26 de septiembre de 2014

Aumentar una talla de falda puede indicar mayor riesgo de cáncer de mama

El aumento total de peso durante la edad adulta es conocido por ser un factor de riesgo para el cáncer de mama, pero un incremento del tamaño de la cintura parece ser particularmente perjudicial, con un aumento del 33 por ciento más de riesgo de desarrollar cáncer de mama, según una nueva investigación de casi 93.000 mujeres que formaban parte del 'UK Collaborative Trial of Ovarian Cancer Screening' (UKCTOCS), en Inglaterra.

Las mujeres implicadas en esta investigación eran todas mayores de 50 años, habían pasado por la menopausia y no tenían problemas de cáncer de mama cuando entraron en el estudio entre 2005 y 2010. Al inicio del análisis, proporcionaron información detallada sobre su altura y peso (IMC), salud reproductiva, fertilidad, antecedentes familiares de cáncer de mama y de ovario y uso de anticonceptivos hormonales y terapia de reemplazo hormonal (HRT, por sus siglas en inglés), que influyen en el riesgo de cáncer de mama.

También se les preguntó sobre su talla actual de falda y cuál era cuando tenían 20 años. Después de un periodo de seguimiento de tres a cuatro años, los investigadores les pidieron datos sobre el uso continuo de la TRH, su salud general, un posible diagnóstico de cáncer y estilo de vida, incluyendo cuánto fumaban y bebían.

La mayoría de las mujeres eran de raza blanca, con un nivel de educación superior universitaria y sobrepeso en el momento de ingreso en el estudio, publicado en 'BMJ Open', con un IMC de entre 25 y 26. Durante el tiempo de seguimiento, 1.090 mujeres desarrollaron cáncer de mama, dando un riesgo absoluto de algo más de un 1 por ciento.

Como era de esperar, el tratamiento de la infertilidad, los antecedentes familiares de cáncer de mama/cáncer de ovario y el uso de la TRH se asociaron significativamente con un mayor riesgo de ser diagnosticada con la enfermedad, mientras que los embarazos eran protectores.

Señal de riesgo más fuerte

Pero después de tener en cuenta otros factores influyentes, el aumento del tamaño de su falda emergió como señal más fuerte de riesgo de cáncer de mama. A la edad de 25 años, la talla media de la falda de las mujeres en Reino Unido era de 40 a 44 y cuando entraron en el estudio, con una edad media de 64 años, fue de entre 42 a 46. El tamaño de la cintura aumentó durante su vida adulta en tres de cada cuatro mujeres.

El análisis reveló que aumentar la talla de la falda cada diez años se asoció con un 33 por ciento más de riesgo de desarrollar cáncer de mama después de la menopausia; de forma que el incremento de dos tallas de falda en el mismo tiempo se vinculó con un 77 por ciento más de riesgo.

Los investigadores estiman que el riesgo absoluto en cinco años del cáncer de mama posmenopáusico se eleva desde 1 en 61 a 1 en 51 con cada aumento de talla de la falda cada diez años. La adición del IMC para los cálculos no mejoró significativamente la predicción del riesgo.

Como se trata de un estudio observacional, no se pueden extraer conclusiones definitivas acerca de la causa y el efecto, dicen los investigadores, quienes resaltan que un aumento del tamaño de la cintura se ha relacionado con otros tipos de cáncer, incluidos el de páncreas, el revestimiento del útero y los ovarios, posiblemente porque la grasa de la tripa es más dañina.

"Aunque el mecanismo exacto de estas relaciones necesita entenderse mejor, hay una sugerencia de que la grasa corporal alrededor de la cintura es más activa metabólicamente que el tejido adiposo en otra parte", escriben estos expertos y agregan que se sabe que la grasa extra aumenta los niveles de la hormona femenina estrógeno, que muchas células de cáncer de mama usan como combustible.

Tomado de: www.larazon.es

Diez claves para cuidar nuestro corazón

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo. La hipercolesterolemia y la hipertensión son dos factores que incrementan el riesgo de padecer dichas enfermedades, que pueden afectar al corazón, al cerebro o al riñón. El Día Mundial del Corazón, que se celebra el próximo 29 de septiembre, trata de concienciar a la población sobre la necesidad de prevenir estas patologías adoptando hábitos de vida saludables. Y es que, como indica Eduardo González Zorzano, asesor médico de Cinfa, "la anticipación y la prevención resultan primordiales para reducir el riesgo cardiovascular. El corazón, las arterias y las venas distribuyen la sangre por nuestro cuerpo para transportar a las células el oxígeno y las sustancias que necesitan. Un fallo en este proceso desemboca en serios problemas de salud que, cuando se manifiestan, ya son crónicos", añade.

El colesterol 'malo' y la 'enfermedad silenciosa'

Según los datos de la encuesta EuroHeart II, elaborada por la Red Europea del Corazón (EHN), el 56,1% de los españoles de más de 25 años presenta niveles elevados de colesterol en la sangre. "Este tipo de grasa es necesaria para el correcto funcionamiento del organismo, pero una concentración en sangre mayor de 200 mg/dl puede resultar peligrosa: las grasas tienden a acumularse en el interior de las arterias, lo que impide un correcto flujo sanguíneo y obliga al corazón a un mayor esfuerzo para bombear la sangre", explica González Zorzano.

Por otro lado, la presión arterial por encima de niveles de 140 mmHg puede lesionar las paredes de los vasos sanguíneos. Según la Sociedad Española de Hipertensión (SEH-LELHA), esta dolencia afecta a cerca del 40% de la población adulta en España, aunque en muchos casos los propios afectados desconocen que la sufren, dado que puede no presentar síntomas hasta que se produce un infarto, o un problema cardiovascular grave similar. El riesgo de padecer la conocida como 'enfermedad silenciosa' aumenta "si existen antecedentes familiares de cardiopatías coronarias, accidentes cerebro-vasculares u otras enfermedades relacionadas. También la edad o una menopausia temprana en la mujer predisponen a padecer estos problemas", comenta el experto de Cinfa.

Es decir, hay diversos factores genéticos que no pueden evitarse y enfermedades como la diabetes, que predisponen a estas patologías, pero también existen otros aspectos, como la obesidad, el sedentarismo y el tabaquismo, sobre los que sí podemos actuar. "Podemos dejar de fumar, hacer ejercicio y controlar la hipertensión arterial y la hipercolesterolemia mediante una alimentación adecuada y unos hábitos saludables, todo ello con el objetivo de prevenir las enfermedades cardiovasculares", asegura Eduardo González Zorzano.

10 recomendaciones para prevenir las enfermedades cardiovasculares:

1. Vigila la báscula. El peso es uno de los factores de riesgo que predisponen a sufrir problemas cardiovasculares, por lo que debemos mantener el índice de masa corporal (IMC) en los niveles adecuados.
2. Haz ejercicio de forma regular. El ejercicio físico aérobico ayuda al corazón a trabajar más eficientemente, y reporta numerosos beneficios a nuestra salud, por lo que se recomienda caminar entre media y una hora diaria o practicar actividades como el baile, la natación o el ciclismo.
3. Cuidado con el estrés. El aumento de la ansiedad y la tensión emocional resultan muy peligrosos para el corazón, por lo que conviene relajarse y, en medida de lo posible, evitar el estrés en casa y en el trabajo.
4. Opta por la cocina saludable. Debemos cocinar los alimentos al vapor, al horno o a la plancha, y evitar las frituras y las salsas. Así mismo, resulta muy conveniente incluir en nuestra dieta aceite de oliva por sus propiedades cardiosaludables y evitar la mantequilla y la margarina.
5. Reduce al mínimo las grasas animales. Son preferibles las carnes blancas, el pollo sin piel y los pescados azules. Tampoco debemos olvidar la importancia de consumir abundantes verduras, legumbres, fruta y fibra a diario.
6. Deja la sal en el salero. La sal incrementa la tensión, por lo que no hay que abusar de ella. Para no restar sabor a nuestras comidas, podemos sustituirla por apio, especias o hierbas aromáticas.
7. Huye del tabaco. Debemos evitar tanto fumar como ser fumadores pasivos, pues el tabaco incrementa de manera considerable el riesgo cardiovascular.
8. Modera el consumo de café y alcohol. No son recomendables más de dos o tres tazas de café diarias o más de dos o tres vasos de vino al día, en el caso de los hombres, y uno y medio, en el de las mujeres.
9. Mide periódicamente tus niveles de tensión, glucosa y colesterol y sigue tu tratamiento. Todos los adultos de más de cuarenta años deben vigilar sus niveles de tensión, glucosa y colesterol, sobre todo si tienen antecedentes familiares. En aquellos casos en los que se diagnostique una enfermedad o riesgo cardiaco, el especialista establecerá el tratamiento pertinente.
10. Consulta al farmacéutico la posibilidad de recurrir a complementos nutricionales. En ocasiones, puede ser recomendable complementar nuestra dieta con soluciones nutricionales que nos garanticen un aporte extra de determinadas sustancias beneficiosas para nuestro organismo. Los complementos de Omega-3 ayudan a regular el metabolismo de los triglicéridos, mientras que los de péptidos lácteos y potasio contribuyen a mantener niveles adecuados de tensión.

