29 de noviembre de 2014

La menopausia: dieta y ejercicios

Por MAITE ZUDAIRE / Tomado de: www.consumer.es

En la menopausia cambian las necesidades metabólicas y, por tanto, es preciso adecuar la dieta y prestar atención a la actividad física para vivir esta fase con satisfacción y sin contratiempos

La menopausia es el final de la edad fértil de la mujer. Entraña cambios físicos y supone un desafío vital prolongado; si atendemos a la esperanza de vida, puede ser el comienzo de un tercio de la existencia. Los cambios que se producen son importantes y comprometen al estado físico y emocional. Por tanto, hay que tomarse en serio las pautas y ser consciente de que la alimentación, el ejercicio y la autoestima serán apoyo y aliados esenciales. De ello devendrá el éxito de convertir la menopausia en una oportunidad para cuidar la salud y el bienestar. A continuación ofrecemos consejos nutricionales prácticos para lograrlo.

Menopausia: la actividad física y comer bien marcan la diferencia

La menopausia es causada por la disminución de la cantidad de una hormona, el estrógeno, producida por los ovarios. Este proceso se alarga durante varios años y culmina, según las medias estudiadas, en torno a los 51 años, momento en que ocurre la última menstruación. La paulatina desaparición, además de anunciar el fin de la creación de óvulos fecundables, supone alteraciones en los niveles de energía, cambios en la memoria, la salud ósea, el sistema urinario y la salud del corazón. Todo un conjunto inevitable de cambios que, sin embargo, pueden asumirse para controlar sus consecuencias. Los sofocos -originados en parte por el aumento de lípidos-, el incremento de peso y otros capítulos de malestar se pueden reducir y amortiguar. Más que nunca, hay que esforzarse en atender las necesidades nutricionales y realizar ejercicio pautado y habitual, pues los estudios demuestran que aquí radica el éxito.

Recomendaciones dietéticas para la menopausia

Los niveles de estrógeno disminuyen en el cuerpo de la mujer durante la menopausia. En consecuencia, la densidad ósea puede reducirse y contribuir a la osteoporosis (huesos frágiles). El aumento de la ingesta de calcio ayuda a mantenerlos saludables. Sin embargo, no es recomendable obsesionarse con obtener todo el calcio de los lácteos. Encontramos este nutriente en los frutos secos y las semillas (sésamo, pipas de calabaza, de girasol...), en los cereales integrales, en las verduras verdes (brócoli, espinacas, acelga, achicoria...) y en las sardinas o pequeños peces con espinas.

Para asegurar que el calcio se absorbe por completo y se deposita en los huesos, se debe combinar con alimentos ricos en vitamina D, presente en el pescado azul, las lentejas, los huevos y el arroz integral, si bien el organismo produce esta vitamina por la exposición al sol. Es por ello que conviene hacer ejercicio y pasear al aire libre todo el tiempo y siempre que sea posible. Todos los alimentos señalados son habituales en una cesta de la compra saludable, pero en este periodo es recomendable cumplir rigurosamente con ella. Hay que prescindir como hábito del café y de las bebidas alcohólicas. También conviene dejar de lado, por ser costumbres menos sanas, las bebidas con gas, el azúcar y cualquier producto procesado: bollería, pizzas industriales, bocados de harina de trigo muy refinada, cualquier preparado industrial con mucho sodio y aceites vegetales, así como las grasas hidrogenadas o trans.

Nutrientes en la menopausia: cuáles elegir y dónde están

En la adolescencia, son las madres quienes atienden a sus hijas. La mujer embarazada se cuida para su bebé. La mujer en la menopausia debe tomar conciencia de que esta vez es ella misma la prioridad. Toca cuidar las vitaminas, los minerales y procurarse nutrientes concretos.

El zinc, el hierro, el cobre y las vitaminas C, E y el complejo B pueden ayudar a mantener un sistema inmunológico saludable y frenar el estrés. El selenio y vitaminas A, C y E actúan a través de su acción antioxidante y el zinc, el magnesio y el cobre son factores de las enzimas antioxidantes.
  • El zinc se encuentra en el marisco, los garbanzos, las semillas de calabaza, nueces, cereales integrales y el queso.
  • El hierro hemo está en las carnes y en los pescados. El hierro no hemo se encuentra en los vegetales de hoja verde, espinacas, espárragos, brócoli y otras coles, perejil, además de en las legumbres, los cereales integrales y las algas. También en frutos secos y los desecados.
  • El cobre se halla en las semillas de sésamo, los anacardos crudos, la soja y las semillas de girasol.
  • El selenio está en el germen de trigo, el pescado azul y las legumbres.
Respecto a las vitaminas, la A, la C y la E son prioritarias.
  • Vegetales de colores como las zanahorias, el brócoli, el boniato, las coles, las espinacas y la calabaza son fuente de vitamina A.
  • La vitamina C está en las verduras y las frutas frescas, en especial en los cítricos, kiwi, frutas rojas como moras, arándanos, fresas.
  • La vitamina E se localiza en el aceite de oliva virgen extra (en éste más abundante), el aguacate y los frutos secos.
El ejercicio, fundamental

El otro pilar para vivir bien la menopausia es apuntarse al gimnasio. Así. Sin paliativos. Y dedicar una hora al día, cinco días a la semana, a realizar ejercicio. Otra opción pasa por establecer la rutina de caminar a paso ligero al aire libre cada día. Toca cuidarse. Los estudios indican que la actividad física ayuda a controlar el apetito, mejora la digestión, impide ganar peso y potencia la agilidad; colabora en la salud del corazón y de los huesos (es una ayuda en la regeneración del hueso, proceso que no se detiene a ninguna edad). Además, hacer deporte en una hora reservada todos los días tiene un efecto positivo para las emociones, la salud mental y la vida amorosa.

Se recomienda una combinación de tres tipos de ejercicio:
  • Ejercicios como caminar a paso ligero, correr, nadar, jugar a pádel, subir escaleras que ayudan a mantener la densidad ósea.
  • El ejercicio aeróbico con máquinas cardiovasculares, que eleva la frecuencia cardiaca y favorece al corazón y la circulación.
  • Ejercicios de flexibilidad y concentración como el yoga, el pilates o el Chi-kung, que ayudan a mantener la estabilidad, la flexibilidad y la movilidad articular, además de favorecer la consciencia sobre el propio cuerpo y las emociones.
Beneficios de la soja, a debate

Los efectos beneficiosos de la soja a través de la dieta se destacaron, en principio, en estudios que mostraron diferencias sustanciales entre el consumo alto (asiático) frente a la baja ingesta (occidental) de la soja en la dieta. Los estudios muestran que las proteínas de soja pueden ayudar a mantener saludable lipoproteína de alta densidad (HDL), que tiene una influencia positiva en la salud del corazón. Una nueva investigación demuestra que las isoflavonas de soja también actúan como antioxidante, que ayuda a inhibir la producción de radicales libres asociados al envejecimiento. Como contrapartida, surgen nuevas y recientes investigaciones con indudable rigor científico que ponen en entredicho los buenos resultados que se le adjudican a la soja y a las isoflavonas en determinados aspectos, en particular, en relación a la mejora de síntomas asociados a la menopausia, como los sofocos, el estreñimiento e, incluso, la mineralización de los huesos.

Sea como sea, los fitoestrógenos, como las isoflavonas de soja que se encuentran en particular en los productos fermentados (miso, tamari, shoyu, tofu, tempeh, natto...), se asocian con una amplia gama de beneficios para la salud. Estos alimentos nada tienen que ver, por una calidad nutricional y saludable superior, con los que la sociedad occidental está acostumbrada, como la "leche" de soja o el yogur de soja. Conviene declinarse si acaso, por un consumo moderado de los primeros.

