29 de marzo de 2014

La alimentación selectiva, un nuevo trastorno alimentario

Por MAITE ZUDAIRE / Tomado de: www.consumer.es

A la anorexia y la bulimia se añade ARFID, una nueva patología que comienza en la niñez y restringe o evita la ingesta de ciertos alimentos

Cómo se alimenta un niño, cuánto y qué come conforman el cuestionario básico de una revisión médica en la infancia y la adolescencia. Las respuestas y una atención concreta a síntomas como pérdida o un aumento anómalo de peso pueden descubrir un trastorno alimentario. Los más comunes y conocidos son la anorexia y la bulimia. Sin embargo, se ha documentado un comportamiento particular que se concreta en la alimentación selectiva y al que han nombrado ARFID: Avoidant/Restrictive Food Intake Disorder (trastorno que restringe/evita la ingesta de alimentos). Esta patología fue admitida en la última revisión del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V). En este artículo nos aproximamos a ella para conocer en qué consiste y cuáles son los síntomas para diagnosticarla.

Alimentación selectiva o ARFID, ¿qué es?

Dejar de comer no es un capricho, puede tratarse de una enfermedad: la anorexia. Tampoco comer de manera compulsiva es un vicio, puede ser bulimia. Ahora se sabe que rechazar un conjunto de alimentos o ser muy selectivo con los que conforman la dieta -aun arriesgando la salud- también es algo más que un antojo. Sucede que, al considerarse como un comportamiento que puede confundirse con mala educación o con niños consentidos, quedaba oculto hasta que sus consecuencias médicas obligaban a activar protocolos de trastornos alimentarios. Sin embargo, el equipo del doctor Martin M. Fisher, del Centro Médico de Niños Cohen (New Hyde Park, Nueva York), quiso ir al origen, tal como recoge el artículo científico publicado en el Journal of Adolescent Health, la publicación oficial de la Society for Adolescent Heath and Medicine.

Para empezar, analizó los pacientes de siete programas de atención de trastornos alimentarios. Descartó que el comportamiento de un grupo de niños que sufría dichos trastornos lo fuera por padecer anorexia nerviosa o bulimia. De hecho, agrupó a quienes sí sufrían dichas enfermedades, comprobó que eran más las diferencias que las semejanzas entre los grupos y comenzó a evidenciar las particularidades de quienes podían ser diagnosticados con ARFID. En la mayoría de los casos, dada la tardanza del diagnóstico, el enfermo lleva años de padecimiento del trastorno alimentario y ha sufrido las consecuencias de su enfermedad: desnutrición, ralentización del crecimiento, bajo rendimiento, etc.

El problema que tiene un ARFID con la alimentación le lleva a no obtener suficiente nutrición, aun pudiendo tenerla. Es decir, pese al acceso y la posibilidad de comer, el rechazo manifiesto hacia la comida favorece unas condiciones deficientes en cuanto al aporte energético y nutricional. El rechazo es activo. Se trata de negarse a ingerir grupos de alimentos con consciencia. El miedo, el asco, la no tolerancia a colores, sabores o texturas, la elección de porciones muy pequeñas e insuficientes se imponen en la alimentación.

Esta restricción o selección puede desembocar en una anorexia nerviosa, pero no tiene por qué. Se puede perder peso, o aumentar, pero como es una enfermedad con principal incidencia en la infancia y la adolescencia, lo que es seguro es que repercutirá en el desarrollo y en el rendimiento escolar, en el estado nutricional y de energía. Además, si no se trata, se arrastrará a la juventud y a la edad adulta, lo que influirá en la consecución de una vida sana, equilibrada y satisfactoria y plena.

Síntomas para el diagnóstico del ARFID
  • El índice de este trastorno es mayor, según los estudios que se manejan por ahora, en niños que en niñas, y comienza en edades muy tempranas. Conforme pasa el tiempo, se afianza y no mejora. El estado de ánimo, al contrario que con la anorexia y la bulimia, no se ve fuertemente alterado. Sin embargo, el miedo al atragantamiento y a sufrir alergia, así como la necesidad de elegir, es inherente a esta patología.
  • La pérdida de peso puede ser una consecuencia, pero ante todo manifiesta una imposibilidad por aumentar de peso o una ralentización del crecimiento y el desarrollo.
  • La deficiencia nutricional es significativa.
  • Se presenta una dependencia a los suplementos nutricionales o complementos vitamínicos.
  • Se antepone la necesidad y el rigor, a la selección alimentaria a cualquier interacción social.
  • El rechazo a un alimento o un conjunto de alimentos no se justifica porque haya carencia o desconocimiento cultural del mismo.
  • El trastorno alimentario no es atribuible a una condición médica concurrente o no se explica mejor por otro trastorno mental. Se produce como una patología en sí misma.
En definitiva, nos encontramos ante un nuevo trastorno alimentario, que ha estado oculto bien por haberlo limitado a una razón de comportamiento o por haberse equivocado debido a sus consecuencias de diagnóstico tardío con otro trastorno. Conocerlo, nombrarlo y tenerlo presente ayudará a limitar el número de enfermos, anticiparse a cuadros severos y facilitar la curación de quienes lo padecen.

ARFID, ¿qué dicen los expertos?

Cristina Larráyoz Pérez, psicóloga, máster en Psicología en Salud y referente por su especialidad en conductas alimentarias, reflexiona sobre este nuevo trastorno. Así comparte con EROSKI CONSUMER sus primeras conclusiones:
  • Puesto que es un trastorno de reciente definición, se conoce poco acerca de los tratamientos más efectivos. Sin embargo, dados los prominentes comportamientos de evitación que lo caracterizan, parece que las intervenciones conductuales, tipo terapias de exposición, pueden jugar un papel importante. Para alguien con un trastorno emocional subyacente, como la depresión o la ansiedad, que afecta a la alimentación, la terapia cognitivo-conductual puede ser un método eficaz para el tratamiento del trastorno de la alimentación.
  • Tenemos que tener en cuenta que los trastornos de la conducta alimentaria no son consecuencia de una falta de voluntad, como muchas personas creen, sino de ciertos déficits cognitivo-emocionales en la resolución adecuada de las dificultades que entraña nuestra existencia.
  • Los estudios científicos demuestran que los tratamientos más eficaces para este tipo de problemas son aquellos que tratan el trastorno de forma global y desde una atención multidisciplinar. En estos casos, los tratamientos que mejores resultados obtienen son aquellos que cuentan con la atención simultánea entre psicólogo y dietista.
  • El origen de estos problemas suele ser un déficit emocional y una vez que las pautas alimentarias se alteran, ellas mismas producen, a su vez, dificultades psicológicas. En un principio, se realiza un diagnóstico por parte del psicólogo, para luego estabilizar a la persona con una dieta saludable. Ya logrado, ambos profesionales trabajan de forma conjunta con la persona para mantener una dieta adecuada a sus características y trabajar el origen del trastorno.

Los niños pequeños que duermen menos podrían comer más

Los niños que duermen demasiado poco tienden a comer más y tienen un riesgo mayor de obesidad, indica un estudio reciente.

El estudio contó con niños de más de 1,300 familias británicas a los que se midió las horas de sueño cuando tenían 16 meses de edad y se comprobó su dieta cuando tenían 21 meses.

Los que dormían menos de 10 horas al día consumían aproximadamente un 10 por ciento más de calorías que los que dormían más de 13 horas, según el estudio publicado en la revista International Journal of Obesity.

Este es el primer estudio que vincula la cantidad de sueño con el consumo de calorías en los niños menores de 3 años, dijeron los investigadores del Colegio Universitario de Londres (UCL). Sugirieron que dormir menos podría alterar la regulación de las hormonas del apetito.

"Sabemos que dormir menos en los primeros años de vida aumenta el riesgo de obesidad, de modo que queríamos comprender si los niños que duermen menos consumen más calorías", afirmó en un comunicado de prensa de la universidad la Dra. Abi Fisher, del Centro de Investigación del Comportamiento de la Salud del UCL.

"Los estudios anteriores en adultos y niños mayores han mostrado que la falta de sueño hace que las personas coman más, pero los padres toman la mayoría de sus decisiones sobre cuándo y cuánto comen sus hijos en los primeros años de vida, de modo que no se puede dar por sentado que los niños pequeños mostrarán los mismos patrones", añadió.

Aunque el estudio encontró una asociación entre el hecho de que los niños pequeños duerman menos y que coman más, no demostró una relación de causa y efecto.

El mensaje principal del estudio "es que los niños que duermen menos podrían [ser] propensos a consumir demasiadas calorías. Aunque se necesiten más investigaciones para comprender por qué podría darse esto, es algo de lo que los padres deberían ser conscientes", concluyó Fisher.

23 de marzo de 2014

Las patatas muy fritas aceleran el envejecimiento

Los alimentos ricos en almidón, como las patatas, los cereales o el café, cocinados a temperaturas superiores a los 120 °C generan una reacción química que origina productos tóxicos que aceleran el envejecimiento, según la Academia Nacional de Farmacia de Francia.

Esos alimentos, sometidos a altas temperaturas ocasionan un proceso de glicación avanzada, conocido como AGE, que puede acelerar el envejecimiento, según un estudio dirigido por el experto en biología de la Universidad de Lille 2, Eric Boulanger.

Las partes quemadas de las patatas fritas y horneadas, así como del pan tostado, las galletas, el pan blanco y el café, contienen acrilamida, un compuesto que se ha probado cancerígeno y neurotóxico en células animales, aunque no en seres humanos.

Un reciente estudio estadounidense sobre hombres y animales muestra que esos productos pueden provocar en el ser humano problemas de memoria similares a las que causa el mal de Alzheimer.

A partir de esa investigación, el equipo de Boulanger ha establecido que existe un vínculo entre esos productos y el envejecimiento vascular, que causa mayor rigidez en las arterias e hipertensión.

Para evitar consecuencias negativas, los investigadores franceses recomiendan cocinar los alimentos con agua, vapor o en el microondas, frente al asado o a una preparación a la parrilla.

