25 de mayo de 2013

Muy pocos niños hacen caso de la información calórica de la comida rápida, según un estudio

Aunque se pide a algunas cadenas de comida rápida que proporcionen información sobre las calorías y otro tipo de información nutricional para que los consumidores puedan elegir sabiendo qué es lo que toman, los niños que comen comida rápida al menos dos veces a la semana tienen un 50 por ciento más de probabilidades de usar esta información que los que comen comida rápida con menos frecuencia, según un nuevo estudio estadounidense.

Los que son más propensos a hacer caso de la información calórica son las chicas y los niños obesos, afirmaron los investigadores de los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC) de EE. UU.

El estudio aparece en la edición en línea del 23 de mayo de la revista Journal of Public Health.

"Nuestros hallazgos son importantes dada la gran cantidad de casos de obesidad entre los jóvenes y los efectos adversos en la salud asociados con la obesidad", comentó la autora principal del estudio, la Dra. Holly Wethington, en un comunicado de prensa de la revista. "Es esperanzador ver que una gran cantidad de jóvenes, concretamente los que padecen de obesidad, afirmaron que usaban la información de las calorías".

"Esto podría llevar a que se tomaran mejores decisiones sobre la comida y la bebida como medio de gestionar el peso, aunque se necesita más investigación para evaluar si los jóvenes saben cuántas calorías deberían consumir al día en función de su nivel de actividad", añadió Wethington, de la división de nutrición, actividad física y obesidad de los CDC.

La obesidad en la infancia se ha triplicado en las últimas décadas, en parte debido a la comida rápida, que tiene más calorías, sal y grasa que la comida preparada en casa, señalaron los investigadores de los CDC. Para llevar a cabo el estudio, analizaron las encuestas realizadas por correo a 721 niños de 9 a 18 años de edad.

En la encuesta, realizada en otoño de 2010, se preguntaba a los niños con qué frecuencia comían comida rápida y si tenían en cuenta la información calórica del menú. También se les preguntó si usaban esta información a la hora de decidir qué iban a comer. Los investigadores también tuvieron en cuenta la edad, el sexo, la estatura y el peso de los participantes.

El 56 por ciento de los encuestados eran chicos, y aunque la mayoría de los niños tenían un peso saludable, el 13 por ciento eran obesos.

La encuesta reveló que el 66 por ciento de los chicos afirmaron que comían comida rápida una vez a la semana o menos, y el 34 por ciento dijeron que lo hacían dos o más veces a la semana.

El 42 por ciento de los niños afirmaron que tenían en cuenta la información calórica a la hora de decidir qué iban a comer y el 58 por ciento indicaron que nunca la usaban, descubrió la encuesta.

Las chicas tenían un 80 por ciento más de probabilidades de tener en cuenta las calorías que los chicos, y los niños obesos tenían un 70 por ciento más de probabilidades de usar esa información.

Los que comían comida rápida dos veces a la semana o más tenían un 50 por ciento menos de probabilidades de tener en cuenta las calorías que los niños que lo hacían con menos frecuencia, descubrieron los investigadores.

Los autores del estudio sugirieron que las autoridades de salud pública y escuelas podrían crear programas educativos diseñados a ayudar a las personas jóvenes a que entendieran la información sobre las calorías, de manera que pasara a formar parte de su estrategia global de control del peso.

"Esta investigación, que es bien recibida, aporta cosas a nuestra comprensión de los jóvenes y las decisiones que toman para comer", comentó en el comunicado de prensa Lindsey Davies, presidenta de la Facultad de Salud Pública del Reino Unido. "Es una buena noticia que algunos jóvenes quieran saber más acerca de la comida que comen y que usen la información calórica en los restaurantes de comida rápida".

Sin embargo, a fin de combatir la epidemia de obesidad, Davies añadió que es importante saber por qué las personas jóvenes deciden comer comida rápida tan a menudo. Los legisladores podrían ayudar a abordar el problema prohibiendo las grasas trans, que no tienen ningún valor nutricional y pueden incrementar el riesgo de enfermedades cardiacas.

¿Más frutas y hortalizas, o menos alimentos insanos?

Por: JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

Diversos estudios apuntan que es preferible reducir el consumo de alimentos insanos que aumentar el consumo de alimentos saludables

Casi todos los comités de nutrición humana aconsejan aumentar el consumo de alimentos de origen vegetal para conseguir que la dieta sea más saludable. Estos consejos parten de la suposición de que si la población toma más frutas y verduras, reducirá el consumo de alimentos superfluos. Pero ¿esto es así? Las personas que incrementan el consumo de alimentos saludables, ¿de verdad disminuyen su consumo de calorías a partir de comida menos sana? De dicha duda, razonable, surge una nueva tendencia en el campo de la dietética: dirigir las recomendaciones, de manera explícita, a disminuir los alimentos con baja calidad nutricional sin enfatizar el aumento de la ingesta de alimentos saludables. El presente artículo explica la enorme diferencia entre añadir y sustituir determinados alimentos, así como el cambio de estrategia para fomentar una dieta sana.

Elección de alimentos: la diferencia entre añadir y sustituir

El reputado American Institute for Cancer Research (AICR) publicó en marzo de 2013 una impactante reflexión en su cuenta de twitter: "para reducir tu ingesta de calorías, no añadas hortalizas, frutas o cereales integrales. Escógelos en lugar de alimentos ricos en grasas o azúcares". Así, para disminuir la ingesta calórica o para mejorar el perfil nutricional de la dieta, el AICR considera que en vez de "añadir" alimentos sanos, es más conveniente dejar de tomar alimentos ricos en los llamados "nutrientes conflictivos". Una vez eliminadas las calorías que nos aportan los alimentos con baja calidad nutricional (refrescos, bollería, repostería, helados, aperitivos salados, postres lácteos, salsas, bebidas alcohólicas, etcétera), será el momento de añadir frutas, hortalizas, cereales integrales, legumbres o frutos secos.

No se trata, en cualquier caso, de un enfoque novedoso. En el año 2010, el Consejo Asesor de las Guías Dietéticas americanas, con la asistencia de la Colaboración Cochrane, declaró que la población debería "evitar" las bebidas azucaradas. La palabra "evitar" es, hasta la fecha, la recomendación más rotunda emitida en un documento de esta naturaleza. Aunque no sorprende, dada la clara asociación de estas bebidas con las dolencias cardiovasculares. Ese mismo año, Cohen y colaboradores publicaron, en la revista Public Health Reports una investigación con un elocuente título: '¿Tomamos pocas frutas y hortalizas o tomamos demasiada cantidad de galletas, dulces, aperitivos salados y refrescos?'. En su trabajo observaron que el "consumo excesivo" de calorías a partir de alimentos superfluos era mucho mayor que el "consumo insuficiente" de frutas y verduras, tras tomar como referencia las recomendaciones de las guías de alimentación. Concluyeron, por tanto, que las políticas alimentarias deberían promover una disminución en el actual consumo (excesivo) de alimentos superfluos en vez de incitar a una mayor ingesta de frutas y hortalizas.

Diversos estudios publicados tras la aparición de la investigación de Cohen y colaboradores corroboran este punto de vista. Así, un trabajo llevado a cabo por la Universidad de Tennessee y aparecido en abril de 2012 observó que promover la ingesta de frutas y hortalizas es efectivo para aumentar su consumo en niños, pero que ello no se asocia a una reducción ni en la ingesta de energía ni a una disminución en la cantidad de alimentos con alta densidad energética, como los aperitivos salados. Cinco meses después, Houchins y colaboradores (Universidad de Purdue) observaron que añadir frutas y hortalizas en adultos con sobrepeso u obesidad puede contribuir a la ganancia de peso, debido a que las calorías añadidas no se compensan con una disminución en el consumo de otros alimentos no saludables.

El mismo equipo obtuvo resultados similares en una investigación publicada en noviembre de 2012 en la revista International Journal of Obesity. Tras su publicación, diversos expertos, tal y como recogió la agencia Reuters, coincidieron en que se debe evitar transmitir a la población que "añada" alimentos sanos a su dieta habitual, ya que ello podría traducirse en una ganancia de peso, algo no recomendable. Barbara Rolls, presidenta de ciencias de la nutrición en la Universidad Estatal de Pensilvania, indicó a Reuters que "si le decimos a la gente que añada algo a su dieta, es posible que no pierda peso, e incluso puede que lo gane, aunque eso que añada sean frutas y hortalizas".

Cambio de estrategia: difundir los perjuicios en lugar de los beneficios

La Universidad de Zaragoza ha sido la última en sumar evidencias al respecto. En una investigación recién publicada en la revista European Journal of Clinical Nutrition y cuya primera firmante es la dietista-nutricionista Silvia Bel-Serrat, se ha constatado que tomar una baja cantidad de bebidas azucaradas sería más importante que seguir una dieta rica en frutas y hortalizas a la hora de prevenir el riesgo cardiovascular en niños.

Es posible que en el ámbito de la alimentación saludable termine por suceder lo que ocurre en la actualidad en el campo de la lactancia materna: la Comisión Europea no señala hoy los beneficios de amamantar, sino que detalla los potenciales riesgos de la lactancia artificial. Esto es así porque durante muchos años la lactancia materna se ha promocionado, sin éxito, mediante la enumeración de sus efectos beneficiosos. Al comprobar que dicha promoción no se traducía en un mayor número de madres dando el pecho, se diseñaron campañas centradas en mostrar los riesgos de no amamantar, cuyo éxito es mucho mayor.

