25 de julio de 2014

Una dieta alta en sal duplica el riesgo de enfermedad cardiovascular en diabéticos

Las personas con diabetes tipo 2 que consumen una dieta alta en sal presentan el doble de riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular que aquellas que ingieren menos de sodio, según alerta un nuevo estudio publicado en ´Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism´. La diabetes se produce cuando hay un exceso de azúcar en la sangre y las personas desarrollan esta condición cuando sus cuerpos se vuelven resistentes a la hormona insulina, que lleva el azúcar de la sangre a las células.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, alrededor de 29,1 millones de estadounidenses tienen alguna forma de diabetes, una población que se encuentra en riesgo de enfermedad cardiaca. Entre 2003 y 2006, las tasas de mortalidad por enfermedades cardiovasculares fueron aproximadamente 1,7 veces mayores entre los adultos diagnosticados con diabetes que en los que no lo estaban, según el ´Informe Nacional de Estadística de la Diabetes 2014´ de los CDC.

"Los resultados del estudio proporcionan evidencias científicas claras que apoyan las dietas bajas en sodio para reducir la tasa de enfermedades del corazón en las personas con diabetes", sentencia el autor del trabajo, Chika Horikawa, de la Universidad de la Prefectura de Niigata, en Niigata, Japón. "Aunque muchas directrices recomiendan que las personas con diabetes reduzcan su consumo de sal para disminuir el riesgo de complicaciones, este trabajo es uno de los primeros grandes estudios longitudinales que demuestra los beneficios de una dieta baja en sodio en esta población", subraya.

Los participantes de la cohorte de estudio de todo el país encuestados en el ´Estudio de Japón sobre Complicaciones de la Diabetes´, que tenían entre 40 y 70 años y habían sido diagnosticados con la patología, fueron localizados en los 59 centros ambulatorios y universidades de todo Japón. Un total de 1.588 personas respondieron a una encuesta sobre sus dietas, incluyendo la ingesta de sodio, y los científicos revisaron los datos sobre las complicaciones cardiovasculares que experimentaron los participantes a lo largo de ocho años.

Los investigadores dividieron a los pacientes en cuatro grupos en función de su consumo de sodio y detectaron que los que consumían una media de 5,9 gramos de sodio al día presentaban el doble de riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular que los que comían, en promedio, 2,8 gramos de sal diarios. Los efectos de una dieta alta en sodio se agravan por un mal control de azúcar en la sangre.

"Reducir el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular es importante para que las personas que tienen diabetes tipo 2 mejoren el control de azúcar en sangre, además de vigilar su dieta", aconseja Horikawa. "Nuestros hallazgos demuestran que la restricción de sal en la dieta podría ayudar a prevenir las complicaciones peligrosas de la diabetes", concluye.

Vuelta a la dieta de los aztecas

Diversos informes apuestan por el consumo de alimentos de la dieta precolombina. Presentan un elevado valor nutricional con un alto contenido en antioxidantes naturales.

Alimentos precolombinos

Elementos de la dieta tradicional azteca en la era precolombina, como las semillas de chia, los granos de quinoa y los frutos del cactus de nopal podrían volver a ponerse de moda más de 500 años después. Según recogen varios estudios recopilados por el centro tecnológico Ainia, estos elementos podrían aglutinar gran cantidad de propiedades nutritivas beneficiosas para el organismo.

¿Qué tienen de especial? 

En el caso del cactus de nopal, el principal punto de interés dietético proviene de sus frutos. Su alto contenido en antioxidantes (como flavonides, polifenoles, vitamina C y betalanina), en minerales esenciales (como el potasio, el calcio y el magnesio) y su alto porcentaje de fibra dietética, forman sus principales avales. Por otro lado, a la industria alimentaria también le resultan de interés los niveles inusualmente elevados de taurina, un componente muy presente en las principales bebidas energéticas como el Red Bull, que pueden encontrarse en las frutas de ésta especie de cactus. Además, la taurina es un aminoácido condicionalmente esencial que juega un papel importante en diversos procesos bioquímicos del cuerpo humano. En el caso de las semillas de chia, su interés radica en su elevado contenido en fibra, proteínas y ácidos grasos Omega 3. Según señalan los expertos, la chia (también conocida como Salvia Hispánica) puede incorporarse directamente a la dieta o pueden extraerse sus propiedades de las semillas para incluirlas en otros alimentos, como por ejemplo aceites. Finalmente, la quinoa (también denominada quinua) cuenta con ocho aminoácidos esenciales y se consume en forma de harina a partir de sus granos tostados. Además, presenta grandes cantidades de magnesio y resulta útil para tratar dolencias como la ansiedad, la osteoporosis, la diabetes y la migraña.

¿Dónde se utilizan? 

Además de la forma de consumo tradicional que persiste en gran parte de América latina, estos alimentos se utilizan en la elaboración de snacks, sodas, zumos, bebidas refrescantes y bebidas energéticas. Más allá del mercado latinoamericano, los países donde más se utilizan son Estados Unidos, Polonia, Italia y Alemania.

Tomado de: www.elmundo.es

19 de julio de 2014

Algo "bueno" del sobrepeso


Dos estudios analizan por qué las personas con exceso de peso pueden tener un menor riesgo de morir después de operaciones por enfermedades cardiovasculares

Décadas de estudio no dejan lugar a dudas: el sobrepeso está asociado a muchas enfermedades. Sin embargo, datos recientes muestran lo difícil que es generalizar cuando se trata de salud humana. Algunos análisis muestran, por ejemplo, que un 10% de los obesos en España no sufren enfermedades como hipertensión, obstrucción arterial o diabetes como cabría esperar por su condición. Ahora, un amplio análisis de estudios sobre la relación entre sobrepeso y mortalidad por problemas cardiovasculares indica que estar pasado de kilos (al menos según los criterios del índice de masa corporal (IMC)) puede ser un factor positivo en algunos casos.

Los autores de este trabajo, que se publica en la revista Mayo Clinic Proceedings, determinaron que las personas con un IMC bajo (menos de 20 kg/m2) en pacientes con enfermedades coronarias a los que se había realizado una operación de revascularización (aplicadas para reparar obstrucciones de las arterias introduciendo una nueva vía sana para que circule la sangre) tenían un riesgo entre 1,8 y 2,7 veces superior de infarto de miocardio y de mortalidad cardiovascular general que la media. Por su parte, las personas con sobrepeso (un IMC de entre 15 y 30 kg/m2) tenían un menor riesgo de muerte tras las intervenciones que las personas con IMC normal (20-25 kg/m2). Incluso las personas obesas (a partir de 30 kg/m2), la mortalidad era entre un 27 y un 22% inferior a las personas con peso normal.

