28 de septiembre de 2013

La dieta mediterránea podría tener un papel preponderante en la prevención de la depresión

 La dieta mediterránea podría tener un papel preponderante en la prevención de la depresión, según asegura el miembro de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), el doctor Miguel Ángel Martínez-González.

 El experto, que acaba de publicar un artículo en la revista especializada 'BMC Medicine' bajo el título 'Dieta, ¿una nueva forma de prevenir la depresión?', sostiene que esta teoría "abre una vía importante al conocimiento".

 Para él, el objetivo es "anticiparse a este grave problema de salud pública", el cual se ha convertido "en una auténtica epidemia en la sociedad actual". Además, la obesidad y la depresión una "peligrosa" relación, ya que está demostrado que el exceso de peso se asocia con un mayor riesgo de sufrir cuadros depresivos y viceversa, explica.

 Ahondando en la publicación de Martínez-González, se observa que la dieta mediterránea no sólo protege de las enfermedades cardiovasculares y de algunos tipos de cáncer, sino que, además, "puede reducir el riesgo de depresión entre un 40 por ciento y un 50 por ciento".

 En su opinión, los alimentos clave para la prevención son "las frutas, los cereales, las legumbres, los frutos secos, el pescado y las verduras". Además, el consumo de ácidos grasos omega 3 y el de aceite de oliva influyen en la estructura de las membranas de las células nerviosas "y mejoran el funcionamiento de la serotonina, un neurotransmisor implicado en la depresión", asegura.

 Así lo ha constatado tras realizar este trabajo sobre 10.000 voluntarios y hallar que, en los que se alimentaron de una manera similar a la que se hace en el sur de Europa, la incidencia de depresión tras cuatro años de seguimiento "resultó considerablemente menor que en el resto".

La obesidad es más habitual en las clases bajas

 Martínez-González recuerda que la depresión "puede conducir a hábitos dietéticos más pobres", lo que también está demostrado que "acaba derivando en un exceso de peso". De hecho, estudios anteriores han evidenciado que incidencia de la obesidad "es mayor en las clases más desfavorecidas".

 Por esta razón, el especialista de Seedo considera "clave" mejorar la educación en los hábitos alimentarios, ya que prevenir a tiempo "es el mejor tratamiento". A tenor de ello, destaca la psicoterapia cognitivoconductual, la cual está indicada "para las personas obesas que sufren depresión".

 Por último, esta sociedad avala también diferentes investigaciones sobre la existencia de un componente genético común a los trastornos del estado de ánimo y a la obesidad. Una de las más recientes, que fue realizada por la Universidad de Granada, sostiene que el gen responsable del exceso de peso, el FTO, "también es el responsable de la depresión".

Tomado de: www.europapress.es

¿Poner las toxinas a dieta? Sólo con supervisión de un experto

Algunas personas optan por regímenes para limpiar su organismo. Hay médicos que las aprueban y otros, que las creen inútiles o innecesarias.

¿Se imagina, por cinco días seguidos, comer únicamente vegetales hervidos, dos o más litros de agua y un diente de ajo con una manzana tres veces al día?

¿Y si la dosis de ajo y manzana se fuera incrementando: el segundo día dos dientes de ajo y dos manzanas, al tercer día, tres, y así consecutivamente hasta llegar al día número cinco?

Alejandra (cuyo apellido solicitó ser reservado) no tiene que imaginarlo. Ella lo hizo “porque quería desintoxicarse un poco y, de paso bajar de peso”.

Dice que le funcionó: “orinaba la grasa (la podía ver flotando cuando iba al baño) y bajé 3,5 kilos en cuatro días”.

Como ella, diversas personas que quieren liberarse de los kilos y las toxinas extra están buscando dietas para lograr su objetivo y hay especialistas que no solo respaldan la idea, sino que lo consideran necesario. “No es un mito. Las dietas de desintoxicación existen y tienen como único objetivo limpiar el cuerpo de toxinas por medio de alimentos naturales, líquido y mucha fibra”, dijo Marisa Brenes, nutricionista del Centro de nutrición Larisa Paéz.

Shirley Quirós, nutricionista de Total Natural, considera que las dietas desintoxicantes funcionan y, además, se deben realizar “al menos dos veces por año”.

Ambas especialistas se las recomiendan a quienes tienen sobrepeso u obesidad, a personas que están como ‘estancadas’ en su peso, que tienen un metabolismo muy lento o que retienen mucho líquido. También a quienes hayan utilizado fármacos (sea para la pérdida de peso o como tratamiento) o drogas por un largo periodo de tiempo, a las personas que se enferman con facilidad y a los consumidores asiduos de dietas altas en grasa, alimentos procesados y condimentos artificiales.

“Los alimentos procesados de la ‘era moderna’ se caracterizan por tener preservantes y aditivos artificiales que muchas veces el cuerpo no puede procesar, ni eliminar. Se convierten entonces en toxinas y se acumulan”, explicó Brenes.

A estas sustancias externas que se consumen, se deben añadir los agroquímicos, el smog y otros contaminantes que están en el ambiente y con los cuales el organismo está en contacto constantemente.

Liquidar las toxinas

Existen varias dietas de desintoxicación. Algunas son tan extremas (como obligar a la persona a ayunar por completo y a tomar enemas para limpiar el colon). Estas no son recomendables de realizar ni por un día si quiera.

También están las “más normales” que permiten caldos de verduras cocidas, semillas, granos integrales altos en fibra, yogurt natural o leche descremada y carnes blancas, como pescado.

“La ingesta total de alimentos no está restringida”, dice la nutricionista Cathy Wong. Eso sí, se limitan los licores, cafeína, edulcorantes, bebidas carbonatadas, alimentos procesados, carnes rojas, lácteos, harinas y grasas.

Estas dietas solo pueden seguirse por un periodo de tiempo limitado porque no son nutricionalmente adecuadas, ni balanceadas, pues son deficiencias de proteínas, calcio, vitaminas y minerales.

“Es importante que las personas no se confundan y crean que son dietas para adelgazar. Tampoco son programas de alimentación. De hecho, no se recomienda hacerlas por más de una semana”, aclaró Brenes.

¿Funcionan? Más heces y de peor olor; orina de color y olor fuerte, que además puede contener grasa; erupciones en la piel; sudoración excesiva. Esos son algunos de los signos de que la dieta actúa. “Esto varía en cada persona y no es de preocuparse: es el organismo haciendo la limpieza”, dice Brenes.

Sin embargo, si los signos se prolongan después de terminada la dieta, puede ser una alerta sobre problemas o infecciones en los órganos involucrados, advierte Alicia Marín, especialista en medicina natural y asesora médica de la marca de suplementos GNC.

En desacuerdo

Los detractores de estas dietas dicen que el cuerpo viene equipado con órganos de detoxificación como el hígado, los riñones, la piel y el sistema digestivo, por lo que no debería necesitar otros mecanismos para librarse de las toxinas. Además, “no existe evidencia científica de que las dietas específicas desintoxiquen al cuerpo”, dijo Rosanna Mauro de Maya, nutricionista experta en desórdenes alimentarios.

“En mi experiencia, son frecuentemente usadas por personas desesperadas por bajar peso que quieren una solución rápida. Estas dietas son difíciles de seguir y pueden causar más frustración que recompensa. Pueden ocasionar que se baje mucho peso, pero de músculo y agua, que se recupera rápido”, añade.

Marín y Mauro recalcan que pueden ser peligrosas: pueden bajar la presión arterial y el azúcar, agravar problemas gastrointestinales como gastritis, dolor abdominal tipo cólico y enfermedades inflamatorias del intestino, ocasionar estreñimiento y daño al colon, causar debilidad y fatiga, provocar pérdida de masa ósea, llevar a la deshidratación y propiciar desbalances hidroelectrolíticos.

“De prolongarse más de una semana pueden generar carencias nutricionales importantes, y en casos más graves, generar daños orgánicos o celulares”, asegura.

Además, en personas con desórdenes alimenticios, pueden ser la excusa perfecta para no alimentarse bien o para contrarrestar el efecto de haber comido ciertos alimentos que los hacen sentir culpables.

La alimentación es solo una de las medidas que se pueden tomar para lograr una desintoxicación. “Podemos ayudar al organismo a desintoxicarse reduciendo la exposición a sustancias tóxicas, reduciendo el estrés, durmiendo adecuadamente, haciendo ejercicio regularmente para promover la circulación y la sudoración, respirando aire puro y manteniendo una dieta saludable”, aconseja Marín, quien recalca que en todos los casos mejor preguntarle a un médico.

