26 de septiembre de 2015

Para mejorar el colesterol, come chocolate

Tomado de: www.larazon.es

Consumir unos 50 gramos de chocolate negro que no contenga mucho azúcar cada día, junto con una dieta saludable y ejercicio, puede mejorar los niveles de colesterol bueno, responsable del colesterol malo, y retrasar la aparición de los principales factores de riesgo coronario. Así lo ha considerado hoy el profesor de Medicina Interna de la Universidad de Barcelona (UB) el doctor Ramon Estruch, en su intervención en el II Congreso Internacional del chocolate y el cacao en medicina, que se celebra hoy y mañana, día 26, en Barcelona.

En el congreso participan cerca de un centenar de médicos y científicos de todo el mundo, y apuesta por abordar aspectos de la investigación internacional en este ámbito de la alimentación y la salud, y dar protagonismo a los aspectos aún controvertidos de los efectos saludables de estos productos naturales.

Según Estruch, el consumo habitual de cacao natural es capaz de prevenir complicaciones del corazón porque retrasa la aparición de los principales factores de riesgo, como la hipertensión, la diabetes o los trastornos de los lípidos en la sangre.

Esta capacidad de aumentar el colesterol bueno se debe a un compuesto concreto del cacao -teobromina- que no se encuentra por igual en todos los productos derivados del cacao que se pueden hallar en el mercado, ha añadido Estruch.

Ha dado a conocer que un estudio realizado con indígenas de la etnia Kune de las Islas Blas, en Panamá, y su consumo habitual de cacao, repercute en una buena salud cardíaca, que varía totalmente cuando se comparan con los resultados que ofrece el mismo grupo de personas tras vivir un tiempo en Nueva York (Estados Unidos).

No obstante, ha precisado que serían necesarios más estudios epidemiológicos que complementaran el anterior y que tuvieran en cuenta otros elementos que influyen en la salud, como el estrés que supone vivir en una gran urbe como Nueva York.

Este producto natural contiene polifenoles, como los flavonoides, una elevada proporción de fibra y cantidades importantes de teobromina, una metilxantina similar a la cafeína, ha explicado hoy el experto en su intervención.

El congreso cuenta con el apoyo de la Universidad de Barcelona, la Facultad de Farmacia, el INSA (Instituto de Investigación en Nutrición y Seguridad Alimentaria), el campus de la Alimentación de Torribera (UB), el Museo del Chocolate, la Asociación Catalana de Ciencias de la Alimentación, y las empresas Idilia Foods (Cola Cao) y Simon Coll.

Lo que no sabes de los productos light

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

El espectacular aumento en las ventas de productos bajos en calorías, azúcares o grasas no se ha acompañado de una disminución en las tasas de obesidad o en una reducción de la ingesta de calorías de la población. Conviene preguntarse, por tanto, cómo nos influyen las declaraciones de salud "light" o "bajo en grasas o azúcares". ¿Conciencian sobre aspectos dietético-nutricionales o generan la ilusión de que son alimentos "que adelgazan"? ¿Incrementan la calidad dietética o promueven el sobreconsumo de alimentos insaludables? ¿Informan o, más bien, aumentan la confusión de los consumidores? El presente artículo analiza estas cuestiones. 

Según la legislación vigente, un alimento puede publicitarse como "light" o "ligero" si el fabricante ha reducido en un 30% su aporte calórico, siempre que se indique la característica que hace que el producto sea "light". Pero que un alimento sea "light" no significa que no tenga calorías. Puede seguir aportando una notable cantidad de energía, como es el caso de quesos, mayonesas o margarinas "light". 

Por otra parte, cuando se indica que se ha reducido el contenido en azúcares o grasas, también debe disminuir en un 30% la cantidad de azúcar o de grasa. No obstante, un alimento al que se le ha reducido el contenido en grasa puede haber sufrido un incremento en el contenido en azúcares, y viceversa, por lo que su aporte energético no siempre será menor.

En ambos casos, tanto en el alimento "light" como en el alimento al que se han reducido sus grasas o sus azúcares, es posible que se esté frente a productos con grandes cantidades de sal. Para comprobar si es así, es preciso saber que se considera que un alimento tiene "mucha sal" cuando contiene 1,25 gramos de sal, o más, por cada 100 gramos de alimento, y que tiene "poca sal" (es la situación idónea) cuando aporta 0,25 gramos (o menos) de sal por cada 100 gramos de alimento.

Pero el verdadero problema no es tanto la sal, sino cómo puede cambiar el comportamiento alimentario de la persona cuando adquiere los productos que contienen eslóganes como "light", "bajo en grasas" o similares, tal y como se amplía a continuación.

Contenido reducido en azúcares... ¿También en energía?

No se debe confundir las declaraciones "bajo contenido en azúcares" o "sin azúcares" con la declaración "contenido reducido en azúcares". Mientras que en las dos primeras se está ante productos con cantidades bajas de azúcares, esta última detalla que se ha reducido la cantidad de azúcar en un 30% (o más) en relación a un producto similar. Por tanto, si el "producto similar" tenía una notable cantidad de azúcar (por ejemplo, una mermelada), es posible que las calorías no hayan disminuido de forma considerable.

Sea como fuere, no siempre que un alimento tiene pocos azúcares aporta pocas calorías, porque es posible que su contenido en grasas sea importante, algo que observaron Patterson y sus colaboradores en junio de 2012 (revista Nutrition Bulletin). La investigación constató que los consumidores "son claramente desconocedores de esta situación" y que cuando descubren la realidad se sienten engañados. Es recomendable, por tanto, revisar la etiqueta del producto y comprobar su aporte calórico. Una pista que puede ser de utilidad es revisar si el montante de calorías es inferior a 225 kilocalorías por 100 gramos. Se trata de una cifra a partir de la cual la capacidad de promover la obesidad por parte de alimentos procesados es notoria, según indicó en 2007 el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer.

Una declaración de salud que también puede ser desconcertante, aunque cumpla a la perfección la legislación vigente, es la siguiente: "sin azúcares añadidos". En este caso, la confusión se puede producir por la existencia de productos en cuya elaboración se generan azúcares en grandes cantidades, como es el caso de ciertos cereales para bebés.

¿Tienen pocas calorías los alimentos desnatados o "sin grasas añadidas"?

La respuesta a esta pregunta es "no siempre", tal y como detallaron en mayo de 2015 los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC). Y es que algunos alimentos a los que se ha reducido su contenido en grasas es posible que tengan todavía mucha grasa. Un ejemplo claro son los quesos. Un queso curado puede contener hasta un 50% de su peso en grasa (por eso su aporte calórico es tan alto), por lo que una reducción de su contenido en grasa no se traducirá en un alimento bajo en calorías.

Tampoco es extraño hallar productos bajos en grasas pero con un extra de azúcares añadidos. La prueba está en algunos yogures helados sin grasas que pueden tener una gran cantidad de azúcar. También se encuentra en determinadas galletas con una reducción en la cantidad de grasa, pero con un contenido en calorías idéntico al de las mismas galletas sin modificar, también por una mayor presencia de azúcares. Hablaron de estos ejemplos u otros similares los doctores Brian Wansink y Pierre Chandon en la edición de noviembre de 2006 de la revista Journal of Marketing Research. La conclusión de su investigación fue tan rotunda como desoladora: "Las etiquetas con el reclamo 'bajo en grasas' incrementan la ingesta de alimentos".

Por ello, siempre es importante revisar el contenido calórico del alimento y compararlo con la versión no baja en grasa del mismo producto. Hacerlo permite comprobar, en muchas ocasiones, que el hecho de que un producto no tenga grasas no significa en absoluto que no tenga calorías, ni mucho menos que "adelgace"; tampoco que actúe como "quemagrasas" o que permita ser indulgente con el resto de alimentos, algo que piensa parte de la población cuando adquiere productos que declaran tener menos calorías, grasas o azúcares.

