25 de agosto de 2017

¿Cómo es un Nutricionista? Realidad vs creencia popular

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Este mes me han sucedido en mi trabajo dos anécdotas curiosas y quiero compartirlas con ustedes porque reflejan lo que muchas personas creen acerca de los nutricionistas. 

Esta semana estaba atendiendo a una paciente y me preguntó si al atún le podía poner un poquito de mayonesa. Mientras lo preguntó su cara mostraba cierta preocupación o hasta susto por mi respuesta. Pero lo que más me llamó la atención fue lo que sucedió cuando le respondí. Le dije que no había ningún problema en ponerle un poquito de mayonesa, sin excederse, pero podía hacerlo. Fue entonces cuando la cara de preocupación cambió a cara de sorpresa/alegría y me dijo: ¡Ay es que qué buena que sos vos!

Y eso me llevó a pensar que en realidad muchas personas tienen esa idea de que el Nutricionista es el que le va a prohibir comidas o el que "le da permiso" o no para comer.

Al menos desde mi punto de vista, un nutricionista no debería ser la persona que le haga pensar en alimentos buenos o malos, o que le haga "tener miedo" a pesarse o a comer X alimento. Al contrario, debería ser una persona que le guía, que le ayuda a entender por qué un alimento es mejor elección que otro, o por qué es recomendable que usted consuma ciertos alimentos, pero no se lo impone simplemente porque sí. Le ayuda a aprender a comer de forma más saludable, y a mejorar su relación con la comida: a dejar de tenerle miedo a comer.

Un nutricionista no es al que busco para que me mande a comer chayote y lechuga y que me quede bien el vestido que me quiero poner. Un nutricionista no le ayuda solo a perder peso, puede ayudarle a controlar o prevenir diversas enfermedades, le puede ayudar a mejorar su composición corporal, le puede ayudar a mejorar su alimentación y la de toda su familia, le puede ayudar durante un embarazo para el bienestar de la madre y el bebé, etc. Básicamente un profesional en Nutrición le puede ayudar a mejorar su estilo de vida. Hay quiénes dicen que de hecho todos deberíamos recibir asesoría nutricional al menos una vez en la vida.

Por otro lado, también me sucedió este mes en una feria de salud, que querían que en 20 minutos atendiera a cada persona y le diera la dieta a cada uno. De hecho la persona que me lo solicitó me dijo "que había visto que los nutricionistas apuntan en una hojita: coma tantas porciones de esto, tantas de aquello". 

Un verdadero profesional en Nutrición no dice en automático nada más "coma tanto de esto y tanto de aquello". Para llegar a establecer un plan de alimentación es necesario conocer a la persona: su estado nutricional actual, su estado de salud, los antecedentes de salud de su familia, sus hábitos (de alimentación, de hidratación, de actividad física, etc), sus gustos y preferencias en cuanto a comidas, dónde consume sus alimentos, quién los prepara, si come afuera con frecuencia o no, etc. Es por eso que no es adecuado dar una misma dieta para "todo el mundo".

Un nutricionista es un Profesional de la Salud, y es por eso que para una buena atención debe analizar a cada persona y cada caso por separado. Como les decía en anteriores publicaciones, no hay que confiar en métodos que le den la misma dieta a todas las personas o que no son específicos para cada uno.

En todos los campos, hay profesionales de profesionales, y cada uno tiene su forma de ser y sus métodos de trabajo. Tal vez ustedes se hayan encontrado con nutricionistas que no son exactamente como lo que he descrito acá, o que tal vez sí les hayan dado una consulta en 15-20 minutos. Pero no generalicemos por una mala experiencia. Y aprendamos a pensar en el nutricionista como un guía y no como "la autoridad militar" de la comida.

Moda de eliminar harina de la dieta tiene efectos negativos en la salud

Tomado de: www.ultimahora.com

¿Se puede optar por una dieta sin gluten si no sos celiaco? La dieta libre de trigo, avena, cebada y centeno no solo se prescribe a los celiacos, también para otras enfermedades, como el síndrome del intestino irritable, síndrome de malabsorción intestinal, entre otros. Pero hay una moda vigente que hace que las personas que no padecen afecciones opten por liberarse de la harina. ¡Cuidado!

La nutricionista y doctora en Biomedicina Eliana Meza dijo que existe un número creciente de consumidores que no tienen un diagnóstico de intolerancia a los alimentos, pero consideran que su salud general mejora con la omisión del gluten.

"Una persona que no padece ninguna de las enfermedades o condiciones citadas anteriormente, no tiene por qué excluir el gluten de su dieta, principalmente porque esto va a acompañado de un déficit de ciertos nutrientes, es decir, se privan de algunas vitaminas y minerales".

¿Moda? 

Por su parte, la nutricionista y máster en Nutrición Clínica, Carolina Tovar, señaló que aparte de los celiacos, está lo que se denomina sensibilidad al gluten que produce un malestar general. "Se calcula que la sensibilidad al gluten afecta seis veces más que la enfermedad celiaca, calculándose que alrededor de dos de cada diez paraguayos podrían estar presentando sensibilidad".

En ese sentido, la profesional explicó que aún no existen marcadores para el diagnóstico, solo las mejorías de los síntomas luego de haber retirado el gluten de la dieta.

Tovar resaltó la importancia de reconocer los síntomas. "Debemos aprender a identificarlos y hacer lo que tenemos que hacer: retirar los alimentos y productos con gluten de la dieta. No para vivir con productos gluten free; no estoy de acuerdo con esto, sino con elegir alimentos reales que nutren, brindan salud y mejoran nuestra calidad de vida".

Los efectos

Por otra parte, la nutricionista Meza sostiene que una persona sana que elimina el gluten de su dieta se enfrenta a ciertas carencias nutricionales.

"Comer sin gluten sin ser celiaco no solo no es más saludable, sino que aumenta el riesgo de sufrir enfermedades del corazón y se relaciona con un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2", explica.

La doctora Meza indicó que "las personas que optan por una dieta gluten free, lo hacen leyendo información errónea dada por figuras públicas o de la farándula, o leyendo alguna revista de moda, se privan de una cantidad considerable de alimentos y no suplen las carencias nutricionales".

Las especialistas recomendaron acudir siempre a una consulta con un nutricionista si tiene pensado cambiar su estilo de vida o de alimentación.


La leche materna, un arma contra las infecciones

Tomado de: www.elmundo.es

La leche materna humana contiene más de 200 moléculas de azúcar diferentes que son las responsables de que los bebés, a la semana de nacer, tengan miles de millones de bacterias beneficiosas en sus intestinos. En el momento de llegar al mundo no cuentan con ninguna. 

De hecho, se cree que cada molécula tiene una función concreta a la hora de fortalecer a los recién nacidos ya que la leche también está compuesta de numerosas proteínas, vitaminas y células para fortalecer el sistema inmune del bebé. 

Además, parece que este alimento podría funcionar como antibiótico natural, al menos en algunas mujeres. Así lo asegura un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Vanderbilt (EEUU) y presentado este domingo en el Congreso Anual de la Sociedad Química Americana. 

Las conclusiones de este trabajo señalan que los azúcares de algunas leches maternas actúan como antibiótico natural ante infecciones por estreptococos del grupo B (EGB), una afección que puede conducir a una neumonía, una septicemia e incluso a la muerte si no se aplica tratamiento. 

Vías de contagio

Esta infección, que en niños mayores y adultos no suele ser tan grave, se puede transmitir al bebé a través del canal de parto. 

Sin embargo, desde hace poco se sabe que las madres portadoras pueden pasar la bacteria a sus hijos por la leche materna. Dado que la mayor parte de los bebés no se infectan por esta vía, los investigadores quisieron saber si este alimento contenía componentes protectores que luchasen específicamente contra esta bacteria. 

Hasta ahora, se había estudiado poco las funciones de los azúcares de la leche materna y los científicos se habían centrado más en las propiedades de las proteínas que contiene, por lo que este trabajo supone la primera evidencia de actividad antimicrobiana en los carbohidratos de la leche humana. 

Para llegar a estos resultados, en un primer estudio los investigadores tomaron cinco muestras de leche materna de donantes que habían dado a luz entre los tres días y los tres meses anteriores, aislaron los azúcares complejos -u oligosacáridos- y cultivaron EGB en presencia de estos azúcares. 

