28 de julio de 2017

¡No dejemos que sea tarde para cuidar nuestra salud!

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Buscando noticias para compartir en el blog, me encontré con un artículo en el que se vincula la obesidad en la adolescencia con un mayor riesgo de cáncer de colon en la edad adulta (pueden encontrarlo también en las publicaciones de esta semana). Y me puse a pensar que cada vez es más frecuente ver este tipo de estudios, o ver el incremento en enfermedades crónicas desde edades tempranas: cada vez más niños con obesidad, diabetes, hipertensión, colesterol y/o triglicéridos altos...Y es realmente preocupante.

Es como cuando vemos por ejemplo personas en moto y sin casco, o en el carro sin cinturón de seguridad. Vivimos muchas veces con la idea de que "a mí no me va a pasar", o en el caso de la alimentación: "yo no me voy a enfermar". No tenemos una cultura de prevención, y aún cuando sabemos las cosas que debemos hacer, no las hacemos.

Entonces, volviendo al caso de la alimentación, no pensamos en cuidar la alimentación de los niños ni de los adolescentes, porque ya después habrá tiempo de hacerlo. Y muchas veces tampoco en la edad adulta se hace. Y no se trata de que pongamos a los niños a comer solo vegetales o que nunca los dejemos comer una hamburguesa, pero podemos enseñarles desde edades tempranas a vivir en un ambiente saludable, y darles gustos de vez en cuando.

Pero por ejemplo, he escuchado anécdotas de actividades familiares en que se dice: "¡a los niños ni les demos ensalada porque no les gusta!". O por ejemplo los menús para niños en los restaurantes: nuggets de pollo y papas fritas. Entonces si damos por un hecho que los niños no comen vegetales, y ni siquiera intentamos que los prueben, ya nosotros como adultos estamos siendo responsables de "mal educarlos" en este aspecto.

No nacemos programados para odiar los vegetales. Aprendemos a comerlos o no, al igual que con todo lo demás. Y como siempre es posible aprender algo nuevo, lo que no aprendimos de niños lo podemos modificar después. No hay una edad específica para hacer cambios en nuestro estilo de vida.

Y en la edad adulta no esperemos a que nos digan que tenemos la presión alta o que ya estamos en una prediabetes para empezar a ver qué hacemos para comer mejor. Cuidar la alimentación no es algo que debemos hacer sólo cuando queremos perder peso. Es algo que deberíamos hacer siempre. Y no es como me han dicho algunas veces: ¡es que todo lo rico es malo y qué aburrido dejarlo! Tenemos que cambiar esa idea: todo puede ser rico, y comer sano no es dejar de comerse una pizza o de tomarse una cerveza. Comer sano es aprender que puede comerse esa pizza o tomarse esa cerveza de la misma manera que puede comer una ensalada o una fruta o tomar agua. 

Así que quiero cerrar esta publicación invitándolos a hacer un "examen de conciencia". A hacer una revisión  de lo que comen diariamente, y siendo sinceros con ustedes mismos, hagan una lista de las cosas que consideran que pueden mejorar en su alimentación, y hagan esos cambios poco a poco. Y si tienen hijos, los invito también a pensar en qué cosas pueden hacer para mejorar también la alimentación de ellos. Busquen a un profesional en Nutrición que les asesore, porque los nutricionistas no estamos sólo "para que la gente pierda peso", podemos asesorarles también para mejorar su calidad de vida y ayudarle a prevenir algunas enfermedades.

Pequeños cambios en la dieta pueden reducir hasta un 17% el riesgo de mortandad

Tomado de: www.larazon.es

Pequeños cambios en la dieta alimenticia, como sustituir diariamente las carnes rojas y procesadas por frutos secos y legumbres o las bebidas azucaradas por frutas y verduras, pueden reducir entre un 8 y un 17 por ciento el riesgo de mortalidad en la persona.

Esta relación entre cambios en la dieta y longevidad se demuestra por primera vez en un estudio longitudinal y de amplia envergadura realizado por Mercedes Sotos-Prieto, ya que abarca una muestra de más de 100.000 personas estudiadas durante más de 30 años y continua con el seguimiento en la actualidad.

Sotos-Prieto, doctora en Epidemiología Nutricional y Salud Pública por la Universitat de Valencia (premio extraordinario) y premio nacional en las carreras de Nutrición Humana y Dietética y Ciencia y Tecnología de Alimentos, ha asegurado a EFE que este estudio supone una "oportunidad única" porque permite "estudiar cambios dinámicos en el tiempo".

El estudio, dirigido por Sotos-Prieto en la Escuela de Salud Publica de Harvard y publicado en la revista New England Journal of Medicine, concluye que pequeños cambios en la dieta están asociados con la reducción de entre un 8 y un 17 por ciento de la mortalidad total, independientemente de otras variables como la actividad física o dejar de fumar.
 
Para su elaboración, Sotos-Prieto estudió la asociación entre cambios en la calidad de tres patrones de dieta durante doce años (1986-1998) y su asociación con la mortalidad total en los subsecuentes 12 años (1998-2010) en una muestra de cerca de 48.000 mujeres y unos 25.000 hombres.
 
El estudio ha demostrado que en las personas que tenían una mala alimentación durante los primeros años de investigación y mejoraron su dieta en los años posteriores disminuyeron significativamente su riesgo mortalidad.
 
"Si aumentamos un 20 por ciento la calidad de la dieta, hemos encontrado que se disminuye el riesgo de mortalidad total entre el 8 y el 17 por ciento dependiendo del índice de dieta estudiado", ha asegurado Sotos-Prieto.
 
En este sentido, ha explicado que un 20 por ciento de aumento de la calidad de la dieta se puede alcanzar, por ejemplo, sustituyendo el consumo de carne roja procesada por el consumo de frutos secos y legumbres a una ración diaria.
 
"No hace falta adherirse a una dieta mágica, sino tener un equilibrio nutricional, porque pequeños cambios mantenidos en el tiempo pueden tener un gran impacto a largo plazo, mejorando la longevidad", ha afirmado la investigadora albaceteña, que ha añadido que "nunca es tarde para mejorar la dieta".
 
De hecho, ha agregado, la gran mayoría de los participantes en el estudio eran de mediana edad, lo que significa que "nunca es tarde para mejorar tu dieta y conseguir un beneficio".
 
Según ha señalado, en España hay un alto consumo de cereales refinados, "cuyo consumo se ha asociado a mayor riesgo de diabetes o enfermedades cardiovasculares".
 
"Hay que concienciar a la gente de la importancia de cambiar los cereales refinados por cereales integrales (pan, arroz o pasta integral)", ha apostillado.
 
La nutricionista también ha abogado por abandonar las "dietas milagro", ya que cualquier dieta que no se pueda mantener en el tiempo "es un fracaso".
 
Según Sotos-Prieto, las últimas recomendaciones de las guías dietéticas de Estados Unidos reconocen la importancia de distintos patrones de dieta, entre ellos la Mediterránea y la dieta DASH (elaborada en EEUU para disminuir la hypertension arterial), patrones estudiados en esta investigación.
 
"Queremos demostrar que aunque hay distintas dietas, no importa el nombre si comparten características saludables como el consumo de frutos secos, legumbres, ácidos grasos saludables (como el aceite de oliva virgen extra o el omega 3 del pescado), cereales integrales, frutas y verduras", ha concluido.

Vinculan la obesidad en la adolescencia con el riesgo de cáncer de colon en la adultez

Tomado de: medlineplus.gov

La obesidad, incluso en la adolescencia, podría aumentar las probabilidades de cáncer de colon en la adultez, encuentra un nuevo estudio de gran tamaño.

Unos adolescentes con sobrepeso y obeso de Israel tenían un riesgo de cáncer de colon un 53 por ciento más alto en la adultez, encontraron unos investigadores.

En cuanto al cáncer rectal, la obesidad (pero no el sobrepeso) se vinculó con un riesgo de más del doble en las chicas, y un riesgo un 71 por ciento más alto en los chicos, en comparación con los adolescentes de peso normal.

"Este estudio es una evidencia adicional de que los factores de riesgo del cáncer de colon están activos a lo largo de toda la vida", comentó el Dr. Andrew Chan, profesor asociado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard.

Los hallazgos "resaltan la importancia de mantener un peso corporal sano, incluso en la niñez", añadió Chan, que no participó en el estudio.

De acuerdo con la Sociedad Americana Contra El Cáncer (American Cancer Society), el cáncer de colon es el tercer cáncer más comúnmente diagnosticado entre los hombres y mujeres de EE. UU., sin incluir el cáncer de piel.

Este año, en Estados Unidos se diagnosticarán unos 95,500 casos nuevos de cáncer de colon, y casi 40,000 casos nuevos de cáncer rectal, según la sociedad.

Dado que tantos estadounidenses jóvenes tienen sobrepeso o son obesos, las preocupaciones sobre el efecto del peso excesivo en la enfermedad crónica más adelante en la vida, incluyendo el cáncer, han estado en aumento.

"Cuando uno es joven, la obesidad es una enfermedad que le pone en riesgo de muchos problemas médicos", dijo el Dr. David Bernstein, jefe de hepatología en el Centro de Enfermedades del Hígado de Northwell Health en Manhasset, Nueva York.

"Sabemos sobre la diabetes, sabemos sobre la artritis, y ahora sabemos sobre el cáncer de colon", dijo Bernstein, que no participó en la investigación.

"Hay un vínculo bien documentado entre la obesidad y el cáncer de colon en los adultos", señaló Bernstein. "Tiene sentido que si se es obeso en la juventud, se tendrán más problemas cuando se es mayor".

