31 de mayo de 2014

¿Existe la obesidad saludable?

 Desde los ámbitos científicos la respuesta es definitivamente no, la obesidad no es saludable aunque un 25% de los sujetos que la sufren no padecen las enfermedades metabólicas asociadas a la considerada ya epidemia en el siglo XXI. El estudio de estas personas obesas aunque sanas puede conducir al descubrimiento de posibles dianas terapéuticas para la diabetes o la hipercolesterolemia.

 La expresión 'obesidad saludable' circula en muchas de las secciones de salud de los medios internacionales presentes en Internet pero según explica a Infosalus Francisco J. Tinahones, jefe de grupo del Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBERobn), en realidad se debería hablar de obesos metabólicamente sanos.

 Hasta una cuarta parte de los enfermos con obesidad mórbida pueden pertenecer a este 'privilegiado' segmento poblacional en los que no se detecta hipertensión, diabetes o hipercolesterolemia. Además, son individuos que se han mantenido en este estatus 'saludable' durante mucho tiempo, explica Tinahones. Este número de personas aumenta en el caso de la población que padece sobrepeso.

 Aunque, como dice Tinahones, no se puede transmitir que la obesidad sea sana sí es cierto que el reconocimiento de que existen personas obesas saludables en este sentido supone para este colectivo un respiro para hacer frente al estigma de la gordura. "No se puede etiquetar al obeso como sujeto de todas las enfermedades del mundo", aclara el investigador.

 En este sentido, el investigador, jefe también del Servicio de Endocrinología del Hospital Clínico Virgen de la Victoria de Málaga, señala que hay todo un cuerpo de investigación actual centrado en el estudio de estos individuos así como en el de los delgados metabolicamente enfermos. Porque, como apunta Tinahones, también existen personas que a pesar de estar delgadas padecen las mismas enfermedades metabólicas que los obesos.

 Precisamente, existen líneas de investigación abiertas que intentan descubrir los mecanismos que protegen a estos individuos frente a las enfermedades metabólicas o en el caso de los delgados qué mecanismos están funcionando mal y ocasionan la enfermedad en personas que deberían estar sanas.

Dieta, genes y ambiente

 Con independencia de la forma en la que un individuo alcanza la categoría de obeso, es un hecho que la obesidad va ligada a la enfermedad, apunta Tinahones. Una dieta equilibrada constituye la vía más directa para prevenir las enfermedades aunque existen personas en las que la dieta es pésima y sin embargo el colesterol se mantiene dentro de unos niveles adecuados, aclara el investigador.

 La actividad física es también una herramienta clave para mantener la salud y la investigación ha mostrado que aquellas personas con obesidad que lo realizan se encuentran en mejores condiciones físicas y de salud que quienes con el mismo peso son más sedentarios.

 La dieta mediterránea parece ejercer un efecto protector sobre el organismo de forma independiente al mayor peso de la persona. Los estudios muestran que con un mismo peso, quienes siguen una dieta mediterránea tienen un menor riesgo de enfermedad cardiovascular.

 En lo que se refiere a los genes involucrados en la obesidad, Tinahones señala que éstos aún no se han podido determinar con seguridad y que todo apunta a una mezcla de genes.

 El investigador señala que es en el estudio de la epigenética, cómo interaccionan genes, ambiente y determinados contaminantes denominados disruptores endocrinos que modifican los genes, donde se encuentran las claves sobre los mecanismos implicados en esta y otras enfermedades metabólicas humanas.

¿Qué protege al metabólicamente sano?

 Es la pregunta que intentan responder muchos grupos de investigación e instituciones, entre ellas el CIBERobn y el grupo de Tinahones. La dieta o el ejercicio físico no son lo único que protege a estos individuos obesos pero sanos.

 La respuesta a esta cuestión podría encontrarse en el tejido adiposo de estas personas. Según señala Tinahones, se ha descubierto que en el obeso metabólicamente sano los adipositos son más pequeños y funcionan mejor que en los obesos con enfermedades metabólicas como la diabetes.

 Además, estos mecanismos de protección parecen también residir en los microorganismos que viven en nuestro intestino y que influyen en las funciones metabólicas e inmunológicas, la denominada microbiota intestinal. El equipo de Tinahones estudia precisamente las relaciones entre microbiota, obesidad y diabetes.

 Los probióticos podrían convertirse en un importante aliado para la salud aunque no deberían constituir la alternativa a una dieta adecuada capaz de ejercer de herramienta de prevención, señala el investigador.

 Descubrir los mecanismos que protegen a los obesos metabólicamente sanos o aquellos implicados en la enfermedad de los delgados metabólicamente enfermos puede convertirse en el punto de partida para el desarrollo de nuevos tratamientos para trastornos como la diabetes, la hipertensión o la hipercolesterolemia, concluye Tinahones.

Tomado de: www.infosalus.com

Por qué pesarse, cómo y cuándo hacerlo

Por MAITE ZUDAIRE / Tomado de: www.consumer.es

Tomar conciencia de los kilos que se tienen y pesarse con regularidad es muy útil para prevenir el aumento de peso y adoptar mejores hábitos de vida

Desde que nacemos, el dato de nuestro peso nos acompaña como comprobante de salud. Las tablas y gráficas de percentiles sirven de referencia para determinar la evolución del crecimiento del niño y detectar problemas como la obesidad infantil, cuyo abordaje temprano condiciona el éxito. Sin embargo, salvo cuando hay una razón médica, o tal vez deportiva, al dejar Pediatría se abandona también la saludable costumbre de saber cuánto se pesa. En este artículo se exponen las principales razones para seguir conociendo el peso, se explica cuándo pesarse y cómo y se reflexiona sobre las tablas de medidas.

Las principales razones para pesarse

Si se está a dieta para ganar o perder peso, o se está embarazada, o cumpliendo un tratamiento médico que así lo paute, subirse a la báscula es obligatorio. Sin embargo, el resto del tiempo se hace poco uso de ella.

La importancia de conocer el peso de manera habitual va más allá de tener un dato objetivo sobre uno mismo. La costumbre de pesarse cada semana, o con cierta periodicidad, evidencia que se tiene conciencia del cuerpo al que hay que cuidar. Esta es la primera razón por la que, como todos los hábitos saludables, subirse a la báscula una vez a la semana, o al menos una vez al mes, debe ser enseñado con la palabra y con el ejemplo. La segunda es que si de manera natural se vive conociendo el peso saludable, mantenerlo es mucho más fácil. Si se pierde, se aumenta o disminuye, salta la alarma y provoca reflexión sobre los hábitos en la alimentación, el cumplimiento con el ejercicio físico o, incluso, buscar causas fisiológicas.

Sin embargo, conservar el peso constante en la edad adulta, por lo general, no es tan fácil. El incremento de peso es lo habitual. Así, cuando se es joven, la báscula está fuera de la vida por despreocupación, pero conforme se ganan años (y kilos) este importante instrumento se arrincona en el baño para evitar enfrentarse a una pregunta (y a su respuesta): ¿por qué he engordado en el último año? Así, al no ver la báscula a menudo, uno logra reconciliarse con la idea de haber ganado peso, y se despreocupa (o se desentiende del tema) hasta que se presenta algún acontecimiento o se busca un cambio.

Es entonces cuando empiezan los regímenes imposibles, las operaciones bikini, incluso otras acciones insensatas y peligrosas, como recurrir a la toma de productos sin fundamento científico. A esto se suma, y es la tercera razón, la pérdida de oportunidad de saber por uno mismo, al margen de otras estadísticas, cuál es su peso saludable, el que se corresponde a sus características individuales. El peso individual que parte de un desarrollo equilibrado y mantenido en el tiempo permite estar sano y llevar una dieta heterogénea y equilibrada en una vida con presencia de ejercicio habitual y constante.

Pesarse a la misma hora y en la misma báscula

Lo bueno que tienen los hábitos saludables es que siempre es beneficioso retomarlos o comenzar a ejercerlos. Hoy mismo es un buen día para desempolvar la báscula o comprar una más moderna y hacer uso de ella. O, también, el momento puede ser al final de un régimen de adelgazamiento, una vez logrado el propósito de perder kilos para adoptar una dieta equilibrada con espacios para el ejercicio. Comenzar a subirse de forma periódica a la báscula es un primer paso hacia el peso saludable. Incluso si se renuncia por ahora a recuperarlo, tomar conciencia de los kilos de más de alguna manera puede impedir que aumenten, y esto ya es un beneficio.

Existe casi unanimidad en indicar que uno debe pesarse una vez a la semana, por la mañana nada más ir al baño, en la misma balanza, descalzo, desnudo o con el pijama. Hay que tener presente que, según la ropa, el peso puede fluctuar entre 500 gramos y un kilo. En el caso de las mujeres, en la semana premenstrual el peso puede aumentar incluso dos kilos, puesto que se retienen líquidos, así que el resultado de esos días no es indicativo. Si se opta por acudir a una báscula comercial, hay que intentar también que sea siempre a la misma hora, en la misma báscula y, si bien no será con la misma ropa, sí con el mismo número de prendas, para poder analizar bien el dato.

En la vida cotidiana, la línea del peso debería ser constante. Pero las personas somos muy complejas y, aunque en apariencia la vida no se vea alterada de una manera contundente, en algunos periodos se come peor, se saltan comidas, se come fuera de casa, se suceden eventos, vacaciones, buffets... o se interrumpe la actividad física. En ese momento, la línea del peso comenzará a ascender, o descender. La ventaja de recabar datos semanales o periódicos que puedan reflejarse en una gráfica es que en menos de un mes, antes de que la ropa comience a evidenciar lo que el peso detecta, uno puede saber que está engordando, o adelgazando. Al contemplar la línea tan de cerca es fácil no engañarse e identificar las razones de por qué se ha cogido, o se ha perdido, peso. Y no hay duda de que conocer las causas es el primer paso para darle solución.

La báscula, el IMC y otras medidas

El peso responde a la situación corporal. Una persona adulta con una vida sana, una dieta heterogénea y una actividad física regular, sin ningún condicionante sanitario o de otra índole, debe presentar un peso normal y saludable. Pero ¿de qué cifras estamos hablando?

Para dar respuesta a esta pregunta se desarrollaron las medidas antropométricas, como son el Índice de Masa Corporal (IMC), la circunferencia de cintura (CC), la razón cintura-cadera (RCC) y la razón cintura-estatura (RCE).

