26 de noviembre de 2016

¿Cuánto tiene que comer mi hijo?

Por AITOR SÁNCHEZ GARCÍA / Tomado de: www.consumer.es

¿Cuánto tiene que comer un niño? "¿No será mejor que coma cualquier cosa, aunque sea un dulce, a que no coma?" "¿Es malo que insista en consumir el mismo alimento día tras día?" Estas preguntas son habituales entre los padres y cuidadores de niños pequeños, que se preocupan por su alimentación e intentan hacer las cosas lo mejor posible. Como se ve a continuación, a menudo la respuesta es más simple de lo que parece: poned a su alcance alimentos saludables y dejad que coma según su gusto personal y su apetito.

Mi niño no me come

'Mi niño no me come' es el título de un conocido libro de alimentación escrito por el pediatra Carlos González. Junto con 'Se me hace bola', del dietista-nutricionista Julio Basulto, se trata de una lectura más que recomendable para entender mejor la relación de los pequeños con la comida.

En un entorno como el nuestro, con disponibilidad de alimentos, es poco probable que un niño pase hambre. Tenemos esa gran suerte. Si un bebé o niño pequeño tiene hambre, lo hará saber, bien pidiendo comida, pecho, o bien llorando si todavía no habla.

Si un niño sano y activo no desea comer, o no quiere acabarse el plato, lo más sensato es respetarlo y ofrecerle más comida cuando tenga hambre de nuevo. Muchas veces la "inapetencia" de los pequeños no es más que la diferencia entre lo que necesitan comer y las expectativas de los adultos que los rodean sobre lo que "deberían" comer, tal y como indica la guía de 'Recomendaciones para la alimentación en la primera infancia', editada por el Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña, que se puede descargar aquí.

Si, por el contrario, el niño está apático, cansado y abatido, y además se niega a comer, la solución nunca pasará por obligarle a realizar la ingesta, sino por solucionar lo que lo mantiene en ese estado. ¿Está incubando un resfriado? ¿Tiene algo de anemia? ¿Le duele algo o se encuentra mal?

El apetito de los niños: variable e impredecible

El apetito de los pequeños es, en palabras de la Academia Americana de Pediatría, "fluctuante e impredecible", ya que se adapta a su crecimiento, además de a su actividad. El crecimiento de los pequeños no es lineal ni sostenido, sino que experimenta variaciones de una semana a otra y eso se refleja en el hambre que el menor tenga. Entonces, ¿cuánto tiene que comer un niño sano? Tanto hasta saciar su hambre.

Mientras tome aún leche materna o, en su defecto, leche de fórmula, la alimentación complementaria puede significar una parte muy pequeña de su aporte nutricional e ingerir muy poca cantidad de alimentos distintos a la leche. Eso no supone ningún problema: el momento en el que cada niño muestra interés por la comida y esta va desplazando a la lactancia puede ser distinto y ser normal en un abanico muy amplio de casos. Existen bebés de nueve meses que apenas prueban o juguetean un poco con la comida sólida, mientras otros son capaces de hacer casi todas las ingestas. Ambos casos son normales y se corresponden con niños saludables. Cada bebé tiene su ritmo y su propio desarrollo.

Lo mejor que se puede hacer es ofrecerles opciones saludables y dejar que elijan y coman según su apetito. Si se le da a un niño siempre galletas en el desayuno, se le estará creando un hábito poco saludable y es probable que rechace en el futuro alimentos menos dulces y palatables. Si, en cambio, se le ofrecen desayunos a base de alimentos saludables (fruta, pan integral, yogur natural, leche, frutos secos, huevos, avena...), se le puede dejar elegir. Tanto si prefiere desayunar un yogur natural con plátano, como una tostada con tomate, como un huevo cocido y unas uvas, estará haciendo una elección saludable.

Creando un entorno saludable

Cuando los alimentos superfluos, los dulces, los precocinados, los refrescos, los bollos, las salsas industriales o las chucherías en casa nunca han sido una opción, lo que queda es saludable, por lo que se le puede dejar escoger qué y cuánto quiere comer sin temor a que elija mal. No pasa nada por comer con mucha frecuencia o muchos días seguidos un alimento saludable. Mientras es habitual que los niños consuman a diario yogures con 14 g de azúcar, cacaos solubles azucarados o embutidos, nos parece un problema que coman gazpacho cada día en verano porque les gusta o nos preocupamos si alguna familia alimenta a su hijo a diario con lentejas. Si recapacitamos, veremos que no tiene sentido.

Por último, no se debe olvidar que uno de los factores más importantes que influyen en la preferencia de los niños por unos u otros alimentos es el ejemplo que reciben. El estilo de vida de los padres es un factor decisivo en el desarrollo de su propio patrón de alimentación.

Opte por la comida saludable esta temporada de fiestas

Tomado de: medlineplus.gov

Incluso las mejores intenciones de optar por la comida saludable durante el periodo festivo pueden venirse abajo, advierte la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association).

Comer una dieta que consista en fruta, verdura, proteína magra y granos saludables es uno de los modos más importantes de reducir el riesgo de enfermedad cardiaca y accidente cerebrovascular, apunta la asociación.

Afortunadamente, hay modos de evitar los momentos de debilidad al comer o al salir a alguna reunión, dijo Rachel Johnson, profesora de nutrición en la Universidad de Vermont y ex presidenta del comité de nutrición de la asociación.

Cuando coma en un restaurante, el primer paso es mirar al menú negándose a ver ciertas cosas.

"Ni siquiera se permita mirar en la sección [no saludable] del menú", aconsejó Johnson en un comunicado de prensa de la asociación. Es mucho más fácil pedir una ensalada cuando las opciones del menú llenas de grasa y calorías están descartadas, añadió.

En casa, también es importante anticipar las ansias de comer alimentos no saludables. Muchas personas comen refrigerios no saludables cuando se relajan después de cenar, dijo Johnson. En lugar de ceder a esas ansias, dé un paseo o llame a un amigo por teléfono, sugirió.

También es una buena idea planear por adelantado y adelantarse a las tentaciones con la comida. Para aumentar las probabilidades de tomar decisiones saludables, Johnson ofrece los siguientes consejos:
  • Almacene los alimentos no saludables fuera de la vista. Ponga esos alimentos en un armario o en un contenedor que no sea trasparente. Deje un bol con fruta en la encimera en lugar de un frasco con galletas.
  • Compre porciones más pequeñas o que estén envasadas de forma individual. En lugar de comprar medio galón (casi dos litros) de helado, compre helados con pocas calorías y envasados individualmente.
  • Límpiese los dientes inmediatamente después de comer. Tener un aliento fresco con olor a menta hará que sea menos tentador que coma algún capricho.
  • Compre chicles sin azúcar. El dulzor de mascar chicle puede calmar las ansias de comer alimentos con azúcar o con más calorías.
  • No se exceda. Si cede a la tentación, hágalo con moderación. Tome una porción pequeña y comparta el resto con alguien, o guárdelo.