Tomado de: www.larazon.es

¿Existen alimentos para aumentar las defensas?

Por: JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

Muchos alimentos, bebidas y nutrientes tienen la fama de incrementar las defensas del organismo. Se dice de ellos que mejoran el ánimo o la energía vital, que fortalecen el sistema inmunitario. La publicidad los presenta como las mejores ayudas para prevenir resfriados, infecciones y cansancio, en especial ahora, cuando se acerca el frío y aumentan las obligaciones cotidianas. ¿Qué hay de cierto en dichas promesas? Este artículo revisa si es verdad que existen alimentos, complementos, nutrientes o "plantas medicinales" que mejoren nuestro sistema inmunitario y enumera algunos aspectos de crucial importancia para evitar infecciones que van más allá de una dieta sana.

El sistema inmunitario, un entramado sorprendente

El sistema inmunitario humano no funciona como un lavavajillas, al que basta con añadir un detergente y pulsar un botón; es un complejo entramado de células cuya respuesta ante las infecciones puede ser incluso sorprendente. Un ejemplo de ello son los síntomas de la gripe, como la fiebre o la mucosidad. Se interpretan como un aviso de que el sistema inmunitario está débil, cuando en realidad son la prueba de que funciona bien: el sistema inmunitario trabaja mejor a altas temperaturas, mientras que los gérmenes no se reproducen bien cuando sube la fiebre.

A menudo se piensa que tomar un alimento concreto influye en la velocidad a la que se mejora. Uno de estos alimentos es la sopa. Es muy probable que sus virtudes no tengan que ver con sus ingredientes, sino con su preparación: cuando alguien nos hace esta receta con amor y cuando nos sentamos a tomarla sin prisas, nuestro bienestar mejora, y con él nuestro sistema inmunitario.

Alimentos para las defensas: deben probar su eficacia
Entonces, ¿es legal afirmar que un alimento mejora las defensas para promocionar su venta o consumo? No, si el fabricante no es capaz de demostrarlo. Según la legislación vigente, cualquier fabricante de un alimento que quiera acompañarlo de una declaración de salud tiene que justificar sus afirmaciones mediante evidencias científicas veraces. El reglamento 1924/2006, que regula esta cuestión, establece que "las declaraciones de propiedades saludables solo deben autorizarse para su uso en la Comunidad Europea después de efectuar una evaluación científica del nivel más elevado posible". Y que, con el fin de garantizar un criterio científico riguroso y homogéneo, la institución encargada de hacer estas evaluaciones es una: la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).

Así, la EFSA vela por la veracidad de las declaraciones de salud que acompañan a los alimentos o suplementos que llegan a nuestra mesa. Esta institución evalúa las declaraciones de salud de los explotadores de empresas alimentarias. Para ello tiene en cuenta todos los datos científicos disponibles y la ponderación de las pruebas. Dictamina si las declaraciones de salud están o no fundamentadas de manera científica y, en consecuencia, si es o no legal utilizarlas para promocionar o comercializar el producto.

Ningún alimento o complemento pasa por el cedazo de la EFSA, cuyos dictámenes tienen carácter legal en toda Europa. Tras revisar la literatura científica disponible, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria no ha aprobado ninguna declaración de salud relacionada con la inmunidad en ningún alimento, complemento dietético o "planta medicinal". Los siguientes son algunos ejemplos:
  • Ácidos grasos omega 3.
  • Bacterias probióticas (como diversas cepas de Lactobacillus).
  • Bacterias responsables de la fermentación de la leche.
  • Extracto de melón.
  • Germen de trigo.
  • Jalea real.
  • Lácteos fermentados.
  • Lecitina.
  • Levadura de cerveza.
  • Licopeno del zumo de tomate.
  • Miel.
  • Otras bacterias presentes en múltiples tipos de yogur.
  • Propóleo.
  • Zumo de granada (u otros zumos de fruta).
Anuncios comerciales que engañan al consumidor

Pese a ello, no dejan de aparecer noticias poco sustentadas que relacionan alimentos e inmunidad. Un ejemplo está en el siguiente titular: 'El vino tinto y los arándanos podrían proteger el cuerpo estimulando el sistema inmunológico', que se encargó de desmentir en septiembre de 2010 NHS Choices, el mayor portal de salud del Reino Unido.

Una investigación llevada a cabo por el Departamento de Salud de Estados Unidos halló que el 20% de las declaraciones relacionadas con la pérdida de peso y con la inmunidad que acompañan a suplementos dietéticos son ilegales. Se trata de algo preocupante no solo porque supone un "engaño" a los consumidores, sino porque estos productos representan uno de los segmentos de más rápido crecimiento en el mercado de los suplementos dietéticos. El engaño puede tener consecuencias serias, dado que muchos consumidores pueden interpretar que estos complementos pueden usarse para tratar enfermedades en sustitución de tratamientos médicos acreditados (algunos de los complementos analizados afirmaban ostentar propiedades curativas del cáncer). No es imposible encontrar hoy en el mercado europeo complementos con declaraciones que también vulneran los dictámenes de la EFSA.

Los nutrientes implicados en el sistema inmunitario

La EFSA sí reconoce que algunas vitaminas o minerales (cobre, folato, hierro, selenio, zinc o vitaminas A, B6, B12, C y D) participan en el funcionamiento del sistema inmunitario. Pero es importante matizar que "participa en el funcionamiento del sistema inmunitario" no es sinónimo de "mejora el sistema inmunitario". Es decir, dicha "participación" no se traduce en que tomar una dosis extra de estos nutrientes mejore la inmunidad. Tampoco es sinónimo de que haya deficiencias de tales nutrientes en la población.

A modo de ejemplo, en el mismo documento donde la EFSA constata que el cobre está implicado en el sistema inmunitario, se lee que las evidencias científicas "no establecen que exista en la población europea una ingesta inadecuada de cobre que conduzca a un mal funcionamiento [del sistema inmunitario]". En el texto que declaró que la vitamina A contribuye a la función del sistema inmune se lee que esta vitamina se puede cubrir "fácilmente" con una dieta equilibrada.

Ante una situación de clara deficiencia de un nutriente implicado en el sistema inmunitario, tomarlo puede tener un efecto en la respuesta inmune. Pero si no se está ante dicha situación, lo más probable es que no exista efecto alguno. Ingerir mucha vitamina C (es clásico el dicho "toma zumo de naranja para el constipado") solo mejora el sistema inmunitario cuando hay carencias serias de la vitamina, algo muy poco frecuente en España.

La suplementación con nutrientes específicos, en cualquier caso, conviene que sea revisada por un dietista-nutricionista, dado que los excesos de nutrientes no están exentos de riesgos. Uno de ellos es perjudicar la respuesta inmunitaria, por paradójico que parezca.

Cómo mejorar el sistema inmunitario

Además de las vacunas y de la leche materna (cuya implicación en el sistema inmunitario es indiscutible), otros factores que tienen mucho que ver con la inmunidad son una buena higiene (tanto personal como la relacionada con la seguridad alimentaria), evitar el tabaquismo, el alcoholismo o el sedentarismo, mantener un peso saludable, controlar el estrés, dormir lo suficiente y seguir una dieta sana. Sobre este último punto, la alimentación saludable, conviene recordar que no es cuestión de fijarse en un nutriente aislado o un alimento concreto, sino en el conjunto de la dieta.

¿Se puede acelerar el metabolismo con la dieta?

Por: ISABEL MEGÍAS / Tomado de: www.consumer.es

La capacidad para engordar o mantenerse delgado se atribuye, en ocasiones, al "metabolismo de cada persona". Pero, ¿es esto cierto? ¿Existe un metabolismo distinto para cada persona? ¿Se puede "acelerar" el metabolismo con algún tipo de dieta? Para dar respuesta a estas cuestiones y conocer mejor cómo funciona nuestro cuerpo, el siguiente artículo explica qué es el metabolismo y hace frente a algunos mitos, como el que sostiene que "se puede cambiar" o acelerar mediante la dieta.

¿Qué es el metabolismo?

El metabolismo es el conjunto de reacciones químicas y procesos físico-químicos que ocurren en el organismo para que la persona sea capaz de moverse, respirar, comer, digerir y absorber los alimentos y sus nutrientes. En definitiva, es lo que permite que el cuerpo funcione y desarrolle todas sus actividades diarias. En todos estos procesos el organismo obtiene o gasta energía, que se miden en las llamadas kilocalorías.

