31 de octubre de 2015

Alimentación, factor clave para controlar el colon irritable


La alimentación es un factor importante para controlar los síntomas del colon irritable como el dolor abdominal, estreñimiento y flatulencias, aseguran especialistas del Instituto Mayo Clinic.

En un comunicado, el instituto informó que a pesar de no ser clara la causa del síndrome de este padecimiento, varios factores desempeñan una función en su desarrollo.

Algunos de los alimentos que pueden desencadenar episodios de colon irritable son los lácteos, verduras como el brócoli, coliflor, calabaza, cítricos, azúcares, aderezos, alcohol, refrescos, café, té negro y chocolate.

Cuando una persona presenta el síndrome del colon irritable, las contracciones son más fuertes y duran más tiempo de lo normal, lo que puede conducir a dolor abdominal o molestias a medida que la comida, los gases y las heces atraviesan el tracto gastrointestinal.

También se vincula con irregularidad intestinal, pues a veces se presenta con diarrea y en otras con estreñimiento; los síntomas comunes que se relacionan con esto son flatulencia y distensión abdominal.

Este síndrome puede presentarse tanto en adultos como en niños y tiende a afectar con más de frecuencia a las mujeres que a los hombres.

La mayoría de las personas diagnosticadas con este síndrome, a pesar de que los síntomas puedan aparecer y desaparecer, la afección es crónica y dura toda la vida, por lo que solo se puede controlar.

Los doctores indican que para evaluar esta enfermedad se debe realizar una valoración integral de los síntomas y del historial médico, en conjunto con un minucioso examen médico.

Cuando los síntomas son los característicos, por lo general no es necesario realizar más análisis; sin embargo, dependiendo de la situación, el médico podría recomendar más estudios para descartar otras causas de los síntomas, puesto que existen afecciones que pueden provocar dolor, diarrea y estreñimiento.

Los especialistas recomiendan realizar cambios en la alimentación, acudir con un nutriólogo a fin de identificar los alimentos sanos que no desencadenen síntomas.

Y en casos más fuertes existen varios medicamentos de venta libre o bajo prescripción que pueden ayudar a reducir los síntomas.

¿Podemos o no podemos comer carnes rojas y procesadas?

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de relacionar el elevado consumo de carnes rojas y procesadas con el riesgo de cáncer. Pero la propia entidad matiza esta cuestión para evitar alarmismos injustificados. La OMS hizo pública su valoración el pasado 26 de octubre de 2015 mediante un comunicado de prensa disponible en castellano que remite a una publicación recogida en la revista The Lancet Oncology. A su vez, difundió un documento con preguntas y respuestas ligadas a este asunto. El presente artículo aborda las principales dudas sobre el tema, analiza el mensaje de la OMS, explica qué son las carnes rojas y procesadas y cuál es la frecuencia de consumo recomendada. 

¿Qué dice de verdad la OMS sobre las carnes rojas y procesadas?

Un grupo de trabajo formado por 22 expertos de 10 países y convocados por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) acaba de evaluar de forma exhaustiva la literatura científica disponible sobre la relación entre carnes rojas y procesadas y el riesgo de cáncer.

Tras ello, la OMS ha decidido clasificar el consumo de carne roja como "probablemente carcinógeno para los humanos", dada su probable asociación con el cáncer colorrectal, pero también con el cáncer de páncreas y el cáncer de próstata.

La carne procesada, por su parte, se ha clasificado como "carcinógena para los humanos", dado que existen suficientes evidencias científicas de que su consumo se relaciona con el cáncer colorrectal. En España, es el tipo de cáncer más frecuente, según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Para la OMS, cada porción diaria de 50 gramos de carne procesada incrementa el riesgo de padecer cáncer colorrectal en un 18%, aunque puntualiza que "para un individuo, el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal por su consumo de carne procesada sigue siendo pequeño, pero este riesgo aumenta con la cantidad de carne consumida". Es un mensaje tranquilizador, pero no debemos olvidar que "el impacto global sobre la incidencia del cáncer es de importancia para la salud pública", de nuevo según la OMS.

Mensajes alarmistas en la prensa

Pese a que la OMS insiste en que el riesgo individual de desarrollar cáncer por consumir carnes rojas o procesadas es bajo, numerosos medios de comunicación han emitido mensajes alarmistas sobre esta cuestión, con titulares que no se basan, en absoluto, en datos rigurosos. La información contenida en sus artículos, a su vez, no se ha cotejado con profesionales independientes de la nutrición y la salud. El alarmismo suele ser, por desgracia, contraproducente, dado que buena parte de la población se ve sumida en el desconcierto ("todo produce cáncer", "todo es malo para la salud"), puede desoír los mensajes sanitarios fiables o, incluso, llega a responder con argumentos como "de algo hay que morir", en vez de cambiar sus hábitos de salud.

Tal y como se detalló en el artículo 'Consejos nutricionales en los diarios, ¿son fiables?', es preciso que exista una mayor formación especializada de los periodistas para interpretar las evidencias científicas. Así, en este caso, resulta imprescindible señalar que pese a que las carnes procesadas están en el mismo grupo que el tabaco, eso no significa que su papel en la promoción del cáncer sea el mismo, algo que no han puntualizado diversos medios. A modo de ejemplo, aunque podamos clasificar tanto al sol como una fogata como "fuentes de luz y calor", su capacidad calorífica y lumínica es bien distinta.

Por ello, el periodista especializado en salud Pablo Linde insistió en su cuenta de Twitter que si bien la carne procesada incrementa el riesgo de cáncer en un 18%, el tabaco lo hace en un 1.500%.

Y la propia OMS apunta que mientras que se atribuyen unas 34.000 muertes anuales por cáncer a las dietas ricas en carne procesada, y unas 50.000 a las dietas ricas en carnes rojas, el tabaco causa cada año cerca de un millón de fallecimientos, el alcohol 600.000 y la contaminación del aire más de 200.000.

¿Por qué este riesgo?

Se sabe que el riesgo existe, aunque no está claro qué lo causa. Así, pese a que hay varios componentes en las carnes rojas y procesadas que pueden justificar su papel en el riesgo de cáncer (como el hierro hemo, compuestos N-nitroso, hidrocarburos aromáticos policíclicos o aminas aromáticas heterocíclicas), la OMS detalla que "todavía no se comprende completamente cómo se incrementa el riesgo de cáncer por la carne roja o la carne procesada".

¿Qué son carnes rojas, qué son carnes procesadas?

La OMS ha publicado un documento en castellano que recoge preguntas y respuestas en relación con su postura sobre carnes rojas y procesadas. En él se lee que se considera carne roja a "toda la carne muscular de los mamíferos, incluyendo carne de res, ternera, cerdo, cordero, caballo y cabra".

Por su parte, la carne procesada hace referencia a aquella "que ha sido transformada a través de la salazón, el curado, la fermentación, el ahumado u otros procesos para mejorar su sabor o su conservación". La mayoría de las carnes procesadas se elaboran, según la OMS, con carne de cerdo o carne de res, aunque también pueden contener "otras carnes rojas, aves, menudencias o subproductos cárnicos, tales como la sangre". Entre las carnes procesadas están las salchichas de cualquier tipo, el jamón, la carne en conserva, la cecina o carne seca y las preparaciones y salsas a base de carne.

¿Cuál es la frecuencia de consumo recomendada?

Si bien la OMS no detalla cifras exactas de consumos recomendados de diferentes carnes, sí disponemos de las consideraciones del Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer. Para esta entidad, la media poblacional no debería tomar cada semana más de 300 gramos semanales de carne roja. La ingesta en España, según la Encuesta Nacional de Ingesta Dietética (ENIDE), asciende a 428 gramos semanales, por lo que conviene disminuir en unos 130 gramos semanales nuestro consumo de carnes rojas. A modo de ejemplo, un filete o un solomillo de ternera pesan unos 95 gramos, mientras que un entrecot de ternera alcanza los 200 gramos.

La OMS tampoco fija el límite de carne procesada que se debería comer, aunque existen estudios cuyos autores apuntan que no debería superar los 20 gramos diarios. Es el caso de la investigación publicada en marzo de 2013 en la revista BMC Medicine, que indicó que si los europeos tomaran menos de 20 gramos diarios de carnes procesadas, la mortalidad poblacional podría disminuir en un 3,3%. Como la media de ingesta de estos productos en España asciende a unos 35 gramos de diarios, es preciso consumirlos un poco menos, para lo que bastaría con tomar una loncha menos de jamón al día (que pesa unos 20 gramos) o dos lonchas de chorizo menos (16 gramos). En todo caso, el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer considera que lo idóneo es evitar en el día a día el consumo de derivados cárnicos.

Por último, es preciso indicar que la postura de la OMS coincide con las recomendaciones que sostienen diversas entidades sanitarias de referencia desde hace muchos años. Así, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición acaba de publicar una nota de prensa en relación a este tema en el que explica que el informe de la OMS "no supone un cambio en las actuales recomendaciones nutricionales de nuestra sociedad y otras sociedades nacionales e internacionales". Por su parte, la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) también ha emitido un comunicado a raíz del informe de la OMS, en el que aconseja "mantener las actuales recomendaciones de salud pública sobre el consumo de carne: el consumo debe ser moderado, de no más de dos veces por semana, ya que el consumo continuado y excesivo se asocia a problemas de salud".

Reducir el azúcar de la dieta mejora la salud de los niños inmediatamente, según un estudio

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Reducir la mayor parte del azúcar en la dieta de un niño puede mejorar su salud de forma inmediata, incluso si la dieta sigue conteniendo la misma cantidad de calorías y carbohidratos que antes, según un estudio reciente.

Los investigadores hicieron que un grupo de 43 niños obesos realizaran una dieta de 9 días que restringía de forma severa la ingesta de azúcar, pero reemplazaron los azúcares añadidos con alimentos almidonados para mantener la ingesta de calorías y carbohidratos de los niños.

Esa dieta provocó una inmediata reducción de su hipertensión y una mejora en sus niveles de azúcar en la sangre y de colesterol, hallaron los investigadores.

