21 de diciembre de 2013

Científicos señalan que los suplementos vitamínicos son una pérdida de dinero

Una reciente investigación realizada por científicos, ha dado como resultado que los suplementos vitamínicos son sólo una pérdida de dinero y no traen ningún beneficio para la gente, e incluso podrían ser perjudiciales para la salud.

 Estas conclusiones fueron realizadas por académicos británicos de la Universidad de Warwick y estadounidenses de la Escuela de Medicina Johns Hopkins en Baltimore, y se publicaron en la revista 'Annals of Internal Medicine'.

 El estudio, que fue realizado en la población británica, apunta que uno de cada tres británicos suele tomar vitaminas, y que la eficacia de tales píldoras en casi 500.000 personas mostró que "complementar con vitaminas la dieta de los adultos que se alimentan bien no tiene ningún beneficio claro e incluso podría ser perjudicial", según los expertos implicados en la investigación, publica 'The Guardian'.

 En tres estudios separados se analizaron miles de personas de avanzada edad. Entre ellas, había personas que habían tomado vitaminas durante varios años consecutivos, pero sin mejoras calificables. Además, casi 2.000 encuestados, tanto hombres como mujeres, con problemas cardiovasculares tampoco mostraron avances en sus tratamientos tras consumir vitaminas.

 Los expertos también sugieren que las empresas que producen y venden todo tipo de suplementos vitamínicos hacen propaganda falsa de sus productos para vender más, aunque saben que las píldoras son innecesarias.

Tomado de: www.europapress.es

Una dieta rica en tomates puede reducir el riesgo de cáncer de mama

Una dieta rica en tomate puede ayudar a proteger a las mujeres posmenopaúsicas del riesgo de padecer cáncer de mama, que se eleva en este grupo conforme aumenta su índice de masa corporal (IMC), según concluye un nuevo estudio aceptado para su publicación en 'Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism'.

La investigación encontró que llevar una dieta rica en tomates tiene un efecto positivo en el nivel de hormonas que juegan un papel en la regulación del metabolismo de la grasa y el azúcar.

"Las ventajas de comer un montón de tomates y productos a base de tomate, aunque sea por un corto periodo, fueron claramente evidentes en nuestros resultados", dijo el primer autor del estudio, Adana Llanos, profesora asistente de Epidemiología en la Universidad de Rutgers, en Newark, Nueva Jersey, Estados Unidos.

"El consumo de frutas y verduras, que son ricas en nutrientes esenciales, vitaminas, minerales y fitoquímicos como el licopeno, transmite beneficios significativos. Sobre la base de estos datos, creemos que el consumo regular de, al menos, las porciones diarias recomendadas de frutas y verduras podría promover la prevención del cáncer de mama en una población de riesgo", afirma esta experta.

 El estudio cruzado longitudinal examinó los efectos de dietas ricas en tomate y soja en un grupo de 70 mujeres posmenopáusicas. Durante diez semanas, las mujeres comieron productos de tomate que contienen al menos 25 miligramos de licopeno diarios y en otro periodo separado de diez semanas, los participantes consumieron por lo menos 40 gramos de proteína de soja al día. Antes del inicio de cada periodo de prueba, se les pidió que no comieran tomate ni productos de soja durante dos semanas.

 Cuando las participantes siguieron la dieta rica en tomate, sus niveles de adiponectina, una hormona implicada en la regulación de los niveles de azúcar y grasa en la sangre, subieron un 9 por ciento. El efecto fue ligeramente mayor en las mujeres que tenían un índice de masa corporal (IMC) inferior. La dieta de soja se vinculó a una reducción en los niveles de adiponectina de las participantes.
"Los resultados demuestran la importancia de la prevención de la obesidad --destaca Llanos--. El consumo de una dieta rica en tomates tuvo un mayor impacto en los niveles de hormonas en las mujeres que mantienen un peso saludable".

Tomado de: www.europapress.es

Una manzana al día para mantener a raya el colesterol

Un estudio destaca la importancia de la ingesta diaria de manzanas para prevenir infartos. Su acción sería similar a la de los tratamientos con estatinas en una población adulta.

No hay que complicarse la vida para mantenerse sano. Esa es la conclusión que podría extraerse de un estudio que publica el número navideño de la revista British Medical Journal en el que se evidencia que con tan solo tomar una manzana al día podría evitarse un número similar de problemas cardiovasculares al que se previenen con un tratamiento de estatinas. Eso sí, sin ningún efecto secundario.

El centenario dicho anglosajón an apple a day keeps the doctor away o, lo que es lo mismo, una manzana al día mantiene al médico lejos de ti, sigue siendo un lema para la medicina moderna. Así se constata en el estudio realizado por investigadores del grupo Investigación para la Promoción de la Salud de la Universidad de Oxford, Reino Unido, tras utilizar un modelo matemático y comparar el empleo de estatinas en este país con la ingesta diaria de esta fruta.

