29 de diciembre de 2017

Y después de los excesos... ¿Qué hacer?

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Pasan las fiestas de fin de año y empezamos a pensar qué hacer para compensar lo que comimos o tomamos de más. Buscar alguna dieta, o empezar a tomar algún batido, o inclusive hay quienes piensan en dejar de comer para que el ayuno le haga perder el peso ganado o contrarestar lo comido.

En realidad no hace falta "ponerse a hacer loco" buscando remedios o dietas. Existen algunos consejos sencillos que podemos aplicar y nos van a ayudar a controlar el peso de nuevo, y a superar esa sensación de pesadez o de que hemos comido demasiado. Se los comparto a continuación:

1. Tome más agua: sustituya las bebidas azucaradas por agua, al menos durante los primeros días del año. Eso le ayuda más a desintoxicar el cuerpo después de los excesos. Si no le gusta el agua sola puede agregarle gotas de jugo de limón o naranja, o rodajas de pepino, hojas de menta, entre otros.

2. Consuma más vegetales: trate de que sus comidas incluyan una buena cantidad de vegetales, y lo más variado posibles. Reduzca o modere el consumo de carnes, en especial si estuvieron muy presentes en las fiestas navideñas. 

3. Trate de comer lo más natural posible: prefiera alimentos frescos en lugar de procesados o ultra procesados. Haga ésto al menos los primeros días del año. Limite galletas, snacks, refrescos, comidas congeladas, comidas rápidas, etc.

4. Incluya frutas en su dieta: entre más variadas mejor, y preferiblemente que sea la fruta y no jugos o zumos.

5. Puede tomar batidos verdes: tengamos en cuenta eso sí que no son indispensables para desintoxicar el cuerpo, nuestro organismo es capaz de eliminar toxinas sin necesidad de éstos batidos. Pero si por practicidad y comodidad ésta es para usted una forma de consumir frutas y vegetales, puede hacerlo. Eso sí, tratemos de que no sea la única forma en que ingerimos las frutas y los vegetales.

6. ¡Muévase más! No importa si tal vez no ha empezado a hacer ejercicio formalmente, pero siempre hay formas de estar activo. 

7. Organícese en grupo: cuando vuelva al trabajo puede ponerse de acuerdo con compañeros de la oficina para llevar opciones saludables para todos. Así se ayudan mutuamente.

8. Revise la alacena: si quedan golosinas, snacks, refrescos u otros de las fiestas de fin de año, revise qué cosas se pueden guardar a largo plazo, y lo que no se pueda almacenar entonces no piense: voy a gastarlo ya. Busque a quién regalarlo o si hay alguna actividad cercana vea si se puede gastar ahí. La idea es no caer en comerse todo lo que quedó.

9. Retome la rutina: si ya venía cuidando sus hábitos, y simplemente se descuidó los últimos días del año, vuelva a lo que hacía antes. Esos días de exceso no tienen por qué traerse abajo el esfuerzo que venía haciendo.

10. Tenga cuidado con dietas rápidas o remedios detox: recuerde que hay mucha información dispobible en internet y otros medios, pero no todo es seguro ni respaldado por un profesional responsable. Piense que una solución aunque sea momentánea puede llegar a tener efectos en su salud.

Después de haber disfrutado con los seres queridos, hay que volver a pensar en la salud y el bienestar propios, y como ven éstos consejos son muy sencillos de aplicar. ¡Espero que les sean útiles!

Dos alimentos podrían ayudar a que los pulmones de los ex fumadores sanen

Tomado de: medlineplus.gov

Para los fumadores que han logrado dejar de fumar, el camino a reparar del todo los pulmones dañados por el hábito puede parecer largo.

Pero una nueva investigación sugiere que podría haber ayuda muy cerca: en la cocina.

El estudio de una década de duración con 650 adultos británicos y europeos sugiere que las dietas ricas en tomates y frutas, en particular manzanas, podría acelerar la sanación de los pulmones dañados por el humo.

Los beneficios respiratorios de esos alimentos quizá no se restrinjan a los ex fumadores, anotaron los investigadores de la Facultad de Salud Pública Bloomberg de la Universidad de Johns Hopkins, en Baltimore.

"También sugiere que una dieta rica en frutas puede ralentizar el proceso de envejecimiento natural del pulmón aunque alguien nunca haya fumado", aseguró la autora líder, Vanessa García-Larsen, profesora asistente de salud internacional.

El estudio incluyó a más de 650 adultos de Alemania, Noruega y Reino Unido en quienes se evaluó la dieta y la función pulmonar en 2002 y una vez más 10 años después.

El estudio no fue diseñado para probar causalidad. Pero las personas que comían en promedio más de dos tomates o más de tres porciones de fruta fresca al día, sobre todo manzanas, tenían un declive más lento de la función pulmonar que los que comían menos de un tomate o menos de una porción de fruta al día, reportaron los investigadores.

Ese vínculo entre la dieta y unas reducciones más lentas en la función pulmonar fue incluso más llamativo entre los ex fumadores, lo que sugiere que los nutrientes de los tomates y la fruta fresca podrían ayudar a reparar el daño pulmonar provocado por fumar.

"Los hallazgos respaldan la necesidad de recomendaciones dietéticas, sobre todo para las personas [con antecedentes de tabaquismo] en riesgo de desarrollar enfermedades pulmonares como la EPOC [enfermedad pulmonar obstructiva crónica]", señaló García-Larsen en un comunicado de prensa de la Hopkins.

Y todos podrían beneficiarse de una manzana o un tomate al día, añadió, dado que "la función pulmonar comienza a declinar más o menos a los 30 años con una velocidad variable, dependiendo de la salud general y específica de los individuos".

Dos expertos en salud respiratoria dijeron que los hallazgos son otro motivo para comer de manera saludable.

"Este estudio encaja con un creciente número de investigaciones que demuestran los beneficios de salud de consumir una dieta rica en alimentos vegetales", aseguró la Dra. Ann Tilley, pulmonólogo en el Hospital Lenox Hill, en la ciudad de Nueva York. "Este tipo de dieta tiene beneficios globales para la salud, y aconsejo a todos mis pacientes que incorporen más alimentos vegetales en sus dietas".

Pero enfatizó que en las personas con una enfermedad pulmonar real, como la EPOC, la dieta se debe considerar como un adyuvante a los medicamentos, no como un sustituto.

El Dr. Alan Mensch, pulmonólogo y vicepresidente principal de asuntos médicos en el Hospital de Plainview en Plainview, Nueva York, considera que los antioxidantes que potencian la salud encontrados en las frutas y los tomates podrían ser un factor de por qué esos alimentos parecen ayudar a los pulmones.

"Ya sabemos que muchas plantas tienen propiedades medicinales", dijo Mensch. "También sabemos que las dietas ricas en frutas y verduras, como la DASH o la mediterránea, tienen efectos beneficiosos para la salud. Esas dietas tienen concentraciones altas de frutas y verduras, alimentos que son particularmente ricos en antioxidantes".

El estudio aparece en la edición de diciembre de la revista European Respiratory Journal.

Diez alimentos para potenciar la memoria


Martha Clare Morris, epidemióloga y nutricionista ha comprobado que la dieta MIND (Mediterranean-DASH Diet Intervention for Neurodegenerative Delay) es muy buena para la memoria, ya que reduce la incidencia de alzhéimer y mejora las funciones cognitivas. Además, alarga la vida, ayuda a bajar de peso y reduce el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. La dieta MIND conjuga la mediterránea y la DASH para retardar la aparición de trastornos degenerativos. Por ello, estos son los diez alimentos especialmente recomendados para el cerebro:

1. Vegetales de hoja verde: pueden comerse crudas o cocidas. Aumentar su consumo puede ofrecer una forma simple, no invasiva y accesible de proteger al cerebro contra la demencia y el alzhéimer.

2. Otros vegetales: pimientos, berenjena, cebolla, tomates. Existen cientos de recetas para incluirlos y pueden formar parte de platos verdaderamente deliciosos.

3. Aceite de oliva: también llamado "oro líquido", es la base de la cocina mediterránea. Es bueno para la salud cardiovascular, el sistema digestivo y también la memoria. Además, es verdaderamente delicioso y acompaña perfectamente cualquier plato.

4. Bayas:
especialmente los arándanos. Pero también las moras, frambuesas, y demás frutos del bosque.

5. Pescado: especialmente el azul, como la sardina o el salmón. Prepárelo con unas rodajas de limón, aceite de oliva, sal y especias y 10 minutos en un horno a 220ºC.

6. Legumbres:
el hummus es una buena opción para consumirlos. Es una pasta de garbanzos originaria de Oriente Medio. Puede acompañarse de pan tostado o vegetales variados como palitos de zanahoria o apio crudos.

7. Nueces: y frutos secos en general. Mejoran la función del corazón, ayudan en la prevención del cáncer, reducen el riesgo de alzhéimer. Y pueden formar parte de platos tanto dulces como salados.

8. Cereales integrales: el trigo, el salvado, el germen de trigo y otros contienen ácido fólico en cantidad, que mejora la irrigación de sangre al cerebro, aumentando la calidad de la función cerebral. También contienen tiamina, vitamina ideal para quien quiera mejorar su memoria.