Las explicaciones para este fenómeno pueden ser varias. Por un lado, los pacientes con mayor sobrepeso eran más jóvenes que los de peso normal debido a que las enfermedades cardiovasculares que requieren cirugía se presentan antes en los primeros. Otra de las posibilidades que plantean los autores del estudio, dirigidos por Abhishek Sharma, investigador de la Universidad del Estado de Nueva York, es que a los pacientes con sobrepeso se les realice la operación con mayor diligencia y que después reciban más medicamentos cardioprotectores. Además, plantean que estas personas tienen una reserva metabólica más elevada que las de peso normal, una característica que puede ser protectora en algunas enfermedades coronarias.

En un segundo estudio que se publica en la misma revista, otro grupo de investigadores ha estudiado la paradoja de la obesidad desde otra perspectiva. Muchos expertos cuestionan la validez del índice de masa corporal para conocer la relación entre el peso y el estado de salud de una persona. Un equipo dirigido por Carl Lavie, de la Universidad de Queensland en Nueva Orleans (EEUU), examinó en 48.000 pacientes la masa corporal sin grasa.

En este caso, se observó que una mayor masa magra estaba relacionada con un 29% menos de mortalidad. La masa grasa, por su parte, también suponía una ventaja, en principio, pero cuando se ponía en relación con la materia no grasa, desaparecía la ventaja. Estos resultados sugieren que tener un mayor tamaño ofrece ventajas respecto a la probabilidad de supervivencia, pero esa ventaja llegaba de la masa no grasa.

Los resultados de estos dos análisis pueden ayudar a comprender mejor por qué, en algunos casos, un peso elevado puede ser beneficioso, pero el consenso científico sigue señalando al sobrepeso como un peligro grave para la salud. Un reciente estudio dirigido por Javier Martín, del hospital Severo Ochoa de Madrid, indicaba que el exceso de peso contribuye a matar a una persona cada 20 minutos en España, desencadenando más de 25.000 muertes en total cada año, un 15% del total de muertes en el país.

Tomado de: www.larazon.es

El consumo de café, la mejor manera de prevenir el cáncer

El consumo moderado de café podría reducir el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer el de colon, próstata, gástrico, endometrio y bucofaríngeo según han mostrado diversos estudios internacionales publicados recientemente en las revistas 'American Journal of Epidemiology', 'Public Health Nutrition' o el 'Journal British of Cancer'. En concreto, una investigación realizada en Singapur examinó la relación entre consumo de café y riesgo de cáncer gástrico, en una población de 63.257 personas, mostrando que el consumo diario de esta bebida puede reducir el riesgo de este tumor en poblaciones de alto riesgo, especialmente en el caso de las mujeres.

Asimismo, un estudio publicado en 'American Journal of Epidemiology', llevado a cabo en Estados Unidos a 968.432 personas que al inicio del estudio no padecían cáncer, analizó la relación entre el consumo de café con la mortalidad provocada por el cáncer bucofaríngeo. De esta forma, los expertos comprobaron que la ingesta de más de 4 tazas de café diarias se vinculó con una reducción del 49 por ciento en el riesgo de muerte por cáncer bucofaríngeo, en comparación con los no consumidores o consumidores ocasionales de café.

Además, según un meta-análisis publicado en la revista 'Public Health Nutrition', que analizó los datos procedentes de 41 estudios, el consumo de café podría también reducir significativamente el riesgo de cáncer colorrectal y de colon.

Próstata y endometrio

Con respecto al cáncer de próstata, un reciente meta-análisis ha mostrado que los bebedores de café tienen un riesgo menor de padecer cáncer de próstata que los no bebedores. También, una investigación, publicada en 'British Journal of Cancer' y realizada en la ciudad de Ohsaki (Japón), ha comprobado la relación que existe entre el consumo de café y el riesgo de cáncer de próstata, mostrando que la ingesta de café está inversamente relacionada con la incidencia de cáncer de próstata. Resultados similares se han desvelado en un estudio publicado en 'Annals of Oncology', los cuales han señalado que, para los casos de cáncer de próstata localizado, cada taza de café adicional al día reduce el riesgo en un 3 por ciento y para cáncer avanzado y mortal, un 2 por ciento.

Del mismo modo, otro estudio ha analizado la relación entre el consumo de café previo al diagnóstico de cáncer de próstata y el riesgo de progresión o recaída del tumor, comprobando que el consumo de café está vinculado a un menor riesgo de progresión o recaída. Sobre el cáncer de endometrio, las investigaciones también han sugerido que el consumo de café está vinculado a un menor riesgo de padecerlo. Así, los datos de un estudio realizado a 45.696 mujeres postmenopáusicas, de las que 427 padecieron cáncer endometrial, ha sugerido que el consumo de café puede estar relacionado con un menor riesgo este tumor en mujeres obesas postmenopáusicas. También un estudio publicado en 'British Journal of Cancer' ha demostrado que el café podría tener un efecto protector frente al cáncer endometrial de tipo I en mujeres postmenopáusicas obesas.

Finalmente, una investigación prospectiva que ha evaluado el consumo de café y su relación con el cáncer endometrial, tomando como base el 'Nurse's Health Study', ha indicado que un consumo inferior a 4 tazas de café diarias no tenía relación con el riesgo de cáncer endometrial. Sin embargo, aquellas mujeres que consumían 4 o más tazas de café diarias tenían un riesgo un 25 por ciento menor de padecer este tumor que aquellas que consumían menos de una taza al día.

Tomado de: www.larazon.es

Las tres verdades más debatidas sobre la alimentación

 Por MAITE ZUDAIRE  / Tomado de: www.consumer.es

La nutrición es una ciencia joven que trabaja en desterrar mitos y persigue evidencias científicas, pero todavía no tiene todas las respuestas

Hace unos años se puso en entredicho el consumo de pescado azul, a causa de su alto contenido graso. Hoy se sabe con certeza que es rico en salud, en ácidos grasos omega 3 que protegen contra las enfermedades cardiovasculares. No es el único ejemplo de cambio de perspectiva. Cuando se cuestionan las verdades en nutrición, también se recuerda la época en que se proclamó la guerra contra el aceite de oliva, o el tiempo en que los huevos tuvieron que hacer frente a la mala fama que le adjudicaba altos índices de colesterol malo. En estos casos, la ciencia zanjó las discusiones. En otros, todavía hay polémica. A continuación se reseñan tres cuestiones sobre alimentación que aún son objeto de controversia: la leche, las frutas y verduras y el agua.

