30 de abril de 2016

El peso de la madre antes del embarazo podría ayudar a predecir el tamaño del niño

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Los niños pequeños cuyas madres tenían sobrepeso o eran obesas antes del embarazo podrían ser más propensos a tener sobrepeso, sugiere un estudio reciente.

El estudio también encontró que las madres que aumentan demasiado de peso durante el embarazo podrían ser más propensas a tener niños pequeños con sobrepeso.

El estudio también resultó en una buena noticia: la lactancia materna durante al menos seis meses podría reducir el riesgo de un niño pequeño de tener sobrepeso.

"La obesidad infantil se vincula con la obesidad en la adultez y resultados de salud negativos a largo plazo, y por eso es importante explorar qué factores podrían contribuir al aumento excesivo de peso durante la niñez temprana", comentó la autora líder del estudio, Anny Xiang, del Departamento de Investigación y Evaluación de Kaiser Permanente del Sur de California.

"Los hallazgos de nuestro estudio resaltan la necesidad de más esfuerzos de salud pública para reducir la obesidad materna, de un aumento de peso gestacional adecuado, y de promover la lactancia materna", enfatizó Xiang en un comunicado de prensa del Kaiser.

El nuevo estudio incluyó a casi 16,000 mujeres del sur de California que dieron a luz en 2011. Los investigadores evaluaron el peso de los niños a los dos años.

En comparación con las mujeres que tenían un peso normal antes del embarazo, los niños pequeños de las madres que eran obesas antes del embarazo tenían más del doble de probabilidades de tener sobrepeso. Los niños de dos años cuyas madres tenían sobrepeso antes del embarazo eran un 50 por ciento más propensos a tener sobrepeso, reportó el estudio.

Por otro lado, el aumento excesivo de peso durante el embarazo se asoció con un incremento del 23 por ciento en el riesgo de que un niño pequeño tuviera sobrepeso.

Los investigadores definieron el aumento de peso excesivo durante el embarazo como que una mujer con un peso normal aumentara más de 35 libras (16 kilos), que una mujer con sobrepeso aumentara más de 25 libras (11 kilos) y que una mujer obesa aumentara más de 20 libras (9 kilos).

La lactancia materna durante al menos seis meses se asoció con un riesgo un 24 por ciento más bajo de que un niño pequeño tuviera sobrepeso, independientemente del peso de la madre antes del embarazo, la diabetes gestacional o el aumento excesivo de peso durante el embarazo, apuntaron los autores del estudio.

Los hallazgos aparecen en una edición reciente de la revista Pediatric Obesity. Aunque el estudio encontró una conexión entre el peso antes del embarazo y el aumento de peso durante el embarazo de una madre y el peso de su hijo, no probó una relación causal.

En los últimos 30 años, la obesidad ha aumentado en más del doble entre los niños estadounidenses, y se ha cuadruplicado entre los adolescentes. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU., más de un tercio de los niños y adolescentes tenían sobrepeso o eran obesos en 2012.

El alcohol y la carne procesada podrían aumentar el riesgo de cáncer de estómago

Tomado de: www.nlm.nih.gov

El alcohol, las carnes procesadas (como las salchichas, el jamón y la tocineta) y el exceso de peso podrían aumentar el riesgo de una persona de cáncer de estómago, encuentra una revisión reciente.

Además, el riesgo parece aumentar a medida que una persona bebe más alcohol, come más carne procesada o sube más de peso, afirma la revisión.

Fue publicada el miércoles por el Instituto Americano para la Investigación del Cáncer y el Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer.

La revisión concluye que en Estados Unidos más o menos uno de cada siete casos de cáncer de estómago se podría prevenir si las personas no bebieran más de tres copas de alcohol al día, no comieran carne procesada y mantuvieran un peso saludable. Eso es aproximadamente 4,000 casos de cáncer de estómago cada año.

"Este es el primer informe que encuentra una evidencia firme de estos vínculos", señaló Alice Bender, directora de los programas de nutrición del instituto oncológico. "Hay cosas que podemos hacer para reducir el riesgo de cáncer. Hay opciones que elegimos cada día que pueden hacer una diferencia".

Pero el informe no demostró que esos factores aumenten el riesgo de cáncer de estómago, sino que solo mostró una asociación.

El informe sugiere que:
  • Tres o más bebidas alcohólicas diarias todos los días aumentan el riesgo de cáncer de estómago. Una bebida estándar es de 12 onzas (355 mililitros) de cerveza, 5 onzas (148 ml) de vino o 1.5 onzas (44 ml) de licor destilado, según los Institutos Nacionales de la Salud de EE. UU.
  • Por cada 1.8 onzas (51 gramos) de carne procesada consumidas al día (el equivalente de una salchicha o dos rebanadas de mortadela) el riesgo de cáncer en la parte inferior del estómago aumenta en un 18 por ciento.
  • Cada aumento de cinco unidades en el índice de masa corporal (el IMC, una proporción entre el peso y la estatura) provoca un aumento del 23 por ciento en el riesgo de cáncer de la parte superior del estómago.
El cáncer de estómago es el quinto cáncer más común en el mundo, la tercera causa más común de muerte por cáncer, según el informe. Tan solo el pasado octubre, la Organización Mundial de la Salud determinó que la carne procesada provoca cáncer.

Cada año se registran casi un millón de casos nuevos de cáncer de estómago, conformando el 7 por ciento de todos los casos nuevos de cáncer. La tasa de supervivencia a cinco años es del 25 al 28 por ciento, mayormente porque los síntomas solo aparecen en una etapa avanzada, según el informe.

Los hombres tienen el doble de probabilidades que las mujeres de desarrollar cáncer de estómago, que es más común entre las personas de edad avanzada. La edad promedio del diagnóstico en Estados Unidos es de 72 años, añadía el informe.

En el informe, los investigadores combinaron y analizaron todos los datos científicos disponibles sobre el cáncer de estómago, la dieta, la actividad física y el peso. El análisis incluyó a 89 estudios que cubrieron a 17.5 millones de adultos, entre ellos 77,000 con cáncer de estómago.

"En general no se puede tomar el resultado de un solo estudio como evidencia. Hay que buscar patrones", apuntó la coautora del estudio, la Dra. Anne McTiernan, epidemióloga del Centro de Investigación sobre el Cáncer Fred Hutchinson, en Seattle. "Al combinar toda esta evidencia, de verdad se puede ver qué aspecto tienen estas asociaciones".

Los investigadores dieron un paso adicional al observar la forma en que estos factores de riesgo afectaban a dos tipos distintos de cáncer de estómago: los cánceres de la parte superior del estómago (cerca del esófago) y los cánceres de la parte inferior del estómago.

El sobrepeso y la obesidad parecen aumentar el riesgo de cáncer de la parte superior del estómago, posiblemente debido a que el exceso de peso provoca reflujo ácido e irrita al revestimiento de la parte superior del estómago y al esófago, explicaron McTiernan y Bender.

También es posible que el exceso de grasa aumente el riesgo de cáncer porque promueve la liberación de hormonas como la insulina, los factores de crecimiento humanos y otras sustancias inflamatorias en el torrente sanguíneo, añadieron.

Por otro lado, el alcohol y la carne procesada parecen aumentar sobre todo el riesgo de cáncer de la parte inferior del estómago, encontró el informe.

Las carnes procesadas contienen conservantes como nitratos y sal, o productos secundarios como los hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAH) cuando se ahúman. Se han vinculado antes con el riesgo de cáncer, según McTiernan y Bender.

"No podemos precisar ninguna cosa en particular, pero hay varios mecanismos plausibles de por qué la carne procesada aumentaría el riesgo de cáncer de estómago", dijo Bender.

El alcohol también se ha asociado con el riesgo de otros tipos de cáncer, añadió McTiernan. Bender anotó que el alcohol podría funcionar como un disolvente que ayude a los carcinógenos a entrar en las células de las personas, o que el cuerpo podría descomponer el alcohol en sustancias que favorecen al cáncer.

Quizá la gente deba considerar la carne procesada como una indulgencia ocasional, en base a estos hallazgos, planteó Marji McCullough, directora estratégica de epidemiología nutricional de la Sociedad Americana Contra El Cáncer (American Cancer Society).

"Las personas deben reducir su consumo de carne procesada y considerarla más como algo que comen en ocasiones, y no como parte regular de su dieta", dijo.

Por otro lado, las directrices actuales ya restringen el consumo de alcohol a una bebida por día en las mujeres, y a dos bebidas al día en los hombres, de forma que las personas que se atengan a eso no tendrían que cambiar sus hábitos.

"Si se siguen las directrices actuales de prevención del cáncer, eso sin duda sería coherente con este informe", enfatizó McCullough.

Los expertos no se pusieron de acuerdo en si estos factores de riesgo individuales pueden combinarse para aumentar las probabilidades de una persona de desarrollar cáncer del estómago. Por ejemplo, ¿estaría una persona que bebe alcohol y come carne procesada en un riesgo más alto que una persona que solo bebe?

McTiernan señaló que los factores de riesgo con frecuencia se solapan. Por ejemplo, los bebedores son más propensos a fumar. "Diferenciar esas cosas puede resultar difícil", dijo, dificultando determinar si el riesgo se acumula o no.

Pero varios estudios han mostrado que si las personas adoptan múltiples estrategias para reducir el cáncer en su vida diaria, tienen un riesgo más bajo de desarrollar un cáncer o de morir por esa causa que las personas que solo adoptan una única estrategia, comentó McCullough.

"Sí parece que mientras más cosas saludables uno haga, mayor es el beneficio en términos de reducir el riesgo", dijo.

Comida sana, ¿solo frutas y verduras?