"Cada aspecto de su salud metabólica mejoró, sin cambiar las calorías", señaló el autor del estudio, el Dr. Robert Lustig, endocrinólogo pediátrico en el Hospital Pediátrico Benioff de la Universidad de California, en San Francisco. "Este estudio muestra sin lugar a dudas que el azúcar es metabólicamente perjudicial, no por sus calorías ni por sus efectos en el peso. Más bien, el azúcar es metabólicamente dañino porque es azúcar".

El hallazgo hace que se planteen preocupaciones serias sobre los efectos del azúcar en la salud, y hace un llamado a que se ponga en cuestión la creencia, largo tiempo mantenida, de que "una caloría es una caloría" independientemente del alimento de la que proceda, dijo el Dr. Jeffrey Mechanick, director de soporte metabólico en la división de endocrinología, diabetes y enfermedades óseas de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York.

"Es un estudio importante que se suma al conjunto de evidencias, y realmente nos insta a que examinemos el hecho de que los patrones alimentarios, y qué es un patrón alimentario sano para el público estadounidense, son tan importantes como la ingesta calórica", comentó Mechanick, que es presidente electo del Colegio Americano de Endocrinología (American College of Endocrinology) y ex presidente de la Asociación Americana de Endocrinólogos Clínicos (American Association of Clinical Endocrinologists).

Para realizar el estudio, los investigadores reclutaron a niños de 8 a 18 años que eran obesos y que tenían al menos otro problema metabólico crónico, como hipertensión, un nivel elevado de colesterol o señales de resistencia a la insulina.

El estudio solamente contó con niños negros e hispanos, debido a su riesgo más alto de sufrir ciertas afecciones asociadas con el síndrome metabólico, como la hipertensión y la diabetes tipo 2.

Los investigadores proporcionaron a los participantes del estudio alimentos para nueve días, incluyendo todos los refrigerios y las bebidas.

El menú se elaboró para que los alimentos fueran adecuados para los niños, pero restringía los alimentos llenos de azúcares añadidos, como los cereales ricos en azúcar, las tortas y el yogur azucarado.

Todos los alimentos (que incluían perritos calientes de pavo, papas fritas y pizza) procedían de supermercados locales, y los investigadores proporcionaron carbohidratos almidonados a partir de alimentos como las roscas, los cereales y la pasta para reemplazar a los carbohidratos que normalmente tendrían los artículos azucarados.

El resultado final: los niños consumieron la misma cantidad de carbohidratos, pero su ingesta total de azúcar dietética se redujo de un 28 a un 10 por ciento.

Se dio a los niños una báscula y se les pidió que se pesaran todos los días. Si empezaban a perder peso de forma drástica, se les daba más alimentos bajos en azúcar, de modo que la pérdida de peso se descartara como factor en cualquiera de los efectos positivos para la salud que se pudieran observar.

Después de 9 días con la dieta restringida de azúcar, prácticamente cada aspecto de la salud metabólica de los participantes mejoró sin que hubiera un gran cambio en su peso.

La presión arterial empezó a modificarse hasta niveles más próximos a la normalidad, y los niveles de triglicéridos y del colesterol LDL ("malo") se redujeron. El nivel de glucosa en la sangre en ayunas se redujo en 5 puntos, y los niveles de insulina se redujeron en un tercio, mostraron los hallazgos.

"Hicimos que niños que estaban enfermos se volvieran sanos", dijo Lustig. "No la revertimos completamente, pero en 10 días conseguimos revertir su disfunción metabólica en gran medida, sin que hubiera un cambio en la calorías ni en el peso".

Sin embargo, el sector del azúcar no se mostró de acuerdo con los hallazgos.

"El estudio más reciente del Dr. Lustig no logra dar una precisión científica a preguntas importantes que requieren de respuestas legítimas", afirmó La Asociación del Azúcar (The Sugar Association) en una declaración.

"El estudio fue diseñado para asegurarse de que los sujetos mantenían su peso corporal", señaló el grupo, pero "a medida que el estudio se iba desarrollando, los sujetos no lo hicieron. 33 de los 43 participantes perdieron peso, un promedio significativo de 2 libras (0.9 kg) por persona en 9 días. Esto hace que sea imposible separar los efectos de la pérdida de peso de los cambios dietéticos en las variables de salud medidas".

La asociación añadió que el estudio tenía datos insuficientes sobre qué tipo de azúcares (especialmente fructosa) había en las dietas de los niños, y el estudio contó con la información reportada por los mismos participantes, lo que la asociación calificó como "no fiable".

Pero Lustig comentó que otros estudios han mostrado que el azúcar puede tener efectos metabólicos perjudiciales más allá del aumento de peso a través de las calorías adicionales.

El azúcar presente en los alimentos está compuesto por dos azúcares simples llamados glucosa y fructosa, y los estudios han mostrado que la fructosa puede fomentar el envejecimiento celular, dijo.

La fructosa también actúa directamente sobre el sistema de recompensa en el cerebro de una persona, lo que le hace desear más azúcar. "Cuanto más azúcar se ingiere, más se quiere", señaló Lustig.

Estos hallazgos muestran que las personas harían bien si siguen las directrices dietéticas que ya animan a limitar la ingesta de azúcar y a comer más fruta y verdura, dijo Mechanick.

Pero indicó que el estudio contó solamente con un pequeño grupo de niños durante un periodo corto de tiempo, y se ha de replicar en un grupo más amplio.

"Es un estudio importante que añadir al conjunto total de evidencias", dijo Mechanick. "Obviamente, va a ser necesario corroborarlo en un ambiente distinto y con una población distinta".

El estudio aparece en la edición en línea del 27 de octubre de la revista Obesity.

La OMS dice que la carne procesada puede causar cáncer

Tomado de: www.elmundo.es

Comer carne procesada puede causar cáncer de colon, y la carne roja es una causa probable de esta enfermedad, según han señalado hoy expertos de la Agencia para la Investigación contra el Cáncer (IARC), dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La IARC evalúa continuamente la literatura científica y según van apareciendo nuevas evidencias científicas, va incluyendo ciertos elementos en distintas clasificaciones que tienen. Así, tras haber revisado lo publicado respecto a este tema, un grupo de 22 expertos de 10 países distintos ha clasificado el consumo de carne roja como "probable cancerígeno para los humanos", basándose en una "evidencia limitada". La agencia ha observado este vínculo principalmente para el cáncer colorrectal, aunque también han visto asociaciones para el cáncer de páncreas y el de próstata.

Al clasificar la carne roja (ternera, cerdo, cordero, caballo o cabra) como "probable cancerígeno", ésta pasa a formar parte del grupo 2A, donde también hay elementos como el glifosato, un compuesto presente en muchos herbicidas.

Igualmente, la IARC también ha evaluado la carcinogenicidad de la carne procesada (como las salchichas, el beicon, lasañas precocinadas, embutidos...), calificándola como "cancerígena para los humanos" basándose en una "evidencia suficiente" de que causa cáncer colorrectal. Así, la carne procesada, como puede ser, por ejemplo, un perrito caliente o cualquier otro producto a base de carne que conlleve un proceso industrial, pasa a formar parte del grupo 1, donde se encuentran productos como el tabaco, el amianto o el diésel.

"Para una persona, el riesgo de desarrollar un cáncer colorrectal debido a su consumo de carne procesada sigue siendo pequeña, pero el riesgo aumenta con la cantidad de carne consumida", ha señalado el doctor Kurt Straif, director del programa de monográficos del IARC. Concretamente, los expertos han concluido que por cada 50 gramos de carne procesada que se ingieren, el riesgo de padecer cáncer colorrectal aumenta un 18%. 

"Teniendo en cuenta la cantidad de personas que consumen carne procesada en todo el mundo, el impacto global de su incidencia en el cáncer puede ser muy importante para la salud pública", ha explicado Straif. 

Para tomar estas dos decisiones, el grupo ha considerada más de 800 estudios que investigaban las asociaciones entre el consumo de carne roja o procesada y más de una docena de tipos del cáncer.

La relación de los cárnicos procesados con ciertos tumores no es nueva. De hecho, uno de los estudios sobre dieta y cáncer más prestigiosos, el llamado EPIC (en el que participan 23 centros de 10 países europeos, entre ellos España) ya alertaba en 2013 del riesgo derivado de algunos ingredientes que contienen estos productos; como la sal o las nitrosaminas (que se añaden para impedir la contaminación bacteriana de la carne).

En el caso de España, todas las estadísticas alertan de que el consumo de carne roja está muy por encima de lo que recomiendan los organismos internacionales, que hablan de en torno a 70 gramos al día (mientras que en nuestro país la cifra alcanza casi los 250-300 gramos diarios).

24 de octubre de 2015

La dieta mediterránea podría mantener su mente más sana en la vejez

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Los investigadores dicen que comer demasiada carne podría encoger el cerebro, una noticia que parece sacada de una novela de ciencia ficción.

Pero por otro lado, comer alimentos sanos de la dieta mediterránea podría ayudar al cerebro a mantenerse en buena forma a medida que se envejece, sugiere el nuevo estudio. Los investigadores dijeron que las personas mayores de 65 años que comían más pescado, verduras, frutas, granos y aceite de oliva tenían un volumen cerebral más grande que un grupo similar que no seguía una dieta mediterránea.

"Fue alentador ver que si se sigue una dieta mediterránea se obtiene una mayor protección contra la atrofia [el encogimiento] cerebral", dijo la autora del estudio, Yian Gu, profesora asistente de neuropsicología de la Universidad de Columbia, en la ciudad de Nueva York. "Para las personas interesadas en los factores de la dieta y del estilo de vida que conducen a una mejor salud, creo que este es otro estudio coherente con investigaciones anteriores que indican que una dieta mediterránea es una dieta saludable", añadió.

Pero Gu anotó que los hallazgos observacionales de su estudio no pueden probar una relación causal definitiva entre la dieta y el volumen del cerebro. El estudio solo se diseñó para hallar una asociación.

Los hallazgos de la investigación aparecen en la edición en línea del 21 de octubre de la revista Neurology.

