28 de junio de 2014

Una dieta basada en vegetales puede reducir entre un 20 y 30% el riesgo cardiovascular

La Fundación Española del Corazón (FEC) ha defendido la importancia del consumo de productos vegetales y recuerda que las personas que basan su alimentación en el consumo de frutas, verduras y legumbres tienen niveles de presión arterial más bajos y podrían beneficiarse de una reducción de entre el 20 y 30 por ciento del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

 Esta entidad, perteneciente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), ha recordado un reciente estudio publicado en el 'Journal of the American Medical Association' (JAMA) que reveló como la dieta vegetariana se asocia a una disminución de los niveles de presión arterial.

 En concreto, vieron que las personas que seguían una dieta vegetariana tenían una presión arterial sistólica 7 mmHg inferior a los consumidores habituales de carne, y un presión diastólica unos 5 mmHg más baja. Por otra parte, los datos extraídos de los ensayos clínicos sugerían que la reducción era de 5 y 2 mmHg respectivamente.

 Además, como ha reconocido el director del comité científico del Programa de Alimentación y Salud de la Fundación Española del Corazón (PASFEC), Pedro Betancor, " también ayuda a reducir el colesterol (ya que se consume un menor número de calorías), la aparición de diabetes, la obesidad y, por consiguiente, el riesgo cardiovascular total".

 Pese a ello, este experto reconoce que "no hay que llegar a la creencia de que para reducir el riesgo cardiovascular hay que ser vegetariano".

 "La dieta mediterránea, que incluye el consumo de carne y pescado, ha demostrado que reduce sustancialmente el riesgo cardiovascular total y, en cambio, es una dieta que se caracteriza por su variedad. Lo ideal es mantener una dieta equilibrada en la que, obviamente, se puede incluir el consumo de carne, pero eso sí, en cantidades moderadas", ha explicado.

 De hecho, la FEC considera que en España se consume gran cantidad de carne roja, en parte porque "la carne es más barata, se aprovecha más, está más disponible y suele ser más sabrosa que el pescado a causa de su alto contenido graso".

 Esta creencia viene respaldada por los datos de consumo alimentario de 2013 que demuestran que la carne representa el 22,1 por ciento del gasto total de la cesta de la compra, mientras que la pesca supone el 13,1 por ciento, las frutas frescas el 9,3 por ciento y las hortalizas el 9,3 por ciento.

 "En el momento de escoger, es más recomendable consumir carne blanca, que incluye el conejo, el pollo y el pavo, ya que tiene muy poca cantidad de grasa pero los mismos componentes nutricionales que la carne roja. Por otra parte, el consumo de pescado dos veces por semana también disminuye el riesgo cardiovascular", ha explicado Betancor.

Los riesgos de la dieta vegana

Pero tampoco es necesario llegar al vegetarianismo estricto, que únicamente permiten el consumo de vegetales eliminando cualquier alimento de origen animal (no incluyen el consumo de leche, derivados lácteos, huevos o miel).

 Según la FEC, las personas que siguen esta última dieta, conocida como dieta vegana, deben tener en cuenta algunas recomendaciones para mantener un buen estado de salud. "Es muy importante que las personas que únicamente consumen vegetales mezclen los alimentos de manera adecuada ya que, en caso contrario, pueden tener déficit proteico", ha alertado.

 De los 21 aminoácidos esenciales, hay 9 que el organismo no puede producir por si solo y hay que suministrarlos con la dieta. La clara de huevo, la leche, las carnes o los pescados tienen todos los aminoácidos esenciales pero los vegetales no. Entre ellos, las legumbre son los que contienen más proteínas (un 20% de su contenido) y aportan gran parte de los aminoácidos que nos faltan, aún así no los aportan todos.

 Es por ello que es imprescindible que la dieta vegana incluya la combinación de legumbre con cereales ya que conjuntamente aportan al organismo los aminoácidos que faltan. Además, cabe destacar que las personas que siguen estas dietas deben tomar suplementos de vitamina B12 ya que "ésta no existe habitualmente en los vegetales".

Tomado de: www.infosalus.com

Las frutas y las verduras no son una poción mágica para perder peso, halla un estudio

Con frecuencia se recomienda comer muchas frutas y verduras como forma de perder peso, pero hacerlo quizá no ayude a adelgazar, según unos investigadores.

Revisaron datos de más de siete estudios que examinaron cómo un mayor consumo de frutas y verduras afectaba a la pérdida de peso.

"En general, todos los estudios que revisamos mostraron un efecto casi nulo sobre la pérdida de peso", señaló en un comunicado de prensa de la Universidad de Alabama Kathryn Kaiser, profesora de la Facultad de Salud Pública de la universidad, en Birmingham.

"Así que no creo que solo comer más [frutas y verduras] sea en realidad un método efectivo para perder peso, porque no es probable que simplemente añadirlas a los alimentos que la persona come resulte en un cambio en el peso", añadió.

"Los mensajes demasiado simplificados no parecen ser muy efectivos", añadió.

Pero Kaiser y sus colaboradores también hallaron que comer más frutas no aumenta el riesgo de aumentar de peso.

"Parece que un aumento en las porciones no aumenta el peso, algo que resulta bueno para obtener más vitaminas y fibras en la dieta", planteó.

El estudio, en el que participaron un total de 1,200 personas, aparece en la edición del 25 de junio de la revista American Journal of Clinical Nutrition.

Las frutas y las verduras proveen muchos beneficios de salud, pero las personas no deben esperar que esos alimentos les ayuden a bajar de peso, apuntó Kaiser.

"En el contexto general de una dieta saludable, la reducción de la energía es una forma de ayudar a perder peso, así que para reducir peso hay que reducir la ingesta de calorías", señaló.

"Las personas suponen que los alimentos más ricos en fibra como las frutas y verduras reemplazarán a los alimentos menos saludables, y que eso es un mecanismo para perder peso. Pero nuestros hallazgos a partir de la mejor evidencia disponible muestran que el efecto no parece estar presente entre las personas a quienes simplemente se indica que ingieran más frutas y verduras", concluyó Kaiser.

Unas temperaturas más frescas en interiores podrían ayudar a crecer a la 'grasa buena'

El termostato más cercano podría ser una forma fácil de mejorar la salud, sugiere un estudio reciente.

Unos investigadores australianos hallaron que unas temperaturas interiores más bajas estimulan el crecimiento de la grasa marrón saludable, mientras que unas temperaturas más cálidas provocan la pérdida de este tipo de grasa beneficiosa.

Varios estudios han hallado que la grasa marrón quema energía para generar calor corporal: está diseñada para mantener calientes a los bebés y a los animales pequeños. Las investigaciones anteriores también han mostrado que los animales con una grasa marrón abundante son menos propensos a contraer obesidad o diabetes.

En el nuevo estudio participaron cinco hombres sanos, y fue liderado por el Dr. Paul Lee, endocrinólogo del Instituto Garvan de Investigación Médica en Sídney. Su equipo expuso a los hombres a distintas temperaturas ambientales en interiores durante cuatro meses: 75 grados Fahrenheit (24 grados Celsius) el primer mes, 66 ºF (19 ºC) durante el segundo mes, una vez más 75 ºF (24 ºC) en el tercer mes, y 80.5 ºF (27 ºC) durante el cuarto mes.

