lejos de ti, sigue siendo un lema para la medicina moderna. Así se constata en el estudio realizado por investigadores del grupo Investigación para la Promoción de la Salud de la Universidad de Oxford, Reino Unido, tras utilizar un modelo matemático y comparar el empleo de estatinas en este país con la ingesta diaria de esta fruta.

En el Reino Unido, en torno a 17,6 millones de personas que actualmente no están tomando estatinas podrían cumplir un criterio para recibir este tratamiento. Si todas ellas estuvieran medicadas con estos fármacos, según el análisis de estos investigadores, se podrían evitar unas 9.400 muertes cardiovasculares al año. Sin embargo, si en lugar de medicar a todas estas personas se ofreciera una manzana al día al 70% de la población de 50 o más años (unos 22 millones de personas) la cifra de fallecimientos por problemas vasculares que se podría prevenir sería muy similar: 8.500 anuales.

Además de lograr casi el mismo beneficio, optar por una manzana en lugar de una estatina a partir de los 50 años podría evitar diferentes tipos de efectos secundarios y problemas relacionados con la ingesta de esta terapia y que el estudio británico cifra en 1.200 casos de miopatías (trastorno muscular originado por un incremento de una proteína, la creatinina quinasa), 200 casos de rabdomiolisis (lesión muscular que puede conducir a una insuficiencia renal) y 12.300 diagnósticos de diabetes.

Diferentes estudios en animales han constatado que la pectina y los polifenoles (antioxidantes) presentes sobre todo en la piel de la manzana están detrás de la mejora del metabolismo del colesterol y además reducen la producción de moléculas inflamatorias relacionadas con el riesgo cardiaco.

Este proverbio del siglo XIX, que se lanzó como un consejo de salud pública dirigido a padres y profesores, muestra que "los victorianos tenían razón cuando ofrecieron un mensaje brillante, claro y simple. Demuestra lo eficaces que pueden llegar a ser pequeños cambios en la dieta y que, tanto fármacos como un estilo de vida sano, pueden marcar una clara diferencia en la prevención de la enfermedad cardiaca y el ictus", afirma Adam Briggs, de la Universidad de Oxford y uno de los autores de esta investigación.

Por su parte, José Ramón González Juanatey, jefe de Servicio de Cardiología y Unidad Coronaria del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela y presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), señala que "el estudio viene a confirmar que promover en la población el consumo de fruta y verdura es un elemento central en la prevención de las enfermedades cardiovasculares, con un beneficio en prevención primaria en personas sin enfermedad cardiovascular similar al de algunas pastillas".

No obstante, para Leonardo Reinares, jefe de la Unidad de Lípidos del Hospital Clínico de Madrid, "no se debería generalizar este estudio porque la prevención observada ocurre en personas con bajo riesgo cardiovascular. Para mejorar el perfil cardiovascular con un cambio en la dieta, hace falta no sólo la ingesta de un producto sino una alimentación adecuada de forma constante en el tiempo. Según las nuevas guías de los cardiólogos americanos, los pacientes de alto riesgo se deben controlar no sólo con cambios dietéticos sino con medicación apropiada".

Precisamente, a raíz de estas guías se ha abierto un debate sobre el nuevo criterio para definir quién tiene que tomar estatinas. Según los expertos de EEUU, no sólo hay que empezar este tratamiento en función de los niveles de colesterol sino del riesgo de la persona, porque tenga enfermedad cardiaca o diabetes. "Aunque soy un firme defensor de las guías americanas, creo que el hecho de que establezcan una pauta de este tratamiento en función del riesgo es lo que marca la diferencia con su aplicación en España, pues la población de nuestro país tiene un riesgo más bajo de sufrir problemas cardiovasculares", concluye Vicente Bertomeu, anterior presidente de la SEC.

Por último, Bertoumeu señala la diferencia entre unos países y otros en cuanto hábitos saludables: "el mensaje de introducir fruta en la dieta diaria es importante, quizás menos en España que estamos -o quizás estábamos- habituados a ella, pero no es así en países nórdicos donde además la repostería tiene un papel muy importante".

Tomado de: www.elmundo.es

Austria, Finlandia, Bulgaria, Bélgica y España, entre los países con las tradiciones navideñas más cardiosaludables

La celebración de la Navidad suele ser sinónimo de un consumo excesivo de grasas y alcohol, sin embargo la Fundación Española del Corazón (FEC) recuerda que en estas fiestas también hay tradiciones saludables, es el caso de las celebraciones de algunos países europeos como Austria, Italia, Bulgaria, Bélgica y España, donde mantienen tradiciones cardiosaludables.

 En Austria el año se despide a ritmo de vals; en Finlandia el día de Nochebuena acuden a la sauna para llegar a la cena totalmente renovados; en Bulgaria la cena de fin de año consta de nueve platos, los cuales no pueden contener ni carne, ni grasas, ni lácteos; los belgas, por su parte, tienen por costumbre practicar deporte; mientras que en España las doce uvas que acompañan el último minuto del año mejoran el flujo sanguíneo, disminuye la formación de plaquetas y proporciona una mayor protección contra el colesterol LDL.

 Además países como Italia invitan a degustar un buen plato de lentejas que, con su vitamina B9 disminuyen la posibilidad de presentar enfermedades cardiovasculares; mientras que Croacia se encuentra una de las costumbres más antiguas y más saludables de la Navidad, ya que desde 1890 decoran el árbol navideño con frutas, nueces y almendras doradas, que después se deberán consumir, y que simbolizan la fuerza de la vida en contraposición a la apagada naturaleza invernal.

  Por otro lado, recuerdan que en centro de Europa tiene por costumbre beber Glühwein, un vino tinto caliente con especias de origen alemán que se toma para calentar el cuerpo mientras se pasea por los famosos mercados navideños.

 La FEC aconseja disfrutar con moderación durante los días festivos de Navidad e intentar mantener los hábitos alimentarios seguidos a lo largo del año, ya que "en estas fechas en las que cambian las rutinas y el corazón se somete a emociones y tensiones suplementarias, se tiene que procurar no abusar de alimentos ricos en grasas que aumenten los niveles de colesterol", afirma el presidente de la Fundación Española del Corazón (FEC), el doctor Leandro Plaza.

 Además, añade, "las personas con enfermedades cardiovasculares crónicas deben prestar especial atención a su dieta durante las Navidades y ajustar su alimentación a productos específicos, evitando aquellos que no pueden comer el resto del año y sin dejarse llevar por los excesos de la festividad".

Tomado de: www.europapress.es

Relacionan la pérdida de memoria con la comida basura

Un grupo de científicos australianos vinculó la pérdida de memoria a la ingesta de comida basura tras realizar un experimento con ratones a los que sometieron a una dieta de azúcar y grasas, informaron hoy medios locales.

Margaret Morris, jefe de esta investigación realizada por la Universidad de Nueva Gales del Sur, indicó que los ratones con una dieta pobre mostraron, seis días después de iniciarse los experimentos, síntomas de pérdida de memoria al ser sometidos a pruebas vinculadas con la memoria espacial.

"Los animales evidentemente no estaban obesos después de seis días, pero los cambios en el conocimiento, la pérdida de la memoria sucedió antes de cualquier variación del peso", declaró Morris a la "ABC", al expresar que le sorprendió la rapidez con que se perdían estas facultades.

Los científicos notaron que los animales alimentados con una dieta alta en grasas y azúcar tenían una inflamación en la región del hipocampo, la parte del cerebro que está implicada en la formación y almacenamiento en la memoria y una de las primeras regiones afectadas por la enfermedad del Alzheimer.

"Todavía es muy temprano para afirmar que existe un vínculo causal entre los dos, pero creemos que probablemente la inflamación es altamente relevante en el declive cognitivo", comentó la científico.

"Es difícil, por su puesto, extrapolarlo a los humanos. Pero existe datos sobre humanos que se han sometido voluntariamente a pruebas en las que se les alimentaba con comida basura por cinco días y que perdieron las funciones ejecutivas" apuntó Morris al poner como ejemplo el mayor tiempo que necesitaban para reaccionar.

Por su lado, Manny Noakes, experta en nutrición de la Organización para la Investigación Industrial y Científica de la Mancomunidad de Australia (CSIRO) señaló a la "ABC" que el estudio motiva a reflexionar sobre el impacto de la comida basura en las personas a medida que envejecen y en torno al nexo entre una buena dieta y mejoras en la memoria.

Tomado de: www.larazon.es

La dieta y la actividad física disminuyen el riesgo de cálculos renales

Incluso pequeñas cantidades de actividad física pueden disminuir el riesgo de desarrollar cálculos renales mientras consumir demasiadas calorías puede elevar las posibilidades de padecerlos, según concluye un estudio que aparece publicado en el próximo número de 'Journal of American Society of Nephrology'.

 En los últimos 10 a 15 años, la investigación ha revelado que los cálculos renales son más de lo que se pensaba un problema sistémico. Sus vínculos con la obesidad, la diabetes, el síndrome metabólico y la enfermedad cardiovascular demuestran que el proceso de formación de cálculos implica algo más que a los riñones.