Investigaciones anteriores han relacionado la dieta mediterránea con un riesgo más bajo de enfermedad de Alzheimer, según el estudio. La dieta enfatiza el consumo de verduras, legumbres (frijoles, guisantes y lentejas), frutas, cereales, pescado y grasas monoinsaturadas como el aceite de oliva, apuntaron los autores del estudio. El plan de alimentación también incluye una ingesta baja de carne, pollo, grasas saturadas y lácteos, además de unas cantidades entre bajas y moderadas de alcohol, según los investigadores.

Para el estudio, Gu y sus colaboradores dividieron a 674 adultos en dos grupos, según qué tanto sus dietas se parecían a la mediterránea. Su edad promedio era de 80 años. Todos los participantes se sometieron a IRM del cerebro para medir el volumen y el grosor total del cerebro. También rellenaron formularios sobre lo que optaban por comer y sus patrones alimenticios.

Los investigadores encontraron que los volúmenes cerebrales de los que no seguían una dieta mediterránea eran más bajos en comparación con los que sí la seguían. La diferencia en el tamaño general fue menor: equivalía a unos cinco años de envejecimiento, dijeron los autores del estudio.

Pero, de forma más específica, los investigadores hallaron que comer más pescado y menos carne se asociaba con incluso menos encogimiento del cerebro.

Gu dijo que los científicos aún no saben con exactitud por qué la dieta mediterránea parece ser más sana para el cerebro. Pero otras investigaciones han establecido que un mayor consumo de pescado y verduras y una ingesta más baja de carne son beneficiosos para el crecimiento de las neuronas, apuntó.

El Dr. Joseph Masdeu, director del Centro Nacional del Alzheimer Nantz del Hospital Metodista de Houston, alabó el estudio como "una forma elegante de abordar este [tema]".

Masdeu, que no participó en la investigación, dijo que "creo que la moraleja está clara... una dieta que contenga menos carne y quizá más pescado es buena para uno. También hay varios estudios negativos [enfocados en] la dieta mediterránea, pero varios que confirman un efecto positivo. Es tentativo, pero es el método preventivo más potente que tenemos [para fomentar la salud cerebral] junto con el ejercicio".

Usando los hallazgos del estudio, Gu planteó que comer al menos entre 3 y 5 onzas (de 85 a 142 gramos) de pescado a la semana, y no más de 3.5 onzas (99 gramos) de carne al día, podría proteger del encogimiento cerebral.

Reconoció que quizá los participantes del estudio no hayan recordado con precisión sus hábitos de consumo de alimentos en los cuestionarios utilizados.

"Pedimos a las personas que recordaran sus hábitos de alimentación pasados, una acción vulnerable al sesgo de la memoria", comentó.

El Dr. Malaz Boustani, vocero de la Federación Americana de Investigación sobre el Envejecimiento (American Federation for Aging Research), dijo que el nuevo estudio ofrecía "un mensaje muy bueno" al público.

"Se trata de un estudio alentador que nos hará trabajar más arduamente para ver cómo podemos de verdad animar a las personas... a cambiar su dieta para encajar la dieta mediterránea", señaló Boustani, que también es director fundador del Centro de Innovación en la Atención del Cerebro Sandra Eskenazi de la Universidad de Indiana. "Facilita que las personas hagan lo correcto".

Leche, un alimento saludable salpicado por falsos mitos

Por EROSKI CONSUMER / Tomado de: www.consumer.es

Hay pocas cosas más reconfortantes, con la llegada del frío, que un vaso de leche caliente. La leche es uno de los alimentos más aceptados tanto por los niños como por los adultos, en el desayuno, la merienda, numerosas recetas e, incluso, la cena, por su tibieza antes de dormir. No obstante, pese a ser un producto nutritivo, rico en ciertas vitaminas y minerales -como el calcio-, la leche es uno de los alimentos más castigados por falsos gurús, que difunden rumores dietéticos con poco fundamento científico pero con mucha notoriedad en las redes sociales. En el presente artículo se revisan, de cerca, los más importantes. 

La leche es un alimento nutritivo que puede formar parte de toda dieta saludable. Según la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria y la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria, los niños deben tomar de 2 a 3 raciones diarias de lácteos (de 200 ml cada una); los adultos, entre 2 y 4 raciones (de 250 ml cada una); y las personas mayores, 3 raciones al día (también de 250 ml cada una). Si el consumo de leche no desplaza a la ingesta de alimentos de origen vegetal poco procesados, como frutas frescas, hortalizas, frutos secos o legumbres, todo serán beneficios.

No obstante, y a pesar de sus bondades para la salud, la leche cuenta en su haber con una larga lista de falsas creencias. Algunas de ellas están tan arraigadas en el imaginario popular que no hay manera de que se extingan. Es probable que esto tenga que ver no solo con la velocidad a la que corren en la actualidad los rumores gracias a las redes sociales, sino también con la tendencia a confiar más en drásticas y descabelladas propuestas dietéticas -esas que parecen funcionar a corto plazo-, que en los indiscutibles beneficios (a largo plazo, eso sí) de un cambio generalizado en nuestro estilo de vida.

Falsas creencias sobre alergias o intolerancias a la leche

Si alguien padece una alergia a las proteínas de la leche, debe retirar los lácteos de su dieta, sin duda. Pero ello no significa, de ninguna manera, que quien tome leche acabará tarde o temprano por presentar una alergia. La alergia a las proteínas de los lácteos, que debe diagnosticar un alergólogo, es más común en la infancia, pero afecta a menos del 5% de los bebés, y además suele desaparecer al año de edad.

Es muy importante no confundir la intolerancia a la lactosa (la lactosa es el azúcar que contiene de forma natural la leche) con una alergia a las proteínas lácteas. En el primer caso se producen síntomas gastrointestinales que, por lo general, son leves y pasajeros, mientras que en el segundo caso existirán síntomas graves (si la persona alérgica consume lácteos), que pueden incluso comprometer la vida.

En este punto, es importante reseñar dos cosas. La primera, que hay un elevado número de casos "autodiagnosticados" de intolerancia a la lactosa que no suelen confirmarse con estudios médicos rigurosos. Es importante desconfiar de test de intolerancia no avalados por estamentos científicos de referencia, como se advierte en el artículo '¿Se puede hacer el test de intolerancia alimentaria con la Seguridad Social?'.

La segunda cuestión importante -y que no todo el mundo conoce- es que incluso las personas que realmente padecen intolerancia pueden tomar la cantidad de lactosa presente en un vaso de leche sin presentar síntoma alguno, tal y como indicó en 2010 la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).

La leche no produce mucosidades

Mención aparte merece la falsa creencia de que los lácteos producen mucosidades. Es algo que quedó desmentido en diciembre de 2005 en la revista Journal of the American College of Nutrition. La conclusión de los autores -investigadores de la Unidad de Alergología del Hospital Universitario de Zurich (Suiza)- fue rotunda: "Las recomendaciones de abstenerse de tomar productos lácteos en base a la creencia de que inducen los síntomas del asma no tienen sustento en la literatura científica".

La leche no descalcifica

Las controversias relacionadas con la leche no acaban en intolerancias, mucosidades o alergias; llegan incluso a cuestionar su papel en la salud ósea. Así, hoy por hoy, es fácil leer en fuentes poco informadas que la leche descalcifica. Si bien en la mayor parte de casos no se aporta bibliografía científica que sustente semejante contradicción (los lácteos son la principal fuente de calcio en la dieta), en ocasiones se adjuntan estudios que observan que en los países donde se consumen más lácteos existen más fracturas óseas.

Sin embargo, cualquier científico conocedor de cómo interpretar los estudios observacionales (o transversales), no tardará en caer en la cuenta de que en los países occidentales no solo se toman más lácteos, también existen otras características que son las verdaderas responsables de las mayores tasas de fracturas registradas: tabaquismo, sedentarismo, menor exposición al sol (que permite la síntesis de vitamina D, imprescindible para el metabolismo óseo), más tasas de alcoholismo, una ingesta de sal mucho más elevada o un mayor consumo de fármacos. Todos esos factores son los auténticos responsables de las preocupantes tasas de osteoporosis y fracturas óseas.

Si bien la clave de la prevención de las fracturas no reside en tomar altas cantidades de lácteos (seguir un buen estilo de vida es mucho más importante), un consenso español publicado en noviembre de 2013 en la revista Nutrición Hospitalaria llegó a la conclusión de que la leche desempeña un "papel crucial" para cubrir las necesidades de calcio, un mineral importante en la configuración de los huesos.

La leche no aumenta las tasas de mortalidad

La más sonora de las falsas creencias relacionadas con la leche es la que sostiene que consumir este alimento produce cáncer, causa diabetes o genera enfermedades cardiovasculares. Es lo que han revisado en una reciente investigación la doctora Susanna C. Larsson y sus colaboradores (revista Nutrients). Su conclusión ha sido la esperada: el consumo de leche no se asocia con mayores tasas de ninguna de las tres enfermedades descritas, ni tampoco con un aumento en el riesgo de mortalidad por cualquier otra causa.

No podemos olvidar que existen en el mercado muchos derivados de la leche a los que se han añadido elevadas cantidades de azúcar (flanes, natillas, helados u otros postres lácteos). Tales productos presentan un perfil nutricional muy diferente al de la leche sola. Así, mientras la leche puede formar parte de nuestra alimentación cotidiana, el consumo de estos productos -dado su elevado aporte calórico- es mejor que sea ocasional.

Es más probable que los niños tengan sobrepeso si la mamá engordó demasiado en el embarazo o después

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Las mujeres que aumentan demasiado de peso durante y después del embarazo podrían aumentar el riesgo de que su hijo tenga sobrepeso o sea obeso en la adolescencia, sugiere un nuevo estudio de los Países Bajos.

Los investigadores del estudio explicaron que el aumento excesivo de peso de la madre durante el embarazo podría vincularse con cambios en su química que hagan que el niño tenga más probabilidades de tener sobrepeso o ser obeso. El aumento de peso de la madre tras dar a luz y el aumento de peso posterior del niño probablemente reflejen el estilo de vida y las conductas de salud de la familia, señalaron los autores del estudio.