Por DAVID PLANES MUÑOZ, UNIVERSIDAD DE MURCIA / Tomado de: www.consumer.es

A menudo oímos que se debe "comer sano" y que los alimentos de origen vegetal son muy beneficiosos para la salud. Pero, ¿cómo debe ser una comida saludable? Una dieta sana debe desempeñar diversas funciones y aportar todos los nutrientes necesarios para vivir y cuidar nuestro organismo y protegernos de la malnutrición y de distintas enfermedades -algunas de ellas, muy graves-. ¿Solo las frutas y las verduras son saludables o se puede ampliar la variedad en el menú? En el siguiente artículo se abordan estas y otras cuestiones vinculadas a las dietas sanas.

Los nutrientes indispensables


Para que una comida sea saludable debe desempeñar varias funciones. Tiene que aportar la energía y los nutrientes necesarios para que el organismo alcance un estado nutricional óptimo y funcione de manera correcta. Además, debe proteger de la malnutrición en todas sus formas -ya sea por exceso como por defecto- y ayudar a prevenir ciertas enfermedades, como la diabetes, las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares e, incluso, ciertos tipos de cáncer.

Necesitamos ingerir a diario diversos nutrientes, además de la energía precisa para el correcto funcionamiento de las células. Entre estas sustancias se encuentran los tres nutrientes mayoritarios, conocidos como macronutrientes. Son los siguientes:

1. Los hidratos de carbono, la principal fuente de energía para el organismo, aunque también poseen cierta función estructural y funcional.

2. Las grasas o lípidos que, además de cumplir una función energética, forman las membranas celulares y son precursores de varias moléculas que regulan el correcto funcionamiento fisiológico.

3. Las proteínas, que desempeñan un rol estructural y son necesarias para la formación de enzimas, hormonas y neuroreceptores o para la función defensiva.

Aparte de suministrar macronutrientes, la alimentación debe proveer de vitaminas y minerales -vitales para una gran cantidad de funciones biológicas-, fibra y agua.

Qué nos aportan las frutas y verduras

Tanto las frutas como las verduras son alimentos que se deben incluir en la dieta porque son beneficiosos para la salud. Pero, ¿cuál es el aporte nutricional de frutas y verduras?

En general, las verduras son ricas en vitaminas, como el beta-caroteno (provitamina A), la vitamina C y los folatos; en minerales, como el calcio y el hierro; y gran cantidad de fibra, que resulta muy beneficiosa para el organismo. En paralelo, aportan pocas proteínas y aminoácidos esenciales, pocas vitaminas del grupo B y poca energía, característica esta última que resulta útil para las dietas hipocalóricas, que ayudan en el control del peso corporal.

La principal diferencia de las frutas frente a las verduras, en lo que se refiere a composición nutricional, es que las frutas tienen más calorías debido a un mayor contenido de hidratos de carbono en forma de azúcares, principalmente glucosa y fructosa. A pesar de esto, el contenido calórico de este grupo de alimentos no es demasiado elevado, por lo que su consumo es recomendable. Además, las frutas aportan gran cantidad de dos tipos de vitaminas: beta-caroteno y vitamina C. Por contra, tienen un bajo contenido en grasas, proteínas, hidratos de carbono complejos y minerales. Al igual que las verduras, la fruta contiene una cantidad importante de fibra alimentaria que, entre otros beneficios, produce efectos positivos sobre la motilidad intestinal, la saciedad o la microbiota intestinal.

Así, el principal valor nutricional de las frutas y verduras es su contenido de vitaminas C, folatos y beta-caroteno (provitamina A), ya que el resto de grupos de alimentos no contienen estos nutrientes en suficiente cantidad como para cubrir los requerimientos diarios recomendados. Otro atributo beneficioso que hay que tener en cuenta de las frutas y las verduras es su gran contenido de compuestos fenólicos, sustancias de interés por su conocida capacidad antioxidante. Para satisfacer las necesidades diarias que permitan cubrir los requerimientos de dichas sustancias, se aconseja comer tres piezas de fruta y dos raciones de verduras, que forman las conocidas cinco raciones de frutas y verduras al día. Se estima que, de esta forma, se consigue una alta ingesta de fibra, vitamina C, beta-caroteno, folatos, calcio y hierro, además de un consumo importante de otras vitaminas (B1, B2, B3, B6 y vitamina E) y de algunos minerales como el magnesio.

¿Cabe algo más en una comida sana?

Expuesto todo lo anterior, surge una pregunta: ¿una comida saludable podría estar formada solo por frutas y verduras? Como se ha visto, estos alimentos son necesarios para adquirir de forma suficiente algunos nutrientes. Sin embargo, hay otros muchos que no serían incorporados al organismo o lo harían en una cantidad insuficiente, si la comida solo constase de frutas y verduras, como proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas D y E, varias del grupo B y minerales tan importantes como fósforo, zinc, cobre o hierro. Aunque este último mineral sí que se puede encontrar en una cantidad importante en verduras, la forma en la que se halla el hierro en los vegetales (hierro no hemo) es apenas absorbida por el aparato digestivo.

La anemia es un problema al que se enfrentan las personas veganas, si no son lo bastante cuidadosas con su dieta, ya que el hierro de origen vegetal se absorbe en poca medida y la vitamina B12, cuyo déficit puede dar origen a un tipo de anemia llamada anemia megaloblástica, no está muy presente en dicho tipo de alimentos. Aunque existen alternativas para llegar a cubrir estas necesidades, sí que es más sencillo acceder al resto de nutrientes desde otros alimentos de origen vegetal como las legumbres, frutos secos o cereales, que aportan una buena cantidad y calidad proteica.

Así pues, se puede deducir que tanto las frutas como las verduras son alimentos de un alto valor nutricional que deben ser incluidas a diario en la dieta ya que, solo gracias a su ingesta, se consigue cubrir las necesidades de algunos nutrientes fundamentales. Pero ningún alimento aporta todas las sustancias que el cuerpo necesita ingerir, y las frutas y verduras no son una excepción.

Por ello, para que una comida sea lo más saludable posible y permita un estado nutricional correcto, hay que completar la dieta con otros alimentos como cereales, carnes, pescado, huevos o lácteos, para así asegurar la presencia de los diferentes nutrientes que se deben ingerir para ayudar a mantener el normal funcionamiento del organismo y un adecuado estado de salud.

23 de abril de 2016

Dieta para la fertilidad, ¿existe?

Por ISABEL MEGÍAS / Tomado de: www.consumer.es

La infertilidad es la incapacidad de una pareja sexualmente activa de lograr un embarazo en un periodo de un año sin el uso de anticonceptivos. Su incidencia está aumentando de tal manera que la Organización Mundial de la Salud (OMS) la reconoce como un problema social que afecta a alrededor de un 13%-17% de las parejas en edad reproductiva (es decir, personas de entre 15 y 49 años de edad). Hay diversos factores que inciden en la infertilidad o subfertilidad de una persona. ¿Es la dieta uno de ellos? ¿Cómo afecta lo que se come -o se deja de ingerir- en la capacidad reproductiva? El siguiente artículo aborda estas cuestiones.

Estado nutricional y fertilidad

Los factores de riesgo que pueden provocar que una pareja disminuya su fertilidad son diversos; entre ellos, la edad y el consumo de tabaco. También son variados los estados patológicos asociados a la infertilidad. Sin embargo, cada vez más se está estudiando el impacto que el estilo de vida y, en concreto, la dieta puede tener sobre la capacidad reproductiva del ser humano.

Alteraciones del estado nutricional tales como el sobrepeso y la obesidad o el bajo peso de las mujeres ya han sido relacionados con la infertilidad. De hecho, la Academy of Nutrition and Dietetics indica que es importante promover un peso óptimo para favorecer la concepción. Varios estudios revelan la asociación que existe entre el índice de masa corporal -IMC = Peso (Kg)/ Talla2 (m)- y la infertilidad. Así, tanto las mujeres con bajo peso como las que tienen sobrepeso poseen el mismo riesgo de infertilidad, mientras que las féminas con obesidad mórbida tienen más del doble de riesgo de trastornos ovulatorios. El impacto del IMC en la reproducción parece ser más notable para las mujeres, de manera que el exceso de peso perjudica la fertilidad en las mujeres más que a los hombres.

Existen múltiples estudios de intervención en los que se ha conseguido mejorar la fertilidad en varios grupos de mujeres mediante la pérdida de peso lograda con dieta hipocalórica o ejercicio físico. Por tanto, ante el deseo de quedarse embarazada, será fundamental intentar que el peso sea saludable y no se relacione con bajo peso ni con un exceso de peso.