De ellas, el IMC, también conocido como Índice de Quetelet, relaciona el peso con la talla de una persona. Este índice se utiliza desde el año 1871, pero es importante tener en cuenta que un especialista es quien debería interpretarlo, ya que el resultado no es siempre válido. El IMC tiene sus limitaciones: no atiende al posible exceso de grasa (marcador de sobrepeso u obesidad), ni tampoco al aumento de la masa muscular, por lo que puede dar lugar a confusión. Por eso, en el momento de conocer la composición corporal es importante saber otros parámetros, como el índice de grasa corporal. Además, hay otros condicionantes de la morfología corporal: en las mujeres, el porcentaje medio de grasa corporal total es superior al de los hombres en relación con la talla; y los ancianos pueden perder peso, pero no grasa.

En definitiva, si una persona sabe cuál es su peso saludable, alcanzarlo y mantenerlo dependerá de su estilo de vida, de su alimentación equilibrada, del ejercicio que practique y de tomar conciencia de sí misma. En ese conocimiento y en esa aceptación está el secreto para convertir la báscula en una aliada de peso.

Azúcar oculto

En los últimos años el concepto «cero por ciento» «bajo en...» o «sin...» se ha convertido en el mejor aliado para disfrutar de muchos alimentos, generalmente catalogados como «poco saludables», y donde el azúcar o las grasas ocupan, en su composición, un lugar preferente. Sin embargo, este tipo de productos inducen a la confusión del consumidor por la falta de claridad en el etiquetado y porque el azúcar aparece de forma oculta aunque no se denomine como tal, lo que puede tener consecuencias para algunas personas como las que padecen diabetes.

Aumento

Tal y como explica Serafín Murillo, nutricionista e investigador del Centro de Investigación Biomédica en Red de Diabetes y Enfermedades Metabólicas asociadas (Ciberdem), «el error al que pueden inducir estas afirmaciones, aunque son lícitas, puede tener unas mayores consecuencias para las personas con diabetes ya que puede descompensar sus niveles de glucemia. Por ejemplo, tomar unas galletas que indican "sin azúcar añadido" puede aumentar la glucemia, ya que contiene otros hidratos de carbono presentes en la harina con la que se han elaborado. Éstos no son azúcares, pero elevan la glucemia del mismo modo que cualquier azúcar».

Precisamente, ante esta situación, el consumidor tiene una percepción errónea respecto a los componentes de los alimentos. En concreto, y según un estudio realizado por Javier Noya, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, para la Federación de Diabéticos Españoles, «resulta muy destacable que más de la mitad de los españoles, el 60 por ciento concretamente, desconoce que los productos sin azúcar añadido pueden aportar otros hidratos de carbono que tras la digestión se convierten en azúcares». Al margen de este tipo de reclamos publicitarios, la investigación advierte del desconocimiento que muestran los encuestados en relación con la presencia natural de azúcares y otros carbohidratos presentes en los alimentos de forma natural.

HABITUALES

«Para la inmensa mayoría de los encuestados, existen unos "azúcares ocultos" ya que hasta tres de cuatro españoles no identifican alimentos como la leche o las frutas como alimentos que aportan estos nutrientes. Existe, sin embargo, algo más de conocimiento en lo relativo a los alimentos que contienen más hidratos de carbono, ya que sólo uno de cada cuatro encuestados ignora que patatas, pan o pasta son los más ricos en ellos. Esta desinformación puede tener un gran impacto sobre la salud y en especial la salud de personas con diabetes», explica Noya.

A modo de ejemplo, Murillo advierte de que «un pan de molde puede indicar "bajo contenido en azúcares" pero contiene muchos hidratos de carbono, en forma de almidón. Estos hidratos de carbono complejos –también presentes en el arroz, las pasta, la patata o las legumbres– se transforman en azúcares durante el proceso de digestión, por lo que se les podría denominar "azúcares ocultos tras el etiquetado nutricional del producto". Las personas con diabetes no deben centrarse en reducir el contenido de azúcares de los alimentos, sino que deben comprobar la cantidad total de hidratos de carbono que aporta ese producto». Y es que alimentos de consumo habitual como la leche también contienen azúcares ocultos. En concreto, si una persona toma un vaso de leche al día, al cabo de un año habrá ingerido más de 3,5 kilos de azúcares sin saberlo», añade el experto. Ante esta situación y dado que todos los hidratos de carbono se convierten en azúcares tras la digestión, es normal plantearse si da lo mismo tomar pan o azúcar. La respuesta, según Murillo, es «no. A pesar de que el efecto sobre el azúcar en sangre puede ser bastante similar, los hidratos de carbono complejos –como el almidón del pan, el arroz o la patata– suelen estar incluidos en alimentos más ricos en otros nutrientes como vitaminas, minerales o fibra, que aportan otros beneficios para la salud». Con la idea de poner un poco de luz a la oscuridad del etiquetado, el experto explica que «se etiqueta como ''bajo en azúcares'' cuando el contenido es inferior a 5 gramos por cada 100 gramos de alimento o ''sin azúcares'' cuando contiene menos de 0,5 gramos por cada 100 gramos. En cambio, sin azúcar añadido advierte que al producto no se le ha añadido ningún tipo de azúcar ni otro alimento para proporcionar sabor dulce».

Desconocimiento

Queda patente, por tanto, el gran desconocimiento que existe entre la población sobre la diabetes y sus necesidades nutricionales. Según el estudio, «el 50 por ciento de los españoles no sabe que un diabético sí puede ingerir alimentos que contengan hidratos de carbono, sólo que debe tener en cuenta el tipo de hidratos de cada alimento por su distinto impacto en la glucemia y controlar las raciones. Y más aún, el 45 por ciento de los españoles no conoce su nivel de azúcar en sangre».

La falta de claridad del etiquetado es el caballo de batalla al que se enfrentan muchos consumidores, en especial los diabéticos. «El etiquetado es claro pues se ajusta a los contenidos de nutrientes de los alimentos. El problema puede estar en que se escribe en un idioma que no entienden la mayoría de consumidores, y para interpretar muchos alimentos se necesita una elevada formación en nutrición. Es por ello que se debe acudir al experto para que ayude a comprender aquello que indica», sugiere Murillo.

Tomado de: www.larazon.es

Hacer dieta puede engordar

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

Seguir dietas estrictas para adelgazar sin cuidar el ejercicio físico o los hábitos saludables puede desembocar en un aumento de peso

La humanidad ha ensayado desde hace siglos, con poco éxito, cómo regular el peso corporal mediante el control de la alimentación. Es lo que se conoce como "seguir una dieta", "hacer dieta" o "estar a régimen", un concepto que en el ámbito científico se denomina "dieting". Y las personas que siguen una y otra vez una dieta reciben el calificativo de "dieters". La literatura científica no es muy halagüeña con respecto al éxito del "dieting", a la vez que da pistas a los profesionales sanitarios para que asesoremos a los "dieters" sobre la importancia de seguir un buen estilo de vida, alejado de las "dietas milagro", que se consideran un auténtico atajo hacia la obesidad. El siguiente artículo explica por qué hacer dieta para adelgazar puede derivar, en ciertos casos, en el resultado opuesto al buscado.

Enganchados a las dietas

El artículo de EROSKI CONSUMER 'Tres razones para huir del efecto yoyó' hace referencia a los "dieters" como personas que, además de seguir unos hábitos de alimentación algo desequilibrados, realizan de forma cíclica dietas de todo tipo. Regímenes seguidos para perder los kilos de más que se han acumulado en su cuerpo de forma insidiosa, pero que es muy probable que sean la causa de volver a ganarlos una y otra vez.

En abril de 2006, un editorial de la revista Journal of the American Dietetic Association detallaba que ponerse a régimen se asocia no solo a ganar peso, sino también a un mayor riesgo de sufrir trastornos de la alimentación. La profesora Bonnie S. Spear, dietista-nutricionista y autora del editorial, se vio en la obligación moral de examinar esta cuestión, tras la publicación de una investigación que constató que los adolescentes con exceso de peso que se ponen a dieta al cabo de cinco años casi siempre pesan más que antes, en comparación con quienes no siguieron régimen alguno. Es el llamado "efecto rebote". A continuación se valora el porqué de esta constatación.

Dietas y pérdida de masa muscular

Una revisión sistemática de la literatura científica publicada en mayo de 2007 por Chaston y colaboradores observó que si la dieta que se ha seguido es muy baja en calorías, la pérdida de masa muscular puede ascender hasta el 37% del peso perdido, sobre todo si no se aumenta la práctica habitual de actividad física (es lo que sucede en la inmensa mayoría de los casos: la gente lleva más o menos la dieta, pero con el deporte es más tolerante). Esta pérdida de músculo hará que nuestro cuerpo gaste menos calorías (disminuye la "tasa metabólica"), porque mantener la masa muscular requiere más inversión de energía que conservar la masa grasa.

Así, aunque seguir una dieta restrictiva puede hacer que perdamos peso a corto plazo, a largo plazo es posible que acabemos pesando más que antes. Cuanto más "extrema" sea la dieta, mayores serán las posibilidades de aumentar de peso. Hay varios posibles mecanismos biológicos que lo explican. Uno de ellos es, como ya se ha apuntado, una mayor "eficiencia metabólica"; es decir, nuestro cuerpo pasa a gastar menos calorías para mantener sus funciones vitales, pero nuestro apetito no ha disminuido con la misma intensidad. Por tanto, cuando se sigue de nuevo una alimentación normal (que tendrá más calorías que la "dieta" restrictiva), se empieza a ganar peso de forma paulatina pero inexorable.

Una investigación publicada en mayo de 2013 en la revista American Journal of Clinical Nutrition constató que perder peso haciendo una dieta muy baja en calorías se traduce en una disminución desproporcionada en la "termogénesis adaptativa". De esta manera, nuestro cuerpo se vuelve más ahorrador y buena parte de las calorías consumidas a partir de entonces acabarán en nuestras reservas de grasa. El estudio añade algo más: dicha desproporción se mantiene hasta un año después de finalizada la dieta.

Recuperar la grasa perdida es fácil porque los adipocitos (células grasas) no desaparecen, solo "adelgazan", para engordar con facilidad al mínimo "despiste". Sin embargo, recuperar la masa muscular es harina de otro costal. Requiere un esfuerzo que pocas personas están dispuestas a asumir. En una investigación con mujeres postmenopáusicas, publicada en septiembre de 2011 en la revista American Journal of Clinical Nutrition, se observó que por cada kg de grasa perdida gracias a la "dieta", desaparecían 260 gramos de masa magra. Sin embargo, después de un año, por cada kg de grasa recuperado solo se ganaban 120 gramos de masa magra, menos de la mitad de los perdidos.