Tomado de: www.nacion.com

El ejercicio y la dieta sana son la base del control de la diabetes

El ejercicio físico y la alimentación equilibrada son "la base" del control de la diabetes, según ha destacado el médico Luís Gutiérrez en una conferencia este jueves en Barcelona, organizada por la Asociación de Diabéticos de Catalunya (ADC), la Federación de Diabéticos Españoles (Fede) y DiaBalance.

 Según ha informado este viernes la organización en un comunicado, el 80% de las personas con diabetes del tipo 2 son obesas por la falta de tiempo para cocinar, la pérdida de hábitos saludables, las restricciones alimenticias y por la desinformación.

 Los expertos han augurado que la falta de estos hábitos provocará que dentro de 15 años la población diabética se dispare en un 250%, puesto que el pilar para controlar la enfermedad es hacer deporte y tener una dieta sana.

Tomado de: www.europapress.es

21 de septiembre de 2013

Comer dos kiwis al día aporta energía extra y puede mejorar el estado de ánimo

El consumo de dos piezas de kiwi al día aporta una energía extra ya que son una fuente "excepcional" de vitamina C y, además, puede mejorar el estado de ánimo, según los resultados de una investigación de la Universidad de Otago en Christchurch, Estados Unidos, presentados este martes en Madrid en un acto organizado por Zespri.

 El estudio fue publicado recientemente en el 'Journal of Nutritional Science', y en él participaron 54 jóvenes estudiantes universitarios varones con una salud normal que normalmente comían poca fruta fresca y cuyos niveles de vitamina C eran más bajos de lo deseable.

 Sin embargo, tras comer darles la opción de comer entre medio kiwi y dos piezas al día durante un periodo de 6 semanas, los investigadores descubrieron que aquéllos que comían al menos dos kiwis estos jóvenes tenían un grado de fatiga y depresión significativamente menor que el otro grupo.

 También sintieron que tenían mayor energía y, por tanto, más vitalidad, lo que parece estar relacionado con la optimización de la ingesta de vitamina C con la dosis de los dos kiwis.

 "Los dos kiwis al día garantizaron que los niveles de vitamina C del grupo de estudio fueran óptimos, lo que permitió observar un efecto en su estado de ánimo y energía. La cantidad de vitamina C requerida para ello es mayor que la ingesta actual recomendada", defendió la doctora Margreet Vissers, autora del estudio.

 Para esta experta, dicho estudio aporta pruebas sólidas que demuestran que se pueden obtener beneficios apreciables para la salud mediante la ingesta diaria de una buena cantidad de frutas y verduras. "Para un mayor beneficio, es importante incluir alimentos con alto contenido de vitamina C en la dieta diaria", declara la catedrática Vissers.

 La vitamina C ayuda a activar un número de enzimas del cuerpo que mejoran los niveles de energía metabólica y diferentes elementos neuroquímicos del cerebro, afirma Vissers.

Tomado de: www.europapress.es

El ejercicio diario reduce el riesgo de morir, aunque haya obesidad

Hacer ejercicio cardiorrespiratorio moderado unos minutos al día reduce el riesgo de morir a causa de una enfermedad crónica, aunque exista obesidad.

Esta es una de las conclusiones del estudio realizado por Steven Blair, investigador de la Universidad de California del Sur (Estados Unidos), presentado en el XX Congreso Internacional de Nutrición que se celebra en Granada, donde se revisan los avances en investigación nutricional.

Este experto, que estudia el impacto de la inactividad y el ejercicio físico en la salud, ha asegurado en conferencia de prensa que las personas obesas que hacen ejercicio tienen menos riesgo de fallecer o contraer otras enfermedades crónicas que aquellos que no tienen problemas de peso, pero no están en forma física.

Blair ha afirmado que el sedentarismo es uno de los problemas de salud del siglo XXI y que acaba afectando a todos los órganos corporales. A la inactividad le atribuye 5,3 millones de muertes al año.

Y para luchar contra esta falta de actividad física recomienda un ejercicio sencillo: tres paseos de diez minutos al día, cinco días a la semana.

"No hay que ser un corredor de fondo para dejar de ser inactivo", ha subrayado este experto quien recuerda el consejo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de practicar 150 minutos semanales de actividad física.

Y asegura que hay varios estudios que demuestran que a partir de los 300 minutos a la semana, el ejercicio no aporta ningún beneficio extra a la salud.

Blair ha comentado que, como media, el hombre de hoy gasta 140 calorías menos al día en el trabajo que el de hace 50 años, mientras que las mujeres han reducido su gasto energético en 120 calorías. Se debe a que los trabajos sedentarios se han duplicado en los últimos 50 años. Además, las tareas del hogar, gracias a los electrodomésticos, permiten ahorrar 1.800 calorías a la semana respecto a hace 45 años.

Pero hay un aparato que no nos ahorra trabajo y propicia el sedentarismo, la televisión. Los estadounidenses, según el investigador de la Universidad de Carolina del Sur, pasan una media de cinco horas al día frente al televisor. Y tan solo con dar un paseo de diez minutos durante los anuncios, tres veces al día, se conseguiría alcanzar el nivel óptimo de actividad física.

Tomado de: www.larazon.es

El estado mental, social y espiritual determina un estilo de vida saludable

Llevar un estilo de vida saludable no solo depende de llevar una dieta equilibrada y mantener una vida activa, además se debe complementar con un buen estado mental, social, espiritual y de confort físico, destaca el presidente de Fundación Española de la Nutrición (FEN), Gregorio Varela, quien recuerda que "el concepto de salud es global".

Tantos condicionantes llevan a preguntarse si un estilo de vida saludable es un bien inalcanzable, más teniendo en cuenta los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que señala que cada año mueren más de 36 millones de personas por enfermedades crónicas no trasmisibles, como las cardíacas, las respiratorias, el cáncer, y la diabetes, causadas en gran medida por mantener hábitos de vida incorrectos.

Según explica a Europa Press, es posible conseguir llevar un estado de vida saludable aunque, y a tenor de los datos anteriores, es trabajoso adaptarse a unos buenos hábitos si se tiene en cuenta que los "factores sociales están influyendo en nuestros hábitos alimentarios de forma muy significativa".

"Es complicado", admite, sin embargo dentro del estilo de vida saludable los dos principales componentes clave, en los que la población debe centrarse, son llevar una dieta sana y vida activa. Para llegar a ello, el experto invita a reflexionar sobre la importancia de plantearse ser autónomo en las decisiones que pueden afectar a la salud.

"En la mayoría de las ocasiones deberíamos ser capaces de elegir nosotros nuestra alimentación, los alimentos que vamos a consumir, porque es un determinante muy importante en el estilo de vida saludable y quizá no le dediquemos la atención o el tiempo suficiente", señala como ejemplo, ya que lo mismo ocurre con el ejercicio y el sendentarismo, donde existe en la población conciencia de lo que se hace o no se hace para llevar una vida activa.

"En muchas ocasiones no pararnos a esa reflexión personal nos lleva a creencias erróneas y a mitos, y eso se paga porque nos dificulta adoptar estilos de vida saludable", añade, al tiempo que recuerda que además existe una tendencia en gran parte de la población de pensar que las consecuencias de mantener hábitos negativos "a mi no me van a pasar", además de cierta pereza ya que "para seguir un estilo de vida saludable hay que romper con la tendencia contraria".

En cuanto a los hábitos psicológicos, éstos no deciden que una vida sea saludable pero sí la definen, ya que sentimientos negativos como la culpabilidad y trastornos como la ansiedad o el estrés, complican la adaptación a una vida más saludable. "Esta población tiende a romper con los estilos de vida saludable, y, por tanto, modifica sus hábitos alimentarios, con tendencia a no tener una vida activa, a tener un consumo excesivo de fármacos y a un abuso de alcohol", explica.

Este experto, que ha participado en un simposio organizado por ANFABRA dentro del XX Congreso Internacional de Nutrición que se celebra en Granada, entiende que cualquier cambio debe partir de uno mismo, pero todos los agentes sociales, al igual que la Administración, deben aportar valor para que se produzca es cambio.

Así, destaca el hecho de que cada vez desde el sector empresarial se estén empezando a incorporar patrones de intervención que impulsan una vida sana entre los trabajadores, con iniciativos de apoyo a la conciliación, jornadas de información, medidas que evitan el estrés en el trabajador, etc.