Quizá sea el momento, por tanto, de dejar de enumerar los beneficios de una dieta sana para empezar a mostrar los riesgos de los malos patrones de alimentación, etiquetados por la Organización Mundial de la Salud como "dietas malsanas". En muchas ocasiones lo que "no hacemos mal" es más importante que lo que "hacemos bien".

Perder peso podría aliviar la acidez crónica

Los hombres y mujeres con sobrepeso y obesos que sufren de acidez con frecuencia reportan alivio cuando pierden peso, muestra un estudio reciente.

Los investigadores rastrearon los efectos de perder peso durante un año en pacientes que sufrían de una forma persistente de acidez conocida como reflujo gastroesofágico, o ERGE.

"Si se pierde peso, habrá mejoras en los síntomas de reflujo", aseguró la autora del estudio, la Dra. Preetika Sinh, gastroenteróloga de la Facultad de Medicina de la Universidad de Kansas. Añadió que el ejercicio a largo plazo también ayudó a reducir los síntomas en las mujeres, aunque no en los hombres.

Sinh presentó los hallazgos el lunes en la reunión de la Semana de las Enfermedades Digestivas, en Orlando, Florida.

Investigaciones anteriores también han vinculado el hecho de perder peso con un declive en los síntomas de ERGE.

La acidez o indigestión ácida es muy común. Más de 60 millones de estadounidenses la sufren al menos una vez al mes, según el Colegio Americano de Gastroenterología (American College of Gastroenterology). El ácido estomacal vuelve al esófago, y la acidez comienza.

La ERGE, la forma crónica más frecuente de acidez, puede llevar a complicaciones si no se trata, lo que incluye un estrechamiento del esófago o cambios precancerosos en el revestimiento esofágico.

Sinh evaluó a más de 200 hombres y mujeres con una edad promedio de 46 años. Al inicio del estudio, todos tenían sobrepeso o eran obesos, con un peso promedio de 100 kilos (220 libras).

Al inicio del estudio, el 38 por ciento de los participantes tenían puntuaciones de acidez suficientemente graves como para ser clasificadas de ERGE. Tras seis meses, el peso promedio de los pacientes se redujo a 83 kilos (183 libras), y solo el 16 por ciento seguían teniendo ERGE.

En los próximos seis meses, 172 de los pacientes volvieron a ganar peso, y el porcentaje de los que tenían acidez aumentó de nuevo, del 16 al 22 por ciento. Incluso un aumento pequeño de peso, de menos del 5 por ciento del peso inicial, llevó a un empeoramiento de los síntomas, halló Sinh.

Entonces, Sinh se concentró en los 41 pacientes que no recuperaron peso, y halló que el porcentaje de los que tenían acidez siguió en declive y que los síntomas continuaron mejorando.

Como parte del programa para perder peso, se pidió a los pacientes que intentaran hacer cinco horas por semana de actividad moderada, como caminar o trotar. El tiempo promedio que lograron hacer fue de poco menos de cuatro horas, apuntó Sinh.

El ejercicio también ayudó a mejorar la acidez en las mujeres, pero no en los hombres.

Sinh dijo que no puede explicar los mecanismos subyacentes respecto a la pérdida de peso ni al ejercicio, ni por qué el ejercicio pareció ayudar solo a las mujeres. Aunque el estudio encontró un vínculo entre la pérdida de peso, el ejercicio y la ERGE, no estableció causalidad.

Aunque el uso de antiácidos es común, Sinh dijo que no puede decir si los hombres y las mujeres mejoraron lo suficiente como para prescindir de los fármacos, ya que no dio seguimiento a esos resultados. Para empezar, solo alrededor del 5 por ciento de los hombres y de las mujeres tomaban antiácidos, comentó.

Una experta dijo que el estudio contó con algunos puntos fuertes.

Para comenzar, se estudió a un número relativamente alto de personas, planteó la Dra. Lauren Gerson, profesora asociada de medicina y gastroenterología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford.

Además de simplemente pedir a los pacientes que reportaran los síntomas, comentó, "sería útil tener estudios del pH [que se hacen para evaluar la ERGE] para documentar la mejora en las puntuaciones totales del pH tras la pérdida del peso".

Pero dijo que aun así, los hallazgos se hacen eco de los de un estudio aún más grande, publicado en 2006, que halló que el aumento de peso (incluso entre las personas con un peso normal) se relacionaba con nuevos síntomas de acidez y que perder peso se vinculaba con un declive en los síntomas.

Todavía está por responder si perder peso puede ayudar a las personas con acidez a descontinuar los fármacos para el reflujo, dijo Gerson.

Debido a que este estudio se presentó en una reunión médica, sus datos y conclusiones deben ser considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.

Nuevos trastornos alimentarios ‘nutren’ lista de males mentales

Atracones frecuentes de comida en los que la persona tiene el hábito de comer en exceso en muy poco tiempo son ahora un trastorno alimentario por sí mismo y no un síntoma de otro trastorno alimentario.

Además, el ingerir constantemente cosas que no son alimentos (como papel, tierra, lápices u otros objetos) es oficialmente un trastorno, conocido como “pica”.

Por otra parte, las personas que tienen como costumbre regurgitar los alimentos (es decir, que una vez masticados y tragados buscan devolverlos hacia la boca) para saborearlos, ahora son catalogadas como pacientes del trastorno de rumiación.

Incluso, los niños que siempre se niegan a comer lo que sus papás les sirven, al punto de llegar a tener un peso mucho más bajo y no tener sus necesidades alimentarias cubiertas, serían pacientes de un nuevo trastorno oficial: el desorden del rechazo de consumo de comida.

Estos son parte de los cambios incluidos en la quinta edición del Manual de diagnóstico y estadísticas de desórdenes mentales ( DSM5 ), el cual fue presentado ayer en el Congreso de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

Estos cambios también trajeron modificaciones a los conceptos de anorexia y bulimia. Por ejemplo, ya no es necesario que desaparezca la menstruación para determinar que una mujer sufre anorexia.

Las razones

El grupo consultor del capítulo de trastornos alimentarios del DSM5 indicó que fueron varias las razones para incluir estos nuevos desórdenes.

“En los últimos años, investigadores, nutricionistas, psiquiatras y psicólogos vieron que un número significativo de personas con trastornos alimentarios no cabía dentro de las categorías de anorexia y bulimia”, cita la última versión del manual.

“A todos ellos se les diagnosticaba con ‘trastorno alimenticio indeterminado o no explicado’. Estudios han demostrado que muchos de estos individuos realmente tenían uno de estos nuevos trastornos, especialmente el trastorno del atracón”, agrega el documento.

Con esto, se pretende que quienes atiendan a estas personas puedan hacerlo de una mejor forma.

Tomado de: www.nacion.com

18 de mayo de 2013

Los refrescos azucarados y de frutas pueden aumentar el riesgo de piedras en los riñones, según un estudio

Es importante mantenerse hidratado, pero el agua puede ser la mejor elección, afirman los expertos

Beber grandes cantidades de refrescos azucarados y de frutas podría aumentar la probabilidad de que aparezcan las dolorosas piedras en los riñones, descubre un estudio reciente.

Aunque el hecho de beber más líquidos normalmente ayuda a evitar que se formen piedras, los investigadores del Hospital Brigham and Women's, en Boston, advierten de las bebidas podrían conllevar distintos riesgos o beneficios. El café, el té y el jugo de naranja, por ejemplo, se asocian con un menor riesgo de formación de piedras en los riñones.

Por otra parte, "descubrimos que un mayor consumo de bebidas edulcoradas se asociaba con una mayor presencia de piedras en los riñones", comentó el autor del estudio, el Dr. Gary Curhan, médico en la División Channing de Medicina de Redes, en un comunicado de prensa del hospital.

El estudio contó con más de 194,000 personas a las que se realizó un seguimiento durante más de ocho años. Se preguntó a los participantes sobre su historial médico, su estilo de vida y los medicamentos que tomaban. También se recogió la información sobre la dieta que llevaban cada cuatro años.

Los investigadores hallaron que los que bebieron uno o más refrescos azucarados al día tenían un riesgo de piedras en los riñones un 23 por ciento mayor que el de las personas que bebían menos de un refresco azucarado a la semana. El estudio mostró que esto también fue cierto para las personas que bebían otras bebidas azucaradas, como los refrescos de frutas.

Dos expertos afirmaron que ya hay muchos motivos de salud por los que evitar el consumo de bebidas azucaradas.

"Aunque no hay evidencias concluyentes que muestren que las bebidas azucaradas por sí mismas provoquen la aparición de piedras en los riñones, se ha informado de otras asociaciones con el consumo de dichas bebidas", indicó el Dr. Michael Palese, profesor asociado de urología en la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York. "Aquí están incluidas la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y la obesidad, que también se han vinculado con la formación de piedras en el riñón".

Nancy Copperman, directora de iniciativas en salud pública en el Sistema de Salud North Shore-LIJ en Great Neck, Nueva York, enfatizó que "los adultos han de consumir entre 6 y 8 tazas de líquido al día para mantener una hidratación adecuada" y contribuir así a evitar la formación de piedras en los riñones. Evitar que las bebidas azucaradas formen parte de esa cantidad de líquido también podría ayudar a evitar la aparición de piedras, añadió.

Entonces, ¿cuál es el mejor modo de hidratarse? "En general, el agua sigue siendo el mejor hidratante y desde luego, [a fin de] prevenir la aparición de piedras en los riñones, la bebida preferida", afirmó Palese.

Según la información de respaldo con la que contaron los investigadores, las piedras en los riñones afectarán al 20 por ciento de los hombres estadounidenses y al 10 por ciento de las mujeres estadounidenses en algún momento de sus vidas.

