23 de marzo de 2016

"Efecto crunchy": los alimentos crujientes ayudan a perder peso

Tomado de: www.infobae.com

Un estudio reciente de la Universidad Brigham Young reveló un truco para perder peso realmente muy simple: bajar el volumen del ambiente y escucharse a uno mismo comiendo.

Los resultados de la investigación señalan que una persona puede llegar a comer mucho menos si es más consciente del ruido que hacen los alimentos al masticarlos, un concepto que llaman 'el efecto crujiente'.

"Escucharse a uno mismo 'crujiendo' parecerá extraño al principio, porque la mayoría de nosotros no le prestamos mucha atención a los sonidos de la boca. El ruido es una señal sensorial que se tiende a pasar por alto cuando estamos comiendo", aseguraron los autores del estudio que fue publicado en la revista Food Quality and Preference.

Según Ryan Elder, profesor de la Universidad Brigham Young, el sonido se conoce como "el olvidado sentido de la comida".

Para avalar aún más la teoría sobre el potencial impacto crujiente en los hábitos alimenticios, Elder, junto con su colega Gina Mohr, profesora de la Universidad del Estado de Colorado, llevaron a cabo una serie de experimentos.

En un ensayo, un grupo de participantes usaron auriculares con música alta mientras que comían unos snack de pretzels -bollos de pan con forma de lazos-. Otros, usaron los auriculares pero con música baja y tranquila.

El resultado: la música más fuerte disfrazó los sonidos durante la masticación y la gente del primer grupo comió más pretzels en promedio. En otro experimento, los investigadores encontraron que cuando los participantes simplemente se imaginaron los ruidos al masticar, consumieron menos.

Los expertos vincularon el 'efecto saciante' del crunch o mordisco con el mindfulness o la atención plena, una técnica de meditación que consiste en concentrarse solo y exclusivamente en el momento presente.

"En el transcurso de una semana, mes o año, estos pequeños hábitos van a sumar notablemente", concluyó Elder.

Las pastillas quemagrasa pueden causar falla en riñones

Tomado de: www.nacion.com

Por Internet las ofrecen como la panacea para la pérdida de peso, y, aunque muchas sí cumplen su cometido, lo hacen a un precio muy alto para la salud.

Las llamadas pastillas quemagrasa entrañan riesgos que podrían desatar fallas en los riñones y aumento de la presión arterial y la frecuencia cardíaca. A un plazo mayor, también pueden dañar los pulmones.

Esto se debe a la cantidad de sustancias que contienen, información que pocos consumidores se molestan en leer. No muchos averiguan de qué tipo de compuestos se trata.

El médico especialista en antidopaje, Cristian Moraga, explica que estas pastillas contienen sustancias llamadas anfetaminas, hormonas sintéticas que disuelven las grasas, aceleran el metabolismo –con lo que se quema mayor cantidad de grasa– e inhiben el hambre. Además, muchas poseen también hormonas de la tiroides, que deberían prescribírseles solo a personas con fallas en esta glándula; incorporadas a estas pastillas, aceleran el metabolismo aún más.

El metabolismo se acelera, pero no recibe alimentación suficiente. Esto lleva a una condición llamada choque metabólico, en la cual el metabolismo no consigue la energía necesaria para realizar sus funciones.

Como consecuencia, la persona puede tener aumentos bruscos y constantes de presión arterial y de frecuencia cardíaca (número de latidos por minuto). Esto puede afectar varios órganos, principalmente los riñones (que filtran las toxinas del cuerpo) y los pulmones.

“Tomemos en cuenta que las personas que consumen estos medicamentos tienen problemas que muchas veces van más allá del sobrepeso. Pueden padecer otras enfermedades, como diabetes o hipertensión, niveles altos de colesterol o triglicéridos. Esto hace que la salud del individuo sea más vulnerable aun a la acción de las pastillas y, por supuesto, a sus posibles daños”, advirtió Moraga.

¿Cuándo sí usar? 

El médico fue enfático en que este tipo de pastillas no deberían utilizarse salvo en casos muy específicos, cuando son recetados por un especialista y se utilizan en combinación con un plan de alimentación vigilado por un nutricionista.

Además, las dosis no pueden exceder las que el médico indica y deben tomarse durante el periodo de tiempo que él señale, sin extenderlo más.

La nutricionista Mariana Vega asegura que solo hay una forma sana de perder peso y es con un buen régimen de alimentación, más el ejercicio físico recomendado, y eso toma tiempo.

“No hay recetas milagrosas, y si usted tiene obesidad, seguramente va a costarle más. También hay que tener mente realista y saber cuáles son las metas saludables. Pero eso no se logra ni con pastillas, ni de forma rápida”, concluyó Vega.

Ir al trabajo en bicicleta o caminando le ayuda a seguir en forma

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Caminar, ir en bicicleta o tomar un trasporte público ayuda a las personas de mediana edad a perder grasa corporal y peso, según una nueva investigación.

"La inactividad física es una de las causas principales de mala salud y mortalidad prematura", dijo la autora del estudio, Ellen Flint, profesora de salud de la población en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, en Inglaterra.

"En Inglaterra, dos tercios de los adultos no cumplen con los niveles recomendados de actividad física. Animar a que se use el trasporte público y se vaya al trabajo de forma activa, especialmente para las personas de mediana edad, para las que la obesidad se vuelve un problema cada vez mayor, podría ser una parte importante de una respuesta de política global como prevención de la obesidad a nivel poblacional", concluyó Flint.

El estudio, publicado el 16 de marzo en la revista The Lancet Diabetes & Endocrinology, incluyó la información de más de 150,000 personas entre los 40 y los 69 años en el Reino Unido. Dos tercios de ellos conducían hasta el trabajo cada día, dijeron los investigadores.

El estudio halló que ir al trabajo en bicicleta ofrecía los mayores beneficios en comparación con ir en coche.

Por ejemplo, un hombre de 53 años de edad que iba en bicicleta al trabajo pesaba 11 libras (5 kg) menos, según el estudio. Ir en bicicleta al trabajo también resultó en una reducción de 1.7 en el índice de masa corporal (IMC, un estimado de la grasa corporal en función del peso y la estatura) comparado con alguien que fuera en coche al trabajo.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. indican que un IMC por debajo de 25 se considera un peso normal. A partir de 25 es sobrepeso. A partir de 30 es obesidad.

Una mujer de 52 años que iba en bicicleta al trabajo pesaba casi 10 libras (4.5 kg) menos que una mujer que iba en coche al trabajo. La mujer que iba en bicicleta también tenía un IMC 1.65 puntos más bajo que una conductora, mostró el estudio.

Los hombres y las mujeres que caminaban al trabajo en lugar de ir en coche redujeron su IMC en hasta 0.98 puntos, según el estudio. Cuanto mayor era la distancia que las personas recorrían en bicicleta o andando, mayores eran las reducciones en el IMC, reveló el estudio.

Incluso tomar el trasporte público marcaba una diferencia, según los autores del estudio. Los hombres que usaban un trasporte público tenían un IMC 0.7 puntos más bajo que los que conducían, al igual que las personas que combinaban el transporte público con caminar o ir en bicicleta para llegar al trabajo (un IMC de 1 punto más bajo para los hombres y de 0.7 más bajo para las mujeres).

La conexión entre la forma de ir al trabajo y el IMC fue independiente de otros factores como los ingresos, la educación, vivir en una zona urbana o rural, beber y fumar, y la actividad física general, la salud y la discapacidad.

"Muchas personas viven demasiado lejos de su lugar de trabajo como para ir caminando o en bicicleta, pero incluso la actividad física fortuita implicada en el trasporte público puede tener un efecto importante", dijo Flint en un comunicado de prensa de la revista.

