28 de mayo de 2016

Vivir de forma saludable podría reducir drásticamente las muertes por el cáncer

Tomado de: www.nlm.nih.gov

La mayoría de muertes por cáncer entre los estadounidenses blancos podrían prevenirse mediante cuatro cambios saludables en el estilo de vida, según estima un nuevo estudio de gran tamaño.

Los investigadores dijeron que si los hombres blancos en Estados Unidos no fumaran, mantuvieran un peso saludable, hicieran ejercicio con regularidad y solo bebieran alcohol de forma moderada (si es que beben algo), podrían prevenirse aproximadamente dos tercios de las muertes por cáncer.

Si las mujeres blancas en Estados Unidos hicieran lo mismo, más de la mitad de sus muertes por cáncer se podrían evitar, reportaron los investigadores.

Aunque el estudio se limitó a las personas blancas, los expertos afirmaron que se podrían esperar unos resultados similares en otros grupos raciales y étnicos.

El "mensaje sencillo" es que un estilo de vida saludable es importante, dijo el Dr. Mingyang Song, becario investigador en la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, que trabajó en el estudio.

Eso podría sonar obvio, pero los efectos del estilo de vida y el ambiente sobre el riesgo de cáncer se habían cuestionado recientemente. Song indicó un estudio publicado el año pasado en la revista Science. Dicho estudio propuso que la "mala suerte" tiene un papel importante en el cáncer.

La teoría es la siguiente: Ciertos tejidos corporales, como el del colon, tienen una tasa alta de reemplazo en su población de células madre. Eso hace que el tejido sea más vulnerable a las "mutaciones aleatorias" que llevan al cáncer. Esa mala suerte, a su vez, explica en gran medida por qué algunos tejidos del cuerpo humano tienen tasas altas de cáncer.

Algunos informes en los medios de comunicación en ese momento mostraron un panorama negro, según el Dr. Graham Colditz, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis.

"Implicaban que a uno solamente le queda levantar la manos, porque el cáncer se debe a la suerte", dijo Colditz, que escribió un editorial publicado con el estudio.

Estos últimos hallazgos, dijo, respaldan la idea que muchos estudios pasados han mostrado. "Todo no es suerte o casualidad", dijo Colditz. "Esto confirma claramente que muchos cánceres son prevenibles".

El estudio de Song y sus colaboradores se publicó en línea el 19 de mayo en la revista JAMA Oncology.

Los resultados se basan en 136,000 profesionales de la salud en EE. UU. a los que se había dado seguimiento desde los 80. El equipo de Song los dividió en dos grupos: uno grupo al que consideraban que tenía un "riesgo bajo" de cáncer, en función de los cuatro factores del estilo de vida; y un grupo con un riesgo más alto.

Las personas del grupo del riesgo bajo tenían un peso normal o un ligero sobrepeso; nunca habían sido fumadoras; se abstenían de beber alcohol o bebían de forma moderada (no más de una bebida al día para las mujeres o dos al día para los hombres), y realizaban al menos 2.5 horas de ejercicio moderado cada semana.

A lo largo de los años, los del grupo de bajo riesgo sufrieron menos cánceres. Si los del grupo con el riesgo más alto hubieran seguido los mismos hábitos del estilo de vida, los investigadores estimaron que entre un cuarto y un tercio de los cánceres se podrían haber evitado.

Y casi la mitad de sus muertes a causa del cáncer podrían haberse evitado, indicó el informe.

Pero dado que el grupo de estudio consistió en profesionales de la salud, en realidad tenían hábitos más saludables que el estadounidense promedio, según Song.

Así que los investigadores usaron las estadísticas del cáncer federales para observar qué podría ocurrir si todos los adultos blancos cumplieran los mismos estándares del estilo de vida.

Los investigadores estimaron que aproximadamente la mitad de los diagnósticos de cáncer podrían evitarse, junto con el 67 por ciento de las muertes en los hombres y el 59 por ciento en las mujeres.

Los cánceres de pulmón, de garganta, de riñón, de hígado, de vejiga, de colon y de páncreas mostrarían reducciones significativas, indicaron los investigadores.

El estudio solamente usó datos de estadounidenses blancos. Sin embargo, se podría esperar ver el mismo patrón (si no las mismas cifras) en otros grupos raciales y étnicos, según el Dr. Farhad Islami Gomeshtapeh, de la Sociedad Americana Contra El Cáncer (American Cancer Society).

Al final, las cifras exactas del estudio no son lo importante, porque son estimaciones, dijo Gomeshtapeh, que no participó en el estudio.

"Lo principal es que esto confirma la importancia de los factores ambientales en el riesgo de cáncer", dijo.

Y aunque el estudio se centró en cuatro factores importantes, hay otros, dijo Gomeshtapeh. Las personas también pueden reducir su riesgo de cáncer comiendo de forma saludable, evitando tomar demasiado el sol, y vacunándose contra el virus del papiloma humano y la hepatitis B, por ejemplo.

Más allá de eso, dijo Gomeshtapeh, pueden reducir su riesgo de fallecer de cáncer si realizan las pruebas de evaluación recomendadas.

Colditz dijo lo mismo. Pero también enfatizó que muchos estadounidenses necesitan ayuda para hacer cambios saludables. Las personas no pueden hacer mucho si los alimentos saludables son demasiado caros o no hay lugares seguros en los que hacer ejercicio, o no se puede encontrar ayuda para dejar de fumar, indicó.

"Tenemos que hacer que la prevención del cáncer sea una prioridad nacional", dijo Colditz. "Solamente con decir a las personas que sigan un estilo de vida saludable no es suficiente".

Legumbres: La falsa creencia de que engordan desploma su consumo

Tomado de: www.larazon.es

Una ración aporta sólo 200 calorías, contiene menos grasa que una cucharada de aceite de oliva y, en algunos casos, la cantidad de proteínas supera a la carne. Sin embargo, la falta de tiempo para cocinarlas, su relación con comidas hipercalóricas y la producción de efectos intestinales indeseables han reducido su ingesta a menos de la mitad de lo recomendado

La legumbre protagoniza algunos de los platos que gozan de mayor popularidad en la gastronomía mediterránea. En los años 60 llegaron a consumirse a diario, pero en la actualidad los pucheros han quedado en el olvido de las dietas actuales. En este sentido, y según datos del Estudio Nacional de Nutrición y Alimentación (ENNA-1), desde la década de 1960 hasta la actualidad el consumo de legumbres en España ha caído un 50 por ciento. «Mientras que antes este alimento se consumía casi a diario, el estudio concluye que actualmente sólo se come una vez a la semana, una tendencia que consideramos preocupante», explica el doctor José Luis Palma, vicepresidente de la Fundación Española del Corazón (FEC).

En este contexto, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha proclamado el año 2016 como el Año Internacional de las Legumbres, una iniciativa a la que se ha sumado la FEC, y que cuenta con un doble objetivo: por una parte, concienciar a la población sobre las ventajas nutricionales de este alimento para mejorar la salud de la población, y por otra, promocionar su cultivo y su consumo. Tal y como cuenta Palma, «las propiedades de las legumbres son altamente beneficiosas no sólo para la salud cardiovascular, sino también para prevenir otras patologías como el cáncer o la diabetes. Además, su consumo en cualquier mes del año, así como su fácil conservación y cultivo, contribuyen favorablemente a su consumición».