Tomado de: www.larazon.es

La diabetes en la mediana edad puede provocar problemas de memoria más adelante

Un estudio halló que la hipertensión también tiene un impacto similar

Las personas que contraen diabetes tipo 2 o hipertensión en la mediana edad parecen ser más propensas a sufrir un daño cerebral que puede contribuir a la demencia a medida que envejecen, halla un estudio reciente.

La diabetes podría en realidad encoger el cerebro en el transcurso de un periodo largo, reduciendo el tamaño de áreas esenciales como el hipocampo, que tiene un importante papel en la memoria a corto y a largo plazo, según el estudio.

Además, la diabetes y la hipertensión parecen aumentar el riesgo de una persona de micro accidentes cerebrovasculares (ACV) y otros daños en los vasos sanguíneos que alimentan al cerebro, señalaron los autores del estudio.

"Las personas que sufrieron de diabetes a una edad más temprana tenían [una estructura] cerebral mucho peor que las que sufrieron de la enfermedad a una edad mayor", apuntó la autora líder, la Dra. Rosebud Roberts, investigadora de la Clínica Mayo. "Estos escáneres nos muestran que el daño cognitivo ocurre durante un periodo muy largo. Mientras más temprano se contrae la diabetes tipo 2, más probable es que haya daño".

Hace mucho que la diabetes se ha vinculado con problemas del pensamiento y la memoria más adelante en la vida, pero este estudio es el primero en proveer una evidencia sólida que explica por qué ocurre, apuntó Keith Fargo, director de programas científicos y alcance de la Asociación del Alzheimer (Alzheimer's Association).

"Este estudio nos emociona mucho", dijo Fargo. "Hace tiempo que se sabe que hay algún tipo de vínculo entre la diabetes y la capacidad cognitiva posterior en la vida. Lo que aún no se sabía es por qué existe ese vínculo ni cómo se desarrolla con el tiempo".

En el estudio participaron más de 1,400 personas con una edad promedio de 80 años, según el informe, que aparece en la edición en línea del 19 de marzo de la revista Neurology. Los participantes del estudio tenían como máximo unos problemas ligeros de la memoria y del pensamiento que se conocen como deterioro cognitivo leve. Los investigadores evaluaron las habilidades de pensamiento y memoria de los participantes, anotando cualquier señal de deterioro leve.

Entonces, los participantes del estudio se sometieron a una IRM cerebral para buscar señales de daño cerebral, que pueden ser una indicación temprana de la demencia.

Finalmente, los investigadores revisaron los expedientes médicos de los participantes para ver si habían sido diagnosticados con diabetes o hipertensión en la mediana edad, que para fines de este estudio se consideró de los 40 a los 64 años.

Los autores del estudio hallaron que las personas que contrajeron diabetes en la mediana edad tenían unos cerebros que eran, en promedio, un 2.9 por ciento más pequeños que los de los que no contrajeron diabetes. Y sus hipocampos eran incluso más pequeños, un promedio de un 4 por ciento más pequeños que los de los no diabéticos.

"Cuando el hipocampo comienza a reducirse, uno comienza a perder la memoria a largo plazo y la capacidad de recordar eventos recientes", explicó Roberts, quien también es miembro de la Academia Americana de Neurología (American Academy of Neurology).

La diabetes en la mediana edad también se asoció con un riesgo un 85 por ciento más alto de micro accidentes cerebrovasculares en el cerebro. Por último, las personas con diabetes en la mediana edad tenían el doble de probabilidades de sufrir de problemas del pensamiento o de la memoria, halló el estudio.

Y las personas con hipertensión en la mediana edad tenían el doble de probabilidades de tener daño causado por un ACV en porciones del cerebro asociadas con el pensamiento, la memoria y el lenguaje, apuntaron los investigadores.

Aunque el estudio descubrió un vínculo aparente entre la diabetes o la hipertensión en la mediana edad y los problemas de memoria más adelante en la vida, no probó causalidad.

Los resultados de la investigación enfatizan la necesidad de que las personas adopten un estilo de vida saludable en la mediana edad o antes, planteó Fargo.

Las encuestas recientes muestran que casi una cuarta parte de las personas creen que solo están en riesgo de enfermedad de Alzheimer si existe en la familia, comentó. En realidad, la demencia puede atacar a cualquiera que no se cuide bien, añadió.

"Si usted tiene un cerebro, está en riesgo de demencia", señaló Fargo. "La mediana edad realmente es un momento crítico para que las personas se enfoquen en la salud del cerebro, y que no esperen a que sea demasiado tarde".

Las personas que deseen proteger el cerebro deben evitar contraer diabetes o hipertensión, aconsejó Roberts. Anotó que incluso las personas que se hicieron diabéticas a una edad avanzada de cualquier forma sufrieron daño cerebral como resultado de la enfermedad.

Si una persona contrae una de estas dos afecciones crónicas, puede limitar el impacto sobre el pensamiento y la memoria al controlar la enfermedad mediante la dieta, el ejercicio y los medicamentos, señalaron los investigadores.

"Si tiene diabetes tipo 2, está en mayor riesgo de daño cerebral", advirtió Roberts. "Pero si controla la diabetes bien, eso debería reducir el daño que se está provocando en el cerebro".

¿Por qué cuesta tanto bajar el colesterol?

Por MAITE ZUDAIRE / Tomado de: www.consumer.es

Para bajar los niveles de colesterol, además de hacer ajustes en la dieta, es preciso cuidar al hígado con la alimentación y controlar que no haya disfunciones hepáticas

Boca y lengua pastosa, digestiones difíciles y pesadas, náuseas, alteración del ritmo intestinal con tendencia al estreñimiento, mal aliento,... Son algunos síntomas comunes en personas que tienen dislipemias, es decir, sus niveles de lípidos plasmáticos alterados. La causa, en muchos casos, está en una disfunción hepática, y es por ahí por donde conviene comenzar a tratar el problema. La consecuencia es la elevación del colesterol, de los triglicéridos o de las enzimas hepáticas. El abordaje dietético y nutricional en caso de dislipemia requiere un enfoque integral. A continuación se detallan las deficiencias en el tratamiento dietético que impiden una correcta resolución del problema, qué errores alimentarios se comenten, qué alimentos no ayudan y cuáles son los más indicados para actuar sobre la causa.

Vencer al colesterol: actuar sobre la causa, no sobre la consecuencia

El hígado es el principal órgano encargado de gestionar los niveles de grasas a nivel circulatorio. A su vez, una de sus funciones principales es la de almacenar sangre y regular el flujo sanguíneo hacia el resto de órganos. Es por ello que una disfunción hepática tiene como consecuencia directa una mala calidad de la sangre, y esta puede estar saturada de grasas y colesterol, provocando con el tiempo la elevación de las tasas de colesterol plasmáticas y, en consecuencia, un aumento del riesgo vascular.

Por ello, cuando hay una alteración de los niveles de lípidos (LDL colesterol elevado; HDL colesterol disminuido; triglicéridos elevados) o de las transaminasas (enzimas hepáticas) suele haber disfunción hepática -no tiene por qué haber patología-, pero este trastorno hepático se manifiesta a distintos niveles. Una serie de síntomas o malestares nos alertan de que nuestro hígado requiere un apoyo dietético para recuperar su funcionalidad:
  • Sensación de pesadez dolorosa en la región hepatovesicular.
  • Boca pastosa, digestión difícil (en particular con los alimentos grasos, desde la nata y la mantequilla, hasta los frutos secos).
  • Eructos después de las comidas (a veces se acompaña de náusea).
  • Alteración del ritmo intestinal con tendencia al estreñimiento.
  • Halitosis o mal aliento.
  • Sueño después de las comidas.
  • Intolerancia más o menos acusada a ciertos alimentos.
  • Urticaria o prurito en la piel.
  • Dolor de cabeza de tipo migrañoso.
La elevación plasmática de los niveles de colesterol suele ser la consecuencia de este trastorno hepático de fondo que habrá que corregir para no depender siempre de los medicamentos.

Colesterol elevado: las mejores opciones dietéticas

En caso de dislipemia, si no ha habido un episodio cardiaco por el que se requiere la toma de medicamentos, el abordaje dietético para prevenirlo requiere un enfoque integral, un abordaje completo. No debería limitarse solo a recomendar el consumo de un complemento regulador del colesterol (omega-3, lecitina de soja, fitosteroles...), sino que habría que hacer una revisión alimentaria exhaustiva y los cambios dietéticos pertinentes:
  1. Restringir el consumo de alimentos ricos en colesterol, en grasas saturadas y sobre todo -y de manera contundente- en grasas trans (que favorecen la formación de colesterol).
  2. Aumentar el consumo de fibra soluble e insoluble, con efecto de arrastre y de limpieza digestiva y de sales biliares cargadas de colesterol.
  3. Alta presencia de antioxidantes, para frenar la oxidación de los lípidos y el endurecimiento de las arterias.
  4. Consumo habitual de ciertos alimentos protectores: nueces y pescado azul, berenjena, avena, okra y algunas frutas. La elección alimentaria es clave para regular los niveles de colesterol y no depender de medicamentos.
  5. En todo caso, para favorecer la recuperación hepática y no debilitar ni irritar más este órgano, conviene evitar: café, tabaco, cualquier tipo de bebida alcohólica, vinagres (mejor aliñar con zumo de limón o mezcla de limón y lima) y el exceso de sal.
Los cuidados dietéticos para el hígado

En cuestión alimentaria, además de los aspectos claves mencionados, habría que indagar y aclarar cuál es la causa de la disfunción hepática para corregir el enfoque alimentario y apoyar con fitoterapia o complementos dietéticos de la manera más eficaz. Eso sí, cabe incidir en que el uso de complementos dietéticos y de plantas siempre ha de estar respaldado por un profesional sanitario. Un consumo individual sin asesoramiento, ni en el tipo, ni en la dosis, ni en la duración y frecuencia recomendada, puede tener efectos indeseados para la salud.