El profesor Mathew Sorensen, de la Escuela de Medicina y el Departamento Puget Sound de Asuntos Veteranos de la Universidad de Washington, en Estados Unidos, y sus colegas realizaron un estudio para evaluar si la ingesta de energía y el consumo de energía se relacionan con la formación de cálculos renales.

Los expertos estudiaron a 84.225 mujeres posmenopáusicas que participaron en la 'Women Health Initiative', en la que se recopiló información, por ejemplo sobre la dieta y la actividad física en las mujeres desde la década de 1990. Después de ajustar por múltiples factores, como el índice de masa corporal (IMC), los científicos vieron que la práctica de actividad física se asocia con un 31 por ciento menos de riesgo de cálculos renales.

"Incluso pequeñas cantidades de ejercicio pueden disminuir el riesgo de cálculos renales, que no necesita que sean maratones puesto que la intensidad del ejercicio no parece importar", destaca Sorensen. Las mujeres pueden obtener el máximo beneficio mediante la realización de diez equivalentes metabólicos por semana, es decir, unas tres horas semanales de caminar (entre 3,2-4,8 kilómetros por hora), cuatro horas de jardinería suave o una hora de trote moderado (9,6 kilómetros pro hora) .

 El equipo también descubrió que el consumo de más de 2.200 calorías por día aumenta el riesgo de desarrollar cálculos renales hasta en un 42 por ciento, de forma que la obesidad también es un factor de riesgo. "Ser consciente de la ingesta de calorías, vigilar el peso y hacer esfuerzos para el ejercicio son factores importantes para mejorar la salud de nuestros pacientes en general y en lo que respecta a los cálculos renales", resume Sorensen.

Tomado de: www.europapress.es

14 de diciembre de 2013

La diabetes tipo 2 podría aumentar el riesgo de cáncer de hígado

Pero las probabilidades de contraer la malignidad son bajas; un estudio halla una conexión más firme en algunas minorías

Las personas con diabetes tipo 2 podrían presentar un riesgo ligeramente más elevado de contraer cáncer de hígado, según un gran estudio a largo plazo.

La investigación sugiere que los que sufren de diabetes tipo 2 tienen un riesgo entre dos y tres veces más elevado de contraer carcinoma hepatocelular (CHC), el tipo más común de cáncer de hígado, en comparación con los que no sufren de diabetes.

Pero el riesgo de contraer cáncer sigue siendo bajo, señalaron los expertos.

La raza y la etnia también podrían tener que ver con el aumento en las probabilidades de cáncer de hígado, apuntaron los investigadores.

Un estimado del 26 por ciento de los casos de cáncer de hígado en los participantes del estudio de origen latino y del 20 por ciento de los casos en hawaianos se atribuyó a la diabetes. En los negros y los estadounidenses de origen japonés, los investigadores estimaron que el 13 y el 12 por ciento de los casos, respectivamente, se atribuían a la diabetes. En los blancos, la tasa fue del 6 por ciento.

"En general, si usted es diabético [tipo 2], tiene un riesgo más grande de cáncer de hígado", apuntó la autora líder del estudio, V. Wendy Setiawan, profesora asistente de la Facultad de Medicina Keck en la Universidad del Sur de California.

Pero el riesgo real de cáncer de hígado, incluso entre los que tienen diabetes tipo 2, sigue siendo extraordinariamente bajo, señaló el Dr. David Bernstein, jefe de hepatología del Hospital de la Universidad de North Shore en Manhasset, Nueva York.

Aunque el cáncer de hígado es relativamente raro, ha estado en aumento en todo el mundo, y con frecuencia se asocia con infecciones de hepatitis viral y con enfermedades del hígado, como la cirrosis.

Los nuevos casos de CHC en EE. UU. se han triplicado en los últimos 30 años, y los latinos y los negros han experimentado el mayor aumento, apuntó Setiawan. En ese periodo, la diabetes tipo 2 también se ha vuelto cada vez más común.

¿Cuál podría ser la conexión?

Quizá el aumento en el riesgo de cáncer de hígado se pueda asociar con los medicamentos que las personas toman para controlar la glucemia, planteó el Dr. James D'Olimpio, oncólogo del Centro Oncológico Monter en Lake Success, Nueva York. "Se saben que algunos fármacos inhiben la supresión normal del cáncer", dijo.

"Algunos medicamentos ya llevan una advertencia de recuadro negro sobre el cáncer de vejiga [de la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) de EE. UU.]", comentó D'Olimpio. "No es ir muy desencaminados el hecho de pensar que tal vez haya otras relaciones entre los medicamentos para la diabetes y el cáncer de páncreas o de hígado. La diabetes ya se asocia con un riesgo alto de contraer cáncer de páncreas".

Las personas con diabetes tipo 2 con frecuencia contraen una afección conocida como "hígado graso", señaló D'Olimpio. En esos casos, el hígado tiene problemas para manejar la abundancia de grasa en sus células y se inflama poco a poco. La situación puede provocar una cascada de problemas, entre ellos la cirrosis (una enfermedad crónica del hígado), la fibrosis (engrosamiento y cicatrices en el tejido) y, en última instancia, el cáncer, advirtió.

D'Olimpio dijo que la enfermedad del hígado graso es la principal causa de CHC. "Los diabéticos [tipo 2] tienen el doble de probabilidades de tener un hígado graso, como mínimo", apuntó. "Si usted es afroamericano o latino, eso podría hacerle incluso más susceptible".

Pero las personas con diabetes tipo 1 no presentan un aumento del riesgo de cáncer del hígado, señaló.

La nueva investigación se presentará este domingo en una reunión de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer (American Association for Cancer Research), en Atlanta. Los datos y las conclusiones deben ser considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.

El estudio analizó datos recolectados entre 1993 y 1996 de casi 170,000 adultos negros, nativos de Hawái, estadounidenses de origen japonés, latinos y blancos. Los investigadores realizaron un seguimiento a los participantes durante unos 16 años después de que respondieran a un completo cuestionario de salud. En ese tiempo, alrededor de 500 de los participantes contrajeron cáncer de hígado.

Se analizó la información sobre los factores de riesgo, como la edad, si tenían diabetes tipo 2, la ingesta de alcohol, el índice de masa corporal (una medida de la grasa corporal) y fumar cigarrillos, y se realizaron pruebas sanguíneas para la hepatitis B y la hepatitis C en unos 700 de los participantes, con y sin cáncer de hígado.

Que las personas fumaran o bebieran o no alcohol no pareció cambiar la relación entre tener diabetes y contraer cáncer de hígado, apuntaron los investigadores.

Aunque el estudio encontró una asociación entre tener diabetes tipo 2 y contraer cáncer de hígado, no probó causalidad.

Bernstein, del North Shore, urgió a tener precaución al interpretar los resultados. "Se trata de un solo estudio que habla sobre un gran número de personas con una enfermedad común como la diabetes, y la vincula con el cáncer de hígado", explicó. "Aun tenemos mucho que aprender y se necesita más trabajo para probar una asociación y definir cuál es el riesgo real".

Un estudio de este mes de la Asociación Americana de la Diabetes (American Diabetes Association) mostró que muchos estadounidenses desconocen que están en riesgo de diabetes tipo 2. D'Olimpio instó a las personas a hacerse la sencilla prueba de sangre conocida como glucemia en ayunas para evaluar la diabetes.

El próximo paso es averiguar qué rol podría tener la genética en si un individuo con diabetes tipo 2 contrae cáncer de hígado, apuntó Setiawan, autora del estudio.

El control de la presión y el colesterol es fundamental en la población obesa

Información de casi cien estudios destaca la conexión entre el IMC y el riesgo de padecer enfermedad coronaria o un accidente cerebrovascular (ACV).

En The Lancet, el equipo del doctor Goodarz Danaei, de la Facultad de Salud Pública de Harvard, Boston, publica que la mitad de los casos de enfermedad coronaria y tres cuartos de los casos de ACV demuestra que existe una asociación.

Los pacientes con sobrepeso y obesidad "pueden reducir el riesgo de padecer enfermedad cardíaca y ACV si controlan la presión y el colesterol -dijo Danaei por e-mail-. Desde la perspectiva de la salud pública, nuestros resultados demuestran la importancia de la detección y el tratamiento de la hipertensión y la dislipemia en la población mundial con sobrepeso y obesidad, incluidos los países en desarrollo que suelen considerarse inmunes a esa 'enfermedad de la riqueza'".

El equipo estudió información de 97 estudios prospectivos de cohortes. Los 1,8 millones de participantes sufrieron unos 57.000 eventos coronarios y unos 31.000 ACV. Se incluyeron sólo a los adultos con un IMC de por lo menos 20 puntos y sin antecedentes de enfermedad coronaria o ACV.

Tras considerar varios factores, los autores observaron que por cada 5 puntos más de IMC por encima del rango normal (20-24) el cociente de riesgo aumentaba 1,27 para la enfermedad coronaria y 1,18 para el ACV. Otro ajuste de los resultados por mediadores metabólicos (presión, colesterol y glucosa) disminuyeron los cocientes de riesgo, respectivamente, a 1,15 y 1,04.

Esto, para los autores, sugiere que el 46 por ciento del riesgo extra asociado con el IMC para la enfermedad coronaria estaría mediado por esos factores, como también lo es el 76 por ciento del riesgo de ACV. La presión fue el factor más importante: explicó el 31 por ciento del riesgo extra para la enfermedad coronaria y el 65 por ciento para el ACV.