Las 'dietas yo-yo' no son buenas para el corazón de las mujeres mayores, según un estudio

Tomado de: medlineplus.gov

Pero al menos una experta en nutrición dice que es demasiado pronto para sacar conclusiones

Millones de estadounidenses tienen dificultades de por vida con el tamaño de su cintura, y hacen dieta, pierden peso y luego vuelven a recuperarlo de nuevo.

Es un patrón conocido como "dieta yo-yo", y un nuevo estudio sugiere que no es beneficioso para el corazón de las mujeres mayores.

"Las mujeres con un [peso] normal que siguen una dieta yo-yo a lo largo de su vida adulta tienen un riesgo más alto de muerte súbita cardiaca y de muerte por enfermedad cardiaca coronaria", comentó el líder del estudio, el Dr. Somwail Rasla.

El riesgo de muerte súbita cardiaca fue casi 3.5 veces mayor, y el riesgo de muerte vinculado con la enfermedad cardiaca coronaria fue un 66 por ciento más alto, según Rasla, residente de medicina interna en el Hospital Conmemorativo de Rhode Island, en Pawtucket.

Los expertos saben desde hace tiempo que tener sobrepeso en la mediana edad está vinculado con un riesgo más alto de muerte por enfermedad cardiaca. Puede aumentar también las probabilidades de muerte súbita cardiaca, una afección en la que el sistema eléctrico del corazón deja de funcionar de forma abrupta.

Pero se sabe menos sobre el modo en que aumentar y perder de peso de forma repetida podría afectar al riesgo de muerte por enfermedad cardiaca de una persona.

Para realizar el nuevo estudio, el equipo de Rasla examinó los historiales autorreportados sobre el peso de más de 158,000 mujeres mayores postmenopáusicas. Los investigadores pusieron a las mujeres en 4 categorías: peso estable, aumento de peso constante, pérdida de peso mantenida o patrón de "dieta yo-yo".

El peso estable se definió como aumentar o perder no más de 10 libras (4.5 kg) a lo largo de la vida adulta, dijo Rasla.

Luego se hizo un seguimiento de la salud de las mujeres durante más de 11 años.

A lo largo del periodo de seguimiento, un poco más de 2,500 mujeres fallecieron de enfermedad cardiaca coronaria y 83 fallecieron de muerte cardiaca súbita, una afección mucho más rara, mostró el estudio.

Las mujeres que empezaron el estudio con un peso saludable (y luego ganaron y perdieron peso de forma repetida a lo largo de los años) tenían el riesgo más alto de mortalidad por enfermedad cardiaca coronaria o muerte cardiaca súbita, encontraron los investigadores.

Mantener un peso estable parecía ser clave. Por ejemplo, el estudio no encontró ningún aumento en el riesgo de mortalidad para las mujeres que dijeron que aumentaron de peso y no lo perdieron, o para las que perdieron peso y no lo recuperaron de nuevo.

Es preciso señalar que el estudio solamente encontró una asociación entre la dieta yo-yo y los problemas cardiacos, y no una conexión causal.

Pero ¿por qué un historial de "subida y bajada" de peso sería potencialmente peligroso para el corazón? Rasla comentó que ahora mismo no puede explicar los hallazgos y que se necesita más investigación.

Además, el estudio contó solamente con mujeres, de modo que no pudo especular sobre cómo podría afectar ese ciclo de cambio de peso al riesgo de enfermedad cardiaca de los hombres.

Por ahora, dijo Rasla, el mensaje parece ser que "mantener un peso corporal estable es lo mejor para la salud general".

Pero una dietista que revisó los nuevos hallazgos animó a que se fuera cauto a la hora de interpretar el estudio.

Connie Diekman, directora de nutrición universitaria en la Universidad de Washington en St. Louis, comentó que se necesitan más investigaciones para determinar si la conexión entre la muerte súbita cardiaca y la enfermedad arterial coronaria con la dieta yo-yo está, de hecho, relacionada con otras variables no identificadas en el estudio.

"El valor que este estudio proporciona es el recordatorio importante de que un 'ciclo de cambio de peso' (perder peso, ganarlo, perderlo, ganarlo) no es un buen modo de alcanzar un peso saludable", dijo Diekman.

Para las personas que deseen tener un peso saludable, ella aconseja centrarse en los cambios generales en el estilo de vida, no en las dietas drásticas u otras curas rápidas.

La clave es "saber encontrar el equilibrio entre lo que come con la actividad que realice de tal modo que pueda mantenerlo de por vida", dijo Diekman.

Rasla presentó los hallazgos el martes en la reunión anual de la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association), en Nueva Orleáns. Loes estudios presentados en reuniones médicas se consideran preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.

19 de noviembre de 2016

Más de la mitad de escolares y colegiales ticos están descontentos con su cuerpo

Tomado de: www.nacion.com

Más de la mitad de los escolares y colegiales costarricenses están en riesgo de sufrir trastornos alimentarios graves como la anorexia –dietas estrictas, ayunos y bajadas de peso drásticas– y la bulimia –atracones de comida para luego vomitarse o purgarse–.

Estas son las conclusiones de una investigación realizada por el Instituto Costarricense de Enseñanza e Investigación en Salud (Inciensa), la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad Estatal a Distancia (UNED) con 2.626 estudiantes de 64 centros educativos del país.

El informe revela que el 57,7% de los escolares y colegiales está en descontento con su imagen corporal. Aún más: casi cuatro de cada diez (35,9%) de los entrevistados con peso normal y el 24,9% de alumnos con un bajo peso confesaron  sentirse "gordos", aunque sus familiares y amigos les digan lo contrario.

A esto se le debe añadir que el 37,2% dijo contar las calorías que come, el 31% evita comer "harinas" (carbohidratos), un 14,2% siente culpabilidad al comer y al 10,9% le gusta sentir el estómago vacío.

Las cifras se tornan más preocupantes para los investigadores: el 21,6% admitió tomar pastillas o tomar tés para adelgazar, 7,7% se provoca el vómito y 11% tiene ganas de vomitar después de comer.

"Estas conductas no indican que ya existe un trastorno alimentario en sí, pero sí son factores de riesgo que exponen a los niños y jóvenes y hay que ponerles mucha atención", comentó a La Nación la trabajadora social Flory Virginia Alfaro, una de las investigadoras.

