30 de marzo de 2013

Las parejas que comparten un programa para adelgazar tienen más éxito y comen mejor

Un estudio sugiere que las personas casadas que asisten juntas a un programa para adelgazar pierden más kilos y tienen una dieta más nutritiva y la presión más baja que los participantes solteros.

"Los esposos son una compañía efectiva para adelgazar, en especial si adoptan cambios alimentarios juntos", dijo por correo electrónico la doctora Megan Lewis, del Instituto Research Triangle, Research Triangle Park, Carolina del Norte, y que acaba de presentar los resultados de su estudio durante la reunión anual de la Sociedad de Medicina Conductual en San Francisco.

El estudio incluyó a 1.753 personas, entre las que había 132 matrimonios, que participaron en uno de tres programas para adelgazar basados en la evidencia.

A los seis meses, las parejas habían adelgazado un 5,32 por ciento más que el resto de los participantes. Al año, la diferencia era del 5,34 por ciento.

Los matrimonios tenían mejores valores de presión a los seis meses, pero al año ya no había diferencia.

Al año también, las parejas tendían a haber aumentado el consumo de vegetales (OR=1,3) y a consumir menos proteína rica en grasa (OR=0,78) y comida rápida (OR=0,71).

Los matrimonios que decían que se respaldaban mutuamente en el programa eran más activos y habían adelgazado más a los seis meses, según reveló la información de un subgrupo de 79 parejas.

Los esposos parecían beneficiarse más que las esposas. Los que recibían más respaldo de sus esposas hacían más actividad física (p=0,02) y tendían a pesar menos a los seis meses (p=0,06), pero el apoyo de los esposos no estuvo significativamente asociado con los resultados en las mujeres.

Haber hallado que los hombres son los que más se benefician del apoyo en la pareja es algo que "se mantiene en muchos tipos de resultados asociados con la salud", comentó Lewis.

Sin importar cuál era el programa, las parejas que participaron juntas obtuvieron mejores resultados que el resto de los participantes en la mayoría de los indicadores controlados, según aseguró Lewis durante su presentación.

Las mujeres con sobrepeso u obesidad tienen mayor riesgo de resultados neonatales y maternos adversos

Las mujeres con sobrepeso y obesas son más propensas a requerir atención médica especializada durante el embarazo debido al riesgo aumentado de resultados adversos neonatales y maternos, según concluye un nuevo estudio publicado este miércoles en 'BJOG: An International Journal of Obstetrics and Gynecology'.

 El estudio, llevado a cabo por un equipo de la 'Queen's University Belfast' y la Fundación Belfast de Atención de la Salud y Social, en Reino Unido, encontró que la obesidad materna tiene implicaciones importantes para la salud que contribuyen al aumento de la morbilidad y mortalidad tanto para la madre como el bebé. Las tasas de obesidad en todo el mundo se han duplicado en los últimos 30 años, por lo que la tasa de mujeres embarazadas obesas también está aumentando.

En este estudio, se clasificaron las mujeres según las clasificaciones del índice de masa corporal (IMC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Las categorías incluyeron a mujeres que tenían bajo peso (IMC menor de 18,5), peso normal (IMC de 18,5 a 24,9), sobrepeso (IMC 25-39), y tres obesas subcategorías: obesos de clase I (IMC 30-34,9), obesidad de clase II (IMC 35-39,9) y obesidad de clase III (IMC mayor de 40).

 Se analizó el impacto del IMC en los resultados maternos y neonatales en 30.298 embarazos únicos de una unidad de referencia en el Norte de Irlanda, en Reino Unido, durante un periodo de ocho años (2004-2011). Dentro de este grupo, el 2,8 por ciento de las mujeres fueron clasificadas como bajo peso; el 52,5 por ciento, con peso normal; el 27,8% por ciento, con sobrepeso; el 11 por ciento, con obesidad clase I; un 3,9 por ciento, con obesidad clase II, y el 1,9 por ciento, con obesidad clase III.

Tienen mayor riesgo de hipertensión y diabetes gestacional

 Los resultados mostraron que, en comparación con mujeres de peso normal, las mujeres de sobrepeso de clase I y obesidad tenían un mayor riesgo de trastornos de hipertensión, diabetes gestacional, inducción del trabajo de parto, cesárea, hemorragia postparto y macrosomía (peso grande del bebé al nacer), con todos los riesgos significativamente crecientes en mujeres con obesidad clase II y III. Por ejemplo, las mujeres de clase III obesas tenían cuatro veces más de probabilidades de desarrollar diabetes gestacional en comparación con las de peso normal.

 Por otra parte, las de obesidad de clase III se identificaron como las de mayor riesgo de resultados adversos adicionales incluyendo el tener un parto prematuro, un recién nacido que requiere ingreso neonatal y muerte fetal, con tres veces más de probabilidades.

 En las mujeres con sobrepeso y obesas también hubo un incremento en la probabilidad de problemas postnatales, como la fatla de una lactancia materna exitosa, que también ha demostrado que aumenta el riesgo de consecuencias para la salud a largo plazo tanto para la madre como para el bebé en relación con la obesidad. Por el contrario, las mujeres con bajo peso tenían mayor riesgo de anemia y eran más propensas a dar a luz a un bebé de bajo peso al nacer, en comparación con las de peso normal.

 Valerie Holmes, del Centro de Salud Pública de la Universidad de Queen en Belfast, dijo: "este estudio a gran escala demuestra claramente que el sobrepeso o la obesidad durante el embarazo aumenta el riesgo de resultados adversos maternos y neonatales".

Tomado de: www.europapress.es

Consumo saludable de carne

 Tomado de: www.consumer.es

Todas las carnes, sean rojas o blancas, contienen proteínas de excelente calidad y una buena cantidad y variedad de vitaminas y minerales, como el hierro

El consumo moderado de carne contribuye a un buen estado de salud y al crecimiento y desarrollo de los tejidos. El conjunto de este tipo de alimentos también tiene un papel clave en la prevención de enfermedades como la anemia y la desnutrición, sobre todo, en edades avanzadas. A continuación se detalla cuál es el valor nutritivo de los distintos tipos de carne y su aporte en la dieta de un adulto sano y con necesidades especiales.

Con el apelativo "carne" se denomina a todos los alimentos que proceden de las partes blandas y comestibles de cualquier animal. Se consideran dos tipos de carne: la porción referente al músculo y las vísceras. También se distingue entre carnes rojas y carnes blancas. El primer término se refiere a carne de caballo, de vacuno (vaca, toro y buey), de caza (liebre, perdiz, pichón, faisán y codorniz) y las vísceras. Como carne blanca se concibe la de pollo, pavo o conejo. Por su parte, el cordero y el cerdo son una excepción: su clasificación depende de la edad y de la alimentación y, cuando son adultos, de la parte de la canal.

Valor nutritivo de la carne

Todas las carnes alimentan igual. Las diferencias nutritivas están en su contenido graso, que es el que determinará la cantidad de calorías. La carne más grasa es la que proviene del cerdo y de sus derivados; la que menos, la del pollo. Iiene un gran contenido en hierro y fósforo, sobre todo las vísceras; es rica en vitamina del complejo B (B6, B9 y B12); y cuenta con poca cantidad de vitaminas A y C y calcio.

Las carnes aportan entre un 16% y un 22% de proteínas, una proporción superior al de otros alimentos vegetales. Estas proteínas, como todas las que provienen de los alimentos de origen animal (leche y derivados, carne, pescado y huevo), son consideradas de alto valor biológico por su cantidad y su contenido en aminoácidos esenciales (los que el organismo no puede sintetizar por sí mismo y cuya única fuente de obtención es través de la alimentación).

La característica de las carnes rojas radica en su gran contenido de mioglobina, un pigmento de las fibras musculares que le confiere su coloración rojiza y que contiene hierro. De hecho, que una carne sea roja o blanca -y que así se clasifiquen- estriba en la concentración de mioglobina. Las carnes rojas concentran más hierro en cantidad y en forma hemo, que significa que el organismo lo puede absorber de manera más fácil. Por su gran contenido en este elemento destacan, sobre todo, las carnes de caza, como el pichón (20 miligramos de hierro por cada 100 gramos) y las vísceras (10 mg/100 g). En comparación, las carnes blancas contienen entre 1 y 1,5 miligramos por cada 100 gramos de producto.

Requerimientos de proteínas

Los requerimientos de la ingesta de proteína deben suponer entre el 10% y 12 % del total de las calorías. Las mayores demandas de este nutriente se dan en la etapa infantil y en la adolescencia, cuanto mayor es el desarrollo del organismo. También aumentan las necesidades durante el embarazo (para el desarrollo del embrión y feto) y la lactancia. En la etapa de adulto es menor, ya que solo precisa mantener o reponer unas estructuras que ya están formadas.

Punto y aparte merecen las necesidades de proteínas en la senectud. A pesar que durante la vejez los requerimientos proteicos son análogos a los de un adulto, el desarrollo de algunas patologías crónicas que aumentan el catabolismo (destrucción) proteico obligan a incrementar la ingesta.

De hecho, hasta hace poco, muchos problemas de salud en edades avanzadas se asociaban, de manera inherente, al propio proceso de envejecimiento. Sin embargo, la realidad es que algunos trastornos están provocados por desnutrición. La nutrición inadecuada es común durante el proceso de senectud: se estima que la desnutrición en la población anciana española que vive en su domicilio varía entre el 3% y el 5%, mientras que en los ancianos institucionalizados puede alcanzar cifras superiores, hasta el 30%. Además, la consecuente deficiencia de vitaminas, proteínas, hierro y zinc incrementa el riesgo de anemia, de debilidad muscular y de desarrollo de úlceras por presión y altera el sistema inmunológico.

Deficiencia de hierro: anemia ferropénica

El hierro es un mineral que está en todas las células del organismo y que desarrolla numerosas funciones vitales. Un desequilibrio, sea por déficit o por sobrecarga de este oligoelemento, puede afectar a múltiples órganos. La anemia por insuficiencia de hierro o anemia ferropénica puede estar motivada por la no absorción de hierro en el tracto digestivo, por sangrado crónico o por un insuficiente aporte en la dieta. Esta última es la más habitual.