La proporción de los riesgos mediada por esos factores no varió significativamente entre las cohortes de Asia y occidente.

Así, el sobrepeso y la obesidad junto con los tres mediadores seleccionados aumentaron significativamente el riesgo de desarrollar enfermedad coronaria y ACV, comparado con el peso normal.

En un editorial, el doctor Luc F. Van Gaal, del Hospital de la Universidad de Antwerp, Bélgica, y el doctor Aldo P. Maggioni observaron que "se necesitan intervenciones tempranas y apropiadas, aun en las personas moderadamente obesas. En todos los pacientes con sobrepeso, los médicos deberían tratar rigurosamente la presión sanguínea, los parámetros de los lípidos y las anormalidades de la glucosa, e insistir simultáneamente en la pérdida de peso y mejorar la salud cardiorrespiratoria".

7 de diciembre de 2013

Ejercicio físico y diabetes

Por MONTSE ARBOIX / Tomado de: www.consumer.es

La actividad física es clave tanto en la prevención de la diabetes como en su tratamiento

El ejercicio físico junto con la dieta y el tratamiento farmacológico conforman el tratamiento de la diabetes, todos a un mismo nivel. No obstante, la actividad física, según estudios recientes, forma parte de los hábitos saludables que ayudan a prevenir su desarrollo, ya que pueden reducir a más de la mitad su incidencia. Con motivo del Día Mundial de la Diabetes, celebrado el pasado 14 de noviembre, especialistas y asociaciones de pacientes recordaron la importancia de seguir hábitos saludables, como el ejercicio físico, para el buen manejo de esta enfermedad. A continuación, también se insiste en esta afirmación, se analizan otros factores de riesgo de la diabetes y las previsiones de alcance de esta dolencia en el futuro, además de sus efectos.

30 minutos de ejercicio moderado cinco días a la semana

No hay duda alguna sobre lo beneficioso que es para la salud el ejercicio físico moderado, incluso para las personas con diabetes. De hecho, es clave en su abordaje junto con la dieta y el tratamiento farmacológico.

Un estudio publicado por el CDC (Centers for Disease Control and Prevention) estadounidense ha puesto de manifiesto que con una pequeña pérdida de peso total (del 5% al 7%), practicar 30 minutos de actividad física cinco días a la semana y seguir una dieta saludable, se consigue demorar su desarrollo y, posiblemente, prevenirla hasta en un 60%. Para estas conclusiones se recogieron datos de 3.234 individuos con riesgo alto de diabetes, además de con sobrepeso e intolerancia leve a la glucosa.

Si la persona ya sufre diabetes, los beneficios no son pocos. Por un lado, aumenta la sensibilidad a la insulina, lo que significa que con menos medicación se obtiene una mejora en el control de la enfermedad. Además, cumplir con la norma de 30 minutos de ejercicio moderado cada día, cinco días a la semana, en pocas semanas se logra disminuir la grasa corporal y el peso y, por consiguiente, hay una mejora de otros parámetros de riesgo cardiovascular que están aumentados en personas con diabetes, como la hipertensión arterial y las dislipemias. Todo ello ayuda a prevenir las complicaciones de la enfermedad.

Sedentarismo y diabetes

De hecho, en todas las investiaciones realizadas hasta el momento en personas con alto riesgo de sufrir diabetes, los resultados son claros: la modificación del estilo de vida es más efectiva que el uso de fármacos. Y eso que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que, en la actualidad, el 60% de la población mundial no practica suficiente actividad física, y son los adultos que viven en países desarrollados los más inactivos.

Además, el gasto que supone esta enfermedad tampoco es insignificante: se le destina entre el 5% y el 10% del presupuesto para salud, y más del 50% del total es debido a las complicaciones de la enfermedad.

Factores de riesgo de sufrir diabetes

Según la Fundación para la Diabetes, los factores de riesgo relacionados con esta enfermedad son:
  • Edad: tener más de 45 años (el peligro de desarrollar diabetes tipo 2 aumenta con la edad).
  • Sufrir sobrepeso u obesidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que valores de IMC (índice de masa corporal) entre 25 y 29,9 es sobrepeso, y de 30 o más, obesidad. Pero esta medida no es útil en niños, mujeres embarazadas, ancianos y personas con masa muscular muy desarrollada.
  • Tener un perímetro de cintura elevado, que en hombres se considera si supera los 102 cm y en mujeres los 88 cm.
  • Antecedentes personales de niveles de glucemia elevados durante un tiempo, aunque ya se hayan resuelto, como en el embarazo, o secundario a la toma de algún fármaco.
  • Tener antecedentes familiares con diabetes (padre, madre o hermanos e, incluos, tíos y sobrinos).
  • Hipertensión arterial.
  • La inactividad física, es decir, dedicar menos de tres horas semanales a hacer ejercicio.
Otros especialistas en diabetes añaden estos factores: ser de origen afroamericano, indoamericano, asiático-americano, de las islas del Pacífico, hispanoamericano o latino; tener cifras de colesterol HDL bajas (menos de 35 mg/dl para lo hombres y 40 mg/dl para las mujeres) o triglicéridos altas (más de 250 mg/dl).

La diabetes: datos de la OMS

La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó en 2011 el informe "Impacto global de la Diabetes 1995-2025: Prevalencia, Estimaciones cuantitativas y Previsiones futuras", en el que auguran cuál será el alcance de esta enfermedad en un futuro cercano:
  • En todo el mundo hay más de 347 millones de personas con diabetes, pero entre el 50% y el 80% de los afectados no lo saben.
  • El 80% de las muertes por diabetes se dan en países con ingresos bajos y medios.
  • En 2004, murieron por su culpa 3,4 millones de personas, pero la OMS prevé que esta cifra se duplique en 2030.
  • Seguir una dieta saludable, practicar ejercicio físico de manera regular, mantenerse en un peso adecuado y evitar el consumo de tabaco pueden prevenir la diabetes tipo 2 o, por lo menos, retrasar su aparición.
  • Sufrir diabetes aumenta el riesgo de cardiopatía y accidente vascular cerebral (ictus). La mitad de las personas afectadas fallece por estas dos causas.
  • La retinopatía diabética es una causa importante de ceguera. Al cabo de 15 años de sufrir la diabetes, el 2% de los pacientes queda ciego y un 10% tiene deterioro grave de la visión.
  • Entre un 10% y un 20% de quienes padecen diabetes fallecen por insuficiencia renal.
  • La mitad de afectados sufrirá neuropatía diabética.
  • El riesgo de fallecimiento es, como mínimo, dos veces mayor en quienes tienen esta enfermedad.

La clave de la obesidad está en la actividad estomacal nocturna

Las células del estómago, que operan como una especie de reloj neural para reducir el apetito durante la noche, puede ser la clave para entender la tendencia a la obesidad y diabetes de las personas que no tienen turnos regulares de trabajo, según un estudio divulgado hoy en Australia.

Los nervios situados en las paredes musculares alrededor del estómago, cuya función principal es emitir señales para dar la sensación de plenitud, son la base del estudio de un grupo de científicos australianos de la Universidad de Adelaida.

El grupo de investigadores, liderados por Stephen Kentish, utilizaron ratones de laboratorio para estudiar las respuestas de un grupo de nervios situados en las paredes musculares alrededor del estómago durante un período de 24 horas.

Los científicos midieron la actividad de los nervios cuando las paredes del estómago estaban estiradas en intervalos de tres horas entre las 6 de la mañana a las 3 de la madrugada del día siguiente.

Así descubrieron que los nervios eran menos sensibles al estiramiento del estómago cuando los ratones estaban normalmente despiertos, mientras que éstos eran más sensibles cuando los animales estaban dormidos, lo que permitía que el cerebro recibiera la sensación de estar lleno más rápido, aplacando las ganas de comer.

Los investigadores observaron que estas células actúan como una especie de reloj neural en el estómago para regular la cantidad de comida necesaria y obtener la sensación de plenitud.

Kentish y sus compañeros sostienen que este mismo mecanismo se da en los seres humanos y esperan poder vincular los resultados de su investigación al entendimiento de los hábitos alimenticios de las personas que han sufrido variaciones en sus relojes circadianos.

"Sabemos que las condiciones metabólicas como la obesidad y la diabetes son más prevalentes en los trabajadores con diversos turnos y en la gente que no tiene un ciclo consistente de luz y oscuridad", subrayó el científico.

Tomado de: www.larazon.es

¿Por qué es más fácil engordar que adelgazar?

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

Un entorno donde abundan los alimentos poco saludables y que invita al sedentarismo es una pésima combinación para mantener un peso saludable

Gran parte de las personas que desean modificar su peso lo quieren hacer "a la baja", es decir, pretenden adelgazar. Notan que su báscula cada vez marca un número más alto y es ahí donde nace una pregunta que escuchan muy a menudo los dietistas-nutricionistas: "¿es lo mío un caso aislado, o sucede así a la mayoría de personas con exceso de peso?". Responder a esto es sencillo, ya que tal situación es la más común. No obstante, a esta pregunta suelen seguirle otras cuyas respuestas no son tan simples. ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué es tan marcada nuestra tendencia a ganar kilos con el paso de los años? Y, sobre todo, ¿por qué es más fácil engordar que adelgazar? El presente artículo aborda estas cuestiones.