Los azúcares eliminaron las colonias de bacterias

El investigador principal, el doctor Steven Townsend, explica a EL MUNDO que los azúcares de la leche de una de las madres eliminó la colonia prácticamente entera de bacterias. "La leche de otra de las mujeres se mostró moderadamente efectiva, mientras que las tres restantes presentaron una actividad reducida", señala. 

En otra investigación que llevan a cabo actualmente están analizando otras dos docenas de muestras para confirmar los resultados. Por ahora, dos de las leches han acabado con la bacteria y con la biopelícula que forman para impedir el funcionamiento de los mecanismos de defensa del cuerpo. Otras cuatro muestras han eliminado esta película pero no la bacteria. Y otras dos han liquidado la bacteria sin debilitar la biopelícula. 

El objetivo, asegura Townsend, es estudiar un total de 50 muestras de leche. 

El creciente problema de salud pública causado por la la resistencia bacteriana ha sido el motor del trabajo y, dado que estudios previos sugieren que los azúcares de algunas leches maternas pueden hacer a las bacterias más sensibles a los antibióticos, incluida la penicilina, este hallazgo podría ser de utilidad a la hora de buscar una solución. "Si estos azúcares son seguros para los bebés, deberían serlo para los adultos", indica Townsend. 

"Nuestra idea es que estos componentes se puedan utilizar para tratar o prevenir infecciones. Pero para ello es necesario descubrir qué componentes exactos son importantes o desarrollar formas de sintetizarlos en el laboratorio", afirma el investigador. 

Evita la adhesión a las mucosas y la colonización

La coordinadora del Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría, la doctora Marta Díaz Gómez, explica a este diario que "desde hace tiempo se conocen que estos oligosacáridos desempeñan funciones importantes como agentes antiinfecciosos, como evitar la adhesión de las bacterias a las mucosas y la colonización". 

El hecho de que no todas las leches analizadas hayan mostrado la misma efectividad contra esta bacteria podría deberse a que la genética y el ambiente modulan el estado de salud de cada persona. "Esto posiblemente guarde relación con estas diferencias en la concentración de determinados componentes de la leche materna", asegura. 

Además, la composición de la leche no es constante. "Presenta ligeras variaciones en el contenido en macro y micronutrientes, y factores bioactivos, de una mujer a otra, a lo largo del día e incluso a lo largo de una toma de pecho". 

En cualquier caso, dado que algunas mujeres son portadoras asintomáticas del estreptococo del grupo B en la vagina, se hace un control a todas las embarazadas a final de la gestación para prevenirlo. "Si se detecta este germen en la madre se pone tratamiento antibiótico para evitar que produzca una infección en el niño", concluye la experta.

Los alimentos ricos en calorías podrían incrementar el riesgo de cáncer en las mujeres, incluso sin el aumento de peso

Tomado de: medlineplus.gov

Un estudio reciente sugiere que las mujeres que comen muchos alimentos ricos en calorías podrían enfrentarse a un riesgo ligeramente mayor de cánceres relacionados con la obesidad, aunque se mantengan delgadas.

El estudio, de más de 92,000 mujeres estadounidenses, encontró que las que comían alimentos con muchas calorías y pocos nutrientes tenían un riesgo un 10 por ciento más alto de sufrir algún cáncer relacionado con la obesidad. Estos incluyen a los alimentos procesados, como las papas fritas, la comida rápida y los dulces.

La lista de cánceres incluían el de mama, colon, ovario, riñón y endometrial. La obesidad se considera uno de muchos factores de riesgo de estas enfermedades.

Pero el estudio encontró una particularidad. La inclinación por la comida rica en calorías se asoció con el riesgo de cáncer solamente entre las mujeres que tenían un peso normal.

Los investigadores calificaron los hallazgos de "novedosos" y algo inesperados. Al empezar el estudio, plantearon la hipótesis de que cualquier vínculo entre las dietas con muchas calorías y el cáncer sería más fuerte en el caso de las mujeres obesas.

Pero los resultados sugieren que solo mantenerse delgada no es suficiente para reducir el riesgo de cánceres relacionados con la obesidad, dijo la investigadora principal, Cynthia Thomson.

"Creo que cuando decimos que ciertos cánceres están asociados con la obesidad, las personas que tienen un peso normal piensan: 'entonces yo estoy bien'", dijo Thomson, profesora en la Facultad de Salud Pública Zuckerman de la Universidad de Arizona.

Pero añadió que estar delgado no significa que esté "metabólicamente sano", lo que implica tener un nivel normal de azúcar, de colesterol y de triglicéridos en la sangre, por ejemplo.

Esa "desregulación metabólica" podría explicar en parte el riesgo más alto de cáncer observado en este estudio, especularon Thomson y sus colaboradores.

"Eso podría ser cierto", convino Marji McCullough, directora estratégica de epidemiología nutricional de la Sociedad Americana Contra El Cáncer (American Cancer Society).

McCullough, que no participó en el estudio, también apuntó a otra posibilidad. Las personas que comen muchos alimentos ricos en calorías tienden a comer menos "alimentos basados en plantas", que incluyen a la fruta, la verdura, las habichuelas y los granos integrales.

Eso significa que tendrán niveles bajos de fibra, vitaminas y otros nutrientes que podrían ayudar a reducir el riesgo de ciertos cánceres, dijo McCullough.

¿Qué tienen de malo los alimentos ricos en calorías? Por definición, concentran muchas calorías en relación con su peso.

Eso no es necesariamente malo, indicó McCullough. "Algunos son saludables", dijo, "como el aceite de oliva y los frutos secos".

Pero muchos alimentos ricos en calorías son relativamente bajos en nutrientes. En general, los alimentos procesados (papas fritas, galletas saladas y aderezos preparados), la comida rápida (hamburguesas de queso y pizza), y las barras de dulces están dentro de esta categoría.

McCullough apuntó al ejemplo de los pretzels. Una persona puede acabar comiendo un gran bol de ellos antes de sentirse satisfecha, ingiriendo así muchas calorías con poco valor nutricional.

Los nuevos hallazgos se basan en más de 92,000 mujeres que tenían entre 50 y 79 años de edad al inicio del ensayo.

Cuando entraron en el estudio, las mujeres dieron información detallada de sus hábitos de alimentación. A partir de ahí, el equipo de Thomson calculó la densidad calórica de la dieta típica de cada mujer.

A lo largo de 15 años, un poco menos de 9,600 mujeres desarrollaron un cáncer que se ha asociado con la obesidad, la mayoría de las veces un cáncer de mama, seguido del cáncer de colon.

Aunque el estudio encontró solo una asociación, las probabilidades de desarrollar un cáncer eran un poco más altas en general entre las mujeres que preferían los alimentos ricos en calorías.

Cuando los investigadores indagaron con más profundidad, el vínculo solo era aparente entre las mujeres con un peso normal.

Las que más comían alimentos ricos en calorías (lo suficiente para situarlas en el 40 por ciento superior) tenían entre un 12 y un 18 por ciento más de probabilidades de desarrollar un cáncer relacionado con la obesidad, frente a las mujeres que comían una cantidad relativamente baja de esos alimentos.

Esto fue así incluso al tener en cuenta otros factores, que incluyeron la edad, la salud general, y fumar, beber y los hábitos de ejercicio.

Pero si la calidad de la dieta importa, ¿por qué no se observó ningún vínculo en el caso de las mujeres con un peso mayor?

Una posibilidad, dijo McCullough, es que los efectos de su exceso de peso "sobrepasara" cualquier impacto de la dieta por sí misma.

Thomson apuntó a otra posibilidad: Las mujeres con un peso normal que comían muchos alimentos ricos en calorías podrían haber tenido un aumento más dramático de peso a medida que se hacían mayores. Los investigadores tenían alguna información sobre el aumento de peso, pero no para todo el periodo de estudio, señaló.

Independientemente de las razones, la moraleja es bastante sencilla, según McCullough. "Coma más alimentos basados en plantas", dijo.

Eso es lo que la Sociedad Americana Contra El Cáncer y otros grupos ya recomiendan para tener una buena salud general, indicó McCullough.

