15 de agosto de 2015

¿Por qué no debemos obligar a los niños a probar alimentos nuevos?

Tomado de: www.larazon.es

La neofobia, miedo de los niños a probar alimentos nuevos, puede tener consecuencias dietéticas negativas y puede conllevar también ansiedad y menor autoestima, según un estudio realizado en la UPV/EHU. La neofobia alimentaria es una característica típica en el desarrollo infantil, que puede llegar a ser habitual incluso en la edad adulta. Un estudio realizado en la UPV/EHU, en niños y niñas de entre 8 y 16 años, ha concluido que los participantes neofóbicos presentan un menor índice de calidad de la dieta mediterránea, y, por otra parte, tienen mayor ansiedad y menor autoestima.

El comportamiento de rechazar nuevos alimentos es una etapa típica en el desarrollo infantil, sobre todo en pequeños de 2-3 años, que remite en torno a los cinco años. Los niños que experimentan neofobia alimentaria presentan también signos de angustia y ansiedad, y el comportamiento incluso puede llegar a ser habitual en la edad adulta.

La investigadora de la Facultad de Psicología de la UPV/EHU Edurne Maiz ha realizado, en su tesis doctoral, un estudio con 831 escolares de edades comprendidas entre 8 y 16 años, del que se deduce que el comportamiento neofóbico puede tener consecuencias dietéticas negativas en cuanto que reduce la variedad de los alimentos ingeridos. Además, consumen menos frutas y verduras, mientras que aumenta el de alimentos considerados de consumo ocasional.

Presionar puede afectar al estado emocional

En general, los padres y las madres tienden a controlar qué, cuánto y cuándo comen sus hijos y les presionan para que coman nuevos alimentos. La presión ejercida --que es debida a la frustración que les supone a los progenitores el rechazo del alimento-- puede afectar negativamente al estado emocional del niño.

Respecto a la ansiedad, los datos apuntan a que, tanto en la infancia como en la adolescencia, los participantes neofóbicos son más ansiosos que los neofílicos --que comen de todo y les gusta probar nuevos alimentos--.

Asimismo, respecto a la autoestima, los neofóbicos han presentado, en la infancia, menores puntuaciones que los neofílicos en las cinco dimensiones estudiadas del autoconcepto (familiar, social, físico, emocional y académico); y, en la adolescencia, han presentado menores puntuaciones en el autoconcepto familiar y físico.

En cualquier caso, no se ha encontrado ninguna diferencia notable en lo que respecta a la composición corporal de unos u otros. “Eso puede ser debido a que existen suplementos nutricionales, que en un momento dado pueden tomarse como complemento alimentario”, ha concluido la investigadora.

A la hora de afrontar este problema es importante tener un fuerte vínculo parental con el niño. Además, se recomienda “tener un ambiente distendido y agradable a la hora de las comidas, que los niños participen en la elaboración de la comida, así como en la compra, utilizar refuerzos positivos, y, por último, ser un buen modelo”.

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