El estudio aparece en la edición en línea del 15 de mayo de la revista Clinical Journal of the American Society of Nephrology.

Tomado de: www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_136929.html

El peso no lo es todo

Expertos en Endocrinología y Nutrición han advertido de los graves riesgos para la salud que acarrean las dietas desequilibradas o heterodoxas, conocidas como milagro, que permiten una pérdida de peso muy rápida, aunque también conllevan un empeoramiento de la calidad y expectativa de vida.

"El peso no es todo, es preferible mantener la salud", ha sentenciado Javier Salvador, presidente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), que celebró en Granada su 55 congreso con más de un millar de especialistas y que aborda además asuntos sobre obesidad, diabetes o disfunción tiroidea.

Tanto Salvador como la doctora Elena Torres, copresidenta del comité organizador del congreso, han coincidido en la necesidad de enviar un mensaje "claro" sobre los riesgos que tienen dietas como Dukan, Atkins, la del astronauta o las vinculadas a batidos o algunos productos como la alcachofa, el melocotón o la cebolla.

"La mayoría de ellas son dietas ricas en proteínas, con muy poco hidrato de carbono (cetogénica), que producen un incremento de acetona, que también produce una inhibición del apetito", ha explicado Torres, que ha añadido que ello puede producir "problemas graves" de salud en personas que no estén sanas y, a medio o largo plazo, afecciones nutricionales o déficits vitamínicos.

Según Salvador, el exceso de peso en cualquier persona se deriva de la superabundancia de grasa y lo que debe de conseguirse es precisamente una pérdida "lo más selectiva posible" de ese exceso del "compartimento graso".

Con las dietas desequilibradas, ha expuesto, suele perderse agua corporal de forma "muy rápida", lo que se pueden acompañar de una eliminación de masa grasa, muscular o ósea, que es "tremendamente importante" para el mantenimiento de la salud.

Esa pérdida rápida del peso, que para que fuera aparejada con la eliminación del exceso de grasa necesitaría de mayor tiempo, puede provocar la aparición de arritmias, cansancio, pérdida de cabello, estreñimiento pertinaz, diabetes o hipertensión y luego producir además un "efecto yoyó": recuperar más peso del que inicialmente se partió.

"Hablemos de salud, no tanto de peso", ha insistido el presidente de la SEEN, partidario de una dieta equilibrada, con control médico, y una pérdida de peso más lenta que se traduzca también en una mejora sanitaria, no en lo contrario.

Tomado de: www.larazon.es

Diez consejos para prevenir la obesidad infantil

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

Existen múltiples acciones cotidianas que los adultos pueden poner en práctica para evitar la obesidad de los niños

La obesidad ha dejado de ser una epidemia para convertirse, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en una "pandemia". Es decir, es una "enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región". De entre dichos individuos, los más vulnerables son los niños. Tanto es así, que la obesidad infantil es hoy una auténtica crisis de salud pública. A la vista de las desalentadoras estadísticas de esta patología en el mundo, tiene sentido afrontar su prevención desde la más tierna infancia. A continuación se ofrecen diez sugerencias para combatir la obesidad infantil y se explica qué factores inciden en ella.

Prevenir la obesidad infantil en diez pasos

De igual forma que los padres siguen criterios concretos a la hora de escoger un colegio o un colchón para su hijo, deberían tener presentes ciertas recomendaciones para prevenir la obesidad. Aunque el papel de las administraciones es tan o más importante que el de los individuos (tal y como han confirmado en febrero de 2013 investigadores de la Universidad de Zaragoza), a continuación se citan una serie de consejos para que padres o cuidadores prevengan, en la medida de sus posibilidades, esta enfermedad.

Los pequeños cambios son poderosos, y sobre ellos inciden todas las entidades implicadas en la salud infantil desde hace varios años. La siguiente lista detalla los más relevantes. Se han adaptado a partir de consideraciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.
  1. Servir raciones adecuadas para la edad del niño. Un estudio reciente ha observado que el tamaño de la vajilla influye, como en el adulto, en el volumen de comida ingerido por el menor.
  2. Tener en el hogar una variedad de hortalizas, frutas y cereales integrales (pan integral, pasta integral, arroz integral, etc).
  3. Escoger leche y productos lácteos bajos en grasa o desnatados.
  4. Limitar el consumo de carnes rojas o de derivados cárnicos.
  5. Promover el consumo de legumbres y frutos secos.
  6. Retirar de la vista del niño las tentaciones ricas en calorías (lo mejor es no tenerlas en el hogar).
  7. Fomentar la actividad física, sin olvidar que los niños imitan a los adultos: si los padres hacen deporte, los hijos también lo harán. Para prevenir la obesidad, el mínimo de tiempo diario que deberían dedicar los niños a realizar actividades de intensidad de moderada a vigorosa asciende a 60 minutos. Una revisión acaba de comprobar que el sedentarismo en la adolescencia es la norma.
  8. La bebida de elección para calmar la sed debe ser el agua. El consumo habitual de zumos está desaconsejado.
  9. Se debe limitar el consumo de azúcar, bollería y, sobre todo, bebidas azucaradas ("refrescos"). Diversos expertos consideran que se debería enviar "mensajes claros" a la población sobre los efectos negativos de dichas bebidas.
  10. Restringir a no más de 2 horas diarias el tiempo que los niños dedican a ver televisión, jugar a videojuegos o a navegar por Internet (los menores de 2 años de edad no deberían ver la televisión). Un estudio aparecido en abril de 2013 en BMJ Open señala que los hijos de padres que ven mucha televisión suelen repetir su (mal) ejemplo.
Factores que alimentan la obesidad infantil

Científicos de la Universidad de Zaragoza resaltan la importancia de los últimos dos puntos de la lista anterior. Han constatado, en un estudio cuya primera firmante es la dietista-nutricionista Silvia Bel-Serrat, que ver poco la televisión y tomar una baja cantidad de bebidas azucaradas es crucial para prevenir el riesgo cardiovascular en niños. De hecho, estos dos factores fueron más importantes incluso que seguir una dieta rica en frutas y hortalizas o practicar ejercicio físico. La publicidad de "comida basura" influye de forma negativa, tal y como mostró un reciente artículo de Eroski Consumer.

Nuestra alimentación, cada vez menos saludable, el estilo de vida, muy sedentario, y otros motivos englobados en el concepto "entorno obesogénico", explican en gran medida las actuales tasas de obesidad en la infancia. Los niños con exceso de peso tienen más posibilidades de padecer diversas enfermedades y además suelen sufrir más rechazo y estigmatización social que los niños con un peso normal. No menos significativo es que tendrán serias dificultades para disminuir su peso si entran en la edad adulta con obesidad. De ahí la importancia de hacerle frente a tiempo.

Además de los diez puntos anteriores, para prevenir la ganancia excesiva de peso conviene limitar el número de veces que los niños comen en restaurantes de comida rápida (fast food) y, en paralelo, promover las comidas en familia. Esto último no solo previene la obesidad, también ejerce beneficios psicosociales. Todo ello sin olvidar que las escuelas u otros ambientes educativos cercanos al niño pueden prevenir de forma eficaz esta patología. Aún así, los padres deberían tener presente la reflexión del compositor Gustav Mahler: "No hay más que una educación, y es el ejemplo".

Obesidad en la primera infancia, ¿de qué se nutre?

Cada vez existen más pruebas que señalan que el peso en la edad escolar puede determinar el peso que se tendrá en la edad adulta. No obstante, existen pocos datos en relación a la primera infancia. En este sentido, un riguroso estudio publicado en diciembre de 2012 en Archives of Diseases in Childhood indicó que los factores que pueden predisponer a un bebé a padecer sobrepeso u obesidad son los siguientes:
  • Sobrepeso de la madre antes del embarazo
  • Tabaquismo materno durante el embarazo
  • Peso elevado del bebé al nacer
  • Rápida ganancia de peso por parte del bebé en los primeros meses
  • Incorporación temprana de alimentos sólidos (conviene que aparezcan a partir de los 6 meses)
  • No amamantamiento
Este último factor -el riesgo que puede suponer no amamantar al bebé en relación a la obesidad infantil- ha sido mencionado por importantes documentos de referencia publicados en 2007, 2011 y 2012. No obstante, un análisis más reciente (febrero de 2013) señala que el efecto negativo del tabaquismo materno sobre la obesidad infantil se justificaría por el estilo poco saludable que suele existir en los hogares en los que la madre fuma.

En cualquier caso, la prevención de la obesidad en la primera infancia pasa por evitar el tabaquismo en el hogar, tratar el exceso de peso de la madre (en su caso), amamantar al bebé de forma exclusiva hasta los seis meses y seguir con la lactancia materna a demanda (complementándola con alimentos saludables habituales en la dieta de la familia) hasta los dos años de edad o más.

El estrés laboral está relacionado con un aumento de grasas en la sangre

El estrés laboral está relacionado con un aumento de grasas en la sangre, según ha mostrado un estudio realizado por la Sociedad de Prevención de Ibermutuamur, en colaboración con expertos del Hospital Virgen de la Victoria de Málaga y la Universidad de Santiago de Compostela.

El trabajo, publicado en el 'Scandinavian Journal of Public Health' y recogido por la plataforma Sinc, se ha llevado a cabo en una muestra de más de 90.000 empleados que se realizaron un reconocimiento médico.

"Los trabajadores que declararon haber experimentado dificultades para hacer frente a su trabajo durante los últimos doce meses --un 8,7 por ciento de la muestra-- contaron con un mayor riesgo de padecer dislipidemia", ha comentado el psicólogo clínico experto en estrés laboral, Carlos Catalina.

