29 de octubre de 2016

Colesterol: los peores alimentos para el riesgo cardiovascular

Por AITOR SÁNCHEZ GARCÍA / Tomado de: www.consumer.es

En nuestro entorno, el riesgo cardiovascular y la salud en general se han evaluado siempre desde un punto de vista en exceso bioquímico. Es decir, se presta mucho interés a las analíticas pero no tanto a otras cuestiones que tienen una gran importancia, como la composición corporal o los hábitos de vida. En este sentido, nos hemos escandalizado en demasía por niveles medio-altos de colesterol, cuando en realidad habría que haberse centrado más en cuidar cuestiones como la grasa visceral, el estado nutricional o los hábitos dietéticos. A continuación se listan los factores para prevenir un accidente cardiovascular y se apuntan cuáles son los alimentos que se deberían evitar para no sufrirlo.

El colesterol muestra solo una pequeña parte de un gran conjunto de datos y factores que determinan con mucha mejor precisión si se tiene o no riesgo cardiovascular. Para no perder el punto de vista y enfocar del modo correcto, las verdaderas preocupaciones deberían ser las siguientes:
  • No fumar.
  • Ser activo físicamente.
  • No beber alcohol.
  • Llevar una dieta saludable.
  • Tener un peso saludable.
Dentro de la dieta saludable, hay muchos factores que pueden contribuir a tener un accidente cardiovascular o a prevenirlo. Hay muchas variables que inciden, más allá del colesterol sanguíneo.

¿Grasas saturadas y colesterol? Mejor hablar de alimentos

En la lucha frente al colesterol, dos moléculas han sido muy criticadas dentro de la dieta: el colesterol molecular en sí mismo y las grasas saturadas. Esto se debe a que en un principio se asumía que una mayor ingesta dietética de colesterol o de este tipo de grasa aumentaría el colesterol sanguíneo (en especial el LDL o colesterol "malo"). Un acercamiento bastante "simplista", que se basaba en la idea de que "si como colesterol, me subirá el colesterol".

Años después, podemos reconocer que este enfoque estaba equivocado. Por un lado, ni el colesterol ni las grasas saturadas en sí mismas son factores que justificasen las campañas recibidas. Hay alimentos que son ricos en estos nutrientes, como es el caso del huevo o el marisco, que no suponen un aumento de este riesgo cardiovascular. Y, por el contrario, hay alimentos exentos de estos nutrientes que son mucho más peligrosos.

Pero el error garrafal ha sido el centrar la atención en nutrientes en lugar de alimentos. Esto ha hecho que nos preocupemos mucho por comprar alimentos funcionales a los que han añadido cierto nutriente contra el colesterol o a los que han quitado grasas, creyendo que así estamos haciendo elecciones más responsables.

De hecho, en un patrón dietético, cuando se cambian las grasas saturadas por mayor cantidad de carbohidratos o de azúcar, el riesgo no solo no reduce, sino que puede verse aumentado. Esto no quiere decir que las grasas saturadas sean inocuas, sino que depende de en qué alimento se estén consumiendo. El mayor aprendizaje que se puede sacar es que, a veces, queriendo hacer una bienintencionada recomendación de salud, el efecto puede ser incluso peor.

Estos son algunos de los motivos por los que la lucha frente al colesterol a base de reducir solo nutrientes, como colesterol o grasas saturadas, sin hablar de alimentos, no ha sido ni mucho menos beneficioso.

¿En qué deberíamos habernos centrado? Grasas trans, azúcar y sal

Curiosamente, estos tres nutrientes pueden encontrarse en alimentos que no contienen ni grasas saturadas ni colesterol molecular. Por eso ni siquiera los alimentos ricos en estos nutrientes puede ser que se tengan identificados como peligrosos para la salud cardiovascular. Un ejemplo son los refrescos, productos sin colesterol ni grasas saturadas a los que es posible atribuir miles de muertes anuales por cardiopatías debidas a su exceso.

Sin duda, hay que ir hacia una nueva visión de los alimentos que no son saludables para la salud cardiovascular. Para ser certeros en prevenir las enfermedades cardiovasculares, habría que centrarse en los alimentos que destaquen por tener azúcar, hidratos refinados, grasas trans y sal.

¿Y qué alimentos son entonces los que deberíamos evitar?

Esto lleva a evitar los alimentos con azúcar libre o azúcar añadido, acorde a la última recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), así como a los que en su formulación añadan grasas hidrogenadas, harinas refinadas y sal.

Dentro de la identificación de estos alimentos hay que destacar los alimentos ultraprocesados, esos productos alimentarios que sobresalen por tener mucho azúcar, harinas refinadas, aceites de mala calidad y sal: refrescos azucarados, dulces, bollería, galletas, cereales de desayuno, snacks salados en general, palomitas, embutidos, fiambres, salchichas, hamburguesas, tortitas de arroz y maíz... además de aquellos platos preparados y precocinados, que tienen ingredientes de mala calidad nutricional.

Volvemos a la recomendación coherente y lógica de una alimentación saludable porque, para una correcta salud cardiovascular, hay que seguir las mismas pautas que para una vida saludable: una dieta basada en materias primas vegetales, acompañada de proteína y grasas saludables y sin procesar. No hace falta ningún alimento funcional para reducir el riesgo cardiovascular, tan solo un estilo de vida saludable.

Dietas hiperproteicas: ¿todas las proteínas son iguales?

Por ROCÍO SÁNCHEZ / MARTA RUÍZ / RUBÉN LÓPEZ-NICOLÁS, UNIVERSIDAD DE MURCIA / Tomado de: www.consumer.es

Muchas personas se preocupan por su físico, unas veces por razones de salud y, otras, por cuestiones estéticas. En este último caso, triunfan las dietas drásticas para perder peso. Entre estas dietas de adelgazamiento, las más populares son la Dukan y la Atkins, las cuales se caracterizan por ser ricas en proteínas y pobres en carbohidratos. Sin embargo, estas propuestas "milagrosas" son innecesarias, poco efectivas a largo plazo y, lo más importante, muy arriesgadas para la salud. En el siguiente artículo se explica qué es una dieta hiperproteica y qué diferencias hay en las proteínas según los alimentos de los que proceden.

¿Qué es una dieta hiperproteica?

Una dieta hiperproteica es aquella en la cual se exceden las recomendaciones establecidas para los requerimientos diarios de proteínas. En la actualidad, se acepta que el consumo de 0,8 gramos por kilos de peso al día de proteína es suficiente para cubrir los requerimientos nutricionales del adulto sano. Este valor, por ejemplo, equivale a un filete de carne de 250 g o 300 g de pescado al día para una persona de 80 kg. En el caso de las proteínas vegetales, las legumbres son las reinas: pueden cubrir las necesidades proteicas con un plato de 250 g (para un adulto sano de 80 kg).

En España, los alimentos que más contribuyen a nuestra ingesta proteica son los cárnicos y derivados. En este sentido, mientras que la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) sugiere un consumo medio de carne de entre 43 y 71 gramos al día, nuestra ingesta real asciende a 179 gramos diarios; es decir, del 252% al 416% de dichas recomendaciones.

¿Dónde encontramos las proteínas?

Como se ve en la siguiente tabla, los alimentos que más proteínas contienen son los de origen animal. No obstante, los vegetales son también fuente de proteínas que presentan beneficios en las dietas de adelgazamiento: cuando el objetivo es perder peso, las proteínas provenientes de carnes y lácteos no deben nunca superar a las que provienen de vegetales.


Los estudios científicos confirman que las personas que consumen mayores cantidades de proteínas vegetales son mucho menos susceptibles a padecer obesidad, diabetes y enfermedades cardíacas que quienes toman la mayor parte de sus proteínas de fuentes animales. Por tanto, la ingesta de proteínas vegetales desempeña un papel importante en la prevención de la obesidad.

Dietas hiperproteicas más populares, ¿cuáles son sus consecuencias?

