3 de mayo de 2014

Tras el infarto, más fibra y más vida

Si quiere mantenerse alejado de enfermedades cardiovasculares, preste atención a la cantidad de fibra que consume. Los expertos recomiendan entre 26 y 38 gramos cada día. Pero si usted ya ha sufrido un infarto, no es tarde para beneficiarse de los efectos de esta sustancia. Según acaba de revelar una nueva investigación, "la mayor ingesta de alimentos con fibra después de un evento de este tipo está asociado a un menor riesgo de mortalidad en los nueve años siguientes".

Como explican los autores de este trabajo, publicado en la revista British Medical Journal, cada vez hay más personas que sobreviven a estos episodios coronarios. Concretamente en España, la mortalidad por infarto agudo de miocardio ha disminuido un 40% en los últimos 16 años y en EEUU, aún más, un 60%. Los especialistas lo atribuyen al mejor control de los factores de riesgo, la mayor práctica de ejercicio físico, una legislación más severa en la lucha contra el tabaquismo, mayor control de los alimentos y una mayor eficacia en los tratamientos del síndrome coronario agudo.

Pensando precisamente en ellos, subraya uno de los responsables del documento, Shanshan Li, del departamento de Epidemiología de Salud Pública de la Harvard School de Boston (EEUU), "es importante ver, además de la medicación, qué otras recomendaciones pueden seguir para mejorar sus perspectivas de vida".

Con este objetivo, Li y su equipo analizaron los datos de dos grandes estudios de EEUU, uno sobre la salud de las enfermeras (121.700) y otro sobre la de más de 51.000 hombres sanitarios. En ambos, los participantes respondían cada dos años a cuestionarios sobre su estilo de vida.

En el transcurso de 30 años, un total de 2.258 mujeres y 1.840 varones sufrieron un primer infarto. Tras un seguimiento de casi nueve años, 1.133 murieron (682 mujeres y 451 hombres). Como los investigadores les dividieron en varios grupos, en función de la cantidad de fibra que tomaban diariamente, pudieron extraer datos muy claros.

Los que más fibra ingerían (entre 27 y 36 gramos diarios) tenían un 25% menos de probabilidades de morir por cualquier causa en los siguientes nueve años después del infarto, en comparación con el grupo que menos alimentos ricos en fibra consumía (entre 12 y 17 gramos). Considerando sólo los problemas cardiovasculares como causa de muerte, apunta el estudio, "los que más fibra tomaban tenían un 13% menos de riesgo que sus contrarios". Y los resultados, aseguran, "los ajustamos con otros factores que podían afectar a la probabilidad de supervivencia tras el infarto, como la edad, historia clínica y otros hábitos dietéticos y estilos de vida".

A medida que los participantes aumentaban su ingesta de fibra tras el infarto sufrido iban reduciendo su riesgo de mortalidad. Los datos del trabajo de Boston señalan que "cada 10 gramos más de fibra diarios se asocian a un 15% menos de probabilidades de morir en los nueve años siguientes".

Como explican los propios autores, "un mayor consumo de fibra mejora la respuesta glucémica y la sensibilidad a la insulina; también mejora los niveles de lípidos en sangre y aumenta la sensación de saciedad (que ayuda al control de la ingesta total calórica). La dieta rica en fibra se asocia inversamente con el riesgo de dislipidemia, hipertensión, obesidad, diabetes, enfermedad cardiaca y cerebrovasular".

En la misma línea, David Vivas, cardiólogo del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, expone: "Se ha visto que el consumo adecuado de alimentos con fibra mejora el perfil metabólico, reduce el proceso inflamatorio, facilita el balance de lípidos, mejora la flora microbacteriana del aparato digestivo, previene la formación de placa ateroma en el interior de las arterias y el desarrollo de enfermedades coronarias".

Por desgracia, a pesar de los beneficios de la fibra, según un informe de la Fundación Española del Aparato Digestivo, los españoles consumen la mitad de lo recomendado (en vez de 30 gramos diarios, unos 16). Se ha pasado de ingerir 27 gramos al día en 1964 a 16 gramos en 2008. "Sólo entre el 5% y el 10% de los adultos españoles sanos siguen las recomendaciones dietéticas en este sentido [en EEUU, menos del 5%, según el estudio]", apunta el especialista español, quien agrega que la cantidad insuficiente de esta ingrediente en la dieta también está asociada con un aumento del riesgo de cáncer de colon.

En cuanto al tipo de alimentos con fibra (cereales, frutas y verduras), los investigadores observaron que los que más ayudaban a mejorar la tasa de supervivencia después de un infarto eran los cereales con fibra, que se consumían principalmente en el desayuno. "Los efectos se asocian sobre todo en los cereales ricos en fibra integral (como el arroz integral y las legumbres) y no tanto en los procesados", apunta el cardiólogo del Clínico San Carlos.

La importancia de estos resultados viene dada porque "quienes superan el primer infarto tienen mayor riesgo de morir que la población general", remarcan los investigadores. Aunque el tratamiento farmacológico les ayuda, el cambio de algunos hábitos en su estilo de vida es fundamental. Dados los resultados de esta investigación, comer mucha fibra les puede resultar especialmente beneficioso. El problema es que "les resulta más fácil tomar medicación que la adherencia dietética", puntualiza el doctor Vivas.

Por esta razón, subrayan los autores del estudio, "futuros trabajos sobre el estilo de vida después del infarto deberían centrarse en la combinación de los fármacos con el cambio de determinados hábitos capaces de reducir aún más las tasas de mortalidad más allá de lo que consigue el tratamiento farmacológico solo".

Tomado de: www.elmundo.es

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