Las dislipidemias o dislipemias son trastornos del metabolismo de las lipoproteínas, que pueden manifestarse por una elevación del colesterol total, de las lipoproteínas de baja densidad (LDL) y de las concentraciones de triglicéridos, así como por una disminución de las lipoproteínas de alta densidad (HDL).

Concretamente, en el estudio, los trabajadores con estrés laboral presentaron una mayor probabilidad de sufrir niveles anormalmente altos de colesterol LDL, niveles excesivamente bajos de colesterol HDL e índices de aterogenicidad positivos, es decir, un potencial de obstrucción de las arterias.

"Uno de los mecanismos que podrían explicar la relación entre el estrés y el riesgo cardiovascular podrían ser los cambios en el perfil lipídico, lo que supondría una mayor acumulación de placa ateroma (depósito de lípidos) en las arterias", ha concluido el experto.

Tomado de: www.larazon.es

Masticar chicle, ¿adelgaza?

Por: MAITE ZUDAIRE / Tomado de: www.consumer.es

Mascar chicle no adelgaza, aunque puede calmar el apetito y suprimir el antojo por otros alimentos de semejante sabor y más energéticos

Existe la creencia popular de que sí: masticar chicle ayuda a controlar el peso. Algunos experimentos han tratado de comprobar si masticar chicle antes de comer reduce la motivación para comer, disminuye el hambre y la ingesta de energía. Atribuir funciones "saludables" a las golosinas (chicles incluidos) que van más allá de lo lúdico, no es novedad. De hecho, se experimenta con chicles de distintos gustos, de larga duración o de distinta intensidad de sabor con potenciales funciones como "blanquear los dientes", "combatir el mal aliento", e incluso con un pretendido efecto adelgazante. ¿Qué hay de cierto? ¿La masticación produce sensación de saciedad? ¿Tener un chicle en la boca evita que comamos otros alimentos? ¿Tienen algún papel en el control del peso los edulcorantes que se usan en los chicles? El siguiente artículo responde a estas preguntas.

Comer chicle no adelgaza, pero puede calmar el apetito

El estímulo sensorial que se genera al degustar o masticar algo con un sabor muy concreto o intenso y con pocas calorías o ninguna puede calmar el apetito y suprimir el antojo por otros alimentos de semejante sabor, pero más energéticos. Esto se contempla como una estrategia útil para quienes están motivados por perder peso y siguen dietas restringidas en calorías, o quienes desean mantenerse en su peso y no engordar. En estos casos, mascar chicle entre horas puede ser la solución. O no.

Los resultados de los experimentos del Instituto de Ciencias Psicológicas de la Universidad de Leeds, en Reino Unido, sobre los efectos del chicle en la regulación del apetito son positivos. Los autores observaron una reducción pequeña pero indicadora en la ingesta de aperitivos (consumo 10% menor) entre quienes comieron chicle entre horas en comparación con quienes no lo hicieron. En este ensayo, masticar chicle durante al menos 45 minutos suprimió de forma significativa el hambre, el apetito y el antojo de bocadillos, asociado a una mayor sensación de plenitud.

Masticar chicle horas o minutos antes de las comidas calma el apetito y, por lo tanto, puede ser una ayuda para no picar entre horas o para no comer por aburrimiento, por inquietud o por ansiedad. Sin embargo, en el estudio llevado a cabo desde el Departamento de Ejercicio y Ciencias de la Nutrición de la Universidad americana de Buffalo, aportan matices a estos resultados. Los autores de esta investigación comprobaron que el sabor del chicle influye en lo que se coma después. Así, evidenciaron que comer chicles de menta no tenía efecto sobre la ingesta total de energía ni sobre el consumo de snacks en comparación con el consumo de chicles de sabor a frutas, o comparado con no tomar goma de mascar.

Otro experimento, realizado por el Departamento de Psicología de la Universidad de Glasgow Caledonian, en Reino Unido, aporta un nuevo matiz: observa que la goma de mascar suprime el apetito y el deseo en especial por los aperitivos dulces, pero no por los aperitivos salados ni tampoco por los bocadillos salados. Estos datos contrastan, en cierta medida, con los del Departamento de Alimentos y Nutrición de la Universidad norteamericana de Purdue, que no apoyan un efecto reductor sobre el apetito, ni sobre la ingesta a corto plazo al masticar chicles edulcorados, ni dos horas después de la comida ni al masticarlos cuando se tiene hambre.

La mayoría de las investigaciones coinciden en que comer chicle puede reducir la ansiedad y la probabilidad de picar y, en consecuencia, que se puede contemplar como un elemento dentro de las estrategias de control de peso. No obstante, no se puede trasladar el mensaje erróneo y nada fundamentado de que comer chicle adelgaza porque no es cierto. También sería erróneo trasladar el mensaje de la capacidad "saciante" de algunos componentes del chicle. Este efecto de reducción del apetito se postula más en relación al estímulo de saborear algo en la boca con un gusto agradable que, además, se acompaña del hecho evidente de tragar más aire al tener la boca abierta durante la masticación.

El nivel de sal en la comida rápida es peligrosamente alto

 Los niveles peligrosamente altos de sal en los alimentos procesados y comida rápida siguen estando presentes, esencialmente sin cambios, a pesar de numerosas llamadas de las agencias de salud públicas y privadas a la industria alimentaria para que reduzcan voluntariamente los niveles de sodio, según informa un nuevo estudio de la Universidad del Noroeste, en Evanston, Chicago (Estados Unidos).

 El estudio, publicado este lunes en 'JAMA Internal Medicine', evaluó el contenido de sodio en los alimentos procesados ??y seleccionados en los restaurantes de comida rápida en 2005, 2008 y 20011. El principal hallazgo fue que el contenido de sodio de los alimentos es más alto que nunca.

"El enfoque voluntario ha fracasado", dijo Stephen Havas, autor principal del artículo y profesor de investigación sobre medicina preventiva en la Escuela de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern. "El estudio demuestra que la industria alimentaria ha estado arrastrando sus pies y ha hecho muy pocos cambios. Este problema no va a desaparecer a menos que el Gobierno intervenga para proteger al público. La cantidad de sodio en nuestro suministro de alimentos debe ser regulada".

"El alto contenido de sal en los alimentos beneficia a la industria de alimentos--dijo Hava--. El alto contenido de sal enmascara el sabor de los ingredientes, que a menudo no son de la mejor calidad y también estimula a las personas a que beben más refrescos y alcohol, con los consiguientes beneficios para la industria".

 Un estadounidense típico consume un promedio de casi dos cucharaditas al día de sal, mucho más que la cantidad recomendada de tres quintas partes de una cucharilla o no más de 1500 miligramos, según lo recomendado por la Asociación Americana del Corazón. Alrededor del 80 por ciento de nuestro consumo diario de sodio proviene de comer alimentos procesados ??o en restaurantes y muy poca proviene de la sal que se añade a los alimentos.

"La única manera de que la mayoría de las personas cumpla con la recomendación actual de sodio es cocinar desde cero y no utilizar sal", dijo Havas, quien reconoce que esto "no es realista para la mayoría de la gente". A su juicio, la agencia norteamericana del medicamento y la alimentación (FDA, en sus siglas en inglés) debe comenzar a regular a las compañías procesadoras de alimentos y la industria de la restauración lo antes posible.

 Havas señaló que las papilas gustativas se adaptan rápidamente a menos sal, por lo que si el sodio se reduce en un 20 por ciento al año, nadie notaría la diferencia. El estudio encontró que entre 2005 y 2011, el contenido de sodio en 402 alimentos procesados ??se redujo en aproximadamente un 3,5 por ciento, mientras que el contenido de sodio en 78 productos de comida rápida aumentó en un 2,6 por ciento.

Aunque algunos productos mostraron una disminución de al menos el 30 por ciento, un mayor número de productos mostraron incrementos de al menos un 30 por ciento. De todas formas, el hallazgo predominante fue la ausencia de cambios apreciables o estadísticamente significativos en el contenido de sodio durante seis años.

Tomado de: www.europapress.es

11 de mayo de 2013

No vaya al supermercado cuando tiene hambre: estudio

Un estudio proporciona pruebas que respaldan lo que mucha gente ya aprendió por experiencia: nunca vaya a un supermercado si tiene hambre.

Un equipo observó que las personas que no habían comido en toda una tarde optaban por alimentos con más calorías en un supermercado simulado.

Y en un comercio real, los compradores preferían más los alimentos calóricos por sobre los de bajas calorías antes de la cena que durante el resto del día.

"Aun los ayunos cortos inducen elecciones alimentarias poco saludables", dijo Amy Yaroch, directora del Centro para la Nutrición Gretchen Swanson, Omaha, Nebraska. Y recomendó: "No vaya de compras con hambre y sin una lista de los productos que necesita porque elegirá todo tipo de comida chatarra".

Consideró que los resultados también serían importantes para las familias con "inseguridad alimentaria", que a menudo carecen de dinero para comprar alimentos saludables o alimentos en general.

Aner Tal y Brian Wansink, de Cornell University, Ithaca, Nueva York, realizó un experimento de laboratorio y salió "al terreno" para conocer cómo el hambre influye en las elecciones de alimentos.

En el experimento, les pidieron a 68 adultos que no comieran durante cinco horas antes de una consulta al final de la tarde. Antes de comenzar el experimento, la mitad recibió un plato de Wheat Thins para saciar el hambre. Luego, todos los participantes compraron alimentos en un comercio virtual online. Ambos grupos compraron unos ocho productos con bajas calorías, como ciertos lácteos, carnes y snacks.