Más proteínas para conservar músculo en las dietas, ¿es útil?

En marzo de 2012, y también en la revista American Journal of Clinical Nutrition, se publicaba un estudio de entre cuyos objetivos destaca uno: dilucidar si poner el énfasis en el consumo de grasas, proteínas o carbohidratos tenía efecto alguno sobre la preservación de la masa magra. A los seis meses de seguimiento no hubo diferencias, fuera cual fuera la dieta: se perdieron 4,2 de grasa, pero también 2,1 kg de masa magra. La media de los participantes ganó el 40% del peso perdido a los dos años, de nuevo sin diferencias en función de la dieta. Se recuperó algo de la masa muscular perdida, pero el balance fue una pérdida neta de medio kilo de masa magra. Hay, en todo caso, una consideración importante en el estudio: "La adherencia a las dietas altas en proteínas, bajas en grasa o extremadamente bajas o altas en carbohidratos resultó difícil de alcanzar". Es decir, que este tipo de propuestas dietéticas, tan estrictas, restrictivas, alejadas del patrón habitual de alimentación, y en ocasiones monótonas, es muy difícil de mantener en el tiempo. Esto es un problema, ya que la adherencia al nuevo patrón de alimentación es, sin duda, una de las claves más importantes del éxito de la pérdida de peso.

Desequilibrios en el apetito, pasaporte al sobrepeso


Es posible, también, que la "dieta" nos haga más proclives a realizar ingestas compulsivas, debido a que se desequilibra el sistema de control de nuestro apetito. Y es que seguir un régimen muy restrictivo (es lo más habitual) debilita los mensajes internos de hambre y saciedad, además de incrementar el deseo por consumir los alimentos restringidos. En febrero de 2013, Stice y colaboradores quisieron comprobar si es cierto que la restricción dietética aumenta el riesgo de comer en exceso debido a una modificación de la respuesta de nuestro cerebro (regiones implicadas en la ingesta). Sus resultados fueron claros: cuando limitamos de forma voluntaria las calorías que tomamos, nuestro cerebro responde con más intensidad si presenciamos o ingerimos alimentos apetitosos. Es otro de los motivos por los que, según los autores, las dietas estrictas no producen una pérdida de peso duradera.

Perder peso, sí hay algo que funciona

La estrategia más efectiva para perder peso no consiste en seguir una dieta, y mucho menos una dieta "concreta", tal y como detalló el interesante texto 'Una llamada a finalizar los debates dietéticos', publicado en agosto de 2013 en JAMA. En él, Sherry L. Pagoto y Bardley M. Appelhans explican que seguir un régimen para adelgazar es como contemplar solo una dimensión de un objeto que en realidad es tridimensional. Las otras dos dimensiones son la modificación del comportamiento y el incremento en el ejercicio físico. Insisten en que la clave de la dieta no es su proporción de macronutrientes, sino en qué medida el paciente se adhiere a ella, razón por la que debe ser personalizada. Es ahí donde cobra importancia la figura del dietista-nutricionista. Pero este profesional no solo debe fijarse en la dieta, ya que hay otras dos dimensiones que abordar, como ya se ha visto.

No extraña, por tanto, que el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos (U.S. Preventive Services Task Force) considere que las intervenciones más efectivas para perder peso son aquellas en las que, en sesiones periódicas (de 12 a 26 al año), se trata el comportamiento del paciente mediante diferentes estrategias: realizar sesiones en grupo o individuales, establecer metas de pérdida de peso, mejorar la dieta o la nutrición, programar la actividad física, abordar las barreras al cambio, fomentar el autocontrol o automonitoreo y promocionar habilidades para mantener los cambios de estilo de vida. En suma, adelgazar no significa "hacer dieta", sino integrar, de por vida, unos buenos hábitos.

24 de mayo de 2014

Perder peso a cualquier edad podría ayudar al corazón

Una pérdida saludable de peso en cualquier momento de la adultez es buena para el corazón, indica un estudio reciente.

"Nuestros hallazgos sugieren que perder peso a cualquier edad puede resultar en beneficios a largo plazo para la salud cardiovascular, y respaldan a las estrategias de salud pública y las modificaciones de estilo de vida que ayudan a los individuos que tienen sobrepeso o son obesos a perder peso a todas las edades", según el autor del estudio, John Deanfield, del Colegio Universitario de Londres.

Los investigadores analizaron datos de casi 1,300 hombres y mujeres del Reino Unido a quienes se dio seguimiento desde su nacimiento en marzo de 1946. El peso de los participantes se clasificó como normal, sobrepeso u obesidad cuando eran niños, y a las edades de 36, 43, 53 y entre los 60 y los 64.

Cuanto más tiempo tenían los participantes un exceso de grasa corporal en la adultez, más probable era que tuvieran factores de riesgo de la enfermedad cardiaca como hipertensión, diabetes y estrechamiento de las arterias más adelante en la vida, mostraron los hallazgos.

Los investigadores también hallaron que las personas que bajaban de categoría de peso (por ejemplo de obesidad a sobrepeso, o de sobrepeso a un peso normal) en cualquier momento durante la adultez reducían su riesgo de estas afecciones.

Esto fue así incluso si recuperaban peso más adelante, según el estudio publicado en la edición en línea del 21 de mayo de la revista The Lancet Diabetes & Endocrinology.

"Nuestro estudio es único porque siguió a individuos durante tanto tiempo, más de 60 años, y nos permitió evaluar el efecto de unos cambios modestos en la vida real en [los niveles de grasa corporal]", explicó Deanfield en un comunicado de prensa de la revista.

Aunque estos hallazgos son alentadores, apenas el 2 por ciento de los participantes del estudio lograron no volver a recuperar el peso tras perderlo, anotaron en un editorial acompañante en la revista Elizabeth Céspedes y Frank Hu, de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard, en Boston.

Esto resalta la necesidad de que las autoridades de salud pública fomenten y ayuden a las personas a adoptar hábitos de estilo de vida que las ayuden a mantener un peso sano, apuntaron.

Aunque este estudio halló una asociación entre perder peso y una mejor salud cardiaca, la investigación no fue diseñada para probar que la pérdida de peso provocara esas mejoras.

La dieta y el estilo de vida afectan al riesgo de cáncer de próstata, hallan unos estudios

La dieta y el estilo de vida pueden desempeñar un papel en la reducción del riesgo de cáncer de próstata de un hombre, según tres estudios recientes.

Una dieta rica en carbohidratos complejos y más pobre en proteína y grasa se asocia con una reducción del 60 al 70 por ciento en el riesgo de cáncer de próstata, señaló Adriana Vidal, coautora de dos de los estudios y profesora asistente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte.

Además, una dieta rica en fibra redujo el riesgo de cáncer de próstata agresivo en un 70 a un 80 por ciento, según Vidal.

"Los carbohidratos buenos, los carbohidratos de alta calidad y mucha fibra sin duda protegen del cáncer de próstata", aseguró Vidal

Los dos otros estudios hallaron que:
  • Beber mucha leche podría aumentar el riesgo de cáncer de próstata avanzado de un hombre.
  • Los hombres que sufren de dos o más problemas de salud vinculados con el síndrome metabólico también tienen un mayor riesgo de cáncer de próstata agresivo.
  • El síndrome metabólico es un conjunto de factores que aumentan el riesgo de una persona de enfermedad cardiaca, diabetes y accidente cerebrovascular. Incluyen la obesidad, la hipertensión, unos niveles elevados de azúcar en sangre, unos niveles elevados de triglicéridos (grasas sanguíneas) y unos niveles bajos de colesterol HDL "bueno".
"Cuando los hombres tienen dos componentes de síndrome metabólico, su riesgo de cáncer de próstata de alto grado aumenta casi un 35 por ciento", dijo Vidal. "Con tres o cuatro componentes, el riesgo aumenta en casi un 94 por ciento".

Estos estudios aclaran un poco más las conexiones entre la dieta, el estilo de vida y el cáncer de próstata, que hasta ahora han sido "tenues", aseguró el Dr. Durado Brooks, director de cánceres de próstata y colorrectal de la Sociedad Americana Contra El Cáncer (American Cancer Society).

"No tenemos una evidencia tan buena sobre el vínculo entre la dieta y el cáncer de próstata como sobre el cáncer colorrectal o de mama, y los estudios anteriores han mostrado ciertos datos conflictivos", dijo Brooks.

El primer estudio se enfocó en un grupo de 430 veteranos en el Hospital de la VA en Durham, Carolina del Norte, entre ellos 156 hombres con un cáncer de próstata confirmado. Los investigadores pidieron a los hombres que rellenaran cuestionarios para determinar la cantidad de carbohidratos, proteína y grasa de sus dietas diarias.

Los investigadores hallaron que cuando los hombres recibían una mayor parte de su energía a partir de carbohidratos en lugar de proteína o grasa, su riesgo de cáncer de próstata se reducía. Una ingesta alta de fibra también pareció reducir el riesgo de cáncer de próstata.

Además, hallaron que los alimentos como los carbohidratos simples que hacen que el azúcar en sangre aumente parecen aumentar el riesgo de cáncer de próstata en los hombres negros.

Ese hallazgo, junto con los resultados del estudio sobre el síndrome metabólico, parece indicar que podría haber una conexión aún desconocida entre los niveles de azúcar en sangre y las hormonas masculinas como la testosterona, que aumentan el riesgo de cáncer de próstata, señaló Vidal.

En el segundo estudio, los médicos revisaron el consumo de productos lácteos entre casi 3,000 personas, entre ellas 1,900 hombres con cáncer de próstata localizado o avanzado.

Los investigadores hallaron que beber leche se asociaba con un cáncer de próstata avanzado. Pero la ingesta total de lácteos no se relacionó con el riego de cáncer de próstata, y tampoco el consumo de yogurt, helado ni queso.

El análisis también halló que los hombres con una ingesta total baja de calcio tenían un mayor riesgo de cáncer de próstata cuando comían más productos lácteos, en comparación con los hombres con unos niveles promedio o altos de calcio en la dieta.