Alfaro agregó que les inquieta el hecho de que este panorama se vio por igual en mujeres y hombres de todas las edades y sin importar el grupo socieconómico al que pertenecen.

"En los grupos focales que hicimos algunas chicas sí nos decían que se sentían con mucha presión dentro de sus compañeros para estar delgadas y bonitas", aseveró la especialista.

Para las investigadoras, esto puede producir graves daños a la salud. Por ejemplo, la anorexia tiene consecuencias a más largo plazo, pero pueden ser mortales. El cuerpo humano está capacitado para almacenar energía y utilizarla en períodos en que no se coma, por lo que la anorexia puede demorar hasta 20 años en matar a una persona. Sin embargo, cuando ya el mal se vuelve crónico, los órganos responden de manera lenta, luego bajan la circulación y la frecuencia cardíaca.

Por su parte, la bulimia puede alterar de otras formas. El organismo está diseñado para vomitar solo en casos esporádicos, como defensa cuando un alimento cae mal o hay un virus o bacteria. Si se vomita en exceso, hay pérdida de líquidos y de jugo gástrico.

La presencia de jugo gástrico en garganta y boca, a su vez, causa problemas en esófago y pérdida de dientes. La acidez del cuerpo se desequilibra y se disminuye el potasio, esto inhibe la función de todos los músculos, incluyendo el corazón, que puede dejar de latir.

¿Qué hacer?

Alfaro indicó que la mejor forma para saber si una persona está en riesgo de sufrir un trastorno de alimentación es fijarse si ese niño o adolescente come al menos una vez al día en familia.

"El compartir al menos una comida es clave para saber si los jóvenes están comiendo menos, prefieren no comer, dicen que hay un alimento que no van a volver a comer del todo, comentan que están preocupados por su cuerpo o muestran otro tipo de señales que deben conversarse. Es un trabajo de todos: papás, mamás, abuelos, tíos y hermanos pueden detectar estas señales", subrayó Alfaro.

Si se detecta alguna conducta de riesgo, se puede acudir con un médico, nutricionista o psicólogo. En el caso de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), los Ebáis refieren los casos a centros médicos (por lo general clínicas y hospitales) en los que hay un equipo interdisciplinario (médico, nutricionista, psicólogo, trabajador social y enfermero).

"El apoyo de la familia para detectar y tratar estos casos es vital. Acompañar a los niños en su crecimiento es muy importante", concluyó Alfaro.

¿Cómo se hizo el estudio?

Estas cifras son los resultados preliminares de un proyecto de investigación mucho más grande llamado La educación como promotora de la salud integral en la niñez y la adolescencia en y desde los centros educativos costarricenses, que explora la promoción de la salud desde diferentes ópticas como la alimentación, la actividad física, y la educación, entre otros.

El estudio no va en una sola línea, por lo que cinco diferentes profesionales ven los distintos aspectos: dos nutricionistas, una educadora, una microbióloga y una trabajadora social.

Como se mencionó al principio, las pesquisas tomaron en cuenta a 2.626 estudiantes de 64 centros educativos (40 escuelas y 24 colegios) de todo el país. Se incluyeron instituciones públicas, privadas y subvencionadas de zonas rurales y urbanas de las siete provincias.

Las investigadoras realizaron un cuestionario en donde se les preguntó a los niños y adolescentes por su actitud ante la comida, las costumbres a la hora de comer en casa –y fuera de esta– y cómo se sentían con su imagen corporal. En los niños de primer y segundo grado las científicas realizaban las preguntas; de tercer grado en adelante los jóvenes llenaban un cuestionario.

También se realizaron grupos focales con las diferentes poblaciones (según región, sexo y edad) para tener resultados más cualitativos.

El alcohol podría fomentar el riesgo de cáncer de próstata

Tomado de: medlineplus.gov

Beber podría aumentar el riesgo de cáncer de próstata, y mientras más beben los hombres mayor es su riesgo, sugiere un nuevo análisis de 27 estudios.

Científicos canadienses y australianos encontraron una asociación significativa entre el alcohol y el riesgo de cáncer de próstata, aunque no probaron que beber hiciera que el riesgo de cáncer de próstata aumente.

Incluso unos niveles bajos de consumo de alcohol (hasta dos bebidas al día) se asociaron con un aumento del 8 al 23 por ciento en el riesgo de cáncer de próstata en comparación con no beber, dijeron los investigadores.

"Este nuevo estudio contribuye a las evidencias cada vez más firmes de que el consumo de alcohol es un factor de riesgo del cáncer de próstata. La contribución del alcohol al cáncer de próstata deberá incluirse en estimados futuros de la carga global de la enfermedad", planteó el coautor del estudio, Tim Stockwell, en un comunicado de prensa de la Universidad de Victoria. Stockwell es director del Centro de Investigación sobre las Adicciones de BC de la universidad, en Canadá.

Tanya Chikritzhs, coautora del estudio, dirige el Equipo de Investigación sobre las Políticas del Alcohol en el Instituto Nacional de Investigación sobre las Drogas de Australia. "Estos hallazgos resaltan la necesidad de mejores métodos para la investigación sobre el alcohol y la salud", señaló. "Los estudios pasados y futuros que demuestran una protección de la enfermedad gracias a un consumo de alcohol de bajo nivel deben ser tratados con cuidado".

El cáncer de próstata es la quinta causa principal de muertes por cáncer en los hombres de todo el mundo.

El alcohol es un factor de riesgo conocido de cáncer de mama y de al menos siete tipos de cánceres del sistema digestivo, y también podría aumentar el riesgo de cánceres de la piel y del páncreas, advirtieron los investigadores.

El estudio aparece en la edición en línea del 15 de noviembre de la revista BMC Cancer.

5 alimentos básicos para prevenir enfermedades cardiovascular

Por ISABEL MEGÍAS / Tomado de: www.consumer.es

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades cardiovasculares son hoy día la principal causa de mortalidad en el mundo. Las enfermedades cardiovasculares son un grupo de enfermedades que afectan al corazón y los vasos sanguíneos. Se incluyen entre ellas la cardiopatía coronaria (afecta a los vasos sanguíneos que irrigan el músculo cardíaco), las enfermedades cerebrovasculares (perjudican a los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro) y otras, como las cardiopatías congénitas, las trombosis venosas profundas y las embolias pulmonares. El estilo de vida y la alimentación son factores fundamentales para prevenir las enfermedades cardiovasculares. Pero, ¿cómo hacerlo? Estos son los cinco alimentos básicos para mejorar la dieta.

