12 de abril de 2014

Delgadez y obesidad, los dos riesgos de la balanza

La obesidad es uno de los grandes males de nuestro tiempo. Provoca enfermedades cardiovasculares, cáncer, infertilidad o problemas neurológicos , entre otra larga lista de trastornos. Por eso, desde hace décadas los especialistas en salud no dejan de advertir de lo peligroso que es acumular kilos de más.

El mensaje, que es importante, a veces obvia una realidad desconocida para muchos: que los kilos de menos también tienen sus riesgos. En ese sentido, una investigación publicada esta semana en la revista Journal of Epidemiology and Publich Health recuerda que la delgadez excesiva también se relaciona con un mayor riesgo de mortalidad.

Los extremos se tocan, subraya una vez más este trabajo coordinado por científicos del St. Michael's Hospital de Toronto (Canadá), que revisó los datos de 51 estudios que previamente habían analizado las consecuencias de que la báscula marque unas cifras u otras.

Los resultados del análisis demostraron que las personas con un índice de masa corporal (IMC) inferior a 18,5 tenían casi dos veces más riesgo de morir que aquellos cuyo peso se encontraba dentro de los parámetros considerados normales. La probabilidad era similar a la que se asociaba a presentar exceso de peso u obesidad, señalan los investigadores.

El IMC se calcula dividiendo el peso (en kilogramos) por la altura al cuadrado (en metros). Se considera que un valor entre 19 y 25 es un peso normal, de 25 a 30 se relaciona con sobrepeso y por encima de 30 con obesidad.

Los investigadores sólo tuvieron en cuenta investigaciones que se hubieran prolongado durante cinco años o más, para descartar los casos en los que la delgadez se debiera a un problema puntual o a una grave enfermedad.

Según señalan, las causas más comunes de delgadez excesiva son la malnutrición, el consumo de drogas o alcohol, el tabaquismo, tener pocos recursos económicos, o tener problemas de salud mental.

Con todo, los investigadores recuerdan -como lo han hecho recientemente otros trabajos- que el IMC no es la mejor herramienta disponible para catalogar a los pacientes y saber los efectos para la salud que pueden derivarse de su composición corporal.

En algunos casos, un IMC elevado no significa que haya exceso de grasa, sino "una importante cantidad de músculo y huesos", por lo que es necesario hacer discriminaciones más certeras, señalan. Una de las claves, señalan los expertos, está en el cálculo de la grasa abdominal o el perímetro abdominal, un dato que parece tener una relación mucho más clara con el riesgo cardiovascular, entre otros trastornos.

Del mismo modo, hace pocos meses el investigador estadounidense Dariush Mozaffarian apuntaba en una entrevista con este diario que "la gente no debería tener en cuenta únicamente su peso como una manera de evaluar la calidad de su dieta".

"Una mala alimentación influye en los problemas de corazón, en algunos tipos de cáncer, diabetes y muchas otras enfermedades... Y lo hace de manera independiente del peso", remarcaba.

Tomado de: www.elmundo.es

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