Los hallazgos sugieren que aunque la ingesta de calcio probablemente contribuya a un mayor riesgo de cáncer de próstata, "los componentes adicionales de los lácteos podrían contribuir al desarrollo del cáncer de próstata", concluyeron los autores.

El último estudio se enfocó en los efectos del síndrome metabólico sobre las probabilidades de contraer cáncer de próstata de un hombre. Los investigadores revisaron datos recolectados de casi 6,500 hombres en un ensayo clínico no relacionado.

Los investigadores hallaron que los hombres son factores de riesgo múltiples del síndrome metabólico tenían un riesgo crecientemente más alto de cáncer de próstata.

"Mientras más componentes del síndrome metabólico había, mayor era el riesgo de cáncer de próstata de alto grado", apuntó Vidal.

Los hallazgos están en línea con estudios anteriores que vinculan uno de esos factores de riesgo, la obesidad, con un mayor riesgo de cáncer de próstata agresivo, señaló Brooks.

"La cuestión es si debido a su obesidad esos hombres son menos propensos a que se identifique y se haga una biopsia de su cáncer en una etapa más temprana", planteó. "Estos investigadores creen que hay más que un simple retraso en el diagnóstico, que hay algo sobre estos factores de riesgo que contribuye al cáncer de próstata".

Los hallazgos de estos estudios fueron presentados el martes en la reunión anual de la Asociación Americana de Urología (American Urological Association) en Orlando, Florida. Los resultados de estudios presentados en reuniones generalmente se consideran preliminares hasta que se publican en una revista revisada por profesionales.

Tomado de: www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_146395.html

Cómo comer sano con poco dinero

Cada vez que tenemos que realizar una compra miramos el contenido de nuestras carteras, monederos y cuenta bancaria, después el precio y tras un rápido monólogo interior nos decidimos. Antes de la crisis no pensábamos tanto. Aunque en cuanto a la alimentación no hay que escatimar en gastos ¿por qué pagar más de lo necesario si podemos ajustarnos a un presupuesto reducido y comer sano y barato?

 Según señalan desde el boletín digital del Consejo Europeo de Información Alimentaria (www.eufic.org) existe una falsa creencia generalizada de que la comida sana es cara. Aunque supone quizá un extra de planificación y reflexión, es posible comer de forma sana con un presupuesto limitado. Para ello los especialistas de la institución europea apuntan las siguientes estrategias.

Un recorte de gastos global

 Una encuesta del Eurobarómetro del 2010 sobre el impacto social de la crisis económica señalaba que hasta uno de cada cinco europeos tuvieron dificultades para comprar alimentos u otras necesidades cotidianas en al menos una ocasión durante los 12 meses anteriores a la encuesta. Dada la inestable situación económica, personas de todo el mundo están preocupadas sobre el futuro e intentan reducir sus gastos. Una forma obvia de hacerlo es a través de los gastos en alimentos, señalan desde www.eufic.org.

Cocinar en casa es más barato

 Un reciente estudio estadounidense evaluó el coste de comprar alimentos siguiendo las recomendaciones dietéticas nacionales en un supermercado en comparación con adquirir comida rápida en restaurantes modernos. Los alimentos que se compraron en el supermercado incluían grandes cantidades de fruta al peso, vegetales congelados, pechuga de pollo, carne magra, pasta, panes, cereales de desayuno y productos lácteos. Las comidas compradas en los restaurantes modernos eran bocadillos, carne de pollo empanada, patatas salteadas o fritas, zumo, café y refrescos.

 Los análisis revelaron que el coste por caloría de la dieta de comida rápida era un 24% más elevado que el de la dieta cocinada en casa. Sin embargo, este cálculo no tuvo en cuenta los costes de la infraestructura privada para cocinar ni el tiempo necesario para comprar y cocinar los alimentos, aunque el ahorro global podría ser en cualquier caso menor. Por desgracia, no existen datos comparables a nivel europeo.

Seguir las recomendaciones alimentarias resulta económico

 Se suele pensar que comer sano es caro pero la variedad de posibilidades de los supermercados actuales proporciona un amplio abanico de alternativas. Además, las directrices dietéticas recomiendan sólo pequeñas cantidades de alimentos costosos como carne, pescado, pollo y queso. De hecho, deberíamos comer más judías, lentejas y otros alimentos baratos como pan integral, arroz, pasta y otros cereales.

 En lo que se refiere a la fruta y los vegetales, los estacionales suelen tener un precio más bajo. Pero también se pueden tomar variedades congeladas y enlatadas, que se encuentran todo el año y contribuyen al consumo recomendado de vegetales y frutas.

 Además, dada la seguridad y calidad nutricional de los alimentos convencionales, no merece la pena incluir alimentos orgánicos más caros si se dispone de un presupuesto limitado. Por ello, hay que estar atentos al realizar la compra, a las ofertas y sobre todo compre sólo lo que sepa que va a comer.

Disminuir el desperdicio de alimentos

 En Europa se tiran grandes cantidades de alimentos cada año, muchos de ellos aún en su embalaje original. Esto se debe sobretodo a que los alimentos se echan a perder antes de que los lleguemos a comer o a que cocinamos demasiado y tiramos los restos. Existen páginas web que ayudan a reducir el desperdicio de comida a menudo proporcionando consejos sobre la optimización de las raciones, cómo mantener frescos los alimentos durante más tiempo y con recetas para reutilizar los restos.

Tener siempre un plan

 Una buena forma de comer barato y sano sin desperdiciar alimentos es realizar una buena planificación. Para ello bastará con pasar media hora decidiendo el menú de la semana, mirar en libros de recetas o buscar entre algunos de los muchos sitios web en los que se dan ideas para realizar comidas sanas y económicas.
Es muy útil examinar lo que tenemos en la despensa, hacer una lista de ingredientes adicionales y llevar con nosotros la lista al ir de compras. Comer antes de ir al supermercado podría ayudar a no comprar por impulso ya que tener hambre conduce a añadir muchos extras al carrito.

 El resultado de todo ello se evidencia en que tenemos ingredientes que se complementan en vez de no combinar bien, ahorramos tiempo cada noche al saber de antemano lo que vamos a cocinar y tomamos comidas sabrosas y saludables que no empobrecen nuestra economía.

Algunos trucos rápidos

   Los especialistas del sitio europeo sobre alimentación añaden además una lista de consejos a tener siempre en mente para bajar los costes de la cesta de la compra:

* Compra vegetales y frutas de temporada y cocine en casa siempre que sea posible.

* Diseña un menú barato saludable de forma semanal.

* Escribe una lista de la compra y no te salgas de ella.

* Organiza los alimentos en la nevera y despensa de manera que se consuman antes de que caduquen o se estropeen.

* Mide las porciones para reducir los restos.

* Descubre cómo utilizar la comida que te sobra.

* Cocina el doble y congela la mitad para otro día.

* Aprovecha los precios reducidos en alimentos perecederos al final del día o en los fines de semana debido a la cercanía de su fecha de caducidad.

* Comparte ofertas especiales de productos en gran cantidad con un amigo o congela el excedente para más adelante.

Tomado de: www.infosalus.com

Dietas milagro y cuentos de hadas: parecidos razonables

Por LAURA CAORSI / JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

Las fórmulas mágicas para adelgazar cautivan a millones de personas. Como los cuentos infantiles, tienen el enorme poder de ilusionar. Entusiasman, maravillan. Ofrecen finales felices, cambios inmediatos y conquistas duraderas. Las dietas milagro son cuentos también. Se dirigen a un público adulto, pero ávido de magia y crédulo, como los niños. Operan sobre el resorte de la fantasía, la imaginación y el deseo, y es allí donde le ganan el pulso a los datos, las investigaciones científicas o las recomendaciones nutricionales que se apoyan en el rigor. ¿Qué otras similitudes existen entre unas tramas y otras? El siguiente artículo analiza las numerosas semejanzas entre las dietas milagrosas y los cuentos de hadas.

Dietas milagrosas: magia y fantasía que cautiva

¿Por qué triunfan las dietas milagrosas? ¿Cuál es el secreto de su éxito? Por alguna razón, millones de personas caen en ellas cada año, las siguen a rajatabla y obedecen sus consejos. Incluso quienes han leído sobre sus riesgos y saben que están desaconsejadas acaban probándolas alguna vez. "No pierdo nada por intentarlo", pensarán, aunque en el fondo sepan -o intuyan- que están poniendo en riesgo su salud y haciéndole daño al bolsillo. ¿Qué provoca que una dieta milagrosa obnubile a tanta gente? Su parecido con los cuentos infantiles podría explicar esta fascinación. La mayor parte de los adultos saben que no hay varitas mágicas; sin embargo, el resto del relato es tan real, tan verosímil, que cuando menos, despierta al dragón de la duda.

"Había una vez una inocente niña llamada Willendorf, que se perdió en un bosque. Pese a que estaba hambrienta, no se atrevía a comer las manzanas de los árboles, ya que su madrastra le había dicho que la fruta contenía mucho azúcar. Pasó cerca de una casita de chocolate, de la que sí comió hasta hartarse, pues en aquellos días un trovador de su pueblo entonaba el siguiente verso: 'estudio confirma que el chocolate no engorda'. Sin embargo, Willendorf, tras meses sin moverse de la casa y sin dejar de comer tejas de chocolate, engordó y engordó hasta enfermar. Entonces se dijo: 'Será cosa de la genética, buscaré un hada para solucionarlo'. Pero, cuando se disponía a buscarla, un mezquino brujo, disfrazado de médico, se cruzó en su camino y le susurró: 'Si me sigues, te enseñaré una pócima con la que perderás peso rápidamente, para siempre y sin esfuerzo'. Y Willendorf le siguió". Este modesto relato sirve para darse cuenta de que los cuentos de hadas y las dietas milagro tienen muchas cosas en común.

Las manzanas siempre están envenenadas

La madrastra de Willendorf le hace creer que comer manzanas engorda. Y es que quizá la manía que tienen tantos falsos gurús de clasificar las frutas dentro de los alimentos a limitar o a "disociar" venga de relatos como el de Adán y Eva -o de las muchas versiones del cuento de Blancanieves, en el que un mordisco a una manzana envenenada basta para mandarla al otro barrio-. Sea como fuere, el consenso español de prevención y tratamiento de la obesidad no da la razón a la madrastra de nuestro cuento, al afirmar que la prevención dietética del aumento de peso sí puede modularse mediante dietas con un alto contenido de fruta y hortalizas. Es un mito que las frutas engordan.

