12 de abril de 2014

La anorexia no es (sólo) cosa de chicas

'No se me ocurrió ni por un momento que fuese anorexia', 'eso es cosa de chicas' o 'no me entraba en la cabeza' son algunas de las frases que reflejan la perplejidad de varios chicos con un trastorno alimenticio. En el imaginario popular ha calado tanto la idea de que problemas como la anorexia y la bulimia son 'cosa de chicas' que a menudo los varones con este diagnóstico no acuden en busca de ayuda hasta que la enfermedad está ya muy avanzada.

Un trabajo publicado esta semana en la revista British Medical Journal admite que los trastornos de la alimentación en el caso de los varones han sido mucho menos estudiados que en el caso de las mujeres, pese a que ellos no son inmunes a padecerlos.

Un buen ejemplo de esa laguna en la investigación son los propios datos de incidencia. Como explica el doctor Adrián Cano, del departamento de Psiquiatría y Psicología Médica de la Clínica Universidad de Navarra, es cierto que no se han hecho estudios serios sobre el número de varones afectados, "aunque es cierto que estamos asistiendo a un aumento". A su juicio, probablemente, la cifra que se daba habitualmente de un chico por cada 10 mujeres se quede corta, "pero tampoco estemos aún en el 25% que indican otras fuentes, sino más bien en algún punto intermedio entre ambas estadísticas".

Para conocer las percepciones de los propios afectados y qué factores retrasan la búsqueda de ayuda, Ulla Räisänen y Kate Hunt, de las universidades de Oxford y Glasgow (Reino Unido), llevaron a cabo una serie de entrevistas cualitativas a 10 varones con edades comprendidas entre los 16 y los 25 años y que formaban parte de una muestra más amplia de 39 pacientes (el resto, mujeres) con trastornos de la alimentación.

En la mayoría de los casos, los jóvenes tardaron meses, incluso años, en darse cuenta de que algunos de sus comportamientos no eran normales. Días sin comer, obsesión con el recuento de calorías, vómitos después de una comida un poco más copiosa de lo habitual, obsesión por el ejercicio físico... A pesar de que algunos de ellos llegaron incluso a autolesionarse, una vez confrontados con su problema de alimentación, la mayoría de ellos seguía sosteniendo que "eso es cosa de chicas".

Como ocurre también en el caso de las mujeres, todos ellos escondían sus obsesiones a su entorno cercano (incluida familia, pareja y amigos) y en algunos casos fue necesario un suceso traumático, con ingreso en Urgencias, para ponerles frente a lo que estaban sufriendo. "Es habitual que cuando se diagnostica a un varón se produzca mucha perplejidad", admite el doctor Cano, porque en el caso de los hombres también se tienden a ocultar las costumbres contra la comida al entorno.

Otro de los problemas que surgió durante las conversaciones con los entrevistadores es su desconfianza del sistema sanitario por "temor a no ser tomados en serio" o "por no saber dónde buscar ayuda". De hecho, una primera mala experiencia con un especialista, por ejemplo su médico de cabecera, podía retrasar que volviesen a pedir ayuda. El doctor Cano no cree que el problema sea el desconocimiento en Atención Primaria, pero sí admite que el prototipo masculino suele quedar exento del reconocimiento prematuro y es habitual que en los chicos el diagnóstico se retrase.

"Los hombres con trastornos alimenticios están infradiagnosticados, infratratados e infrainvestigados", sostienen los autores, que atribuyen en parte este problema a la insistencia en atribuir el problema (mediática y culturalmente) como algo exclusivo de mujeres. Un idea que también, critican, parece haber calado en los clínicos, a quienes recuerdan que el diagnóstico precoz es imperativo para tratar cuanto antes estas enfermedades y minimizar en lo posible sus secuelas.

Algunos autores, como el doctor Pascoal Moleiro, de la Sociedad Portuguesa de Pediatría, explican que entre los varones la bulimia es más frecuente que la anorexia ("porque está más relacionada con la personalidad impulsiva y ése es un rasgo que se da más en varones", añade Cano) y no es extraño que la edad de inicio sea algo más tardía que en las chicas (18-26 años frente a 15-18 en el caso de ellas). Precisamente, Moleiro coincide con sus colegas británicas en que el 'no reconocimiento' de la enfermedad junto a la exclusión de los varones de los estudios por su aparente bajo número de casos tienen que ver con ese retraso en el diagnóstico que a menudo se asocia con una enfermedad más severa.

Tomado de: www.elmundo.es

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