Subir de peso: el papel del entorno y la memoria de las células

En 1988, un libro de referencia en el ámbito académico, coordinado por el profesor John Garrow y titulado 'Obesidad y enfermedades relacionadas', recogió una conocidísima reflexión. "La mayor parte de personas con obesidad que comienza un tratamiento dietético lo abandona; de entre quien continúa, la mayoría no pierde peso; y dentro del grupo de individuos que pierden peso, la mayoría vuelve a recuperarlo". Es decir, hace 25 años que se conoce que la dificultad para perder peso con éxito es mayúscula. Pero también se sabe desde hace tiempo que es muchísimo menos complicado ganar peso en nuestro entorno. Un entorno en el que existe una amplia y cómoda disponibilidad de alimentos baratos e insanos -tal como reconoce la doctora Margaret Chan, directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS)- y que ofrece serios impedimentos para realizar actividad física a diario.

En todo caso, ¿por qué esta facilidad para ganar peso? Es la cuestión que abordó en profundidad un imprescindible texto denominado 'La evolución de la adiposidad y la obesidad humana: ¿dónde se estropeó todo?', publicado por el doctor Jonathan C.K. Wells en la revista Disease Models & Mehanisms en septiembre de 2012. Para el doctor Wells, conservar nuestro tejido graso es un aspecto de crucial importancia, y es por ello que el cuerpo humano se resiste a deshacerse de él "así como así". La masa grasa es un componente estratégico que ejerce múltiples funciones beneficiosas: aporta energía para el crecimiento, permite la reproducción, contribuye al buen funcionamiento de nuestro sistema inmune e incluso permite una mayor adaptación al frío.

Wells revisa el conocido enfoque evolutivo que maneja el llamado "concepto del ahorro". Este enfoque sugiere que la exposición ancestral a ciclos de escasez propició que tuviéramos "genes ahorrativos". Pero Wells enumera diversas razones por las que esta hipótesis no explica del todo las actuales tasas de obesidad. Hay más hipótesis, como la del "fenotipo ahorrador", que considera que tanto los bebés nacidos de madres que han sufrido malnutrición en el embarazo, como aquellos que nacieron con bajo peso al nacer, e incluso los que han sufrido una alimentación insuficiente en su infancia, tienen más predisposición a sufrir obesidad en el futuro. No obstante, un metaanálisis de Yu y colaboradores publicado en 2011 no apoyó esta suposición. Wells detalla, además, cómo otros mamíferos, que deberían responder de igual manera que el ser humano, utilizan otras estrategias distintas a la obesidad (almacén de grasa).

Sea como fuere, nuestro tejido graso (tejido adiposo) es fundamental para la persistencia de nuestra especie, ya que viene a ser como una "estrategia de gestión de riesgos" que se adapta de forma flexible a las condiciones exteriores y que ha evolucionado en unas condiciones de estrés (dificultad para conseguir alimentos, unida a un gasto calórico notable) que, hoy por hoy, no se dan. En nuestro entorno moderno, este sistema adaptativo sufre las consecuencias de factores ambientales denominados "obesogénicos". Es por ello que Wells no culpa tanto a la genética como a nuestro entorno, que propicia el aumento de peso y se convierte, en sus palabras, en un "nicho generador de obesidad". Tampoco culpa a la persona con sobrepeso por su pereza o su gula. La sabiduría popular suele adjudicar la responsabilidad de esta enfermedad al individuo -"si está gordo es porque no hace nada para solucionarlo"-, algo que para Wells es demasiado "simplista", como ya revisó este artículo de EROSKI CONSUMER.

Pero no solo la sabiduría popular es así de simplista: los esfuerzos para hacer frente a la epidemia mundial de obesidad se han centrado en el individuo. La mayoría de campañas de prevención de esta patología "se caracterizan por la negación a muchos niveles de la función fundamental que desempeña la economía global", señala el investigador. Así, la interacción entre la biología del tejido graso del ser humano con el moderno ambiente industrializado está en el meollo de la cuestión. Los esfuerzos para combatir la obesidad serían mucho más eficaces si los gobiernos tomaran cartas en el asunto y considerasen al individuo una inocente víctima de un sistema que contribuye a su ganancia de peso. La doctora Margaret Chan compartió una reciente reflexión que viene muy a cuento y que explica, en parte, el blindaje de este mecanismo perverso. "Tal como me han dicho una y otra vez los gobiernos -señaló-, la presión de los lobbies alimentarios han socavado sus acciones para reducir la obesidad".

Obesidad: una condición cada vez más preocupante

En noviembre de 2013 ha visto la luz el más reciente consenso de tratamiento del sobrepeso y la obesidad, firmado de forma conjunta por la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association), el Colegio Americano de Cardiología (American College of Cardiology) y la Sociedad Americana de la Obesidad (The Obesity Society). Los firmantes revisan las últimas evidencias científicas disponibles y extraen conclusiones a partir de ellas, muchas de las cuales coinciden con un consenso español de características similares, que se publicó en 2011 bajo el título: 'Recomendaciones nutricionales basadas en la evidencia para la prevención y el tratamiento del sobrepeso y la obesidad en adultos'.

Se trata de un documento de referencia, del que vale la pena rescatar sus primeras reflexiones, que constatan que la obesidad, además de aumentar las posibilidades de morir de forma prematura, incrementa el riesgo de sufrir hipertensión, alteraciones sanguíneas, diabetes tipo 2, enfermedad coronaria, accidente vascular cerebral, enfermedades de la vesícula, osteoartritis, problemas respiratorios y algunos tipos de cáncer. Se ha estimado, además, que los costes sanitarios en personas con obesidad son un 46% superiores a las de las personas con peso normal, que visitan un 27% más al médico y gastan un 80% más en fármacos. Es momento, sin duda, de dirigir más esfuerzos (y mejor diseñados) a la prevención de esta peligrosa dolencia.

30 de noviembre de 2013

Más pruebas de relación entre el tiempo frente a una pantalla y el sobrepeso infantil

Los niños y los adolescentes que pasan mucho tiempo frente a una pantalla, en especial de televisión, tienden a engordar más a medida que crecen, según demuestra un nuevo estudio.

Muchos padres piensan que sus hijos están expuestos a las pantallas durante un período de ocio razonable, según señaló Mark Tremblay. Pero la mayoría de los niños de Estados Unidos y Canadá superan las dos horas diarias recomendadas.

"No le prestamos atención a que es media hora aquí, media hora allá, una hora aquí y una hora allá", agregó Tremblay, del Instituto de Investigación del Hospital de Niños del Este de Ontario, Ottawa, Canadá, y que no participó del estudio.

Los autores utilizaron los datos de un estudio prolongado sobre un grupo de niños que, año por medio, respondían un cuestionario sobre cuánto tiempo utilizaban la TV, la computadora y los videojuegos. Tenían entre nueve y 16 años cuando comenzó el estudio.

El 17 por ciento de las 4300 niñas y el 24 por ciento de los 3500 varones participantes tenían sobrepeso u obesidad. Entre uno y otro cuestionario, el IMC aumentaba 0,1 puntos (o 500 gramos de peso) por cada hora diaria más que los niños y los adolescentes miraban TV.

El aumento del tiempo total frente a las pantallas entre los períodos de evaluación estuvo asociado con variaciones similares, pero más pequeñas, del IMC.

"El peso de la evidencia es bastante sólido: mirar TV está asociado con cambios nocivos del peso en los jóvenes", dijo la autora principal, Jennifer Falbe, que dirigió el estudio cuando trabajaba en la Facultad de Salud Pública de Harvard.

"Es importante que los padres conozcan esa exposición obesogénica para que la puedan limitar en la vida de sus hijos", agregó.

El aumento del tiempo de exposición a los DVD y los videos estuvo especialmente asociado con el sobrepeso en las niñas.

El estudio no incluyó muchos niños y adolescentes que no eran caucásicos o pobres, de modo que los resultados no se podrían aplicar a toda la población infantojuvenil de Estados Unidos.

Otro estudio sobre los factores que influyen en el peso de los niños, y que aparece publicado en Pediatrics, revela que los hijos de madres y padres que establecen normas y expectativas de crianza adecuadas para la edad y las cumplen en el tiempo, tienen un menor IMC que sus pares, aunque las diferencias son pequeñas, según escribe el equipo de Pauline Jansen, del Instituto de Niños Murdoch, Melbourne, Australia.

En un tercer estudio, publicado en la misma revista, un equipo de los CDC siguió a 1,2 millones de niños de familias de bajos ingresos de Estados Unidos. El 11 por ciento de los niños que no eran obesos antes de los dos años de edad, engordaba en los siguientes dos o tres años. Dos tercios de los bebés obesos se convertían en niños con peso normal un par de años más tarde.

Los niños hispanos y nativos indígenas y de Alaska eran más propensos que los caucásicos a engordar y menos propensos a dejar de ser obesos.

El estudio "destaca la importancia de prevenir la obesidad tempranamente en las familias de bajos ingresos", señala el equipo del doctor Liping Pan.