Todas estas reacciones químicas son las mismas para todas las personas, aunque determinadas situaciones pueden hacer que un individuo gaste -o consuma- más o menos energía. De este modo:
  • El metabolismo basal o gasto energético basal es la cantidad de energía que una persona precisa para mantenerse en vida y poder respirar, sin tener en cuenta el gasto calórico que se necesita para moverse, caminar o realizar cualquier otra actividad. Se mide por distintos métodos cuando el individuo está quieto, sin hablar, a temperatura constante y en ayunas; pero puede estimarse también mediante ecuaciones o fórmulas predictivas, que habitualmente tienen en cuenta la edad, el sexo y la altura. Así pues, cuanto mayor es el peso y la altura de una persona, mayor es su gasto energético; y el gasto energético de los hombres suele ser mayor que el de las mujeres.
  • El gasto energético total es aquel que tiene en cuenta cualquier factor que hace que el organismo consuma más energía. La actividad física es uno de los factores más importantes a la hora de calcular o estimar el gasto energético de un individuo. Las personas con escasa actividad física (caminan o se mueven poco, van en silla de ruedas por ejemplo, o realizan escaso ejercicio) gastan menos kilocalorías que quienes practican deporte de manera regular (los que acuden al gimnasio 2-3 días a la semana o deportistas de élite).

¿Puede cambiar el metabolismo?

El metabolismo, es decir, es el conjunto de reacciones gracias a las cuales funciona nuestro organismo, no cambia a lo largo de la vida. Sin embargo, sí existen situaciones que pueden hacer que las necesidades energéticas sean más elevadas o se vean disminuidas.

Durante la infancia y la adolescencia se incrementa el gasto energético puesto que, en esta etapa de crecimiento, el cuerpo necesita de mucha energía para la construcción de tejidos y también porque es un periodo de gran actividad física. Sin embargo, en muchas ocasiones, en la edad adulta el grado de actividad y ejercicio físico disminuye -debido, en parte, a las obligaciones laborales-, lo que hace que el organismo no precise de tantas kilocalorías como antes. Si en estos momentos de la vida no se controla la ingesta energética, el peso corporal puede incrementarse de manera considerable.

Las enfermedades graves son también otro motivo por el cual las necesidades energéticas pueden verse alteradas. Enfermedades como el cáncer, infecciones en el organismo o cirugías importantes pueden incrementar el gasto energético, es decir las kilocalorías al día que se necesitan, ya que ocasionan cambios metabólicos en el organismo. Si en esos momentos no se es capaz de ingerir más kilocalorías, se puede perder peso de forma importante con facilidad.

¿Existen dietas "aceleradoras del metabolismo"?

Hasta el momento no se ha demostrado de manera científica que ningún patrón alimentario sea capaz de hacer que el organismo queme kilocalorías de una forma más eficiente. No obstante, sí se pueden cambiar algunos aspectos sobre el estilo de vida para conseguir evitar el aumento de peso en determinadas ocasiones y potenciar al máximo el gasto energético:
  • Aumentar la actividad física diaria: caminar más, coger menos el ascensor, subir escaleras andando, sacar a pasear el perro o utilizar menos el coche y más la bicicleta.
  • Incrementar la práctica de ejercicio físico o deporte y mantenerla de manera regular: jugar al baloncesto o fútbol, practicar bailes de salón, aeróbic, zumba, etc., y hacerlo al menos 2-3 días a la semana.
  • Controlar la ingesta calórica diaria evitando alimentos de elevada densidad energética y alimentos ricos en grasas y azúcares. Potenciar en la dieta verduras y hortalizas, frutas y alimentos integrales.
  • Controlar el picoteo entre horas y evitar las comidas abundantes y en exceso calóricas repartiendo la ingesta en, al menos, cinco comidas al día: desayuno, media mañana, comida, merienda y cena.

20 de septiembre de 2014

Los cambios saludables en el estilo de vida se vinculan con una reducción en el riesgo de demencia


Gestionar la diabetes, dejar de fumar, controlar la hipertensión, hacer ejercicio y mantener un peso saludable pueden reducir el riesgo de demencia, incluso en la vejez, según una investigación reciente.

El Informe Mundial sobre el Alzheimer de 2014, encargado por Alzheimer's Disease International, reveló que la diabetes puede aumentar el riesgo de demencia en un 50 por ciento. El estudio anotó que la obesidad y un estilo de vida inactivo son factores de riesgo clave de la diabetes y la hipertensión.

Los investigadores sugirieron que la demencia se debe incluir en los programas nacionales de prevención y detección de salud pública, junto con otras enfermedades no contagiosas importantes, como el cáncer y la enfermedad cardiaca. Apuntaron que nunca se es demasiado viejo para cambiar a un estilo de vida saludable.

"Aunque la edad y la genética son parte de los factores de riesgo de la enfermedad, no fumar, comer de forma más saludable, hacer algo de ejercicio y tener un buen nivel educativo, junto con desafiar al cerebro para garantizar que permanezca activo, pueden desempeñar un rol en minimizar las probabilidades de contraer demencia", aseguró en un comunicado de prensa del Colegio del Rey en Londres Graham Stokes, director global de atención de la demencia del grupo internacional de atención de salud Bupa.

"Las personas que ya tienen demencia o señales de la misma también pueden hacer estas cosas, lo que podría ayudar a ralentizar el avance de la enfermedad", añadió Stokes.

Un equipo de investigadores liderados por Martin Prince, profesor del Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia del Colegio del Rey en Londres, halló que dejar de fumar tenía un vínculo firme con una reducción en el riesgo de contraer demencia.

El informe, publicado en el sitio web de Alzheimer's Disease International como adelanto del día mundial del Alzheimer el 21 de septiembre, halló que entre las personas de a partir de 65 años de edad, los ex fumadores tienen un riesgo de demencia que es similar al de los que nunca han fumado. En contraste, los fumadores actuales tienen un riesgo mucho más alto de este tipo de declive mental.

Las personas con un mayor nivel educativo también tienen un riesgo más bajo de demencia. Aunque la educación no afecta a los cambios cerebrales que pueden conducir a la demencia, puede reducir su impacto sobre la función cerebral, explicaron los investigadores.

Los cambios en el cerebro pueden comenzar mucho antes de que se desarrollen los síntomas. Los investigadores concluyeron que envejecer con un cerebro estimulado y sano puede ayudar a las personas a vivir más tiempo y con una mayor independencia.

Aunque los datos de la encuesta de Bupa mostraron que a muchas personas les preocupa contraer demencia, pocas conocen algunas de las medidas específicas que pueden ayudar a reducir su riesgo, lo que incluye ser socialmente activo con los amigos y la familia, perder peso y hacer ejercicio.

"Ya hay evidencia a partir de varios estudios de que la incidencia de demencia podría estar reduciéndose en los países de altos ingresos, en vinculación con mejoras en la educación y en la salud cardiovascular", señaló Prince en el comunicado de prensa. "Debemos hacer todo lo posible por acentuar esas tendencias. Con un costo global superior a los 600 mil millones de dólares, que pudiera haber más en juego resultaría difícil".

Mark Wortmann, director ejecutivo de Alzheimer's Disease International, añadió que "desde la perspectiva de la salud pública, es importante anotar que la mayoría de los factores de riesgo de la demencia se solapan con los de otras enfermedades no contagiosas importantes".

Wortmann explicó en el comunicado de prensa que "en los países de altos ingresos, hay un mayor enfoque en unos estilos de vida más saludables, pero esto no siempre es así en los países de ingresos bajos y medianos. Estimamos que para 2050 el 71 por ciento de las personas que viven con demencia estarán en esas regiones, así que implementar unas campañas efectivas de salud pública podría ayudar a reducir el riesgo global".

Los bebés que toman leche artificial tienen más posibilidades de ser obesos

Los bebés alimentados con leche artificial tienen el triple de probabilidades de ser obesos que los alimentados con leche materna, según un estudio publicado en "The American Journal of Clinical Nutrition", informa la Universidad Rovira i Virgili (URV). El estudio ha hecho un seguimiento en cinco países europeos de 1.200 bebés de ambos sexos, desde su nacimiento hasta los 6 años de vida, dentro de tres proyectos europeos en los que participa la Unidad de Investigación en Pediatría, Nutrición y Desarrollo Humano de la URV.

Los resultados confirman que recibir más proteínas durante el primer año deriva en un mayor peso durante los 2 primeros años y más riesgo de padecer obesidad a los 6. Además de la variación de peso, los bebés alimentados con leche artificial sufren cambios hormonales que pueden favorecer alteraciones metabolómicas en un futuro.

El estudio especifica que el aumento de riesgo se comprueba extrayendo todos los factores confusores que puedan incidir: hábitos de vida, actividad física o alimentación posterior, por ejemplo.
Los doctores Ricard Closa y Joaquim Escribano coordinan la Unidad de la URV y han participado en la investigación, cuyos resultados "tienen una trascendencia muy alta a nivel de salud pública", señala Closas.