9. Carnes blancas: hay múltiples formas de prepararlas, pueden incluirse en ensaladas, como la César o simplemente hacerse a la plancha, asada o al horno. Y tienen un efecto positivo en la función cerebral.

10. Vino: contiene resveratrol, un fenol natural que parece contribuir a la reparación de la barrera hematoencefálica, lo cual disminuye la capacidad de las moléculas inmunes dañinas a infiltrarse en los tejidos cerebrales.

¿Comer pescado puede hacer que los niños sean más inteligentes?

Tomado de: medlineplus.gov

El mito es que el pescado es comida para el cerebro... pero quizá sea más que un mito, sugiere un nuevo estudio.

Los niños que comían pescado al menos una vez a la semana tenían unos coeficientes intelectuales (CI) casi 5 puntos más altos que los CI de los niños que comían pescado menos de una vez por semana, encontró el estudio. Los que comían pescado también dormían mejor.

Aunque el estudio se realizó en niños chinos, es igual de probable que los niños estadounidenses de beneficien del pescado, según la investigadora líder, Jianghong Liu, profesora asociada de enfermería en la Facultad de Enfermería de la Universidad de Pensilvania, en Filadelfia.

"Debemos modificar la dieta estadounidense por el bien de nuestros niños", planteó.

"Si los padres quieren que sus hijos estén sanos y tengan un rendimiento más alto, deben poner pescado en la mesa una vez a la semana", dijo Liu. "No es pedir demasiado".

Aunque el estudio no puede probar que comer pescado explicara los CI más altos y la mejora en el sueño, sí parece haber una asociación, comentó.

Según los investigadores, el beneficio en el CI se puede atribuir al mejor sueño que ofrecen los ácidos grasos omega 3, que se encuentran en muchos tipos de pescado.

Para averiguar si el pescado se vinculaba con los beneficios en la salud de los niños, Liu y sus colaboradores estudiaron los hábitos alimentarios de más de 500 chicos y chicas de 9 a 11 años de edad, en China. Los niños completaron un cuestionario sobre la frecuencia con que habían comido pescado en el mes anterior, y las opciones variaban de nunca a al menos una vez por semana.

Los niños también tomaron la versión china de la prueba de CI que califica las habilidades verbales y no verbales, llamada Escala de Inteligencia de Wechsler para Niños - Revisada.

Además, los padres de los niños respondieron a preguntas sobre la calidad del sueño de sus hijos. La información recolectada incluía cuánto tiempo dormían los niños, con qué frecuencia se despertaban de noche, y si tenían sueño durante el día.

El equipo de Liu también tomó en cuenta otros factores que podrían influir en los hallazgos, como el nivel educativo, la educación y el estado civil de los padres, y la cantidad de hijos en la casa.

El equipo encontró que los niños que comían pescado al menos una vez por semana obtuvieron una puntuación de 4.8 puntos más en las pruebas de CI que los que raras veces o nunca comían pescado. Los niños cuyas comidas incluían pescado a veces puntuaron poco más de 3 puntos más.

Además, comer pescado se vinculó con dormir mejor.

Pero una nutricionista de EE. UU. dice que hay que tomarse el consejo sobre comer pescado con un grano de sal.

"No es que comer pescado sea malsano por sí mismo, pero hay algunos problemas que se deben tener en cuenta antes de que los padres exageren dando pescado a sus hijos para hacerlos más inteligentes y que duerman mejor", advirtió Samantha Heller, nutricionista clínica principal en el Centro Médico de la Universidad de Nueva York, en esa ciudad. Heller no participó en el estudio.

El pescado es una buena fuente de proteína magra y es rico en ácidos grasos esenciales omega 3, señaló. Esos ácidos están altamente concentrados en el cerebro y tienen roles importantes en la función neurológica. Son esenciales para el desarrollo del cerebro, el ojo y neurológico en los fetos. También son necesarios para la salud de los ojos, el corazón y el cerebro en los adultos, y podrían reducir la inflamación sistémica, dijo Heller.

"El problema de comer pescado no es solo la pesca excesiva en los océanos, sino la cantidad de mercurio, que es una neurotoxina, que tiene el pescado", señaló.

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE. UU. recomienda apenas dos porciones de dos onzas (unos 57 gramos) de pescado bajo en mercurio por semana para los niños de 4 a 7 años de edad, de tres onzas (85 gramos) para los niños de 8 a 10 años, y de cuatro onzas (113 gramos) para los niños de a partir de 11 años de edad, dijo Heller.

Cinco pescados de consumo común que son bajos en mercurio son los camarones, el atún claro enlatado, el salmón, el abadejo y el bagre, según la FDA.

"Una dieta saludable y equilibrada, bastante ejercicio y un tiempo limitado frente a computadoras y pantallas pueden ayudar a los niños a dormir mejor y a que les vaya mejor en la escuela", aseguró Heller.

El estudio aparece en la edición en línea del 21 de diciembre de la revista Scientific Reports.

22 de diciembre de 2017

En Navidad y Año Nuevo podemos (y debemos) disfrutar

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

En varias de las últimas publicaciones les he hablado de lo importante de cuidar la alimentación este mes, y en general mantener buenos hábitos, para cuidar nuestra salud y no ver muy afectado nuestro peso en éstos días. Y es un tema del que hemos venido escuchando y/o leyendo prácticamente todo este mes en diversos medios.

Hoy quiero plantearles otra parte importante de la alimentación durante ésta época: el disfrutar la comida. Los alimentos tienen la función de nutrirnos, pero también cumplen un papel social ya que nos reúnen. Nos unimos en familia o con amigos a comer, tal vez alguien prepara un queque navideño u otra comida como una forma de demostrar cariño, hay preparaciones que por ser tradicionales las asociamos quizás a momentos placenteros (de ahora o de años pasados)... La comida llega a tener un componente emocional que es importante también para nuestro bienestar.

Entonces, si bien es importante el tener cuidado con los excesos, el haber hecho ejercicio, el haber tomado más agua, entre otros consejos que tal vez hemos venido aplicando, llegadas las celebraciones propiamente de Navidad y Año Nuevo podemos darnos un poco más de libertad.

¿Por qué? Porque éstas dos fechas son por así decirlo las de mayor importancia en éste mes, y es merecido poder recordar esas fiestas como bonitos momentos, y no como el rato en que no pude comer ésto o aquello, o en que pasé contando calorías. 

Claramente la moderación sigue siendo clave, no estoy diciendo que vamos a comer por la libre y en cantidades como si fuera el último día en que existe la comida en el mundo. No. Pero podemos darnos permiso de "pecar". Puedo tomar un poco más de vino, puedo comerme el postre sin remordimientos, si había una preparación que me gustó mucho puedo repetir una porción pequeña, etc.

Podemos también tratar de hacer preparaciones más saludables, pero si hay alguna que por tradición siempre se ha hecho de una determinada forma (por ejemplo que así la hacía la abuela, o una situación similar), entonces ¡no la cambiemos! Disfrutémosla como siempre lo hemos hecho.

Dos festividades en que comamos un poco más no van a tener repercusiones importantes en nuestro peso. Ya es otra historia diferente si hay situaciones de salud de por medio, que sí requieran que se limiten el consumo de ciertas cosas.

Pero no nos estresemos tanto por cuánto comemos, no comamos con remordimiento, no nos privemos de esas comidas que son parte de una tradición familiar y de buenos recuerdos. Todo ésto es parte de tener una buena relación con la comida. Y eso es una parte fundamental de un estilo de vida saludable.

Mitos sobre la banana


La banana o plátano es una fruta rica en azúcares y fibra. Suele creerse que engorda porque contiene almidón y por eso, a veces, se omite. Sin embargo, lo que hay que tener en cuenta es que el organismo, para procesarla, precisa más energía que para procesar otras frutas. Es decir que, por lo tanto, el ingreso energético y el gasto de trabajo del organismo son proporcionales.

Por otro lado, la banana produce mayor sensación de saciedad que otras frutas con más agua y menos almidón. ¿Si engorda? Como todos los alimentos cuando se consumen en exceso.

La banana es, además, fuente de potasio, magnesio y ácido fólico. Por ello, es aliado de los deportistas, ya que contribuye a la prevención de calambres y constituye una colación energética.

Una banana media aporta unas 130 Kcal, una cantidad razonable, ya que una manzana grande tiene solo 10 Kcal menos.

Apenas contiene proteínas y grasas, es pobre en sodio. También tiene algo de hierro, betacaroteno, vitaminas del complejo B, vitamina C y algo de vitaminas E y A. La presencia de estas tres últimas, la convierte en una "fruta-salud", con propiedades levemente diuréticas y laxantes, energética y remineralizante.

Las bananas son muy ricas en hidratos de carbono, por lo que constituyen una buena fuente de energía para el organismo. Son muy indicadas en las dietas de bebés, niños, deportistas o cualquier persona que busque una colación sana.

Su capacidad saciante no debe confundir y hacer pensar que engorda y que es una buena opción excluirla de la alimentación. Es cierto que es uno de los frutos que más energía aporta, con unas 100 Kcal por cada 100 g, en comparación con las 60 Kcal por 100 g que aporta la manzana, o las 22 Kcal por cada 100 g de sandía. Sin embargo, la sensación de saciedad que 100 g de banana producen es mucho mayor que la de 100 g de manzana, y más aún que 100 g de sandía. Resulta muy raro querer comer dos bananas seguidas. Por lo tanto, comer una banana equivaldría a comerse un poco más que una manzana.