De hecho, Wansink y Chandon constataron, en la investigación antes citada, que la declaración "bajo en grasas" desinhibe la culpa de los consumidores, que pierden de forma inadvertida su autocontrol. En sus palabras, "las etiquetas 'bajo en grasas' han mostrado conducir a los consumidores -sobre todo, a los que padecen sobrepeso- a infraestimar el número de calorías por ración y, por tanto, a consumir una mayor cantidad de energía".

¿Qué sucede cuando compramos un alimento light?

A diferencia de los alimentos "bajos en grasa/azúcar", los alimentos "light" siempre tienen menos energía que la versión "no light". No obstante, también pueden tener bastantes calorías. Es más, tal y como detallaron las doctoras Stacey R. Finkelstein y Ayelet Fishbach en la revista Journal of Consumer Research (octubre de 2010), diversos estudios han constatado que buena parte de los consumidores de estos productos consideran que sacian menos y, por tanto, o bien toman más cantidad, o bien sobrecompensan la situación con una mayor ingesta de otros alimentos tanto saludables como no saludables.

Esto último se conoce como "halo de salud" o "halo saludable"; es decir, se piensa que ingerir estos productos protege de tal manera que no sucederá nada si más tarde se consume una gran cantidad de calorías. Lo más preocupante es que se hará sin sentir ninguna clase de culpa y sin ser consciente de que se puede ganar peso.

Todo lo descrito podría explicar el gran fracaso de los esfuerzos que realizan muchas personas por adelgazar cuando intentan instaurar unos hábitos de alimentación saludables. Sin darse cuenta, al adquirir productos "light" o "bajos en grasas o azúcares", es posible que se esté saboteando el camino hacia una alimentación saludable. Sabotear este sabotaje pasa por consumir menos productos manufacturados y más cantidad de alimentos frescos, sobre todo frutas, hortalizas, frutos secos, legumbres o granos integrales.

El caso de los refrescos sin azúcar

Los refrescos sin azúcar detallan en su etiqueta que no tienen calorías. Muchas personas se preguntan si esto es cierto o se trata de un error o de un engaño del fabricante. Ni es un error ni tampoco una treta: la etiqueta es del todo correcta. La bebida contiene edulcorantes con un sabor dulce pero sin casi energía.

¿Ayudan a controlar el peso corporal? Depende. Si alguien pasa de beber a diario una gran cantidad de refrescos azucarados a tomar la misma cantidad pero a partir de refrescos "ligh", es muy posible que prevenga el incremento de peso, porque ha dejado de ingerir varios centenares de kilocalorías al día. Pero eso no se aplica a quien no consume habitualmente muchos refrescos y pasa a tomar las versiones "light". El gran sabor dulce de estas bebidas puede provocar a largo plazo una alteración de la percepción del gusto que generaría una mayor preferencia hacia alimentos más dulces, lo que desequilibrará la alimentación. El líquido que mejor ayuda a prevenir la obesidad es, sin duda, el agua.

Coca-cola desvela sus vínculos económicos con científicos e instituciones

Tomado de: www.elmundo.es

Casi 120 millones de dólares en los últimos cinco años. Ésa es la cantidad que la mayor empresa de refrescos del mundo ha dedicado a pagar a científicos, instituciones o grupos de pacientes dedicados al estudio de la obesidad y la nutrición o a promover la actividad física.

Ha sido la propia compañía quién ha hecho pública la lista de beneficiarios a través de su página web en EEUU dentro de los esfuerzos de "transparencia" que le vienen solicitando desde hace tiempo grupos de consumidores.

La lista, como señala el diario The New York Times, contiene decenas de becas y ayudas de todo tipo a una gran cantidad de asociaciones de lo más diverso, incluidos algunos importantes organismos públicos, como los Institutos Nacionales de Salud (NIH, según sus siglas en inglés).

Según fuentes de Coca-cola España, a nivel europeo también está previsto que se haga un "inventario" de este tipo que se hará público en las próximas semanas. "En España y Portugal", explican a EL MUNDO, "esto será fácil y rápido porque cualquier colaboración en la que participa Coca-cola ya se especifica".

"Nuestro apoyo financiero a estos reputados expertos, instituciones y organizaciones se ha hecho con la mejor de las intenciones, para apoyar a las comunidades locales y ofrecer soluciones al problema de salud pública [de obesidad] que afronta EEUU y todo el mundo", ha señalado el director ejecutivo, Muhtar Kent en una carta que también está colgada en la web de la empresa.

La información, que se irá actualizando cada seis meses, sólo afecta por el momento a los beneficiados en EEUU, entre los que hay sociedades científicas tan eminentes como el Colegio Americano de Cardiología, la Academia de Pediatría o la Asociación de Médicos de Familia. Pero también personas a título individual con cierta popularidad en EEUU, como la bloguera del ejercicio físico Ramona Braganza, la escritora Rene Simms o los chefs Ronnie Woo y Virginia Willis (autora del libro Bon App tit).

A pesar de los esfuerzos de Coca-cola por transmitir la idea de la transparencia, numerosas asociaciones han criticado los vínculos de la empresa de refrescos azucarados con sociedades médicas y científicas. "Estas organizaciones [reciben dinero] de una compañía cuyos productos son clave en la obesidad y en la expansión de enfermedades no comunicables [como la diabetes]", ha señalado por ejemplo al diario neoyorquino Yoni Freedhoff, de la Universidad de Ottawa (Canadá). "¿Por qué crearía una organización pública ni siquiera la posibilidad de que una influencia afectase a su capacidad de promover y defender la salud pública?", se pregunta. 

¿Ejercicio o refrescos?

Muchos de estos científicos han ayudado a propagar la idea de que es la falta de ejercicio la principal causa de obesidad en el mundo occidental; obviando las evidencias científicas que demuestran que la dieta y el consumo de bebidas azucaradas tienen un papel mucho más importante en este problema.

De hecho, una investigación española publicada en 2014 demostraba que los resultados de las investigaciones que analizan la relación de los refrescos con el aumento de peso dependían de si habían sido financiados o no por compañías del sector.

Las frutas y las verduras podrían ser clave para evitar el aumento de peso no deseado

Tomado de: www.nlm.nih.gov

¿Quiere comer de forma saludable y mantener una cintura delgada? Intente consumir más frutas y verduras no almidonadas, sugiere una investigación reciente.

Un equipo de científicos de la Universidad de Harvard observó datos sobre más de 133,000 mujeres y hombres estadounidenses, a quienes se dio un seguimiento durante hasta 24 años.

Tras ajustar por otros factores del estilo de vida, como fumar y la actividad física, los investigadores encontraron que a medida que aumentaba el consumo diario de frutas y verduras no almidonadas, los riesgos de aumento excesivo de peso disminuían.

Pero el consumo de verduras almidonadas (como las papas, el maíz y los guisantes) se vinculó con el aumento de peso, según un equipo dirigido por Monica Bertoia, de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard y del Hospital Brigham and Women's, en Boston.

Los hallazgos no pueden probar causalidad. Pero el estudio podría "ofrecer más directrices específicas sobre la comida para la prevención de la obesidad, un factor de riesgo importante de la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares, los cánceres y muchas afecciones de salud más", apuntaron los investigadores.

Los resultados se publicaron el 22 de septiembre en la revista PLOS Medicine.

Los hallazgos no sorprendieron a los expertos en nutrición.

Erin Keane es dietista registrada y gerente asistente de nutrición clínica para pacientes ambulatorios del Hospital Lenox Hill, en la ciudad de Nueva York. Dijo que la diferencia entre las verduras almidonadas y no almidonadas tiene que ver con algo que se conoce como la "carga glucémica".

"Se cree que los alimentos con una carga glucémica más baja producen menos aumentos en la glucosa en sangre, lo que puede reducir el hambre y en potencia aminorar la ingesta calórica total durante el transcurso del día", explicó Keane.