Lars Bo Andersen, del Colegio Universitario Sogndal y Fjordane, en Noruega, escribió un editorial que acompaña al estudio. En él afirmó que los hallazgos son importantes "porque ir en trasporte público al trabajo es una actividad cotidiana que muchas personas que trabajan deben hacer".

"Muchas personas no se sienten atraídas por los deportes recreativos u otras actividades físicas para su tiempo libre, las cuales han demostrado ser beneficiosas para la salud, y el trasporte activo podría por tanto ser una opción importante y fácil para aumentar la actividad física y la proporción de personas que cumplen con los niveles recomendados de actividad física", indicó Andersen.

19 de marzo de 2016

El peso y los niveles de azúcar en sangre de mamá podrían afectar al tamaño del recién nacido

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Tener sobrepeso o ser obesa durante el embarazo podría significar unos recién nacidos con un peso más alto, sugiere un estudio reciente.

Hace mucho que los investigadores saben que las madres embarazas con más peso tienden a tener bebés más grandes. Pero no estaba claro que el peso adicional en sí fuera el motivo.

El nuevo estudio, publicado en la edición del 15 de marzo de la revista Journal of the American Medical Association, profundizó en la genética del asunto.

Los investigadores utilizaron información genética de más de 30,000 mujeres, y hallaron que las que portaban más variantes genéticas relacionadas con la obesidad tendían a dar a luz a bebés más grandes.

Sucedió lo mismo cuando los investigadores tomaron en cuenta la vulnerabilidad genética de la madre a tener azúcar alto en sangre, un precursor de la diabetes tipo 2. Por otro lado, las mujeres con muchas variantes genéticas vinculadas con la hipertensión tendieron a tener hijos más pequeños.

Los hallazgos ofrecen unas evidencias firmes de que un mayor peso y un azúcar en sangre más alto en las madres provocan directamente un peso más alto al nacer, según Rachel Freathy, una de las investigadoras del estudio, y becaria de la Facultad de Medicina de la Universidad de Exeter, en Reino Unido.

"La asociación genética es una evidencia más firme de causalidad que solo medir el índice de masa corporal, la glucosa [azúcar en sangre] o la presión arterial", explicó Freathy.

Eso se debe a que el peso de una mujer se ve influido por la educación, la dieta, el tabaquismo y otros factores del estilo de vida, dijo Freathy, y esos factores también afectan al peso al nacer de su bebé.

"Pero una 'puntuación' genética de la presión arterial, [la obesidad] o la glucosa no se ve influida por esos factores de estilo de vida", aclaró.

Los hallazgos se basan en datos genéticos de mujeres que participaron en 18 estudios llevados a cabo en Europa, Norteamérica y Australia.

El equipo de Freathy asignó a cada mujer unas "puntuaciones genéticas" de obesidad [antes del embarazo], azúcar en sangre, presión arterial, y niveles de colesterol y triglicéridos. Por ejemplo, una mujer que portara muchos genes relacionados con la obesidad tendría una puntuación genética más alta para ese rasgo.

En general, halló el estudio, el peso de los bebés aumentó junto con las puntuaciones genéticas de la madre de obesidad y azúcar en sangre.

Por ejemplo, cada desviación estándar en la puntuación de la obesidad, correspondiente a un aumento de unos 4 puntos en el índice de masa corporal (IMC) de una mujer, se relacionaba con 2 onzas (casi 57 gramos) adicionales en el peso del bebé al nacer, según el estudio.

El índice de masa corporal es un estimado aproximado de la grasa de una persona en función de su estatura y su peso. Un IMC de 18.5 a 24.9 se considera como un peso normal, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU.

Los investigadores también encontraron que cada aumento de 10 puntos en la presión arterial sistólica de una mujer significaba una reducción de 7 onzas (198 gramos) en el peso de su bebé al nacer. La sistólica es el primer número en una lectura de la presión sanguínea.

Tiene sentido que unas puntuaciones más altas de presión arterial se relacionen con un peso más bajo al nacer, comentó la Dra. Jennifer Wu, obstetra del Hospital Lenox Hill, en la ciudad de Nueva York.

Esto se debe a que la hipertensión parece restringir el crecimiento fetal, explicó Wu. Wu no participó en la investigación actual.

Wu se mostró de acuerdo en que las asociaciones genéticas en este estudio fortalecen el argumento de que el peso, el azúcar en sangre y la presión arterial de una mujer embarazada afectan directamente al peso de su bebé recién nacido.

Los hallazgos también respaldan las cosas que ya se recomiendan para un embarazo sano, enfatizó Wu.

"Es muy importante que las mujeres lleguen al embarazo con un peso saludable", dijo. Las mujeres que son obesas, o que muestren aumentos marcados en la presión arterial o el azúcar en sangre durante el embarazo, probablemente necesiten una monitorización adicional, añadió Wu.

"Queremos bebés con un peso saludable, ni muy grandes ni muy pequeños", planteó Freathy.

Los investigadores dijeron que planifican abordar la siguiente gran pregunta: ¿los efectos del peso, la presión sanguínea y la presión arterial de la madre sobre el peso de los recién nacidos se traducen al final en efectos de salud más adelante en la vida?

Por ahora, Freathy se mostró de acuerdo en que los hallazgos subrayan la importancia de mantener un peso saludable a través de la dieta y el ejercicio, antes de y durante el embarazo.

También enfatizó que las mujeres embarazadas deben recibir una atención prenatal regular, que incluye exámenes rutinarios de la presión arterial y del azúcar en sangre.

El Reino Unido combatirá la obesidad con un impuesto a los refrescos

Tomado de: www.larazon.es

El Gobierno británico anunció hoy la introducción en un plazo de dos años de un nuevo impuesto sobre las bebidas azucaradas, que permitirá recaudar fondos al Estado al tiempo que se combate la obesidad.

El ministro de Economía, el conservador George Osborne, dio a conocer la medida al presentar su propuesta de Presupuesto 2016-17, en el que se incluyen más recortes del gasto público e incentivos a las empresas.

Entre las nuevas tasas destaca la que se impondrá a los refrescos con un alto contenido de azúcar, que ha sido muy bien recibida por el sector sanitario y responde a una campaña liderada por el conocido chef televisivo Jamie Oliver.

Según Osborne, el nuevo impuesto tendrá dos bandas, una para las bebidas con 5 gramos de azúcar por cien mililitros y otra, más alta, para las que tienen más de 8 gramos por cada cien mililitros, y se introducirá dentro de dos años para que el sector tenga tiempo de adaptarse, si lo desea, cambiando sus fórmulas.

El ministro argumentó en la Cámara de los Comunes que "la obesidad trae enfermedades (...) y cuesta a la economía 27.000 millones de libras (35.000 millones de euros) al año" y uno de sus causantes, dijo, son las bebidas azucaradas.

El impuesto, con el que se espera recaudar 520 millones de libras (662 millones de euros) al año -que se destinarán al deporte en las escuelas-, no se aplicará a los zumos naturales de fruta ni a las bebidas con base de leche, precisó el canciller del Exchequer.

Osborne explicó que los fabricantes tienen la opción de reducir la cantidad de azúcar en sus productos o pasar el impuesto al consumidor subiendo el precio, lo que a su vez "afectaría al consumo".
En su cuenta de Twitter, Oliver celebró la victoria diciendo a sus seguidores: "¡Los conseguimos, amigos!"

"Una medida profunda que tendrá consecuencias en todo el mundo. ¡¡El negocio no puede anteponerse a la salud de nuestros niños!!", escribió.

El director del Servicio Nacional de Salud en Inglaterra, Simon Stevens, opinó que el impuesto "lanzará un mensaje a las empresas para que tomen medidas sobre el impacto en la salud de sus productos".

El director de Diabetes UK, Chris Askew, apuntó por su parte que la tasa solo funcionará si redunda en un aumento del precio de los refrescos.