En el Reino Unido, en torno a 17,6 millones de personas que actualmente no están tomando estatinas podrían cumplir un criterio para recibir este tratamiento. Si todas ellas estuvieran medicadas con estos fármacos, según el análisis de estos investigadores, se podrían evitar unas 9.400 muertes cardiovasculares al año. Sin embargo, si en lugar de medicar a todas estas personas se ofreciera una manzana al día al 70% de la población de 50 o más años (unos 22 millones de personas) la cifra de fallecimientos por problemas vasculares que se podría prevenir sería muy similar: 8.500 anuales.

Además de lograr casi el mismo beneficio, optar por una manzana en lugar de una estatina a partir de los 50 años podría evitar diferentes tipos de efectos secundarios y problemas relacionados con la ingesta de esta terapia y que el estudio británico cifra en 1.200 casos de miopatías (trastorno muscular originado por un incremento de una proteína, la creatinina quinasa), 200 casos de rabdomiolisis (lesión muscular que puede conducir a una insuficiencia renal) y 12.300 diagnósticos de diabetes.

Diferentes estudios en animales han constatado que la pectina y los polifenoles (antioxidantes) presentes sobre todo en la piel de la manzana están detrás de la mejora del metabolismo del colesterol y además reducen la producción de moléculas inflamatorias relacionadas con el riesgo cardiaco.

Este proverbio del siglo XIX, que se lanzó como un consejo de salud pública dirigido a padres y profesores, muestra que "los victorianos tenían razón cuando ofrecieron un mensaje brillante, claro y simple. Demuestra lo eficaces que pueden llegar a ser pequeños cambios en la dieta y que, tanto fármacos como un estilo de vida sano, pueden marcar una clara diferencia en la prevención de la enfermedad cardiaca y el ictus", afirma Adam Briggs, de la Universidad de Oxford y uno de los autores de esta investigación.

Por su parte, José Ramón González Juanatey, jefe de Servicio de Cardiología y Unidad Coronaria del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela y presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), señala que "el estudio viene a confirmar que promover en la población el consumo de fruta y verdura es un elemento central en la prevención de las enfermedades cardiovasculares, con un beneficio en prevención primaria en personas sin enfermedad cardiovascular similar al de algunas pastillas".

No obstante, para Leonardo Reinares, jefe de la Unidad de Lípidos del Hospital Clínico de Madrid, "no se debería generalizar este estudio porque la prevención observada ocurre en personas con bajo riesgo cardiovascular. Para mejorar el perfil cardiovascular con un cambio en la dieta, hace falta no sólo la ingesta de un producto sino una alimentación adecuada de forma constante en el tiempo. Según las nuevas guías de los cardiólogos americanos, los pacientes de alto riesgo se deben controlar no sólo con cambios dietéticos sino con medicación apropiada".

Precisamente, a raíz de estas guías se ha abierto un debate sobre el nuevo criterio para definir quién tiene que tomar estatinas. Según los expertos de EEUU, no sólo hay que empezar este tratamiento en función de los niveles de colesterol sino del riesgo de la persona, porque tenga enfermedad cardiaca o diabetes. "Aunque soy un firme defensor de las guías americanas, creo que el hecho de que establezcan una pauta de este tratamiento en función del riesgo es lo que marca la diferencia con su aplicación en España, pues la población de nuestro país tiene un riesgo más bajo de sufrir problemas cardiovasculares", concluye Vicente Bertomeu, anterior presidente de la SEC.

Por último, Bertoumeu señala la diferencia entre unos países y otros en cuanto hábitos saludables: "el mensaje de introducir fruta en la dieta diaria es importante, quizás menos en España que estamos -o quizás estábamos- habituados a ella, pero no es así en países nórdicos donde además la repostería tiene un papel muy importante".

Tomado de: www.elmundo.es

Austria, Finlandia, Bulgaria, Bélgica y España, entre los países con las tradiciones navideñas más cardiosaludables

La celebración de la Navidad suele ser sinónimo de un consumo excesivo de grasas y alcohol, sin embargo la Fundación Española del Corazón (FEC) recuerda que en estas fiestas también hay tradiciones saludables, es el caso de las celebraciones de algunos países europeos como Austria, Italia, Bulgaria, Bélgica y España, donde mantienen tradiciones cardiosaludables.

 En Austria el año se despide a ritmo de vals; en Finlandia el día de Nochebuena acuden a la sauna para llegar a la cena totalmente renovados; en Bulgaria la cena de fin de año consta de nueve platos, los cuales no pueden contener ni carne, ni grasas, ni lácteos; los belgas, por su parte, tienen por costumbre practicar deporte; mientras que en España las doce uvas que acompañan el último minuto del año mejoran el flujo sanguíneo, disminuye la formación de plaquetas y proporciona una mayor protección contra el colesterol LDL.