La leche como alimento de consumo diario

La importancia de la leche en la dieta radica en su capacidad para ser fuente de calcio, de la que nadie duda, aunque se apunta que la cantidad pueda estar sobreestimada. No obstante, hoy en día existe una fuerte discusión entre quienes apuestan por sacarla de la dieta adulta en su totalidad, y entre quienes defenestran cualquier duda sobre la bondad de la leche. Sea como sea, el debate está vigente (y es encendido), por lo que hay razones y conclusiones para todos los gustos. El argumento contrario afirma que el ser humano es el único mamífero que toma leche al dejar atrás su desarrollo. Pero se contrarresta con una afirmación muy simple: también es el único que cocina.

Aun así, el debate es mucho más profundo, complejo y riguroso, por lo que aventurarse a apoyar una sola postura carece de sentido. El objetivo es conocer desde la ciencia la relación entre el consumo diario de la leche y su efecto en la salud, positivo o negativo. Los datos señalan que se han incrementado los casos de intolerancia a la lactosa, de alergias a la caseína y de histaminosis alimentaria no alérgica a la leche (o, al menos, ha aumentado el diagnóstico de los casos). De ahí la importancia de llegar hasta el final para resolver las incertidumbres, antes de tener que hacer frente a las citadas patologías o a la deficiencia de calcio en el organismo.

La Escuela de Salud Pública de Harvard, en su afán de marcar pautas con base científica, recuerda que la leche y los lácteos en general no son la única fuente de calcio. En su divulgación ofrece el recurso de obtener calcio de otras fuentes con otros alimentos. Están las verduras de hoja verde, como el brócoli (que también es rico en vitamina K, nutriente esencial para la salud ósea), los frutos secos (almendras, avellanas, sésamo y productos derivados como el tahini) y pescados de los que se come la espina (sardinas en lata), entre otros. También se pueden confeccionar platos vegetarianos ricos en calcio.

Cinco raciones de fruta y verdura al día

Cinco verduras y frutas a diario, todos los días, es un objetivo ambicioso que parece inalcanzable (si bien es un mínimo, no un máximo). Pero la literalidad de esta afirmación ayuda a visualizar un tipo de menú, una confección de una dieta, en la que la presencia de frutas y de verduras debe imponerse. El número 5 sirvió como eslogan y como promoción, pero la Organización Mundial de la Salud (OMS), consciente de que la cantidad no se cumple en muchas familias, ha marcado un mínimo de 400 gramos de frutas y hortalizas frescas diarias. Estas campañas también valen para llamar la atención de que el consumo de vegetales está muy lejos de ambas propuestas.

La discusión está en la cantidad y en las fórmulas necesarias para promocionar el hábito diario, puesto que nadie duda de los beneficios de las frutas y las verduras. Aquí las corrientes pugnan por convencer y enseñar, y no se anulan unas propuestas a otras, sino que se potencian entre ellas. Las hay que ofrecen ayuda para hacerles tiempo y espacio en la dieta, las que otorgan atractivo a estos alimentos básicos y destacan su colorido, además de las líneas que insisten en limitar el consumo a los productos de temporada. También se destaca la necesidad de mostrar la importancia de comer la fruta y no beberla (aunque si se opta por zumo, mejor que sea natural) y se enseña a innovar con las verduras.

En definitiva, en este momento nadie duda sobre los beneficios de una dieta rica en fruta y verdura, pero se está cuestionando el número que se recomienda. Tal y como queda reflejado en "Los 12 pasos para una alimentación más sana" de la OMS, la cifra más popular de ahora en adelante será la de 400 gramos de frutas y verduras, en consonancia con el documento Salud 21 de la Región de Europa. El reto está en comunicar y definir, visualizar y aprender a incluir 400 gramos de verduras y de frutas frescas a lo largo del día.

¿Cuánta agua hay que beber al día?

La creencia de que es necesario beber dos litros de agua al día no tiene fundamento científico. Así de contundente se mostró el experto Spero Tsindos de la Trobe University (Melbourne, Australia) y sus palabras fueron aplaudidas por científicos de todo el mundo. También la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (AESAN) indicó que, si bien el consumo de agua de un adulto debía rondar los tres litros al día, la mitad debería provenir de los alimentos ingeridos, en especial de frutas y verduras. Sin embargo, todavía perduran las voces científicas competentes que apuestan por la necesidad de alcanzar la ingesta de, al menos, dos litros bebidos de agua. Aquí surge de nuevo la polémica.

De lo que nadie duda es de la necesidad de conseguir una buena hidratación diaria, de la vulnerabilidad especial de los niños y de los adultos mayores. Pero se está dejando en suspenso la bondad del hábito, tan extendido y tan imitado, de tener siempre una botella a mano para lograr un determinado número de litros.

Para adaptarse a las necesidades reales y alejarse de una moda, se ha comenzado a enseñar a calcular el índice individual de hidratación, que no es más que tomar consciencia de la importancia de no correr el riesgo de deshidratarse. En definitiva, el agua es imprescindible en la dieta. Es lo que mejor calma la sed, y si se tienen dudas sobre qué bebida elegir, es suficiente analizar las características de sus sustitutos, como los refrescos con gas, para inclinarse por la sencillez del H2O. Sin embargo, la máxima de alcanzar dos litros todavía no tiene suficiente fundamento científico. Habrá que esperar un poco más para saber la cantidad exacta.

Una persona, una dieta, una salud

En la investigación científica se buscan confirmaciones irrefutables que responden a preguntas concretas. Las conclusiones son aplicables sin condiciones. Sin embargo, en la alimentación y en la salud, el comportamiento de las personas es muy complejo. Por ello, hay que huir de generalidades o de aplicaciones colectivas de medidas individuales. Los nutrientes son fórmulas químicas, sin embargo, las personas no lo son. Cada persona tolera los alimentos de diferente manera. Las pautas generales ayudan a marcar un camino, y sin salirse de él, cada cual necesita descubrir cuál es la compañía que mejor le conviene. Como en la vida, hay elementos que suman y otros que restan.

El estrés podría hacer que se atiborre de galletas

El estrés puede ralentizar el metabolismo de una mujer y conducir al aumento de peso, sugiere una investigación reciente.

El estudio incluyó a 58 mujeres con una edad promedio de 53 años a quienes se preguntó sobre los niveles de estrés el día anterior y a quienes luego se suministró una comida que incluía 930 calorías y 60 gramos de grasa. Los investigadores de la Universidad Estatal de Ohio midieron cuánto tiempo tardaron las mujeres en quemar esas calorías y grasa.

En promedio, las mujeres que habían tenido uno o más eventos estresantes en las 24 horas anteriores quemaron 104 calorías menos en las siete horas tras comer la comida que las que estuvieron libres de estrés.

A diario, esa diferencia podría acumularse en un aumento de peso de casi 11 libras (5 kilos) al año, advirtieron los investigadores.