No todos los personajes que parecen buenos lo son

En el relato anterior, un trovador (que no un experto en dietética) da un consejo nutricional sin base científica a nuestra frágil Willendorf. Además, el malvado brujo se disfraza de médico para embaucarla y endosarle una dieta milagro. Nada distinto a lo que sucede en muchos cuentos infantiles. Así, el "honrado Juan" en el cuento de Pinocho, no es más que un zorro infame que quiere sacar dinero a costa del muñeco de madera; la ancianita que ofrece una manzana a Blancanieves es en realidad la malvada madrastra; la blanca pata que asoma por debajo de la puerta de la casa de las 7 cabritas no es la de mamá cabra, sino la del lobo que se la ha teñido de blanco con harina, etc. En el terreno de las dietas, de hecho, es tan alta la posibilidad de que nos engañen, que la legislación española prohíbe los testimonios de profesionales sanitarios, de personas famosas o conocidas por el público o de pacientes reales o supuestos, como medio de inducción al consumo de cualquier método con pretendida finalidad sanitaria.

Pócimas y hechizos dietéticos: soluciones al instante

Si creemos en los hechizos, damos pie a la existencia de hechiceros. Creer que existe un método que nos permite perder peso de forma rápida y sin esfuerzo nos conduce, tarde o temprano, a caer en la trampa de un malvado brujo como el del relato que encabeza este texto. El la película 'La Sirenita', Ariel entrega su voz a la bruja Úrsula con tal de que le dé una oportunidad de conquistar a su amado príncipe. Sirve de ejemplo para entender que el precio que hay que pagar por seguir una dieta milagro (como el efecto yoyó) siempre es muy elevado, si lo comparamos con los beneficios que obtenemos. Las pócimas mágicas no existen. Los alimentos quemagrasas tampoco.

La solución siempre está fuera, no dentro

Las personas con un locus de control interno (la palabra latina "locus" significa "lugar") piensan que lo relacionado con su salud tiene que ver, en mayor o menor medida, con sus propias acciones o decisiones, es decir, en el "interior". Valoran su propia responsabilidad e intentan mejorar sus habilidades y conocimientos. Sin embargo, las personas con un locus de control externo, delegan el control de su salud y piensan que esta depende de profesionales sanitarios, de otras personas o del azar. En nuestro relato, Willendorf dice para sí: "Será cosa de la genética, buscaré un hada para solucionarlo". Y no cae en la cuenta de que la ausencia de fruta unida al sedentarismo y al exceso de calorías están, en gran medida, en la base de su aumento de peso.

En varios cuentos sucede algo similar. Es el acaudalado príncipe el que debe rescatar, con un beso, a la bella durmiente, que espera aletargada. La Cenicienta, en vez de huir o de enfrentarse a su madrastra y a sus hermanastras, canta a la espera de que otro príncipe la saque de sus penurias. Muchas personas están hoy a la espera de un milagro "quemagrasas", cuando ese milagro tiene otros apellidos, tales como "esfuerzo", "constancia", "estilo de vida" y, por supuesto, "asesoramiento sanitario".

Finales felices que duran para siempre

De igual manera que rasurarse con una maquinilla de afeitar no es quitarse los pelos para siempre, perder peso en poco tiempo no significa que la pérdida se vaya a mantener en el tiempo. Cuando alguien nos dice que ha perdido peso, como cuando leemos que "comieron perdices", debemos preguntarnos si estamos ante el "final feliz" o si pasa algo más después. ¿Seguro que Bella vivirá feliz con Bestia, ahora que se ha convertido en un príncipe? ¿Cómo organizan la casa Cenicienta y su amado, ahora que viven bajo el mismo techo? ¿La ex bella durmiente podría tener problemas de insomnio? ¿No será poco nutritivo comer perdices a diario?

Ironías aparte, es importante tener en cuenta que mantener el peso corporal, como el amor, es una mezcla delicada de compromiso, renuncias, placeres y esfuerzos. Las relaciones de pareja reales implican una construcción constante, convicción y un papel activo de ambas partes. Mantener un peso saludable requiere constancia y un estilo de vida también saludable y activo, donde la dieta sea fuente de placer, en lugar de sufrimiento. Los "para siempre y sin esfuerzos" pertenecen al terreno de la magia y de la fantasía, no de la realidad. Los cuentos de hadas competen a la imaginación y están bien para soñar, pero no están indicados para tomar decisiones serias sobre la salud. Por eso los encontramos en la estantería de "ficción infantil", y no en las bibliotecas especializadas en literatura científica.

Dormir poco en la infancia se vincula con un mayor peso después

Una investigación señala que hay que tener buenos hábitos desde el nacimiento. De lo contrario, puede contribuir en una obesidad en la infancia.

¿Cuánto duerme su hijo? ¿Cumple las horas de sueño indicadas para su edad? Además de cómo puede influir este hábito en el comportamiendo de los pequeños, el tiempo que pasan durmiendo parece tener un papel clave en el peso que van tener posteriormente. Una investigación muestra este vínculo y señala que hay que tener buenos hábitos desde los primeros meses de vida pues, de lo contrario, puede contribuir en una obesidad en la infancia.

"Nuestro estudio encuentra evidencia convincente de que dormir menos de lo recomendado en los primeros años de vida es un fuerte factor de riesgo e independiente de obesidad y adiposidad", explica Elsie Taveras, jefe del servicio General de Pediatría en el Hospital Infantil MassGeneral (MGHfC). Concretamente, según los resultados relatados en el estudio, publicado en la revista Pediatrics, los niños que dormían menos tenían un índice de masa corporal 0,48 unidades más alto que aquellos que más horas de sueño cumplían cada día.

"Asociaciones similares hemos visto también en otras medidas", apunta el autor, como el índice de grasa corporal (una diferencia de 0,72 kg/m²), la circunferencia de la cintura (unos 3,61 centímetros de diferencia) y la de la cadera (aproximadamente 2,78 milímetros de diferencia), la medición de los pliegues cutáneos (una diferencia de 4,22 milímetros) y la grasa abdominal (con una diferencia de 0,36 kg/m²).

Investigaciones previas señalaban un periodo crítico antes de los cinco años. Hasta esta edad, decían, dormir poco podía desencadenar obesidad. Sin embargo, y "al contrario de lo que dichos estudios postulaban, no encontramos ningún periodo crítico en el que la falta de sueño influya especialmente en una ganancia posterior de peso. De hecho, dormir poco en cualquier momento de la infancia temprana [desde el nacimiento hasta los siete años] tuvo efectos adversos", agregan los autores del informe.

A diferencia también de los anteriores trabajos, el actual no sólo ha examinado sino que ha utilizado varias medidas, además del índice de masa corporal (IMC), que determina la obesidad basada exclusivamente en la relación entre la altura y el peso. Por ejemplo, la circunferencia de la cintura y la de la cadera.

Siete años de seguimiento

Este nuevo estudio está basado en los datos del Proyecto Viva (que incluía a 1.046 menores), una investigación que analiza el impacto a largo plazo sobre la salud de ciertos factores que ocurren durante el embarazo o después del nacimiento. Los investigadores recabaron información de entrevistas realizadas a madres cuando sus hijos tenían seis meses, tres y siete años. Estos cuestionarios se completaron cuando esos hijos habían cumplido uno, dos, cuatro, cinco y seis años.

Entre otros asuntos, a las madres se les preguntó el tiempo que sus hijos dormían, tanto durante la noche como en el día. A lo largo de siete años, a los niños se les midió además de su peso y altura, su grasa total, la abdominal, la circunferencia de su abdomen y de su cadera.

Se definió como sueño insuficiente pasar menos de 12 horas al día durmiendo entre los seis meses y los dos años, menos de 10 horas entre los tres y los cuatro años y menos de nueve de los cinco a los siete años. En función de las respuestas de cada madre, los niños fueron asignados a unos grupos u otros en función de la cantidad de horas que dormían.

Más obesidad y adiposidad


Tras analizar los datos, los investigadores comprobaron que los niños que estaban en la posición de la tabla de sueño más baja tuvieron medidas corporales mayores que reflejan obesidad y adiposidad, incluida la grasa abdominal que se considera particularmente peligrosa. Esta asociación fue consistente en todas las edades, indicando que no hay un periodo crítico para esta interacción entre sueño y peso. Lo que sí se detectó fue que en aquellos hogares con menos ingresos, o con una educación materna menor y entre las minorías étnicas fue más frecuente que el sueño de los hijos fuera más corto; pero la relación entre sueño y obesidad no cambió ajustando estos y otros factores.

Entre los mecanismos biológicos que podrían estar detrás de esta relación se incluyen la influencia de las hormonas secretadas durante el sueño que controlan el hambre y la saciedad; la alteración del ritmo circadiano; la escasa capacidad para tomar buenas decisiones a la hora de elegir los alimentos; cambios en la conducta provocados por la deprivación del sueño; o la generación de rutinas en el hogar que conllevan a dormir menos y comer más sobre todo aperitivos o dulces mientras se está viendo la televisión. Todas estas explicaciones deben de ser evaluadas en otros estudios porque, de momento, no hay una causa clara.

Rutinas contra la obesidad

Según un estudio de Sarah Anderson, profesora de epidemiología en la Escuela de Salud Pública de la Universidad Estatal de Ohio (EEUU), algunas rutinas o la falta de las mismas en el hogar pueden ser los responsables directos de que los niños duerman pocas horas. Tal y como había comprobado, cenar en familia, asegurarse de que los más pequeños duermen las horas que les corresponden y limitar el tiempo de televisión a dos horas al día estaba asociado a un 40% menos de riesgo de desarrollar obesidad.

"Mientras necesitamos más ensayos para determinar si mejorar el sueño conduce a una reducción de la obesidad, de momento podemos recomendar que los médicos enseñen a los niños y a sus padres formas para dormir mejor -que incluyen consejos sobre una buena rutina nocturna, limitar la cafeína en las bebidas que se toman por la tarde y eliminar las distracciones que generan los dispositivos electrónicos en la cama. Todo esto puede ayudar a promover unos buenos hábitos de sueño, lo cual favorecerá una mayor atención en el colegio o en el trabajo, un mejor humor y una mayor calidad de vida", explica Taveras. Sobre todo, teniendo en cuenta que "pocas horas de sueño durante la infancia están relacionadas con otros factores de riesgo cardiovascular, aparte de la obesidad, como la hipertensión".