Los bebés, los adolescentes, las mujeres en edad fértil, embarazadas o lactantes o quienes siguen dietas hipocalóricas estrictas son los principales grupos de población con riesgo de falta de riesgo.

Aunque el tratamiento principal de la anemia ferropénica es la administración oral de hierro, también es recomendable aumentar la ingesta de alimentos ricos en este nutriente y asegurar su máxima absorción.

Dieta recomendada para la anemia

Ante un diagnóstico de anemia ferropénica es posible que el médico recomiende seguir una dieta específica y suplementos de hierro. Con estos suplementos, hay que tener en cuenta dos consideraciones: tomarlos entre las comidas con el estómago vacío o acompañados de zumo de naranja, ya que la vitamina C aumenta su absorción. En cuanto a la dieta, hay considerar que no solo es importante la cantidad de hierro que contiene cada alimento, sino la cantidad que el organismo es capaz de absorber.

El hierro que proviene de la alimentación puede ser de dos formas: de origen animal (hemo) o vegetal (no hemo). El que mejor se absorbe es el primero, que contienen las carnes rojas y blancas, el hígado, algunos pescados como la sardina, merluza o rape; algunos crustáceos como los berberechos y mejillones; y la yema de huevo. En el reino vegetal, entre los alimentos más ricos en hierro están las verduras de hoja (espinacas, acelgas), las legumbres y los frutos secos (sobre todo pistachos y pipas de girasol).

Otro punto fundamental en la dieta para el tratamiento dietético de la anemia es la vitamina C, que se encuentra en cítricos como naranjas, mandarinas, kiwi, pomelo y fresas, tomates, pimiento y perejil. La vitamina C o ácido ascórbico aumenta la absorción orgánica del hierro que proviene de los alimentos.

Los especialistas de la Fundación Española del Corazón ofrecen algunos consejos imprescindibles para tener en cuenta de cara a una anemia ferropénica:
  1. En un mismo plato, combinar carne o pescado con un alimento vegetal rico en hierro.
  2. Agregar perejil y limón exprimido como aliño a verduras, carnes y pescado.
  3. Comer de postre frutas frescas cítricas.
  4. Disminuir el consumo de café, té, vino y vinagre.
  5. No abusar del pan integral, salvado y cereales integrales. Limitar el uso de suplementos de fibra.
  6. En la dieta, debe incluirse siempre algún tipo de carne (sobre todo ternera y cordero), almejas, mejillones, legumbres, frutos secos y verduras de hoja verde.
  7. Separar la ingesta de lácteos de las comidas principales ricas en hierro.

Hacer ejercicio en la juventud puede reducir el riesgo de fracturas en la tercera edad

 Salir a la calle regularmente a jugar a la pelota con los hijos puede ayudarles a prevenir una fractura de cadera cuando sean mayores, según los autores de una investigación presentada en el Día de la Sociedad Ortopédica Americana para la Especialidad de Medicina del Deporte, que se celebra en Chicago, Illinois (Estados Unidos) y publicada en 'American Journal of Sports Medicine'.

 "Según nuestro estudio, el ejercicio en la infancia puede estar asociado con menores riesgos de fracturas con la edad, debido a los incrementos en la masa ósea máxima que se produce en los niños en crecimiento que realizan actividad física regular", explicó el autor principal, Bjorn Rosengren, de Skane University Hospital, Malmö, Suecia.

 Rosengren y sus colegas realizaron una intervención basada en el ejercicio controlado durante seis años en niños de 7-9 años en Malmo, Suecia. En el grupo de intervención, 362 niñas y 446 niños recibieron 40 minutos de educación física todos los días en la escuela, mientras el grupo de control de 780 niños y 807 niñas recibió 60 minutos de educación física por semana.

 Los investigadores registraron las fracturas en todos los participantes y siguieron el desarrollo del esqueleto anualmente. En el momento del estudio, había 72 fracturas en el grupo de intervención y 143 en el grupo control que suponen un riesgo de fractura similar. El aumento de la densidad mineral ósea de la columna fue mayor en los niños y las niñas en el grupo de intervención.

 Durante este mismo tiempo, los científicos realizaron un estudio retrospectivo de corte transversal de 709 atletas masculinos en su juventud, con una edad media de 69 años y 1.368 controles pareados, con una edad media de 70 años para determinar cuántos de ellos habían sufrido fracturas y las tasas de pérdida de densidad ósea. Dentro del grupo de personas que habían sido atletas, la densidad de la masa ósea se redujo sólo mínimamente entre 1 a 0,7 desviaciones estándar en comparación con el grupo control.

 "El aumento de actividad en las edades más jóvenes ayudó a inducir una mayor masa ósea y mejorar el tamaño del esqueleto en los niños, sin aumentar el riesgo de fractura. Nuestro estudio pone de relieve otra de las razones por la que los niños necesitan hacer ejercicio diario regular para mejorar su salud ahora y en el futuro", concluyó Rosengren.

Tomado de: www.europapress.es

23 de marzo de 2013

Cinco mitos y verdades sobre el chocolate

Por MARÍA MANERA / Tomado de: www.consumer.es

El chocolate protagoniza diversos mitos y dudas que surgen de su sabor, su composición y su consumo

El chocolate es un alimento tan apetecible como calórico y tan rico como azucarado. Para hacerse una idea, 100 gramos de este producto aportan unas 500 calorías. Esto se debe a su elevado contenido de grasas y, también, de azúcares; ya que el chocolate se obtiene al mezclar cacao en polvo y azúcar pulverizada (adicionada o no) de manteca de cacao. Aunque las cantidades de un ingrediente y otro pueden variar, ha de tener como mínimo un 35% de componentes del cacao. Pero el chocolate, por su sabor, su composición y su consumo, protagoniza diversos mitos y dudas. ¿Es cierto que calma la ansiedad? ¿Engorda? ¿Provoca granos? ¿Es estimulante? El siguiente artículo ofrece respuestas a estas y otras preguntas.

Chocolate: cinco preguntas y respuestas

¿Calma la ansiedad o es un estimulante?
Los efectos del consumo de chocolate sobre el estado de ánimo son diversos y contradictorios. Mientras que hay quien le atribuye efectos estimulantes, otros afirman que contribuye a apaciguar la sensación de nerviosismo y ansiedad. Más allá de la compleja relación entre las emociones y la alimentación, el cacao contiene, por un lado, una cantidad importante de azúcar y grasas, a la que podría atribuirse la sensación placentera derivada de su consumo. Por otro lado, el amplio rango de compuestos que se consideran estimulantes del sistema nervioso, como la cafeína y la teobromina podrían ser los responsables de la supuesta sensación estimulante del chocolate, capaz de mejorar el estado anímico de quien lo ha consumido.

Sin embargo, este efecto ha sido estudiado por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria y Nutrición (EFSA), que ha establecido que no existe relación de causa-efecto y que, por lo tanto, no hay estudios que corroboren este mito en la actualidad. Así pues, a la hora de recomendar la limitación de la ingesta de chocolate en los niños, la justificación pasa más por la cantidad de azúcar y grasa que aporta, que por su contenido en cafeína. Este oscila entre 5 y 20 mg por cada 100g en función de la procedencia del cacao, mientras las cantidades máximas recomendadas son de un máximo de 2,5 mg por kg de peso al día, lo que en un niño de 20 kg corresponde a tomar entre 250 gramos y 1 kg de chocolate.

¿El chocolate es beneficioso para el sistema cardiovascular?
Desde la antigüedad se ha atribuido al chocolate propiedades saludables, las cuales se han focalizado, en los últimos años, en los supuestos beneficios sobre diferentes factores de riesgo cardiovascular. Algunos estudios apuntan a que ciertos compuestos activos presentes en el cacao, como los flavonoides, podrían mejorar algunos parámetros del sistema cardiovascular. En este caso, la EFSA también se ha encargado de buscar cuál es la evidencia científica que respalda dichas afirmaciones, y ha destacado que no existe relación entre el consumo de flavonoides del cacao y la protección de los lípidos sanguíneos de la oxidación, así como tampoco con el mantenimiento de la presión sanguínea normal.

En cambio, la misma institución considera que el consumo diario de 200 mg de flavonoides del cacao (procedentes de 2,5 g de cacao en polvo rico en flavonoides o de 10 g de chocolate negro rico en flavonoides) sí contribuye a la dilatación de los vasos sanguíneos, lo cual es positivo para la circulación sanguínea y podría considerarse, por lo tanto, beneficioso para el sistema cardiovascular. En cualquier caso, los beneficios del consumo de chocolate son debidos a los flavonoides del cacao, razón por la cual se suele recomendar escoger el chocolate negro, con mayor porcentaje en este componente.

¿El chocolate engorda? Ningún alimento, por sí solo, es el causante directo del aumento de peso. En realidad, las causas del exceso de peso son muy complejas, y la obesidad es un problema multifactorial en el que en la mayoría de ocasiones existe una predisposición genética sobre la cual determinados factores ambientales y culturales favorecen su aparición. Aún así, se acepta que el aumento de peso es debido, en muchos casos, a un desequilibrio entre la ingesta y el gasto energético. El exceso de calorías consumidas y que no son gastadas se acumula en forma de grasa en el organismo. En este marco, el chocolate, por el hecho de ser un alimento de alta densidad energética, debe considerarse como un alimento a consumir con moderación. Sin embargo, será el cómputo total de energía consumida a lo largo del día (provenga o no del chocolate) el causante, o no, del aumento de peso.

¿Si comes chocolate, te salen granos? La relación entre la alimentación y el acné es un tema que despierta un gran interés, y de entre los alimentos más citados están el chocolate, los lácteos y los alimentos grasos. Los estudios indican que un porcentaje muy elevado de la población relaciona la ingesta de determinados alimentos, como el chocolate, con la aparición de granos en la piel. Sin embargo, en base a la evidencia científica actual, no existen pruebas concluyentes sobre el hecho de que los alimentos en general, y el chocolate en particular, sean el causante o agraven el acné.