Los hombres realizaron actividades normales durante el día pero volvían en la noche a pasar al menos diez horas en el ambiente de temperatura controlada.

La temperatura de 75 ºF (24 ºC) usada en el primer y en el tercer mes fue "térmicamente neutral", lo que significa que el cuerpo no tiene que trabajar para producir ni perder calor, explicaron los investigadores.

El primer mes se utilizó para determinar la cantidad inicial de grasa marrón de los hombres. El equipo de Lee halló que esos niveles aumentaron en un 30 a un 40 por ciento en el segundo mes (el fresco), volvieron a los niveles originales en el tercer mes, y luego cayeron por debajo de los niveles originales en el cuarto mes (cálido).

El efecto de las temperaturas bajo techo sobre la grasa marrón fue independiente de las temperaturas al aire libre, anotaron los investigadores.

El grupo australiano también halló que la sensibilidad de los hombres a la insulina aumentó cuando tenían unas cantidades mayores de grasa marrón.

Eso significa que las personas con más grasa marrón necesitaban menos insulina tras una comida para reducir los niveles de azúcar en sangre. Esto sugiere que la grasa marrón podría resultar beneficiosa para las personas con diabetes, cuyos cuerpos tienen dificultad para reducir el azúcar en sangre tras una comida.

"La mejora en la sensibilidad a la insulina que acompaña al aumento en la grasa marrón podría abrir nuevas avenidas en el tratamiento del metabolismo dañado de la glucosa en el futuro", planteó Lee en un comunicado de prensa del instituto.

"Por otra parte, la reducción en la exposición al frío a partir de la calefacción central en la sociedad contemporánea podría afectar la función de la grasa marrón y quizá ser un factor contribuyente oculto a la obesidad y a los trastornos metabólicos", añadió.

El estudio aparece en la edición en línea del 22 de junio de la revista Diabetes y fue presentado en una reunión conjunta de la Sociedad Internacional de Endocrinología (International Society of Endocrinology) y la Sociedad de Endocrinología (Endocrine Society), en Chicago.

Comer por impulso: Hábito o trastorno?

El estado de ánimo interviene en todas nuestras conductas y, en este sentido, el estrés es una de las emociones más potentes que dirigen la acción humana. ¿Has oído alguna vez 'a mi con los nervios me da por comer' o 'los nervios me cierran el estómago'? Cuando los nervios 'se meten en la tripa' pueden dar lugar a algo más que a un atracón esporádico de chocolatinas o de comida basura.

 Según explica a Infosalus Fernando Fernández-Aranda, investigador del Centro de Investigación Biomédica en Red sobre Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (ciberOBN), en lo que se refiere al comer por impulso intervienen múltiples factores como la situación social, el manejo del estrés, las emociones negativas o los estados subdepresivos por los que pasa una persona.

 Si la conducta es repetida y viene marcada por estados de ánimo determinados es probable que se trate de una conducta de comer guiada por las emociones, lo que se denomina 'comer emocional', señala Fernández-Aranda, también profesor del Departamento de Ciencias Clínicas de la Universidad de Barcelona.

 El comer emocional es un hábito nervioso continuado en el tiempo que se presenta ante situaciones de estrés, al igual que lo pueden hacer otras conductas como fumar o comerse las uñas y que está asociado a estados emocionales, explica el investigador.

 Esta forma de comer que está caracterizada por la impulsividad se presenta más en aquellas personas que padecen obesidad. "No se valoran las consecuencias de la conducta, es un gesto de impulsividad y de gratificación inmediata y que evita buscar solución a los problemas, lo que expone también una baja tolerancia a la frustración", añade Fernández Aranda.

Del hábito al trastorno
La antesala de los trastornos de la alimentación como el trastorno por atracón suele ser la cronificación del estrés y la ausencia de recursos para gestionarlo.

 Así, en algunas personas, lo que antes era comer emocional se va convirtiendo en excesos y aparecen otras conductas que intentan compensar los atracones como los vómitos, lo que puede evolucionar hasta una bulimia nerviosa.

 "En los casos más vulnerables se desencadena el trastorno por atracón, que es una patología alimentaria que se ha añadido recientemente al DSM-V (el manual de diagnóstico de referencia en trastornos de salud mental), un trastorno que conlleva complicaciones, consecuencias e incapacidad", explica el experto.

 Según señala Fernández-Aranda, el trastorno por atracón se caracteriza por una pérdida de control, no disfrutar de la comida, no poder parar de comer y hacerlo en gran cantidad en 1 hora o 30 minutos.

 El perfil de quienes padecen este trastorno es el de una persona de entre 25 y 35 años, con predominio del género femenino y en la mayoría de los casos con problemas de obesidad.

 "Estas personas suelen haber seguido dietas, en muchos casos estrictas, que terminan por conducir a los atracones", apunta el investigador que añade que para estas personas la comida se convierte en una válvula de escape ante situaciones de estrés que no saben gestionar.

Consecuencias físicas y psicológicas

 "Son personas que hacia los 25 o 26 años tienen un peso normal pero que comienzan a utilizar la comida como válvula de escape una o dos veces por semana, por la noche o por la tarde, cuando no hay nadie en casa", apunta Fernández-Aranda.

 Se produce entonces un aumento de peso exagerado, de unos 30 a 40 kilogramos, en un periodo breve de tiempo como un año o un año y medio. Lo habitual es que esta situación vaya acompañada de un trastorno depresivo o del estado de ánimo, ansiedad, evitación de los amigos y aislamiento.

 Además, a las consecuencias psicológicas se presentan las consecuencias y complicaciones físicas asociadas a la obesidad como la diabetes o las dificultades en el movimiento. "Todo ello lleva a la persona a pensar que se ha perdido el control y que no hay salida", explica el investigador.

 Hasta que se diagnostica esta conducta de atracones como un trastorno pueden pasar hasta dos años, apunta Fernández-Aranda. "Durante un par de años pasan por dietistas y endocrinos hasta que en alguna de las visitas terminan contando al especialista que sufren atracones, entonces se les deriva a psiquiatría y se les diagnostica el trastorno", comenta.

 Según afirma Fernández-Aranda, una vez comienzan el tratamiento los resultados y el pronóstico es bueno. "El objetivo no es bajar de peso sino parar los atracones. Al evitar los atracones se estabiliza el peso, una estrategia que muestra en los estudios tener buen resultado".

 El equipo del investigador en Barcelona trabaja junto al equipo de Cristina Botella, de la Universidad Jaume I en Castellón y también investigadora del ciberOBN, en estudios sobre el trastorno por atracón y en otros que investigan el efecto 'contagioso' de la obesidad y que muestran que las personas obesas tienden a tener más amigos obesos.

Tomado de: www.infosalus.com

21 de junio de 2014

Tomates para el corazón

Los beneficios para el corazón de seguir una dieta mediterránea están más que documentados. Ahora, un nuevo estudio ha concluido que los tomates podrían ayudar a prevenir y combatir enfermedades coronarias.