Tomado de: www.elmundo.es

17 de mayo de 2014

Luces y sombras del resveratrol

Se le definió como el elixir de la juventud, el milagro antiedad, pero algunas investigaciones están quitando medallas al resveratrol, el compuesto del vino tinto del que tanto se ha hablado en los últimos años. ¿Se trata del ocaso de la sustancia?

Un estudio publicado esta semana en la revista JAMA Internal Medicine cuestiona la capacidad del resveratrol para mantener alejadas las enfermedaes cardiovasculares o el cáncer, e incluso sus cualidades antienvejecimiento. Se trata de un estudio de cohorte con algunas limitaciones, pero no es la única investigación que ha arrojado resultados negativos en relación al polifenol.

Para Ramón Estruch, investigador del CIBERobn y director de un grupo de investigación sobre antioxidantes naturales de la Universidad de Barcelona, este revés no significa que el resveratrol vaya a convertirse en el próximo ''milagro nutricional' que acaba defenestrado. "Hay una gran cantidad de evidencia científica que valida el efecto protector de los polifenoles", subraya. "Pero lo que están sugiriendo distintos trabajos es que el resveratrol no es la única sustancia beneficiosa. La clave parece estar en la suma de todos", indica.

Parece que es el conjunto y no la unidad lo que aporta beneficios, señala. Y, en ese sentido, también es clave tener en cuenta el patrón de alimentación en el que se produce el consumo de polifenoles.

Alfredo Martínez, catedrático de Nutrición de la Universidad de Navarra, apunta que es mucho lo que hay que dilucidar antes de sacar una conclusión definitiva sobre antioxidantes como el citado. "Por ejemplo, hay que aclarar un punto que han señalado algunas investigaciones y es el hecho de que se muestran más activos en personas que presentan un desequilibrio oxidativo que en personas sanas", señala. Por otro lado, también es clave desentrañar el papel que juega la microbiota intestinal a la hora de mediar en su efecto y los mecanismos que intervienen en su absorción.

"Se sabe que tienen un gran potencial, pero también hay que aclarar muchas zonas oscuras que siguen existiendo", señala.

El trabajo que publica JAMA Internal Medicine realizó un seguimiento a 783 hombres y mujeres mayores de 65 años que vivían en dos localidades de la Toscana italiana y formaban parte del estudio Envejecer en la región del Chianti, un trabajo que se llevó a cabo entre 1998 y 2009 y pretendía, entre otros objetivos, evaluar las bondades del resveratrol.

Además de tener en cuenta sus características demográficas, hábitos de vida y medicación habitual, entre otros factores, los investigadores analizaron la cantidad de vino y otros alimentos ricos en resveratrol que los participantes consumían al día -prácticamente ninguno tomaba suplementos- y midieron los marcadores del consumo de este polifenol que estaban presentes en la orina. Durante una media de nueve años, estudiaron a la muestra y contabilizaron el número de problemas cardiovasculares, tumores y muertes que se producían. (De los 639 que no tenían enfermedad cardiovascular al inicio del estudio, 174 la desarrollaron. Del mismo modo, de 734 sin cáncer al inicio, 34 lo padecieron durante la investigación).

Los resultados del análisis mostraron que los metabolitos del resveratrol presentes en la orina no se relacionaban de una manera significativa con la longevidad ni con la aparición de enfermedades cardiovasculares u oncológicas. "No ejercía una influencia sustancial en el estado de salud ni la mortalidad de la población de este estudio", señalan los autores del trabajo en la revista médica.

Sin embargo, según señala Estruch, la metodología del trabajo no permite establecer "una relación de causalidad" entre los factores analizados. Además, dado que la población estudiada vivía en Italia, es muy probable que siguieran una dieta mediterránea, por lo que su papel también podría haber influido en el riesgo cardiovascular.

"Los estudios deben continuar antes de sacar una conclusión definitiva. Este trabajo aporta un granito de arena en la investigación", señala por su parte Estefanía Toledo, profesora de Medicina y Salud Pública en la Universidad de Navarra.

Tomado de: www.elmundo.es

El día trampa en la dieta


Por:MAITE ZUDAIRE / Tomado de: www.consumer.es


La moda de saltarse la dieta durante un día para retomarla con más motivación gana seguidores, aunque no es eficaz para adelgazar ni está recomendada

Empezar una dieta para adelgazar es aceptar un compromiso. En ocasiones, es el médico quien pauta la necesidad de perder peso para ganar salud, pero otras veces es la propia persona quien decide mejorar su bienestar. Para lograr el éxito, que no es fácil, lo apropiado es acudir a un profesional, un dietista-nutricionista colegiado. Dado que muchas veces no se hace, es conveniente -y muy necesario- destruir mitos y malos consejos, esas mentiras elevadas a categoría de verdad científica. Uno de ellos, que está tomando fuerza esta primavera, es el que sostiene que saltarse la dieta un día, al menos en una comida, fortalece las posibilidades de continuar con el régimen después y perder peso. Se llama, de forma coloquial, el "día trampa" en la dieta. En este artículo se analiza esta propuesta y se exponen sus consecuencias.

Las dietas y las trampas al solitario

Perder peso no es fácil, pero es posible. Para lograrlo hay que cambiar los hábitos, pero no hay que dejar de comer. Y eso requiere esfuerzos; es necesario ser riguroso. Todo esto ya se sabe. Pero cuando se trata de adelgazar, muchas personas muy sensatas están dispuestas a hacer un hueco a lo menos obvio o lo más extravagante, como hacerse trampas al solitario, o dicho de otro modo, saltarse la dieta para seguir la dieta.

Pero para perder peso, en un régimen de adelgazamiento las reglas son las que son para conseguir un objetivo. Estas reglas pueden ser modificadas y adaptadas en el transcurso del proceso; de hecho, una dieta bien pautada es una dieta particular y no extrapolable a otra persona, ya que atiende a la respuesta de su organismo, de su bienestar, de su eficacia, de sus circunstancias (tiempos, habilidades culinarias, ritmo de ejercicio, vida social...) y de su estado de ánimo. Pero en este proceso no tiene cabida poner como norma dejar de lado las pautas nutricionales, ni por un día, ni por un momento.

Al margen de que uno de los objetivos principales que se buscan con una dieta de adelgazamiento es aprender a comer, apartarse de lo correcto para poder soportarlo es, sin duda, incoherente. Tener que recurrir a este "día trampa" es una evidencia de que la dieta no está siendo buena. Es más, la necesidad de abandonarla es una señal de alerta. Se trata de una dieta de adelgazamiento, no de llevar una dieta equilibrada, consciente y saludable en la que uno decide darse un capricho, incluso sabiendo que está incumpliendo el propósito de no engordar.

En la dieta, para perder peso hay que ser riguroso. Sin embargo, ese rigor no implica monotonía, ni mucho menos pasar hambre. A esto se le suma lograr controlar la ansiedad, abandonar malas costumbres y aprender a comer bien. Y, además, está la orden de practicar ejercicio de manera habitual para romper con la vida sedentaria. Muchas cosas y ninguna simple, pero todas posibles.

Dietas: el hambre y la ansiedad

La excusa del día tramposo, o el engaño circunstancial, tiene dos vértices: dejar de pasar hambre y evitar la ansiedad. Para lo primero habría que distinguir si lo que se siente es hambre o apetito; es decir, si es la desatención de una necesidad fisiológica o el abandono de darse placer con la gastronomía. En el primer caso, no hay duda: es necesario poner remedio revisando la dieta, y para ello está el nutricionista. En el segundo, si es apetito, es importante ser honesto y no querer hacerse trampas. Y es que en el otro vértice está la ansiedad. Adelgazar puede provocar ansiedad, algo que se debe tener en cuenta y, si es preciso, combatir de manera paralela. En cualquier caso, es necesario recordar que esta ansiedad no se vence por hacer trampas un día.

Dietas para adelgazar: mentira contra verdad

La Asociación Americana de Dietistas (ADA), alertada por la proliferación de mitos nutricionales, decidió condensar en un enunciado de "verdad o mentira" algunas reglas que promueven modos malsanos y frustrantes para la pérdida de peso. No admiten la idea de que el día trampa tenga sentido; insisten en que, como concepto, es falso, y que nos aleja de una buena dieta:
  • "Si como un alimento o un menú fuera de la dieta, mejor abandono". Mentira. Un error no descarrilla el plan de adelgazamiento, lo ralentiza, pero no frena tanto la pérdida de peso como el hábito y el aprendizaje que lleva pareja la dieta.
  • "O lo hago todo o no hago nada". Mentira. Al final de semana, cuando se suba al peso, el cómputo de la pérdida será el resultado de los nuevos hábitos alimentarios y de ejercicio.
  • "Elijo grasa porque llena más". Mentira. Si bien la grasa tarda más tiempo en ser digerida, no quita más el hambre. Las verduras y las frutas llenan más, así como los cereales integrales.
  • "Fuera el pan, es lo que más engorda". Mentira. En la medida justa que indique la dieta de adelgazamiento, el pan engorda y nutre como otro alimento con el mismo número de calorías.
  • "No a los hidratos, son malos". Mentira. En esta segunda década del siglo les ha tocado a los carbohidratos cargar con el peso de la prohibición, hasta el punto de que se prescinde de una guarnición de arroz y se elige una porción de queso para limitar calorías.
  • "Light o bajos en grasas son aliados". Mentira. Se trata de limitar la cantidad y aumentar de heterogeneidad de todos los alimentos, no de aumentar los bajos en grasa que gustan.
  • "A mayor restricción más peso se pierde". Mentira. Los estudios demuestran que las dietas restrictivas son mucho más susceptibles de ser abandonadas. Las dietas de adelgazamiento tienen que ayudar a vivir, y conquistar y convencer a quien la realiza, y eso solo se logra si es satisfactoria.

Comer más frutas y verduras puede reducir un 32% el riesgo mundial de ictus

Comer más frutas y verduras puede reducir el riesgo de accidente cerebrovascular (ACV) en todo el mundo, según concluye una nueva investigación que se publica esta semana en 'Stroke: Journal of the American Heart Association'.

 Sus autores realizaron un metaanálisis de 20 estudios publicados en los últimos 19 años para evaluar los efectos de la ingesta de frutas y verduras en el riesgo de accidente cerebrovascular a nivel mundial. En todos los análisis participaron 760.629 hombres y mujeres que sufrieron 16.981 accidentes cerebrovasculares.