Sin fundamento

Numerosos factores se han relacionado con la reducción paulatina en el consumo de las legumbres, destacando: falta de tiempo para su cocinado, connotaciones culturales negativas al identificarse con una comida de clases sociales bajas, el relacionarse con comidas hipercalóricas por su modo habitual de elaboración (guisadas con derivados cárnicos grasos), producción de efectos intestinales indeseables (flatulencia, digestiones pesadas, etc.). «Las legumbres aportan, aproximadamente, unas 200 calorías por plato cocinado, es decir, si se sirviesen solas supondrían una décima parte de las necesidades energéticas de referencia para un adulto. Las legumbres apenas contienen grasas, un plato cocinado de legumbres contiene menos grasa que una cucharada de aceite de oliva. Además, su composición es fundamentalmente a expensas de grasas insaturadas, cuyo consumo se ha asociado a múltiples beneficios para la salud», explica el doctor Jesús Moreno, miembro del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). Antes que echar la culpa a las legumbres, habría que analizar los alimentos con que se acompañan. En este sentido, Mar Navarro López, presidenta del Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de Castilla-La Mancha y dietista-nutricionista del Hospital General de Villarrobledo (Albacete), sostiene que «popularmente se dice que las legumbres engordan; el aporte calórico medio de una ración de legumbres (160 gramos cocidas) es similar al de un plato de arroz o patata, lo que realmente suele aportar más calorías son los alimentos que, las suelen acompañar, chorizo, morcilla, panceta.... Analizar los alimentos sólo por las calorías que aportan es un error, habría que destacar que las legumbres son un alimento de gran valor nutricional y que según la forma de cocinarlas aportarán más o menos kcal a nuestra dieta. Una opción muy saludable es prepararlas en ensalada (ensalada de alubias blancas con perdiz), o cocinarlas con verduras (garbanzos con acelgas) y carnes poco grasas (habas salteadas con jamón), o pescados (fabes con almejas)».

Como características más destacables del valor nutricional de las legumbres, Navarro sostiene que, «el alto aporte de hidratos de carbono que oscila entre el 26 por ciento de la soja y el 60 por ciento en las habas. Además, su elevado aporte de fibra facilita la movilidad intestinal y evita el estreñimiento, aunque también favorece la flatulencia. La cantidad de proteínas que proporcionan las legumbres supera, en algunos casos, incluso a la de la carne, aunque su calidad es inferior (excepto la soja), pero hay una solución para mejorarla: combinar las legumbres con cereales como el arroz, el cuscús o la pasta, lo que hace que el plato aporte proteínas tan completas como las de carne, pescado o los huevos. Algunos ejemplos son: lentejas o garbanzos con arroz, sopa con garbanzos o pasta con guisantes. Su contenido en lípidos o grasa es bajo. Poseen pocas grasas saturadas y presentan un alto contenido en ácidos grasos considerados saludables».

Aliadas de la báscula

Por tanto, un plato de legumbres no sólo cuida la salud, sino tambíén la línea. «Resultan muy recomendables en los tratamientos de obesidad, ya que son alimentos saciantes (lo que ayuda a evitar picoteos) y que cocinados con alimentos poco grasos y consumidos en una cantidad moderada pueden ayudar a mantener un peso saludable», recuerda López.

Diabéticos y personas con estreñimiento también se benefician de su consumo. «Las legumbres tienen un bajo índice glucémico, por ello, son recomendables para los diabéticos ya que contribuyen a mantener los niveles de azúcar en sangre más estables. También, gracias a su contenido en fibra, son un aliado perfecto para combatir el estreñimiento y conservar la buena salud del intestino. Su consumo habitual favorece el buen tránsito intestinal y previene la aparición de cáncer colorrectal», añade la experta. En este sentido, el especialista de la SEEN matiza que «cualquier recomendación para incrementar el consumo de fibra en la dieta debería incluir la ingesta regular de legumbres (50 gramos de garbanzos en seco –una ración– contienen 7 gramos de fibra, mientras que un kiwi de 100 gramos contiene 3,2 gramos». Al corazón también le gustan las legumbres. Una investigación reveló que cuatro raciones semanales de 100 gramos de legumbres reducen en un 14 por ciento el riesgo de sufrir cardiopatía isquémica (infarto de angina o de pecho).
En cuanto a la presencia de vitaminas y minerales, López aclara que «son buenas fuentes de vitaminas del complejo B. En cuanto a los minerales presentan un alto contenido en calcio, hierro, fósforo y zinc (aunque la biodisponibilidad o aprovechamiento de estos minerales por el organismo es inferior a la procedente de alimentos de origen animal). En el caso del hierro la absorción se mejora acompañando las legumbres con alimentos ricos en vitamina C como los tomates».

Propiedades

-Bajo contenido en grasas (a excepción de la soja, los cacahuetes y los altramuces)
-Hidratos de carbono de lenta absorción (en torno al 55%) y por tanto, de bajo índice glucémico
- Fibra (11-25% de su contenido) que ayuda a controlar el colesterol –puesto que impide la absorción de las grasas saturadas–, mejora el tránsito intestinal y además previene la absorción excesiva de hidratos de carbono
-Antioxidantes (polifenoles, fitoesteroles o isoflavonas) que protegen el endotelio y por tanto, previenen las enfermedades cardiovasculares
-Ricas en proteínas (17-25% de la composición total)
-Micronutrientes, minerales (calcio, hierro y magnesio) y vitaminas del grupo B que ayudan a regular el metabolismo interno

Variedades

-Guisante verde: aporta gran cantidad de vitamina C y hierro. Es un alimento adecuado para las mujeres con ferropénica (disminución de hierro en el organismo)
-Lentejas: contienen proteínas ricas en aminoácidos esenciales. Combinadas con el arroz, se complementan constituyendo un alimento básico para los vegetarianos, ya que sustituyen a la carne, la leche o los huevos
-Garbanzos: contienen tanto calcio como el queso y sus proteínas son las de más alto nivel nutritivo
-Soja: contiene una variedad de proteínas muy completa y presenta unas sustancias llamadas fitoestrógenos que actúan como antioxidantes y que son capaces de regular los niveles hormonales de las mujeres
-Habas: tienen un alto contenido en vitamina C, así como carbohidratos

Cómo cocinarlas para evitar la flatulencia

-Bicarbonato. Existe una práctica muy común para cocinar las legumbres que es añadir bicarbonato al agua de remojo o la de cocción. Con este sencillo «truco» se disminuye el tiempo de cocinado porque se acelera el reblandecimiento, además de las posibles flatulencias que se producen al ingerirlos.
-Agua caliente Vs. fría. Otra opción es «escaldarlas», o sea, añadir agua fría al agua hirviendo durante la cocción. También se facilita la digestión y se reduce la acumulación de gases si al agua se le añaden comino, anises o hinojo.
-Puré. Si las legumbres se tomán en puré, resultan más ligeras desde el punto de vista digestivo. Se hacen menos pesadas y se disminuye la flatulencia.