¿El chocolate sin azúcar es light? En la actualidad, las variedades de chocolates son muy amplias. Una de las más habituales y de reciente aparición es el chocolate sin azúcar. Conscientes de la elevada cantidad de este ingrediente y de que las autoridades sanitarias instan a limitar en la dieta, los fabricantes de chocolate han desarrollado chocolates con ingredientes alternativos al azúcar. En cualquiera de las variedades puede sustituirse el azúcar (sacarosa) por otros edulcorantes. En la mayoría de los casos se trata de mezclas de edulcorantes no calóricos o menos energéticos que el azúcar, como los polialcoholes (maltitol, eritritol, sorbitol) y la estevia.

En estos casos, tanto el contenido calórico como el de azúcares es menor, por lo que a menudo son productos destinados a la población que controla la ingesta de calorías y/o azúcares. Es el caso de las personas con exceso de peso, y también con diabetes. Los polialcoholes se utilizan a menudo en los chocolates sin azúcar, y además de aportar menos calorías, tienen un menor efecto sobre la glucemia que otros hidratos de carbono. Esto permite, siempre previa lectura del etiquetado nutricional y de los cálculos pertinentes (realizados a menudo por el propio paciente que es un gran conocedor de su enfermedad y tratamiento, o bien por su dietista-nutricionista), consumir una cantidad algo superior que si el chocolate tuviera, como ingrediente, azúcar común.

Sin embargo, es importante resaltar que el chocolate sin azúcar nunca debe considerarse como un alimento de "libre consumo" o "bajo en calorías", ya que a pesar de contener menos azúcar, aporta alrededor de 450 kcal/100g.

Cómo cuidar el corazón de la mujer

Por: TERESA ROMANILLOS / Tomado de: www.consumer.es

Consumir frutos rojos y llevar un estilo de vida saludable reducen en un 32% el riesgo de sufrir enfermedad cardiovascular en las mujeres

Los accidentes cardiovasculares son una de las principales causas de muerte en los países desarrollados. Dos estudios recientes aportan algunas claves para cuidar el corazón, sobre todo, en las mujeres. En este artículo se explican las razones por las que comer frutos rojos y dejar de fumar, con la ayuda de un tratamiento que evita el aumento de peso, pueden ser las claves para vivir más y mejor.

Frutos rojos con corazón

Las mujeres que siguen una dieta rica en frutos rojos reducen en un 30% el riesgo de padecer un infarto. Estas son las conclusiones a las que ha llegado una investigación reciente publicada en 'Circulation', una de las más prestigiosas revistas de cardiología. De esta manera, los autores apuntan que comer tres o más porciones de arándanos o fresas a la semana disminuye de manera clara, las probabilidades de sufrir un infarto.

El estudio, liderado por investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard (EE.UU.), consistió en llevar a cabo el seguimiento de 93.600 mujeres, que tenían entre 25 y 42 años al inicio del mismo. Durante un periodo de 18 años se les consultó acerca de sus hábitos alimentarios, estilo de vida e historia clínica personal y familiar.

Los resultados muestran que quienes comieron frutos rojos tres o más veces por semana tuvieron un riesgo de infarto un 32% menor que las que los consumieron de manera esporádica. Los científicos observaron que las mujeres que seguían una dieta rica en estos frutos también llevaban un estilo de vida más saludable: no fumaban, hacían ejercicio físico y tenían una dieta rica en fibra y vegetales, sin exceso de calorías y con pocas grasas animales.

Sin embargo, también concluyeron que el beneficio que suponía incorporar frutos rojos a la dieta era independiente de los hábitos que se llevara. De acuerdo con los autores, el efecto protector de los frutos rojos es debido al alto contenido de antocianinas que estos poseen. Estudios anteriores ya habían demostrado que este grupo de flavonoides contribuye a la protección de la pared interior de las arterias y al control de la presión arterial.

Si bien la investigación se enfocó en fresas y arándanos, las antocianinas se encuentran también en gran variedad de frutas, tales como cerezas, moras, frambuesas, grosellas, uvas negras e, incluso, naranjas y berenjenas.

Las antocianinas son unos pigmentos de color presentes en las células vegetales que proporcionan a las hojas, flores y frutos de algunas plantas, una coloración roja, púrpura o azul. Diversos trabajos constatan sus propiedades antioxidantes y antiradicales libres. Además de proteger las arterias, las antocianinas también tienen efectos beneficiosos en el control metabólico de la glucosa y los lípidos.

Dejar de fumar para cuidar el corazón, pero sin engordar

El tabaco es un enemigo declarado de la salud del corazón, pero la tasa de fumadoras se ha disparado en las últimas décadas. Por eso, una de las mejores maneras de cuidar el corazón es dejar de fumar, aunque hacerlo no es tarea sencilla.

Además, muchas personas que se plantean abandonar el tabaquismo están preocupadas por el incremento de peso asociado, sobre todo, la población femenina. Sin embargo, este problema podría ser cosa del pasado gracias a la naltrexona, un fármaco ya conocido, usado en algunas terapias de deshabituación.

Un nuevo estudio con este medicamento ha demostrado que podría ser también útil para evitar el aumento de peso que sufren muchos exfumadores. Los resultados muestran que, aunque el fármaco no ayudó a las mujeres a dejar de fumar, las que consiguieron renunciar a los cigarrillos engordaron la mitad de lo esperado durante el proceso. Por el contrario, la naltrexona sí ayudó a los hombres, quienes abandonaron con más facilidad el tabaco. Pero en este caso no se observó ninguna reducción en el incremento de peso.

Los autores explican que hasta la fecha este es el mejor medicamento para las mujeres que quieren dejar de fumar sin aumentar de peso. También dicen que es posible que el fármaco reduzca el deseo de comer grasas y azúcares cuando se quiere abandonar el hábito tabáquico.

La realidad es que el temor de ganar unos kilos puede hacer que algunas personas pospongan la decisión de dejar de fumar. Hasta la fecha, se pensaba que tras un año sin tabaco, los exfumadores tendían a una ganancia media de tres kilos, pero un estudio reciente, publicado en 'British Medical Journal', demuestra que este aumento es algo mayor, en concreto, entre cuatro y cinco kilos.

Para ello, los investigadores cruzaron los datos de otros 62 estudios clínicos en los cuales se analizaba la variación de peso en personas que dejaban de fumar. Observaron que el mayor incremento de peso se daba durante los primeros seis meses después de prender el último cigarrillo y que era independiente de si el paciente dejaba de fumar con o sin tratamiento. Según los resultados, el primer mes se aumenta como promedio 1,12 kilos; el segundo, 2,26; 2,85 al tercer mes; 4,23 a los seis meses; y, al año de dejarlo, el incremento es de 4,67 kilos. No obstante, los cambios en el peso varían mucho, de forma que, al año, entre el 16% y el 21% de los exfumadores perdía peso y un 13% de los que habían abandonado el tabaco engordaba más de 10 kilos.

Los investigadores alertan de que no se deben malinterpretar los resultados del estudio, pues las ventajas de dejar el tabaco son, sin lugar a dudas, considerablemente mayores a los problemas asociados al ligero aumento de peso.

Malos hábitos alimenticios pueden empeorar su humor

Si está cuidando su dieta e imagen personal, comer poco saludablemente podría ponerlo de mal humor, reveló un estudio de Penn State.

Los investigadores de la Universidad de Pensilvania entrevistaron a 131 mujeres universitarias que tenían malos hábitos alimenticios, a pesar de que se preocupaban por su apariencia. Las mujeres participantes en el estudio no tenían desórdenes en su alimentación.

“Antes de comer, su humor se mantenía estable pero, después de comer poco saludablemente, aumentaba su mal humor de forma significativa” dijo una de las investigadoras, Kristin Heron.

Otro de los investigadores, Joshua Smyth, explicó que este estudio se diferencia de otros previos en que fue hecho en situaciones de la vida cotidiana de las personas entrevistadas.

Esto, dice, “puede brindarnos una fotografía más precisa respecto de la relación existente entre las emociones y la comida”.

En su opinión, entender el rol que juega el estado de ánimo en el desarrollo y mantenimiento de malos hábitos alimenticios y de control de peso podría ayudar a crear programas de tratamiento más efectivos para personas que se preocupan por su peso y por su dieta.

Tomado de: www.nacion.com

El 75% de la población mundial toma el doble de la cantidad diaria recomendada de sal

El 75 por ciento de la población mundial consume casi el doble de la cantidad diaria recomendada de sodio (sal), según un estudio presentado en las sesiones científicias de 2013 sobre Nutrición, Actividad Física, Metabolismo, Epidemiología y Prevención de la Enfermedad Carviovascular de la Academia Americana del Corazón.

La ingesta de sodio a través de los alimentos preparados comercialmente, sal de mesa, sal y salsa de soja que se añaden al cocinar fue de una media de cerca de 4.000 mg al día en 2010. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda limitar el sodio a menos de 2.000 mg al día y la Asociación Americana del Corazón aconseja bajar la ingesta de sodio a menos de 1.500 mg diarios. "Es la primera vez que hay información información sobre el consumo de sodio por país, edad y género", destacó Saman Fahimi, autor principal y profesor visitante en la Escuela de Salud Pública del Departamento de Epidemiología de la Universidad de Harvard, en Boston, Massachusetts (Estados Unidos). "Esperamos que nuestros hallazgos influyan en los gobiernos nacionales para desarrollar programas de salud pública para reducir el sodio", agrega.

La enfermedad cardiovascular es la causa número uno de muerte en el mundo y la ingesta excesiva de sodio aumenta la presión arterial, uno de los principales contribuyentes al desarrollo de la enfermedad cardiovascular. Entre las mujeres y los hombres, el consumo medio de sodio excede los niveles saludables en casi todos los países, según los investigadores. Kazajstán tuvo el mayor consumo promedio de sodio, con 6.000 mg por día, seguido por Mauricio y Uzbekistán, con poco menos de 6.000 mg por día. En el lado opuesto, Kenya y Malawi tenía la menor ingesta media, con alrededor de 2.000 mg por día, mientras que en Estados Unidos la ingesta fue de aproximadamente 3.600 mg diarios, según los resultados del análisis, publicados en 'Circulation: Journal of the American Heart Association'.