1. Insuficiencia de secreción de la bilis, que se manifiesta con malas digestiones. Los jugos biliares actúan en el proceso digestivo ayudando a digerir bien las grasas. Además, se encargan de eliminar los desechos de la sangre (derivado de la desintoxicación y depuración hepática). Se puede sentir acidez, sensación de ardor en el esófago (porque los ácidos biliares ascienden y provocan dichas molestias, que se pueden confundir con molestias gástricas) o acidez de estómago.
  • En este caso, convendría aumentar el consumo de alimentos y plantas con efectos coleréticos (aumentan la producción de bilis) y colagogos (estimulan la expulsión de la bilis acumulada en la vesícula biliar). Al mismo tiempo, habría que limitar la ingesta de alimentos grasos, incluidos los frutos secos, pese a la buena calidad de sus lípidos. La alcachofa es la planta por excelencia para combatir las digestiones difíciles; tiene acción colerética y colagoga. A ella se suman la fumaria y el boldo. Está demostrado su efecto hepatoprotector. Una reciente revisión llevada a cabo por Cocharne señala que el uso de la alcachofa como complemento para reducir el colesterol es potencial, si bien, según los datos científicos disponibles, no es suficientemente convincente. Estos resultados protectores hepáticos, cardiovasculares e hipolipemiantes son, sin embargo, más contundentes en una revisión publicada el año pasado y realizada por investigadores italianos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pavía.
2. Trastornos en los procesos de detoxificación o depuración. El alimento ya digerido en el intestino se transforma en una mezcla de fluidos: el quilo, formado por bilis, jugo pancreático y lípidos emulsionados en el duodeno (primera porción de intestino delgado). El quilo llega al hígado a través de la vena porta, y allí es filtrado para nutrir al hígado y formar la sangre que después se envía al corazón. Esta sangre contiene los nutrientes de los alimentos, y también toxinas que pudiera haber en ellos, componentes de los medicamentos que se hayan ingerido y cualquier sustancia que sea capaz de pasar a la sangre desde el conducto digestivo. Antes de que esta sangre se reparta por el todo el organismo, debe "purificarse" en el hígado. Si los procesos de detoxificación hepática no funcionan de manera correcta, la sangre que fluye por el cuerpo será de mala calidad, lo que aumenta el riesgo de dislipemias, entre otros desórdenes.
  • En este caso estarán desaconsejados aquellos alimentos que requieran un mayor trabajo hepático: lácteos (en particular quesos grasos), proteína animal (huevos, carne roja, embutidos, pollo con piel...), exceso de sal y salazones, fritos, frutos secos... La toma elevada de medicamentos (antibióticos, ansiolíticos, antipsicóticos, anticonceptivos...) puede bloquear o dificultar las fases de depuración hepática. Entre las plantas más indicadas en estos casos está el rábano negro y la cúrcuma, plantas reconocidas por su alta capacidad de detoxificación hepática.
3. Sufrimiento hepático, asociado a toma elevada y mantenida de medicamentos, xenobióticos, infecciones virales, acumulación de tóxicos, etc. Algunos medicamentos (píldora anticonceptiva, paracetamol, alcohol) se convierten en tóxicos graves para el hígado si se eliminan mal sus desechos metabólicos.
  • El desmodium es la planta amiga de los hepatocitos, las células hepáticas, pues ayuda a su regeneración.

Resuelto el misterio de los beneficios del chocolate negro

Los beneficios de comer chocolate negro se han ensalzado durante siglos, pero la razón exacta ha sido un misterio, hasta ahora. Un equipo de investigadores ha informado en la 247 Reunión Nacional y Exposición de la Sociedad Americana de Química que ciertas bacterias en el estómago digieren el chocolate y lo fermentan como compuestos antiinflamatorios que son buenos para el corazón.

"Hemos visto que hay dos tipos de microbios en el intestino: buenos y malos", explica una de las investigadoras, Maria Moore, estudiante de la Universidad Estatal de Louisiana, en Estados Unidos. "Los microbios buenos, como las bífidobacterias y las bacterias del ácido láctico, se dan un festín con el chocolate. Cuando se come chocolate negro, crecen y lo fermentan, produciendo compuestos que son antiinflamatorios", afirma esta experta.

"Las otras bacterias en el intestino están asociadas con la inflamación y pueden causar gases, hinchazón, diarrea y estreñimiento. Éstas incluyen algunos clostridios y bacterias de 'E. Coli'", concreta esta autora del trabajo que se presentó en el foro científico que se celebra en Dallas, Estados Unidos.

 El director de la investigación, John Finley, también de la Universidad de Louisiana, relata que cuando estos compuestos son absorbidos por el cuerpo, disminuyen la inflamación de tejido cardiovascular, reduciendo el riesgo de padecer un accidente cerebrovascular a largo plazo. Según Finley, éste es el primer estudio que examina los efectos del chocolate negro sobre los diversos tipos de bacterias estomacales.

 El equipo analizó tres polvos de cacao usando un modelo de tracto digestivo, compuesto por una serie de tubos de ensayo modificados para simular la digestión normal. Los materiales no digeribles se sometieron entonces a la fermentación anaeróbica utilizando bacterias fecales humanas.

 Finley subraya que el cacao en polvo, un ingrediente del chocolate, contiene varios compuestos polifenólicos o antioxidantes, como la catequina o la epicatequina, y una pequeña cantidad de fibra dietética. Ambos componentes son mal digeridos y absorbidos, pero cuando alcanzan el colon, los microbios adecuados se hacen cargo de ellos.

"En nuestro estudio hemos encontrado que la fibra se fermenta y los grandes polímeros polifenólicos se metabolizan en moléculas más pequeñas, que son más fáciles de absorber. Estos polímeros más pequeños tienen actividad antiinflamatoria", resume.

 Finley también argumenta que la combinación de la fibra presente en el cacao con alimentos prebióticos puede mejorar la salud general de una persona y ayudar a convertir los polifenoles del estómago en compuestos antiinflamatorios. "Cuando se ingieren prebióticos, los microbios intestinales beneficiosos aumentan su población y ganan a los microbios 'malos' del intestino, como los que causan problemas de estómago", añade.

Los prebióticos son carbohidratos que se encuentran en alimentos como el ajo crudo y la harina de trigo integral cocido que los humanos no pueden digerir pero que a las bacterias buenas les gusta comer, además de que se pueden tomar en suplementos dietéticos.

El director de esta investigación cree que las personas pueden experimentar aún más beneficios para la salud al combinar el chocolate negro con frutas sólidas como las granadas y el acai, una palmera nativa del norte de Sudamérica que da un tipo de fruto.

Los beneficios de comer chocolate negro se han ensalzado durante siglos, pero la razón exacta ha sido un misterio, hasta ahora. Un equipo de investigadores ha informado en la 247 Reunión Nacional y Exposición de la Sociedad Americana de Química que ciertas bacterias en el estómago digieren el chocolate y lo fermentan como compuestos antiinflamatorios que son buenos para el corazón.

Tomado de: www.infosalus.com

15 de marzo de 2014

Vegetarianos y deportistas

Por MAITE ZUDAIRE / Tomado de: www.consumer.es

La alimentación vegetariana es compatible con la práctica de ejercicio a todos los niveles y en las distintas disciplinas, incluso a nivel competitivo

Una nutrición óptima refuerza la actividad física, el rendimiento deportivo y la recuperación muscular tras el ejercicio. En la actualidad, se le presta mucha importancia a las proteínas en el mundo del deporte. Entonces, ¿es posible prescindir de la proteína animal cuando se es deportista? ¿La alimentación vegetariana puede satisfacer los requerimientos físicos en caso de competición deportiva? Según numerosas investigaciones científicas y médicas, es posible seguir una dieta vegetariana y rendir físicamente al máximo nivel. El siguiente artículo fundamenta por qué es posible ser vegetariano y deportista y repasa las principales recomendaciones nutricionales que deben tenerse en cuenta para garantizar el aporte de aquellos nutrientes que pudieran estar comprometidos ante la ausencia de proteína animal.

Practicar deporte y ser vegetariano

Es posible seguir una dieta vegetariana y practicar deporte, también de manera profesional. Hay deportistas de élite vegetarianos, incluso en disciplinas tan exigentes como el culturismo o el triatlón. La clave está en atender las recomendaciones nutricionales específicas para garantizar una alimentación óptima. Así lo aseguran la Asociación Americana de Dietética, los Dietistas de Canadá y el Colegio Americano de Medicina del Deporte en su documento de posicionamiento conjunto.

Algunos atletas eligen seguir una dieta vegetariana. En el documento citado -sobre Nutrición y Rendimiento Atlético- se comenta que con una dieta vegetariana la disponibilidad de energía podría reducirse ligeramente, si la alimentación es muy rica en fibra. El seguimiento del peso y los análisis periódicos de la composición corporal son dos métodos que nos permiten determinar si se satisfacen los requerimientos energéticos, pero no deben utilizarse como único criterio para discernir la buena o mala nutrición.

Ciertos nutrientes tienen mayor presencia o presencia exclusiva en los alimentos de origen animal, como es el caso de las vitaminas B12 y D, hierro, calcio y zinc, por lo que si la dieta vegetariana no está bien planteada se puede estar en riesgo de deficiencia. Casos de déficits de algunos de estos nutrientes (hierro, vitamina D, calcio) también pueden darse al seguir dietas omnívoras si estas son desequilibradas. Por tanto, la falta de nutrientes reguladores no es exclusivo de seguir dietas vegetarianas. En caso de duda o de sospecha de alguna deficiencia, la consulta con un dietista-nutricionista especializado en nutrición deportiva ayudará a evitar estos problemas de nutrición.

Las necesidades de energía y macronutrientes, en especial hidratos de carbono y proteínas, se deben cumplir de forma rigurosa durante los periodos de alta actividad física, con el fin de mantener el peso corporal, reponer las reservas de glucógeno y proporcionar las proteínas adecuadas para construir y reparar el tejido.