Bernstein dijo que los cánceres tardan años en desarrollarse, de forma que no es sorprendente que los efectos de la obesidad en la adolescencia se observen en la adultez.

El nuevo estudio fue liderado por el Dr. Zohar Levi, del Centro Médico Rabin en Petah Tikva, Israel. El equipo de Levi recolectó datos de casi 1.1 hombres israelíes y más de 707,000 mujeres israelíes. Su peso se evaluó entre los 16 y 19 años de edad entre 1967 y 2002. Se les dio seguimiento hasta 2012.

La muestra final incluyó a casi 1.8 millones de participantes, según el estudio. Los resultados del estudio aparecen en la edición en línea del 24 de julio de la revista Cancer.

Durante un seguimiento promedio de 23 años, casi 3,000 participantes desarrollaron cáncer de colon, encontraron los investigadores.

Entre los hombres, unos 1,400 tuvieron cáncer de colon, y casi 600 cáncer de recto. Entre las mujeres, más de 760 tuvieron cáncer de colon, y más de 220 cáncer de recto.

"Se trata de una cohorte inmensa con un seguimiento mínimo de 10 años, y se midió el IMC [índice de masa corporal] de todos los individuos, no simplemente lo reportaron o recordaron", comentó Levi en un comunicado de prensa de la revista.

Una limitación del estudio es que los participantes solo tenían una edad promedio de 49 años cuando se diagnosticó su cáncer, bastante antes de que la mayoría de cánceres de colon se desarrollen, dijeron los investigadores.

Además, aunque el estudio encontró un vínculo entre la obesidad en la adolescencia y el cáncer de colon en la adultez, no muestra una relación causal directa.

Los investigadores tampoco tenían datos sobre la dieta, la actividad física ni el tabaquismo, lo que podría haber afectado a los estimados del riesgo. Tampoco contaban con los antecedentes médicos familiares, que podrían haber mostrado una predisposición al cáncer de colon.

Bernstein dijo que no se ha mostrado científicamente que perder peso pueda ayudar a reducir el riesgo. Aun así, "la obesidad se debe tratar", planteó. "Si la obesidad es un riesgo, la única forma de modificar ese riesgo es perder peso. No sé si ayudará, pero sin duda no hará daño".

Una buena dieta y el ejercicio durante el embarazo podrían reducir el riesgo de cesárea

Tomado de: medlineplus.gov

Comer una dieta saludable y hacer ejercicio durante el embarazo no solo es bueno para el bebé en desarrollo.

Un nuevo análisis de 36 estudios que incluyeron a un total de más de 12,500 mujeres sugiere que esas conductas también pueden reducir las probabilidades de la futura madre de someterse a una cesárea o desarrollar diabetes durante el embarazo.

En general, unos hábitos saludables redujeron el riesgo de necesitar una cesárea en más o menos un 10 por ciento, señaló la autora del estudio, Shakila Thangaratinam, profesora de salud materna y perinatal en la Universidad de la Reina María, en Londres.

Un estilo de vida saludable también redujo el riesgo de una mujer de desarrollar diabetes durante el embarazo, que se conoce como diabetes gestacional, en un 24 por ciento, mostraron los hallazgos.

No resultó sorprendente que los hábitos saludables también controlaran la posibilidad de aumento excesivo de peso durante el embarazo.

"Según todas las evidencias hasta la fecha, lo que encontramos fue que una dieta saludable y una actividad física moderada en el embarazo sí reducen el riesgo de un aumento de peso [excesivo], y ese beneficio en realidad es asequible para cualquier mujer embarazada, sin importar el peso corporal que tenga [de antes del embarazo]", dijo Thangaratinam.

Pero es difícil definir exactamente qué debe ser una dieta saludable o qué ejercicio moderado sería mejor durante el embarazo, anotó, dado que cada estudio examinó la dieta y el ejercicio de una forma un poco distinta.

En general, las dietas animaban a comer más fibra, más pescado y aceite de oliva, y a no tomar bebidas azucaradas. Los estudios observaron a las mujeres embarazadas que usaron bicicletas estacionarias, nadaron, bailaron y realizaron ejercicios de tonificación, añadió.

Thangaratinam recomienda 150 minutos de actividad moderada por semana, con ejercicio aeróbico y dos sesiones de fortalecimiento muscular.

Una dieta saludable y el ejercicio regular no se vincularon con resultados como los casos de mortinatos o tener un bebé con un peso insuficiente o excesivo, o con que un bebé necesitara la unidad de cuidados intensivos neonatales, encontró el equipo de la investigación.

Ese hecho debería resultar tranquilizador, dijo Thangaratinam, ya que muchas mujeres le tienen miedo al ejercicio durante el embarazo, porque creen que le hace daño al bebé.

Los hallazgos son valiosos, aseguró Margie Davenport, profesora asistente de educación física y recreación en la Universidad de Alberta, en Canadá, que ha realizado investigación en esta área. Más de la mitad de las mujeres aumentan más o menos del peso recomendado, dijo, y eso aumenta el riesgo de cesáreas, diabetes gestacional y otros problemas.

El estudio refuerza tanto la seguridad como los beneficios de tener un estilo de vida saludable y activo durante el embarazo, aseguró Davenport.

"Ahora, apenas un 15 por ciento de las mujeres son activas durante el embarazo debido a, al menos en parte, un temor de que seguir haciendo ejercicio podría ser dañino", explicó Davenport.

Aunque los resultados del estudio ofrecen una reconfirmación sobre la seguridad del ejercicio, "todas las mujeres deben hablar con un profesional de la atención de la salud antes de iniciar o continuar con el ejercicio durante el embarazo", aconsejó.

Una experta anotó una limitación del estudio.

Un 80 por ciento de las mujeres incluidas en el análisis eran blancas, y más de la mitad eran de una clase social más alta, comentó Marlene Goldman, profesora emérita de obstetricia y ginecología en el Centro Médico Dartmouth-Hitchcock en Hanover, New Hampshire.

"Estudios como este en realidad no confirman nada", dijo Goldman. "Yo diría que sugiere un efecto bastante pequeño".

Pero añadió que los hallazgos sí ofrecen cierta reconfirmación de que una dieta saludable y el ejercicio podrían en realidad otorgar ciertos beneficios, al menos en las mujeres estudiadas.

En un editorial que acompañó al estudio en la revista, Marian Knight, profesora de salud materna e infantil de la Universidad de Oxford, y un colaborador anotaron que la obesidad materna y el aumento excesivo de peso en el embarazo se vinculan con complicaciones tanto para la madre como para el bebé. La duda que queda, según los editorialistas, es investigar qué tipo de actividad física es la mejor durante el embarazo.

El estudio aparece en la edición en línea del 19 de julio de la revista BMJ.

21 de julio de 2017

Alimentos procesados: ¿son realmente malos?

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Escuchamos con frecuencia sobre los alimentos procesados, que son "malos", que no es recomendable comerlos con frecuencia, etc. Hasta yo lo menciono a menudo en mis publicaciones en redes sociales y en mi consulta. Entonces es válido preguntarse ¿cuál es el problema con estos productos?

Para empezar, hagamos una comparación entre lo que comían, por ejemplo, nuestros abuelos. Dejando de lado que usualmente tenían una vida más activa, también las personas hace años comían más frutas frescas, vegetales de todo tipo (picadillos, ensaladas, guisos), los frescos eran naturales o inclusive se acostumbraba tomar agua, las comidas se sazonaban con muchos condimentos o especias naturales. Los dulces o golosinas eran muchas veces también preparados en casa: arroz con leche, mieles, cajetas, etc. ¿Qué ingredientes artificiales se consumían en ese entonces? Probablemente ninguno o los mínimos.

Actualmente más bien muchas veces no se consumen frutas, los vegetales son mínimos en los platos, los refrescos muchas veces son gaseosas o refrescos de paquetito (que tienen gran cantidad de azúcar o vienen con edulcorantes artificiales), se consume mucha repostería por ejemplo en el desayuno o en el café de la tarde, el consumo de comida rápida es considerablemente mayor ahora y ni se diga de los productos procesados (bebidas, galletas, sopas, snacks, enlatados, panes, etc). 

Es cierto que facilitan mucho la vida con el ritmo que se lleva en estos tiempos, pero el detalle es que la gran mayoría vienen cargados de grasa, azúcar y/o sal (sodio). Porque se necesitan estos ingredientes para hacerlo más agradable al gusto del consumidor, y en ocasiones también para efectos de conservación del producto.

El problema es que estos ingredientes consumidos en exceso tienen repercusiones directas en nuestra salud (además de en el peso), y pueden llegar a producir cierto nivel de adicción.

Se podría pensar entonces ¿qué pasa con todos los productos "light" o "bajos en"? Si bien pueden tener menos de una cosa, usualmente traen más de otra (por ejemplo se quita grasa pero viene entonces con más azúcar). O también contienen edulcorantes artificiales, que ya algunos estudios han empezado a demostrar que no son la gran respuesta a la obesidad como se pensaba, y más bien pueden estar favoreciéndola. Pero más importante aún es que la oferta tan grande de productos light nos lleva a pensar que, entre menos cosas tenga un alimento es mejor, y se nos olvida que nuestro cuerpo ocupa nutrientes y le empezamos a dar todo artificial.