Factores dietéticos que inciden en la fertilidad

En la actualidad, distintos estudios están intentando esclarecer el efecto de diversos componentes dietéticos sobre la fertilidad.
  • Uno de los principales factores dietéticos que se asocia con una menor fertilidad es la grasa. Así, en las mujeres, el consumo de ácidos grasos de tipo trans se vincula a infertilidad, mientras que la ingesta de ácidos grasos mono y poliinsaturados parece mejorar la fertilidad.
  • Otro de los factores estudiados ha sido el consumo de azúcares y carbohidratos, sobre todo aquellos de alto índice glicémico. Aunque todavía es necesaria mayor investigación, parece que la ingesta excesiva de azúcares puede afectar a la capacidad reproductiva mediada por una resistencia a la insulina.
  • En cuanto al consumo de proteínas, no hay datos concluyentes. Se requiere todavía de más trabajos científicos para dilucidar el efecto de la proteína sobre la capacidad reproductiva.
  • También se han analizado los efectos que determinados patrones dietéticos podrían tener sobre la fertilidad. En concreto, el patrón dietético de dieta mediterránea podría aumentar la capacidad de quedarse embarazada, según sugieren los resultados de algunos estudios. Además, se asocia a un menor riesgo de complicaciones obstétricas y menos riesgos para la salud de la madre y el niño. De ahí que sea el patrón dietético recomendado para mejorar la fertilidad.
Recomendaciones dietéticas para mejorar la fertilidad

A falta de más investigaciones en el campo de la fertilidad y la nutrición, de momento no existe una dieta específica recomendada para favorecer la reproducción. Sin embargo, parece ser que pequeños cambios en la alimentación podrían contribuir a una mejorar las probabilidades de gestación. Las recomendaciones específicas son las siguientes:
  • Mantener un peso saludable. Evitar el exceso de peso y el infrapeso. Acudir al dietista-nutricionista para controlar el peso corporal.
  • No consumir alimentos de alta densidad energética, si hay sobrepeso u obesidad.
  • Evitar alimentos ricos en grasa saturada y grasa trans como la mantequilla, las salsas preparadas, la bollería y las galletas, los embutidos grasos etc. Potenciar, en cambio, alimentos ricos en grasa monoinsaturada y poliinsaturada como el aceite de oliva, los frutos secos (3-5 veces/semana) y el pescado azul (2-3 veces/semana).
  • No tomar en exceso azúcar y alimentos azucarados (mermeladas, bebidas azucaradas, bollería y galletas, dulces, chocolates, etc.).
  • Asegurar un consumo mínimo de dos raciones de verduras al día (lechuga, tomate, zanahoria, champiñones, acelgas, judías verdes, coliflor, col, espinacas, berenjena, calabacín, etc.).
  • Ingerir a diario de dos a tres raciones de fruta (fresas, sandía, melón, melocotón, ciruela, manzana, pera, plátano, cerezas, kiwi, etc.).
  • Potenciar una alimentación saludable y equilibrada, basándose en el patrón de dieta mediterránea.

Después de una diabetes relacionada con el embarazo, una dieta saludable podría mejorar la presión arterial

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Las mujeres con diabetes relacionada con el embarazo quizá puedan reducir su riesgo futuro de hipertensión mediante el consumo de una dieta saludable, informan unos investigadores.

Su estudio incluyó a casi 4,000 mujeres. Todas las mujeres tenían antecedentes de diabetes relacionada con el embarazo (gestacional). Es un factor de riesgo conocido de hipertensión posterior, dijeron los investigadores.

Durante 22 años de seguimiento, más de mil mujeres desarrollaron hipertensión, lo que las pone en un mayor riesgo de ataque cardiaco y accidente cerebrovascular, según los investigadores.

Las mujeres que seguían una dieta saludable tenían un 20 por ciento menos de probabilidades de desarrollar hipertensión que las que no la seguían. Los autores del estudio dijeron que el aumento de la grasa corporal tenía entre un 20 y un 30 por ciento de la responsabilidad por el vínculo entre unos peores hábitos de alimentación y un mayor riesgo de hipertensión.

Una dieta saludable incluye bastante frutas y verduras, granos integrales y pescado. La carne roja, las carnes procesadas y la sal se limitan en una dieta saludable, anotaron los investigadores.

El estudio aparece en la edición del 18 de abril de la revista Hypertension.

"Nuestra investigación anterior mostró que la diabetes en el embarazo aumentaba el riesgo de una mujer de desarrollar hipertensión [una presión arterial alta], incluso 16 años tras dar a luz", anotó la autora principal del estudio, la Dra. Cuilin Zhang, investigadora principal del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de EE. UU.

"Nuestro estudio actual muestra que una dieta saludable, que se ha probado que reduce el riesgo de hipertensión en la población general, parece ser igual de efectiva para reducir el riesgo en este grupo de mujeres con un riesgo alto", comentó Zhang en un comunicado de prensa de la revista.

Los médicos y otros trabajadores de la atención sanitaria deben animar a las mujeres con diabetes relacionada con el embarazo a seguir una dieta saludable y a hacer ejercicio con regularidad antes y después de dar a luz, aconsejaron los investigadores.

Miden la grasa corporal que genera trabajar sentado

Tomado de: www.larazon.es

Una intervención para reducir el tiempo que una persona permanece sentada en el lugar de trabajo ha demostrado beneficios potenciales para la salud, según los resultados de un trabajo que se detallan en un artículo publicado en ‘International Journal of Epidemiology’, informa Europa Press.

Investigadores de la Universidad del Sur de Dinamarca, el Centro Nacional de Investigación para la Prevención y la Salud y la Universidad de Sydney, en Australia, realizaron una intervención basada en varios componentes para reducir el tiempo sentado y prolongar los periodos de descanso.

Los resultados, que fueron seguidos durante un mes y tres meses, mostraron una reducción de 0,61 puntos porcentuales en el porcentaje de grasa corporal. Este fue el resultado de 71 minutos menos de tiempo sentados durante el tiempo de trabajo después de un mes.

Se puso a 317 trabajadores de oficina de 19 oficinas en Dinamarca y Groenlandia aleatoriamente en los grupos de intervención o de control. La intervención incluyó cambios en el entorno de oficina y una conferencia y un taller, alentando a los trabajadores a utilizar sus escritorios sentados y de pie.

Con el uso de un dispositivo de acelerómetro, los investigadores fueron capaces de medir resultados a través de una semana de trabajo de cinco días. Después de un mes, los participantes en el grupo de intervención se sentaron durante 71 minutos menos en una jornada laboral de ocho horas que el grupo control, lo que se redujo a 48 minutos después de tres meses.

El número de pasos por hora de jornada laboral fue un 7 por ciento más alto en un mes y un 8 por ciento superior a los tres meses. Relativamente pocas personas se quejaron de dolor como resultado de estar más tiempo de pie, con menos del 6 por ciento de las personas que dijeron haber sufrido consecuencias negativas.

La coautora del artículo, la profesora Janne Tolstrup, explica: «Una reducción en el tiempo de estar sentado de 71 minutos por día y el aumento de las interrupciones podrían tener efectos positivos y, a la larga, podrían estar asociados con un menor riesgo de enfermedades del corazón, diabetes y todas las causas de mortalidad, especialmente entre aquellos que están inactivos en su tiempo libre».

Vigile la dieta de sus hijos durante época de exámenes

Tomado de: www.nacion.com

Usted no puede estudiar por ellos, ni mucho menos presentarse al aula de sus hijos a hacer los exámenes. Sin embargo, una manera de ayudarles a lograr el éxito académico es estar más atento a su dieta.

Está comprobado, científicamente, que con una buena alimentación los estudiantes pueden tener mayores niveles de concentración y rendimiento.

De acuerdo con Marcela Madrigal, especialista en Nutrición y docente de la Universidad Hispanoamericana, se debe evitar a toda costa que, durante la época de pruebas, niños, adolescentes o adultos jóvenes se salten los tiempos de comida, aunque ellos argumenten exceso de estudio, estrés, nerviosismo, ansiedad, agotamiento u otros malestares.

El desayuno, como siempre se ha dicho, es vital para el resto del día. Lo que los estudiantes consuman en la mañana, antes de irse al colegio, escuela o universidad, les inyectará la energía necesaria para hacer frente a las pruebas académicas. No desayunar puede afectarlos cognitivamente y producirles una merma en su capacidad de concentración y aprendizaje, mayor fatiga, además de baja tolerancia a la frustración.

Según Madrigal, un desayuno ideal incluye al menos tres tipos de alimentos: alguna fuente de vitaminas y antioxidantes como las frutas; algún carbohidrato complejo, como las harinas, y alguna fuente de proteína de alto valor biológico, como queso, leche o huevos.

Almuerzos y cenas

Si el examen se lleva a cabo en horas de la tarde o durante la noche, la ciencia está en elegir un menú variado pero liviano, para evitar que la persona sufra de la popular marea alcalina (en la que se siente sueño después de comer).

“Lo más recomendado durante el almuerzo es reducir la cantidad de arroz, frijoles, papas o pastas (harinas). Puede agregar una ensalada o un picadillo de vegetales, algún trozo de pollo o pescado y fresco natural” , recomendó la especialista en Nutrición.

Para las cenas, Madrigal propone un menú también liviano, como el siguiente: pan árabe relleno de queso Turrialba, tomate, trébol germinado y albahaca, o bien, un wrap de pollo a la plancha con zanahoria y zucchini rallados, ambas opciones acompañadas de fresco natural y una porción de fruta.

Otros consejos

La hidratación durante el periodo de pruebas también es esencial. Lo aconsejable son ocho vasos al día de líquido, la mitad de agua pura y la otra mitad compuesta por refrescos naturales con poca azúcar, tés y cafés, etcétera. Se sugiere evitar o restringir el consumo de refrescos gaseosos o bebidas altamente endulzadas. Asimismo, si el examen tiene una duración de tres a cuatro horas, el estudiante podría llevar alguna fruta de fácil consumo y transporte, como una manzana o un banano.
En caso de nerviosismo, el consejo es que la persona (según su edad) tome algún té natural que la tranquilice; si se sufre de gastritis (también por la ansiedad), lo mejor es aumentar la ingesta de líquido para diluir los jugos gástricos.

16 de abril de 2016

¿Podría la comida rápida exponer a la gente a sustancias químicas nocivas?

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Comer comida rápida podría exponer a una persona a unas sustancias químicas potencialmente nocivas conocidas como ftalatos, sugiere un estudio reciente.

Las personas que consumían mucha comida rápida tendían a tener unos niveles de ftalatos en la orina que eran entre un 24 y un 40 por ciento más altos que las personas que raras veces comían comida para llevar, encontraron los investigadores.

"Hallamos asociaciones estadísticamente significativas entre la cantidad de comida rápida consumida en las 24 horas anteriores y los niveles de dos ftalatos particulares en el cuerpo", señaló la autora del estudio, Ami Zota, profesora asistente de salud ambiental y ocupacional del Instituto Milken de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Washington en Washington, D.C.