Un total de 181 de los 187 países que representan el 99 por ciento de la población mundial superó la ingesta recomendada por la Organización Mundial de la Salud de menos de 2.000 mg de sodio al día, y 119 países, lo que representa el 88 por ciento de la población mundial, supera esta ingesta recomendada por más de 1.000 mg al día. Todos los países excepto Kenia sobrepasaron los consejos de la Asociación Americana del Corazón de tomar menos de 1.500 mg al día de sodio.

Los investigadores analizaron 247 encuestas sobre el consumo de sodio para adultos con el fin de estimar la ingesta de sal, estratificada por edad, sexo, región y nación entre 1990 y 2010 como parte del Estudio de la Carga Mundial de las Enfermedades de 2010, que es una investigación internacional de colaboración de 488 científicos de 303 instituciones en 50 países de todo el mundo.

Tomado de: www.larazon.es

Comer con distracciones hace ingerir más calorías

Una revisión de dos decenas de estudios muestra que quienes comen mientras miran TV, utilizan videojuegos o leen tienden a consumir más calorías por vez, en especial acercándose a la noche.

"Algunos estudios ya lo habían demostrado, pero de manera dispersa", dijo el autor principal, Eric Robinson, de la Universidad de Liverpool, Reino Unido.

Precisó que comer con distracciones eleva hasta el 50 por ciento la cantidad de comida que se ingiere, pero que recordar lo que se consumió en la comida previa redujo la cantidad de alimentos ingeridos.

"Aunque decidimos qué y cuándo comer con una aparente serenidad, esas decisiones son en realidad muy complejas y se alteran fácilmente", dijo por correo electrónico Suzanne Higgs, coautora del estudio y psicóloga de la Universidad de Birmingham, Reino Unido.

El equipo organizó los patrones alimentarios en dos categorías amplias: "atento" (sentado tranquilamente y con un registro de lo que se consume durante la comida) o lo opuesto, "distraído" (sin prestar atención a los alimentos ni a la cantidad consumida).

El equipo de Robinson revisó la literatura científica e identificó 24 estudios realizados entre 1997 y el 2011 que habían incluido un "experimentador" que manipulaba la atención, la memoria y la conciencia de los participantes en relación con la comida. Todos los estudios habían sido controlados y supervisados, aunque diferían en los métodos para manipular la atención y la conciencia de sus participantes.

En un estudio, por ejemplo, hombres y mujeres adultos miraron TV mientras comían, mientras que en otro, los participantes comían pistachos, cuyas cáscaras se eliminaban del lugar inmediatamente.

Los experimentos habían incluido entre 14 y 122 participantes; en 18 de los 24 estudios participaron estudiantes universitarios. Casi todos los participantes tenían un peso normal.

Higgs dijo que el análisis sugiere que existirían diferencias estadísticamente significativas entre los que comían atentos y los que lo hacían distraídos, quienes comían un 10 por ciento más que el otro grupo. Y volver a comer con distracciones más tarde aumentaba más de un 25 por ciento la cantidad de calorías ingeridas.

En cambio, recordar la comida previa disminuía un 10 por ciento la cantidad de calorías que se consumían en una nueva comida. Pero reforzar la conciencia de lo que se comía en esa segunda comida no influyó en la cantidad de calorías ingeridas. Aun así, con estos resultados, los autores opinan que las dietas para adelgazar podrían incluir técnicas asociadas con el consumo atento de comida.

"Los resultados se aplicarían sólo a las personas con peso normal", consideró Michael Lowe, de Drexel University y que no participó del estudio.

"Aunque se utilice el mismo entorno experimental, sería difícil saber si esas mismas intervenciones se aplicarían a participantes obesos. Hay algunos grandes pasos más por dar antes de que podamos utilizar estos resultados para ayudar a los pacientes a no recuperar el peso perdido", finalizó Lowe.

Asocian 180.000 muertes en el mundo al abuso de bebidas azucaradas

Por diabetes, enfermedades cardiovasculares o cáncer 

 Bebidas azucaradas gaseosas, deportivas y jugos de fruta pueden estar asociadas con alrededor de 180.000 muertes en todo el mundo cada año, según un estudio presentado en las sesiones científicas de 2013 sobre Epidemiología, Prevención/Nutrición, Actividad Física y Metabolismo de la Asociación Americana del Corazón.

 Las bebidas azucaradas son consumidas en todo el mundo y contribuyen al exceso de peso, lo que aumenta el riesgo de desarrollar diabetes, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer. Con datos recopilados en 2010 para el Estudio de la Carga Global de las Enfermedades, los investigadores vincularon el consumo de bebidas endulzadas con azúcar a 133.000 muertes por diabetes, 44.000 muertes por enfermedades cardiovasculares y 6.000 muertes por cáncer.

 El 78 por ciento de estos fallecimientos que se debieron a un exceso de consumo de bebidas azucaradas fueron en los países de bajos y medianos ingresos, en lugar de países de altos ingresos. "En Estados Unidos, nuestra investigación muestra que alrededor de 25.000 muertes en 2010 estaban relacionadas con el consumo bebidas azucaradas", dijo Gitanjali M. Singh, coautor del estudio e investigador postdoctoral en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard en Boston, Massachusets (Estados Unidos).

 Los investigadores calcularon las cantidades de ingesta de bebidas endulzadas con azúcar en todo el mundo, por edad y sexo, los efectos de este consumo sobre la obesidad y la diabetes, y el impacto de la obesidad y las muertes relacionadas con la diabetes. De nueve regiones del mundo, América Latina / Caribe tenía la mayoría de las muertes por diabetes (38.000) relacionados con el consumo de bebidas endulzadas con azúcar en 2010.

 Por su parte, la zona del Este / Eurasia Central registró el mayor número de muertes cardiovasculares (11.000) relacionadas con el consumo de bebidas azucaradas en 2010 y entre los 15 países más poblados del mundo, México, uno de los de mayor ingesta per cápita de bebidas azucaradas en el mundo, tuvo el mayor índice de mortalidad debido al consumo de estos líquidos, con 318 muertes por cada millón de adultos vinculados al azúcar de bebidas endulzadas.

 Japón, uno de los países con menor consumo per cápita de bebidas azucaradas, tuvo la tasa más baja de mortalidad asociada con la ingesta de bebidas azucaradas, en alrededor de 10 muertes por cada millón de adultos.

 "Al basarnos en las muertes por enfermedades crónicas, nuestro estudio se centró en los adultos. Las investigaciones futuras deberían evaluar la cantidad de consumo de bebidas azucaradas en los niños de todo el mundo y cómo esto afecta a su salud actual y futura", señaló Singh.

 El Estudio sobre la Carga Global de Enfermedades 2010 es una organización internacional fruto de la colaboración para cuantificar la distribución global y las causas de las principales enfermedades, las lesiones y los factores de riesgo para la salud. La Asociación Americana del Corazón recomienda que los adultos consuman no más de 450 calorías por semana de bebidas endulzadas con azúcar en una dieta de 2.000 calorías.

Tomado de: www.europapress.es

El niño 'mal comedor' tiene un nivel de atención más bajo

 Los niños de 4 y 6 años que no comen bien, también llamados 'mal comedores', tienen un nivel de atención más bajo que los que comen de forma saludable, según ha mostrado un estudio realizado con la colaboración de Abbott y publicado en 'The Open Nutrition Journal', tras analizar a 1.101 niños de tres a seis años de siete colegios de Madrid.

 La investigación ha mostrado, además, que más de la mitad de los niños de cinco y seis años que no comen bien alcanzaron los niveles de atención más bajos. Un hecho que, según los expertos, necesita intervención psicológica.

 "La evidencia científica vincula la malnutrición a un déficit del desarrollo cognitivo. Incluso en niños de países desarrollados existe una relación entre los malos hábitos alimentarios y un rendimiento escolar pobre", ha comentado el coordinador del estudio y jefe de la unidad de Gastroenterología y Nutrición Infantil del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, Luis Ros.

 Por tanto, el objetivo de este estudio ha sido determinar si existían diferencias entre los niños 'mal comedores' y los que comían de manera saludable en cuanto a su atención, los niveles de irritabilidad de las familias y la ingesta nutricional de los niños.

 Para ello, los niños fueron clasificados en dos grupos: los considerados 'mal comedores' y los que comían de manera saludable. Los primeros fueron definidos como aquellos que ingerían menos de un 65 por ciento de las cantidades diarias recomendadas de entre 4 y 6 grupos de alimentos. Los grupos eran carnes (que incluye huevos y pescado), verduras, frutas, lácteos, carbohidratos y legumbres.

 En este sentido, una de las principales conclusiones ha sido que no existen diferencias significativas en cuanto al nivel de atención de los dos grupos de niños, los 'mal comedores' y los que comen de manera saludable, salvo en los grupos de más edad, lo que representa el 70 por ciento de la muestra (788 niños).

 De hecho, entre los 4 y los 6 años de edad se aprecia una tendencia a que un mayor número de niños que no comen bien haya puntuado más bajo en los niveles de atención establecidos. Esta tendencia se ha visto aumentada en más de un 50 por ciento en el grupo de niños 'mal comedores' de entre 5 y 6 años.

 Los niños que han puntuado más bajo en estos niveles de atención habían ingerido cantidades significativamente más bajas de alimentos del grupo de los lácteos y del grupo del pescado, la carne y los huevos que los niños que han puntuado más alto en los niveles de atención.

 "La puntuación más baja en los niveles de atención en el grupo de más edad podría deberse al efecto acumulativo de los malos hábitos alimenticios y a los déficits nutricionales derivados de ellos, lo que deberá investigarse en profundidad", ha recalcado Ros.

Diferencias en los hábitos alimenticios

 El estudio ofrece además información sobre las diferencias entre los hábitos alimenticios de los niños 'mal comedores' y los de los niños que comen de manera saludable.

 Los primeros son, según los expertos, quisquillosos con la comida, no disfrutan probando nuevos alimentos, y es probable que los rechacen y que decidan que no les gustan sin haberlos probado siquiera; prefieren beber a comer; y se sienten llenos rápidamente.

 En este sentido, los especialistas han avisado de que los malos hábitos alimenticios pueden traer consecuencias tanto a corto como a largo plazo. En concreto, a corto plazo pueden producirse deficiencias nutricionales, como niveles bajos de energía y proteínas o micronutrientes; ingesta de frutas, verduras y carnes inferiores a las recomendadas; o menos vitaminas y minerales de los recomendados.