Un médico de EE. UU. anotó la importancia de ambos factores.

"Hay un amplio reconocimiento de que los ambientes y los llamados 'determinantes sociales de la salud' tienen una importante influencia sobre el aumento de peso y la obesidad", comentó el Dr. David Katz, director del Centro de Investigación sobre la Prevención de la Universidad de Yale en New Haven, Connecticut.

El primer ambiente es el útero, y la primera influencia social son las conductas de la madre, dijo. Este estudio resalta la importancia de esos factores, y reafirma una relación entre el aumento de peso excesivo durante el embarazo y las probabilidades de obesidad en el niño, dijo Katz, que no participó en la investigación.

Katz dijo que la novedad de este estudio es la separación de la asociación planteada por el aumento de peso en el embarazo y la planteada por el aumento de peso materno tras el embarazo, que también es un riesgo de obesidad en los niños. "En esencia, tenemos evidencias de que todos los ambientes son importantes, desde el útero hasta la sala de estar", comentó.

Pero el estudio solo encontró una asociación, y uno una relación causal, entre el peso durante y después del embarazo de una madre y el peso de su hijo.

El estudio se publicó el 19 de octubre en la revista Pediatrics.

La investigación incluyó información sobre más de 3,300 niños holandeses y sus madres. Los niños nacidos de madres cuyo aumento de peso durante el embarazo se consideró "excesivo" tenían un 20 por ciento más de probabilidades de tener sobrepeso. De la misma forma, los hijos de madres que aumentaron demasiado de peso en el año tras el parto también se enfrentaban a un riesgo más elevado de tener sobrepeso, encontró el estudio.

Y los niños nacidos de madres que aumentaron demasiado de peso tanto durante como después del embarazo tenían más de tres veces más probabilidades de acabar con sobrepeso a los 14 años de edad que los hijos de madres más delgadas, reveló la investigación.

Katz cree que esos hallazgos se pueden usar para educar a las mujeres antes y durante el embarazo sobre la importancia del estilo de vida, enfatizando una alimentación y una actividad saludables, y el manejo del peso.

"El embarazo es un momento que se puede aprovechar para la educación, y usarlo puede beneficiar tanto a la madre como al bebé", enfatizó Katz.

El Dr. David Méndez, neonatólogo del Hospital Pediátrico Nicklaus, en Miami, dijo que no está claro qué parte del riesgo de aumento de peso de un niño se vincula con la genética o la programación en el útero, y qué parte se relaciona con el estilo de vida de la familia.

"Intentar separarlo sigue siendo un desafío", dijo Méndez. "Lo que está claro es que el aumento de peso excesivo durante el embarazo tiene consecuencias inmediatas para la madre y el hijo en el momento del parto".

En particular, el aumento de peso excesivo expone al bebé a unos niveles altos de azúcar y hace que produzca mucha insulina intentando equilibrar esos niveles, dijo.

"La exposición a niveles altos de insulina puede afectar al metabolismo del bebé durante la transición desde el útero", explicó Méndez.

Méndez dijo que las directrices existentes sugieren la cantidad de peso que una mujer debe aumentar durante el embarazo.

Para las mujeres de peso normal, un promedio de 20 a 35 libras (9 a 16 kilos) es adecuado, dijo. Para las mujeres obesas, el rango es de 15 a 25 libras (de 7 a 11 kilos). En las mujeres obesas, el rango es de 11 a 20 libras (de 5 a 9 kilos). Y para las mujeres con falta de peso es de 28 a 40 libras (13 a 18 kilos), apuntó.

"Un estilo de vida saludable antes y durante el embarazo ofrece el mejor resultado para la mamá y el bebé", enfatizó Méndez.

17 de octubre de 2015

8.500 niños mueren cada día por desnutrición severa

Tomado de: www.elmundo.es

Se estima que 8.500 niños mueren al día a causa de la desnutrición severa y que 160 millones de niños sufren raquitismo. Pero la otra cara de la moneda de la malnutrición la encontramos en los 42 millones que tienen sobrepeso. Ninguno de ellos crece de forma saludable. Son los datos que recoge el segundo Informe Mundial de Nutrición que este miércoles han presentado las organizaciones Acción Contra el Hambre y Save the Children.

"La malnutrición no es un problema que sólo se relaciona con la falta de acceso a los alimentos. Es un problema que debe relacionarse con la salud", ha afirmado Antonio Vargas, responsable de nutrición de Acción Contra el Hambre, que junto a David del Campo, director de Cooperación Internacional de Save the Children, ha presentado en rueda de prensa las conclusiones del informe elaborado por 70 expertos independientes y coordinado por el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IPFRI).

"Hay dos formas de ver el mapa de la nutrición: por exceso y por defecto", ha señalado del Campo. El exceso lo representa la obesidad, el defecto la desnutrición. La malnutrición afecta prácticamente a una de cada tres personas en el mundo, con 1.900 millones de adultos con sobrepeso y 794 millones que presentan deficiencias nutricionales.

La desnutrición severa mata al año a unos tres millones de niños en el mundo (8.500 al día), y otros tantos mueren de "enfermedades relacionadas con una mala nutrición, como diarreas, que son fácilmente prevenibles", según ha asegurado del Campo. 

"De los 652 millones de niños menores de cinco años que hay en el mundo, 161 padecen desnutrición crónica" que da lugar a problemas como el retraso en el crecimiento (raquíticos) o un peso insuficiente (emaciados), sobre todo en aquellos que viven en el África subsahariana. Estos problemas no afectan sólo a los sistemas de ayuda y de salud de los países, sino que frenan su desarrollo. Según Vargas, "el 10% del PIB de Malawi va destinado a paliar problemas que están relacionados con la desnutrición crónica. La erradicación del hambre es una acción obligatoria para el desarrollo de los países".

A pesar de estas cifras, Vargas ha afirmado que "hay noticias para el optimismo" ya que "hoy hay 96 millones de niños menos con desnutrición crónica que hace 25 años y en solo un año 15 países más podrían cumplir con los objetivos de reducción de la desnutrición marcados para 2025 por la Asamblea Mundial de la Salud", aunque ha añadido que "los avances podrían ser mucho más rápidos". 

En los países desarrollados el problema es de signo contrario, la malnutrición por exceso. "Hay conciencia de preocupación por la seguridad en los niños, por ejemplo que los bordes de las mesas en las guarderías estén redondeados, pero no tanto por su nutrición. Los problemas de obesidad son uno de los retos que tienen los países desarrollados". 

Respecto a los datos que se desprenden del Informe sobre la situación de España, Vargas ha señalado que hay "un aumento de sobrepeso y de obesidad, y un incremento evidente sobre enfermedades relacionadas con el sobrepeso infantil". "Hay que seguir con especial atención el aumento de la obesidad, una nueva amenaza para la salud nutricional de la que no se salva ningún país en el mundo", ha afirmado. 

Porque el problema del sobrepeso no se limita a los países desarrollados, "Honduras e Irán se enfrentan a problemas de obesidad que sus sistemas de salud no soportan por su debilidad". Las cifras dan la razón a los expertos, que aseguran que "no es normal que haya países que dediquen el 20% de su presupuesto en salud a problemas relacionados con el sobrepeso que se pueden prevenir".

La educación en una buena nutrición es la clave para un correcto desarrollo de los niños. "Enfermedades crónicas como la artrosis o la diabetes aparecen a edades cada vez más tempranas y se arrastran toda la vida", ha asegurado del Campo, para quien "hay que empezar a pensar que hasta los 16 años por lo menos un niño debe tener una alimentación sana".

Muchos supervivientes al cáncer comen mal, según un estudio

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Cabría esperar que los supervivientes al cáncer fueran personas que comen de forma fanáticamente sana, pero un nuevo estudio sugiere que comen un poco peor que las personas que nunca han tenido un cáncer.

Los resultados de la encuesta de más de 1,500 adultos supervivientes al cáncer mostraron que eran menos propensos que las otras personas a seguir las directrices dietéticas nacionales. Los hallazgos aumentan las preguntas sobre si los oncólogos deberían hacer más para educar a los pacientes con cáncer sobre los beneficios para la salud que implica el hecho de mejorar sus dietas.

"En el pasado, cuando se diagnosticaba un cáncer a una persona, de algún modo dábamos el mensaje de que debería ir a casa, comer lo que quisiera y tumbarse en el sofá", dijo la coautora del estudio, Wendy Demark-Wahnefried, nutricionista y directora asociada del Centro Oncológico Integral de la Universidad de Alabama en Birmingham.

"Pero la mayoría de las personas con cáncer van a sobrevivir a su enfermedad durante al menos 5 años", añadió. "El mensaje ha cambiado: lo más probable es que usted vaya a sobrevivir".

Y con la supervivencia, dijo, viene un riesgo mayor de volver a contraer cáncer o algunas otras enfermedades. Pero una mejor nutrición podría mejorar potencialmente sus probabilidades, dijo Demark-Wahnefried.

Una dieta malsana se ha asociado con tasas más altas de cáncer. La investigación no clarifica por qué las dietas de los supervivientes al cáncer son menos saludables, y es posible que en realidad empezaran a comer mejor después de enfermar.

El estudio contó con un poco más de 1,500 supervivientes al cáncer en EE. UU. a los que se realizó una encuesta entre 1999 y 2010, y con casi 3,100 personas a las que nunca les habían diagnosticado ningún cáncer. Los participantes recordaron lo que habían comido en las últimas 24 horas.

Los supervivientes al cáncer obtuvieron una puntuación de solamente 47 de 100 en la adherencia a las Directrices Dietéticas para los Estadounidenses. El consumo de verduras y granos integrales era especialmente pobre, dijeron los investigadores. Los adultos que nunca habían tenido cáncer obtuvieron una mejor puntuación: aproximadamente de 48 en general.

En comparación con los que nunca habían sufrido un cáncer, los supervivientes consumían un poco más de grasa, de azúcar añadido y de alcohol. También comían un poco menos de fibra, según los hallazgos.