Dieta vegetariana y deporte: cinco puntos clave

1. Energía suficiente. Cualquier disciplina deportiva exige un mayor aporte energético, y este será mayor durante los tiempos de entrenamiento de alta intensidad y la competición. Centrarse solo en verduras, hortalizas y frutas, y no tener un menú estructurado con presencia diaria de cereales, legumbres, frutos secos y semillas, puede dar lugar a ingestas bajas de energía que tienen consecuencias: pérdida de masa muscular, disfunción menstrual, pérdida o falta de aumento de la densidad ósea, mayor riesgo de fatiga, de lesiones, de contracturas y de tendinitis recidivantes.

2. Carbohidratos. Los carbohidratos son importantes para mantener los niveles de glucosa en sangre durante el ejercicio y para reemplazar el glucógeno muscular tras el esfuerzo. En nutrición deportiva, las recomendaciones oscilan de 6 a 10 gramos por kg de peso corporal y día. La cantidad requerida depende del gasto energético total diario, el tipo de deporte realizado, el sexo y las condiciones ambientales.
  • Para tener en cuenta. En sendos puntos, en caso de seguir una dieta vegetariana, los cereales en grano deben ser la base de la alimentación diaria en todas las comidas principales. Alimentos como el arroz (integral y semiintegral preferentemente), cuscús, bulgur, avena, cebada u otros cereales con un perfil nutricional muy interesante y destacado para la práctica deportiva, como el mijo, la quinua -rica en proteínas- y el trigo sarraceno, no deberían faltar.
3. Grasa y deporte. La ingesta de grasa no debe restringirse, dado que no hay ninguna ventaja de rendimiento en el consumo de una dieta con menos del 15% de la energía proveniente de la grasa, en comparación con la recomendación general de 25%-30%. La grasa es un nutriente esencial en la dieta del deportista, ya que además de energía, proporciona vitaminas liposolubles (A, D, E, K) y ácidos grasos esenciales, como el DHA con carácter antiinflamatorio.
  • Para tener en cuenta. En la dieta vegetariana deben estar presentes en cantidad moderada, pero diaria, los frutos secos y las semillas (anacardos, castañas, pipas de calabaza, sésamo, macadamia, lino) y los aceites (de oliva virgen extra sobre todo), como fuente natural de grasas saludables.
4. Proteínas. Se estima que los atletas que practican disciplinas de resistencia tienen unas necesidades proteicas de entre 1,2 y 1,4 gramos por kg de peso corporal, mientras que en las disciplinas de fuerza, las necesidades pueden aumentar en momentos de máximo desarrollo a 1,6-1,7 gramos por kg de peso corporal. Desde la perspectiva vegetariana, hay estudios que informan de que las personas vegetarianas tienen ingestas proteicas más bajas en comparación con quienes siguen una dieta omnívora. Esto puede explicarse porque, aunque la calidad de la proteína vegetal puede ser adecuada para las personas adultas, las proteínas vegetales no son tan digeridas como las proteínas animales, tal y como explican Vernon R. Young y Peter L. Pellett en su 'Evaluación nutricional de alimentos ricos en proteínas', para la Universidad de las Naciones Unidas. Es por ello que para ajustarse a la digestión incompleta, se sugiere un aumento del 10% en la cantidad consumida, que podría plantearse como base un aporte de 1,3 a 1,8 gramos por kg de peso corporal.
  • Para tener en cuenta. Las dietas vegetarianas bien planteadas, con un aporte variado de alimentos proteicos vegetales (soja y sus derivados fermentados, leguminosas, granos integrales, frutos secos y semillas), pueden asegurar una cantidad suficiente de proteína sin necesidad de recurrir a alimentos especiales o a suplementos hiperproteicos. A la hora de garantizar el aporte diario proteico, no es preciso que las proteínas presentes en los vegetales de distinta naturaleza se combinen necesariamente y a diario en la misma comida. El balance de aminoácidos de más de un día es lo más importante.
5. Calcio y hierro. El hierro es un nutriente que puede ser de especial interés para los atletas vegetarianos. Debido a la menor biodisponibilidad de hierro en la dieta a base de vegetales, los depósitos de hierro en los vegetarianos pueden ser más bajos que los de los omnívoros, a pesar de que la ingesta total de hierro sea similar o incluso superior. Esto no significa que tenga que derivar en anemia ni que merme el rendimiento físico del atleta vegetariano, pero conforman un grupo de población que ha de tener en cuenta este aspecto dietético, en particular las mujeres atletas vegetarianas. Una analítica periódica, según lo estime el médico deportivo, puede ser suficiente para controlar estos parámetros.
  • Para tener en cuenta. Además de alimentos germinados y fermentados en los que se aumenta la biodisponibilidad de estos minerales, la dieta vegetariana debe combinar los siguientes alimentos para evitar un compromiso nutricional: frutos secos (almendras, piñones), semillas de sésamo, legumbres (soja, lentejas), verduras de hoja verde.

Intestinos sanos: cuidado con las dietas

Mantener un peso adecuado es uno de los pilares de una buena salud y en muchos casos esto pasa por realizar una dieta para adelgazar. Las dietas altas en proteínas y bajas en carbohidratos se encuentran entre las más seguidas, sin embargo, existen ya investigaciones que alertan sobre sus posibles efectos perjudiciales sobre la salud intestinal.

 Según explica la doctora Silvia W. Gratz, del Instituto de Nutrición y Salud Rowett de la Universidad de Aberdeen (Escocia), en un artículo publicado en el sitio web de la Sociedad de Nutrición (www.nutritionsociety.org) las dietas altas en proteínas y bajas en carbohidratos son muy populares ya que ayudan a promover la sensación de sentirnos llenos mediante un consumo calórico más bajo del habitual.

 Sin embargo, la experta señala que el bajo consumo de carbohidratos y, en concreto, de fibras en la dieta procedentes de los cereales y los vegetales presenta problemas para la salud intestinal. Así, un bajo consumo de fibra en la dieta se vincula con un mayor riesgo de desarrollar cáncer colorrectal.

 La investigación del equipo de Gratz se centra en la exploración de la relación entre la proteína de la dieta, la carne roja, los carbohidratos y la fibra dietética sobre la formación de posibles productos de descomposición perjudiciales en los intestinos humanos.

 Gratz explica que los bajos consumos de carbohidratos y de fibra en la dieta cambian las poblaciones de bacterias que viven en el colon humano. Esto disminuye la producción de los productos de fermentación bacteriana beneficiosos como el butirato de ácidos grasos de cadena corta, una pequeña molécula que mantiene a las células intestinales sanas.

 Uno de los estudios de la investigadora mostró que cuando los voluntarios que participaban en el trabajo consumían dietas bajas en carbohidratos disminuían los ácidos grasos de cadena corta beneficiosos. Además, los resultados publicados en la revista 'American Journal of Clinical Nutrition' también señalaban que con un mayor consumo de carne roja estas personas presentaban mayores niveles de componentes N-nitroso, un grupo de químicos que causan cáncer y que se forman en los intestinos.

 Así, Gratz señala que al seguir una dieta con una alto consumo de carne roja se produce una movilización de más proteínas hacia el colon y las bacterias del colon utilizan estas proteínas y aminoácidos como fuente de energía. La fermentación de los aminoácidos da lugar de esta forma a subproductos perjudiciales en el sistema intestinal como los componentes N-nitroso.

Menos carne roja y más fibra

 Un trabajo posterior del equipo escocés publicado en 'Journal of Nutrition' muestra que además del mayor consumo de carne roja, el consumo elevado de nitratos procedentes de la lechuga, espinacas y algunos vegetales de raíz también aumenta la formación de componentes N-nitroso en los intestinos humanos. Sin embargo, continúan los autores, las comidas ricas en vitamina C y la fibra dietética de los productos cereales protegen contra la formación de tales componentes tóxicos en los intestinos.

 La autora concluye que un equilibrio sano entre el consumo de carne roja y proteínas en la dieta, que ayudan a sentirnos llenos, y las fibras dietéticas que son importantes para mantener nuestra salud intestinal es esencial para promover la salud en su conjunto.

 La Fundación Mundial de Investigación del Cáncer recomienda que el consumo de carne roja debe ser limitado a no más de 500 gramos por semana, con la menor cantidad posible de carne procesada para minimizar el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal.

Tomado de: www.infosalus.com

El riesgo de sufrir cáncer de ovario aumenta con el sobrepeso

A los factores de riesgo como la edad o el historial familiar de cáncer de ovario se suma ahora el sobrepeso y la obesidad. Según una investigación del Fondo Mundial de Investigación del Cáncer (WCRF), las mujeres con exceso de peso tienen más probabilidades de desarrollar este tipo de tumor.

Según los expertos, el cáncer de ovario tiene un difícil pronóstico, ya que se presenta con pocos síntomas y suele ser detectado en estadios avanzados de la enfermedad. De hecho, se calcula que el 80% se diagnostica cuando el tumor ya está extendido. En España se estima que cada año se diagnostican unos 3.300 casos (el 5% del total de los tumores en la mujer) y es la quinta causa de muerte por cáncer en la población femenina (causa al año unas 1.800 víctimas mortales).

Cuando se detecta a tiempo, afirman los especialistas, "más del 90% de las mujeres sobreviven durante al menos cinco años. En fases avanzadas, este porcentaje se reduce al 10%".

Después de evaluar 128 estudios, 25 análisis sobre el cáncer de ovario y el índice de masa corporal, y con el objetivo de detectar factores de riesgo de esta patología, el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer, que trabaja para la prevención de esta enfermedad, ha visto un nuevo elemento de riesgo: el sobrepeso y la obesidad.

No es la primera vez que se asocian los kilos de más con algún tipo de cáncer. Hasta la fecha, se había observado relación con cáncer de útero, mama y colon, pero nunca con el de ovario. Entre los 25 y 60 años, el 17% de las mujeres en España, lo que significa, según WCRF, que esta parte de la población tiene mayor riesgo de desarrollar este tipo de cáncer que el resto.