Obesidad es responsable de medio millón de casos de cáncer al año:OMS

Cerca de medio millón de casos de cáncer al año se deben al sobrepeso u obesidad de las personas y el problema es especialmente grave en Estados Unidos, dijo el miércoles la agencia de investigación del cáncer de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En un estudio publicado en la revista The Lancet Oncology, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) dijo que un alto índice de masa corporal (IMC) se ha convertido ahora en un importante factor de riesgo de cáncer, responsable de cerca de un 3.6%, o 481,000, de los nuevos casos de esta enfermedad en el 2012.

"Se espera que la cantidad de casos de cáncer relacionados a la obesidad y el sobrepeso aumente a nivel global junto con el desarrollo económico", dijo Christopher Wild, director de la IARC.

Wild dijo que los hallazgos subrayan la importancia de ayudar a la gente a mantener un peso saludable para reducir el riesgo de desarrollar una amplia variedad de tipos de cáncer, y ayudar a los países en desarrollo a evitar los problemas que actualmente enfrentan los más ricos.

El estudio de la IARC descubrió que, por ahora, Norteamérica tiene por lejos los peores problemas de cáncer vinculados al peso, con unos 110,000 casos relacionados a la obesidad diagnosticados en el 2012, lo que corresponde a un 23% de los casos globales relacionados con un alto IMC.

Leer: La obesidad cuesta 2 billones de dólares anuales a la economía mundial

En Europa, la obesidad es responsable de cerca de un 6.5% de todos los nuevos casos de cáncer al año, o cerca de 65,000.

Si bien en la mayoría de los países asiáticos la proporción de casos relacionados a la obesidad es menor, sigue traduciéndose en decenas de miles de casos debido a la mayor cantidad de población, dijo la IARC.

En China, por ejemplo, cerca de 50,000 casos de cáncer están asociados a la obesidad, lo que corresponde a un 1.6% de los nuevos casos de cáncer.

En África, por otro lado, la obesidad es responsable de sólo un 1.5% de los casos de cáncer.

Tener un IMC alto -el peso de una persona en kilogramos dividido por su altura en metros al cuadrado- aumenta el riesgo de desarrollar cáncer al esófago, al colon, al recto, al riñón, al páncreas, a la vesícula biliar, de mamas en la postmenopausia, de ovarios y al endometrio. Un IMC de 25 o más es considerado como sobrepeso, mientras que de 30 o más es obesidad.

Melina Arnold, quien fue una de las personas que dirigió el estudio de la IARC, destacó que las mujeres son afectadas de una manera desproporcionada por los casos de cáncer relacionados a la obesidad.

Para el cáncer de mama en la postmenopausia, por ejemplo -el tipo de cáncer más común entre las mujeres en el mundo-, los hallazgos sugieren que un 10% de los casos podrían prevenirse al no tener sobrepeso.

Tomado de: mexico.cnn.com

Estados Unidos informará de las calorías de todos sus alimentos

La Agencia de Alimentos y Medicamentos Estadounidense (FDA según sus siglas en inglés) está en guerra conta la creciente obesidad en el país, y por ello, ha puesto en marcha un ambicioso paquete de medidas de etiquetado de alimentos que especificará las calorías de prácticamente todo lo que se coma en el país y que entrará en vigor dentro de un año.

La norma afecta a muchísimos productos, desde las palomitas que se comen en el cine o los muffins de las pastelerías, pasando por los batidos de las heladerías o las porciones de pizza, sin olvidar la comida para llevar o la que se sirve en los restaurantes.

Todos estos productos deberán señalar en un lugar visible de cuántas calorías constan. Pero no sólo eso: quienes los vendan deberán tener también preparado por escrito la información nutricional extra del alimento (grasas, colesterol, azúcares o proteínas), ya que los clientes podrán pedirla en cualquier momento.

El objetivo de estos cambios es combatir la obesidad y fomentar la alimentación sana, una causa en la que hasta la primera dama Michelle Obama lleva implicada desde hace años . En un país donde un tercio de las calorías son consumidas fuera de casa, una medida de este tipo afecta a muchos ciudadanos. "Ahora mismo, la gente tiene que adivinar qué está comiendo, pero esto va a cambiar a partir de ahora", ha señalado Margo Wootan, director de política de Nutrición del Centro para la Ciencia del Interés Público, que ha aprovechado para elogiar esta ley.

Los defensores de la salud de los consumidores están contentos con las medidas anunciadas, que van incluso más allá de lo que reclamaban, ya que afectarán hasta a las máquinas expendedoras o la comida de los parques de atracciones. También deberán adaptarse a la nueva norma las cadenas con más de 20 establecimientos, como es el caso de la cadena de comida rápida Kentucky Fried Chicken o Subway, por citar sólo algunas. Esta medida ya está vigente en unos 18 Estados y ciudades del país, pero ahora deberá extenderse a todo el territorio nacional.

Otra acción que se contempla, quizás una de las más sorprendentes y que no se había planteado en anteriores ocasiones en las que se había legislado sobre esto, es la inclusión de las bebidas alcohólicas. A partir de ahora, todas las que sirvan los restaurantes deberán especificar su valor calórico. Las bebidas servidas en los bares nocturnos, tipo coctelerías o ronerías, no estarán, por el momento y hasta nueva orden, incluidas.

Sin embargo, y a pesar del entusiasmo de los expertos y algunos consumidores, no todos están de acuerdo con lo anunciado. Representantes de tiendas de alimentación han expresado su descontento, señalando que no es práctico que se tengan que etiquetar las calorías de la comida para llevar, puesto que la cantidad puede variar según el cliente. Por su parte, Rob Rosado, director de relaciones gubernamentales del Instituto de Marketing Alimenticio ha señalado que "si se penaliza la comida fresca de las pequeñas tiendas de alimentación, esta será reemplazada por comida empaquetada".

Una de los puntos más difíciles a la hora de negociar ha sido qué hacer con las pizzerías, ya que los dueños de estas cadenas -junto con las de cine- han mostrado una ferviente oposición a que se legisle sobre esta cuestión. Finalmente, tal y como ellos habían solicitado, y dado que no siempre se compra una pizza entera, se les permitirá indicar el número de calorías por porción. Por su parte, los dueños de las máquinas expendedoras de comida tendrán dos años -uno más que el resto- para adaptarse a estas nuevas medidas. Todos ellos tendrán que desplegar la información en pegatinas cerca del producto vendido o en el propio botón de la máquina.

En cualquier caso, y a pesar de que está claro de que cuanta más información maneje el consumidor sobre lo que come, mejor, no está demostrada la correlación entre el etiquetado de productos y el impacto en la obesidad que esto puede tener, ya que los estudios arrojan resultados contradictorios. Uno de los más interesantes fue realizado por una marca de café para llevar muy conocida en Estados Unidos, en el que se observó una disminución del 6% en el total de calorías compradas en sus establecimientos después de que anunciaran las calorías que tenían sus productos.

Por el momento, habrá que esperar un año a que la medida entre en vigor, y después, más tiempo para determinar el impacto real que tendrá en la salud y el peso de los estadounidenses. Mientras tanto, lo que sí está claro es que trata de una medida prometedora para un país en el que las porciones gigantes, los menús "a lo grande", y la comida rápida son, quieran o no, parte de su imagen más internacional.

Tomado de: www.elmundo.es

22 de noviembre de 2014

Trabajar de noche sube riesgo de obesidad

Las personas que trabajan en jornada nocturna, consumen menos energía proveniente de la grasa, en relación con quienes trabajan diurnamente.