Entre las verduras que se considera que tienen una carga glucémica baja están el brócoli, la coliflor, la col, las coles de Bruselas, la berza, la acelga, la espinaca, la lechuga romana, el tofu/soya y los pimientos, apuntó Keane.

Las verduras con una carga glucémica alta (como las papas y el maíz, ricos en almidón) podrían ser menos saludables respecto al aumento de peso, comentó.

La fibra también podría ser importante. Keane anotó que las verduras ricas en fibra también se relacionaron con un mejor control del peso cuando el equipo de la Universidad de Harvard sacó el consumo de papas del cálculo.

En cuanto a la fruta, las bayas con una carga glucémica baja parecían tener el mayor impacto en términos de no subir de peso en exceso, dijo.

Keane enfatizó que el estudio se concentró en adultos relativamente sanos, blancos y con un alto nivel educativo, de forma que "no podemos generalizar estos hallazgos a todos los individuos".

Otra dietista dijo que comer muchas frutas y verduras siempre es buena idea.

"Los alimentos ricos en fibra, como los evaluados en este estudio, ayudan a controlar el hambre y a mantener los niveles de azúcar en sangre estables, dos elementos que pueden ayudar a facilitar la pérdida de peso y el mantenimiento de un peso saludable", afirmó Dana Angelo White, profesora clínica asistente de entrenamiento deportivo y medicina del deporte de la Universidad de Quinnipiac en Hamdem, Connecticut.

19 de septiembre de 2015

Estevia (E960), ¿es saludable?

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

La estevia es un edulcorante elaborado en laboratorios a partir del extracto de una planta denominada Stevia rebaudiana, y cuyo sabor dulce equivale a 250-300 veces el del azúcar de mesa pero con un insignificante aporte calórico. Su utilización como aditivo en alimentos y bebidas se aprobó en noviembre de 2011. Desde entonces, su consumo no ha dejado de aumentar, en gran medida a causa de las falsas declaraciones de salud que le han atribuido ciertos medios. En el presente artículo se revisan diversas cuestiones relacionadas con la estevia, el edulcorante de moda y muy eficaz para endulzar, pero ¿saludable? 

Las sustancias que aportan un gran sabor dulce pero cuyo contenido calórico es muy bajo reciben varias denominaciones: sustitutos del azúcar, edulcorantes bajos en calorías, edulcorantes acalóricos o, también, edulcorantes "no nutritivos". En Europa se han autorizado varios edulcorantes para su utilización en productos alimentarios, y se acompañan de la letra E seguida de tres números, lo que garantiza que han sido sometidos a controles de seguridad. Los más conocidos son el acesulfame K (E950), el aspartamo (E951), el ciclamato (E952), la sacarina (E954), la sucralosa (E955) y, el más reciente, la estevia (E960).

Nuestro consumo de edulcorantes bajos en calorías va en aumento, pese a que muchos consumidores creen (de forma errónea) que son cancerígenos. No lo son, según la entidad de referencia en alimentación en Europa, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Su última revisión sobre uno de los edulcorantes más "temidos", el aspartamo, ha sido la esperada: "No despierta preocupación en cuanto a su toxicidad para los consumidores". En todo caso, es probable que esta creencia sea, en parte, la responsable del éxito de un edulcorante llamado estevia, que presume de provenir de una planta y, por tanto, tener un origen natural.

El efecto "halo" de la estevia

Al asociar a la estevia con el adjetivo "natural", algo muy frecuente, se genera una injustificada confianza en los consumidores: la procedencia de un ingrediente no determina su seguridad, como se detalló en el texto 'Complementos dietéticos: cuidado con lo 'natural''. La citada confianza se puede traducir en una falsa sensación de seguridad, o "efecto halo", que se sabe que desinhibe comportamientos insaludables (por ejemplo: "la estevia es tan sana que compensa mis malos hábitos").

Afirmaciones como "no ha sufrido proceso alguno en su elaboración" son incompatibles con los procedimientos de laboratorio que permiten extraer los glucósidos de esteviol de la planta Stevia rebaudiana. Tales sustancias se obtienen en laboratorios mediante técnicas costosas y complejas y gracias a precisos aparatos. Nada de ello es compatible con la imagen de naturalidad que en ocasiones acompaña a este edulcorante.

¿Es la estevia un edulcorante saludable?

Por desgracia, además de etiquetar a la estevia con el engañoso reclamo "natural", miles de páginas web, y no pocos "falsos gurús", aseguran que la estevia no solo es un endulzante saludable sino que incluso es capaz de curar multitud de trastornos, como la diabetes, los problemas cardiovasculares o incluso la obesidad. Algo del todo falso: ningún estudio riguroso avala supuestas propiedades terapéuticas, preventivas y mucho menos curativas de la estevia.

La EFSA, de hecho, ha revisado si el consumo de alimentos o bebidas en los que se han sustituido los azúcares por edulcorantes acalóricos contribuye a conseguir o mantener un peso corporal normal. Y ha concluido que no hay pruebas que lo demuestren. Así, debido al carácter reglamentario de los dictámenes de la EFSA, si se atribuye a la estevia un efecto "adelgazante", se infringe el artículo 5.1.a del Reglamento 1924/2006.

En realidad, cualquier otra atribución es ilegal, por lo que no extraña que la experta Deborah García Bello denuncie en su blog Dimetilsulfuro que afirmar que este edulcorante cura enfermedades debería considerarse "un delito contra la salud pública". Otros expertos como Juan Revenga o Aitor Sánchez también han evidenciado en sus respectivos blogs las falsas atribuciones que suelen acompañar a la estevia. Es más, existen dudas sobre la seguridad de un alto consumo de estevia, como se amplía a continuación.

Dudas sobre la Ingesta Diaria Admisible

Cuando, en noviembre de 2011, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) autorizó el uso de la estevia como aditivo en alimentos y bebidas, advirtió que si se ingiere una alta cantidad de este edulcorante, se puede superar la Ingesta Diaria Admisible (IDA), es decir, la cifra a partir de la cual su consumo deja de ser seguro.

En mayo de 2014, la EFSA evaluó diferentes escenarios y volvió a concluir que ingerir mucha estevia podría traducirse en que se excediese la IDA, algo que no sucede con otros edulcorantes, como el aspartamo (habría que tomar ingentes cantidades de aspartamo para exceder su IDA). Es posible que un futuro no muy lejano la EFSA revise los actuales límites superiores de ingesta de la estevia, dado que su consumo no deja de aumentar.

No hay que olvidar, por último, que la mayor parte de alimentos a los que se ha agregado estevia son refrescos, galletas, cereales de desayuno, caramelos y otros productos superfluos. Aunque tengan menos calorías que frutas, hortalizas, frutos secos o legumbres, no son alimentos que conforman una dieta saludable.

Un estudio confirma que las porciones de tamaño gigante hacen que se coma en exceso

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Las porciones más grandes y la vajilla de mayor tamaño contribuyen a que se coma en exceso, según un estudio reciente.

Eliminar las porciones de tamaño gigante de alimentos y bebidas podría reducir la ingesta calórica de los estadounidenses en un 29 por ciento, según unos investigadores británicos.

"Ayudar a que las personas eviten 'servirse demasiada comida' a ellos mismos o a otros con porciones de comida o bebida más grandes mediante la reducción del tamaño, de su disponibilidad y de su atractivo en las tiendas, los restaurantes y en casa, es probablemente una buena manera de ayudar a muchas personas a reducir su riesgo de comer en exceso", dijo el colíder del estudio, el Dr. Gareth Hollands, investigador sobre la conducta y la salud en la Universidad de Cambridge.

Hasta ahora, las evidencias de este efecto han sido fragmentarias, de modo que el panorama general no ha quedado claro, dijo Hollands en un comunicado de prensa de la universidad.