El director de Alianza del Contribuyente, Jonathan Isaby, criticó en cambio al ministro por "ceder a las presiones" e introducir una medida "regresiva y totalmente ineficaz".

El director de la Asociación británica del sector de los refrescos, Gavin Partington, mostró su decepción por que Osborne haya querido castigar "al único sector de la industria alimenticia que ha reducido su contenido en azúcar en los últimos años".

El inesperado anuncio de la nueva tasa provocó la caída en Bolsa de algunas empresas del sector, entre ellas AG Barr, que retrocedió un 4 %, Britvic, que bajó un 2 %, y Nichols, que llegó a descender un 7 %.

Las adolescentes se ven gordas

Tomado de: www.elmundo.es

Casi la mitad de las adolescentes de 15 años (el 43%) cree que está demasiado gorda, pese a que sólo un 20% de ellas cumple los criterios de sobrepeso u obesidad. Mientras que en el caso de los chicos, su percepción corporal se ajusta más a la realidad (sólo el 22% a esa edad se ve con sobrepeso, el mismo porcentaje que realmente lo tiene). Éste es sólo uno de los datos que se extrae de un amplio informe que cada cuatro años elabora la Organización Mundial de la Salud (OMS) para retratar a los adolescentes occidentales.

Desde hace 33 años, el informe sobre la salud de los niños de 11 a 15 (Health Behaviour in School-aged Children, según sus título original en inglés) recoge datos aportados por más de 300 investigadores en 42 países de Europa (también España) y Norteamérica. Coordinados desde Noruega por la Universidad de Bergen, los resultados que ahora se acaban de conocer proceden de las encuestas realizadas a miles de chavales entre 2013 y 2014.

En España, como explica la responsable de los datos nacionales, Carmen Moreno Rodríguez, catedrática de Psicología de la Universidad de Sevilla, dentro de pocas semanas se darán a conocer los datos de más de 30.000 chicos de 11 a 18 años entrevistados por toda España, con muestras representativas de todas las comunidades autónomas. "Para el trabajo de la OMS sólo se han tenido en cuenta los datos a los 11, 13 y 15 años", explica a EL MUNDO.

De momento, explica la representante española en el HBSC, la comparación con nuestros vecinos de Europa y Norteamérica permite concluir que los adolescentes españoles hacen más actividad física que la media (ocupamos el quinto puesto a los 11 y 13 años, y el noveno a los 15). "Se ha dedicado mucho esfuerzo a esto en la escuela", destaca Moreno, pese a lo cual apenas el 12% de las chicas de 15 años hace al menos sesenta minutos diarios (en el caso de los varones el porcentaje sube hasta el 28%).

La importancia de la familia

Moreno también destaca que los niños y adolescentes españoles puntúan muy bien en las encuestas sus relaciones con la familia y con sus amigos, y un porcentaje muy elevado desayuna todos los días (más del 85% a los 11 años, aunque va descendiendo hasta el 63% a los 15. Frente a sólo el 52% de la media) y realiza al menos una comida con sus padres. Este detalle, que puede parecer anécdótico, tiene una gran influencia en el desarrollo a estas edades, como destaca el doctor Félix Notario, pediatra de la Sociedad Española de Medicina en la Adolescencia. 

"Nosotros insistimos mucho en la importancia de las comidas en familia, no sólo por las cuestiones nutricionales, sino porque permite prevenir muchas situaciones y conductas de riesgo a estas edades, como el consumo de alcohol y tabaco", explica Notario.

Este especialista coincide con Moreno en que uno de los aspectos en los que España no puede presumir tanto se refiere a la obesidad. No sólo porque nuestros índices de sobrepeso son un poco superiores a la media (ocupamos el séptimo puesto con más niños obesos a los 11 años y el undécimo a los 13 y 15), sino porque "aquí no se percibe aún la obesidad como un problema de salud y aún hace gracia la imagen del niño regordete", advierte el doctor Notario.

En el lado contrario de la balanza, el informe advierte una creciente preocupación por la imagen corporal a medida que los adolescentes van cumpliendo años (especialmente en el caso de las chicas). Hasta el 15% a los 13 años (el 12% en el caso de los varones) y el 23% de las españolas de 15 años (sólo el 10% de los chicos) está a dieta; unas cifras que al doctor Rodríguez Molinero, pediatra y miembro también de la Sociedad Española de Pediatría de Atención Primaria, le parecen incluso inferiores a la realidad.

"Vivimos un mundo en el que, culturalmente, la imagen corporal se asocia con el éxito", explica a este periódico, y eso es algo con lo que conviven nuestros adolescentes. "Ellos también se nutren del mundo de la imagen, por las redes sociales, por la televisión, por la calle... Esos impactos les hacen estar comparándose constantemente con esos modelos perfectos que representan sólo el 1-3% de la realidad. El resto, el 97% restante, somos imperfectos", recuerda este especialista.

A pesar de que el trabajo refleja también los problemas de comunicación propios de la adolescencia (hasta un 20% de los chicos y chicas de 15 años confiesa que no le resulta fácil hablar con su madre sobre sus preocupaciones, y menos aún con los padres, aunque en mejoría con respecto a encuestas previas), los tres especialistas recuerdan que los adolescentes con problemas representan sólo una minoría.

En la encuesta, de hecho, el 80% de ellos se muestra satisfecho con su vida. "¿Cuántos adolescentes problemáticos hay?", se pregunta la profesora Moreno. "El 70% atraviesa esta etapa felizmente", le responde el doctor Rodríguez Molinero; "y a pesar de eso tenemos una tendencia a generalizar los problemas y el estereotipo del adolescente conflictivo", apunta.

Diferencias de género

"El informe, como casi todos los trabajos que se realizan a estas edades, nos indica que no hay una sola adolescencia, sino muchas realidades diferentes", apunta también Notario, que destaca a su vez los aspectos en los que chicos y chicas siguen siendo diferentes. "Aunque nuestra sociedad ha avanzado muchísimo, todavía subyacen diferencias en función del género que se reflejan en su consumo de alimentos, ocio, ropa...".

Las chicas, por ejemplo, comen fruta y verdura más a menudo (el 37% lo hace a diario frente al 29% de sus compañeros), se cepillan más los dientes; aunque a cambio suelen puntuar peor su estado de salud y su peso (el porcentaje de las que se ve gorda se multiplica del 26% a los 11 años al 43% a los 15). Ellos, en cambio, practican más ejercicio, pero también beben alcohol más a menudo y se pelean con mayor frecuencia, lo que repercute en mayor incidencia de heridas (el 50% de ellos ha tenido que se atendido de al menus una lesión).

En la escuela son las chicas más satisfechas, aunque a los 13 y 15 años ellas se muestran también más presionadas y estresadas que los varones. Quizás esa presión explique que, por ejemplo, a los 15 años, el 50% de las niñas tenga quejas relacionadas con la salud más de una vez a la semana (frente a sólo el 27% de los chicos). En dos tercios de los países analizados, los adolescentes de ambos géneros procedentes de clases sociales más bajas son los que más problemas de salud padecen.

La doctora Zsuzsanna Jakab, directora de la Oficina Regional de la OMS en Europa, recuerda que muchos estilos de vida se adquieren en la segunda década de la vida (entre los 11 y los 20 años), por lo que la adolescencia se considera un periodo crítico en el que los chavales ya empiezan a reflejar muchas de las desigualdades (de género, o geográficas) que perduran en la vida adulta.

12 de marzo de 2016

Alimentos divertidos para niños: casi siempre insanos

Por JULIO BASULTO / Tomado de: www.consumer.es

Disfrazar los alimentos no parece una buena estrategia, si lo que se persigue es que nuestros hijos se guíen por su saciedad y por sus gustos y preferencias en base a una dieta sana. Para conseguir esto último basta con ofrecerles alimentos saludables y respetar sus decisiones. Es lo que propone la Academia de Nutrición y Dietética. No obstante, los envoltorios tan atractivos que llevan muchos alimentos pueden desequilibrar (más todavía) su dieta y hacer que coman por encima de su apetito, tal y como se amplía a continuación.