 Además países como Italia invitan a degustar un buen plato de lentejas que, con su vitamina B9 disminuyen la posibilidad de presentar enfermedades cardiovasculares; mientras que Croacia se encuentra una de las costumbres más antiguas y más saludables de la Navidad, ya que desde 1890 decoran el árbol navideño con frutas, nueces y almendras doradas, que después se deberán consumir, y que simbolizan la fuerza de la vida en contraposición a la apagada naturaleza invernal.

  Por otro lado, recuerdan que en centro de Europa tiene por costumbre beber Glühwein, un vino tinto caliente con especias de origen alemán que se toma para calentar el cuerpo mientras se pasea por los famosos mercados navideños.

 La FEC aconseja disfrutar con moderación durante los días festivos de Navidad e intentar mantener los hábitos alimentarios seguidos a lo largo del año, ya que "en estas fechas en las que cambian las rutinas y el corazón se somete a emociones y tensiones suplementarias, se tiene que procurar no abusar de alimentos ricos en grasas que aumenten los niveles de colesterol", afirma el presidente de la Fundación Española del Corazón (FEC), el doctor Leandro Plaza.

 Además, añade, "las personas con enfermedades cardiovasculares crónicas deben prestar especial atención a su dieta durante las Navidades y ajustar su alimentación a productos específicos, evitando aquellos que no pueden comer el resto del año y sin dejarse llevar por los excesos de la festividad".

Tomado de: www.europapress.es

Relacionan la pérdida de memoria con la comida basura

Un grupo de científicos australianos vinculó la pérdida de memoria a la ingesta de comida basura tras realizar un experimento con ratones a los que sometieron a una dieta de azúcar y grasas, informaron hoy medios locales.

Margaret Morris, jefe de esta investigación realizada por la Universidad de Nueva Gales del Sur, indicó que los ratones con una dieta pobre mostraron, seis días después de iniciarse los experimentos, síntomas de pérdida de memoria al ser sometidos a pruebas vinculadas con la memoria espacial.

"Los animales evidentemente no estaban obesos después de seis días, pero los cambios en el conocimiento, la pérdida de la memoria sucedió antes de cualquier variación del peso", declaró Morris a la "ABC", al expresar que le sorprendió la rapidez con que se perdían estas facultades.

Los científicos notaron que los animales alimentados con una dieta alta en grasas y azúcar tenían una inflamación en la región del hipocampo, la parte del cerebro que está implicada en la formación y almacenamiento en la memoria y una de las primeras regiones afectadas por la enfermedad del Alzheimer.

"Todavía es muy temprano para afirmar que existe un vínculo causal entre los dos, pero creemos que probablemente la inflamación es altamente relevante en el declive cognitivo", comentó la científico.

"Es difícil, por su puesto, extrapolarlo a los humanos. Pero existe datos sobre humanos que se han sometido voluntariamente a pruebas en las que se les alimentaba con comida basura por cinco días y que perdieron las funciones ejecutivas" apuntó Morris al poner como ejemplo el mayor tiempo que necesitaban para reaccionar.

Por su lado, Manny Noakes, experta en nutrición de la Organización para la Investigación Industrial y Científica de la Mancomunidad de Australia (CSIRO) señaló a la "ABC" que el estudio motiva a reflexionar sobre el impacto de la comida basura en las personas a medida que envejecen y en torno al nexo entre una buena dieta y mejoras en la memoria.

Tomado de: www.larazon.es

La dieta y la actividad física disminuyen el riesgo de cálculos renales

Incluso pequeñas cantidades de actividad física pueden disminuir el riesgo de desarrollar cálculos renales mientras consumir demasiadas calorías puede elevar las posibilidades de padecerlos, según concluye un estudio que aparece publicado en el próximo número de 'Journal of American Society of Nephrology'.

 En los últimos 10 a 15 años, la investigación ha revelado que los cálculos renales son más de lo que se pensaba un problema sistémico. Sus vínculos con la obesidad, la diabetes, el síndrome metabólico y la enfermedad cardiovascular demuestran que el proceso de formación de cálculos implica algo más que a los riñones.

El profesor Mathew Sorensen, de la Escuela de Medicina y el Departamento Puget Sound de Asuntos Veteranos de la Universidad de Washington, en Estados Unidos, y sus colegas realizaron un estudio para evaluar si la ingesta de energía y el consumo de energía se relacionan con la formación de cálculos renales.

Los expertos estudiaron a 84.225 mujeres posmenopáusicas que participaron en la 'Women Health Initiative', en la que se recopiló información, por ejemplo sobre la dieta y la actividad física en las mujeres desde la década de 1990. Después de ajustar por múltiples factores, como el índice de masa corporal (IMC), los científicos vieron que la práctica de actividad física se asocia con un 31 por ciento menos de riesgo de cálculos renales.