"También ha habido una tendencia a mostrar las características personales, como tener sobrepeso o una falta de autocontrol, como la razón principal por la que las personas coman en exceso", agregó.

Hace mucho que se sabe que comer en exceso lleva a la obesidad, lo que aumenta el riesgo de sufrir problemas de salud crónicos graves, como las enfermedades cardiacas, la diabetes y el cáncer.

Los investigadores analizaron los resultados de 61 estudios de gran calidad en los que se contó con más de 6,700 participantes. El estudio, publicado el 14 de septiembre en la revista Cochrane Database of Systematic Reviews, descubrió que las personas a las que se ofrecía de manera rutinaria unas porciones más grandes comían más comida y bebían más bebidas no alcohólicas de forma consistente.

Este efecto no varió mucho entre los hombres y las mujeres o según el índice de masa corporal (una medida que se usa para evaluar si se tiene un peso saludable), comentaron los autores del estudio.

Con un mejor control de las porciones, la energía diaria consumida a partir de los alimentos por parte de los adultos estadounidenses se reduciría entre un 22 y un 29 por ciento (hasta 527 calorías al día), determinaron los investigadores.

Pero quizá sea necesario poner en marcha una nueva legislación y nuevas estrategias de mercadeo para ayudar a producir reducciones significativas en el consumo de comida, sugirió el estudio.

Las acciones potenciales que los autores del estudio recomendaron incluían poner límites a los tamaños de las porciones de los alimentos y bebidas con un alto contenido calórico (como los postres y las bebidas azucaradas) y restringir el tamaño de los platos, los tazones, los cubiertos y los vasos.

Poner las porciones más grandes en la parte posterior de los anaqueles, envasar porciones individuales o indicar visualmente los tamaños de las porciones individuales también podría ayudar a evitar que se coma en exceso, sugirió el estudio.

Los investigadores también recomendaron restringir las "ofertas" de alimentos que engorden que se vendan en porciones más grandes o a granel.

Pero está por ver qué tan útiles unas medidas de este tipo podrían ser a largo plazo, ya que el estudio no demuestra que reducir el tamaño de las porciones y los envases se traducirá en que las personas estén más delgadas.

"Con la notable excepción del control directo de los tamaños de los alimentos que consumen las personas, en la actualidad faltan y se necesitan con urgencia evidencias fiables sobre la efectividad de las acciones específicas llevadas a cabo para reducir el tamaño, la disponibilidad o el atractivo de las porciones de alimentos de mayor tamaño", dijo Hollands.

Él y el colíder del estudio, Ian Shemilt, dijeron que esperan que los actuales hallazgos fomenten el debate sobre cómo podrían implementarse estos cambios propuestos.

"Por el momento, nos resulta demasiado fácil (y a menudo más rentable) comer o beber demasiado", dijo Shemilt en el comunicado de prensa.

Los beneficios de la cúrcuma en tu dieta

Por ISABEL MEGÍAS / Tomado de: www.consumer.es

Colorida, atractiva, gustosa y milenaria. Así es la cúrcuma, una planta cuya raíz se utiliza para preparar el curry y cuyo extracto se usa como colorante alimentario, textil y cosmético. Desde la antigüedad, la medicina tradicional india y china la emplean para tratar diversas dolencias, desde quemaduras cutáneas hasta problemas digestivos. En la actualidad, su efectividad médica se estudia de manera exhaustiva, sobre todo desde que se empezó a hablar de su potencial efecto anticancerígeno, en la década de los 90. El siguiente artículo describe las cualidades de la cúrcuma y repasa las evidencias sobre los beneficios para la salud que se le atribuyen. 

La cúrcuma (Curcuma longa) es una planta tropical cultivada principalmente en India. Su raíz, parecida a la del jengibre, se utiliza como especia en la elaboración del curry. Los primeros registros acerca del uso medicinal de la cúrcuma datan de 1800, cuando se aisló la curcumina -un compuesto químico presente en esta planta-, pero los estudios acerca de la cúrcuma experimentaron un auge a finales del siglo XX, cuando se empezó a hablar de su potencial efecto anticancerígeno.

La investigación actual se centra en el posible efecto de la curcumina como antiinflamatorio y antioxidante y en su capacidad para disminuir la glucemia (azúcar) en sangre y para mejorar la cicatrización de heridas y la actividad antimicrobiana. La mayoría de los estudios se fijan en evaluar los posibles efectos terapéuticos de la curcumina, aunque otros observan el efecto global de la cúrcuma, puesto que la curcumina podría interactuar con otros agentes activos de la planta.

Cúrcuma y cáncer

Hay múltiples trabajos publicados que han intentado determinar el efecto de la cúrcuma sobre el cáncer. La mayoría de estos estudios se han llevado a cabo utilizando distintas dosis de curcumina o extracto de cúrcuma. En concreto, varias investigaciones han evaluado el efecto de la cúrcuma o la curcumina sobre la prevención o el tratamiento del cáncer colorrectal, páncreas, cerebro y cuello, pulmón, mama, próstata o mieloma múltiple. Estos sondeos se han centrado sobre el efecto fisiológico que estos productos pueden tener, demostrando el que causan en algunos de los mediadores fisiológicos del cáncer. Sin embargo, ninguno de ellos es concluyente. Los científicos señalan que hacen falta más estudios clínicos bien controlados para poder confirmar su eficacia.

Cúrcuma y diabetes

La curcumina ha demostrado tener efecto hipoglucemiante (disminución del azúcar en sangre) en animales de experimentación. Existen también algunas investigaciones que han valorado el efecto de la curcumina en humanos, en los que se ha observado la capacidad de la curcumina para controlar los niveles de azúcar en sangre en pacientes diabéticos. Aún así, los estudios son escasos y hace falta mayor investigación en este ámbito.

Cúrcuma y enfermedades digestivas

También ha sido evaluado el efecto de la curcumina sobre las enfermedades inflamatorias del intestino. En concreto, sobre la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa; dos enfermedades en las que existe una inflamación a nivel del tracto digestivo (en la colitis ulcerosa se inflama el colon, mientras que en la enfermedad de Crohn puede inflamarse desde la boca hasta el ano). Los estudios en este campo son aún escasos. Los expertos concluyen que hacen falta más investigaciones, ya que la curcumina podría contribuir a una mejora de los síntomas de estos pacientes o a una disminución de las dosis de medicación necesarias.

También en pacientes con síndrome de colon irritable, los pocos estudios realizados parecen observar una mejoría de los síntomas cuando se administra curcumina. No obstante, los científicos también subrayan que hace falta mayor investigación en este tema para poder establecer la eficacia de la curcumina.

Otras enfermedades digestivas en las que se ha estudiado el efecto de la curcumina son la úlcera gástrica o la infección por Helicobacter pylori. Pero, de nuevo, en ambos casos se requiere de mayor trabajo científico para poder esclarecer sus efectos.

Cúrcuma y enfermedades inflamatorias

El proceso de inflamación ha demostrado tener un papel importante en la mayoría de enfermedades crónicas como las neurodegenerativas, cardiovasculares, metabólicas o autoimmunes. Por lo tanto, la curcumina podría tener algún efecto beneficioso sobre enfermedades como la obesidad o la arteriosclerosis, entre otras, dada su actividad antiinflamatoria. No obstante, pocos estudios existen todavía al respecto.

¿Debemos incluir la cúrcuma en la dieta?

Aunque las investigaciones acerca de la cúrcuma son esperanzadoras, no hay ningún consenso científico para su uso en la prevención o tratamiento de todas las enfermedades mencionadas. Debe considerarse, además, que los estudios realizados hasta ahora se han llevado a cabo con distintas dosis de concentrados de cúrcuma o extractos de curcumina, que en ningún caso son dosis de consumo habitual en nuestra dieta. Sería muy difícil ingerir dosis diarias de 8 gramos diarios, por ejemplo, de curcumina.