El grupo que no había saciado el hambre también compró seis productos altamente calóricos, versus los cuatro productos promedio que eligió el grupo que había comido un snack, según publica el equipo en JAMA Internal Medicine.

En el estudio de campo, el equipo observó cómo compraban 82 personas en un supermercado real. La relación de compra entre alimentos con alto y bajo contenido calórico era más saludable entre las 13 y 14 horas que entre las 16 y 19 horas.

El endocrinólogo Tony Goldstone, del Imperial College de Londres, aconsejó interpretar los resultados con precaución, ya que los autores pidieron que los participantes sintieran hambre antes del experimento. Recomendó comer un snack, como una fruta, antes de ir de compras o masticar un chicle mientras se recorren las góndolas del supermercado para reducir el efecto del hambre.

El ejercicio aeróbico pueden reducir el riesgo de cáncer de mama


Los cambios en la distribución o el metabolismo de estrógenos pueden ser uno de los mecanismos por los que el ejercicio aeróbico reduce el riesgo de cáncer de mama de la mujer, según datos publicados en la revista de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer 'Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention'.

 "Los estudios observacionales sugieren que la actividad física reduce el riesgo de cáncer de mama, pero no hay estudios clínicos que explican el mecanismo que hay detrás de esto", afirmó Mindy S. Kurzer, profesora en el Departamento de Ciencia de los Alimentos y Nutrición de la Universidad de Minnesota en Saint Paul (Estados Unidos).

 En este sentido, recalca que este estudio muestra que el ejercicio aeróbico influye en la forma en que los cuerpos descomponen los estrógenos para producir más de los metabolitos "buenos" que reducen el riesgo de cáncer de mama.

 Kurzer y sus colegas llevaron a cabo un ensayo clínico con mujeres que incluía a 391 sedentarias jóvenes y mujeres premenopáusicas sanas. Se asignó aleatoriamente a las mujeres a dos emparejamientos por edad e índice de masa corporal: un grupo de control de 179 mujeres y un grupo de intervención de 212 mujeres.

 Mientras que las mujeres del grupo de control siguieron un estilo de vida sedentario durante todo el periodo de estudio, las del grupo de intervención realizaron 30 minutos de ejercicio aeróbico moderado a vigoroso cinco veces a la semana durante 16 semanas, entre los que se incluían la cinta de correr, subir escaleras o la máquina elíptica.

 Los investigadores ajustaron la intensidad del entrenamiento para cada individuo de modo que la frecuencia cardiaca máxima fue uniforme entre todos los participantes. El 86 por ciento de los participantes del grupo control y el 78 por ciento del grupo de intervención completaron el estudio.

 Los investigadores recogieron muestras de orina de 24 horas durante tres días consecutivos antes de iniciar el estudio y en tres días consecutivos al final. Usando una técnica llamada cromatografía líquida / espectrometría de masas en tándem para medir la cantidad de tres estrógenos precursores, E1, E2 y E3, y nueve de sus productos de degradación llamados metabolitos en muestras de orina de los participantes.

Favorece la actitud del corazón

 Según Kurzer, el metabolismo de los estrógenos favoreció la producción de un metabolito llamado 2-hidroxiestrona (2-OHE1) por encima de uno llamado 16alfa-hidroxiestrona (16alfa-OHE1), lo que resulta en un aumento en la relación de 2-OHE1/16alpha-OHE1, que se ha relacionado con una reducción en el riesgo de cáncer de mama.

 Esta investigadora y sus colegas encontraron que el ejercicio aeróbico condujo a un aumento en la cantidad de 2-OHE1 y una disminución en la cantidad de 16alfa-OHE1, lo que llevó a un aumento significativo en la proporción 2-OHE1/16alpha-OHE1. No hubo cambios en la relación de 2-OHE1/16alpha-OHE1 en la orina de los participantes del grupo de control.

 "El ejercicio se sabe que favorece la aptitud y mejorar la salud del corazón, pero también es probable que ayude a prevenir el cáncer de mama al alterar el metabolismo del estrógeno", afirmó Kurzer. "Es muy importante, sin embargo, descifrar los mecanismos biológicos detrás de este fenómeno", agregó.

 En colaboración con investigadores de la Universidad de Pennsylvania en Filadelfia (Estados Unidos), Kurzer está llevando a cabo estudios similares en las mujeres con un alto riesgo de cáncer de mama.

Tomado de: www.europapress.es

Alimentación de adolescentes, mejor sin coacciones


Por: JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

La imposición y el control estricto de la alimentación de los adolescentes pueden aumentar el riesgo de que padezcan obesidad, según apunta un estudio reciente

Muchísimos padres presionan a sus hijos, cuando son pequeños, para que coman. Algunos lo hacen para que coman más, y dejen el "plato limpio" y otros prohíben de forma taxativa la ingesta de determinados alimentos. También están los que fuerzan al niño a que coma mejor (más alimentos saludables), e incluso están los que obligan a los niños a que coman "lo que sea" o "cuanto más, mejor". Esta situación es muy conocida (y desaconsejada) por parte de las autoridades en nutrición pediátrica. No tan conocido es, sin embargo, que esto también ocurre en adolescentes. Un reciente estudio, que ha evaluado las prácticas o las estrategias que utilizan los padres de adolescentes en relación a su alimentación, ha confirmado las sospechas de los expertos en nutrición humana y dietética. El siguiente artículo analiza esta situación y explica por qué no es conveniente coaccionar a los adolescentes para que coman.

Comer todos los alimentos que se sirven, ¿sí o sí?

Frases como "no te levantes hasta que no te acabes las verduras", "si no comes, no crecerás", "con la de gente que pasa hambre y tú desperdiciando comida" u otras similares son utilizadas de forma habitual por numerosos padres para incitar a sus hijos a comer. Es sabido que ello sucede en los hogares con adolescentes, aunque, a diferencia de lo que ocurre en niños más pequeños, hay pocos datos disponibles al respecto. Un estudio recién publicado en la revista Pediatrics ha evaluado las prácticas utilizadas por parte de padres de adolescentes de diferentes niveles socioeconómicos y de distintas etnias o razas.

La investigación revela que, en este grupo de edad, la presión de los padres para que sus hijos coman es más bien la norma que la excepción, sin importar los ingresos de los padres o las diferencias étnicas o raciales. Esta presión se ejerce más a menudo por parte de los padres que de las madres. Los datos confirman observaciones previas, como las de la doctora Isobel R. Contento y sus colaboradores quienes, en un estudio aparecido en mayo de 2006 en la revista Journal of Adolescent Health, indicaron que hasta el 35% de padres obligan a sus hijos adolescentes a comer todos los alimentos servidos en la mesa, aunque no les gusten. Hay quien compara este escenario a subir el fuego de una olla a presión tras obturar la válvula.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su libro 'Determinantes sociales de la salud y del bienestar en la gente joven' (2012) afirma que los adolescentes que tienen una mejor comunicación con sus padres (y las discusiones o tensiones en la mesa no ayudan a ello) presentan los siguientes rasgos:
  • Más autoestima
  • Mejor valoración de su propia imagen corporal
  • Menos tasas de tabaquismo
  • Mayor satisfacción con la vida
  • Menos actitudes violentas o agresivas (sobre todo en chicos)
  • Menos problemas físicos y psíquicos

Controlar en exceso la alimentación: por qué no se aconseja

Sea como fuere, las prácticas muy "controladoras" en relación a la alimentación son cada vez más desaconsejadas como método de enfocar la alimentación de los hijos, ya que se asocian a dietas menos saludables y aumentan el riesgo de obesidad. Este mayor riesgo se explica, entre otros motivos, por una disminución en la capacidad de autocontrolar la ingesta energética por parte del menor, como apunta la Academia Americana de Pediatría. Debido a que esto es contrario a la intuición (lo lógico sería que un mayor control de los padres se asociase a una mejor alimentación del menor), los responsables del estudio antes citado insisten en que los profesionales sanitarios sean conscientes de ello, para enfocar de forma correcta el estilo de alimentación de la familia cuando tengan oportunidad.

De las conclusiones de los autores de esta nueva investigación destaca que intervenir de forma excesiva y controladora sobre la alimentación de los adolescentes tendrá efectos perjudiciales sobre la (muy importante) capacidad del menor para regular su apetito y la cantidad de calorías que tomará. Ello puede tener serias implicaciones, como se ha comentado, en el riesgo de la temida obesidad infantil. Temida, sobre todo, porque la inmensa mayoría de los jóvenes que lleguen con obesidad a la vida adulta, padecerán esta condición de por vida, según señaló en 2009 el Centro de Investigación Biomédica en Red sobre la Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn).

El canal de salud HealtDay entrevistó el 22 de abril de 2013 a los autores, quienes declararon que los padres deben permitir a sus hijos tener libertad cuando comen. También expusieron que los padres deberían decidir qué clase de alimentos hay en la mesa y ofrecer muchas opciones saludables. "Entonces, deje que el niño elija cuánto desea comer. Permítales que regulen su propia ingesta", explicaron.

Sus recomendaciones coinciden con las de los comités de expertos en nutrición pediátrica. Se aconseja que los padres:
  • fomenten las comidas familiares (los estudios muestran que los adolescentes desean comer en familia)
  • se responsabilicen de que haya alimentos saludables en el hogar
  • permitan que sus hijos autorregulen su ingesta dietética de forma autónoma
Así, mientras que resulta conveniente ejercer un control abierto (limitar la cantidad de alimentos no saludables en el hogar), no lo es ejercer un control estricto y manifiesto (imponer restricciones o reglas sobre la ingesta de los alimentos disponibles), tal y como sugirieron Ogden y colaboradores en 2006 en la revista Appetite. Al hacer que las selecciones dietéticas "por defecto" sean siempre saludables (porque son las únicas que hay en casa), se puede permitir que el adolescente tenga independencia en relación a qué comerá y cuándo lo hará. Todo ello sin olvidar que la alegría en la mesa es tan nutritiva como los platos que hay en ella, o incluso puede que más.