"Incluso pequeñas cantidades de ejercicio pueden disminuir el riesgo de cálculos renales, que no necesita que sean maratones puesto que la intensidad del ejercicio no parece importar", destaca Sorensen. Las mujeres pueden obtener el máximo beneficio mediante la realización de diez equivalentes metabólicos por semana, es decir, unas tres horas semanales de caminar (entre 3,2-4,8 kilómetros por hora), cuatro horas de jardinería suave o una hora de trote moderado (9,6 kilómetros pro hora) .

 El equipo también descubrió que el consumo de más de 2.200 calorías por día aumenta el riesgo de desarrollar cálculos renales hasta en un 42 por ciento, de forma que la obesidad también es un factor de riesgo. "Ser consciente de la ingesta de calorías, vigilar el peso y hacer esfuerzos para el ejercicio son factores importantes para mejorar la salud de nuestros pacientes en general y en lo que respecta a los cálculos renales", resume Sorensen.

Tomado de: www.europapress.es

14 de diciembre de 2013

La diabetes tipo 2 podría aumentar el riesgo de cáncer de hígado

Pero las probabilidades de contraer la malignidad son bajas; un estudio halla una conexión más firme en algunas minorías

Las personas con diabetes tipo 2 podrían presentar un riesgo ligeramente más elevado de contraer cáncer de hígado, según un gran estudio a largo plazo.

La investigación sugiere que los que sufren de diabetes tipo 2 tienen un riesgo entre dos y tres veces más elevado de contraer carcinoma hepatocelular (CHC), el tipo más común de cáncer de hígado, en comparación con los que no sufren de diabetes.

Pero el riesgo de contraer cáncer sigue siendo bajo, señalaron los expertos.

La raza y la etnia también podrían tener que ver con el aumento en las probabilidades de cáncer de hígado, apuntaron los investigadores.

Un estimado del 26 por ciento de los casos de cáncer de hígado en los participantes del estudio de origen latino y del 20 por ciento de los casos en hawaianos se atribuyó a la diabetes. En los negros y los estadounidenses de origen japonés, los investigadores estimaron que el 13 y el 12 por ciento de los casos, respectivamente, se atribuían a la diabetes. En los blancos, la tasa fue del 6 por ciento.

"En general, si usted es diabético [tipo 2], tiene un riesgo más grande de cáncer de hígado", apuntó la autora líder del estudio, V. Wendy Setiawan, profesora asistente de la Facultad de Medicina Keck en la Universidad del Sur de California.

Pero el riesgo real de cáncer de hígado, incluso entre los que tienen diabetes tipo 2, sigue siendo extraordinariamente bajo, señaló el Dr. David Bernstein, jefe de hepatología del Hospital de la Universidad de North Shore en Manhasset, Nueva York.

Aunque el cáncer de hígado es relativamente raro, ha estado en aumento en todo el mundo, y con frecuencia se asocia con infecciones de hepatitis viral y con enfermedades del hígado, como la cirrosis.

Los nuevos casos de CHC en EE. UU. se han triplicado en los últimos 30 años, y los latinos y los negros han experimentado el mayor aumento, apuntó Setiawan. En ese periodo, la diabetes tipo 2 también se ha vuelto cada vez más común.

¿Cuál podría ser la conexión?

Quizá el aumento en el riesgo de cáncer de hígado se pueda asociar con los medicamentos que las personas toman para controlar la glucemia, planteó el Dr. James D'Olimpio, oncólogo del Centro Oncológico Monter en Lake Success, Nueva York. "Se saben que algunos fármacos inhiben la supresión normal del cáncer", dijo.

"Algunos medicamentos ya llevan una advertencia de recuadro negro sobre el cáncer de vejiga [de la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) de EE. UU.]", comentó D'Olimpio. "No es ir muy desencaminados el hecho de pensar que tal vez haya otras relaciones entre los medicamentos para la diabetes y el cáncer de páncreas o de hígado. La diabetes ya se asocia con un riesgo alto de contraer cáncer de páncreas".

Las personas con diabetes tipo 2 con frecuencia contraen una afección conocida como "hígado graso", señaló D'Olimpio. En esos casos, el hígado tiene problemas para manejar la abundancia de grasa en sus células y se inflama poco a poco. La situación puede provocar una cascada de problemas, entre ellos la cirrosis (una enfermedad crónica del hígado), la fibrosis (engrosamiento y cicatrices en el tejido) y, en última instancia, el cáncer, advirtió.

D'Olimpio dijo que la enfermedad del hígado graso es la principal causa de CHC. "Los diabéticos [tipo 2] tienen el doble de probabilidades de tener un hígado graso, como mínimo", apuntó. "Si usted es afroamericano o latino, eso podría hacerle incluso más susceptible".

Pero las personas con diabetes tipo 1 no presentan un aumento del riesgo de cáncer del hígado, señaló.