Es decir, si dos personas comen lo mismo, pero una trabaja de día y la otra de noche, la del horario nocturno tendrá mayor riesgo de desarrollar obesidad si tiene una vida sedentaria.

Así concluye una investigación hecha por científicos de la Universidad de Colorado en Boulder, EE. UU., publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) .

Antes se había sugerido el aumento de peso en trabajadores nocturnos, pero no se conocía la razón; hoy se sabe que el consumo de grasa es determinante.

El estudio fue de tipo cualitativo. Para él, fueron reclutados 14 adultos sanos y se les pidió vivir seis días en un laboratorio.

Durante los primeros dos días, los participantes llevaron una jornada laboral diurna y durmieron por la noche. Los siguientes tres días, estuvieron despiertos de noche y durmieron de día.

Sin importar el horario, todos los voluntarios cumplieron con ocho horas de sueño.

A todos se les dio la misma cantidad y tipo de comida que consumen en sus hogares normalmente, independientemente de si dormían de día o de noche.

Los científicos encontraron que la energía que los participantes utilizaban en el día cuando dormían de noche, era mucho mayor que la “quemada” en la noche cuando se dormía de día.

La reducción del consumo de energía por las noches probablemente está relacionada con el ciclo circadiano –reloj biológico interno que regula patrones de sueño y alimentación–.

“Los humanos todavía no hemos evolucionado en ese aspecto, y seguimos estando diseñados para estar activos cuando hay luz solar y dormidos cuando está oscuro”, explicó, en un comunicado de prensa, Kenneth Wright, autor principal del estudio.

“La jornada de trabajo nocturna va en contra de nuestra biología. Cuando las personas están en un horario nocturno, su consumo de energía es reducido, así que si la persona no come menos o hace más ejercicio, esto llevaría a aumento de peso”, agregó.

Más problemas

Este no es el único problema de las personas que trabajan de noche. Ellas también tienen más trastornos de sueño.

“La calidad de sueño es mejor de noche, pero se puede aconsejar que estas personas tengan lo más oscuro posible el cuarto a la hora de dormir, así ‘engañamos’ al cuerpo y le hacemos creer que es de noche; es una forma de lograr un mejor descanso”, comentó Daniel Skenderian, psicólogo clínico con especialidad en Fisiología del Sueño, durante su visita al país hace dos semanas.

Tomado de: www.nacion.com

Las grasas trans perjudican la memoria

Las grasas trans siguen cosechando la mala fama que les viene persiguiendo desde hace años. La última mancha en su expediente tiene que ver con la memoria, que disminuiría con el consumo de estas sustancias. A esta novedad se le añaden otros efectos nocivos ya conocidos, como son un mayor riesgo cardiovascular, de cáncer y aumento del colesterol.

Un estudio presentado en las sesiones de la Sociedad Americana del Corazón, realizado a unos 1.000 hombres de 20 años o más a los que se les pasó un cuestionario dietético -los investigadores señalan que hacen falta análisis en mujeres para saber si también les ocurriría a ellas- ha demostrado que aquellos que consumían más grasas trans presentaban mayores problemas para realizar un test de memoria, independientemente de su edad o nivel educativo.

La prueba consistía en memorizar palabras. A los participantes les mostraban una tarjeta en la que había escrita una palabra, y estos tenían que indicar si era una palabra nueva u otra repetida de una tarjeta anterior. El resultado fue que quienes consumían mayor cantidad de grasas trans recordaban unas 11 palabras menos, frente a la media de palabras recordadas correctamente, que era de 86. Esto supone que por cada gramo adicional de grasas trans consumido se fallaban aproximadamente 0.76 palabras.

"La industria sabe que a los que nos dedicamos a la nutrición no nos gustan estas grasas", explica a este periódico Jordi Salas, Catedrático de Nutrición en la Universidad Rovira Virgili de Tarragona, aunque añade que ya no están tan presentes en como antes: "Precisamente porque las marcas son conscientes de esto, han hecho un esfuerzo en los últimos años para reducirlas", aunque añade que aún hay productos que siguen teniendo bastantes, como la bollería industrial.

Pero, ¿qué son las grasas trans? Son grasas producidas artificialmente para convertir los aceites líquidos en sólidos, con lo que se consigue que este aceite se convierta en grasa. Se encuentran especialmente en las margarinas, en muchas comidas rápidas, en bocadillos, en salsas y cremas, en algunas pastas refrigeradas, en las patatas fritas, en las pizzas congeladas o en la ya mencionada bollería industrial.

Aunque hay ocasiones en las que las consumimos de forma natural, como las que están presentes en la leche o la carne de vaca, en pequeñas cantidades no suponen un problema. El problema es cuando se abusa de ellas, porque lo que hacen es "aumentar el perfil lipídico -el colesterol y otras grasas- y afectar a los procesos de inflamación y oxidación del organismo, que son importantísimos e influyen en el desarrollo de procesos patológicos como el cáncer", explica Salas.

Con tales efectos, cabe preguntarse por qué las grasas trans siguen en las estanterías de nuestros supermercados, nuestros bares o nuestras casas. Una de las razones es porque extienden la vida útil de los alimentos, pero Salas añade otra: el dinero. "El sentido de que existan las grasas trans es que la mantequilla es cara, mientras que una grasa obtenida por vegetales -como son las trans- cuesta menos. Al final son una forma de abaratar el producto", cuenta en declaraciones a EL MUNDO.

Países como Estados Unidos están intentando, a través de su Agencia de Alimentos y Medicamentos (FDA), tomar medidas para reducir la cantidad de grasas trans en sus comidas. En España, sin embargo, en opinión de Salas "si hablamos de la actualidad, no de hace unos años, las trans no son un problema generalizado".

Tomado de: www.elmundo.es

La mitad de la población mundial, afectada por problemas de nutrición

La hambruna ha bajado 21% desde 1992, pero urgen objetivos más ambiciosos: FAO y OMS. Organismos internacionales y 170 gobiernos asisten en Roma a conferencia sobre alimentación.

Organizaciones internacionales y 170 gobiernos se comprometieron esta semana a combatir la malnutrición y dijeron que aunque la hambruna ha disminuido, la mitad de la población mundial es afectada de alguna manera por problemas nutricionales.

La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalaron que la hambruna global ha bajado 21 por ciento desde 1992.

Sin embargo, personas que viven en una misma comunidad o incluso en el mismo hogar sufren en forma variable de hambre, deficiencias en micronutrientes y obesidad.

La FAO y la OMS llamaron a políticos, científicos, sociedad civil y sector privado a renovar esfuerzos para fijarse objetivos más ambiciosos y erradicar la desnutrición en el planeta.

Parte de nuestro desequilibrado mundo muere aún de hambre, y otra parte se ceba hasta la obesidad, hasta tal punto que la esperanza de vida vuelve a retroceder, recordó Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) al arrancar la segunda Conferencia Internacional sobre Nutrición (CIN2).

Las agencias se reunieron en una conferencia con ministros de Salud, Alimentación y Agricultura de 170 países y adoptaron la Declaración de Roma sobre la alimentación y un marco de acción que incluye 60 recomendaciones para luchar contra la desnutrición, las carencias alimenticias y la obesidad.

La directora general de la OMS, Margaret Chan, declaró a los delegados que la desigualdad social y de ingresos, y las brechas entre los niveles de nutrición son las más altas de las que se tenga memoria.

"Algo está mal. Parte de nuestro desequilibrado mundo aún se muere de hambre, mientras otras partes se llenan de comida a un nivel de obesidad tan propagado, que reduce las cifras de expectativa de vida y dispara el costo en salud a cifras astronómicas, sostuvo Chan.