El trabajo, que ha sido elaborado por científicos de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y publicado en la revista PLOS One, partió de un experimento con 72 voluntarios: 36 de ellos sanos y los otros 36 con enfermedades de tipo coronario. Ambos grupos tuvieron que tomar un placebo o una píldora con un suplemento llamado “Ateronon” que contenía 7 miligramos de licopeno, una sustancia química que existe en forma natural y que es la responsable del color rojo de las frutas y verduras, como en este caso, el tomate.

Los investigadores descubrieron que este poderoso antioxidante bajo la forma de una “píldora de tomate” tomada diariamente, provocaba una mejora significativa del flujo sanguíneo del antebrazo en aquellos que tomaron la píldora de tomate frente a los que recibieron el placebo, donde lógicamente no se produjo ningún cambio en su salud.

Según las mismas conclusiones del trabajo, el efecto sería aún más positivo si éste se toma en forma de puré, incluyendo incluso el tomate ketchup. “Hemos demostrado con toda claridad que el licopeno mejora la función de los vasos sanguíneos en los pacientes con enfermedad cardiovascular. Esto refuerza la necesidad de una dieta saludable en personas con riesgo de enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular. Una píldora de tomate diaria no es un sustituto de otros tratamientos, pero puede proporcionar beneficios adicionales cuando se toma junto con otros medicamentos”, afirma Joseph Cheriyan, líder del estudio. 

Un estudio vincula estar sentado demasiado tiempo con el riesgo de ciertos cánceres

Quizá lo mejor sea que lea esto de pie.

Un estudio reciente sugiere que las personas que pasan la mayor parte del día sentadas (ya sea al volante, ante la tele o trabajando en una computadora) parecen tener un mayor riesgo de ciertos tipos de cánceres.

Estudios anteriores han vinculado pasar demasiado tiempo sentados con una variedad de problemas físicos, como la enfermedad cardiaca, coágulos sanguíneos, una cintura grande, unos niveles más altos de azúcar en sangre e insulina, un funcionamiento físico general malo, e incluso la muerte precoz.

Para el nuevo estudio, los investigadores se enfocaron en 43 estudios que observaron específicamente el vínculo entre estar sentado y casi 70,000 casos de cáncer.

Tras combinar los resultados de los estudios individuales, una herramienta estadística que revela tendencias en la investigación, hubo buenas y malas noticias.

La buena noticia es que ser sedentario no pareció estar vinculado con todos los tipos de cáncer. Los científicos no hallaron una relación entre estar sentado y los cánceres de mama, ovario, testículo ni próstata, ni con cánceres del estómago, el esófago y los riñones, ni con el linfoma no Hodgkin.

La mala noticia es que sí pareció haber una relación constante entre las horas que se pasaba sentado y un mayor riesgo de cáncer de colon y de endometrio.

Las personas que pasaban más tiempo sentadas durante el día experimentaban un aumento del 24 por ciento de contraer cáncer de colon, frente a las personas que menos horas pasaban en una silla, según el estudio.

Cuando los investigadores observaron solo el tiempo que se pasaba viendo televisión, el riesgo aumentaba incluso más. Los que pasaban la mayor cantidad de horas pegados a la tele tenían un aumento del 54 por ciento en el riesgo de cáncer de colon, en comparación con los que menos televisión veían.

Esto podría deberse a que los televidentes consumen refrigerios y bebidas no saludables mientras ven televisión, planteó la autora del estudio, Daniela Schmid, epidemióloga de la Universidad de Ratisbona, en Alemania.

Para el cáncer de endometrio (o uterino), los riesgos fueron incluso más elevados. Hubo un aumento del 32 por ciento en el riesgo para las mujeres que más tiempo pasaban sentadas en comparación con las que menos tiempo pasaban, y un aumento del 66 por ciento entre las que más televisión veían, apuntaron los autores del estudio.

Además, cada aumento de dos horas en el tiempo que se pasaba sentado se vinculaba con un aumento del 8 por ciento en el riesgo de cáncer de colon y un aumento del 10 por ciento en el riesgo de cáncer del endometrio.

Los riesgos se mantuvieron incluso entre los "sedentarios activos", que son las personas que pasan algo de tiempo en el gimnasio pero que aún así están sentadas la mayor parte del día. Esto sugiere que el ejercicio regular no puede compensar los riesgos de pasar demasiado tiempo sentado, señalaron los autores del estudio.

Los hallazgos, publicados el 16 de junio en la revista Journal of the National Cancer Institute, tienen sentido para el Dr. Graham Colditz. Colditz es profesor asociado de prevención y control del Centro Oncológico Siteman de la Universidad de Washington, en St. Louis.

"Los niveles altos de azúcar en sangre y de insulina son una vía clara al cáncer de colon, y sabemos a partir de estudios de intervención que caminar reduce la insulina, y ponerse de pie después de las comidas reduce el azúcar en sangre, en comparación con permanecer sentado", apuntó Colditz, quien no participó en la investigación.

En cuanto al cáncer de endometrio, "la obesidad es una causa fenomenalmente potente. De hecho, es el principal factor de riesgo modificable del cáncer de endometrio", señaló.

"Para mí, el escenario más probable es que estar sentado, el aumento de peso y la obesidad realmente se combinan para exacerbar el riesgo de cáncer de endometrio", añadió.

Dado que los estudios incluidos en la revisión solo observaron relaciones amplias, no pueden probar que estar sentado en sí provoque cáncer. Pero los hallazgos parecieron ser sorprendentemente constantes en todos los estudios, de forma que Colditz opina que se deben tomar en serio.

Los autores del estudio se mostraron de acuerdo.

"Reducir la cantidad de televisión que se ve y el tiempo sedentario es igual de importante que hacerse activo", aseguró Schmid. "A los que tienen trabajos que les obligan a estar sentados en un escritorio la mayor parte del día, les recomendamos dividir el tiempo que pasan sentados al incorporar pequeños periodos de actividad ligera en la rutina diaria", agregó.

Alimentación y celulitis, ¿están relacionadas?

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

La celulitis afecta a 9 de cada 10 mujeres, que muchas veces intentan combatirla con dietas, métodos o suplementos ineficaces

Más que los muslos o las caderas, la celulitis invade las revistas de moda desde hace décadas, hasta el punto de que es extraño no hallar dicha palabra al pasar la vista por cualquier kiosco. Dado que hay datos que señalan que esta condición afecta a entre el 85% y el 98% de mujeres de todas las razas, se trata de una cuestión que debe abordarse con rigor, para evitar caer en las redes que pueden tendernos los muchos falsos gurús que abundan en el terreno de los tratamientos dietéticos sin fundamento. En este artículo se explica qué es la celulitis y cuál es la eficacia de ciertas dietas, alimentos o tratamientos para combatirla.

