14 de mayo de 2016

Los probióticos no son necesarios si estás sano

Tomado de: www.larazon.es

Una de esas palabras que de vez en cuando se ponen de moda en el mundo de la alimentación, saltan a los medios de comunicación e inundan las campañas publicitarias de una generación es «probiótico». ¿Quién no la ha oído alguna vez? Es más, ¿quién no ha consumido algún alimento probiótico seguro de los grandes beneficios que aportan a la salud? Si aún no ha caído en la cuenta, lo explicaremos mejor: un alimento probiótico es un producto al que se han añadido microorganismos vivos que continúan su actividad biológica en el intestino. El kéfir, los productos lácteos con lactobacillus como el L. casei, los yogures enriquecidos con fructooligoscáridos, el bífidus activo. Todos ellos forman parte de la etiqueta de los probióticos más comunes.

La existencia de estos productos y su popularidad se basan en los más recientes conocimientos adquiridos por la ciencia sobre la microbiota que habita en nuestro aparato digestivo. Allí, anidan cientos de miles de microbios que cumplen infinidad de funciones imprescindibles para nuestro bienestar: la fermentación de alimentos, la descomposición de fibras, la síntesis de vitaminas y aminoácidos, la prevención de la entrada de patógenos, la modulación del sistema inmunitario, la regulación de ciertas hormonas e incluso la actividad cerebral. La sala de máquinas del cuerpo entero depende de esta legión de esforzados micro-obreros.

Tal es su importancia que ha proliferado la idea de que debemos ayudar a esos microorganismos intestinales a realizar su trabajo correctamente mediante el suministro de compañeros externos. De ahí surge la fama de los alimentos probióticos. Pero lo cierto es que la función de estos complementos alimentarios en pacientes sanos no ha sido muy bien esclarecida por la ciencia. ¿Realmente sirven para algo?

En personas con algún tipo de patología se ha demostrado su eficacia. Muchos desórdenes gastrointestinales y metabólicos se benefician claramente si se consume una dieta rica en probióticos. Pero los beneficios para un ser humano sano no están del todo claros.

Por eso, un equipo de científicos de la Fundación Novo Nordisk para el Estudio del Metabolismo en la Universidad de Copenhage (Dinamarca) ha realizado un exhaustivo estudio sobre las evidencias clínicas que hay al respecto a día de hoy. Y sus resultados fueron publicados ayer en la revista científica «Genome Medicine». Por cierto, que no son nada prometedores.

La conclusión obtenida después de revisar siete investigaciones independientes sobre la materia que implicaron a cientos de personas sanas de entre 19 y 88 años de edad es que no existe evidencia suficiente para determinar que el consumo de probióticos en adultos sanos ofrezca mejoras significativas en su estado de salud.

Los estudios analizaron la microbiota fecal de estos adultos para determinar el número de especies de microorganismos prevalentes, la distribución de las especies más comunes y cómo cambiaban estos valores después de ingerir sistemáticamente este tipo de alimentos enriquecidos en comparación con los valores de otros pacientes que sólo consumieron placebos. De los siete estudios con voluntarios analizados, sólo uno desveló cambios significativos en la microfauna y microflora del intestino. En otras palabras, no existe fundamento científico suficiente para decir que el consumo de probióticos es beneficioso en cualquier caso.

A pesar de ello, sí resulta evidente que estos alimentos ofrecen beneficios en el tratamiento de males como la obesidad, la diabetes, enfermedades gastrointestinales e incluso el cáncer colorrectal. En algunos de estos casos, su efecto positivo se puede medir fácilmente analizando la evolución de valores como el índice de grasa corporal, la resistencia a la insulina o la severidad de los síntomas de disfunción gástrica. Pero en pacientes sanos no se nota una mejoría significativa de los valores basales.

El trabajo recomienda que se siga investigando en el asunto para evitar falsas expectativas y creencias sobre el consumo de probióticos, pero, sobre todo, para establecer criterios más eficaces en la dosificación y el etiquetado que pueden ayudar a aquellas personas que sí se benefician claramente de su ingesta.

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