Las mujeres estresadas también tenían unos niveles más altos de la hormona insulina, que contribuye al almacenamiento de la grasa, según el estudio, que aparece en la última edición de la revista Biological Psychiatry.

Los hallazgos muestran que "con el tiempo, los factores estresantes podrían conducir al aumento de peso", aseguró en un comunicado de prensa de la universidad la autora líder del estudio, Janet Kiecolt-Glaser, profesora de psiquiatría y psicología.

"A partir de otros datos sabemos que somos más propensos a comer alimentos malsanos cuando estamos estresados, y nuestros datos señalan que cuando comemos los alimentos malsanos, es más probable que haya aumento de peso porque quemamos menos calorías", planteó.

Estudios anteriores han hallado que las personas que están estresadas o tienen otros problemas del estado de ánimo están en un mayor riesgo de acumular sobrepeso o convertirse en obesas. Los nuevos hallazgos sugieren un motivo de esa posible conexión, plantearon Kiecolt-Glaser y sus colaboradores.

"Sabemos que no siempre podemos evitar los factores estresantes en nuestras vidas, pero una cosa que podemos hacer para prepararse para eso es tener comida saludable en la nevera y en la despensa, de forma que cuando surjan esos factores estresantes, podamos elegir algo saludable en lugar de recurrir a una opción muy cómoda pero rica en grasa", aconsejó en el comunicado de prensa la coautora del estudio, Martha Belury, profesora de nutrición humana.

El estudio sugirió una conexión entre el estrés y el aumento de peso, pero no probó la existencia del vínculo.

12 de julio de 2014

¿Cómo sé si tengo intolerancia al gluten?

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

Algunos síntomas alertan de la pertinencia de acudir al médico para detectar la enfermedad celíaca o la sensibilidad al gluten no celíaca

Los síntomas de la enfermedad celíaca y de la intolerancia al gluten (cuyo nombre correcto es sensibilidad al gluten no celíaca) se alivian de forma muy efectiva con una dieta sin gluten. Parece fácil y, quizá por ello, no son pocas las personas que, ante la duda de si son celíacas o no, eliminan el gluten de su alimentación sin consultar con un especialista. Sin embargo, es importante identificar de forma adecuada a las personas que padecen estas dolencias. La mera sospecha no basta: la dieta sin gluten no es fácil de seguir y puede ser desequilibrada sin un correcto asesoramiento sanitario. Para evitar imprudencias, el diagnóstico de la enfermedad celíaca y de la sensibilidad al gluten no celíaca deben realizarlo médicos acreditados, mientras que el asesoramiento alimentario debe correr a cargo de dietistas-nutricionistas.

Aunque se estima que la enfermedad celíaca afecta a una de cada cien personas, hay muchos individuos no diagnosticados. Por eso cobra importancia saber qué síntomas nos deben motivar para ir al médico. Aunque la denominación "enfermedad celíaca" es la correcta, según apuntan tanto la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica como la Organización Mundial de Alergia, en ocasiones se usa la acepción "intolerancia al gluten". Esta expresión también se ha empleado, de forma inapropiada, para hacer referencia a una nueva entidad llamada "sensibilidad al gluten no celíaca".

Problemas con el gluten, ¿qué síntomas nos deben alertar?

¿Qué síntomas indican que podemos padecer enfermedad celíaca? En 2009, el National Institute for Health and Care Excellence (NICE) publicó una rigurosa guía titulada 'Reconocimiento y valoración de la enfermedad celíaca'. Se elaboró por un equipo multidisciplinar, en el que se incluyó a gastroenterólogos, dietistas-nutricionistas, inmunólogos y hasta a asociaciones de pacientes. La guía recomendó que los médicos ofrecieran al paciente la posibilidad de realizarse un test sanguíneo como primer paso para detectar la enfermedad celíaca, si este tenía familiares de primer grado (padres, hermanos o hijos) con la enfermedad o si sufrían alguna de las siguientes condiciones:
  • Enfermedad tiroidea autoinmune.
  • Dermatitis herpetiforme.
  • Síndrome del colon irritable.
  • Diabetes tipo 1.
El test también debe proponerse, según la guía NICE, a quienes tengan alguno de los siguientes síntomas:
  • Diarrea crónica o intermitente.
  • Retraso en el desarrollo o falta de crecimiento (en niños).
  • Síntomas gastrointestinales persistentes o inexplicables, como náuseas y vómitos.
  • Fatiga prolongada ("estoy cansado todo el tiempo").
  • Dolor abdominal recurrente, cólicos o distensión abdominal.
  • Pérdida repentina o inesperada de peso.
  • Anemia por deficiencia de hierro sin explicación, u otra anemia no especificada.
El test sanguíneo, además de confirmarse mediante una biopsia intestinal, debe realizarlo un médico acreditado y un laboratorio acreditado. Es decir, no tienen validez ciertos test disponibles en algunos puntos de venta. Los "diagnósticos alternativos", como los denomina la Sociedad Británica de Gastroenterología, deben evitarse a toda costa, ya que la enfermedad celíaca es una dolencia con serias implicaciones para la salud y con una exclusión de por vida de los alimentos con gluten. El artículo 'Síndrome de intestino permeable, ¿otro timo dietético?' muestra un claro ejemplo de ello.

Cuando hay sospechas de enfermedad celíaca en bebés, es importante tener en cuenta que el test sanguíneo no debe hacerse, según la guía NICE, antes de que se haya incorporado el gluten en su dieta. En el artículo de EROSKI CONSUMER 'Alimentos con gluten en bebés, ¿cuándo incorporarlos en su dieta?' se discute sobre cuándo debe darse este paso.

Diagnóstico de la enfermedad celíaca en adultos: mediante biopsia

El test sanguíneo no diagnostica la enfermedad. Si es resultado del test es positivo, el médico remitirá al paciente a un especialista en medicina gastrointestinal para que efectúe una biopsia intestinal, que, en la mayor parte de casos, confirmará o descartará la enfermedad celíaca. Así, el diagnóstico se debe ratificar mediante la biopsia intestinal, algo que no siempre se hace bien, según mostraron estudios publicados en 2011 y 2012.

Si las pruebas sanguíneas son negativas, pero el médico todavía sospecha (por los síntomas clínicos), se le aconseja que derive al paciente a un especialista en gastroenterología para que haga una evaluación adicional. Un resultado negativo en la prueba sanguínea significa que es poco probable que la enfermedad celíaca esté presente, pero no es imposible que lo esté (o que lo esté en un futuro).

En 2008, el Ministerio de Sanidad señaló que "la biopsia intestinal sigue siendo el patrón oro para establecer el diagnóstico". Es una afirmación que también han suscrito dos importantes guías clínicas, publicadas en febrero y en mayo de 2013 por sendas entidades de referencia: la Organización Mundial de Alergia y el Colegio Americano de Gastroenterología.