Lo que los médicos no están comunicando a los adultos jóvenes obesos

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Muchos adultos jóvenes con obesidad en Estados Unidos no saben que tienen un riesgo más alto de sufrir una enfermedad renal, reportan unos investigadores.

"Aunque la enfermedad renal crónica se manifiesta normalmente en las personas mayores, la enfermedad puede empezar mucho antes, pero a menudo no se reconoce pronto", comentó la líder del estudio, la Dra. Michal Melamed, profesora asociada de medicina en el Colegio de Medicina Albert Einstein, en la ciudad de Nueva York.

El equipo de Melamed analizó los datos de casi 7,000 adultos de 20 a 40 años de edad en todo Estados Unidos. Los investigadores hallaron que el 11 por ciento de los estadounidenses de origen mexicano obesos y aproximadamente el 6 por ciento de los blancos y negros obesos tenían unos niveles elevados de la proteína albúmina en la orina.

Esta afección, llamada albuminuria, es una señal de que los riñones no están funcionando con normalidad. Pone en un riesgo más alto de enfermedad renal crónica, afirmaron los investigadores.

A menos del 5 por ciento de los adultos jóvenes con albuminuria les habían comunicado que tenían una enfermedad renal, según los hallazgos publicados en línea el 25 de mayo en la revista PLoS One.

"Claramente, los profesionales clínicos y las autoridades de salud pública deben hacer más para identificar y tratar a las personas jóvenes en riesgo de sufrir una enfermedad renal progresiva temprana, a fin de que puedan realizar los cambios conductuales para evitar que se desarrolle [una enfermedad renal]", dijo Melamed en un comunicado de prensa del Albert Einstein.

Aproximadamente un tercio de los estadounidenses están en riesgo de enfermedad renal crónica durante su vida, normalmente cuando son mayores.

"Dado que las opciones de tratamiento de [la enfermedad renal crónica] son limitadas, la prevención es el mejor método para los que están en riesgo", añadió Melamed. "Si los adultos jóvenes llevan un estilo de vida más saludable, eso será muy beneficioso para promover la salud de los riñones más adelante en la vida".

Las investigaciones previas han sugerido que la obesidad abdominal podría dañar la función renal antes que la hipertensión y la diabetes, las cuales se asocian con la obesidad. La obesidad abdominal se define como tener una circunferencia de la cintura de 35 pulgadas (89 cm) o más para las mujeres no embarazadas y de 40 pulgadas (101.5 cm) o más para los hombres, según el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de EE. UU.

21 de mayo de 2016

Por qué unas comidas agradables podrían ser clave en la atención del Alzheimer

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Hacer que las comidas sean más agradables para las personas con demencia podría reducir su riesgo de desnutrición y deshidratación, informan unos investigadores.

Las comidas de estilo familiar y la música, en particular, se mostraron promisorias para mejorar los hábitos de consumo de alimentos y líquidos, encontraron los investigadores británicos.

"Es probable que lo importante para el bienestar nutricional y la calidad de vida de las personas con demencia no sea solo lo que comen y beben, sino una mezcla integral de dónde comen y beben, la atmósfera, el respaldo físico y social que se ofrece, la comprensión de los cuidadores formales, y los niveles de actividad física de los que se disfruta", planteó la investigadora líder, Lee Hooper, de la Universidad de East Anglia.

Los investigadores evaluaron varias formas de mejorar la ingesta de alimentos y líquidos en más de 2,200 personas con demencia.

"El riesgo de deshidratación y desnutrición es más alto en las personas mayores, pero incluso más alto en las que sufren de demencia", apuntó Hooper en un comunicado de prensa del hospital.

Comprender cómo ayudar a las personas a comer y beber bien es muy importante para respaldar la salud y la calidad de vida de las personas con demencia, explicó.

"Encontramos varias intervenciones promisorias, entre ellas comer junto con los cuidadores, hacer comidas al estilo familiar, facilitar la interacción social durante las comidas, unas comidas más largas, reproducir música suave durante las comidas, realizar ejercicios multisensoriales y ofrecer refrigerios que siempre estén accesibles", comentó Hooper.

Proveer educación y respaldo para los cuidadores tanto formales como informales también pareció ser útil, añadió.

Pero se necesita más investigación para precisar los métodos más efectivos, dijo.

El estudio aparece en una edición reciente de la revista BioMed Central Geriatrics.

Contar calorías solo sirve para distraer

Por AITOR SÁNCHEZ GARCÍA / Tomado de: www.consumer.es

"La vida no está hecha para contar calorías", dice un anuncio de un producto alimentario, cuya composición, en su mayoría, es simple agua. Este es un claro ejemplo de dónde se ha centrado el mensaje publicitario durante años: alrededor de la energía y de las calorías, dejando en un segundo plano la calidad del producto. Parece, por tanto, que importa más la declaración nutricional "light" que los ingredientes que componen el producto. Este enfoque nos aleja de la salud y nos obsesiona con la comida. A continuación, se explica por qué no tiene sentido contar calorías y hasta qué punto es importante cambiar el entorno para rodearse de comida sana.

¿Tiene sentido contar calorías?

Contarlas no. Considerarlas sí. Este matiz tiene su explicación: considerar las calorías de un alimento es imprescindible, ya que un exceso de consumo de energía es el que conduce a que las personas estén predispuestas a almacenar esa energía y favorece, por tanto, la posibilidad de tener sobrepeso u obesidad.

Sin embargo, contarlas es diferente. A día de hoy, es casi imposible:
  • estimar con acierto qué cantidad de nutrientes y energía tiene un alimento para hacer una referencia.
  • conocer cuánto se parece el alimento que se come a ese que una vez se analizó.
  • saber cuánto aprovecha el cuerpo.
  • conocer cómo responde el organismo ante ello.
La reflexión pertinente a esto cabe en una pregunta: ¿es necesario saberlo? Por fortuna no, porque para eso hay en el cuerpo un "termostato" de la energía que regula cuánto se debe consumir. El termostato se llama apetito.

¿Consumir conforme a nuestro apetito es posible?

Suena bien, suena idílico. Pero es irreal en un mundo obesogénico como el actual. Esta pauta podría funcionar en otro ambiente, pero, en la actualidad, desde que uno se levanta de la cama está sujeto a numerosos estímulos que le hacen comer demasiado (anuncios, excesiva disponibilidad de alimentos, innumerables puntos de adquisición...). Por si fuera poco, los alimentos a los que se accede por lo general son de baja calidad nutricional, con materias primas baratas, duraderas y muy palatables.

Cuando se toma un exceso de componentes que enmascaran el sabor natural, es normal que luego la comida convencional no sepa tan bien. Se trata de grasas hidrogenadas, exceso de sal, azúcar y algunos aditivos que modifican los umbrales de sabor.