La dieta Dukan y la dieta Atkins son dos propuestas que se caracterizan por un consumo de proteínas muy elevado. La principal diferencia entre ambas es que la Dukan reduce el mínimo la ingesta de hidratos de carbono (pan, pasta, arroz, etc.), mientras que la Atkins no es tan estricta en dicha restricción. Sus promotores aseguran que estas dietas obligan al organismo a consumir sus propias reservas (primero de glúcidos y más tarde de lípidos) y a eliminar el exceso de proteínas sobrantes, lo que en teoría produce el adelgazamiento. Sin embargo, la pérdida de peso inicial se debe sobre todo a la pérdida de líquido, ya que con ese tipo de dietas se hace trabajar más al riñón (para deshacerse del exceso de proteínas), produciendo mayor cantidad de orina.

De forma prolongada, pueden provocar problemas de salud muy serios. La ingesta elevada de alimentos de origen animal, con alto aporte de grasas saturadas, genera problemas cardiovasculares. Además, ese exceso de proteínas prolongado en el tiempo sobrecarga al hígado y al riñón. Entre esta larga lista de problemas para la salud, también destaca la osteoporosis, la depresión e, incluso, ataques de gota.

Por todo lo expuesto, estas dietas son por completo desaconsejables. Son desequilibradas y tienen consecuencias metabólicas en diversos sistemas y órganos, incluyendo alteraciones en el metabolismo hidroelectrolítico y ácido base, en el metabolismo óseo, en la función renal y en la función endocrina.

Incluso para los hombres con un riesgo alto, una vida saludable podría ayudar a prevenir el cáncer de colon

Tomado de: medlineplus.gov

Aunque es bien sabido que vivir de forma saludable puede reducir las probabilidades de cáncer de colon, un nuevo estudio descubre que esto es así incluso para los hombres cuyo ADN les pone en un riesgo alto de sufrir la enfermedad.

Los componentes de un estilo de vida saludable incluyen el ejercicio, una nutrición adecuada, no fumar y reducir el consumo de alcohol, dijeron los autores del estudio.

Un experto en la salud del colon que revisó los hallazgos cree que aquí hay una enseñanza para cualquier persona que quiera reducir su riesgo de cáncer.

"Creo que estos factores del estilo de vida son cosas que todo el mundo debería intentar realizar si puede, y todo el mundo se puede beneficiar", dijo el Dr. Andrew Chan, profesor asociado de medicina en la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, en Boston.

El nuevo estudio británico fue realizado por dos investigadores ubicados en Londres: Matthew Frampton, del Hospital Royal Marsden NHS Foundation Trust y el Dr. Richard Houlston, del Instituto de Investigación sobre el Cáncer.

Los investigadores indicaron que se sabe que ciertas personas tienen un riesgo más alto de cáncer de colon debido a sus genes. Hasta ahora, según los investigadores, hay 37 mutaciones genéticas a las que se asocia con unas probabilidades más altas de la enfermedad.

Y en general, se cree que las personas que están dentro del 10 por ciento superior con respecto a su riesgo genético de cáncer de colon tienen casi el doble de probabilidades de sufrir la enfermedad, en comparación con la población general, dijeron los autores del estudio.

Por tanto, ¿puede también una dieta saludable, mucho ejercicio y otros factores del estilo de vida contribuir a reducir el riesgo de cáncer de colon de este grupo?

Para averiguarlo, Frampton y Houlston examinaron los datos de incidencia del cáncer de colon y mortalidad por dicha enfermedad recogidos entre 2001 y 2012 por la Oficina de Estadísticas Nacionales de Reino Unido.

Se centraron en más de 1.4 millones de hombres británicos de entre 55 y 59 años de edad que durante el periodo de estudio estaban solamente a unos pocos años del umbral de edad para una evaluación gratuita en Gran Bretaña.

Los modelos matemáticos revelaron que casi una cuarta parte de los hombres entre los 55 y los 59 años tenían genes que aumentaban sus probabilidades de sufrir un cáncer de colon a una tasa que era parecida a la de hombres de a partir de 60 años de edad.

El mismo análisis encontró que estos hombres tenían un riesgo de desarrollar un cáncer de colon del 29 por ciento a lo largo de los siguientes 25 años.

Al final casi 1,300 de estos hombres de entre 55 y 59 años con los genes "malos" desarrollaron un cáncer de colon, encontró el estudio.

Pero llevar una vida saludable redujo las probabilidades de sufrir un cáncer de colon, incluso entre estos hombres con desventajas genéticas, mostraron los hallazgos.

En general, adoptar un estilo de vida saludable redujo su riesgo a 25 años de sufrir esta enfermedad de casi un 30 por ciento a hasta incluso un 13 por ciento, reportó el equipo de investigación.

Los factores de vida saludables incluyeron consumir menos alcohol y carne roja, consumir más fruta y verdura, mantener el peso bajo control, permanecer activo y evitar fumar.

¿Cuántas vidas se podrían salvar?

Los investigadores británicos estimaron que si 10,000 hombres con el riesgo heredado de cáncer de colon más alto adoptaran el estilo de vida más saludable posible, más de 600 se salvarían del cáncer de colon en los próximos 25 años.

En un comunicado de prensa en que se resumieron las conclusiones del estudio, Houlston dijo que los esfuerzos por hacer pruebas e identificar a los pacientes con el riesgo más alto de sufrir cáncer de colon podrían ser clave para la prevención de la enfermedad. "Podemos empezar por darles unos mensajes de salud dirigidos a ellos, con el objetivo de ayudarles a tomar decisiones que pudieran prevenir la enfermedad", explicó en un comunicado de prensa de Cancer Research UK, que financió el estudio.

Pero los hallazgos no convencieron a todos.

El Dr. David Carr-Locke, jefe de división de enfermedades digestivas y presidente asociado de medicina en el Centro Médico Beth Israel en la ciudad de Nueva York, leyó el estudio y dijo que "no estaba muy convencido por el material", y cuestionó la fiabilidad del modelo matemático que usó el equipo para su investigación.

"Yo no diría que esto demuestre que los cambios en el estilo de vida reduzcan el riesgo" de cáncer de colon de los hombres cuyo ADN les predispone a la enfermedad, afirmó.

Pero Chan no estuvo de acuerdo, y señaló que estudio proporcionó una "prueba de principio" de que los estilos de vida saludables sí son importantes, incluso para los pacientes con un riesgo alto.

El estudio "confirma algunos estudios anteriores, al mostrar que hacer ajustes en el estilo de vida realmente tiene un impacto sustancial en si alguien desarrollará un cáncer de colon o no", planteó Chan, que también es profesor asociado de medicina y gastroenterología en el Hospital General de Massachusetts, en Boston.

Chan cree que un estilo de vida saludable podría ser un factor protector para todo el mundo, independientemente de su ADN.

"Este tipo de intervenciones funciona hasta cierto grado en todo el mundo", dijo.

Según la Sociedad Americana Contra El Cáncer (American Cancer Society), si se exceptúan los cánceres de piel, el cáncer colorrectal es el cáncer más común en Estados Unidos, con casi 135,000 nuevos casos reportados cada año. Se anticipa que más de 49,000 estadounidenses fallezcan por esta enfermedad en 2016.

Los hallazgos del estudio aparecen en una edición reciente de la revista Genetics in Medicine.

Unas nuevas directrices animan a los diabéticos a que se muevan más

Tomado de: medlineplus.gov

Las personas con diabetes deben moverse con más frecuencia de lo que se aconsejaba antes, según unas nuevas directrices.

Para mejorar la gestión del azúcar en la sangre, las personas con diabetes deben hacer tres o más minutos de actividad ligera cada 30 minutos durante los periodos prolongados en que estén sentados, por ejemplo al trabajar en una computadora o cuando están viendo televisión. Esto es particularmente importante para los pacientes de diabetes tipo 2, según las más recientes recomendaciones de la Asociación Americana de la Diabetes (American Diabetes Association, ADA).