Pero el estudio no probó una relación causal entre la comida rápida y la exposición a los ftalatos.

Los dos ftalatos en cuestión son el di(2-etilhexil) ftalato (DEHP) y el diisononilftalato (DiNP), dijo Zota. Las industrias usan esas sustancias para hacer que los plásticos sean flexibles, y se pueden encontrar en una amplia variedad de paquetes para la comida y de maquinaria procesadora de alimentos.

El Congreso de EE. UU. prohibió permanentemente el uso de DEHP en los juguetes, biberones y chupetes de los niños, y prohibió temporalmente el DiNP para los mismos usos, según el Environmental Working Group, una organización sin fines de lucro que se enfoca en problemas de salud ambiental.

Las prohibiciones tienen como motivo la preocupación de que los ftalatos puedan afectar al desarrollo del sistema reproductivo masculino, señaló Zota. Esas sustancias también se han vinculado con defectos congénitos, problemas conductuales de la niñez y enfermedades pediátricas crónicas, como el asma.

Los dos ftalatos pueden llegar a la comida rápida durante su procesamiento, explicó Shanna Swan, profesora de obstetricia, ginecología y ciencias de la reproducción del departamento de medicina preventiva de la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York.

Los compuestos químicos también pueden pasar a la comida desde los paquetes en que se guardan, tanto antes de la cocción como al servirlos, dijo Zota.

La comida rápida puede adquirir ftalatos incluso de los guantes de vinilo que los trabajadores de los restaurantes usan para prevenir la intoxicación con alimentos, añadió Zota.

"Para reducir la exposición a los ftalatos, mi recomendación siempre es minimizar a exposición a los alimentos procesados, y la principal plataforma de alimentos procesados son los restaurantes de comida rápida", planteó Swan. "No usan nada fresco".

La Asociación Nacional de Restaurantes (National Restaurante Association) de EE. UU. no respondió a una solicitud de un comentario sobre los nuevos hallazgos.

Para ver si las personas que comen comida rápida tienen más ftalato en el sistema, Zota y sus colaboradores revisaron datos de casi 8,900 individuos que participaron en una encuesta regular sobre la salud y la nutrición llevada a cabo por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU.

Todos los participantes respondieron a preguntas detalladas sobre la dieta en las últimas 24 horas, incluyendo el consumo de comida rápida, y proveyeron una muestra de orina para analizar las señales de DEHP y de DiNP.

Los investigadores definieron la comida rápida como cualquier artículo obtenido en un restaurante sin servicio de camarero, o cualquier tipo de pizzería. Toda la comida para llevar y entregar también se consideró como comida rápida.

Las personas se calificaron como consumidores empedernidos de comida rápida si obtenían más del 35 por ciento de sus calorías diarias de esas fuentes, dijo Zota.

Zota y su equipo encontraron que mientras más comida rápida consumían los participantes del estudio, más alta era su exposición a los ftalatos.

Las personas con el mayor consumo de comida rápida tenían unos niveles un 24 por ciento más altos del producto secundario del DEHP en la muestra de orina. Esos mismos amantes de la comida rápida tenían unos niveles un 40 por ciento más altos de los productos secundarios del DiNP en la orina, en comparación con las personas que no reportaron haber consumido comida rápida en las 24 horas anteriores a la prueba.

Los granos y las carnes fueron los que más significativamente contribuyeron a la exposición a los ftalatos, reportó el estudio. Los granos incluían una amplia variedad de artículos, como el pan, los pasteles, la pizza, los burritos, los platos de arroz y los fideos, explicó Zota.

Pero un grupo que representa a la industria química criticó los hallazgos.

"Los autores reconocen que una limitación del estudio es que no pueden establecer un vínculo entre ninguna exposición a los ftalatos y el consumo de comida rápida", señaló en una declaración Lisa Dry, directora principal de comunicaciones del Consejo Americano de Química (American Chemistry Council).

"En realidad no se midió ni confirmó ningún ftalato en ninguna comida", añadió Dry. "Los datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los 10 últimos años, los mismos datos en que se basó el estudio, demuestran que la exposición a los ftalatos de cualquier fuente es baja en extremo, lo que incluye cualquier contribución de la comida rápida, y significativamente más baja que los niveles aceptables fijados por las agencias reguladoras".

Además de los ftalatos, los investigadores también observaron la exposición a otra sustancia química que se encuentra en los paquetes plásticos para la comida, el bisfenol A (BPA). No encontraron ninguna asociación entre el consumo de comida rápida y el BPA, pero las personas que comían productos cárnicos de comida rápida tenían unos niveles más altos de BPA que las personas que no reportaron un consumo de comida rápida.

Los hallazgos aparecen en la edición en línea del 13 de abril de la revista Environmental Health Perspectives.

Las madres embarazadas deben limitar o eliminar la comida rápida de la dieta para evitar que los ftalatos afecten al desarrollo fetal, sugirieron Swan y Zota.

"Este es un problema particular para las mujeres embarazadas o que podrían quedar embarazadas", advirtió Swan. "El periodo de riesgo parece ser a principios del embarazo".

La obesidad y la diabetes de la madre podrían hacer que el feto crezca demasiado rápido

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Hace mucho que los médicos saben que las mujeres embarazadas que son obesas o tienen diabetes son más propensas a tener bebés anómalamente grandes. Ahora, un nuevo estudio sugiere que ese crecimiento fetal rápido sucede pronto durante el embarazo.

Los investigadores británicos hallaron que los bebés nacidos de madres que eran obesas o que tenían diabetes relacionada con el embarazo con frecuencia eran demasiado grandes ya en el sexto mes del embarazo.

Los investigadores dijeron que los hallazgos podrían tener implicaciones prácticas. Ahora mismo, las mujeres embarazadas reciben pruebas de rutina de la diabetes, pero con frecuencia no hasta el sexto mes (las 24 semanas).

Este estudio plantea la pregunta de si eso es demasiado tarde, señaló el investigador líder, el Dr. Gordon Smith, de la Universidad de Cambridge.

"Nuestro estudio muestra que los bebés de las mujeres obesas eran más propensos a ser excesivamente grandes alrededor del abdomen incluso tan pronto como a las 20 semanas [del embarazo]", dijo Smith.

Las mujeres que fueron diagnosticadas con diabetes relacionada con el embarazo mostraron un patrón similar, aunque el crecimiento acelerado de sus bebés se hizo aparente un poco más tarde, en la semanas 28 de la gestación, comentó.

En Estados Unidos, el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de EE. UU. recomienda que se evalúe la diabetes relacionada con el embarazo en las mujeres después de la semana 24 de la gestación.

Pero el Congreso Americano de Obstetras y Ginecólogos (American Congress of Obstetricians and Gynecologists, ACOG) aconseja una evaluación más temprana en las mujeres con un riesgo más alto de diabetes relacionada con el embarazo, lo que incluye a las que son obesas, comentó el Dr. Raul Artal, profesor emérito de obstetricia y ginecología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Saint Louis, en St. Louis.

Si la prueba de una mujer resulta negativa, se debe repetir entre las semanas 24 y la 28 del embarazo, añadió.

De cualquier forma, tener un bebé excesivamente grande es riesgoso por varios motivos, explicó Artal.

Por un lado, puede complicar el parto y hacer que sea necesaria una cesárea. Los bebés grandes también están en riesgo de niveles de azúcar en sangre peligrosamente bajos y dificultades respiratorias tras nacer, dijo Artal.

Algunos estudios también han vinculado el peso al nacer con problemas a más largo plazo. Los bebés grandes podrían tener un riesgo más alto de obesidad y diabetes en el futuro, según el equipo de Smith.

Para Artal, los nuevos hallazgos subrayan la importancia de llegar al embarazo con el peso más sano posible.

En un estudio de 2013, según Artal, su equipo encontró que cuando las mujeres obesas perdían una cantidad modesta de peso después de un primer embarazo, eso reducía su riesgo de tener un bebé anómalamente grande la próxima vez.

"El mejor momento para perder peso es antes de o entre los embarazos", sugirió.

Pero una dieta y un estilo de vida saludables durante el embarazo también son vitales, según Artal, autor principal de unas directrices sobre el ejercicio durante el embarazo del ACOG.

Esas directrices exhortan a las mujeres a ser activas durante al menos 30 minutos al día, la mayoría de los días de la semana, en parte porque podría ayudar a prevenir o a tratar la diabetes relacionada con el embarazo.

Estos últimos hallazgos se basan en más de 4,000 madres primerizas a quienes se siguió durante todo el embarazo. Poco más del 4 por ciento fueron diagnosticadas con diabetes relacionada con el embarazo durante o antes de la semana 28 de la gestación, mostraron los hallazgos.

Mediante el uso de ultrasonidos, el equipo de Smith encontró señales tempranas de crecimiento fetal rápido en las mujeres obesas. Sus bebés tenían un 63 por ciento más de probabilidades de mostrar un crecimiento abdominal anómalamente grande en la semana 20 del embarazo, en comparación con los bebés nacidos de mujeres más delgadas.

En cuanto a las mujeres a quienes al final se les diagnosticó diabetes, sus bebés tenían el doble de probabilidades de mostrar un crecimiento excesivo en la semana 28 del embarazo, en comparación con las mujeres sin diabetes.

Las mujeres que eran obesas y tenían diabetes tuvieron los bebés que crecieron con más rapidez: tenían cinco veces más probabilidades de ser excesivamente grandes en la semana 28, frente a los bebés nacidos de mujeres que no eran obesas ni tenían diabetes, hallaron los investigadores.

Según Smith, no está claro si se debería adoptar de forma más amplia una evaluación más temprana de la diabetes. "Una respuesta a los hallazgos actuales podría ser realizar pruebas tan cerca como se pueda de las 24 semanas", planteó.