"Este estudio respalda lo que hemos estado diciendo", afirmó McCullough. "Hay muchas razones para comer una dieta rica en plantas, más allá de simplemente para controlar el peso".

Los hallazgos aparecen en la edición del 17 de agosto de la revista Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics.

18 de agosto de 2017

¿Por qué no me sirve la dieta de mi amig@?

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Una historia que creo que es conocida por todos: empezar a notar que alguien conocido está perdiendo peso, y preguntarle inmediatamente "¿qué estás haciendo? ¡contáme para hacerlo yo también!"

Y por supuesto, después de esa escena, viene el empezar a hacer justamente lo mismo que fulanit@ dijo que estaba haciendo. A veces funciona bien, otras veces por más que hacemos todo exactamente igual, resulta que no bajamos la misma cantidad de peso o no nos sirve del todo.

¿Hay algo mal con mi cuerpo? ¿Es que entonces no puedo perder peso? Tal vez antes de alarmarnos deberíamos pensar que cada cuerpo es diferente. Veamoslo con un ejemplo muy sencillo: dos personas pueden ponerse la misma ropa, misma marca, misma talla, y difícilmente les vaya a quedar de la misma forma a los dos, ¿cierto? Entonces así como externamente todos los cuerpos son distintos, internamente sucede igual, y cada uno puede funcionar un poco diferente a otro.

Además, cada persona tiene necesidades nutricionales distintas, dependiendo de si es hombre o mujer, la edad, su estado general de salud, si hace ejercicio o no y desde hace cuánto lo hace, el trabajo que tenga en el día o el resto de actividades que realice, entre otras variables.

Por eso que lo que le funciona a una persona, no necesariamente le tiene que funcionar, y en la misma magnitud, a otra. De ahí que hay que dudar de métodos de pérdida de peso que no contemplen todas esas diferencias entre las personas. Esos que dan "la misma dieta para todo el mundo".

Hay personas a las que les sirve más limitar los carbohidratos (ojo que dice limitar y no eliminar), a otros les sirve más consumir más proteína o grasa, para algunos funciona mejor hacer varias comidas en el día y para otros tal vez solo las comidas principales. 

Y además de estas diferencias, también es fundamental considerar no sólo lo que le sirve a la persona, sino sus preferencias. Por ejemplo, para una persona a la que no le gustan los vegetales, no va a ser una opción tener que comer gran cantidad de ellos. O igualmente para una persona que no es aficionada a comer carnes, no va a ser agradable un plan de alimentación que incluya gran cantidad de éstas. 

Siempre recordemos que perder peso debe ser un proceso agradable, para que sea más sencillo de realizar, y de mantener los resultados en el tiempo (no que estemos deseando que se acabe, y luego volvemos a comer como antes).

Es por estos motivos que lo más recomendable es realizar un plan de alimentación individualizado, no usar el del vecino, el del compañero de trabajo, el de la hermana, etc. Y también por eso es fundamental realizar el control respectivo: hay que evaluar si el plan que se diseñó está funcionando adecuadamente, si tenemos que hacer modificaciones, si se están cometiendo errores sin notarlo, etc. No hay que quedarse solo con la primera cita con el Nutricionista, sino que hay que ser constante también con las citas de seguimiento. El profesional en Nutrición puede hacer una valoración inicial, pero no puede saber con certeza absoluta cómo va a responder el cuerpo a los cambios en la alimentación.

Es importante entonces que cambiemos la idea de que lo que le sirve a otra persona me tiene que servir a mí. Hay recomendaciones generales que por supuesto le pueden servir a todas las personas: hacer ejercicio, tomar más agua, reducir el consumo de comidas rápidas, etc. Pero si llegamos a un punto en que esas cosas generales ya no dan más resultados, es momento de asesorarnos con un profesional que nos ayude a darle a nuestro cuerpo los nutrientes que necesita, mientras logramos nuestra meta de perder peso, en lugar de buscar la dieta de alguien más porque "tal vez me sirve".

Las grasas trans son más peligrosas que el aceite de palma

Tomado de: www.larazon.es

La grasa de palma ha sido descomercializada en países como Francia debido al daño que puede provocar en la salud, sin embargo, esta grasa no es la más perjudicial, pues las trans son "infinitamente" más peligrosas y, además, aumentan el riesgo de infarto o ictus, según la presidenta de la Fundación Vicente Tormo, Emilia Tormo.

Las grasas trans, que están presentes en productos procesados, y de forma escasa y natural en la alimentación, utilizan ácidos grasos saturados, que se manipulan en orden a obtener grasas que se tardan más en enranciar, soportan mejor altas temperaturas y, en general, conservan mejor los alimentos. Además, resultan "sensiblemente" más baratas que las grasas saturadas animales, que aunque también saturadas, están presentes en la cadena alimentaria de forma natural y no afectan al colesterol 'bueno' (HDL).

En este sentido, tanto la grasa de palma como las trans, aumentan el riesgo de subir el colesterol conocido como 'malo' (LDL) y, a diferencia de la primera, las trans también disminuyen el 'bueno', "por lo que tienen un doble efecto nocivo", ha subrayado la doctora Tormo.

"El colesterol conocido como 'bueno' ejerce una labor de limpieza de las arterias fundamental para preservar su salud; el ejercicio físico es imprescindible para subirlo. Un nivel óptimo de este colesterol daría como resultado niveles por debajo de 3,5 al dividir la cifra total de colesterol entre la del 'bueno'. En este sentido, hay que apuntar que la grasa de palma no tiene un efecto nocivo en el colesterol bueno, mientras que otras grasas -especialmente las grasas trans- sí lo tienen", ha añadido.
 
Por ello, son las grasas trans las que conviene evitar "a toda costa". De hecho, en algunos países como Noruega o Suecia, su utilización en alimentos procesados está marcada con colores fluorescentes en el etiquetado para alertar a la sociedad del peligro que supone su consumo. Estas son fácilmente reconocibles como 'grasas hidrogenadas' o 'parcialmente hidrogenadas'.

La falta de sueño podría aumentar el riesgo de diabetes tipo 2 de un niño, según un estudio

Tomado de: medlineplus.gov

Los niños que duermen muy poco podrían ser más propensos a presentar factores de riesgo de la diabetes tipo 2, sugiere una nueva investigación.

El estudio de más de 4,500 niños británicos encontró un vínculo entre sus hábitos de sueño y ciertos "marcadores de riesgo" de la diabetes. Los niños que dormían menos horas cada noche tendían a pesar un poco más y a mostrar más resistencia a la insulina.

La insulina es una hormona que regula los niveles del azúcar en la sangre. Cuando el cuerpo comienza a hacerse resistente a la insulina, esto puede ser un precursor de la diabetes tipo 2.

De forma que los hallazgos plantean la posibilidad de que los hábitos de sueño en la niñez puedan afectar a las probabilidades de diabetes (u otras afecciones de la salud) más adelante en la vida, señaló el investigador, Christopher Owen.

"Creemos que es plausible que esas pequeñas diferencias [en los marcadores de riesgo de la diabetes] a principios de la vida pudieran persistir", dijo Owen, profesor de epidemiología en la Universidad de St. George, en Londres.

Anotó que estudios anteriores han encontrado que el riesgo de diabetes en la adultez puede originarse a una edad más temprana.

Pero los nuevos hallazgos no prueban que una falta de sueño haga que el riesgo de diabetes de los niños aumente, apuntó la Dra. Nicole Glaser.

Glaser, pediatra y profesora en la Universidad de California, en Davis, fue coautora de un editorial publicado en línea junto al estudio en la edición del 15 de agosto de la revista Pediatrics.

En el editorial, apunta que podría haber otras explicaciones para el vínculo entre el sueño de los niños y los marcadores de riesgo de la diabetes. Por ejemplo, podría reflejar diferencias en las funciones cerebrales que regulan el sueño, el apetito y la sensibilidad a la insulina.

"Todavía no está claro si la asociación entre el sueño y la obesidad y el riesgo de diabetes tipo 2 es causal", dijo Glaser.

Pero "en realidad asegurarse de que sus hijos duerman lo suficiente no tiene 'desventajas'", añadió.

"Hay estudios que sugieren que un sueño adecuado es necesario para una memoria y un aprendizaje óptimos, y que dormir de forma adecuada tiene efectos beneficiosos para el estado de ánimo", dijo Glaser.