Así pues, no deben sobredimensionarse los trabajos científicos hechos hasta el momento. Desde luego, se puede emplear la cúrcuma y el curry en diversas recetas en nuestra dieta para disfrutar de su sabor, su aroma y color, pero es aconsejable esperar a que los investigadores sigan estudiando la cúrcuma y sus componentes antes de sacar conclusiones precipitadas de los estudios relacionados.

12 de septiembre de 2015

Si es de los que creen que la obesidad está en los genes, puede que su alimentación sea menos saludable

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Un estudio reciente sugiere que las personas que tienen antecedentes familiares de obesidad y que piensan que sus genes les han condenado a la misma suerte pueden "darse por vencidos" y comer peor.

El estudio encontró que cuando se trata del peso, la sensación de impotencia contra el ADN se relaciona con un mayor índice de masa corporal, una medida que se basa en el peso y la estatura.

Una persona que tenga esta forma de pensar "puede tener más conductas que busquen la gratificación a corto plazo, tales como el consumo de alimentos poco saludables y evitar el ejercicio", escribieron los doctores Jessica Alquist y Mike Parent, coautores del estudio. Las personas que creen que los genes determinan el peso corporal también pueden evitar "comportamientos saludables que sean más beneficiosos a largo plazo para controlar el peso", señalaron los investigadores.

Sin embargo, si los médicos luchan contra la idea de que el peso de un paciente "no se puede cambiar", podrían motivarlo a comer mejor y hacer más ejercicio, apuntaron los investigadores.

Un experto en nutrición y obesidad estuvo de acuerdo.

"Estamos predispuestos por nuestra composición genética, pero aún podemos controlar nuestro entorno, la actividad física (cualquier cosa es mejor que nada), y, como todo en la vida, un cambio en un área requerirá cambios en otras áreas", señaló Sharon Zarabi, nutricionista del Hospital Lenox Hill de la ciudad de Nueva York.

En su estudio, Alquist y Padres analizaron los datos de casi 4,200 hombres y 4,700 mujeres. El estudio encontró que a medida que las personas envejecen, la idea de que el ADN es más determinante en el peso corporal que otros factores que se pueden controlar, tales como la dieta y el ejercicio, se asocia con malos hábitos alimenticios. Estos marcadores de malos hábitos alimenticios son comer menos frutas y verduras, comer mucho fuera o muchas comidas congeladas o preparadas (por ejemplo, pizzas congeladas) y prestar poca atención a las etiquetas de nutrición en los productos alimenticios.

Los hombres y las mujeres que creían que la genética determinaba el peso y que, por lo tanto, estaba fuera de su control eran también menos propensos a hacer ejercicio, de acuerdo con el estudio.

Sin embargo, Zarabi considera que las personas necesitan entender que los genes no determinan necesariamente nuestro destino en lo que respecta al peso corporal.

Además, las "excusas" para comer en exceso son algo común, "cuando asumimos la responsabilidad de hacer cambios, cualquiera que sea el sacrificio, estamos implicando una parte de nosotros en el proceso de planificación", subrayó. "Esto es lo que en última instancia, aumentará nuestra motivación para lograr el éxito a largo plazo".

El estudio aparece en la edición del 8 de septiembre de la revista Health Education and Behavior.

Nueva York quiere hacer visible la sal de los platos

Tomado de: www.elmundo.es

El Consejo de Salud de Nueva York ha decidido por unanimidad este miércoles que se les exija a las cadenas de restaurantes que pongan en sus menús símbolos de saleros si los platos superan los límites diarios recomendados que son de 2.300 miligramos de sodio, algo así como una cucharadita de sal.

Con esta medida, Nueva York se convierte en la primera ciudad con esta norma, que viene siendo solicitada desde hace tiempo por expertos y funcionarios para que se inste a los estadounidenses a comer más sano.

"Esto realmente representa, para mí, un paso más en mostrar información útil a nuestra comunidad para que tomen mejores decisiones saludables", ha explicado el miembro del Consejo, el doctor Deepthiman K. Gowda. "Mi esperanza es que esto afecte no sólo a las prácticas de consumo, sino también a las prácticas de nuestros restaurantes".

Funcionarios de la ciudad señalan que la sal eleva el riesgo de tensión arterial alta y puede dar lugar a más ataques al corazón y accidentes cerebrovasculares. Por este motivo, defensores de la salud pública aplauden la medida que, por otro lado, tanto productores como restauradores advierten de que es un paso equivocado que puede dar lugar a una avalancha de confusiones.

"Este es otro ejemplo de la política del Gobierno basada en directrices sobre sodio desactualizadas e incorrectas", ha señalado en un comunicado Lori Romano, presidente del Instituto de la Sal, una asociación comercial de los productores de la sal.

La medida se aplicará aproximadamente al 10% de los elementos de un menú en las cadenas de las afueras de Nueva York, con al menos 15 puntos de venta en todo el país, ha señalado Sonya Angell, del Departamento de Salud de la ciudad. Esas cadenas representan aproximadamente un tercio del tráfico de consumo de restaurantes de la ciudad.

El estadounidense medio consume unos 3.400 mg de sal cada día, y sólo uno de cada 10 se ciñe a las recomendaciones de una cucharadita diaria. La mayoría de la sal consumida en la dieta procede de alimentos procesados y de los ingeridos en restaurantes, según muestran los estudios.

"Hay pocas otras áreas en las que la salud pública podría hacer más para salvar vidas", ha indicado Michael Jacobson, director ejecutivo del Centro para la Ciencia en el Interés Público, un grupo de defensa. De hecho, algunos expertos han instado a que la ciudad debería establecer un límite de advertencia mucho más bajo: los 500 mg.

El pasado año, un estudio internacional en el que participaron 100.000 personas, sugirió que el consumo de sal era bueno para la salud del corazón y agregó que tanto mucha sal como poca es dañino. Sin embargo, muchos científicos han criticado este estudio y dicen que la mayoría de gente todavía toma demasiada sal.

Los dueños de los restaurantes sostienen que las iniciativas deberían centrarse en la dieta en su conjunto, no en los ingredientes o en un alimento en particular. Quieren que las advertencias se dejen en manos de las autoridades federales. No obstante, la agencia que regula los alimentos y medicamentos, la FDA, está trabajando en una nueva guía sobre el sodio.

"Esta es solo la última de una larga letanía de aros superfluos por los que deben saltar los restaurantes de la ciudad de Nueva York" para hacer su negocio más fuerte, ha dicho Fleishut en un comunicado.

En los últimos años la ciudad de Nueva York ha sido pionera en la prohibición de las grasas trans de comidas en restaurantes y ha obligado a las cadenas de restaurantes a publicar la cantidad de calorías que tienen sus menús.

El tomate puede prevenir hasta un 59% el riesgo de ictus

Tomado de: www.larazon.es

La Fundación Española del Corazón (FEC) destaca que, según recientes investigaciones, el consumo de una dieta rica en derivados del tomate contribuye a reducir el riesgo de sufrir un infarto cerebral (ictus), además de prevenir la aparición de otras enfermedades. El tomate es, sin duda, un alimento indispensable de la dieta mediterránea y gracias a su versatilidad está presente en una amplia variedad de platos de nuestra gastronomía (gazpacho, ensaladas, mermeladas, salsas, etc.). Ahora, además, son varios los estudios que resaltan el beneficio que esta hortaliza aporta sobre nuestra salud cardiovascular.

Así lo han demostrado un grupo de investigadores de la Universidad de Finlandia Oriental después de realizar un seguimiento de más de 12 años a un total de 1.031 hombres de entre 46 y 65 años, sobre los cuales se analizó la asociación existente entre las concentraciones séricas de los principales compuestos antioxidantes que contiene el tomate (licopeno alfa-caroteno, beta-caroteno, alfa-tocoferol y retinol) y el riesgo de sufrir un accidente cerebral (ictus).