Más allá de eso, lo que seguramente pocos se han puesto a pensar es que 100 g de productos de repostería industrial aportan unas 400 Kcal y carecen de los minerales, las vitaminas, la fibra y los múltiples beneficios que la banana puede proporcionar.

Comer una ensalada al día rejuvenece el cerebro

Tomado de: www.larazon.es

Comer alrededor de una porción al día de verduras de hoja verde puede estar relacionado con una tasa más lenta de envejecimiento cerebral, según un estudio publicado en la edición digital de este miércoles de ‘Neurology’, la revista médica de la Academia Americana de Neurología.

El estudio encontró que las personas que comían al menos una porción de verduras de hoja verde al día tenían una tasa de disminución más lenta en las pruebas de memoria y habilidades de pensamiento que las personas que nunca o rara vez comían estos vegetales. La diferencia entre los dos grupos fue equivalente a tener 11 años menos de edad, según la autora del trabajo, Martha Clare Morris, del Centro Médico de la Universidad Rush en Chicago, Estados Unidos, informa Europa Press.

«Añadir una porción diaria de verduras de hoja verde a su dieta puede ser una forma sencilla de fomentar la salud de su cerebro --afirma Morris--. Las proyecciones muestran aumentos agudos en el porcentaje de personas con demencia a medida que los grupos de mayor edad continúan creciendo en número, por lo que las estrategias efectivas para prevenir la demencia son fundamentales».

El análisis involucró a 960 personas con una edad promedio de 81 años que no tenían demencia y fueron seguidas durante un promedio de 4,7 años. Los participantes completaron un cuestionario sobre la frecuencia con la que comían ciertos alimentos y analizaron sus habilidades de pensamiento y memoria anualmente durante ese tiempo.

El cuestionario preguntaba con qué frecuencia y cuántas raciones comía la gente de tres vegetales de hoja verde: espinacas, con una porción de media taza de espinacas cocida; col rizada/acelgas / judías verdes, media taza cocida; y ensalada de lechuga, con una porción de una taza cruda.

Se dividió a los participantes en cinco grupos iguales según la frecuencia con la que comían verduras de hojas verdes. Las personas en el grupo de mayor porción comieron un promedio de aproximadamente de 1,3 porciones por día. Aquellos que estaban en el grupo más bajo tomaban un promedio de 0,1 porciones diarias.

En general, las puntuaciones de los participantes en las pruebas de pensamiento y memoria disminuyeron con el tiempo a una tasa de 0,08 unidades estandarizadas por año. Durante más de diez años de seguimiento, la tasa de disminución para aquellos que comieron los vegetales más frondosos fue más lenta, de 0,05 unidades estandarizadas por año que la tasa de los que menos comieron vegetales de hoja verde. Esta diferencia fue equivalente a tener 11 años menos de edad.

Los resultados siguieron siendo válidos después de tener en cuenta otros factores que podrían afectar a la salud del cerebro, como el tabaquismo, la presión arterial alta, la obesidad, el nivel educativo y la cantidad de actividades físicas y cognitivas. Morris señala que el estudio no prueba que el consumo de verduras de hoja verde ralentice el envejecimiento cerebral, solo muestra una asociación. Esta investigadora también apunta que el estudio no puede descartar otras posibles razones para esta relación entre el consumo de vegetales verdes y menor declive de la memoria. Además, Morris señala que debido a que el estudio se enfocó en adultos mayores y la mayoría de los participantes eran blancos, los resultados pueden no aplicarse a adultos jóvenes y personas de color.

¿Una taza de té caliente podría preservar su vista?

Tomado de: medlineplus.gov

Un poco de té en la tarde podría ayudarle a salvar su vista, sugiere una nueva investigación.

El estudio realizado con adultos de EE. UU. encontró que las personas que bebían té caliente a diario tenían un 74 por ciento menos de probabilidades de sufrir de glaucoma, en comparación con las que no eran fanáticas del té.

Los expertos enfatizaron rápidamente que quizá no sea el té en sí lo que proteja de la enfermedad ocular. Quizá otro aspecto de los amantes del té reduzca su riesgo, dijo la investigadora principal, la Dra. Anne Coleman.

Pero los hallazgos sí plantean una cuestión que se debería estudiar más, según Coleman, profesora de oftalmología en la Universidad de California, en Los Ángeles.

"Algo interesante es que solo el té caliente con cafeína se asoció con un riesgo más bajo de glaucoma", dijo.

El té descafeinado y el té helado no mostraron ninguna relación con la enfermedad. El café tampoco, con ni sin cafeína.

Según Coleman, es difícil decir el motivo. "¿Es algo del estilo de vida de la gente que bebe té caliente?", preguntó. "¿Hacen más ejercicio, por ejemplo? No lo sabemos".

El glaucoma se refiere a un conjunto de enfermedades en que se acumula fluido en los ojos, lo que crea una presión que daña al nervio óptico. Es la principal causa de ceguera en los adultos mayores, según la Academia Americana de Oftalmología (American Academy of Ophthalmology, AAO).

Algunas personas tienen un riesgo más alto de glaucoma que otras, señala la AAO. Entre ellas están los negros, las personas con antecedentes familiares de glaucoma, y las que tienen hipertensión, diabetes u otras afecciones que afecten a la circulación de la sangre.

Algunos estudios han sugerido que las personas que beben mucho café tienen un mayor riesgo de glaucoma. Otros han apuntado a que la cafeína puede aumentar de forma temporal la presión dentro del ojo.

Por otra parte, algunos estudios no han logrado encontrar un vínculo entre el café y el glaucoma, dijo Coleman.

Su equipo decidió ver si hay alguna conexión entre el glaucoma y no solo el café, sino el té o los refrescos, con o sin cafeína. Entonces, los investigadores recurrieron a datos de un estudio gubernamental nacionalmente representativo en que adultos de EE. UU. se sometieron a exámenes oculares y completaron encuestas sobre la nutrición.

De los casi 1,700 participantes en las encuestas, un 5 por ciento tenían glaucoma.

En general, encontró el equipo de Coleman, las probabilidades de tener glaucoma eran un 74 por ciento más bajas entre las personas que dijeron que bebían té caliente más de seis veces por semana, en comparación con los que no lo bebían.

Esto fue tras tomar en cuenta varios factores más, como la edad, el peso, la diabetes y los hábitos de tabaquismo.

Aun así, es imposible concluir que el té en sí merezca el crédito, dijo Coleman.

Otros factores del estilo de vida podrían tener que ver, explicó. Y con la dieta, anotó Coleman, siempre es difícil desenredar cualquier efecto de un solo alimento o nutriente de los demás hábitos alimentarios de una persona.

Dicho esto, apuntó a algunos motivos teóricos por los cuales el té podría ser beneficioso. Contiene una variedad de sustancias vegetales que podrían combatir la inflamación y proteger a las células del cuerpo de acumular daños.

Los hallazgos fueron publicados en la edición en línea del 14 de diciembre de la revista British Journal of Ophthalmology.

Por ahora, Coleman recomienda enfocarse en medidas comprobadas.

"La primera medida importante es no tomar sus ojos por sentados", aseguró. "Hágase un examen ocular integral".

El Dr. Davinder Grover, vocero clínico de la AAO, se mostró de acuerdo.

Dijo que las personas deben realizar un examen ocular "de referencia" en un oftalmólogo a los 40 años, un momento en que las señales tempranas de la enfermedad ocular podrían comenzar a aparecer.

Algunas personas quizá deban comenzar antes, anotó Grover, como las que tienen parientes que desarrollaron glaucoma a una edad temprana, entre los 40 y los 59.

En cuanto a la prevención, no hay ninguna forma garantizada de evitar el glaucoma. Pero la gente puede controlar el riesgo cuidando su salud en general, y su salud cardiovascular en particular, señaló.

"Si tiene diabetes o hipertensión, intente controlarlas", aconsejó Grover.

Coleman enfatizó otro punto. Incluso cuando ya hay glaucoma, se puede tratar, con gotas medicadas para los ojos o cirugía láser, por ejemplo. Eso puede prevenir el daño del nervio óptico y la pérdida de la vista.

Pero el daño del nervio óptico no es reversible, lamentó Grover. Así que la detección y el tratamiento tempranos son vitales.

"Lo esencial es la prevención", dijo Grover. "Si detectamos el glaucoma pronto y lo tratamos de forma adecuada, la gran mayoría de veces lo vencemos".

15 de diciembre de 2017

Grasas o carbohidratos: ¿cuál es el malo?

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Por muchos años escuchamos que las grasas eran malas, que había que cocinar con poquita grasa, que todo había que comerlo con la menor cantidad de grasa posible. Según he visto en mi consulta, algunas personas aún creen que es así.

Por otro lado, actualmente ha aparecido otro "villano": los carbohidratos o el azúcar (a veces ambos son igualmente temidos). Son muchos lo que buscan no solamente evitar el azúcar, sino todo carbohidrato en general. Así que hoy quiero enfocarme en este tema.