Qué es la celulitis

El diccionario (tesauro) de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos define la celulitis como "una inflamación aguda, difusa y supurativa de tejido conectivo laxo, en particular los tejidos subcutáneos profundos, y a veces musculares, que se observa con más frecuencia como resultado de la infección de una herida, úlcera u otras lesiones de la piel". Así pues, lo que el ciudadano medio conoce como "celulitis" no refleja la definición real de la palabra.

No obstante, la Real Academia Española (RAE) permite usar la palabra en el ámbito coloquial, si se hace referencia a la acumulación de grasa en ciertas partes del cuerpo, justo debajo de la piel. Diversos investigadores, en todo caso, coinciden en definir la celulitis como una alteración metabólica del tejido que hay debajo de la piel, que cambia la forma del cuerpo, además de dar una apariencia a la piel como de cáscara de naranja o de queso cottage. Afecta sobre todo a las mujeres y se suele localizar en los muslos o en las nalgas.

Dietas, alimentos o suplementos para combatir la celulitis

En el terreno de la dietética abundan propuestas que sugieren realizar cambios en la alimentación para abordar la celulitis. También hay alimentos, "plantas medicinales", "quemagrasas" o suplementos nutricionales a los que se les atribuye la fantástica capacidad de eliminar de forma localizada la grasa acumulada en diferentes partes del cuerpo. Nada de ello tiene sustento científico, tal y como detalló en diciembre de 2004 el doctor Mathew Avram en la publicación oficial de la Sociedad Europea de Dermatología Laser (Journal of cosmetic and laser therapy).

Muchas personas confunden el exceso de peso corporal (que supone un claro riesgo para la salud a largo plazo) con la celulitis. Es importante destacar que la obesidad no causa la celulitis: numerosas mujeres delgadas la presentan, mientras que solo se observa en muy pocos varones con obesidad. Sea como fuere, aunque no es necesario que la persona padezca obesidad para que exista celulitis, tanto el sedentarismo como el incremento de peso agravan el cuadro. A ello hay que sumar el efecto negativo de fumar o beber alcohol. Por tanto, tiene sentido hacer ejercicio y prevenir la obesidad, si se quiere evitar que aflore la celulitis o que empeore la ya existente. Diversos motivos explican por qué el sedentarismo agrava la celulitis, pero destacan dos:

1. Disminuye la masa muscular y aumenta la masa grasa.
2. Aumenta la flacidez de los tendones y músculos.

Ambas situaciones conducen a una menor eficiencia en el mecanismo de bombeo de sangre por parte de las extremidades inferiores, lo que aumenta las posibilidades de padecer celulitis.

Es posible que disminuir el peso corporal o realizar ejercicio físico mejoren la celulitis cuando está instaurada, pero no hay estudios bien diseñados que prueben que ello sea la solución (una cosa es prevenir una dolencia y otra muy distinta tratarla). De todas maneras, dado que la pérdida de peso disminuye la aparición de la celulitis (aunque no altera las razones fisiológicas que la causan), el primer paso para tratar esta dolencia es incrementar el ejercicio y seguir una dieta saludable, según Avram. Otros consejos para tener en cuenta son:
  • No usar a menudo zapatos de tacón alto.
  • Evitar el uso de prendas de ropa ajustadas.
  • No pasar largos periodos en una misma posición.

Celulitis: una amplia gama de tratamientos poco útiles

La gama de promesas para tratar la celulitis no acaba en los suplementos nutricionales o en las dietas milagro: se encuentran técnicas no invasivas (productos cosméticos, masajes manuales o mecánicos e incluso prendas de vestir), y también invasivas, tales como la liposucción. Así, muchos profesionales pueden intentar abordar la celulitis: cirujanos, masajistas, dietistas y, también, terapeutas alternativos. En 2011, Hexsel y Soirefmann, revisaron la eficacia de los tratamientos cosméticos o médicos para la celulitis. Su investigación, publicada en la revista Seminars in cutaneous medicine and surgery, concluyó que hay pocas evidencias clínicas que muestren mejoras constatables. Añaden un dato demoledor: ningún tratamiento ha mostrado ser capaz de resolver la celulitis.

Más reciente es una revisión sistemática de la literatura científica que ha querido averiguar si las conocidas cremas anticelulíticas son útiles. La ha llevado a cabo un equipo de investigadores italianos, que ha publicado sus resultados en enero de 2014 en la revista Journal of the European Academy of Dermatology and Venereology. El estudio ha concluido que estas cremas presentan una eficacia "moderada". Para ser más exactos, la reducción en la circunferencia del muslo tras usarlas se sitúa en los 0,46 centímetros, es decir, una disminución de menos de medio centímetro en el perímetro de los muslos. Algo para tener muy en cuenta antes de gastar tiempo, esperanzas y dinero en ellas.

14 de junio de 2014

Ácidos grasos omega-3: ¿dieta o suplementos?

Los ácidos grasos omega-3 son un grupo de ácidos grasos poliinsaturados que contribuyen a una variedad de funciones del organismo. Se encuentran en los alimentos de origen marino pero también en los aceites vegetales. En los últimos años han sido objeto de numerosos estudios de investigación y ya existen en el mercado productos alimentarios enriquecidos con ellos.

 Según explican en el sitio web del Centro Nacional de Medicina Complementaria y Alternativa de Estados Unidos las formas más comunes de omega-3, el ácido eicosapentanoico (EPA) y el acido docosahexanoico (DHA), se encuentran en alimentos de origen marino como el pescado graso (salmón, atún y trucha) y los moluscos (cangrejos, mejillones y ostras).

 Un tipo diferente de ácido omega-3 es el ácido alfa linolénico (ALA) que se encuentra en alimentos que incluyen algunos aceites vegetales como la colza y la soja, señalan desde la web estadounidense. Los americanos explican además que los omega-3 existen también en forma de suplementos dietéticos como por ejemplo suplementos de aceite de pescado que contienen EPA y DHA y suplementos de aceite de linaza que contienen ALA.

 Existen algunas evidencias sobre los beneficios para la salud de consumir alimentos marinos pero los beneficios para la salud de los suplementos dietéticos de omega-3 no están claros, añaden los especialistas.

 A continuación desde el Instituto Nacional de Medicina Complementaria y Alternativa de los Estados Unidos señalan 7 aspectos que se deberían conocer sobre los ácidos grasos omega-3:

1. Alimentos marinos y corazón

 Los resultados de estudios sobre dietas ricas en alimentos marinos (pescado y moluscos) y enfermedad cardiaca proporcionan algunas evidencias de que las personas que comen alimentos marinos al menos una vez a la semana son menos propensas a morir de enfermedad cardiaca en comparación con quienes rara vez o nunca los comen.
Las directrices estadounidenses sobre la dieta han incluido la recomendación de que los adultos coman durante la semana 226 gramos o más de una variedad de alimentos de origen marino ya que proporcionan una variedad de nutrientes, entre ellos los ácidos grasos omega-3.

2. Suplementos y enfermedad cardiaca

 Las evidencias sugieren que los alimentos marinos ricos en EPA y DHA deberían ser incluidos en una dieta saludable para el corazón, sin embargo, los suplementos de EPA y DHA no han mostrado ser protectores contra la enfermedad cardiaca.