Los resultados del estudio, publicados en la revista científica Neurology (la publicación oficial de la American Academy of Neurology), revelaron que aquellos hombres que poseían niveles más altos de licopenos en sangre presentaron un menor riesgo de sufrir un evento cardiovascular. De los 1.031 individuos estudiados, 67 (el 6%) sufrieron un accidente cerebrovascular a lo largo del seguimiento, que en la mitad de los casos (50%) fue de índole isquémico.

Después de ajustar los datos obtenidos según algunas variables (edad, año de examinación, presión arterial sistólica, tabaquismo, niveles de colesterol de las lipoproteínas de baja densidad (LDL), diabetes e histórico de ictus) los expertos observaron que el grupo de hombres que poseían altas concentraciones de licopeno (258 hombres) tenían un 59% menos de riesgo de sufrir un ictus isquémico y un 55% menos de riesgo de sufrir cualquier tipo de accidente cerebrovascular, incluidos los hemorrágicos, en comparación de los individuos que se encontraban en el cuartil más bajo de licopeno en sangre (un total de 259 hombres).

Los investigadores también observaron que no hubo ninguna asociación entre la presencia de otros antioxidantes analizados, tales como el alfa-caroteno, el beta-caroteno, el alfa-tocoferol o el retinol, y el riesgo de ictus.

El beneficio está en el licopeno, un pigmento orgánico del tomate

Estudios como el PREDIMED han puesto de manifiesto que en el sur de Europa nuestro corazón está mejor cuidado gracias a la dieta mediterránea que nos proporciona una protección extra ante este tipo de patologías. Aunque no sabemos qué componentes proporcionan esta protección, trabajos como el publicado en Neurology sugieren que esta propiedad podría venir del licopeno, un potente antioxidante que es diez veces más fuerte que la vitamina E.

“El licopeno es antioxidante y tiene la propiedad de ser vasodilatador, además de protegernos de la hipertensión y de la formación de coágulos”, manifiesta la Dra. Morillas, vocal de la Sección de Riesgo Vascular de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y responsable de la Unidad de Rehabilitación Cardiaca del Hospital de Galdakao de Vizcaya. “Aun así, se desconocía exactamente el mecanismo de acción que hace que el consumo de licopeno reduzca nuestro riesgo a sufrir un evento cardiovascular”, añade la doctora.

Justamente para averiguarlo, recientemente científicos de la Universidad de Cambridge cogieron una muestra de 72 voluntarios (36 con enfermedad coronaria y 36 completamente sanos) a los que se les administró diariamente y durante dos meses una pastilla de placebo o un suplemento de 7 miligramos de licopeno, para valorar a posteriori la capacidad antioxidante de este compuesto y verificar su asociación con la función endotelial.

Los resultados del estudio, publicados en la revista Plos One mostraron que en pacientes sanos los resultados no son concluyentes, sin embargo, en aquellos pacientes que tienen enfermedad coronaria y ya alterada la función endotelial, se observó una mejora del 53% en la vasodilatación dependiente del endotelio, con lo que se demuestra su beneficio adicional en la prevención secundaria.

Recomendaciones

Llevar una buena alimentación es una de las mejores formas de proteger nuestra salud. Para ello desde la FEC se recomienda, en línea con las guías de dietética y nutrición, consumir cinco piezas de fruta y verdura al día y que, dentro de éstas, se consuman entre 3 y 7 miligramos de licopeno al día, lo que equivaldría a siete comidas semanales ricas en productos derivados del tomate. No solo encontramos licopeno en el tomate, sino que también está presente en otras frutas y verduras rojas como el pimiento rojo, las fresas, la sandía, las cerezas, los arándanos o la papaya.

Grasa o azúcar, ¿qué es peor en exceso?

Por EROSKI CONSUMER / Tomado de: www.consumer.es

Durante años las grasas han sido "las malas de la película", las responsables, en teoría, de infinidad de efectos negativos sobre la salud. En los últimos años, sin embargo, tienen competencia, pues parecen haber ganado protagonismo los azúcares en su papel de "agentes del mal". Las preguntas sobre cuál es peor son inevitables, pero resulta muy difícil encontrar información fidedigna en relación a qué es verdad y qué no con respecto al papel de estos dos nutrientes en la dieta. En el presente artículo se aportan datos sobre grasas y azúcares y se analiza su papel en la promoción o en la prevención de enfermedades.

Similitudes y diferencias entre la grasa y el azúcar

Al revisar la etiqueta de un alimento, se encuentra información nutricional detallada sobre la cantidad de calorías y de algunos nutrientes, como es el caso de las grasas y los azúcares. Tanto grasas como azúcares son "nutrientes energéticos", es decir, aportan calorías, a diferencia de los "no energéticos", como las vitaminas o los minerales, que no lo hacen. Pese a esta similitud, entre ambos nutrientes existen grandes diferencias. Una de ellas es que mientras que un gramo de grasa aporta 9 kilocalorías, la misma cantidad de azúcar lo hace con 4 kilocalorías.

Efecto del azúcar y la grasa sobre nuestro peso

Así, de forma intuitiva se podría concluir que una cierta cantidad de grasa tiene más capacidad de incrementar el peso corporal que la misma cantidad de azúcar. No obstante, la cuestión no es en absoluto tan sencilla, porque, entre otras diferencias, ambos nutrientes presentan distintos procesos digestivos o de aprovechamiento y almacenaje en el organismo. De hecho, tanto reducir las grasas ingeridas como los azúcares podría ser útil para controlar el peso corporal, según han comprobado investigaciones como las publicadas en la revista BMJ el 15 de enero de 2012 y el 6 de diciembre del mismo año.

Resulta interesante, en todo caso, tener en cuenta las observaciones que ha constatado un estudio recién publicado (agosto de 2015) en la revista Cell Metabolism por Kevin D. Hall y sus colaboradores, que apunta que reducir las grasas podría generar una mayor pérdida de peso que disminuir los carbohidratos.

¿Y los lípidos sanguíneos?

También es común escuchar que las grasas promueven alteraciones en los llamados "lípidos sanguíneos" (colesterol en sangre, triglicéridos, etc.), algo que, en teoría, no generarían los azúcares. Sin embargo, una rigurosa investigación publicada en julio de 2014 en la revista científica The American Journal of Clinical Nutrition concluyó que "los azúcares dietéticos influyen en la presión sanguínea y en los lípidos de la sangre". La relación, además, es independiente de los efectos de los azúcares en el peso corporal.

En cuanto a las grasas, hay varios tipos, y no todas ellas afectan de la misma manera a la salud. Un ejemplo son las grasas trans, que conviene evitar, tal y como se amplió en el artículo 'Eliminar las grasas trans: misión posible'. Otro ejemplo son los ácidos grasos saturados que, sobre todo los presentes en derivados cárnicos o en alimentos procesados, se han asociado a incrementos en el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

Pensar en alimentos es mejor que pensar en nutrientes

Entonces, ¿qué es peor en exceso: el azúcar o la grasa? En base a los datos disponibles, no es posible responder. Quizá por ello, los expertos en nutrición cada vez se decantan más por hablar de alimentos en lugar de hacer mención a sus nutrientes, para evitar confusiones.

Una de las más habituales es la de considerar a los azúcares de las frutas frescas como "nutrientes conflictivos". Por eso, cuando aconsejan disminuir la ingesta de azúcares siempre insisten en que no hacen referencia a los presentes de forma natural en la leche o el yogur (que contienen lactosa) o en las frutas y hortalizas frescas.

En el caso de las grasas sucede algo similar, porque hay alimentos con muchas grasas pero cuyos efectos sobre la salud son positivos, como es el caso de los frutos secos. De hecho, los estudios sobre los beneficios de los frutos secos son muy concluyentes.