Los infartos de miocardio (ataque al corazón) y los accidentes vasculares cerebrales (AVC) son fenómenos agudos que ocurren por la interrupción del riego sanguíneo al corazón o al cerebro. La causa más frecuente es la obstrucción de estos vasos sanguíneos debido a la formación de depósitos de grasa. Entre los factores de riesgo más importantes se encuentran la obesidad, la hipertensión, la diabetes y la dislipemia, así como el tabaquismo, la inactividad física y los malos hábitos dietéticos. Los siguientes cinco alimentos ayudan a prevenirlos.

1. Fruta y verdura

Todas las sociedades científicas relacionadas con la nutrición coinciden en la necesidad de aumentar la ingesta de fruta y verdura en las sociedades occidentales. Las recomendaciones actuales indican que se deberían consumir cinco raciones al día de estos alimentos (dos raciones de verdura y tres de fruta, por ejemplo). Frutas y verduras son alimentos ricos en fibra, vitaminas, minerales y múltiples fitoquímicos con escaso valor calórico y poco contenido en grasa.

¿Toma cinco raciones al día? Si no es así, intente incorporar alguna verdura u hortaliza en su comida y cena y, al menos, una fruta de postre en cada comida. Recuerde que no tiene por qué ser en forma de verdura hervida o de primer plato. Puede introducir un acompañamiento de ensalada o verdura salteada, algún puré o crema o alguna verdura en el plato de pasta, legumbres o arroz.

2. Pescado azul

Los pescados azules son alimentos predominantemente proteicos. Por lo general, poseen una mezcla de grasa saturada, monoinsaturada y poliinsaturada, aunque cabe destacar su contenido en grasa poliinsaturada de tipo omega 3 (EPA y DHA, entre otros). Al parecer, este tipo de grasa ayuda a reducir los triglicéridos en sangre, de manera que su ingesta se relaciona con una disminución de eventos cardiovasculares. Por esto, hoy en día se recomienda un consumo de tres veces por semana de pescado azul.

¿Es este tu consumo? Si no es así, seleccione al menos dos días a la semana para organizarse y comer anchoa fresca, atún, bonito, boquerón, caballa, salmón o sardinas.

3. Frutos secos

En la actualidad hay suficiente evidencia para poder afirmar que el consumo de frutos secos produce una reducción de los niveles de colesterol total y una disminución del riesgo de enfermedades cardiovasculares e hipertensión. Los responsables de este efecto son su bajo contenido en grasa saturada y, por otra parte, su elevado contenido en grasa mono y poliinsaturada, además de su contenido en fibra dietética, vitaminas, minerales y otros compuestos fitoquímicos.

Almendras, avellanas, nueces y nueces de macadamia son los frutos secos más utilizados en estudios de intervención. Las recomendaciones actuales indican que deberían tomarse entre tres y siete veces por semana, con preferencia de un consumo diario de estos alimentos para reducir el riesgo cardiovascular. ¿Es este su consumo? Si no es así, piense para merendar o tomar a media mañana frutos secos al menos tres días a la semana o escoja frutos secos de postre alguna vez a la semana.

4. Cereales integrales

La ingesta actual de cereales refinados es excesiva. Por ello, todas las guías internacionales promueven hoy día el consumo de cereales integrales como el trigo y sus derivados integrales (pan, pasta y otros derivados), avena, maíz, centeno, quinoa o arroz integral.

¿Tomma con frecuencia pan, pasta o arroz blanco? Intente escoger sus homólogos integrales; pruebe empezando por incorporar el pan integral en su día a día y utilizando la pasta y el arroz integral. Introduzca en su dieta variedad de cereales como la quinoa, la avena o el mijo.

5. Aceite de oliva

Investigaciones recientes sobre la dieta mediterránea, tales como el estudio PREDIMED, han seguido poniendo de manifiesto la importancia del aceite de oliva dentro de este patrón dietético y la reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares asociadas a su consumo. Así pues, el aceite de oliva virgen es hoy en día la grasa de elección para prevenir estas enfermedades y se recomienda su uso tanto para aliñar como para cocinar.

¿Utiliza aceite de oliva? Si no es así, cambie este hábito incorporando el aceite de oliva en su alimentación como aliño habitual o en sus cocciones.

Más actividad física y menos tabaco


No hay que menospreciar, dentro de un estilo de vida saludable, el efecto que la actividad física y el hábito tabáquico tienen sobre la prevención cardiovascular.

Abandonar el consumo de tabaco debería ser una de las primeras consideraciones, si se quiere llevar un estilo de vida más saludable. Conviene consultar al médico sobre los programas que existen para dejar de fumar.

La inactividad física es otra de las grandes epidemias que nos acechan, según la OMS. La institución recomienda que los adultos de entre 18 a 64 años dediquen como mínimo 150 minutos semanales a la práctica de actividad física aeróbica de intensidad moderada o 75 minutos de actividad física aeróbica vigorosa a la semana.

12 de noviembre de 2016

Una adecuada nutrición ayuda a tolerar mejor los tratamientos oncológicos

Tomado de: www.larazon.es

Alcanzar un buen estado de salud pasa, inevitablemente, por una buena alimentación. Sin embargo, existen situaciones en las que una adecuada nutrición se convierte en el complemento perfecto durante el tratamiento de multitud de enfermedades entre las que se encuentra el cáncer. «Si el paciente está bien nutrido la capacidad del organismo de metabolizar y aguantar los efectos de la quimioterapia y de los fármacos es mucho mayor», afirma el doctor Alfredo Carrato, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid y director científico del Instituto Ramón y Cajal de Investigación Sanitaria (Irycis). Por tanto, no es de extrañar que los objetivos nutricionales de este colectivo sean diferentes que para el resto de la población. Una afirmación que corrobora el doctor Miguel Angel Seguí, portavoz de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y oncólogo médico de la Corporació Sanitària Parc Taulì de Sabadell (Barcelona), quien explica que «lo que nos interesa es garantizar una nutrición correcta, variada, rica, cómoda y que nos ayude a tener reservas suficientes y un aporte energético adecuado para poder hacer el tratamiento de forma correcta».

Por ello, la presencia de un experto en nutrición «en los equipos multidisciplinares es muy importante, sobre todo en aquellos tumores que afectan a la cabeza y al cuello y que conllevan una desnutrición que se va produciendo poco a poco a consecuencia de la dificultad de tragar alimentos sólidos», advierte Carrato. Precisamente, la SEOM a través de su página web www.oncosaludable.es informa de que «tanto la evolución de algunos tumores (fundamentalmente aquellos que se originen en el área de cabeza y cuello, cáncer de esófago, de pulmón y de estómago), como los efectos colaterales de los tratamientos utilizados en el abordaje de su tumor (cirugía, radioterapia, quimioterapia, otros tratamientos neoplásicos) pueden empeorar la capacidad de un paciente para alimentarse. La prevalencia de malnutrición oscila entre el 15-40 por ciento en el momento del diagnóstico de cáncer y aumenta hasta un 80 por ciento en los casos de enfermedad avanzada».
 