La nueva investigación se presentará este domingo en una reunión de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer (American Association for Cancer Research), en Atlanta. Los datos y las conclusiones deben ser considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.

El estudio analizó datos recolectados entre 1993 y 1996 de casi 170,000 adultos negros, nativos de Hawái, estadounidenses de origen japonés, latinos y blancos. Los investigadores realizaron un seguimiento a los participantes durante unos 16 años después de que respondieran a un completo cuestionario de salud. En ese tiempo, alrededor de 500 de los participantes contrajeron cáncer de hígado.

Se analizó la información sobre los factores de riesgo, como la edad, si tenían diabetes tipo 2, la ingesta de alcohol, el índice de masa corporal (una medida de la grasa corporal) y fumar cigarrillos, y se realizaron pruebas sanguíneas para la hepatitis B y la hepatitis C en unos 700 de los participantes, con y sin cáncer de hígado.

Que las personas fumaran o bebieran o no alcohol no pareció cambiar la relación entre tener diabetes y contraer cáncer de hígado, apuntaron los investigadores.

Aunque el estudio encontró una asociación entre tener diabetes tipo 2 y contraer cáncer de hígado, no probó causalidad.

Bernstein, del North Shore, urgió a tener precaución al interpretar los resultados. "Se trata de un solo estudio que habla sobre un gran número de personas con una enfermedad común como la diabetes, y la vincula con el cáncer de hígado", explicó. "Aun tenemos mucho que aprender y se necesita más trabajo para probar una asociación y definir cuál es el riesgo real".

Un estudio de este mes de la Asociación Americana de la Diabetes (American Diabetes Association) mostró que muchos estadounidenses desconocen que están en riesgo de diabetes tipo 2. D'Olimpio instó a las personas a hacerse la sencilla prueba de sangre conocida como glucemia en ayunas para evaluar la diabetes.

El próximo paso es averiguar qué rol podría tener la genética en si un individuo con diabetes tipo 2 contrae cáncer de hígado, apuntó Setiawan, autora del estudio.

El control de la presión y el colesterol es fundamental en la población obesa

Información de casi cien estudios destaca la conexión entre el IMC y el riesgo de padecer enfermedad coronaria o un accidente cerebrovascular (ACV).

En The Lancet, el equipo del doctor Goodarz Danaei, de la Facultad de Salud Pública de Harvard, Boston, publica que la mitad de los casos de enfermedad coronaria y tres cuartos de los casos de ACV demuestra que existe una asociación.

Los pacientes con sobrepeso y obesidad "pueden reducir el riesgo de padecer enfermedad cardíaca y ACV si controlan la presión y el colesterol -dijo Danaei por e-mail-. Desde la perspectiva de la salud pública, nuestros resultados demuestran la importancia de la detección y el tratamiento de la hipertensión y la dislipemia en la población mundial con sobrepeso y obesidad, incluidos los países en desarrollo que suelen considerarse inmunes a esa 'enfermedad de la riqueza'".

El equipo estudió información de 97 estudios prospectivos de cohortes. Los 1,8 millones de participantes sufrieron unos 57.000 eventos coronarios y unos 31.000 ACV. Se incluyeron sólo a los adultos con un IMC de por lo menos 20 puntos y sin antecedentes de enfermedad coronaria o ACV.

Tras considerar varios factores, los autores observaron que por cada 5 puntos más de IMC por encima del rango normal (20-24) el cociente de riesgo aumentaba 1,27 para la enfermedad coronaria y 1,18 para el ACV. Otro ajuste de los resultados por mediadores metabólicos (presión, colesterol y glucosa) disminuyeron los cocientes de riesgo, respectivamente, a 1,15 y 1,04.

Esto, para los autores, sugiere que el 46 por ciento del riesgo extra asociado con el IMC para la enfermedad coronaria estaría mediado por esos factores, como también lo es el 76 por ciento del riesgo de ACV. La presión fue el factor más importante: explicó el 31 por ciento del riesgo extra para la enfermedad coronaria y el 65 por ciento para el ACV.

La proporción de los riesgos mediada por esos factores no varió significativamente entre las cohortes de Asia y occidente.

Así, el sobrepeso y la obesidad junto con los tres mediadores seleccionados aumentaron significativamente el riesgo de desarrollar enfermedad coronaria y ACV, comparado con el peso normal.

En un editorial, el doctor Luc F. Van Gaal, del Hospital de la Universidad de Antwerp, Bélgica, y el doctor Aldo P. Maggioni observaron que "se necesitan intervenciones tempranas y apropiadas, aun en las personas moderadamente obesas. En todos los pacientes con sobrepeso, los médicos deberían tratar rigurosamente la presión sanguínea, los parámetros de los lípidos y las anormalidades de la glucosa, e insistir simultáneamente en la pérdida de peso y mejorar la salud cardiorrespiratoria".