El magnesio puede ser tan importante para los niños como el calcio

Se recomienda a los padres que se aseguren que sus hijos beben leche y comen otros alimentos ricos en calcio para fortalecer los huesos y, pronto, también se les puede recomendar que se preocupen por que coman salmón, almendras y otros alimentos ricos en magnesio, un nutriente que puede desempeñar un papel importante en la salud ósea, según un estudio que será presentado en la reunión anual de la Academia de Sociedades de Pediatría que se celebra en Washington (Estados Unidos).

 "Un montón de nutrientes son fundamentales para que los niños tengan huesos saludables. Uno de ellos parece ser el magnesio", afirmó el autor principal Steven A. Abrams, profesor de Pediatría en el 'Baylor College of Medicine' en Houston (Estados Unidos). "El calcio es importante, pero, a excepción de aquellos niños y adolescentes con consumos muy bajos, no puede ser más importante que el magnesio", agrega.

 Aunque se sabe que el magnesio es importante para la salud ósea en los adultos, pocos estudios han examinado si la ingesta de magnesio y la absorción están relacionados con el contenido mineral de los huesos en los niños pequeños. En esta investigación, se reclutó a 63 niños sanos de 4 a 8 años que no tomaban ningún suplemento multivitamínico o mineral para participar en el estudio, en el que fueron hospitalizados durante la noche dos veces para medir su nivel de calcio y magnesio.

 Los resultados mostraron que las cantidades de magnesio consumidos y absorbidos fueron predictoras importantes en el desarrollo de hueso, pero la ingesta de calcio de la dieta, sin embargo, no se asoció significativamente con el contenido mineral óseo total o la densidad. "Creemos que es importante que los niños tengan una dieta equilibrada y saludable con una buena fuente de minerales, como el calcio y el magnesio", concluyó Abrams.

Tomado de: www.europapress.es

4 de mayo de 2013

Malos Hábitos: una película para reflexionar


El fin de semana anterior tuve la oportunidad de observar la película mexicana "Malos Hábitos". Les adjunto el trailer para que tengan una idea del argumento, y puedan entender mi comentario. Entre las múltiples temáticas que se presentan en la película (todas muy interesantes), me referiré en particular a la que más se puede observar en el adelanto.

Es impactante la obsesión de la madre sobre la niña para controlar su peso: decir que "a los gordos nadie los quiere" o que "prefiere verla muerta antes que verla gorda", son expresiones que me dejan sin palabras. Obviamente reflejan también el avanzado grado del trastorno que ella misma presenta: anorexia.
También es importante observar los procesos utilizados para controlar el peso de la niña. Darle unas gotas "misteriosas", ponerle aparatos, llevarla a un lugar donde la abuchean por no bajar de peso o incluso considerar una operación para cortarle el intestino a una niña de 9 años.
Puede parecer exagerado o difícil de creer, pero lo importante es que el problema de fondo es real: la obsesión que se puede generar por el físico y por el peso.
Ningún extremo es bueno: ganar peso excesivamente sin ningún control, o querer perderlo de manera desmedida. Ambos casos tienen serias repercusiones.
Tal vez alguien pueda pensar que este comentario es contradictorio con mi labor como Nutricionista. Pero no lo es. Mi trabajo y el objetivo de esta página ha sido y seguirá siendo buscar el beneficio para la salud. Y si bien muchas veces en este campo de trabajo el peso parece ser la prioridad, al menos en mi caso particular no lo es.
El control del peso muchas veces es necesario para favorecer la salud, pero es un medio para lograrlo, no debe ser el objetivo per se. Tampoco se debería buscar la pérdida de peso solo por un asunto estético.
Con tantos métodos "dudosos", los profesionales que trabajamos en este campo tenemos que desempeñarnos con ética, y no debemos perder nunca de vista el objetivo SALUD.
Esta es la dirección en que encontré la película en youtube (si encuentran otro link mejor, se agradece que lo compartan) http://www.youtube.com/watch?v=tAgYYYTUkuk&list=PL2kJOKJ23X42R7X8sHfSiLWCxkQu3Cl6m&index=2
Espero que la puedan ver, o que al menos vean el resumen, y me hagan llegar sus comentarios.

Dieta sin gluten: ¿un consejo imprudente?

Por: JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

Eliminar el gluten de la dieta de manera injustificada no tiene beneficios demostrados y puede comprometer la salud

La enfermedad celíaca es un desorden producido por una respuesta inmunitaria al gluten en individuos que tienen una predisposición genética. Es decir, quien no esté predispuesto a padecerla, aunque tome altas cantidades de alimentos con gluten, no sufrirá la enfermedad. Pese a ello, hay personas que eliminan de forma injustificada los alimentos con gluten, sin un correcto diagnóstico de la enfermedad. El presente artículo describe en qué casos concretos se aconseja una dieta sin gluten y por qué no es recomendable excluir esta proteína de la dieta de la población en general.

Dieta sin gluten: en qué casos está indicada

La celiaquía, o enfermedad celíaca, es una alergia alimentaria al gluten, la principal proteína de cuatro cereales muy utilizados en nuestra alimentación diaria: el trigo, la avena, la cebada y el centeno. Esta proteína también aparece en otros cereales como el kamut, el triticale o la espelta. Por lo general, se afirma que la enfermedad celíaca es una "intolerancia al gluten", pero como en esta patología está implicado un mecanismo inmunológico, es en realidad una alergia, tal y como reconocen la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica (EAACI, por sus siglas en inglés) o la Organización Mundial de Alergia.

Además de en los casos de enfermedad celíaca, el médico puede valorar la utilidad de una dieta sin gluten en pacientes con una condición denominada "sensibilidad al gluten no celíaca", en la que, también en personas con susceptibilidad genética, se produce una reacción inmunológica aumentada tras la ingesta de alimentos con gluten. En cualquier caso, tan y como han señalado en marzo de 2013 Victoria María Díaz y colaboradores, conviene conocer y estudiar mejor esta condición "antes de dar mensajes contradictorios y de establecer dietas injustificadas". Otras patologías en las que una dieta sin gluten podría tener cierta utilidad (que debe valorar el médico) son ciertas enfermedades autoinmunes crónicas tales como la psoriasis, la artritis reumatoide y en la diabetes tipo 1.

Por qué no se debe excluir el gluten de la dieta en personas sanas

Al margen de las condiciones antes descritas, la dieta sin gluten no es en absoluto recomendable para la población general. Es habitual recibir falsas informaciones que prometen mejoras para la salud asociadas a la exclusión del gluten (como pérdida de peso, o mejoras en la salud del cabello, por citar solo dos). No hay datos que sustenten que seguir una dieta sin gluten aporte beneficio alguno a la población general, tal y como señalaron Gaesser y Angadi en septiembre de 2012. También indicaron algo más: hay evidencias científicas que sugieren que una dieta sin gluten podría ser perjudicial para la salud intestinal en personas que no padecen enfermedad celíaca o "sensibilidad al gluten no celíaca".

Si bien es cierto que los especialistas consideran que esta enfermedad está infradiagnosticada (es decir, muchas personas no saben que la padecen), también es cierto que cada vez hay más personas que eliminan el gluten de su alimentación o de la de sus hijos porque se lo ha dicho un "terapeuta alternativo" o porque lo piensan ellas mismas, sin consultar a un especialista. Algo nada recomendable: restringir los cereales con gluten convierte a la alimentación en un juego de malabares que puede desequilibrar la dieta, sobre todo en niños.

Ante la duda, acuda al médico. Como la piedra angular del tratamiento de esta enfermedad es la exclusión total y de por vida de los alimentos que contienen gluten, es recomendable, tal y como se aconseja desde MedlinePlus, consultar también con un dietista-nutricionista. La ayuda profesional es indispensable, puesto que esta es una dieta difícil de seguir y, además, no vale hacerla "a medias": incluso pequeñas cantidades de gluten pueden perjudicar seriamente, a largo plazo, la salud de quien padece esta patología.

Las mentiras de la lactancia

Muchas mujeres dejan de dar el pecho meses después del nacimiento del bebé. En numerosas ocasiones se debe a los mitos que existen en torno a la lactancia

Nyonyo, dicen en Kenia: dar el pecho, en España. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es la mejor vía de alimentación que puede recibir el bebé durante sus seis primeros meses de vida. Una opción que en los países africanos no tiene más misterio que el de ofrecer el pecho al pequeño cada vez que éste lo requiera y, sin embargo, en otros países como España, las dudas que acarrea conllevan en muchas ocasiones el abandono de la lactancia materna. Según el Instituto Nacional de Estadística (los únicos datos disponibles), a las seis semanas de nacer el bebé, el 66% recibe lactancia materna exclusiva, a los tres meses, el porcentaje se reduce al 53% y a los seis meses, al 28%.

El hecho de que muchas de las mujeres que han decidido dar el pecho a sus hijos finalmente desistan se debe, más que las dudas, a las falsas creencias y los mitos heredados de lo que los expertos denominan la generación del 'bibe'. "Ha habido una época en la que se creía que la leche de fórmula era mejor que la materna", explica Juana María Aguilar, enfermera coordinadora de Lactancia Materna del Hospital Materno-Infantil del 12 de Octubre de Madrid.