Estamos claros, los productos procesados vienen a facilitar y ahorrar tiempo, pero debemos tomar conciencia de que pueden tener un precio para nuestra salud. Esto no significa que debemos satanizarlos, solamente debemos moderar el consumo. Que la alimentación se base en alimentos frescos, e incluir ocasionalmente lo procesado. No vamos a generalizar que todos son perjudiciales, podemos encontrar opciones que podemos incluir en nuestra dieta.

Por ejemplo, podemos preparar al desayuno huevos, comer una fruta y agregamos algún pan comercial. En las meriendas podemos incluir, si no es fruta, un yogur (verificando el contenido de grasa y azúcar). En las comidas principales podemos preparar una ensalada y agregar algún aderezo comercial, o por ejemplo comer un arroz con pollo y acompañarlo con unas papitas tostadas. Podemos preparar comidas rápidas en casa, como por ejemplo hamburguesas, preparando nosotros las tortas con carne molida (no preformadas) y agregando bastantes vegetales, y usamos el pan comercial y aderezos.

Como vemos no es que si incluimos algo procesado ya nuestra alimentación no es saludable. Simplemente tratemos de organizarnos para preparar la mayor parte de nuestros alimentos a partir de ingredientes frescos. Por ejemplo podemos cocinar pollo, aprovechamos de usar el caldo para hacer una sopa en lugar de usar una de paquetito, y tenemos entonces para dos o más preparaciones con una sola cocción. Podemos preparar una olla grande de picadillo y congelar o refrigerar en porciones. ¡Si buscamos opciones y soluciones las encontramos! Puede ser mejor invertir un poco más de tiempo, pero cuidar nuestra salud.

No todos los alimentos de origen vegetal son iguales

Tomado de: medlineplus.gov

Durante años, el mantra ha sido que comer muchas frutas, verduras y granos protege de la enfermedad cardiaca, pero un nuevo estudio sugiere que elegir los equivocados podría resultar contraproducente.

En el estudio de más de 200,000 profesionales de la salud de EE. UU., se encontró que los que comían bastante alimentos saludables de origen vegetal (como verduras, habichuelas y granos integrales) sí tenían un riesgo más bajo de enfermedad cardiaca.

Pero eso no sucedió que las personas se llenaban de comidas que tienen técnicamente un origen vegetal, pero que no son tan saludables.

De hecho, las dietas ricas en pasta, pan, papas y dulces parecieron tan malas como, sino peores, que las dietas ricas en productos animales.

"No todos los alimentos de origen vegetal son iguales", apuntó la investigadora líder, Ambika Satija, becaria postdoctoral en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard, en Boston.

Así que es esencial que las personas consideren la calidad nutricional de los alimentos de origen vegetal que elijan, planteó.

El estudio no examinó de forma específica las dietas vegetarianas o veganas, anotó Satija. De forma que los hallazgos no iluminan cómo esas dietas afectan al riesgo de enfermedad cardiaca.

Pero otros estudios han vinculado las dietas vegetarianas y veganas con unos riesgos más bajos de diabetes, hipertensión y enfermedad cardiaca, según el Dr. Kim Williams, jefe de cardiología en el Centro Médico de la Universidad de Rush, en Chicago.

"La nutrición basada en las plantas es superior respecto a la mayoría de las enfermedades", afirmó Williams.

"Pero lo que la gente no siempre entiende es que hay formas saludables de hacerlo, y formas no tan saludables", dijo. "Es posible hacerlo mal".

Williams es coautor de un editorial publicado junto con el estudio en la edición del 25 de julio de la revista Journal of the American College of Cardiology.

Los hallazgos implicaron a tres estudios que comenzaron en los 80 y los 90. Cada dos a cuatro años, los participantes ofrecieron información detallada sobre sus dietas.

El equipo de Satija observó la calidad de los alimentos de origen vegetal que esas personas comían típicamente, y cómo la calidad general se relacionaba con su riesgo de desarrollar enfermedad cardiaca.

En 2013, más de 8,600 de los participantes del estudio habían sufrido un ataque cardiaco o habían muerto de una enfermedad cardiaca.

El riesgo fue más bajo entre las personas que comían con regularidad bastantes alimentos de origen vegetal, incluyendo frutas y verduras, legumbres, frutos secos y granos enteros (como avena cocinada y arroz integral), encontró el estudio.

A los que estaban en el principal 10 por ciento de ingesta de alimentos saludables de origen vegetal fue a quienes mejor les fue: tenían una cuarta parte menos de probabilidades de desarrollar enfermedad cardiaca que los que se encontraban en el 10 por ciento inferior.

Al contrario, se observó el patrón opuesto entre las personas que comieron muchos de los alimentos de origen vegetal no tan saludables, como las papas, los granos refinados (el pan blanco, la pasta y las galletas) y los jugos de fruta azucarados. Los del 10 por ciento superior tenían casi un tercio más de probabilidades de desarrollar enfermedad cardiaca, frente a las personas en el 10 por ciento inferior.

Las personas que comían muchos alimentos de origen animal (como la carne, el queso y la mantequilla) también mostraron un mayor riesgo de enfermedad cardiaca. Pero el vínculo entre los alimentos de origen vegetal malsanos y los problemas del corazón fue un poco más firme, anotaron los investigadores.

Pero el estudio no probó que algunos alimentos de origen vegetal en realidad provocaran un aumento en los riesgos cardiacos, sino solo que hubo una asociación.

Aun así, para Williams, las implicaciones son claras. "Mientras más alimentos saludables de origen vegetal coma alguien, mejor", enfatizó.

Satija dijo que "creo que el mensaje de esto es bastante positivo". En otras palabras, los mensajes sugieren que las personas "no tienen que irse al extremo" con la dieta para obtener beneficios cardiacos.

En lugar de ello, dijo, pueden comenzar con "reducciones moderadas" en los productos animales, por ejemplo las carnes rojas y procesadas, y reemplazarlas con alimentos saludables de origen vegetal como las legumbres, las verduras y los frutos secos.

"Adoptar cambios como esto en la vida es mucho más fácil", aseguró Satija.

¿Hay alimentos que provoquen ataques de gota?

Por AITOR SÁNCHEZ GARCÍA / www.consumer.es

La gota es una enfermedad causada por la acumulación de cristales de ácido úrico en las articulaciones, en las que produce una hinchazón muy dolorosa. Esta patología es mucho más prevalente en hombres que en mujeres (casi el triple) y también una condición muy dependiente de los factores genéticos. El ácido úrico se forma a partir de las purinas y su exceso puede provocar que cristalice en diferentes lugares del cuerpo. Dado que la eliminación del ácido úrico en el organismo se hace de forma muy lenta, el tratamiento clásico se ha centrado en reducir la ingesta dietética de purinas y aumentar la excreción urinaria con fármacos. Pero ¿de qué modo influye la alimentación en la gota? En este artículo se enumeran los alimentos y los factores dietéticos más relacionados y qué recomendaciones se pueden seguir.

¿Cómo influye la dieta en la gota y en la recurrencia de ciertos dolores agudos? Tradicionalmente se han identificado varios alimentos "disparadores" de este dolor, una especie de gatillo que activa con mayor probabilidad el dolor articular de un ataque de gota. En esta colección han estado grupos de alimentos como el marisco, la carne roja, las bebidas azucaradas o el alcohol, pero también otros tan concretos como el tomate, así de específicos, presente en un 20% de los casos.

El tomate aumenta los niveles circulantes de ácido úrico, lo cual es un riesgo en sí mismo, además de para los ataques de gota. Sin embargo, se trata de alimento "anecdótico". Existe una asociación entre su consumo y estos ataques, pero en todo el patrón dietético no se debería prestar tanta atención solo a este alimento.

A nivel poblacional, se tiene identificado al tomate como "el gran villano" y se olvida con mayor facilidad otros alimentos todavía más insanos y causantes de estas crisis como los embutidos, el alcohol o incluso los refrescos.

Ácido úrico: otros factores dietéticos para tener en cuenta

También se ha visto que el pH urinario influye en la eliminación de ácido úrico y, por tanto, bajaría la concentración sanguínea. Pero esto no tiene nada que ver con la famosa dieta alcalina, que promete prevenir o curar enfermedades comiendo alimentos con pH básico. Esa dieta sigue, a día de hoy, sin respaldo científico y solo destaca que posee una alta presencia de frutas y verduras, nada más.

Se trataría de emplear, en parte, la misma estrategia que también usan algunos fármacos para el control de la gota, que aumentan la eliminación urinaria del ácido úrico. ¿De qué modo? Mediante una alimentación basada en materias primas de origen vegetal (frutas, verduras, hortalizas...) acompañadas de aceites de calidad y una proteína en la que el alimento predominante fuesen las legumbres.

La dieta es, por tanto, una de las estrategias más baratas, seguras y convenientes a nivel de coste-beneficio.

¿Qué recomendaciones generales se deben seguir?

Las principales recomendaciones son las siguientes:
  • Basar la alimentación en la que no haya presencia de los alimentos "sospechosos" para el inicio de los ataques de gota (alcohol, dulces, carnes rojas, embutidos, tomate...).
  • Sustituir proteína de origen animal por proteína de origen vegetal. El exceso de productos animales, sobre todo cárnicos, se asocia con mayor recurrencia en los ataques.
  • Aumentar la frecuencia con la que se orina. Para ello sería conveniente incrementar la ingesta hídrica, reducir la del alcohol y seguir una dieta moderada en sal añadida.
  • Evitar consumir muchos alimentos ricos en purinas en las mismas ingestas, que pudieran hacer que las concentraciones superiores en sangre provocasen un ataque de gota.