¿Masticar más y comer menos? podría funcionar: estudio

Un estudio mostró que los personas que aumentaban la cantidad de veces que masticaban los alimentos durante una comida, comían menos.

La gente que come más lento tiende a ser más delgada, pero los investigadores ignoraban si la recomendación de masticar más la comida influiría en la cantidad ingerida y hallaron que los tamaños de las porciones disminuían si las personas masticaban más, independientemente del peso corporal.

"El estudio respalda los beneficios de masticar bien la comida y disfrutar las texturas y los sabores de los alimentos", dijo por correo electrónico la nutricionista Constance Brown-Riggs, vocera de la Academia de Nutrición y Dietética, quien no participó del estudio.

Las personas que participaron del estudio debían consumir cinco porciones de pizza y contar la cantidad de veces que masticaban cada porción.

Los autores no les habían aclarado qué estaban evaluando. Cuarenta y siete participantes finalizaron el estudio, 16 de los cuales tenían peso normal, 16 sobrepeso y 15 tenían obesidad.

Todos concurrieron posteriormente a tres almuerzos semanales y cada uno de esos días los autores les entregaron 60 porciones y les pidieron que comieran hasta sentir saciedad.

Los pacientes debieron masticar cada bocado la misma cantidad de veces que lo habían hecho en el almuerzo de prueba, un 50 por ciento más o el doble de veces que en esa primera sesión.

Las personas con peso normal comieron más lentamente que aquellos con sobrepeso u obesidad, pero todos tardaron más en terminar de comer cuando aumentaron la cantidad de veces que masticaban, según publica el equipo en Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics.

El equipo aclaró que, como el estudio se realizó en un laboratorio, se desconoce si los resultados se replicarían en la vida real. Se necesitan estudios más prolongados para conocer el efecto en el peso.

"Aumentar los ciclos de masticación reduce la cantidad de comida consumida y aumenta la saciedad", dijo por correo electrónico el coautor del estudio James Hollis, de la Iowa State University.

"Aun así, se desconoce si se trata de un enfoque práctico para controlar el peso corporal", comentó.

Brown-Riggs explicó que "el cerebro demora 20 minutos en enviarle al estómago las señales de saciedad". En ese tiempo, "los que comen rápido pueden consumir mucha comida, lo que equivale a más calorías, sobrepeso y obesidad, agregó.

Asocian la buena alimentación con una mejor calidad de vida para los adultos mayores

Los adultos mayores que cumplen las guías alimentarias tienden a tener una mejor calidad de vida y menos problemas para conservar su movilidad y cuidarse a ellos mismos, reveló un nuevo estudio.

"Nuestro estudio demuestra que una alimentación de buena calidad ayuda a preservar el bienestar general de los adultos mayores", dijo por correo electrónico el autor principal, Bamini Gopinath, investigador senior del Instituto Westmead Millennium para la Investigación Médica de la Universidad de Sídney, Australia.

"Cumplir las guías alimentarias nacionales, que promueven una dieta rica en frutas, verduras, granos integrales y pescado, ayuda a mantener una buena calidad de vida y las capacidades funcionales, como ir de compras, hacer las tareas del hogar, preparar la comida y tomar los medicamentos", agregó.

El estudio incluyó a 1.305 hombres y mujeres de 55 años o más que participaban de un estudio australiano sobre enfermedades oculares y salud general y respondieron cuestionarios sobre qué comían y con qué frecuencia lo hacían entre 1992 y 1994.

El equipo calificó la dieta de cada participante con una escala de 0 a 20 puntos que elaboraron según la Guía Australiana para la Alimentación Saludable. A mayor puntaje, mejor alimentación.

El 25 por ciento que llevaba adelante las dietas de mejor calidad recibió 11,1 puntos o más, mientras que el 25 por ciento que peor comía obtuvo 8,1 puntos o menos, según publica el equipo en Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics.

Cinco y diez años después de sus respuestas iniciales los participantes volvieron a informar sobre la calidad de vida asociada con la salud física y mental, la funcionalidad en sociedad y la vitalidad. Cada área se calificó con una escala de entre 0 y 100 puntos.

En promedio, los participantes que comían mejor también tenían una calidad de vida mejor que el resto. Por ejemplo: la diferencia en la funcionalidad física era de casi 6 puntos respecto al grupo menos saludable, mientras que en salud general era de 4 puntos y en vitalidad de 5.

Sin embargo, la alimentación no influyó en la salud mental o en el nivel de independencia social de los grupos.

El equipo evaluó también la aptitud de los participantes para realizar actividades básicas e instrumentales cotidianas a los 10 y 15 años de los primeros cuestionarios. Actividades básicas son comer, vestirse e higienizarse sin ayuda, además de caminar sin asistencia. Las actividades instrumentales incluyen ir de compras, hablar por teléfono, utilizar dinero y viajar en transporte público.

De nuevo, la alimentación no influyó en la aptitud para realizar esas actividades. Pero los participantes con la alimentación de mejor calidad eran un 50 por ciento menos propensos a sufrir de alguna discapacidad para realizar actividades instrumentales que el grupo con la alimentación de peor calidad.

Los resultados no prueban que la dieta sea la única causa de esas diferencias en la calidad de vida ni el rendimiento individual en las tareas cotidianas. Pero para Gopinath podrían sumarse a la evidencia necesaria para diseñar las estrategias que ayudarían a la población que está envejeciendo a modificar su alimentación.

"Si los adultos mayores no comen saludablemente cuando son más jóvenes, tendrán que cambiar los hábitos para poder obtener los nutrientes necesarios que mejoren su calidad de vida. De hecho, muchos adultos mayores tienen bajos niveles de vitaminas, nutrientes y fibra esenciales para su salud", dijo por correo electrónico Ruth Frechman, dietista y portavoz de la Academia de Nutrición y Dietética que no participó del estudio.

Estudio revela que bebidas azucaradas pueden causar cáncer endometrial

Un estudio dirigido por un experta de la Universidad de Minnesota indica que las mujeres que consumen bebidas azucaradas tienen 78 por ciento más probabilidades de padecer cáncer endometrial del tipo I estrógeno-dependiente.

Un estudio realizado en Estados Unidos (EE.UU.) revela que el consumo de bebidas azucaradas incrementa el riesgo en las mujeres de padecer cáncer endometrial del tipo I estrógeno-dependiente en féminas posmenopáusicas, informó este domingo la prensa internacional.

Esta investigación, dirigida por la científica asociada en la División de Epidemiología y Salud Comunitaria de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Minnesota, Maki Inoue-Choi, demuestra que el riesgo de que las mujeres padezcan este tipo de cáncar alcanza un 78 por ciento si consumen este tipo de bebidas.

''No es sorprendente ver que las mujeres que bebían más bebidas endulzadas con azúcar tenían un mayor riesgo de cáncer endometrial del tipo I estrógeno-dependiente, pero no cáncer endometrial tipo II estrógeno-independiente", precisó Inoue-Choi.

La científica añade que "otros estudios han demostrado que un aumento del consumo de bebidas endulzadas con azúcar ha ido paralelo al incremento de la obesidad. Las mujeres obesas tienden a tener niveles más altos de estrógenos e insulina que las mujeres de peso normal. Niveles elevados de estrógenos e insulina se consideran factores de riesgo para el cáncer endometrial".

Durante el proceso de la investigación, los datos de 23 mil mujeres posmenopáusicas fueron estudiados, incluidos, los detalles demográficos, historial médico, y hábitos alimenticios, antes de que estas padecieran cáncer.

La responsable del estudio advirtió además que el consumo de azúcar añadido (a las bebidas) puede aumentar el riesgo de problemas de salud tales como obesidad, diabetes, enfermedades del corazón y cáncer.

Tomado de: www.telesurtv.net

23 de noviembre de 2013

El café puede ayudar a los vasos sanguíneos pequeños a trabajar mejor

La cafeína de una taza de café podría ayudar a los pequeños vasos sanguíneos a trabajar mejor, según concluye una investigación presentada en las Sesiones Científicas de 2013 de la Asociación Americana del Corazón, que se celebra estos días en Dallas, Estados Unidos.

 Un estudio realizado con 27 adultos sanos mostró que beber una taza de café con cafeína mejora de manera significativa el flujo de sangre en un dedo, que es una medida de cómo funciona el revestimiento interior de los vasos sanguíneos más pequeños del cuerpo.

 Los participantes que bebieron café con cafeína tuvieron un aumento del 30 por ciento en el flujo sanguíneo durante un periodo de 75 minutos en comparación con los que tomaron café descafeinado. Según el investigador principal, Masato Tsutsui, cardiólogo y profesor del Departamento de Farmacología de la Universidad de Ryukyu, en Okinawa, Japón, esto demuestra que el café puede ayudar a mejorar la salud cardiovascular.
El estudio se suma a un creciente cuerpo de investigación sobre el café, una de las bebidas más consumidas en todo el mundo. Análisis anteriores ya mostraron que el consumo de café está relacionado con un menor riesgo de morir por enfermedad cardiaca y accidente cerebrovascular y que altas dosis de cafeína pueden mejorar la función de las arterias más grandes.