En general, los supervivientes al cáncer tampoco consiguieron consumir las cantidades diarias recomendadas de vitamina D, vitamina E, potasio y calcio. Y fueron más allá de los niveles recomendados de grasa saturada y de sal, según el informe publicado en línea el 13 de octubre en la revista Cancer.

Las encuestas no examinaron cuándo se diagnosticó el cáncer a los participantes, de modo que no se sabe en qué medida el momento de contraer su enfermedad podría haber afectado a sus hábitos alimenticios, indicaron los autores del estudio.

"Una posibilidad es que sus dietas fueran malas antes, y que ahora lo siguen siendo", dijo Demark-Wahnefried. "Después de que a uno le diagnostiquen un cáncer, a veces podría decir: '¡Qué diablos! ¿Qué tiene de malo un brownie?'. Eso podría ser un factor. En realidad no sabemos cuál es la motivación de estas decisiones".

Cuando el estudio examinó los 4 cánceres principales (de mama, de próstata, de pulmón y de colon), los supervivientes al cáncer de pulmón tenían las peores dietas, dijo la autora principal del estudio, la Dra. Fang Fang Zhang, profesora asistente en la Facultad de Ciencias y Políticas Alimentarias Friedman de la Universidad de Tufts, en Boston.

Las supervivientes al cáncer de mama tenían las dietas más sanas, dijo.

"Las diferencias podrían deberse a los distintos síntomas del cáncer y a los efectos secundarios asociados al tratamiento que pueden impactar en la dieta", dijo Zhang, "o a factores psicosociales, como la ansiedad y la depresión asociados con los diferentes diagnósticos de cáncer".

Aun así, solamente hubo diferencias dietéticas modestas entre los supervivientes al cáncer y las demás personas, comentó el Dr. Stephen Freedland, director del Centro de Investigación Integrada sobre el Cáncer y el Estilo de Vida del Instituto Oncológico Integral Samuel Oschin de Cedars-Sinai, en Los Ángeles.

"No es que las personas de un grupo tuvieran unas dietas horribles y las del otro unas dietas maravillosas", señaló. "Eran diferentes, pero solo ligeramente".

Hay pocas investigaciones que digan a los supervivientes al cáncer qué es lo que deberían comer, comentó Freedland. "Tenemos algunas directrices, pero la calidad de los datos no es extraordinaria. No puedo decirle a un paciente que si come tal cosa, su riesgo de que el cáncer vuelva será bajo", dijo.

Freedland comentó que algunos de sus pacientes empiezan a seguir mejores dietas. "Pero la gran mayoría dicen 'no'; cuando el cáncer se ha curado, lo dejan atrás y vuelven a los patrones de dieta que tenían antes del cáncer".

Los autores del estudio urgen a los médicos a hacer más para educar a los supervivientes sobre sus dietas. "Muchos profesionales no hablan sobre esto con los pacientes a menos que les pregunten", dijo Freedland. "Cuando uno empieza a hablar sobre el tema con un paciente, suele tener una actitud receptiva".

Una copa de vino al día podría mejorar la salud cardiaca de las personas con diabetes tipo 2

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Relajarse con una copa de vino al final del día podría ayudar a mejorar la salud cardiaca y los niveles de azúcar en sangre de las personas con diabetes tipo 2, sugiere una investigación reciente.

El vino tinto mejoraba más el colesterol, según el estudio. Y tanto el vino tinto como el blanco ayudaban al control del azúcar en sangre en las personas que metabolizan el alcohol con lentitud, dijeron los investigadores.

Aunque otros estudios han sugerido que beber vino ayuda al corazón, las recomendaciones de los expertos sobre los beneficios de un consumo moderado siguen siendo controversiales, sobre todo para las personas con diabetes, apuntó la autora líder del estudio, Iris Shai, investigadora de la Universidad de Ben-Gurion en Negev, Israel.

"Este es el primer ensayo clínico sobre una intervención con alcohol a largo plazo y a gran escala que se ha llevado a cabo, y en particular con diabéticos", que observó los beneficios del vino, y si el tipo de vino importa, aseguró.

Shai y sus colegas asignaron al azar a 224 pacientes de diabetes tipo 2 que tenían entre 40 y 75 años de edad a beber una copa de cinco onzas (casi 15 centilitros) de vino tinto, vino blanco o agua mineral con la cena cada noche durante dos años. Los investigadores midieron los niveles de colesterol y azúcar en sangre, y otros indicadores de la salud cardiaca y el control de la diabetes. Esas medidas se tomaron al inicio del estudio, a los seis meses y una vez más al final del estudio.

Se pidió a todos los voluntarios del estudio que siguieran una dieta mediterránea, que es saludable para el corazón. Se les pidió que no restringieran las calorías. Cuando el estudio comenzó, su diabetes estaba bien gestionada. Antes del inicio del estudio, los voluntarios bebían poco, alrededor de una bebida alcohólica a la semana, dijeron los investigadores.

El vino ayudó al reducir el riesgo cardiaco, dijo Shai, y el vino tinto resultó mejor que el blanco. El vino tinto aumentaba el colesterol HDL (el colesterol "bueno") en alrededor de un 10 por ciento, en comparación con el grupo del agua, mostraron los hallazgos.

"Tanto el vino tinto como el blanco pueden mejorar el control de la glucosa [el azúcar en sangre], pero no en todo el mundo", comentó. Los niveles de azúcar en sangre mejoraron solo entre las personas que metabolizaban el alcohol lentamente. El beneficio no se encontró entre los que procesaban el alcohol con rapidez, según se evaluó mediante pruebas genéticas. Alrededor de una persona de cada cinco procesaba el alcohol con demasiada rapidez para obtener la mejora en el azúcar en sangre, reveló la investigación.

El efecto del vino sobre los niveles de azúcar en sangre probablemente se debiera al alcohol en sí, sugirió Shai. El alcohol puede impedir la generación de la glucosa en el organismo, dijo.

El efecto del vino sobre los niveles de colesterol fue mayor con el vino tinto, y da el crédito a unas sustancias conocidas como fenoles. En comparación con los vinos blancos, los vinos tintos del estudio tenían unos niveles totales de fenoles, como el resveratrol, alrededor de siete veces más altos, según el estudio.

Para las personas que no beben alcohol, la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association, AHA), anota que esas sustancias también pueden encontrarse en las uvas y en el jugo de uva, además de otras frutas y verduras. La AHA dice que el ejercicio también es una forma efectiva de mejorar los niveles de colesterol HDL.

El estudio de Shai aparece en la edición en línea del 12 de octubre de la revista Annals of Internal Medicine.

La Dra. Minisha Sood, directora de diabetes en pacientes internos del Hospital Lenox Hill en la ciudad de Nueva York, revisó los hallazgos, pero no participó en el estudio. Dijo que uno de los puntos fuertes de la nueva investigación fue la duración del estudio de dos años.

La investigación "respalda la idea de que el vino tinto, no el blanco, beneficia los niveles de colesterol", apuntó Sood. ¿Cuáles son las implicaciones? "Entre las personas que sufren de diabetes tipo 2 y que tienen un riesgo bajo de abuso del alcohol, iniciar un consumo moderado de vino con una dieta saludable es seguro, y podría ser beneficioso contra el riesgo cardiovascular", planteó.

Shai advirtió que en este caso "si un poco es bueno, más no es mejor". Las mujeres deben tomar como máximo una copa al día, y los hombres dos, advirtió.

La pérdida de líquido corporal afecta al rendimiento físico

Tomado de: www.larazon.es

La temperatura, la humedad y la altura pueden aumentar las necesidades de hidratación en comparación con las recomendaciones generales. Tener a disposición variedad de bebidas incrementa la ingesta hasta un 50% que si sólo se dispone de agua

Hidratación y ejercicio físico es un binomio indisoluble. Al menos así lo recomienda el European Hydration Institue, fundación que promueve e investiga la hidratación humana y sus efectos para la salud, el bienestar, el rendimiento físico y cognitivo destaca la necesidad de mantener un plan de hidratación adecuado mientras se practica actividad física. La falta de hidratación o una hidratación insuficiente puede conllevar un riesgo para la salud. La pérdida de líquido corporal disminuye la capacidad para una buena regulación cardiovascular, y en consecuencia puede afectar al rendimiento físico. También puede provocar cansancio, dolor de cabeza, malestar y calambres musculares. En condiciones normales la pérdida de líquido del organismo se produce a través de la orina y el sudor. Estas pérdidas pueden incluso variar dependiendo de la ingesta diaria, el tipo de alimentación, el nivel de actividad, el clima, la temperatura y la ropa. Por todo ello es importante mantener un estado de hidratación adecuado para mejorar el rendimiento deportivo.

Según un estudio realizado a deportistas que corrían sobre una cinta, tener a disposición variedad de bebidas incrementa la ingesta hasta un 50 por ciento que si sólo se dispone de agua. Las bebidas con una solución de hidratos de carbono y electrolitos, en concreto sodio, los refrescos, los zumos de fruta y de hortalizas, además del agua, son una opción recomendada para mantener los niveles adecuados de hidratación. No obstante para mantener una alimentación variada, moderada y equilibrada se recomienda leer la información nutricional y tener cuenta el valor calórico.

Opciones

A la hora de elegir existen alternativas bajas o sin calorías. En general, cuando se practica ejercicio físico es necesario beber sólo cuando las pérdidas de agua son lo suficientemente elevadas para afectar al rendimiento o cuando la hidratación es insuficiente desde el comienzo de la actividad. Durante el ejercicio se debe beber de forma regular teniendo en cuenta los siguientes factores: intensidad y duración de la actividad física; condiciones climáticas y características físicas del individuo: peso corporal y tipo de sudoración.