Dormir bien podría ayudarle a evitar la comida basura

Tomado de: medlineplus.gov

Duerma bien de noche y quizá la comida basura le resulte menos atractiva al final de un día difícil.

Esa es la sugerencia de un estudio que aparece en una edición reciente en línea de la revista Journal of Applied Psychology.

"Encontramos que los empleados que tienen un día de trabajo estresante tienden a llevar sus sentimientos negativos del lugar de trabajo a la mesa en la cena", apuntó la coautora del estudio, Chu-Hsiang (Daisy) Chang, de la Universidad Estatal de Michigan.

Esto significa que comen más de lo usual y optan por más comida basura en lugar de comida saludable, dijo Chang, profesora asociada de psicología.

"Pero otro hallazgo clave mostró la forma en que el sueño ayudaba a la gente a manejar su consumo de alimentos por estrés tras el trabajo", anotó Chang. "Cuando los trabajadores habían dormido mejor la noche anterior, tendían a comer mejor cuando experimentaban estrés al día siguiente".

Los hallazgos provienen de dos estudios con un total de 235 hombres y mujeres en China.

Los participantes en un estudio se describieron como "empleados de tecnología de la información" con trabajos exigentes y de alto estrés. En el segundo estudio se inscribieron trabajadores de un centro de llamadas expuestos al estrés continuo de ofrecer servicios a clientes exigentes.

En ambos casos, el estrés se vinculó con el inicio de pensamientos negativos. Y entonces se encontró que esa mentalidad se asociaba con un riesgo más alto de comer de forma malsana de noche.

En cuanto al motivo, los investigadores sugirieron que el estrés puede socavar el autocontrol al mismo tiempo que aumenta el deseo de hacer algo (como comer) para aliviar o evitar los malos sentimientos.

Pero los que durmieron bien antes de ir al trabajo fueron menos propensos a comer mal de noche, dijeron los investigadores.

"Dormir bien de noche puede hacer que los trabajadores se sientan descansados y vigorosos de nuevo, lo que puede hacer que sean más capaces de lidiar con el estrés al día siguiente y menos vulnerables a comer de forma malsana", dijo Chang en un comunicado de prensa de la revista.

Añadió que los hallazgos deben animar a las empresas a promover los beneficios de dormir bien de forma rutinaria.

14 de julio de 2017

Motivación y disciplina: ¡las claves del éxito!

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

A través de los años he visto personas que intentan e intentan perder peso o seguir un plan de alimentación por otras metas, y no lo logran. Y también he visto a otros que consiguen sus objetivos sin ningún problema. ¿Qué hace la diferencia?

Es cierto que cada persona es diferente, pero dejando de lado las particularidades de cada uno, con base en mi experiencia me atrevo a decir que un punto clave es la motivación. Es común pensar: "quiero perder peso", o "quiero bajar mi grasa corporal" o "quiero verme más marcado", etc. Pero más allá de solamente quererlo o desearlo, debemos preguntarnos ¿por qué lo quiero? y llevar esa pregunta hasta el nivel más profundo.

Por ejemplo: ¿por qué quiero perder peso? Porque quiero verme delgado(a). ¿Y por qué quiero verme delgado(a)? Porque es de un tiempo para acá que he subido, antes pesaba menos. ¿Y qué tiene que antes pesara menos? Que en ese entonces la ropa me quedaba mejor y me sentía mejor conmigo mismo. ¡Ahí está la motivación! No sólo el verse delgado, sino recuperar esa buena sensación con uno mismo. Ese es el tipo de análisis que debemos hacer para encontrar lo que realmente nos va a motivar.

Una vez que tenemos la motivación, entonces se hace mucho más fácil la disciplina, ya que van de la mano. Podemos probar mil y un métodos para perder peso, nos pueden hacer el plan de alimentación perfecto, la rutina de ejercicios perfecta, pero si no tenemos la disciplina para cumplirlos entonces de nada sirve: no habrá resultados. 

No es lo mismo despertar y decir que voy a salir a hacer ejercicio porque una vez más quiero intentar bajar de peso, que despertar y decir con decisión: ¡antes me sentía mejor y quiero hacerlo de nuevo así que voy a hacer ejercicio! O cada vez que quiera abandonar el plan de alimentación voy a pensar en cómo me siento ahora y voy a decir: ¡no es así como me quiero sentir así que voy a seguir haciendo lo que es mejor para mí!

A todos nos mueven cosas diferentes, así que cada uno va a tener su motivación para buscar sus objetivos. Ya sea para sentirse mejor, por querer evitar tal vez una enfermedad o situación que haya vivido algún amigo o familiar, por querer mejorar lo que ya ha logrado...no importa el motivo pero ¡encuentre eso que lo haga despertar cada día dispuesto a hacer lo necesario para llegar a su meta!

¿Con una mejor dieta, una vida más larga?

Tomado de: medlineplus.gov

Las personas de mediana edad y mayores que empiezan a comer mejor también tienden a vivir más tiempo, muestra un estudio reciente de gran tamaño.

Los hallazgos, que aparecen en la edición del 13 de julio de la revista New England Journal of Medicine, quizá no parezcan sorprendentes. Los expertos médicos dijeron que el mensaje refuerza básicamente lo que las personas han estado escuchando durante años.

Pero el estudio es el primero en mostrar que los cambios sostenidos en la dieta (incluso a una edad avanzada) podrían alargar la vida de las personas, comentaron los investigadores.

"Una moraleja importante es que nunca es demasiado tarde para mejorar la calidad de la dieta", dijo la investigadora principal, Mercedes Sotos Prieto, científica visitante de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard, en Boston.

"La mayoría de participantes de nuestro estudio tenían a partir de 60 años", indicó.

Los hallazgos se basaron en casi 74,000 profesionales de la salud estadounidenses que participaron en dos estudios realizados a largo plazo que empezaron en los años 70 y en los 80.

Entre 1998 y 2010, fallecieron casi 10,000 de los participantes del estudio. Sotos-Prieto y su equipo observaron el modo en que el riesgo de muerte prematura de las personas se relacionaba con cualquier cambio en la dieta que hicieron en los 12 años anteriores (de 1986 a 1998).

Resultó que las personas que habían cambiado a mejor (que añadieron más fruta y verdura y granos integrales, por ejemplo) tenían un riesgo más bajo de muerte prematura que las que mantuvieron la misma dieta.

Por el contrario, las personas cuyos hábitos alimentarios empeoraron se enfrentaron a un riesgo más alto de fallecer durante el periodo de estudio (entre un 6 y un 12 por ciento más alto) que las personas cuya dieta se mantuvo estable, mostraron los hallazgos.

¿Hasta qué punto las mejoras en la dieta marcaron una diferencia?

Varió un poco en función de la medida de la calidad de la dieta. Los investigadores usaron 3 sistemas de calificación: el índice alternativo de alimentación sana; la puntuación alternativa de la dieta mediterránea, y la puntuación de la dieta DASH (por las siglas en inglés de método dietético para detener la hipertensión).

Los sistemas de puntuación difieren en algo, pero todos dan más puntos a los alimentos como las verduras, la fruta, los granos integrales, el pescado, los productos lácteos bajos en grasa y las fuentes de grasas "buenas", como el aceite de oliva y los frutos secos. A los alimentos procesados, los dulces, la carne roja y la mantequilla, por otra parte, se les da una calificación más baja.

En general, el estudio encontró que una mejora del percentil 20 en la calidad de la dieta se asoció a una reducción del 8 al 17 por ciento en el riesgo de muerte prematura por cualquier causa. Hubo una disminución parecida en el riesgo de mortalidad por enfermedad cardiaca o accidente cerebrovascular, en concreto.

Ese cambio del percentil 20 es un cambio bastante menor, según Sotos Prieto.

Esto se conseguiría, por ejemplo, al sustituir una porción diaria de carne roja por una porción de legumbres o frutos secos, dijo.

"Nuestros resultados subrayan el concepto de que las mejoras modestas en la calidad de la dieta a lo largo del tiempo podrían influir de forma significativa en el riesgo de mortalidad", dijo Sotos Prieto.

Alice Lichtenstein es vocera de la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association) y profesora de ciencias de la nutrición en la Universidad de Tufts, en Boston.

"Este estudio refuerza lo que hemos estado diciendo durante mucho tiempo", señaló.

Lo ideal es que la alimentación saludable sea un hábito de por vida. Pero nunca se es "demasiado viejo" para hacer cambios a mejor, comentó Lichtenstein.

"La idea clave es hacer cambios a los que pueda atenerse durante el resto de su vida", enfatizó.

No hay alimentos ni nutrientes milagrosos, añadió Lichtenstein. En lugar de eso, el nuevo estudio "valida" el concepto de que lo que importa es la dieta general, explicó.

Connie Diekman, dietista registrada, se mostró de acuerdo. Dijo que una guía general es empezar a comer más alimentos procedentes de plantas.

Cuando las personas coman carne roja, Diekman sugirió que coman unos cortes más magros.

"Pasar de una comida de carne y patatas a unas verduras salteadas, quínoa y un poco de pollo a la parilla o una arrachera magra sería un modo de pasar a un patrón de alimentación más saludable", dijo Diekman, jefa de nutrición universitaria en la Universidad de Washington, en St. Louis.

La buena noticia, según Lichtenstein, es que se está volviendo más fácil comer de forma saludable. Dijo que los estadounidenses generalmente tienen más acceso a una variedad de granos integrales y frutas y verduras, frescas o congeladas, lo que puede resultar más económico.