La funcionaria afirmó que debería haber reglas sobre consumo máximo de alimentos para proteger a la población de enfermedades vinculadas a la dieta.

De acuerdo con la declaración sobre nutrición, las malas dietas y la falta de ejercicio son responsables de casi 10 por ciento de todas las enfermedades y discapacidades.

Chan criticó el intento por contener la propagación del virus del ébola en África occidental con la prohibición a la carne de caza. Si se prohíbe la caza, venta y consumo de esta comida, la gente muere de hambre, comentó.

Tenemos que ir más lejos. Nuestra responsabilidad es transformar estos compromisos en resultados concretos. Espero que en esta conferencia anunciemos objetivos que vayan más allá de lo que ya ha sido fijado insistió José Graziano da Silva, director general de la FAO.

Tomado de: www.jornada.unam.mx

Esclavos del músculo

Mide 1,84, pesa 80 kilos y sólo tiene 18 años. Jorge Ruiz lleva apuntado al gimnasio desde los 16 y dedica a la actividad deportiva (practica, además, kickboxing) más de dos horas al día. «Si tú te ves grande y fuerte, estás contento contigo mismo y, además, impones respeto», asegura Jorge. Diego también se toma muy en serio su imagen y, por la dieta, se levanta cada mañana a las 6 para comerse un kilo de pollo a la plancha.

La idea de basar la autoestima en la musculatura se asocia a una patología conocida como vigorexia. Aún no está reconocida de forma oficial, por lo que no se diagnostica ni existen programas de ayuda. Los que la padecen tienen una serie de síntomas comunes, aunque no es necesario que los reúnan todos.

«Los vigoréxicos son mayoritariamente varones jóvenes, entre los 13 y 25 años aproximadamente, que se caracterizan por una búsqueda obsesiva del cuerpo musculado», asegura María Isabel Casado, psicóloga clínica de la Universidad Complutense de Madrid. Para ella, los síntomas más representativos son «una obsesión por el físico que les lleva a estar siempre hablando y pensando sobre el tema, la enorme cantidad de horas dedicadas al gimnasio y una alimentación obsesiva que les ayude a conseguir siempre un mejor cuerpo».

Esta patología comparte síntomas con otras, como la anorexia o la bulimia, como por ejemplo la imagen distorsionada de sí mismos. En el caso de los vigoréxicos, se ven siempre débiles, lo que les lleva a convertirse en adictos al ejercicio físico para suplir esa carencia. «Les ocurre algo parecido a lo que les pasa a las personas con anorexia, que siempre se ven gordas. En este caso, por muy musculados que estén nunca se dan por satisfechos y quieren más y más», diagnostica Casado.

«Al principio no le daba tanta importancia al físico como ahora, pero a veces me miro al espejo y pienso que soy un flaco», cuenta Jorge. Precisamente, esa idea de complejo desde la infancia proviene del prototipo de hombre musculoso que reciben los niños desde muy pequeños. El madelman y el superhéroe han sufrido una transformación a lo largo de los años que les ha ido supermusculando, marcando así el canon de belleza masculino en las sociedades modernas.

«Yo desde pequeño siempre quise tener un cuerpo musculoso como el de los superhéroes. Era un niño gordo y cuando por fin me dejaron meterme al gimnasio lo cogí con ganas», cuenta Ángel López, que aspira a convertirse en militar en el futuro. Si no lo consigue, se dedicará a la preparación deportiva y a la suplementación, áreas en las que tiene varios títulos, además de a la competición en certámenes de musculación. Eso sí, tiene claro que logrará su modelo de cuerpo ideal de forma natural, sin utilizar químicos.

Pero hay quien no lo tiene tan claro. Cristian (nombre ficticio porque el protagonista no quiere identificarse) tiene 21 años, mide 1,76 y antes de meterse al gimnasio pesaba 57 kilos. Tras cinco años, su peso actual es de 102. Esta transformación es imposible sin que medie la química. «He tomado anabolizantes de todo tipo, inyectables y orales, y la verdad que son una gran ayuda. El cuerpo al que yo aspiro no se puede conseguir de manera natural», cuenta Cristian, que además ha ganado varios concursos de culturismo pese a su corta edad.

Los esteroides anabolizantes son sustancias que reducen la grasa corporal y aumentan la masa muscular. Pero, a cambio, entrañan graves peligros para la salud de quien los consume. En España sólo es legal adquirirlos con receta médica y en casos muy excepcionales. Suelen recetarse cuando una persona ha salido de una operación tras la que no se ha movido durante mucho tiempo y tiene que ganar masa muscular rápidamente.

Aun así, lo cierto es que son muy fáciles de conseguir para quienes deseen adquirirlos. Tanto por internet (este diario lo intentó y no tardó ni cinco minutos), como en los propios gimnasios donde es común el tráfico de estas sustancias.

Ángel López, por ejemplo, cuenta cómo desde muy temprano algunos compañeros de su gimnasio le ofrecieron tomar anabolizantes a cambio de unirse a un grupo de competición de culturismo. «Vieron futuro en mí, pero yo de momento sólo quiero alcanzar los límites de mi cuerpo de forma natural», asegura el joven preparador físico.

Jorge, sin embargo, sí que se plantea el uso de sustancias anabolizantes en el futuro:«Me lo he planteado porque el físico que yo quiero no se puede conseguir naturalmente. La verdad es que no creo que sean tan malos para mí».

La química, un riesgo

Sin embargo, el presidente de la Federación Española de Medicina del Deporte (Femede), Pedro Manonelles, no está de acuerdo:«El consumo de este tipo de sustancias, especialmente en jóvenes, tiene efectos muy adversos: cáncer de varios tipos, sufrimiento del hígado, mortalidad cardiovascular, alteración del metabolismo, fallos multiorgánicos... además de que tienen efectos adictivos como las drogas de abuso y alteran la fertilidad y la libido».

Desde el departamento de urgencias del hospital madrileño de La Paz, advierten que durante el último año han recibido el doble de casos de jóvenes con fallos hepáticos por consumo de anabolizantes con otras sustancias añadidas.

«Es increíble que nos vengan jóvenes de entre 18 y 24 años con este tipo de patologías que pueden conducirles a necesitar un trasplante de hígado e incluso a la muerte», asegura Alberto Borobia, médico de la unidad toxicológica del hospital. Es más, la hipertrofia que producen no sólo se refleja en un bíceps o un pecho más grande, sino también en la expansión del corazón, que puede llevar a fallos cardiacos.

Quienes padecen vigorexia tienen dependencia de asistir al gimnasio y practicar deporte en general. «Me gusta entrenar y si no voy, me encuentro más deprimido. El dolor de entrenar me hace sentir bien», asegura Ángel.

En una línea parecida va Marina García, de 17 años recién cumplidos, que cuenta cómo es para ella no ir al gimnasio: «El día que falto me miro al espejo y me cabreo. Me noto las piernas flácidas y horribles y por eso procuro evitar mirarme en ellos porque sé que no me va a gustar». Marina dice no saber cuánto tiempo pasa al día en el gimnasio -una hora y media mínimo-, y si por ella fuera, «iría todos los días de la semana, pero siempre pasa algo y tengo que perderme uno o dos».

A pesar de que no se plantean abandonar su estilo de vida, las personas que padecen vigorexia reconocen que esto puede convertirse en un problema para ellas en el futuro. «Me he planteado que cuando llegue a mi límite natural, esto pueda llevarme a hacer una tontería y al final se convierta en un problema de verdad. Ahora mismo no, pero quizá me cambie la mentalidad y quiera ser un gorila», confiesa Ángel. De forma parecida piensa Jorge, quien se muestra preocupado: «Mi mentalidad cada vez es de querer más y más y la verdad es que no sé a dónde me va a llevar».