Cuando el ejercicio dura más de 30-40 minutos, es preferible una bebida con una solución de hidratos de carbono y electrolitos, en concreto sodio, frente al agua, ya que el beneficio clave de estas bebidas es que puede reducir la sensación de esfuerzo y mejora el rendimiento. De esta manera el ejercicio resulta más fácil y por tanto el individuo lo disfrutará más y lo realizará con mayor frecuencia. En este sentido, según la III Conferencia de Desarrollo para el Consenso sobre Ejercicio Asociado a Hiponatremia celebrado en California este año 2015, las bebidas para deportistas con sodio son una buena medida para atenuar la reducción los niveles de sodio producidas por las pérdidas de líquido cuando el ejercicio se practica durante un tiempo prolongado

Factores

Las personas que hacen ejercicio en distintos entornos bajo condiciones climáticas diversas deben tener en cuenta que estos factores pueden influir en las pérdidas de líquidos y las necesidades de hidratación diarias. En este sentido la temperatura, la humedad y la altura pueden aumentar las necesidades de hidratación en comparación con las recomendaciones generales. Además las variaciones individuales en las pérdidas por sudoración hacen que dichas recomendaciones sean difíciles de aplicar, lo que sugiere una necesidad de realizar evaluaciones individuales de hidratación.

Cómo mantener la hidrataciónen tres pasos

1) Las sesiones deportivas deben comenzar con una buena hidratación. El objetivo es habituarse a beber líquidos a lo largo del día teniendo en cuenta las necesidades habituales, así como las pérdidas adicionales por causa del ejercicio o por altas temperaturas. La ingesta de líquidos debe realizarse durante todo el día.

2) Debe desarrollarse un plan de ingesta de líquidos específico para el entrenamiento y la competición. Este plan debe tener en cuenta factores individuales como las pérdidas por sudoración, ocasiones concretas para beber, así como la comodidad y la sed. Además deben controlarse las pérdidas por sudoración para que el plan de ingesta tenga éxito durante las sesiones de entrenamiento.

3) Las personas con sudor salino pueden necesitar bebidas con mayor contenido en sodio y comidas más saladas cuando las pérdidas por sudoración son elevadas. Para comprobar si una persona tiene sudor salino es necesario llevar una camiseta negra durante la práctica de ejercicio, si aparecen manchas de sal (polvo blanco) bajo los brazos y en el pecho, entonces el sudor es salino.

10 de octubre de 2015

10 ‘vicios’ evitables roban salud en Costa Rica

Tomado de: www.nacion.com

Más del 50% de las enfermedades que los ticos padecen pueden prevenirse o, al menos, retrasarse varios años, pues son causadas por factores totalmente evitables.

Esta es una advertencia que, desde hace años, repiten estudios de Vigilancia Epidemiológica de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

Ahora, un informe del Instituto de Evaluación de Demografía y Epidemiología de la Universidad de Washington , Estados Unidos, ha detallado, país por país, cuáles son los factores que más enferman a los residentes de 188 países, en cuenta Costa Rica.

El reporte fue publicado en la revista británica The Lancet y estos son los datos relacionados con los ticos.

Primer puesto. La lista la encabeza el sobrepeso. La última Encuesta Nacional de Nutrición señaló que 6 de cada 10 adultos ticos presentan esta condición. Esto eleva el riesgo de diabetes e hipertensión. El sobrepeso puede evitarse con una dieta alta en frutas y verduras y baja en azúcar y grasa, así como con actividad física.

“Ingerimos muchas grasas, pocas verduras y muchas bebidas altamente azucaradas. Esto nos enferma”, dijo Rocío Sánchez, investigadora de la CCSS, al presentar el Estudio de carga de enfermedad , en octubre del 2014.

Silencioso. La hipertensión es el segundo factor. Es la enfermedad crónica más común: el 31,5% de los mayores de 25 años la sufren. Una dieta alta en fibra y baja en sal pueden prevenirla. Al principio, el mal no presenta síntomas.

Azúcar. Niveles elevados de azúcar en la sangre ocupan el tercer puesto, según el estudio. Esto debe prevenirse con ejercicio y buena alimentación pues son un factor precursor de la diabetes. Según la CCSS, el 10,5% de los nacionales son diabéticos.

Compañero de peligro. Sigue en la lista el abuso del licor. Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalan que, en promedio, el tico toma 5,4 litros de alcohol puro al año. El número surge al eliminar los otros componentes de una bebida alcohólica (una cerveza de 355 mL con un 5% de alcohol, tiene 1,78 mL de alcohol puro).

“Afortunadamente, la mayoría no tiene un patrón de consumo y, si lo tiene, no es excesivo”, dijo en una entrevista anterior Gerardo Sánchez, estadístico del Instituto de Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA).

Al sol. El quinto factor se compone por el trabajo extenuante y la exposición al sol. Esto afecta los riñones, especialmente en Guanacaste. Estudios de la CCSS indicaron que ser peón agrícola, trabajar a la intemperie bajo altas temperaturas y tomar muchos analgésicos y antiinflamatorios llevan a padecer de afecciones renales.

“Las altas temperaturas y la deshidratación hacen que los riñones se sequen poco a poco. Los jornaleros se someten a una actividad física extenuante, mucho mayor a la de deportistas de alto rendimiento. Eso produce la inflamación del músculo. Posteriormente, la fibra muscular se degrada y genera una sustancia tóxica que desgasta los riñones”, explicó Roy Wong, investigador de la CCSS.

Fumadores. Imposible no mencionar el fumado. En Costa Rica, el 14,2% de la población es fumadora, según un estudio de la Caja en el 2011. En promedio, este vicio se inicia a los 17,5 años. El IAFA indicó que, de los ticos que desean dejar de fumar, el 45% de los hombres y el 40% de las mujeres lo logran.

Condimentos. Aunque no hay datos exactos de cómo está el consumo en el país, la alta ingesta de carnes procesadas y muy condimentadas se vincula con sobrepeso e hipertensión.

Colesterol. Según la CCSS, el 42% de los adultos nacionales tiene colesterol alto, lo que aumenta el riesgo de obesidad, hipertensión y diabetes.

Se aconseja hacerse pruebas del nivel de colesterol cada dos años después de los 35 de edad.

Costumbre. Son pocos los nacionales que consumen granos integrales. Un estudio del Ministerio de Salud indicó que los ticos conocen las bondades del arroz integral, pero le rehuyen por falta de costumbre.

“La gente dice ‘he comido arroz y frijoles así toda la vida’, pero el arroz integral posee más nutrientes y fibra”, señaló el investigador Rafael Monge.

Sedentarismo. La falta de ejercicio completa la lista. La Encuesta Nacional de Factores de Riesgo Cardiovascular de la CCSS (2013) indicó que el 59,9% de los adultos es sedentario.

“Nacimos para movernos, y cada vez somos más sedentarios; le damos calorías a nuestro cuerpo, pero no quemamos esa energía”, dijo al presentar el estudio Edward Matarrita, educador físico de la CCSS.

Según el estudio que compiló estos 10 factores de riesgo, el tenerlos no implica la muerte, pero sí más enfermedades.

Nutricionistas afirman que la "panza cervecera" es mito y que la bebida puede incluirse en la dieta


Un estudio realizado por miembros de la Academia Española de Nutrición (AEN), y del departamento de Nutrición de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, desmiente el mito de que la cerveza es la responsable de la llamada "panza cervecera".

Y es que, tal y como muestra, una jarra de 200 mililitros sólo aporta 84 kilocalorías, por lo que el consumo de una cerveza diaria supone un porcentaje "muy pequeño" de la ingesta calórica diaria recomendada, unas 2.000 calorías para las mujeres y 2.500 para los hombres.

Respecto a la masa corporal, el trabajo, liderado por la catedrática Rosa M. Ortega y el presidente de la AEN, Lluís Serra Majem, desvela que las personas que tienen un consumo moderado y habitual de cerveza tienen una composición corporal más adecuada que los que no la toman, especialmente en el caso de los hombres.

De hecho, diversos estudios europeos han señalado que bebidas de baja graduación alcohólica, como la cerveza u otras bebidas fermentadas, pueden estar incluidas dentro de una dieta como la Mediterránea, siempre y cuando no exceda los 20 o 30 gramos de alcohol al día.

Otros factores.

"Los causantes de la panza cervecera podrían ser otros factores como los hábitos alimentarios incorrectos, un estilo de vida sedentario, el tabaquismo y diversos componentes genéticos, lo que favorecen este tipo de obesidad e influyen en la composición corporal más que la cantidad de cerveza consumida", explicó Ortega.

Por otro lado, la investigación indica que la presión arterial tampoco se ve influida por el consumo de cerveza. Esta afirmación coincide con los resultados obtenidos en otros estudios que muestran una correlación inversa entre consumo moderado de alcohol y riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

"Los consumidores de cerveza tienen una mayor protección antioxidante procedente del lúpulo y de la malta con la que se elabora la cerveza. Su contenido en isohumulonas podría tener un efecto antioxidante y protector frente a diferentes enfermedades. Además, actúa como regulador sobre la concentración sérica del colesterol en los individuos que la consumen de manera moderada, ya que se relaciona con un aumento de la concentración de HDL o colesterol bueno, y una disminución del LDL o colesterol malo", ha zanjado la catedrática del departamento de Nutrición de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid.

¿Cómo nos engorda el marketing de alimentos insanos?

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

El marketing de alimentos insanos ejerce un claro impacto negativo en la salud de los menores de edad, tal y como reconocen entidades como la Organización Mundial de Salud o la Asociación Americana de Pediatría. De hecho, se sabe que una mayor presencia de anuncios publicitarios de alimentos desequilibrados se relaciona con las actuales tasas de obesidad infantil. Pero, ¿ocurre algo similar en el caso de los adultos? Si es así, ¿qué justifica esta relación? Y, más importante, ¿qué medidas conviene adoptar para frenar esta influencia? El presente artículo aborda estas cuestiones. 