La Dra. Mercedes Bello dirige el centro de trastornos del sueño del Hospital Pediátrico Nicklaus, en Miami.

Dijo que es plausible que un sueño inadecuado pueda afectar de forma directa al peso y a la resistencia a la insulina de los niños, dado que el sueño influye en la liberación de varias hormonas.

Bello concurrió en que estos hallazgos más recientes no prueban que irse a la cama más tarde aumente el riesgo de diabetes de los niños. Dijo que el estudio es un "buen inicio" para intentar dar respuesta a esa pregunta.

Por ahora, Bello ofreció consejos a los padres para ayudar a los niños en edad escolar a dormir lo suficiente: Apague la televisión y los dispositivos electrónicos una hora antes de irse a la cama, dado que la luz azul puede afectar al sueño. Limitar los líquidos cuando se acerque la hora de dormir, y la cafeína en general, también puede resultar útil, señaló.

Según la National Sleep Foundation, los niños de 6 a 13 años deben dormir de 9 a 11 horas por noche.

Los nuevos hallazgos se basan en 4,525 niños de Reino Unido, de 9 y 10 años, a quienes se preguntó sobre el horario usual para irse a la cama y levantarse en los días de escuela. Los investigadores midieron el peso, la estatura y la grasa corporal de cada niño, y tomaron muestras para evaluar sus niveles de insulina y de azúcar en la sangre.

En promedio, encontró el estudio, los niños dormían 10.5 horas cada noche, lo que se ubica bien dentro de la cantidad recomendada.

Pero hubo un amplio rango en los hábitos de sueño. Algunos niños solo dormían ocho horas por noche, mientras que otros normalmente dormían 12.

En general, encontró el estudio, los que dormían más tendían a ser un poco más delgados y a tener menos resistencia a la insulina.

Por ejemplo, una hora adicional de sueño se correlacionó con una reducción del 3 por ciento en la resistencia a la insulina y un índice de masa corporal 0.2 puntos más bajo. (El IMC es una medida del peso en relación con la estatura).

Son diferencias pequeñas, dijo Glaser. Pero añadió que las cifras son promedios en un grupo. Es posible que en algunos niños la asociación entre el sueño y los factores de riesgo de la diabetes sea "más pronunciada".

El equipo de Owen sí exploró otras explicaciones potenciales de los hallazgos. Por ejemplo, ¿los niños más físicamente activos tendían a dormir más?

Pero el ejercicio no explicó los resultados, dijeron los investigadores. Tampoco lo hizo la situación socioeconómica de la familia, lo que podría afectar a los hábitos de estilo de vida y la salud de los niños.

Según Owen, los hallazgos sugieren que dormir más podría ser un "método simple y rentable para reducir la grasa corporal y el riesgo de diabetes tipo 2 desde temprano en la vida".

Pero la única forma de en realidad evaluarlo, planteó Glaser, es mediante estudios de "intervención", en que los investigadores logren de alguna forma que los niños duerman más.

¿Las ensaladas son realmente saludables? Esto dicen especialistas en nutrición

Tomado de: informe21.com

Cuando pensamos en comidas saludables lo primero que se nos suele venir a la mente son las ensaladas. Tienden a ser la representación de la salud y solemos asumir que son buenas sin siquiera mirar su valor nutricional. Pero más allá de que sabemos que las verduras son saludables, ¿las ensaladas son tan buenas como creemos?

Ensaladas ¿sí o no?

La clave para responder esto sería primero saber qué ingredientes hay en tu ensalada. De acuerdo a los nutricionistas, las ensaladas sí son saludables pero no siempre, ya que a veces incorporamos ingredientes que deberíamos evitar.

Una ensalada saludable tiene hojas verdes, vegetales y semillas. Pero hay dos cosas que pueden salir mal: o la comes de forma forzada y ni siquiera la terminas recurriendo a otro tipo de comida, o la llenas de opciones poco saludables como aderezos grasos o ingredientes que no son nutritivos.

Sus grandes beneficios

Las ensaladas son beneficiosas porque ofrecen un gran valor nutritivo, los ingredientes como las hojas verdes o los vegetales crudos están repletos de nutrientes saludables.

La clave para disfrutar de sus beneficios es equilibrar los vegetales con nueces y semillas para nutrir el cuerpo sin muchas calorías.

Además de su gran valor nutritivo, las ensaladas nos ayudan a vivir más tiempo. Sobre todo si incorporamos alimentos como rúcula, repollo o col rizada que son verduras crucíferas que luchan contra la oxidación.

Estas verduras antioxidantes no solo retrasan el envejecimiento sino que además combaten el cáncer, Alzheimer y las enfermedades crónicas causadas por la oxidación.

Algunas desventajas

Aunque no lo creas muchas veces se terminan desperdiciando los vegetales porque las personas no terminan de comerlos y es un gran desperdicio.

Otro problema es pensar en comer ensaladas pero agregarle alimentos poco beneficiosos como la panceta o los aderezos con muchas calorías, o no balancear bien el plato y ponerle por ejemplo muchos carbohidratos y proteínas.

Los expertos recomiendan ser conscientes a la hora de armar la ensalada ya que solo será saludable dependiendo de lo que le pongas.

Ten en cuenta la cantidad de calorías, grasas y azúcar que hay en tu ensalada, si realmente quieres que sea sana para tu organismo.

A diferencia de lo que solemos pensar, los nutricionistas aseguran que comer una ensalada no siempre quiere decir comer saludable, incluso más de la mitad de las ensaladas que pedimos en restaurantes no lo son.

¿Cómo hacer?

A la hora de armar una ensalada nutritiva, la clave es optar por lo saludable. Puedes preparar tu propio aderezo, agregar granos a la ensalada e incluso incorporar frutas.

Los aderezos comprados suelen estar hechos con alto contenido de calorías y grasas no saludables.

Las verduras orgánicas siempre son más saludables aunque son más caras, procura comprar al menos la lechuga orgánica y compra el resto de las verduras de forma regular, lavándolas bien.

Las ensaladas de hojas verdes siempre aportan más fibra, más volumen y menos calorías. Las mejores opciones son la col rizada, el kale, la arúgula, la espinaca y la lechuga.

Muchas veces los croutones, algunos quesos y los ingredientes procesados que agregamos tienen un alto contenido de grasas, son fritos o con un alto nivel calórico.

Hay que tener en cuenta que las ensaladas no siempre son saludables y no siempre son la opción más adecuada, pero es posible armar una ensalada rica y sana siguiendo los consejos de los nutricionistas para que sea un plato rico en nutrientes y con bajas calorías.

11 de agosto de 2017

Perder peso, sí! Pero pensemos además en perder kilos ¿de qué?

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Una de las preguntas más comunes que me hacen en la consulta es ¿pero entonces cuánto tengo que pesar? o ¿cuál es mi peso ideal?

A mí no me gusta hablar de un peso ideal sino de un peso saludable. Pero además es importante que empecemos a entender que el peso por sí solo no nos dice mucho. Debemos aprender a darle la importancia que merece a la composición corporal: o sea básicamente a cuánta grasa y cuánto músculo tenemos en nuestro cuerpo.

La grasa es necesaria porque protege y da sostén a ciertos órganos, nos ayuda a regular la temperatura corporal, funciona como una reserva de energía, entre otras funciones. Pero un exceso de grasa corporal tiene implicaciones importantes en nuestra salud, ya que aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y otras enfermedades crónicas como hipertensión y diabetes, etc. 

La masa muscular es importante y trabajarla con ejercicio no es solo una cuestión estética. Tiene funciones importantes ya que el músculo ayuda a dar sostén a las articulaciones, nos ayuda a prevenir lesiones, a mejorar la fuerza y la resistencia al hacer ejercicio, al igual que la grasa brinda sostén y protección a algunos órganos, y además el músculo nos ayuda a controlar el peso ya que aún en reposo gasta calorías (lo cual no sucede con la grasa corporal). Esto no significa que tengamos que empezar a levantar gran cantidad de peso o enfocarnos entonces solo en hacer pesas y ganar gran cantidad de músculo. Pero un profesional en el área les puede asesorar en cuanto a ejercicios que ayuden a preservar o incrementar la masa muscular.