Pero no se sabe si las pruebas de rutina incluso antes en el embarazo beneficiarían a las mujeres y a sus bebés, dijo Smith.

Por ahora, aconsejó a las mujeres prestar atención a sus hábitos alimentarios durante todo el embarazo, sobre todo si son obesas o tienen otros factores de riego de diabetes relacionada con el embarazo, por ejemplo antecedentes de la afección.

"Esto conlleva no comer cantidades excesivas de carbohidratos simples, controlar los tamaños de las porciones, comer abundantes frutas y verduras frescas, y permanecer activas durante el embarazo", explicó Smith.

Las mujeres obesas también deben limitar su aumento de peso durante el embarazo, apuntó Artal. En Estados Unidos, las directrices de distintos grupos recomiendan que las mujeres obesas aumenten de 11 a 20 libras (de casi 5 a 9 kilos), menos que la recomendación de 25 a 35 libras (poco más de 11 a casi 16 kilos) recomendadas a las mujeres con un peso normal.

Artal dijo que cree que la directriz de 11 a 20 libras en realidad es excesiva. Hay evidencias de que las mujeres obesas pueden aumentar menos de forma segura durante el embarazo.

El informe aparece en la edición del 7 de abril de la revista Diabetes Care.

Los mejores alimentos para la piel

Por ISABEL MEGÍAS / Tomado de: www.consumer.es

Con la llegada de la primavera y el cambio de armario, la piel está de nuevo en contacto con el aire libre y el sol y queremos lucirla bonita, pero también sana. Además de las cremas hidratantes y los protectores solares, la alimentación desempeña un papel muy importante en el cuidado del organismo, incluida la piel. Pero, ¿hay alimentos o ingredientes específicos para este fin? ¿Existen alimentos "buenos y malos" para la piel? ¿Cuáles son y qué efecto poseen? En el siguiente artículo se repasa la relación entre la dieta y la prevención de ciertas patologías dermatológicas.

Alimentación y dermatología

La piel es el órgano más grande del cuerpo y, además, una de las partes que primero ven los demás. Por ello, su aspecto contribuye en gran parte a nuestra percepción de salud y belleza de una persona. Existen múltiples factores que pueden afectar a la capacidad funcional y la integridad estructural de la piel. Factores genéticos y ambientales, como la exposición solar, el abuso de drogas o los hábitos dietéticos, han sido implicados en las alteraciones de la piel y el envejecimiento. No obstante, a pesar de que la dieta es uno de los factores tradicionalmente relacionados con la salud dermatológica, estudiar el consumo específico de nutrientes o alimentos y sus efectos sobre ella es difícil, lo que complica tener información fiable sobre esta relación.

Existen algunas enfermedades en las que la alimentación ya se asociaba con la etiopatología de las mismas, como es el caso de las alergias alimentarias o de la dermatitis herpetiforme. Sin embargo, otras muchas enfermedades de la piel no se han vinculado tradicionalmente con la nutrición... hasta ahora. Es el caso del acné, la psoriasis, el envejecimiento de la piel y el cáncer de piel de tipo no melanoma, entre otros. En algunas ocasiones la dieta puede influir sobre el curso de estas afecciones, como en el caso del acné; y en otras puede formar parte de las recomendaciones de prevención, como en el caso del cáncer de piel y el envejecimiento cutáneo.

Dieta y acné

La relación entre dieta y acné lleva estudiándose desde hace varias décadas, aunque en los primeros años de investigación los dermatólogos no encontraban ningún tipo de relación. En los años 60, se indagó mucho en la posible asociación entre el acné y el chocolate, sin hallar pruebas concluyentes. Sin embargo, estudios más recientes han reevaluado los posibles errores metodológicos de los estudios más antiguos sobre dieta y acné y han empezado a poner en marcha de nuevo investigaciones para esclarecer esta relación. Han hallado evidencias con los productos lácteos, aunque una asociación débil, y con ciertos patrones dietéticos, tales como la elevada carga glicémica, típica del patrón dietético occidental.

Dieta y cáncer de piel de tipo no melanoma

Numerosos estudios han observado que una dieta rica en frutas y verduras reduce el riesgo de cáncer y que esta disminución del riesgo es más fuerte en ciertos tipos, como el cáncer de pulmón y el de colon. Investigaciones en animales de experimentación y en humanos apoyan también estos resultados en el cáncer de piel. En este sentido, se están analizando componentes dietéticos como los antioxidantes, la vitamina C y E, el selenio, el beta-caroteno y otros múltiples fitonutrientes (compuestos presentes en alimentos de origen vegetal). Un apunte de interés: en los estudios realizados en humanos con suplementos orales de estos nutrientes no han observado resultados positivos, sin embargo, los llevados a cabo con cambios en el consumo de alimentos de origen vegetal sí han sido positivos.

Dieta y envejecimiento de la piel

Las arrugas y los surcos en la piel son causados por la falta de elasticidad; están relacionados con cambios en las fibras elásticas y de colágeno de la piel. La investigación científica actual está tratando de averiguar el efecto que provoca el consumo de azúcares sobre la piel, puesto que parece que la glucosa, la fructosa y la hiperglicemia podrían favorecer la pérdida de elasticidad de la piel. Cocciones como el grill, la fritura o los asados a altas temperaturas también podrían contribuir a la pérdida de elasticidad de la piel, mientras que las especias podrían enlentecer este proceso.

Recomendaciones dietéticas para el cuidado de la piel

A la vista de la investigación actual, de nuevo parece que el patrón dietético global es la clave para conseguir un buen estado de salud en la piel. El objetivo debería ser, por tanto, alcanzar un patrón dietético saludable, tal y como aconsejan todas las sociedades científicas que estudian la relación entre la alimentación y la salud.

Así, se debería limitar el consumo de grasa, sobre todo de grasa saturada, además de la ingesta excesiva de azúcares y sal. Se tendría que promover el consumo de alimentos de origen vegetal, en especial frutas frescas, hortalizas, verduras, legumbres y frutos secos. Y, por supuesto, habría que limitar la toma de alcohol.

9 de abril de 2016

Consumir fruta cada día podría ayudar al corazón, afirman unos investigadores

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Comer fruta fresca con regularidad podría ayudar a prevenir los ataques cardiacos y los accidentes cerebrovasculares (ACV), sugiere un gran estudio chino.

Los adultos que comían fruta fresca todos los días, como manzanas y naranjas, experimentaban una reducción de alrededor de un tercio en el riesgo de morir de un ataque cardiaco o ACV, en comparación con las personas que raras veces o nunca comían fruta, hallaron los investigadores.

"El consumo de fruta es importante para la salud cardiovascular", dijo la investigadora líder, la Dra. Liming Li, vicepresidenta de la Academia China de Ciencias Médicas, en Beijing.

Los participantes del estudio que más fruta comían tenían con frecuencia una presión arterial y un azúcar en sangre más bajas que los que comían fruta con menos frecuencia, lo que podría explicar la reducción del riesgo de ataques cardiacos y ACV, apuntó Li.

Pero debido a la naturaleza del estudio, no pudo probar que el consumo de fruta causara la reducción del riesgo de ataque cardiaco y ACV, solo que había una asociación, señaló Li.

Para el estudio, Li y sus colaboradores recolectaron datos sobre más de 500,000 adultos de 30 a 79 años de edad entre 2004 y 2009. Ninguno tenía antecedentes de enfermedad cardiaca.

Poco menos de uno de cada cinco comía fruta a diario. Durante siete años, los que comían el equivalente a aproximadamente media taza de fruta al día presentaban unos riesgos significativamente más bajos de enfermedades cardiovasculares mayores, encontró el estudio.

El informe aparece en la edición del 7 de abril de la revista New England Journal of Medicine.

Dos expertos de EE. UU. opinaron sobre los hallazgos del estudio.

"La enfermedad cardiovascular es una causa principal de muertes evitables y prematuras en todo el mundo", lamentó el Dr. Gregg Fonarow, profesor de cardiología de la Universidad de California, en Los Ángeles.

Estudios anteriores han sugerido que las dietas ricas en fruta se asocian con un riesgo más bajo de enfermedad cardiaca. Pero pocos de esos estudios han sido en países asiáticos, anotó.

"Se necesitan más estudios para determinar si comer más fruta resultará en mejoras significativas de la salud", dijo Fonarow.

Samantha Heller, nutricionista clínica principal del Centro Médico de la Universidad de Nueva York, afirmó que la fruta es una magnífica adición a la dieta.

"La fruta es dulce, deliciosa y fácilmente disponible", dijo. "Es una tremenda fuente de vitaminas, minerales, fibra y otros compuestos vegetales saludables".

Además, apuntó, "la fibra en las frutas ayuda al tracto gastrointestinal a permanecer sano, y otros ingredientes de la fruta ayudan a mantener a las células del cerebro funcionando".

En China se consume menos fruta que en Estados Unidos y Reino Unido, y por lo general se consume cruda, dijeron los investigadores.

Las frutas que se comen más comúnmente en China son las manzanas, las peras y las naranjas, comentó Li. Las frutas favoritas en Estados Unidos son las manzanas y los plátanos, dijo Heller.

Para obtener los compuestos más saludables de las frutas, Heller recomienda comer una amplia variedad, incluyendo albaricoques, bayas, uvas, kiwis, melones, melocotones y mandarinas.

Alimentos y nutrientes beneficiosos para las articulaciones

Tomado de: www.dmedicina.com

Las articulaciones, con el tiempo, se desgastan y pueden dar lugar a la artrosis. Esta patología se produce por un daño en el cartílago y el hueso, que da lugar al reblandecimiento, fibrilación, ulceración y pérdida del mismo. Para prevenir estos problemas o ralentizar su progresión, Isabel Sañudo, jefa de Medicina Física y Rehabilitación del Hospital Clínico de Barcelona, apuesta por  un equilibrio nutricional, combinado con ejercicio y la reducción de los factores de riesgo como la sobrecarga articular y la obesidad.