Considerar solo las calorías: un modelo fracasado

Y se pensó: "Como un exceso de calorías engorda, comer alimentos ricos en calorías engordará". Es una ilación simplista y una conclusión tomada demasiado a la ligera. Plantear el tema en esos términos es una triangulación de información que no se traduce a la realidad.
  • Si los alimentos ricos en calorías engordaran, las dietas bajas en grasa serían una opción genial para adelgazar, y ya se ha visto que no lo son.
  • Si los alimentos ricos en calorías engordaran, los lácteos desnatados serían mejor que los enteros -y no lo son-; y los frutos secos engordarían, pero ya se observó que no lo hacen.
Las personas no habitamos en una jaula como las ratas de los estudios, sino que estamos en un ambiente vivo, una sociedad. Eso hace que tengamos que considerar y planificar otras muchas variables como las siguientes: ¿Me dará el hambre cuando esté en el trabajo? ¿Tendré tiempo para cocinar en casa si llego hambriento? ¿Qué tengo para picotear mientras preparo la comida? ¿Habrá una opción saludable mientras viajo en tren?

Cambia tu entorno, rodéate de comida (sana)

De nada sirve comprar una barrita de 99 calorías en el metro, si al llegar a casa se comerá pasta con tomate. ¿Cómo amortiguar todo este compendio de situaciones? Facilitando un entorno saludable que permita comer sano en ese ambiente.

Es preciso rodearse de alimentos saludables, que sean materias primas sin procesar. Es entonces cuando, comiendo a voluntad, sí que es útil el apetito como guía de las necesidades energéticas, porque así se considera otro aspecto muy importante: la saciedad. Barritas con calorías contadas, helados bajos en calorías, snacks de arroz con aire... son grandes ejemplos de cómo introducir al cuerpo pocas calorías, pero poco interesantes a nivel nutricional y, sobre todo, poco saciantes. Snack light para hoy, hambre para dentro de un rato.

¿Comes bien cuando sales de casa? Cuatro consejos para asegurarte

Por ISABEL MEGÍAS / Tomado de: www.consumer.es

Por placer o por trabajo, muchas personas hacen alguna de las comidas fuera de casa, bien sea el desayuno, la comida o la cena. Comer fuera suele suponer un disfrute, puesto que con frecuencia se aprovecha la ocasión para ingerir algún alimento especial, de consumo esporádico, o algún plato o receta que resulte más atractivo. Pero ¿las elecciones alimentarias que se realizan son las adecuadas? Comer fuera de casa debería resultar un placer, pero no por ello debería excederse en cantidades o en cierto tipo de alimentos. ¿Qué estrategias se pueden implementar para disfrutar pero no extralimitarse? A continuación se enumeran cuatro.

1. Observa la frecuencia

En primer lugar, es importante observar cada cuánto se come fuera de casa. Así pues, si se habla de una frecuencia de consumo semanal, se intentará potenciar al máximo el equilibrio dietético y no excederse en grasas o con un aporte calórico desmesurado; mientras que si se trata de comidas esporádicas (como una celebración familiar), la permisividad puede ser mayor. Si se advierte que comer fuera influye de manera negativa en las elecciones alimentarias, es mejor plantearse realizar solo comidas esporádicas o prevenir y llevarse la comida preparada de casa (en un táper), en caso de que fuera por motivos laborales.

2. Aprovecha las comidas fuera para enriquecer tu alimentación

Toda persona conoce cuáles son los déficits cualitativos más importantes de su dieta o, por lo menos, lo sospecha. Más de uno, si tiene en cuenta los objetivos nutricionales actuales, podría reconocer entre los siguientes algunos de ellos:
  • Dieta pobre en fruta.
  • Dieta pobre en hortalizas y verduras.
  • Dieta pobre en frutos secos y legumbres.
  • Dieta pobre en pescado.
  • Dieta pobre en pescado azul.
  • Dieta con excesiva proteína de origen cárnico (carnes y derivados).
  • Dieta con excesiva bollería.
  • Dieta rica en azúcares.
¿Por qué no convertir estas salidas a comer, cenar o desayunar fuera de casa en una buena ocasión para enriquecer la alimentación? Se puede aprovechar para escoger platos con fruta, verdura, legumbres, frutos secos y pescado de manera gustosa. La idea es seleccionar alguna verdura u hortaliza en el menú de la comida o cena y alguna fruta para el postre. Para los desayunos, es mejor evitar la bollería industrial y degustar frutas frescas, frutos secos y pan fresco de diversos cereales.

3. Asegura el equilibrio alimentario

Al asegurarse el equilibrio alimentario de las comidas, las cenas y los desayunos, a la vez se controlará el aporte calórico de estas comidas y también el equilibrio entre los distintos nutrientes que debe prevalecer en ellas. Si uno se asegura el equilibrio dietético, será difícil excederse en calorías, a no ser que se realice una ingesta elevada de bebidas azucaradas o alcohólicas.

El desayuno equilibrado será aquel que aporte un lácteo (yogur, queso o leche), un farináceo (pan o tostadas, si es posible integrales) y una fruta, si bien puede contener también algún alimento proteico. El consejo es combinar estos alimentos según el tipo de establecimiento en el que se desayune (bar, horno-panadería, etc.) y evitar la bollería y las galletas preferentemente. Ejemplos de desayunos saludables serían un café con leche con bocadillo de queso y macedonia de fruta; o yogur con cereales, frutos secos y kiwi. Así se conseguirán desayunos ricos en fibra, vitaminas y minerales y con un bajo contenido en grasas y azúcares.

Para la comida y la cena, el equilibrio dietético vendrá por incluir en cada ocasión una ración de verduras u hortalizas (ensaladas o verduras cocidas o frescas), de farináceos (cereales, legumbres o patatas), proteicos (carne, pescado o huevos en cantidades moderadas) y de fruta. De nuevo, la recomendación es combinar estos alimentos según la disponibilidad del local al que se acuda -y las preferencias personales-. Un buen aliciente para ello es recordar que no siempre se encontrarán ensaladas más gustosas, legumbres más bien cocinadas y fruta más fresca y bien preparada para disfrutar que en un restaurante. Al optar por estas selecciones, se lograrán comidas y cenas ricas en fibra y con un contenido moderado en proteínas, ricas en compuestos fitoquímicos y bajas en grasas de origen animal.

4. La calidad importa

Otro de los grandes placeres cuando se sale a comer fuera de casa es el de poder deleitarse con alimentos de proximidad y de temporada, lo cual ensalzará los aspectos organolépticos de los alimentos y realzará sus cualidades nutricionales. Así pues, es interesante aprovechar estas ocasiones para disfrutar de la gastronomía propia de la región, de sus alimentos más cercanos (pescado y marisco en la costa, verduras y hortalizas propias de la zona, fruta de temporada, etc.) y de sus preparaciones típicas.