Diagnóstico de la enfermedad celíaca en niños: biopsia ¿sí o no?


Es posible que la biopsia no sea necesaria en menores de edad en determinados casos que siempre debe valorar el médico especialista en gastroenterología. La dietista-nutricionista Maria Manera amplió este tema en el artículo 'Nuevos diagnósticos de la enfermedad celíaca', donde hizo referencia a la postura adoptada en 2012 por la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición (ESPGHAN). Una posición que suscribieron en octubre de 2013 dos entidades sanitarias británicas implicadas en la enfermedad celíaca (Arch Dis Child), pero que más tarde descartó la Sociedad Británica de Gastroenterología (Gut, 2014). El debate científico que existe al respecto ha quedado reflejado en posteriores investigaciones coordinadas por Guandalini (J Pediatr Gastroenterol Nutr, 2013) y Schirru (Eur J Gastroenterol Hepatol, 2014).

Diagnóstico de la sensibilidad al gluten no celíaca

Como se ha indicado, existe una nueva entidad, la "sensibilidad al gluten no celíaca", que en ocasiones se denomina, de forma inapropiada, "intolerancia al gluten", tal y como concluyó un consenso internacional recogido en la revista Gut, en enero de 2013.

Cuatro meses después, en mayo de 2013, el Colegio Americano de Gastroenterología (CAG), publicaba una guía clínica de referencia sobre los trastornos relacionados con el gluten, donde explicó que la sensibilidad al gluten no celíaca es una condición en la que los individuos, aunque no padecen enfermedad celíaca, presentan síntomas parecidos a los que provoca dicha dolencia cuando ingieren gluten. Tales síntomas son muy similares, y no es posible distinguir, tan solo en base a ellos, si la persona padece una u otra dolencia.

La sensibilidad al gluten no celíaca no parece tener una fuerte base hereditaria ni estar asociada a un mayor riesgo de trastornos autoinmunes o graves secuelas intestinales. El médico debe realizar diversas pruebas para diferenciar entre los dos desórdenes. El CAG insiste en que el diagnóstico de la sensibilidad al gluten no celíaca debería considerarse solo después haber descartado la existencia de enfermedad celíaca mediante pruebas adecuadas.

En todo caso, es necesario conocer y estudiar mejor esta condición "antes de dar mensajes contradictorios y de establecer dietas injustificadas", según señalaron en marzo de 2013 la doctora Victoria María Díaz y sus colaboradores, en un artículo titulado '¿Puede ser el gluten perjudicial en pacientes no celiacos?'.

El consumo de sal tiene un papel importante en el desarrollo de esclerosis múltiple y artritis reumatoide

El consumo de sal tiene un papel importante en el desarrollo de Esclerosis Múltiple (EM) y de Artritis Reumatoide (AR), tal y como ha puesto de manifiesto la investigadora científica del departamento de Neurología de la facultad de Medicina de Yale, Margarita Domínguez-Villar, de acuerdo a los resultados de un estudio probado en animales.

Por un lado, los resultados del ensayo, presentados en la conferencia 'La sal de la vida' durante el 40 Congreso Nacional de la Sociedad Española de Reumatología (SER), demuestran que, in vitro, una concentración elevada de sal favorece la generación de células Th17 (células con fenotipo patogénico que están implicadas, junto con células Th1, en la patología de muchas enfermedades autoinmunes, entre ellas la EM)". Asimismo, según la experta, en el modelo in vivo "se sometió a los ratones a una dieta rica en sal y al inducir la enfermedad (EAE) se observó que animales que habían consumido una dieta rica en sal enfermaban antes y los síntomas de la patología eran más graves".

Como el ensayo solo se ha probado en animales, Domínguez-Villar ha advertido que "es necesario" realizar ensayos clínicos con pacientes con EM en el que se les controle la ingesta de sal y se compruebe si la enfermedad mejora.

Por otro lado, un estudio llevado a cabo por la directora científica del Instituto de Salud Musculoesquelética en Madrid, Loreto Carmona, ha encontrado una asociación "muy consistente" entre la AR y los grandes consumidores de sal. Esto indica que indica que la sal que se consume "está relacionada de alguna manera con el desarrollo de la AR".

El componente de la sal regula la vía que produce la inflamación

En este ensayo se han recabado datos experimentales en células en cultivo y en modelos animales que revelan que una de las vías que produce la inflamación está regulada por un canal de sodio, el componente de la sal común (cloruro sódico).

Para saber si la sal en la dieta estaba relacionada con el desarrollo de AR, se han utilizado los datos de la cohorte Seguimiento de la Universidad de Navarra (SUN), en la que más de 10.000 personas han respondido a un cuestionario dietético y de salud. A partir de ahí se ha estudiado "si existe asociación entre el consumo de sodio calculado en la dieta y el tener AR", ha explicado la especialista.

Tras el análisis de resultados, "por el momento se ha conseguido dilucidar que sal y AR están asociados, ya que hay más AR entre los que consumen más de ocho gramos de sal al día que entre los que consumen menos de tres gramos", ha asegurado.

Finalmente, otro estudio realizado en Estados Unidos ha demostrado que las comidas precocinadas, carnes, embutidos y quesos salados pueden tener hasta 100 veces más sal que la misma comida cocinada en casa".

Tomado de: www.telecinco.es

La combinación de entrenamiento aeróbico y de fuerza podría ser el mejor ejercicio para los diabéticos

Una combinación de entrenamiento aeróbico y de fuerza podría funcionar mejor que solo uno de los dos tipos de ejercicio por sí mismo para ayudar a los diabéticos a controlar el azúcar en sangre, halla una revisión reciente.

Los investigadores analizaron datos de 14 estudios que incluyeron a más de 900 personas con diabetes tipo 2. Lo estudios observaron el rol del entrenamiento aeróbico o el de resistencia (ejercicios como levantar pesas) en la mejora de la salud de los diabéticos.

En comparación con el entrenamiento aeróbico o de resistencia solo, un régimen que combinaba ambos tipos de ejercicio fue más efectivo para controlar el azúcar en sangre (glucosa), las grasas en la sangre, la presión arterial y el peso, señalaron los investigadores. El método que combina ambos también ayudó a que más personas alcanzaran niveles más altos del colesterol bueno, según los hallazgos publicados el 2 de julio en la revista Diabetologia.

Los investigadores austríacos añadieron que hay evidencias de que los ejercicios supervisados son más efectivos que el entrenamiento sin supervisión, pero que la mayoría de personas no tienen acceso a las rutinas de ejercicio supervisadas intensas usadas en los estudios.