Si nadie tuviera sobrepeso, subraya el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer, podrían evitarse 23.400 casos de cáncer en general (uno de cada seis), por lo que mantener el peso a raya es una de las 10 recomendaciones clave para evitar esta enfermedad.

"Ahora podemos decir con certeza que tener sobrepeso u obesidad aumenta el riesgo de sufrir cáncer de ovario, así como el de mama, colon y útero", insiste Rachel Thompson, principal autora de la investigación. "Esto significa que las mujeres pueden cambiar su estilo de vida para reducir las probabilidades de desarrollar cáncer de ovario".

Hasta la fecha, agrega, "sólo conocíamos otros dos factores de riesgo (la edad y la historia familiar de la enfermedad), pero ahora podemos decir que mantener un peso saludable ayuda a reducir este problema".

Un riesgo pequeño

Es verdad que el aumento de riesgo es pequeño, advierte la experta en la edición digital de The Guardian. Los 25 análisis estudiados evaluaban los datos de cuatro millones de mujeres, de las cuales 16.000 desarrollaron cáncer de ovario. Es decir, observaron un 6% más de riesgo por cada cinco unidades adicionales de índice de masa corporal (un cálculo que se basa en el peso en relación con la altura. Los niveles normales están entre 18,5 y 25).

¿Cuánto de significativo es ese 6% por cada cinco puntos adicionales? Depende de cada mujer, de su historial familiar y su edad. "Este nuevo estudio apoya los trabajos previos que apuntaban que un estilo de vida saludable puede reducir el riesgo de cáncer de ovario".

"Este tipo de trabajos nos ayudan a orientar a las mujeres en la consulta" y también supone un motivo más para que "las niñas adopten un estilo de vida saludable lo antes posible y que la próxima generación reduzca su riesgo", concluye Thompson.

Tomado de: www.elmundo.es

Controlar el colesterol es posible

Aunque las estrategias en la dieta para reducir el colesterol pueden parecer obvias, existen todavía otros grandes desconocidos que se alían con nuestras arterias: los antioxidantes. Antes de acudir a los fármacos, los cambios en la dieta pueden ayudar a reducir los niveles de colesterol en sangre.

 Según explica a Infosalus, Miguel Ángel Rubio, miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, los españoles tienen los mismos niveles de colesterol en sangre que otros ciudadanos europeos o estadounidenses pero sin embargo nuestro riesgo cardiovascular es mucho menor porque tenemos un gran aliado: el aceite de oliva, una de las fuentes más importantes de antioxidantes en la dieta española.

 Rubio advierte que más allá de controlar los niveles de colesterol, que también es necesario, lo importante es el consumo de antioxidantes en la dieta que contrarresten este colesterol en sangre al evitar que se oxide y se deposite en las arterias, con el consiguiente deterioro de la salud cardiovascular.

 El especialista señala que a pesar de que los cambios en la dieta y la práctica de ejercicio sólo pueden reducir entre un 10% y un 20% de la cantidad de colesterol en el organismo esto si se consigue trasladar a la población multiplicaría por dos los beneficios, ya que se disminuiría hasta un 20 por ciento el riesgo de enfermedad cardiovascular.

 Rubio advierte que la extensión del uso de las estatinas como fármaco de elección no tiene que suponer que se abandone el intento de controlar el colesterol mediante la dieta y ejercicio.

Pasar a la acción

El especialista señala que lo primero que hay que hacer si se desean controlar los niveles de colesterol en sangre es realizar un perfil del colesterol completo.

Rubio aconseja realizar este examen a partir de los 20 años y con una frecuencia periódica de una vez cada cinco años. A través de un análisis de este tipo se obtienen los datos sobre los niveles de HDL (colesterol bueno), LDL (colesterol malo) y triglicéridos.

 1. Reducir el consumo de grasas saturadas: se encuentran en los productos animales y en algunas vegetales (coco, palma, palmiste). La fuente más conocida son la leche y sus derivados como nata, quesos curados o mantequilla. Se deben reducir así los productos lácteos y sustituirlos por sus versiones desnatadas o con menos grasa, así como los derivados de los productos cárnicos como patés, embutidos o tocinos. En cuanto a la carne, hay que dar prioridad a las partes magras de los animales.

 2. No a las grasas trans añadidas: se encuentran de forma natural en la carne y la leche pero las perjudiciales son las procedentes de la hidrogenación que convierte los aceites líquidos en sólidos. En este sentido, hay que eliminar de la dieta todos los aceites hidrogenados o parcialmente hidrogenados. A pesar de que esta hidrogenación se lleva a cabo sobre todo en aceites vegetales, estas grasas son más perjudiciales que las saturadas porque elevan el colesterol malo, aumentan los triglicéridos y disminuyen los niveles de colesterol bueno. Se encuentran en los productos precocinados (patatas fritas, salsas, rellenos y coberturas de cacao y bollería industrial).

 3. Consumir productos con etiquetado: el uso de los aceites vegetales hidrogenados está muy extendido en la industria de la repostería, es mejor optar por productos envasados cuyo etiquetado advierte de la presencia de estas grasas en su preparación.

 4. Controlar y conocer el colesterol dietético: el colesterol es clave para el buen funcionamiento del organismo, se encuentra en las membranas de las células y forma parte de hormonas y vitaminas. Dos terceras partes del colesterol en sangre lo fabrica el organismo y el resto procede de la dieta. Además no todo el colesterol de la dieta se absorbe, un 50% pasa a la sangre y el otro 50% se expulsa en las heces. El colesterol dietético tiene su principal origen en todos los productos animales y sólo en algunos vegetales.

 5. Cuidado con los reclamos 'sin colesterol' y 'con grasas vegetales': Rubio alerta de algunas prácticas en la industria alimentaria que con el objetivo de aumentar las ventas han puesto llamadas de atención en el envasado que dan lugar a error entre los consumidores. Existen productos en el mercado que por sus características constitutivas no contienen colesterol y otros en los que el uso de grasas vegetales es más dañino que beneficioso.

 6. Aceites tropicales: el uso de aceites de palma, palmiste o coco se ha extendido sobre todo en la bollería industrial pero sus efectos perjudiciales sobre el colesterol en sangre las ha hecho objeto de atención entre las autoridades sanitarias y en la actualidad el etiquetado de los productos indica su presencia. Los helados también están entre los productos de consumo en los que se emplean más estas grasas.

 7. Lo 'vegetal' no es sinónimo de más saludable: el caso más destacable es el de la mantequilla y las margarinas, las primeras tienen un origen animal y aportan grasas saturadas frente a las segundas que en muchos casos incluyen gran cantidad de grasas trans procedentes de la hidrogenación de aceites vegetales. Si se puede elegir, mejor mantequilla que margarina.

 8. El poder de los antioxidantes: muchos de los alimentos que no suben y bajan el colesterol son ricos en antioxidantes, es el caso del aceite de oliva, el de girasol, los frutos secos o el vino. Son alimentos que contrarrestan los posibles efectos de un exceso de colesterol en sangre al evitar que éste se oxide y se 'pegue' a las arterias protegiendo de este modo al organismo. La fibra procedente de los productos integrales, los frutos del bosque, las frutas de color anaranjado o amarillo y algunas verduras de hoja o color verde también son ricas en antioxidantes.

   9. El secreto 'a voces' de los fitoesteroles: se denominan también esteroles vegetales y es el colesterol de las plantas que el organismo humano prácticamente no absorbe. Está presente en aceites como el de maíz. Los fitoesteroles evitan que el organismo humano absorba el colesterol animal al extraerlo de los elementos moleculares que lo trasladan por el torrente sanguíneo y hacer que se eliminen por las heces. En el mercado existen productos que los contienen y que se comercializan bajo marcas como 'Benecol' o 'Danacol'.

 10. Los genes predisponen: los niveles de colesterol en el organismo están muy condicionados por la herencia genética y existen unos valores medios propios de cada persona sobre los que hay que actuar. Los niveles de colesterol bueno, el que ayuda a eliminar el malo del organismo, se consideran difíciles de modular. Existen alimentos que sí ayudan a mantener los niveles de este colesterol saludable aunque no los suben, es el caso de frutos secos como las nueces o aceites como el de oliva. Sí existen factores, sin embargo, que inciden en la existencia de bajos niveles de colesterol bueno como la obesidad, el tabaquismo o la vida sedentaria que pueden ser modificables y que afectan a la salud en general.

 11. Así sí salen las cuentas: una salud cardiovascular ventajosa modulada a través de hábitos de alimentación saludables y la práctica de actividad física pasa por sumar y restar los siguientes elementos:
- Grasas saturadas - Grasas trans - Colesterol dietético + fitoesteroles + antioxidantes + ejercicio = Salud Cardiovascular 10

Tomado de: www.infosalus.com

8 de marzo de 2014

OMS aconseja bajar a mitad el consumo de azúcar

Ingesta total diaria no debería superar los 25 gramos, o las cinco cucharaditas. Propuesta será sometida a consulta entre especialistas y el público en general.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) propone bajar a la mitad la ingesta de azúcar, y consumir solo 25 gramos (5 cucharaditas) diarios de este endulzante. Esta decisión se toma luego de revisar cerca 9.000 investigaciones científicas. En ellas, el panel de expertos coincidió en que el abuso en el consumo de este producto está directamente relacionado con el sobrepeso, la obesidad y las caries.

La nueva medida haría que la ingesta de azúcar equivalga al 5% de las calorías diarias, y no al 10% que se recomendaba hasta hoy. Esta cantidad incluye la que se les añade a las comidas, los siropes y los productos preenvasados. No incluye el azúcar natural de algunos alimentos como las frutas.