14 de mayo de 2016

Los probióticos no son necesarios si estás sano

Tomado de: www.larazon.es

Una de esas palabras que de vez en cuando se ponen de moda en el mundo de la alimentación, saltan a los medios de comunicación e inundan las campañas publicitarias de una generación es «probiótico». ¿Quién no la ha oído alguna vez? Es más, ¿quién no ha consumido algún alimento probiótico seguro de los grandes beneficios que aportan a la salud? Si aún no ha caído en la cuenta, lo explicaremos mejor: un alimento probiótico es un producto al que se han añadido microorganismos vivos que continúan su actividad biológica en el intestino. El kéfir, los productos lácteos con lactobacillus como el L. casei, los yogures enriquecidos con fructooligoscáridos, el bífidus activo. Todos ellos forman parte de la etiqueta de los probióticos más comunes.

La existencia de estos productos y su popularidad se basan en los más recientes conocimientos adquiridos por la ciencia sobre la microbiota que habita en nuestro aparato digestivo. Allí, anidan cientos de miles de microbios que cumplen infinidad de funciones imprescindibles para nuestro bienestar: la fermentación de alimentos, la descomposición de fibras, la síntesis de vitaminas y aminoácidos, la prevención de la entrada de patógenos, la modulación del sistema inmunitario, la regulación de ciertas hormonas e incluso la actividad cerebral. La sala de máquinas del cuerpo entero depende de esta legión de esforzados micro-obreros.

Tal es su importancia que ha proliferado la idea de que debemos ayudar a esos microorganismos intestinales a realizar su trabajo correctamente mediante el suministro de compañeros externos. De ahí surge la fama de los alimentos probióticos. Pero lo cierto es que la función de estos complementos alimentarios en pacientes sanos no ha sido muy bien esclarecida por la ciencia. ¿Realmente sirven para algo?

En personas con algún tipo de patología se ha demostrado su eficacia. Muchos desórdenes gastrointestinales y metabólicos se benefician claramente si se consume una dieta rica en probióticos. Pero los beneficios para un ser humano sano no están del todo claros.

Por eso, un equipo de científicos de la Fundación Novo Nordisk para el Estudio del Metabolismo en la Universidad de Copenhage (Dinamarca) ha realizado un exhaustivo estudio sobre las evidencias clínicas que hay al respecto a día de hoy. Y sus resultados fueron publicados ayer en la revista científica «Genome Medicine». Por cierto, que no son nada prometedores.

La conclusión obtenida después de revisar siete investigaciones independientes sobre la materia que implicaron a cientos de personas sanas de entre 19 y 88 años de edad es que no existe evidencia suficiente para determinar que el consumo de probióticos en adultos sanos ofrezca mejoras significativas en su estado de salud.

Los estudios analizaron la microbiota fecal de estos adultos para determinar el número de especies de microorganismos prevalentes, la distribución de las especies más comunes y cómo cambiaban estos valores después de ingerir sistemáticamente este tipo de alimentos enriquecidos en comparación con los valores de otros pacientes que sólo consumieron placebos. De los siete estudios con voluntarios analizados, sólo uno desveló cambios significativos en la microfauna y microflora del intestino. En otras palabras, no existe fundamento científico suficiente para decir que el consumo de probióticos es beneficioso en cualquier caso.

A pesar de ello, sí resulta evidente que estos alimentos ofrecen beneficios en el tratamiento de males como la obesidad, la diabetes, enfermedades gastrointestinales e incluso el cáncer colorrectal. En algunos de estos casos, su efecto positivo se puede medir fácilmente analizando la evolución de valores como el índice de grasa corporal, la resistencia a la insulina o la severidad de los síntomas de disfunción gástrica. Pero en pacientes sanos no se nota una mejoría significativa de los valores basales.

El trabajo recomienda que se siga investigando en el asunto para evitar falsas expectativas y creencias sobre el consumo de probióticos, pero, sobre todo, para establecer criterios más eficaces en la dosificación y el etiquetado que pueden ayudar a aquellas personas que sí se benefician claramente de su ingesta.

Yoga contra el alzheimer

Tomado de: www.larazon.es

Paz interior y un cuerpo flexible pueden no ser los beneficios más valiosos que ofrecen el yoga y la meditación. Una nueva investigación de un equipo dirigido por neurocientíficos de la Universidad de California-Los Angeles (UCLA), en Estados Unidos, encontró que un curso de tres meses de práctica del yoga y meditación ayudó a minimizar los problemas cognitivos y emocionales que a menudo preceden a la enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia, siendo incluso más eficaz que los ejercicios de mejora de la memoria que se han considerado la estándar de oro para la gestión del deterioro cognitivo leve, informa Europa Press.

«El entrenamiento de la memoria era comparable al yoga con meditación en términos de mejora de la memoria, pero el yoga proporcionó un beneficio más amplio que el entrenamiento de la memoria, ya que también ayudó con el estado de ánimo, la ansiedad y las habilidades de afrontamiento emocional», destaca Helen Lavretsky, autora principal del estudio y profesora en el Departamento de Psiquiatría de UCLA. Las personas con deterioro cognitivo leve tienen 2,5 veces más probabilidades de desarrollar la enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia.

El estudio, publicado este martes en ‘Journal of Alzheimer’s Disease’, comparó los resultados del yoga y la meditación con los del entrenamiento de la memoria, que incorpora actividades que van desde programas informáticos hasta crucigramas. Se evaluó a 25 participantes, todos mayores de 55 años, midiendo sus cambios no sólo en el comportamiento sino también en la actividad cerebral. «Histórica y anecdóticamente se ha pensado que el yoga es beneficioso para envejecer bien, pero ésta es la demostración científica de ese beneficio», subraya Harris Eyre, autor principal del estudio, candidato doctoral en la Universidad de Adelaide en Australia y un ex becario Fulbright en el Instituto Semel para la Neurociencia y Comportamiento Humano de UCLA. «Estamos convirtiendo la sabiduría histórica en evidencia de alto nivel necesaria para que los médicos recomienden la terapia a sus pacientes», añade.

Lavretsky y Eyre estudiaron a participantes que habían informado de problemas con su memoria, como la tendencia a olvidar nombres, caras, citas o cosas. Los sujetos fueron sometidos a pruebas de memoria y escáneres cerebrales al inicio y al final del estudio. Un total de 11 participantes recibieron una hora a la semana de entrenamiento para mejorar la memoria y pasaron 20 minutos al día realizando ejercicios de memoria: asociación visual y verbal y otras estrategias prácticas para mejorar la memoria, basadas en técnicas respaldadas con investigación.

Los otros 14 participantes tomaron una clase de una hora una vez a la semana en Kundalini yoga y practicaron meditación Kirtan Kriya en su casa durante 20 minutos cada día. Kirtan Kriya, que consiste en el canto, movimientos de la mano y la visualización de la luz, se ha practicado durante cientos de años en India como una manera de prevenir el deterioro cognitivo en adultos mayores, señala Lavretsky. Después de 12 semanas, los científicos observaron mejoras similares entre los participantes de ambos grupos en la memoria verbal, que entra en juego para recordar nombres y listas de palabras. Pero los que habían practicado yoga y la meditación tenían mayores mejorías que los otros sujetos en las habilidades de memoria visual-espacial, importante para recordar lugares y ubicarse al caminar o conducir.

