30 de noviembre de 2013

Asocian la buena alimentación con una mejor calidad de vida para los adultos mayores

Los adultos mayores que cumplen las guías alimentarias tienden a tener una mejor calidad de vida y menos problemas para conservar su movilidad y cuidarse a ellos mismos, reveló un nuevo estudio.

"Nuestro estudio demuestra que una alimentación de buena calidad ayuda a preservar el bienestar general de los adultos mayores", dijo por correo electrónico el autor principal, Bamini Gopinath, investigador senior del Instituto Westmead Millennium para la Investigación Médica de la Universidad de Sídney, Australia.

"Cumplir las guías alimentarias nacionales, que promueven una dieta rica en frutas, verduras, granos integrales y pescado, ayuda a mantener una buena calidad de vida y las capacidades funcionales, como ir de compras, hacer las tareas del hogar, preparar la comida y tomar los medicamentos", agregó.

El estudio incluyó a 1.305 hombres y mujeres de 55 años o más que participaban de un estudio australiano sobre enfermedades oculares y salud general y respondieron cuestionarios sobre qué comían y con qué frecuencia lo hacían entre 1992 y 1994.

El equipo calificó la dieta de cada participante con una escala de 0 a 20 puntos que elaboraron según la Guía Australiana para la Alimentación Saludable. A mayor puntaje, mejor alimentación.

El 25 por ciento que llevaba adelante las dietas de mejor calidad recibió 11,1 puntos o más, mientras que el 25 por ciento que peor comía obtuvo 8,1 puntos o menos, según publica el equipo en Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics.

Cinco y diez años después de sus respuestas iniciales los participantes volvieron a informar sobre la calidad de vida asociada con la salud física y mental, la funcionalidad en sociedad y la vitalidad. Cada área se calificó con una escala de entre 0 y 100 puntos.

En promedio, los participantes que comían mejor también tenían una calidad de vida mejor que el resto. Por ejemplo: la diferencia en la funcionalidad física era de casi 6 puntos respecto al grupo menos saludable, mientras que en salud general era de 4 puntos y en vitalidad de 5.

Sin embargo, la alimentación no influyó en la salud mental o en el nivel de independencia social de los grupos.

El equipo evaluó también la aptitud de los participantes para realizar actividades básicas e instrumentales cotidianas a los 10 y 15 años de los primeros cuestionarios. Actividades básicas son comer, vestirse e higienizarse sin ayuda, además de caminar sin asistencia. Las actividades instrumentales incluyen ir de compras, hablar por teléfono, utilizar dinero y viajar en transporte público.

De nuevo, la alimentación no influyó en la aptitud para realizar esas actividades. Pero los participantes con la alimentación de mejor calidad eran un 50 por ciento menos propensos a sufrir de alguna discapacidad para realizar actividades instrumentales que el grupo con la alimentación de peor calidad.

Los resultados no prueban que la dieta sea la única causa de esas diferencias en la calidad de vida ni el rendimiento individual en las tareas cotidianas. Pero para Gopinath podrían sumarse a la evidencia necesaria para diseñar las estrategias que ayudarían a la población que está envejeciendo a modificar su alimentación.

"Si los adultos mayores no comen saludablemente cuando son más jóvenes, tendrán que cambiar los hábitos para poder obtener los nutrientes necesarios que mejoren su calidad de vida. De hecho, muchos adultos mayores tienen bajos niveles de vitaminas, nutrientes y fibra esenciales para su salud", dijo por correo electrónico Ruth Frechman, dietista y portavoz de la Academia de Nutrición y Dietética que no participó del estudio.

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