Esas actividades ligeras incluyen: estiramientos con los brazos por encima de la cabeza, caminar en el sitio, levantamientos o extensiones de piernas, giros en el sillón del escritorio, torsiones del torso y zancadas laterales.

Antes, la asociación recomendaba actividad física ligera por cada 90 minutos de inactividad prolongada.

"Estas directrices actualizadas buscan garantizar que todo el mundo siga moviéndose físicamente durante todo el día, al menos cada 30 minutos, para mejorar la gestión de la glucosa en la sangre", señaló la autora principal de las directrices, Sheri Colberg-Ochs, asesora y directora de condición física de la ADA.

"Este movimiento debería ser un añadido al ejercicio regular, ya que se recomienda encarecidamente que las personas con diabetes sean activas. Como incorporar más actividad física diaria puede significar cosas distintas para distintas personas con diabetes, estas directrices ofrecen sugerencias excelentes sobre qué hacer, por qué hacerlo y cómo hacerlo de forma segura", explicó en un comunicado de prensa de la ADA.

Las directrices también enfatizan tipos específicos de ejercicio: ejercicio aeróbico, entrenamiento en resistencia, entrenamiento en flexibilidad y equilibrio, y actividad general de estilo de vida. También desarrollan cómo cada tipo de ejercicio ayuda a los pacientes.

Por ejemplo, el ejercicio aeróbico beneficia a los pacientes de diabetes tipo 2 al mejorar el control del azúcar en la sangre, controlar el peso y reducir el riesgo cardiaco. El entrenamiento aeróbico y de resistencia regular ofrece beneficios de salud para las personas con diabetes tipo 1, incluyendo una mejora en la sensibilidad a la insulina, en la condición del corazón y en la fuerza muscular.

También hay sugerencias de actividad para las mujeres con diabetes gestacional, que deben hacer ejercicio aeróbico y de resistencia. También se anima a las personas con prediabetes a que combinen un aumento en la actividad física con cambios saludables en el estilo de vida para prevenir la progresión a la diabetes tipo 2.

Los programas de ejercicio supervisados y estructurados son más beneficiosos para los pacientes con diabetes, según las directrices, que también describen cómo los pacientes deben monitorizar sus niveles de azúcar en la sangre durante la actividad física.

Las directrices, basadas en una revisión de más de 180 estudios y las aportaciones de expertos en la diabetes y en el ejercicio, aparecen en la edición en línea del 25 de octubre de la revista Diabetes Care.

22 de octubre de 2016

¿Son las dietas vegetarianas más saludables para el corazón?

Tomado de: medlineplus.gov

Un estudio no encuentra una diferencia significativa en el riesgo cardiovascular a 10 años, pero una experta se muestra escéptica ante la investigación

Se supone que los vegetarianos son más sanos que los carnívoros, pero un nuevo estudio pone esa suposición en duda. Encontró que las personas que comen carne no tuvieron un riesgo significativamente más alto de enfermedad cardiaca a lo largo de 10 años, en comparación con los que favorecían dietas libres de carne.

"No diría que una dieta vegetariana es inútil para la prevención del riesgo cardiovascular", apuntó el líder del estudio, el Dr. Hyunseok Kim.

Pero los beneficios cardiacos a nivel de la población podrían ser menores de lo que algunos creen, planteó Kim, residente de medicina interna de la Facultad de Medicina de Nueva Jersey de la Universidad de Rutgers, en Newark.

Los hallazgos del estudio extrañaron a una nutricionista que dijo que investigaciones anteriores han indicado que una dieta vegetariana es buena para el corazón.

El estudio utilizó datos de una encuesta nacional de EE. UU. para comparar a los adultos vegetarianos con miles de personas que comían carne. Aunque los vegetarianos eran más delgados, su riesgo cardiaco general en realidad no fue distinto, según el estudio.

"Los seguidores de una dieta vegetariana sí tenían un riesgo más bajo de obesidad, hipertensión y síndrome metabólico", todos factores de enfermedad cardiaca, dijo Kim. Pero eso podría deberse en parte a que los vegetarianos son con frecuencia más jóvenes y de sexo femenino, de forma que ya tienen un riesgo más bajo de enfermedad cardiaca, según el estudio.

Kim y sus colaboradores de la Rutgers usaron la Encuesta nacional de examen de salud y nutrición de 2007 a 2010. La encuesta incluyó a casi 12,000 adultos a partir de los 20 años de edad. De ellos, 263 (un 2.3 por ciento) seguían una dieta vegetariana.

Los investigadores examinaron las tasas de obesidad, la circunferencia promedio de la cintura, la hipertensión y el síndrome metabólico (un grupo de afecciones que incluyen unos niveles altos de colesterol y glucosa), que aumentan el riesgo de enfermedad cardiaca.

También evaluaron el estimado de riesgo de enfermedad cardiovascular de Framingham, que incluye la edad, el sexo, los niveles de colesterol, la presión arterial y el estatus de tabaquismo para predecir las probabilidades de desarrollar una enfermedad cardiovascular en la próxima década.

Cuando los investigadores calcularon el riesgo de Framingham de los participantes, los vegetarianos tenían un riesgo del 2.7 por ciento, mientras que los no vegetarianos tenían un riesgo del 4.5 por ciento. La diferencia entre los grupos no fue estadísticamente significativa, dijo Kim.

Los hallazgos sorprendieron a una experta en nutrición.

"Sin duda tendremos en cuenta este estudio a medida que busquemos más datos sobre los beneficios de salud de las dietas vegetarianas, pero este estudio contradice las evidencias provistas en las Directrices dietéticas para los estadounidenses de 2015 y en un artículo de posición de la Academia de Nutrición y Dietética (Academy of Nutrition and Dietetics)", comentó Connie Diekman, directora de nutrición universitaria de la Universidad de Washington, en St. Louis.

Según esas directrices, "consumir más frutas y verduras se conecta con un riesgo más bajo de enfermedad cardiovascular", dijo Diekman. Anotó que se piensa que comer más granos integrales también reduce el riesgo.

"La posición de la academia señala que una dieta vegetariana se asocia con un riesgo más bajo de muerte por enfermedad cardiaca isquémica", añadió Diekman, que no participó en el estudio.

Dijo que anima a las personas adoptar una dieta que "se parezca más a un plan de alimentación vegetariana".

El estudio es de sección cruzada, como una instantánea de un momento dado, dijo Kim, de forma que eso es una limitación inherente. Otra es que las personas reportaron su propia dieta.

Se necesitan estudios que sigan a la gente a lo largo del tiempo para evaluar mejor los beneficios de las dietas vegetarianas, agregó Kim.

Kim presentó los hallazgos el lunes en la reunión del Colegio Americano de Gastroenterología (American College of Gastroenterology), en Las Vegas. Las investigaciones presentadas en reuniones médicas se consideran preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales. El estudio no recibió financiación externa ni de la industria.

¿Tiene diabetes Tipo 2? Pruebe a caminar después de comer

Tomado de: medlineplus.gov

En las personas que tienen diabetes tipo 2, una caminata breve tras comer podría reducir los niveles de azúcar en la sangre más que hacer ejercicio en otros momentos del día, muestra un nuevo estudio.

Una medida del azúcar en sangre conocida como glucemia postprandial, que se ha vinculado con el riesgo de enfermedad cardiaca, era en promedio un 12 por ciento más baja cuando los participantes del estudio caminaron tras comer, en comparación con los que hicieron ejercicio en otros momentos. El mayor descenso en la glucemia postprandial, del 22 por ciento, se consiguió al caminar tras cenar, encontraron los autores del estudio.

"Si se tiene diabetes tipo 2, hay una directriz que aconseja ser activo al menos 150 minutos a la semana", dijo el autor del estudio, Andrew Reynolds, investigador de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda.