Dificultades para tragar, falta de apetito, pérdida de gusto, diarreas, pérdida de peso o malnutrición son algunos de los problemas más habituales asociados con un proceso oncológico. Con el objetivo de facilitar el menú de estos pacientes, la Unidad de Cuidado y Consejo Oncológico (UCCO) del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela acaba de editar un libro con recetas y consejos de nutrición para ayudar a las personas con cáncer. «La alimentación es un factor clave que ayuda a las personas a incrementar su calidad de vida durante el tratamiento oncológico. Pueden darse situaciones en las que las personas pierdan el apetito, les cueste más ingerir alimentos o necesiten un mayor aporte calórico. Este recetario contempla todas esas situaciones a través de consejos específicos para cada problema», explica el doctor Pedro Salinas, jefe del Servicio de Oncología y la UCCO del centro madrileño, que ha validado las recetas desde el punto de vista médico.

Los purés y las cremas de verduras se presentan como la mejor alternativa para facilitar la deglución. Enriquecidos con carne o verdura, incrementan además su valor proteico y calórico, con lo que también contrarrestan la pérdida de apetito y ayudan a alimentarse bien con pocas cucharadas. En los casos más extremos «existen complementos ya preparados de alto contenido calórico y/o hiperproteico que nos pueden ayudar en los pacientes con un déficit importante. Si la vía oral está permeable y se puede utilizar, la realización de turmix con alto contenido en carne o pescado , todo ello muy pasado o el aporte de jugos de carne, por ejemplo, pueden ser de gran valor y así, de forma temporal, mitigar la falta de mayor ingesta», dice Salinas.

Entre los trucos para combatir la diarrea, el recetario propone el zumo de aloe vera y levadura de cerveza como un remedio natural astringente. Y, en muchos casos, se proponen condimentos específicos, como la sal rosa del Himalaya, para resaltar el sabor. «El hecho de comer correctamente ayuda a los pacientes a recuperar fuerzas, a afrontar mejor los tratamientos y a tener una mejor calidad de vida. Pero también es importante que la comida nos entre por los ojos. En este sentido, el recetario propone unos platos realmente apetitosos», añade Salinas.

De todo

Al contrario de lo que se pueda creer, la dieta de estos pacientes no tiene por qué esconder grandes misterios ni apostar por unos u otros alimentos. En este sentido, Carrato advierte de que «hay veces en las que los pacientes están obsesionados con que tienen que comer mucho para aguantar los tratamientos y no es cierto. Deben comer normal e, incluso, no pasa nada por dejar de comer y que sólo ingiera líquidos, por ejemplo, dos días en pleno proceso de la quimioterapia porque puede que no tenga hambre». Esta misma opinión la comparte Seguí, quien añade que «estamos en un momento de exceso y no nos preocupa un alimento en concreto, sino que la dieta general sea rica, variada, nutritiva y energética, por lo que no tiene sentido demonizar ningún producto en concreto». Precisamente, el impacto de la nutrición en el campo oncológico ha sido terreno abonado para los bulos y los productos falsamente milagrosos. «Cíclicamente aparece algún nuevo alimento milagroso, como las bayas de goyi o frutas tropicales como el noni, cuyas supuestas propiedades carecen de fundamento científico alguno», afirma Salinas.

¿Y la soja?

Sin embargo, el consumo de soja, sobre todo en mujeres con tumores ginecológicos, siempre ha estado rodeado de cierta polémica. Sobre este aspecto, Seguí explica que «hay que diferenciar entre la soja alimentaria como los brotes de soja y similares de lo que son los extractos de soja que se emplean en complementos alimenticios y en algunos alimentos como los lácteos. Tal y como vemos en las poblaciones del sudeste asiático, la ingesta de soja alimentaria en la niñez y adolescencia protege frente al cáncer de mama, pero la preocupación viene porque a nivel de laboratorio añadir extracto de soja a un cultivo celular de cáncer de mama favorece su crecimiento. Pero a nivel del uso de soja en la población general con pacientes con cáncer de mama no hay efecto beneficioso ni perjudicial, pero por precaución recomendamos no abusar, ya no tanto de la soja alimentaria, sino del extracto de soja».
 
Otro aspecto es la obesidad tanto desde el punto de vista de la prevención del cáncer como cuando se padece la enfermedad. «Si hay un exceso de grasa y una falta de masa magra conlleva a que cuando hacemos el cálculo de la dosis de tratamiento según la altura y el peso, en las personas obesas a veces se produce una mala dosificación y, según demuestran algunos estudios, se asocia con peor respuesta al tratamiento», concluye Seguí.

Claves para evitar la desnutrición

-Fraccionar la dieta: pueden realizarse desde seis hasta 10 comidas, porque es preferible hacer tomas de menor aporte para que el cuerpo vaya digiriendo los alimentos.
-Variar la dieta: tomar distintos tipos de verduras, por ejemplo, y modificar la forma de cocinarlas. Es importante evitar la monotonía.
-Cambiar la rutina de las comidas:
comer en distintos sitios de la casa (en la cocina, el salón...) e intentar proporcionar compañía al paciente, aunque es recomendable elegir ambientes tranquilos y relajados.
-Apostar por sus alimentos preferidos: procurar que el paciente coma a las horas de mayor apetito y sobre todo alimentos que sean de su agrado.
-Consumir más pescado que carne: y alternar pescados azules (bonito, salmón...) con los blancos (merluza, gallo...).
-Reforzar la ingesta de legumbres: son una fuente importante de fibra y se pueden comer cocidas, en ensaladas o combinadas con arroz, por ejemplo.
-Cinco frutas o verduras al día: hay que procurar que una de las verduras sea en forma de ensalada (cruda). Podemos optar por alimentos de temporada.
-Beber abundantes líquidos: especialmente agua –dos vasos- entre las comidas. Y para recuperar las sales minerales perdidas, es recomendable el consumo de sueros de rehidratación oral. Además, se pueden beber licuados, bebidas vegetales como zumos, cremas de verduras, yogur batido e infusiones.
-Evitar acudir en ayunas a los tratamientos: excepto en los casos que le indiquen lo contrario.