Sin embargo quizá es la familia, que "es la que antes trasmitía los valores de alimentación y actividad física", donde puede estar fallando la educación de valores relacionados con estilos de vida saludable. En este caso Varela lanza la pregunta sobre quién debe ser el que trasmita

En lo que respecta a la alimentación, se lamenta de que "un 10 por ciento de las cenas se hacen en un sofá mirando la televisión o cualquier otro aparato; lamentablemente ya no centramos la atención en lo que es el plato y las raciones o en la sensación de saciedad".

Además, "ya no se comparte la comida", añade, recordadon que ahora el metro, un parque, la habitación o el puesto de trabajo, entre muchos otros, han remplazado el comedor o la mesa de la cocina donde se comía siempre en familia.

Por otra parte, destaca la existencia de una población que sobreestima la actividad física que se realiza, así como de alimentos saludables que consume. "Según muestran las encuentas solemos decir que hacemos más ejercicio del que realizamos, lo que sobre todo se produce en personas que llevan un estilo de vida peor", del mismo modo, "ante ciertos grupos de alimentos, como frutas y verduras, se suele tender a una sobeestimación de su consumo".

Tomado de: www.larazon.es

La alimentación durante el embarazo y los primeros años de vida del niño puede determinar su comportamiento


Un estudio europeo que aún está en marcha ha demostrado que la alimentación del niño desde su gestación y, especialmente, sus primeros años de vida podría determinar su comportamiento y el rendimiento mental.

 Estas son las con luciones del proyecto NUTRIMENTE, dirigido por una investigadora de la Universidad de Granada, que se lleva realizando desde 2008, y que ha incorporado una amplia gama de disciplinas científicas y reúne organizaciones internacionales, con el objetivo de investigar el efecto de la dieta sobre el rendimiento mental de los niños.

 Desde entonces, más de 17.000 madres y 18.000 niños de diferentes regiones europeas están participando en diferentes estudios epidemiológicos, de intervención y nutricionales, llevados a cabo por distintos centros de investigación europeos.

 Los investigadores han analizado el efecto que ejercen a largo plazo la ingesta de proteínas, ácidos grasos omega-3, vitaminas como las B o el ácido fólico, micronutrientes como el hierro o el yodo y la leche materna sobre desarrollo cognitivo, emocional y conductual de los niños desde antes del nacimiento y hasta los 9 años.

  También se pretende establecer recomendaciones dietéticas para la población europea en relación a determinados nutrientes, especialmente ácidos grasos omega-3, ácido fólico y yodo.

 Por otro lado, el proyecto tiene como objetivo mejorar la información que llega al público y consumidores, especialmente a padres, maestros y a la industria, favoreciendo el desarrollo de recomendaciones saludables acerca de cómo la dieta influye en el desarrollo cognitivo y en el comportamiento en los niños.

 Por el momento, los estudios han demostrado que la ingesta de ácido fólico, recomendada en Europa durante los tres primeros meses de embarazo, puede reducir la probabilidad de desarrollar problemas de comportamiento durante la niñez.

 Igualmente, se ha comprobado que comer pescado también es beneficioso, no solo por los ácidos grasos omega-3 que sirven de cimiento para las células cerebrales, sino también por su contenido en yodo, que ha demostrado tener un efecto positivo sobre la habilidad para la lectura en los niños evaluados a los nueve años de edad.

 No obstante, como explica la profesora de la UGR Cristina Campoy, quien ha dirigido el proyecto, "estudios a corto plazo parecen incapaces de detectar la influencia real de la nutrición en los primeros años de vida", por lo que es necesario más estudios a largo plazo.

 "NUTRIMENTHE basa su éxito en el seguimiento de los niños involucrados en los diferentes estudios durante muchos años, ya que el cerebro necesita mucho tiempo para madurar, y las deficiencias tempranas puede tener efectos de largo alcance. La nutrición temprana se destaca como la más importante", añade.

 Existen otros factores que pueden afectar al desarrollo mental de los niños, como la edad de los padres o su nivel educativo y socio-económico, y también, como se ha demostrado en el Proyecto NUTRIMENTHE, la base genética de la madre e hijo.

 Así, polimorfismos genéticos y cambios epigenéticos producidos durante la gestación en relación con la ingesta de alimentos y el estado nutricional de la embarazada, puede influir en cómo se metabolizan ciertos nutrientes y son transferidos durante el embarazo hacia el feto y a través de la lactancia hacia el bebé, y así afectar positiva o negativamente el desarrollo cognitivo y de la conducta de los niños.

 Asesorar a los padres, explica Cristina Campoy, es fundamental para promover la importancia de tener una buena nutrición durante el embarazo y en los primeros años de vida del niño, incluyendo la lactancia materna, si es posible, ya que puede tener un efecto positivo en la salud mental y el rendimiento académico durante la infancia.

 Sin embargo, en el caso de la genética, los estudios futuros deben incluir una investigación más profunda sobre la variación genética en las madres y los niños, a fin de que se pueda hacer un asesoramiento óptimo e individualizado. Esta área apasionante de investigación emergente plantea todo un reto para la comunidad científica.

 El conocimiento obtenido a través del Proyecto Europeo NUTRIMENTHE contribuirá a crear una base científica sólida para establecer las recomendaciones para mujeres embarazadas y niños con el objetivo de mejorar su rendimiento mental y prevenir los trastornos del comportamiento.

Tomado de: www.europapress.es

Cáncer de endometrio: ¿cuál es el papel de la alimentación?

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

No fumar, mantener un peso normal, seguir una dieta saludable y tener un alto nivel de actividad física pueden prevenir más del 40% de los casos de cáncer de endometrio

La dieta no puede curar un cáncer una vez instaurado, pero sí puede prevenir la aparición de diversos tumores, como el de mama. Nuevos datos apuntan que otro cáncer muy habitual en las mujeres, el de endometrio, guarda relación con la nutrición, aunque también con la actividad física. Se trata de una dolencia muchísimo más común en países con altos ingresos, lo que lleva a pensar que quizá haya factores del estilo de vida implicados en su desarrollo. Por ello, el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer (WCRF, en sus siglas en inglés) y el Instituto Americano para la Investigación del Cáncer (AICR) han llevado a cabo una extensa revisión de la literatura científica disponible al respecto. Las principales conclusiones del informe de estas dos organizaciones (cuyo objetivo principal es que población sea consciente de la importancia de los hábitos de salud) se exponen en el presente texto.

Algunos datos relevantes sobre el cáncer de endometrio

El cáncer de endometrio (la mucosa que recubre el interior del útero) es el cuarto tumor más común en mujeres. Suele afectar a mujeres posmenopáusicas y, por lo general, se diagnostica a partir de los 50 años. Por suerte se trata de un tipo de cáncer con un buen pronóstico en países desarrollados, tal y como reflejan las altas tasas de supervivencia de quienes lo padecen en estos países. Ello se debe al diagnóstico precoz, que se acompaña de un tratamiento cuya implementación no se demora. Sin embargo, esta ventaja se contrarresta, en parte, por el hecho de que en los países desarrollados muchas más mujeres no tienen hijos: el informe del WCRF/AICR detalla que no tener hijos incrementa el riesgo de sufrir este tipo de cáncer.

Exceso de peso y cáncer de endometrio: relación convincente

Los investigadores evaluaron diferentes aspectos relacionados con la nutrición y la actividad física que pueden influir sobre el riesgo de sufrir cáncer de endometrio. De todos ellos, el único que fue clasificado como "convincente" fue el exceso de peso. En cualquier caso, otros tres factores muestran una relación "probable" con este tumor: la actividad física, una dieta con una alta carga glucémica y el café, como se amplía más adelante.

El incremento del riesgo asociado al exceso de peso (que se observa tanto si se tiene en cuenta el Índice de Masa Corporal -IMC-, el perímetro abdominal o la ganancia de peso en la edad adulta) se cree que se debe a que el cuerpo segrega una serie de sustancias que pueden promover el crecimiento de las células cancerígenas, tales como hormonas, factores proinflamatorios y factores de crecimiento.

Actividad física contra el cáncer de endometrio

La actividad física puede reducir las posibilidades de sufrir este tipo de cáncer. Los beneficios de la actividad física en la prevención del cáncer de endometrio pueden atribuirse a diversos factores, uno de los cuales es que quien hace mucho ejercicio físico tiene menos posibilidades de sufrir obesidad. La buena noticia es que cualquier tipo de actividad física resulta beneficiosa para prevenir este tumor. Así, mientras realizamos las tareas del hogar, caminamos, vamos en bicicleta o si desempeñamos un trabajo activo, disminuimos las posibilidades de tener un cáncer de endometrio.