Las grasas y los alimentos ricos en ellas, usualmente tienen un alto aporte de calorías. Y como regla general siempre se ha tenido que: si consumimos un exceso de calorías vamos a ganar peso. Pero ahora sabemos un poco más, ya que no debemos solamente contar las calorías, sino también pensar en el efecto que tienen en el cuerpo los alimentos o los nutrientes de los que provienen esas calorías.

En el caso de las grasas, las grasas saludables (monoinsaturadas y poliinsaturadas) pueden favorecer más bien la pérdida de peso y grasa corporal (sí: comiendo grasa favorecemos que se pierda grasa). Además, las grasas saludables nos ayudan a mejorar el perfil de lípidos en la sangre (reducir, colesterol total, triglicéridos, colesterol "malo" y aumentar el colesterol "bueno"). Y por supuesto no podemos olvidar que las grasas tienen funciones importantes en nuestro organismo, por lo que son un nutriente necesario que no deberíamos eliminar, y mucho menos temerlo, si elegimos las opciones más adecuadas para nosotros.

Respecto a los carbohidratos, igualmente podemos hablar de carbohidratos más y menos saludables. El azúcar es un carbohidrato, pero sabemos que si lo consumimos en exceso no sólo favorecemos la ganancia de peso, sino que favorecemos la acumulación de grasa corporal así como el riesgo de enfermedades como la diabetes. Y en general un consumo excesivo de carbohidratos puede tener esas consecuencias. Pero no podemos dejar de lado que hay alimentos fuente de este nutriente que también pueden ser beneficiosos ya que nos aportan por ejemplo fibra, vitaminas y minerales, y además son fuente de energía: estamos hablando de alimentos como las tortillas, frijoles, garbanzos, lentejas, arroz, etc. Como vemos, tanto las grasas como los carbohidratos, pueden ser buenos o benéficos, o dañinos y perjudiciales. 

Ahora bien, decir cuál es el malo de la película es un poco más complejo que simplemente señalar a uno de los dos. Porque va a depender mucho de la calidad del resto de nuestra alimentación y nuestro estilo de vida en general.  

Debemos tener en cuenta además otra problemática actual respecto a éstos nutrientes: muchos alimentos procesados esconden gran cantidad de grasa, azúcar o ambos. Entonces aunque creemos que tal vez no consumimos gran cantidad de éstos, sin darnos cuenta tal vez sí lo estamos haciendo. Y debemos tener en cuenta que la combinación grasa-azúcar tiende a ser adictiva y nos hace buscar más alimentos similares.

Entonces no pensemos en que debemos evitar uno u otro nutriente, sino en que debemos elegir los alimentos que resultan más saludables, de ésta forma no tenemos por qué tenerle miedo a las grasas o los carbohidratos, porque vamos a saber que lo que estamos comiendo es lo que más nos va a favorecer.

Dudas comunes de las dietas


Expertos responden algunos de los mitos más comunes a los que se enfrenta la población a la hora de iniciar un plan de alimentación

1. Para bajar de peso ¿se debe dejar de comer chocolate/pan/asado?

De acuerdo con la Licenciada Sabrina Kuzawka, miembro de Nutrición Educación y Terapéutica (NET) "Lo importante es saber cómo incorporarlos en la alimentación diaria". Excepto que exista restricción médica por alguna razón, todo se puede comer, ya que no existen alimentos malos o buenos en sí mismos, si no distintas frecuencias, porciones y ocasiones para consumirlos.

La Doctora Mónica Katz, especialista en nutrición añade, además, que "ingerir cada día una porción, la porción justa, de lo preferido, disminuye el descontrol.

2. Una dieta basada en proteínas ayuda a bajar de peso.

Los alimentos ricos en proteínas aumentan la sensación de saciedad y el gasto energético. Pero una dieta basada en alimentos proteicos que excluya los hidratos de carbono no es una buena idea, ya que promueven una pérdida de peso a expensas de masa muscular y agua corporal, no de tejido adiposo. Esto hace que el peso disminuya rápidamente, pero se recupere después. Toda alimentación saludable debe incluir los tres tipos de nutrientes: hidratos, proteínas y grasas en sus justas proporciones.

3. Las tostadas ayudan a adelgazar más que el pan no tostado.

Negativo. Una porción de pan sin tostar tiene las mismas calorías que una tostada, lo que varía, lógicamente, es su humedad. Sin embargo, el organismo hace más trabajo para digerir y absorber el pan sin tostar, lo cual brinda saciedad y un gasto energético levemente mayor que la tostada. La ventaja de la tostada, es que, al tener más consistencia y textura más crocante, exigen mayor masticación y llevan más tiempo para comer, lo cual puede resultar una buena estrategia en tratamientos de descenso de peso corporal.

4. ¿Se puede comer fruta cuando se está a dieta?

Según Katz, las dietas de moda tienden a excluir las frutas de la alimentación. Sin embargo, cualquier plan de alimentación saludable debe incluir al menos cinco porciones entre frutas y verduras por día.

5. ¿Por qué se recomienda hacer ingestas frecuentes?

Hacer las cuatro comidas principales y dos colaciones por día contribuye a una mejor distribución de los nutrientes necesarios y genera un gasto energético permanente. Sin embargo, no se debe dejar pasar menos de tres horas entre las ingestas, lo cual se conoce como "picoteo".

6. ¿Es cierto que no habría que comer después de las 9:00 pm?

La Licenciada Silvina Tasat, vocalista de la Sociedad Argentina de Nutrición, explica que comer a la noche no engorda más. Lo que sí conviene es, como dice el dicho, "cenar como mendigo", pero no para perder peso, sino para no sentir pesadez antes de dormir.

7. No se deben combinar las proteínas y los carbohidratos.

Tasat asegura que "no hay ningún inconveniente en mezclar hidratos de carbono con proteínas". El problema radica en las cantidades, que deben ser las adecuadas. Por ello, en general se distribuyen entre el almuerzo y la cena, para no comer en exceso, acompañando siempre de vegetales y fruta como postre.

Perder solo un poco de peso podría reducir el riesgo de cáncer de mama

Tomado de: medlineplus.gov

Nunca es demasiado tarde para que una mujer pierda peso y reduzca así su riesgo de cáncer de mama, según un estudio reciente.

Los investigadores encontraron que una pérdida de un 5 por ciento o más del peso después de la menopausia podría reducir las probabilidades de sufrir un cáncer de mama en aproximadamente un 12 por ciento. Para una mujer que pese 170 libras (77 kg), perder un 5 por ciento de su peso serían 8.5 libras (3.8 kg).

"Una pérdida modesta de peso que parece ser sostenible podría tener una consecuencias importantes para la salud", dijo el autor principal del estudio, el Dr. Rowan Chlebowski, profesor de investigación del departamento de investigación en oncología y terapias médicas en City of Hope en Duarte, California.

"Se trata de hallazgos esperanzadores. No tiene por qué tener un peso normal para obtener un beneficio, y no necesita perder una cantidad tremenda de peso. Se puede lograr perder el 5 por ciento del peso por uno mismo", añadió Chlebowski.

La obesidad es un factor de riesgo conocido del cáncer de mama. Pero Chlebowski afirmó que no ha estado claro si perder peso podría prevenir el cáncer de mama. Y si perder peso podría marcar una diferencia en el riesgo de cáncer de mama, no se sabía si había un momento óptimo para perder peso.

Este estudio incluyó datos de más de 61,000 mujeres postmenopáusicas de la Iniciativa de salud de las mujeres, un estudio de gran tamaño realizado a muy largo plazo de mujeres de los Institutos Nacionales de la Salud de EE. UU. Todas las mujeres tenían una edad comprendida entre los 50 y los 79 años cuando entraron en el estudio entre 1993 y 1998. Ninguna tenía antecedentes de cáncer de mama y todas se hicieron una mamografía con resultados normales al inicio del estudio.

El peso de las mujeres se tomó al inicio del estudio y otra vez al cabo de tres años, señaló Chlebowski. Se hizo un seguimiento de su estado de salud durante un promedio de más de 11 años.

Durante ese tiempo, más de 3,000 mujeres desarrollaron un cáncer de mama invasivo.

Del grupo original, más de 8,100 mujeres perdieron un 5 por ciento o más de su peso corporal. Los investigadores compararon a esas mujeres con más de 41,000 mujeres cuyo peso permaneció estable.

Las mujeres cuyo peso se mantuvo estable tuvieron un índice de masa corporal (IMC) promedio de 26.7. El IMC es una medida aproximada de la grasa corporal basada en la medición de la estatura y el peso.

Un IMC de 18.5 a 24.9 se considera normal, mientras que de 25 a 29.9 es sobrepeso y más de 30 se considera obesidad. Una mujer de 5 pies y 6 pulgadas (1.68 metros) que pese 170 libras (77 kg) tiene un IMC de 27.4, según el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de EE. UU.

Las mujeres que perdieron peso voluntariamente en el estudio empezaron con un IMC de 29.9.

"Las mujeres que perdieron un 5 por ciento de su peso o más pesaban más y eran menos activas", indicó Chlebowski.

Los investigadores encontraron que cuando las mujeres perdieron incluso más peso (un 15 por ciento o más de su peso corporal), el riesgo de cáncer de mama se redujo un 37 por ciento.