Pueden ver la imagen completa (infografía) en este enlace: http://www.larazon.es/documents/10165/0/video_content_5575833_20161024182046.pdf

Por qué una mala dieta nos agría el carácter

Tomado de: www.elmundo.es

La sensación de hambre nos vuelve impulsivos, nos descompone y nos lleva a que perdamos la compostura ante la circunstancia más insignificante. Con esa impresión de estómago vacío, la grelina, la hormona que determina el apetito, se revuelve contra sí misma y contra nosotros a golpe de mal humor y comportamientos irreflexivos.

Así lo han comprobado investigadores de la Universidad de Gotemburgo (Suecia) recientemente en ratas. "El aumento de la grelina hasta niveles que se dan antes de las comidas o durante el desayuno provoca que actuemos de manera impulsiva y tomemos decisiones que no son muy racionales", indica la endocrinóloga sueca Karolina Skibicka, una de las autoras del estudio.

Hasta ahora sabíamos que si vamos al supermercado con hambre, es decir con los niveles de grelina por las nubes, seguramente llenaremos el carro de la compra muy por encima de nuestras necesidades y desbaratando nuestras previsiones. La investigación de Gotemburgo nos pone además en alerta porque en estas condiciones nos comportamos irascibles e incluso más agresivos de lo normal. "La hormona del hambre determina la actividad del área tegmental ventral, que es la región del cerebro que regula la alegría, la sensación de bienestar y otras emociones".

Según Ramón de Cangas, dietista y nutricionista, el hambre nos asalta habitualmente cuando sometemos a nuestro organismo a dietas desequilibradas y/o hipocalóricas. La sensación de vacío en el estómago nos avisa de una necesidad primaria y activa inmediatamente los mecanismos de alerta, desencadenando si es preciso la ira, el enfado y el mal humor."

Solo una dieta personalizada y elaborada por un profesional puede ayudarnos a minimizar esa sensación de hambre que tanto perjudica a nuestro estado de ánimo y a nuestro rendimiento físico e intelectual", indica De Cangas. Por el contrario, de un plan de adelgazamiento sin control y poco profesional solo podemos esperar los siguientes efectos:
  1. Un estado continuo de ansiedad. Ocurre a menudo con las dietas milagro.
  2. Peor rendimiento físico e intelectual. Por ejemplo, varios estudios relacionan la ausencia de desayuno o un desayuno deficiente con efectos nocivos sobre nuestro rendimiento cognitivo. Por eso, tan importante es la ingesta total de kilocalorías como el reparto de macronutrientes a lo largo del día en las diferentes comidas.
  3. Un estado de ánimo alterado y más vulnerable ante cualquier contratiempo cotidiano.
  4. Menor capacidad de autocontrol y tendencia a tomar decisiones de una forma impulsiva, sin sopesar las consecuencias.
  5. El hambre que provoca un menú deficitario en nutrientes y excesivamente hipocalórico podría jugarnos una mala pasada en nuestro entorno familiar, social o laboral. A menudo la sensación de estómago vacío desencadena infracciones ante el volante o actitudes que nos impiden prosperar.
  6. En edad avanzada, el deterioro cognitivo es mayor si el individuo sigue una alimentación rica en hidratos de carbono con elevado índice glucémico (bollería industrial, chocolate o platos preparados). Sin embargo, si los alimentos que consume durante las comidas son fuente de hidratos de carbono con menor índice glucémico (fruta, sobre todo), disfrutan de un mayor rendimiento cognitivo que se observa ya en la sobremesa.
  7. También la hipoglucemia que desencadenan este tipo de dietas producen trastornos en el comportamiento. Como dato curioso, las personas que presentan niveles bajos de azúcar en sangre muestran más comportamientos agresivos contra su cónyuge, según descubrieron científicos de la Universidad Estatal de Ohio (EEUU) en una investigación que publicó la revista Agressive Behavior.
  8. A largo plazo, las dietas restrictivas generan estados carenciales, problemas renales y hepáticos, y otras muchas enfermedades.
  9. Favorecen, además, el indeseado efecto rebote. Los kilos reaparecen, perpetuando con ello la obesidad, las ganas de adelgazar y el mal humor.
  10. Esta insatisfacción aumenta la vulnerabilidad emocional. Una persona que vive a dieta casi de forma perpetua fluctúa más, se muestra insegura y vive en el victimismo.
Como indica De Cangas, los planes de adelgazamiento son estupendos si están personalizados, tanto en términos cuantitativos como cualitativos, y seguidos de cerca por un profesional que vigilará que no haya ningún riesgo para la salud.

Usar suplementos de testosterona es dañino

Tomado de: www.nacion.com

Algunos los utilizan para mejorar su desempeño sexual, otros, para tener un mejor rendimiento a la hora de realizar ejercicios físicos arduos y otros para obtener mayor musculatura, lo cierto es que los suplementos de testosterona podrían traer otras consecuencias como problemas cardíacos, daños en el hígado, cerebro, depresión, ansiedad, disminución de la líbido y esterilidad.

Así lo advirtió la Agencia de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés). La advertencia de este organismo indica que los resultados son peores si los usuarios combinan su uso con esteroides anabólicos, algo que, según la FDA, es común entre quienes quieren lograr un cuerpo con una musculatura más desarrollada.

“Los esteroides anabólicos son variaciones sintéticas de la testosterona y se recetan legalmente para tratar afecciones como los retrasos en la pubertad y enfermedades que provocan pérdida muscular, como el cáncer y el sida”, dijo la FDA en un comunicado de prensa.

“Pero adultos y adolescentes, incluyendo deportistas y fisiculturistas, abusan de la testosterona y de los esteroides. Su abuso se asocia con graves riesgos de seguridad que afectan al corazón, el cerebro, el hígado, la salud mental y el sistema endocrino”, agregó el documento.

¿Dónde acudir?

La agencia advierte que estos suplementos solo deben tomarse como tratamiento médico.

Una de las preocupaciones es que estos productos pueden conseguirse fácilmente por Internet, lo cual no solo expone a que personas que no los necesitan los utilicen; además las autoridades no tienen forma de fiscalizar la calidad de estos suplementos y esto podría hacer que se vendan productos de mala calidad y que dañen aún más la salud.

Los especialistas advierten que si hombre desea utilizar testosterona para mejorar su habilidad sexual debe primero consultarlo con un urólogo o sexólogo, pues el abuso de estos productos más bien puede causar baja en la líbido y esterilidad.

Por su parte, quienes desean aumentar musculatura o desempeño a la hora de realizar ejercicios, deben consultar esto primero con especialistas en nutrición y educación física, así como consultar con un médico si pueden utilizarse y la dosis en la que debe hacerse, para así no exponer la salud y enfrentarse con daños graves a órganos vitales.