Una infografía del WCRF/AICR detalla que hasta cuatro de cada diez casos de cáncer de endometrio se pueden prevenir si se mantiene un peso saludable y se sigue un estilo de vida activo (con un mínimo de 30 minutos de actividad física cada día). A ello habría que añadir el efecto del tabaquismo (que incrementa el riesgo de forma clara) y el de la alimentación.

Cáncer de endometrio: alimentación para prevenirlo

Como una alimentación saludable disminuye el riesgo de sufrir obesidad, se puede concluir que protege de forma indirecta del cáncer de endometrio. En cualquier caso, de los diversos factores dietéticos aislados analizados por el WCRF/AICR, solo mostraron una relación "probable" la carga glucémica y el café. Por una parte, los estudios revelan que quien toma café presenta menos riesgo de padecer la enfermedad. No obstante, el WCRF/AICR considera que no existe suficiente información como para recomendar el consumo de café como medida de protección.

Por otra parte, la carga glucémica aumenta el riesgo de sufrir esta dolencia. La carga glucémica es una medida que indica la cantidad de glucosa disponible para utilizar o almacenar tras la ingesta de un alimento que contenga carbohidratos. Así, una dieta con una alta carga glucémica se traducirá en altas cargas de glucosa sanguínea que, si no es utilizada, se almacenará. Ello aumenta, además, nuestros niveles de ciertas sustancias que estimulan la división de las células cancerígenas o que incrementan la oxidación celular.

En cualquier caso, el panel de expertos que ha elaborado el informe apunta que la evidencia que relaciona la carga glucémica con el cáncer de endometrio proviene de países desarrollados, en los que una gran proporción de los carbohidratos consumidos provienen de alimentos ricos en azúcares (como los refrescos) o de alimentos muy procesados. Para reducir el riesgo, hay que disminuir al máximo nuestra ingesta de tales alimentos. Por otra parte, no se observó relación entre el cáncer de endometrio y otros factores analizados, como el índice glucémico, la ingesta de té, soja o de carne roja o el consumo de multivitamínicos.

Un estudio revela que los pistachos ayudan a combatir la diabetes

Un estudio de la Unidad de Nutrición Humana de la Universidad Rovira i Virgili (URV) de Tarragona ha revelado que los pistachos ayudan a combatir la diabetes porque mejoran la resistencia a la insulina.

El estudio, que se ha presentado hoy en el XX Congreso Internacional de Nutrición IUNS que esta semana se celebra en Granada, ha sido realizado por la doctora Mónica Bulló y su equipo de investigación de la Unidad de Nutrición Humana de la URV y promovido por la empresa American Pistachio Growers (APG), una agrupación de productores de pistachos de California, Arizona y Nuevo México.

La investigación se ha llevado a cabo con una muestra de 50 personas pre-diabéticas, compuesta por hombres y mujeres de edades comprendidas entre los 25 y los 65 años y que se han sometido a nueve meses de pruebas.

Según ha explicado Mónica Bulló, todos los frutos secos tienen efectos beneficiosos en la patología de la diabetes, sin embargo "la composición nutricional de los pistachos los hace especialmente susceptibles de jugar un papel relevante dado que son ricos en fibra, beta carotenos y otras sustancias antioxidantes".

La experta en nutrición considera los pistachos también ayudan a mantener el corazón sano y a prevenir patologías cardiovasculares, gracias al alto contenido de grasas saludables o mono insaturadas, que contribuyen a mantener los niveles de colesterol.

Tomado de: www.larazon.es

14 de septiembre de 2013

La obesidad infantil, un trampolín hacia la hipertensión

Vivir una infancia con sobrepeso tiene consecuencias. Y, aunque la investigación sobre estos efectos aún no es muy extensa, los datos que manejan los especialistas son más que preocupantes. En el congreso sobre hipertensión que se está celebrando estos días en EEUU la Asociación Americana del Corazón (AHA) se han presentado unas cifras que no por esperadas dan menos quebraderos de cabeza.

Según sus datos, los niños obesos tienen un riesgo cuatro veces superior de convertirse en hipertensos en la edad adulta. En el caso de los pequeños con sobrepeso -el exceso no llega a considerarse obesidad- este riesgo se reduce un poco, aunque las posibilidades de tener problemas con la tensión arterial en la madurez también doblan a las del resto de sus compañeros.

La doctora Sara E. Watson, endocrinóloga pediátrica del Riley Hospital for Children de Indiana (EEUU) ha sido la encargada de presentar en la reunión estas cifras, obtenidas tras una investigación que comenzó en 1987 y que ha realizado un seguimiento hasta la actualidad a 1.117 chicos que eran pequeños cuando se inició el trabajo.

En esa muestra el 68% de los pesos presentaba un peso normal, un 16% tenía sobrepeso y el 16% restante, obesidad.

Pasados los años, los investigadores comprobaron que mientras que el 6% de los niños de peso considerado normal habían desarrollado hipertensión en la edad adulta, este porcentaje alcanzaba al 26% de los participantes que habían sido obesos en la infancia.

Estos datos, ha señalado la especialista, subrayan la gran amenaza para la salud pública que suponen los kilos de más en la edad pediátrica. La enfermedad cardiovascular puede empezar en la infancia, ha recordado.

De la misma opinión es Empar Lurbe, que dirige un grupo de investigación sobre las consecuencias de la obesidad infantil en el Centro de Investigación en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn).

Según explica, la hipertensión, que antes era un fenómeno prácticamente desconocido en las consultas de pediatría, cada vez es una realidad más palpable en nuestro país debido a los crecientes problemas de sobrepeso de la población infantil.

La constatación de este cambio llevó, en 2009, a la elaboración de la primera guía europea para el manejo del trastorno, un documento en el que participó la propia Lurbe y que marca los pasos a seguir para un adecuado control de la enfermedad.

"Se considera que existe hipertensión cuando el niño tiene de forma continuada una presión sistólica y/o diastólica por encima del percentil 95 en relación a su sexo, edad y talla", comenta Lurbe, quien subraya que esta guía recomienda tomar la tensión a los pequeños a partir de los tres años.

Controlar la presión arterial desde la infancia no sólo es importante para prevenir problemas futuros, recuerda la especialista del Consorcio Hospital General Universitario de Valencia, sino para detener trastornos que ya pueden comenzar a gestarse en las primeras etapas de la vida.

"La hipertensión tiene una serie de repercusiones, tanto a nivel de los vasos sanguíneos, como a nivel del corazón o a nivel del riñón", señala. En cuanto se detecta una hipertensión infantil, las guías europeas recomiendan hacer las pruebas pertinentes para conocer si hay afectación de los órganos (por ejemplo, una prueba de la secreción urinaria de albúmina para conocer el estado del riñón o un ecocardiograma para comprobar si ha aumentado la masa ventricular en el corazón).

"Si eso pasa, además del tratamiento habitual, basado en la dieta y el ejercicio, también es necesario iniciar un tratamiento farmacológico con el que intentar revertir el problema", aclara Lurbe, quien subraya que es necesario tener siempre en cuenta a la hipertensión en las consultas de pediatría.

Tomado de: www.elmundo.es

Diez claves para no comer lo que más engorda

Por MAITE ZUDAIRE / Tomado de: www.consumer.es

Alimentarse de manera consciente permite convertir la comida en un disfrute sin necesidad de comer siempre lo que más engorda para sentir placer

¿Por qué nos gusta más la comida que engorda? O, dicho de otra manera, ¿por qué resultan tan atractivos los alimentos menos sanos? Es difícil encontrar a alguien que pida fruta de postre cuando hay tarta de chocolate, o que beba agua cuando hay refrescos. ¿Qué nos empuja a comer así? Son muchos los condicionantes que influyen nuestra elección. En palabras de Brian Wansink, experto en asuntos de la conducta alimentaria, "a diario se toman unas doscientas decisiones relacionadas con la alimentación, y a muchas de ellas no se les presta la atención que merecen". Y este aspecto resulta clave, ya que tomar conciencia de qué se come, cuánto se come, cómo se come y por qué se come es fundamental para alimentarse mejor. El siguiente artículo brinda diez consejos prácticos para no comer lo que más engorda. 