Hay una serie de factores asociados con la pérdida de peso, como una menor inflamación, que podrían explicar el riesgo más bajo de cáncer, dijo Chlebowski. Pero el estudio no demostró que ese peso perdido hiciera que el riesgo de cáncer de mama se redujera.

Además de encontrar que perder peso estaba vinculado con un riesgo más bajo de cáncer de mama, los investigadores también observaron qué efecto tenía aumentar de peso. Más de 12,000 mujeres aumentaron de peso durante el estudio, y en general, ese aumento no pareció incrementar el riesgo de cáncer de mama.

Pero cuando los investigadores observaron los tipos específicos de cáncer de mama, vieron un aumento del 54 por ciento en el riesgo de un tipo de cáncer llamado cáncer de mama triple negativo en las mujeres que aumentaron de peso tras la menopausia.

Chlebowski dijo que la razón por la que aumentar de peso incrementaría el riesgo de este cáncer en concreto no está clara.

La Dr. Virginia Maurer, jefa de cirugía del seno y directora del programa de salud del seno en el Hospital Winthrop de la NYU, en Mineola, Nueva York, dijo que se trata de un estudio importante que muestra que nunca es demasiado tarde para perder peso.

"Perder peso y hacer más ejercicio son dos cosas sobre las que se tiene control", dijo Maurer, que no participó en el estudio. "Así reducirá su riesgo de cáncer de mama, de enfermedad cardiovascular, de diabetes, de enfermedad de las articulaciones y de otros cánceres relacionados con el peso".

Recomienda que se hagan 3 o 4 horas de ejercicio aeróbico a la semana, junto con algo de entrenamiento de fuerza.

Chlebowski presentó la investigación de su equipo el viernes de la semana anterior en el Simposio de Cáncer de Mama de San Antonio. Los hallazgos presentados en reuniones generalmente se consideran preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.

Tomar un huevo al día no supone un riesgo para la salud

Tomado de: www.elmundo.es

Cocidos, escalfados, pasados por agua, fritos, revueltos, en tortilla... El huevo es uno de los alimentos más preciados para los paladares por su sabor y por tratarse de uno de los complementos ideales tanto en platos salados como dulces. Pero su valor no sólo radica ahí, ya que se trata de uno de los productos más completos que existen a pesar de su pequeño tamaño: tiene las proteínas de mejor calidad biológica, además de casi todas las vitaminas (A, B, D y E), aminoácidos esenciales y minerales como hierro, fósforo y selenio. La mayoría de estos nutrientes están en la yema, así como los lípidos, pero estos son principalmente ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados (beneficiosos para la salud cardiovascular), mientras que en la clara se aloja más de la mitad del total de las proteínas. 

La leyenda negra que siempre ha perseguido a esta píldora nutricional se originó en los años 60 cuando el Estudio Framinghan sobre la salud concluyó que las personas con el colesterol alto tenían un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Para evitar que éste aumentara, se empezó a recomendar reducir la ingesta de colesterol en la dieta. "Se estableció no superar los 300 mg para que los niveles fueran adecuados. El alimento con más colesterol son los sesos, pero como no es muy extendido se centró la atención en el segundo que más lo contenía: el huevo (unos 200mg/unidad)", afirma Ana María López Sobaler, profesora del departamento de Nutrición y Ciencia de los Alimentos de la Universidad Complutense de Madrid. En aquel momento, la Asociación Americana del Corazón empezó a recomendar reducir su consumo (no más de tres a la semana) y eso se trasladó a la comunidad médica y a la población en general. 

Dos décadas después, en los 80, el mismo estudio amplió sus investigaciones recogiendo datos sobre la dieta y se comprobó que la cantidad de colesterol que se ingería no tenía ninguna relación con sus niveles en la sangre. En realidad, tiene más que ver "con el consumo de grasa total, sobre todo saturadas. De esta manera podemos encontrar dietas con un contenido de colesterol muy bajo pero que pueden elevarlo en la sangre", explica Juan José López Gómez, miembro de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición. Pero la idea de que el huevo aumentaba el colesterol había quedado en el ideario colectivo y el daño ya estaba hecho. 

Hoy, en base a numerosos estudios científicos, se ha demostrado que este alimento no sólo no es perjudicial para la salud sino que protege frente a algunas dolencias. "Uno de sus componentes, la colina, es un componente fundamental de las neuronas y se está viendo que también podría ayudar a prevenir enfermedades como el Alzheimer y algunos tipos de cáncer. De hecho, con dos huevos ya se cubre la mitad de este nutriente que se considera adecuado al día", explica López Sobaler. Por otra parte, protege la vista (por el efecto de sus antioxidantes) y previene enfermedades cardiovasculares como la arterioesclerosis ya que aporta grasas insaturadas en su composición.

Las recomendaciones

No se trata de tomar 25 de golpe, al estilo Paul Newman en La leyenda del indomable, pero la creencia de que no hay que tomar más de tres a la semana ha quedado obsoleta. "Si se tienen en cuenta las directrices de la dieta mediterránea, lo adecuado es un consumo de entre dos y tres raciones (100 gramos cada una) de alimentos proteicos al día: carnes, pescado o huevos. Según las preferencias de cada uno, se pueden alternar y por lo tanto, consumirse unas tres o cuatro raciones de huevos por semana", explican desde el Instituto de Estudios del Huevo. Si se tiene en cuenta que uno de peso medio son unos 50 gramos, una ración serían dos huevos, por lo que "el consumo de uno diario no supondría ningún problema para la salud", siempre dentro del contexto de una dieta equilibrada con el resto de nutrientes. "Quien siga una dieta vegetariana necesitará consumir más huevos y lácteos sin tener que recurrir a suplementos", continúan desde el Instituto. 

Rocky Balboa se tragaba cinco crudos como preparación para su duro entrenamiento. Lejos de tratarse de una opción recomendable (debido al riesgo de contaminación bacteriana y porque sus nutrientes no son absorbidos de la misma manera) la ingesta de huevo, principalmente de clara para evitar la grasa de la yema, es una práctica muy extendida entre los deportistas, ya que "ayuda en el desarrollo de la musculatura al estar compuesta por agua y proteínas (albúmina, que es la que contiene aminoácidos encargados de la construcción muscular)", cuenta María Amaro, experta en nutrición de la Clínica Feel Good. 

El contenido de un huevo es capaz por sí mismo de crear vida, de la misma forma que también nutre la nuestra.

8 de diciembre de 2017

¿Es ésta la dieta para mí?

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

En éstos tiempos en que encontramos dietas y métodos para perder peso en muchos medios (televisión, revistas, redes sociales, Internet, etc) es muy común escuchar en mi consulta muchas experiencias previas de pérdida de peso. 

Desde personas que han hecho dietas con las que pasan mucha hambre, hasta los que me han dicho que hicieron una dieta que les dio, por ejemplo, gastritis. Inclusive hay quienes preguntan: ¿y con la dieta que usted me va a dar voy a poder comer arroz? (o cualquier otro ejemplo de alimento que se les ocurra).

No es mi objetivo con ésta publicación decir si determinado sistema de pérdida de peso o dieta funciona o no, es riesgoso o no. Ya había escrito una publicación similar, pero dadas las consultas que recibo, hoy quiero ofrecerles además algunas recomendaciones muy sencillas que nos pueden ayudar a determinar si el plan o método que planeamos usar (o estamos usando) es apropiado para nosotros:

1. Es importante al iniciar una dieta pensar si es algo que vamos a poder mantener a lo largo del tiempo o sólo lo vamos a lograr por unos días. Porque ese es el tiempo que van a durar los resultados. Por eso aparece el famoso efecto rebote: si hacemos cambios por un tiempo pero luego volvemos a los hábitos anteriores, vamos a volver también a pesar lo que pesábamos antes (o hasta más).

2. Analicemos si nuestro cuerpo se va a nutrir con lo que vamos a comer. Si tenemos que eliminar grupos de alimentos o sustituir comidas con algún producto, puede ser que estemos a riesgo de sufrir alguna deficiencia de uno o más nutrientes. Siempre podemos investigar y consultar con otros profesionales. No hay que quedarse sólo con la información que da quien ofrece la dieta o el producto.

3. Observemos si la dieta o el método considera nuestras costumbres y preferencias, y si debemos variarlas mucho o no (y si vamos a poder hacerlo). Por ejemplo, si soy una persona que no come muchas carnes y la dieta implica comer mucho más de lo habitual, ¿voy a poder hacerlo?

4. Si bien hay situaciones de salud que requieren que se eviten algunos alimentos, en general uno puede perder peso sin necesidad de prohibirse muchas cosas. Está bien moderar el consumo de algunos alimentos, pero si ya nos lo plantean como una prohibición es posible que no sea un proceso placentero ¿cierto?. Y no es sólo el hecho de "sufrir" por lo que no puedo comer, sino que el pasar con antojos o deseando comer algo puede generar estrés y ésto tampoco nos va a ayudar a perder peso (además de que la idea no es que perder peso se vuelva un martirio).

5. Si la dieta nos produce malestares como gastritis, colitis, estreñimiento u otros, definitivamente no es apropiada para nosotros. 

6. Si con la dieta se indica que no debemos hacer ejercicio, tampoco es recomendable. ¡El ejercicio es saludable! ¿Por qué lo prohíben? 