 Además puede producirse un menor crecimiento, dado que algunas investigaciones demuestran que los niños 'mal comedores' tienen una estatura más baja y un menor peso corporal.

 Asimismo, una "posible" consecuencia a largo plazo de la conducta 'mal comedora' es un menor rendimiento cognitivo como, por ejemplo, dificultades para realizar pruebas que requieran atención, dificultades de memoria, percepción visual, comprensión verbal y otros importantes procesos cognitivos. 

 Por último, el estudio ha mostrado que existe una estrecha relación entre los malos hábitos alimentarios de los niños y el estrés de la familia a la hora de las comidas. Y es que, unos niveles altos de irritabilidad en los padres pueden tener consecuencias negativas a largo plazo en el comportamiento de los niños ya que podrían empeorar sus hábitos alimentarios en el futuro.

Tomado de: www.europapress.es

16 de marzo de 2013

Té verde y café pueden reducir el riesgo de ictus

El té verde y el café pueden ayudar a reducir el riesgo de tener un derrame cerebral, especialmente cuando ambos están entre el consumo regular de la dieta, según las conclusiones de un estudio publicado en 'Stroke: Journal of the American Heart Association'.

 "Este es el primer estudio a gran escala para examinar los efectos combinados de té verde y café sobre los riesgos de accidente cerebrovascular", afirmó Yoshihiro Kokubo, autor principal del estudio en el Centro Cerebral y Cardiovascular Nacional de Japón. "Se puede hacer un cambio de estilo de vida pequeño pero positivo para ayudar a reducir el riesgo de ictus mediante la adición de té verde a su dieta diaria", agrega.

 Los investigadores preguntaron a 83.269 adultos japoneses acerca de su consumo de té verde y los hábitos de ingesta de café, siguiéndolos durante una media de 13 años y encontraron que cuanto más té verde o bebida de café se consumía, menor era el riesgo accidente cerebrovascular. Los participantes en el estudio tenían entre 45 y 74 años, divididos en partes casi iguales entre los géneros y estaban libres de cáncer y enfermedades cardiovasculares.

 Las personas que bebieron al menos una taza de café al día tenían un riesgo un 20 por ciento menor de accidente cerebrovascular en comparación con los que rara vez lo tomaban. Las que ingerían dos o tres tazas de té verde diarias registraban un 14 por ciento menos de riesgo de accidente cerebrovascular y los que bebían al menos cuatro tazas, un 20 por ciento menos de posibilidades de sufrirlo frente a quienes no consumían esta bebida.

 Las personas que bebieron al menos una taza de café o dos tazas de té verde al día tenían un riesgo un 32 por ciento menor de hemorragia intracerebral (cuando un vaso sanguíneo se rompe y sangra dentro del cerebro), en comparación con aquellos que rara vez tomaban estas bebidas. Alrededor del 13 por ciento de los accidentes cerebrovasculares son hemorrágicos.

 Durante los años 13 años de seguimiento, los científicos revisaron los registros hospitalarios de los participantes médicos y certificados de defunción, la recopilación de información sobre las enfermedades del corazón, derrames cerebrales y las causas de la muerte. Se ajustaron sus resultados para tener en cuenta los factores de edad, sexo y estilo de vida como el tabaquismo, el alcohol, el peso, la dieta y el ejercicio.

 Los bebedores de té verde en el estudio eran más propensas a hacer ejercicio en comparación con los no bebedores. Los primeros resultados del estudio mostraron que el consumo de más de dos tazas de café al día se relacionó con aumento de las tasas de enfermedades coronarias del corazón en la edad y el sexo ajustado, pero los investigadores no encontraron la asociación después de tener los efectos de fumar cigarrillos, lo que subraya el impacto del tabaquismo negativo sobre la salud del corazón y el derrame cerebral.

"La acción ordinaria de beber té o café, en gran parte beneficia la salud cardiovascular, ya que mantiene en parte la formación de coágulos", explica Kokubo. El té y el café son las bebidas más populares en el mundo después del agua, lo que sugiere que estos resultados pueden aplicarse en otros países.

 No está claro cómo el té verde afecta a los riesgos de accidentes cerebrovasculares. Un grupo de compuestos conocidos como catequinas puede proporcionar alguna protección porque tienen un efecto antioxidante y antiinflamatorio, por lo que aumenta la capacidad antioxidante del plasma y los efectos antitrombogénicos.

 Algunos productos químicos en el café son el ácido clorogénico, reduciendo así los riesgos de accidente cerebrovascular al disminuir las probabilidades de desarrollar diabetes tipo 2. Investigación adicional aclarará cómo la interacción entre el café y el té verde podría ayudar a reducir aún más los riesgos de accidente cerebrovascular, concluye Kokubo.

Tomado de: www.europapress.es

Objetivos realistas para adelgazar

Por MARÍA MANERA / Tomado de: www.consumer.es

Perder peso de manera eficaz y saludable requiere averiguar cuántos kilos de más se tienen, implementar un cambio de hábitos y contar con la orientación de un especialista

Acosados por los modelos de belleza actuales, por los mensajes de "hágalo ya" y "pierda kilos de inmediato y sin esfuerzo", por las publicidades de dietas milagrosas y por los conceptos rígidos, como el del peso ideal, a menudo nos desmoralizamos en el intento por perder kilos. O bien no conseguimos bajar todo el peso que desearíamos, o nos cuesta demasiado, o volvemos a recuperarlo. ¿Cuáles son los objetivos realistas que debe plantearse una persona que desea adelgazar? ¿Qué cosas debe tener en cuenta? Enfocar mal ese objetivo puede acarrear consecuencias psicológicas negativas (como la frustración o el desánimo) y también físicas, como la recuperación del peso perdido en poco tiempo (efecto yoyó). El presente artículo analiza en qué momento sí es necesario adelgazar y qué objetivos realistas deben plantearse con el fin de evitar fracasos innecesarios.

Adelgazar, ¿cuándo es necesario?

Acumular una cierta cantidad de grasa corporal es normal. Es más, resulta imprescindible para múltiples funciones del organismo. Pero cuando este cúmulo es excesivo se denomina obesidad. Por encima del 12-20% en varones y del 20-30% en mujeres adultas se considera que esta grasa puede ser causa de una reducción de la salud, de la calidad de vida y/o de la longevidad. La obesidad no es, por lo tanto, un problema estético, sino una enfermedad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que está relacionada con el 60% de las defunciones debidas a enfermedades no contagiosas (cardiovasculares, cáncer, diabetes), por lo que este trastorno se ha convertido en la segunda causa de mortalidad prematura y evitable, después del tabaquismo.

Con estos datos, queda patente la trascendencia para la salud de evitar el exceso de peso. La prevención es, sin duda, la mejor estrategia. Pero cuando la acumulación de grasa ya está presente en el organismo, es necesario poner remedio de forma inmediata.

¿Cuántos kilos me sobran?

Perder los kilos de más (en grasa corporal, no en músculo ni en agua) supone ganar salud. Sin embargo, saber si de verdad le sobran a uno kilos, y cuántos, no es fácil. Tal y como afirma el dietista-nutricionista Julio Basulto en su libro 'No más dieta', "el impacto de la publicidad basada en métodos [y productos] fraudulentos para perder peso es absolutamente desmesurado". Ante esta situación de cierta indefensión, es más necesario que nunca ponerse en manos de profesionales sanitarios cualificados.

En la mayoría de estudios de investigación, y también en el ámbito clínico, se emplea el Índice de Masa Corporal (IMC) para diagnosticar la obesidad, que queda clasificada como tal cuando el valor resultante es igual o superior a 30 kg/m2. Si el valor de IMC se encuentra entre 25 kg/m2 y 30 kg/m2, existe un exceso de peso, en concreto "sobrepeso". Valores inferiores a 25 kg/m2 indican que tenemos un peso normal, y por lo tanto, en principio, no es necesario perder kilos. Los valores más cercanos a 25 deberán mantener especial atención en el mantenimiento de hábitos saludables de alimentación y actividad física, sobre todo si hay antecedentes familiares o personales de obesidad, si existe una acumulación de grasa en la zona abdominal, si la persona es sedentaria o si se padece diabetes, hipercolesterolemia o hipertensión arterial.

Objetivos terapéuticos según el grado de exceso de peso

Cuando nuestro peso se sitúa en sobrepeso u obesidad, es necesario iniciar un tratamiento adecuado para adelgazar. La Sociedad Española de Estudio de la Obesidad (SEEDO) opina que en cualquier estadío de exceso de peso es aconsejable una visita y una valoración médica, la cual debería derivar en:
  • consejos alimentarios y dietéticos basados en evidencia científica
  • recomendaciones sobre actividad física
  • modificación de la conducta y estilo de vida
  • un control periódico de la evolución del peso
En las franjas más cercanas al diagnóstico de obesidad, se recomienda la pérdida de un 5-10% del peso en un periodo de 6 meses. Cuando la obesidad está establecida y, por lo tanto, existe un riesgo alto de aparición de enfermedades asociadas al exceso de grasa corporal, el tratamiento por parte de unidades especializadas de obesidad con un seguimiento en el centro de atención primaria es obligatorio, y se basa en una dieta hipocalórica equilibrada e individualizada y en la práctica de determinadas pautas de ejercicio físico. Al final, se pretende reducir el peso al menos un 10% (cuanto mayor es el grado de obesidad, más kilos se plantearán disminuir) y sobre todo, mantener dicha pérdida. A partir de un IMC de 40 kg/m2, la cirugía en unidades de obesidad especializadas es, con frecuencia, el tratamiento de elección.

Consejos sólidos para adelgazar y conservar la salud

Consejos del tipo "como verdura y carne a la plancha" y "vaya usted al gimnasio" son ineficaces y, además, no están basados en la evidencia científica. En el ámbito del ejercicio físico, uno de los pilares del tratamiento del exceso de peso, las sociedades científicas como la Asociación Internacional para el Estudio de la Obesidad (IASO) recomiendan la práctica de entre 45-60 minutos de actividad física diaria para que los sujetos con sobrepeso no deriven hacia la obesidad.