5 de noviembre de 2016

¿Cómo hidratar la piel a través del consumo de verduras?

Por ASEVEC / Tomado de: www.consumer.es

Mantener la piel en buen estado depende de los cuidados que se le procuren. Además del uso de cremas y tratamientos adecuados, una alimentación equilibrada y saludable, rica en vitaminas y minerales, influirá de manera directa en la piel. Consumir altas raciones de fruta y verdura, por su composición nutricional, resulta clave para proteger y mejorar el aspecto del cabello y la piel. Pero no hay que olvidar que, tal y como afirma la Organización Mundial de la Salud (OMS), un consumo diario suficiente de frutas y verduras podría contribuir a la prevención de enfermedades importantes, como las cardiovasculares y algunos cánceres. En este artículo se enumeran las verduras que más agua aportan al organismo y que, por ende, más hidratan la piel.

La hidratación de la piel es uno de los factores clave para protegerla de agresiones externas. Para lograr esa hidratación, la OMS recomienda consumir alrededor de dos litros de agua al día, una ingesta que se puede alcanzar con facilidad a través del consumo diario de verduras, ya que contienen un 90% de agua, además de vitaminas, minerales y fibra. Su digestión es muy ligera.

Las verduras también son extraordinariamente buenas para el funcionamiento del corazón, lo que afecta de forma directa a las condiciones de la piel. Una buena circulación sanguínea ayudará a que la piel luzca joven y elástica durante mucho más tiempo.

Verduras: clave para una piel saludable

Todas las verduras son alimentos ricos en agua, pero si se analizan por cantidad de agua, se ve que, por encima del 90%, están las siguientes:
  • Verduras de color verde como las espinacas, los guisantes, el brócoli, el calabacín, la lechuga, los pimientos... Fuentes de vitaminas A, B y C, contienen todos los antioxidantes, minerales y nutrientes clave para reponer la piel. Además, ayudan a la desintoxicación, eliminando toxinas e impurezas de la piel. Sus altos niveles de vitamina C convierten a algunas verduras en un potente antioxidante, el cual protege del envejecimiento, potencia la formación de colágeno, ayuda a mantener la piel tersa y sin arrugas y fortalece el sistema inmunológico.
  • Vegetales de color naranja y amarillo, como los pimientos, el maíz, la zanahoria o la calabaza, son muy ricos en betacaroteno, principal fuente de vitamina A, que ayuda a protegerse del sol, a combatir problemas de piel seca y a conservar la piel suave.
En cuanto a los minerales mayoritarios en las verduras, hay que destacar la presencia de potasio y el magnesio. Actúan como refuerzo en el organismo porque ayudan a mantener un nivel de hidratación adecuado, a producir energía y a sintetizar sustancias vitales. También intervienen en la contracción y relajación muscular, además de influir de manera positiva en el estado anímico.

Teniendo en cuenta las recomendaciones y las ventajas que supone incluir vegetales en la dieta de cualquier persona, las verduras congeladas se convierten en una excelente alternativa a las denominadas "frescas". Conservan todas las vitaminas y minerales, ya que son procesadas justo en el momento de la recolección, y están disponibles todo el año, lo que supone un producto único a nivel nutricional y gastronómico.

La alimentación es un factor clave para mantener una piel y una salud saludables, pero no hay que olvidar la importancia de realizar deporte, de eliminar hábitos perjudiciales, como el tabaco o el alcohol, o de evitar las exposiciones prolongadas al sol. La piel tiene memoria, por eso hay que protegerla con fotoprotectores, ya que cualquier quemadura solar quedará registrada. Adoptar hábitos de vida saludables es el mejor tratamiento de belleza para lucir una piel radiante, hidratada y suave.

Los cuatro mitos más comunes sobre las grasas


Las grasas de la dieta han sido demonizadas por años, a pesar de cientos de investigaciones científicas que prueban que no son tan malas como se piensa.

Por ello, derribamos los cuatro mitos más comunes sobre este nutriente:

Mito 1: las dietas bajas en grasas son las más saludables: en la década de los 40, los científicos ya conocían una correlación entre la dieta alta en grasas y los niveles altos de colesterol, de modo que se empezó a recomendar una dieta baja en grasas para aquellos con riesgo cardiovascular. Como solución el senador George MaGovern recomendó que el 55 al 60 % de las calorías de la dieta provinieran de carbohidratos. De aquí la creencia de que "los carbohidratos son buenos, las grasas son malas". El problema con esto es que cuando uno busca productos bajos en grasas, estos no son necesariamente más sanos.

Uno de los estudios más importantes contra las dietas bajas en grasas se publicó en el año 2006. En el mismo se investigaron unas 50.000 mujeres post menopáusicas, sobre los 80 años, y se midieron las incidencias de enfermedad cardiovascular. Los resultados fueron claros: las dietas bajas en grasas no ejercen efecto significativo.

Mito 2: Todas las grasas son iguales: a pesar de que todas las grasas aportan 9 Kcal por gramo, no son todas iguales.

* Monoinsaturadas: cientos de investigaciones concluyen que este tipo de ácidos grasos podrían reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular. Se encuentran en palta, nueces, semillas, y varios aceites vegetales como oliva, canola y sésamo.

* poliinsaturadas: ayudan a mejorar el perfil lipídico y reducir el riesgo cardiovascular. Los más conocidos son los de la familia omega 3 y omega 6, que son esenciales, lo cual significa que el organismo no los produce y deben incorporarse a través de la dieta. Se encuentran básicamente en: salmón, porotos de soja, nueces, tofu y semillas de girasol.

* saturadas: hay una gran controversia actualmente acerca de este tipo de ácidos grasos, por lo que se sigue recomendando que su consumo sea moderado, ya que aún se asocia con un incremento del riesgo cardiovascular. Se encuentran fundamentalmente en: quesos, cerdo, aceite de coco, manteca.

* trans: la FDA (Food and Drug Admnistration) ha prohibido el uso de grasas trans artificiales provenientes de la hidrogenación parcial de aceites. Este tipo de grasas ha sido asociado a enfermedad cardiovascular y niveles altos de colesterol. Sin embargo, las grasas trans también existen de forma natural en algunas carnes y productos lácteos, pero no tendrían los mismos efectos nocivos que las de origen artificial.

