5 de abril de 2014

'Le receto dormir más y mejor'

Tiendas abiertas 24 horas, fábricas que no dejan de producir, horarios que se prolongan hasta la madrugada, el ocio de la noche que siempre es joven... Para las sociedades modernas, el sueño es un hábito accesorio, superfluo, que se puede alterar al antojo y la conveniencia de las circunstancias.

"Ya dormiré cuando esté muerto", dijo en una ocasión el cineasta Fassbinder en una frase que muchos otros han hecho suya y que tiene algo de premonitorio, tal y como están demostrando varias investigaciones.

Dormir poco y mal no sólo se traduce en ojeras y mal cuerpo a la mañana siguiente. Tiene consecuencias para la salud que van más allá y que, al menos en parte, ayudan a explicar por qué el mundo de hoy es como es.

Varios trabajos han demostrado que existe una asociación entre los tiempos, la duración y la calidad del sueño y la aparición de trastornos de tipo metabólico. "Hay una relación muy directa, sobre todo con la obesidad", apunta Francisco Tinahones, jefe del servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Virgen de la Victoria de Málaga y líder de un grupo de investigación en el CIBERobn sobre la patología metabólica asociada a la obesidad.

Cuanto menos horas se duermen, mayor es el riesgo de aumento de peso, señala el especialista, quien subraya que está demostrado que "los sujetos que duermen menos hacen también menos actividad física" y, además, presentan una mayor ingesta de alimentos. "Por ejemplo, son más habituales los picoteos entre comidas", indica.

Los mecanismos que están detrás de esta relación siguen estudiándose, aunque hay varias hipótesis que cuentan con muchos apoyos. Una revisión publicada en la revista The Lancet recoge las teorías más en boga.

Una de ellas tiene que ver con cómo nuestro organismo maneja el azúcar. Según esta hipótesis, la falta o los desarreglos en el sueño tendrían un impacto directo sobre el metabolismo de la glucosa, provocando una progresiva falta de sensibilidad a la insulina y, en consecuencia, abriendo la puerta a la diabetes.

Otra de estas líneas de investigación apunta que los lazos que unen al sueño y a enfermedades como la obesidad tiene más que ver con el control de la ingesta de alimentos. Esta teoría sugiere que la falta de sueño incrementa la producción de grelina, una hormona que aumenta las ganas de comer y, además, disminuye la labor de la leptina, que trabaja suprimiendo el apetito. Este doble efecto, señalan los investigadores, favorece sin duda la aparición del sobrepeso.

"Se ha descrito que las personas que duermen poco tienen un perfil de adipoquinas diferente, lo que sugiere que, en su caso, el organismo activa señales que incrementan el apetito", señala Tinahones.

La investigación tiene que continuar, pero está claro que el sueño es un factor de riesgo para padecer obesidad y otros problemas metabólicos que ha de tenerse en cuenta en las consultas, señala Tinahones, coincidiendo con el punto de vista del artículo de The Lancet.

"Los profesionales sanitarios pueden recomendar con total seguridad a sus pacientes que disfruten de un tiempo suficiente de sueño en el momento adecuado del día", subrayan los autores del trabajo.

"Sabemos que dormimos menos que hace 50 años y eso tiene consecuencias", comenta Tinahones, quien hace hincapié en que la relación entre sueño y obesidad es especialmente palpable entre los menores de 40 años.

"Los estilos de vida son diferentes. Tenemos que saber que cualquier factor que genere estrés o determinados estímulos visuales tienen un impacto sobre el descanso nocturno", concluye.

Tomado de: www.elmundo.es

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