Entonces, es fundamental no sólo que sepamos cuánto pesamos y si estamos en el famoso "peso ideal" o no, sino que debemos saber también cuánto de ese peso proviene de la masa muscular y cuánto de la grasa (los otros dos componentes del peso son el agua y la masa ósea). Uno puede estar en un peso adecuado, el índice de masa corporal puede indicar que el peso está bien, pero si hay un exceso de grasa corporal, en términos de salud se tienen exactamente los mismos riesgos que tendría una persona que presenta sobrepeso u obesidad. De la misma manera, puede haber una persona que pese más de su "peso ideal", pero resulta que sus niveles de grasa son adecuados y el peso extra se debe a masa muscular, y entonces en ese caso no habría ningún problema con tener unos kilos de más.

O sea que en vez de pensar que debemos perder peso, lo que hay que pensar es que debemos modificar la composición corporal y perder grasa (y mantener o aumentar la masa muscular). Cuando nos ponemos a "perder peso", el tipo de dieta que seguimos y el ejercicio (si lo hacemos o no, qué tipo, cuánto tiempo, etc) van a determinar si lo que perdemos es grasa, o si es músculo y agua.

Usualmente las dietas extremas o muy bajas en calorías, o aquellas en que se prohibe el ejercicio, nos van a llevar a perder músculo y agua, sin variar la grasa corporal (es entonces cuando la persona queda flácida o que "todo le cuelga" como dicen). Lo que nos llevaría al caso que les expuse anteriormente en que el peso está bien pero se tienen los mismos riesgos de una persona obesa.

La idea al perder peso debe ser lograr perder kilos, por supuesto, pero que éstos kilos menos sean de grasa, y que nos mantengamos saludables. Por eso a partir de ahora empecemos a preguntar ¿cuánta grasa debería tener? ¿Están bien o no mis niveles de grasa? ¡Esas preguntas son mucho más importantes!

Consumir proteínas en las tres comidas podría ayudar a conservar la fuerza de las personas mayores

Tomado de: medlineplus.gov

Comer proteínas en las tres comidas diarias, en lugar de solo con la cena, podría ayudar a las personas mayores a conservar su fuerza física a medida que envejecen, sugiere una nueva investigación.

El estudio canadiense encontró que las comidas ricas en proteína, distribuidas de forma uniforme a lo largo del día, retrasó el declive muscular, pero no aumentó la movilidad, en las personas mayores.

Stephanie Chevalier, coautora del estudio, dijo que para las personas mayores "lo importante es crear tres ocasiones en las comidas con suficiente proteínas para estimular la formación muscular y una mayor fortaleza, en lugar de solo una".

Chevalier es profesor asistente de medicina en la Universidad de McGill, en Montreal.

El declive funcional asociado con el envejecimiento con frecuencia lleva a caídas, deterioro mental y la pérdida de independencia. El equipo de Chevalier se preguntó si un consumo de proteína distribuido de forma más uniforme podría vincularse con un mejor rendimiento físico y una reducción en la tasa de declive.

Para averiguarlo, dieron seguimiento a más de 1,700 hombres y mujeres de Quebec relativamente sanos, de 67 a 84 años de edad, que se inscribieron en un estudio de tres años.

Los participantes ofrecieron información sobre la dieta y se sometieron a unas evaluaciones anuales de la fuerza en las manos, los brazos y las piernas. También se evaluó la movilidad.

A lo largo de tres años, los investigadores encontraron que tanto los hombres como las mujeres observaron un empeoramiento en su rendimiento físico general, y que la fuerza muscular se redujo de forma más significativa que la movilidad.

Pero los que consumieron proteína de forma más uniforme a lo largo del día parecieron retener una mayor fortaleza muscular, aunque no una mayor movilidad, que la que consumieron la mayor parte de la proteína a una hora tarde del día.

Pero Chevalier enfatizó que los investigadores solo observaron una asociación entre la distribución de las proteínas y la fuerza muscular, no una relación causal directa.

"En otras palabras, no podemos concluir que las personas mayores tuvieran una mayor fuerza porque ingerían proteínas distribuidas de forma uniforme en cada comida", comentó.

Establecer una prueba directa ameritaría más investigación, dijo.

Pero el hallazgo del estudio se sostuvo independientemente de la cantidad total de proteínas consumidas, anotó.

Investigaciones anteriores han indicado que los adultos de todas las edades deben consumir un mínimo de 1.2 gramos de proteína por cada kilogramo de peso corporal. (Para convertir las libras en kilogramos, divida el peso corporal entre 2.2).

En un hombre de 155 libras (70.5 kilos), eso equivaldría a unas tres onzas (85 gramos) de proteína al día, dijo Chevalier. Distribuida en el desayuno, el almuerzo y la cena, eso significaría más o menos una onza (28 gramos) de proteína en cada comida. Una mujer de 130 libras (59 kilos) requeriría poco menos de una onza por comida.

Las directrices dietéticas del Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA) indican que los mayores de 50 años deben consumir de 5 a 7 onzas (de 142 a 198 gramos) de alimentos proteicos al día.

En general, una onza de carne, pollo o pescado, o un huevo, o una cucharada de mantequilla de cacahuate, un cuarto de taza de habichuelas cocinadas o media onza (14 gramos) de frutos secos o semillas califican como una onza de proteína, según el USDA.

Una experta externa en nutrición ofreció una explicación sobre por qué los hallazgos podrían funcionar.

"La proteína muscular se descompone y se vuelve a formar constantemente. Necesitamos proteínas en nuestras dietas diarias para hacer que esto suceda", explicó Lona Sandon, educadora en dietética.

Eso sucede a todas las edades, pero a una edad más avanzada la proteína tiende a descomponerse con una mayor rapidez que con la que se forma, añadió Sandon, profesora asistente de nutrición clínica en el Centro Médico Southwestern de la Universidad de Texas, en Dallas.

Además, la investigación ha mostrado que los adultos mayores necesitan unas cantidades mayores de proteínas, apuntó.

"Comer proteínas a lo largo del día parece ser un medio de mantener un equilibrio positivo de proteína durante más tiempo que simplemente comer la proteína de todo el día en la cena", dijo Sandon.

Sandon comentó que distribuir la ingesta de proteína de forma uniforme a lo largo del día probablemente sea beneficioso para todo el mundo, ya sean jóvenes o mayores.

Gran parte de la investigación en esa área proviene de estudios sobre nutrición deportiva, añadió. "Esta investigación también ha mostrado un beneficio de distribuir la proteína en todas las comidas a lo largo del día para una mayor masa muscular y unos beneficios respecto a la fuerza en los individuos activos y en los adultos", agregó.

Pero advirtió que solo comer proteína no es una panacea contra envejecer.

"No se puede comer un filete y de repente tener unos bíceps musculosos", dijo, y anotó que también es necesario algún nivel de actividad física o entrenamiento de resistencia.

El estudio aparece en la edición de julio de la revista American Journal of Clinical Nutrition.

¿La leche materna puede fomentar el amor por las verduras?

Tomado de: medlineplus.gov

¿Quiere que su hijo en edad preescolar se coma las verduras sin berrinches? Pruebe a comer verduras mientras da el seno.

Ese es el mensaje de un nuevo estudio de madres lactantes y sus bebés amamantados. El estudio encontró que los bebés que tomaron leche materna con sabor a verduras eran menos propensos a rechazar un cereal con un sabor similar cuando pasaron a tomar alimentos más sólidos.

"La experiencia sensorial de cada bebé es única, pero el sabor de su primera comida, a partir del útero, depende de lo que la madre come", dijo Julie Mennella, líder del estudio, biopsicóloga en el Centro de los Sentidos Químicos Monell en Filadelfia.

"Creo que la leche materna es lo último en la medicina de precisión", dijo Mennella.

Cuando una madre embarazada come verduras, dan sabor a su fluido amniótico (y luego a la leche del seno), y esos sabores pasan al bebé. Como resultado, comentaron los investigadores, el bebé aprende pronto el sabor de los vegetales, y será menos propenso a quejarse cuando le ofrezcan esa primera cucharada.