El placer, la biología, la historia e incluso la filosofía hacen que las personas nos sintamos más atraídas por los alimentos menos saludables (ricos en calorías, grasas, azúcares y sal), según se detalló en el artículo '¿Por qué nos atraen más los alimentos menos sanos?'. Si a ello se añade la actual abundancia y la fácil accesibilidad de esta clase de productos, así como su omnipresente publicidad, se entiende por qué muchos expertos en nutrición y salud pública apuntan al marketing de alimentos como una de las principales causas de la epidemia de obesidad. Dos de dichos expertos son Pierre Chandon y Brian Wansink, firmantes de una extensa y metódica investigación titulada '¿Es necesario que la comercialización de alimentos nos haga engordar?', publicada en octubre de 2012 en la revista científica Nutrition Reviews. En ella sostienen que las 60-100 kilocalorías de más que se consumen a diario son en buena medida responsabilidad de inteligentes campañas de marketing de alimentos.

Las 'cuatro pes' del marketing de alimentos

La publicidad de alimentos no consiste solo en anuncios en los medios de comunicación o en vallas publicitarias. Las empresas de alimentos cuentan con muy ingeniosos creativos y con auténticos expertos en técnicas de mercado, por lo que no debe extrañar que la publicidad televisiva, que ha atraído la mayor parte de la atención de las investigaciones sobre publicidad y obesidad, en realidad solo suponga la punta del iceberg. De hecho, su importancia está disminuyendo hasta el punto de que hoy por hoy no es la forma más innovadora ni poderosa con la que cuenta el actual marketing de alimentos.

En su revisión, los doctores Chandon y Wansink analizan e integran la literatura científica de disciplinas como las ciencias sociales, el marketing o las investigaciones centradas en los consumidores. Gracias a ello, desvelan las ingeniosas y muy bien financiadas estrategias que utilizan hoy en día las multinacionales de alimentos para conseguir que se compren sus productos. Unas estrategias que estos investigadores comparan a las usadas por las grandes tabacaleras y que se pueden clasificar en las llamadas "cuatro pes": precio, publicidad, producto y punto de venta.

1. Precio
Tal y como detalló el doctor Juanjo Cáceres en su libro 'Consumo Inteligente', poner precio a los productos "es una tarea verdaderamente compleja para las empresas, y es evidente que, en general, desconocemos cómo funciona". Cáceres indica que el importe final viene determinado por factores que escapan mucho a los escasos conocimientos que por lo general tiene la ciudadanía sobre el tema, y que "los dos únicos objetivos que se persiguen con los precios es maximizar los beneficios de las empresas y vender tanto como sea posible al precio óptimo".

Opinan de manera similar Chandon y Wansink, quienes muestran que las variaciones en los costes de los alimentos (como alimentos muy calóricos y a la vez baratos) influyen sobremanera en las decisiones y compras. Sus conclusiones son rotundas: "La fijación de precios es uno de los factores del marketing más importantes -si no el que más- para predecir nuestro aumento en el consumo de energía y el incremento en las tasas de obesidad".

2. Publicidad
La publicidad y las promociones son las técnicas más visibles del marketing de alimentos. Incluyen los anuncios en los canales tradicionales (la televisión) y en otros como Internet, tiendas, películas, series, juegos de ordenador o para teléfonos móviles, patrocinio de eventos, etc. Se deben incorporar en este apartado las declaraciones nutricionales o de propiedades saludables que acompañan a muchos productos (no es lo mismo que digan "75% libre de grasa" que "contiene un 25% de grasas"). Los autores insisten en que cuando las empresas logran que se piense que un alimento es saludable, se come más cantidad, lo que promueve la obesidad.

Las compañías también invierten mucho dinero en crear nombres, símbolos, personajes y consignas que ayudan a identificar un producto. Al hacerlo crean asociaciones positivas que lo diferencien de la competencia y ello hace que se otorgue un valor adicional en la mente a dicho producto.

Es preciso citar aquí un interesante estudio publicado por Freeman y sus colaboradores en diciembre de 2014 en la revista American Journal of Public Health, cuyo título apunta a la importancia que tienen en la actualidad las redes sociales para las empresas de alimentación: 'Basura digital: marketing de alimentos y bebidas en Facebook'.

3. Producto
Uno de los principales objetivos de los vendedores de alimentos es mejorar la palatabilidad de sus alimentos, y lo consiguen gracias a los notables avances en la ciencia y tecnología de los alimentos. Es algo que saben bien los expertos en marketing, que persiguen la combinación perfecta de textura, sabor, color, olor y temperatura que hará que se consuma por encima de los mecanismos de hambre y saciedad. Pero tanto la calidad del producto (composición, propiedades sensoriales o densidad de calorías) como su cantidad (envases y tamaños de las porciones) influyen en cuánto se come.

En este apartado no puede faltar el fuerte efecto que observan los estudios entre la ingesta y el cada vez más grande tamaño de las porciones de alimentos en los supermercados (a mayores tamaños o paquetes más grandes, mayor consumo de alimentos). Chandon y Wansink no se olvidan de indicar que la variedad de alimentos "aumenta el volumen de consumo, ya que reduce la sensación de saciedad". De ahí que la industria alimentaria sea tan proclive a insistir en que se debe seguir una dieta muy variada.

4. Punto de venta
El entorno en el que se encuentra un alimento también influye en el consumo. Es el caso de las características ambientales. Existen diversas investigaciones que han constatado que modificar la temperatura, la iluminación, el olor o el ruido influirá en la compra o en el consumo de alimentos. Como ejemplo, una música familiar, lenta y a bajo volumen puede provocar que se esté más tiempo realizando las compras en un supermercado.

En todo caso, la clave para que aumenten las posibilidades de que se adquiera un producto es que sea de fácil acceso, de fácil preparación y de fácil consumo. De ahí que existan expertos en cómo colocar alimentos en los estantes de los supermercados, y de ahí que hoy haya productos listos para comer no solo en bares, restaurantes o supermercados, sino también en gasolineras, farmacias, quioscos, lugares de trabajo, escuelas e, incluso, hospitales. También pueden entregarlos en casa con una simple llamada telefónica. Diversos expertos en nutrición consideran que todas estas facilidades que permiten que se consuma comida en cualquier ocasión explican en gran medida la actual epidemia de obesidad en países occidentales.

¿Qué podemos hacer para no engordar por culpa del marketing?

Como se ha visto, el consumo de alimentos se ve afectado por diversos mecanismos interrelacionados, muchos de los cuales se desconocen. Pero Chandon y Wansink emiten un mensaje de esperanza, ya que consideran que "los factores que llevan a la gente a comer más, también pueden hacer que coma menos". Es decir, es importante conocer "las 'cuatro pes' del marketing de alimentos" para ser conscientes de aspectos que es posible modificar.

A continuación se citan algunas de las propuestas que aparecen en el libro 'Consumo inteligente' del doctor Juanjo Cáceres, útiles para enfrentarse a este reto con éxito:
  • No confundas tus intereses con los de otros.
  • Sé crítico y no te creas nada.
  • La calidad no la indica el precio.
  • Sé consciente de tus debilidades.
  • No consumas pensando en tu imagen.
  • El producto no siempre es saludable (aunque así se indique).
  • Pregúntate qué oculta el producto.
Para finalizar, es preciso señalar que lo que muchos consumidores buscan en la comida no es tanto salud, sino más bien sabor, variedad y comodidad a un bajo precio. Es lo que ofrecen las grandes compañías que venden alimentos que, no hay que olvidar, persiguen fines lucrativos, cotizan en bolsa y pueden ir a la quiebra si son poco rentables. En este contexto, la prevención de la obesidad (que, en palabras de Chandon y Wansink "no es una debilidad moral, sino una respuesta normal a los cambios del entorno") pasa de forma ineludible por poner en marcha bien diseñadas campañas de educación en las que no participe la industria alimentaria y, sobre todo, por un mayor control político del marketing de alimentos.

3 de octubre de 2015

El ejercicio mejora tu salud, pero ¿cómo?

¿Cuántas veces hemos oído que hacer ejercicio es bueno para nuestra salud? Muchísimas. Y sí, son hechos probados y estudios que lo demuestran, pero la realidad aún nos gustará más, sobre todo la de saber que no tenemos que pasar horas y horas en el gimnasio para lograr los beneficios que necesita nuestro corazón para mantenerse sano y activo.

Baja la presión sanguínea: un estudio realizado por el Instituto Nacional de Salud demostró que el ejercicio regular (más de 30 minutos de actividad moderada, durante 5 días a la semana) redujo la presión arterial en el 75% de los sujetos que tenían presión arterial alta. Las reducciones fueron de aproximadamente 10mmHg para la presión arterial sistólica y diastólica. Según el Colegio Americano de Medicina Deportiva, los efectos positivos en la presión arterial pueden observarse tan solo de una a tres horas después de una sola sesión de ejercicios 30- 45 minutos.

Mejora los niveles de colesterol: un estudio de 2001 que contó con la participación de pacientes con colesterol alto demostró un cambio en el HDL (colesterol bueno) y los niveles de colesterol LDL (colesterol malo) después de un programa de ejercicio de 12 semanas. En promedio, los sujetos experimentaron un aumento de 4,6% en HDL, una disminución de 5,0% en el colesterol LDL, y una disminución de 3,7% en los triglicéridos. Además, otros estudios muestran mejoras generalizadas en los niveles de colesterol que están relacionados con la cantidad de actividad y no con la intensidad del ejercicio. Cuantos más minutos de ejercicio por semana, más mejoran los niveles de colesterol, aunque acompañado de un cambio de peso mínimo.

Prevenir la diabetes tipo II: la combinación de la actividad física y la pérdida de peso tiene un efecto poderoso en la prevención de la aparición de la diabetes tipo II en personas de alto riesgo. En un estudio reciente realizado por el Programa de Prevención de la Diabetes, los participantes que hacían ejercicio y perdieron el exceso de peso obtuvieron una reducción del 58% en la aparición de la diabetes tipo II durante 2,8 años, en comparación con el grupo control.

La mayoría de estos beneficios para la salud se pueden lograr a través de la actividad física de intensidad moderada. Los expertos recomiendan por lo menos 30 minutos, 5 días a la semana.

