28 de junio de 2014

Comer por impulso: Hábito o trastorno?

El estado de ánimo interviene en todas nuestras conductas y, en este sentido, el estrés es una de las emociones más potentes que dirigen la acción humana. ¿Has oído alguna vez 'a mi con los nervios me da por comer' o 'los nervios me cierran el estómago'? Cuando los nervios 'se meten en la tripa' pueden dar lugar a algo más que a un atracón esporádico de chocolatinas o de comida basura.

 Según explica a Infosalus Fernando Fernández-Aranda, investigador del Centro de Investigación Biomédica en Red sobre Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (ciberOBN), en lo que se refiere al comer por impulso intervienen múltiples factores como la situación social, el manejo del estrés, las emociones negativas o los estados subdepresivos por los que pasa una persona.

 Si la conducta es repetida y viene marcada por estados de ánimo determinados es probable que se trate de una conducta de comer guiada por las emociones, lo que se denomina 'comer emocional', señala Fernández-Aranda, también profesor del Departamento de Ciencias Clínicas de la Universidad de Barcelona.

 El comer emocional es un hábito nervioso continuado en el tiempo que se presenta ante situaciones de estrés, al igual que lo pueden hacer otras conductas como fumar o comerse las uñas y que está asociado a estados emocionales, explica el investigador.

 Esta forma de comer que está caracterizada por la impulsividad se presenta más en aquellas personas que padecen obesidad. "No se valoran las consecuencias de la conducta, es un gesto de impulsividad y de gratificación inmediata y que evita buscar solución a los problemas, lo que expone también una baja tolerancia a la frustración", añade Fernández Aranda.

Del hábito al trastorno
La antesala de los trastornos de la alimentación como el trastorno por atracón suele ser la cronificación del estrés y la ausencia de recursos para gestionarlo.

 Así, en algunas personas, lo que antes era comer emocional se va convirtiendo en excesos y aparecen otras conductas que intentan compensar los atracones como los vómitos, lo que puede evolucionar hasta una bulimia nerviosa.

 "En los casos más vulnerables se desencadena el trastorno por atracón, que es una patología alimentaria que se ha añadido recientemente al DSM-V (el manual de diagnóstico de referencia en trastornos de salud mental), un trastorno que conlleva complicaciones, consecuencias e incapacidad", explica el experto.

 Según señala Fernández-Aranda, el trastorno por atracón se caracteriza por una pérdida de control, no disfrutar de la comida, no poder parar de comer y hacerlo en gran cantidad en 1 hora o 30 minutos.

 El perfil de quienes padecen este trastorno es el de una persona de entre 25 y 35 años, con predominio del género femenino y en la mayoría de los casos con problemas de obesidad.

 "Estas personas suelen haber seguido dietas, en muchos casos estrictas, que terminan por conducir a los atracones", apunta el investigador que añade que para estas personas la comida se convierte en una válvula de escape ante situaciones de estrés que no saben gestionar.

Consecuencias físicas y psicológicas

 "Son personas que hacia los 25 o 26 años tienen un peso normal pero que comienzan a utilizar la comida como válvula de escape una o dos veces por semana, por la noche o por la tarde, cuando no hay nadie en casa", apunta Fernández-Aranda.

 Se produce entonces un aumento de peso exagerado, de unos 30 a 40 kilogramos, en un periodo breve de tiempo como un año o un año y medio. Lo habitual es que esta situación vaya acompañada de un trastorno depresivo o del estado de ánimo, ansiedad, evitación de los amigos y aislamiento.

 Además, a las consecuencias psicológicas se presentan las consecuencias y complicaciones físicas asociadas a la obesidad como la diabetes o las dificultades en el movimiento. "Todo ello lleva a la persona a pensar que se ha perdido el control y que no hay salida", explica el investigador.

 Hasta que se diagnostica esta conducta de atracones como un trastorno pueden pasar hasta dos años, apunta Fernández-Aranda. "Durante un par de años pasan por dietistas y endocrinos hasta que en alguna de las visitas terminan contando al especialista que sufren atracones, entonces se les deriva a psiquiatría y se les diagnostica el trastorno", comenta.

 Según afirma Fernández-Aranda, una vez comienzan el tratamiento los resultados y el pronóstico es bueno. "El objetivo no es bajar de peso sino parar los atracones. Al evitar los atracones se estabiliza el peso, una estrategia que muestra en los estudios tener buen resultado".

 El equipo del investigador en Barcelona trabaja junto al equipo de Cristina Botella, de la Universidad Jaume I en Castellón y también investigadora del ciberOBN, en estudios sobre el trastorno por atracón y en otros que investigan el efecto 'contagioso' de la obesidad y que muestran que las personas obesas tienden a tener más amigos obesos.

Tomado de: www.infosalus.com

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