Es una bendición para los padres y para la salud del país. Uno de cada cuatro niños pequeños de EE. UU. no come una verdura al día, anotaron los autores del estudio. Como muchas de sus madres y otros adultos, es más probable que los niños elijan refrigerios dulces y salados y bebidas azucaradas, lo que contribuye a la obesidad y a la enfermedad crónica.

"Todo el mundo quiere que la vida de los bebés comience bien", planteó Mennella, y añadió que las primeras semanas de vida son un momento esencial para que tanto los bebés como las madres desarrollen el gusto por los alimentos saludables.

En el estudio, Mennella asignó al azar a 97 madres que daban el seno a uno de cinco grupos.

Durante un mes, tres grupos bebieron media taza de jugo de zanahoria, apio, remolacha o verdura antes de dar el seno. Un grupo comenzó cuando los bebés tenían dos semanas de edad, otro a entre un mes y un mes y medio de edad, y el tercero a entre dos meses y dos meses y medio de edad.

Un cuarto grupo de madres bebieron jugo durante tres meses, y comenzaron cuando sus bebés tenían dos semanas de edad. El quinto grupo (el de "control") no bebió jugo.

A medida que se añadieron alimentos sólidos a la dieta, se grabó a las madres mientras ofrecían cereales regulares, cereales con sabor a zanahoria o cereales con sabor a brócoli a sus bebés. Los investigadores observaron las señales de asco de los bebés: arrugar la nariz, fruncir los labios, el seño fruncido, o apartar la cuchara de forma más enfática.

El resultado: los bebés que se habían expuesto a los sabores de verduras en la leche materna preferían el cereal con sabor a zanahoria en lugar del cereal regular o el cereal con el sabor desconocido a brócoli. Apenas un 8 por ciento rechazaron todos los alimentos, mostraron los hallazgos.

"Aprenden mediante la exposición repetida", dijo Mennella. "Y el momento es importante".

Los bebés cuya exposición comenzó a la edad de dos semanas comieron más del cereal con sabor a zanahoria, y lo comieron más rápidamente, que aquellos cuyas madres comenzaron a tomar jugo más tarde o que bebieron agua. Y acostumbrar a los bebés al sabor conllevó solo un mes, anotaron los autores del estudio.

Mennella dijo que esto podría deberse a que los bebés maman con más frecuencia durante esas primeras semanas, o quizá haya periodos en que sus gustos se moldean con mayor facilidad.

Y nunca es demasiado tarde para entrenar el paladar. Aunque ocho de cada 10 madres aún no comían las cantidades recomendadas de verduras cuando el estudio acabó, muchas también habían llegado a disfrutar de los nuevos sabores.

Eso hace que sea más probable que continúen sirviendo alimentos saludables a medida que sus hijos crezcan, dijo Mennella.

"A través de esos cambios en los sabores, la madre enseña al bebé que esos alimentos son seguros, que son lo que comen y que esos sabores están disponibles", comentó. "Si se cambia la dieta de la madre y a ella comienzan a gustarles esos alimentos, se cambia a toda la familia".

Jennifer McDaniel, vocera de la Academia Americana de Nutrición y Dietética (American Academy of Nutrition and Dietetics), se mostró de acuerdo.

Las preferencias alimentarias de los niños se ven influidas fuertemente por lo que sus padres comen, dijo. "Si la dieta de la madre es variada, fomenta que los niños se muestren más dispuestos y abiertos a los nuevos sabores, porque en algún momento se han expuesto", explicó.

Aunque McDaniel señaló que otros estudios han mostrado que los bebés a quienes se ha amamantado son menos propensos a volverse quisquillosos para comer, dijo que las madres que no pueden amamantar o que no eligen hacerlo no deberían sentirse culpables.

Simplemente asegúrese de ofrecer a su familia alimentos saludables y variados, aconsejó. Permita a los niños experimentar no solo sabores distintos, sino texturas distintas.

Y no se rinda, aconsejó McDaniel. Quizá tenga que intentarlo 10 o 20 veces antes de que un niño decida si un alimento le gusta o no.

"Nuestro rol como padres es ser un buen modelo de rol", dijo McDaniel. "A veces solo hay que relajarse un poco y seguir haciendo lo necesario: ofrecer muchos alimentos distintos y exponerlos a ellos con mucha frecuencia. Al final, lo más probable es que acabe con hijos que no sean tan quisquillosos y que tengan unos patrones saludables".

El estudio aparece en la edición de julio de la revista American Journal of Clinical Nutrition.

Las mujeres que aumentan de peso entre un bebé y otro están en un riesgo más alto de diabetes gestacional

Tomado de: medlineplus.gov

Las mujeres que aumentan de peso tras tener un bebé podrían ser más propensas a desarrollar diabetes durante su próximo embarazo, sugiere un nuevo estudio.

El peso de la mujer antes de la concepción y la cantidad que aumenta durante el embarazo son factores de riesgo conocidos de la diabetes gestacional, explicaron los autores del estudio. La diabetes gestacional es una forma de nivel alto de azúcar en la sangre diagnosticada durante el embarazo. Puede provocar complicaciones tanto para la madre como para el bebé.

Los investigadores dirigidos por Linn Sorbye, de la Universidad de Bergen en Noruega, estudiaron el riesgo de diabetes en mujeres que habían tenido uno o dos embarazos anteriores.

En el estudio participaron unas 24,200 mujeres que dieron a luz entre 2006 y 2014. Los investigadores tomaron en cuenta los antecedentes de la mujer de diabetes gestacional y su índice de masa corporal (IMC) cuando quedó embarazada nuevamente. El IMC es un estimado de la grasa corporal basado en la estatura y el peso. Con un IMC por encima de 30 se considera que una persona es obesa.

Más o menos un 36 por ciento de las mujeres aumentaron más de una unidad de IMC entre el inicio del primer embarazo y su segundo, encontró el estudio. Esas mujeres fueron más propensas que las mujeres cuyo peso permaneció estable a desarrollar diabetes durante un segundo embarazo.

Las mujeres que aumentaron el doble de peso tenían el doble de probabilidades de diabetes gestacional. Y el riesgo se multiplicó por cinco entre las mujeres con el mayor aumento de peso, encontraron los investigadores.

Los riesgos más llamativos ocurrieron entre las mujeres cuyo peso era normal antes del primer embarazo. Pero el estudio mostró que las mujeres con sobrepeso que perdieron peso tras el parto redujeron su riesgo de diabetes durante otro embarazo.

El estudio aparece en la edición del 1 de agosto de la revista PLOS Medicine.

4 de agosto de 2017

¡Olvidémonos de las "dietas"!

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Tal vez para algunos sea extraño que una Nutricionista diga eso: ¡olvidarse de las dietas! Pero espero que cuando terminen de leer el artículo estén de acuerdo conmigo.

Para empezar tenemos que aclarar que la palabra "dieta" no se refiere sólo a un modo específico de comer, o a restringirse. En realidad DIETA es todo lo que comemos diariamente. Nuestra dieta puede ser balanceada o no, nutritiva o no, saludable o no, pero absolutamente todos tenemos una dieta. Puede ser más restringida en algunas cosas si queremos perder peso, o por el contrario puede ser rica en calorías si se busca ganar peso. Lo importante es que nos quede claro que el concepto de dieta va mucho más allá de pasar hambre unos días.

Ahora bien, ¿por qué debemos dejar de pensar en las dietas? Porque en lugar de pensar que voy a comer solo X o Y alimentos por un tiempo para bajar cierta cantidad de kilos, lo que debemos procurar es mejorar la calidad de nuestra dieta actual, y cambiar o mejorar nuestros hábitos actuales.

Si no lo hacemos así, si simplemente cambiamos a comer solo ensaladas o  un solo alimento (la dieta de la manzana o del chayote o del alimento que sea) o cualquier cambio de éste tipo solamente por un periodo corto de tiempo, y luego volvemos a comer exactamente igual que antes, entonces los resultados los vamos a obtener por ese periodo de tiempo en que hicimos los cambios. Y debemos tener en cuenta que, además de que la pérdida de peso no va a perdurar, en ese tiempo no estamos dándole a nuestro cuerpo los nutrientes que necesita, y es muy probable que lo que vayamos a perder sea agua y/o masa muscular, en lugar de grasa (que es lo que debemos procurar perder, pero de eso hablaré en otro artículo). Así que también podemos poner en riesgo nuestra salud.

