23 de abril de 2016

Dieta para la fertilidad, ¿existe?

Por ISABEL MEGÍAS / Tomado de: www.consumer.es

La infertilidad es la incapacidad de una pareja sexualmente activa de lograr un embarazo en un periodo de un año sin el uso de anticonceptivos. Su incidencia está aumentando de tal manera que la Organización Mundial de la Salud (OMS) la reconoce como un problema social que afecta a alrededor de un 13%-17% de las parejas en edad reproductiva (es decir, personas de entre 15 y 49 años de edad). Hay diversos factores que inciden en la infertilidad o subfertilidad de una persona. ¿Es la dieta uno de ellos? ¿Cómo afecta lo que se come -o se deja de ingerir- en la capacidad reproductiva? El siguiente artículo aborda estas cuestiones.

Estado nutricional y fertilidad

Los factores de riesgo que pueden provocar que una pareja disminuya su fertilidad son diversos; entre ellos, la edad y el consumo de tabaco. También son variados los estados patológicos asociados a la infertilidad. Sin embargo, cada vez más se está estudiando el impacto que el estilo de vida y, en concreto, la dieta puede tener sobre la capacidad reproductiva del ser humano.

Alteraciones del estado nutricional tales como el sobrepeso y la obesidad o el bajo peso de las mujeres ya han sido relacionados con la infertilidad. De hecho, la Academy of Nutrition and Dietetics indica que es importante promover un peso óptimo para favorecer la concepción. Varios estudios revelan la asociación que existe entre el índice de masa corporal -IMC = Peso (Kg)/ Talla2 (m)- y la infertilidad. Así, tanto las mujeres con bajo peso como las que tienen sobrepeso poseen el mismo riesgo de infertilidad, mientras que las féminas con obesidad mórbida tienen más del doble de riesgo de trastornos ovulatorios. El impacto del IMC en la reproducción parece ser más notable para las mujeres, de manera que el exceso de peso perjudica la fertilidad en las mujeres más que a los hombres.

Existen múltiples estudios de intervención en los que se ha conseguido mejorar la fertilidad en varios grupos de mujeres mediante la pérdida de peso lograda con dieta hipocalórica o ejercicio físico. Por tanto, ante el deseo de quedarse embarazada, será fundamental intentar que el peso sea saludable y no se relacione con bajo peso ni con un exceso de peso.

Factores dietéticos que inciden en la fertilidad

En la actualidad, distintos estudios están intentando esclarecer el efecto de diversos componentes dietéticos sobre la fertilidad.
  • Uno de los principales factores dietéticos que se asocia con una menor fertilidad es la grasa. Así, en las mujeres, el consumo de ácidos grasos de tipo trans se vincula a infertilidad, mientras que la ingesta de ácidos grasos mono y poliinsaturados parece mejorar la fertilidad.
  • Otro de los factores estudiados ha sido el consumo de azúcares y carbohidratos, sobre todo aquellos de alto índice glicémico. Aunque todavía es necesaria mayor investigación, parece que la ingesta excesiva de azúcares puede afectar a la capacidad reproductiva mediada por una resistencia a la insulina.
  • En cuanto al consumo de proteínas, no hay datos concluyentes. Se requiere todavía de más trabajos científicos para dilucidar el efecto de la proteína sobre la capacidad reproductiva.
  • También se han analizado los efectos que determinados patrones dietéticos podrían tener sobre la fertilidad. En concreto, el patrón dietético de dieta mediterránea podría aumentar la capacidad de quedarse embarazada, según sugieren los resultados de algunos estudios. Además, se asocia a un menor riesgo de complicaciones obstétricas y menos riesgos para la salud de la madre y el niño. De ahí que sea el patrón dietético recomendado para mejorar la fertilidad.
Recomendaciones dietéticas para mejorar la fertilidad

A falta de más investigaciones en el campo de la fertilidad y la nutrición, de momento no existe una dieta específica recomendada para favorecer la reproducción. Sin embargo, parece ser que pequeños cambios en la alimentación podrían contribuir a una mejorar las probabilidades de gestación. Las recomendaciones específicas son las siguientes:
  • Mantener un peso saludable. Evitar el exceso de peso y el infrapeso. Acudir al dietista-nutricionista para controlar el peso corporal.
  • No consumir alimentos de alta densidad energética, si hay sobrepeso u obesidad.
  • Evitar alimentos ricos en grasa saturada y grasa trans como la mantequilla, las salsas preparadas, la bollería y las galletas, los embutidos grasos etc. Potenciar, en cambio, alimentos ricos en grasa monoinsaturada y poliinsaturada como el aceite de oliva, los frutos secos (3-5 veces/semana) y el pescado azul (2-3 veces/semana).
  • No tomar en exceso azúcar y alimentos azucarados (mermeladas, bebidas azucaradas, bollería y galletas, dulces, chocolates, etc.).
  • Asegurar un consumo mínimo de dos raciones de verduras al día (lechuga, tomate, zanahoria, champiñones, acelgas, judías verdes, coliflor, col, espinacas, berenjena, calabacín, etc.).
  • Ingerir a diario de dos a tres raciones de fruta (fresas, sandía, melón, melocotón, ciruela, manzana, pera, plátano, cerezas, kiwi, etc.).
  • Potenciar una alimentación saludable y equilibrada, basándose en el patrón de dieta mediterránea.

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