2 de julio de 2016

Alimentación clave durante los dos primeros años de vida

Tomado de: www.prensa.com

El periodo que comprende desde la concepción hasta que un niño cumple su segundo año son cruciales en su desarrollo y en la salud del futuro adulto.

Esos mil días se consideran como una “ventana de oportunidad” desde el punto de vista nutricional, pues una adecuada alimentación durante esta etapa tiene un impacto enorme en el desarrollo físico e intelectual del niño, recuerda la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Cuando se habla de esos primeros días de vida se contemplan los 265 días del periodo que dura el embarazo de la mujer; los 365 días del primer año de vida del niño, más los 365 días del segundo año, detalló el nutricionista Héctor Moreno Esquivel en la Segunda Jornada de Actualización Nutrición y Dietética, realizada en Chiriquí.

Alimentos

Las medidas se deben tomar desde la concepción, por esta razón la madre debe llevar una alimentación completa y balanceada que incluya alimentos variados de todos los grupos alimenticios, pues eso ayudará al óptimo desarrollo del bebé.

No obstante, una vez nace el infante la leche materna es la primera comida natural para él y debe ser exclusiva durante los primeros seis meses, como reitera la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La lactancia debe iniciarse desde la primera hora de vida, el bebé no debe recibir ningún otro alimento, ni bebida, ni siquiera agua, recuerda la OMS.

Este alimento, aporta toda la energía y los nutrientes que el niño necesita en sus primeros meses de vida y sigue cubriendo la mitad o más de las necesidades nutricionales del niño durante el segundo semestre de vida, y hasta un tercio durante el segundo año.

Después de estos seis meses deben complementar su alimentación con otros nutrientes porque los pequeños requieren mayor cantidad de hierro, calcio, energía y vitaminas, recalca la Sociedad Panameña de Pediatría.

En este punto, Moreno Esquivel, señaló que los bocados se deben introducir junto a la lactancia materna, pero sin desplazarla.

Además subrayó que se debe evitar agregar sal y azúcar a las primeras papillas para no desplazar la aceptabilidad de la leche materna y para que los bebés se vayan acostumbrado al sabor natural de los alimentos.

De esta manera, a partir de los seis meses se les puede dar frutas como papaya, mango, manzana, guineo, guayaba, pera, melón; cereales de avena y maíz; y verduras como papa, ñame, otoe y yuca.

Cuando llegue a los siete meses es el turno de los vegetales cocidos pueden ir probando con zapallo, zanahoria, espinacas y chayotes.

Ya a los ocho meses podrían llevar a su menú las menestras como fríjol, lenteja, arvejas, garbanzos y haba. Al igual que las carnes de res, pollo desmenuzado e hígado de pollo.

Entre los 9 y 10 meses ya es posible introducir el arroz, trocitos de pan, fideos, macarrones, huevos y las frutas cítricas.

Cuando el pequeño llegue al año, se pueden ir incorporando de forma gradual otros bocados del patrón de alimentación familiar. No obstante, evitar las comidas condimentadas y fritas, sugirió en su charla “Alimentación en los primeros mil días de vida”.

Para recordar

La nutrición adecuada durante este periodo es un elemento importante para reducir la probabilidad de presentar complicaciones maternas y fetales, subrayó el experto en nutrición y dietética.

Deben tener presente que esta etapa tiene un impacto enorme en la salud. Una nutrición óptima en los primeros mil días de la vida mejora el desarrollo cognoscitivo y los logros escolares.

Siguiendo estas indicaciones podrá disminuir el riesgo de que el niño desarrolle en la edad adulta enfermedades crónicas no transmisibles.

Varios estudios han mostrado la asociación entre factores perinatales y la de obesidad infantil, obesidad en la etapa adulta, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular, aseguró. “Optimizar la nutrición en esta ventana crítica del desarrollo humano no solo salva vidas sino también construye el capital humano”, dijo.

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