Está bien que busquemos obtener resultados, pero no basemos sólo en eso la decisión de un método o sistema de pérdida de peso. No pongamos en riesgo nuestro cuerpo ni hagamos cosas que lo perjudiquen.

Por qué consultar a un nutricionista


Cuando se quiere cambiar de hábitos, pero no se sabe cómo comenzar, puede ser de gran ayuda para ordenar los objetivos de alimentación y salud

Cuando se trata de salud, generalmente se distinguen 4 etapas en el proceso de cambio de comportamiento: la contemplación, la preparación, la acción y el mantenimiento.

En la etapa de contemplación el nutricionista puede contribuir explicando los beneficios que dichos cambios de hábitos implican para la salud. Puede anticipar los posibles obstáculos que se presentan en el camino y planificar las comidas para la etapa de preparación. Las etapas de acción y mantenimiento pueden abordarse con visitas cortas para mantener la motivación y continuar adelante.

Siempre es bueno informarse y quitarse las dudas con un profesional, ya que un nutricionista educado mantiene siempre actualizada la información basada en evidencia científica.

Hoy por hoy abundan las enfermedades asociadas a los malos hábitos alimenticios y de vida, como son la diabetes, la obesidad y la hipertensión arterial, para las cuales resulta fundamental tener un asesoramiento nutricional. Otro problema común son las alergias alimentarias, que pueden convertir la alimentación en algo monótono cuando no se cuenta con el consejo de un profesional.

Un informe publicado en setiembre del 2010 en la revista "Medicina Académica", señaló que "la educación nutricional en la carrera de medicina es a menudo insuficiente", por lo que, tal vez un médico de atención primaria puede no dar acertadamente los lineamientos nutricionales que el paciente necesita. Lo ideal es que el médico y el nutricionista trabajen conjuntamente, formando, junto con otros profesionales, un equipo multi e interdisciplinario.

Para visitar al nutricionista es bueno tener en cuenta ciertos aspectos:

1. Empezar una semana antes: con un registro de alimentos y cantidades que se comen y se beben durante el día. Esto permite al profesional tener una visión general de la calidad de la dieta habitual de su paciente. Si se padece diabetes o sobrepeso, el nutricionista será capaz de observar los efectos de los alimentos que se consumen. En el registro se puede además incluir otros tipos de datos como el nivel de hambre, de ansiedad, de humor, etc. Si se tienen alergias alimentarias también será útil incluir los síntomas, la hora que se padecen y el tiempo que duran.

2. Tampoco se debe olvidar de llevar:

· Cualquier medicamento que se esté tomando, vitaminas, probióticos, suplementos, etc.

· Un listado de preguntas que se tenga.

· Registro de glicemias en caso de ser diabético.

Excesos en comidas navideñas pueden restar eficacia a tratamientos médicos

Tomado de: www.nacion.com

Con la llegada de diciembre, vienen también las fiestas y las cenas en las que se combina la ingesta de licor y el consumo de algunas comidas muy pesadas. Si una persona está bajo algún tratamiento médico, tanto lo que bebe como lo que come puede tener efectos sobre el medicamento y podría alterar la forma en que el cuerpo lo tolera.

Por esta razón, el Colegio de Farmacéuticos y diversos especialistas hacen un llamado a que, si usted debe tomar algún tipo de fármaco, se informe de cómo podrían afectarlo las bebidas alcohólicas y las distintas comidas.

El llamado no solo es para quienes tienen enfermedades crónicas y toman medicamentos desde hace meses o años, sino también para todas las personas que hace poco tuvieron alguna infección o herida y están bajo tratamiento médico durante los días de fin de año.

No es solo un asunto de aumento de peso y de tener algunos kilos de más para comenzar el año. Es que esto puede hacer que el medicamento pierda eficacia", aseguró el farmacéutico Larry Ramirez.

"Por ejemplo, en una persona diabética, el peso es importante de mantener para que los medicamentos que toma puedan serle eficaces. Si este diabético, que se pone insulina todas las mañanas, tiene una dieta usual de 2.000 calorías, la dosis va según su peso y comida usual. Pero si en este fin de año hay días que come el doble, el medicamento no le será suficiente para esa dieta y se puede descompensar", añadió.

De acuerdo con el especialista, tampoco se vale decir: "si comí mucho, me tomo dos pastillas", pues esto incluso podría intoxicar al cuerpo.


Su colega Luis Carlos Monge señala también que las comidas de estas épocas tienden a ser más grasosas y que podrían retardar la acción de medicamentos: "o no se aborben o se absorben más lento", indicó.

Otra práctica peligrosa, a juicio de los especialistas, consiste en pasar muchas horas sin comer para "guardar calorías" que puedan consumirse en la noche. Esto afecta al cuerpo aún sin estar bajo tratamiento médico, pero cuando se está con un fármaco, esta costumbre es aún más riesgosa.

"Al tener mucho tiempo de ayuno, nuestro cuerpo comienza a interpretar que no hay comida disponible, y no sabe cuándo volverá a comer, por lo que comienza a almacenar más grasa. Estas grasas se pasan a azúcares para transformarse y dar energía. Pero también surgen otras sustancias que oxidan, y al combinarse con algunos medicamentos, pueden estresar al cuerpo aún más", explicó Monge.

Ramírez complementa: "No comer en todo el día para después comer un montón es todavía más peligroso cuando hay fármacos de por medio. Hay medicamentos que deben consumirse junto con alimentos, y esto puede complicar cuadros de gastritis y colitis y restarle eficacia al tratamiento".

¿Cómo tomar los medicamentos?

La forma de consumir los medicamentos también es vital, pues podría afectar su efecto en el organismo.

Los especialistas dan lo que califican como un consejo imprescindible: cualquier duda que tenga acerca de cómo consumir un fármaco (si usar comida o no, o qué tipo de alimento ingerir) debe evacuarse con el médico en el momento de la consulta o con el farmacéutico cuando retira o compra su medicamento.

De esta forma, se evitará al máximo que los alimentos tengan un mal efecto en el fármaco y que este no funcione, o que el medicamento afecte la forma en la que los nutrientes del alimento se procesen.


Por otra parte, hay dos aspectos clave: la hora de en la que se ingieren los medicamentos y hacerlo con al menos un vaso completo con agua.

"¿Por qué los medicamentos se toman a una hora específica? Pues porque se necesita mantener una cantidad mínima efectiva de medicamento en el organismo para que este funcione y la persona no se descompense o presente síntomas nuevamente. Por eso hay que respetar los horarios. Si se va a levantarse más tarde, adapte los horarios, pero no se vale saltarse dosis o tomarse dos a la vez", puntualizó Monge.

Tomar cada pastilla con un vaso con agua es necesario también para un procesamiento de los ingredientes activos de los fármacos, pues casi todos están diseñados para disolverse en este líquido y así llegar con sus propiedades al tracto digestivo.

"Si usted no utiliza agua para tomarse un medicamento no podemos saber si parte de esa pastilla se quedó en el esógafo y eso bajaría la eficacia. O también, podría ser que se le quede pegada y se asfixie", indicó Ramírez.

Ambos especialistas dicen que el agua es ideal para ingerir una pastilla, y piden evitar hacerlo con bebidas cítricas, café y gaseosas.

Otras recomendaciones de los farmacéuticos consultados incluyen el tomar el tratamiento hasta el final, no abandonarlo si se siente mejor. Además, si usted va a salir de vacaciones, lleve sus tratamientos y manténgalos a la temperatura y la humedad que el empaque sugiere.

Asimismo, si tiene alguna duda sobre cómo tomarlos o almacenarlos, revise bien el prospecto de cada fármaco, llame a su médico o acuda a una farmacia y pida hablar con el regente.


Combinar fármacos con licor es riesgoso

Otro invitado común en las fiestas navideñas son las bebidas alcohólicas. Si usted se encuentra bajo tratamiento médico, la recomendación de ambos especialistas es que se abstenga del todo del licor, pues algunos tipos muy específicos de fármacos no pueden combinarse con alcohol, y en otros casos, baja la acción de estos.

Además, la combinación podría aumentar los efectos de licor o el estar embriagado podría provocar el olvido de la siguiente dosis.

"La mayoría de los medicamentos y el licor tienen un metabolismo hepático, es decir, el hígado los metaboliza. Entonces, como los medicamentos utilizan la misma vía que el alcohol, puede que estos no se metabolicen bien porque entran a competir. Entonces esto puede causar más efectos secundarios, o que el medicamento no cumpla toda la función necesaria", aseveró Ramírez.

Monge añade: "En esta época, las comidas tienden a ser más grasosas y eso ejerce acción directa sobre el hígado; si le sumamos el licor y las medicinas, el metabolismo se complica".

De acuerdo con los especialistas, hay medicamentos en los que la combinación con licor es aún peor. Los antifúngicos (fármacos contra los hongos) son los de interacción más fuerte y no toleran su combinación en ninguna medida con ningún tipo de bebida alcohólica.

Otros fármacos, como los antibióticos o los medicamentos hormonales (por ejemplo, estrógenos u hormonas tiroideas) también generan una reacción que, aunque no tan fuerte, podría afectar.


"Un medicamento muy popular como la tafil, si usted la combina con alcohol le va a dar más sueño y podría provocar un accidente si decide manejar después de la fiesta y se queda dormido", apuntó Monge.