Traficantes de una obsesión

Los esteroides anabolizantes están prohibidos sin prescripción médica justificada. ¿Cómo acceden a ellos entonces estos jóvenes? En la mayoría de los gimnasios, el tráfico de este tipo de sustancias es común. Jorge Ruiz, por ejemplo, cuenta que para él será muy fácil hacerse con ellas cuando quiera empezar a supermuscularse porque «en el barrio o en el gimnasio siempre encuentras a alguien que o consume o te las vende». 

Este tráfico en los centros deportivos rara vez está regulado por sus responsables. «En los gimnasios, los propios entrenadores recomiendan la toma de estas sustancias para conseguir el cuerpo ideal», apunta María Isabel Casado, psicóloga clínica. Pero no es la única forma. En internet existen infinidad de páginas que ofrecen estos tratamientos. Esto es más peligroso aún si cabe, ya que el consumidor no sabe a ciencia cierta de dónde viene lo que está metiéndose en el cuerpo. Ángel López asegura que, si en algún momento se plantea ciclarse con anabolizantes, lo hará con productos de calidad, que uno sepa «lo que se está metiendo». 

La otra forma para poder adquirir esteroides anabolizantes es mediante receta médica y para esto existen profesionales que se lucran concediéndolas de manera ilegal. Los farmacéuticos lo único que pueden hacer cuando se van a cobrar estas recetas es llamar al médico que las firma para confirmar su autenticidad. De hecho, en España, ya hay un médico detenido en una de las tres grandes operaciones, la Burn en Madrid y otras dos en Alicante y Valencia. En total, se han incautado cerca de 300.000 dosis de sustancias dopantes, recetas médicas e incluso armas de fuego. Las operaciones se llevaron a cabo en tiendas de internet, gimnasios y locales, y han sido detenidas más de 20 personas.

Ellas también quieren músculo

La obsesión por la musculación suele asociarse sólo a hombres pero, aunque suele ser así, las mujeres también están empezando a sufrir esta patología que se une a las tradicionales de bulimia y anorexia. No hablamos sólo de las mujeres dedicadas a la supermusculación, sino también de la búsqueda del cuerpo fitness. Marina García y Diana Méndez tienen 17 años recién cumplidos y desde que se apuntaron al gimnasio hace un año se han volcado en él. «Al principio lo consideraba como un hobby, pero cuando te acostumbras le coges vicio. Me considero un poco obsesiva con todo esto», cuenta Marina. No sólo en el tema de los ejercicios, sino también en la dieta. «Si no voy un día, ya me siento supermal y me veo fofa. Al día siguiente vamos y hacemos el doble para compensar», dice Diana. 

Marina, por su parte, cuenta que su madre está preocupada por ella:«Mi madre me dice a veces que estoy demasiado gorda, pero gorda de que tengo mucho músculo en las piernas. Yo le digo que me deje, que yo sé lo que me conviene». En el tema de la dieta, ya no vale el tradicional no como nada de anteriores patologías relacionadas con la alimentación, sino que ahora está de moda el controlar hasta lo último que se ingiere. «Nuestra dieta está adaptada a mujeres pero orientada a conseguir músculo. Peso las cantidades de casi todo lo que como en una báscula para poder cumplirla estrictamente», cuenta Diana que, además, asegura que le ha afectado a su vida social: «Cuando mis amigas me invitan a ir a comer por ahí o a tomar algo, les digo que no. Se pierden días de gimnasio por comer mal».

Tomado de: www.elmundo.es

Dieta sana protege la salud de los riñones

Comer frutas y verduras, evitar las grasas y frituras y el exceso de azúcares no solo evita la obesidad y mejora la salud del corazón: sus riñones también funcionarán mejor.

Esas son las conclusiones de un estudio presentado este fin de semana en el congreso anual de la Asociación Estadounidense de Nefrología, celebrado en Filadelfia, EE. UU.

Los investigadores de la Universidad Nacional de Irlanda tomaron los datos de 544.635 participantes de un estudio nacional de salud y evaluaron el impacto de su alimentación en el funcionamiento de sus riñones.

Tras investigar los expedientes médicos, se vio que las personas que tenían un alto consumo de frutas y verduras y evitaban las grasas y frituras tenían entre un 16% y 23% menos de riesgo de tener enfermedades crónicas en los riñones y necesitar de diálisis (máquina que funciona como riñón artificial para “limpiar” el organismo).

Asimismo, un alto consumo de sal estaba ligado a mayor riesgo de diálisis.

“Nuestros hallazgos extienden el conocimiento sobre los beneficios de una alimentación saludable y muestran cómo una dieta sana puede proteger de males renales”, mencionó en un comunicado de prensa Andrew Smith, coordinador del estudio.

“Es un método de muy bajo costo y podría reducir el impacto de la enfermedad renal crónica, y, como ya es sabido, evitar enfermedades cardiovasculares”, añadió el especialista.

La recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de cinco porciones de frutas y verduras cada día.

Tomado de: www.nacion.com

La Tierra necesita que comas mejor

Lo que comemos afecta no sólo a nuestra salud, sino también a la del planeta. En los últimos años, el desarrollo económico, el crecimiento de las ciudades y el aumento de la población han cambiado la forma en la que la humanidad se alimenta, alejándose cada vez más de dietas tradicionales como la mediterránea y evolucionando hacia otras formas de alimentación donde la carne es la protagonista, en detrimento de las frutas, las verduras, las hortalizas o las legumbres.

Estos cambios están haciendo mella en nuestra salud, ya que está aumentando el índice de masa corporal de las personas y se ha observado una mayor incidencia de la diabetes tipo 2, de enfermedades coronarias y algunos tipos de cáncer. Pero no sólo eso: al medio ambiente también le está pasando factura nuestra nueva forma de comer. Así lo afirma un estudio publicado en la revista Nature, que pone cifras a la envergadura del problema: de mantenerse las tendencias actuales, en el año 2050 nuestros hábitos alimenticios serán responsables de un aumento del 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Pero el problema no es sólo a futuro, sino que ya está aquí: en la actualidad, la producción de alimentos libera más del 25% del total de estos gases, además de destruir hábitats naturales en todo el mundo. Pero no todos son malas noticias: quienes firman el estudio sostienen que si se introdujeran pequeños cambios en nuestra dieta se podría impedir la destrucción de una zona de bosques tropicales y sabanas equivalente a la mitad de Estados Unidos.

"El mayor problema actual es la producción excesiva de carne", señala David Tilman, profesor de la Universidad de Minnesota y coautor del estudio, en declaraciones a EL MUNDO. Consumimos mucha más carne que hace unos años, lo que hace que sean necesarias cantidades ingentes de cultivo para mantener a los animales. Así lo explica Lluis Serra, catedrático de Salud Pública en la Universidad de Las Palmas, quien también ha publicado un estudio en la revista Environmental Health sobre este tema: "Para producir un kilo de carne son necesarios entre 500 y 1.000 kilos de cereales", señala en conversación con EL MUNDO.

Aunque no es sólo el exceso de carne lo que ha hecho que nuestra dieta se vuelva más nociva: consumimos más calorías de las necesarias pero muchas están vacías, porque provienen del alcohol y las grasas y los azúcares refinados. "Aunque suene paradójico, conforme nos hemos ido haciendo más ricos nuestra dieta se ha hecho más insana", apunta Tilman a este periódico.