 Los participantes de este trabajo eran personas que no bebían café regularmente de entre 22 y 30 años de edad. En un día, cada voluntario tomó una taza de cinco onzas (14,79 cl) de café descafeinado o normal y, posteriormente, los autores del estudio midieron su flujo sanguíneo del dedo con flujometría con láser doppler, una técnica no invasiva para analizar la circulación de la sangre a nivel microscópico.

Dos días más tarde, se repitió el experimento con el otro tipo de café, sin que los investigadores ni los participantes supieran cuándo estaban tomando café con cafeína. Los científicos observaron la presión arterial, la frecuencia cardiaca y los niveles de resistencia vascular, además de tomar muestras de sangre para analizar los niveles de cafeína y descartar el papel de las hormonas en la función de los vasos sanguíneos.

 En comparación al café descafeinado, el que contenía cafeína elevó ligeramente la presión arterial de los participantes y mejoró la función del revestimiento interior de los vasos, mientras que los niveles de frecuencia cardiaca fueron los mismos entre los dos grupos. Aunque no está claro cómo trabaja realmente la cafeína para mejorar la función de los vasos sanguíneos pequeños, Tsutsui sugiere que puede ayudar a abrirlos y reducir la inflamación.

Tomado de: www.europapress.es

No fría tanto las patatas

Cocinar a altas temperaturas favorece la formación de acrilamida. Esta sustancia se ha relacionado con casos de cáncer en animales.

La Agencia Estadounidense del Medicamento (FDA) recomienda a los consumidores que eviten freír en exceso o asar demasiado alimentos tales como las patatas, alegando que podría contener una sustancia química (acrilamida) vinculada con un mayor riesgo de cáncer en animales.

El motivo de la advertencia es la acrilamida, un compuesto químico que puede formarse en algunos alimentos, principalmente en los de origen vegetal durante los procesos de cocinado a altas temperaturas, como las que se alcanzan en la sartén y el horno. Entre estos, se encuentran las patatas, los cereales, el café, las galletas saladas, el pan, los frutos secos, etc. Según la Asociación Nacional de Productores de Alimentos de EEUU, al final, la acrilamida está presente en el 40% de la dieta que se consume en EEUU.

Se conocía su uso en los plásticos y otros productos industriales (cosméticos, por ejemplo), pero no se descubrió su presencia en la alimentación hasta el año 2002. Desde entonces, la FDA investiga sus efectos sobre la salud y estudia medidas estratégicas para reducir su consumo.

En los estudios realizados en animales, se ha observado que la exposición a altos niveles de acrilamida causa más casos de cáncer. Teniendo en cuenta esta relación, en 2010, la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmaba que, aunque la investigación estaba centrada sólo en animales, también supone una preocupación para la salud humana, por lo que instó a desarrollar nuevos estudios en este sentido.

Dados los posibles riesgos, la FDA publica ahora un documento preliminar con una serie de estrategias prácticas dirigidas a los productores y fabricantes, para que minimicen esta sustancia en los alimentos con altos niveles.

En cuanto a los consumidores finales, la FDA les recomienda que tomen ciertas precauciones de forma preventiva. Algunas de estas recomendaciones ya las hizo la Comisión Europea en 2003 tras la publicación de algunos estudios que vinculaban el consumo de esta sustancia con mayor riesgo de cáncer en animales.

La acrilamida se forma a partir de azúcares y de un aminoácido que se encuentran de forma natural en los alimentos. Hay productos en los que está a bajas concentraciones. Por ejemplo, los lácteos, la carne y el pescado. Pero la formación de esta sustancia depende fundamentalmente de la forma de cocinar y conservar los alimentos.

En términos generales, explica Lauren Robin, experta de la FDA, "es más probable que se acumule acrilamida cuando el cocinado se realiza en periodos prolongados y cuando alcanza altas temperaturas". Normalmente, esto no ocurre al hervir o cocer al vapor.

Dado que todos los alimentos contienen, en mayor o menor medida, esta sustancia química, "no es posible eliminarla por completo", afirma Robin, "pero tampoco es necesario [...] Eliminar uno o dos alimentos de su dieta no tendría un efecto significativo sobre la exposición total.

No obstante, la FDA propone algunas medidas para ayudar a reducir la cantidad de este químico en su alimentación. Por ejemplo, "si fríe patatas congeladas, siga las recomendaciones del fabricante, en cuanto a tiempo y temperatura, y evite cocinarlas de más, hacerlas extra crujientes o quemarlas". Recuerde, además, que para evitar altas concentraciones de acrilamida, lo mejor es cocinar las patatas hasta que adquieran un color amarillo dorado, no marrón oscuro. Las partes marrones tienden a contener más acrilamida".

Si lo que va a hacer es tostar el pan, retírelo cuando tenga un color dorado claro, en vez de oscuro. Otro truco: "No guarde las patatas en el refrigerador [ni en un lugar que esté por debajo de los 8º C], ya que esto puede elevar la cantidad de acrilamida al cocinarlas. Manténgalas fuera de la nevera, en un lugar fresco".

En definitiva, la FDA recomienda seguir un plan de alimentación sano, rico en frutas, verduras, cereales integrales y productos lácteos (desnatados o bajos en grasa) y que incluya el consumo de carnes magras, aves, pescado, legumbres, huevos y nueces. Conviene, además, elegir siempre "alimentos bajos en grasas saturadas, grasas 'trans' (que elevan su nivel de colesterol malo, con lipoproteínas de baja densidad y disminuyen el del colesterol bueno, con lipoproteínas de alta densidad, además de estar relacionado con los infartos de miocardio), colesterol, sal y azúcares añadidos.

Tomado de: www.elmundo.es

EEUU da un paso más para reducir grasas trans en alimentos procesados y propone la eliminación de los PHOs

La Agencia Norteamericana del Medicamento y Alimentación (FDA, por sus siglas en inglés) ha dado un paso más en su objetivo de prevenir los problemas cardiovasculares, al anunciar su intención de reducir aún más la ingesta de grasas por parte de la población, mediante la eliminación paulatina de las grasas trans artificiales de los alimentos procesados.

 Concretamente, la pasada semana el organismo de protección y promoción de la salud americano anunció su decisión provisional de acabar con el uso de aceites parcialmente hidrogenados (PHOs), principal fuente artificial de grasas trans en alimentos procesados.

 Al respecto, y basándose en la evidencia científica disponible y las conclusiones de grupos de expertos científicos consultados, señala que los PHOs no serán "generalmente reconocidos como seguros" para su uso en la alimentación.

 Por lo tanto, ha abierto un plazo de 60 días para reunir datos adicionales y para obtener opiniones sobre el tiempo que pueden necesitar los fabricantes de alimentos para reformular los productos que actualmente lo contienen.

 "Mientras que el consumo de las grasas trans potencialmente dañinas ha disminuido en las últimas dos décadas en los Estados Unidos, su consumo sigue siendo un importante problema de salud pública", ha explicado la doctora de la FDA, Margaret A. Hamburg.

 Desde la FDA se recuerda que una mayor reducción en la cantidad de trans grasas en la dieta estadounidense podría prevenir un adicional de 20.000 ataques al corazón y 7.000 muertes a causa de enfermedades del corazón cada año, con lo que esta pedida puede suponer "un paso crítico en la protección de la salud de los estadounidenses".

 En los últimos años, muchos fabricantes han reducido voluntariamente los niveles de grasa trans en muchos alimentos y productos. No obstante, aún se puede encontrar un alto contenido de estas grasas en postres, palomitas de maíz de microondas, pizzas congeladas, margarinas, etc.

 Gracias a estos esfuerzos, junto con la educación pública, el consumo de trans grasas en las dietas estadounidenses se ha reducido significativamente. De hecho, desde que comenzó a aparecer este dato en la etiqueta de información nutricional en 2006, su consumo se ha reducido de 4,6 gramos por día en 2003 a cerca de 1 gramo por día en 2012.

 "Una de las funciones de la FDA es garantizar que los alimentos, incluyendo todas las sustancias que añaden a estos, son seguros", ha adviertido Michael Taylor, comisionado adjunto de la FDA para alimentación.

 De este modo, una vez acaba la revisión de las observaciones presentadas, si la FDA se reafirma en su decisión preliminar, los PHOs seran considerada aditivos alimentarios y no se podrán utilizar en alimentos si no existe una reglamentación que así lo autorice.

 Esta determinación preliminar de la FDA solo afecta a los PHOs y no a las grasas trans que se dan en pequeña cantidad en algunos tipos de carne y  productos lácteos.

Tomado de: www.europapress.es

¿Qué es peor, tomar mucho azúcar o mucha sal?

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

Los excesos con la sal y con el azúcar comportan serias consecuencias para la salud y pueden desencadenar o agravar diversas enfermedades

En ocasiones, las preguntas más simples son las más difíciles de responder. Es el caso de la que encabeza este texto. Sabemos que el exceso de azúcar es perjudicial, del mismo modo que tomar demasiada sal afectará de forma negativa a la salud. Pero, ¿se puede cuantificar si abusar de la sal es peor que abusar del azúcar, o viceversa? El siguiente artículo intenta responder a esta pregunta y, para ello, analiza cuáles son las consecuencias de pasarse con el consumo de ambos nutrientes. A continuación se explica qué tiene de malo abusar del azúcar, qué ocurre cuando abusamos de la sal y se comparan los riesgos de estos dos hábitos perniciosos.
¿Qué tiene de malo abusar del azúcar?