Los investigadores recomiendan que las leches artificiales tengan 1,8 gramos de proteínas por cien calorías, mientras que los límites europeos son de 3,5 gramos.

Tomado de: www.larazon.es

¿La cara amarga de los edulcorantes artificiales?

Un estudio publicado en 'Nature' asocia su consumo con alteraciones metabólicas. La base de la investigación se realizó en animales, por lo que los expertos piden cautela.

El último número de la revista Nature contiene los ingredientes necesarios para una gran polémica: alimentación, productos artificiales y riesgos para la salud. La receta la aporta un equipo de investigadores israelí que ha asociado el consumo de edulcorantes con un mayor riesgo de desarrollar alteraciones metabólicas, como intolerancia a la glucosa.

Pero si ya está pensando en tirar el café que acaba de endulzar con sacarina, espere un momento. La base fundamental de la investigación se ha realizado en ratones, y los expertos en nutrición piden cautela antes de hacer sonar las señales de alarma.

¿Está equivocado el primer mandamiento de muchas dietas, que ordena sustituir el azúcar por un edulcorante artificial sin calorías? El equipo dirigido por Eran Elinav, investigador del Weizmann Institute of Science de Rehovot (Israel), cree que, con sus datos sobre la mesa, al menos es el momento de "plantear un debate" sobre el consumo de edulcorantes como la sacarina, el aspartamo y la sucralosa y revisar si, en vez de ayudar a controlar los riegos asociados al sobrepeso, su efecto es justo el contrario.

"Nuestro estudio ha puesto de manifiesto una asociación entre el consumo de estos productos en diferentes dosis, formulaciones y condiciones fisiológicas y el desarrollo de intolerancia a la glucosa, una antesala que en último extremo conduce a la diabetes", señala Elinav a EL MUNDO.

Este nexo, continúa el investigador, está mediado por lo que pasa en el intestino cuando se ingieren edulcorantes artificiales. "Estos productos alteran la composición y el funcionamiento del microbioma, la inmensa y poco conocida población de microbios que vive en nuestro interior y cuyo papel en nuestra fisiología se ha sacado a la luz recientemente".

Trabajo de laboratorio

Para llevar a cabo su investigación, Elinav y su equipo realizaron una serie de experimentos en cadena. En primer lugar, seleccionaron un grupo de ratones y añadieron compuestos comerciales de sacarina, sucralosa o aspartamo al agua que bebían. Dado que estos productos contenían una dosis de glucosa sin relevancia calórica -se añade habitualmente para matizar el sabor del endulzante artificial-, compararon los resultados con los de otros dos grupos de ratones que tomaban agua con glucosa o simplemente agua. Al analizarlos, los investigadores comprobaron que los ratones que tomaban edulcorantes (principalmente sacarina), presentaban niveles de azúcar en sangre más elevados que el resto de los animales, un efecto que se mantenía con la administración de sacarina pura y tanto en animales alimentados con una dieta normal, como rica en grasas.

Los investigadores se plantearon entonces la posibilidad de que este efecto estuviera relacionado con las tribus del intestino, y mediante el uso de antibióticos, mermaron la población de microbios, lo que demostró que con su desaparición también se desvanecía la intolerancia a la glucosa.

En un paso más, los científicos trasplantaron tanto las heces de los animales alimentados con edulcorantes como los del grupo de control a un grupo de animales modificados para que no tuvieran ninguna bacteria propia en el intestino. Y esta transferencia también provocó una especial elevación de los niveles de azúcar en sangre sólo cuando las heces procedían de ratones con dieta dulce .

Divergencias

Con estos datos en la mano, los científicos dieron el salto a estudios en humanos y, en una muestra de cerca de 400 personas, comprobaron que las bacterias intestinales de quienes consumían a menudo edulcorantes eran muy diferentes de las de aquellos que no ponían a menudo sacarina en sus cafés. Es más, los investigadores también apreciaron "una asociación similar entre el nivel de uso de edulcorantes artificiales y la susceptibilidad de sufrir un abanico de efectos metabólicos adversos", tal y como explica Elinav.

Como paso final, este equipo seleccionó a siete voluntarios que habitualmente no ingerían edulcorantes y, durante una semana, les sometió a un régimen de alto consumo de sacarina (dentro de los niveles que la FDA considera seguros). "Lo que vimos es que incluso con un consumo a tan corto plazo, a los pocos días se producían cambios en el azúcar en sangre en un subgrupo de individuos", aclara. En estas personas, era especialmente alta la presencia de un tipo de bacterias que otras investigaciones ya han relacionado con problemas como la diabetes tipo 2.

Al transferir nuevamente las heces de estos individuos en ratones con un intestino 'estéril', los investigadores comprobaron que se producía un desarrollo de intolerancia a la glucosa en los animales, lo que, según Elinav, cierra el ciclo y muestra que "suplementos alimenticios que se están tomando para prevenir el síndrome metabólico, están contribuyendo de hecho a su desarrollo, al menos en determinados pacientes".

Pese a todo, Elinav reconoce que sus estudios en humanos son aún "muy preliminares" y que las evidencias halladas en investigación con animales no pueden extrapolarse sin más.

Este punto es el que subraya Lluís Serra, investigador del CIBERobn y catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. "Las evidencias que muestran en humanos no permiten afirmar que se produzca una intolerancia a la glucosa", señala el investigador, quien remarca que "un gran número" de investigaciones robustas han señalado previamente "la seguridad y los beneficios" de los edulcorantes artificiales. "Un estudio con un diseño como este, al menos en la parte que ha analizado el efecto en humanos, no basta para cambiar eso", añade.

Coincide con su punto de vista Dolores Corella, investigadora de la Unidad de Epidemiología Genética y Molecular de la Universidad de Valencia, que remarca que "el estudio realizado en humanos tiene importantísimas limitaciones", como el hecho de que no se haya llevado a cabo "un ensayo clínico controlado randomizado con suficiente poder estadístico y seguimiento a más largo plazo".

"Están cometiendo un sesgo importante en la interpretación de sus hallazgos y en la causalidad de los mismos", añade Corella quien, por otro lado recuerda que la sacarina, el producto con que se realizaron gran parte de los experimentos, cada vez se utiliza menos dada la disponibilidad y preferencia por otros productos endulzantes.

Para Andreu Palou, director del programa de Biomarcadores del CIBERobn y catedrático de la Universidad de las Islas Baleares, los resultados de este trabajo "no pueden ser ignorados y deben propiciar más investigación para aclarar sus posibles implicaciones", si bien está claro que "estamos aún lejos de poder precisar cuál es la composición de la flora más saludable en humanos y en qué medida los diversos alimentos que podemos elegir tienen un efecto realmente beneficioso para reequilibrarla en la dirección apropiada".

José María Ordovás, director del laboratorio de Nutrición y Genómica de la Universidad de Tufts (EEUU) e investigador y colaborador senior en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), señala por su parte la "relevancia" del estudio y apunta que muchos de los productos que se consideran seguros para el consumo recibieron esa denominación en base a ensayos clínicos realizados en momentos en que se desconocían muchos de los avances que tenemos hoy e día, como en este caso de la flora bacteriana o de la genómica y epigenómica". En este sentido, el también director científico del Instituto Madrileño de Estudios Avanzados en Alimentación (IMDEA) sugiere que "quizás convendría reevaluar la seguridad de estos aditivos desde el conocimiento actual".

En la misma línea se pronuncia Aitor Sánchez, dietista-nutricionista del Departamento de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Granada , quien hace hincapié en que "aunque a día de hoy podemos decir que los edulcorantes son seguros, es importante seguir estudiando efectos como esta predisposición a un peor metabolismo de la glucosa, que muchas veces se olvidan en estudios de toxicidad".

Tomado de: www.elmundo.es

La comida rápida antes del embarazo aumenta el riesgo de diabetes gestacional

El consumo de comida rápida antes del embarazo constituye un factor de riesgo para la diabetes gestacional, según un estudio llevado a cabo por investigadores del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra.

 El trabajo, publicado recientemente por la revista especializada 'Plos One', ha sido llevado a cabo gracias al seguimiento desde 1999 de más de 3.000 mujeres embarazadas del Proyecto SUN (Seguimiento Universidad de Navarra), en el que se han confirmado 159 casos incidentes de diabetes gestacional (DG).

 Se entiende por diabetes gestacional "cualquier grado de intolerancia a la glucosa que comienza o se diagnostica por primera vez durante el embarazo".

 Esta enfermedad, una de las más comunes durante la gestación, conlleva efectos negativos para la salud de las madres y sus hijos. "Cada año en Europa se diagnostican entre 104.000 y 312.000 casos. Unas cifras que continúan creciendo debido al aumento de los casos de obesidad en mujeres en edad fértil", señala Maira Bes-Rastrollo, la autora senior del trabajo.