En cualquier caso, los españoles no nos llevamos la peor parte: "En nuestro país tenemos una posición intermedia entre lo que sería el consumo mediterráneo y el fast food", explica Serra, para a continuación añadir un dato esperanzador: "Si modificásemos nuestra dieta actual reduciríamos en un 72% las emisiones de gases por efecto invernadero".

Quienes más se están yendo hacia este modelo de comida rápida en nuestro país son los jóvenes, aunque por el momento "los cambios no son excesivamente alarmantes y no se han traducido en un incremento en la mortalidad", explica. El nutricionista nos da las cifras de lo que debería ser una alimentación equilibrada: "Comer carne un máximo de dos veces a la semana, fruta y verdura por lo menos cinco veces al día -en cada comida tiene que haber una ensalada- y legumbres tres veces a la semana o más". Si siguiéramos esas indicaciones le estaríamos haciendo un gran favor a nuestro cuerpo y a la naturaleza.

Además, hay que tener algo más en cuenta: la huella ecológica de lo que comemos, que muchas veces no tiene que ver con el alimento en sí, sino con otras variables. Por ejemplo, un "pez pescado en el mediterráneo y consumido en el mediterráneo tiene un impacto medioambiental muy bajo. Ahora bien, llevar un pescado de Noruega al comedor de un colegio español tiene una huella ecológica más alta", cuenta Serra.

La solución, en opinión de este experto, pasa por apostar por el consumo local siempre que sea posible. Es importante además respetar la estacionalidad de los alimentos: "No hay por qué traer naranjas de China si en España ya ha pasado la época, no es sostenible tanto tránsito de productos", sostiene.

Porque además, según explica, la cercanía tiene otro punto a favor: el sabor. Según él, "nos estamos cargando el sabor de los alimentos con tanto transporte", explica. De hecho, cada vez es más difícil encontrar un tomate que sepa realmente a tomate. "Muchas veces se da prioridad al aspecto físico y a la conservación, con lo que se pierden muchas sustancias fitoquímicas muy importantes para nuestra salud y para el alimento", explica.

Los huertos comunitarios, ir al mercado local en vez de comprar los productos envasados en el súper, enseñar a los niños a cultivar... son algunas de las recetas que dan los expertos para parar de alguna manera esta forma de comer y de producir que está poniendo en aprietos, no sólo a nuestro cuerpo, sino a todo el planeta.

Tomado de: www.elmundo.es

Fibra y fruta reduce la mortalidad en pacientes con riesgo cardiovascular

Una dieta rica en fibra está asociada a menos enfermedades cardiovasculares, así como a menos incidencia de la diabetes tipo 2, de algunos cánceres y enfermedades inflamatorias. Todo esto explica que un alto consumo de fibra conlleva una reducción de la tasa de mortalidad.

Así se desprende de un estudio colaborativo realizado por científicos de la Universidad de Navarra y el Servicio Navarro de Salud, que ha sido publicado en 'American Journal of Clinical Nutrition'.

El trabajo está coordinado por el profesor Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra y miembro de CIBEROBN.

En la investigación, ha detallado la Universidad de Navarra en un comunicado, participaron 7.216 hombres de entre 55 y 75 años y mujeres de entre 60 y 75 años con riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular.

Se clasificó a los pacientes en cinco categorías según su consumo de fibra y fruta. Las personas de la categoría superior de consumo de fibra y fruta presentaron una tasa de mortalidad un 37% y un 41%, respectivamente, más baja que las de la categoría con el consumo más bajo. Esta asociación era aún más fuerte en las muertes cardiovasculares.

Según el director del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública Miguel Ángel Martínez, "lo más interesante que observamos, por primera vez en un estudio epidemiológico, es que quienes consumían inicialmente poca fruta pero incrementaban en solo una manzana al día su consumo de fruta, ya obtenían una reducción importante de su riesgo de mortalidad".

El nuevo estudio, ha destacado el centro académico, se trata de "un trabajo único, ya que investigaciones anteriores solo habían considerado el contenido de fibra total inicial y no mediciones repetidas a lo largo del seguimiento".

"En este caso, además, se ha tenido en cuenta el efecto de los propios alimentos (frutas, cereales integrales y otros ricos en fibra), ya que se considera que existen otros componentes en ellos que podrían tener un papel importante en la prevención de la mortalidad", explicó el coordinador del estudio llevado a cabo por la doctora Pilar Buil-Cosiales, junto a otros profesionales del Servicio Navarro de Salud.

El proyecto se enmarca dentro de PREDIMED, una investigación colaborativa en la que participan 19 grupos científicos de Andalucía, Baleares, Canarias, Cataluña, Navarra, País Vasco y Valencia. Se trata del mayor ensayo clínico de la investigación española y uno de los principales de nutrición en el mundo cuyo objetivo es evaluar si la dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva extra virgen o frutos secos evita la aparición de enfermedades cardiovasculares, en comparación con una dieta baja en grasa.

Tomado de: eldia.es

15 de noviembre de 2014

Estoy triste: ¿por qué me apetece darme un atracón?

¿Por qué cuando estamos tristes o deprimidos, o cuando sencillamente hemos tenido un mal día, lo que más nos apetece es darnos un atracón de comida y no de comida sana, precisamente? Helados, chocolate, galletas, hamburguesas... ¿pero por qué?

Pues sencillamente se trata de un comportamiento que responde a una cuestión hormonal. Vamos, lo de siempre, seguro que sabes de lo que hablo, y que además afecta más a las mujeres que a los hombres, cómo no. Son las hormonas del estrés las que nos hacen comer más. 

Se trata de una aparentemente simple reacción de nuestro cerebro, que cuando experimenta la sensación de peligro repentino, envía una señal a nuestro cuerpo para la liberación hormonal de cortisol. A medida que las situaciones que dan lugar a estrés perduran, mantienen el aumento gradual de la producción de cortisol. El resultado se mide en los antojos de azúcar, alto contenido de grasa y carbohidratos para que el cerebro calme al cuerpo (y nosotros nos sintamos bien). Nuestros niveles de insulina se elevan cuando comemos ese tipo de alimentos tan cómodos y apetecibles; existe una correlación directa entre el aumento de los niveles de serotonina (neurotransmisor para sentirse bien) y aumento de los niveles de insulina.

¿Y cuáles son las mejores estrategias para solucionar el atracón emocional?

1. Ser honesto con uno mismo: antes de lanzarte a por una tarrina de helado, párate y piensa: ¿qué me ha traído hasta aquí?¿Por qué estoy sintiendo esto? Ver nuestros sentimientos reflejados en un papel nos hace más conscientes del momento en el que nos encontramos. Y sobre todo, nos da un margen de ventaja para recapacitar.

2. Hay que comer: eso de dejar de comer porque ayer comimos demasiado o comimos algo que no debimos, es algo que no se puede hacer. Recuerda que si baja la insulina, es cuando más apetecen el azúcar y los carbohidratos para que nos vuelva a dar un “subidón”. Una buena ensalada, un bol de frutas y mucha agua solucionarán el problema y, lo mejor, ¡harán que te sientas bien!

3. El ejercicio, funciona: queda demostrado que hacer ejercicio causa felicidad porque nuestro cuerpo libera las hormonas llamadas endorfinas. Si no estás acostumbrado a hacer deporte en plan alto rendimiento, un simple paseo o una clase de yoga también ayudarán. Y después, seguro, además de sentirnos más relajados, nos sentiremos más felices.