7 de diciembre de 2013

Ejercicio físico y diabetes

Por MONTSE ARBOIX / Tomado de: www.consumer.es

La actividad física es clave tanto en la prevención de la diabetes como en su tratamiento

El ejercicio físico junto con la dieta y el tratamiento farmacológico conforman el tratamiento de la diabetes, todos a un mismo nivel. No obstante, la actividad física, según estudios recientes, forma parte de los hábitos saludables que ayudan a prevenir su desarrollo, ya que pueden reducir a más de la mitad su incidencia. Con motivo del Día Mundial de la Diabetes, celebrado el pasado 14 de noviembre, especialistas y asociaciones de pacientes recordaron la importancia de seguir hábitos saludables, como el ejercicio físico, para el buen manejo de esta enfermedad. A continuación, también se insiste en esta afirmación, se analizan otros factores de riesgo de la diabetes y las previsiones de alcance de esta dolencia en el futuro, además de sus efectos.

30 minutos de ejercicio moderado cinco días a la semana

No hay duda alguna sobre lo beneficioso que es para la salud el ejercicio físico moderado, incluso para las personas con diabetes. De hecho, es clave en su abordaje junto con la dieta y el tratamiento farmacológico.

Un estudio publicado por el CDC (Centers for Disease Control and Prevention) estadounidense ha puesto de manifiesto que con una pequeña pérdida de peso total (del 5% al 7%), practicar 30 minutos de actividad física cinco días a la semana y seguir una dieta saludable, se consigue demorar su desarrollo y, posiblemente, prevenirla hasta en un 60%. Para estas conclusiones se recogieron datos de 3.234 individuos con riesgo alto de diabetes, además de con sobrepeso e intolerancia leve a la glucosa.

Si la persona ya sufre diabetes, los beneficios no son pocos. Por un lado, aumenta la sensibilidad a la insulina, lo que significa que con menos medicación se obtiene una mejora en el control de la enfermedad. Además, cumplir con la norma de 30 minutos de ejercicio moderado cada día, cinco días a la semana, en pocas semanas se logra disminuir la grasa corporal y el peso y, por consiguiente, hay una mejora de otros parámetros de riesgo cardiovascular que están aumentados en personas con diabetes, como la hipertensión arterial y las dislipemias. Todo ello ayuda a prevenir las complicaciones de la enfermedad.

Sedentarismo y diabetes

De hecho, en todas las investiaciones realizadas hasta el momento en personas con alto riesgo de sufrir diabetes, los resultados son claros: la modificación del estilo de vida es más efectiva que el uso de fármacos. Y eso que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que, en la actualidad, el 60% de la población mundial no practica suficiente actividad física, y son los adultos que viven en países desarrollados los más inactivos.

Además, el gasto que supone esta enfermedad tampoco es insignificante: se le destina entre el 5% y el 10% del presupuesto para salud, y más del 50% del total es debido a las complicaciones de la enfermedad.

Factores de riesgo de sufrir diabetes

Según la Fundación para la Diabetes, los factores de riesgo relacionados con esta enfermedad son:
  • Edad: tener más de 45 años (el peligro de desarrollar diabetes tipo 2 aumenta con la edad).
  • Sufrir sobrepeso u obesidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que valores de IMC (índice de masa corporal) entre 25 y 29,9 es sobrepeso, y de 30 o más, obesidad. Pero esta medida no es útil en niños, mujeres embarazadas, ancianos y personas con masa muscular muy desarrollada.
  • Tener un perímetro de cintura elevado, que en hombres se considera si supera los 102 cm y en mujeres los 88 cm.
  • Antecedentes personales de niveles de glucemia elevados durante un tiempo, aunque ya se hayan resuelto, como en el embarazo, o secundario a la toma de algún fármaco.
  • Tener antecedentes familiares con diabetes (padre, madre o hermanos e, incluos, tíos y sobrinos).
  • Hipertensión arterial.
  • La inactividad física, es decir, dedicar menos de tres horas semanales a hacer ejercicio.
Otros especialistas en diabetes añaden estos factores: ser de origen afroamericano, indoamericano, asiático-americano, de las islas del Pacífico, hispanoamericano o latino; tener cifras de colesterol HDL bajas (menos de 35 mg/dl para lo hombres y 40 mg/dl para las mujeres) o triglicéridos altas (más de 250 mg/dl).