 Existen diferentes mecanismos biológicos que explican que un alto consumo de comida rápida (hamburguesas, salchichas y pizza) pueda ser un factor de riesgo para DG.

 Según la experta, "el contenido de grasas saturadas y colesterol presentes en carnes rojas y procesadas y los nitritos precursores de nitrosaminas presentes en carnes procesadas pueden interferir con el efecto de la insulina". "También pueden tener un efecto perjudicial en el control de los niveles de glucosa los productos finales que se pueden formar en la carne y alimentos ricos en grasas animales a través su calentamiento y procesado", añade.

 Por el contrario, se ha observado en Estados Unidos que el seguimiento antes del embarazo de un patrón de dieta saludable como aMED (alternate Mediterranean), la dieta DASH (Dietary Approaches to Stop Hyertension) o el índice aHEI (alternate Healthy Eating Index), disminuyen el riesgo de desarrollar DG.

Efectos de la diabetes gestacional

La diabetes gestacional puede suponer el desarrollo de diabetes tipo 2 después del embarazo, así como riesgos para los hijos. "Tienen más probabilidad de ser obesos y de tener intolerancia a la glucosa y diabetes a lo largo de la infancia y en la edad adulta joven", señala la experta.
Asimismo, apunta que "estudios recientes han demostrado efectos perjudiciales en la implantación y desarrollo del embrión, así como una asociación entre esta condición y el nivel cognitivo y educativo de los hijos".
Por ello, es "muy importante" identificar aquellos estilos de vida modificables que puedan disminuir el riesgo de desarrollar DG. A pesar de ello, este es uno de los pocos estudios que ha identificado una exposición nutricional que puede ser fácilmente modificable para reducir el riesgo de diabetes en el embarazo.
Junto a la profesora Maira Bes-Rastrollo, en la investigación han participado Miguel Ángel Martínez-González, Francisco Javier Basterra-Gortari, Alfredo Gea, todos ellos de la Universidad de Navarra, y Ligia Juliana Dominguez y Mario Barbagallo, de la Universidad de Palermo.

Tomado de: www.infosalus.com

Reducir calorías podría aliviar la apnea del sueño en los obesos, halla un estudio

Reducir las calorías podría mejorar la apnea del sueño y reducir la presión arterial en los adultos obesos, informan unos investigadores brasileños.

La apnea del sueño provoca pausas en la respiración mientras se duerme, y se asocia con la hipertensión, los problemas cardiacos y el accidente cerebrovascular.

El estudio incluyó a 21 personas obesas, de 20 a 55 años de edad, que tenían apnea del sueño. En un periodo de 16 semanas, algunos redujeron su ingesta calórica en 800 calorías al día, mientras que otros no realizaron cambios en la dieta.

Al final del ensayo, los pacientes que redujeron su ingesta calórica habían perdido más peso, tenían menos pausas en la respiración durante el sueño, tenían una presión arterial más baja y mostraban unos niveles de oxígeno más altos en su sangre, hallaron los investigadores.

Los hallazgos fueron presentados el miércoles en la reunión sobre la hipertensión de la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association), en San Francisco. Los datos y las conclusiones de las investigaciones presentadas en reuniones médicas se deben considerar como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.

"Este estudio sugiere que en los pacientes obesos con apnea obstructiva del sueño, una restricción energética moderada puede reducir no solo la grasa corporal sino también la gravedad de la apnea obstructiva del sueño", comentó en un comunicado de prensa de la asociación cardiaca la coautora del estudio, la Dra. Marcia Klein, profesora adjunta del departamento de nutrición aplicada de la Universidad Estatal de Río de Janeiro, en Brasil.

"La restricción energética moderada tiene el potencial de reducir el riesgo cardiovascular en estos pacientes", añadió.

"Lo más probable es que perder peso fuera la clave de todos los beneficios observados en el grupo de restricción calórica. Una reducción más grande en la presión arterial sistólica se puede explicar, al menos en parte, por la reducción en el peso corporal que se asoció con la reducción en la gravedad de la apnea obstructiva del sueño y la actividad del sistema nervioso simpático", comentó Klein.

La presión arterial sistólica es la cifra superior en una lectura de la presión arterial, y refleja la fuerza de la sangre en las arterias cuando el corazón late. La presión arterial diastólica, la cifra inferior en una lectura, mide la presión en las arterias entre latidos del corazón. La presión arterial óptima está por debajo de 120/80 mm Hg.

13 de septiembre de 2014

Nueve de cada diez niños estadounidenses consumen demasiada sal, según los CDC

Nueve de cada diez niños estadounidenses consumen más sal de la que deben, aumentando su riesgo de por vida de hipertensión y enfermedad cardiaca, muestra un informe reciente del gobierno federal.

En promedio, los niños de 6 a 18 años de edad comen 3,300 miligramos de sodio al día, incluso antes de que se añada sal en la mesa, hallaron los investigadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. Las directrices dietéticas actuales recomiendan que los niños consuman menos de 2,300 miligramos al día.

Esos niveles altos de consumo de sal ya están afectando la salud de los niños, advirtió Ileana Arias, subdirectora principal de los CDC.

"Uno de cada seis niños ya tiene un nivel elevado de presión arterial, lo que puede resultar en hipertensión en la adultez, que como sabemos es una causa importante de enfermedad cardiaca y accidente cerebrovascular", lamentó Arias. "Esto nos resulta increíblemente preocupante".

Alrededor del 43 por ciento de la sal ingerida por los niños proviene de los 10 alimentos que comen con más frecuencia, hallaron los CDC.

Esos alimentos son la pizza, el pan y los bollos, los fiambres y las carnes curadas, los refrigerios salados, los sándwiches, el queso, las tortitas y nuggets de pollo, los platos de pasta, los platos mexicanos y las sopas.

"Algunos de esos alimentos no solo tienen un sabor salado, sino que son contribuyentes importantes porque tienen un contenido significativo de sodio, y los niños los comen mucho", explicó Arias.

Toda esa sal no solo daña la salud inmediata del niño, sino que también puede conformar sus hábitos alimentarios futuros.

"Sabemos que el gusto por la sal se establece con la dieta a una edad temprana", comentó Arias. "Los niños no solo consumen demasiado sodio, sino que establecen un umbral o gusto alto por la sal más allá de la niñez".

Una experta se mostró de acuerdo en que los efectos a largo plazo resultan preocupantes.

"Aunque los niños no tienen los mismos riesgos a corto plazo por una dieta rica en sal que los adultos, como con todos los aspectos de la nutrición infantil, las comidas que nuestros hijos comen ahora afectan lo que elegirán en la adultez", planteó la Dra. Erica Brody, pediatra del departamento de pediatría del Hospital Pediátrico Kravis de Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York. "Eso incluye el exceso de azúcar, grasa, y por supuesto también de sal".

Los hallazgos podrían llevar a algunos padres a sacar el salero del comedor, pero eso es solo parte del problema, dijo Arias.

La mayor parte del sodio ya está en la comida antes de comprarla o pedirla, añadieron los investigadores. Aproximadamente el 65 por ciento ya está dentro de las tiendas de comida, el 13 por ciento proviene de la comida rápida y las pizzas de restaurantes, y el 9 por ciento de los alimentos en la cafetería escolar.

Los padres pueden ayudar a sus hijos a leer las etiquetas nutricionales en el supermercado y a pedir la información nutricional en los restaurantes, apuntó Arias.

"Al prestar atención a las etiquetas nutricionales, se puede reducir con facilitad la cantidad de sodio que se come al día", aseguró.

Las familias también pueden servir más frutas y verduras frescas, y preparar la comida usando menos sal, planteó Arias.

Las autoridades federales también han pedido a la industria alimentaria que ayude a reducir los niveles de sal en la comida. Taco Bell, una cadena de comida rápida, se comprometió a reducir la sal en un 20 por ciento en sus productos, y el fabricante gigante de comida ConAgra reporta que ha reducido el sodio en sus productos en un 20 por ciento, comentó Arias.

Los nuevos estándares nacionales de nutrición para las cafeterías escolares también ayudarán, ya que se espera que reduzcan la sal en las comidas escolares entre un 25 y un 50 por ciento para 2022, señaló el informe de los CDC.

Si eso sucede, la ingesta de sal entre los niños en edad escolar podría reducirse en entre 220 y 420 miligramos en los días en que comen comidas en la cafetería.

El Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA) ha tomado el liderazgo al reducir la sal en los alimentos que la agencia provee directamente a las escuelas, señaló Kevin Concannon, subsecretario de alimentos, nutrición y servicios del consumidor del USDA.

"Ahora ofrecemos una variedad de opciones sin sal añadida y más bajas en sodio para ayudar a las escuelas a preparar unas comidas más saludables", dijo. "Dos tercios de los productos ofrecidos a través de USDA Foods a las escuelas actualmente no tienen sal añadida en su formulación".