Pero añadió que "los beneficios que observamos gracias a la actividad física después de las comidas sugieren que las directrices actuales deberían enmendarse para especificar la actividad después de las comidas, sobre todo cuando las comidas contengan una cantidad sustancial de carbohidratos", apuntó.

"Piense en caminar después de comer como parte de su rutina diaria", añadió.

Pero un especialista en diabetes de EE. UU. ofreció una salvedad a ese consejo.

El ejercicio es sin duda parte de una buena gestión y atención de los que tienen diabetes tipo 2, dijo el Dr. Joel Zonszein, director del Centro Clínico de la Diabetes del Centro Médico Montefiore, en la ciudad de Nueva York.

Pero instó a que se tenga precaución respecto a los beneficios de hacer ejercicio justo después de las comidas.

Como la enfermedad cardiaca es común entre los que tienen diabetes tipo 2, "debemos tener cuidado al animar al ejercicio tras una comida, dado que las demandas sobre el corazón aumentan con las comidas", explicó. "Esto es en particular importante en las personas con enfermedades cardiacas, dado que el desvío de la sangre de las arterias coronarias o carótidas al intestino no siempre es lo mejor para esos pacientes".

Los hallazgos del estudio aparecen en la edición del 17 de septiembre de la revista Diabetologia.

En el estudio, Reynolds y sus colaboradores hicieron que 41 personas con diabetes tipo 2 caminaran un total de 150 minutos a la semana. En la primera fase del estudio, los participantes caminaban 30 minutos al día en cualquier momento que quisieran. En la segunda fase, 30 días después de la primera, se indicó a los participantes que hicieran una caminata de 10 minutos a más tardar cinco minutos tras cada comida. En ambas fases se monitorizó el azúcar en la sangre. Caminar después de una comida redujo los niveles de azúcar en sangre de forma más efectiva en los participantes, encontró el estudio.

Muchos ensayos han mostrado mejoras en el control del azúcar en sangre con el ejercicio, añadió Zonszein, pero el ejercicio y un buen estilo de vida con frecuencia no son suficiente.

"En la diabetes tipo 2, una combinación de un buen estilo de vida y los medicamentos adecuados es importante para unos resultados exitosos", planteó.

En un segundo estudio que aparece en la misma edición de la revista, unos investigadores británicos analizaron los hallazgos de 23 estudios sobre la relación entre la actividad física y la incidencia de diabetes tipo 2. En total, esos estudios incluyeron a más de 1.2 millones de personas. De esos participantes, más de 82,000 desarrollaron diabetes tipo 2, reportaron los investigadores.

Encontraron que los que hacían ejercicio al menos 150 minutos a la semana tenían un riesgo un 26 por ciento más bajo de desarrollar diabetes tipo 2. Los resultados también sugirieron que hacer más ejercicio que los 150 minutos recomendados tenía beneficios incluso mayores en la reducción del riesgo de diabetes, al bajarlo en más de la mitad.

El equipo británico fue dirigido por Andrea Smith, del Centro de Investigación en Salud Conductual del Colegio Universitario de Londres.

Buen dormir es clave para lograr una vida saludable

Tomado de: www.nacion.com

Cuando se trata de dormir, la calidad es tan importante como la cantidad para lograr una buena salud física y mental.

Dormir de siete horas y media a ocho horas y media es el primer paso, pero cumplir ese horario no es la única garantía para sentirse descansado.

De acuerdo con la directora de la Clínica del Sueño, Lilliana Estrada, a pesar de que hay personas que dicen sentirse bien con cinco o seis horas de sueño al día, se ha visto que quienes duermen menos de siete horas tienen problemas cognitivos que no son percibidos, precisamente porque siempre están con esa deuda de sueño.

“Si todos los días estoy forzada a dormir seis horas, llega el momento en que me adapto a esas fallas y no las siento”, explicó.

Además de cumplir con el período de sueño indicado, se debe procurar tener ciclos adecuados en los cuales se cumplan todas las fases de sueño, desde la más ligera hasta la más profunda (conocida como REM), que es cuando soñamos. Cada ciclo completo tarda entre 90 y 120 minutos y se deben hacer entre cuatro y seis ciclos por noche.

Estos procesos se pueden ver interrumpidos por trastornos como la apnea del sueño, que provoca despertares repentinos; u otras enfermedades que causan pausas en las cuales el ciclo se interrumpe y vuelve a iniciar.

Este tipo de interrupciones son las que, a criterio de la experta, provocan que aunque se cumplan las ocho horas, a la mañana siguiente la persona no siente que el sueño fue reparador

Por su parte, Ariel Miremberg, especialista en trastornos del sueño, resumió: “ese fino equilibrio entre el número y la calidad es lo que al final representa el común denominador que es el sueño reparador, el sueño que reconforta y nos prepara para el siguiente día”.

Mal dormir

Dormir mal no solo representa sentirse cansado durante el día. Un descanso inadecuado puede hacer que las personas sean más propensas a enfermedades crónicas como obesidad, y las expone al riesgo de accidentes laborales o de tránsito.

“La deuda de sueño va a provocar que la persona tenga más hambre y necesidad por consumir carbohidratos; además ,el que está privado de sueño hace menos ejercicios, por lo que es un factor de riesgo de padecer obesidad”, explicó Estrada.

Quienes no duermen bien tienden a hacer eventos de microsueños que, por ejemplo, podrían ser fatales si se presentan mientras están conduciendo.

Los expertos añadieron que a largo plazo también se pueden desencadenar enfermedades como diabetes, hipertensión y se incrementa el riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares o problemas cardíacos.

La deuda de sueño también puede afectar la vida familiar o de pareja, no solo por los problemas de humor o depresión asociados, sino por el descontrol de otras actividades, como no estar despierto para desayunar en familia, o estar cansado para compartir ratos de esparcimiento o la actividad sexual.

Algunas señales que pueden alertar sobre cuándo no se está cumpliendo con la cuota de sueño adecuada incluyen el tener varios sueños cortos o sin ningún sentido, despertarse con dolor de cabeza, fatiga, cansancio y ataques bruscos de sueño en el día.

15 de octubre de 2016

Las dietas ricas en proteína quizá no ayuden a evitar la diabetes, según un estudio

Tomado de: medlineplus.gov

Aunque muchos creen que una dieta rica en proteína puede ayudar a perder peso, un nuevo estudio encuentra que en realidad podría prevenir un beneficio de salud importante que conlleva el hecho de adelgazar.

La investigación halló que cuando se pierde peso con una dieta rica en proteína, no hay ninguna mejora en lo que los médicos llaman "sensibilidad a la insulina", un factor que podría reducir el riesgo de diabetes y enfermedad cardiaca.

En la diabetes tipo 2, las células pierden gradualmente la sensibilidad a la insulina, que es su capacidad de responder a la hormona metabólica.

Esto con frecuencia ocurre con el aumento en la obesidad, de forma que una mejora en la sensibilidad a la insulina puede ser uno de los efectos de la pérdida de peso.

Pero "encontramos que las mujeres que perdieron peso comiendo una dieta rica en proteína no experimentaron ninguna mejora en la sensibilidad a la insulina", dijo la investigadora principal del estudio, Bettina Mittendorfer, profesora de medicina de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, en St. Louis.

El equipo de Mittendorfer siguió durante siete meses los resultados de 34 mujeres obesas de 50 a 65 años de edad, ninguna de la cuales tenían diabetes al inicio del estudio. Las mujeres fueron divididas en tres grupos: un grupo sin dieta en que las mujeres simplemente mantuvieron su peso; un grupo de dieta que comió el nivel recomendado de proteína al día; y un grupo de dieta que llevó un régimen rico en proteína.

Al final del periodo del estudio, las mujeres que comieron la dieta rica en proteína no mostraron ninguna mejora en la sensibilidad a la insulina, un factor importante para reducir el riesgo de diabetes y enfermedad cardiaca.

Las mujeres que hicieron dieta pero que comieron la cantidad estándar de proteína tuvieron una mejora de un 25 a un 30 por ciento en la sensibilidad a la insulina, reportaron los investigadores.