La diabetes: datos de la OMS

La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó en 2011 el informe "Impacto global de la Diabetes 1995-2025: Prevalencia, Estimaciones cuantitativas y Previsiones futuras", en el que auguran cuál será el alcance de esta enfermedad en un futuro cercano:
  • En todo el mundo hay más de 347 millones de personas con diabetes, pero entre el 50% y el 80% de los afectados no lo saben.
  • El 80% de las muertes por diabetes se dan en países con ingresos bajos y medios.
  • En 2004, murieron por su culpa 3,4 millones de personas, pero la OMS prevé que esta cifra se duplique en 2030.
  • Seguir una dieta saludable, practicar ejercicio físico de manera regular, mantenerse en un peso adecuado y evitar el consumo de tabaco pueden prevenir la diabetes tipo 2 o, por lo menos, retrasar su aparición.
  • Sufrir diabetes aumenta el riesgo de cardiopatía y accidente vascular cerebral (ictus). La mitad de las personas afectadas fallece por estas dos causas.
  • La retinopatía diabética es una causa importante de ceguera. Al cabo de 15 años de sufrir la diabetes, el 2% de los pacientes queda ciego y un 10% tiene deterioro grave de la visión.
  • Entre un 10% y un 20% de quienes padecen diabetes fallecen por insuficiencia renal.
  • La mitad de afectados sufrirá neuropatía diabética.
  • El riesgo de fallecimiento es, como mínimo, dos veces mayor en quienes tienen esta enfermedad.

La clave de la obesidad está en la actividad estomacal nocturna

Las células del estómago, que operan como una especie de reloj neural para reducir el apetito durante la noche, puede ser la clave para entender la tendencia a la obesidad y diabetes de las personas que no tienen turnos regulares de trabajo, según un estudio divulgado hoy en Australia.

Los nervios situados en las paredes musculares alrededor del estómago, cuya función principal es emitir señales para dar la sensación de plenitud, son la base del estudio de un grupo de científicos australianos de la Universidad de Adelaida.

El grupo de investigadores, liderados por Stephen Kentish, utilizaron ratones de laboratorio para estudiar las respuestas de un grupo de nervios situados en las paredes musculares alrededor del estómago durante un período de 24 horas.

Los científicos midieron la actividad de los nervios cuando las paredes del estómago estaban estiradas en intervalos de tres horas entre las 6 de la mañana a las 3 de la madrugada del día siguiente.

Así descubrieron que los nervios eran menos sensibles al estiramiento del estómago cuando los ratones estaban normalmente despiertos, mientras que éstos eran más sensibles cuando los animales estaban dormidos, lo que permitía que el cerebro recibiera la sensación de estar lleno más rápido, aplacando las ganas de comer.

Los investigadores observaron que estas células actúan como una especie de reloj neural en el estómago para regular la cantidad de comida necesaria y obtener la sensación de plenitud.

Kentish y sus compañeros sostienen que este mismo mecanismo se da en los seres humanos y esperan poder vincular los resultados de su investigación al entendimiento de los hábitos alimenticios de las personas que han sufrido variaciones en sus relojes circadianos.

"Sabemos que las condiciones metabólicas como la obesidad y la diabetes son más prevalentes en los trabajadores con diversos turnos y en la gente que no tiene un ciclo consistente de luz y oscuridad", subrayó el científico.

Tomado de: www.larazon.es

¿Por qué es más fácil engordar que adelgazar?

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

Un entorno donde abundan los alimentos poco saludables y que invita al sedentarismo es una pésima combinación para mantener un peso saludable

Gran parte de las personas que desean modificar su peso lo quieren hacer "a la baja", es decir, pretenden adelgazar. Notan que su báscula cada vez marca un número más alto y es ahí donde nace una pregunta que escuchan muy a menudo los dietistas-nutricionistas: "¿es lo mío un caso aislado, o sucede así a la mayoría de personas con exceso de peso?". Responder a esto es sencillo, ya que tal situación es la más común. No obstante, a esta pregunta suelen seguirle otras cuyas respuestas no son tan simples. ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué es tan marcada nuestra tendencia a ganar kilos con el paso de los años? Y, sobre todo, ¿por qué es más fácil engordar que adelgazar? El presente artículo aborda estas cuestiones.

Subir de peso: el papel del entorno y la memoria de las células

En 1988, un libro de referencia en el ámbito académico, coordinado por el profesor John Garrow y titulado 'Obesidad y enfermedades relacionadas', recogió una conocidísima reflexión. "La mayor parte de personas con obesidad que comienza un tratamiento dietético lo abandona; de entre quien continúa, la mayoría no pierde peso; y dentro del grupo de individuos que pierden peso, la mayoría vuelve a recuperarlo". Es decir, hace 25 años que se conoce que la dificultad para perder peso con éxito es mayúscula. Pero también se sabe desde hace tiempo que es muchísimo menos complicado ganar peso en nuestro entorno. Un entorno en el que existe una amplia y cómoda disponibilidad de alimentos baratos e insanos -tal como reconoce la doctora Margaret Chan, directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS)- y que ofrece serios impedimentos para realizar actividad física a diario.