Diez claves para no comer lo que más engorda

En general, ante una variedad de opciones para elegir, tendemos a escoger aquella menos conveniente en términos de salud. La ensaladilla rusa en lugar de la ensalada mixta o las natillas en vez de la fruta de postre. Está estudiado que el mero hecho de tener más para elegir incita a un mayor consumo. Además, lo más tentador suele ser también lo más insano, y en ocasiones se sirve en tamaño grande e incluso se acompaña de precios más ajustados. Y pese a saber que aquello que vamos a comer no es lo más adecuado, se elige la mayor porción.

Y eso no es todo. Comer solo o acompañado, el ambiente que rodea a la comida, la presentación de los platos y hasta el tipo de vajilla y su tamaño, condicionan también la forma de comer, y en consecuencia, la salud de los comensales.

En una revisión sobre el tema se recogen los resultados de varios estudios que han demostrado que ofrecer porciones más grandes de alimentos puede conducir a un aumento significativo en el consumo de energía. No resulta fácil reprimir el impulso de seguir comiendo pipas de una bolsa grande o dejar parte de la tarta que han servido de postre. Somos influenciables a la hora de escoger entre unos productos y otros. En este sentido, es curioso cómo los fabricantes de productos menos saludables (dulces, snacks, refrescos, etc.) son quienes mayores esfuerzos hacen en cuestión de marketing alimentario, a sabiendas de que el aspecto de sus productos (envases y tamaño de las porciones, diseño, prominencia, reclamos de salud, características del etiquetado nutricional...) tienen una influencia determinante en nuestra elección alimentaria.

En el libro 'Eat, Drink & Be Mindful', la doctora Susan Albers -autora de la publicación- resume en diez claves cómo iniciarse en el proceso de comer de manera consciente, con todas las facultades puestas en el momento y en el acto del comer. Ser capaces de identificarnos con uno o varios puntos de la siguiente lista ayudará reflexionar y analizar personalmente el grado de consciencia en todo lo que concierne la hora del comer, así como la asociación que puede existir entre esa conducta y las distintas sensaciones que se tengan, tanto físicas como emocionales.

¿Con qué conducta te identificas? Soy capaz de...
  1. Parar de comer cuando me siento lleno.
  2. Comer cuando tengo hambre (sensación distinta al apetito, o a comer por "emociones").
  3. No picotear.
  4. Saborear cada bocado antes de comer el siguiente.
  5. Pensar cómo afecta el valor nutritivo de los alimentos que como a mi cuerpo.
  6. No juzgarme cuando de manera circunstancial (no habitualmente) he comido demasiado.
  7. No realizar otras tareas mientras como. Cuando como, solo como.
  8. Ser capaz de dejar algo de comida en el plato cuando no quiero más.
  9. Comer despacio, masticando bien cada bocado.
  10. Reconocer cuando estoy comiendo de manera consciente (siento cómo crujen los alimentos en la boca, percibo el olor de la comida, etc.).
Las cinco ventajas de comer a conciencia

"Comer de manera consciente no significa limitar el consumo de alimentos ni seguir una dieta restrictiva", sino que persigue justo lo contrario; convertir la comida "en algo para disfrutar, en lugar de en una tentación o en un signo de arrepentimiento". Así lo explica Jan Chozen Bays, reconocida pediatra especialista en comportamiento alimentario, en su libro 'Mindful Eating: A Guide to Rediscovering a Healthy and Joyful Relationship with Food.' Bays es miembro del Center for Mindful Eating (TCME), cuya misión es la de ayudar a individuos y profesionales a "lograr una relación equilibrada, respetuosa, sana y feliz con la comida y la alimentación". Son varias las ventajas que se experimentan tras iniciarse en el proceso de comer de manera consciente, tal y como plantea la experta:
  1. La comida se convierte en algo para disfrutar, en lugar de en una tentación o en motivo de arrepentimiento y frustración.
  2. Se ralentiza el ritmo de las comidas, lo que permite al cerebro tener tiempo para recibir las señales de saciedad del estómago. Estas circunstancias son favorables para bajar de peso.
  3. Optimiza la digestión. Algunas investigaciones han demostrado que cuando la atención no se centra en comer, nuestro proceso digestivo es un 30-40% menos eficaz de lo que debería ser, lo que lleva a gases, hinchazón y malestar.
  4. Se está más sensibilizado con el tema alimentario; aumenta el conocimiento sobre las características y propiedades de los alimentos, lo cual favorece una alimentación más sostenible, la apuesta por la compra de alimentos locales, orgánicos y más respetuosos con el medio que nos rodea.
  5. Se toma conciencia de que comer con la familia fomenta la conexión más profunda. También permite crear un modelo saludable de conductas alimentarias de los hijos.

Los alimentos comerciales para bebés son poco nutritivos, según un estudio

La mayoría son demasiado dulces y se anuncian para bebés que estarían mejor con la leche materna, afirman los expertos

Los alimentos para bebés comerciales no cumplen con las necesidades dietéticas de los bebés durante el destete, según un estudio nuevo.

Eso es así porque los alimentos comerciales son predominantemente dulces que proporcionan pocos beneficios nutricionales adicionales con respecto a la leche matera o de fórmula, afirmaron los investigadores. También señalaron que los alimentos comerciales para bebés se venden para el consumo de los bebés a partir de 4 meses de edad, una edad en la que deberían seguir tomando solo leche materna.

"Los alimentos comerciales considerados en este estudio que se consumían más habitualmente no proporcionaban más energía que la leche materna o de fórmula, y sin embargo se anuncian para una edad en la que reemplazarán a la leche materna o de fórmula, que es lo que todos los bebés menores de 6 meses realmente necesitan", explicó un equipo liderado por la Dra. Charlotte Wright, de la Universidad de Glasgow, en Escocia.

Un experto de EE. UU. dijo que el estudio plantea algunos problemas importantes.

"Pasar al destete desde unas dietas basadas en la leche a dietas basadas en alimentos a esta edad no debería tomarse a la ligera", afirmó el Dr. Peter Richel, jefe del departamento de pediatría del Hospital de Northern Westchester en Mount Kisco, Nueva York. "Debemos proporcionar la alimentación adecuada para proporcionar energía, una velocidad de crecimiento consistente y todo lo que sea fundamental y apropiado para cada edad en todas las áreas del desarrollo", afirmó.

En el nuevo estudio, el equipo de Wright analizó el contenido nutricional de todos los alimentos para bebés en el Reino Unido que se pueden consumir durante el destete, un momento en que se empieza a dar a los bebés alimentos con una mayor variedad de texturas y sabores para animarles a que prueben alimentos distintos y para fomentar su ingesta de energía y nutrientes.

Los 462 productos incluían alimentos preparados blandos y húmedos; comidas en polvo que se hidratan con leche o agua; cereales para el desayuno, y alimentos en trocitos, como los bizcochos tostados.

Los investigadores hallaron que el 79 por ciento de los productos eran alimentos preparados para comer con cuchara, el 44 por ciento de los cuales se vendían para bebés de 4 meses y mayores.

El contenido energético de los alimentos que se comen con cuchara era casi idéntico al de la leche materna y su contenido de proteínas era solo el 40 por ciento más alto que el de la leche de fórmula, según el estudio, que fue publicado en línea en la revista Archives of Disease in Childhood.

Los productos con carne eran los que más hierro contenían, pero no había más que en la leche de fórmula y no mucho más que en los productos que no tenían carne. Los alimentos en trocitos secos tenían niveles mucho más altos de energía y nutrientes en general, pero también tenían unos niveles de azúcar particularmente altos.

En general, casi dos tercios de los productos eran dulces. El equipo señaló que alimentarse de forma repetida con alimentos dulces durante la infancia puede hacer que los niños desarrollen una preferencia por ese tipo de alimentos.

La idea principal de los alimentos durante el destete es aumentar el contenido energético de la dieta y proporcionar fuentes más ricas de nutrientes, como el hierro, afirmó el equipo de Wright.

"Aunque es comprensible que los padres puedan elegir [estos productos] al principio del proceso del destete, los profesionales de la salud deberían ser conscientes de que tales alimentos no añadirán nada a la densidad de nutrientes de la dieta con leche", afirmó.

Y aunque el estudio se centró en los productos vendidos en el Reino Unido, afirmó Richel, los bebés estadounidenses probablemente se enfrenten a los mismos problemas nutricionales.