Así que una vez demostrado el beneficio real de hacer ejercicio, debes saber que hay maneras fáciles de practicar deporte sin necesidad de ir al gimnasio, simplemente en nuestra rutina diaria:
  • Aparcar el coche más lejos del destino para caminar más.
  • Usar las escaleras en vez del ascensor o las escaleras mecánicas.
  • Utilizar los descansos en la oficina para caminar, estirar o hacer algunos ejercicios.
  • Practicar ejercicio mientras vemos la televisión. Por ejemplo, usar pesas de mano, una bicicleta o realizar abdominales, flexiones y sentadillas.

Garcinia cambogia, ¿cumple lo que promete?

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

Miles de páginas web, numerosos terapeutas alternativos e, incluso, algunos libros aseguran que los extractos de una planta llamada Garcinia cambogia pueden lograr lo impensable: hacer perder peso sin cambiar la dieta y sin hacer ejercicio. Semejante afirmación ya debería ser suficiente como para entender que se está delante de un fraude. En todo caso, siempre hay quien piensa que "cuando el río suena, agua lleva", por lo que en el presente artículo se revisa qué tiene de cierta la promesa de adelgazamiento que acompaña tan a menudo a los extractos de Garcinia cambogia y si existen posibles efectos secundarios asociados al consumo de este complemento alimenticio.

Nuestras apretadas agendas nos impiden, en muchas ocasiones, ser conscientes de la importancia de un cambio de hábitos. Así, es normal que buena parte de la población se vea incapaz de mejorar su estilo de vida. Por desgracia, ello aumenta las posibilidades de sucumbir a las falsas promesas de éxito sin esfuerzo, aunque no cuenten con ninguna prueba científica que las avale. Es el caso de centenares de productos que, pese a no ser contemplados por ningún sistema de salud occidental, son consumidos de forma habitual por muchas personas. El tamarindo malabar, conocido como Garcinia cambogia, es uno de esos productos.

¿La Garcinia cambogia quita el apetito?

La Garcinia cambogia es una planta originaria de India, cuyo nombre científico es Garcinia gummi-gutta. De su cáscara se extrae una sustancia denominada ácido hidroxicítrico, con la que se elabora un complemento alimenticio. En teoría, este compuesto induciría la saciedad o disminuiría el apetito. Sin embargo, una investigación publicada en abril de 2015 en la revista International Journal of Endocrinology and Metabolism, y cuyo primer firmante es el doctor Alireza Esteghamati, detalló que los estudios rigurosos no observan diferencias significativas entre ingerir esta sustancia o tomar un placebo.

¿La Garcinia cambogia adelgaza?

A mediados de 2014 miles de páginas web publicitaron un anuncio, camuflado de crónica periodística, titulado 'La mujer a la que los médicos odian'. En teoría, los médicos la odiaban por no explicarse su rápida y eficaz pérdida de peso, atribuible a su consumo de Garcinia cambogia. Es algo que se encargó de desmentir el periodista Antonio Ortí en el blog Comer o no comer.

Pero la investigación más minuciosa publicada hasta la fecha con respecto a la supuesta capacidad de los extractos de Garcinia cambogia de adelgazar no sustenta las promesas que todavía hoy acompañan a este producto. Dicha investigación se publicó en 2011 en la revista Journal of Obesity y la coordinó el reputado doctor Igho Onakpoya. Se trata de una revisión sistemática de la literatura científica que observó que es posible que a corto plazo la Garcinia cambogia induzca cierta pérdida de peso, aunque también detalló lo siguiente:
  • Los estudios publicados hasta la fecha no tienen el suficiente rigor científico como para ser fiables.
  • La magnitud de la pérdida de peso observada en dichos trabajos es pequeña.
  • La relevancia clínica de la pérdida de peso es incierta.
  • Para poder asegurar que esta sustancia es útil para perder peso de forma eficaz, los estudios deberían ser de mucha mayor duración (la duración de las investigaciones evaluadas no superó las 12 semanas).
  • El uso de Garcinia cambogia puede generar efectos secundarios.
Los efectos adversos o secundarios de la Garcinia cambogia

Quien vende Garcinia cambogia asegura que es un complemento alimenticio del todo inocuo, y para ello suele recurrir al argumento "es natural". No obstante, se trata de un argumento falaz, tal y como se indicó en el artículo 'Complementos dietéticos: cuidado con lo "natural"'. Para determinar si un complemento alimenticio es seguro hay que realizar investigaciones a largo plazo en humanos.

En la revisión sistemática de la literatura recién citada se detalló que existen investigaciones que observan el doble de eventos adversos gastrointestinales en las personas que consumen esta sustancia. Son ejemplos de dicho tipo de molestos síntomas las náuseas, el malestar estomacal, la indigestión, los vómitos, los gases, la diarrea o el estreñimiento. Es importante tener esto en cuenta, dada la ausencia de datos que sustenten una pérdida de peso a largo plazo gracias al consumo de Garcinia cambogia.

Los datos disponibles no sostienen las promesas que acompañan a menudo a la Garcinia cambogia e incluso cuestionan si es seguro consumir sus extractos. Pero más importante aún que fijarse en esta planta o en sus extractos es tener presente algo que han justificado el doctor Esteghamati y sus colaboradores en el estudio antes citado: ninguna investigación rigurosa sustenta la efectividad de las terapias complementarias o alternativas para bajar de peso.

Cafeína para deportistas: qué dice la ciencia

Por ISABEL MEGÍAS / Tomado de: www.consumer.es

La cafeína es una sustancia natural presente en algunos vegetales, como el café, el cacao, las hojas de té, las bayas de guaraná o la nuez de cola. Este alcaloide se consume en todo el mundo debido a la gran aceptación que tienen, sobre todo, dos bebidas que lo contienen: el té y el café. También existe cafeína en polvo y en tabletas para su consumo como ayuda en el deporte; pero hay que ser muy precavido en su utilización y acudir siempre antes a un especialista, puesto que hay posibles efectos secundarios asociados a su empleo. A continuación se explica qué dicen los estudios sobre el uso de la cafeína en el deporte, cuánta cafeína se toma y cuánta cafeína es seguro consumir.

Cuánta cafeína consumimos

En Europa, la principal fuente de cafeína es el café, excepto en Irlanda y el Reino Unido donde lo es el té. Además de estar presente en estas infusiones y en el chocolate, la cafeína también se utiliza como ingrediente de otros alimentos como productos de panadería, helados, caramelos o "refrescos" de cola y las conocidas "bebidas energéticas". Se estima que el consumo medio de cafeína es de unos 200 mg/día, aunque un 10% de la población podría tomar más de 1.000 mg por día. La ingesta de cafeína variará, por tanto, según el consumo habitual de los alimentos descritos.

Según datos de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), se calcula que el contenido medio de cafeína es el siguiente:
  • Café expreso (50 ml): 70 mg.
  • Bebidas energéticas (200 ml): 64 mg.
  • Café cafetera/filtro (100 ml): 45 mg.
  • Chocolate negro (50 g): 25 mg.
  • Té negro (100 ml): 22 mg.
  • Bebidas de cola (200 ml): 20 mg.
  • Té verde (100 ml): 15 mg.
  • Chocolate con leche (50 g): 8 mg.
  • Café descafeinado (50 ml): 1 mg.
Cafeína como ayuda ergogénica para deportistas

Las ayudas ergogénicas son las sustancias, dietas o prácticas de entrenamiento que pueden mejorar el rendimiento deportivo al más alto nivel. El uso de la cafeína en los deportes de resistencia ha sido ampliamente estudiado. Las primeras investigaciones -realizadas en la década de los 70- sugerían que la cafeína podía mejorar el rendimiento de resistencia mediante la liberación de adrenalina en sangre, estimulando la liberación de ácidos grasos, que podrían ser empleados a nivel muscular sin necesidad de utilizar el glucógeno muscular. Así, se evitaría la aparición de la fatiga en deportes de larga duración.

Estudios recientes han descrito que dosis de 3-9 mg de cafeína por kilogramo (kg) de peso corporal una hora antes del ejercicio podrían aumentar la resistencia, aunque el mecanismo de acción de la cafeína todavía no está del todo claro. Las investigaciones llevadas a cabo con cafeína en ejercicios de corta duración sugieren que esta sustancia también podría tener algún efecto sobre el rendimiento, aunque se desconoce si podría deberse a una mayor disponibilidad energética o a un componente nervioso central relacionado con la sensación de esfuerzo.

Cabe destacar que la cafeína es una "sustancia controlada o restringida", tal como define el Comité Olímpico Internacional (COI), de manera que la dosis óptima para maximizar la mejora en el rendimiento deportivo es de 3-6 mg/Kg de peso, ya que los efectos secundarios son mínimos y los niveles en orina son legales (por ejemplo, en un individuo de 70 Kg serían unos 200-400 mg). Los posibles efectos secundarios descritos son ansiedad, nerviosismo, incapacidad para concentrarse, alteraciones gastrointestinales, insomnio, irritabilidad y, con dosis más altas, incluso existe riesgo de arritmias cardíacas y alucinaciones. Todo ello hace que la suplementación con cafeína no deba darse a la ligera, pero también que los deportistas que pretendan emplearla como ayuda ergogénica deban acudir a un especialista (un doctor experto en medicina del deporte o un dietista-nutricionista) para introducir la cafeína en la dieta de manera adecuada.

¿Cuánta cafeína es seguro consumir?

Recientemente, y debido al incremento del uso de la cafeína en la población de jóvenes y deportistas, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha emitido un comunicado sobre la seguridad del uso de la cafeína. En este documento se expone que dosis únicas de cafeína de hasta 200 mg (cerca de 3 mg/Kg de peso corporal para un adulto de unos 70 Kg) no dan lugar a problemas de seguridad. Esta misma cantidad es segura cuando se consume menos de dos horas antes de un ejercicio físico intenso, en condiciones ambientales normales (incluso si la cafeína se tomara a través de las denominadas bebidas energéticas). El consumo habitual de cafeína hasta 400 mg/día no causa problemas de seguridad en adultos.

Desde luego, es de gran importancia consultar siempre al dietista-nutricionista antes de realizar cambios importantes en la ingesta de cafeína, pues su consumo no está exento de posibles efectos secundarios.