1 de octubre de 2016

¿Cómo influye la dieta en el rendimiento escolar?

Por AITOR SÁNCHEZ GARCÍA / Tomado de: www.consumer.es

¿Influye la dieta en el rendimiento escolar de los niños? Esta cuestión es posible abordarla de dos maneras. Por un lado, se puede ver si existe una relación a corto plazo, por ejemplo, si influye el desayuno en la atención de los pequeños en el aula. Y, por otro, se puede buscar la asociación entre una buena o mala alimentación sostenida en el tiempo y el rendimiento académico a largo plazo. ¿Consiguen mejores resultados aquellos que llevan una dieta más saludable? Sobre este último tema se profundiza en el siguiente artículo.

A la primera pregunta, ya se ha intentado responder en anteriores artículos. En ellos se desgrana la influencia del consumo de azúcar en el rendimiento mental; en particular, en el desayuno. Las conclusiones a día de hoy siguen siendo muy parecidas: primar la calidad de los alimentos por encima de realizar o no una ingesta determinada sigue siendo el consejo adecuado.

De manera que este artículo analiza la segunda cuestión: ¿qué impacto tiene el global de la dieta en el rendimiento académico a largo plazo? El sentido común lleva a pensar que un niño bien alimentado, es decir, que sigue una dieta suficiente y saludable, rendirá mejor en todos los aspectos de la vida y por tanto también en el colegio. Y, según parece, la ciencia nos da la razón.

Diversos estudios sobre alimentación y rendimiento escolar

La adherencia a un patrón de alimentación saludable durante la infancia, como podría ser el mediterráneo, se traduce en un mejor rendimiento académico en la primera adolescencia, que además mejora a medida que la alimentación se acerca más a los valores óptimos de la dieta mediterránea. Estos resultados los ha mostrado un estudio muy reciente realizado en más de 1.300 niños y niñas españoles de entre 10 y 14 años aproximadamente. A la misma conclusión se llegó con los niños griegos. La dieta mediterránea bien entendida mejora los resultados académicos de los chavales. Por tanto, no desaprovechemos esa ventaja.

Pero no solo en España se ha llegado a esa conclusión. También este año se ha sabido que los niños chilenos que llevan una dieta poco saludable tienen un peor rendimiento académico que los que han seguido una dieta saludable. En concreto, se refiere a los pequeños con alta ingesta en energía, grasa de mala calidad y pobre en fibra, que viene dada por productos ultraprocesados insalubres como la bollería industrial o los snacks fritos. Hay que recordar que, según el estudio ANIBES, la bollería es el segundo grupo que más calorías aporta a la dieta infantil en nuestro país. Tomemos nota de los resultados obtenidos en Chile, ya que con toda probabilidad serían similares en España.

La hipótesis de que a una alimentación más saludable mejor resultado escolar la confirman también los niños canadienses, que en Primaria ya muestran diferencias de rendimiento entre los que llevan una alimentación adecuada y los que no.

Tampoco se salen del patrón los pequeños australianos que, con solo cuidar la dieta, los dos primeros años de vida (haciendo hincapié en el consumo de fruta) consiguen mejores resultados académicos en todas las edades.

Por si quedaba alguna duda, la despeja una revisión publicada este mismo mes que llega a conclusiones similares: hay una mejora moderada del rendimiento relacionada con la buena alimentación, aunque insiste en la necesidad de seguir investigando. En este sentido, es preciso tener en cuenta también un sesgo al interpretar estos resultados, y es que los niños que comen de forma más saludable suelen estar en familias más preocupadas por la salud y en general por el estado del hijo: es, por tanto, muy probable que reciban más atención en todos los aspectos del día a día.

Mejorar políticas de salud pública en alimentación

Es lógico pensar que una alimentación sana ayuda a aprovechar mejor las enseñanzas del colegio, además de ser uno de los principales focos de atención en lo que a mejorar marcadores de salud y reducir el riesgo de padecer numerosas enfermedades en el futuro se refiere. Seguimos pues sumando argumentos para mejorar con urgencia las políticas de salud pública en alimentación destinadas a población infantil. ¿Cuánto más vamos a esperar antes de tomar cartas en el asunto?

Si se están preguntando en qué consiste exactamente una alimentación infantil saludable, la respuesta es sencilla. La alimentación saludable es aquella en la que no se consumen (o se toman muy ocasionalmente) ni refrescos, ni bollería, ni comida rápida, ni precocinados, ni postres azucarados, ni productos ricos en azúcar añadido. Casi todo lo que queda es saludable: verdura, hortaliza, fruta, legumbres, frutos secos, aceite de oliva, carnes y pescados no procesados, cereales integrales, lácteos enteros sin azúcar... en definitiva, materias primas saludables.

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