No comas mejor, deja de comer peor

Tomado de: elpais.com

Hay frases que nos transportan directamente a la infancia. Hoy, al escucharlas de nuevo, no podemos evitar pensar cuánta razón tenían nuestros padres al pronunciarlas. Una de ellas es la siguiente: “No es más limpio el que más limpia, sino el que menos ensucia”. Pues bien, aunque la ciencia no debe basarse en refranes (no tardaríamos en encontrarnos con este otro: “Gente refranera, gente embustera”), las investigaciones rigurosas legitiman el refranero consejo, al menos en el ámbito de la nutrición. Es el caso del artículo científico publicado en la edición de junio de 2017 de la revista American Journal of Clinical Nutrition por el doctor Lukas Schwingshackl y sus colaboradores. De él puede extraerse la conclusión de que tiene más sentido disminuir el consumo de alimentos insanos que aumentar el de los saludables.

El objetivo de la revisión de Schwingshackl y su equipo (metaanálisis de estudios prospectivos) ha sido sintetizar el conocimiento disponible sobre la relación que existe entre la ingesta de doce grupos de alimentos con el riesgo de mortalidad por todas las causas. Su estudio tiene mucha relevancia, dado que una dieta sana es, según leemos en el artículo “uno de los factores más importantes en la prevención de la muerte temprana y la discapacidad en todo el mundo”. Estiman que el 70% de la mortalidad es atribuible a enfermedades no transmisibles, cuya relación con el estilo de vida (y eso incluye el patrón de alimentación) es incuestionable. Añaden, además, el siguiente cálculo: las personas que no fuman, son físicamente activas y siguen un patrón dietético saludable suelen vivir de 10 a 15 años más, de media, que el resto. No solo es cuestión de vivir más, desde luego, sino más bien de vivir mejor, es decir, con mayor calidad de vida, algo que también se observa en quienes siguen un buen estilo de vida.

Los doce grupos de alimentos que los investigadores relacionaron con el riesgo de mortalidad fueron los granos integrales, los refinados, las hortalizas, las frutas, los frutos secos, las legumbres, los huevos, los lácteos, el pescado, la carne roja, la carne procesada y las bebidas azucaradas.

Del estudio puede concluirse que priorizar en la dieta el consumo de “alimentos que disminuyen el riesgo”, de entre los que destacan los granos enteros (como el arroz integral o pasta integral), las hortalizas, las frutas, frutos secos o las legumbres, se relaciona con una disminución en el riesgo de mortalidad de un 56%. Son, en sus palabras, alimentos que suelen formar parte de patrones dietéticos de referencia como la dieta mediterránea o la dieta vegetariana.

Antes de seguir, es importante leer el punto en el que los investigadores afirman lo siguiente “No estamos argumentando que el consumo de los grupos de alimentos investigados esté per se causalmente relacionado con la mortalidad”. Y es que, al tratarse de una evaluación de estudios observacionales (no de intervención) existe el riesgo de que estén presentes factores de confusión. Así, y también en boca de los autores, “las personas con un alto consumo de granos enteros, frutas, verduras, pescado, frutos secos o legumbres pueden tener diferentes estilos de vida o un estatus socioeconómico diferente de aquellos con menor consumo”.

Es necesario comprender bien este aspecto, ampliado en investigaciones como la de Darmon y Drewnowski (Am J Clin Nutr, 2008), o en el libro “Más vegetales, menos animales”, para no caer en equívocos. En el caso del pescado, por ejemplo, es posible que su elevado consumo no solo sea un marcador de un mayor nivel socioeconómico (claro factor de protección de la mortalidad) sino que sea beneficioso porque su ingesta desplaza el consumo de carnes rojas o procesadas. Pero tomar mucho pescado no solo desplazará el consumo de alimentos superfluos y de carnes rojas y procesadas, también puede desplazar al consumo de alimentos protectores: los de origen vegetal poco procesados. Es más, el doctor Schwingshackl y sus colaboradores no se olvidan de indicar que “la presencia inevitable de contaminantes ambientales [en el pescado] también debe tenerse en cuenta cuando se consumen cantidades mayores”. Probablemente, al menos en este caso, más no sea mejor. Más clara parece la relación entre la elevada ingesta de carnes rojas o procesadas y el mayor riesgo de mortalidad, algo que han confirmado numerosos estudios, como el recién publicado por la doctora Ligia Juliana Domínguez y sus colaboradores en la revista Clinical Nutrition.

Sea como fuere, hemos indicado que el riesgo de mortalidad podría disminuir un 56% elevando la ingesta de alimentos protectores. Pues bien, y creemos que esto es más importante, en la investigación se constata que el riesgo de mortalidad se eleva un 100% (es decir, se duplica) ante un elevado consumo de “alimentos que incrementan el riesgo”, como es el caso de carnes rojas, carnes procesadas o bebidas azucaradas. Es decir, es más arriesgado “comer mal” que beneficioso “comer bien”.

No es un concepto novedoso, al menos en el ámbito científico. En 2013, la entidad American Institute for Cancer Research, propuso como consejo para controlar el peso corporal disminuir el consumo de alimentos insanos, en vez de sumar “hortalizas, frutas o granos integrales”. Y es que la suposición de que si la población toma más frutas y verduras reducirá su consumo de alimentos superfluos no parece funcionar. Existen múltiples razones que explican esta constatación, pero no podemos dejar de lado que las políticas alimentarias dejan, en general, mucho que desear.

En resumen, de igual manera que tiene más sentido no ensuciar que limpiar, no maltratar que tratar bien o no fumar que respirar aire puro, también parece más importante no consumir a menudo alimentos insanos, que obsesionarnos en seguir una dieta sana.

Vinculan las bebidas azucaradas durante el embarazo con que los niños luego tengan más peso

Tomado de: medlineplus.gov

¿Una mujer embarazada que tenga el antojo de tomar bebidas endulzadas con azúcar podría poner a su hijo en riesgo de tener sobrepeso más adelante en la vida?

Quizá, sugiere un nuevo estudio.

Los niños de ocho años que bebían al menos media bebida endulzada con azúcar cada semana pesaban más o menos 2 libras (casi 1 kilo) más si sus madres consumieron dos o más bebidas endulzadas con azúcar al día durante el segundo trimestre del embarazo, según los investigadores.

Los autores del estudio dijeron que parece que el consumo de bebidas azucaradas por parte de la madre planteó la diferencia en el peso del niño, no en la dieta del niño.

"Ha habido numerosos [estudios] observacionales y de metaanálisis que han vinculado a las bebidas azucaradas y la obesidad con los adultos y las adultas no embarazadas y los niños. Pero nuestro estudio es novedoso porque es el primero en examinar las asociaciones entre la ingesta materna de bebidas durante el embarazo con la obesidad infantil", apuntó la autora del estudio, Sheryl Rifas-Shiman, bioestadística en la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, en Boston.

Pero el estudio no puede probar un vínculo causal entre el consumo de bebida de una madre embarazada y el peso posterior de su hijo. Solo mostró una asociación.

En el estudio, los investigadores pidieron a unas 1,100 mujeres embarazadas que reportaran su ingesta de alimentos. Rellenaron esas encuestas en cada trimestre del embarazo. Las encuestas se llevaron a cabo entre 1999 y 2002.

Las madres embarazadas eligieron entre varias categorías de bebida, como jugo de fruta, refrescos de dieta, refrescos endulzados con azúcar y agua. Se pidió a las mujeres que calificaran, en promedio, la frecuencia con que consumían esas bebidas.

Una vez los bebés nacieron, los investigadores realizaron encuestas anuales de seguimiento a las madres y a los niños durante los próximos seis años. Los investigadores también hicieron visitas en persona cuando los niños tenían unos 6 meses, 3 años y 8 años de edad.

"Encontramos que las madres que consumieron más bebidas azucaradas durante el embarazo tuvieron hijos con unas cantidades más altas de grasa corporal, sin importar cuál era el consumo de los niños", dijo Rifas-Shiman.

Comentó que los resultados no la sorprendieron.

Tampoco sorprendieron a la Dra. Tracey Wilkinson, profesora asistente de pediatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana.

"Toda la teoría sobre la impronta que sucede antes de que los bebés ni siquiera hayan nacido se está convirtiendo en una teoría más establecida y aceptada", explicó Wilkinson.

"Incluso la idea de que el estrés materno en el embarazo puede afectar a los resultados de los bebés o los niños años más adelante se está convirtiendo en algo más aceptable, probado y basado en las evidencias", añadió.

Los investigadores no encontraron paralelos entre la ingesta de bebidas de la madre embarazada durante el primer trimestre y el peso de un niño.

Las bebidas como el jugo de fruta 100 por ciento o de dieta que formaban parte de la dieta de la madre no parecieron cambiar el aumento de peso de un niño.

Según Rifas-Shiman, el segundo trimestre es cuando se acumula la grasa fetal. Eso, dijo, tal vez sea el motivo de que las bebidas endulzadas con azúcar en ese periodo pudieran ser un problema.

Wilkinson anotó que los niños que aumentan algo de peso extra a unas edades tempranas tienden a no perderlo al crecer.

"Es un desafío, y de verdad es duro para los pacientes una vez [los niños] ya tienen sobrepeso realmente hacer un cambio en su trayectoria de crecimiento", comentó Wilkinson.

Rifas-Shiman espera que su investigación pueda ayudar a cambiar el problema.

"Esperamos que las mujeres eviten un consumo alto de bebidas azucaradas durante el embarazo, y que pueda ser una de las formas de ayudar a prevenir la obesidad infantil", planteó.