La recomendación que hace la OMS sobre la reducción en la ingesta diaria de azúcar se basa en la información de 9.000 investigaciones científicas. Muchos alimentos empacados y refrescos son ricos en azúcar. “Gran parte de los azúcares que se consumen hoy en día están escondidos en alimentos elaborados que, generalmente, no se consideran dulces. Por ejemplo, una cucharada de ketchup contiene unos cuatro gramos de azúcar (aproximadamente una cucharadita).

”Una sola lata de refresco endulzado con azúcar contiene hasta 40 gramos (unas 10 cucharaditas) de azúcar”, explicó en un comunicado de prensa Jared Brondman, asesor de nutrición de la OMS.

Esta es una opinión compartida por la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA, por sus siglas en inglés).

“Demasiada azúcar en una dieta puede contribuir a la formación de caries, obesidad, dificultad para controlar la diabetes tipo 2, y niveles más altos de triglicéridos”, dijo Claudine Kavanaugh, especialista en alimentación de FDA.

En revisión. Durante este mes, la OMS deja abierto un periodo de consulta en el que diferentes especialistas en salud y el público en general pueden hacer sus observaciones. El formulario está disponible en el sitio web de la OMS www.who.int.
Una vez que se recojan todas las sugerencias, la OMS redactará las recomendaciones finales y las enviará a todos los países miembros como sugerencia nutricional.

En nuestro país no hay estudios específicos sobre el consumo de azúcar. Sin embargo, el 10% de la población adulta es diabética, lo que puede dar una idea no solo del consumo de azúcares, sino de la grasa.

“No es no comer azúcar del todo, es saber cómo comerla. Las frutas ya tienen azúcar natural como para que le agreguemos más, tampoco tenemos por qué ‘bañar’ con ella los postres”, comentó la nutricionista Andreína Hidalgo.

Tomado de: www.nacion.com

La sal es adictiva como las drogas

La Sociedad Española de Cardiología (SEC) ha alertado de que la sal ya puede considerarse como una droga, no sólo por los efectos perjudiciales que provoca en la salud, sino también por la alta capacidad adictiva que posee. De hecho, un estudio elaborado en ratones por las universidades de Duke (Estados Unidos) y Melbourne (Australia) ha demostrado que la necesidad de consumir sal era la misma que la relacionada con la adicción a la cocaína o a los opiáceos como la heroína. Con imágenes cerebrales, se observó que en ambos procesos se activaba la misma zona del cerebro. De esta manera, ante el consumo de estas drogas o de sal se producían cambios profundos en ciertas células nerviosas del hipotálamo, provocando un aumento del tamaño y de la cantidad de las neuronas al igual que de dos proteínas específicas relacionadas con la adicción y el placer.

"Este alto poder adictivo de la sal podría explicar por qué en España consumimos el doble de la cantidad aconsejada al día, ya que de entre los 5 y 6 gramos recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en España consumimos una media de 11. Además de cáncer de estómago, insuficiencia renal u osteoporosis, la sal favorece la aparición de hipertensión, causante esta del 62 por ciento de los accidentes cerebrovasculares y del 42 por ciento de las enfermedades del corazón, según la OMS", ha comentado el presidente de la SEC, José Ramón González-Juanatey.

Y es que, en España hay 11 millones de hipertensos y las defunciones por esta causa están aumentando peligrosamente en los últimos años. Así, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), mientras que en el año 2003 las enfermedades hipertensivas fueron las causantes del 4,8 por ciento del total de defunciones por causa cardiovascular, en el año 2012, esta cifra prácticamente se ha doblado, siendo las responsables del 8,4 por ciento.

"Es urgente que las autoridades sanitarias tomen medidas ante esta problemática, ya que el 80 por ciento de la sal que consumimos proviene de los alimentos precocinados. Hasta el 20 por ciento de la cantidad consumida diariamente está presente únicamente en el pan, por lo que desde la SEC creemos necesario que siga intensificándose la regulación de este alimento, ya que se ha establecido que cada año se reduzca un gramo de sal. Esta misma medida debería aplicarse también en otros alimentos siguiendo las estrategias que han seguido otros países como Finlandia o Portugal", ha anunciado González-Juanatey.

Asimismo, el experto ha destacado la necesidad de que se mejore el etiquetado de los productos y se clarifique la cantidad de sal y el resto de ingredientes que contiene cada alimento. Además, ha solicitado a los ciudadanos que compren aquellos alimentos bajos en sal, disminuyan la sal que se usa en la cocina, consuman diariamente cinco piezas de frutas y verduras de 80 gramos cada una, y reduzcan el consumo de grasas, especialmente las saturadas.

"Sólo con la colaboración de todos los agentes implicados: industria alimentaria, población y autoridades sanitarias, conseguiremos superar esta adicción y mejorar así el control de una enfermedad que cada año provoca más defunciones", ha zanjado el presidente de la SEC.

Tomado de: www.larazon.es

Cinco errores que impiden adelgazar

Por MAITE ZUDAIRE / Tomado de: www.comsumer.es

Existen obstáculos muy concretos para bajar de peso de manera saludable, duradera y eficaz

Solo 2 de cada 10 personas que intentan perder peso lo consiguen. Esta es una de las conclusiones más contundentes del informe de febrero de 2014 de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO). El dato resulta más significativo cuando se lee que el 75% de la población adulta ha intentado adelgazar en algún momento de su vida, en coherencia con un porcentaje similar que admite no estar contento con su cuerpo. La SEEDO reconoce que algo falla para que los intentos de bajar de peso cosechen tan alto nivel de fracaso. En este artículo, de la mano de una nutricionista especializada en consulta y en educación alimentaria, reseñamos los errores más comunes que se cometen cuando se intenta adelgazar, para así tratar de evitarlos y lograr hábitos saludables que alimenten y no engorden.

Muchas personas tienen una dilatada experiencia en dietas milagro, en asesoramientos inadecuados y en métodos que se promocionan en programas de la tele, en revistas o que se descargan de cualquier portal de Internet. "En contra de lo que se cree, este tipo de dietas no son inocuas", señala Elena Piñeiro, dietista-nutricionista con una dilatada carrera pasando consulta a personas que quieren y necesitan adelgazar. Esta especialista añade que este cúmulo de intentos fallidos provoca que cuando la persona toma conciencia de que los atajos no valen, "el tiempo de tratamiento se alarga por motivos fisiológicos y cuesta más perder la grasa que conlleva el sobrepeso y los problemas asociados a él", desde el síndrome metabólico hasta los trastornos cognitivos, trastornos del comportamiento alimentario y diversas enfermedades degenerativas.

Obstáculos para bajar de peso: cinco errores y falsas creencias

Aprender a adelgazar es aprender a comer, y esto incluye dejar de cometer errores interiorizados y reforzados por los mensajes publicitarios, e incluso informaciones contradictorias y carentes de evidencia científica. Aunque son muchos, reconocerlos en una lista puede reducir la dificultad de combatirlos.

1. Es un error dar credibilidad a los mitos.
Existen varios, y conviene leerlos de nuevo para recordarlos, tacharlos de fraude y negarlos: los hidratos no engordan; el agua en la comida es sana; la fruta es necesaria y está cargada de vitaminas y no de calorías; los alimentos light no adelgazan; las vitaminas tampoco; el aceite de oliva es necesario; un día a líquidos, o a verduras, o a pescado o a cualquier cosa, no adelgaza, mucho menos el ayuno; los nervios no engordan; o el metabolismo no es lento o rápido al antojo.

2. Es un error marcarse un tiempo fijo para perder kilos. La recomendación de los organismos más acreditados es que la pérdida de peso ha de ser muy paulatina (entre 500 gramos y 1 kilo a la semana), con el objetivo de dar tiempo al organismo a reorganizarse metabólicamente y asegurar que sea un adelgazamiento consolidado, estable y duradero. Pero el objetivo no es cumplir con un número de "semanas de sacrificio" sino lograr un cambio de hábitos. La meta no es temporal, es intrínseca, es para siempre.

3. Es un error pensar que perder peso y cambiar los hábitos no cuesta esfuerzo y es fácil. Disminuir del exceso de grasa corporal pasa por la disciplina personal, por el orden en las comidas, por la exploración valiente en busca del origen de la compulsión, si es que la hay, por la voluntad de ponerse a caminar, a nadar o a andar en bicicleta y aprender a comer bien ofreciendo equilibrio químico al organismo para mantener un peso saludable, que es, en sí, el objetivo. Así resume el esfuerzo y el valor de afrontar el cambio la nutricionista Elena Piñeiro. Hay que estar atento, y si se descuidan los buenos hábitos, regresar cuanto antes a ellos. Conviene tener presente que la ingesta desmesurada de alimentos de forma puntual y el descuido del ejercicio físico durante cuatro semanas son suficientes para que el aumento de peso y de grasa corporal perduren hasta dos años y medio después.

4. Es un error cuidar lo que se come y no cuidar lo que se siente.
Los hábitos sanos, el control y el dominio sobre lo que se compra y se come, así como el ejercicio, refuerzan la autoestima. Es una rueda que hace crecer la aceptación y el aprecio hacia uno mismo, lo que aporta bienestar emocional. Si se carece de ella, aparecen las crisis personales que inciden en los hábitos y provocan ansiedad. Incluso la influencia de la crisis socioeconómica que sufre nuestro país ocasiona cuadros de ansiedad que buscan consuelo en la mala comida, que impide alimentarse bien. No hay que castigarse por sentirse bajo de ánimo, pero tampoco consolarse de manera artificial.

5. Es un error adelgazar por los demás.
Tanto si se trata de una persona adulta o de un niño, hay que encontrar la motivación en uno mismo. Hay que responder al "porqué", definir y visualizar en profundidad la razón que ha conducido a tomar la elección de adelgazar, de cambiar la manera de comer, explica Piñeiro. No vale hacerlo por los demás, para no escuchar sus reproches o sus mofas, para buscar su aceptación o su aprobación. El esfuerzo y el cambio será protagonizado por uno mismo, quien lo disfrutará y merecerá es uno mismo. Incluso en los más jóvenes debe de imperar la conciencia de que la decisión es propia, que se cuenta con ayuda y apoyo, pero es uno mismo quien se lo ha propuesto y por quien se lo ha propuesto.