En todo caso, ¿por qué esta facilidad para ganar peso? Es la cuestión que abordó en profundidad un imprescindible texto denominado 'La evolución de la adiposidad y la obesidad humana: ¿dónde se estropeó todo?', publicado por el doctor Jonathan C.K. Wells en la revista Disease Models & Mehanisms en septiembre de 2012. Para el doctor Wells, conservar nuestro tejido graso es un aspecto de crucial importancia, y es por ello que el cuerpo humano se resiste a deshacerse de él "así como así". La masa grasa es un componente estratégico que ejerce múltiples funciones beneficiosas: aporta energía para el crecimiento, permite la reproducción, contribuye al buen funcionamiento de nuestro sistema inmune e incluso permite una mayor adaptación al frío.

Wells revisa el conocido enfoque evolutivo que maneja el llamado "concepto del ahorro". Este enfoque sugiere que la exposición ancestral a ciclos de escasez propició que tuviéramos "genes ahorrativos". Pero Wells enumera diversas razones por las que esta hipótesis no explica del todo las actuales tasas de obesidad. Hay más hipótesis, como la del "fenotipo ahorrador", que considera que tanto los bebés nacidos de madres que han sufrido malnutrición en el embarazo, como aquellos que nacieron con bajo peso al nacer, e incluso los que han sufrido una alimentación insuficiente en su infancia, tienen más predisposición a sufrir obesidad en el futuro. No obstante, un metaanálisis de Yu y colaboradores publicado en 2011 no apoyó esta suposición. Wells detalla, además, cómo otros mamíferos, que deberían responder de igual manera que el ser humano, utilizan otras estrategias distintas a la obesidad (almacén de grasa).

Sea como fuere, nuestro tejido graso (tejido adiposo) es fundamental para la persistencia de nuestra especie, ya que viene a ser como una "estrategia de gestión de riesgos" que se adapta de forma flexible a las condiciones exteriores y que ha evolucionado en unas condiciones de estrés (dificultad para conseguir alimentos, unida a un gasto calórico notable) que, hoy por hoy, no se dan. En nuestro entorno moderno, este sistema adaptativo sufre las consecuencias de factores ambientales denominados "obesogénicos". Es por ello que Wells no culpa tanto a la genética como a nuestro entorno, que propicia el aumento de peso y se convierte, en sus palabras, en un "nicho generador de obesidad". Tampoco culpa a la persona con sobrepeso por su pereza o su gula. La sabiduría popular suele adjudicar la responsabilidad de esta enfermedad al individuo -"si está gordo es porque no hace nada para solucionarlo"-, algo que para Wells es demasiado "simplista", como ya revisó este artículo de EROSKI CONSUMER.

Pero no solo la sabiduría popular es así de simplista: los esfuerzos para hacer frente a la epidemia mundial de obesidad se han centrado en el individuo. La mayoría de campañas de prevención de esta patología "se caracterizan por la negación a muchos niveles de la función fundamental que desempeña la economía global", señala el investigador. Así, la interacción entre la biología del tejido graso del ser humano con el moderno ambiente industrializado está en el meollo de la cuestión. Los esfuerzos para combatir la obesidad serían mucho más eficaces si los gobiernos tomaran cartas en el asunto y considerasen al individuo una inocente víctima de un sistema que contribuye a su ganancia de peso. La doctora Margaret Chan compartió una reciente reflexión que viene muy a cuento y que explica, en parte, el blindaje de este mecanismo perverso. "Tal como me han dicho una y otra vez los gobiernos -señaló-, la presión de los lobbies alimentarios han socavado sus acciones para reducir la obesidad".

Obesidad: una condición cada vez más preocupante

En noviembre de 2013 ha visto la luz el más reciente consenso de tratamiento del sobrepeso y la obesidad, firmado de forma conjunta por la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association), el Colegio Americano de Cardiología (American College of Cardiology) y la Sociedad Americana de la Obesidad (The Obesity Society). Los firmantes revisan las últimas evidencias científicas disponibles y extraen conclusiones a partir de ellas, muchas de las cuales coinciden con un consenso español de características similares, que se publicó en 2011 bajo el título: 'Recomendaciones nutricionales basadas en la evidencia para la prevención y el tratamiento del sobrepeso y la obesidad en adultos'.

Se trata de un documento de referencia, del que vale la pena rescatar sus primeras reflexiones, que constatan que la obesidad, además de aumentar las posibilidades de morir de forma prematura, incrementa el riesgo de sufrir hipertensión, alteraciones sanguíneas, diabetes tipo 2, enfermedad coronaria, accidente vascular cerebral, enfermedades de la vesícula, osteoartritis, problemas respiratorios y algunos tipos de cáncer. Se ha estimado, además, que los costes sanitarios en personas con obesidad son un 46% superiores a las de las personas con peso normal, que visitan un 27% más al médico y gastan un 80% más en fármacos. Es momento, sin duda, de dirigir más esfuerzos (y mejor diseñados) a la prevención de esta peligrosa dolencia.