 En 2012, dos grupos de científicos analizaron la investigación sobre los efectos de los suplementos de EPA/DHA sobre el riesgo de enfermedad cardiaca. Un grupo analizó estudios en los que participaban personas con antecedentes de enfermedad cardiaca y otro grupo analizó estudios en personas con y sin estos antecedentes. Ninguna revisión descubrió evidencias fuertes de un efecto protector de los suplementos.

4. Etapas vitales críticas

 El valor nutricional de los alimentos marinos es de particular importancia durante el crecimiento fetal y el desarrollo, así como en las primeras etapas de la infancia y la niñez.

 Las mujeres que están embarazadas o en etapa de lactancia deberían consumir entre 226 y 340 gramos por semana procedentes de una variedad de tipos de alimentos marinos que sean bajos en mercurio metilo como parte de un patrón de alimentación saludable y mientras que mantengan sus necesidades calóricas, señalan los expertos estadounidenses.

 Las mujeres embarazadas o lactantes deberían limitar la cantidad de atún blanco (bonito del norte) a no más de 170 gramos por semana, añaden. No deberían además tomar tiburón, pez espada o caballa porque son altos en mercurio metilo.

5. Salud del cerebro y los ojos

 Existe investigaciones en marcha sobre los ácidos grasos omega-3 y las enfermedades del cerebro y los ojos pero no existen suficientes evidencia para apuntar conclusiones sobre la eficacia de los omega-3 en los trastornos asociados. Aunque el DHA tiene importantes cometidos en el funcionamiento del cerebro y los ojos, los investigadores aún tratan de dilucidar los posibles beneficios del DHA y otros ácidos grasos omega-3 en la prevención o tratamiento de una variedad de trastornos del cerebro y los ojos.

6. Cáncer de próstata

 Existen evidencias en conflicto sobre si podría haber un vínculo entre los ácidos grasos omega 3 presentes en los alimentos marinos y el aceite de pescado (EPA/DHA) y un mayor riesgo de cáncer de próstata. Aún se está investigando dicha asociación entre el consumo de omega-3 y el mayor riesgo de cáncer de próstata.

7. Conclusión: dieta mejor que suplementos

 Incluir alimentos marinos en la dieta es saludable, concluyen los especialistas del Centro Nacional de Medicina Complementaria y Alternativa estadounidense. Sin embargo, señalan que aún está por confirmar si los suplementos de ácidos grasos omega-3 son beneficiosos.

 Los especialistas recomiendan hablar con un médico si se está considerando la idea de tomar suplementos de omega-3, sobre todo si se trata de una embarazada, mujer lactante, si se toman fármacos que afecten a la coagulación sanguínea, existe alergia a los alimentos marinos o se trata de un menor.

Tomado de: www.infosalus.com

Se insta a las mujeres embarazadas o que estén dando el seno a que coman más pescado

Elija los tipos de pescado con menos mercurio, como el bacalao, el salmón y la tilapia, aconsejan la FDA y la EPA

Las mujeres embarazadas o que estén amamantando deberían aumentar su consumo semanal de pescado, siempre y cuando tenga un bajo contenido de mercurio, según el nuevo consejo publicado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de los EE. UU. y la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de los EE. UU.

Las dos agencias recomiendan ahora que las mujeres coman un mínimo de 8 onzas (227 gramos) y un máximo de 12 onzas (340 gramos) a la semana de pescado bajo en mercurio, para respaldar el crecimiento y el desarrollo del feto. Eso equivale a dos o tres porciones.

Los niños pequeños y las mujeres que podrían quedar embarazadas también deberían intentar comer una cantidad similar de pescado cada semana, afirmaron las agencias en un nuevo borrador de recomendaciones nutricionales publicado recientemente.

Los beneficios nutricionales del pescado superan a las preocupaciones por el mercurio, han concluido las agencias.

"Durante años muchas mujeres han limitado o evitado el consumo de pescado durante el embarazo o dar de comer pescado a sus hijos pequeños", dijo el Dr. Stephen Ostroff, científico jefe en funciones de la FDA. "Pero la ciencia emergente nos dice ahora que limitar o evitar el consumo de pescado durante el embarazo y la primera infancia puede significar que se dejen de incorporar nutrientes importantes que pueden tener un impacto positivo sobre el crecimiento y el desarrollo, además de sobre la salud general".

Elizabeth Southerland, directora de la Oficina del Agua de la EPA, añadió que "ahora hay evidencias significativas de que el consumo de pescado puede beneficiar al crecimiento y al desarrollo del feto y de los niños pequeños incluso en el caso de que el pescado contenga metilmercurio, y que es mucho más probable que se produzca este efecto beneficioso que los daños a partir del metilmercurio".

Anteriormente, la FDA y la EPA recomendaban que este grupo de personas deberían consumir unas cantidades máximas de pescado, pero no recomendaron una cantidad mínima. Durante los últimos diez años, sin embargo, la ciencia emergente ha subrayado la importancia de la presencia de cantidades apropiadas de pescado en la dieta de las mujeres embarazadas y que estén lactando y de los niños pequeños, dijo la agencia.

El pescado contiene nutrientes importantes para el desarrollo de los fetos, los bebés que están siendo amamantados y los niños pequeños, según la FDA.

La FDA considera que el pescado y el marisco son una parte importante de una dieta sana, porque contienen proteínas de gran calidad y otros nutrientes necesarios, contienen un contenido bajo de grasa saturada y cuentan con ácidos grasos omega 3. Una dieta equilibrada que incluya una variedad de pescado y marisco puede mejorar la salud cardiaca y el crecimiento y el desarrollo adecuados de los niños.

Pero prácticamente todo el pescado y el marisco contienen trazas de mercurio. Para la mayoría de las personas, el riesgo a partir del mercurio no es una preocupación. No obstante, algunos pescados y mariscos contienen unos niveles altos de mercurio y podrían dañar el sistema nervioso en desarrollo de un bebé que todavía no ha nacido o de un niño pequeño. Los riesgos del mercurio del pescado y el marisco dependen de la cantidad de pescado y marisco que se ingiera y de los niveles de mercurio en el pescado y el marisco, según la FDA.

La FDA y los CDC afirmaron el martes que advierten a las mujeres embarazadas o que estén amamantando que eviten cuatro tipos de pescado asociados con unos niveles altos de mercurio. El tiburón, el pez espada, la macarela reina (caballa real) y el blanquillo pescados en el Golfo de México.

Además, el consumo de atún blanco debería limitarse a 6 onzas (170 gramos) a la semana.

El pescado recomendado con una cantidad menor de mercurio incluye los camarones, el abadejo, el salmón, el atún claro enlatado, la tilapia, el bagre y el bacalao. Estos pescados representan aproximadamente el 75 por ciento del mercado total en los Estados Unidos, indicó Ostroff.

Cuando coma pescado capturado en arroyos, ríos y lagos locales, siga las recomendaciones sobre el pescado de las autoridades locales. Si no se dispone de tales recomendaciones, la ingesta total debería limitarse a 6 onzas (170 gramos) a la semana para los adultos y a entre 1 y 3 onzas (28 y 85 gramos) para los niños, afirmaron las autoridades federales.