"Las mujeres que perdieron peso mientras comían menos proteína tenían significativamente más sensibilidad a la insulina al final del estudio", dijo Mittendorfer en un comunicado de prensa de la universidad. "Esto es importante porque en muchas personas con sobrepeso y obesas, la insulina no controla los niveles de azúcar en sangre de forma efectiva, y al final el resultado es la diabetes tipo 2", explicó.

Los investigadores también encontraron que consumir unos niveles altos de proteína ofrecía poco beneficio en términos de preservar el músculo mientras se hacía dieta.

"Cuando se pierde peso, alrededor de dos tercios tiende a ser tejido graso, y el otro tercio tejido magro", anotó Mittendorfer. "Las mujeres que comieron más proteína tendían a perder un poco menos de tejido magro, pero la diferencia total fue de apenas más o menos una libra (menos de medio kilo). Cuestionamos si hay un beneficio clínico significativo con una diferencia tan pequeña".

No se sabe por qué la sensibilidad a la insulina no mejoró en las mujeres que comieron dietas ricas en proteína, o si los mismos resultados ocurrirían en hombres o en mujeres ya diagnosticados con diabetes tipo 2, apuntaron los autores del estudio.

Una nutricionista experta señaló que los hallazgos tienen sentido, desde el punto de vista metabólico.

"Su cuerpo necesita proteína. Pero consumir una cantidad de proteína más allá de sus necesidades es innecesario, podría incluso ser nocivo si tiene problemas en los riñones, y puede conducir a un aumento de peso, dado que las calorías en exceso de las proteínas se almacenan como grasa", explicó Stephanie Schiff, dietista registrada del Hospital de Huntington en Huntington, Nueva York.

"En las mujeres obesas postmenopáusicas, hay que agregar el factor de una reducción en la sensibilidad a la insulina y los beneficios percibidos de las dietas ricas en proteína se pierden", apuntó.

Schiff considera que la dieta más saludable es una dieta "equilibrada" que incluya carbohidratos complejos además del nivel recomendado de proteína al día.

Pero un experto en diabetes cree que una pérdida de peso saludable es típicamente beneficiosa en términos de prevenir la diabetes, aunque conlleve regímenes ricos en proteína.

"La mayor parte del tiempo las personas que pierden peso se hacen más sensibles a la insulina", apuntó el Dr. Gerard Bernstein, que coordina el Programa Friedman de Diabetes en el Hospital Lenox Hill, en la ciudad de Nueva York.

Cree que el ejercicio también es clave.

"Una cantidad razonable de actividad física puede aumentar la sensibilidad a la insulina en los músculos", comentó Bernstein, "y en general trabajamos con la restricción de calorías y la actividad física en conjunto".

Los hallazgos aparecen en la edición del 11 de octubre de la revista Cell Reports.

La OMS pide subir un 20% los impuestos sobre las bebidas azucaradas para reducir la obesidad

Tomado de: www.elmundo.es

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado un nuevo informe, titulado 'Las políticas fiscales para la dieta y la Prevención de Enfermedades no Transmisibles (ENT)', en el que recomienda aumentar en un 20 por ciento los impuestos sobre las bebidas azucaradas para reducir su consumo y, por ende, disminuir el riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y la caries dental. 

Y es que, según señala, reducir el consumo de estas bebidas provocará una disminución de la ingesta de 'azúcares libres' y calorías, mejorará la nutrición de la población y reducirá los índices de sobrepeso, obesidad, diabetes y caries. Los 'azúcares libres' son los monosacáridos (tales como la glucosa o fructosa) y los disacáridos (como la sacarosa o azúcar de mesa), los cuales se añaden a los alimentos y bebidas por los fabricantes, cocineros o consumidores. Además, también se están presentes de forma natural en la miel, jarabes, jugos de fruta y zumos concentrados de fruta. 

"El consumo de 'azúcares libres', incluyendo las bebidas azucaradas, es un factor importante del aumento global del número de personas que sufren de obesidad y diabetes. Por ello, si se aumentan los impuestos sobre estos productos se podrán salvar vidas, reducir los costes sanitarios y aumentar los ingresos para revertirlos en los servicios de salud", ha señalado el director del departamento de la OMS para la prevención de las enfermedades no transmisibles, Douglas Bettcher. 

Esta recomendación se sustenta en el hecho de que en el año 2014 el 39% de las personas mayores de 18 años tenían sobrepeso y de que entre los años 1980 y 2014 se duplicó la prevalencia de hombres y mujeres con obesidad. Además, en el año 2015 unos 42 millones de menores de 5 años tenían sobrepeso u obesidad, lo que supone un aumento de 11 millones de niños en los últimos 15 años, de los cuales el 48 por ciento vivían en Asia y el 25 por ciento África. 

Pero no sólo han aumentado los índices de obesidad y sobrepeso, sino que también se ha producido un incremento notable de los casos de diabetes, los cuales han pasado de 108 millones en 1980 a 422 millones en el año 2014. Una enfermedad que, al mismo tiempo, fue responsable de 1,5 millones de muertes en todo el mundo en el año 2012.

Una fuente importante de calorías innecesarias 

"Nutricionalmente la gente no necesita ningún tipo de azúcar en su dieta. De hecho, la OMS aconseja que si las personas consumen azúcares libres mantengan su ingesta por debajo del cinco por ciento, lo que equivale a menos de 250 mililitros de bebidas azucaradas comúnmente consumidas al día", ha apostillado el director del departamento de Nutrición de la OMS para la Salud y el Desarrollo, Francesco Branca. 

Del mismo modo, el informe de la OMS avisa de que las bebidas y alimentos ricos en 'azúcares libres' son una fuente "importante" de calorías "innecesarias" en las dietas, especialmente en el caso de los niños, adolescentes, adultos jóvenes y aquellas personas con ingresos bajos. Unas poblaciones que, a juicio de la OMS, pueden ser las más afectadas por la subida de impuestos y a las que más beneficios para la salud les aporte esta medida. 

Por otra parte, la OMS, tras reunirse con expertos mundiales y analizar 11 estudios sistemáticos sobre cómo influyen las medidas fiscales a la hora de mejorar la dieta y prevenir las enfermedades no transmisibles, aconseja reducir en un 10 o un 30% los precios de las frutas y verduras frescas; aumentar los impuestos en los alimentos con alto contenido en grasas saturadas, trans y sal; e incrementar el precio del tabaco.

Algunos países ya han adoptado medidas fiscales para evitar que los ciudadanos consuman productos no saludables. Por ejemplo, México ha aumentado los impuestos de las bebidas azucaradas y Hungría de los productos envasados con alto contenido en azúcar, sal o cafeína. Filipinas, Sudáfrica, Reino Unido e Irlanda del Norte han anunciado ya su intención de aplicar impuestos sobre las bebidas azucaradas.

Costarricenses ganaron un año de vida saludable

Tomado de: www.nacion.com

Cuando un costarricense nace, su esperanza promedio de vida es de 79 años. Sin embargo, hay aún un indicador más importante: la esperanza de vida saludable, es decir, los años en los que la persona disfruta su existencia con buena salud, calidad y sin discapacidades.

Los ticos acaban de "ganar" un año de vida saludable. Hoy, al nacer, contamos con 70,27 años de buena salud y un poco menos de nueve años con poca calidad de vida. Esta última incluye resfríos, depresiones, enfermedades crónicas y las secuelas de la discapacidad provocada por enfermedades o accidentes, que podríamos enfrentar a lo largo de nuestra existencia.

Hace tres años, el indicador de vida saludable estaba en 69 años y la meta es llegar a los 70,49 años en el 2018.

Además, una vez que una persona cumpla los 65 años de edad, su esperanza de vida saludable puede mantenerse 15 años más, hasta los 80.