Ramírez es de la misma opinión: "Las pastillas para dormir son de mucho riesgo con licor, y también los relajantes musculares, que de por sí dan sueño".

Ambos especialistas son enfáticos en una cosa: si usted sufre cualquier tipo de infección, no espere para comenzar el tratamiento indicado, porque la acción de la bacteria podría progresar y hacerse peor.

"Si usted tiene una infección y el viernes en la mañana el doctor le receta un tratamiento y le dice 'comience ya', hágale caso, no sea de los que dicen, 'hoy en la noche tengo una fiesta y quiero tomar, y el sábado y domingo también, mejor lo comienzo lunes'. Hacer eso puede ocasionar que la infección empeore y usted vaya a necesitar un medicamento todavía más fuerte", subrayó Ramírez.

En términos generales, los especialistas piden no combinar ningún tipo de medicamento con ningún tipo de licor, pero, si quiere hacerlo, consulte antes con un médico o farmacéutico.

La obesidad aumenta el riesgo de padecer demencia

Tomado de: www.as.com

La obesidad se asocia o es causa directa de muchos otros trastornos y enfermedades como la hipertensión arterial, diabetes mellitus, dislipemia, síndrome de apneas-hipopneas del sueño, entre otros. Pero, además, desde hace unos años se ha relacionado esta enfermedad con el deterioro cognitivo, y es que “Los pacientes con obesidad en la etapa media de la vida (50 años) presentan un riesgo superior de padecer demencia comparados con sujetos con normopeso”, señala la doctora Irene Bretón, presidenta de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

La obesidad es una enfermedad crónica de tendencia epidémica en el mundo y se ha convertido en uno de los retos más difíciles en salud pública, no sólo en países desarrollados, sino en vías de desarrollo. Según la OMS, entre 1980 y 2014, la prevalencia mundial de obesidad casi se ha duplicado. En España, el 39,3% de la población tiene sobrepeso; y la obesidad alcanza al 21,6% (22,8% en hombres y 20,5% en mujeres), cifras que aumentan con la edad, señala la doctoraPurificación Martínez de Icaya, representante de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO).

Por otro lado, los expertos estiman que más del 6% de los españoles mayores de 60 años sufren algún grado de demencia. “Cada día la población está más envejecida y aunque se desconocen aún las causas por las que se producen el deterioro cognitivo y la demencia, los hábitos de vida saludable y la realización de ejercicio físico para evitar la obesidad pueden tener un efecto protector frente al riesgo de su desarrollo”, advierte la doctora Nuria Vilarrasa, coordinadora del área de Obesidad de la SEEN.

Ante esta situación y con el objetivo de mantener unos hábitos de vida saludables (una dieta apropiada y actividad física) para evitar el exceso de grasa corporal y ayudar a proteger contra el desarrollo de demencia, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) han desarrollado la campaña ‘Cuida tu peso, cuida tu memoria’.

Relación entre obesidad y deterioro cognitivo

“No sólo es importante la presencia de obesidad, sino también la distribución de la grasa corporal, ya que hay datos que sugieren que el predominio abdominal de esta podría ser un factor de riesgo de deterioro cognitivo y demencia”, señalan las doctoras Vilarrasa, y Martínez de Icaya. Según los especialistas, uno de los mecanismos que parece asociar ambas enfermedades es la presencia de resistencia a la insulina en los pacientes con obesidad, especialmente cuando se localiza en el abdomen. “Un estudio reciente mostró que una mayor resistencia a la insulina se asocia con niveles más altos de beta-amiloide, sustancia implicada directamente con el desarrollo de algunos tipos de demencia”, explica la doctora Bretón.

Además, otro de los factores que destacan desde las dos sociedades es que las personas con obesidad pueden presentar otras enfermedades cardiovasculares asociadas que son factores que influyen de manera negativa sobre el riego sanguíneo cerebral y por tanto contribuyen al deterioro cognitivo.

Por otro lado, “se ha observado una reducción del riesgo de demencia con la realización de ejercicio físico de manera regular. La actividad física además de tener efectos beneficiosos sobre los factores de riesgo cardiovascular, podría mejorar la síntesis neuronal”, asegura la Dra. Vilarrasa y añade que también es clave mantener un peso lo más saludable posible con el objetivo de disminuir las complicaciones asociadas a la obesidad y mejorar la calidad de vida.

1 de diciembre de 2017

¿Cómo puedo comer más sano en diciembre?

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Ya hemos hablado en otras publicaciones de la relación que hacemos automáticamente entre diciembre y engordar. De ahí que unas de las preguntas más frecuentes que me hacen son: ¿cómo hago para no subir de peso? ¿cómo se puede comer sano en ésta época? Por eso hoy les comparto algunos consejos clave:

1. Durante éste mes hagamos que los vegetales sean como nuestros amigos inseparables:

Incluyamos más vegetales en nuestras comidas diarias, ya que nos dan saciedad con menos calorías, lo que nos ayuda a comer un poco menos, y compensamos los excesos que pueden ocurrir en los días de actividades. 

En las fiestas o reuniones aprovechemos de incluirlos en el menú: ensaladas verdes (no nos llenemos de ensaladas de pasta u otras de tipo harinoso), vegetales al vapor o gratinados, sopas o cremas de vegetales, vegetales con algún dip para picar... Son muchas las opciones, y además de que podemos encontrar recetas deliciosas, podemos comer suficiente cantidad y no sentimos que estamos pasando hambre.

2. No comamos sólo por comer.

Es cierto que hay muchas preparaciones tradicionales en ésta época, y también muchas actividades sociales. Pero siempre que vayamos a comer algo pensemos: ¿realmente lo quiero? ¿realmente me gusta? Y si lo probamos y no es de nuestro total agrado, entonces no hace falta que lo terminemos (y mucho menos repetir sólo porque sí). 

3. Haga modificaciones los días normales (esos donde no hay actividades)

Por ejemplo si normalmente se da el gusto de comerse un chocolatito de vez en cuando, evítelo durante éste mes. Si toma bebidas azucaradas, cambie a tomar agua (o si toma poca agua tome más). Puede comer porciones un poco más pequeñas de lo usual. Puede también por ejemplo evitar usar ascensores u obligarse de alguna manera a caminar más o moverse más.

La idea es que todos esos pequeños cambios nos ayuden a compensar los excesos que pueden suceder en los días de fiestas.

4. Planifique las comidas

Si debemos preparar alguna comida, pensemos con antelación lo que vamos a preparar, y qué modificaciones podemos hacer. Recordemos que la idea en ésta época es disfrutar, y eso incluye disfrutar la comida. Entonces si hay alguna receta que nos gusta mucho, aunque tal vez no sea muy "dietética", podemos mantenerla tal cual, y modificar otros platillos. 

Por ejemplo digamos que queremos preparar alguna carne y nos gusta dejarla con algo de grasita. Entonces pensemos que el resto de preparaciones no sean muy grasosas y sean más livianas. Podemos preparar un ensalada verde en lugar de una ensalada de de pasta con mayonesa, podemos pensar en un postre basado en frutas, podemos preparar alguna guarnición de vegetales en lugar de un puré o arroz. Siempre hay formas de modificar las recetas, es cuestión de sentarse a decidir cuáles recetas mantener, cuáles modificar y cómo modificarlas.

Ahora bien, si no somos nosotros los que vamos a preparar la comida, podemos tratar de averiguar el menú, o ya al estar en la actividad y si es posible,  preguntar por la forma de preparación. Así podemos tener una idea de si debemos moderarnos con algunas cosas. Inclusive si es el caso podemos colaborar llevando alguna preparación saludable y así tenemos más opciones para elegir y que nos beneficien.

5. Mucho cuidado con los snacks o los productos para "picar"

Es típico que en las actividades haya hasta inclusive una mesa llena de snacks. El primer consejo es no quedarse a la par de la mesa, porque entre conversación y conversación ya perdimos la cuenta de lo que comimos.

Las semillas (maní, nueces, semillas de marañón, etc) o las aceitunas son opciones saludables, pero si comemos una gran cantidad igualmente pueden favorecer que ganemos peso. Eso sí, son mejores opciones que papas tostadas o productos similares. 

Debemos prestar atención también a las salsas o dips, ya que pueden incluir una buena cantidad de grasa y/o azúcar.

Lo mejor es en un platito pequeño tomar porciones pequeñas de lo que deseamos comer, y limitarnos a esa cantidad. Después de todo, esa no será toda la comida que habrá en la actividad, así que tampoco es necesario que nos llenemos.


Como vemos, sí hay cosas que podemos hacer para evitar terminar diciembre con unos kilos de más. Hoy que empieza el mes piense en las metas que ha venido trabajando y dígase: ¡yo puedo lograrlo!

¿Por qué engordamos cuando nos hacemos mayores (y no solo es culpa de nuestro metabolismo)?

Tomado de: www.bbc.com

La batalla contra la báscula es algo que atormenta a muchos pasados cierta edad... y ciertos kilos. El cuerpo de los 20 años que creías te acompañaría para siempre empieza a cambiar y los pantalones que tanto te favorecían ya no te pasan de las rodillas. La curva de la felicidad, las pistoleras y el flotador parecen haber llegado para quedarse.