Las personas deberían comer varios tipos de pescado, tanto para mejorar los beneficios nutricionales como para minimizar aún más la posible exposición al mercurio, señaló Ostroff.

Un análisis de los datos de la FDA sobre el consumo de alimentos del mar de más de 1,000 mujeres embarazadas descubrió que el 21 por ciento no comieron pescado el mes anterior. Las que sí comieron pescado consumieron mucho menos de lo recomendado por las Directrices dietéticas para los estadounidenses de 2010, ya que el 50 por ciento consumieron menos de 2 onzas (57 gramos) a la semana y el 75 por ciento comieron menos de 4 onzas (113 gramos) a la semana.

Las agencias tendrán en cuenta los comentarios del público antes de realizar los cambios propuestos finales a las recomendaciones dietéticas.

La Dra. Ashley Roman es obstetra y ginecóloga del Centro Médico Langone de la NYU en la ciudad de Nueva York. Destacó que "el consumo de alimentos marinos durante el embarazo (y qué tipos de pescado y marisco se coman) ha sido un área de mucha confusión para las mujeres embarazadas. Esta nueva recomendación ayuda a enfatizar la importancia de los beneficios para la salud que pueden tener las mujeres a partir de los alimentos del mar en su dieta durante el embarazo (tanto para sí mismas como para el desarrollo del feto)".

Katherine Farrell Harris, directora de nutrición integrada de Advantage Care Physicians en la ciudad de Nueva York, comentó que "la mayoría de las mujeres saben que es importante consumir una cantidad suficiente de ácidos grasos omega 3 durante el embarazo para el desarrollo óptimo del cerebro. Aunque la mayoría de las mujeres saben que deberían consumir pescado, quizá no estén seguras de los tipos más seguros que tienen una cantidad pequeña del dañino mercurio y de PCB de la contaminación oceánica".

¿Sabes calcular tu nivel de hidratación?

Por MAITE ZUDAIRE / Tomado de: www.consumer.es

Para saber si la cantidad de agua que se bebe es suficiente, hay que considerar ciertas señales físicas y tener en cuenta la actividad que se realiza y el entorno

La insistencia de vigilar el nivel de hidratación puede parecer demasiado recurrente, sobre todo en los meses de verano. No obstante, este es un tema tan importante que justifica ser reiterativo. Una deficiente hidratación es la responsable de numerosos ingresos hospitalarios e incluso de una considerable cifra de fallecimientos, muchos de los cuales se podrían evitar. El siguiente artículo proporciona un método para conocer si se está haciendo una correcta hidratación y explica cuánta agua se necesita y por qué no todo es agua a la hora de hidratar, además de ofrecer cinco ideas prácticas para no deshidratarse.

El agua, siempre a mano

Recordar que debemos beber suficiente agua a lo largo del día parece obvio y, sin embargo, el 70% de las personas reconoce que no alcanza los 2 litros que el Observatorio de Hidratación y Salud (OHS) recomienda beber en circunstancias normales. Muchos se escudan en que están atentos a la sed, o en que se hidratan a través de los alimentos u otros líquidos. Incluso hay quienes abogan por beber solo cuando se tiene sed. Ambas posibilidades tienen sus fundamentos, porque cada individuo tiene necesidades diferentes. Según las circunstancias de salud o enfermedad, la necesidad de agua y líquidos varía.

Sea como sea, es importante para evitar riesgos adquirir el hábito de tener el agua a mano, sobre todo, en circunstancias excepcionales: días con mucho calor, cuando se realiza un esfuerzo físico extraordinario, si se es una persona mayor o cuando se está convaleciente, si se ha pasado una gastroenteritis o fiebre. Sabido esto, uno mismo, sin necesidad de protagonizar un capítulo de golpe de calor, puede testar si el agua y la ingestión de líquidos que hace al cabo del día alcanzan la cantidad correcta.

Cómo saber si se está o no bien hidratado

Para saber si estamos bebiendo la suficiente cantidad de agua y líquidos, o si incluimos alimentos ricos en agua que garantizan una correcta hidratación, debemos vigilar la orina. Es importante comprobar que orinamos, al menos, en cuatro ocasiones desde la mañana a la noche, así como asegurarse de que el color es amarillo pálido o claro. Si la orina es amarilla ocre o más oscura, y no se están tomando vitaminas o medicamentos que la afecten, se debe aumentar la ingesta de agua en dos vasos diarios durante cinco días hasta conseguir orinar al menos en cuatro ocasiones y lograr una pérdida de color y de olor.

A la observación de la orina, hay que añadir la conciencia de la propia realidad. Es decir, saber que los factores de la edad, del peso, de la altura, del sexo y del tipo de vida condicionan el uso que realiza el cuerpo del agua, así como la demanda de hidratación que precisa para mantener el ritmo. Una persona muy activa, que hace mucho gasto calórico, necesita mayores cantidades de agua para estar bien hidratada; una persona que lleve una vida sedentaria, al margen de condiciones atmosféricas, precisará mucha menos.

Hay que tener en cuenta que el primer signo de deshidratación es la sed, pero se puede no atender esa sed y olvidar la sensación y persistir la deshidratación. Puede padecerse dolor cabeza y fatiga, ante lo que deberíamos tomar la costumbre de beber dos vasos de agua, por si acaso. Si la deshidratación es severa, o el cuerpo está más débil y acusa más la desatención, pueden presentarse capítulos de taquicardias, escalofríos, náuseas e incluso llegar al desvanecimiento. Esto, por supuesto, hay que evitarlo, pero conviene saber que puede llegarse a este extremo y tomar medidas para que no suceda.

Cuánta agua se necesita

La cantidad de agua depende de la persona y de sus circunstancias físicas y ambientales (edad, actividad, temperatura, etc.). Lo principal es no olvidar que hay que beber agua. Habrá quienes estén acostumbrados a tomar varios vasos al día y alcancen la mítica cifra de dos o incluso tres litros, quienes limiten su ingesta a las cinco comidas o quienes deban recordar la importancia de beber un vaso, puesto que dejan pasar las horas y no tienen sed. Todos podrán superar con éxito el test de la orina. Pero hay que tomar agua en la vida cotidiana. Un buen hábito para comenzar el día es beber un gran vaso y una pieza de fruta. Así, con ese sencillo gesto, se garantiza una buena base de hidratación.

Si se altera la vida habitual, el ambiente e incluso la actividad cotidiana, seguro que también se variará la necesidad corriente de agua, por ello habrá que estar atento. Y no solo de nosotros mismos, sino también de las personas dependientes que tengamos alrededor (niños y personas mayores), que tienen menos capacidad de modificar hábitos y adoptar nuevos. Lo normal es que con los cambios aumente la necesidad de ingerir líquidos, lo que es una buena excusa para incrementar el consumo de frutas, verduras y preparados refrescantes. Las sopas son un modo de tomar más líquidos con sabor, y en el verano se puede optar por ofrecer a los niños sopas frías, batidos de frutas, sopas de fruta o un gazpacho recién hecho y servido bien fresco.