Esta especialista junto a Inma Mellado, consultora acreditada de Lactancia Materna, destierran algunos de los mitos más extendidos a ELMUNDO.es.

1. Mi pecho es pequeño, puede que no tenga suficiente leche.
Falso. No se tiene más o menos leche en función del tamaño del pecho. El tamaño lo define la grasa, no los conductos que 'fabrican' leche. De hecho, el pecho produce tanta leche como el niño necesita. Para asegurar la producción basta con encontrar la postura correcta, y que el bebé haga tomas frecuentes.

2. Tener los pezones planos o invertidos va a hacer casi imposible la lactancia. Falso. Los pezones van sufriendo cambios al final del embarazo y durante la lactancia. Además, los niños no se enganchan sólo del pezón, sino de una buena cantidad de pecho que puede abarcar toda la areola, según el tamaño de la misma. No obstante, si existe dificultad, se puede buscar la ayuda de un profesional experto en lactancia.

3. Hasta que me suba la leche, tendré que darle el biberón. Falso. Al principio, el calostro (la primera leche) es todo lo que necesita el bebé si mama a demanda y con frecuencia. Son muy pocas las mujeres que no tienen nada de leche.

4. Creo que mi leche es acuosa y no alimenta. Falso. La leche de todas las madres alimenta. Sólo hay que dársela tantas veces como el bebé necesite. Es verdad que cuando se inicia la toma, la primera leche que sale tiene más cantidad de agua y azúcares. Después de un rato de succión y vaciado se hace más espesa por tener más contenido en grasas que sacia y engorda.

5. Para tener más leche, tengo que beber mucha leche. Falso. La producción de leche aumenta o disminuye en función del vaciado del pecho, no de los alimentos que se toman. Al igual que no hay alimentos que aumenten la producción de la leche, tampoco hay alimentos que provoquen gas en la leche o en el niño.

6. Hay que dar el pecho cada tres horas, para dar tiempo a que "se recargue".
Falso. Precisamente lo contrario. Para asegurar una adecuada producción y flujo de la leche durante los seis meses de lactancia materna exclusiva, el lactante tiene que ser amamantado tan frecuentemente como él o ella quiera, tanto de día como de noche. Así lo confirma, además un estudio científico publicado en 'Pediatrics'.

Es lo que se conoce como lactancia materna a demanda. Los lactantes se alimentan de acuerdo con su apetito, obtienen lo necesario para un crecimiento satisfactorio. Estos lactantes no vacían completamente el pecho, extraen solamente entre el 63% y el 72% de la leche disponible. Siempre pueden obtener más leche, lo que demuestra que el lactante deja de alimentarse debido a que se ha saciado, y no porque el pecho se haya vaciado, según otro estudio de la revista 'Food and Nutrition'.

Hay que tener en cuenta que no todos los pechos tienen la misma capacidad de almacenamiento de leche. Los lactantes de mujeres con baja capacidad de almacenamiento pueden necesitar alimentarse con mayor frecuencia, para extraer la leche y asegurar una ingesta y producción láctea adecuadas.

7. Si les das a demanda a tu bebé, no se acostumbra a comer con unas pautas y eso le puede dañar el estómago. Falso. Si el niño come cuando quiere y el tiempo que desea, su estómago se irá desarrollando de forma adecuada. Imponer horarios y cantidades que no se ajustan a las necesidades del bebé es lo que puede producir malestar e irritabilidad.

8. El bebé sigue llorando, querrá comer más y no tengo suficiente.
Falso. Los bebés lloran por muchas razones, no necesariamente tiene que ser por leche insuficiente. Los niños que toman el pecho sin restricción, en la duración y frecuencia de las tomas, no suelen tener cólicos. Si parece que llora porque tiene más hambre, se le puede ofrecer más pecho. La leche de la madre es de fácil digestión y se tolera bien.

9. Las tomas empiezan a ser más frecuentes de lo habitual, quizás mi bebé se queda con hambre.
Falso. Unas veces querrán comer más y otras tienen sed y necesita mamar sólo un poco, sobre todo en temporadas de calor. También puede deberse a los brotes de crecimiento. Los niños pueden volverse más demandantes para que la madre aumente la cantidad de leche que ahora necesita. Después de dos o tres días, se recupera un ritmo más relajado sin necesidad de añadir biberones extra.

10. Ya no noto el pecho 'lleno', puede que no tenga suficiente leche. Falso. Al final, casi todas las dudas terminan en la misma pregunta: ¿tendré suficiente leche? Según la enfermera, es normal sentir el pecho menos hinchado con el tiempo, pero esto no indica menos producción. La producción depende de las tomas del bebé.

11. Con el sacaleches, me extraigo poca cantidad. No puedo continuar con la lactancia. Falso. La extracción manual, con o sin sacaleches, no sirve para medir la cantidad de leche que tiene cada mujer, un niño bien enganchado sacará mucho más.

12. "Vuelvo a tener la menstruación, el fin de la lactancia materna.
Falso. La producción de leche se mantiene mientras haya estimulación y vaciado de las mamas hasta que la madre y el bebé quieran.

13. El estrés puede 'cortar' la leche. Falso. Al final, muchos miedos tienen la misma explicación y es que la producción de leche se mantiene mientras haya estimulación y vaciado de las mamas.

14. Estar resfriada, tener la gripe o tomar medicamentos es incompatible con la lactancia.
Falso. Ni hay que dejar de dar el pecho porque la madre tenga un resfriado o gripe ni tampoco si toma fármacos. Por la leche, transferimos defensas al niño/a que le protegen de la infección. Antes de coger al bebé, conviene lavarse las manos y, si es necesario, nos cubriremos la nariz y la boca con una mascarilla o un pañuelo.

En cuanto a los medicamentos, muchos más de los que pensamos y más de los que a priori desaconsejan algunos médicos pueden tomarse durante la lactancia. Existe una web E-lactancia muy recomendable para comprobar la compatibilidad de los medicamentos con la lactancia materna. En caso de que uno fuera incompatible, se puede buscar otro alternativo. Y si no lo hubiera, se puede mantener la producción de leche con extracción mientras dura el tratamiento para después retomar la lactancia y no abandonarla.

15. Si el bebé no duerme del tirón es porque ya necesita un suplemento (leche de fórmula).
Falso. No existe relación. Cuando son pequeños, necesitan comer a menudo y no suelen dormir 'del tirón'. Después, van espaciando las tomas y duermen más por la noche, pero algunos quieren seguir comiendo a menudo. No depende de si toman leche materna o de fórmula, sino de cada niño.

16. El aumento de peso del bebé no es tan rápido como se espera. No se está alimentando bien. Falso. Cada niño tiene un patrón de crecimiento. No todos tienen que crecer con los mismos patrones.

17. Me he quedado embarazada, tengo que destetar a mi bebé. Falso. No es una obligación, sino una decisión de cada mujer. Se puede amamantar durante todo el embarazo, siempre que el niño quiera y no se trate de una gestación de riesgo. Cuando llega el nuevo miembro, incluso se puede amamantar en tándem, siempre dando prioridad al más pequeño.

18. Con seis meses, el bebé es muy mayor ya para tomar pecho. Falso. La OMS y la Asociación Española de Pediatría recomiendan la introducción de alimentación complementaria al pecho a partir de los seis meses, pero es eso, complementaria, subraya Juana María Aguilar. Primero el pecho y después lo demás poco a poco. Hasta el año de vida, la leche de madre sigue siendo el alimento principal. Cuando el niño come de todo sigue siendo la principal fuente de leche hasta los dos años o más.

19. Tras la incorporación laboral ya no es posible continuar con la lactancia materna. Falso. Depende de muchos factores, el tiempo que pasan la madre y el bebé separados, si la madre hace extracción durante ese tiempo, si la persona que se queda al cargo puede darle nuestra leche, de la edad del bebé y la expectativa que tengamos. En algunas ocasiones, por las circunstancias, la madre opta por una lactancia complementada o mixta.

Tomado de: www.elmundo.es

Alimentos con gluten en bebés, ¿cuándo incorporarlos en su dieta?

Por: JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

La mejor opción es incorporar el gluten poco a poco, de manera escalonada, y a partir de los seis meses, mientras el bebé aún toma leche materna

Los alimentos con gluten son protagonistas habituales de diversas polémicas en el mundo de la nutrición. Una de ellas es la relacionada con su fecha de aparición en la dieta de los bebés. La polémica, en este caso, es la siguiente: mientras que hace unos pocos años se instaba a los padres a demorar la incorporación de los alimentos con gluten hasta que el bebé tenía ocho meses, hoy es fácil encontrar recomendaciones que proponen incorporarlos a partir de los cuatro meses. Pese a que un estudio reciente parece sustentar esta segunda posibilidad, el presente texto explica por qué lo ideal es ofrecer alimentos con gluten cuando el bebé tiene unos seis meses de edad, mientras que todavía toma leche materna.

Sobre el gluten y la enfermedad celíaca en bebés

El gluten es la principal proteína de cuatro cereales muy utilizados en nuestra alimentación: avena, cebada, centeno y, sobre todo, trigo. Otros cereales menos conocidos, el kamut, el triticale y la espelta, también contienen gluten. Las fuentes más frecuentes de esta proteína son los alimentos elaborados con trigo -es decir, el pan, la pasta, la mayoría de cereales de desayuno, las pizzas, los pasteles...-, aunque puede aparecer en cualquier alimento en cuya elaboración se hayan utilizado harinas, almidones, féculas, sémolas o cualquier otro derivado de los cereales antes detallados.