La dieta rica en proteínas, tan peligrosa como el tabaco


Investigadores de la Universidad del Sur de California-Davis, en Estados Unidos, han visto que el consumo de una dieta rica en proteínas de origen animal en la mediana edad provoca cuatro veces más probabilidades de morir por cáncer que una persona con una dieta baja en proteínas, una factor de riesgo de mortalidad comparable a fumar.

 Según se desprende del estudio, realizado en una amplia muestra de adultos durante casi dos décadas y publicado en 'Cell Metabolism', la dieta alta en proteínas durante la mediana edad provoca casi el doble de probabilidades de morir y cuatro veces más probabilidades de fallecer por cáncer, pero la ingesta moderada de este tipo de proteínas es buena para las personas una vez superados los 65 años.

 "La cuestión no es si una determinada dieta te permite sentirse bien durante tres días, sino si te ayudará a vivir hasta los cien años", subraya el autor del análisis, Valter Longo, profesor de Biogerontología en la Escuela de  Gerontología la USC Davis y director del Instituto de Longevidad del mismo centro universitario.

 No sólo es el consumo excesivo de proteínas está vinculado a un aumento espectacular de la mortalidad por cáncer, pero la gente de mediana edad que come gran cantidad de proteínas de origen animal, incluyendo la carne, la leche y el queso, también son más susceptibles a una muerte temprana, en general.

 Los amantes de la proteína analizados en este trabajo presentaban un 74 por ciento más de probabilidades de morir por cualquier causa durante el periodo de estudio que sus contrapartes que ingerían cantidades más bajas de proteínas. También tenían varias veces más probabilidades de morir de diabetes.

 Pero la cantidad de proteína que debemos comer ha sido durante mucho tiempo un tema controvertido. Antes de este estudio, los investigadores nunca habían mostrado una correlación definitiva entre el alto consumo de proteínas y el riesgo de mortalidad.

 En lugar de mirar a la edad adulta como una fase monolítica de la vida, como otros científicos han hecho, los autores de este trabajo tuvieron en cuenta cómo la biología cambia con la edad y cómo las decisiones en etapa media de la vida pueden evolucionar durante toda la vida humana.

 En otras palabras, lo que es bueno para una persona en una edad puede ser perjudicial en otra etapa de la vida. La proteína controla la hormona de crecimiento IGF-I , que ayuda a nuestro cuerpo a crecer, pero se ha relacionado con susceptibilidad al cáncer. Los niveles de IGF-I disminuyen dramáticamente después de los 65 años, lo que lleva a la fragilidad y la pérdida de músculo.

El estudio muestra que mientras que la ingesta elevada de proteínas durante la mediana edad es muy dañina, resulta protectora para adultos mayores: las personas mayores de 65 años que llevaron una dieta de alto o moderado valor proteico eran menos susceptibles a la enfermedad.

 El último documento se basa en investigaciones anteriores de Longo en IGF -I, incluida una en una cohorte ecuatoriana que parecía tener poco cáncer o susceptibilidad a la diabetes debido a una mutación genética que reduce los niveles de IGF-I y cuyos miembros medían menos de cinco pies de altura (1,5 metros).

"La investigación muestra que una dieta baja en proteínas en la mediana edad es útil para la prevención del cáncer y la mortalidad general, a través de un proceso que implica la regulación de IGF -I y, posiblemente, los niveles de insulina --explica la coautora Eileen Crimmins, experta en Gerontología de la USC--. Sin embargo, también proponemos que en edades más avanzadas, puede ser importante evitar una dieta baja en proteínas para permitir el mantenimiento de un peso saludable y la protección contra la fragilidad".

 Fundamentalmente, los investigadores encontraron que las proteínas de origen vegetal, como las de la soja, no parecen tener los mismos efectos de mortalidad como las animales. Las tasas de cáncer y muerte tampoco parecen verse afectadas por el control de los hidratos de carbono o el consumo de grasa, lo que sugiere que la proteína animal es el principal culpable.

"La mayoría de los estadounidenses están comiendo unas dos veces más proteínas que las que deberían y parece que el mejor cambio sería reducir la ingesta diaria de todas las proteínas, pero especialmente las proteínas de origen animal", señala Longo. "Pero no se debe extremar el recorte y la separación de las proteínas, puesto que se puede pasar de la protección a la desnutrición muy rápidamente", alerta.

0,8 gramos por kilogramo del cuerpo al día

Los hallazgos de Longo apoyan las recomendaciones de varias agencias de salud que conducen a consumir alrededor de 0,8 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal cada día en la mediana edad. Por ejemplo, una persona de 130 libras (unos 59 kilogramos) debe comer alrededor de 45 a 50 gramos de proteína al día, con preferencia por los derivados de las plantas, tales como legumbres, detalla Longo.
Los investigadores definen una dieta "rica en proteínas" la que tiene al menos el 20 por ciento de calorías provenientes de proteínas, incluyendo proteínas animales y de origen vegetal. Una dieta "moderada" en proteínas incluye entre un 10 y un 19 por ciento de calorías provenientes de proteínas y una dieta "baja en proteínas" incluye menos de un 10 por ciento de estos nutrientes.

 Incluso cantidades moderadas de proteína tuvieron efectos perjudiciales en la mediana edad, según los investigadores. En todos los 6.318 adultos mayores de 50 años en el estudio, la ingesta media de proteínas fue de alrededor del 16 por ciento del total de calorías diarias, con cerca de dos tercios de proteína animal, lo que se corresponde con los datos sobre el consumo nacional de proteínas.

Las personas que consumían una cantidad moderada de proteínas tenían todavía tres veces más probabilidades de morir de cáncer que los que consumieron una dieta baja en proteínas en la mediana edad, según el estudio. En general, incluso un pequeño cambio de disminución de la ingesta de proteínas de niveles moderados a bajos niveles rebajó la probabilidad de muerte prematura en un 21 por ciento.

 Para una parte más pequeña seleccionada al azar de la muestra, 2.253 personas, los niveles de la hormona de crecimiento IGF-I fueron analizados directamente. Los resultados muestran que por cada aumento de 10 ng/ml de IGF-I, aquellos con una dieta alta en proteínas presentaban un 9 por ciento más probabilidades de morir de cáncer que aquellos con una dieta baja en proteínas.

 Los científicos también ampliaron sus hallazgos sobre las dietas altas en proteínas y el riesgo de mortalidad, mirando a la causalidad en ratones y modelos celulares. En un estudio sobre los tipos de tumor y la progresión entre los ratones, los investigadores muestran menor incidencia de cáncer y el tamaño del tumor promedio un 45 por ciento más pequeño entre los ratones con una dieta baja en proteínas que aquellos con una alta tras dos meses de experimento.

Tomado de: www.infosalus.com

1 de marzo de 2014

La dieta Dukan un año después: consecuencias de seguir la moda

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

Cinco pasos para alejarse de las dietas milagrosas, las promesas mágicas y las conductas nutricionales de riesgo

Millones de personas realizaron en los últimos años una dieta milagro, la "dieta Dukan", apodada con el apellido de su inventor. La hicieron a rajatabla en la creencia de que era efectiva y saludable o, al menos, de que no comportaba riesgos serios para la salud. A fin de cuentas, Pierre Dukan era doctor en Medicina. Pero la percepción ha cambiado. Ahora que su artífice ha sido expulsado del Colegio de Médicos de su país, las personas que le seguían acuden a las consultas de los dietistas-nutricionistas en busca de ayuda para afrontar esta nueva etapa. ¿Qué hacer cuando se ha estado siguiendo durante meses o años un método poco eficaz y nocivo? ¿Por dónde empezar? ¿Cómo evitar ser víctima de otro fraude nutricional en el futuro? El siguiente artículo dibuja los primeros cinco pasos.

1. Acudir al médico

Si se ha seguido a rajatabla una "dieta milagro", es muy posible que pueda haberse generado algún daño a nivel orgánico. Así, la primera pregunta que formulará el dietista-nutricionista es si se ha acudido al médico para que este revise su estado general. El llamado "efecto yoyó" que se produce al perder peso de forma rápida mediante dietas estrictas, para recuperarlo a posteriori, puede perjudicar a la salud. La American Obesity Treatment Association, en su 'Carta de derechos del paciente', indica que "los pacientes tienen derecho a saber que perder peso con rapidez puede causar graves problemas de salud". Los problemas pueden ser, entre otros, hipertensión, incremento del riesgo cardiometabólico o cálculos biliares e, incluso, un mayor riesgo de morir de forma prematura, según detalla una guía de prevención y tratamiento de la obesidad firmada por el Scottish Intercollegiate Guidelines Network.

2. Reeducar

Cuando un profesor de música no solo no tiene oído musical sino que obliga a sus alumnos a desafinar, lo más sensato es que tales alumnos cambien de maestro. El nuevo deberá revisar cuáles eran los malos hábitos promovidos por el anterior profesor, para que los alumnos los abandonen poco a poco. Algo así sucede con las dietas milagro y sus "gurús": deseducan e implantan conceptos erróneos (como el del "peso ideal") y malos hábitos difíciles (pero no imposibles) de revertir. Uno de los principales errores de la "dieta Dukan" es que está "basada en el consumo de proteínas", según se lee en su libro. No es algo exclusivo de este método, sino algo muy habitual en las dietas alternativas para tratar la obesidad.

Así, cuando el paciente víctima de las llamadas "dietas heterodoxas" acuda a un dietista-nutricionista, este deberá convencerle de que la población ingiere demasiadas proteínas y, sobre todo, de que el elevado consumo de carne roja, como el que promueve la mayor parte de estos planteamientos dietéticos paracientíficos, no está exento de riesgos. La baja ingesta de fibra también puede suponer un riesgo.