Las escuelas y los distritos escolares también pueden implementar políticas y estándares de compra que reduzcan el sodio en la comida y que ofrezcan alternativas más bajas en sodio en las máquinas expendedoras, tiendas y cafeterías escolares, según el informe de los CDC.

Los autores del estudio sacaron sus conclusiones usando datos de más de 2,000 niños que participaron en la Encuesta nacional de examen de salud y nutrición de los CDC de 2009-2010.

¿La prediabetes puede aumentar el riesgo de ciertos cánceres?

Tener prediabetes podría aumentar el riesgo de una persona de sufrir cáncer, informan unos investigadores.

Los investigadores analizaron 16 estudios que incluyeron a casi 900,000 personas de alrededor del mundo y descubrieron que las personas con prediabetes tenían un riesgo que era un 15 por ciento más alto de sufrir cáncer. Las personas con prediabetes tienen niveles de azúcar en la sangre que son mayores de lo normal, pero no lo suficientemente altos como para que se considere diabetes propiamente dicha.

La revisión también reveló unas asociaciones significativas entre la prediabetes y tipos específicos de cáncer, como el de estómago, el colorrectal, de hígado, de páncreas, de mama y del endometrio.

No hubo un vínculo entre la prediabetes y el cáncer de pulmón, de próstata, de ovario, de riñón ni de vejiga, según el estudio publicado el 8 de septiembre en la revista Diabetologia.

El estudio halló una asociación, pero no una relación de causalidad entre la prediabetes y ciertos cánceres. Sin embargo, los hallazgos tienen implicaciones sanitarias importantes, afirman los investigadores, que indican que las tasas de prediabetes y de diabetes están aumentando en muchos países en desarrollo y desarrollados. Por ejemplo, la tasa de prediabetes entre los estadounidenses de a partir de 18 años aumentó desde el 29 por ciento en 1999-2002 hasta el 36 por ciento en 2007-2010.

"Teniendo en cuenta la alta prevalencia de la prediabetes, además de la asociación robusta y significativa entre la prediabetes y el cáncer demostrada en este estudio, una intervención con éxito en esta población de gran tamaño podría tener un impacto importante sobre la salud pública", afirmaron la líder del estudio, Yuli Huang, profesora del Primer Hospital del Pueblo del Distrito de Shunde, en China, y sus colaboradores en un comunicado de prensa de la revista.

Los autores del estudio dijeron que se cree que la metformina, un medicamento para la diabetes, ayuda a proteger contra el cáncer. "De forma notable, la metformina contribuye a la reducción de aproximadamente el 30 por ciento del riesgo de por vida de cáncer en los pacientes con diabetes", indicaron los investigadores en el comunicado de prensa.

No se sabe si la metformina reduciría el riesgo de cáncer en las personas con prediabetes; para determinar si esto es así se necesitan estudios de gran tamaño y a largo plazo, indicaron los autores del estudio.

Café y té: su consumo no perjudica al corazón

Entre la lista de alimentos que perjudican la salud cardiovascular, el café ha ocupado, desde siempre, un lugar preferente. Sin embargo, esta creencia tiene los días contados. Al menos, así lo ha desmitificado un estudio francés presentado en el marco del European Society of Cardiology Congress (ESC) celebrado esta semana en Barcelona, después de confirmar que su consumo no se asocia a un mayor riesgo de muerte cardiovascular ni por otras causas como infecciones, cáncer, etc. El trabajo ha analizado a 131.401 pacientes de edades comprendidas entre los 18 y los 95 años, a los que clasificaron según su ingesta habitual de café o té: no consumidores, consumidores moderados (menos de cuatro tazas al día) o grandes consumidores (más de cuatro tazas al día).

En el análisis se observó que los individuos que consumían más de cuatro tazas diarias de café tenían mayor edad que los no consumidores y que poseían más factores de riesgo cardiovascular, sobre todo fumaban más. Asimismo, se observó un aumento del riesgo de muerte por causa cardiovascular. «Este riesgo desapareció cuando se ajustó la variable del tabaquismo. Esto significa que el aumento de la mortalidad no era debido al consumo de café sino al hecho de ser fumador, que a su vez está asociado a un estilo de vida menos saludable», explica la doctora Almudena Castro, cardióloga del Hospital Universitario La Paz de Madrid, quien añade que «el estudio evidenció que el porcentaje de fumadores entre la población no consumidora de café fue bastante más bajo que en los consumidores moderados o en los grandes consumidores: 17 por ciento frente al 31 y 51 por ciento respectivamente».

Estilo de vida

Dentro del mismo trabajo, los investigadores también descubrieron que los individuos que tomaban té poseían un mejor perfil de riesgo cardiovascular (menos factores de riesgo) que la población que no lo tomaba, y que, además, tenían un 24 por ciento menos de probabilidades de fallecer por alguna causa no cardiovascular. Como conclusión, Castro destaca que «en general, se ha visto que los bebedores de café tienden a poseer un peor perfil de riesgo cardiovascular que lo bebedores de té o no consumidores, aunque la razón parece estar más en el estilo de vida y en los factores de riesgo cardiovascular que se atribuyen a cada perfil de consumidor. Así, vemos cómo más de la mitad de las personas que toman grandes cantidades de café fuman, y que, por el contrario, los consumidores de té llevan un estilo de vida más sano, practican más deporte, fuman menos, etc., lo que probablemente esta sea la razón por la que éstas personas estén más protegidas ante el riesgo de muerte».

Por otra parte, una investigación con sello italiano analizó cómo el consumo de café influye sobre el metabolismo de la glucosa aumentando el riesgo de sufrir prediabetes en un determinado grupo de población: jóvenes hipertensos con sobrepeso u obesidad, o aquellos individuos con especial predisposición genética a metabolizar la cafeína de forma diferente. Después de más de seis años de seguimiento sobre 1.180 pacientes hipertensos (de 18 a 45 años), se observó que el 24 por ciento fueron diagnosticados de prediabetes (el 27 por ciento de los hombres y el 16 por ciento de las mujeres) y que aquellos que consumían entre una y tres tazas de café al día presentaban un 34 por ciento más de riesgo a desarrollar esta enfermedad que aquellos pacientes que no consumían café. Este aumento del riesgo fue aun más significativo en el grupo de pacientes que bebían más de tres tazas de café diarias, ya que éstos tenían el doble de riesgo de desarrollar prediabetes que los no consumidores de café.

Sin embargo, este año en la revista «Nutrition» se ha publicado una revisión científica que agrupa las pruebas epidemiológicas y las investigaciones que documentan los efectos del consumo de café sobre la diabetes tipo II. En conjunto, las evidencias experimentales y epidemiológicas presentadas clarifican el efecto protector del consumo de café frente a la diabetes tipo 2 a través de múltiples mecanismos preventivos.

Fruta y menos patologías coronarias

El consumo regular de fruta disminuye en un 40 por ciento el riesgo cardiovascular. Así lo indica un estudio llevado a cabo por la Universidad de Oxford después de analizar a casi medio millón de personas procedentes de diez localidades diferentes de China. Después de siete años de seguimiento la investigación reveló que, en comparación con la población que no consumía fruta, los que la tomaban a diario vieron reducido su riesgo cardiovascular entre un 25-40 por ciento. En concreto, disminuyó alrededor de un 15 por ciento el riesgo de padecer enfermedad isquémica del corazón, un 25 por ciento las posibilidades de ictus isquémico y un 40 por ciento el riesgo de ictus hemorrágico. Por otro lado, los expertos también encontraron, como posible explicación, una significativa relación entre el consumo de fruta y la disminución de la presión arterial (PA), ya que aquellos que ingerían fruta de forma habitual poseían una reducción de 3.4 mmHg en sus niveles de PA sistólica y de un 4.1 mmHg en sus niveles de PA diastólica.

El peligro de las bebidas energéticas

Un estudio ha analizado las complicaciones que se reportaron a la Agencia Francesa de Seguridad Alimentaria entre enero del 2009 y noviembre del 2012 derivado del consumo de bebeidas energéticas. Los datos revelaron que casi la mitad fueron de origen cardiovascular, muy por delante de las psiquiátricas y las neurológicas. Así, hubo ocho paros cardíacos y muertes súbitas, 46 arritmias cardiacas, 13 anginas de pecho y tres crisis hipertensivas. El trastorno más habitual, con 60 casos, fue el llamado «síndrome de la cafeína», caracterizado por taquicardias, temblores, ansiedad y dolor de cabeza.En este sentido, el doctor Eduardo Alegría, cardiólogo consultor en la Policlínica Gipuzkoa de San Sebastián, destaca que «cada vez son más los pacientes que acuden a los servicios de urgencias con síntomas de taquicardia, palpitaciones, subidas de tensión, etc., bajo el diagnóstico de 'síndrome hiperadrenérgico', que es cuando a un corazón sano se le somete a un exceso de estímulos externos, en este caso, provocados por este tipo de bebidas».