Aunque no existen alimentos que beneficien a las articulaciones de forma concreta, una alimentación equilibrada puede ser fundamental para el bienestar general y articular.

La experta afirma que “comer de forma adecuada puede mantener y fortalecer el hueso y tejido articular”. Recomienda una dieta equilibrada en proteínas, vitaminas y minerales.

Nutrientes necesarios

Hay nutrientes que favorecen la nutrición del hueso, el metabolismo óseo, la protección del cartílago y su mantenimiento. “La vitamina C estimula la producción de colágeno, la vitamina D participa en la síntesis de proteoglicanos y la vitamina E mejora la protección de la matriz del cartílago por el aumento de crecimiento de los condrocitos. El selenio, el zinc, el cobre y el manganeso, así como los ácidos grasos poliinsaturados, parecen estar implicados en los procesos de elaboración del colágeno y en la reducción de la inflamación del cartílago”, explica.

Los nutrientes que destaca de forma especial son las vitaminas D y C, y algunos minerales (calcio, fósforo, magnesio, silicio, azufre).

Sañudo explica uno por uno:

•  Calcio y fósforo: complementan la formación, desarrollo y mantenimiento de huesos y dientes, pero se ha de mantener un equilibrio, ya que “la abundancia o carencia de uno, afecta a la capacidad de absorber el otro”.

•  Magnesio: forma parte de las membranas de las células y la estructura ósea. “Debe estar en equilibrio con el calcio, dado que su carencia inhibe la síntesis de vitamina D, necesaria para la correcta mineralización ósea”.

•  Silicio: participa en la síntesis de elastina y de colágeno, que optimizan la fijación del calcio y del magnesio en los huesos y estimula la formación y mineralización ósea.

•  Azufre: el azufre se encuentra en el colágeno, elemento que forma tendones, cartílagos y ligamentos.

Alimentos recomendados

Los alimentos que contienen estos nutrientes y que destaca Sañudo son:

•  Frutos secos y semillas: las pipas, sésamo, piñones y almendras tienen gran cantidad de magnesio, en este orden. Las nueces, almendras, avellanas, cacahuetes y pistachos aportan fibra, mucha grasa insaturada, proteína vegetal y minerales como potasio, calcio, fósforo, hierro, zinc, entre otros.

Las frutas secas, como ciruelas, higos y dátiles contienen altas cantidades de polifenoles, que mejoran la masa ósea y aumentan la formación de tejido óseo, tanto en condiciones normales como de inflamación.

•  Legumbres: la soja duplica el contenido en magnesio de alubias y garbanzos, y triplica el de las lentejas. “Las legumbres contienen proteínas vegetales y aminoácidos que se complementan muy bien con los de los cereales. Cuando las legumbres y los cereales se asocian el resultado nutritivo es mejor”. Las legumbres también contienen minerales (calcio, hierro y magnesio), vitaminas del grupo B y alrededor del 50 por ciento en hidratos de carbono.

•  Cereales integrales: el trigo, arroz integral, avena, mijo y quinoa son ricos en magnesio.

•  Verduras de hoja verde: otros como las acelgas, las espinacas y el brécol concentran buena cantidad de magnesio.

•  Frutas desecadas: por su perfil nutricional, Sañudo explica que “interesa alternar las ciruelas desecadas con higos y dátiles”.  Indica que tienen altas cantidades de polifenoles, que ayudan a restaurar la masa ósea y la estructura del hueso y aumentan los índices de formación de tejido óseo.

•  Proteína animal: los pescados, las aves y las carnes magras son ricas en azufre.

•  Verduras y hortalizas: las de la familia de las coles, la cebolla, ajos y puerros contienen azufre en forma de aceites esenciales. "La cebolla ayuda a prevenir la pérdida de masa ósea gracias a su alto contenido en quercetina y es de ayuda para la osteoporosis”.

•  Aceite de oliva: “este producto tiene gran contenido de antioxidantes para los tejidos”.

Alimentos cuya ingesta hay que reducir

En contraposición a estos alimentos, hay otros que, dependiendo del grado de sensibilidad de la personas, “pueden favorecer la inflamación y el dolor articular de pacientes con artrosis o patologías osteoarticulares”.

Algunos ejemplos son la patata, el pimiento, la berenjena y el tomate, así como la planta del tabaco. “Para comprobar el grado de sensibilidad hacia estas hortalizas se suele evitar su consumo durante varios meses y comprobar la evolución del dolor articular”.

Vinculan las bebidas azucaradas y los carbohidratos 'malos' con los cánceres de mama y de próstata

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Las personas que consuman muchos carbohidratos procesados (como los refrigerios y los dulces) y bebidas azucaradas podrían enfrentarse a un riesgo más elevado de cánceres de mama y de próstata, sugiere un nuevo estudio.

Los investigadores dijeron que el estudio, que se reportó el martes en la reunión anual de la Sociedad Americana de Nutrición (American Society for Nutrition) en San Diego, no prueba que los carbohidratos "malos" provoquen cáncer.

Pero dado que los cánceres de mama y de próstata son dos de los tipos de cáncer más comunes en Estados Unidos, la conexión da a las personas más motivos para eliminar los alimentos procesados de sus dietas, apuntó la investigadora líder, Nour Makarem.

"La calidad de los carbohidratos de la dieta es importante por varios motivos", apuntó Makarem, candidata doctoral en nutrición de la Universidad de Nueva York.

En general, los expertos en salud ya recomiendan limitar las bebidas azucaradas y los carbohidratos procesados, y comer más frutas, verduras, legumbres, granos enteros ricos en fibra y grasas insaturadas "buenas".

Así que los nuevos hallazgos, que se consideran preliminares hasta que se publiquen en una revista médica revisada por profesionales, añaden más peso a ese consejo, señaló Makarem.

Apuntó, en particular, al vínculo que encontró su equipo entre las bebidas endulzadas con azúcar (tanto los refrescos como los jugos de fruta) y el riesgo de cáncer de próstata. En comparación con los hombres que nunca consumían bebidas azucaradas, los que las consumían unas cuantas veces por semana mostraban más del triple de riesgo de desarrollar cáncer de próstata.

Y esto fue tras tomar en cuenta otros factores, como la obesidad, fumar y otros hábitos de la dieta, dijo Makarem.

Pero es difícil descartar los efectos de los hábitos de dieta particulares sobre el riesgo de cáncer, apuntó Marji McCullough, directora estratégica de epidemiología nutricional de la Sociedad Americana Contra El Cáncer (American Cancer Society).

"Pocos factores de la dieta, aparte del alcohol y/o la obesidad, se han relacionado de forma constante con el cáncer de mama postmenopáusico y el cáncer de próstata", comentó McCullough.

La pregunta de si la calidad de los carbohidratos afecta el riesgo de cáncer, de forma independiente de la obesidad, es importante, según McCullough. Pero responderla también es "difícil", dijo.

Los nuevos hallazgos se basan en casi 3,200 adultos de EE. UU., cuyos hábitos de dieta y tasas de cáncer se siguieron durante más de 20 años. En ese tiempo, se diagnosticó un cáncer a 565 personas.

A primera vista, una mayor ingesta de carbohidratos se relacionó con un riesgo más bajo de cáncer de mama. Pero el panorama cambió cuando se tomó en cuenta la calidad de los carbohidratos, anotó Makarem.

Dijo que las mujeres cuyas dietas enfatizaban los carbohidratos saludables (verduras, frutas, granos integrales y legumbres) tenían un 67 por ciento menos de probabilidades de desarrollar un cáncer de mama, en comparación con las mujeres que favorecían los carbohidratos refinados. Los carbohidratos refinados incluyen muchos artículos horneados, el pan blanco y las papas blancas.

Respecto al riesgo de cáncer de próstata, los hombres que bebían jugos o refrescos azucarados de forma regular tenían más de tres veces más probabilidades de desarrollar la enfermedad, frente a los hombres que evitaban esas bebidas, mostraron los hallazgos.

Eso no prueba que las bebidas dulces contribuyan directamente al cáncer de próstata, reconoció Makarem. Pero dijo que muchos estudios han implicado a las bebidas en los riesgos de obesidad y diabetes tipo 2, así que hay otros motivos para reducirlas.

"Además, es un cambio fácil de hacer en la dieta", planteó Makarem.

La Asociación Americana de las Bebidas (American Beverage Association) criticó los hallazgos.

"Los autores de este resumen de estudios reconocen que sus hallazgos no muestran que las bebidas provoquen ninguna enfermedad", señaló el grupo en una declaración. "Además, el estudio se limitó a un grupo demográfico que no refleja a la población de Estados Unidos". (La mayoría de los participantes del estudio eran blancos).

La asociación de bebidas también dijo que la Sociedad Americana Contra El Cáncer cita múltiples factores de riesgo potenciales para el cáncer de mama, de próstata y de colon, de forma que señalar a la dieta es difícil. El grupo también comentó que dado que el estudio no se ha publicado en una revista revisada por profesionales, "hay muy pocos detalles del estudio disponibles", y por tanto sacar conclusiones firmes es difícil.

Pero según los investigadores las bebidas azucaradas no fueron el único factor importante de la dieta. El riesgo de cáncer de próstata también aumentó entre los hombres cuyas dietas en general tenían una "carga glucémica" alta, lo que, según Makarem, básicamente significa que comían muchos carbohidratos refinados.

El estudio también implicó las "comidas procesadas para el almuerzo", como la pizza, los fiambres y las hamburguesas. Los hombres que comían esos alimentos cuatro o más veces por semana tenían el doble de probabilidades de desarrollar un cáncer de próstata que los hombres que no los comían más de una vez por semana, hallaron los investigadores.