El grupo de yoga-meditación también obtuvo mejores resultados en términos de reducción de la depresión y la ansiedad y mejorar las habilidades de afrontamiento a las emociones y resistencia al estrés. «Cuando se tiene pérdida de memoria, se puede llegar a estar muy preocupado por ello y puede llevar a la depresión», afirma Lavretsky, también investigador en el Instituto Semel.

Los investigadores informan de que las mejoras externas de los participantes en la memoria se correspondían con los cambios perceptibles en su actividad cerebral. Utilizando imágenes de resonancia magnética funcional, que mostró que los sujetos de ambos grupos tuvieron cambios en su conectividad cerebral, pero los cambios entre el grupo de yoga fueron estadísticamente significativos, mientras que los cambios en el grupo de la memoria no lo eran.

Los investigadores atribuyen los efectos positivos de los «ejercicio cerebrales» a a varios factores, incluyendo su capacidad para reducir el estrés y la inflamación, mejorar el estado de ánimo y la capacidad de recuperación, y la mejora de la producción del factor de crecimiento neurotrófico derivado del cerebro, una proteína que estimula las conexiones entre las neuronas y pone en marcha la actividad de la telomerasa, un proceso que reemplaza material genético perdido o dañado. «Si usted o sus familiares están tratando de mejorar su memoria o compensar el riesgo de desarrollar pérdida de memoria o demencia, una práctica regular del yoga y la meditación, podría ser una solución sencilla, segura y de bajo costo para mejorar su capacidad cerebral», concluye Lavretsky .

Los edulcorantes artificiales durante el embarazo podrían hacer que los bebés tengan más peso

Tomado de: www.nlm.nih.gov

Las mujeres embarazadas que consumen bebidas edulcoradas artificialmente cada día podrían tener más probabilidades a dar a luz a bebés con un mayor peso y más propensos a convertirse en niños con sobrepeso, informan unos investigadores.

"Los bebés de mujeres que consumían regularmente una bebida edulcorada artificialmente o más durante el embarazo tenían en doble de probabilidades de tener sobrepeso a la edad de 1 año", comentó la autora del estudio, Meghan Azad, científica investigadora en la Universidad de Manitoba en Winnipeg, Canadá.

Según su definición, un bebé con sobrepeso pesa más que el 97 por ciento de los otros bebés de la misma estatura y edad.

Se trata del primer estudio en investigar el efecto potencial de consumir edulcorantes artificiales durante el embarazo y el aumento de peso del bebé, dijo Azad. Resultó interesante que los investigadores no encontraran ninguna conexión entre beber bebidas edulcoradas con azúcar y el peso del bebé.

Y los efectos no se explicaron por el peso de la madre, la dieta, la cantidad total de calorías consumidas u otros factores de riesgo de obesidad, añadió.

Aunque el estudio no demostró que las bebidas edulcoradas artificialmente provoquen que el bebé aumente de peso, "merece la pena que se tomen precauciones", dijo Azad.

"Dada la epidemia actual de obesidad infantil y el uso generalizado de edulcorantes artificiales, se necesita más investigación para confirmar nuestros hallazgos y examinar los mecanismos biológicos subyacentes. En última instancia, esta investigación podría ayudar mejorar las recomendaciones dietéticas para las mujeres embarazadas", dijo Azad.

Para el estudio, Azad y sus colaboradores reunieron datos sobre más de 3,000 madres y sus bebés. Se peguntó a las mujeres qué bebidas consumieron durante el embarazo. Casi el 30 por ciento dijeron que consumieron bebidas edulcoradas artificialmente, incluyendo el 5 por ciento que reportaron que las bebían a diario.

El consumo de bebidas edulcoradas artificialmente se determinó según la frecuencia con la que las mujeres bebieron refrescos o té helado que contenían edulcorantes artificiales o café o té con edulcorantes añadidos, explicó Azad. Los investigadores no pudieron determinar qué edulcorantes artificiales se consumieron en cada caso.

Los hallazgos del estudio aparecen en la edición en línea del 9 de mayo de la revista JAMA Pediatrics.

Un experto en salud tenía una teoría sobre el posible vínculo.

"Un número limitado de investigaciones han sugerido que los edulcorantes artificiales podrían degradar los mecanismos innatos del cuerpo para detectar la ingesta calórica y la respuesta a la sensación de saciedad", dijo Mark Pereira, profesor asociado de epidemiología y salud comunitaria en la Universidad de Minnesota, en Minneapolis.

Pero quizá no sean las bebidas edulcoradas artificialmente las que causen estos efectos en el feto y los niños pequeños. En lugar de eso, podría tratarse de características físicas y biológicas de las mujeres que consumen estas bebidas con frecuencia, dijo.

"Un par de estudios más también han planteado la duda sobre los posibles impactos negativos del consumo por parte de la madre de bebidas edulcoradas artificialmente sobre el feto y los hijos", dijo Pereira, coautor de un editorial para la revista que acompaña el estudio.

"Dado que todavía no comprendemos realmente si se trata de efectos causales reales, las mujeres deberían evitar consumir edulcorantes artificiales durante el embarazo", añadió.

El Consejo de Control de las Calorías (Calorie Control Council), que representa a la industria de los alimentos y las bebidas con pocas calorías, defendió la seguridad de los edulcorantes artificiales.

"Antes de que un edulcorante con pocas calorías se use en alimentos o bebidas, los organismos reguladores relevantes deben determinar que es seguro para todas las poblaciones, incluyendo los grupos especiales como las personas mayores, los niños y las mujeres embarazadas o lactantes", dijo en una declaración Robert Rankin, presidente del consejo.

"Estas medidas de seguridad incluyen una evaluación de los posibles efectos de los edulcorantes con pocas calorías durante el embarazo y siguen mostrando que estos edulcorantes son seguros para las mujeres embarazadas y sus hijos", dijo Rankin.

No solamente eso, añadió, sino que "los edulcorantes con pocas calorías pueden ayudar a las mujeres embarazadas a evitar el exceso de calorías... El aumento excesivo de peso durante el embarazo puede ser perjudicial tanto para la madre como para el bebé en desarrollo".

Alimentos con una injusta mala fama

Por AITOR SÁNCHEZ GARCÍA / Tomado de: www.consumer.es

En el mundo de la nutrición se han mantenido numerosos mitos alimentarios sin ningún fundamento riguroso por el simple hecho de repetirlos hasta la saciedad. Entre estos mitos y falacias, hay una colección de alimentos que tienen una mala fama inmerecida. En general, esto sucede porque se cree que provocan enfermedades y problemas o que contienen sustancias nocivas que en realidad no lo son. La mala reputación también se alimenta de expectativas defraudadas, cuando las supuestas propiedades que se les atribuyen se alejan mucho de la realidad. En el artículo de hoy se hace un repaso de los alimentos más injustamente demonizados.

Frutos secos

Se ha dicho de ellos que engordan. Esta afirmación se basa en su elevado aporte energético. Y es cierto, los frutos secos tienen muchas calorías, pero esto no quiere decir que engorden, tal y como se explica en el artículo 'Las dietas bajas en grasa no son buenas para adelgazar'.