Cuando uno ya está en la denominada etapa de mantenimiento y pretende evitar la recuperación del peso perdido, hay que invertir entre 60 y 90 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada. En estas circunstancias, se pueden escoger varias actividades: caminar rápido, nadar, bailar, practicar excursionismo, bicicleta en terreno llano, bicicleta estática, golf, cortar césped, jardinería en grandes espacios, limpiar ventanas, limpiar el coche a mano, realizar bricolaje, etc.

El tratamiento dietético del exceso de peso es algo complejo e individualizado. El personal médico, junto con el dietista-nutricionista, debe pautar una propuesta dietética que consiga un balance energético negativo y que conlleve la reducción de la grasa corporal. Para ello es necesario establecer unos hábitos alimentarios adecuados y saludables que puedan ser llevados de por vida, con el fin de mantener el peso perdido.

El alto contenido de grasa de los productos lácteos, relacionado con una peor supervivencia del cáncer de mama

 Los pacientes que consumen alto contenido de grasa a través de los productos lácteos tras el diagnóstico de cáncer de mama tienen más posibilidades de morir a causa de la enfermedad años más tarde que aquellos que no ingieren tanta grasa por derivados de la leche, según un estudio realizado por investigadores de Kaiser Permanente, en Oakland, California (Estados Unidos), y publicado en 'Journal of the National Cancer Institute'.

 Estudios anteriores han demostrado que una mayor vida útil de exposición al estrógeno es un camino causal para el cáncer de mama, ya que se cree que los niveles de estrógeno son elevados en los productos lácteos que se consumen en el mundo occidental porque la mayor parte de su leche viene de las vacas preñadas. Las hormonas estrogénicas residen principalmente en la grasa, por lo que los niveles son más altos en grasas que en los productos lácteos bajos en grasa.

 Los investigadores estudiaron una cohorte de mujeres que fueron diagnosticados en las primeras etapas con cáncer de mama invasivo entre 1997 y 2000, principalmente desde el norte de la región de California (83 por ciento) y el Registro de Cáncer de Utah (12 por ciento).

 Aquellas que consumían grandes cantidades de lácteos altos en grasa (una porción o más por día) tenían "mayor mortalidad de cáncer de mama, así como una mayor mortalidad por cualquier causa y superior a la mortalidad sin cáncer de mama", escribieron el autor principal, Candyce H. Kroenke, científico de la División de Investigación de Kaiser Permanente y sus coautores.

"En concreto, las mujeres que consumen una o más porciones diarias de lácteos altos en grasa tenían un riesgo un 64 por ciento mayor de morir por cualquier causa y un 49 por ciento más de riesgo de morir de cáncer de mama durante el periodo de seguimiento", señaló Kroenke. Los investigadores rastrearon la categoría de alto contenido de grasa de los productos lácteos, incluyendo crema, leche entera, condensada o evaporada, flan, quesos, helados, natillas, flan y yogures que no eran bajos en grasa o sin grasa.

 En general, las mujeres analizadas informaron de que consumían leche baja en grasa y mantequilla con mayor frecuencia y que consumían cantidades relativamente limitadas de postres lácteos bajos en grasa, queso bajo en grasa y yogur alto en grasas. En general, el consumo de lácteos bajos en grasa fue mayor (una media de 0,8 porciones por día) que los de alto contenido de grasa láctea (0,5 porciones diarias).

 El estudio encontró una asociación entre el alto contenido de grasa de los productos lácteos y la mortalidad por cáncer de mama, pero ninguna asociación con los productos lácteos bajos en grasa y los resultados de estos tumores. "El alto contenido de grasa láctea en general no se recomienda como parte de una dieta saludable", dijo el autor principal, Bette J. Caan, científico investigador de la División de Investigación de Kaiser Permanente, que recomienda cambiar a lácteos bajos en grasa.

 Las mujeres entraron en la cohorte aproximadamente dos años después de su diagnóstico de cáncer de mama. Al comienzo del estudio, 1.893 mujeres completaron un cuestionario de frecuencia de alimentos y 1.513 de ellas rellenaron un informe de seguimiento seis años más tarde y fueron seguidas durante 12 años en el siguiente estudio.

 A las mujeres se les preguntó la frecuencia con la que consumieron productos lácteos durante el año anterior, las porciones consumidas, qué productos tomaban (incluyendo leche, queso, postres lácteos, yogur y bebidas con leche, como el chocolate caliente o el café con leche, y si los productos lácteos eran con grasa, bajos en grasa o sin grasa. De la muestra total, 349 mujeres tuvieron una recurrencia del cáncer de mama, 372 murieron por cualquier causa y 189 (50,8 por ciento) por cáncer de mama.

Tomado de: www.europapress.es

Los niños que consumen bebidas azucaradas toman más alimentos calóricos

 Las bebidas azucaradas son los principales responsables de un mayor consumo calórico en los niños que las consumen en comparación con los menores que no lo hacen. Además, la ingesta de estas bebidas también se asocia con un mayor consumo de alimentos poco saludables, según las conclusiones de un estudio del Departamento de Nutrición de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill (Estados Unidos), publicadas en 'American Journal of Preventive Medicine'.

 En los últimos 20 años, el consumo de refrescos azucarados, bebidas de frutas, bebidas para deportistas y bebidas energéticas, ha aumentado, causando preocupación porque una mayor ingesta de estas bebidas se asocia con una alta de calorías. Hasta hace poco no estaba claro qué parte de la dieta era responsable de las ingestas calóricas más altas de aquellas personas que toman muchas bebidas de esta clase.

 "Los principales objetivos de nuestro estudio --explica el investigador principal, Kevin Mathias, del Departamento de Nutrición de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill-- fueron determinar el grado en que las bebidas azucaradas contriuyen a un mayor consumo de calorías de los consumidores de estas bebidas y para identificar los alimentos y grupos de bebidas de la dieta general que se asocian con el consumo aumentado de bebidas azucaradas".

 Con datos de entre 2003 y 2010 de una 'Encuesta Nacional y de Nutrición en América', los investigadores analizaron una muestra de 10.955 niños de 2 a 18 años y presentaron los resultados de tres grupos de edades diferentes: 2-5, 6-11 y 12-18 años de edad. Los autores pudieron concluir que las bebidas azucaradas son los principales responsables de una mayor ingesta de calorías entre 2-5 y 6-11 años de edad.

 Un hallazgo similar se observó entre los niños de 12-18 años, sin embargo, tanto la comida como las bebidas azucaradas contribuyeron al aumento de la ingesta calórica de los adolescentes que consumen más de 500 kcal de bebidas con alto contenido en azúcares.

 Mathias concretó que entre todos los grupos de edad analizados, "la densidad de energía (calorías por gramo) de los alimentos consumidos aumentó con una mayor ingesta de bebidas azucaradas". A su juicio, se trata de un hallazgo "preocupante" porque muchos alimentos que se asocian con un mayor consumo de bebidas azucaradas (por ejemplo, pizza, pasteles, galletas, pasteles, papas fritas y dulces) también son fuentes principales de grasas sólidas y azúcares agregados".

Tomado de: www.europapress.es

Dormir poco conduce a comer más y engordar

Dormir pocas horas durante la noche lleva a comer más y, por lo tanto, engordar, según concluye un estudio dirigido por la Universidad de Colorado Boulder (Estados Unidos), publicado en 'Proceedings of the National Academy of Sciences'. "El simple hecho de dormir menos, por sí solo, no va a llevar al aumento de peso. Pero cuando la gente está falta de sueño, les lleva a comer más de lo que realmente necesitan", explica Kenneth Wright, director de sueño CU-Boulder y el Laboratorio de Cronobiología, que dirigió el estudio.

 El estudio, realizado en colaboración con la 'UC Anschutz Medical Campus', sugiere que dormir lo suficiente puede ayudar a combatir la epidemia de obesidad. "No creo que dormir más por sí mismo que va a conducir a la pérdida de peso. Los problemas con el aumento de peso y la obesidad son mucho más complejos que eso, pero podría ayudar. Si podemos incorporar un sueño saludable a los programas de pérdida y de mantenimiento de peso, nuestros hallazgos sugieren que puede ayudar a las personas a obtener un peso saludable, pero se necesita más investigación para probarlo", dice Wright.

 Investigaciones anteriores han demostrado que la falta de sueño puede conducir al aumento de peso, pero las razones de kilos de más no estaban claras. En el nuevo estudio, los investigadores muestran que mientras se permanece despierto más tiempo se requiere más energía, por lo que la los participantes en el estudio comieron alimentos más para compensar las calorías adicionales quemadas.

   Los científicos monitorearon a 16 jóvenes, adultos delgados y saludables que vivieron durante dos semanas en el Hospital de la Universidad de Colorado, que está equipado con una "suite del sueño" para el control de las oportunidades del sueño, en la que se proporciona un ambiente tranquilo y regulado, y un cuarto sellado que permite a los investigadores medir la cantidad de energía que utilizan los participantes en base a la cantidad de oxígeno que inhalan y de dióxido de carbono que exhalan.

 Todos los participantes pasaron los tres primeros días con la oportunidad de dormir nueve horas por noche y comer comidas que fueron controlados para que los participantes sólo ingirieran las calorías que necesitan para mantener su peso con el fin de establecer medidas de referencia. Pero después de los primeros días, los participantes se dividieron en dos grupos: uno que pasó cinco días con sólo cinco horas durmiento y otro que estuvo cinco días con nueve horas de sueño, ambos grupos con oferta de comidas más grandes y acceso durante todo el día a bocadillos, fruta, yogur, helados y patatas fritas.

 Después del período de cinco días, los grupos cambiaron. En promedio, los participantes que dormían hasta cinco horas por noche quemaron un 5 por ciento más de energía que los que dormían hasta nueve horas por noche, pero consumiroeron un 6 por ciento más calorías. Los que durmieron menos horas también tendían a comer porciones más pequeñas, pero comían más bocadillos tras la cena, por lo que la cantidad total de calorías que consumieron en tentempiés por la tarde era más grande que las calorías que componen cada comida individual.