4. Dichosa azúcar: el cuerpo se acostumbra a lo que le das, por eso si comes alimentos con mucha azúcar, el cuerpo siempre te pedirá azúcar para sentirse bien. El problema es que el consumo de azúcar engancha mucho, por eso es importante regular su consumo para así evitar el shock de tener que dejarlo y tener nuestras hormonas en orden.

Tomado de: www.larazon.es

Todas las dietas famosas funcionan por un tiempo, encontró una revisión

Hay muchas dietas famosas para perder peso, pero ninguna se destaca cuando se trata de los resultados duraderos, sugiere una revisión reciente.

Los investigadores observaron una docena de ensayos clínicos, y hallaron que tres dietas famosas (Atkins, Weight Watchers y Zone) eran "modestamente" efectivas en el transcurso de un año. En estudios que compararon los planes directamente, las personas perdieron entre 4 y 10 libras (de 1.8 a 4.5 kilos), en promedio.

Por otra parte, otra dieta comercial (la South Beach) no superó al consejo tradicional de comer una dieta baja en grasa, señalaron los autores del estudio.

Y en los pocos ensayos que duraron dos años, los cuales observaron a la Atkins o a la Weight Watchers, las personas con frecuencia recuperaron parte del peso que habían perdido.

"A partir de nuestros resultados, ninguna dieta para perder peso le ganó a las demás de forma clara", señaló la autora del estudio, Renee Atallah, asistente de investigación del Hospital General Judío y la Universidad de McGill, en Montreal.

Atallah y sus colaboradores informan sobre los hallazgos en la edición del 11 de noviembre de la revista Circulation: Cardiovascular Quality & Outcomes.

Un dietista registrado que no participó en la investigación dijo que se alegra de que cada vez más ensayos clínicos sometan a las dietas comerciales a evaluaciones.

"Los estadounidenses han acudido en manadas a estas dietas y han gastado mucho dinero", comentó Jim White, vocero de la Academia Nacional de Nutrición y Dietética (National Academy of Nutrition and Dietetics).

"Necesitamos estudios como estos que muestren si en realidad funcionan a largo plazo", planteó White. Como sabe la mayoría de personas que hacen dieta, "la parte más difícil es no recuperar el peso", anotó.

Para el estudio, financiado por el gobierno canadiense, el equipo de Atallah observó doce ensayos clínicos que evaluaron al menos una de cuatro dietas populares: Atkins, South Beach, Weight Watchers y Zone.

Todos los ensayos duraron al menos un año, y la mayoría compararon un programa comercial contra la "atención usual" para los pacientes con sobrepeso, como los consejos sobre la alimentación baja en grasa. Dos ensayos compararon a la Atkins, la Weight Watchers y la Zone de forma directa.

Resultó que al evaluarse contra la atención usual, Weight Watchers era la más consistente, ya que ayudó a las personas a perder, en promedio, de 8 a 13 libras (de 3.6 a 5.9 kilos) en el primer año. Solo un ensayo evaluó a la South Beach (una dieta baja en carbohidratos), y no resultó más efectiva que las recomendaciones de la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association) sobre una alimentación baja en grasa.

Respecto a la Atkins, la dieta baja en carbohidratos más famosa, los resultados fueron más mezclados, reportó el equipo de Atallah. La pérdida de peso en un año varió entre las 7 y las 24 libras (entre los 3.2 y los 10.9 kilos), pero la Atkins no fue consistentemente mejor que las dietas bajas en grasa.

Y en los ensayos de comparación directa, la Atkins, la Weight Watchers y la Zone mostraron efectos similares. Ayudaron a las personas a perder un promedio de 4 a 10 libras (de 1.8 a 4.5 kilos) en un año.

"Los dos ensayos de comparación directa proveyeron la evidencia más firme sobre estas tres dietas, dado que todas se compararon de forma directa", apuntó Atallah.

Más ensayos como éstos serían útiles, añadió, e idealmente observarían a todas las dietas famosas que hay, e incluirían al ejercicio.

Por ahora, las personas que deseen perder el peso de más deben elegir cambios en la dieta con los que puedan vivir a largo plazo, aconsejaron tanto Atallah como White.

"A corto plazo, cualquier dieta (incluso la dieta de los Twinkies) funciona si se reducen las calorías", anotó White.

Pero la clave, afirmó, es adoptar una dieta equilibrada que le provea los nutrientes necesarios (fibra, proteína y grasas insaturadas "buenas") y que no le deje sintiéndose "privado".

También es importante tener suficiente energía para hacer ejercicio, añadió White. Y eso podría resultar difícil si se reducen demasiado los carbohidratos.

"Los carbohidratos no engordan", enfatizó White. El problema, dijo, es cuando las personas se exceden, y eligen los carbohidratos equivocados al optar por refrigerios procesados, por ejemplo, en lugar de verduras, frutas y granos ricos en fibra.

White también señaló otro componente para una pérdida de peso duradera: la paciencia.

"La gente quiere una solución rápida", dijo. "Pero en mi experiencia, la mayoría de nuestros clientes exitosos son aquellos que pierden peso lentamente".

Falsos delgados, falsa salud

Por MAITE ZUDAIRE / Tomado de: www.consumer.es

Estar delgado no es sinónimo de estar sano, ya que es posible tener un peso normal y acumular grasa interna

La belleza está en el interior y la grasa puede que también. El pasado verano, los medios de comunicación se hicieron eco de una exposición del doctor Steve Blair, profesor de la Universidad de Carolina del Sur, que puso el foco sobre la apariencia, sobre lo que parece ser pero no es. Sus estudios ahondan en las teorías que advierten de que se puede aparentar estar delgado y, sin embargo, tener acumulada grasa peligrosa en los órganos vitales. En definitiva, que mantenerse delgado no es garantía de estar sano. Blair aboga por introducir la actividad física como herramienta esencial para asegurar que haya correlación entre peso y salud. En este artículo, repasamos los principales hallazgos sobre las falsas apariencias de salud.

Falsos delgados, apariencias peligrosas

En la literatura científica se utiliza la expresión "falsos delgados" (skinny fat, en inglés) y el acrónimo "TOFI" (Thin Outsider, Fat Inside; en español, "delgado por fuera, gordo por dentro"), que acuñó en 2007 Jimmy Bell, profesor de imagen molecular en el Imperial College de Londres. El profesor y su equipo analizaron a 800 personas con máquinas de resonancia magnética para crear mapas que mostraran dónde acumulaban la grasa. De las mujeres escaneadas por Bell y sus colegas, el 45% registraba un índice de masa corporal (IMC) normal, pero el mapa revelaba niveles excesivos de grasa interna. Entre los hombres, el porcentaje fue casi del 60%. Por ello, Bell concluyó que ser delgado no significa automáticamente no tener exceso de grasa.

La importancia de este descubrimiento se plasma en una teoría. La grasa interna que rodea órganos vitales como el corazón, el hígado o el páncreas, invisible a simple vista, podría ser tan peligrosa como la grasa externa más evidente que se acumula debajo de la piel. Un pasó más que avanzó el equipo financiado por el Britain's Medical Research Council es que las personas que mantienen su peso a través de dieta en lugar de hacerlo mediante el ejercicio es probable que tengan mayores depósitos de grasa interna, incluso si son delgadas. Además, los médicos temen que las personas delgadas puedan asumir falsamente que están sanas porque no tienen sobrepeso.