Según McCullough, es difícil saber si ciertos alimentos en sí contribuyen a los cánceres de mama o próstata, o si, por ejemplo, los verdaderos culpables son el consumo total de calorías y el aumento de peso.

Pero la moraleja, según Makarem, es que los alimentos enteros "de alta calidad" son en general una opción más saludable que los procesados.

Se multiplican por cuatro los casos de diabetes en el mundo

El número de personas con diabetes en el mundo se ha multiplicado por cuatro entre 1980 y 2014, hasta los 422 millones de casos en ese último año, según un informe publicado hoy por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Según los últimos datos disponibles de la agencia sanitaria de la ONU, en 2012 los altos niveles de glucosa en sangre fueron responsables de 3,7 millones de muertes en el mundo, de las que 1,5 millones fueron directamente causadas por la diabetes.

La escalada de la enfermedad y teniendo en cuenta que de los 3,7 millones de fallecidos, un 43 % tenía menos de 70 años, ha llevado a la OMS a lanzar el primer informe global sobre la diabetes y a dedicar el Día Mundial de la Salud -que se celebra el 7 de abril- a esta enfermedad para concienciar a la población.

El informe también alerta que la preponderancia de la diabetes ha crecido en las tres últimas décadas, especialmente en países de bajos y medianos ingresos. Es precisamente en estos países en desarrollo en los que las tasas de mortalidad en adultos de entre 20 y 69 años por causas asociadas a altos niveles de azúcar son más altas, especialmente en los hombres.

Por regiones, la OMS destaca la incidencia de la mortalidad en adultos en África, en el este del Mediterráneo y en el sudeste asiático, y asimismo, señala el oeste del Pacífico como la zona en la que más han aumentado los decesos entre los años 2000 y 2012 (de 490.000 fallecimientos a 944.000).

En cuanto a la prevalencia de la diabetes, entre 1980 y 2014 ha pasado del 4,7 % hasta el 8,5 %, un período en el que los casos aumentaron o no disminuyeron en todos los países del mundo.

Con respecto a las cifras, en ese mismo periodo el número de enfermos dobló, siendo el sudeste asiático y el oeste del Pacífico donde se concentra un mayor número de diabéticos, 227 millones, más de la mitad del total mundial (422 millones).

Este incremento se ha dado con más rapidez en la última década entre los países con menos recursos, que en los países desarrollados.

Además del aumento y del envejecimiento de la población, la OMS señala que la principal razón asociada la extensión de la enfermedad es la acentuación del sobrepeso y la obesidad en la sociedad.

Concretamente, en 2014, casi uno de cada cuatro adultos tenía sobrepeso, y más de uno de cada diez sufría obesidad, además.

Las mujeres sufrieron sobrepeso y obesidad en mayor medida que los hombres, destaca el informe.

Según la OMS, la proporción de la población con obesidad y sobrepeso aumenta a medida que crece el nivel económico del país, ya que los países con altos y medianos ingresos cuentan con más del doble de obesos que los países con pocos recursos.

En este sentido, la región con mayor incidencia de obesidad según la organización mundial fue América, mientras que la más baja se dio en el sudeste asiático.

La OMS califica la diabetes como un serio peligro para la salud pública, ya que entre sus consecuencias se encuentra la ceguera, el fallo renal, las complicaciones cardiovasculares y la amputación de extremidades inferiores.

El consumo de café reduce el riesgo de cáncer colorrectal hasta en un 54%

Tomado de: www.larazon.es

Un estudio de la Universidad del Sur de California (USC), dado a conocer hoy, refleja que el consumo del café reduce hasta en un 50 % la probabilidad de desarrollar cáncer colorrectal.

De acuerdo a la investigación elaborada por el Centro Keck Medicine de esta universidad, el consumo diario de más de 2,5 raciones de café, sea regular o descafeinado, y sin importar el método de preparación, reduce hasta en un 54 % el riesgo de desarrollar este tipo de cáncer.

Asimismo, un consumo moderado de hasta dos tazas diarias de esta bebida, que después del agua es la más consumida en el mundo, está asociado a un 26 % de posibilidades de reducir un cáncer colorrectal.

"Aunque serían necesarios nuevos estudios para poder concluir que el café posee propiedades preventivas, esta investigación nos permite inferir que el café quizás protege contra posibles desarrollos de este tipo de cáncer", señaló a Efe Stephanie Schmit, investigadora principal de este estudio.

En esa línea, el director del Centro Keck Medicine, Stephen Gruber, destacó que aunque "las evidencias sugieren que sea el caso, necesitamos más investigaciones para poder abogar por el consumo del café como medida preventiva" contra este tipo de cáncer.

El grupo de investigadores se sorprendió con el hallazgo de que la cafeína no es el "único elemento" del café con propiedades de protección contra este tipo de cáncer, el tercero más diagnosticado en hombres y mujeres de Estados Unidos de acuerdo a la Sociedad Estadounidense de Cáncer (ACS).

"Hay muchas hipótesis de por qué el café es beneficioso y una de ellas se basaba en la cafeína, pero al parecer no es el caso y por tanto podían ser otros elementos como los polifenoles y melanoidinas", explicó la investigadora.

El estudio se enfocó solo en el café, y no en otras bebidas que también incluyen cafeína, y reflejó que los niveles de compuestos beneficiosos en cada ración pueden variar según el grano, el tostado y el método de preparación.

"La buena noticia es que los resultados revelan una reducción de los riesgos de desarrollar este tipo de cáncer, sin importar el sabor o tipo de café", manifestó Schmit.

Esta investigación, para la que se examinó a unas 5.100 personas que en los últimos seis meses fueron diagnosticadas con cáncer colorrectal, se desarrolló en el norte de Israel, aunque, de acuerdo a Schmit, los resultados "son extrapolables a otras poblaciones".

Para la muestra se incluyeron varios tipos de cafés que en la actualidad se consumen en el mundo y las conclusiones fueron en la misma línea de previas investigaciones científicas sobre las propiedades del café para combatir este y otros tipos de cáncer, como los que se desarrollan en el hígado o la próstata.

2 de abril de 2016

Dormir bien te ayuda a mantener la línea

Tomado de: www.larazon.es

Una caloría en una persona que no consigue un sueño reparador no tiene el mismo efecto que en otra que sí alcanza buena calidad al dormir, ha explicado a Efe el profesor del departamento de pediatría de la Universidad de Chicago (EEUU) y presidente de la Asociación Americana del Tórax, David Gozal.

En el marco del XXIV Congreso Anual de la Sociedad Española del Sueño (SES), que tiene lugar en Valladolid, el doctor Gozal ha detallado a Efe las conclusiones de una investigación realizada sobre el sueño y sus efectos.

"Para que un régimen alimentario tenga buenos resultados, es necesario optimizar todos los factores que se involucran en él y una de las partes más importantes es el sueño", ha subrayado.

El doctor ha precisado que el valor calórico cambia en función del sueño o en función del estado metabólico del organismo.

En este sentido, cuando una persona no ha dormido lo suficiente o ha tenido varias fragmentaciones del sueño en una noche, "suele comer más y, en consecuencia, engorda más" porque, además, su cuerpo percibe esas calorías de manera distinta.

Los experimentos realizados tanto en personas como en ratones sanos en la Universidad de Chicago han demostrado que al fragmentarse el sueño -por diversas causas- se observan perturbaciones en todo el sistema energético y en el cerebro; en todos los centros en los que se regula el metabolismo.
Aunque hay personas que dicen que les basta con dormir sólo cinco horas por día o, por el contrario, necesitan hasta 12, "eso es una tontería porque el 99 % de la humanidad debería dormir entre 7 y 12 horas de promedio" diario, según Gozal.

La infancia es la etapa donde hay que comenzar a trabajar; la directora de investigaciones clínicas y profesora de pediatría de la Universidad de Chicago, Leila Kheirandish-Gozal, ha manifestado: "Si el sueño se interrumpe o es de mala calidad, el metabolismo del niño se desregula".

Además, la razón por la que los niños tienen un peso mayor en proporción a la edad que tienen "es porque pasan mucho tiempo viendo la televisión, jugando con las videoconsolas o frente a un ordenador", ha añadido.

Los tres pilares básicos a los que hace referencia la experta para evitar este tipo de problemas son "seguir siempre una dieta saludable, realizar ejercicio y alcanzar un sueño de calidad".

David Gozal ha resaltado que la Medicina del Sueño debe estar presente en todas las disciplinas médicas y en la sociedad en general; "si no introducimos conocimiento a nivel público, será algo exótico, dado por pocos y que sólo ayudará a unos pocos", ha remarcado.

La pregunta a plantearse actualmente es: "¿Cuál es el futuro de la humanidad en la Medicina del Sueño?".

A modo de ejemplo, el doctor ha apuntado que si un cirujano opera a alguien que ha dormido bien y que va a dormir tras la intervención, su recuperación será también mejor.

Los frijoles y los garbanzos podrían ayudar a perder peso, según un estudio

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Los frijoles, los garbanzos, los guisantes y las lentejas son alimentos humildes que podrían ser muy útiles para perder peso, informan unos investigadores canadienses.

Un nuevo análisis de datos de 21 ensayos clínicos sobre estos alimentos (conocidos colectivamente como legumbres) descubre que pueden ayudar a los que siguen una dieta a sentirse llenos, y perder el peso que no desean.

"Aunque la pérdida de peso fue pequeña, nuestros hallazgos sugieren que simplemente incluir las legumbres en la dieta podría ayudarle a perder peso, y creemos que, más importante todavía, puede evitar que lo vuelva a ganar una vez lo haya perdido", dijo el autor principal del estudio, Russell de Souza, investigador del Hospital St. Michael de Toronto, en un comunicado de prensa del hospital.