Tomado de: www.larazon.es

La lactancia materna podría ayudar a las madres obesas a perder el peso del embarazo

La lactancia materna podría ayudar a las mujeres a perder el peso del embarazo y a no recuperarlo si eran obesas antes de quedar embarazadas, según una investigación reciente.

Cuando las mujeres que eran obesas antes de convertirse en madres siguieron las recomendaciones nacionales sobre la lactancia materna, pesaron casi 18 libras (8.2 kilos) menos que las madres obesas que no dieron el seno. Si las madres tenían sobrepeso o un peso normal antes del embarazo, su peso seis años después no pareció relacionarse con haber dado el seno a sus hijos o no.

Aunque este estudio pudo vincular la pérdida de peso en las madres obesas y la lactancia materna, no pudo mostrar que la lactancia materna provocara la pérdida de peso. Aún así, la Dra. Lori Feldman-Winter, pediatra y profesora de pediatría del Hospital Pediátrico Regional de Atención de Salud de la Universidad de Cooper en Camdem, Nueva Jersey, dijo que sin duda es posible que contribuyera.

"Dar el seno no solo hace que se quemen calorías adicionales, sino que también cambia el metabolismo a través de una serie de efectos hormonales requeridos por la lactancia", explicó Feldman-Winter. "No se comprende del todo cómo la lactancia materna conduce a mejoras en el metabolismo de madre y bebé, pero hay varios estudios epidemiológicos que muestran la asociación".

Feldman-Winter, que revisó los hallazgos pero no participó en el estudio, dijo que las mujeres que no son obesas podrían también experimentar un beneficio metabólico al dar el seno. Pero porque son menos propensas a intentar perder mucho peso, un estudio necesitaría un grupo mucho más grande de mujeres para observar los efectos posibles sobre la pérdida de peso en esas mujeres, dijo.

"No está claro por qué no observamos una asociación entre las madres con peso normal o con sobrepeso", dijo la investigadora líder del estudio, Andrea Sharma, epidemióloga de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU., en Atlanta.

El estilo de vida podría ser un motivo posible de que las madres obesas experimentaran un beneficio con la pérdida de peso.

"Muchas madres eligen comer una dieta más saludable mientras dan el seno, y a través de esas modificaciones en la dieta, podrían en realidad mejorar sus dietas en general y por tanto alcanzar un peso más saludable", planteó Feldman-Winter.

Los resultados del estudio se publicaron en línea el 2 de septiembre en la revista Pediatrics.

Los investigadores siguieron a más de 700 mujeres seis años después de que dieran a luz, y compararon la retención del peso entre las que lactaron y las que no. La retención de peso fue la diferencia entre el peso de la mujer antes del embarazo y su peso seis años después de dar a luz.

Las mujeres se consideraron obesas en este estudio si tenían un índice de masa corporal (IMC) de 30 en adelante. El IMC es una medida usada para calcular los niveles de grasa y evaluar si una persona tiene un peso saludable para su estatura. Un IMC por debajo de 25 se considera como normal, y un IMC de entre 25 y 30 se considera como sobrepeso.

En el momento en que las mujeres dieron a luz (entre 2005 y 2007), la Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP) recomendaba que las mujeres lactaran con exclusividad durante al menos cuatro meses, y que luego siguieran lactando hasta los 12 meses, según la información de respaldo del estudio.

Casi una tercera parte de las mujeres del estudio (el 29 por ciento) lactaron exclusivamente durante al menos cuatro meses, y una de cada cinco siguió lactando más allá de los 12 meses. El 18 por ciento de las mujeres nunca dieron el seno.

Solo las mujeres obesas que siguieron la recomendación de dar el seno durante al menos 12 meses experimentaron el beneficio en la pérdida de peso. Las madres obesas que lactaron con exclusividad al menos cuatro meses pero dejaron de hacerlo antes de un año pesaban unas 12 libras (5.5 kilos) menos que sus contrapartes que no lactaron, pero ese hallazgo no alcanzó la significación estadística.

"Dado que pocos estudios han examinado la lactancia materna y la retención de peso con un seguimiento de más de un año, este estudio es una contribución importante a la comprensión de los efectos a largo plazo de la lactancia para la madre", escribieron Laurence Grummer-Strawn y sus colaboradores de los CDC en un editorial que apareció en Pediatrics acompañando al estudio.

Tanto Sharma como Feldman-Winter enfatizaron que los beneficios de la lactancia materna para las madres y sus bebés abarcan mucho más allá que la pérdida de peso potencial de la madre. Las mujeres que dan el seno tienen un riesgo más bajo de diabetes, enfermedad cardiaca, cáncer de mama, cáncer de ovario y depresión, señaló.

"Los niños que reciben lactancia materna tienen una protección contra la infección aguda de oído, las infecciones gastrointestinales, la hospitalización por enfermedades del tracto respiratorio inferior en el primer año, el síndrome de muerte súbita del lactante y un riesgo reducido de varias enfermedades crónicas, que incluyen al asma y a la obesidad", comentó Sharma.

6 de septiembre de 2014

Dieta mediterránea para reducir un 30% el riesgo de cáncer de mama

En los últimos años, han sido varios los estudios, con sello español, que han vinculado la dieta mediterránea con una mejor salud cardiovascular. El protagonismo del aceite de oliva o de los frutos secos aportan las grasas buenas que contribuyen a que nuestras arterias se mantengan jóvenes y limpias de residuos que obstruyan la circulación. Ahora los beneficios observados en los problemas cardiacos parecen que también podrían estar presentes en el cáncer de mama, según los resultados del estudio EpiGEICAM. Según este trabajo, la dieta mediterránea está asociada con una reducción del 30% del riesgo de sufrir un tumor de este tipo.

En España, cada año unas 26.000 mujeres se ven afectadas por un cáncer de mama, tumor que cada vez aparece en un número mayor de personas, con un incremento anual que está entre el 0,7% y el 1,6%. La prevención es el objetivo principal de médicos e investigadores, aunque un tratamiento eficaz frente a los diferentes estadios del cáncer es el más deseado por pacientes y familiares.

Marina Pollán, investigadora del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III y una de las principales autoras de este estudio, ha señalado en la rueda de prensa que, según los resultados de este estudio epidemiológico en cáncer de mama, el efecto de la dieta en este tipo de tumores es muy importante. La investigación, publicada en la revista British Journal of Cancer, que ha sido financiada por la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) y promovida por el Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (Geicam) -un grupo de referencia formado por oncólogos de toda España-, ha analizado los datos de unas 2.000 españolas.

En concreto, el trabajo -en el que han participado 23 centros hospitalarios españoles- ha evaluado a través de cuestionarios realizados a 1.017 mujeres sanas y 1.017 mujeres con un diagnóstico de cáncer de mama la dieta que estas participantes habían tenido durante los cinco años previos al estudio. Así, tras analizar las respuestas de cada una de ellas, los investigadores pudieron establecer tres tipos de patrones dietéticos:
  • Dieta 'occidental': caracterizada por un alto consumo de productos grasos, carne procesada, dulces, bebidas calóricas y bajo consumo de cereales.
  • Dieta 'prudente': constituida por alimentos bajos en grasas, por frutas, verduras y zumos.
  • Dieta mediterránea: la formada por una elevada ingesta de pescado, verduras, frutas, legumbres, patatas, aceite y bajo consumo de zumos y bebidas calóricas.
"Lo que vimos fue que el patrón de dieta 'occidental' estaba asociado a un mayor riesgo de cáncer de mama, sobre todo en mujeres premenopáusicas. En cambio, la dieta mediterránea ofrecía un efecto protector, al asociarse con una reducción del riesgo de este tumor del 30%. Esa protección era más importante para los tumores triple negativos, los más graves. Este es el primer estudio que demuestra una asociación entre dieta mediterránea y su protección frente a tumores de mama triple negativo, que generalmente son más agresivos", ha explicado Marina Pollán.

Uno de los datos más sorprendentes del trabajo fue que la dieta denominada 'prudente', caracterizada por su contenido bajo en grasas, no ha sido vinculada con un menor riesgo de cáncer -tampoco con más probabilidad-. "Evitar las grasas per se no es un factor determinante del riesgo. No todas las grasas son malas, las peores -las grasas trans- están presentes, sobre todo, en la bollería y tienen un efecto pernicioso. Pero el aceite de oliva es una grasa buena, quizás eso es lo que ha influido en estos resultados", aclara Pollán.

Para Miguel Martín, presidente de Geicam, estos resultados son una prueba más de que "hay formas de evitar el cáncer de mama. Esto lo deben saber las españolas. Este estudio, uno de los más grandes en epidemiología sobre cáncer de mama en España, tiene una aplicación inminente y esto debe transmitirse a la población española. En la consulta, y fuera de ella, siempre me preguntan qué podemos hacer para reducir el cáncer de mama. Creo que tenemos que seguir esta vía de futuro".