Pensemos que es como cuando toca llevar el carro a la revisión técnica, y se piden llantas prestadas o se busca algún truco para que no noten que emite gases en exceso, o cualquier otra estrategia similar. Va a pasar la prueba, pero en realidad el carro sigue sin estar en condiciones óptimas a menos que hagamos realmente las reparaciones necesarias. Lo mismo sucede con esas "dietas" de un tiempo: nos hacen perder peso por un momento, pero no estamos resolviendo el problema realmente.

Entonces lo que tenemos que hacer son cambios permanentes para obtener soluciones definitivas. Y el primer paso para eso es ser muy sincero con uno mismo: ¿qué estoy haciendo bien y qué estoy haciendo mal? ¿qué cosas necesito mejorar? Y si no logra tenerlo claro, entonces consulte un profesional que le asesore. 

No se trata de que hagamos todos los cambios de una vez, hay que ser realistas. Dificilmente uno puede cambiar muchos hábitos a la vez. Pero vaya poco a poco, conforme vaya viendo los resultados (que le aseguro que los va a ver) se va a motivar y va a ser más fácil hacer más cambios. Y entonces ya no va a pensar (ni va a necesitar) volver a su estilo de vida anterior, y por eso los resultados van a ser también permanentes. 

No lo vea como que tiene que dejar de comerse esa hamburguesa que le gusta o ese chocolatito que come de vez en cuando, más bien piense que además de eso, va a empezar a incluir otros alimentos que también son ricos y que además le van a beneficiar. No piense en el ejercicio como una tortura, más bien busque una actividad que le guste (puede ser difícil encontrarla, ¡pero se logra!) y véalo como un tiempo dedicado a usted mismo, igual que puede pensar de ir al cine o leer un libro.

Si se tiene una meta específica de peso, entonces puede ser necesario hacer un plan de alimentación más estructurado con cantidades y demás, pero aún así, si ya ha modificado su estilo de vida, eso va a ser muy sencillo de cumplir. 

¿Qué es lo mejor de hacer un cambio de hábitos? Que en lugar de poner en riesgo su salud, ¡está haciendo todo lo contrario! En lugar de andar de mal humor, deseando lo que otros comen, o inclusive con molestias como gastritis u otros problemas digestivos, se va a sentir muy bien. Va a mantener niveles adecuados de azúcar, colesterol y triglicéridos, a tener una adecuada composición corporal (masa muscular y grasa) y va a mejorar su calidad de vida.

Entonces ¿qué opinan? ¿Suena mejor el panorama al hacer un cambio en el estilo de vida, o las "dietas" siguen pareciendo la mejor opción?

La lactancia reduce el riesgo de cáncer de mama de la madre, según un estudio

Tomado de: medlineplus.gov

Dar el seno ayuda a proteger a las mujeres del cáncer de mama, encuentra un nuevo informe.

De los 18 estudios analizados por el Instituto Americano de Investigación sobre el Cáncer (American Institute for Cancer Research, AICR), 13 encontraron que el riesgo de cáncer de mama se reducía en un 2 por ciento por cada cinco meses que una mujer daba el seno.

El informe, que actualiza la ciencia global sobe el cáncer de mama, también encontró que los bebés amamantados son menos propensos a aumentar de peso en exceso a medida que crecen, lo que podría reducir su riesgo de cáncer más adelante en la vida. En los adultos, tener sobrepeso o ser obeso aumenta el riesgo de 11 cánceres comunes, según el AICR.

"Para las madres no siempre es posible dar el seno, pero las que puedan deben saber que la lactancia puede ofrecer protección contra el cáncer tanto a la madre como al niño", afirmó Alice Bender, directora de los programas de nutrición del instituto.

Dar el seno protege de varias formas, según el informe. Podría retrasar el regreso de los periodos menstruales de la nueva madre, lo que reduce la exposición a lo largo de la vida a hormonas como el estrógeno, que se vinculan con el riesgo de cáncer de mama. Además, la pérdida de tejido mamario tras lactar podría ayudar a deshacerse de células con un ADN dañado.

El informe añadió que mantener un peso saludable, evitar el alcohol y la actividad física también reducen el riesgo de cáncer de mama.

"Con los muchos beneficios que tiene el hecho de dar el seno, es importante que las nuevas madres reciban el respaldo para hacerlo con éxito más allá de unos pocos días o semanas", planteó Bender en un comunicado de prensa del instituto. "También es esencial saber que hay medidas que todas las mujeres pueden tomar para reducir su riesgo de este cáncer".

Además de ofrecer nutrientes importantes a los bebés, la lactancia materna también fortalece su sistema inmunitario y ayuda a protegerlos de enfermedades. El AICR recomienda que las nuevas madres den el seno de forma exclusiva durante hasta seis meses, y que entonces añadan otros líquidos y alimentos a la dieta del bebé.

Otras organizaciones de la salud, como la Organización Mundial de la Salud, hacen recomendaciones similares.

Obsesión por 'comer sano' va en aumento y más bien podría enfermarle

Tomado de: www.nacion.com

Las dietas en las que se eliminan varios grupos de alimentos considerados poco saludables son cada vez más populares. Pero estas prácticas pueden rápidamente convertirse en una obsesión que acaba enfermando a las personas. 

Este desorden alimentario, que fue identificado por primera vez en Estados Unidos en los años 1990, es conocido como ortorexia ('correcto' y 'apetito' en griego). 

Los individuos que sufren de ortorexia son "prisioneros de reglas que se imponen a sí mismos", explicó a la AFP el profesor de psicología Patrick Denoux. 

Este desorden puede manifestarse en hábitos simples como limitarse a comer únicamente frutas recién cosechadas. 

En los casos más graves puede conducir a adoptar comportamientos obsesivo-compulsivos que provocarían una desnutrición severa o aislamiento social. 

Un caso entre muchos 
 
En un periodo de 18 meses, Sabrina Debusquat, pasó de ser vegetariana a vegana, antes de eliminar por completo de su dieta cualquier alimento cocido y limitarse a comer frutas. "Quería alcanzar un tipo de estado de pureza", explicó esta francesa de 29 años.

Debido a su dieta estricta comenzó a perder su cabello, pero su obsesión era tan grande que esto no le preocupó demasiado. "Tenía la impresión de ser dueña de la verdad sobre la mejor manera de alimentarse para mantenerse sano", contó Debusquat, quien publicó un libro sobre su experiencia. Fue su pareja quien le hizo entender su estado obsesivo. "Mi cuerpo estaba tiranizando mi mente", señaló. 

"Vivimos grandes cambios culturales en cuanto a la alimentación que nos hacen desconfiar de lo que comemos, debido sobre todo a la distancia entre el productor y el consumidor (...) y a las crisis alimentarias", argumentó el profesor Patrick Denoux. 

Después del "trauma" de la crisis de la vaca loca a principios de los años 1990 y de la carne de caballo en el 2013, "nunca antes habíamos tenido tanto miedo a lo que comemos", confirmó a la AFP Pascale Hébel, del Centro Francés de Investigación para el Estudio y la Observación de las Condiciones de Vida (Crédoc).

"El hecho de que cada vez estamos más alejados del mundo rural ha provocado cierta ansiedad, visible sobre todo entre las clases altas", estimó Hébel. 

En la cultura occidental, esta "sospecha de que nos están envenenando" es algo "valorizado" como una prueba de nuestra "perspicacia", afirmó Denoux.

Este especialista define tres grandes sistemas alimenticios: el tradicional de "nuestra abuela", el industrial que "llena nuestro estómago", y el sanitario que ve a "la comida como un medicamento". "Las personas que sufren ortorexia no logran combinar estos tres sistemas" y van excluyendo simple y llanamente varios tipos de alimentos.

Sabrina Debusquat mejoró después de aceptar tomar vitamina B12, que se obtiene a partir de bacterias que se encuentran sobre todo en el estómago de los rumiantes o animales marinos. 

Era esta misma vitamina de la que carecía una paciente de Sophie Ortega, una nutricionista parisina. Su paciente "comenzaba a perder la vista por falta de vitamina B12". Pero esta vegana "pura y dura" se negaba a tomarla. "Era como si prefería perder la vista" que "traicionar su compromiso con los animales", contó la doctora.