Por todo lo anterior, tanto el American Institute for Cancer Research, como un consenso publicado en la edición de abril de 2011 de la revista The American Journal of Clincial Nutrition apuntan que conviene dejar de fijar la atención en nutrientes y pensar más en qué alimentos son saludables y cuáles no lo son, porque ello es "más útil". En sus palabras, un patrón de alimentación saludable "se basa principalmente en alimentos de origen vegetal", pero puede incluir carnes magras y lácteos bajos en grasa en cantidades que oscilen de pequeñas a "modestas". El consumo de alimentos superfluos, carne roja y embutidos debería disminuir. La clave es elegir a diario alimentos poco procesados (sin adición de azúcares, grasas o sal) y priorizar los de origen vegetal (frutas frescas, hortalizas, legumbres y frutos secos).

¿Padeces migraña? Entonces mejor evita estos alimentos

Tomado de: www.larazon.es

En salud, como casi en todo en la vida, lo mejor es la prevención. Quienes padecen cualquier tipo de dolencia bien lo saben. La alimentación es uno de los factores más determinantes en el ámbito de la prevención de la salud, algo que sin embargo solemos pasar por alto con demasiada frecuencia. ¿Sabías que existen ciertos tipos de alimentos que propician dolores de cabeza como la migraña? Y tampoco ayuda el hecho de saltarse comidas, por ejemplo. Aquí van una serie de alimentos que si bien tampoco debes desterrar de tu dieta, sí que su ingesta debería ser medida.

Alcohol: el vino, especialmente el tinto, es uno de los alcoholes más desencadenantes de la migraña. De acuerdo con una revisión realizada por investigadores de Brasil, quienes padecen migraña dicen que el alcohol puede aumentar hasta un 30% la posibilidad de padecer un ataque de migraña. La razón sigue siendo tema de debate, pero algunos expertos creen que ciertos compuestos en el vino, como los taninos y flavonoides, son los culpables. Un estudio de 2014 confirma que los vinos que portan una mayor cantidad de taninos, como el cabernet sauvignon, podrían ser aún más propensos a desencadenar una migraña. Además, el consumo de alcohol produce deshidratación, que también puede contribuir a un dolor de cabeza.

Cafeína: si eres propenso a las migrañas ya sabrás que es posible que la cafeína no sea del todo beneficiosa para tu dolencia. El exceso de cafeína puede causar un ataque de migraña posiblemente debido a que la cafeína actúa sobre ciertos receptores en el cerebro que están relacionados con las migrañas, de acuerdo con un estudio llevado a cabo en 2009.

Quesos: Gorgonzola. Camembert. Cheddar. Los quesos fuertes y añejos están relacionados, muy a nuestro pesar, con los ataques de migraña y dolores de cabeza en general. Los expertos no están seguros de lo que, en concreto, tiene la culpa, pero la investigación sugiere que los quesos curados pueden contener compuestos llamados tyramines, que pueden interactuar con los neurotransmisores en el cuerpo y conducir a una migraña.

Chocolate:
al igual que pasará con el siguiente alimento, las frutas cítricas, no se ha encontrado tampoco una razón que justifique al 100% que el chocolate sea un detonante de las migrañas, pero lo que es cierto es que aparece siempre entre los alimentos con mayores posibilidades. De acuerdo con un estudio publicado en 2012 por investigadores de Brasil, las personas en las primeras etapas de un ataque de migraña pueden experimentar antojos de chocolate, pero su ingesta en sí no es la responsable directa del dolor de cabeza. Precisamente por eso, y lamentablemente, el chocolate es uno de los alimentos siempre presentes en los alimentos a evitar si se tiene tendencia al dolor de cabeza.

Frutas cítricas: este grupo de alimentos sigue siendo un tema de debate, algunos estudios han encontrado una relación entre las migrañas y los cítricos, mientras que otros ni siquiera las tienen en cuenta. Aún así, es posible que los cítricos puedan desencadenar migrañas en algunas personas y sin duda siempre se encuentran entre los radares médicos de posibles causas. Para casos de dudas razonables, como este, los médicos aconsejan elaborar como una especie de ‘diario’ donde aparezcan los alimentos ingeridos y las horas de los ataques, así la posibilidad de control de los dolores será mucho más alta.

5 de septiembre de 2015

Reducir las calorías podría ayudar a evitar las enfermedades vinculadas con la edad, según un estudio

Tomado de: www.nlm.nih.gov

¿Desea disfrutar de una vejez más sana? Intente comer un poco menos cada día.

Esa es la sugerencia de un nuevo estudio dirigido por investigadores del Instituto Nacional Sobre el Envejecimiento (NIA) de EE. UU.

Los "resultados son interesantes", aseguró en un comunicado de prensa del NIA el coautor del estudio, el Dr. Evan Hadley, director de geriatría y gerontología clínica del NIA. "Muestran que este grado de restricción calórica sostenida puede influir sobre los factores de riesgo de la enfermedad y los posibles predictores de la longevidad en personas sanas no obesas".

La investigación incluyó a más de 200 adultos sanos. Los adultos eran jóvenes o de mediana edad, y tenían un peso normal o un ligero sobrepeso. Se asignaron al azar a un grupo de restricción calórica o a un grupo control que siguió con sus hábitos de alimentación regulares.

Estudios anteriores con animales han mostrado que la restricción calórica (ingerir menos calorías al mismo tiempo que se consumen nutrientes esenciales) alarga la longevidad y ralentiza el avance de muchas enfermedades relacionadas con la edad, apuntaron los investigadores.

Los participantes del grupo de restricción calórica tenían el objetivo de perder el 15.5 por ciento del peso en el primer año, dijeron los investigadores. Para lograrlo, los voluntarios del estudio necesitarían reducir su ingesta calórica en un 25 por ciento. Se les pidió que mantuvieran su peso estable en el segundo año del estudio.

Las personas de ese grupo perdieron en promedio el 10 por ciento de su peso corporal en el primer año, y mantuvieron esa pérdida de peso en el segundo año. Aunque el grupo no logró el objetivo de pérdida de peso, fue la pérdida de peso sostenida más grande observada en un ensayo sobre la dieta con personas no obesas, según los investigadores.

El declive promedio del 12 por ciento en la ingesta calórica distó mucho del objetivo del 25 por ciento, pero los participantes mantuvieron la restricción calórica durante los dos años completos del estudio.

Las personas en el grupo de restricción calórica no presentaron ninguno de los cambios en el metabolismo que se observaron en los estudios anteriores con animales. Pero sí tuvieron mejoras significativas en varios factores de predicción de la enfermedad cardiaca, como una reducción del 6 por ciento en el colesterol total, una reducción del 4 por ciento en la presión arterial, y un aumento en el nivel de colesterol HDL "bueno".

La restricción calórica también condujo a una reducción del 47 por ciento en los niveles de la proteína reactiva C, un marcador de inflamación vinculado con la enfermedad cardiaca. También se observó una reducción en la resistencia a la insulina, un factor de riesgo de la diabetes.

Los niveles de un marcador de la actividad tiroidea se redujeron en más de un 20 por ciento. Algunos estudios han sugerido que una actividad tiroidea más baja podría asociarse con una mayor longevidad.

Pero algunas personas del grupo de restricción calórica contrajeron una anemia temporal. Algunos presentaron reducciones mayores de lo anticipado en la densidad ósea, encontró el estudio. Estos hallazgos resaltan la importancia de la monitorización médica durante la restricción calórica, según los autores del estudio.

Hadley dijo que es importante ver si la reducción calórica ofrecería beneficios adicionales a largo plazo. Y comentó que sería útil averiguar si la pérdida de peso por la reducción calórica ofrece más beneficios que la pérdida de peso inducida por el ejercicio.

El estudio aparece en la edición de septiembre de la revista Journal of Gerontology: Medical Sciences.