3. Subir el volumen de una dieta sana

El objetivo de los expertos en nutrición no es tanto que la población adelgace, sino más bien que no aumente su peso corporal. Para ello es preciso seguir durante mucho tiempo (no durante unas cuantas semanas o unos pocos meses, como sucede con las "dietas milagro") una dieta saludable, combinada con la práctica habitual de ejercicio físico. El "efecto yoyó" dificulta la pérdida de peso, por diferentes motivos. Es por ello que el dietista-nutricionista considerará un éxito frenar el paulatino incremento de peso que suele suceder tras seguir dietas estrictas y desequilibradas. Una dieta saludable, tal y como indicó en marzo de 2013 un grupo de científicos coordinados por la doctora Elisabet Wirfält (revista Food & Nutrition Research) cumple estas tres características:
  • Se basa en el consumo de alimentos vegetales, es decir, frutas frescas, verduras, hortalizas, legumbres, frutos secos y, cómo no, cereales integrales (arroz integral, pasta integral, pan integral).
  • Hay una menor presencia (aunque frecuente) de pescado, lácteos bajos en grasas y aceites vegetales.
  • Existe un aporte muy bajo de los siguientes alimentos: cereales refinados (pasta blanca, pan blanco, arroz blanco, etc), azúcar o alimentos azucarados (bollería, repostería, bebidas azucaradas), y carnes rojas y procesadas.
4. Incrementar el ejercicio físico

La dieta puede haber generado una pérdida de masa muscular, razón por la que es muy recomendable incrementar la cantidad de ejercicio físico que realiza el paciente. Ello elevará el gasto calórico, pero también aumentará la masa muscular, algo que no solo disminuirá las posibilidades de ganar peso en un futuro, sino que mejorará el estado general de la persona. Tal y como declaró en 2012 la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria, se puede contemplar al ejercicio físico como "un fármaco universal, con pocos efectos secundarios y bajo coste".

5. Alimentar el espíritu crítico

Por último, será preciso educar el espíritu crítico del paciente, para evitar que caiga de nuevo en las pegajosas redes de las dietas sin fundamento. El artículo 'Test para detectar dietas milagro' aporta las siguientes pistas para detectar cuándo una dieta puede clasificarse como fraudulenta:
  • Prometen resultados rápidos.
  • Prometen resultados asombrosos o "mágicos" (una "cura milagrosa", un "ingrediente secreto", un "antiguo remedio" o un "quemador de grasas").
  • Prohíben el consumo de un alimento o grupo de alimentos.
  • Ofrecen listados de alimentos "buenos" y "malos".
  • Presentan relatos, historias o testimonios para aportar credibilidad ("la dieta con la que han adelgazado 30 millones de personas" o "Mary sobrevivió a un cáncer gracias a esta dieta").
  • Se pueden autoadministrar o implementar sin la participación de profesionales sanitarios cualificados ("hágalo usted mismo").
  • Atribuyen "proezas" a determinados nutrientes ("el omega-3 moviliza sus grasas" o "las proteínas sacian muchísimo").
  • Conllevan al consumo de "preparados" que vende quien promueve la "dieta" o el "método".
  • Contienen afirmaciones que sugieren que los "preparados" son seguros, ya que son "naturales".
  • Los preparados que se consumen (complementos dietéticos o similares) tienen un coste muy elevado, si los comparamos con el valor económico de obtener los mismos resultados mediante alimentos comunes.

El consumo de fresas reduce los niveles de colesterol


El consumo de fresas reduce los niveles de colesterol malo y triglicéridos, según ha mostrado un equipo de investigadores de la Universidad Politécnica delle Marche (UNIVPM, Italia) y expertos de las universidades de Salamanca, Granada y Sevilla, tras analizar durante un mes a un grupo de voluntarios que comieron medio de kilo de fresas al día.

 Concretamente, el equipo planteó un experimento en el que añadieron 500 gramos de fresas a la dieta diaria de 23 voluntarios sanos durante un mes, a los cuales se les tomó muestras de sangre antes y después de este periodo con el fin de comparar los datos. De esta forma, comprobaron que los triglicéridos disminuyeron un 20 por ciento tras comer fresas durante un mes.

 Asimismo, los resultados, publicados en el 'Journal of Nutritional Biochemistry' y recogidos por la plataforma Sinc, han revelado que la cantidad total de colesterol, los niveles de lipoproteínas de baja densidad (LDL o colesterol malo) y la cantidad de triglicéridos se redujeron un 8,78 por ciento; 13,72 por ciento y 20,80 por ciento respectivamente. La lipoproteína de alta densidad (HDL o colesterol bueno) se mantuvo sin cambios.

 El consumo de las fresas también mejoró otros parámetros como el perfil general de los lípidos en el plasma, los biomarcadores antioxidantes (como la capacidad de absorción de radicales de oxígeno o la vitamina C), las defensas antihemolíticas y la función plaquetaria. Todos los parámetros volvieron a sus valores iniciales a los 15 días de abandonar el 'tratamiento' con fresas.

 Por otra parte, el equipo de investigadores ha confirmado en otros estudios que comer fresas también protege frente a la radiación ultravioleta, reduce los daños que produce el alcohol en la mucosa gástrica, fortalece los eritrocitos o glóbulos rojos y mejora la capacidad antioxidante de la sangre.

 De hecho, este año publicarán otro trabajo en la revista 'Food Chemistry' donde demuestran que la ingesta de este fruto incrementa la función antioxidante del flujo sanguíneo, los eritrocitos y las células mononucleares.

Tomado de: www.infosalus.com

Los suplementos de selenio y vitamina E elevan el riesgo de cáncer de próstata

Un estudio multicéntrico liderado por el Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson, en Seattle, Estados Unidos, encontró que los suplementos de dosis altas tanto con el oligoelemento selenio como la vitamina E aumentan el riesgo de cáncer de próstata de alto grado. Pero lo más importante, este riesgo depende del nivel de selenio que tiene cada hombre antes de tomar los suplementos.

Estos resultados, publicados en 'Journal of the National Cancer Institute', se basan en datos del Estudio sobre el Selenio y la Vitamina E para Prevenir el Cáncer (SELECT), un ensayo rigurosamente ejecutado, aleatorio y controlado con placebo que incluyó a más de 35.000 hombres. El trabajo trató de determinar si la ingesta de altas dosis de vitamina E (400 IU/día) y/o selenio (200 mcg/día) mediante suplementos podría proteger a los hombres de cáncer de próstata.

El análisis, que se inició en 2001 y fue diseñado para durar 12 años, se paró antes, en 2008, al no hallar un efecto protector del selenio y sugirió que la vitamina E aumentó el riesgo. Aunque el uso de suplementos en el estudio se detuvo, algunos hombres continuaron y, tras un periodo adicional de dos años, los hombres que tomaron vitamina E tuvieron una reducción estadísticamente significativa de un 17 por ciento más de riesgo de cáncer de próstata y la suplementación de selenio aumentó el cáncer en hombres con alto estatus de selenio al inicio del estudio.

Cuando la investigación comenzó, hubo cierta evidencia de que los suplementos de selenio no beneficiarían a los hombres que ya tenían una ingesta adecuada de este nutriente. Por esa razón, los autores midieron la concentración de selenio en las uñas de los participantes y probaron si la suplementación de selenio beneficiaría sólo al subgrupo de hombres con bajo nivel de selenio al inicio del estudio. En su lugar, detectaron que tomar suplementos de selenio aumentó el riesgo de cáncer de alto grado en un 91 por ciento entre los hombres con alto estatus de selenio al comienzo del estudio. Cuando los suplementos de selenio los tomaron hombres que tenían alto nivel de selenio inicialmente, los niveles de selenio se convirtieron en tóxicos, además de que tomar vitamina E incrementó el riesgo de cáncer en los hombres con bajo estatus de selenio al arranque del análisis.

El estudio también reveló que sólo un subgrupo de los hombres tenía un riesgo mayor de cáncer de próstata al tomar vitamina E. Entre los hombres con bajo nivel de selenio al inicio del estudio, la suplementación con vitamina E aumentó el riesgo total de cáncer de próstata en un 63 por ciento y elevó el riesgo de alto grado de cáncer en un 111 por ciento. Esto explica una de las conclusiones originales de SELECT, que era que sólo los hombres que recibieron vitamina E más una pastilla de placebo, y no aquellos que recibieron la vitamina E y el selenio, tenían un mayor riesgo de cáncer de próstata. El selenio, ya sea a partir de fuentes o suplementos dietéticos, protegió a los hombres de los efectos perjudiciales de la vitamina E. "Mucha gente piensa que los suplementos dietéticos son útiles o al menos inocuos. Esto no es cierto", advierte el primer autor, Alan Kristal, miembro de la Facultad de Salud Pública en la División de Ciencias de Fred Hutch. "Sabemos por otros estudios que algunos suplementos dietéticos a dosis altas, es decir, los suplementos que proporcionan mucho más que las ingestas diarias recomendadas de micronutrientes, elevan el riesgo del cáncer", añade.

Los datos para el análisis actual compararon el efecto del selenio y la vitamina E, tomados solos o combinados, sobre el riesgo de cáncer de próstata entre 1.739 hombres que fueron diagnosticados con cáncer de próstata y, a efectos de comparación, una muestra aleatoria de 3.117 hombres sin cáncer de próstata que fueron emparejados con los casos por raza y edad. El resultado final fue que no hubo beneficios para ningún hombre, ni con suplementos de selenio ni de vitamina E, y para una proporción significativa de los hombres en el estudio estos suplementos fueron perjudiciales. "Los hombres que usan estos suplementos deben dejarlos. Ni los suplementos de selenio ni los de la vitamina E otorgan algún beneficio conocidos, sólo riesgos", afirma este experto. "Si bien no parece que existan riesgos de tomar un multivitamínico estándar, los efectos de altas dosis de suplementos individuales son impredecibles, complejos y a menudo dañinos. Hay niveles óptimos y estos son a menudo los niveles obtenidos a partir de una dieta saludable, pero por debajo o por encima de esos niveles hay riesgos", concluye.

Tomado de: www.larazon.es