En bebés con una predisposición genética determinada se puede producir una respuesta inmunitaria al gluten conocida como enfermedad celíaca. La palabra "celíaca" proviene del término "koiliak" que, en griego, significa "que sufre del vientre". Refleja bastante la realidad, porque en estos niños el gluten ingerido con la dieta lesiona el tejido de su intestino. Es más probable que desarrollen la enfermedad niños con diabetes tipo 1 o con síndrome de Down, así como los hijos de padres celíacos. La enfermedad debe confirmarse con una biopsia intestinal, y debe ser el pediatra quien la diagnostique (los "autodiagnósticos" son muy frecuentes -y peligrosos- en el campo de las reacciones adversas a los alimentos).

Hasta hace unos años, para evitar que dichos bebés susceptibles desarrollasen la enfermedad, se aplicaba el planteamiento "cuanto más tarde mejor". Es por ello que se aconsejaba, con buena intención, demorar la aparición del gluten hasta los ocho meses (o más). Así, a modo de ejemplo, el 'Manual práctico de Nutrición en Pediatría', publicado en 2007, señalaba lo siguiente: "se aconseja introducir el gluten sobre los 8-9 meses para evitar las formas graves de presentación de la enfermedad celíaca". Nuevos estudios, sin embargo, apuntan que no es preciso esperar para ofrecer alimentos con gluten a los bebés y que demorar su incorporación podría ser incluso contraproducente. Cuando los menores empiezan a mostrar interés por comer, ya pueden aparecer estos alimentos en su dieta, si bien deberán hacerlo en pequeñas cantidades y de forma progresiva. Si se incorpora el gluten mientras el bebé aún toma leche materna, el riesgo de enfermedad celíaca disminuye de forma clara.

Gluten y bebés: la polémica de los cuatro meses

Una investigación publicada en marzo de 2013 en la revista Pediatrics ha sugerido que incorporar los alimentos con gluten a partir de los cuatro meses prevendría numerosos casos de enfermedad celíaca en bebés predispuestos. En 2008 una sociedad pediátrica de referencia, la ESPGHAN, emitió una recomendación similar. No obstante, diversos científicos cuestionan la validez de este consejo.
  • Por una parte, investigadores del Royal Children's Hospital (Melbourne, Australia), consideran que los datos del estudio de 2013 son inconsistentes y que contiene varios errores metodológicos.
  • Por otra, investigadores alemanes, españoles, ingleses, italianos, portugueses y de los Países Bajos indicaron en octubre de 2011 y en enero de 2012, en la revista Maternal & Child Nutrition, que la recomendación de la ESPGHAN no se basa en evidencias sólidas.
Es importante tener presente que sugerir incorporar el gluten a los cuatro meses choca de frente con las considerables ventajas que supone amamantar a los bebés de forma exclusiva hasta los seis meses, tal y como demostró un metaanálisis publicado en agosto de 2012 por el prestigioso centro Cochrane. La Academia Americana de Pediatría, por su parte, indica que los bebés amamantados de forma exclusiva solo hasta los cuatro meses presentan más riesgo de padecer enfermedades respiratorias del tracto inferior, otitis media, y diarrea que los amamantados de forma exclusiva hasta los seis meses o más. El riesgo de neumonía en dichos niños se multiplicaría por cuatro. Pese a ello, datos de la OMS y la OECD indican que solo un 40% de los bebés españoles son amamantados a los cuatro meses.

La recomendación más sensata a este respecto la aporta la citada Academia Americana de Pediatría: como está fuera de duda que la lactancia materna protege al bebé de la enfermedad celíaca (entre otras muchas patologías tanto del niño como de la madre) no debemos tener presente tanto el momento de la exposición al gluten como la importancia de mantener la lactancia exclusiva hasta los seis meses y continuar con la lactancia materna todo el tiempo que madre e hijo deseen. Así, el gluten aparecerá en la dieta del bebé mientras está recibiendo leche materna, que protege su sistema inmunitario, implicado en la enfermedad celíaca.

En cuanto a los bebés no amamantados, pese a que las evidencias no permiten extraer conclusiones sobre cuándo es más recomendable que aparezca el gluten, sí sabemos que es muy desaconsejable que lo haga antes de los cuatro meses (algo habitual) y que conviene que se incorpore de forma paulatina y escalonada. Esto último, en cualquier caso, es aplicable a todos los bebés.

Nuevo estudio brinda más pruebas de que comer frutos secos es una opción saludable

Una revisión de la literatura médica revela que la población puede agregar unos pocos frutos secos a su dieta, o reemplazar otros alimentos con esos "snacks" ricos en grasa saturada y fibra, sin engordar.

Los autores combinaron la información de 31 ensayos clínicos internacionales y descubrieron que existía muy poca diferencia en el peso o la circunferencia de cintura entre grupos con una dieta normal o una opción enriquecida con frutos secos.

"La mayoría de los estudios sobre la dieta enriquecida no mostraron un aumento de peso significativo, a diferencia de lo que suponíamos", dijo el doctor David Bleich, jefe de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo de la Universidad de Medicina y Odontología de Nueva Jersey, en Newark.

El equipo de Gemma Flores-Mateo, del Instituto Universitario de Investigaciones en Atención Primaria Jordi Gol de Tarragona, en España, comentó que estudios previos habían asociado el consumo de frutos secos con una reducción del riesgo de morir o de desarrollar diabetes e hipertensión.

Bleich, que no participó de la revisión, recordó que sus investigaciones habían revelado que los marcadores de resistencia a la insulina, un valor que anticipa diabetes, disminuían cuando los pacientes agregaban frutos secos a su alimentación.

"Cualquiera pensaría que si aumenta el 'contenido de grasa' de la dieta, empeoraría la resistencia a la insulina. Esto habla de la calidad de las grasas que consumimos", explicó.

Las grasas saturadas, la fibra y la proteína de los frutos secos también suprimirían el hambre.

En los ensayos clínicos revisados, a los participantes se les había asignado al azar una alimentación normal o una versión enriquecida con frutos secos (o, a menudo, esos productos reemplazaban otros alimentos), con un seguimiento de entre dos semanas y cinco años.

Al final, los que habían consumido los frutos secos adicionales adelgazaron unos 0,63 kilogramos (kg) y perdieron casi 1,27 centímetros (cm) de circunferencia de cintura con respecto de los que habían consumido una dieta normal. Pero esas diferencias podrían atribuirse al azar.

"Aunque los efectos fueron leves, los resultados contrarrestan el temor de que el consumo de frutos secos promueva la obesidad", publica el equipo de Flores-Mateo en American Journal of Clinical Nutrition.

"Nuestros resultados respaldan la incorporación de frutos secos en dietas de prevención cardiovascular", añadió.

Pero no se trata sólo de "agregar algunas nueces a una dieta de mala calidad", aclaró Bleich, que dijo que la protección cardíaca se logra con una alimentación saludable, rica en frutas, verduras y aceite de oliva, por ejemplo, además de la incorporación de frutos secos.

El doctor Adam Gilden Tsai, de la Universidad de Colorado, en Denver, no recomendaría que sus pacientes agreguen frutos secos a la dieta diaria, sino que los usen para reemplazar otros alimentos y, así, obtener algunos beneficios, como mejorar los niveles de colesterol.

"Se pueden consumir frutos secos si se pueden controlar las calorías que se ingieren", precisó Tsai, quien manifestó que es difícil que la gente coma una sola porción.

"Normalmente, le diría a un paciente: 'Un pequeño puñado de frutos secos hace bien y es un snack que causa saciedad, pero coma con cuidado porque tiene muchas calorías'", finalizó.

Estudio revela que la dieta mediterránea ayuda a combatir la demencia

Una dieta de estilo mediterráneo puede reducir el riesgo de problemas de memoria en la vejez, según un estudio realizado en Estados Unidos. Sin embargo, los investigadores advierten que los efectos beneficiosos de una dieta rica en ácidos grasos omega-3 no se extienden a las personas con diabetes.

Las personas que llevan una dieta de estilo mediterráneo, con mucho pescado, aceite de oliva, poca carne roja y productos lácteos grasos, podría padecer menor riesgo de sufrir problemas de memoria en la vejez, según un estudio realizado en Estados Unidos.

Sin embargo, los efectos beneficiosos de una dieta rica en ácidos grasos omega-3 no se extienden a las personas con diabetes, según el estudio publicado en Neurology, la revista médica de la Academia Estadounidense de Neurología (AAN, por su sigla en inglés).

Los hallazgos, presentados como el estudio más amplio de su tipo hasta la fecha, se basaron en información dietética de 17 mil 478 afroamericanos y caucásicos con una edad media de 64 años.

En las personas sanas, los que regularmente seguían una dieta de tipo mediterránea eran 19 por ciento menos propensos a desarrollar problemas cognitivos y de memoria que las personas que no comían esos alimentos.

El estudio aclaró que no se observó diferencia en el deterioro cognitivo entre blancos y negros.

"La dieta es una actividad modificable importante que podría ayudar a preservar la función cognitiva en la vejez", dijo Georgios Tsivgoulis, médico de la Universidad de Alabama en Birmingham y la Universidad de Atenas, Grecia.

"Sin embargo, es sólo una de las varias actividades de estilo de vida importantes que podrían desempeñar un papel en el funcionamiento mental en la tercera edad".

"El ejercicio, evitar la obesidad, no fumar y tomar medicamentos para enfermedades como la diabetes y la hipertensión son también importantes", señaló.

El estudio fue financiado por el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares, parte de los Institutos Nacionales de Salud, y por el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, según la publicación hecha por agencias internacionales.

Tomado de: www.telesur.net