"El entrenamiento aeróbico y de resistencia combinado pueden ser recomendado como parte de un programa de estilo de vida en la gestión de la diabetes tipo 2 siempre que sea posible", concluyó el equipo liderado por Lukas Schwingshackl, de la Universidad de Viena. Pero enfatizaron que se necesitan más estudios para confirmar los hallazgos.

Un experto de EE. UU. cree que el ejercicio siempre es una buena opción para las personas que se enfrentan a la diabetes tipo 2.

"Tanto la actividad aeróbica como la de resistencia son capaces de reducir la glucosa en sangre", señaló el Dr. Gerald Bernstein, director del Programa de Gestión de la Diabetes del Instituto Friedman de la Diabetes, parte del Centro Médico Beth Israel en la ciudad de Nueva York.

Pero los distintos modos de ejercicio podrían tener distintos efectos, añadió.

"El entrenamiento en resistencia construye músculo y por tanto aumenta la utilización de la glucosa a través de una mayor masa muscular", explicó Bernstein, mientras que "el entrenamiento aeróbico quema glucosa de inmediato".

Bernstein enfatizó que "lo más importante es que realizar algún tipo de ejercicio de forma regular plantea una gran diferencia en la gestión de la glucosa en sangre y reduce el riesgo de complicaciones".

5 de julio de 2014

Pasar muchas horas sentado es peligroso, aunque se haga ejercicio

Es probable que usted salga a correr todos los días, o que vaya al gimnasio un par de veces a la semana; sin embargo, si pasa más de seis horas sentado en el trabajo, ni siquiera la actividad física compensa los riesgos cardiovasculares asociados a ese sedentarismo laboral, tan propio de las sociedades occidentales.

Un estudio español, publicado en la Revista Española de Cardiología, acaba de demostrar que pasar muchas horas al día sentado en el trabajo es por sí solo un factor de riesgo cardiovascular, independientemente de la dieta o del nivel de ejercicio físico.

El trabajo ha sido posible gracias a la colaboración de más de 800 trabajadores de la fábrica de General Motors en Figueruelas (Zaragoza), que participan en el llamado Aragon Workers' Health Study en el que colaboran la Universidad de Zaragoza, el Centro Nacional de Investigación Cardiovasculares (CNIC), el Centro de Investigación en Red sobre Salud Pública (Ciber-ESP) o el Hospital 12 de Octubre.

A todos ellos se les hicieron exhaustivos análisis para medir parámetros como el colesterol y los triglicéridos, pero también detalladas entrevistas sobre las horas que pasaban sentados (tanto en casa como en el trabajo), sus niveles de actividad física o el tipo de dieta.

En sus conclusiones, los autores dirigidos por José Antonio Casasnovas, del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud (I+CS), observaron que aquellos que pasaban más de seis horas sentados en el trabajo, tenían mayores índices de masa corporal, perímetro de cintura y presión arterial, pero también peores marcadores en sangre de resistencia a la insulina e inflamación (como la proteína C reactiva).

España es uno de los países más sedentarios del mundo, con un 47% de la población totalmente inactiva, según datos del Ministerio de Sanidad correspondientes al año 2006 y citados en el trabajo. En el mundo,según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 3,2 millones de personas mueren al año debido a la falta de actividad física, y todo indica que los actuales hábitos de vida no van a hacer sino aumentar el problema en el futuro.

Por eso, pese a la importancia que se le ha dado a la actividad física como factor preventivo, los cardiólogos españoles reconocen la importancia que está adquiriendo el sedentarismo como factor de riesgo independiente.

De hecho, recuerdan que existen ya estudios que demuestran que pasar demasiadas horas en posición sentada puede aumentar el riesgo cardiovascular a través de diferentes mecanismos. Entre otras cosas, recuerdan, se ha demostrado que esta postura puede alterar la función de una enzima (lipoproteinlipasa) encargada, entre otras cosas, de descomponer los triglicéridos y otros compuestos. "Las elevadas concentraciones de glucosa, triglicéridos y ácidos grasos [provocada por este déficit] puede generar un exceso de radicales libres y desencadenar una cascada de inflamación", explican.

Con estos resultados en la mano, la Sociedad Española de Cardiología (SEC) ha recomendado en un comunicado a las personas que deban permanecer muchas horas sentadas en el trabajo, que además de practicar ejercicio físico habitualmente se levanten cada dos horas de su puesto y realicen algún tipo de estiramiento.

Tomado de: www.elmundo.es

Los cereales integrales ayudan a prevenir ciertas enfermedades crónicas

Expertos han asegurado que los cereales integrales ayudan a prevenir la aparición de ciertas enfermedades crónicas, gracias, entre otros aspectos, a su actividad antioxidante. De hecho, diversos estudios científicos asocian el consumo de cereales integrales con una reducción del riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes de tipo 2, obesidad y algunos tipos de cáncer. Tradicionalmente, el contenido en fibra, vitaminas y minerales de los cereales integrales han sido señalados como los principales responsables de los efectos saludables de estos alimentos. No obstante, estudios recientes han puesto de relieve la presencia en ellos de otros componentes "no nutrientes" que también parecen ejercer un efecto destacado en el mantenimiento de la salud.

Estos compuestos, a los cuales se les ha otorgado la denominación de "fitoquímicos", por su presencia de forma exclusiva en alimentos de origen vegetal, y que se han definido como "los compuestos, constituyentes de alimentos vegetales, que no son nutrientes y que pueden proporcionar al alimento unas propiedades fisiológicas que van más allá de las nutricionales propiamente dichas", son un grupo muy numeroso de sustancias, entre las que destacan diversos compuestos como carotenoides, esteroles o compuestos fenólicos. En los últimos años se ha demostrado que los cereales integrales constituyen fuentes importantes de estos compuestos, especialmente de compuestos fenólicos, carotenoides, lignanos, fitoesteroles o tocoles, entre otros, y por lo tanto, aportan amplios beneficios para la salud.

En este sentido, un estudio reciente publicado en la revista 'Journal of Cereal Science' ha revelado la presencia de una gran cantidad de estos compuestos, como los alkilresorcinoles, benzoxazinoides, lignanos, ácidos fenólicos, esteroles y tocoles, en el grano de trigo entero y de centeno, dos de los cereales más utilizados para la fabricación de pan. Asimismo, el estudio destaca que estos componentes tienen amplias implicaciones en la salud, entre las que se incluyen sus propiedades antioxidantes y anticarcinogénicas, o la reducción de los niveles de colesterol sérico, entre otras.