Los hallazgos no sorprendieron a una experta.

"Este tipo de legumbres son algunos de los alimentos más infravalorados", dijo Dana Angelo White, nutricionista y profesora asistente de medicina deportiva en la Universidad de Quinnipiac, en Hamden, Connecticut.

"Están llenas de fibra, proteínas, vitaminas y minerales", indicó. "Tiene sentido que ayuden a perder peso y a reducir el colesterol si se comen con regularidad".

El equipo canadiense también indicó que las legumbres tienen un "índice glucémico bajo", lo que significa que se procesan lentamente en el tracto digestivo. Como tales, pueden ser consumidos en lugar de la proteína animal o las grasas no saludables en las comidas.

Los ensayos incluidos en el nuevo análisis incluyeron a un total de 940 adultos. Cuando los participantes empezaron a comer una porción (3/4 de una taza) de legumbres al día, perdieron un promedio de 0.75 libras (0.34 kilos) en 6 semanas sin hacer ningún esfuerzo especial para evitar otros tipos de alimentos, dijeron los investigadores.

Según el equipo de de Souza, la investigación anterior ha mostrado que comer frijoles, lentejas y otras legumbres hace que las personas se sientan más llenas.

Esa es la clave para perder peso: el 90 por ciento de los programas para perder peso fracasan, en parte por la influencia del hambre y las ansias por comer, según de Souza.

"Este nuevo estudio encaja bien con nuestro trabajo anterior, en el que encontramos que las legumbres aumentaron el sentimiento de saciedad en un 31 por ciento, lo que podría realmente resultar en una ingesta menor de comida", dijo.

Estos alimentos también parecen ayudar a reducir los niveles de colesterol LDL "malo", añadió.

Antonella Apicella, dietista de pacientes ambulatorios del Hospital Lenox Hill de la ciudad de Nueva York, afirmó que el estudio "respalda la idea de que los alimentos como los frijoles, las lentejas, los garbanzos y los guisantes secos podrían reducir la grasa corporal y podrían contribuir a la pérdida de peso, incluso si las calorías no estaban restringidas".

Se mostró de acuerdo en que las legumbres parecen ayudar a las personas a sentirse más saciadas antes, y la fibra que contienen estos alimentos "podría reducir la absorción de grasa".

Los hallazgos aparecen el 30 de marzo en la revista The American Journal of Clinical Nutrition.

Por qué mantener la costumbre de comer en familia?


Cuando se es padre, es importante educar a los hijos desde el ejemplo, donde la mesa familiar sea un valioso momento de encuentro y una oportunidad para fomentar la alimentación saludable y completa. Varios estudios demuestran que la mesa familiar mejora la comunicación entre los miembros, y el vínculo de padres e hijos. Por dicha razón, la probabilidad de desarrollar adicciones en la adolescencia disminuye y se fomentan los buenos hábitos alimentarios.

Para ello, es necesario que los más chicos comprendan que su casa no es un restaurante donde cada uno puede comer lo que le guste, y que, por el contrario, debe comer lo que haya y sea lo más nutritivo para su correcto desarrollo.

Una gran idea es dejar que los niños participen en las decisiones alimentarias, siempre educándolos en lo que es adecuado y lo que no. Puede hacerse la lista de las compras en conjunto, ir al supermercado con ellos, dejarlos elegir una nueva fruta o verdura, permitirles participar en la elaboración de la comida.

Se sabe que el consumo de frutas y verduras en niños y adolescentes es bajo, y estimular su consumo, así como el de cereales integrales, granos y frutos secos, es una forma de aumentar la ingesta de fibra, lo cual se asocia a un menor riesgo de padecer enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, obesidad, cáncer y enfermedades cardiovasculares.

La obesidad infantil es uno de los mayores problemas de salud pública del siglo XXI. Los niños obesos tienen mayor probabilidad de padecer enfermedades no transmisibles a edades más tempranas. El sobrepeso, la obesidad y las enfermedades asociadas son prevenibles. Y por eso es vital implantar buenos hábitos de vida desde la niñez. Una alimentación variada, completa, que incluya todos los grupos de alimentos, y el estímulo de la actividad física, son pasos esenciales para fomentar una vida saludable.

Es importante que los padres tengan la convicción y la perseverancia para instalar hábitos perdurables en el tiempo y que recuerden que los niños copian modelos, en casa y en la escuela, y solo incorporarán estos hábitos si ven que sus referentes también lo hacen.

Un freno a la obesidad infantil

Por ISABEL MEGÍAS / Tomado de: www.consumer.es

La obesidad es un problema grave de salud pública que crece de manera más alarmante en los países de ingreso medio-bajo. Allí, la tasa de aumento es un 30% mayor que en los países desarrollados. Por esta razón -y porque los niños son uno de los sectores más vulnerables de la población-, la Organización Mundial de la Salud (OMS) creó una comisión en 2014 con el cometido de revisar y elaborar estrategias para el control de la obesidad infantil. Durante estos dos últimos años, la ECHO (Commission on Ending Childhood Obesity) ha desarrollado una serie de recomendaciones que hace poco ha publicado en forma de informe final. Su objetivo es frenar la elevada tasa de obesidad y sobrepeso infantil alrededor del mundo. En este artículo se listan las recomendaciones de la OMS y las líneas de acción contra la obesidad en los más pequeños.

Obesidad infantil: un desafío actual y un problema de futuro

El exceso de peso y grasa corporal que supone la obesidad genera consecuencias en la salud de los pequeños. Los niños obesos tienen un elevado riesgo de presentar obesidad en la edad adulta y son más propensos, por tanto, a acabar desarrollando todos los problemas de salud relacionados con la obesidad: enfermedades cardiovasculares, resistencia a la insulina y diabetes, trastornos músculo-esqueléticos, algunos tipos de cáncer o limitaciones físicas al realizar ciertos esfuerzos físicos, entre otras.

En el origen de la obesidad y el sobrepeso se sitúa el desequilibrio energético que ocurre entre las calorías consumidas y las calorías gastadas. Este desequilibrio se produce por un aumento de la ingesta de alimentos ricos en energía y una disminución de la actividad física (mayor sedentarismo, mayor urbanización, etc.). En el caso de la obesidad infantil, la elección de alimentos que padres e hijos puedan llevar a cabo es un factor clave del exceso de peso corporal. La falta de información sobre el contenido nutricional de los alimentos y la baja disponibilidad y asequibilidad de alimentos saludables contribuyen al problema, además de las campañas publicitarias agresivas de alimentos ricos en energía. Todo esto pasa en un mundo cada vez más urbanizado y digital que ofrece menos oportunidades para la actividad física a través del juego saludable.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2013 alrededor de 42 millones de niños padecían sobrepeso u obesidad. Si la tendencia actual continúa, en 2025 serán 70 millones los que sufrirán sobrepeso u obesidad, una perspectiva realmente alarmante. Así pues, es de vital importancia impulsar estrategias de prevención de la obesidad infantil para frenar este aumento en su incidencia. Las estrategias pasan por desarrollar políticas que fomenten las opciones más saludables a nivel de alimentación y práctica de actividad física, de manera que padres e hijos tengan la máxima facilidad para escoger siempre estas opciones de salud, que deben ser accesibles, disponibles y asequibles para la población. Estas políticas deben centrarse en el entorno habitual de los menores, tales como las escuelas y la comunidad.

Recomendaciones de la OMS para el control de la obesidad infantil

En el caso de bebés y niños pequeños, la OMS recomienda las siguientes pautas:
  • el inicio temprano de la lactancia materna en la primera hora después del nacimiento.
  • la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida.
  • la incorporación de alimentos nutricionalmente adecuados y seguros a los seis meses de edad, manteniendo la lactancia materna hasta los dos años de edad o más.
Para niños y adolescentes en edad escolar, la OMS aconseja lo siguiente:
  • limitar el consumo de energía procedente de las grasas y azúcares.
  • aumentar la ingesta de frutas y verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos.
  • llevar una actividad física regular (60 minutos al día).
Asimismo, la OMS destaca el papel significativo que la industria alimentaria puede desempeñar para mejorar las tasas de obesidad infantil. Las siguientes son algunas de las medidas que la industria puede implementar:
  • reducir la grasa, el azúcar y la sal de los alimentos procesados.
  • asegurar que las opciones saludables y nutritivas están disponibles y son asequibles para los consumidores.
  • realizar una práctica de marketing responsable, en especial cuando va dirigido a niños y adolescentes.
Seis líneas de acción contra la obesidad en los niños

La OMS expone que ninguna única intervención puede detener el aumento de la creciente epidemia de obesidad, de manera que se requiere atacar al ambiente obesogénico en el que vivimos y también hacer frente a elementos críticos en el ciclo de vida. Por ello, esta institución internacional organiza sus recomendaciones en seis áreas de actuación:

1. Promoción de la ingesta de alimentos saludables.
2. Fomento de la actividad física.
3. Cuidados en la preconcepción y durante el embarazo.
4. Dieta y actividad física en la primera infancia.
5. Salud, nutrición y actividad física para niños en edad escolar.
6. Control de peso.

Con estos seis ejes de actuación, el informe desarrolla propuestas y planes, tales como la puesta en marcha de programas que favorezcan un consumo de alimentos saludables que promuevan la actividad física y reduzcan el sedentarismo. Lo interesante de esta nueva proposición es que aboga por implicar a varios sectores de la población para conseguir la implementación de todas estas recomendaciones. De este modo, "reparte" acciones y responsabilidades entre la propia OMS, las organizaciones internacionales, los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales, el sector privado, las fundaciones filantrópicas y las instituciones académicas. Solo mediante la implicación conjunta de todos estos actores se podrá frenar el avance de la obesidad infantil.