Los padres disfrutan cuando su hijo se come lo que hay en la mesa, por lo que son proclives a adquirir alimentos que saben que tendrán éxito. De ahí que muchos de los productos que se encuentran en las tiendas estén diseñados para llamar la atención de los niños. Pero, ¿y si comprar estos alimentos resulta contraproducente? Es decir, ¿y si se desequilibra la dieta de los pequeños? Aunque es justo lo contrario de lo que persigue cualquier padre o cuidador sensato, es lo que observó la doctora Charlene Elliott en un estudio pionero, al que siguieron otros de características -y resultados, por desgracia- similares.

Envoltorio bonito, baja calidad nutricional

La doctora Elliott publicó en 2008 un interesante análisis centrado en una de las "cuatro pes" del marketing: el producto. En concreto revisó los productos alimenticios dirigidos a niños que hay en los supermercados, a los que bautizó como "alimentos divertidos", por su atractivo envoltorio diseñado para atraer al menor. Su estudio, recogido en la revista Obesity Reviews, llegó a una conclusión poco halagüeña: cerca del 89% de los alimentos analizados podrían clasificarse como "de baja calidad nutricional", a causa de sus altos niveles de azúcar, grasa o sal. El dato resulta todavía más revelador si se tiene en cuenta que eliminó de su análisis cualquier producto que perteneciera a la categoría que ella denominó "comida chatarra": "refrescos", bollería, confitería, dulces, aperitivos grasientos o salados.

Alimentos divertidos: tres grandes categorías

La doctora Elliott clasificó los productos analizados en tres categorías: alimentos que no necesitan refrigeración, alimentos refrigerados o congelados y lácteos. En el primer grupo están los cereales "de desayuno", las barritas de cereales, los púdines o los zumos. Pues bien, el 90% de los cereales analizados presentó una baja calidad nutricional debido a su alto contenido en azúcar. También destacó por el azúcar la categoría "refrigerados/congelados", pero hubo también notables dosis de grasa y la sal. En este grupo se hallan productos como almuerzos envasados, productos precocinados, pizzas o patatas fritas congeladas. En los lácteos no hubo altos niveles de sal, pero sí de azúcar, en concreto en el 77,4% de los productos analizados (yogures, bebidas lácteas, batidos de cacao, etc.).

Solo un 1% de los alimentos estudiados fueron frutas y verduras, porque no se acompañaban de reclamos dirigidos a niños. En realidad, ese 1% se redujo a manzanas cortadas a trozos y zanahorias pequeñas. Una muy baja representación de la amplia variedad de frutas u hortalizas que gustan a los pequeños. Si a ello se suma que el 63% de los "alimentos divertidos" se acompañaban como mínimo de una declaración de salud en su envoltorio (por ejemplo, "rico en hierro"), se entiende por qué la doctora Elliot incluyó esta reflexión en su trabajo: "La industria alimentaria se identifica a menudo como un importante contribuyente al problema de la obesidad infantil".

Posible implicación en la obesidad infantil

Los resultados del estudio de la doctora Elliot, corroborados por trabajos posteriores, como el publicado por la doctora Paola Letona y sus colaboradores en diciembre de 2014 (BMC Public Health), son preocupantes. Y lo son, sobre todo, por su posible implicación en la actual epidemia de obesidad infantil. Tanto el atractivo de estos productos como su composición nutricional puede generar que los niños no solo desequilibren su dieta sino que consuman más energía de la necesaria. Como se justificó en el artículo 'Unas cuantas calorías de más, implicadas en la obesidad infantil', es probable que tan solo entre 70 y 160 kilocalorías diarias "de más" estén implicadas en la génesis de la obesidad de los menores.

¿Qué hacemos los padres?

Conviene que los padres sean conscientes de que no tienen que hacer nada en especial para que sus hijos sigan una dieta saludable, más allá de predicar con el ejemplo y tener en casa una oferta amplia de alimentos saludables, según se explica en el artículo 'Dieta infantil: dos claves para mejorarla'.

La Academia de Nutrición y Dietética, en su documento 'Guía nutricional para niños sanos de entre 2 y 11 años', detalló que los progenitores, además de saber reconocer y respetar las señales de hambre y saciedad del pequeño, deben "proporcionar oportunidades estructuradas para comer, un apoyo apropiado en función del desarrollo del niño, y alimentos adecuados, sin coaccionar al niño para que coma". A ello añadió algo que no se debe olvidar: los menores son responsables de determinar si comen o no y en qué cantidad lo hacen, de entre lo que se les brinda. Si lo que se les ofrece es comida sana, comerán comida sana, sin necesidad de disfrazarla ni acompañarla de decoraciones especiales.

Superalimentos: Ingredientes de moda con escaso aval científico

 Tomado de: www.larazon.es

Espirulina, bayas de Goji, hierba de trigo... alimentos de moda a los que se les atribuyen propiedades medicinales. Los expertos avalan su composición, pero ante la falta de estudios cuestionan sus beneficios.

Lo decía Hipócrates, el fundador del primer sistema médico, «que tu alimento sea tu medicina». Una afirmación que hoy en día nadie pone en duda porque un buen estado de salud pasa, ineludiblemente, por una buena alimentación. Siguiendo esta premisa, no es de extrañar que hayan irrumpido con fuerza en nuestro país los denominados superalimentos o «superfoods» o, lo que es lo mismo, espirulina, semillas de lino, bayas de Goji o chía, entre otros. Carla Zaplana, autora del libro «Superfoods» los define como «un grupo de alimentos que tienen un valor nutricional muy denso. Esto se traduce en que nos aportan una considerable concentración de micronutrientes y otros elementos como vitaminas, minerales, antioxidantes, aminoácidos, ácidos grasos esenciales, enzimas activos, fitonutrientes, fibra... entre otros, a la vez que aportan pocas calorías. Para proteger la súper calidad de sus nutrientes, los ‘‘superfoods’’ deben ser orgánicos y crudos y, en algunas ocasiones, estarán mínimamente procesados como, por ejemplo, el cacao».

Luces y sombras
Pero, ¿qué hay de cierto en todo esto? La opinión de los expertos se divide. Para Inmaculada Canterla, especialista en Nutrición y Dietética y miembro de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (Semal), «para poder catalogar un alimento como superalimento, primero hay que tener claro qué es, definición que no está clara ni pone de acuerdo a todo el mundo. Lo que sí está claro es que existen determinados alimentos con propiedades funcionales definidas, estudiadas y avaladas científicamente, y con elevados contenidos en una o varias sustancias de muy alta calidad funcional. Además, deben ser consumidos crudos o con una muy leve transformación para evitar la degradación de dichas propiedades funcionales».

Gran parte de los «superfoods», según Zaplana, «que se comercializan como tales en los supermercados y tiendas de dietética provienen de partes remotas del planeta Tierra, muchas de ellas vírgenes y aún libres de contaminación. Esta es una de las razones por las que estos alimentos siguen siendo tan ricos en minerales y otros micronutrientes, a la vez que están limpios de toxinas».

Desde el Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), sostienen que «a los alimentos que contienen estas sustancias en cantidad significativa se les ha denominado superalimentos y se les atribuyen efectos beneficiosos, como aumento de la capacidad antioxidante, efectos sobre la tensión arterial, sobre el metabolismo óseo, como antiinflamatorios e, incluso, sobre la modulación de la expresión de determinados genes. No obstante, siempre hemos de tener en cuenta que es falso que: “si un alimento es bueno, cuanto más mejor”, como tristemente se ha podido comprobar en el caso de los suplementos ricos en antioxidantes. Por otro lado, muchos de los efectos beneficiosos de estas sustancias se han establecido utilizando cantidades elevadas o en condiciones no habituales de consumo. Hay que tener en cuenta que la cantidad de sustancia potencialmente beneficiosa puede variar con el proceso de cultivo, de recolección, de transporte, de conservación o la forma de cocinado».