 El nuevo estudio añade al creciente cuerpo de evidencia que demuestra que comer en exceso en la noche puede contribuir al aumento de peso. "Cuando la gente tiene sueño restringido, nuestros resultados muestran que comen durante la noche biológica cuando su fisiología interna no está diseñada para tomar esa comida", explicó Wright.

 Wright y sus colegas también encontraron que los hombres y las mujeres respondieron de manera diferente: los hombres ganaron algo de peso, incluso con un sueño adecuado, cuando podían comer todo lo que querían, mientras que las mujeres simplemente mantuvieron su peso cuando tenían sueño adecuado, independientemente de la cantidad de comida disponible. Tanto hombres como mujeres aumentaron de peso cuando sólo se les permitió dormir durante un máximo de cinco horas.

Tomado de: www.europapress.es

9 de marzo de 2013

Las carnes procesadas, enemigas de la salud

Los cárnicos procesados (salchichas, tocino, etc) tienen más sal y grasas. Las nitrosaminas que evitan su contaminación, aumentan el riesgo de cáncer

Que la carne roja no es precisamente aliada de la salud no es ningún secreto. Varios estudios han alertado del riesgo de cáncer y otras enfermedades asociadas a un elevado consumo de este alimento. Ahora, una amplia muestra de europeos confirma además el riesgo adicional derivado de las carnes procesadas (como salchichas o tocino).

El estudio EPIC (siglas en inglés de Investigación Europea Prospectiva sobre Cáncer y Nutrición) se inició en 23 centros de 10 países europeos en los años noventa, y el seguimiento a largo plazo de miles de individuos permite obtener interesante información sobre el papel de la dieta en la salud.

En esta ocasión, la revista 'BMC Medicine' publica los resultados con medio millón de individuos cuya dieta se ha evaluado al dedillo durante años.

Sus conclusiones, en las que también han participado investigadores de varias instituciones españolas, alertan de que las personas con mayor consumo de carnes procesadas tienen mayor riesgo de cáncer y problemas de corazón. El trabajo señala que alimentos como el beicon, el salami, las salchichas y otros tipos de preparados de carne industriales (como las hamburguesas, albóndigas o lasañas precocinadas, por ejemplo) se asocian con mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y cáncer.

Curiosamente, el estudio EPIC no observó el mismo riesgo derivado del consumo de carne roja en sí (ternera), algo que por ejemplo sí se había observado en investigaciones estadounidenses similares. El doctor Carlos A. González, coordinador de la rama española del EPIC, aclara que esto se debe a diferencias metodológicas, porque el estudio se refiere a cáncer en general, y no únicamente a tumores en los que el papel de la dieta es bien conocido. "La relación de la carne roja con tumores de colon, estómago o esófago está bien demostrada", explica a ELMUNDO.es.

El problema añadido de los preparados cárnicos (como las salchichas) es que contienen mayores niveles de ácidos grasos y colesterol que la carne al natural. Estos alimentos, además, son ricos en grasas y, además, contienen elevados niveles de sal ("que se añade durante el procesado para aumentar su durabilidad"). Todos estos procesos industriales pueden añadir además los niveles de ciertas sustancias carcinógenas, como las nitrosaminas (que se añaden para impedir la contaminación bacteriana de la carne), lo que podría estar detrás del aumento del riesgo de cáncer observado en EPIC.

Sus conclusiones apuntan a que reducir a sólo 20 gramos diarios el consumo de carnes procesadas podría evitar un 3% de la mortalidad en la Unión Europea; lo que equivaldría a unas 700 muertes evitables en la muestra de medio millón analizada.

En el caso concreto de España, González, de la Unidad de Nutrición y Cáncer del ICO, las estadísticas alertan de un elevado consumo de carne roja y preparados. "Los organismos científicos internacionales recomiendan unos 70 gramos al día de carne roja; y en España se come una media de 250-300 al día", advierte este especialista. Precisamente en el estudio se advierte que el riesgo de cáncer comienza a aumentar a partir de los 80 gramos diarios de carne roja y a partir de los 40 gramos diarios de productos cárnicos industriales.

El corazón no es el único órgano afectado por el consumo elevado de sal. Según publican varios estudios independientes esta semana en la revista 'Nature' este condimento también podría ser responsable del aumento que han experimentado en los últimos años las enfermedades autoinmunes.
Según han demostrado en ratones científicos de Yale (EEUU), una dieta rica en sal aumenta la producción de un tipo de células inflamatorias, que se han asociado anteriormente a ciertas patologías autoimunes. Según su hipótesis confirmada con los animales, el sodio provoca una reacción inflamatoria en los tejidos, que reaccionan produciendo células defensivas que, en lugar de atacar a un patógeno o cuerpo extraño, acaban atacando a los propios tejidos del organismo.

En el estudio se observó que los ratones con una dieta más rica en sal desarrollaban una forma grave de anorexia. Por eso, los científicos quieren observar ahora si el mismo fenómeno se produce con otras patologías autoinmunes, como la psoriasis.

Tomado de: www.elmundo.es

Obesos, pero sanos

Por BITTOR RODRÍGUEZ / Tomado de: www.consumer.es

Tres de cada diez personas que padecen obesidad no tienen complicaciones metabólicas asociadas al sobrepeso debido a su adecuada condición física

La obesidad ocupa el rango de pandemia en los países de Occidente, tal como advierte la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por ello -y por las múltiples campañas públicas de alimentación saludable que se han hecho- en la actualidad ya casi nadie pone en duda de que se trata de una "enfermedad" que es necesario combatir. Para muchos ciudadanos, el exceso de peso encarna uno de los "demonios" más populares; uno capaz de adoptar múltiples formas en el medio o largo plazo. A saber: hipertensón, hipercolesterolemia, problemas cardiacos, diabetes y una larga lista de etcéteras. Sin embargo, a la luz de recientes estudios, es posible que los profesionales de la nutrición, los medios de comunicación y las empresas que venden productos asociados al estilo de vida saludable hayan alimentado de más al "monstruo de la obesidad", enmarcándolo en un escenario no del todo real. El exceso de peso sí aumenta el riesgo de sufrir muchas patologías, pero, ¿es sin duda una enfermedad? Para responder a esta pregunta, el siguiente reportaje expone cuáles son los riesgos del exceso de peso, presenta sus "otras" cifras y explica la paradoja de la obesidad.

Los riesgos de la obesidad

Dos factores -la prevalecia y la evolución- hacen que, en la actualidad, la obesidad sea el problema de salud originado por la alimentación más importante del mundo. En general, se diagnostica mediante el IMC y la composición corporal, y se considera un problema tanto por la merma de esperanza de vida que provocan las patologías que la acompañan (diabetes tipo II, dislipemias, hipertensión, gota, patologías coronarias, ictus y cáncer, entre otras) como por el gasto derivado de la asistencia sanitaria que requiere.

Pero, sin duda, son sobre todo las complicaciones metabólicas asociadas a la obesidad las que influyen de manera directa sobre la calidad y la esperanza de vida de quienes la padecen y, por tanto, hacen de ella un problema de salud de primera magnitud. Si se tiene en cuenta que, según la OMS, en 2015 el planeta ostentará el récord de 2.300 millones de personas adultas con sobrepeso y 700 millones con obesidad, resulta lógico que la lucha contra ella se considere prioritaria.

Las otras cifras de la obesidad

Lejos de las cifras de prevalencia, que la obesidad es un buen negocio no es ninguna novedad. Propuestas a modo de píldoras, sobres, máquinas o libros facturan millones de euros al año y siempre argumentan que previenen o tratan "el drama de la obesidad", al tiempo que dan detalles sobre las patologías asociadas que tanto inquietan a la población. En un intento por esquivar los problemas sociales y de salud asociados al sobrepeso, el 80% de la población que decide adelgazar recurre a toda clase de brebajes y fotocopias antes de ponerse en manos de un dietista-nutricionista, y gasta de media unos 60 euros al mes. Todo sea por evitar esa larga lista de problemas de salud.

Esta dinámica promueve lo que podría considerarse una autentica "invasión de la obesidad" en términos sociales y mediáticos. Basta comprobar que las palabras "obesidad" y "adelgazar" generan 16 millones de entradas en un buscador de Internet, o más de 22.000 entradas si se buscan noticias asociadas. A la población se le habla mucho sobre la obesidad y sus problemas, y la población también conversa al respecto, puesto que las palabras "foro adelgazar" generan 1,5 millones de entradas.

Con este marco, no resulta extraño que muchas de las personas que padecen obesidad estén hartas de un entorno en el que se les recuerda de manera continuada que están muy enfermas y que, con toda probabilidad, morirán de alguno de los episodios de esa más que manida lista de patologías. Tanto es así que, en la actualidad, existen asociaciones para la aceptación de la obesidad conformadas por personas que se sienten maltratadas por la manera y las dimensiones en que se mueve la información y se aborda el tema del sobrepeso. Todo esto, unido a recientes descubrimientos científicos, hace que resulte más que necesario reflexionar no solo sobre las dimensiones, sino sobre el abordaje de este importante problema.

La paradoja de la obesidad

En 2008, algunos investigadores sugerían que, en la personas obesas, el patrón de distribución de la grasa visceral determina el riesgo de padecer o no algunas de las complicaciones de la obesidad (en este caso resistencia a la insulina y arteriosclerosis temprana). Es decir, determinaron una obesidad sin algunas de las más importantes complicaciones metabólicas asociadas y, con ello, se empezó a acuñar la expresión "obeso metabólicamente sano".

Desde entonces se ha profundizado en lo que se denomina la "paradoja de la obesidad" y algunos rigurosos estudios han demostrado que, en efecto, existen individuos "obesos metabólicamente sanos" (sin complicaciones metabólicas asociadas a la obesidad) con nada menos que un 38% menos de riesgo de mortalidad por cualquier causa y un 30-50% menos de riesgo de morir por enfermedades cardiovasculares o cáncer que los obesos "no sanos". Otra de las importantes aportaciones de estos estudios es que demuestran que la clave parece estar en la condición física (masa muscular), y no tanto en el IMC o el porcentaje de grasa corporal.