Grasa interna, grasa externa y desarrollo muscular

Seis años más tarde de la investigación de Bell, el doctor Steve Blair desarrolló esa idea y agregó un nuevo dato: las personas de fisionomías más generosas tienen donde albergar el excedente, pero en el caso de las anatomías más escuetas, este va a parar a los órganos o arterias. Esto se traduce en que los obesos en buena forma física podrían estar más sanos que los delgados en mala forma. La clave reside en el mapa de grasa del informe Bell, al que Blair añade una nueva variante que confirma la necesidad de cuestionar las apariencias. A la grasa externa y a la grasa interna se le suma el desarrollo muscular. Es decir, aunque el nivel de grasa sea equilibrado y el IMC aceptable, una carencia de desarrollo muscular puede ser también peligrosa.

Los médicos no están seguros acerca de los peligros exactos de la grasa interna, pero algunos sospechan que contribuye al riesgo de enfermedades del corazón y diabetes, y cada vez es más evidente que está detrás del síndrome metabólico. Las teorías sugieren que la grasa interna altera los sistemas de comunicación del cuerpo. La grasa que envuelve los órganos internos podría enviar señales químicas erróneas para almacenar grasa en el hígado o en el páncreas. En última instancia, podría dar lugar a resistencia a la insulina y a potenciar diabetes tipo 2 o enfermedades del corazón.

Blair apunta que, al menos como prevención, se potencie la actividad física. Tiene muy presente lo que Bell sostuvo: los luchadores de Sumo tienen un mejor perfil metabólico que personas mucho más delgadas, pero sedentarias, porque la grasa de los deportistas se almacena principalmente debajo de la piel y no se adhiere a sus órganos ni a sus músculos vitales. De hecho, los expertos no dudan de que las personas activas con sobrepeso tienen mejor salud y menos riesgos que las personas flacas sedentarias.

Para estar sanos, no solo dieta, también ejercicio

La obesidad es un factor de riesgo, pero según los expertos, existen otros más peligrosos. Fumar, la genética y las tasas de presión arterial y colesterol son los determinantes más importantes tanto para la formación de grasa externa como interna. Por ello, cuando se trata de estar en forma, los expertos señalan que no hay atajo. Si lo que se desea es estar delgado, entonces tal vez la dieta es suficiente. Pero si se busca estar saludable, el ejercicio tiene que ser un componente importante del estilo de vida.

La buena noticia es que la grasa interna se quema fácilmente a través del ejercicio habitual y con una mejora en la dieta, que limite los alimentos más grasos. El doctor Bob Ross, un experto en obesidad de la Universidad de Queen, en Canadá, asegura que si se hace ejercicio, aunque no se baje de peso, el hecho de quemar calorías tiene un efecto efectivo para combatir la grasa visceral.

Frutas del bosque: saludables, pero no milagrosas

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

Las frutas del bosque son ricas en antioxidantes y tienen propiedades saludables, pero no por ello son mágicas ni mejores que otras frutas

Consumir fruta siempre es recomendable. Su ingesta diaria ejerce efectos positivos sobre nuestro cuerpo y puede protegernos de numerosas enfermedades crónicas. Las entidades de referencia aconsejan tomar un mínimo de tres raciones diarias de fruta, pero no hacen énfasis en un tipo concreto. Pese a ello, es muy habitual leer en determinados medios que algunas frutas son más recomendables que otras. Las frutas del bosque casi siempre aparecen en la lista de elecciones que priorizar, por lo que conviene revisar si tales afirmaciones tienen un sólido sustento científico. El siguiente artículo repasa sus cualidades demostradas.

Las frutas del bosque, además de ser deliciosas, son una importante fuente de vitamina C y fibra dietética, entre otros muchos nutrientes. Desde hace unos años sabemos, además, que encabezan las listas de alimentos con mayor contenido en antioxidantes. A su vez, varias investigaciones preliminares sugirieron que los antioxidantes podrían tener la capacidad de prevenir algunas enfermedades, por lo que las ventas de suplementos con antioxidantes, y también de frutas del bosque, han aumentado de forma considerable. No obstante, en nutrición humana las evidencias científicas no siempre van de la mano de la fama de un nutriente o alimento.

Frutas del bosque, ricas en antioxidantes

Entre los estudios que revelaron que las frutas del bosque eran una importante fuente de antioxidantes, uno de los más destacados fue el publicado en julio de 2006 por la doctora Bente Halvorsen y colaboradores en la revista American Journal of Clinical Nutrition. Estos investigadores, pertenecientes al departamento de Nutrición la Universidad de Oslo, elaboraron una tabla en la que los alimentos se clasificaban en función de su contenido en antioxidantes.

El estudio reveló que, de acuerdo a una ración habitual de consumo, muchas frutas del bosque (moras, fresas, arándanos, frambuesas, etc.) están "en la cima de la lista" de los alimentos que aportan antioxidantes a nuestra dieta. Pese a ello, en su investigación, los autores indicaron que su tabla "no puede ser usada para emitir recomendaciones dietéticas en la etapa actual", dado que el hecho de que un alimento tenga antioxidantes no prueba que sea más saludable. Los estudios revisados por Halvorsen y su equipo resultaron ser "preliminares", por lo que declararon que "la evidencia general es limitada y se necesitan muchas más investigaciones" para sugerir que los antioxidantes de los alimentos pueden usarse como marcadores de su salubridad.

Conviene tomar una variedad de frutas, sin distinción botánica

Un año después, en 2007, se publicó uno de los informes más relevantes en relación al papel de la alimentación en la salud. Lo llevó a cabo el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer, en colaboración con el Instituto Americano para la Investigación del Cáncer y se tituló 'Alimentos, nutrición, actividad física y la prevención del cáncer: una perspectiva global'. En él, tras una exhaustiva revisión de la literatura científica, se concluyó que el consumo de frutas es probable que proteja del cáncer bucal, de faringe, de laringe, de esófago, de pulmón y de estómago. Como era de esperar, no se emitió recomendación alguna en relación a la pertinencia de elegir uno u otro alimento en función de sus antioxidantes.

En enero de 2010, se recogieron nuevas pruebas en relación a la alta cantidad de antioxidantes de las frutas del bosque. Las mostró, de nuevo, el departamento de nutrición de la Universidad de Oslo, en un estudio capitaneado por la doctora Monica Hauger Carlsen y publicado en la revista Nutrition Journal. Como en la anterior investigación, las frutas del bosque se citan entre los alimentos con más antioxidantes. De nuevo, los autores no consideraron probado que una mayor concentración de antioxidantes se traduzca en mayores beneficios para la salud, aunque añadieron algo más: "Un alimento con un bajo contenido en antioxidantes puede ejercer beneficios para la salud gracias a otros componentes".

Antioxidantes, cuidado con los engaños dietéticos

A día de hoy, las entidades de referencia aconsejan aún a la población consumir una amplia variedad de frutas frescas, sin insistir en que tomemos ninguna de ellas en particular. No extraña, por tanto, que se alcen voces que alerten de los posibles engaños que aparecen de vez en cuando en algunos medios de comunicación en relación a supuestos beneficios mayúsculos gracias al consumo de una o varias frutas del bosque, o de complementos alimenticios elaborados con extractos de dichos alimentos.

Una voz muy acreditada, la del doctor Steven Novella, explicó en agosto de 2012 en el blog Science-Based Medicine que "en el último par de décadas hemos visto el surgimiento del zumo de noni, la baya del acai, derivados de la granada, arándanos rojos ahora, entre otros, acompañados de reclamos increíbles y de una simplista y exagerada narrativa no respaldada por la ciencia". Como se detalló en el artículo 'La falacia de los antioxidantes', publicado en EROSKI CONSUMER en noviembre de 2013, la ciencia desaconseja el uso de suplementos de antioxidantes, a la vez que cada vez es más explícita a la hora de probar que una dieta rica en frutas y hortalizas no tiene comodines, talismanes o varitas mágicas.