Así lo señala el estudio Global Burden of Disease, elaborado por el Instituto de Mediciones y Evaluaciones en Salud (IHME, por sus siglas en inglés), ubicado en la Universidad de Washington. Este reporte fue publicado en la más reciente edición de la revista médicaThe Lancet.

Dicha investigación también señala que los hombres ticos alcanzaron una mejoría levemente mayor que las mujeres en este índice, pues ellos vieron aumentada su esperanza saludable en 1,23 años y ellas solo en 0,85 años.

No obstante, vale aclarar que, en términos generales, las ticas tienen más años con buena salud, pues su índice es de 71,85 años, mientras que la de los hombres es de 69,23 años.

Estas cifras son mayores al promedio mundial que es de 64 años: 61 años para los hombres y 67 para las mujeres. El país con más años saludables para los hombres es Singapur, con 72,3 años, y para las mujeres es Andorra en Europa, con 76,3 años. Por su parte, la nación con menos vida saludable, tanto para hombres como para mujeres, es Lesoto (en África): 39,1 años para ellos y 43,8 para ellas.

Lo que nos destaca y lo que podríamos mejorar

¿Cuáles son las enfermedades que más impactan el bienestar de los hombres y las mujeres costarricenses? El documento indica que son los males cardíacos, los dolores de espalda, los desórdenes depresivos, las pérdidas auditivas y la diabetes.

"El estudio nos dice que, como país, estamos abordando los factores de riesgo y adoptamos prácticas saludables, como hacer ejercicio físico, dejar de fumar, controlar el estrés. Pero también nos muestra que debemos reforzar la atención de la salud mental y el control de enfermedades cardiovasculares", comentó María del Rocío Sáenz, presidenta ejecutiva de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

Otro factor que contribuye a que los ticos destaquemos en estos índices es que en Costa Rica se ubica uno de los sitios con  mayor longevidad en el mundo: la llamada zona Azul de la Península de Nicoya, donde la población mayor de 80 años vive muy bien.

Sin embargo, hay otros factores que nos restan a los costarricenses años de vida saludable, así como esperanza de vida al nacer. Los accidentes de tránsito, los accidentes laborales, los homicidios y los suicidios hacen que muchas personas mueran de forma prematura.

"La violencia es una variable que debe tomarse en cuenta. Los homicidios, suicidios y accidentes hacen que sea muy difícil subir más la esperanza de vida saludable", comentó Jaqueline Castillo, investigadora de la CCSS que colaboró con datos y análisis para el estudio.

¿Cómo se hizo el estudio?

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron un indicador conocido como Evisa (años de vida saludables) que calcula cuántas personas mueren, a qué edad (según cada enfermedad o accidente) y cuántas personas continúan vivas pero con poco bienestar. Para ello se analizaron 249 causas de muerte, 315 enfermedades y 79 factores de riesgo en 195 naciones.

Así se determinó cuántos años vive con salud la población mundial y cada país.

Esto no quiere decir que sean los últimos años de la existencia los que se viven con poca salud o mala calidad de vida, ya que las enfermedades o accidentes pueden suceder en cualquier momento.

En el mundo

El reporte indica que la esperanza de vida al nacer subió 10,6 años en la última década y media, pero que los años de vida saludable solo han aumentado 6,1 años en este período. No obstante, en cuatro países –Lesoto, Siria, Libia y Afganistán– este indicador más bien descendió.

La investigación también muestra que las disparidades abundan: mientras que en los países desarrollados la calidad de vida se ve impactada por diabetes, hipertensión, obesidad y males cardíacos; en las naciones más pobres y a pesar de algunos avances importantes, la desnutrición, la falta de acceso a agua potable y a medicamentos, causan serios inconvenientes.

No obstante, hay males comunes en todo el orbe: dolores de cabeza, de muelas, caries y pérdida de visión y oído, que afectan a una de cada 10 personas en el mundo, sin importar el país donde vivan o su condición socioeconómica.

Desde nuestro metro cuadrado

¿Cómo mejorar nuestra propia esperanza de vida saludable? Castillo asegura que el tener un buen estilo de vida hace que sean más fáciles de sobrellevar las enfermedades de tipo genético.

"Hacer ejercicio, comer frutas y verduras y poca cantidad de comidas grasosas, no fumar y manejar el estrés es vital. En esto de manejar el estrés es muy importante dormir bien. Con todo esto vamos no solo a aumentar las posibilidades de vivir más años, también de vivir mejor", concluyó la especialista.

8 de octubre de 2016

Los 10 errores más comunes cuando nos ponemos a dieta

Tomado de: www.elmundo.es

Durante las vacaciones, hay quien se ha 'abandonado' sin cargo de conciencia al relax y a los placeres gastronómicos de la época estival. Superado septiembre, mes de transición, es momento de recuperar los buenos hábitos deportivos y alimenticios para volver a esa buena forma que con tanto esfuerzo consiguió antes del verano.

Para evitar que dieta y frustración se conviertan en sinónimos, la Doctora Marta Cuervo, profesora del grado en Nutrición Humana y Dietética de la Universidad de Navarra, y Elizabeth González, portavoz de la Asociación de Dietistas-Nutricionistas de Madrid (Addinma) explican a ZEN los errores más comunes que se cometen a la hora de ponerse a dieta.

1.- Seguir el régimen de un amigo

"Lo básico para que una dieta funcione es que sea personalizada", afirma Cuervo tajante. "Es muy común seguir el menú 'milagro' que propone una revista o si conocemos a alguien que ha perdido mucho peso inmediatamente le pedimos su plan de comidas. ¿El problema? Que lo que le ha funcionado a tu conocido no tiene el mismo efecto en nosotros, con la consecuente frustración", corrobora González. 

Para perder peso de forma saludable, segura y duradera es fundamental consultar con un especialista quien tendrá en cuenta "nuestro estilo de vida, horarios y apetencias".

2.- Saltarse una comida

Dejar de desayunar o irse a la cama sin cenar tampoco funciona. "Si nos saltamos alguna comida llegaremos a la siguiente ansiosos y con un hambre desmedida con lo que es más fácil que sucumbamos con productos calóricos, poco saludables y que provocan un pico de glucosa en nuestra sangre, con lo que volveremos a tener hambre al poco tiempo", explica la portavoz de Addina. 

Al contrario, lo recomendable para adelgazar es hacer más de tres comidas al día. "Completar desayuno, comida y cena con un tentempié a media mañana o con una merienda saludable", recomienda Cuervo. De esta manera llegaremos a nuestra cita con el frigorífico con menos ansiedad. El número de ingestas recomendables al día variará en función de nuestro horario, costumbres y estilo de vida.

3.- Pesarse todos los días

Estamos a dieta y es normal que queramos ver progresos. Sin embargo, obsesionarse con la báscula es contraproducente. "Tengo gente en consulta que se pesa hasta dos veces al día y llega a conclusiones tales como 'acabo de tomar una ensalada de pepino y peso más, eso es que el pepino me engorda'", rememora González. "Adelgazar no consiste en pesar menos, sino en perder grasa", explica la profesora de la Universidad de Navarra. "Igualmente, si bebo medio litro de agua y automáticamente me peso, la báscula marcará medio kilo más pero el agua ni engorda ni adelgaza -otro mito muy extendido- pero, desde luego, es necesario y saludable beberla".

4.- No realizar ninguna actividad física

De la misma manera que hay que acompañar el ejercicio de una dieta adecuada, un régimen debe complementarse con algo de actividad física. "Si no, la pérdida de peso se deberá a la pérdida de masa muscular y no de grasa. Si hacemos alguna actividad física, no hace falta que sea intensa, preservaremos nuestra masa muscular y la pérdida de peso será a costa de la grasa acumulada", detalla la profesora Cuervo.

5.- Comer sólo alimentos 'light'

Un producto para ser etiquetado como 'light' debe contener un 30% menos de calorías que el producto de referencia. Por ejemplo, la mayonesa contiene 900 calorías por cada 100 gramos, si optamos por la mayonesa 'light' estamos consumiendo 600 calorías, menos que con la mayonesa tradicional, sí, pero lejos de nuestros objetivos para bajar de peso. 