La OMS recomendó en 2003 no sobrepasar el 10% de nuestra ingesta energética a partir de azúcares. No obstante, consumimos bastante más: entre el 16% y el 36%, según la EFSA. Uno de los principales y más conocidos perjuicios del exceso de azúcar es la caries, pero también está relacionado con otras enfermedades bucodentales (mal desarrollo del esmalte, erosión dental, periodontopatías, entre otras muchas dolencias), enfermedades que pueden incluso afectar no solo al habla y a la comunicación, sino incluso a nuestra autoestima. Tales trastornos, de hecho, suponen un coste para los servicios de atención sanitaria superior al del tratamiento de las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y la osteoporosis, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Las enfermedades bucodentales producen un dolor considerable, además de ansiedad y trastornos sociales, pero sobre todo pueden perjudicar a nuestra capacidad de seguir una dieta saludable, así que su impacto sobre la salud puede llegar a ser tremendo.

Pero el exceso de azúcar también se relaciona con la obesidad, que a su vez incrementa el riesgo de padecer una larga lista de enfermedades crónicas, desde la diabetes tipo 2 hasta algunos tipos de cáncer. Uno de los últimos y más rigurosos análisis en relación al azúcar y la obesidad se publicó en enero de 2012 en la revista British Medical Journal. En él se parte de estas dos premisas:
  1. "Las ingestas excesivas de azúcares dietéticos se han relacionado con la obesidad y con un mayor riesgo de enfermedades crónicas".
  2. "La asociación más consistente es la observada entre una ingesta elevada de bebidas azucaradas y el desarrollo de la obesidad".
Pues bien, se volvió a revisar la relación azúcares-obesidad, para concluir que "la ingesta de azúcares o de bebidas azucaradas es un determinante del peso corporal".

El estudio más reciente, en cualquier caso, lo ha llevado a cabo la Universidad de Harvard, que, en la edición de octubre de 2013 de la revista American Journal of Clinical Nutrition, subrayó que: el consumo de bebidas azucaradas (y eso incluye a las típicas bebidas para deportistas), "promueve la ganancia de peso en niños y adultos". Según el Instituto Americano para la Investigación del Cáncer, estas bebidas se asocian con 180.000 defunciones por enfermedades crónicas en adultos cada año, 6.000 de las cuales son por cáncer. Sucede algo parecido con el riesgo cardiovascular o las posibilidades de sufrir diabetes tipo 2.

¿Qué pasa si abusamos de la sal?

Pasan muchas cosas, ninguna deseable. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) considera que una reducción de la ingesta de sal en la población desde los 10 g al día actuales a 5 g al día evitaría, cada año, unos 20.000 accidentes cerebrovasculares y unos 30.000 eventos cardiacos. También que el 45% de infartos y el 50% de ictus están asociados al consumo excesivo de sal. La OMS, por su parte, estima que podrían evitarse hasta 2,5 millones de muertes al año si el consumo de sal se redujera a los niveles recomendados.

¿Hay más? Sí, hay más: la edición de febrero de 2010 de la revista New England Journal of Medicine detalló que disminuir nuestra elevadísima ingesta de esta especia en tan solo 3 gramos al día ejercería el mismo beneficio que eliminar el tabaquismo, y evitaría, solo en Estados Unidos, unas 92.000 muertes al año. Dos años después, un metaanálisis observó una relación lineal entre un mayor consumo de sal y el riesgo de cáncer de estómago. Una revisión sistemática más reciente (de abril de 2013) puso la guinda, al concluir que reducir la ingesta de sal desde los casi 10 gramos que consumimos en la actualidad hasta no más de 3 gramos al día se traduciría no solo en importantes mejoras de la salud sino también en notables ahorros en el gasto sanitario.

¿Azúcar o sal?¿Cuál de los dos excesos es más arriesgado?

Ambas costumbres son perjudiciales. ¿Cuál es peor? Valdría la pena responder con una nueva pregunta: ¿es necesario saberlo para tomar una decisión? Sea como fuere, para descubrir si es peor tomar más azúcar que sal, o viceversa, se debería realizar un estudio que obligase a un grupo de voluntarios a tomar mucha sal, y a otro grupo de similares características (nivel socioeconómico, estado de salud, edad, sexo, hábitos de vida, etc.) a tomar mucho azúcar, y comparar la salud de ambos grupos pasados unos años. En el transcurso del estudio, el estilo de vida (que afecta sobremanera a la salud) de los participantes de uno y otro grupo no debería cambiar de forma significativa, para no alterar el resultado. Ningún comité ético aprobaría la realización de dicho estudio, porque no es ético someter a voluntarios a un daño conocido, como es el caso del abuso de la sal o del exceso de azúcar.

Se podría realizar otra clase de estudio, que observase qué salud tienen a largo plazo las personas que suelen abusar del azúcar pero no de la sal, por una parte, y las que abusan de la sal pero no del azúcar, por otra. Sin embargo, esto presenta unos nuevos "peros". Uno de ellos es que en esa clase de estudios resulta muy difícil controlar si otros factores o variables que se producen a la vez que lo que se está evaluando (en este caso, el consumo de sal o azúcar) también son responsables de la alteración de la salud. Dicha clase de estudio, en todo caso, tampoco se ha llevado a cabo.

Aun así, la sal y el azúcar tienen algo en común: nuestra excesiva ingesta no proviene tanto de nuestra adición voluntaria (mediante el salero o el azucarero, para que nos entendamos) sino de los alimentos procesados: embutidos, quesos, precocinados, dulces, bollería, repostería, bebidas azucaradas, etc. Así pues, en definitiva, de igual manera que no sabemos si es peor un huracán o un diluvio, pero sí sabemos que ambas situaciones son bastante arriesgadas, no tiene mucho sentido darle muchas vueltas a si es peor abusar de la sal o pasarse con el azúcar. Mejorar la dieta pasa por disminuir nuestro elevado consumo de alimentos salados y azucarados, de eso no cabe ninguna duda.

Haga ejercicio, su cerebro se lo agradecerá

Mantener el cuerpo activo ayuda a retrasar el deterioro cognitivo. Un estudio busca el mecanismo por el que el ejercicio 'protege' de la demencia. Al parecer, quienes se mueven tienen niveles más altos de flujo sanguíneo cerebral.

Nunca es tarde para empezar a ejercitar los músculos del cuerpo. Un grupo de investigadores recuerda que, además de mantener su físico a punto, también le ayudará a mejorar su memoria y su función cerebral. En vista de los resultados de su último estudio, publicado en 'Journal Frontiers in Aging Neuroscience', animan a la población, sea cual sea su edad, a dar pedales en la bicicleta o a apuntarse a clases de baile.

Aunque en los últimos años la literatura científica ya se ha hecho eco de los beneficios del movimiento corporal en la cognición, aún se desconoce el mecanismo que subyace en dicha asociación. En un intento por descubrirlo, un equipo de expertos de la Universidad de Texas (Dallas, EEUU) ha seguido a 37 adultos sanos y sedentarios (cuyas edades oscilaban entre los 57 y los 75 años). A la mitad de ellos se les sometió a un entrenamiento de ejercicio aeróbico sobre una bicicleta estática o una cinta mecánica para andar. Lo hacían con supervisión durante una hora tres veces por semana durante tres meses.

Además de vigilar su corazón a lo largo del entrenamiento, los investigadores midieron, antes, durante y después del ensayo, su flujo sanguíneo cerebral. Y aquí está el quid que diferencia su trabajo de los anteriores. A través de resonancia magnética pudieron comprobar en los participantes activos, en comparación con los sedentarios, "un aumento de este flujo en una de las regiones clave de la cognición, el área singular anterior", argumenta Sina Aslan, una de las autoras del estudio. Este incremento de flujo sanguíneo "indica mayor actividad neuronal y mayor tasa de metabolismo cerebral".

Quienes hacían deporte mostraron mejores capacidades de memoria y niveles más altos de flujo sanguíneo cerebral en el área singular anterior. Mediante la resonancia magnética, señala Sandra Bond Chapman, responsable de la investigación, "observamos cambios en el cerebro antes de que se vieran avances en la memoria, lo que implica que el flujo de la sangre del cerebro podría posicionarse como un prometedor y sensible indicador de salud cerebral".

Hasta el momento, "no hay estudios tan sofisticados como éste", comenta David Pérez, neurólogo y director de la Fundación del Cerebro de la Sociedad Española de Neurología (SEN). Es la primera vez que se mide el flujo sanguíneo para ver el posible mecanismo por el que el ejercicio retrasa el deterioro cognitivo. Sin embargo, continúa, habrá que confirmar en futuros trabajos si realmente se trata de una asociación causal o circunstancial. "Quizás este hallazgo no tenga relación con la prevención del deterioro cognitivo que precede al Alzheimer".

En realidad, agrega el especialista español al comentar este estudio, "el área singular anterior no está directamente relacionada con el Alzheimer, pero sí con la motivación. Posiblemente, la persona que hace ejercicio esté más motivada y esto haga que sea más proclive a desarrollar actividades cognitivas y participar en actividades sociales que le ayuden a retrasar el deterioro cognitivo".