Los profesionales insisten en que un alimento por sí solo no hace «milagros» y que lo que tiene efectos sobre la salud es el conjunto de una dieta equilibrada y variada. En este sentido, el doctor Pedro L. Prieto-Hontoria, director de Investigación y Publicaciones de la Universidad SEK-Chile, advierte de que «no podemos negar que determinados alimentos tienen una composición nutricional muy interesante, pero algunas de las propiedades saludables-terapéuticas en muchos casos no están basadas en la evidencia científica y, en otros casos, los efectos sí están demostrados en ciertos modelos experimentales, pero también pueden ser dosis farmacológicas más que dietarias».

Pese a la enorme lista de superalimentos, muchos de sus supuestos efectos son más un reclamo publicitario que una realidad. «Algunos de ellos pueden aportarnos ácidos grasos poliinsaturados como los omega-3, vitaminas, antioxidantes y proteína vegetal con un perfil de aminoácidos esenciales muy interesante para completar nuestra dieta, pero no podemos basarnos en un único alimento. Y también tenemos que tener muy presente que alguno de estos alimentos su ración de consumo es muy pequeña, incluso lo usamos como condimento por lo que el valor nutricional del alimento puede ser menor de lo esperado», aclara Prieto-Hontoria. El hecho de que estos alimentos hayan creado tendencia se explica, según la SEEN, porque se ha utilizado «en ocasiones hábilmente por la industria alimentaria, quizás por lo atractivo de la idea de que un alimento pueda tener un efecto beneficioso por sí mismo y pudiera contribuir de una manera fácil a prevenir o tratar enfermedades».
Efectos
En la variedad de la dieta está el éxito, con independencia de centrarlo todo en un único producto. Así lo corroboran desde la SEEN: «Una dieta variada, rica en frutas y verduras diferentes, que aportan distintos nutrientes, se asocia con un menor riesgo de cáncer y enfermedad cardiovascular. El aceite de oliva, el vino con moderación, los pescados, cereales y legumbres tienen un claro efecto beneficioso y constituyen la base de la dieta mediterránea. Las personas que la siguen presentan una menor mortalidad, menor riesgo de estas enfermedades e, incluso, un menor riesgo de enfermedad de Alzheimer. Esta forma de comer es una verdadera superdiet, un concepto más acertado para cuidar nuestra salud que el de un denominado “superalimento” en concreto». Dentro de esa lista de superalimentos, Prieto-Hontoria, quien añade que «en el caso del cacao y la chía ya existe una mayor evidencia científica, especialmente con el cacao por sus propiedades cardiosaludables e hipertensivas. Otros muy interesantes serían la quinoa, el teff o los granos germinados. Sin embargo, es arriesgado decir que un alimento por sí solo es anticancerígeno, una propiedad que se atribuyen la mayoría de los superalimentos».


Las comidas ricas en proteína le hacen sentirse más satisfecho antes, según un estudio

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Quizá esas dietas ricas en proteína tengan algo de razón: un nuevo estudio encontró que es verdad que la proteína hace que uno se sienta lleno antes.

Muchas personas aumentan su consumo de carne y otros alimentos ricos en proteína cuando intentan perder el exceso de peso, porque creen que les ayudará a sentirse más llenos al mismo tiempo que consumen menos calorías.

Pero se carecía de estudios de gran tamaño que confirmaran esa idea, anotó un equipo dirigido por un investigador sobre la nutrición, Richard Mattes, de la Universidad de Purdue en West Lafayette, Indiana.

Su equipo analizó los datos disponibles de numerosos estudios sobre el tema. El nuevo estudio concluyó que la proteína de hecho sí hace que la gente se sienta más llena antes.

Los hallazgos aparece en la edición del 3 de marzo de la revista Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics.

"Muchas evidencias sugieren que la proteína activa la liberación de la hormona de la saciedad [de sentirse lleno], y por lo tanto debe tener el vínculo más firme con las calificaciones de saciedad", señaló Mattes, director del Centro de Investigación sobre la Conducta de Ingesta de la Purdue, en un comunicado de prensa de la revista.

Pero "los estudios individuales con frecuencia se llevan a cabo con poblaciones pequeñas o con métodos distintos, lo que puede dificultar la interpretación de los resultados. Nuestro estudio combinó experimentos múltiples para confirmar la presencia de un efecto", explicó.

Pero aunque la proteína ayudó a las personas a dieta a sentirse llenos, no es una panacea para perder peso, enfatizaron los investigadores.

"Las sensaciones como el hambre y la saciedad no son los únicos factores que influyen sobre el consumo [de calorías]", comentó Mattes. "Con frecuencia comemos por otros motivos. Todo el que se ha sentido demasiado lleno como para terminar toda la comida, pero tiene sitio para el postre, lo sabe muy bien".

¿Y cuánta proteína se necesita para sentirse lleno?

Heather Leidy, coautora del estudio y profesora asistente de nutrición de la Universidad de Missouri, dijo que el tema todavía está "sin resolver".

Pero un aumento moderado en el consumo de proteína podría ser un buen primer paso para las personas que intentan perder peso, sugirieron los investigadores.

"Si esos efectos se sostienen a largo plazo (y nuestro estudio solo observó los efectos a corto plazo), un aumento en el consumo de proteína podría ayudar a perder o a mantener el peso corporal", afirmó Mattes.

Dos expertas en nutrición dijeron que el estudio es útil, pero que la efectividad a largo plazo de una dieta rica en proteína todavía no es una certeza.

"Aunque esta información podría ser útil para hacer que se realicen estudios adicionales sobre este tema y cómo se relaciona con el consumo de calorías y el peso, no podemos concluir que más proteína signifique una mayor pérdida de peso", señaló Erin Keane, nutricionista del Hospital Lenox Hill, en la ciudad de Nueva York.

"Los estudios [examinados en la nueva revisión] difirieron mucho respecto a la cantidad de proteína consumida, además de la cantidad total de calorías ingeridas en un momento dado", anotó. "Los estudios tampoco ofrecieron información sobre si el aumento en la saciedad en realidad condujo o no a una reducción en la ingesta total en un día dado".

Dana Angelo White, nutricionista y profesora clínica asistente de entrenamiento deportivo de la Universidad de Quininipiac en Hamden, Connecticut, dijo que el nuevo hallazgo "refuerza el mensaje que los dietistas registrados ofrecen actualmente".

Según White, "la cantidad exacta varía, pero lo ideal es consumir una variedad de tipos de proteína de origen tanto vegetal como animal, distribuida a lo largo del día. Esto no solo combatirá a la sensación de hambre, sino que ofrecerá al cuerpo los aminoácidos que necesita para cosas como la salud muscular, la inmunidad y la producción de hormonas".

Seis formas de reducir el riesgo de cáncer de colon

Tomado de: www.nlm.nih.gov

La mitad de los casos de cáncer de colon en Estados Unidos podrían prevenirse si las personas cumplieran seis pasos que se ha probado que reducen el riesgo, afirma una experta en cáncer y nutrición.

El cáncer de colon es la segunda causa principal de muerte por cáncer, y el tercer tipo de cáncer más común en Estados Unidos. Este año habrá más de 134,000 casos de cáncer de colon, estima el Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU.

"La investigación sugiere ahora que, cada año, el 50 por ciento de los cánceres colorrectales de Estados Unidos son prevenibles a través de la dieta, el peso y la actividad física. Se trata de unos 67,200 casos al año", dijo Alice Bender, directora de los programas de nutrición del Instituto Americano para la Investigación del Cáncer (American Institute for Cancer Research), en un comunicado de prensa del instituto.