Mito 3: todos los alimentos altos en grasas elevan el colesterol: en primer lugar, se debe aclarar que el colesterol es una sustancia que el organismo necesita para determinadas funciones. Décadas atrás se asoció el colesterol alto con problemas de salud, lo cual dio lugar a cierto temor a alimentos que lo contienen, como el huevo, por ejemplo. Hoy se sabe que no funciona de ese modo. Las grasas saturadas y trans se han asociado con un aumento de colesterol sanguíneo, mientras que las grasas insaturadas contribuirían al descenso del mismo. Alimentos ricos en grasas monoinsaturadas como palta, aceite de oliva, salmón, sardinas y nueces, pueden formar parte de una dieta saludable, aun cuando se tienen niveles elevados de colesterol en sangre.

Mito 4: Consumir grasas engorda: las grasas brindan saciedad, por lo que hay altas chances de que, si se consume una comida rica en grasas saludables, la sensación de plenitud llegue antes y no se coma de más. El problema es el exceso, dado que aportan más calorías que las proteínas o los carbohidratos, si se consume de más, probablemente se excedan los requerimientos energéticos diarios.

Las grasas, especialmente las mono y poliinsaturadas forman parte de una alimentación saludable. Y cuando se consumen con moderación, en un 25 a 30% del consumo de calorías diarias, no tendrán ningún efecto en el aumento del peso corporal.

¿El colesterol 'bueno' importa en el riesgo de enfermedad cardiaca?

Tomado de: medlineplus.gov

Un nuevo estudio de gran tamaño plantea más dudas con respecto a si los niveles de colesterol HDL "bueno" realmente afectan al riesgo de enfermedad cardiaca.

El estudio, de casi 632,000 adultos canadienses, halló que los que tenían los niveles más bajos de HDL tenían unas tasas de mortalidad más altas por enfermedad cardiaca y accidente cerebrovascular a lo largo de 5 años. Pero también tenían unas tasas de mortalidad más altas por cáncer y otras causas.

Además, no hubo evidencias de que niveles muy altos de HDL (por encima de 90 mg/dL) fueran deseables.

Las personas con un HDL tan alto eran más propensas a fallecer por causas no cardiovasculares, en comparación con las que tenían unos niveles intermedios de HDL, según el estudio.

El hecho de que un nivel bajo de HDL esté vinculado con unas tasas altas de mortalidad por todas las causas es clave, dijo el investigador principal, el Dr. Dennis Ko.

Eso sugiere que es solamente un "marcador" de otras cosas, como por ejemplo de un estilo de vida menos saludable o de una salud peor en general, señaló.

Eso también significa que no es probable que un nivel bajo de HDL contribuya directamente a las enfermedades cardiacas, añadió Ko, científico principal del Instituto de Ciencias Clínicas Evaluativas, en Toronto.

"Este estudio contradice a la sabiduría convencional", dijo.

Pero la realidad es que los médicos ya se están apartando de la sabiduría convencional, dijo el Dr. Michael Shapiro, cardiólogo.

Shapiro, que no participó en el estudio, es miembro de la Sección de Prevención de las Enfermedades Cardiovasculares del Colegio Americano de Cardiología (American College of Cardiology).

"Muchas personas saben que el HDL es el colesterol 'bueno'", dijo. "Pero quizá no sepan que la comunidad médica se está apartando de la idea de que tenemos que aumentar los niveles bajos de HDL".

En parte, esto se debe a los resultados de varios ensayos clínicos que realizaron pruebas con la vitamina niacina y ciertos medicamentos que aumentan los niveles de HDL.

Los estudios descubrieron que aunque los tratamientos aumentan el HDL, no provocan ningún cambio en el riesgo de esas personas de sufrir problemas cardiacos.

Además de eso, dijo Shapiro, la investigación ha mostrado que las variantes genéticas asociadas con los niveles de HDL no tienen ninguna conexión con el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Nadie está diciendo que los médicos y los pacientes deberían ignorar los niveles bajos de HDL. Los niveles por debajo de 40 mg/dL están asociados con un riesgo más alto de enfermedad cardiaca.

"Ese hallazgo es consistente", dijo Shapiro. "Así que podemos usarlo de manera fiable como marcador para identificar a los pacientes con un riesgo alto y ver qué más cosas les pasan".

Las causas de un nivel bajo de HDL incluyen un estilo de vida sedentario, fumar, una mala dieta y tener sobrepeso. Y probablemente son esos factores (y no el nivel de HDL por sí mismo) lo que realmente importe, dijo Shapiro.

Los hallazgos actuales se basan en expedientes médicos y otros datos de casi 631,800 adultos de Ontario de a partir de 40 años de edad. A lo largo de 5 años, casi 18,000 de ellos fallecieron.

El equipo de Ko encontró que los hombres y las mujeres con unos niveles bajos de HDL eran más propensos a fallecer durante el periodo de estudio, frente a los que tenían unos niveles de entre 40 y 60 mg/dL.

Pero tenían un riesgo más alto no solamente de muerte por enfermedad cardiaca, sino también de muerte por cáncer y otras causas.

Las personas con un nivel bajo de HDL tendían a tener unos ingresos más bajos, y unas tasas más altas de tabaquismo, diabetes e hipertensión. Después de que los investigadores tuvieran en cuenta esos factores, el nivel bajo de HDL seguía estando vinculado con unas tasas más altas de mortalidad.

"Pero no pudimos tener en cuenta todo", dijo Ko. Y cree que factores distintos de la cifra del HDL, como el ejercicio y otros hábitos del estilo de vida, son los que cuentan.

"Cuando se ve algo [un nivel bajo de HDL] que se asocia con la mortalidad por muchas causas distintas, probablemente sea un marcador 'genérico' de riesgo, más que una causa", comentó Ko.

Y en el otro extremo, las personas con un nivel de HDL muy alto (que supere los 90 mg/dL) se enfrentaron a unos riesgos más altos de fallecer por causas no cardiovasculares.

Shapiro calificó al hallazgo de "muy interesante", pero las razones de ello no están claras.

El alcohol puede aumentar el nivel de HDL. Por lo que eso plantea la cuestión de si beber mucho ayuda a explicar el vínculo, dijo el Dr. Robert Eckel, profesor de medicina en el Campus Médico de Anschutz de la Universidad de Colorado, en Denver.

De cualquier forma, no hay razón por la que las personas deban intentar aumentar mucho su nivel de HDL usando niacina u otros medicamentos. "Aumentar los niveles de HDL con medicamentos no está indicado", dijo Eckel.

Shapiro enfatizó la importancia del estilo de vida: "No fume, haga ejercicio aeróbico con regularidad y pierda peso si necesita hacerlo".

Esas cosas podrían, de hecho, aumentar su HDL, indicó Shapiro. Pero lo que importa no son las cifras, dijo, sino el estilo de vida saludable.

Los hallazgos aparecen en la edición del 31 de octubre de la revista Journal of the American College of Cardiology.