"Una dieta equilibrada, con un alto consumo de alimentos de origen vegetal es la mejor forma de garantizar una ingesta adecuada de estos compuestos, ya que se ha visto que muchos de ellos ejercen un mayor efecto cuando se consumen junto con otros fitoquímicos y otros componentes de la dieta que cuando se ingieren de forma aislada", ha aseverado la portavoz científica de la campaña 'Pan Cada Día', Beatriz Navia. Por ello, prosigue, el consumo del alimento que los contiene supone no solo la ingesta del fitoquímico en si, sino también la de otros fitoquímicos y la de los nutrientes presentes en el alimento.

Por otro lado, en relación con los cereales integrales, Navia ha destacado la necesidad de incrementar el consumo de cereales integrales por sus beneficios saludables, ya que en la actualidad, el consumo de estos alimentos suele ser bastante bajo. De hecho, las guías alimentarias para la población americana elaboradas por el Departamento de Agricultura de los Estado Unidos (USDA) en las que se marcan las pautas para seguir una dieta equilibrada recomiendan un consumo de 6 a 11 raciones de cereales al día, marcando un consumo de, al menos, 3 raciones al día de cereales integrales, asegurando que la mitad de los cereales que se consuman sean de este tipo.

Tomado de: www.larazon.es

La malnutrición infantil, causa de hipertensión en la edad adulta

Cada vez está más clara la influencia que la gestación y los llamados primeros 1.000 días de vida de un niño tienen para el resto de su vida. Numerosas investigaciones han demostrado que las condiciones en las que se desarrolla la primera infancia son críticas para el desarrollo de numerosos problemas de salud posteriormente en la edad adulta. Desde diabetes y obesidad a problemas del desarrollo o hipertensión.

Un grupo de científicos jamaicanos acaba de añadir esta última a la lista de secuelas de la malnutrición infantil, como han demostrado en la revista Hypertension, de la Asociación Americana del Corazón (AHA).

Tras comparar a 161 jóvenes de entre 28 y 35 años que habían sufrido problemas de malnutrición en su infancia con otros 45 que habían sido adecuadamente alimentados, los investigadores de la Universidad de West Indies (en Kingston) alertan de una nueva secuela derivada de la pobreza infantil.

Concretamente, el equipo dirigido por Terrence Forrester, director de la Unidad de Soluciones para los Países en Desarrollo, observó que los primeros jóvenes tenían más posibilidades de tener una elevada presión diastólica (el valor mínimo de la tensión arterial) y mayor resistencia periférica vascular (un indicador de cómo fluye el flujo sanguíneo por los vasos y que se considera un indicador de enfermedad coronaria). "La vasoconstricción y una reducida densidad de las arterias se han relacionado con la hipertensión en modelos humanos y animales", explican en su estudio, donde apuntan que las penurias en los primeros años de vida podrían ser la causa de problemas fisiológicos en el desarrollo del sistema cardiaco.

"Si las necesidades nutricionales en un periodo tan crítico, cuando todas las estructuras del organismo son susceptibles a cualquier posible cambio irreversible, puede tener consecuencias irreversibles en la anatomía del corazón y el flujo sanguíneo para el resto de la vida", señala Forrester en un comunicado divulgado por la AHA.

Y aunque a menudo se asocia la malnutrición a países en desarollo, este investigador recuerda que sólo en EEUU se calcula que existen 8,3 millones de niños que vivían en el umbral de la pobreza en el año 2012. 

Todos esos millones de personas, alertan los científicos, tienen más probabilidades de sufrir hipertensión en la edad adulta. Aunque ésta no es la única, ni la más llamativa de las secuelas de la malnutrición en la infancia.

Entre la larga lista de consecuencias que la ciencia ha sido capaz de constatar en niños que han pasado hambre o necesidad durante sus cinco primeros años de vida, destacan desde la obesidad o la diabetes, hasta los problemas cardiovasculares, los retrasos en el desarrollo cognitivo y múltiples enfermedades crónicas. De hecho, algunos estudios históricos, llevados a cabo con supervivientes de grandes hambrunas han mostrado hasta un 25% más de riesgo de diabetes y cuatro veces más probabilidades de fallecer por un problema cardiovascular a consecuencia de la malnutrición materna durante el embarazo.

Como alertaba hace apenas unas semanas un informe de la Sociedad Española de Salud Pública y Administraciones Sanitarias (Sespas) es probable que muchas de estas secuelas no den la cara hasta dentro de unos años, por lo que es importante tomar desde ya medidas para frenar su imapcto.

Tomado de: www.elmundo.es

Falsas creencias sobre nutrición y deporte

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

Algunas prácticas dietéticas asociadas al deporte, lejos de mejorar el rendimiento físico, pueden afectar al deportista y causarle problemas de salud

Los deportistas, sean profesionales o aficionados, siempre quieren mejorar su rendimiento físico. Pero, en ese deseo por avanzar y dar lo mejor de sí mismos, son vulnerables a los mitos dietéticos, muchos de los cuales se propagan con la rapidez de un velocista. Algunas de estas creencias, incluso, se generan en las filas de verdaderos investigadores, en ocasiones influidos por intereses comerciales, y en otras, por falta de actualización en el terreno de la nutrición humana. En el presente artículo se revisan tres mitos sobre nutrición deportiva muy presentes en diferentes medios tanto divulgativos como académicos.

Mito 1: sin azúcar no hay buen rendimiento deportivo

Hay tantos mitos como especialidades deportivas, pero conviene revisar de cerca uno bastante peligroso: el que nos hace creer que sin azúcar no rendiremos bien en nuestro desempeño atlético. Muchas personas han llegado a creer que las bebidas deportivas (conocidas como "isotónicas") mejoran la salud, algo que no es cierto.

Por eso el Departamento de Salud de Nueva York difundió en 2013 esta advertencia: "Las bebidas deportivas 'suenan' saludables, pero los azúcares añadidos en la mayoría de ellas pueden favorecer la obesidad y la diabetes". El mensaje es importante también en Europa, ya que nuestra ingesta de azúcares oscila entre el 16% y el 36%, así que estamos lejos de la recomendación emitida en 2003 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de no superar el 10% de la energía a partir de azúcares. La OMS revisará en breve este consejo, y es posible que la cifre en un 5%. En el artículo '¿Qué es peor, tomar mucho azúcar o mucha sal?', publicado en EROSKI CONSUMER, se profundiza en los riesgos de abusar del azúcar.

El uso de bebidas deportivas con azúcares añadidos solo tiene sentido (en su caso) en deportes que suponen un ejercicio continuado de más de 60 minutos, según concluyeron Temesi y colaboradores en mayo de 2011, en un riguroso estudio publicado en la revista Journal of Nutrition. Los carbohidratos que aportan dichas bebidas, en todo caso, podemos complementarlos (y en ocasiones, incluso sustituirlos) por los presentes en alimentos comunes, como fruta fresca o fruta desecada, entre otros.