Bender describió seis medidas basadas en las evidencias que se pueden tomar para intentar reducir el riesgo de desarrollar cáncer de colon:
  • Mantenga un peso saludable y controle la grasa abdominal, que se ha vinculado con un mayor riesgo de cáncer de colon independientemente del peso corporal.
  • Haga una actividad física moderada con regularidad, lo que puede abarcar desde limpiar la casa hasta correr.
  • Coma bastantes alimentos ricos en fibra. Por cada 10 gramos de fibra (poco menos de una taza de habichuelas) en la dieta diaria, el riesgo de cáncer de colon se reduce en un 10 por ciento, apuntó Bender.
  • Reduzca el consumo de carne roja y evite las carnes procesadas, como los perritos calientes, la tocineta, las salchichas y los fiambres. La misma cantidad de carne procesada que de carne roja aumenta el riesgo de cáncer de colon el doble.
  • Evite el alcohol o limite el consumo a no más de dos copas estándar al día para los hombres y una copa para las mujeres, aconsejó Bender.
  • Consuma mucho ajo. Las evidencias sugieren que una dieta rica en ajo reduce el riesgo de cáncer de colon, apuntó Bender.
Marzo es el mes nacional de concienciación sobre el cáncer de colon, y la Sociedad Americana Contra El Cáncer (American Cancer Society) recomienda que las personas de a partir de 50 años de edad hablen con el médico sobre las pruebas de detección del cáncer de colon. Las pruebas de detección pueden encontrar el cáncer antes de que se desarrollen síntomas, cuando es más fácil de tratar y las tasas de supervivencia son más favorables.

5 de marzo de 2016

Errores y falsos mitos de las dietas y alimentos

Tomado de: www.economiahoy.mx

Cuando comenzamos una dieta lo primero que hacemos es quitarnos ciertos alimentos que consideramos que engordan y sustituirlos por otros que creemos más saludables. Pero, ¿de verdad esos alimentos son tan perjudiciales?, ¿son tan saludables los sustitutos? Le desmentimos las leyendas más famosas de los alimentos más criticados y más amados para hacer dieta.

1. Proteínas

Sabemos que todas las dietas deben contener proteínas en nuestra rutina, ya que son necesarias. La famosa dieta Dukan, era una de las dietas que se rendía al consumo de proteínas. Sin embargo, la OMS advirtió que un exceso de ingesta de proteínas puede ser perjudicial, ya que el riñón y el hígado tienen que trabajar más, y los depósitos proteicos pueden provocar insuficiencias cardiacas, además de diabetes y cáncer.

2. Vegetales

Otra dieta famosa es la vegetariana o vegana, aquella que elimina toda la carne roja. Sin embargo, esto no es bueno. Los vegetales son un alimento importante en el consumo diario, pero ninguno puede sustituir a la carne en la producción de la vitamina B12, esencial en la generación de glóbulos rojos. La deficiencia de estos puede provocar anemia. (Nota del editor: Si bien ningún alimento naturalmente le puede proporcionar vitamina B12 a una dieta vegana, con la asesoría adecuada se pueden elegir suplementos o alimentos enriquecidos que cubran las necesidades de este nutriente. El problema o riesgo de estas dietas sucede cuando se hace sin supervisión y solamente se eliminan las carnes y alimentos de orígen animal sin pensar en cómo cumplir las necesidades nutricionales).

3. Cereales

Seguro que también ha probado cenar sólo cereales como objetivo para adelgazar. Sí, pero no. Son buenos porque contienen hierro, vitamina B12, D y E, pero aunque no tengan azúcares añadidos suelen llevar miel, frutos secos y un extra de fructosa, convirtiéndose en alimentos con un alto nivel de glucosa. Por ello, son buenos, pero no sirven para adelgazar.

4. Hidratos de carbono

Son el enemigo por excelencia de la mayoría de las dietas, sobre todo en las cenas. Pues bien, da igual si se consumen por la noche o por el día, siempre que no se pase. Esto se debe a que existe un número de calorías que debemos tomar cada día, y no importa en qué momento del día tomemos este mayor consumo energético.

5. Frutas

Ya conocemos la frase: "5 piezas de fruta al día". En realidad, lo ideal son cinco raciones de verdura y dos de fruta. Pero debemos tener cuidado con la fruta ya que su consumo excesivo puede subir muchísimo nuestros niveles de azúcar.

6. Smoothies

Están de moda, sobre todo con las dietas detox. Suelen ser jugos verdes hechos de verduras y smothies de frutas, o una mezcla de ambos. Pero, ¡cuidado!, los nutricionistas recomiendan no pasarse, ya que tomar todos los alimentos en forma de zumo, no solo puede perjudicar a la digestión porque no mastica, además de eliminar la sensación psicológica de estar comiendo, sino que también elimina mucha cantidad de fibra. Por ello, son buenos pero sin dejar de consumir frutas y verduras de forma tradicional.

7. Leche

Existen muchos mitos sobre la leche, casi igual que su gran variedad. No se deje llevar por la frase: "La leche engorda y es mejor la de soja u otro tipo", ya que la leche de vaca es más completa que la de soja, por su alto contenido en calcio y vitaminas A, B, D y E, además de fósforo, magnesio, cinc y selenio.

8. Agua

Oímos siempre que debemos beber dos litros de agua al día, pero dependiendo del momento en el que la tomemos puede perjudicarnos o no. Por ejemplo, beber agua muy fría o durante la comida puede tener un efecto inverso en nuestra dieta para adelgazar, ya que interrumpirá el proceso digestivo. Ahora bien, es la única que no contiene calorías.

9. Gluten

Es completamente falso que comer sin gluten adelgace, ya que existen alimentos sin gluten que contienen más calorías que uno normal.

10. Productos light

Es importante tener en cuenta, que aunque en la etiqueta ponga "light" no debemos comernos todo el paquete, ya que, aunque contengan menos, también llevan calorías. Asimismo muchas marcas utilizan esta palabra como reclamo publicitario, ya que no existe una regulación legal para este término. Será más aconsejable guiarse por el CDR, es decir, la Cantidad Diaria Recomendada de nutrientes para una alimentación saludable.

11. Alimentos prohibidos, los caprichos

Si tiene vetado algún alimento como el chocolate o el aceite de oliva, levante este veto. Una onza de chocolate negro al día regula los niveles de azúcar, además de fijar el calcio en los huesos. Por su parte, el aceite de oliva, está compuesto en un 75% por ácido oleico, un gran antioxidante.

Por todo ello, es importante que sepa que hay que comer de todo en su justa medida para llevar una dieta sana y equilibrada, y que esta deberá ir acompañada de ejercicio. La constancia de dicha combinación será su mejor aliado para adelgazar y mantenerse sano.

Cáncer y nutrición: El peso de la evidencia


Tras el consumo de tabaco, la dieta es el factor ambiental más estrechamente relacionado con el cáncer. Comer sano ayuda a prevenir una amplia variedad de tumores; no hacerlo significa aumentar el riesgo. Eso sí, lo que no hay son dietas milagrosas ni alimentos mágicos curativos.

Todo profesional sanitario tiene muy claro que los alimentos que comemos influyen en nuestro riesgo de desarrollar cáncer. Hace unos meses el tema cobró relevancia cuando la Agencia Internacional de Investigación sobre Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, anunció que había incluido la carne procesada en el grupo 1 de causas de cáncer –lo que significa que es un carcinógeno confirmado, concretamente de cáncer colorrectal– y la carne roja en el grupo 2A –causa probable–. Se levantó un importante revuelo informativo que muchos medios no supieron trasladar adecuadamente a la población. Formar parte de ese grupo 1 no significa ser tan peligroso como el tabaco, el amianto, el alcohol o el otro centenar de sustancias que están en esa lista.