Tanto Wilkinson como Rifas-Shiman dijeron que el agua es la mejor bebida cuando se tiene sed.

"Intento recordar a las familias que, hace cientos de años, solo teníamos agua", apuntó Wilkinson. "El cuerpo solo necesita agua, y si uno adopta el hábito de beber agua, entonces es lo más saludable que se puede beber".

El estudio aparece en la edición en línea del 10 de julio de la revista Pediatrics.

7 de julio de 2017

Suena demasiado bueno para ser cierto? Desconfíe!

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Actualmente vemos casi a diario anuncios de métodos o productos para perder peso. "Pierda X kilos en determinado tiempo", "pierda peso sin hacer dieta ni ejercicio", "olvídese de los rollitos sin hacer esfuerzo"....suena conocido verdad? Qué tan cierto es todo eso?

Muchos métodos efectivamente pueden hacerle perder peso, pero no por eso son opciones adecuadas para su salud. Puede tener deficiencias nutricionales si la dieta no es adecuada, puede tener efectos secundarios como estreñimiento, cansancio, dolores de cabeza, mal aliento, entre otros. Y por supuesto, en la mayoría de los casos viene acompañado del famoso efecto rebote. Que no es sólo que gane más peso del que había perdido, sino que si empieza a caer en un ciclo de bajar y subir, eventualmente todo su metabolismo se va a ver afectado y va a llegar a un punto en que ya esas dietas que ha hecho o esos productos que ha tomado, no le van a servir.

Por supuesto no podemos dejar de lado que usualmente estas "soluciones mágicas" vienen acompañadas también de un alto costo económico.

Debemos tomar conciencia de que si realmente existieran soluciones rápidas y efectivas para perder peso permanentemente, no tendríamos tantísimos casos de obesidad en el mundo como tenemos en estos tiempos. La única manera de obtener resultados que permanezcan (y además no poner en riesgo nuestra salud), es hacer cambios en nuestro estilo de vida y mantenerlos. 

Les cuento que como parte de mi experiencia laboral, en determinado momento tuve que trabajar en uno de esos centros para pérdida de peso en que se prometían resultados rápidos y se hacían declaraciones como las que les comenté al inicio. 

Y en ese tiempo pude ver cómo las personas realmente entraban creyendo que no iban a tener que seguir una dieta, y por supuesto enfrentar el disgusto y la decepción al decirles que no era así. También observé cómo terminaban su tratamiento tristes porque como no hicieron ejercicio pero sí bajaron mucho de peso, quedaron flácidos y con aspectos de su cuerpo que ya no les agradaban (y que en algunos casos bien hasta podría requerir cirugía estética). Pero lo que más me impresionó fue ver personas que pagaron una vez, terminaron su tratamiento, volvieron a ganar peso, y pagaron de nuevo para perder peso. Y algunos pagaron hasta 3 veces! Como profesional era hasta frustrante ver cómo se jugaba así con la gente y sus deseos de perder peso.

Las dietas de unos días o de unas semanas NO funcionan. Porque en el momento en que se vuelve a comer como antes, se vuelve también al peso de antes. De ahí que el cambio de hábitos sea fundamental para mantener los resultados. 

Tampoco podemos dejar de lado el ejercicio. Las dietas nos pueden hacer perder peso, pero no necesariamente se pierde grasa corporal. Y actualmente se sabe que es la grasa la que tiene implicaciones en nuestra salud, y no solo el peso. El ejercicio modifica nuestra composición corporal, nos ayuda a ganar o mantener la masa muscular y perder grasa, que es lo que debemos buscar realmente.

Por eso, cuando considere un método para perder peso investigue cómo funciona, si puede hacer ejercicio o no, de ser posible busque personas que lo hayan utilizado y vea cómo les ha ido meses después (no inmediatamente que han terminado), y sobre todo piense si es un método que usted va a poder mantener, porque como ya les mencioné, si es algo que sólo se hace por un tiempo va a ser difícil que los resultados se mantengan.

Simplemente piense que así como no se ha ganado el peso de la noche a la mañana, tampoco se va a perder de esa manera.

Síndrome de colon irritable: qué comer?

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Me solicitaron que me refiriera a la alimentación en casos de colon sensible o colon irritable, así que con gusto dedico este artículo a dicho tema.

Para empezar debemos indicar que el síndrome de colon irritable es un trastorno que genera malestar o dolor a nivel del intestino grueso, sensación de llenura, gases, inflamación o distención a nivel del abdomen. cambios en los hábitos intestinales (puede haber estreñimiento, diarrea o mayor frecuencia en las deposiciones), entre otros. Los síntomas pueden aparecer por unos días nada más, desaparecer o disminuir por un tiempo y reaparecer luego. Es más común en las mujeres que en los hombres, y puede ocurrir a cualquier edad. No están muy claras sus causas, puede suceder después de una infección a nivel del intestino, puede asociarse a problemas en el funcionamiento nervioso entre el intestino y el cerebro, así como puede desencadenarse por ciertos alimentos, por el estrés o inclusive por los cambios hormonales que sufrimos las mujeres durante el ciclo menstrual. Cada persona que padece este síndrome puede tener causas distintas, tal vez a una persona le afecta el brócoli por ejemplo, y otra puede comerlo sin ningún problema.

A pesar de que no se ha encontrado con precisión las causas de este padecimiento, lo positivo es que se puede tratar y controlar a través de nuestro estilo de vida. Dormir bien, hidratarse adecuadamente, hacer ejercicio y cuidar la alimentación son los aspectos básicos. Además si usualmente manejamos un cierto nivel de estrés, debemos aprender a controlarlo también.

El consejo número uno que le doy siempre a mis pacientes en estos casos es mantener un diario de alimentación. Anotar todo lo que comen, la forma en que estaba preparado, y si es necesario las emociones particulares asociadas a los tiempos de comida. Por ejemplo si estaba enojado(a) a la hora de comer, si estaba apurado(a) o estresado(a). Por qué es importante hacer esto? Porque a veces decimos: es X alimento el que me cae mal, porque es el primero que recordamos tal vez porque lo comemos con frecuencia. Pero al ir anotando podemos observar si hay otros alimentos que también influyen, o puede suceder que preparado de una forma sí causa síntomas y de otra manera no. Y también puede pasar que lo síntomas aparezcan no por un alimento específico sino ligado a las emociones a la hora de comer. Una vez hecho esto, podemos identificar lo que debemos evitar. Recordemos que cuando se trata de éste síndrome casi que podemos hablar de que cada caso es único.

Una vez hecho lo anterior, ahora sí podemos hablar de algunos consejos generales, que aún así se deben valorar en cada caso:
  1. Se debe procurar no hacer comidas muy grandes, es preferible hacer comidas más pequeñas (desayuno, almuerzo y cena) y hacer meriedas entre ellas.
  2. Evitar bebidas como gaseosas, café o algunos tipos de té ya que "estimulan" el intestino y favorecen la distención o inflamación. En el caso del té, preferir de manzanilla, menta, frutas o canela.
  3. Controlar el consumo de fibra: que sea suficiente para una adecuada digestión, pero no tanta que favorezca la inflamación y la producción de gases. Los vegetales cocidos muchas veces se toleran mejor que los crudos (coliflor, brócoli y repollo usualmente causan síntomas, pero es necesario probar la tolerancia a cada uno). Los frijoles, garbanzos y lentejas, a veces se tolera mejor uno u otro, y el dejarlos en remojo y descartar el agua antes de cocinarlos puede ayudar a evitar o disminuir los síntomas.
  4. Evitar el consumo excesivo de azúcar: dulces, confites, respostería, galletas, helados, postres, etc.
  5. Evitar comidas muy grasosas o muy condimentadas (preferir el uso de condimentos o especias naturales).
  6. Tomar suficiente agua, entre 2 y 3 litros. Se pueden incluir algunas bebidas azucaradas, pero idealmente, que la mayor parte de los líquidos consumidos en el día sean agua.
  7. Si se toleran bien los lácteos, el consumo de yogur con probióticos puede ser muy beneficioso.
  8. Valorar el consumo de carnes rojas, algunos cortes o según la cantidad que se coma, pueden causar síntomas. 
  9. Se debe valorar también el consumo de sustitutos de azúcar. A veces el tipo o la cantidad que se consume a lo largo del día puede asociarse con síntomas.
  10. En cuanto al ejercicio, no hay alguno específico o mejor que otro para estos casos, inclusive caminar funciona muy bien. Simplemente encuentre una actividad que le guste y practíquela con frecuencia.
Últimamente se ha sugerido que eliminar el gluten de la dieta puede ayudar a reducir los síntomas, pero no hay estudios ni información suficiente que confirme dicha teoría, por lo que de momento no se considera como una recomendación general. En caso de querer tomar algún medicamento para controlar los síntomas una vez que aparecen, se recomienda consultar primero con un médico.

Para concluir, les doy un ejemplo del menú de un día que podría comer una persona que padece de colon irritable.
  • Desayuno: gallo pinto (si se tolera bien) con queso tipo Turrialba, o una tostada con queso. Frutas mixtas picadas y té de manzanilla.
  • Merienda: yogur con probióticos (si se tolera bien) o una fruta (o ambos según el caso)
  • Almuerzo: Ensalada de lechuga, zanahoria, tomate y palmito (o algún picadillo si los vegetales crudos producen síntomas), pechuga de pollo a la plancha, puré de papa. Agua o algún fresco con poco azúcar. Opcional: fruta como postre
  • Merienda: Té de menta o un fresco con poca azúcar. Galleta tipo Soda o María, o una tortilla con queso tipo Turrialba.
  • Cena: Vegetales al vapor (chayote, zanahoria, zapallo), pasta con carne molida y queso (con salsa de tomate natural). Fresco con poca azúcar. Opcional: fruta como postre.