"Los alimentos que se ofertan para bebés [en Estados Unidos] son demasiado dulces en general", afirmó. "Los padres deberían ser conscientes de los alimentos procesados, los edulcorantes artificiales en los yogures de frutas y en los "aptos para bebés" y en los yogures líquidos. Estos productos parecen muy agradables y sencillos, con un gran marketing, un gran envase y grandes ventajas".

Sin embargo, los mejores alimentos para bebés podrían ser los preparados en casa. "Al tomar los primeros alimentos sólidos al inicio de la infancia, sería maravilloso si los padres tuvieran tiempo para preparar los alimentos en la cocina de casa", afirmó Richel. "Por ejemplo, para las frutas y las verduras, uno simplemente las escalda, las mezcla con un poco de líquido (leche materna, fórmula o agua) y ya está. Así se hace un puré. Las raciones pueden almacenarse en moldes de hielo para tener un acceso fácil".

Aunque hacerlo en casa pueda ser un poco menos práctico, "el resultado final valdrá mucho la pena", añadió. "¿Qué podría ser más importante que la salud de sus hijos?".

7 de septiembre de 2013

Realizar periodos cortos de ejercicio intenso podría ayudar a reducir el riesgo de obesidad

Un ejercicio de mayor intensidad, aunque sea a ratos cortos, juega un papel importante en el control del peso, según un nuevo estudio.

"Lo que hemos aprendido es que para evitar el aumento de peso, la intensidad de la actividad importa más que la duración", afirmó Jessie Fan, profesora de estudios familiares y del consumidor de la Universidad de Utah, en un comunicado de prensa de la universidad.

"Esta nueva comprensión es importante porque hoy en día menos del 5 por ciento de los estadounidenses llegan al nivel recomendado de actividad física semanal según las directrices actuales de actividad física. Saber que incluso los periodos cortos de actividad 'intensa' pueden resultar en un efecto positivo es un mensaje de ánimo para el fomento de una mejor salud", explicó Fan.

La directriz actual de actividad física para los estadounidenses es realizar al menos 150 minutos de actividad física semanal entre moderada e intensa, los cuales pueden acumularse en periodos de 8 a 10 minutos.

El análisis de los datos de más de 2,200 mujeres y 2,300 hombres, de 18 a 64 años de edad, arrojó que la actividad de mayor intensidad estaba asociada con un menor riesgo de obesidad, tanto si se realizaba en sesiones más cortas o más largas de 10 minutos.

Cada minuto del día en que se realizaba una actividad de mayor intensidad redujo el riesgo de obesidad en un 5 por ciento en las mujeres y en un 2 por ciento en los hombres, según el estudio publicado en la edición actual de la revista American Journal of Health Promotion.

Para las mujeres, cada minuto del día en que realicen una actividad de mayor intensidad compensa las calorías equivalentes a 0.41 libras (0.18 kilos). Esto significa que una mujer de 5 pies y 5 pulgadas (1.65 metros) de estatura que añade regularmente un minuto de actividad de mayor intensidad en su día pesará casi media libra (0.22 kilos) menos que una mujer con una estatura similar que no es activa, afirmaron los investigadores. Y los hallazgos fueron similares para los hombres, indicaron en el comunicado de prensa.

Dietas extremas

Por JULIO BASULTO / LAURA CAORSI / Tomado de: www.consumer.es

Cuatro ejemplos de dietas que, además de ser ineficaces, ponen en peligro la salud de quienes las siguen

El deseo de adelgazar -y los intentos sucesivos por lograrlo- obedece muchas veces a una motivación estética, más que de salud. Así, en lugar de entender la dieta y la alimentación saludable como un estilo de vida, como un concepto más amplio, más interesante y más rico, se las enfoca como un simple medio para alcanzar un fin: estar más guapos y delgados que antes, volver a usar la ropa que se ha quedado pequeña en el armario y ajustarse, en definitiva, a los cánones estéticos que imperan en la actualidad. Para no pocas personas, los modelos de belleza pesan más que la salud o los kilos que les enseña la báscula. Y es allí, en ese deseo, en la esperanza y las expectativas, donde fructifican las dietas milagrosas, los famosos quemagrasas y los falsos gurús. En el siguiente artículo se reseñan cuatro propuestas dietéticas extremas que, además de ser ineficaces, ponen en jaque la salud de quienes las siguen.

La dieta al límite: cuatro ejemplos para no seguir

Cuesta imaginar un libro de arquitectura que contradiga en sus páginas los principios fundamentales de la construcción de edificios y estructuras, o uno de ingeniería que viole las leyes de la física, las matemáticas o la aerodinámica. Sin embargo, los libros de "dietética" que se saltan con alegría los fundamentos de la nutrición humana son, por desgracia, la norma. No solo campan a sus anchas, sino que incluso ocupan los primeros puestos en los "top ventas". No extraña que un consejo muy repetido por los expertos sea "no se fíe de los libros, acuda a un dietista-nutricionista".

Para reconocer dichos libros o reconocer cuándo estamos ante una propuesta dietética engañosa, además de revisar lo que se detalló en los textos 'Test para detectar dietas milagro' o 'Descubre a un falso gurú de la alimentación en seis pasos', publicados en EROSKI CONSUMER, resulta útil considerar si dicho libro o manual está indexado en la biblioteca de una Universidad de Nutrición Humana y Dietética. Si no lo está (o pertenece a secciones denominadas "dietas milagro", "milongas dietéticas", "despropósitos nutricionales" o similares) lo ideal es hacer la vista gorda e invertir el dinero en otra cosa.

Existen cientos de dietas milagrosas, métodos engañosos e iluminados nutricionales con ánimo de vender sus ocurrencias. Sea como fuere, aunque todas las dietas milagro son arriesgadas, hay algunas que podrían etiquetarse como "dietas extremas", puesto que sus efectos sobre la salud son comparables a lo que sucedería al rellenar el depósito de combustible de un avión con arena de playa, o al sustituir los ladrillos de un edificio por plastilina. A continuación revisamos cuatro de ellas, que ponen los ojos como platos (y no de postre) a los expertos en nutrición.

1. Dieta de la cerveza. Aunque parezca increíble, hay "sanadores" que obvian sin miramientos que el consumo habitual de alcohol es perjudicial para la salud y que se atreven a proponer barbaridades como "la dieta de la cerveza", cuya valoración por parte de la ciencia de la nutrición es tan breve como rotunda: "ineficaz y peligrosa". Sin entrar a detallar (por decoro) el volumen de cerveza que aconsejan beber para perder peso (a base de agua corporal, en el mejor de los casos), sí es preciso referirse a algo que el "doctor dieta" de turno no mencionará: el alcohol es, después del tabaco, la segunda causa de mortalidad prevenible en occidente. Tanto es así que una de cada diez muertes que se producen en Europa es atribuible al consumo de alcohol, muchas de ellas por cáncer. Es más, el riesgo de dependencia del alcohol en la población es de un 10% (casi un 20% de las personas con dependencia del alcohol eran capaces de beber "con moderación" el año previo) y el riesgo de "abuso" es de un 15%, cifra que asciende a un 25% en el caso de los varones. En ocasiones (y con razón) esta dieta se tilda de "tóxica".
2. Dieta "depurativa" a base de sustancias varias. En el mercado podemos hallar otras dietas tan tóxicas como la anterior. Es el caso de las que usan diferentes preparados farmacológicos como hormonas tiroideas, anfetaminas, diuréticos o laxantes, para "depurarnos" o "desintoxicarnos". La incorporación de estas sustancias (muchas de ellas aderezadas con el adjetivo "natural" o "vegetal") altera el delicado equilibrio de nuestros sistemas corporales, puede deshidratarnos, puede dañar de forma irreversible nuestro hígado, nuestros riñones o nuestra glándula tiroides, y en absoluto es útil para perder peso o mejorar la salud. 

La gran mayoría de estos preparados se clasifican como ilegales por la Agencia Española del Medicamento, que los retira del mercado por decenas cada año. Es por ello que la Dirección General de Farmacia aconseja desconfiar de los anuncios como "producto natural", "hecho con plantas" o "de venta en farmacias". La Agencia Danesa de Medicamentos (DKMA) puso en marcha en 2011 una campaña con el siguiente lema: "no tocar". La campaña se centra en esta clase de productos, que pueden llegar a contener, según la DKMA, hasta "cal y cemento" (¿los habrá diseñado un arquitecto?). Si ingerir hormigón es arriesgado, más lo es tragar otras sustancias farmacológicas peligrosas ocultas en dichos productos, cuyo consumo, para la DKMA "podría ser letal".