Los frutos secos son alimentos ricos en proteína, grasa y fibra. Esto los convierte no solo en alimentos concentrados y nutritivos, sino también en más saciantes. Por si fuera poco, el aprovechamiento que hace el cuerpo de la energía que se ingiere a través de los frutos secos es menor porque una parte de esta energía se pierde por las heces. A su vez, consumir frutos secos aumenta parcialmente el propio gasto calórico, sacia y, en consecuencia, hace que luego se coma menos cantidad. Como se ve en el siguiente gráfico, esta dinámica hace que, al final, los frutos secos no aporten tantas calorías como se pensaba.


Además, los frutos secos son una excelente opción para mejorar los marcadores cardiovasculares. Por tanto, no hay que temer su consumo. Son una alternativa estupenda para reforzar comidas o disfrutar entre horas.

Lácteos enteros

Han sido muy criticados debido a que en su composición tienen más grasa saturada y más colesterol que las versiones desnatadas. Esto, que a priori podría parecer una desventaja, no los convierte en menos saludables. A día de hoy, no se puede decir que tomar lácteos enteros sea peor que consumir desnatados desde una perspectiva de salud. Por el contrario, al ingerir las versiones desnatadas se quitan nutrientes que, entre otras cuestiones, contribuyen a la saciedad. Se da la paradoja de que quienes toman más productos desnatados tienden a comer más durante el día, debido a que se subestiman las calorías que tienen los productos "bajos en grasa". No se puede concluir, por tanto, que los lácteos desnatados sean más sanos que los enteros.

Huevos

Limitados durante mucho tiempo a "como mucho, tres a la semana", los huevos han sido uno de los alimentos más injustamente apartados de la alimentación saludable.

Con una calidad proteica excepcional, además de un perfil graso muy interesante, el huevo constituye una opción genial para poder consumir incluso a diario. El hecho de que posee un alto contenido de colesterol es irrelevante. Por un lado, porque el colesterol dietético de alimentos como el huevo no contribuye a la subida del colesterol sanguíneo. Y, por otro, porque tampoco afecta a ningún otro marcador bioquímico. Es más, es un alimento que sacia mucho y que no está vinculado al riesgo cardiovascular.

Legumbres

No solo se ha dicho de ellas que engordan o son platos muy calóricos, sino que son alimentos "incompletos". Esto es falso. El consumo de legumbres se relaciona con un menor peso, por lo que resultan una herramienta muy útil en dietas de adelgazamiento. Las legumbres son fuente de proteína y de fibra, dos componentes que las hacen saciantes.

En cuanto al aspecto proteico de las legumbres, es común escuchar que su proteína no es completa y que hay que complementarla con otros alimentos (como, por ejemplo, los cereales). Esto no es cierto, ya que las legumbres como la soja, las alubias o los garbanzos tienen un aminograma completo, es decir, que la calidad de su proteína es óptima.

7 de mayo de 2016

El aburrimiento nos incita a consumir alimentos ricos en grasa y azúcar


A la gente le da ganas de consumir productos ricos en grasa y azúcar cuando está aburrida. Esa es la conclusión a la que ha llegado el equipo de la Dra. Sandi Mann, de la Universidad de Lancashire Central en el Reino Unido.

Mann, así como Faye Ibbitson y Ben Edwards, de la misma universidad, llevaron a cabo dos estudios sobre el aburrimiento y la elección de alimentos.

En el primero los investigadores pidieron a 52 participantes que completaran un cuestionario sobre sus preferencias alimentarias antes y después de terminar la aburrida tarea de copiar repetidamente el mismo grupo de letras.

En el segundo estudio, pidieron a 45 participantes que observaran un video aburrido o divertido. Durante el pase, estaban disponibles aperitivos de dos clases: los saludables y los de alto contenido de grasa y azúcar. Se pesaron los recipientes antes y después de cada prueba para saber cuánto se había comido de cada aperitivo.

Los resultados del primer estudio mostraron que las personas tenían una mayor probabilidad de expresar una preferencia por alimentos poco saludables, como patatas fritas, dulces y comida rápida, después de completar la tarea aburrida.

Los del segundo estudio mostraron que los participantes que habían visto el video aburrido comieron bastante más comida no saludable.

Tal como explica la Dra. Mann, estos resultados respaldan los de investigaciones previas que señalaban que ansiamos comida rica en grasas y azúcares cuando estamos aburridos. Esto fortalece la teoría de que el aburrimiento está relacionado con niveles bajos de la sustancia química dopamina, que estimula el cerebro, y que las personas intentan aumentar a base de consumir grasa y azúcar si no pueden aliviar su aburrimiento de otra forma.

Alimentos anticáncer: ¿qué hay de verdad y de mentira?

Tomado de: www.dmedicina.com

Mucho se puede leer acerca de determinados alimentos anticáncer. En la mayoría de los casos no hay una evidencia científica que compruebe sus beneficios para este fin. “Es difícil atribuir un efecto protector o perjudicial de un alimento para algunos tipos de cáncer. Hay que tener en cuenta que  nuestra dieta está formada por numerosos alimentos que interaccionan entre sí, y conjuntamente con los factores genéticos y ambientales”, opina Marta Comas, dietista y nutricionista del Hospital Quirón de Barcelona.

Odile Fernández, médico de Familia y superviviente de cáncer de ovario reconoce que “no hay un remedio milagroso”. Pero, según ella, los alimentos procedentes del mundo vegetal contienen fitoquímicos, sustancias capaces de actuar como químicos. No están presentes en grandes cantidades, pero la experta indica que se ha visto la gran importancia que tienen en el paciente de cáncer. Por ello, sugiere comerlos con frecuencia.

Comas se muestra de acuerdo al decir que “en los distintos estudios epidemiológicos que se han realizado sobre la nutrición y el cáncer, se ha podido observar que un mayor consumo de frutas y verduras reduce el riesgo a padecer la enfermedad”.

Verduras crucíferas

Las plantas crucíferas son una especie del género Brassica. Dentro de ella están:

•  Rúcula.

•  Brócoli.

•  Col y repollo.

•  Verduras de hoja verde.

•  Nabo.

•  Berro.

Además de contener carotenoides, vitaminas C, E y K, folato, fibra y minerales, Fernández destaca que poseen glucosinolatos. Al masticar los alimentos, los glucosinolatos se descomponen en indoles e isotiocianatos que, según indica el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, ayudan a:

•  Proteger las células de daños al ADN.

•  Desactivar los carcinógenos.

•  Luchar contra virus y bacterias.

•  Tienen efectos antiinflamatorios.

•  Provocar la muerte celular.

•  Impedir el desarrollo de vasos sanguíneos tumorales.

Zanahoria, por sus betacarotenos

Al igual que otros alimentos, la zanahoria contiene elevadas cantidades de betacaroteno, que son responsables del color anaranjado de dichos alimentos. Los betacarotenos son sustancias antioxidantes.

Los antioxidantes son compuestos que protegen al organismo de daños que pueden resultar del propio metabolismo. “Minimizan el efecto de la oxidación que produce el organismo de forma natural. Dicha oxidación es la que responsable de potenciar la aparición del cáncer”, subraya Comas. Por el contrario, advierte de que “un exceso de antioxidantes (mediante suplementos vitamínicos) puede causar un aumento en el riesgo de cáncer”.