Este es todo el azúcar que se esconde en los alimentos para niños

Tomado de: www.vitonica.com

La alimentación de los más peques de la casa es un tema de preocupación para muchas familias, por eso, los alimentos infantiles deberían ser los más cuidados en cuanto a calidad nutricional. Sin embargo, es lamentable saber que sucede todo lo contrario según se ha demostrado en un estudio canadiense. Este es todo el azúcar que se esconde en los alimentos para niños:
 
Potitos, papillas, leches y yogures para bebés

A partir de los cuatro meses muchos bebés comienzan a consumir otros alimentos diferentes de la leche materna, así incluyen en su dieta fórmulas lácteas, yogures para bebés, cereales y otro tipo de papillas, así como potitos a base de diversos ingredientes.

Estos alimentos suelen tener semejante aporte energético que la leche materna pero como se ha observado en Reino Unido, pueden tener una elevada proporción de azúcar.

Por cada 100 gramos, algunos potitos pueden tener hasta 13 gramos de azúcar y una papilla puede superar fácilmente los 20 gramos.

Por su parte, algunas fórmulas lácteas pueden llevar muchos azúcares añadidos que son los que intentamos reducir pues el azúcar de la leche (lactosa) no es el problema. Sobre todo las fórmulas lácteas listas para consumir pueden tener hasta 17 gramos de azúcar por cada 240 ml.

Los yogures para bebés tampoco son opciones recomendables según ha señalado la OCU tras analizar opciones como Mi primer Danone o Nestlé bebé y encontrar en ambos azúcares añadidos, pudiendo superar en la primer opción los 8 gramos de azúcar por vasito.

Zumos de frutas, batidos y otras bebidas infantiles

Los zumos comerciales y néctares, los batidos listos para beber y otras bebidas infantiles pueden ser una gran fuente de azúcar en la dieta de los mismos, así como también los refrescos y bebidas deportivas que muchas veces se emplean erróneamente en la población infantil.

Este tipo de bebidas pueden tener hasta 15 gramos de azúcar por cada envase de 200 ml y aunque también son opciones consumidas por los adultos, su envase es buen indicativo del público destino ya que suelen presentar dibujos o colores varios atractivos para los niños.

Lo mejor en estos casos es acudir a zumos naturales pero sin abusar de los mismos, ya que siempre es mejor alternativa la fruta fresca y quizá, los primeros están sobrevalorados en la alimentación infantil cuando deberían ser consumidos con moderación.

Cereales infantiles, chocolates y más

Según una revisión realizada en Europa, la principal fuente de azúcar en los niños son los alimentos dulces tales como la bollería, las galletas, cereales, mermeladas, azúcar, chocolates y chucherías varias.

Estos alimentos pueden tener desde un 15% de azúcar hasta un 100% en el caso del azúcar de mesa y algunas chucherías.

Los cereales de desayuno son un ejemplo clásico del que solemos abusar, así como las galletas que son alimentos considerados "más sanos" que los chocolates y las chucherías pero que igualmente pueden aportar hasta hasta 10 gramos de azúcar por ración en el caso de los Choco Krispies por ejemplo.

Un chocolate con leche por su parte puede ofrecer alrededor de 12 gramos de azúcar por ración de 25 gramos y una galleta puede rondar los 4-5 gramos de azúcar por unidad dependiendo de la versión y marca comercial.

Las galletas María que siempre son la opción escogida para los niños, rondan el gramo de azúcar por unidad, por lo que en realidad, tampoco son la alternativa más recomendable.

Recordemos que la OMS recomienda un máximo de 10% de las calorías diarias en forma de azúcares añadidos, lo cual se traduce en un máximo de 15 gramos de azúcar diarios en niños pequeños y de 20 gramos en niños mayores de 5 años.

Estas cantidades son fácilmente superables si pensamos en la gran cantidad de azúcar que esconden los alimentos para niños como los antes dichos.

Consumir plantas medicinales podría alterar acción de tratamiento contra el cáncer

Tomado de: www.nacion.com

Con la finalidad de "potenciar" el sistema inmunitario y hacerlo más fuerte ante el cáncer o los efectos secundarios de la quimioterapia o la radioterapia, algunos pacientes de oncología deciden ayudarse con remedios naturales y/o pastillas que se venden sin receta médica en farmacias y supermercados.

Sus nombres son comunes para la población, e incluyen la manzanilla, el té verde, el ajo, la soya, el aloe o la moringa, así como otras hierbas y alimentos que, por lo general, se catalogan de inofensivos.

Sin embargo, el consumirlos mientras la persona lleva un tratamiento oncológico podría ser perjudicial para la salud o bien, interferir o invalidar la terapia prescrita por el médico. Incluso, hasta causar intoxicación, en el peor de los escenarios.

Estas son las conclusiones de un estudio realizado por el oncólogo Allan Ramos y los farmacéuticos Álvaro Víquez y Cristina Fernández, todos de la Universidad de Costa Rica (UCR) y del Hospital San Juan de Dios (HSJD). La investigación se realizó en 149 pacientes costarricenses con cáncer que acuden a este centro médico.

Los resultados se publicaron en la última edición de la revista Journal of Oncology Practice.

¿Qué vieron exactamente?

"Hemos visto gente que piensa que algunas plantas reducen el tamaño del cáncer, que lo quitan o que es una 'ayuda extra' en el tratamiento para suprimir o reducir los efectos secundarios. Pero eso puede ser muy peligroso, sobre todo porque muchos no le cuentan al médico que están tomando eso y no saben hasta qué punto más bien dañan su salud o echan para atrás el tratamiento", advirtió Ramos.

Víquez explicó que todo lo que se consume tiene un principio activo. "Cuando ingerimos una sustancia, por más natural que sea, esta tiene que ser procesada por el organismo, y ahí compite con el resto de sustancias que consumimos, y entonces restan o potencian el efecto de los tratamientos", recalcó.

Según Fernández, se debe recordar que por más naturales que sean estos remedios, ninguno es del todo inocuo, así como se ha advertido en otras oportunidades y artículos.

"No es cierto que 'por ser natural nada pasa'. Por muy natural que sea el producto, todos contienen sustancias químicas que pueden poner en riesgo nuestra salud. También hay sobredosis, también hay intoxicaciones con hojas o plantas", aseveró la especialista.

El estudio en detalle

Para llegar a las conclusiones, los tres investigadores tomaron en cuenta a 149 pacientes que recibían tratamiento con cáncer en el San Juan de Dios. 

Lo primero que hacía Ramos era entrevistarlos y explicarles acerca del estudio para ver si querían participar. Una vez que la persona estaba de acuerdo, se le preguntaba si tomaba algún tipo de suplemento, remedio natural o algún otro medicamento, además de los ya recetados en oncología.

De los participantes, el 54,4% sufría de otra enfermedad (principalmente hipertensión o diabetes) y tomaban fármacos para controlar su condición.

Además, el 56,4% admitió usar algún remedio natural o planta medicinal y cerca de la mitad dijo ingerir pastillas sin receta médica, como analgésicos o antialérgicos.

Los remedios naturales citados por los pacientes y que podrían presentar algún tipo de interacción, dependiendo del tratamiento contra el cáncer que enfrentaban, fueron: ajo, aloe, hojas de guanábana, té verde, equinácea, ginkgo biloba, manzanilla, moringa, ginseng, espirulina, uña de gato, valeriana, uva y soya. 

Las pastillas más comunes que se venden sin receta médica y que eran consumidas por los participantes del estudio fueron: paracetamol, loratadina, ibuprofeno y ácido acetilsalicílico (nombres genéricos).

"No es lo mismo utilizar ajo o soya para condimentar las comidas; ahí no hay problema, pero hay remedios naturales que piden tomar cantidades considerables al día. Además, no es equivalente una bolsita de té de manzanilla que ir al mercado y, sin guía previa, consumir cantidades indiscriminadas de esta planta para hacerse un té", apuntó Víquez.

Para continuar con el estudio, los científicos enviaron la información recolectada a farmacéuticos con el fin de determinar posibles interacciones. Si hallaban alguna, el caso también se analizaba con oncología.

Así descubrieron que se encontraron 122 interacciones (de distinta intensidad) en 75 pacientes que sí tomaban remedios naturales. A todos ellos se les recomendó abandonar esos productos.

Las plantas que produjeron mayores reacciones fueron el aole que afectó a 37 personas que además tomaban 11 distintas terapias y la uva, que causó efectos en 29 pacientes que a su vez seguían otros nueve tratamientos. Ningún caso fue de gravedad.

Los especialistas aclararon que no todas las plantas producen efectos en todos los pacientes, pues ello varía según el tratamiento que lleva cada uno (no a todos se les receta lo mismo ni en las mismas dosis) y las otras posibles enfermedades que presenten.

En cuanto a los medicamentos, los investigadores observaron 36 interacciones (tanto en quienes tomaban medicamentos sin receta médica como en quienes ingerían fármacos recetados por su médico para otro padecimiento). 

Cuatro pacientes mostraron consecuencias clínicas (efectos secundarios por la combinación de medicamentos) y en dos de ellos se registró una toxicidad mayor a la esperada.