Una dieta con alto contenido en fibra y poca grasa ayuda a prevenir el cáncer de colon

Tomado de: www.larazon.es

Una dieta con alto contenido en fibra y poca grasa puede ayudar a prevenir el cáncer de colon, aunque lo más importante es un diagnóstico precoz, según ha explicado el oncólogo quirúrgico de Cirugía Digestiva del MD Anderson Cancer Center de Madrid, el doctor Oscar Alonso, en una entrevista a Europa Press. El cantante de Jarabe de Palo, Pau Donés, recientemente operado de cáncer de colon, aseguró que "con el cáncer, lo de más vale prevenir que curar cobra todo el sentido"; sin embargo, es más importante el diagnóstico precoz que la prevención, según ha señalado el doctor Alonso, que ha afirmado que no existen alimentos que provoquen o prevengan directamente esta enfermedad, aunque una dieta con alimentos ricos en fibra y poca grasa y evitar la obesidad pueden ser beneficiosos. "Solo el 5 por ciento de los casos tiene un factor genético, el resto son casos esporádicos en los que influyen los factores medioambientales y la dieta", ha señalado.

Los principales síntomas que pueden indicar que hay que visitar al médico son el sangrado persistente por el ano; un cambio en el ritmo de deposiciones, tanto hacia la diarrea como hacia el estreñimiento; anemia; pérdida de peso; y la sensación de no haber evacuado completamente tras hacer de vientre. Y aunque no se presenten estos síntomas, Alonso ha aconsejado que "por encima de los 50 años todo el mundo debería hacerse al menos una prueba de diagnóstico". La detección de sangre oculta en las heces y la colonoscopia son las dos principales pruebas que se realizan para detectar el cáncer de colon. Alonso ha explicado que la colonoscopia es más "resolutiva", ya que "trata de detectar lesiones precoces, que se llaman pólipos, y que en unos años pueden acabar desarrollando un cáncer de colon, y permite también quitarlos".

Según datos de la Asociación Española contra el Cáncer, si se detecta el cáncer de colon en una fase precoz, la supervivencia a los 5 años se sitúa por encima del 90 por ciento, mientras que en un estadio avanzado se sitúa en menos del 8 por ciento. "La mayoría de los casos actualmente se detectan en fases precoces, en los que hay una gran supervivencia", ha señalado Alonso. Tras el diagnóstico, existen varios tratamientos disponibles que dependen de la fase en la que se encuentre la enfermedad. En una etapa temprana, se puede extraer el tumor con una colonoscopia, mientras que en lo que se conoce como cáncer infiltrante se requiere cirugía. Ante la metástasis, hay que recurrir a un tratamiento multidisciplinar que incluya cirugía, radioterapia o quimioterapia.

Asocian la diabetes tipo 2 con tener más 'nudos' cerebrales propios del Alzheimer

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Las personas con diabetes tipo 2 podrían ser más propensas a desarrollar los "nudos" cerebrales asociados con el Alzheimer, sugiere un estudio reciente.

El estudio halló que las personas con diabetes tipo 2 tenían una mayor acumulación de nudos cerebrales, incluso si no tenían demencia ni problemas leves con la memoria y el pensamiento.

Los hallazgos, publicados el 2 de septiembre en la revista Neurology, apuntan a una explicación de por qué las personas con diabetes tipo 2 tienen un riesgo más alto de sufrir enfermedad de Alzheimer.

Esto significa que la diabetes tipo 2 podría provocar anomalías cerebrales que se añaden a otros cambios degenerativos y que finalmente desembocan en la demencia, explicó el investigador principal del estudio, el Dr. Velandai Srikanth, geriatra de la Universidad de Monash en Melbourne, Australia.

Sin embargo, dijo, este estudio muestra solamente una correlación entre la diabetes tipo 2 y los nudos cerebrales. No está claro si la diabetes tipo 2 es la causa, dado que hay muchos otros factores que tener en cuenta.

La obesidad es un ejemplo, dijo Srikanth. Las personas con diabetes tipo 2 a menudo son obesas, y otra investigación ha vinculado la obesidad con una mayor acumulación de nudos cerebrales.

Por otra parte, la diabetes podría contribuir directamente, al provocar que los niveles de azúcar en la sangre sean altos de manera crónica, por ejemplo. Pero se necesita más investigación para aclarar cuál es la causa, sostuvo Srikanth.

Los estudios han mostrado que las personas con diabetes tipo 2 tienen casi el doble de riesgo de contraer Alzheimer u otras formas de demencia que las personas sin diabetes, según la información de respaldo del estudio. Eso podría deberse en parte a las tasas más altas de accidentes cerebrovasculares y al estrechamiento de las arterias que suministran sangre al cerebro, según el equipo de Srikanth.

Pero también podría estar relacionado con la degeneración del tejido cerebral. En una investigación anterior, los investigadores del presente estudio hallaron que las personas mayores con diabetes tendían a mostrar un "encogimiento" del tamaño cerebral mayor que las que no tenían la enfermedad.

Los nuevos hallazgos se basan en 124 personas mayores con diabetes tipo 2 y casi 700 sin la enfermedad. Algunos tenían Alzheimer, otros problemas más leves de memoria y pensamiento, y otros mantenían la agudeza mental.

Todos los participantes del estudio se sometieron a IRM cerebrales y a aproximadamente la mitad se le tomaron muestras del líquido cefalorraquídeo para medir los niveles de beta amiloidea y tau, unas proteínas que conforman las placas y los nudos observados en los cerebro de los afectados por el Alzheimer.

En general, el estudio halló que las personas con diabetes sufrían un adelgazamiento mayor de la corteza cerebral, la zona con la mayor concentración de células nerviosas. Las personas con diabetes tipo 2 también tenían niveles más altos de proteína tau en su líquido cefalorraquídeo, lo que indica que hay más nudos en el cerebro, según el estudio.

Un investigador especializado en Alzheimer que revisó el estudio lo calificó como "importante".

"Claramente muestra que la diabetes tipo 2 se asocia con un aumento de la [tau] y una reducción del grosor cortical", dijo Kalipada Pahan, profesor de ciencias neurológicas en el Centro Médico de la Universidad de Rush, en Chicago.

La implicación, según Pahan, es que prevenir o mejorar el control de la diabetes podría ser un modo de combatir la formación de nudos en el cerebro.

Pero por ahora, no está claro por qué la diabetes está relacionada con la acumulación de la proteína tau.

"Hay varios factores que podrían estar influyendo", dijo Srikanth.

El nivel alto de azúcar en la sangre de forma crónica es una posibilidad, indicó. Otro es la inflamación de baja intensidad en todo el cuerpo: un estado que se observa en la diabetes y en otras afecciones crónicas.

La obesidad también podría ser parte del rompecabezas, según Srikanth. Hay un "conjunto interesante de evidencias" que relaciona la obesidad con la proteína tau, explicó.

Precisamente esta semana, un estudio estadounidense publicado en la revista Molecular Psychiatry informó de un vínculo entre la obesidad en la mediana edad y el inicio más temprano del Alzheimer. Las autopsias cerebrales también revelaron que los pacientes de Alzheimer que habían tenido mucho peso a los 50 años de edad tenían más nudos cerebrales que los que habían tenido un peso normal.

"La diabetes tipo 2 no puede ser el único mecanismo para la patología de la proteína tau", dijo Pahan. "La obesidad, anomalías en el metabolismo de la grasa y muchos otros problemas de salud podrían conducir a la patología de la proteína tau a través de distintas vías".

También comentó que la diabetes fomenta un proceso llamado "glicosilación" en el que las moléculas de azúcar se adhieren a las proteínas.

"Es posible que la glicosilación de una proteína cerebral importante contribuya a la acumulación de la proteína tau", planteó Pahan. Pero eso, añadió, todavía está por verse.