Hidratación, no todo es agua

Que el agua no es la única fuente de hidratación se entiende mejor si se mira su anverso, la deshidratación. Se puede tener un episodio de deshidratación por una pérdida de agua o una pérdida mayor de electrolitos (sobre todo, sodio). Una deshidratación por pérdida de agua suele ser consecuencia de una insolación, un capítulo febril, un caso de gastroenteritis o la desatención a la sed. Se habrá desatendido la correcta hidratación por no haber tomado la suficiente agua ni suficientes líquidos. Pero también se puede errar en el cálculo de la hidratación sufriendo una pérdida de sales minerales y de sodio. No tiene que ocurrir, salvo si se padece gastroenteritis o se trabaja en condiciones extremas de calor o frío, o se equivoca y no se atiende la demanda de sales al efectuar ejercicio físico.

7 de junio de 2014

El tiempo se frena comiendo

"Los antioxidantes son moléculas capaces de retardar o prevenir la oxidación de otras moléculas producida por la acción de los radicales libres. En otras palabras: mantienen jóvenes los tejidos de la piel", explica Concepción Vidales, doctora nutricionista y autora de "Zumoterapia" (Cúpula). Esto se nota por fuera (con menos arrugas y una piel más luminosa) y por dentro, ya que nuestros órganos están más fuertes y pueden, por lo tanto, enfrentarse mejor a las agresiones externas que provocan enfermedades.

Por qué son buenos

Los antioxidantes, que se encuentran en alimentos de origen vegetal, tienen un impacto positivo en la salud. "Estas sustancias actúan reduciendo algunos impactos ambientales negativos y previendo la aparición de diversas enfermedades de evolución crónica, entre ellas, la obesidad, las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes, las cataratas, la osteoporosis, algunas enfermedades neurodegenerativas y diversos trastornos digestivos", apunta la nutricionista María Astudillo, de la clínica dietética Alea, en Barcelona.

Algunos alimentos con antioxidantes

Según la Dra Vidales, una dieta antioxidante es aquella que incluye frutas y verduras (si son frescas mejor) de 3 a 5 raciones/día, pescado azul (2 veces/semana), legumbres (1-2 veces/semana), frutos secos (30 g/día) y aceite de oliva (2 o 3 cucharadas/día para cocinar y aliñar).

Entre los alimentos antioxidantes que ayudan a neutralizar esos radicales libres causantes del daño celular, encontramos:

- Tomate, sandía, zanahoria y cítricos: es decir, frutas y verduras de colores anaranjados o rojos ricos en betacaroteno y licopeno, que nos protege contra enfermedades cardiovasculares y contra distintos tipos de cáncer (próstata, cérvix, mama, pulmón, faringe, esófago, estómago, páncreas, colon y recto).
- Brócoli y espinacas: contienen luteína y zeaxantina, dos propiedades que previenen las cataratas y la degeneración macular asociada a la edad.
- Uva, fresa, cebolla, manzana, apio y té verde: son fuente de flavonoides, que nos protegen contra el cáncer, las enfermedades coronarias y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

"Una manera sana fácil y cómoda de incluir antioxidantes –explica la Dra Vidales– es tomar frutas y verduras licuadas en zumos, así de un sorbo casi nos habremos tomado las recomendaciones de raciones diarias.

Más guapos por fuera... y por dentro

La acción de los compuestos antioxidantes ocurre a nivel molecular, ya que "cambian el metabolismo del colesterol, reducen la presión arterial y tienen un efecto antibacteriano y antiviral, entre otros", explica Astudillo. Esto se traduce en una mayor salud: el cuerpo está mas sano y más fuerte, y esto lo protege de enfermedades metabólicas, bacterianas y víricas: "Nos hacen envejecer mejor... al estar más sanos nuestro cuerpo sufre menos y presentamos un mejor aspecto".

¿Existen contraindicaciones?

Que los antioxidantes sean beneficiosos para nuestra salud no significa que debamos componer nuestra dieta únicamente de alimentos que los contengan. "Ningún alimento nos proporciona una salud de hierro. No porque el tomate o el apio, por ejemplo, contengan sustancias beneficiosas para la salud, hemos de tomarlo en cantidades exageradas", explica Astudillo. La clave, como aconsejan los nutricionistas, es una dieta sana y equilibrada.

Tomado de: www.larazon.es

Más evidencia vincula una mala dieta con el nacimiento prematuro

Las mujeres con unas dietas malas antes del embarazo son más propensas a dar a luz de forma prematura que las mujeres que tienen dietas saludables, confirma un nuevo estudio australiano.

"El nacimiento prematuro es una causa importante de enfermedades y muertes infantiles, y ocurre en aproximadamente uno de cada diez embarazos en todo el mundo", afirmó la autora principal del estudio, la Dra. Jessica Grieger, miembro postdoctoral de investigación del Instituto de Investigación Robinson de la Universidad de Adelaida. "Todo lo que podamos hacer por comprender mejor las condiciones que conducen al nacimiento prematuro será importante para ayudar a mejorar la supervivencia y los resultados de salud a largo plazo para los niños".

La investigación no prueba que unos hábitos alimenticios malos provoquen directamente los nacimientos prematuros, pero amplía la evidencia que vincula a las dos cosas.

Los hallazgos, que serán publicados en la edición impresa de julio de la revista Journal of Nutrition, se basan en un análisis de las dietas de más de 300 mujeres australianas. Los investigadores se enfocaron en las dietas en los 12 meses antes de la concepción.

"En nuestro estudio, las mujeres que comían alimentos ricos en proteínas que incluían carnes magras, pescado y pollo, además de fruta, granos integrales y verduras, tenían un riesgo de parto prematuro significativamente más bajo", señaló Grieger en un comunicado de prensa de la universidad.

"Por otro lado, las mujeres que consumían sobre todo alimentos discrecionales, como [comida para llevar], papitas, pasteles, galletas y otras comidas ricas en grasa saturada y azúcar eran más propensas a que sus bebés nacieran de forma prematura", añadió.

Consumir dos o más porciones de pan blanco al día aumenta el riesgo de obesidad en un 40%

Un nuevo estudio realizado por la Universidad de Navarra dentro del proyecto SUN (Seguimiento Universidad de Navarra) pone de manifiesto que el consumo de dos o más raciones al día de pan blanco (cada ración son 3 rodajas) incrementa el riesgo de sobrepeso/obesidad en un 40 por ciento, en comparación con quienes optan por reducir este consumo a una ración por semana.

 Los resultados se han dado a conocer por los profesores Miguel A. Martínez-González y Maira Bes-Rastrollo, de Medicina Preventiva y Salud Pública, en el transcurso del Congreso Europeo sobre la Obesidad, celebrado en Sofía, Bulgaria. Ambos investigadores están integrados en el Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBER-OBN), según ha informado la Universidad de Navarra en una nota.

 Pocos estudios han investigado la relación entre el pan y la obesidad. En esta investigación, los autores evaluaron la relación entre el pan blanco y el cambio de peso en una cohorte mediterránea de España, donde el pan blanco es el alimento básico.