Envejecer y engordar son dos cosas que acostumbran a ir de la mano, aunque algunos científicos aseguran que el aumento de peso en la mediana edad no es del todo inevitable. La solución, dicen, está en encontrar una actividad física que te haga consumir mucha energía.

Y es que engordar se asocia siempre al metabolismo: la forma en la que nuestro cuerpo consume energía. Un metabolismo lento es aquel que quema menos calorías en reposo de lo que se considera normal. Se le conoce también como metabolismo basal.

Cuando envejecemos, nuestro metabolismo se ralentiza por una cuestión de supervivencia. Las células queman los alimentos más lentamente y tienden a aferrarse a la grasa, preparadas para tener una reserva de la que echar mano si hace falta.

Pero hay otras causas más desconocidas que nos hacen ganar peso a medida que ganamos años.
Estas son para el servicio de salud público británico, el NHS, las principales razones que se esconden en la pérdida de peso que no tienen que ver con nuestro metabolismo.

1. Medicamentos

Con la edad llegan también los achaques y a veces aparecen enfermedades crónicas que nos encadenan a remedios de por vida. El aumento de peso es un efecto secundario común de muchos medicamentos.

Según el NHS, los medicamentos más comunes que pueden causar aumento de peso son los esteroides, los antipsicóticos y la insulina, entre otros.

Solución:
nunca te saltes las indicaciones de tu médico pero habla con él o ella para explorar otros fármacos.

2. Insomnio

Dormir poco no es bueno para nuestro cerebro pero tampoco para nuestro peso y nuestra salud en general. El doctor Neil Stanley, experto del sueño en el hospital universitario de Norfolk y Norwich (Inglaterra) asegura que "hay un vínculo muy fuerte entre la falta de sueño y la ganancia de peso".
 
A medida que envejecemos tendemos a dormir menos así que las probabilidades de engordar incrementan, advierten desde el servicio sanitario británico.
 
Solución: dormir más. El doctor Stanley del servicio público británico afirma que "dormir es vital para nuestra salud física y mental".
 
3. La televisión

Sea por placer o porque nuestra salud no nos permite tener una vida físicamente activa, ver mucha televisión contribuye a una vida sedentaria.
 
De acuerdo con estudios verificados por el NHS, cuando estamos frente a la pantalla muchas veces consumimos calorías que no necesitamos.
 
La nutricionista del servicio público Anna Suckling explica: "La gente a menudo descubre que, mientras está sentada frente al televisor, toma alimentos con muchas calorías como las patatas fritas y el chocolate".
 
4. Estrés
 
A medida que nos hacemos mayores las responsabilidades aumentan. Nos preocupamos más y sufrimos estrés. Una forma común de afrontar esta situación es comer más de lo que necesitamos y el azúcar es un alimento recurrente.
 
Tomar tentempiés azucarados sube los ánimos y es un aporte extra de energía pero hacerlo frecuentemente puede ser fatal para nuestra salud.
 
Solución: además de intentar eliminar lo que te estresa, prepara aperitivos saludables e intenta hacer algo de ejercicio, recomienda la especialista Suckling.
 
Otras causas ya más comunes y relacionadas con el metabolismo son la pérdida de músculo, la disfunción de las hormonas y el aumento de los niveles de azúcar en sangre.

Bajar de peso para dormir mejor

Tomado de: www.elobservador.uy

Un estudio realizado en los Estados Unidos mostró recientemente que perder peso mejora en un 20% la calidad de sueño y reduce la incidencia de apnea

El endocrinólogo argentino Alejandro García señaló que respetar las horas de sueño y corregir el sobrepeso son pilares fundamentales para lograr un buen descanso.

"Parece ser que obesidad y calidad del sueño están muy relacionadas, ya que dormir mal disminuye la acción de la leptina, hormona reguladora de la saciedad, y aumenta la concentración de la grelina -hormona del hambre-, responsable del aumento de la ingesta", explicó.

El estudio mencionado anteriormente, llevado a cabo en la Universidad de Berkeley, en California, detectó que luego de una mala noche aumenta la necesidad de comer a lo largo del día, y especialmente alimentos nutritivamente pobres y más calóricos, lo cual lleva a desarrollar obesidad más fácilmente o a tener dificultad para bajar de peso.

El doctor asegura que existe una "sinergia" que da lugar a un "empeoramiento de los síntomas tanto si el trastorno de sueño ocurrió antes y empeoró con la obesidad posteriormente desarrollada, como si el trastorno se desencadena a posteriori del aumento de peso".

Por estas razones es fundamental cambiar los hábitos de vida de modo de llevar una alimentación saludable junto con la práctica de actividad física regular. Y el correcto descanso nocturno no escapa a este estilo de vida.

"Las recomendaciones dependen de cada alteración en particular, pero a aquellas personas que les cuesta conciliar el sueño se les recomienda por lo general no ingerir bebidas estimulantes después de las 18.00 hs (como café, té, mate, bebidas colas o cacao), dormir en un lugar tranquilo o darse un baño caliente antes de acostarse", explicó García.

El profesional recalcó también que si bien hay personas que duermen durante toda la noche, no logran un descanso profundo, y esto arrastra el cansancio y el agotamiento durante todo el transcurso del día. Esto se debe generalmente a una deficiente oxigenación del cerebro debido a apneas de sueño, lo cual hace que disminuya el rendimiento psico-intelectual.

Señaló también que en los casos en los que se presentan síntomas como ronquidos excesivos, cefaleas, poca libido o apetito sexual o boca seca al levantarse, se debe consultar a un especialista que indique un tratamiento adecuado con el cual puedan mejorar su calidad de vida.

Alimentos que han tenido mala fama…y son realmente sanos

Tomado de: as.com

El mundo de la nutrición está en constante cambio, década a década. Si hace algo menos de 20 años las grasas era poco menos que el demonio, ahora todos señalan los excesos de azúcar como el gran culpable de la epidemia de obesidad y de algunas enfermedades como la diabetes. En realidad, debemos basarnos en una dieta variada y equilibrada, con abundancia de frutas y verduras, ya que son los alimentos con mayor cantidad de vitaminas y minerales. Te decimos los alimentos que han gozado de mala fama y que realmente se pueden incluir en una alimentación sana.

Huevos

No nos cansaremos de repetirlo: tienen el primer lugar de esta lista porque un consumo responsable se ha limitado durante años a 6-7 huevos a la semana, cuando realmente podemos comer muchos más sin preocuparnos (y con yema). La FEC (Fundación Española del Corazón), ya lo avisó en 2014: “No es necesario restringir el consumo de huevos en la dieta de personas sanas”, y explicó abiertamente que “desea modificar esta creencia histórica en base a los beneficios que tienen en nuestra salud”.

Arroz blanco

Algunas de las naciones más saludables, como Japón, disfrutan de arroz blanco en la mayoría de las comidas. Además, la investigación ha descubierto que las personas que comen arroz también tienen menos probabilidades de tener sobrepeso. Cuando se come solo, el arroz blanco tiene un índice glucémico alto, pero rara vez se consume de esta manera y puede ser un "vehículo" para obtener alimentos más saludables en combinación, como proteínas y verduras magras.

Café

Recientemente, un estudio predicó todas las bondades del café, asegurando incluso que tres tazas al día son capaces de alargar nuestra vida. El café es una de las bebidas más populares del mundo. Se calcula que diariamente se consumen 2.250 millones de tazas, aunque durante mucho tiempo se tildó de bebida poco saludable, ya que se asociaba a distintas enfermedades. Dependiendo de la variedad y la preparación, se compone de más de 1.000 sustancias, entre ellas la cafeína.

Aguacate

Como hemos mencionado antes, y en la línea de que las grasas eran considerabas extremadamente malas para la salud hace años, el aguacate no gozaba de muy buena fama. Un estudio publicado en 2013 en el que se investigó a participantes que comieron medio aguacate en su dieta asegura que los aguacates son un fantástico alimento para el control del peso. Los investigadores detectaron que su ingesta aumentaba la satisfacción y la saciedad. Además, el balance calórico final no se veía afectado negativamente. El aguacate tiene un montón de vitaminas como A, C, D o E, entre las que destaca la vitamina K, importantísima para la coagulación de la sangre y el fortalecimiento de nuestros huesos.

Chocolate (negro, por supuesto)

Cuanto más cacao tenga, mejor. Se considera chocolate negro cuando tiene un mínimo del 70 por ciento. El único problema es que el chocolate negro es bastante calórico, por lo que hemos de tomarlo con mesura si queremos perder esa grasa sobrante. Contiene antioxidantes importantísimos para nuestra salud como los flavonoides y los polifenoles, ayudan a liberar el organismo de radicales libres y posee grasas saludables. Además, estimula la producción de endorfinas, las hormonas del placer y la felicidad, y está riquísimo, que es lo más importante.

Crema de cacahuete (maní)


Al ser crema proveniente de cacahuetes, es lógico que sea bastante calórica, pero en su defensa debemos decir que sacia mucho el apetito y nos puede ayudar a perder peso. De hecho, un estudio publicado en Journal of Nutrition relaciona su ingesta con menor índice de masa corporal en adultos. Debemos consumir más frutos secos en general, y aunque parezca mentira, la crema de cacahuete que no contenga demasiados añadidos como aceite de palma, es bastante saludable.