En opinión de Carlos Alberto González Svatetz, investigador de la Unidad de Nutrición, Ambiente y Cáncer, del Institut Català d’Oncologia (ICO), se ha sobredimensionado el impacto que tiene el consumo de carne procesada. «La OMS ha mostrado que existe un aumento del riesgo relativo del 18% por cada incremento de 50 gramos en el consumo diario de carne procesada –explica–. Si esto lo comparamos con el efecto de otros factores de riesgo, por ejemplo el del tabaco sobre el cáncer de pulmón, veremos que el aumento del riesgo relativo de una persona que fuma 20 cigarrillos diarios es del 1.000%. El tabaco es una sustancia cancerígena del grupo 1 y la carne procesada también, pero el impacto que tienen sobre el riesgo de cáncer es completamente diferente. Incluso la información disponible nos indica que el tabaco incrementa en mayor medida el riesgo de cáncer colorrectal que el propio consumo de carne procesada.»

Hay que tener en cuenta que ese incremento del 18% se refiere al riesgo relativo y no al riesgo absoluto. ¿Qué significa esto? El dato difundido por la OMS proviene de un metaanálisis publicado en 2011 en The Lancet. Lo que se concluía en aquel trabajo es que entre las personas que comen menos cantidad de carne procesada, 56 de cada 1.000 (5,6%), desarrollarán cáncer colorrectal a lo largo de su vida. Y entre las que más cantidad comen, serán 66 de cada 1.000 (6,6%). El incremento del valor absoluto es del 1% –de 5,6 a 6,6%–. El riesgo relativo del 18% es cierto, pero también suena más alarmante.

Alimentos beneficiosos y perjudiciales

González Svatetz ha dirigido la edición del libro Nutrición y Cáncer. Lo que la ciencia nos enseña, del que hablamos en el recuadro adjunto, una publicación cuyo objetivo era recoger y divulgar la información científica existente sobre el tema, basada en la evidencia derivada de estudios metodológicamente válidos, tanto para profundizar en aquellos alimentos y nutrientes que pueden ayudar a prevenir determinados tumores como aquellos otros que pueden favorecer su desarrollo, descartando al mismo tiempo creencias erróneas o todavía no confirmadas.

Uno de los autores es Antonio Agudo, jefe de la citada Unidad de Nutrición, Ambiente y Cáncer, quien comenta que, más que elementos específicos que puedan prevenir el cáncer, lo que hay son grupos de alimentos. «Por ejemplo –dice–, las verduras y las frutas tienen un evidente elemento de prevención, lo mismo que los alimentos ricos en fibras, vitaminas y minerales. Por el contrario, están asociados a un mayor riesgo de cáncer los que contienen altas cantidades de grasas, sobre todo saturadas, o el alcohol.»

En cuanto a los suplementos dietéticos, muchos de los cuales se publicitan como protectores, este investigador sostiene que «la mayoría de ensayos clínicos realizados no han mostrado resultados positivos e incluso en ciertos casos se han asociado a resultados negativos. Esto no significa que todos los suplementos vayan mal, pero todas las sustancias que parecen poseer efectos positivos los tienen cuando se ingieren a través de la dieta y no como suplementos.»

«Si tuviéramos que salvar alguno en función de los estudios en marcha –puntualiza–, serían, por ejemplo, los suplementos basados en selenio y vitamina D, que pueden ser beneficiosos frente al cáncer de próstata, pero solamente en poblaciones con déficit de selenio. En el resto de poblaciones seguramente no tendrían ningún efecto.»

Tal como señalan estos especialistas, lo realmente importante no es evitar un alimento concreto que parezca perjudicial o aumentar el consumo de otro al que se atribuyen propiedades beneficiosas, sino seguir un adecuado patrón de dieta, puesto que los seres humanos no consumimos alimentos aislados, sino combinaciones de alimentos. Y seguir una dieta sana podrá contribuir a prevenir el cáncer si se enmarca en el conjunto de una vida sana basada en estilos de vida saludables que nos alejen del tabaco, del abuso de alcohol, del sedentarismo y del exceso de peso.

Obesidad y cáncer

Aunque es algo que la ciencia ha confirmado desde hace tiempo, no existe una concienciación clara entre la población general acerca de la relación entre la obesidad y el cáncer.

Según González Svatetz, se considera que aproximadamente un 15% de los casos de cáncer son atribuibles a la obesidad: «Se trata de un problema muy importante en España, ya que se ha duplicado la proporción de personas con obesidad y sobrepeso en los últimos 20 años. Existe evidencia sólida de que la obesidad incrementa el riesgo de adenocarcinoma de esófago, de cáncer de mama en mujeres posmenopáusicas, de cáncer colorrectal, de endometrio y de páncreas. Algunos de ellos son tumores muy importantes. Por lo tanto, es recomendable reducir el sobrepeso y la obesidad para disminuir el riesgo».

Sobre los mecanismos que intervienen en esta relación entre obesidad y cáncer, comenta que son múltiples y complejos: «Por un lado, tenemos la resistencia a la insulina, implicada en la asociación existente entre la diabetes y el cáncer de páncreas, mama y colorrectal. Por otro lado, son importantes los factores hormonales. Por ejemplo, la grasa, sobre todo la abdominal, es una fuente fundamental de estrógenos, que son cancerígenos en mujeres posmenopáusicas. Otros mecanismos que intervienen son los inflamatorios. En la obesidad hay un proceso de inflamación crónica, la cual constituye una fase inicial en la carcinogénesis».

En definitiva, perder kilos cuando existe sobrepeso es aconsejable, y una de las formas, junto con la dieta, es la práctica de ejercicio físico que, tal como explica Antonio Agudo, «también puede tener un efecto protector frente a ciertos tipos de cáncer, como el de mama en mujeres posmenopáusicas y el de colon y recto».

Combatir falsas creencias

Uno de los principales mensajes que deben difundirse entre la población es que no hay dietas que curen el cáncer. Una dieta sana puede ayudar a prevenirlo y, en todo caso, cuando un tumor ya ha sido diagnosticado, puede ayudar a prevenir recidivas.

Según Antonio Agudo, en cuanto a la mejora del pronóstico o a la prevención de recidivas existen muchas menos evidencias y hasta ahora se han centrado en los mismos patrones dietéticos que sabemos que protegen frente al cáncer. «Tenemos evidencias de que, para el cáncer de mama y de colon, mantener un peso adecuado y practicar actividad física se encuentran entre los elementos que más ayudan de cara a un buen pronóstico. Por lo demás, es lógico pensar que un patrón de dieta que ayude a prevenir el cáncer podrá ayudar a prevenir un segundo tumor. No obstante, hay que tener en cuenta que esto se refiere a personas que ya no reciben tratamiento por considerarse “curadas”. Cuando un paciente recibe quimioterapia o radioterapia, debe ser el nutricionista quien proporcione las pautas nutricionales adecuadas para cada caso.»

A pesar de lo que la ciencia ha demostrado, existen muchos productos y mensajes dirigidos a la población general sobre alimentos o dietas con efectos que cabe considerar casi «milagrosos». Al respecto, Agudo manifiesta que «somos escépticos respecto a las “dietas milagro”. No hay ninguna dieta que cure el cáncer. El cáncer se cura con los tratamientos necesarios para cada caso, como la cirugía, la quimioterapia, la radioterapia, etc. Hay dietas con “nombres y apellidos” que son beneficiosas porque incluyen alimentos saludables como frutas, verduras y fibra, pero no existe ninguna dieta que prevenga el cáncer con total seguridad si la seguimos a rajatabla o que lo cure. Si una persona sigue una dieta saludable de forma estricta pero fuma dos paquetes de tabaco cada día durante 40 años, su probabilidad de desarrollar un cáncer de pulmón será muy alta».