Porque tal y como adelantan Martín y Pollán, ya se está pensando en realizar subestudios con los datos obtenidos en este y con los que se pretende correlacionar ciertas características genómicas con la forma de metabolizar el alcohol y algunas grasas.

El beneficio de seguir esta dieta se aprecia también en otro tipo de tumores. Según un estudio reciente publicado hace un año en la revista JAMA, los hombres que reemplazan un 10% de su ingesta de carbohidratos por grasas vegetales insaturadas reducen un 30% el riesgo de cáncer de próstata agresivo. Sustituir en la dieta las grasas animales y los carbohidratos por aceite de oliva y frutos secos se tradujo en una reducción de la mortalidad por cualquier causa del 26%, según este estudio.

Para Isabel Oriol, presidenta de la Aecc, este estudio es un ejemplo de lo importante que es la investigación. "Es fundamental para conocer y poder actuar a tiempo. Con estos datos, la Aecc insistirá con más fuerza en campañas de prevención sobre hábitos de vida más saludables. Por eso pedimos la colaboración de todos para poder concienciar a todas las personas desde la infancia. Si se llevaran estos hábitos de vida, podría evitarse el cáncer de mama en miles de mujeres al año. Esta medida tiene un gran impacto. En la Aecc estamos convencidos que lo único que podrá frenar el cáncer es la investigación".

Tomado de: www.elmundo.es

Desayunar a diario se asocia con un menor perfil de riesgo de diabetes tipo 2 en niños

La ingesta regular de un desayuno saludable puede ayudar a los niños a reducir su riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, según un estudio publicado en 'Plos Medicine' esta semana. El trabajo, dirigido por Angela Donin, de la Universidad St. George de Londres (Reino Unido), y sus colegas, reveló una asociación entre los menores que reconocieron que se saltaban el desayuno casi todos los días y los niveles más altos de factores de riesgo conocidos para la diabetes.

Los científicos llegaron a estas conclusiones tras realizar un estudio transversal de 4.116 niños de la escuela primaria de entre 9 a 10 años de edad en Reino Unido. Los niños respondieron a preguntas sobre la frecuencia y qué comieron en el desayuno y se les hicieron pruebas de sangre para medir los marcadores de riesgo de la diabetes, como la insulina en ayunas, la glucosa y la hemoglobina glucosilada (HbA1c).

El 26 por ciento de los niños manifestó no tomar el desayuno todos los días. Aquellos que dijeron que, por lo general, se saltan el desayuno presentaban niveles más altos de insulina en ayunas, mayor resistencia a la insulina, HbA1c ligeramente superior y glucosa ligeramente superior que los que aseguraron que siempre toman el desayuno.

Los que dijeron comer cereales altos en fibra para desayunar tenían menor resistencia a la insulina que los que tomaban otros tipos de alimentos, como un desayuno a base de galletas.

Aunque una limitación de los estudios transversales es el riesgo de identificar asociaciones falsas como resultado de factores de confusión, las asociaciones halladas en este estudio siguieron siendo significativas incluso después de ajustar por posibles factores de confusión como el nivel socioeconómico, la actividad física y la grasa corporal.

Sin embargo, los autores señalan la necesidad de realizar futuros estudios para demostrar si el aumento de la ingesta de desayuno entre los niños conduce a mejorar su perfil de riesgo de la diabetes. "Las asociaciones observadas sugieren que el consumo regular de desayuno, con especial participación del consumo de un cereal alto en fibra, podría proteger contra el riesgo de desarrollo temprano de diabetes tipo 2", concluyen.

Tomado de: www.heraldo.es

Ninguna de las dietas populares es claramente superior, halla un análisis

Hace mucho que los grandes nombres de las dietas, como Atkins, Ornish y Weight Watchers, compiten en la guerra contra la gordura. Pero un análisis reciente concluye que independientemente de la dieta que las personas elijan, sus probabilidades de éxito son más o menos iguales.

Durante años, las personas que buscan perder peso han escuchado mensajes contradictorios sobre la mejor forma: ¿baja en grasa? ¿baja en carbohidratos? ¿con un índice glucémico bajo?

El análisis, que aparece en la edición del 3 de septiembre de la revista Journal of the American Medical Association, sugiere que no importa gran cosa. En 48 ensayos clínicos con más de 7,000 personas que siguieron dietas como la Atkins, la Zone, la Ornish y la South Beach, los investigadores hallaron unas diferencias mínimas en la pérdida promedio de peso.

En lugar de ellos, apuntaron los expertos, el antiguo consejo de reducir las calorías, en lugar de los nutrientes específicos, parece ser la clave del éxito, al igual que quemar más calorías a través del ejercicio.

Y en última instancia, la "mejor" dieta para cualquier individuo es aquella con la que pueda vivir a largo plazo, según Linda Van Horn, profesora de medicina preventiva de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad de Northwestern, en Chicago.

"Lo más relevante es elegir una que pueda seguir durante un tiempo indefinido, dado que perder peso es solo la mitad de la batalla", planteó Van Horn, que escribió un editorial publicado junto con el estudio. "El mantenimiento de la pérdida de peso es la victoria definitiva".

Desafortunadamente, el mantenimiento también es la parte más difícil. Aunque las personas en esos 48 estudios por lo general perdieron peso, también comenzaron a recuperar parte del mismo al año.

"Las personas que siguen una dieta baja en grasa o baja en carbohidratos pierden unos 8 kilos [casi 18 libras], en promedio, durante seis meses", apuntó el investigador líder, Bradley Johnston, de la Universidad de Toronto y de la Universidad de McMaster en Ontario, Canadá.

Pero al año, habían recuperado de 2 a 4 libras (entre 0.9 y 1.8 kilos). Las personas que han seguido las dietas más "moderadas" (como Weight Watchers, Jenny Craig y Nutrisystem) perdieron ligeramente menos peso, y también recuperaron una cantidad similar.

"No estamos diciendo que no hubo diferencias entre las dietas", aclaró Johnston. "Pero las diferencias fueron mínimas, y no suficientes como para importar al individuo que intentaba perder peso".

Johnston concurrió en que con unas diferencias tan pequeñas, la mejor opción para perder peso es aquella que la persona piense que puede sostener. "Elija aquella que le presente la menor cantidad de problemas en cuanto a la adherencia", aconsejó.

Pero para los investigadores lo importante es que "lo que de verdad necesitamos comprender es cuál es la mejor forma para que las personas mantengan la pérdida inicial", planteó Johnston.

Para el estudio, el equipo de Johnston analizó datos de ensayos clínicos que evaluaban varias dietas, a veces en combinación con el ejercicio y la consejería conductual. Algunos estudios incluyeron a personas que eran obesas pero que estaban sanas. En otros, las personas tenían afecciones relacionadas con la obesidad, como diabetes tipo 2 o enfermedades cardiacas.

Muchos de los estudios se enfocaban en dietas bajas en carbohidratos, como la Atkins, la South Beach y la Zone, en que se indicaba a las personas que ingirieran un máximo del 40 por ciento de sus calorías a partir de carbohidratos. Las dietas bajas en grasa, como la Ornish y la Rosemary Conley, requerían que las personas obtuvieran un máximo del 20 por ciento de sus calorías a partir de la grasa, y alrededor del 60 por ciento de los carbohidratos.

A los seis meses, las personas en esos ensayos habían perdido un poco más de peso que las que estaban en estudios sobre Weight Watchers y otras dietas moderadas, que limitaban la ingesta de grasa a alrededor del 30 por ciento de las calorías diarias, y los carbohidratos a entre un 55 y un 60 por ciento.

En todos los estudios, las personas en general perdieron un poco más de peso si el programa les indicaba de forma explícita que hicieran ejercicio u ofrecía consejería conductual al menos dos veces al mes en los tres primeros meses.

Según Van Horn, los hallazgos muestran que no hay nada de "mágico" en reducir los carbohidratos o la grasa, o en aumentar la proteína. "Las leyes de la termodinámica siguen aplicando", dijo. "La pérdida de peso ocurre cuando uno consume [menos calorías] de las que necesita. Aumentar la actividad física ayuda a perder peso de forma más constante, pero solo si no se compensa comiendo más".

Pero aunque bajar de peso es saludable para los obesos, no lo es todo. "Nuestro estudio solo observó la pérdida de peso", apuntó Johnston. "Así que no hablamos necesariamente de lo que sea mejor para su salud".

Van Horn se mostró de acuerdo. "La salud es más que perder o controlar el peso", dijo.

Las personas deben comer una variedad de alimentos, que incluyen frutas, verduras, granos ricos en fibra, proteínas magras y grasas insaturadas (de fuentes como el aceite vegetal, el pescado graso y los frutos secos) para obtener los nutrientes que respaldan una buena salud, enfatizó Van Horn.