No obstante, si definitivamente se confirmase que el ejercicio actúa como 'protector' del deterioro cognitivo a través de esta nueva vía (aumentado el flujo sanguíneo cerebral), no sería la única, puntualiza el neurólogo. "Se ha demostrado que los factores de riesgo cardiovascular (hipertensión, diabetes, etc.) influyen en el trastorno cognitivo y como el ejercicio controla estos aspectos, también puede mejorar el rendimiento cerebral".

Dados los resultados de este estudio y de trabajos previos, concluye Chapman, "todos los adultos, independientemente de su edad, deberían animarse a hacer ejercicio aeróbico, una de las terapias más beneficiosas y rentables para elevar el rendimiento de la memoria".

Tomado de: www.elmundo.es

16 de noviembre de 2013

Cinco hábitos dietéticos que predisponen a la diabetes

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

La diabetes tipo 2 va en aumento y afecta ya a más de 255 millones de personas, aunque el 90% de los casos podría evitarse con un estilo de vida saludable

Hay quien compara a la diabetes tipo 2, o diabetes "del adulto", con un tsunami. Es una patología rara en niños (aunque cada vez es más frecuente, debido a las elevadas tasas de obesidad infantil), a diferencia de la tipo 1, que suele presentarse en la infancia. En la primera, el cuerpo no aprovecha bien la glucosa de los alimentos y eso se traduce en que los niveles de glucosa de la sangre están demasiado elevados, algo muy arriesgado para la salud a largo plazo. Las cifras de esta enfermedad, en claro aumento, no dejan lugar a dudas: es una epidemia. Es una patología que afecta, a nivel mundial, a más de 255 millones de personas. Dado que supone la cuarta causa de muerte en los países desarrollados vale la pena evitar a toda costa los hábitos que incrementen el riesgo de padecerla. El presente texto se centra en los hábitos dietéticos que pueden promover su aparición.

Diabetes: cinco hábitos para revisar

Más de 300 millones de personas padecen diabetes en la actualidad. De ellas, el 85% presentan la llamada "diabetes del adulto" o diabetes tipo 2. Y los pronósticos no son halagüeños: se estima que en 2025 se sumarán a esta lista 33 millones de personas más, y que del 30% al 40% de los europeos padeceremos diabetes a lo largo de nuestra vida, según la Sociedad Europea de Cardiología. Razones todas para revisar nuestros hábitos dietéticos y modificar aquellos que predisponen a padecerla.

Tomar a menudo bebidas azucaradas. Los mal llamados "refrescos" incrementan el riesgo de diabetes. "Mal llamados" porque es una denominación con una connotación positiva, que puede dar a entender que su consumo no solo es inocuo, sino que tienen una capacidad de refrigerar nuestro cuerpo superior a la de la barata y saludable agua fría. El estudio más reciente que relaciona la diabetes tipo 2 con el consumo de bebidas azucaradas se publicó en abril de 2013 en la revista 'Diabetologia'. Se constató que tomar el equivalente a una lata de refresco al día puede aumentar un 22% el riesgo de padecer diabetes tipo 2. La investigación evaluó ocho cohortes europeas (350.000 participantes) que participan en el Estudio Prospectivo Europeo sobre Cáncer y Nutrición (EPIC). La doctora Dora Romaguera, una de las responsables del estudio, realizó unas contundentes afirmaciones para Diario Médico: "Teniendo en cuenta el aumento en el consumo de bebidas azucaradas en Europa, se deben enviar a la población mensajes claros sobre el efecto contra la salud de estos refrescos".

Beber zumos de forma habitual.
Es bastante conocido que las bebidas azucaradas incrementan el riesgo de diversas patologías, como es el caso de la obesidad. No tan conocido, sin embargo, es que los zumos incrementan el riesgo de diabetes. Es lo que observó en agosto de 2013 un análisis de la dieta de 12.198 voluntarios, publicado en la revista British Medical Journal. Como era de esperar, el consumo de fruta entera disminuyó el riesgo de padecer diabetes, mientras que el consumo de zumos de fruta lo incrementó. En este artículo de EROSKI CONSUMER se detalla que no conviene tomar a menudo zumos de fruta, aunque sean caseros, ya que ello puede suponer (en función de la frecuencia y el volumen) asumir diversos riesgos para la salud a largo plazo, sobre todo en niños.

Consumir de forma frecuente carnes procesadas. Cada vez hay más pruebas de los riesgos del consumo habitual de carnes procesadas, tales como carne ahumada, curada, salada o a la que se han añadido conservantes. En este grupo entran el jamón, el tocino, las salchichas, el salami los "perritos calientes" y similares. Un estudio epidemiológico llevado a cabo en Francia, que siguió a 66.118 mujeres durante 14 años, observó una relación clara entre el consumo de cárnicos procesados y el riesgo de padecer diabetes. Una reciente investigación publicada en la revista American Journal of Epidemiology relaciona su ingesta con un mayor riesgo de mortalidad por todas las causas. Así pues, no extraña que entidades de referencia como el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer (WCRF, en su siglas en inglés) propongan "evitarlas", como puede comprobarse aquí. Para el WCRF está probado que evitar las carnes procesadas (además de no tomar más de 500 gramos de carnes rojas a la semana) disminuye el riesgo de una enfermedad tan grave como la diabetes: el cáncer de colon.

Basar la dieta en refinados. Un metaanálisis hecho público en octubre de 2013 (European Journal of Epidemiology) por investigadores del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad Noruega observó un mayor riesgo de diabetes ante un mayor consumo de alimentos refinados, como el arroz blanco. Así, mientras que consumir alimentos integrales (pan integral, pasta integral, arroz integral, etc) disminuye el riesgo, los refinados pueden aumentarlo. La conclusión de los autores es clara: "Nuestros resultados apoyan las recomendaciones de salud pública para reemplazar los granos refinados con granos enteros y sugieren que se deben consumir al menos dos raciones de granos integrales por día para reducir el riesgo de diabetes tipo 2".

Acudir con frecuencia a los 'fast-food'. El más reciente consenso español de prevención y tratamiento de la obesidad señaló que "el consumo de fast food de forma habitual (más de una vez a la semana) puede contribuir al incremento de la ingestión energética y a la ganancia de peso y obesidad". Por ello aconsejó "limitar el consumo habitual (frecuencia de más de una vez a la semana) de fast food", o comida rápida. La ganancia de peso es uno de los principales determinantes del riesgo de diabetes, tal y como mostró una rigurosa investigación publicada en Diabetes Research and Clinical Practice en septiembre de 2010.

La FAO y la OMS alertan de que más de la mitad de la población tiene problemas nutricionales

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguraron este miércoles que más de la mitad de la población mundial tiene "graves problemas nutricionales", que pueden ser de hambre, pero también de consumo excesivo de alimentos o de carencia de micronutrientes. Así, unos 842 millones de personas sufren hambre crónica y cerca de 2.000 millones carecen de micronutrientes, mientras que 500 millones padecen obesidad, por lo que los sistemas alimentarios tendrán que sufrir cambios importantes para mejorar las dietas y las vidas de las personas.

Ambas organizaciones de la ONU hicieron pública estas conclusiones tras iniciar en Roma (Italia) una reunión técnica preparatoria de tres días que pretende sentar las bases de la II Conferencia Internacional sobre Nutrición, que se celebrará del 19 al 21 de noviembre de 2014 con el objetivo de estudiar cómo mejorar la producción de alimentos. El director general de la FAO, José Graziano da Silva, indicó que "está claro que la forma en que los alimentos se manejan actualmente no se refleja en suficientes mejoras en materia de nutrición. El hecho más sorprendente es que más de 840 millones de personas siguen padeciendo hambre hoy en día, a pesar de que el mundo ya produce suficientes alimentos para todos, pero un tercio de ellos se desperdician".

La FAO subrayó que la cantidad total de alimentos que se producen y no se consumen sería suficiente para alimentar a 2.000 millones de personas. "La verdad es que, hoy en día, los consumidores no reciben las señales correctas de las políticas vigentes sobre cómo alimentarse de forma saludable. Eso es lo que tenemos que abordar", añadió Da Silva. Este organismo de la ONU señaló que alrededor de 7 millones de niños mueren anualmente antes de cumplir cinco años y unos 162 millones de niños menores de cinco años sufren retraso del crecimiento.

Dietas inadecuadas

Por su parte, el director ejecutivo de la Oficina del Director General de la OMS, Hans Troedsson, pidió un replanteamiento de la forma en que se gestiona el sistema alimentario, asegurando que la dieta es un factor clave en la carga global de enfermedad y que los desafíos polifacéticos de la nutrición necesitan ser abordados a diferentes niveles, desde la infancia a la madurez. "Si en el pasado nos enfrentábamos principalmente al desafío de la malnutrición infantil, hoy nos enfrentamos a una epidemia de dietas inadecuadas y escasa actividad física, lo que conduce a la hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, diabetes y sobrepeso", indicó Troedsson, antes de agregar que "las amenazas a la nutrición y la salud en realidad se han ampliado y agravado y no van a desaparecer por sí solas. Tenemos que abordar esta situación con urgencia, ahora y en el futuro".

Tomado de: www.larazon.es