Tomate, cítricos, fresas, pimientos y coles

Todos estos alimentos son ricos en polifenoles y otras sustancias con acciones similares, que a su vez son ricos en antioxidantes.

El tomate, concreta Fernández, tiene licopeno, otra sustancia antioxidante. No todos los tomates tienen la misma cantidad de este componente. Según la experta, “cuanto más maduro está un tomate mayor cantidad de licopeno tendrá”. También destaca su contenido en vitamina A y C, y hierro.

Té verde

El té verde también es antioxidante gracias a los polifenoles que contiene, según Fernández. “Se ha estudiado menos, pero parece que el té blanco sería más antioxidante”.

Legumbres y alimentos ricos en fibra

Comas alude a estudios recientes que indican que la fibra puede está relacionada con un menor riesgo de ciertos tipos de cáncer, en especial el cáncer colorrectal. Por esta razón, “se recomienda consumir alimentos ricos en fibra, como granos enteros, frutas, verduras y legumbres. Sin embargo, no se recomiendan los complementos de fibra para el fin de la prevención del cáncer”.

Especias mediterráneas aromáticas

“Todas las especias mediterráneas aromáticas tienen muchos terpenos, que son antiinflamatorios”, afirma Fernández, que cita algunas de estas especias:

•  Cúrcuma.

•  Jengibre.

•  Perejil.

•  Albahaca.

•  Pimienta.

•  Orégano.

Frutos rojos

Fernández destaca que los frutos rojos (fresas, cerezas, arándanos, frambuesas, grosella y moras) contienen ácido elágico, que “elimina toxinas de las células e impide que las sustancias cancerígenas del medio ambiente se conviertan en sustancias tóxicas para las células”.

Sobre otros alimentos, no hay acuerdo

Fernández opina que, si el yogur si es de calidad, natural y sin azúcar, “es bueno para el cáncer de colon por su efecto probiotico, al igual que otros alimentos fermenados”.

Comas no lo tiene tan claro: “no hay evidencia científica que nos indique que un consumo adecuado de yogur o cualquier otro producto lácteo este asociado a un mayor o menor riesgo de desarrollar ningún tipo de cáncer”.

En cuanto a la miel, por un lado Fernández considera que “si la miel es de la calidad y no está procesada, ni refinada, viene bien por el efecto antibacteriano”.  Comas, por su parte, descarta que haya evidencia científica de sus beneficios en el cáncer.

Lo mismo sucede con los frutos secos. Mientras Fernández alude a los beneficios antiinflamatorios del omega 3 de este alimento, Comas rechaza que se hayan comprobado sus beneficios.

Cómo cocinar los alimentos

Se desaconsejan algunos alimentos, como la carne o el pescado, cocinados a la brasa, al grill o a la barbacoa y algunos tipos de ahumados. “Esto se debe a que la combustión del carbón o a las altas temperaturas forman unos hidrocarburos y aminas que han sido clasificados como cancerígenos”, explica Comas. Pero no hay estudios que digan que un consumo ocasional tenga un efecto perjudicial en la prevención o tratamiento del cáncer.

Por este motivo, Comas aconseja un consumo prudente de estas cocciones, “así como dejar suficiente distancia entre la brasa y el alimento para evitar que se queme y retirar siempre las partes más negras antes de comerlo”.

Fernández completa diciendo que “cuanto menos procesado este el alimento, mejor”. Y sugiere comer la verdura cruda, al vapor o hervida a baja temperatura y durante poco tiempo.

En conclusión

“La mayoría de los alimentos mencionados anteriormente contienen sustancias antioxidantes, que son las responsables de minimizar el efecto de la oxidación que produce nuestro propio organismo de forma natural. Dicha oxidación es la que responsable de potenciar la aparición del cáncer”, recalca Comas.

El cacao aporta efectos antioxidantes y antiinflamatorios

Tomado de: www.larazon.es

El cacao, aunque no es un alimento propio de la dieta mediterránea, aporta importantes beneficios a la salud, especialmente a la cardiovascular, por sus efectos antioxidantes y antiinflamatorios, según ha asegurado el consultor sénior en el Servicio de Medicina Interna del Hospital Clínic, Ramón Estruch, con motivo de la celebración del 'XI Congreso Internacional de la Dieta Mediterránea'.

En concreto, los polifenoles del cacao producen efectos vasodilatadores que favorecen el control de la tensión arterial, incrementan la sensibilidad a la insulina que mejora el metabolismo de la glucosa, mejoran el perfil lipídico y reducen la función y actividad de las plaquetas, además de tener un potente efecto antiinflamatorio. Por tanto, a mayor cantidad de polifenoles, mayor protección frente a enfermedades cardiovasculares, cáncer, deterioro cognitivo.

"El cacao es muy rico en un tipo específico de polifenoles, los flavonoides. Y, dentro de los flavonoides, los flavanoles son los encargados de estimular la producción del óxido nítrico en las arterias, una enzima que dilata los vasos sanguíneos, con lo que mejora la circulación y reduce la presión arterial", ha apostillado el también presidente del Congreso de la Dieta Mediterránea y del comité científico del Observatorio del Cacao.

De hecho, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria reconoce como alegación de salud el papel del cacao en el mantenimiento de la elasticidad de los vasos sanguíneos y, por tanto, su utilidad en la prevención de la hipertensión. Asimismo, durante el encuentro se han mostrado nuevos datos sobre las propiedades que hacen del cacao un candidato ideal para entrar a formar parte de la nueva dieta mediterránea.

Ayuda a reducir la presión arterial


Entre ellos, el profesor del Departamento de Nutrición Humana de la Universidad de Wageningen (Holanda), Peter Hollman, ha asegurado que existen evidencias sobre una asociación inversa entre el cacao y la enfermedad cardiovascular y que, además, ensayos clínicos han establecido que el cacao podría reducir la presión arterial, mejorar la función vascular y reducir la resistencia a la insulina.

Del mismo modo, un meta-análisis de 42 ensayos controlados aleatorios a partir de las bases de datos Medline, Embase y Cochrane sobre chocolate, cacao o flavan-3-oles, con un total de 1.297 participantes, mostró que el chocolate y el cacao mejoraban la resistencia a la insulina debido a una reducción significativa del nivel de insulina en suero. Asimismo, la disfunción endotelial (una de las primeras manifestaciones de la arteriosclerosis y la enfermedad cardiovascular), medida mediante el grado de dilatación arterial mediada por flujo, mejoró tras ingestas agudas o crónicas de cacao.

También observaron una reducción de las presiones arteriales diastólica y media y cambios significativos en las concentraciones plasmáticas de HDL. En concreto, el chocolate y el cacao mejoraron la dilatación vascular mediada por flujo independientemente de la dosis consumida, aunque las dosis mayores de 50 miligramos de epicatequina, un tipo concreto de polifenoles muy abundante en el cacao, se tradujeron en mayores efectos en las presiones arteriales sistólica (el valor máximo) y diastólica (el valor mínimo).