25 de abril de 2015

La importancia de una alimentación saludable en el trabajo


Una persona adulta suele pasar entre 8 y 10 horas diarias en su ámbito laboral. Por eso, el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, que desde 2003 impulsa cada 28 de abril la Organización Internacional del Trabajo (OIT), es un buen marco para resaltar la necesidad de que éste se convierta en un espacio para promover actividades saludables como una buena alimentación.

Cuando esto ocurre, los beneficios saltan a la vista: aumenta el rendimiento de los empleados por el adecuado aporte de energía y nutrientes; mejora su bienestar físico y mental; previene enfermedades no transmisibles (diabetes, hipertensión, males cardiovasculares, obesidad, cáncer); reduce los costos en salud y los del ausentismo laboral; y genera una mayor satisfacción en los trabajadores al sentirse cuidados por la institución en la que permanecen la mayor parte de su día.

“Dado que el estilo de vida se puede definir como el conjunto de decisiones que toma un individuo con respecto a su salud y sobre las cuales ejerce cierto grado de control, es imprescindible crear entornos en los que se facilite que las personas tomen decisiones saludables”, señala la doctora Mónica Katz, directora de la Carrera de Especialista en Obesidad y del Posgrado en Nutrición de la Universidad Favaloro.

Y añade: “Así, el ámbito laboral es el lugar natural para trabajar la problemáticas relacionadas con el estilo de vida”, al tiempo que sostiene que “como beneficio para el empleador se puede rasaltar que una mala nutrición lleva a un menor rendimiento laboral”.

Por su parte, Christopher Wanjek, autor de “La alimentación en el trabajo”, un libro que le fue encargado especialmente por la OIT, coincide: “el ambiente laboral, donde muchos adultos pasan un tercio de su día, o la mitad de las horas en las que están despiertos, es un lugar lógico para realizar intervenciones de salud”.

“Los programas de alimentación en el trabajo pueden prevenir deficiencias de micronutrientes y enfermedades crónicas como la obesidad”, asegura, para luego explicar que “la inversión en nutrición queda saldada porque consigue una reducción de ausentismo por enfermedad y accidentes y aumenta la productividad y la moral. Estos programas de nutrición en el trabajo son buenos para los empleados, para el negocio y para los países”.

Y grafica: “la nutrición inadecuada de los trabajadores implica que en todo el mundo las empresas tengan pérdidas de productividad cercanas al 20 por ciento”.

Aunque en la mayoría de los casos todavía suelen ejercer un efecto contrario, por la abundancia de máquinas expendedoras de productos pocos nutritivos que ofrecen o por la falta de menúes saludables, lo cierto es que las empresas podrían ser grandes aliadas para el cuidado de la salud de sus contratados.

Mónica Katz recuerda que según el Instituto Nacional para la Salud y el Bienestar de Finlandia, “los empleados que comían en la empresa consumían más frutas y verduras que aquellos que traían su comida de casa o compraban en un delivery. Esto se debía a que en ese país las cantinas de las empresas deben seguir la reglamentación vigente”.

Wanjek acota: “consumir alimentos de buena calidad junto a los compañeros de trabajo en un entorno tranquilo ayuda a los empleados a rendir al máximo. Cuando están relajados y se han alimentado bien son más productivos, lo que beneficia a sus empleadores y familias”. Sin embargo, comprobó que esta hipótesis por lo general son la excepción y no la norma.

Una costumbre muy difundida entre los oficinistas es la de no salir a almorzar sino que comen en sus escritorios, algo que les permite ahorrar tiempo y dinero pero que, definitivamente, atenta contra su salud. “¡Alrededor del 70% de los británicos y norteamericanos almuerzan en escritorio!”, se indigna Katz.

“El problema es que cuando uno hace dos cosas al mismo tiempo, las conductas compiten entre sí. Y como el comportamiento ‘comer’ no es de alto involucramiento humano, si existe una actividad paralela al comer ésta funciona como distractor y potencia el subregistro del volumen ingerido, lo que genera consumo extra de calorías”, añade y recomienda:

---) No comer en el escritorio; es preferible tener sólo 15 minutos de almuerzo agradable compartido, que comer en media hora frente a papeles o pantalla de la PC.

---) Planificar compras una vez por semana para llevar al trabajo.

---) Estudiar las opciones de comidas cercanas al trabajo.

---) “Emplatar” el almuerzo, sacar siempre foto al plato antes de comer y compartirla en las redes sociales. Esto mejora conciencia de volumen ingerido.