De hecho, también hace tiempo que se conoce que una buena condición física (capacidad aeróbica y cardiorrespiratoria) mejora los perfiles lipídicos plasmáticos y la función hepática y, por tanto, la sensibilidad a la insulina, lo que previene la diabetes tipo II, con independencia del peso corporal. Por el contrario, una pobre condición física, además de perjudicar al individuo obeso, puede incluso determinar que existan individuos con peso normal pero con las clásicas patologías asociadas a la obesidad (diabetes tipo II, dislipemias, etc.). Esta situación es, en sí misma, más peligrosa desde el punto de vista del riesgo cardiometabólico que una obesidad con patologías asociadas.

Los nuevos descubrimientos permiten a los científicos estimar que alrededor del 30% de las personas que padecen obesidad no tienen complicaciones metabólicas asociadas debido a su adecuada condición física. Por tanto, tienen un bajo riesgo de mortalidad por las causas vinculadas de manera clásica a la obesidad y, en consecuencia, pueden considerarse "obesos metabólicamente sanos". Queda por evaluar si una mejor condición física evitaría los otros inconvenientes derivados del exceso de peso como, por ejemplo, los problemas articulares.

Con estos datos, la ciencia abre una perspectiva renovada de la obesidad, mostrándonos quizá la verdadera medida y origen de sus riesgos. Por lo pronto, nos emplaza a realizar un diagnóstico más profundo, a ahondar en el perfil metabólico y la condición física para identificar qué individuos, por ser obesos con complicaciones metabólicas y baja condición física, se beneficiarían más de una reducción de grasa corporal y cuáles son "obesos metabólicamente sanos". En síntesis, no parece correcto ni considerar a todos los obesos tan enfermos como hasta ahora, ni entender la obesidad o a la grasa corporal como el mayor condicionante de las patologías asociadas a una elevada y precoz mortalidad.

Más azúcar, más peso, más grasa

 Por MAITE ZUDAIRE /Tomado de: www.consumer.es

La ingesta habitual de alimentos azucarados y bebidas dulces es un factor determinante del peso y de la grasa corporal

El consumo desmesurado o habitual de alimentos azucarados se asocia a la ganancia de peso, pero a una ganancia poco sana, donde el aumento de grasa es lo más llamativo del peso ganado. Así lo demuestra un metaanálisis realizado por los departamentos de Nutrición Humana y de Medicina de la Universidad neozelandesa de Otago. La ingesta de azúcares o de alimentos dulces y azucarados -incluidas las bebidas- es un factor determinante del peso y de la grasa corporal. El siguiente reportaje señala los límites entre una ingesta necesaria y excesiva de azúcar, explica cómo se relaciona ese ingrediente con la obesidad y el sobrepeso y ofrece cuatro alternativas para sustituir el azúcar de manera natural.

Azúcar: entre la necesidad de energía y el exceso de calorías

La obesidad es la enfermedad crónica de mayor impacto en los países desarrollados. Por ello, la búsqueda para descubrir su causa fundamental despierta un gran interés en el mundo científico. Pese a que la glucosa es un tipo de azúcar -uno de los más sencillos- y es el combustible elemental del organismo humano, el azúcar no es un alimento básico. Desde la óptica nutricional y de salud, todos los "azúcares libres" son prescindibles, en tanto que se añaden a los alimentos solo para hacerlos más agradable al paladar.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define como "azúcares libres" a todos los monosacáridos y disacáridos añadidos a los alimentos durante su procesamiento (fabricación), preparación (cocinado) o en la mesa (consumidor), además de los azúcares presentes de forma natural en la miel, en los siropes y en los zumos de frutas. En términos generales, el contenido de azúcar de muchos alimentos procesados, dulces o azucarados, es alto, en particular los alimentos destinados al público infantil. Es difícil que los niños, con la gran disponibilidad de alimentos que tienen a su alcance, consuman de forma habitual solo el 10% de su dieta en forma de "azúcares libres", el máximo recomendado.

El exceso en el consumo de azúcares tiene consecuencias. La glucosa es, en última instancia, el combustible del cuerpo humano. Sin embargo, el exceso de glucosa no utilizada por la actividad orgánica se almacena en forma de grasa. El problema con las dietas con alto contenido de azúcares es que provocan picos de insulina seguidos de un rápido descenso en la glucemia, que a menudo conduce a una necesidad mayor de tomar más dulce. Esta conducta, mantenida en el tiempo, puede conducir a problemas tales como la resistencia a la insulina y la obesidad abdominal.

Azúcar y sobrepeso, ¿cómo se relacionan?

La sugerencia de que el azúcar podría tener efectos adversos en la salud es un tema recurrente en diversos estudios epidemiológicos y clínicos desde hace décadas. Hay afirmaciones de que la ingesta elevada de azúcares sencillos puede estar asociada con un mayor riesgo de diversas condiciones; desde la obesidad y las enfermedades cardiovasculares, hasta la diabetes o el hígado graso. Sin embargo, las deficiencias en algunos estudios (como las diferencias en la ingesta de azúcares o el tamaño de la muestra, entre otros factores) explican que los resultados de algunas investigaciones sean inconsistentes, o que las conclusiones sobre estas asociaciones no sean concluyentes. En la actualidad, la asociación más sólida es la que vincula un alto consumo de bebidas azucaradascon el desarrollo de obesidad.

Para actualizar las recomendaciones sobre el consumo de azúcares, el Grupo de Nutrición y Salud de la OMS (NUGAG) encargó una revisión sistemática de la literatura científica y médica para responder a cuestiones relacionadas con los efectos del consumo de azúcares "libres" con el exceso de adiposidad. Además de dar respuesta a cuestiones tales como si la reducción o el aumento de la ingesta de azúcares de la dieta influye en las medidas de la grasa corporal en adultos y en niños, también se buscaba evidencia que respaldara la recomendación de reducir la ingesta de "azúcares libres" a no más del 10% de la energía total.

En los ensayos de intervención incluidos en el metaanálisis solicitado por la OMS, la reducción en la ingesta de azúcares de la dieta en las personas adultas se asoció con una reducción significativa del peso (entre el 13% y el 38%) al final del período de intervención, que fue de entre 10 semanas y 8 meses, en comparación con los otros grupos en los que o no se habían reducido los azúcares o se había aumentado su ingesta. Otros estudios demostraron no encontrar diferencia en el peso si los azúcares ingeridos son en forma de sacarosa (azúcar común) o de fructosa, edulcorante calórico utilizado para endulzar numerosos productos y bebidas.

En los niños, la evidencia más sustancial es la que confirma la relación entre el consumo de bebidas endulzadas con azúcar y el riesgo de tener sobrepeso, determinado por una mayor adiposidad. Entre las personas que consumen dietas "ad libitum" (a voluntad), la ingesta de azúcares, dulces o bebidas azucaradas es un factor determinante del peso corporal.

Cuatro sustitutos naturales del azúcar

Las nuevas necesidades en el cuidado de la salud abren nuevos caminos en la búsqueda de alimentos, ingredientes o aditivos, como sustitutos más saludables de aquellos cuyo consumo conviene moderar. El azúcar es uno de los ingredientes comprometidos. La industria alimentaria ha optado por la fructosa para endulzar numerosos productos y bebidas, al tratarse de un azúcar simple con un mayor poder edulcorante que la propia sacarosa. Sin embargo, el cambio no es positivo, en tanto que hay evidencia de que el consumo elevado de productos edulcorados con fructosa favorece los depósitos de grasa en el hígado y altera el perfil de lípidos sanguíneos.
  1. Entre los edulcorantes que ofrece la naturaleza está el sirope de ágave, al que se le reconoce doble poder edulcorante que la sacarosa, en gran medida por el alto contenido en fructosa (70%).
  2. Una composición similar -aunque un sabor diferente- es el que ofrece el sirope de savia de arce, también usado como edulcorante en la elaboración de numerosos productos dulces. Aunque en ambos casos se trata de azúcares naturales, su condición de dulce y su composición rica en fructosa obligan a tomarlos con moderación, más si se siguen dietas de control de azúcares como en caso de diabetes, sobrepeso y obesidad, triglicéridos elevados o hígado graso.
  3. La estevia es el componente dulce natural con mejor reputación hasta el momento. Se trata de una planta a la que se le reconocen potenciales propiedades saludables en el control de la glucemia y la hipertensión arterial.
  4. Las melazas, obtenidas por la fermentación de los cereales, también son interesantes opciones dulces como sustitutos del azúcar.

Consumir dos raciones de nueces semanales reduce el riesgo de diabetes tipo 2 en mujeres

Consumir dos raciones de nueces semanales --28 gramos por ración-- reduce un 21 por ciento el riesgo de sufrir diabetes tipo 2 en mujeres, según ha mostrado un equipo de investigadores del Harvard School of Public Health, cuya investigación ha sido publicada en el 'Journal of Nutrition'.

Los expertos han llegado a esta conclusión tras comparar los resultados obtenidos en el seguimiento de 58.063 mujeres de entre 52 y 77 años que participaron en el Nurses Health Study (NHS) entre 1998 y el 2008; y de las 79.893 participantes de entre 35 y 52 años del estudio NHS II entre los años 1999 y el 2009. Al comenzar ambos estudios, ninguna de las participantes presentaba diabetes, enfermedades cardiovasculares o cáncer.

La dieta y el estilo de vida son claves en la lucha contra la diabetes, y evidencias recientes sugieren que tiene mayor importancia el tipo de grasa que se consume que la cantidad total de grasa que se ingiere.

Mientras que la mayoría de frutos secos contienen un alto porcentaje de grasas monoinsaturadas, las nueces se diferencian porque se componen básicamente de ácidos grasos poliinsaturados, que ya se habían asociado a la reducción de la resistencia a la insulina y el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Precisamente, las nueces son el único fruto seco con una cantidad significativa de ácido alfa-linolénico, los ácidos grasos Omega 3 de origen vegetal.

"Las nueces son un ingrediente esencial de una dieta equilibrada y variada. Los resultados obtenidos --que normalmente sólo se consiguen con potentes medicamentos--, son sólidos y remarcables e indican, de manera fehaciente, la importancia de consumir alimentos completos, como las nueces, en la lucha contra la diabetes", ha recalcado el experto en diabetes y obesidad, David Katz.

Tomado de: www.larazon.es