 El riesgo de ACV se redujo en un 32 por ciento con cada 200 gramos de fruta consumida cada día y un 11 por ciento por cada 200 gramos de vegetales que se ingirieron a diario. "Mejorar la dieta y el estilo de vida es fundamental para reducir el riesgo cardiaco y el accidente cerebrovascular en la población general", aconseja el autor principal del estudio, Yan Qu, director de la unidad de cuidados intensivos en el Hospital Municipal de Qingdao y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Qingdao, en China.

 "En particular, es muy recomendable una dieta rica en frutas y verduras, ya que cumple con las necesidades de micronutrientes, macronutrientes y fibra", agrega. Los macronutrientes (carbohidratos, proteínas y grasas) aportan calorías o energía y nuestro cuerpo necesita pequeñas cantidades de micronutrientes como vitaminas y minerales.

 Este investigador hizo alusión a estudios que demuestran que el alto consumo de vegetales y fruta puede disminuir la presión arterial y mejorar la función microvascular, además de que tiene efectos favorables sobre el índice de masa corporal (IMC), la circunferencia de la cintura, el colesterol, la inflamación y el estrés oxidativo.

 Los efectos beneficiosos de las frutas y las verduras se aplican de manera coherente a hombres y mujeres, el pronóstico del accidente cerebrovascular y por tipo de accidente cerebrovascular (causados por coágulos o hemorragia). Los científicos no encontraron diferencias significativas en el efecto de la edad (menor o mayor de 55 años).

 Los expertos ajustaron los resultados del estudio a factores como el tabaquismo, el alcohol, la presión arterial, el colesterol, la actividad física, el índice de masa corporal y otras variables dietéticas y combinaron los resultados de seis estudios de Estados Unidos, ocho de Europa y seis de Asia (China y Japón).

Poco consumo en los países en desarrollo

 Estos análisis señalan que el bajo consumo de frutas y verduras es prevalente en todo el mundo y, especialmente, en los países de bajos y medianos ingresos. Aumentar el consumo de frutas y verduras hasta 600 gramos cada día podría reducir la carga de ictus isquémico en un 19 por ciento a nivel mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

 En China, el accidente cerebrovascular es la principal causa de muerte, con una estimación de 1,7 millones de personas que murieron por este motivo en 2010. En Estados Unidos, el accidente cerebrovascular la causa número cuatro de muerte y el principal motivo de discapacidad.

 La Sociedad Americana del Corazón recomienda que el adulto medio coma entre cuatro y cinco porciones de frutas y verduras todos los días como base de una dieta de 2.000 calorías. Una dieta rica en una variedad de colores y tipos de frutas y verduras es una manera de obtener los nutrientes importantes que la mayoría de las personas no obtienen de forma suficiente, incluyendo vitaminas, minerales y fibra dietética, además de ser naturalmente bajo sen grasas saturas.

Tomado de: www.infosalus.com

Las especias indias, tan temidas por su picante como buenas contra el cáncer

Algunas de las especias más utilizadas en la comida india, tan temidas por muchos turistas debido a su sabor picante, contienen propiedades que ayudan a prevenir enfermedades como el cáncer.

El doctor Lalit Kuma, del Instituto de Ciencias Médicas de la India, explica a Efe que la curcuma, una especia que da el color amarillento al curry, "es usada para la prevención de varios tipos de enfermedades", como el cáncer, la artritis o la diabetes.

La curcuma, cuya planta procede del estadio indio de Tamil Nadu, se emplea también "como adyuvante en la quimioterapia, sobre todo en el cáncer de mama, de colon, de cabeza y cuello, y en la leucemia", detalla este especialista de la prestigiosa entidad médica.

Algunos componentes de la curcuma está clínicamente demostrado que previenen la formación de células del cáncer de próstata, piel, páncreas o tumores cerebrales.

Kuma añade que otras especias, como las semillas de comino, se utilizan principalmente para curar problemas gastrointestinales.

Un vendedor, Rajan Bhargava, del mercado especializado en estos condimentos en Nueva Delhi afirma a Efe que es sabido que "la curcuma funciona como anticancerígeno y otras muchas especies tienen beneficios médicos".

"Dan energía y son como antibióticos: la especia 'Ribes uva-crispa', la grosella espinosa o uva espina, te ayuda a mejorar el sistema inmune", explica este vendedor el mercado de Khari Baoli en la parte vieja la capital de la India.

Otro comerciante, Manjit Singh, declara a Efe que "la curcuma es muy buena para la salud, para todo el cuerpo y cuando uno se está enfermo, le ayuda a recuperarse y funciona como antiséptico". "Los mismos beneficios tiene la especia 'Coriandrum sativum', llamada popularmente cilantro, mientras que el jengibre es muy bueno contra el dolor de estómago y la pimienta negra también se utiliza para hacer medicinas", asevera este tendero.

El jengibre es muy utilizado en la India no solo en comidas, sino también para dar un toque picante al té o al café, especialmente durante el invierno.

El hinojo, aunque no es exclusivo de la India, está también ampliamente extendido por el país, desde el extremo norte de Jammu y Cachemira hasta Bengala y Orissa en el este, con diferentes nombres y usos culinarios en cada parte del gigante asiático.

Entre los beneficios del hinojo, también se ha constatado que combate las células cancerígenas, al igual que sucede con el azafrán o con la cayena, introducida por los europeos en Asia y cuyo color rojo delata su intenso sabor picante.

Temida por estómagos poco habituados a comidas picantes como la india, sin embargo este condimento es bueno contra males como la leucemia.

El comino contiene antioxidantes que contribuyen a prevenir cánceres como el de próstata; la canela, procedente de la vecina Sri Lanka y también utilizada en el curry, lleva un conservante que ayuda a reducir el riesgo de tumores; y el orégano es igualmente beneficioso para evitar enfermedades cancerosas.

Tomado de: www.larazon.es

10 de mayo de 2014

¿Afecta la dieta al estado de ánimo?

Los alimentos que consumimos contribuyen a la salud del organismo pero ¿cómo afectan a la salud mental? Aunque en proceso de investigación, existen nutrientes dentro de la dieta que parecen intervenir en la delicada e inestable química cerebral.

 Según señalan desde el sitio web dirigido a la población general de la Academia Americana de Médicos de Familia (familydoctor.org) reducir la comida basura y elegir opciones más saludables ayuda a mantener un corazón sano, músculos fuertes y un peso apropiado.

 Pero los facultativos advierten que el estado de ánimo también podría estar afectado por lo que comemos. Como ejemplo apuntan a la sensación de decaimiento que en ocasiones se presenta después de un atracón de comida rápida o la opuesta visión positiva derivada quizás de tomar una ensalada verde o vegetales salteados.

 La denominada 'conexión alimentos-humor' forma parte de un cuerpo de investigación en el que se examinan los efectos de las elecciones dietéticas sobre el estado de ánimo y la salud mental. Aunque son muchas las cuestiones por dirimir, los médicos de familia estadounidenses apuntan a las deficiencias en vitaminas y al consumo de suplementos como una de las áreas de mayor interés.

Nutrientes para el estado de ánimo

 Sin embargo, los estudios sobre esta conexión entre alimentos y estado de ánimo han resultado limitados y heterogéneos. Por ello, desde este sitio web sobre salud se advierte que no se debe sustituir el tratamiento profesional de trastornos de salud mental como la depresión por cambios en la dieta.

 Las pocas evidencias existentes sí sugieren que ciertos nutrientes podrían apoyar el bienestar emocional, apuntan los facultativos. Los siguientes nutrientes se encuentran entre los más estudiados por sus beneficios para el equilibrio emocional y forman parte de una dieta equilibrada.

* Ácidos grasos omega-3

 Mejoran la salud cardiaca al reducir el colesterol 'malo' en el organismo y aumentar el colesterol 'bueno', además, también han mostrado ser prometedores para mejorar la salud mental. En algunos estudios, las personas que tomaron suplementos de omega-3 informaron de mejorías en su estado de ánimo. Los investigadores piensan que estos ácidos grasos podrían afectar a la forma en la que el cerebro envía señales a todo el organismo.

 Los ácidos grasos omega-3 se encuentran en alimentos de origen marino como salmón, arenques, sardinas y caballa. También los contienen las semillas de lino, el aceite de linaza y las nueces.

* Triptófano
Es un componente estructural de las proteínas, un aminoácido, que el organismo necesita para producir un componente químico llamado serotonina. Las personas que tienen depresión a menudo tienen niveles bajos de serotonina. Las investigaciones han examinado el uso de triptófano para tratar la depresión pero no existe aún evidencia científica suficiente para recomendar su uso en este sentido. Se encuentra en la carne roja, los productos lácteos, la soja y el pavo.

* Magnesio

 Es un nutriente que ayuda al organismo a producir energía. También ayuda a los músculos, arterias y al corazón a funcionar de forma adecuada. Algunos investigadores están estudiando si los pacientes que toman un aporte suplementario de magnesio se recuperan más rápido de la depresión. Los vegetales de hoja verde, los frutos secos y los aguacates son fuente de magnesio.

* Ácido fólico y vitamina B-12

 Son vitaminas del grupo B que juegan un importante papel en el metabolismo, el ritmo de los procesos orgánicos, y la producción de células de la sangre. Se asocian además con unos componentes químicos denominados dopamina y noradrenalina.

 En muchos casos, las personas con depresión no tienen niveles suficientes de estos químicos. Aumentar los niveles de una persona de ácido fólico y vitamina B-12 podría aumentar su respuesta ante medicamentos para tratar la depresión.

 Está presente en alimentos como las verduras de hoja verde y las frutas. La vitamina B-12 se encuentra sobre todo en el pescado, los moluscos, la carne y los productos lácteos.

Tomado de: www.infosalus.com

El aumento de los niveles de CO2 provocará la disminución de nutrientes de algunos cultivos

Conforme los niveles de dióxido de carbono vayan aumentando a lo largo de este siglo, algunos cereales y ciertas legumbres se volverán mucho menos nutritivos de lo que son hoy en día, según alerta un grupo de científicos de ocho instituciones de Australia, Israel, Japón y Estados Unidos, cuyos resultados se publican en la revista 'Nature'.

 Los investigadores analizaron múltiples variedades de trigo, arroz, guisantes, soja, maíz y sorgo cultivados en campos con altos niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, como los previstos para la mitad de este siglo. Las concentraciones atmosféricas de CO2 se acercan actualmente a 400 partes por millón (ppm) y se espera que lleguen a 550 ppm en el año 2050.