---) Preparar colaciones saludable: frutas; barras de cereal; porciones de queso, de galletitas o de snacks salados horneados (menos de 25 o 30 gramos); mix de frutas secas; sándwich en pan árabe de queso magro; fruta desecada (menos de 30 gramos).

---) Para completar una alimentación saludable, la hidratación es esencial; se deben beber al menos 8 vasos por día. La sub- hidratación deteriora el desempeño cognitivo y esto sucede al pasar 2 horas en ambiente seco (aire acondicionado) sin beber.

El tema de la hidratación merece una aclaración aparte. En la declaración del “Consenso científico sobre a la importancia de la hidratación y la ingesta total de agua para la salud y la enfermedad” se explica que “el cuerpo pierde agua constantemente.

La cantidad perdida varía según la edad, contextura física, nivel de actividad física, estado de salud y condiciones ambientales. La pérdida de agua debe ser reemplazada por medio de fuentes de agua provenientes de la dieta, que incluye a las bebidas y las comidas.

El consumo de distintas bebidas, cafeinadas y no cafeinadas, incluyendo agua, leche, té, café, jugo, gaseosas y bebidas deportivas, puede contribuir a cumplir con los requerimientos de agua del organismo.

Sin embargo, como señalan las reconocidas investigadoras Ann C. Grandjean y Sheila M. Campbell en una monografía especial sobre el tema para ILSI Norteamérica, “con frecuencia prevalece la percepción equivocada de que las bebidas poseen diferentes capacidades para mantener el estado de hidratación”.

“Debido a ello, se suelen emitir exhortos para no consumir bebidas cafeinadas que, a decir de esa creencia, contribuyen a la deshidratación. A esto se suma la persistente percepción de que el agua simple hidrata más que otras bebidas”, prosiguen las científicas, pero aclaran que “ninguna de estas afirmaciones está basada en pruebas”.

Empleadores como aliados

Más allá de lo que haga el propio trabajador para mantenerse sano, los empleadores también pueden implementar medidas que ayuden a cuidarlos.

“Cada uno de nosotros es un agente de salud y todos podemos cambiar el mundo, lo podemos hacer contagiando a los que tenemos al lado”, señala Katz.

La alimentación saludable en el trabajo es uno de los tres objetivos que debe cumplir una empresa para ser considerada “saludable” según las recomendaciones del Ministerio de Salud de la Nación, y entre las metas fundamentales, se cuentan:

---) Que la institución cuente con una oferta de alimentos saludables en su comedores, buffets y kioscos

---) Que los eventos organizados por la institución ofrezcan menúes saludables

---) Que realice acciones de promoción de alimentación saludable de acuerdo a las necesidades y problemática de sus trabajadores

---) Que facilite el acceso a un consultorio nutricional para la atención del personal que lo requiera

---) Que se ofrezca diariamente variedad de ensaladas y verduras cocidas

---) Que el menú del comedor o buffet incluya por lo menos en uno de sus platos hortalizas y verduras;

---) Que se ofrezcan opciones de postre con frutas frescas o cocidas

Si de salud laboral se trata, además de la alimentación es muy importante tener en cuenta, también, el tema de la actividad física. Una encuesta dada a conocer días atrás en Inglaterra entre 2 mil oficinistas determinó que el 45 % de las mujeres y 37 % de los hombres están menos de 30 minutos de pie al día en sus trabajos.

Y según estudios internacionales recientes, permanecer quietos en una silla más de cuatro horas al día lleva, entre otras cosas, a un menor gasto energético; desequilibrio en los niveles de azúcar sanguíneos; debilitamiento muscular en las piernas; y una menor actividad de las enzimas responsables de “quemar” las grasas dañinas que circulan en la sangre.

Así, conviene tener en cuenta algunas recomendaciones que son sencillas y pueden tener gran impacto:

---) En lugar de llamar por el interno o enviarle un correo electrónico a un colega de oficina, camine hasta su escritorio para comunicarle o consultarle lo que necesita

---) Siempre que pueda utilice las escaleras en lugar del ascensor

---) Si las distancias lo permiten intente ir caminando o en bicicleta hasta su trabajo o bien estacione el auto a varias cuadras de distancia o baje antes del servicio público de manera de recorrer un parte del trayecto a pie

En cuanto a otras recomendaciones para incorporar a la rutina diaria y contrarrestar los efectos del sedentarismo, Mónica Katz enfatiza: “considero que todos los trabajadores deberían contar con un cuentapasos suministrado por el empleador”.


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