 Los investigadores siguieron a un total de 9.267 graduados universitarios del proyecto SUN durante un periodo medio de 5 años. Al inicio del estudio se tuvieron en cuenta los hábitos alimentarios realizando un cuestionario validado de frecuencia de alimentos.

 Los resultados mostraron que el consumo en conjunto (pan blanco y pan integral) no se asoció con un mayor aumento de peso. Por el contrario, la ingesta de únicamente pan blanco se asoció directamente con un mayor riesgo de sobrepeso y obesidad.

 Así, los participantes que consumían dos o más raciones al día eran 40 por ciento más propensos a desarrollar este trastorno que los que tomaban una ración por semana o menos.

 No se observó asociación significativa entre el consumo de pan integral y el sobrepeso/obesidad. "La naturaleza de los hidratos de carbono, el contenido de fibra y otros micronutrientes en el pan integral y la absorción más lenta de carbohidratos pueden explicar la falta de asociación entre el consumo de éste y la obesidad ", según concluyen los autores.

Tomado de: www.infosalus.com

A dieta para siempre: ¿existen los dietadictos?

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

La presión social para conseguir un peso ideal y un cuerpo perfecto, sumada a los sentimientos de culpa por no dar la talla, empuja a miles de personas a decir que están a dieta

Muchas personas engordan por culpa de seguir una y otra vez regímenes para perder peso, en ocasiones muy severos. Aunque parezca una paradoja, hay diversas explicaciones que justifican esta observación, tal y como se detalló en el artículo 'Hacer dieta puede engordar'. Ahora bien, ¿qué se entiende en la actualidad cuando se afirma "estar a dieta"? ¿Cuál es el perfil de los dieters, o personas que están siempre a régimen? ¿Por qué hay tantas personas a dieta? ¿Nos hemos vuelto "dietadictos"? El presente artículo busca las respuestas a estas preguntas para entender mejor uno de los comportamientos alimentarios más habituales de los siglos XX y XXI.

¿Es sano "estar a dieta"?

La literatura científica hace referencia a los dieters (un anglicismo que se traduciría como "personas a dieta") como individuos que realizan esfuerzos intencionados y sostenidos para tomar menos calorías, con el objetivo de bajar de peso o mantener la pérdida que han conseguido. No obstante, el concepto "ponerse a dieta", tal y como lo conoce la población, no solo es poco eficaz para disminuir el peso corporal, sino que se puede asociar a patrones de alimentación desequilibrados o incluso a trastornos de la conducta alimentaria.

Por desgracia, la mayoría de los dieters no cumple con éxito su objetivo, tal y como detalló en abril de 2008 la dietista-nutricionista Eileen Vincent en la revista Journal of the American Dietetic Association. Una investigación publicada en el mismo número de la revista constató que los dieters son, en general, personas que focalizan sus esfuerzos en el autocontrol, pero que fracasan una y otra vez debido a que no logran hacer cambios sostenidos en sus hábitos. Algo que, como es de esperar, supone una gran fuente de infelicidad y un perjuicio en la calidad de vida.

"Dieters" del siglo XXI, menos restrictivos que antes

Datos más recientes, como los publicados por la doctora Denise de Ridder y colaboradores en Appetite, señalan que, en realidad, quien hoy se define como dieter ("estoy a dieta") no siempre realiza disminuciones en las calorías consumidas, a diferencia de lo que ocurría en décadas anteriores. En muchos casos se trata de "un vago deseo de hacer algo". Así, hoy por hoy, un gran número de dieters no tiene una genuina voluntad de comer menos. Es decir, son personas preocupadas por la ingesta de alimentos, sin que ello se traduzca siempre en una restricción calórica. Es posible, para los autores, que ello justifique la falta de éxito en estas personas a la hora de perder peso. Sea como fuere, el estudio ofrece un dato preocupante: un 63% de su muestra (adultos de los Países Bajos) se define como persona que está a dieta.

¿Por qué tanta gente dice "estoy a dieta"?

La doctora Denise de Ridder y sus colaboradores no descartan los intereses privados cuando se trata de explicar ese amplio porcentaje de personas adultas que están, o dicen estar, "a dieta". Son esos intereses que hablan del "peso ideal" (denostado por las autoridades sanitarias) para embaucar al máximo número posible de personas con tratamientos caros, difíciles de integrar en el día a día y faltos del mínimo rigor científico. Ello conduce a una moralización del peso corporal y de la apariencia física, que termina por calar en una población que siente su supuesta mala alimentación o su (también supuesto) exceso de peso como algo vergonzoso. Un dilema que se puede resolver si se dice que se está a dieta, para alejar los sentimientos de culpa.

Además, en muchas ocasiones los profesionales sanitarios contribuyen a dificultar un buen abordaje de la pérdida de peso, lo que fomenta los sentimientos de culpa del paciente, que a su vez derivarán en la necesidad de escudarse detrás del adjetivo dieter. Así, pese a las entidades de referencia en nutrición son contrarias a la prescripción de dietas muy restrictivas, todavía existen numerosos terapeutas que las pautan, tal y como mostró la Revista Médica Suiza en marzo de 2012. En el texto, la dietista-nutricionista Véronique Pidoux y sus colaboradores observaron, por una parte, que en muchos casos las prácticas no han seguido el ritmo de las recomendaciones de los últimos años. Los resultados de los antiguos enfoques centrados en disminuciones drásticas en la ingesta de calorías han sido, en la mayoría de los casos, mediocres. Por otra parte, los investigadores señalan que los efectos perjudiciales (físicos y psicológicos) de esas prácticas desfasadas son bien conocidos, por lo que debe observarse no solo la vulneración de aspectos médicos, sino incluso los relacionados con la ética profesional.

El fomento de la culpa: un nuevo peso en nuestro entorno obesogénico

Es posible que decir "estoy a dieta" aleje ciertos sentimientos de culpa en algunas personas, aunque eso no le pasará a todas. Asimismo, entre quienes se definen como dieters están quienes, por supuesto, sí reducen la ingesta calórica. Por tanto, un gran número de individuos tendrá problemas psicológicos o caerá en el efecto yoyó, es decir, en un aumento de peso a causa de la restricción calórica.

Es por ello que Ridder y colaboradores se permiten añadir un nuevo ítem a nuestro entorno obesogénico (que contribuye a la ganancia de peso). Además de los ya conocidos, como la dificultad de realizar ejercicio o la omnipresencia de alimentos insanos, el ítem que añaden los investigadores es el fomento (casi siempre interesado) de preocupaciones sobre la comida o sobre el peso corporal, que lleva a numerosas personas a definirse como dieters debido a que se sienten incapaces de hacer frente a tales preocupaciones. En este sentido, vale la pena concluir con unas palabras de estos expertos: "Centrarse en el peso y utilizar prácticas restrictivas en personas que sufren obesidad es contraproducente y conduce a problemas nutricionales y psicológicos [...]. En todos los casos, el objetivo debe ser tratar de mejorar la salud general y la calidad de vida del paciente".