27 de octubre de 2017

El cambio no es un monstruo, el cambio es nuestro aliado

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Es muy fácil decir: quiero perder peso, quiero bajar mi porcentaje de grasa, quiero ganar masa muscular, quiero ganar peso (sí, hay personas muy delgadas que realmente anhelan ganar unos kilos), etc. Decirlo, lo puede hacer cualquiera, pero hacerlo requiere aceptar algo a lo que muchas veces ponemos resistencia: EL CAMBIO.

Muchas veces cuando uno piensa que tiene que hacer cambios, lo primero que hace es imaginarlo como lo más catastrófico del mundo, y de inmediato se da a la tarea de pensar los motivos por los que no se puede hacer. Lo he visto en mis pacientes, y lo he experimentado yo misma.

Cuando estaba en la universidad recuerdo que en algún momento nos tocó medir nuestro porcentaje de grasa, y el mío estaba un poco alto (dentro de lo normal, pero ya hacia el límite superior). Desde ese entonces (les estoy hablando de hace unos 10 años) yo tenía la idea de que que quería bajarlo. La verdad es que no hacía mucho ejercicio (o al menos no como lo hago actualmente), y con las comidas estaba empezando a controlar más las porciones y los tipos de alimentos, pero sin ser muy estricta o sin pensarlo mucho.

Pasaron los años y yo seguía con la idea de que mi grasa iba a bajar, pero seguía sin hacer gran cosa. ¿Cómo iba a hacer más ejercicio si a mi no me gustaba ir a meterme a un gimnasio? (como si esa fuera la única forma de hacerlo). Jamás pensar en salir a caminar sola (ese era el ejercicio que hacía en ese momento y no era constante, lo hacía a veces 3 días a la semana). ¿Cómo voy a cambiar mis comidas, si como lo que prepara mi mamá? ¿Cómo voy a dejar de ser golosa, si en la casa siempre hay dulces o galletas disponibles?

Para cada cosa que pensaba que debía cambiar, de inmediato tenía una respuesta para no hacerlo. Así que seguí igual, y por supuesto mi porcentaje de grasa también seguía igual. Fue entonces que sucedió algo que me empujó a dejar de posponer el cambio.

Resulta ser que en el año 2011 tuve la oportunidad de subir al Cerro Chirripó (el más alto acá en Costa Rica, para los que no conozcan, y con su buen grado de dificultad para llegar a la cumbre). En versión resumida: para mí fue casi mortal. Si bien hubo condiciones climáticas adversas que lo hicieron aún más difícil, lo cierto es que no estaba físicamente preparada. Fue una situación un poco traumática para mí, pero después de un tiempo "me entró la espinita" de que algún día iba a volver a subirlo y lo iba a hacer bien.

En el año 2013 me hicieron la invitación para ir una vez más, al año siguiente. De inmediato dije que sí, y con la motivación a tope, de una vez empecé a prepararme. Decidí empezar a hacer entrenamiento funcional en mi casa (mi hermano es instructor), porque ahora sí no había resistencia al cambio: ya no me decía a mi misma que no tenía tiempo, ya no me importaba hacer ejercicio sola, ya no pensaba que tenía que ir a un gimnasio para hacer ejercicio.

Con los meses empecé a notar que mi porcentaje de grasa empezó a bajar. Y me dije a mí misma: ok, ya arranqué a bajar, ahora vamos a hacerlo en serio. Y empecé a cuidar a conciencia las porciones que comía. Si la comida que había en casa no se ajustaba totalmente  a lo que necesitaba, buscaba alguna forma de complementarla. Si habían dulces o golosinas aprendí (o me atreví más bien) a empezar a decir: NO. O sea todo lo que yo decía que no se podía, lo empecé a hacer.

Para no hacer la historia muy larga, volví a subir el Chirripó, y fue un éxito. Y me sentía todavía más motivada que antes: era confirmarme a mí misma que todo es posible. Así que si todo era posible, yo todavía podía hacer más.

Seguí con el entrenamiento funcional (3 días a la semana) y además empecé a correr otros 3 días, porque después me puse como meta correr una carrera. Hoy en día es así: 6 días a la semana de ejercicio. Todavía controlo lo que como, y mantengo muy bien mi porcentaje de grasa. Ya no me resisto a hacer cambios cuando los necesito.

El cambio nos pone a la defensiva y nos puede generar miedo inclusive (¿lo voy a poder hacer? ¿soy capaz? ¿y si no me resulta?), pero a la larga es lo que nos  hace mejorar. Hay una frase que dice: "Nada cambia si tú no cambias". Es totalmente cierto. No podemos pretender avanzar un kilómetro si no damos un paso.

El cambio puede tomar tiempo (años como en mi caso) o puede suceder en días o meses. A veces por alguna situación nos vemos obligados a hacerlo, o por una situación fortuita encontramos la motivación para dar el primer paso. El cambio no es un monstruo al que hay que temer, al contrario, cuando estemos listos aceptémoslo, démosle la mano y dejemos que nos ayude a llegar a nuestra meta.

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