Mito 2: es preciso recurrir a complementos dietéticos

Alrededor de ocho de cada diez deportistas consumen suplementos dietético-nutricionales. Los ingieren tanto atletas profesionales como deportistas aficionados e incluso jóvenes estudiantes, tal y como mostraron Jenkinson y Harbert en noviembre de 2008. Es muy habitual recurrir a complementos "naturales", a pastillas de vitaminas o minerales, a antioxidantes o a cápsulas de omega 3, pese a que hay pocos estudios que muestren beneficios para el deportista.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha aprobado ciertas declaraciones de salud para unos pocos productos relacionados con el rendimiento deportivo, tales como carbohidratos, cafeína y bebidas con carbohidratos, creatina o vitamina C. Todos deben cumplir una serie de condiciones, estipuladas por la EFSA en cada documento de los que ha emitido para aprobar las afirmaciones que acompañan a dichos productos. Las mejoras, por cierto, no siempre son lo que se espera. A modo de ejemplo, una revisión sistemática de la literatura científica publicada en junio de 2013 por Schubert y Astorino constató que la mejora en el rendimiento de los corredores gracias a la cafeína es de un 1,1%. Dado que la cafeína no está exenta de efectos adversos, es algo para tener en cuenta.

Sea como fuere, la inmensa mayoría de suplementos dirigidos a los deportistas no han mostrado mejorar el rendimiento deportivo o prevenir o curar las lesiones. Es más, muchos pueden estar contaminados con sustancias no declaradas en la etiqueta o generar serias consecuencias.

En julio de 2012, Heneghan y colaboradores realizaron una revisión sistemática de los productos para mejorar el rendimiento deportivo. En ella, no se olvidaron de indicar que el marketing de estos productos da vida a una industria multimillonaria, algo que contrasta con la baja calidad metodológica de las investigaciones científicas que los han evaluado.

Mito 3: hay que beber antes de tener sed

Durante años, tanto los profesionales sanitarios como la población general han creído necesario beber antes de que aparezca la sensación de sed siempre que se practica un deporte. No obstante, en el año 2006, la Asociación Internacional de Directores Médicos del Maratón aconsejó a los atletas que se fiaran de su propio mecanismo de la sed, salvo en tres excepciones:
  • en ambientes extremadamente calurosos (temperaturas superiores a 38 ºC), aunque solo durante los primeros días de aclimatación al calor.
  • en temperaturas inferiores a 5 ºC.
  • en el caso de atletas que realicen mucho ejercicio y que tengan edades superiores a 65 años.
En su opinión -publicada en julio de 2006 en la revista Clinical Journal of Sports Medicine-, la sed sería el regulador fisiológico predominante que rige el equilibrio de líquidos durante el ejercicio. Este punto de vista no fue recogido, sin embargo, por el Colegio Americano de Medicina del Deporte un año después (febrero de 2007), en un documento de postura titulado 'Ejercicio y reemplazo de fluidos'.

Tres años más tarde, la prestigiosa doctora Louise Burke publicó su libro 'Nutrición en el deporte. Un enfoque práctico'. En él, tras discutir los aspectos relativos a la ingesta de líquidos en las carreras, no se olvidó de mencionar que en las sociedades occidentales "el sobreconsumo resulta el problema nutricional más importante, donde las porciones disponibles habitualmente de líquidos y alimentos son tan grandes que superan cualquier sentido del hambre, la sed o la necesidad".

Pitsiladis y Noakes, dos catedráticos en ciencias del deporte, y Heneghan, un catedrático de Medicina Basada en la Evidencia, abordaron esta cuestión en el año 2012. Los tres llegaron a conclusiones muy similares, aunque vale la pena comentar la opinión del profesor Carl Heneghan, director del Centro de Medicina Basada en la Evidencia de la Universidad de Oxford. Heneghan capitaneó una extensa revisión en relación al rendimiento deportivo. La investigación, publicada en julio de 2012 en British Medical Journal, indicó que seguir el consejo "beba antes de tener sed" hará que muchos atletas beban demasiado, lo que no solo podría perjudicar su rendimiento, sino que los situará ante el riesgo de sufrir una dolencia rara pero grave, denominada hiponatremia (dilución de las concentraciones de sodio en sangre que, si es muy pronunciada, puede generar un edema cerebral).

Lo apropiado es que los atletas (sobre todo los de élite) establezcan un plan individualizado de hidratación. En caso de no tenerlo, "el atleta no debe beber más allá de su sed", según señaló la entidad National Athletic Trainers Association en su revista oficial en enero de 2012.

La leche de vaca previene el sobrepeso

El documento 'Importancia nutricional y metabólica de la leche' elaborado por especialistas en nutrición concluye que el consumo de leche de vaca es «factor básico» en la prevención de sobrepeso y la obesidad, tanto por su «efecto directo en los hábitos dietéticos como por el efecto de sus componentes, principalmente el calcio, en el metabolismo de los lípidos y formación de adipocitos».

Los autores del trabajo, consultado por Europa Press, son la vicepresidenta de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria de Asturias, Elena Fernández, el catedrático de Nutrición y director del Centro de Investigación en Nutrición de la Universidad de Navarra, José Alfredo Martínez, el presidente de la Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria y de Atención Primaria, Venancio Martínez, y José Manuel Moreno, de la Unidad de Nutrición del Hospital Doce de Octubre de Madrid.

La coordinación del estudio ha corrido a cargo del director de la cátedra extraordinaria Universidad Complutense de Madrid-Central Lechera Asturiana en Investigación y Formación en Nutrición y Educación para la Salud, Luis Collado, la jefe de Calidad y Nutrición de Capsa Food, y el director del Instituto Universitario de Innovación Alimentaria, Javier Morán.

«Los cambios dietéticos en pacientes con sobrepeso, obesidad y enfermedad cardiovascular incrementando frutas, vegetales y productos lácteos desnatados han demostrado ser eficaces en adelgazamiento, tanto en la fase de pérdida de peso como en la de mantenimiento, entre otros factores, porque estos componentes de la dieta contribuyen a una reducción total de la ingesta calórica», manifiestan.

Se relaciona una mayor ingesta de calcio a una mayor pérdida de peso corporal, de tejido adiposo y de disminución de gras en la región abdominal.
De hecho, el papel beneficioso de la leche en el control del peso se ha relacionado con su contenido en calcio, tipo de proteína y presencia sustancial de determinados aminoácidos o ácidos grasos. El estudio señala que el consumo de proteínas lácteas también puede contribuir al «equilibrio energético» participando en el control del apetito.
Tomado de: www.larazon.es