Las acciones correctivas que se toman variaron según la intensidad de la interacción. Si esta era menor, se hablaba con el oncólogo que atendía a esa persona y se le pedía observar que el paciente no sufriera efectos secundarios. La recomendación era monitorear, pero no suspender nada.

En otros casos, cuando la interacción sí podía poner en riesgo la eficacia del tratamiento, se le pidió a los médicos hacer cambios necesarios en la medicación –ya sea en la del cáncer o en la de la otra enfermedad– o se le aconsejaba al paciente qué remedios naturales o pastillas evitar.

En total, el 17,41% de los pacientes requirió un cambio en su medicación. "En estas personas, el manejo es difícil, porque muchos de ellas también tienen otras enfermedades como hipertensión o diabetes y por lo tanto deben tomar otros medicamentos. Todo eso debe considerarse", aseveró Ramos. 

Fernández también mencionó que no se puede olvidar la vulnerabilidad en la que se encuentran muchos pacientes oncológicos: "muchos están dispuestos a tomar cualquier cosa con tal de que la enfermedad desaparezca o se acaben los efectos secundarios. Hemos visto el caso de un curandero que está en la frontera y que le decía a la gente que la quimioterapia los enfermaba y que la dejaran del todo para tomar sus remedios naturales, o de gente que pensaba en usar veneno de alacrán como cura".

Ramos agregó: "desgraciadamente cuando esa gente retomaba el tratamiento en muchos casos el tumor había avanzado bastante".

Sin satanizar

¿Los datos arrojados en este análisis quieren decir que los pacientes con cáncer deben renunciar del todo a los remedios naturales? La respuesta de los investigadores es que estos productos o alimentos no deben satanizarse, pero el oncólogo debe estar informado de qué toma la persona y darle su aval.

"No todos los remedios o suplementos van a hacer interacción con todos los tratamientos. Por eso es vital que el paciente informe qué está tomando o qué piensa tomar para hacer una valoración. Lo ideal es que cuando tenga cita lleve una lista de todo lo que toma y salta de dudas", afirmó Ramos.

Incluso, añaden los científicos, en algunos casos la interacción se da solo si el fármaco contra el cáncer y el remedio natural u otro medicamento se consumen al mismo tiempo o con pocos minutos de diferencia. Todo eso debe conversarse con el especialista.

Fernández aseguró que otro de los peligros que existen es que muchos productos naturales que hay en el mercado no cuentan ni con registro sanitario, ni con lista de ingredientes ni con una regulación. Esto debe evitarse.

"Si un producto no cuenta con registro sanitario no hay forma de determinar qué tienen. En mucha macrobiótica hay productos con nombres de 'fantasía' y que a veces ni lista de ingredientes trae, hay que tener cuidado con todo eso, porque podemos estar poniendo en riesgo nuestra salud y la recuperación", concluyó Fernández.

¿Qué tomar en cuenta?

* Si ya está tomando algún remedio natural u otro medicamento para el control de una enfermedad y le diagnostican un tumor, infórmele a su médico lo antes posible, para que él le indique si puede seguir tomando ese remedio natural, o mejor lo cambia por otro o lo desecha.
* Si ya usted está en tratamiento contra el cáncer y quiere comenzar a tomar algún producto natural como complemento, consúltelo antes con su médico y busquen juntos la mejor alternativa.
* No se automedique ni tome lo que le recetaron a su mamá, hijo o vecino.
* Busque siempre lugares confiables para adquirir el producto o cualquier medicamento y revise bien que este tenga etiquetado y registro sanitario.

1 de julio de 2017

Alimentarse adecuadamente: ¡una prioridad!

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Muchas veces se piensa que cuidar la alimentación, o llevar un dieta específica, es sólo necesario si uno quiere perder peso o tal vez si tiene alguna enfermedad o padecimiento.

Lo cierto es que todos deberíamos prestar atención a lo que comemos diariamente, y procurar mantener hábitos saludables como hacer ejercicio e hidratarnos bien. ¿Por qué?

Porque nuestra dieta diaria, o sea todo lo que comemos regularmente, determina nuestro estado de salud y no solo el peso. 

He visto en mi consulta personas que se ven delgadas, pero por su alimentación y estilo de vida tienen un porcentaje de grasa muy alto, y eso significa el mismo riesgo para la salud que si fueran obesos. De igual forma pueden tener niveles altos de colesterol y/o triglicéridos, o inclusive mostrar valores elevados de azúcar en la sangre.

Todo esto no significa que entonces debamos obsesionarnos con comer todo sano siempre y privarnos de algunas cosas que nos gustan. ¡A todos nos puede gustar una hamburguesa o pizza o helados o dulces! Pero debemos aprender a hacer un balance.

Podemos tratar de comer comidas más sanas entre semana y dejar las comidas rápidas u otros "gustos" para el fin de semana. Podemos tratar de incluir frutas y vegetales diariamente, aunque de vez en cuando nos comamos un chocolate. Esos pequeños cambios pueden hacer gran diferencia en nuestra salud.

Y es importante que no pongamos una edad para empezar a cuidar lo que comemos. Es algo que deberíamos hacer inclusive con los niños desde edades tempranas. No pensar que ya luego tendrán tiempo para cuidarse. Pensemos que en la actualidad, se están diagnosticando cada vez más temprano enfermedades crónicas como la hipertensión o la diabetes tipo 2, y son padecimientos que perfectamente podríamos prevenir con nuestro estilo de vida.

Los invito a empezar a hacer cambios en su estilo de vida, pequeños o grandes, ¡todo cuenta! Al final, ser saludable no se trata de hacer todo perfecto: las comidas perfectas, el ejercicio todos los días o tomar solamente agua siempre. Se trata de que seamos constantes con esos cambios que vamos haciendo. ¡Verán que vale la pena!

Por qué es más difícil bajar de peso durante la vida adulta


Investigaciones recientes han mostrado que aun aquellas personas que se mantienen activas luego de los 30 años, pierden masa muscular y la reemplazan por masa grasa.

Mecha Munshi, geriatra y endocrinóloga del Centro Médico Beth Israel Deaconess, en Boston, Estados Unidos, explica que los músculos queman más calorías que las grasas, por lo cual tener menos músculo, como suele suceder en la vida adulta, implica llevar un metabolismo más lento y, por lo tanto, tener un requerimiento calórico menor. A esto se suma el efecto del descenso en los niveles de hormonas sexuales como el estrógeno y la testosterona, que se da al inicio de la menopausia en mujeres y de la andropausia en hombres.

Por su parte, Leslie Cho, cardióloga y directora del Centro Cardiovascular para la mujer de la Clínica Cleveland en Ohio, Estados Unidos, explica: "La gente también puede cargar en las últimas etapas de la edad madura el peso que subieron y luego bajaron en décadas anteriores". Esto quiere decir que, una persona de 60 años, por ejemplo, que pesa 90 kg, pero en algún momento de su vida pesó 136 kg, va a tener un requerimiento calórico menor que otra de la misma edad y estatura pero que nunca tuvo ese sobrepeso. Esto se debe a que subir de peso modifica el metabolismo.

Por otro lado, durante la vida adulta el ritmo de actividad física suele disminuir, ya que se es más propenso a sufrir achaques y dolores, y esto resulta en una mayor dificultad para controlar el peso y la musculatura.

Por su parte Munshi asegura que "Aumentar músculo cargando pesas también puede ayudar a acelerar el metabolismo, o al menos compensar parte de su declive". La experta también recomienda un aumento en la ingesta de proteínas, pero no de calorías para ganar o mantener la musculatura. Además, aconseja que para aquellos adultos que quieran bajar de peso lo mejor es centrarse en lograr una buena condición física general sin obsesionarse con la balanza. "No se trata de perder peso. Se trata de mantener la pérdida de peso, pero también de una alimentación y un estilo de vida saludables", agrega.

Cómo crear en los niños el hábito de alimentarse de forma sana

Tomado de: medlineplus.gov

¿Quiere ayudar a sus hijos a elegir opciones saludables de alimentos cuando no esté con ellos? Haga que cada comida en casa sea una lección sobre la buena nutrición.

Comience por mostrarles lo que una comida saludable conlleva, sugiere ChooseMyPlate.gov, del Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA). Llene la mitad de su plato con frutas y verduras, una cuarta parte con granos (preferiblemente granos integrales) y una cuarta parte con proteína, como carne magra, mariscos y pescados, habichuelas o tofu. Entonces, deje que practiquen cómo elegir buenas opciones sirviéndose ellos mismos.

Mantenga las porciones pequeñas. Una cucharada de frutas y verduras, unos cuantos bocados de carne y una cuarta parte de una rebanada de pan es suficiente para los niños pequeños. No obligue a los niños acabar todo lo que hay en el plato, pero si lo hacen, deje que pidan repetir. Resístase a ofrecerles más usted. Enseñe a los niños a comer lentamente y concentrados, no frente a la televisión. Comerán la cantidad correcta para su cuerpo y reducirán el riesgo de obesidad, una grave amenaza para la salud.

Introduzca los alimentos nuevos más de una vez, preparándolos de distinta forma cada vez. Por ejemplo, puede servir el brócoli por primera vez encima de una papa horneada. La próxima vez, cómalo crudo o ligeramente al vapor con una salsa saludable. A veces, los niños deben ver un nuevo alimento unas cuantas veces, con frecuencia al lado de uno que conozcan, antes de decidir que les gusta.

Haga que sus hijos le ayuden en la cocina con tareas adecuadas para su edad. Aunque creen un poco de desorden, aprenderán unas habilidades de cocina saludables y comer lo que han cocinado los emocionará.