Además, en muchos casos, esa falta de grasa se compensa con azúcares añadidos. "Por lo que, en algunos casos, el producto bajo en calorías es más perjudicial que el de refencia", apunta González. Algo que también ocurre con algunos productos desnatados. "Debemos optar por productos desnatados que además sean edulcorados o que no contengan azúcares añadidos", recomienda Cuervo.

6.- Adelgazar con productos integrales

El error está en considerar que son menos calóricos que los productos refinados. "Ciñéndonos al aporte de calorías aportan tantas o incluso más que los blancos", asegura Cuervo. "Ahora bien, son más saciantes y mejoran el tránsito intestinal por lo que son mucho más saludables".

7.-Renunciar a los hidratos

Es el enemigo número de cualquier dieta. Lo primero que se deja de lado cuando queremos perder peso. En opinión de las expertas, renunciar a cualquier grupo de alimentos no tiene sentido. Incluidos los hidratos. "Prácticamente ningún alimento es 'puro', todos están compuestos por parte de hidratos, proteínas, grasas...", asegura la portavoz de Addina. Por eso mismo, las expertas desprestigian las dietas disociadas, esas que promulgan que no se pueden mezclar hidratos con proteínas, etcétera.

Lo que no quiere decir que nos lancemos a tomar pasta. "Es recomendable optar por hidratos de bajo índice glucémico -la velocidad a la que sube el azúcar en sangre tras tomarlos- como los cereales integrales y la verdura. La fruta, también, pese a tener sacarosa aporta mucha fibra", opina Cuervo.

¿Y qué pasa con el pan? "El pan por sí mismo no engorda, engorda aquello con lo que lo tomas. No hay alimentos que por sí mismos sean buenos o malos sino patrones dietéticos no adecuados".

8.- No darse ningún capricho

La profesora de la Unav es tajante: "Una dieta en la que no se permite ningún capricho está condenada al fracaso. No olvidemos que el objetivo de un régimen es que se cumpla. Para una persona que toma cerveza todos los días pasar a consumirla sólo dos ya es todo un éxito".

"Las dietas tiene que programarse de forma que la persona pueda seguir teniendo vida social. Que si tiene un desayuno de trabajo o una cena con amigos no tenga que quedarse condenado en casa. Así, es prácticamente seguro que abandonará el régimen", explica González.

9.- Pasarse con el aceite

Todos hemos escuchado hablar de las bondades del aceite de oliva, tanto que hay quien olvida que se trata de un producto muy calórico. "El aceite de oliva tiene muchísimas propiedades beneficiosas pero no podemos pasar por alto que es 100% grasa", afirma Cuervo. "Hay que tomar aceite, es muy beneficioso, pero controlando las cantidades. Sólo con esto, ya reduciremos mucho la grasa en la dieta".

10.- Vigilar las cantidades

No se trata de obsesionarse y pesar todo lo que comemos pero sí ser conscientes de las cantidades. "Tengo pacientes que afirman no entender por qué engordan si únicamente comen legumbres. La pregunta es cuánta comen", reflexiona la profesora universitaria.Ahora sí, se acabó seguir un régimen tras otro. Consulte a un especialista y no olvide concederse un capricho.

Tres cambios en el estilo de vida para ayudar a prevenir el cáncer de mama

Tomado de: medlineplus.gov

Aunque el cáncer de mama es el segundo tipo más común de cáncer en las mujeres estadounidenses, hay tres medidas que las mujeres pueden tomar para reducir su riesgo, plantea una nutricionista.

El Instituto Americano de Investigación sobre el Cáncer (AICR) estima que se podrían prevenir alrededor de un tercio de los casos de cáncer de mana mediante el control del peso, el ejercicio y una reducción en el consumo de alcohol.

"Aunque no hay garantías respecto al desarrollo del cáncer, lo que sabemos es que las mujeres pueden tomar medidas cada día para reducir las probabilidades de desarrollar cáncer de mama, junto con varios cánceres y enfermedades crónicas más", comentó Alice Bender, directora de los programas de nutrición del AICR.

La primera es llegar y mantener un peso sano. Alrededor de un 20 por ciento de los casos de cáncer de mama se deben a un exceso de grasa corporal. Y además del cáncer de mama, el sobrepeso y la obesidad aumentan el riesgo de 10 cánceres más, advirtió Bender en un comunicado de prensa del instituto.

La segunda medida es hacer al menos 30 minutos de actividad física moderada cada día. Hacerlo ayuda a gestionar el peso y mejora al sistema inmunitario.

Y el tercer paso es evitar el alcohol, o beber en moderación. Incluso unas pequeñas cantidades de alcohol de forma regular aumentan el riesgo de cáncer de mama, según Bender. Las mujeres que beban deben limitar su consumo de alcohol a una copa al día.

Los investigadores también han encontrado que amamantar reduce el riesgo de cáncer de mama, señaló.

"Con respecto al cáncer de mama, una puede tomar el control para reducir el riesgo a través de cambios en el estilo de vida que ofrecen una potente protección", enfatizó Bender.

Octubre es el mes nacional de concienciación sobre el cáncer de mama.

Caminar es tan importante como la medicina en adultos mayores

Tomado de: www.nacion.com

Nunca es tarde para ponerse en movimiento: una actividad física tan sencilla como caminar ayudó a los adultos mayores con alto riesgo a permanecer móviles después de sufrir enfermedades discapacitantes, incluso pasados los 70 años y habiendo sido personas sedentarias.

Así lo señalaron investigadores estadounidenses en un estudio publicado en Annals of Internal Medicine, quienes incluso aseguran que el ejercicio puede ser tan importante como la medicación.

"Una vez que se pierde la movilidad en la vida, se pierde la independencia", dijo Patricia Katz de la Universidad de California en San Francisco, quien no participó del estudio.

Lo más notable, dijo Katz, es que los caminantes, "si empiezan a tener problemas, tienen mayores posibilidades de recuperarse y volver a funcionar".

Los adultos mayores suelen oscilar entre estados de independencia y discapacidad temporal: una fractura de hueso, una operación o una hospitalización que requiere tiempo y rehabilitación para volver a ponerse de pie.

El estudio investigó si la actividad física regular ayudaba incluso a las personas de edad más avanzada a permanecer en movimiento a pesar de otros problemas de salud.

Se investigó a unos 1.600 adultos de entre 70 y 89 años considerados de alto riesgo por sedentarismo y problemas crónicos como insuficiencia cardíaca o diabetes. Casi la mitad eran mayores de 80 años y para poder enrolarse debían ser capaces de caminar 400 metros en 15 minutos: es mucho tiempo y a algunos les tomó hasta el último minuto.

"Apuntamos a la gente que podía ser la más beneficiada", dijo Thomas Gill, gerontólogo de la Universidad de Yale y jefe de la investigación.

El estudio comparó a las personas que seguían un programa regular de caminatas junto con ejercicios para la fuerza y el equilibrio con un grupo de control al que se impartió educación sanitaria.

A lo largo de tres años y medio, la actividad de caminar redujo en 25% el tiempo de padecimiento de un problema de movilidad.

Los caminantes tenían menores probabilidades de sufrir pérdida de movilidad, mayores probabilidades de recuperarla si la perdían y menores probabilidades de volver a perderla, dijo Gill.

1 de octubre de 2016

Para reducir la ingesta de azúcar de los niños, elimine las bebidas endulzadas

Tomado de: medlineplus.gov

¿Busca la forma más rápida de reducir el azúcar añadido de la dieta de su hijo? Elimine las bebidas endulzadas con azúcar, aconseja una experta en nutrición.

Azúcar añadido es un término que se usa para describir cualquier azúcar que se agregue a los alimentos o que se utilice en el procesamiento y preparación de alimentos o bebidas. Esto incluye a edulcorantes como el azúcar, la fructosa y la miel.