 Los equipos simularon niveles elevados de CO2 en campos al aire libre usando un sistema llamado 'Free Air Concentration Enrichment' (FACE), que bombea, monitorea y ajusta el CO2 atmosférico a nivel del suelo para simular las condiciones futuras. Por el contrario, se mantuvieron todas las demás condiciones de crecimiento (luz solar, suelo, agua, temperatura) para las plantas cultivadas en altas concentraciones de CO2 y los cultivos controles.

 Los experimentos revelaron que la calidad nutricional de un número de las plantas de cultivo más importantes del mundo se redujo en respuesta a niveles elevados de CO2. "Cuando recopilamos todos los experimentos de FACE que tenemos en todo el mundo, vimos que una gran cantidad de nuestros principales cultivos poseen menores concentraciones de zinc y hierro", afirma uno de los autores, Andrew Leakey, del Instituto de Biología Genómica de la Universidad de Illinois, en Estados Unidos.

 "La deficiencia de zinc y de hierro es un gran problema de salud global por lo menos para dos millones de personas", agrega este experto. En concreto, el zinc y el hierro se redujeron significativamente en el trigo, el arroz, los guisantes y la soja, además de que el trigo y el arroz también sufrieron notables disminuciones en el contenido de proteínas a mayores niveles de CO2.

 "Vimos esta disminución de la calidad a lo largo de un conjunto diverso de ambientes en una serie de países", afirma Leakey. Los nutrientes en el sorgo y el maíz se mantuvieron relativamente estables en niveles más altos de CO2 debido a que estos cultivos utilizan un tipo de fotosíntesis llamado C4, que concentra el dióxido de carbono en sus hojas, según este experto.

 "C4 es una especie de combustible inyectado por la fotosíntesis que tienen el maíz, el sorgo y el mijo-detalla este investigador--. Nuestro trabajo previo aquí en Illinois demostró que sus tasas de fotosíntesis no resultan alteradas por estar en niveles elevados de CO2 puesto que ya poseen altos niveles de CO2 en el interior de sus hojas".

 No obstante, Leakey señala que hace falta más investigación al respecto. "Es importante que comencemos a hacer estos experimentos en los suelos de climas tropicales, dado que ahí es donde la seguridad alimentaria es ya un gran problema", concluye.

Tomado de: www.infosalus.com

El microondas, ¿perjudica a los alimentos?

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

El horno microondas no altera la composición de los alimentos más que otras técnicas culinarias, no destruye sus nutrientes ni supone una amenaza para la salud

Cuando se inventó el automóvil, no tardaron en aparecer voces pseudocientíficas que aseguraban que su velocidad provocaría cambios nefastos en las células humanas. Hoy por hoy, acostumbrados a viajar en aviones a más de 1.000 km por hora, nadie da crédito a tales hipótesis. No obstante, no sucede lo mismo con el microondas. Pese a que las autoridades sanitarias avalan su seguridad desde hace décadas, y pese a que millones de personas lo usan a diario con total tranquilidad, no son pocas las voces que auguran fatales desenlaces por la utilización de este cómodo electrodoméstico. El presente artículo explica cómo funciona el microondas y por qué no destruye los nutrientes de los alimentos ni afecta a la salud de las personas.

El tipo de radiación, un detalle importante

Los microondas emiten unas radiaciones electromagnéticas, con las que consiguen calentar desde una sopa hasta un bloque de espinacas congeladas. Pese a que ciertas radiaciones electromagnéticas pueden romper enlaces químicos y dañar nuestras células, esto solo sucede con un tipo particular: las ionizantes, que no son emitidas de ninguna manera por el horno microondas de nuestra cocina. Las radiaciones ionizantes proceden de materiales radioactivos, de los conocidos "rayos X" o de la radiación ultravioleta de alta frecuencia, y pueden producir efectos nocivos en el material genético de nuestras células. Por eso cuando un médico nos somete a radioterapia, siempre lo hace bajo estrictas condiciones de seguridad.

El microondas no emite radiaciones ionizantes, sino radiaciones no ionizantes, que no son peligrosas para la salud. Ningún médico, ni ninguna entidad médica o sanitaria de referencia, alerta hoy sobre los peligros de las radiaciones no ionizantes de un horno microondas casero. Horno que, además, siempre dispone de una protección que reduce la salida de tales radiaciones hasta niveles ínfimos. No diferenciar las radiaciones ionizantes de las no ionizantes está en la base del error que lleva a ciertos terapeutas alternativos a enumerar razones para tirar el microondas a la basura.

El microondas no destruye los nutrientes de los alimentos

Para entender que el microondas no "destruye" los nutrientes de un alimento, tal y como se afirma desde ciertos ámbitos, es preciso saber cómo funciona. Los hornos microondas cocinan los alimentos mediante unas ondas oscilantes similares a las ondas de radio, pero que se mueven a más velocidad. Estas ondas, muy selectivas, calientan sobre todo el agua contenida en los alimentos, porque la mueven a gran velocidad. Es esa agua la que eleva la temperatura de todo el alimento, y por eso se calientan antes en el microondas los líquidos que los sólidos. Así, las ondas de estos hornos no rompen enlaces químicos ni tampoco originan cambios moleculares en los alimentos. Un interesante artículo sobre este tema, titulado 'Tratamiento de alimentos con microondas' y publicado en 2009 en EROSKI CONSUMER, expone que "la naturaleza de las reacciones químicas que se producen es idéntica a la de los calentamientos convencionales".

Una investigación publicada por Cross y Fung en 1982 en la prestigiosa revista Critical reviews in food science and nutrition concluyó que las diferencias nutritivas entre cocinar con microondas o mediante una cocción convencional son "mínimas". Algunos nutrientes son sensibles al tiempo que los sometemos al calor, así que, cuanto mayor sea el lapso que tengamos un alimento a una alta temperatura, mayores serán las pérdidas. Si, además, los sumergimos en agua, algunos nutrientes pasarán al caldo de cocción. Como el horno microondas, en general, calienta los alimentos en poco tiempo y sin necesidad de sumergirlos en agua, la pérdida de nutrientes puede ser menor. De hecho, la Universidad de Harvard, en su texto 'Cocción con microondas y nutrición', indica que "la cocción con microondas suele preservar mejor el contenido de nutrientes de los alimentos".

En todo caso, es necesario seguir las instrucciones que acompañan al electrodoméstico con respecto a tiempos de cocción e intensidad. El documento 'Pérdidas de nutrientes mediante la manipulación doméstica de frutas y hortalizas', publicado por el GREP-AEDN en 2012, recuerda que no son aptos para el microondas la mayoría de los recipientes de comida para llevar, las botellas de agua o los plásticos elaborados para mantener margarinas, yogures, cremas, quesos, mayonesas, mostazas o similares.

El microondas no produce cáncer

El principal "mal augurio" que pende sobre la utilización del microondas es el supuesto poder de producirnos cáncer. Para desmentirlo, nada mejor que acudir a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), que publicó en 2004 un documento denominado 'Campos electromagnéticos y cáncer: preguntas y respuestas'. En el texto, avalado por diversas entidades, como la Sociedad Española de Oncología Médica, se refuta con rotundidad cualquier posible relación entre el uso del horno microondas y un mayor riesgo de sufrir cáncer. Con respecto a esta dolencia y sus causas, conviene recordar las palabras del reputado doctor Joan Massagué en su discurso en el acto institucional de 2011 de la AECC: "El cáncer no es una epidemia. Lo epidémico son sus causas prevenibles, como el tabaquismo, la obesidad y el sedentarismo".

Asocian el consumo de bebidas energéticas a un aumento de conductas negativas en adolescentes

La ingesta semanal de bebidas para deportistas y energéticas entre los adolescentes se asocia significativamente con un mayor consumo de otras bebidas con azúcar, tabaquismo y un alto uso de la televisión o los videojuegos, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Minnesota y la Universidad de Duke, en Estados Unidos, y publicado en 'Journal of Nutrition, Education and Behavior'.

 Aunque los datos nacionales han mostrado una disminución en la prevalencia de consumo de refrescos y bebidas de frutas, la ingesta de bebidas para deportistas y energéticas se ha triplicado entre los adolescentes en los últimos años. El alto contenido de cafeína de las bebidas energéticas, así como de azúcar y calorías de muchas bebidas deportivas y energéticas preocupa mucho a los profesionales de la salud.

 Los datos del trabajo se recogieron de 20 escuelas públicas de secundaria en el área de Minneapolis-St. Paul, en Minnesota, Estados Unidos, como parte del estudio de base poblacional 'Eating and Activity in Teens' (EAT 2010). Las encuestas y las mediciones antropométricas fueron completadas por 2.793 adolescentes durante el año escolar 2009-2010, con una edad media de 14,4 años.

 Entre las variables medidas en este estudio estaban la altura y el peso; la frecuencia de consumo de bebidas deportivas, energéticas y el desayuno; el tiempo empleado en la actividad física, jugar a videojuegos y ver la televisión; y la condición de fumador.

 Aunque el consumo de bebidas deportivas estaba vinculado a mayores niveles de actividad física de moderada a vigorosa y la práctica de deporte, el patrón general indica que la ingesta de bebidas energéticas y para deportistas debe abordarse como parte de una agrupación de conductas no saludables entre algunos adolescentes.

 "Entre los niños, el consumo de una bebida deportiva semanal se asoció significativamente con un mayor tiempo de consumo de televisión, de forma que los menores que consumían regularmente bebidas deportivas pasaron cerca de una hora adicional a la semana viendo televisión en comparación con los que tomaron bebidas deportivas menos de una vez a la semana", destaca la principal autora del trabajo, Nicole Larson, de la División de Epidemiología y Salud Comunitaria de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Minnesota.

 Esta experta subraya también que los niños que consumieron varias bebidas energéticas semanalmente pasaron aproximadamente unas cuatro horas adicionales a la semana jugando a videojuegos en comparación con aquellos que tomaron bebidas energéticas menos de una vez por semana.

 La Academia Americana de Pediatría recomienda que los adolescentes sólo consuman bebidas deportivas después de actividad vigorosa y prolongada y que, en general, no las tomen porque no ofrecen beneficios y aumentan los riesgos de sobreestimulación del sistema nervioso.

Tomado de: www.infosalus.com