3. Ayunos "terapéuticos". Ayunar un día no tiene consecuencia alguna sobre la salud. Sin embargo, cuando la cosa se alarga y un "doctor" nos propone (siempre basándose en sus "años experiencia personal" y aludiendo a "los procesos naturales del organismo") que ayunemos de 7 a 11 días, las consecuencias pueden ser nefastas. De entre ellas vale la pena citar las siguientes:
  • Intolerancia al frío.
  • Sequedad de piel en general.
  • Sequedad de boca.
  • Halitosis.
  • Cefalea.
  • Sensación nauseosa.
  • Inestabilidad.
  • Tensión arterial baja.
  • Estreñimiento o diarrea.
  • Cálculos biliares.
  • Elevación de los niveles de ácido úrico.
  • Riesgo de hipoglucemia en pacientes con diabetes.
Al margen de los efectos puntuales, lo más grave de esta propuesta es que no solo es ineficaz para educarnos en la alimentación saludable, sino que generan justo el efecto contrario: una desorientación patente que incapacita al individuo para ser dueño de su propia salud. Viene a ser como pretender aprender a montar en bicicleta montando un patinete.

Una variante de esta dieta es la "dieta del sol", denominada 'Sungazing' (que se traduce al castellano como "contemplar al sol"). Consiste en mirar de forma directa al sol con la creencia de que ello permite, gracias a la energía solar, complementar, mejorar o incluso (y esto es lo más grave) reemplazar la alimentación. Es una insensatez. Nuestros ojos no poseen la clorofila que permite llevar a cabo la fotosíntesis que realiza un helecho para convertir la energía solar en combustible. Además, aunque tuviéramos clorofila, el área de nuestros ojos es muchísimo más pequeña que la de las hojas, y el gasto calórico de nuestro cuerpo muy superior al de una planta. Eso por no mencionar que mirar al sol deteriorará sin duda la salud ocular. Por desgracia, varias personas han muerto tras practicar este disparate.

4. Beber agua de mar. La imaginación en el terreno de la alimentación humana es como el universo: no solo no es infinito, sino que se expande. Cuando parece que ya se ha tocado fondo (¿es posible superar la barbaridad de pretender perder peso a base de cerveza o del sol?) alguien sigue cavando y encuentra un nuevo camino para embaucar a los inocentes. Es el caso de la "dieta del delfín". Que alguien se invente semejante majadería no era impensable para los expertos en nutrición, pero sí lo era que miles de personas se lo creyesen. La opinión de dichos expertos sobre la "dieta" se resume en tres palabras: "no lo haga". El cuerpo humano no está diseñado para beber agua de mar, como tampoco lo está para respirar gas butano. Poco más se puede decir. Ni en sueños sirve para mejorar la salud o perder peso, mientras que sí puede empeorar de forma patente el estado de diferentes órganos y sistemas corporales. No lo haga (jamás).

Aunque parezca fácil reconocer estos timos peligrosos y, más que eso, no caer en la tentación de probarlos, lo cierto es que no resulta tan sencillo. Casi todos -por no decir todos- vienen muy bien presentados, incluyen opiniones de presuntos especialistas, citan estudios inexistentes o poco fiables de universidades a veces también inexistentes, incluyen "testimonios" que generan cercanía y, si son libros, suelen estar bien escritos. En suma, resultan muy atractivos y verosímiles, y consiguen colarse en nuestras estanterías, que se apoyan en ese deseo de vernos bien, de mejorar nuestro aspecto.

Por todo ello -y porque seguirán apareciendo artífices de ilusiones y promesas- conviene recordar que estas dietas extremas se articulan en algo llamado "pensamiento mágico", un proceso que el libro Anomalistic Psychology (Psicología anómala) definió como: cualquier explicación de fenómenos experimentales o de comportamiento que violan alguna ley de la naturaleza o que sugiere, sin evidencia que la respalde, la existencia de principios, fuerzas o entidades desconocidas para a la ciencia. Todas las "dietas" descritas antes violan las leyes de la naturaleza y carecen de un razonamiento sensato que las avale. Su único efecto demostrado es el de atentar contra la salud de quienes las ponen en práctica.

Consumir mucha grasa debilita la señal de gratificación en el cerebro

El fenómeno lleva a las personas a comer más, afirma el investigador Luis A. Téllez. El investigador mexicano junto con su equipo reportan el descubrimiento de un lípido del intestino conocido como oleoiletanolamina, que controla la percepción de recompensa.

La comida rica en grasas interrumpe la señal de gratificación y producción de dopamina en el cerebro (neurotransmisor ligado a las sensaciones placenteras), por lo que al verse detenida esa comunicación cerebral, el individuo siente la necesidad de consumir más grasas.

Esa es la conclusión a la que llegó Luis A. Téllez, investigador mexicano de la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale, quien realizó un estudio con ratas de laboratorio para encontrar las causas por las que la gente prefiere la comida grasosa.

Los resultados de su trabajo, publicados recientemente en la revista Science, suprimen el mito de que comer de forma compulsiva es gratificante. La investigación podrá contribuir a obtener estrategias para ayudar a perder peso.

La investigación de Téllez arroja nuevas claves para entender esta conversación entre el intestino y el cerebro a la hora de consumir alimentos grasosos y ayuda a explicar por qué comer demasiada grasa puede debilitar el circuito de recompensa del cerebro, llevando a las personas a comer más y, en consecuencia, a la obesidad, reportó la Academia Mexicana de Ciencias en un comunicado.

En su artículo, Luis Téllez y sus colegas reportan el descubrimiento de un mensajero molecular: un lípido del intestino conocido como oleoiletanolamina (OEA), que controla la percepción de recompensa del cerebro desde el intestino.

Comunicación

El investigador mexicano, quien realiza una estancia posdoctoral becado por la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación del Distrito Federal, practicó pruebas en ratones y se percató de que las señales de comunicación entre el intestino y el cerebro pueden interrumpirse al someterse a los roedores a dietas altas en grasas.

En los experimentos fueron utilizados dos clases de ratones: uno era alimentado con una dieta alta en grasas y otro con un régimen bajo en grasa. Los experimentos arrojaron que el primer grupo tenía niveles bajos e inusuales de OEA en el intestino y que no producían mucha dopamina, el neurotransmisor asociado con la recompensa y el placer en el cerebro. En cambio, el otro grupo tenía niveles normales de dopamina y de OEA.

"Esto quiere decir que el consumo excesivo y prolongado de alimentos altos en grasa atenúan la sensación de recompensa inducida por la dopamina, lo que lleva a comer aún más alimentos ricos en grasas para tratar de compensar ese mecanismo de placer", señalan los autores en el artículo publicado el 16 de agosto pasado.

Para tratar de revertir los efectos en los roedores amantes de los alimentos grasosos, los investigadores los sometieron a una infusión de OEA en los intestinos y restauraron la respuesta basada en la recompensa dopaminérgica y, a pesar de que estaban acostumbrados a una dieta alta en grasas, comenzaron a comer más alimentos bajos en grasa, lo cual podría derivar en futuras estrategias para obtener tratamientos terapéuticos.

Los científicos sostienen que si bien los mecanismos fisiológicos que relacionan la deficiencia de dopamina con el consumo prolongado de grasas se tienen que continuar investigando, la administración de oleoiletanolamina puede desempeñar un papel clave en la restauración de la señalización generada por el intestino y la deficiencia de dopamina en el cerebro, y puede aumentar el valor de recompensa al consumir alimentos más saludables bajos en grasas.

Nuestros resultados apoyan la idea de que la OEA puede funcionar como señales que dictan las cantidades de grasa dietética para ser ingerida sin implicar una deficiencia de la recompensa que con más investigaciones podría ser una estrategia para ayudar a perder peso, indica el estudio.

A más frutos secos, menos mortalidad

Por: JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

Comer frutos secos sin sal añadida reduce el colesterol, la incidencia de enfermedades cardiovasculares y la mortalidad

Están deliciosos, los podemos incluir en infinidad de preparaciones culinarias y son ricos en fibra, vitaminas, minerales, proteínas vegetales y grasas saludables. Si a todo ello le sumamos que pueden prevenir la aparición de enfermedades crónicas e incluso la mortalidad prematura -como constata el presente texto-, no cabe duda de que ahora mismo es un buen momento para saborear un buen puñado de nueces, avellanas, almendras, pistachos o cualquier otra variedad de fruto seco. Mejor, eso sí, sin sal añadida. A continuación se recopilan las pruebas más recientes sobre los beneficios de los frutos secos, se explica por qué son un buen alimento y se echa por tierra el principal mito: que comerlos engorda.