Ortega piensa que existe actualmente una pérdida de referencia entre los pacientes en cuanto a la alimentación. Para muchos se ha convertido en un verdadero "suplicio ir a hacer compras y encontrar menús equilibrados".

"Una buena alimentación incluye alimentos vegetales y animales", subrayó esta nutricionista con 25 años de experiencia, quien afirmó que debemos autorizarnos algunos "placeres".

¿Toman demasiada sal los niños?

Por CARLOS CASABONA  / Tomado de: www.consumer.es

En los últimos años, toda la atención sobre los malos hábitos alimentarios en la infancia se ha centrado en el azúcar, sobre todo en el azúcar oculto en los alimentos. Este tema ha hecho reflexionar a una sociedad enganchada al sabor dulce y ha provocado respuestas tímidas en la industria alimentaria, que ha rebajado en algunos productos su concentración de azúcar o la ha sustituido por edulcorantes sintéticos. El deseo de ingerir productos dulces, de momento, sigue intacto. Pero ¿y la sal? ¿Los niños toman demasiada sal? En este artículo se aportan datos preocupantes sobre el consumo de sal entre los más pequeños, se recuerda por qué es bueno tomar poca sal y se dan varios consejos acerca de su ingesta.

Al parecer, la sal se está escapando del seguimiento de los sanitarios o, por lo menos, no está recibiendo la misma atención que los azúcares libres, los lácteos y otros alimentos (como el pan, el arroz, la pasta o las patatas, en los que predominan los hidratos de carbono). El protagonismo de estos últimos es muy relevante en los medios, en el mundo académico y en los blogs de Internet.

La sal y los niños: cifras que preocupan

Pero no hay razones para olvidarse de la sal, pues el consumo que realizan los niños es mucho mayor del recomendado. Así lo demuestra un estudio realizado por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, que ha medido en pequeños con edades comprendidas entre 7 y 11 años la cantidad de sodio excretada en la orina durante 24 horas. Este dato refleja la ingesta de sal de manera más fiel que las encuestas dietéticas que se hacen en la mayoría de los trabajos científicos.

En el estudio se comprobó que la inmensa mayoría (84,5%) de los menores de 10 años ingerían más de 4 g de sal al día y el 66,7% de los mayores de 10 años tomaban más de 5 g al día. También encontraron que los niños que tenían sobrepeso habían ingerido más sal que los de peso normal, lo que puede explicarse porque la ingesta de sal aumenta el apetito y la sed, incrementando así la cantidad total de energía. El dietista-nutricionista Julio Basulto también incide en el tema al recordar que cuanta más sal consumen los pequeños, más bebidas azucaradas beben, basándose en investigaciones recogidas en las prestigiosas revistas Hypertensión y Pediatrics.

Recordemos que la sal es cloruro sódico y que, hasta hace poco, en muchas etiquetas, en vez de estar la palabra "sal", figuraba "sodio". Para saber el contenido proporcional de sal en 100 g de producto, había que multiplicar por 2,5 el valor del sodio, impreso en el envase.

¿Por qué es bueno tomar menos sal?

El principal beneficio de reducir la cantidad de sal de la dieta de niños (y adultos) es la bajada de la presión arterial y la disminución del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares (ictus) e infarto de miocardio. En el estudio comentado, hasta un 12,7% de los menores presentaban ya hipertensión, lo que les pone en alto riesgo de sufrir esas enfermedades en la edad adulta. Hay que tener en cuenta que, en España, el 50% de los hombres y un 37% de las mujeres tienen hipertensión, lo que supone una incidencia muy alta.

Otras enfermedades relacionadas con la ingesta elevada de sal son: la osteoporosis, la formación de "piedras" en el riñón, el cáncer de estómago y cambios en el metabolismo de la glucosa.

¿Cuánto es mucha sal?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no sobrepasar las siguientes cantidades de sal por día:
  • Adultos: 5 g (un poco menos que una cucharadita de té).
  • Niños entre 2 a 15 años: menos que los adultos, de manera proporcional a las necesidades energéticas del pequeño. En alguna publicación lo concretan con estas cifras:
                       Entre 7 y 10 años: no sobrepasar los 4 g/día.
                       Entre 2 y 7 años: no llegar a 3 g/día.
  • En los lactantes de 0 a 2 años: no se recomienda ninguna cantidad, es decir, que no es aconsejable guisar con sal para este periodo de edad, ni ofrecer alimentos que la contengan en exceso y, mucho menos, añadir sal a los platos y preparaciones, sobre todo en menores de un año.
Como orientación al tener que elegir productos, hay que saber lo siguiente:
  • Un alimento contiene mucha sal: si lleva 1,25 g por cada 100 g o más.
  • Incluye poca sal: si lleva 0,25 g por cada 100 g o menos (aunque se permite etiquetar como "bajo en sal" con 0,30 g por cada 100 g).
  • Para que se pueda etiquetar como alimento sin sal, no debe pasar de 0,0125 g por cada 100 g.
También hay que tener en cuenta que muchos fabricantes usan la frase "Contenido reducido de sodio/sal" para captar la atención del consumidor. Esto significa que tiene una reducción del 25% en comparación con otro producto similar. Ahora bien, si este producto tiene mucha sal (por ejemplo, 2 g por cada 100 g), el "reducido" también la seguirá teniendo (1,5 g por cada 100 g). Muchas veces, esas frases resaltadas con colores llamativos y muy visibles en el frontal obligan a mirar directamente la cantidad de sal en la composición (que ya no estará tan visible).

De todos modos, no hay que estar con una calculadora todo el día, ya que la mayoría de alimentos saludables son bajos en sodio o no llevan apenas: verduras, frutas, frutos secos sin procesar, legumbres, semillas... Por lo tanto, la mejor manera de cumplir las recomendaciones de la OMS es consumir preferentemente todo este tipo de alimentos, incluyendo, en menor proporción, otros productos frescos como huevos, leche, pescado y carne blanca, si no se es vegetariano.

La sal que no se ve


Al igual que sucede con el azúcar, el problema es que la sal -y otros aditivos que contienen sodio, como el glutamato monosódico- está oculta en muchos alimentos, sobre todo precocinados e hiperprocesados. Se ha determinado que hasta un 72% de la sal que se ingiere tiene este origen, mientras que el resto se corresponde con la sal que se añade al guisar o con la que se pone directamente en el plato mediante el salero de la mesa.

Aunque el salero ha desaparecido de muchas mesas, cumpliendo el consejo que durante años hemos dado los sanitarios, el consumo de sal ha subido en estos últimos 20 años por el empeoramiento sufrido en los hábitos alimentarios, como comer fuera de casa muchas veces o la ingesta habitual de patatas fritas de bolsa y otros aperitivos salados similares (ganchitos, triángulos, ondas...); también pueden tener mucha sal los quesos (mejor elegir variedades con bajo contenido) y las carnes procesadas como el bacón, el jamón, el fuet o las salchichas.

El pan sigue siendo una fuente oculta y habitual de sal en la dieta, ya que, a pesar de que se ha reducido de forma progresiva su contenido en sal en los últimos años, su ingesta diaria -en ocasiones varias veces al día- en muchos niños y adultos supone una sobrecarga importante de sodio, por lo que es prudente escoger, si es que se consume, variedades con poca sal o sin sal.

Los cereales de desayuno, las galletas, la bollería, las pizzas precocinadas (o las caseras si se "ahogan" en queso y salami o jamón), el kétchup o la mayonesa son también una fuente enorme de sal, aunque el sabor de muchos productos de este estilo parezca más dulce que salado. Es el resultado del trabajo de expertos en bromatología, capaces de encontrar las dosis justas de azúcar, grasas y sal que hagan muy sabrosa la ingesta de los productos así diseñados.

Dos consejos para acabar:
  1. El uso de hierbas aromáticas (orégano, tomillo, salvia, perejil, albahaca, menta) o de especias (pimienta, nuez moscada, clavo, comino, canela) puede suplir a la sal sin ningún problema, teniendo en cuenta que en algunas presentaciones se mezclan varias especias que la contienen, por lo que siempre es necesario leer las etiquetas.
  2. Es muy conveniente que la sal que se utilice, tanto en casa como en los restaurantes, esté yodada, como recomienda la OMS en este documento.