"Los niños que comienzan a consumir mucho azúcar añadido, en particular en las bebidas, a una edad temprana, son más propensos a desarrollar todas las cosas que contribuyen a la enfermedad cardiaca, como triglicéridos altos, diabetes y exceso de peso, todo lo cual aumenta las probabilidades de desarrollar una enfermedad del corazón", comentó Jo Ann Carson, profesora de nutrición clínica del Centro Médico Southwestern de la Facultad de Profesiones de la Salud de la Universidad de Texas.

Los niños menores de dos años no deben ingerir nada de azúcar añadido en la dieta. Los niños y jóvenes de 2 a 18 años no deben consumir más de 25 gramos de azúcar añadido cada día, según la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association, AHA).

"Ese es el equivalente de apenas seis de esos paquetitos de azúcar blanco", dijo Carson en un comunicado de prensa del centro.

Pero el niño estadounidense promedio consume cerca de 80 gramos de azúcar al día. La mejor forma en que los padres pueden controlar la ingesta de azúcar añadido de sus hijos es eliminar las bebidas azucaradas, como los refrescos, los jugos, las bebidas energéticas y las bebidas deportivas, aconsejó.

En un vaso de 8 onzas (unos 236 mililitros) de limonada o bebida deportiva hay más de 20 gramos de azúcar, explicó Carson. Recomienda reemplazar esas bebidas ricas en azúcar con agua o leche baja en grasa para reducir de forma significativa la ingesta total de azúcar de los niños.

¿Cómo influye la dieta en el rendimiento escolar?

Por AITOR SÁNCHEZ GARCÍA / Tomado de: www.consumer.es

¿Influye la dieta en el rendimiento escolar de los niños? Esta cuestión es posible abordarla de dos maneras. Por un lado, se puede ver si existe una relación a corto plazo, por ejemplo, si influye el desayuno en la atención de los pequeños en el aula. Y, por otro, se puede buscar la asociación entre una buena o mala alimentación sostenida en el tiempo y el rendimiento académico a largo plazo. ¿Consiguen mejores resultados aquellos que llevan una dieta más saludable? Sobre este último tema se profundiza en el siguiente artículo.

A la primera pregunta, ya se ha intentado responder en anteriores artículos. En ellos se desgrana la influencia del consumo de azúcar en el rendimiento mental; en particular, en el desayuno. Las conclusiones a día de hoy siguen siendo muy parecidas: primar la calidad de los alimentos por encima de realizar o no una ingesta determinada sigue siendo el consejo adecuado.

De manera que este artículo analiza la segunda cuestión: ¿qué impacto tiene el global de la dieta en el rendimiento académico a largo plazo? El sentido común lleva a pensar que un niño bien alimentado, es decir, que sigue una dieta suficiente y saludable, rendirá mejor en todos los aspectos de la vida y por tanto también en el colegio. Y, según parece, la ciencia nos da la razón.

Diversos estudios sobre alimentación y rendimiento escolar

La adherencia a un patrón de alimentación saludable durante la infancia, como podría ser el mediterráneo, se traduce en un mejor rendimiento académico en la primera adolescencia, que además mejora a medida que la alimentación se acerca más a los valores óptimos de la dieta mediterránea. Estos resultados los ha mostrado un estudio muy reciente realizado en más de 1.300 niños y niñas españoles de entre 10 y 14 años aproximadamente. A la misma conclusión se llegó con los niños griegos. La dieta mediterránea bien entendida mejora los resultados académicos de los chavales. Por tanto, no desaprovechemos esa ventaja.

Pero no solo en España se ha llegado a esa conclusión. También este año se ha sabido que los niños chilenos que llevan una dieta poco saludable tienen un peor rendimiento académico que los que han seguido una dieta saludable. En concreto, se refiere a los pequeños con alta ingesta en energía, grasa de mala calidad y pobre en fibra, que viene dada por productos ultraprocesados insalubres como la bollería industrial o los snacks fritos. Hay que recordar que, según el estudio ANIBES, la bollería es el segundo grupo que más calorías aporta a la dieta infantil en nuestro país. Tomemos nota de los resultados obtenidos en Chile, ya que con toda probabilidad serían similares en España.

La hipótesis de que a una alimentación más saludable mejor resultado escolar la confirman también los niños canadienses, que en Primaria ya muestran diferencias de rendimiento entre los que llevan una alimentación adecuada y los que no.

Tampoco se salen del patrón los pequeños australianos que, con solo cuidar la dieta, los dos primeros años de vida (haciendo hincapié en el consumo de fruta) consiguen mejores resultados académicos en todas las edades.

Por si quedaba alguna duda, la despeja una revisión publicada este mismo mes que llega a conclusiones similares: hay una mejora moderada del rendimiento relacionada con la buena alimentación, aunque insiste en la necesidad de seguir investigando. En este sentido, es preciso tener en cuenta también un sesgo al interpretar estos resultados, y es que los niños que comen de forma más saludable suelen estar en familias más preocupadas por la salud y en general por el estado del hijo: es, por tanto, muy probable que reciban más atención en todos los aspectos del día a día.

Mejorar políticas de salud pública en alimentación

Es lógico pensar que una alimentación sana ayuda a aprovechar mejor las enseñanzas del colegio, además de ser uno de los principales focos de atención en lo que a mejorar marcadores de salud y reducir el riesgo de padecer numerosas enfermedades en el futuro se refiere. Seguimos pues sumando argumentos para mejorar con urgencia las políticas de salud pública en alimentación destinadas a población infantil. ¿Cuánto más vamos a esperar antes de tomar cartas en el asunto?

Si se están preguntando en qué consiste exactamente una alimentación infantil saludable, la respuesta es sencilla. La alimentación saludable es aquella en la que no se consumen (o se toman muy ocasionalmente) ni refrescos, ni bollería, ni comida rápida, ni precocinados, ni postres azucarados, ni productos ricos en azúcar añadido. Casi todo lo que queda es saludable: verdura, hortaliza, fruta, legumbres, frutos secos, aceite de oliva, carnes y pescados no procesados, cereales integrales, lácteos enteros sin azúcar... en definitiva, materias primas saludables.

Si como adolescente se lleva una dieta saludable, como adulto se aumenta menos de peso

Tomado de: medlineplus.gov

Los adolescentes que comen bien podrían ganar menos peso más adelante, según unos investigadores.

Animar más a los jóvenes a comer frutas y verduras variadas, además de proteínas magras y granos integrales, al tiempo que se limita el azúcar, la carne roja y los alimentos procesados, podría tener un efecto positivo a largo plazo en las tasas de obesidad, hallaron los investigadores.

Los investigadores de la Universidad de Minnesota examinaron la dieta y el peso de más de 2,500 adolescentes, a partir de los 15 años de edad, a lo largo de una década.

"Las personas con una dieta más sana a los 15 años aumentaron menos de peso en los siguientes 5 y 10 años", señaló en un comunicado de prensa de la universidad el autor principal, David Jacobs. Jacobs es profesor de epidemiología y salud comunitaria.

Un estudio separado de estudiantes de escuela intermedia y secundaria mostró unos resultados parecidos. Descubrió que los que comían de forma saludable no eran más delgados cuando tenían 15 años, pero sí lo eran a los 20 y 25 años de edad.

Y eso fue cierto independientemente de su ingesta de alimentos, de su actividad física y los hábitos de tabaquismo, según el informe publicado recientemente en la revista The Journal of Pediatrics.

"Las preferencias y actitudes con respecto a la comida podrían estar establecidas ya a los 15 años de edad", dijo Jacobs. "Las elecciones que hacen los adolescentes durante esa etapa establecen un patrón de dieta de por vida, lo que podría influir en el aumento de peso a lo largo del tiempo".

Los autores del estudio sugirieron que los padres y los profesionales de atención de la salud ayuden a los jóvenes a desarrollar hábitos de alimentación saludables y a reconocer que los gustos pueden cambiar.