Frutos secos: pruebas contundentes de sus beneficios

En el ámbito académico no cabe discusión acerca de los beneficios de los frutos secos. Hay decenas de investigaciones que justifican que es aconsejable tomar un puñado de ellos a menudo. A modo de ejemplo, el II Congreso de la Federación de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD) recogió en 2010 un simposio titulado 'Frutos Secos y Salud Cardiovascular', del cual surgió una declaración sobre el papel del consumo de estos alimentos en la salud coronaria y circulatoria. Dicha declaración, que recibió el nombre de 'Declaración de Barcelona', constata, entre otros aspectos, que "los frutos secos se encuentran entre los alimentos que cuentan con mayor evidencia científica en cuanto a su beneficio para la salud cardiovascular" y que "la incorporación de frutos secos en una dieta saludable ha demostrado de forma consistente tener un efecto reductor del colesterol".

Un nuevo estudio, publicado en julio de 2013, agrega más evidencias: añadir frutos secos en la dieta de adultos con un alto riesgo cardiovascular se traduce en un menor riesgo de morir de forma prematura. Pese a que existen cuatro estudios prospectivos de similares características, y con análogas conclusiones, uno de los aspectos que aporta credibilidad a esta nueva publicación es el hecho de que se llevó a cabo en población mediterránea, cuyo consumo habitual de frutos secos es más elevado que el observado en otras regiones.

En la investigación se dividió a los 7.216 participantes en tres grupos: uno consumió una dieta suplementada con aceite de oliva, otro una dieta suplementada con frutos secos y el último siguió una dieta control. Tras 4,8 años de seguimiento, los individuos que consumieron más de 3 raciones semanales de frutos secos presentaron un 39% menos de riesgo de morir por cualquier causa. Es importante tener en cuenta, en cualquier caso, que es preferible escoger las variedades no saladas de frutos secos. Cada vez hay más pruebas de lo peligroso que es una elevada ingesta de sal y alimentos salados.

Los frutos secos, un buen alimento

El menor riesgo de mortalidad asociado al consumo de frutos secos hace cuestionar la conocida frase "no hay alimentos buenos ni malos, sino dietas sanas o insanas en su conjunto". En realidad, tal afirmación ya fue discutida en julio de 2011, cuando se publicó un estudio de Mozaffarian y colaboradores. En dicha fecha, el Dr. Dariush Mozaffarian (un prestigioso epidemiólogo de la Universidad de Harvard con una larga lista de significativas investigaciones a sus espaldas) declaró que la frase antes citada es falsa y que parte de la industria alimentaria, que no quiere disminuir sus ventas de alimentos insanos. En su opinión, sí hay alimentos buenos y alimentos malos, razón por la cual se debe recomendar ingerir los buenos más a menudo y los malos con menor frecuencia. Una de sus reflexiones resulta esclarecedora: "La noción de que está bien comer de todo con moderación es una simple excusa para comer lo que uno quiera". Este artículo publicado en EROSKI CONSUMER profundiza en el controvertido concepto de "dieta variada".

En suma, aunque sigue vivo el concepto "comer con moderación", debemos ser mucho más moderados en el consumo de ciertos alimentos, como las bebidas azucaradas (cuyo consumo, en su caso, debería ser ocasional), mientras que podemos permitirnos "moderarnos en la moderación" del consumo de alimentos saludables, como los frutos secos. Sobre todo si tenemos en cuenta que tomamos una media de 40 gramos semanales, mientras que las recomendaciones actuales (que es posible que cambien "al alza") nos proponen consumir entre 75 y 200 gramos de frutos secos a la semana.

El mito: los frutos secos engordan

El consejo de incrementar el consumo de frutos secos choca con la creencia popular de que este tipo de frutos "engordan". ¿Es así? El estudio 'Cambios en la dieta y en el estilo de vida y ganancia de peso a largo plazo', publicado en 2011 por Mozaffarian, Hao, Rimm, Willett y Hu (cinco expertos de reconocido prestigio), observó que cuando se aumenta el consumo de frutos secos, disminuye la ganancia de peso con el paso de los años.

Para la población general puede resultar insólito, ya que estos alimentos tienen bastantes calorías y, a más calorías ingeridas, mayor debería ser la ganancia de peso, según las leyes de la termodinámica. Sin embargo, a los autores del estudio no les sorprendió, ya que el incremento en el consumo de frutos secos reduce la ingesta de otros alimentos insanos, muy procesados y más calóricos, lo que se traduce en una menor ingesta calórica total. Además, el mayor contenido en fibra dietética en los frutos secos disminuiría la velocidad del proceso digestivo e incrementaría la sensación de saciedad. Mattes y Drehel apuntaron en 2010 otras tres posibles razones que justificarían esta observación (nada novedosa, por cierto):
  • La energía de los frutos secos es poco accesible para nuestro intestino.
  • Su digestión requiere mucha inversión de energía por parte de nuestro sistema digestivo.
  • Las personas que los consumen de forma habitual son más proclives a seguir un patrón de dieta saludable.
Sea cual sea el mecanismo que hay detrás de esta constatación, el golpe de gracia lo asestó en abril del presente año un equipo español de investigadores pertenecientes al Instituto Universitario de Investigación en Atención Primaria Jordi Gol, de Tarragona. Su metaanálisis confirma que enriquecer la dieta con frutos secos no se traduce en un incremento del peso corporal o del perímetro abdominal.

Un vaso de vino al día reduce el riesgo a tener una depresión

Beber vino con moderación (de 2 a 7 copas a la semana) puede asociarse a un menor riesgo de desarrollar depresión, según las conclusiones de una investigación de la Red Predimed (Prevención mediante Dieta Mediterránea), publicada en la revista 'BMC Medicine', una de las "más importantes" del sector.

Los resultados del estudio sugieren que "sólo con moderadas cantidades de alcohol, consumidas preferentemente en forma de vino, se puede obtener un efecto protector frente a la depresión, similar al que se ha observado para la principal enfermedad cardiovascular: la enfermedad coronaria".

Así lo ha destacado, a través de un comunicado, el catedrático de la Universidad de Navarra Miguel A. Martínez-González, director de este trabajo de investigación multicéntrico.

Según ha detallado, la Red Predimed ha trabajado durante siete años en el seguimiento de una cohorte de 5.500 bebedores con consumos ligeros y moderados de alcohol, de entre 55 y 80 años. "Los hallazgos mostraron una asociación inversa entre estos niveles bajos-moderados de alcohol y la ocurrencia de nuevos casos de depresión", ha indicado Martínez-González.

En opinión del experto, estudios previos apuntan que consumos intensos de alcohol conducen a problemas de salud mental, como la depresión. En cambio, "pocos han valorado la relación entre la salud mental y un consumo bajo-moderado de alcohol". "Nuestros hallazgos han mostrado una asociación inversa entre estos niveles bajos-moderados de alcohol y la ocurrencia de nuevos casos de depresión", ha apuntado.

El catedrático de la Universidad de Navarra ha precisado que los investigadores estudiaron sólo a aquellos voluntarios que, al inicio del estudio, nunca antes habían sufrido una depresión ni habían tenido problemas previos relacionados con el consumo de alcohol.

Factores como el consumo de alcohol, salud mental y estilo de vida se valoraron repetidamente mediante visitas en persona, repetidas con carácter trimestral, en las que se les realizaron exámenes médicos, entrevistas con dietistas y una amplia variedad de cuestionarios.

Se encontró que quienes tenían la costumbre de beber cantidades moderadas de vino (de 2 a 7 copas a la semana, sin superar una copa al día) era menos probable que desarrollasen una depresión. Estos resultados siguieron siendo significativos también cuando los investigadores tuvieron en cuenta y ajustaron sus hallazgos por diversos factores sociales y de estilo de vida como el tabaco, la dieta o el estado civil.

Martínez-González concluye que "pequeñas cantidades de ingesta de alcohol pueden ejercer una protección de modo similar a lo que se ha venido observando para la enfermedad coronaria". "De hecho, se piensa que la depresión y la enfermedad coronaria comparten diversos mecanismos causales comunes", ha explicado.

Asimismo, ha resaltado que investigaciones previas han indicado que algunos componentes no alcohólicos del vino, como el resveratrol y otras sustancias fenólicas, pueden tener funciones beneficiosas en algunas áreas cerebrales.

Tomado de: www.larazon.es