Del mismo modo, González Svatetz señala que hay que combatir la creencia de que un solo alimento puede ser muy importante para prevenir el cáncer. «Lo importante es el patrón de dieta, lo que se consume diariamente de forma rutinaria y sistemática a lo largo de muchos años. No hay una dieta o un alimento milagroso. La dieta es muy importante, pero contiene componentes de todo tipo. Por ejemplo, se ha puesto de moda la idea de la influencia de la dieta alcalina o ácida sobre el cáncer, pero no hay ninguna evidencia científica que lo apoye. Es una de tantas modas pasajeras que aparecen y desaparecen.»

En resumen, las evidencias sobre factores relacionados con la alimentación, la obesidad y la actividad física que segura o probablemente aumentan o disminuyen el riesgo de cáncer son amplias y variadas. A partir de tales evidencias, organismos e instituciones nacionales e internacionales han desarrollado guías y recomendaciones sobre hábitos de vida saludable para prevenir el cáncer cuyo cumplimiento no evita completamente la aparición de un tumor, pero reduce la probabilidad de desarrollarlo (ver recuadro adjunto).

Por último, dirigiéndose a los médicos de atención primaria, Antonio Agudo destaca que lo importante es que transmitan el mensaje de que una dieta sana y equilibrada constituye una forma de prevenir el cáncer. «Debe ser una dieta variada –concluye–, abundante en alimentos de origen vegetal, como frutas y verduras, consumidos de forma no muy elaborada, con buen contenido en fibra; y también debe ser limitada en grasa y proteínas de origen animal, sobre todo de carne roja y carne procesada.»

Consumir alimentos ricos en fibra insoluble favorece la limpieza del colon

Tomado de: www.lr21.com.uy

La fibra alimentaria es uno de los compuestos más importantes en el proceso digestivo. Dentro de las fibras la fibra insoluble cumple un papel importante en la limpieza del colon por lo cual es importante consumir alimentos que la contengan.

La fibra es la parte de los alimentos que nuestro cuerpo no puede digerir, en lugar de ser absorbida, la fibra pasa a través de nuestro sistema digestivo para luego ser expulsada. La fibra insoluble es la que no puede ser disuelta en agua y que es importante además para controlar los niveles de colesterol en sangre. Además es la fibra que más efecto tiene contra el estreñimiento, ya que una de sus funciones es proveer regularidad para ir al baño al acelerar el movimiento de los intestinos.

A continuación te contamos cuáles son algunos de los alimentos con más presencia de este compuesto que como todos no debe ser consumido en excesos, sino que de manera balanceada para poder observar resultados positivos, eliminar toxinas y mantener el colon limpio.

Alimentos con más presencia de fibra insoluble

– Alimentos de grano entero, harina de trigo integral, salvado de trigo, cereales integrales
– arvejas
-semillas
– frutos secos
– verduras de hojas verde
– porotos o frijoles
– higos
– papa, sobre todo en su cáscara
– ciruela

Mientras que la fibra soluble es la que se disuelve en agua y se encarga de retrasar el vaciamiento gástrico reduciendo el tiempo de elevación de glucemia tras las comidas, por lo que es ideal para controlar los niveles de glucosa en sangre.

Son alimentos ricos en esta fibra: la avena, legumbres, cebada, manzana, frutas cítricas, frutillas y zanahorias.

Los fines de semana de sedentarismo podrían aumentar la grasa corporal, muestra un estudio

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Ser sedentario los fines de semana podría ser incluso peor para el peso que trabajar toda la semana en un escritorio, sugiere una investigación reciente.

Los científicos del ejercicio reportaron que una reducción de apenas 20 minutos en el tiempo de sedentarismo el sábado y el domingo se convertía en una pérdida de más de dos libras (0.9 kilos) y el 1.6 por ciento de la grasa corporal tras un año. Pero no se observó la misma asociación con el tiempo sedentario de los días de semana.

"Sabemos que, en promedio, las personas comen menos o consumen unas dietas más saludables los días de semana", explicó el autor del estudio, Clemens Drenowatz, profesor asistente de ciencias del ejercicio de la Universidad de Carolina del Sur en Columbia, Carolina del Sur.

"Así que quizá puedan tener menos actividad los días de semana porque su dieta lo compensa. Comen más los fines de semana, y compensarlo requiere de más actividad o menos conductas sedentarias", explicó Drenowatz.

Los hallazgos del estudio se presentaron el miércoles en una reunión de la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association), en Phoenix. Los estudios presentados en conferencias científicas normalmente no han sido revisados por profesionales ni publicados, y los resultados se consideran preliminares.

En años recientes, una gran cantidad de investigaciones han establecido una asociación entre la conducta sedentaria (lo que incluye el tiempo que se pasa sentado viendo televisión o usando computadoras) y unos malos resultados de salud, como la enfermedad cardiaca, la diabetes, la obesidad y ciertos tipos de cáncer, según el Colegio Americano de Medicina Deportiva (American College of Sports Medicine).

En un grupo de 332 adultos de 20 a 35 años, Drenowatz y sus colaboradores midieron el tiempo que los participantes eran sedentarios usando un dispositivo que midió la inactividad durante un periodo de 10 días. Los participantes también reportaron sus propias conductas sedentarias en los días de semana y los fines de semana, por separado.

Además, se midió el peso corporal y la grasa corporal de los participantes del estudio cada tres meses en un periodo de un año.

"Por lo que vimos, el tiempo sedentario en general no era distinto en los días de semana frente a los fines de semana", apuntó Drenowatz. "Muchas personas tenían empleos sedentarios, como trabajos de oficina, y en realidad tampoco lo compensaban los fines de semana. Esto sugiere que la dieta es el motivo, aunque obviamente se necesita más investigación".

Dos expertos clínicos del Sistema de Atención de la Salud Christiana en Wilmington, Delaware, ofrecieron sus opiniones sobre los hallazgos. Sugirieron que las conductas saludables en el lugar del trabajo (como comer almuerzos ligeros y caminar al mediodía) podrían ayudar a equilibrar los efectos negativos de estar todo el día sentado en un escritorio.

Muchas personas "en realidad no tienen la opción de ser muy inactivas los días de semana", comentó el Dr. Omar Khan, director médico de salud comunitaria del Sistema de Atención de la Salud Christiana. "Los fines de semana son muy distintos. Hay una gran oportunidad de ser saludable, o como tendemos a hacer muchos, de ser bastante malsanos. Con dos días de sedentarismo potencial, cualquier cosa que hagamos en ese espacio puede ser bastante significativa".

Karen Anthony, gerente principal del programa de salud comunitaria del Sistema de Atención de la Salud Christiana, sugirió que moverse durante 20 minutos adicionales los fines de semana, algo que pareció provocar una pérdida de peso mensurable en los participantes del estudio, podría conducir a incluso más actividad.

"Veinte minutos es una fracción del fin de semana", dijo. "Ver ese resultado no conlleva demasiado movimiento adicional".

Drenowatz dijo que es importante distinguir entre el ejercicio y simplemente reducir el tiempo de sedentarismo, que significa pasar menos tiempo sentado.

"No le estoy diciendo a la gente que debe salir a hacer ejercicio, ese es un tema distinto, sino solo reducir el tiempo de sedentarismo. Quizá solo ponerse de pie y caminar un poco... podría ayudar", sugirió Drenowatz.

Drenowatz y Khan también anotaron que una pérdida del 1.6 por ciento de la grasa corporal en un periodo de un año simplemente por moverse 20 minutos más los fines de semana podría tener un impacto positivo sobre el desarrollo de las enfermedades cardiacas.

"Muchas personas se obsesionan con el peso corporal, pero desde una perspectiva de la salud, la grasa corporal y su ubicación en realidad tienen un impacto más fuerte sobre la enfermedad cardiovascular a largo plazo", aseguró Drenowatz.